Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Families, Relationships and Societies · Familia
En un hogar residencial escocés para la infancia y la adolescencia, el equipo de Siân E. Lucas diseñó, junto con jóvenes, personal educativo y personas adultas que vivieron en acogimiento, un archivo digital de la vida del grupo: fotos, sonidos, pequeñas historias cotidianas. Todo el mundo quiere un espacio más ligero que el expediente administrativo. Pero ¿qué debería contener? ¿Solo los buenos momentos? ¿Y a quién le corresponde recordar en nombre de la infancia acogida?
Traducción no oficial al español de Digital group archives in residential childcare: an investigation into memory responsibility, de Siân E. Lucas, Andrew Burns, Ruth Emond y Laura Reid, publicado en Families, Relationships and Societies (Bristol University Press) (2024), doi: 10.1332/20467435y2024d000000034, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Los intercambios de entrevista que el original recoge en un mismo párrafo se presentan en forma de diálogo. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Sostenemos que las prácticas actuales de registro descuidan las prácticas grupales y cotidianas de conservación de la memoria.
Siân E. Lucas, Andrew Burns, Ruth Emond y Laura Reid
Resumen
Este artículo aborda la segunda fase del proyecto ARCH (Archiving Residential Children’s Homes) y, en particular, el desarrollo de un «archivo digital» codiseñado que almacena acontecimientos y experiencias cotidianas y compartidas de jóvenes con experiencia de acogimiento que viven en hogares residenciales. Presentamos una investigación realizada con jóvenes que viven en acogimiento residencial, con personal educativo y con personas adultas que vivieron en acogimiento, sobre los tipos de información o registros cotidianos que les gustaría poder guardar, compartir y consultar en el futuro. Se expresó el deseo de que el archivo digital tuviera un carácter y una finalidad distintos de los del contenido registrado en los expedientes individuales, y se consideró importante que el acceso al archivo fuera sencillo. Las opiniones sobre la representación de los acontecimientos y las experiencias, y sobre si estos debían ser sobre todo de tono «desenfadado», fueron diversas. Nuestra investigación ofrece una mirada a las prácticas de conservación de la memoria dentro de un hogar residencial y plantea preguntas sobre a quién corresponde la responsabilidad de reunir, filtrar y atesorar las experiencias de la infancia.
Este artículo se basa en los datos escoceses de la segunda fase del proyecto ARCH (Archiving Residential Children’s Homes), cuyo objetivo era examinar los enfoques históricos y contemporáneos del registro en los centros residenciales de protección a la infancia en Escocia y Alemania. La primera fase del proyecto examinó los archivos históricos de orfanatos de Escocia y Alemania, y la segunda consistió en una investigación con jóvenes, con personas adultas que vivieron en acogimiento y con personal educativo para determinar qué tipos de información o registros cotidianos les gustaría poder consultar, en qué momento de su vida y por qué. La fase final sigue el uso que se dio al archivo dentro de los hogares residenciales.
La tecnología forma parte integrante de la vida cotidiana de niñas, niños y jóvenes, y ofrece nuevas maneras de captar y registrar recuerdos. Utilizamos un enfoque de investigación-acción para codiseñar una forma de almacenar digitalmente acontecimientos y experiencias cotidianas y compartidas: una especie de «archivo digital» al alcance del personal y de la gente joven.
El término «experiencia de acogimiento» (care experience), aunque no es perfecto, se utiliza en este artículo para designar a las personas que están o han estado bajo la tutela de su autoridad local (Children (Scotland) Act 1995; Children and Young People (Scotland) Act 2014) y refleja la terminología empleada en la revisión y transformación en curso del sistema de protección escocés, The Promise (Scottish Government, 2020). En Escocia, las autoridades locales están obligadas a prestar apoyo posterior al acogimiento hasta que la persona cumple 19 años, y a evaluar cualquier necesidad de apoyo que dé derecho a él hasta los 26 años.
El artículo comienza con una visión general del acogimiento residencial en Escocia y de cómo se llevan los registros y cómo se viven. Presentamos el lugar de la investigación y nuestro enfoque metodológico. Exponemos los resultados de los datos cualitativos procedentes de nuestra investigación con jóvenes que viven en acogimiento residencial en Escocia, con miembros del personal y con personas adultas que vivieron en acogimiento. El artículo se propone explorar cómo podría utilizarse un archivo digital para guardar y compartir experiencias cotidianas en un hogar residencial. Sostenemos que las prácticas actuales de registro descuidan las prácticas grupales y cotidianas de conservación de la memoria.
El acogimiento residencial comprende los hogares para la infancia y la adolescencia, los servicios de respiro, los centros cerrados y los internados especializados, que suelen atender a niñas, niños y jóvenes que atraviesan las dificultades más graves (Steckley and Smith, 2011). El término «hogar residencial infantil» (residential children’s home, RCH) designa un conjunto de recursos institucionales para la infancia y la adolescencia que no pueden seguir viviendo con su familia de origen (Ainsworth and Thorburn, 2014). En los hogares residenciales, la infancia vive lejos de casa con otras personas menores de edad, en su mayoría sin parentesco, y la cuida personal remunerado. A menudo, quienes llegan al acogimiento residencial han vivido muchos cambios de personas cuidadoras, así como experiencias dolorosas y angustiosas de vida familiar y de pérdida (Emond, 2003; Holland and Crowley, 2013). Los hogares residenciales de Escocia varían en tamaño y composición; en las últimas décadas han evolucionado hacia modelos más pequeños, de tipo «cottage», en los que se atiende a la infancia en grupos «de tipo familiar» (Steckley and Smith, 2011). En 2022, de las 12 596 personas menores de edad tuteladas por el Estado en Escocia, el 10 % vivía en centros residenciales, y el resto en acogimiento en familia extensa (34 %), en acogimiento familiar (33 %) o en su propio domicilio (21 %) (Scottish Government, 2023).
