Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Child and Adolescent Social Work Journal · Trabajo social
¿Qué cambia realmente para el niño o la niña, para las figuras parentales y para la familia tras una atención a la juventud centrada en la familia, y qué fue lo que inclinó la balanza? En los Países Bajos, el equipo de Tilburg combina un cuestionario de fin de intervención con catorce entrevistas realizadas meses después: la infancia y la familia están mejor; las figuras parentales, mucho menos.
Traducción no oficial al español de Understanding the Impact of Family-Focused Youth Care: Examining Outcomes, Effective Elements and Tipping Points as Experienced by Parents and Youth, de Bernadette M. Janssen, Jolanda J. P. Mathijssen, Heleen I. J. Sillekens, Judith P. M. van Vugt y Hedwig J. A. van Bakel, publicado en Child and Adolescent Social Work Journal (Springer) (2026), doi: 10.1007/s10560-026-01164-9, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Dos tablas se presentan en forma de listas; las declaraciones del final del artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Aunque la atención a la juventud suele tener efectos positivos en el funcionamiento infantil y familiar, su impacto en el bienestar individual de madres y padres es más limitado.
Bernadette M. Janssen, Jolanda J. P. Mathijssen, Heleen I. J. Sillekens, Judith P. M. van Vugt y Hedwig J. A. van Bakel
Resumen
En un contexto de preocupación persistente por la eficacia y la durabilidad de los resultados de la atención a la juventud, este estudio investigó el impacto percibido de la atención a la juventud centrada en la familia desde la perspectiva de las figuras parentales y de las personas jóvenes. La investigación pretendía explorar los efectos percibidos, identificar los elementos eficaces de la atención y examinar los puntos de inflexión que marcaron cambios significativos a lo largo de la trayectoria de atención. Se combinaron datos cuantitativos del cuestionario BESTE (N = 75; n = 60 figuras parentales; n = 15 jóvenes) y datos cualitativos procedentes de entrevistas (N=14 familias). Los resultados cuantitativos indicaron que la mayoría de las figuras parentales (70,0 %) y de las personas jóvenes (73,4 %) percibieron la atención como eficaz en cuanto a mejoras en el funcionamiento infantil, parental y familiar. Los datos cualitativos revelaron asimismo cambios significativos en el funcionamiento infantil, parental y familiar, junto con vulnerabilidades persistentes, sobre todo en el bienestar parental y en factores contextuales familiares complejos. La alianza terapéutica, el contenido de la intervención y los factores organizativos se confirmaron como elementos eficaces de la atención. Los elementos facilitadores se encontraron sobre todo en la alianza terapéutica y en el contenido de la intervención. Los factores organizativos, como la burocracia, las listas de espera y una colaboración fragmentada, se citaron con frecuencia como obstáculos. Los puntos de inflexión se vincularon a menudo con interacciones profesionales respetuosas, con comprensiones diagnósticas y con acontecimientos extraterapéuticos, como cambios en las relaciones o en el entorno escolar. Los resultados subrayan la importancia de un enfoque sistémico que preste atención a las necesidades parentales, a los factores de estrés contextuales y a las redes de apoyo informal. Entre las implicaciones para la práctica figuran un enfoque holístico que incorpore los factores sistémicos, incluido un apoyo parental integrado en la atención a la juventud, el refuerzo de las competencias para construir la alianza, la mejora de la colaboración interdisciplinar y la reducción de las barreras organizativas. Se necesita más investigación para examinar la secuenciación y la integración de la atención a la juventud y del apoyo a las figuras parentales con el fin de mejorar los resultados a largo plazo.
Palabras clave: atención a la juventud centrada en la familia, efectos percibidos, elementos eficaces, puntos de inflexión, enfoque sistémico, entrevistas
Evaluar los resultados de la atención a la juventud es esencial para mejorar la calidad de la atención y rendir cuentas del uso de los fondos públicos (Flynn et al., 2024). Debido al aumento de los costes y a la reflexión crítica constante sobre la eficacia y la sostenibilidad de la atención a la juventud, su efectividad lleva mucho tiempo siendo objeto de debate (De Swart et al., 2012; Gutterswijk et al., 2020; Souverein et al., 2013; Strijbosch et al., 2015). Para evitar nuevas derivaciones, contener los costes y lograr resultados positivos para las familias, es imprescindible saber qué funciona para las familias atendidas por los servicios de atención a la juventud (Visscher et al., 2022). Además de ser importante para quienes diseñan las políticas y para quienes las financian, lo es especialmente para las propias familias, ya que la atención a la juventud es a menudo un proceso intenso y que exige mucho tiempo. Para comprender mejor el impacto de la atención a la juventud y los factores que lo configuran, este estudio examina (1) los efectos de la atención a la juventud centrada en la familia desde la perspectiva de las figuras parentales y de las personas jóvenes, (2) los elementos eficaces percibidos y (3) los puntos de inflexión críticos que pueden haber influido de manera decisiva en los efectos percibidos.