Los RCH están regulados y gestionados por administraciones locales, organizaciones del tercer sector, empresas sin ánimo de lucro y organizaciones religiosas (Kendrick, 2012; Berridge, Biehal and Henry, 2012). Existen opiniones divergentes sobre la función principal de estas instituciones. Para algunas personas, su finalidad es ayudar a la infancia a recuperarse del trauma y del maltrato; para otras, preparar a niñas y niños como «futuras personas adultas» para que vivan de forma independiente (Gharabaghi, 2019; Ainsworth and Thorburn, 2014).
El registro en el acogimiento residencial y en otros ámbitos del trabajo social es una obligación legal, y las autoridades públicas escocesas sujetas a la Public Records (Scotland) Act 2011 deben demostrar en su plan de gestión documental que gestionan eficazmente sus registros. Desde que el informe Shaw (2007) constató fallos sistémicos en el registro en los RCH, se ha prestado una atención creciente al estilo, al contenido y a la accesibilidad de los registros para la infancia y la adolescencia (véase, por ejemplo, Muirhead, 2019).
Con mayor frecuencia, la investigación sobre los registros del acogimiento se ha centrado en los «expedientes». Este tipo de registro es multifuncional: sirve de registro de la evaluación, de la toma de decisiones y de la planificación futura (SCIE, 2021). Para las personas con experiencia de acogimiento, los registros suelen ser una de las pocas fuentes de información sobre su vida y sobre quiénes eran en la infancia, en un sentido cotidiano.
Los registros individualizados del acogimiento pueden ser una fuente de información difícil, y las personas con experiencia de acogimiento suelen tener grandes dificultades para encontrar y consultar los registros que les conciernen (Hoyle et al, 2020; Shepherd et al, 2020). Personas adultas que vivieron en acogimiento han criticado las representaciones sesgadas de acontecimientos de su pasado por parte de quienes elaboraron los registros; además de la ausencia de su voz y de sus puntos de vista (Shepherd et al, 2020), a menudo faltan elementos como fotos y recuerdos importantes (MacNeil et al, 2017; Shepherd et al, 2020). Cuando las fotos se conservan en el expediente, a menudo carecen de identificación de las personas o de un relato que contextualice la imagen (Lane and Hill, 2012). En un estudio sobre la elaboración de libros de historia de vida, niñas, niños y jóvenes con experiencia de acogimiento subrayaron la necesidad de fotografías de buena calidad, nítidas y correctamente rotuladas, así como de objetos físicos, registros de hitos, recuerdos felices y hechos y detalles exactos y sinceros, aunque fueran difíciles (Hammond et al, 2020). En el estudio de Larkin y su equipo (2023: 333), jóvenes con experiencia de acogimiento querían poder mostrar virtualmente a otras personas los lugares donde habían «vivido o amado».
El acceso a registros que implican a otras personas plantea problemas adicionales (Data Protection Act 2018 y Reglamento General de Protección de Datos), algo probable en el caso de quienes han pasado parte de su infancia en un RCH, y la información sobre otras personas puede quedar tachada o suprimida. También se señalan los conocimientos tecnológicos limitados de profesionales, una formación insuficiente y críticas sobre el deficiente almacenamiento y la escasa supervisión de la protección de datos dentro de las organizaciones (El-Asam et al, 2023). Sin embargo, estas críticas surgen en un momento en que la investigación empieza a mantener conversaciones prometedoras sobre maneras de situar a las personas en el centro de los sistemas de registro (Svard and Zimic, 2024).
Nuestro proyecto se alinea con el espíritu de The Promise (Scottish Government, 2020) al llamar la atención sobre las experiencias cotidianas de la infancia y al buscar mejores maneras de comprender las experiencias colectivas de niñas, niños y jóvenes.
Se da por supuesto que la gente joven es «nativa digital», en comparación con las personas adultas, de quienes se supone que parten de una «ignorancia digital» (Livingstone et al, 2023). Cada vez más, las autoridades locales y las entidades prestadoras de cuidados utilizan tecnologías digitales para llevar los registros de la infancia en acogimiento. Este cambio en el método de registro se ha producido en paralelo a la tendencia a implicar a la infancia en la elaboración de sus registros y a garantizar que se recoja su «voz», así como al aumento del uso de la tecnología por parte de niñas y niños.
La tecnología ocupa un lugar central en la vida cotidiana de niñas, niños y jóvenes, que la utilizan para comunicarse, entretenerse, aprender y socializar (Livingstone et al, 2017; Anderson and Swanton, 2019). Una encuesta de Ofcom constató que el 100 % de las personas de 16 y 17 años tenía su propio teléfono móvil, y que más de seis de cada diez menores de 3 a 17 años (62 %) tenían un perfil en al menos una aplicación o sitio de redes sociales en 2021, proporción que ascendía a más de nueve de cada diez (94 %) entre quienes tenían 16 y 17 años (Ofcom, 2022). La tecnología es fundamental para la infancia y la adolescencia en acogimiento, así como para quienes han salido del sistema de protección, para mantener vínculos y participar en la vida moderna, por ejemplo para solicitar plaza en un centro de estudios, buscar empleo o pedir prestaciones (McGhee and Roesch-Marsh, 2020).
Nuestro sentido de la identidad se basa en la necesidad y el derecho de conocer nuestro pasado, nuestro hogar y nuestras circunstancias familiares, fueran como fueran (Shaw, 2007). Nuestro «sentido de sí» no es una entidad fija: se desplaza y cambia a lo largo de la vida (Triseliotis et al, 2000). En distintos momentos del ciclo vital, la identidad se revisa a medida que la persona vuelve, psicológica o físicamente, al pasado y a los recuerdos, las experiencias y las relaciones que han sido influyentes y significativos.
Los recuerdos pueden entenderse como una función biológica, caracterizada por emociones específicas y por «una conexión con el pasado» (Klein, 2015). Los recuerdos y el acto de «recordar» también pueden ser una experiencia social (Cree and MacKenzie, 2023) y pueden crearse en forma de «re-memoria»: los recuerdos de otras personas, contados por otras personas, que no siempre son la evocación o el reflejo de una experiencia real. Así, el sentido de sí se evoca más allá de un relato lineal de acontecimientos, encuentros y experiencias biográficas (Tolia-Kelly, 2004).
Cabe sostener que las personas adultas que pasaron parte de su infancia lejos de su familia tienen menos oportunidades de negociar su pasado con quienes lo compartieron, de explorar o revisar recuerdos comunes. Además, pueden carecer del tipo de objetos efímeros que suelen reunirse en las familias, como fotografías, cartas y otros objetos relacionados con el pasado. A falta de estos recuerdos y de oportunidades de reencontrarse con personas del pasado, algunas personas con experiencia de acogimiento recurren a los registros que llevan servicios como los de trabajo social, salud o educación como principal medio para explorar sus experiencias de infancia y dar sentido al pasado.
Los objetos de memoria personales de la infancia pueden incluir papeles, objetos y registros personales de valor, en formato analógico y digital; algunos pueden existir en espacios privados en los que cada persona crea su propio «archivo de experiencia». Las colecciones personales pueden resultar incomprensibles para las personas adultas e incluir las «cosas descuidadas» de los mundos infantiles a las que las personas adultas no parecen dar valor (Philo, 2003).
El carácter contextual de la experiencia vivida por la infancia y la singularidad del entorno del hogar de grupo hacen que las experiencias y los registros captados y creados mientras niñas y niños viven en un RCH se sitúen a caballo entre colecciones institucionales y personales, en formatos digitales y analógicos. La naturaleza híbrida de estos materiales y la voluntad de implicar a la infancia de manera más significativa en el registro llevaron al equipo del proyecto a examinar cómo pueden reunirse y conservarse digitalmente las experiencias de grupo en forma de archivo digital.
La agenda de la investigación participativa ofrece una manera de abordar los desequilibrios de poder en la investigación al reposicionar a las personas participantes como coproductoras de conocimiento (Kindon et al, 2007). En el caso de la infancia, este enfoque puede servir para implicar, reconocer, valorar y recompensar su participación, sus elecciones y su contribución (James and James, 2012), y aporta beneficios al innovar en el diseño de la investigación y en los procesos de evaluación (Surava and Kotilainen, 2022).
Implicar a la infancia en la investigación no está exento de dificultades, entre ellas el tiempo y los recursos considerables que exige hacerlo bien (Bradbury-Jones and Taylor, 2015) y el riesgo de que el equipo investigador sobrecargue aún más a niñas y niños con responsabilidades adicionales. Pese al respeto por la capacidad de acción de la infancia, según Sutherland et al (2023), las prácticas «adultistas» suelen ser la configuración por defecto en la investigación intergeneracional, en la que la infancia no puede contribuir de forma constructiva a la investigación ni diseñarla.
La investigación participativa en la que se basa este artículo se llevó a cabo en un RCH de una ciudad grande de Escocia que llevaba funcionando unos diez años al inicio del proyecto. El Comité General de Ética de la University of Stirling concedió la aprobación ética, y la entidad gestora del RCH dio su autorización institucional. Se elaboró información para participantes destinada, respectivamente, a niñas, niños y jóvenes, a sus familias, a personas adultas que vivieron en acogimiento y al personal, con el fin de apoyar los procesos de consentimiento. Todas las personas adultas participantes dieron su consentimiento informado. En el caso de menores de 18 años, el personal del RCH solicitó el consentimiento de una persona con responsabilidades y derechos parentales; después, la propia gente joven podía dar o negar su asentimiento a participar. Dado que el proyecto se extendió durante un periodo prolongado, se solicitó un consentimiento y un asentimiento continuos, comprobando que jóvenes y personas adultas seguían deseando participar. Para preservar la confidencialidad, todos los datos se seudonimizaron en el momento del registro o de la transcripción.
Al inicio de la recogida de datos de la segunda fase, la gente joven que vivía en el RCH era de distintos géneros y tenía 9, 14, 16, 18, 19 y 20 años; sin embargo, este perfil cambió a lo largo del proyecto, ya que algunas personas se marcharon y otras llegaron. Dos jóvenes que habían vivido allí, de 19 y 20 años, mantenían un contacto regular con el RCH, y una de esas dos personas aceptó participar en algunos aspectos del proyecto. El RCH contaba con un equipo de educadores y educadoras, de personal educativo con categoría superior, una dirección y una subdirección que trabajaban por turnos rotativos.
Los datos fueron recogidos durante 12 meses, en 2022-23, por una sola persona investigadora, e incluyeron 23 visitas al centro en las que se registraron observaciones, conversaciones informales y notas de campo. Se realizaron cuatro ejercicios de fotoelicitación, con cuatro jóvenes y dos miembros adultos del personal. En un principio, se pidió a las personas participantes que tomaran fotos y grabaciones de la vida cotidiana en el RCH, pero no se logró. En su lugar, la persona investigadora presentó a las personas participantes fotos de distintas partes del RCH –habitaciones, personas, objetos y dibujos expuestos– y les pidió que las clasificaran: qué no debía entrar en el archivo, qué debía quedar abierto a cualquier persona con un acceso, y qué tipos de contenido debían ser de acceso restringido.