Comprender la perspectiva de las familias sobre los efectos que han experimentado y sobre los aspectos que consideran útiles o inútiles es esencial para adaptar los servicios a sus necesidades, con el propósito de lograr resultados más eficaces y duraderos (Bjørknes & Ortiz-Barreda, 2021; Van Bijleveld et al., 2014). Además, implicar activamente a las familias refuerza su sentimiento de empoderamiento, lo que puede aumentar su satisfacción y su motivación (Tilbury & Ramsay, 2018). Saber qué acontecimientos o elementos de la atención se consideran puntos de inflexión puede permitir que, en futuras trayectorias, el personal profesional estimule esos elementos y ponga en marcha un cambio positivo para las familias en una fase más temprana de su trayectoria de atención. Asimismo, investigar las condiciones en las que surgen posibles puntos de inflexión, así como los factores que contribuyen a su aparición, puede aportar conocimientos valiosos para optimizar los efectos de las intervenciones de atención a la juventud.
La atención a la juventud centrada en la familia se dirige a niñas, niños y adolescentes, así como a sus figuras parentales, cuando se dan graves problemas de desarrollo, emocionales o de conducta en el niño o la niña junto con importantes dificultades de crianza. Estas dificultades se ven agravadas con frecuencia por múltiples factores de estrés crónicos, como las dificultades económicas, los problemas de salud y la inestabilidad relacional (Tausendfreund et al., 2016; Visscher et al., 2020b). La teoría de los sistemas familiares (Minuchin, 1974) y el modelo bioecológico del desarrollo humano (Bronfenbrenner & Morris, 2007) ofrecen ambos un marco pertinente para comprender estas necesidades complejas, al subrayar que cada persona debe considerarse dentro de su entorno y de su contexto más amplios (Tong & An, 2024; Willemse, 2015).
Según la teoría de los sistemas familiares, las familias funcionan como sistemas interconectados en los que los cambios de uno de sus miembros afectan a toda la unidad (Bowen, 1978; Gavazzi & Lim, 2023). Además, el modelo bioecológico postula que el desarrollo infantil se configura mediante interacciones recíprocas entre el individuo y múltiples sistemas ambientales anidados, que van desde el contexto inmediato de la familia y la escuela hasta influencias culturales y sociales más amplias (Tong & An, 2024).
En consecuencia, las intervenciones de atención a la juventud centradas en la familia adoptan una perspectiva sistémica al implicar no solo al niño o la niña, sino también a las figuras parentales y a otros miembros clave de la familia (Willemse, 2015). Además de mejorar el funcionamiento infantil (por ejemplo, reduciendo los problemas emocionales y de conducta y reforzando las habilidades sociales), estas intervenciones pretenden mejorar las habilidades parentales, fortalecer las relaciones mutuas y la resiliencia familiar y activar la red social de la familia (Damen et al., 2021; Evenboer et al., 2018; Visscher et al., 2020b). Los ejemplos de intervenciones sistémicas centradas en la familia son en su mayoría intervenciones domiciliarias, como el Intensive Family Treatment (Visscher et al., 2020a), la Functional Family Therapy (Alexander et al., 2013) y la terapia multisistémica (Henggeler et al., 1998); sin embargo, también pueden aplicarse en contextos residenciales y semirresidenciales (Blankestein et al., 2022).
Los efectos percibidos de la atención a la juventud remiten a los cambios en el funcionamiento infantil, parental y familiar tal como los viven y los relatan subjetivamente las propias personas jóvenes y sus figuras parentales. Estos efectos percibidos van más allá de la reducción de síntomas (Ladmanová et al., 2025; Nooteboom et al., 2020) y pueden abarcar cambios en el funcionamiento cotidiano tras la atención, como el funcionamiento emocional y relacional, el bienestar y el autoconocimiento, que afectan al funcionamiento del niño o la niña, de la figura parental o de la familia en su conjunto.
Al examinar la investigación previa sobre los efectos de la atención a la juventud, que abarca tanto estudios cuantitativos como cualitativos y diversos tipos de intervención, se encontraron resultados mayoritariamente favorables. Las revisiones sistemáticas de Janssen et al. (2025) y de Pederson et al. (2019) hallaron efectos positivos de las intervenciones de atención a la juventud centradas en la familia sobre el funcionamiento infantil, parental y familiar. A partir de entrevistas con jóvenes, Paradisopoulos et al. (2015) encontraron resultados positivos de la terapia multisistémica (MST), como la mejora de las relaciones familiares, el reconocimiento de las consecuencias de la propia conducta y relaciones más sanas con sus pares. Celinska et al. (2015) y Morino (2018), que examinaron ambos de forma cualitativa la perspectiva de figuras parentales y jóvenes sobre distintas formas de terapia familiar, señalaron también una mejora de la comunicación familiar.