Se realizaron nueve entrevistas semiestructuradas: dos con jóvenes que vivían en el centro, cuatro con personas adultas que trabajaban allí, dos con personas adultas que habían vivido en un RCH en su infancia y una con una persona de la alta dirección de la entidad que gestionaba el RCH donde se realizó la investigación. Esta actividad se orientó a explorar la memoria y su conservación en el acogimiento residencial, y a codiseñar y coproducir un archivo digital que captara la vida cotidiana del grupo en el RCH de un modo que tuviera sentido para quienes vivían y trabajaban allí.
Los datos, compuestos por notas de campo y transcripciones literales, se analizaron temáticamente en un proceso de tres etapas. Una de las personas del equipo organizó los datos en temas iniciales, que después se discutieron, desarrollaron y reformularon en un proceso colaborativo en el que participó todo el equipo (cinco personas investigadoras) a lo largo de dos reuniones de análisis. En el apartado siguiente presentamos los resultados, centrados en las opiniones de jóvenes, de personas adultas que vivieron en acogimiento y de profesionales sobre el archivo digital y sobre sus prácticas actuales de registro.
Era importante para nosotros conocer las prácticas de registro existentes en el RCH y cómo se ajustaban a lo que se esperaba del uso del archivo digital, cómo lo reflejaban o en qué contrastaban con él.
El personal del RCH contribuía a materiales analógicos individualizados, como los «libros de recuerdos», y a contenidos digitales para niñas, niños y jóvenes. A veces lo hacía en colaboración con la gente joven, y a veces las personas adultas lo hacían por ella si la gente joven parecía ambivalente o desinteresada. Las personas adultas lo consideraban su responsabilidad, aunque la gente joven no lo pidiera o se negara a implicarse en el proceso. Miembros del personal explicaron por qué guardaban determinados objetos para la gente joven: «Es importante y sé que, cuando sean mayores, lo querrán o lo necesitarán, y que tenemos que hacerlo. Valoro sus recuerdos: tenemos que valorar sus recuerdos» (nota de campo, 9/11/22).
Entre las personas adultas se percibía la idea de que la gente joven no debía verse penalizada en el futuro por no haber contribuido a sus libros de recuerdos. Del mismo modo, en el contexto del archivo digital, las personas adultas deseaban que, aunque la gente joven no contribuyera a él, pudiera de todos modos acceder en el futuro, si así lo deseaba, a una colección de objetos de memoria.
La gente joven parecía considerar que la responsabilidad de registrar las experiencias cotidianas correspondía a las personas adultas. Durante las visitas al RCH, a menudo estaba ocupada con amistades o actividades. Charlaba con la persona investigadora y subrayaba lo importante que le parecía el archivo, pero la animaba a hablar más de ello con las personas adultas.
Aprovechamos la ocasión para reunirnos con la subdirectora y hablar de la disponibilidad del equipo para el personal y para la gente joven, y para reflexionar sobre algo de lo aprendido aquí la semana pasada acerca de la conservación de la memoria. Nos mostró el sistema [de registro], que funciona en la web con Microsoft SharePoint. Registran información en varias secciones, entre ellas diarios cotidianos, que se redactan como una carta dirigida a la niña o al niño. Señaló que no registran los detalles nimios de la vida diaria, sino que procuran asegurarse de registrar información y acontecimientos «significativos». También pueden vincular fotografías a los registros, de modo que la persona joven dispondrá de algo más que texto si consulta el registro en el futuro, y cuando lo haga. El acceso se obtiene mediante solicitud. Los datos de otras personas se registran en lugar de anonimizarse o seudonimizarse, incluidos los nombres de otras personas jóvenes y del personal. (Nota de campo, 15/11/22)
El personal del RCH habló de sus esfuerzos por equilibrar las necesidades de la organización y del personal con las de quienes viven allí actualmente y las de las futuras personas adultas con experiencia de acogimiento. Al dirigir las anotaciones a la niña o al niño, vemos cómo estas prácticas de registro reconocen un posible público futuro de personas adultas con experiencia de acogimiento. Consciente de las preocupaciones en materia de acceso y protección de datos, la persona investigadora aclaró que, aunque se registraran los nombres de otras personas jóvenes y adultas, nada garantizaba que no fueran a tacharse en el futuro, en el momento de una solicitud de acceso a datos personales. Aun así, el personal reconoció su papel en el encuadre de los diarios cotidianos, al decidir qué era significativo y debía registrarse, y en la manera de contar las historias.
Sí, estaría genial. Porque me acuerdo de que cuando volví aquí, eh, o sea, [otro joven] y yo, salí por su cumpleaños un año y, eh, fuimos al safari park de [ciudad], y es algo que tengo muy en el fondo de la memoria. Se me había olvidado por completo… hasta que un día estábamos sentados en la escalera y me dijo: «Oye, ¿te acuerdas de cuando te invité a ir, eh, al safari park por mi cumpleaños porque a [nombre] le gustabas y yo le estaba tomando el pelo y le dije que te iba a invitar, y al final viniste?»… y, o sea, fue algo de lo que yo dije «Ah, sí», ¡pero nunca había sabido la otra cara de la historia, por qué me había invitado! (Melanie, joven, fotoelicitación 2, 10/1/23)
Al comentar sus distintas perspectivas sobre una experiencia compartida, salen a la luz aspectos hasta entonces ocultos del acontecimiento, y la gente joven crea un nuevo recuerdo de tiempo compartido, sentada en la escalera hablando de la vida vivida.