La investigación internacional que examina la perspectiva de las familias sobre los resultados de la atención a la juventud pone de relieve de forma constante factores eficaces dentro del proceso de atención (por ejemplo, Soenen et al., 2013; Todd et al., 2025; Visscher et al., 2022). Estos factores tienden a converger en torno a tres componentes centrales de una atención eficaz: la alianza terapéutica, los elementos de la intervención y los factores organizativos.
El primer elemento central, el establecimiento de una alianza terapéutica sólida entre el niño o la niña y la persona profesional, así como entre la figura parental y la persona profesional (De Greeff et al., 2018; Pölkki & Vornanen, 2015), aparece como uno de los elementos reconocidos de forma más constante como factor de resultados positivos. Una alianza terapéutica designa una relación de trabajo colaborativa y basada en la confianza entre quienes prestan la atención y la persona atendida (jóvenes y/o figuras parentales), caracterizada por el acuerdo mutuo sobre los objetivos, una comprensión compartida de las tareas y un vínculo emocional (De Greeff et al., 2018). Esta alianza se favorece mediante la escucha activa, la disponibilidad, el interés genuino y el fomento de la confianza y el compromiso mutuos (Morino, 2018; Paradisopoulos et al., 2015; Pölkki & Vornanen, 2015; Soenen et al., 2013; Todd et al., 2025; Tranquilla, 2013). El apoyo práctico y emocional, una actitud respetuosa y libre de juicios por parte de la persona profesional (Morino, 2018; Tilbury & Ramsay, 2018; Visscher et al., 2022) y la consideración seria de los puntos de vista del niño o la niña y de sus figuras parentales son también componentes esenciales de la alianza (Bouma et al., 2019; Pölkki & Vornanen, 2015; Tilbury & Ramsay, 2018; Visscher et al., 2022). Niñas, niños y figuras parentales subrayan la importancia de participar activamente en los procesos de toma de decisiones relativos a su trayectoria de atención (Barnhoorn et al., 2025; Furrer et al., 2023; McLoughlin et al., 2020; Morino, 2018; Tilbury & Ramsay, 2018; Todd et al., 2025; Van Bijleveld et al., 2014). Aunque las familias valoran que se les consulte y que su opinión se tenga en cuenta en las decisiones finales, señalan que esta participación todavía no es una práctica habitual en el sistema de atención a la juventud (Peper et al., 2025; Van Bijleveld et al., 2014). La transparencia, una comunicación clara y la honestidad se identifican además como factores decisivos para construir la confianza (Doelman et al., 2024; McLoughlin et al., 2020; Morino, 2018; Tilbury & Ramsay, 2018). En cuanto a la alianza entre figura parental y profesional, la colaboración positiva se ve facilitada cuando ambas partes comparten una misma comprensión de la necesidad de atención (Doelman et al., 2024) y cuando el personal profesional demuestra competencia cultural y un conocimiento amplio de los antecedentes y las circunstancias de la familia (Bouma et al., 2019; McLoughlin et al., 2020; Pölkki & Vornanen, 2015; Todd et al., 2025). Las familias valoran también la capacidad de decisión (Bouma et al., 2019; Doelman et al., 2024) y la fiabilidad, y destacan la importancia de que el personal profesional cumpla sus compromisos (Tilbury & Ramsay, 2018).
Un segundo elemento central de una atención a la juventud eficaz son los factores relacionados con la intervención, es decir, el contenido metodológico de la atención prestada. El contenido metodológico remite a los componentes, técnicas y métodos específicos de intervención mediante los cuales se pretende lograr el cambio. Una preocupación central expresada por las familias es la necesidad de que niñas y niños sean reconocidos como individuos con necesidades, fortalezas y circunstancias propias. Una atención eficaz debe adaptarse en consecuencia, con un enfoque personalizado (McLoughlin et al., 2020; Visscher et al., 2022). Además, cuando la intervención se basa en las fortalezas, aumenta la motivación para participar activamente en ella (Todd et al., 2025). Las familias destacan asimismo la importancia de abordar todas las necesidades de atención pertinentes en lugar de centrarse en un único problema. Un enfoque sistémico que incluya el entorno social más amplio del niño o la niña –la familia, la escuela y la comunidad– se considera esencial para lograr resultados significativos y duraderos (McLoughlin et al., 2020; Todd et al., 2025; Visscher et al., 2022). Centrarse en ampliar la red social del niño o la niña es esencial para el apoyo entre pares y para fomentar un sentimiento de identidad (Paradisopoulos et al., 2015). En la infancia y la adolescencia, la atención a la juventud favorece el desarrollo de la capacidad de adoptar la perspectiva ajena y refuerza la capacidad de reconocer el impacto de la propia conducta en los demás miembros de la familia (Paradisopoulos et al., 2015). Esta conciencia interpersonal se considera un objetivo terapéutico importante en las intervenciones de atención a la juventud. En el caso concreto de las figuras parentales, se valora mucho el apoyo para desarrollar habilidades de crianza, comprender el desarrollo infantil y gestionar la conducta (Fernandez, 2004; Todd et al., 2025). Por último, en la atención residencial, las personas jóvenes destacaron como factores importantes la disponibilidad y la cercanía del personal profesional, así como unas rutinas, estructuras y límites claros (Soenen et al., 2013).