Melanie:Soy una persona de cachivaches, me encantan mis cachivaches, me encantan mis cositas y mis chismes, todo. Si alguien me da algo, lo guardo y lo meto en la caja o lo uso de adorno o algo así. En mi habitación, la mayoría de las cosas que tengo tienen una historia detrás o son de alguien. Normalmente te puedo decir de quién es cada una, ya se está volviendo un poco obsesivo, pero desde luego es algo que siempre ha sido importante para mí. Creo que es bastante común, la gente joven en acogimiento no suele tener muchas cosas que le pertenezcan, así que cuando consigue algo, eso es lo que le recuerda a esa persona. Tengo unos adornos de Navidad para un árbol que una de mis cuidadoras fue de vacaciones a Alemania y me trajo de Alemania, y tengo estos preciosos pequeños, y nunca he tenido mi propio árbol de Navidad, pero desde que los recibí cuando era más pequeña, pensé: estoy deseando tener mi propio árbol de Navidad, estoy deseando tener mi propio árbol de Navidad, y todavía los tengo. Espero poder ponerlos en mi árbol de Navidad, pero bueno, es algo que he podido conservar. Andrew:Sí, es interesante, ¿verdad?, algo que tienes, que has conservado y que te trae un recuerdo, pero que también está relacionado con el futuro. Melanie:Sí, es raro pensarlo, pero me acuerdo de recibirlos y pensar: me hará muchísima ilusión ponerlos en mi propio árbol de Navidad. Andrew:Cuando tengas tu propia casa. Melanie:Cuando tenga mi propia casa, o pasárselos a mis hijos, poder tener eso sin más, y eso es desde que tenía unos ocho o nueve años, los tengo, así que los tengo desde hace mucho tiempo.
Lizzie:Creo que está bien. Creo que es más desenfadado. Es menos intenso que pedirle a una empresa que mire tus cosas y que luego todo gire solo en torno a ti. Andrew:Ajá, sí. Lizzie:Puede que haya otras cosas que quizá no quieras saber, mientras que esto es solo como… Es más bien algo alegre. Va a ser donde pienses: «Ah, quiero ir a recordar unos momentos muy buenos y recordar a estas personas». Podrían volver y verlo como un recuerdo bonito. Así que creo que está bastante bien. (Entrevista al personal 3, 14/4/23)
Lizzie destacó específicamente la dimensión grupal del archivo, sugiriendo que se llenaría con contenido que captara los aspectos cotidianos de la vida en común, en lugar de un expediente individualizado. El carácter más «desenfadado» del contenido se contrapuso a la información más «intensa» registrada en los expedientes, que hay que «pedir» a una «empresa». La libertad de acceder a los materiales sin necesidad de pedir permiso parecía ser otra diferencia clave que el personal y la gente joven querían del archivo. Todas las personas conocían los procesos engorrosos y frustrantes para acceder a los registros, y sabían que esos registros eran «propiedad» de la entidad y no de la propia gente joven ni del personal. En este sentido, querían que el archivo de grupo tuviera un carácter y una finalidad distintos.
Me parece muy bien, pero me gusta la parte del audio. Estaría bien que las personas adultas y la chavalería pudieran grabar alguna cosita, ¿sabes?, o incluso cantar una canción juntos, o contar una historia. Creo que eso tendría mucha fuerza. (Entrevista al personal 2, 14/4/23)
Al reconocer la fuerza de este tipo de soportes, Lara distingue entre las maneras en que el archivo podría complementar las prácticas actuales de registro, dado que el registro de casos en trabajo social es individualizado y está dominado por los procedimientos y la burocracia (Ruch, 2005). La perspectiva de grabar juntos, como grupo de niñas, niños y personas adultas, se presentó como una actividad novedosa y positiva.
Creo que es una buena idea. Avanzando en el clima actual en el que estamos, todo el mundo está conectado, todo el mundo tiene su móvil, todo el mundo tiene algún aparato tecnológico o algún tipo de acceso a la tecnología, y ya no ves a la gente con álbumes de fotos, o sí, pero no son de los últimos años. (Entrevista, 13/3/23)
La variedad de dispositivos disponibles (teléfonos inteligentes, relojes, tabletas, dispositivos ponibles) y el desarrollo de aplicaciones hacen que las personas puedan captar y guardar recuerdos fácilmente grabando sonidos, fotografías, vídeos y otras creaciones. Además, como los teléfonos inteligentes y las tabletas sirven a la vez de puntos de creación de contenido y de plataformas de almacenamiento, se han multiplicado el almacenamiento en la nube y las suscripciones a «taquillas digitales» (Schultz, 2018).
[P]odrías hacerle mil capturas de pantalla en el móvil, pero ¿es de verdad lo mismo que tenerla en la mano y saber cuántas personas la han tenido, y que en un momento dado mi padre fue a la tienda a recoger la foto revelada y la iba mirando y enseñándosela a la gente y diciendo: «Este es el día en que mi hija llegó a casa»? ¿Es lo mismo que mirar un móvil y decir «Qué mona» y luego guardarlo en el bolsillo y no volver a mirarlo? Yo creo que no. (Melanie, entrevista, 13/3/23)
Melanie da prioridad a los aspectos táctiles de la fotografía y a las historias asociadas que pueden extraerse de las fotografías para ayudar a las personas a comprenderse en relación con los lugares y con los demás (Roberts, 2012). El apego emocional al objeto y las historias heredadas son formas de conocimiento clave que pueden favorecer una mayor autoestima y la conexión social (Green et al, 2023).
Participantes de los distintos grupos hablaron de la importancia de los objetos físicos. A menudo se trataba de sus experiencias sensoriales y de cómo se relacionaban con su memoria, como en el caso de Lara (entrevista, 14/4/23): «Así que sí, era simplemente el tacto, me recuerda a su piel suave. Siempre hago esto [se frota los dedos] cuando hablo de ello. Es raro». El aspecto, el tacto, el olor, el sabor y el sonido de los objetos tienen implicaciones importantes para la (re)construcción de la memoria (Green et al, 2023).
Donald: No, yo solo diría quizá las fotos, como las de broma, o las fotos bonitas pueden ir en acceso abierto, pero quizá, no sé, si estábamos haciendo algo que tiene cosas privadas. O sea, pongamos, no sé, que hay una foto nuestra haciendo deberes o algo así, quizá eso podría ir en el otro… pero cualquier cosa en la que estés haciendo fotos bonitas la puedes ver con tu acceso. (Fotoelicitación con jóvenes 1, 13/12/22)
Andrew:y entonces, a veces, en archivos como este, sobre todo para, por ejemplo, hogares residenciales y cosas así, podrían, algunas personas podrían decir «Ah, lo estás endulzando; estás haciendo que parezca que era un sitio precioso y agradable, que siempre fue genial, y en realidad, ¿sabes?, yo lo pasé bastante mal allí» […] Donald:Historias, sí. No me gustaría que hubiera, como, cosas malas. Pero quizá, como, obviamente, historias y eso, pero nada como, porque, o sea, nunca podrías verlo. O sea, si alguien tuvo algo malo y no quería aparecer, nunca podría verlo, mientras que no creo que la gente quiera que eso esté en los de acceso abierto, ¿no? (Fotoelicitación con jóvenes 1, 13/12/22)
Frente a la opinión de Donald, otra joven, Melanie, señaló que puede ser imposible evitar los recuerdos negativos por la manera en que se desencadenan los recuerdos. Puso el ejemplo de una foto de un acontecimiento concreto que lleva a recordar lo que ocurrió en los días anteriores o posteriores, y afirmó: «Creo que es importante reconocerlo. Y no creo que se pueda necesariamente, eh, evitarlo del todo [los recuerdos o las reacciones negativas], pero desde luego se podría presentar de una manera más, eh, factual que negativa» (Melanie, fotoelicitación, 10/1/23).
Melanie sugiere que una presentación más neutra o «factual» del contenido podría ayudar a tener en cuenta las distintas experiencias y la manera en que se recogen en el archivo. Estas opiniones contrastan con las de una persona adulta que vivió en acogimiento, Andrea, que consideraba que las experiencias difíciles podían recogerse si se hacía con sensibilidad: «Y creo que otra persona que escriba con sensibilidad sobre acontecimientos felices y quizá no tan felices es otra manera de ver las cosas, o puede ayudar a procesar cosas» (Entrevista a persona adulta con experiencia de acogimiento 1, 2/6/23).
Esta opinión pone quizá de relieve las dificultades de anticipar las necesidades futuras de memoria, porque nuestra relación con el pasado puede cambiar con el tiempo (Josselson, 2009). Mientras que quienes vivían y trabajaban entonces en el RCH veían el archivo como un depósito de recuerdos positivos, Andrea pudo reflexionar sobre sus experiencias en el acogimiento y después de él, e identificar un posible papel del archivo para ayudar a las personas a «procesar» toda una gama de experiencias. Su deseo de un relato escrito con sensibilidad desde la perspectiva de otra persona puede asemejarse a la oportunidad de sentarse en la escalera y reconstruir un recuerdo con alguien que compartió esas experiencias.
Así que, evidentemente, me gustaría que me preguntaran, al principio, si fuera una web o lo que sea: estos son tus datos de acceso, ¿das tu consentimiento para bla, bla, bla?, ¿das tu consentimiento para las fotos?, ¿quieres recibir notificaciones cuando se publiquen fotos y te hayan etiquetado en ellas? Si es así, ¿quieres tener la posibilidad de quitar una etiqueta? ¿Quieres poder decir: pues no, quiero que me difuminen la cara, esta es la persona que soy yo en esta foto, o aquí es donde estoy yo en la foto, coged un rotulador, difuminadme, no quiero salir en esa foto, no quiero que nadie la vea? No quiero que estas personas concretas puedan contactarme ni ver mis mensajes porque he tenido experiencias muy malas con ellas, y tener simplemente algo que haga sentir a la gente que en realidad esto no es solo marcar una casilla, que no estás solo aceptando un consentimiento, que queremos asegurarnos de que saques el máximo partido de esta conservación de recuerdos. (Melanie, entrevista, 13/3/23)
Debería ser algo en los dos sentidos. Debería serlo, pero creo que las personas adultas tendrían que hacerlo y moderarlo. Evidentemente, la chavalería puede comentar cosas y ver cosas y eso, pero me parece que las personas adultas tendrían que hacerse cargo de eso. La chavalería puede venir y decir: «Oye, sube esa foto», ya me entiendes, pero ellas tendrían el control de lo que se sube, la última palabra sobre lo que va a la web. Entonces eso es… Como madre o padre, mi trabajo es captar los recuerdos de mis peques, y ahora les digo que vayan a buscar sus propias fotos y pongan ahí sus propios recuerdos. (Entrevista al personal, 28/04/23)
Aquí, Kelly sostiene que las personas adultas tienen responsabilidades específicas en lo que respecta a conservar objetos de memoria para niñas, niños y jóvenes. Curiosamente, las personas adultas defendían la importancia de conservar materiales cuando la gente joven parece desinteresada o quiere que se destruyan materiales o fotografías. En esos momentos, consideraban que debían pasar por encima de los deseos de la gente joven, ya que ellas «sabían lo que era mejor». El personal relató experiencias de jóvenes a punto de dejar el centro que les agradecían haber guardado esos materiales. Los miembros del personal reconocían que la gente joven podría querer esos materiales en el futuro pese a parecer ambivalente en el presente, una experiencia que relatan a menudo madres y padres respecto al cuidado de las pertenencias de sus hijos e hijas (Owen and Boyer, 2022). Las personas adultas que vivieron en acogimiento se mostraban mucho más ambivalentes que el personal y la gente joven a la hora de dar a otras personas acceso a sus fotos y recuerdos, y comentaban, por ejemplo, que dependía de quién fuera y de la naturaleza de la relación.
Pensar en futuros imaginados y en el uso previsto del archivo dio lugar a respuestas diferentes e implica que las relaciones entre quienes crean los registros y quienes los conservan o custodian son complejas y fluidas (Farrell et al, 2023).
Aunque la idea del archivo digital fue bien recibida como algo diferente y útil, las necesidades tecnológicas futuras son difíciles de prever. En el espíritu de una reapropiación de la tecnología, quienes utilicen el archivo digital (personal, jóvenes y personas adultas con experiencia de acogimiento) necesitan tener claros los límites de la herramienta y cómo encaja con el uso existente de plataformas tecnológicas y con las prácticas de conservación de la memoria; véase, por ejemplo, Trove, una caja de recuerdos aumentada digitalmente para los objetos preciados de la infancia (Watson et al, 2018).
A menudo la tecnología se vive como una herramienta de control o de gestión más que como una ayuda orientada a la práctica en la tarea del trabajo social (Parrott and Madoc-Jones, 2008) y, por ello, preocupa cómo podrá el personal cumplir las responsabilidades de registro existentes si se añade el archivo digital. Advertimos de que el archivo digital podría convertirse en una carga institucional que domine el cuidado cotidiano, dando prioridad a registrar las experiencias más que a «estar» en ellas y a participar en ellas.
Las tecnologías digitales ofrecen medios nuevos y potencialmente más accesibles para que «quienes han pasado por el sistema de protección accedan a su pasado y a las personas que han desempeñado un papel clave en su vida» (Cree and MacKenzie, 2023: 322) y a los lugares donde han vivido (Larkins et al, 2023). Sin embargo, queda por ver cómo y si la gente joven utilizará el archivo, en medio de su uso de las aplicaciones preferidas del momento, del rápido desarrollo de la inteligencia artificial (Su and Yang, 2022) y, a la inversa, de las intervenciones de desintoxicación digital (Radtke et al, 2022).
El archivo digital presenta algunas similitudes con otras plataformas de redes sociales por su función de almacenamiento a modo de «álbum de fotos» y por la posibilidad de «etiquetar» a personas. Toda la gente joven era activa en diversas redes sociales, sobre todo Instagram. Algunas personas estaban bastante conectadas entre sí en ellas, otras no. Una persona joven tenía acceso a un archivo fotográfico de grupo en línea. Algunas personas jóvenes tenían libros de recuerdos personales en papel, elaborados con el personal, y álbumes de fotos analógicos personales; una de ellas contó que tenía un objeto físico de valor sentimental procedente de su madre o de su padre. Esto nos lleva a afirmar que algunos métodos personales y colectivos de conservación de la memoria de la gente joven seguirán fuera del alcance de la mirada de las personas adultas, de la organización y del archivo digital. Barclay y Koefoed (2021) proponen que las personas pueden beneficiarse de las huellas efímeras, de los secretos y los silencios que deja la ausencia de información en los registros, para interpretar los acontecimientos y dar sentido a sí mismas, a la memoria colectiva y a la identidad de grupo. Según Roued et al (2023), la experiencia o el recorrido de buscar y dar sentido a la propia historia personal y de grupo tiene valor, y se convierte en una actividad de toda la vida para muchas personas. A lo largo de este recorrido, las personas buscan información sobre su vida, y obtienen, retienen y conservan nuevos conocimientos, a la vez que brindan apoyo emocional a otras personas.
Durante el trabajo de campo, se pidió a la gente joven que imaginara y considerara su yo futuro, cuando fuera mayor, y qué tipos de registros y recuerdos podría desear consultar. La relación entre pasado y futuro fue un punto espinoso de la investigación y también ha resultado delicada para otros equipos de investigación (Michaelian and Sutton, 2019). Imaginar el futuro ya se ha planteado en estudios anteriores (National Child Development Study, British Cohort Study y Millennium Cohort Study), en el sentido de pedir a niñas y niños que describieran sus aspiraciones para el futuro. Sin embargo, constatamos que este tipo de «viaje mental en el tiempo» que se pedía a la gente joven era problemático en numerosos aspectos; en primer lugar, porque suponía intentar conceptualizar una necesidad futura, lo que podría ser un territorio ontológico difícil o imposible de alcanzar y de responder. A la gente joven le ha resultado difícil e incierto hablar de sus necesidades futuras, y difícil planificarlas (Shirani and Henwood, 2011). Por ello, pedir a la gente joven que conceptualizara sus necesidades futuras tenía límites para la obtención de datos temporales. En segundo lugar, constatamos que una pregunta sobre las necesidades futuras no se plantearía habitualmente a niñas y niños que viven con su familia. Pese a estas dificultades, consideramos importante planteársela a la gente joven, en nuestro enfoque participativo, para implicarla en la configuración de la creación de su futuro registro.
Desarrollar el archivo digital con personas con experiencia de acogimiento, con jóvenes y con el personal nos permitió aclarar qué tipos de soportes se consideraban adecuados para subir al archivo. Hubo consenso en que el archivo digital ayudaría a paliar la ausencia de representaciones de las experiencias colectivas de niñas, niños y jóvenes, y ofrecería posibilidades de conexiones futuras. Se esperaba que el archivo digital complementara los registros personales e institucionales, sin pasar por alto la función de los informes, las actas y otros registros. Hubo opiniones divergentes sobre si el archivo digital debía contener exclusivamente cosas «bonitas», y no acontecimientos difíciles o delicados, y menos claridad sobre quién debía encargarse de seleccionar, filtrar y subir la información.
En cierta medida, los requisitos del archivo digital son coherentes con The Promise (Scottish Government, 2020), al permitir que la gente joven con experiencia de acogimiento ejerza sus derechos y haga oír su voz a la hora de decidir qué se registra y cómo se le pide permiso. Esto es importante, dado que la gente joven del sistema de protección tiene pocas oportunidades de que se escuchen sus opiniones (Priestley, 2020) y de contribuir a sus propios registros (Svard and Zimic, 2024). Sin embargo, planteamos como hipótesis teórica que a niñas, niños y jóvenes que viven con su familia no se les exigen habitualmente responsabilidades de conservación de la memoria ni de registro, y que esto contribuye a añadir una capa de «otredad» a la gente joven con experiencia de acogimiento. Ello refleja la experiencia estigmatizante que viven algunas niñas, niños y jóvenes del sistema de protección (Stein, 2006). Queda por ver si este posicionamiento supone una desventaja o una ventaja para las personas con experiencia de acogimiento.
Existe además una tensión en el hecho de que el personal conserve el control de los objetos de memoria que se suben a un archivo. Si la gente joven no asume la responsabilidad del registro o juzga mal la importancia del recuerdo que debe registrarse y, por tanto, para evitar omisiones, las personas adultas lo hacen por ella, el archivo queda acotado por una mirada adultista. Puede que las personas adultas tengan una capacidad más aguda para reconocer las necesidades futuras de niñas, niños y jóvenes, porque pueden reflexionar sobre sus propias experiencias y las de otras personas, pero a la propia gente joven le resulta difícil anticipar lo que podría querer o necesitar en el futuro. Sería valioso investigar más este dilema, permitiendo a personas adultas volver a sus perspectivas infantiles sobre la conservación de la memoria para ver cómo se relacionan con sus opiniones y necesidades en la edad adulta.
Complexe Systémique: puntos clave
El artículo plantea una pregunta que los equipos de protección a la infancia rara vez abordan de frente: ¿quién guarda la memoria de una niña o un niño que no crece en su familia? En las familias, los recuerdos circulan: se vuelven a contar, se corrigen, y sale a la luz la otra cara de una historia, como le ocurre a Melanie sentada en la escalera con otro joven. En el acogimiento residencial, la memoria queda registrada sobre todo en expedientes individuales, redactados por otras personas y con otros fines. El archivo de grupo busca devolver al colectivo su parte del recuerdo, lo que remite a una idea sistémica sencilla: la identidad se construye en las relaciones, y un grupo vivo tiene una historia. Pero el estudio no oculta las tensiones. ¿Hay que conservar solo los buenos momentos, a riesgo de edulcorar? ¿Deben decidir las personas adultas en lugar de la gente joven, en nombre de lo que necesitará más adelante? ¿Y pedir a la gente joven en acogimiento que documente su vida no la aparta aún más del resto de la infancia? Un solo centro, pocas personas participantes: son sobre todo estas preguntas las que acompañan a quien lee. Para leer junto con el artículo sobre la resistencia no violenta en un hogar residencial y el artículo sobre los objetos flotantes en la terapia sistémica.
Notas del original
Financiación. Este trabajo contó con el apoyo del Arts and Humanities Council y de la Deutsche Forschungsgemeinschaft en virtud de la subvención 448421360.
Agradecimientos. Queremos dar las gracias a las personas que nos hablaron de sus experiencias, sus ideas y sus necesidades en materia de conservación de la memoria. Gracias también a Malte Heyen por su trabajo en el desarrollo del archivo.
Conflicto de intereses. La autoría declara que no existe ningún conflicto de intereses.
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Traducción no oficial al español de Digital group archives in residential childcare: an investigation into memory responsibility, de Siân E. Lucas, Andrew Burns, Ruth Emond y Laura Reid, Families, Relationships and Societies, publicación anticipada en línea (2024), doi: 10.1332/20467435y2024d000000034, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción al español, intercambios de entrevista presentados como diálogo). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «Digital group archives in residential childcare: an investigation into memory responsibility», publicado en Families, Relationships and Societies (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Lucas, S. E., Burns, A., Emond, R., y Reid, L. (2024). Digital group archives in residential childcare: an investigation into memory responsibility. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/digital-group-archives-in-residential-childcare-an-investigation-into-memory (Obra original publicada en 2024 en Families, Relationships and Societies, publicación anticipada en línea, 1-17 (2024); republicada en 2024 por Families, Relationships and Societies, https://bristoluniversitypressdigital.com/view/journals/frs/aop/article-10.1332-20467435Y2024D000000034/article-10.1332-20467435Y2024D000000034.xml)
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