Las familias reconocen también los factores organizativos y de equipo como el tercer elemento central de la atención a la juventud. Un primer factor organizativo es la capacidad de la persona profesional para aplicar la intervención de forma eficaz, respaldada por competencias que fomenten la comunicación, la expresión emocional y la adopción de perspectivas dentro del sistema familiar (Bouma et al., 2019; Todd et al., 2025). En segundo lugar, una visión organizativa claramente formulada, sostenida por una supervisión constante, la consulta entre pares y oportunidades de desarrollo profesional continuo, es esencial para que el personal profesional pueda trabajar con eficacia (Pölkki & Vornanen, 2015; McLoughlin et al., 2020). Sin embargo, factores sistémicos como las largas listas de espera (Doelman et al., 2024; Tilbury & Ramsay, 2018) y la elevada rotación del personal (Bouma et al., 2019; Doelman et al., 2024; Pölkki & Vornanen, 2015; Tilbury & Ramsay, 2018; Vliet et al., 2020) se citan con frecuencia como barreras para la atención. Una rotación elevada rompe la continuidad y dificulta que niñas y niños establezcan relaciones estables y de confianza con el personal profesional. Cada cambio de profesional puede vivirse como una nueva pérdida (Vliet et al., 2020), lo que puede provocar retrasos en la atención y una menor motivación o confianza en el sistema (Sanders, 2019). Un último factor organizativo considerado esencial para lograr resultados positivos, sobre todo dadas las dificultades múltiples y complejas a las que se enfrentan las familias atendidas, es la necesidad de una colaboración coordinada e interdisciplinar entre los servicios (McLoughlin et al., 2020; Pölkki & Vornanen, 2015; Tranquilla, 2013).
La tercera dimensión temática abordada en este estudio, junto a los efectos percibidos y los elementos eficaces, se centra en la identificación de los puntos de inflexión en el proceso de atención a la juventud. Un punto de inflexión se define como «el primer punto, en una serie de observaciones idénticas, en el que las personas concluyen que un patrón ya no es una anomalía» (O’Brien, 2020 p. 55). Dicho de otro modo, un punto de inflexión es el momento en que alguien decide que pequeñas señales repetidas suman un cambio mayor y duradero. Un punto de inflexión o de giro puede ser también un acontecimiento o una situación concreta que provoca una reorientación del camino que sigue una persona, tal como esta lo percibe (Taussig et al., 2022). En la atención a la juventud, un punto de inflexión puede corresponder a un acontecimiento, una intervención o una situación que reorienta la trayectoria de atención o modifica sus resultados. Este acontecimiento o intervención puede ser una intervención intencionada o no del personal profesional, o puede surgir en la vida de la figura parental o del niño o la niña, como una nueva relación de pareja de la figura parental o del adolescente, una nueva vivienda o un cambio de escuela.
En conjunto, este estudio pretende explorar las experiencias de las familias con la atención a la juventud examinando los efectos percibidos y los elementos eficaces, y profundizar en la comprensión de los puntos de inflexión clave de la atención a la juventud centrada en la familia. Aunque la investigación sobre la atención a la juventud se ha centrado sobre todo en resultados cuantitativos del funcionamiento infantil, parental y familiar (por ejemplo, Janssen et al., 2025), se sabe comparativamente menos sobre cómo perciben las propias familias estos cambios y qué elementos viven como útiles. En particular, la comprensión de los mecanismos de cambio, como los procesos o factores que facilitan u obstaculizan el progreso, requiere más investigación (Tang et al., 2024). Al integrar resultados cuantitativos y comprensiones cualitativas, este estudio pretende ofrecer una visión más completa de cómo contribuye la atención a la juventud al cambio dentro de las familias.
Para este estudio se utilizaron datos cuantitativos y cualitativos del proyecto de investigación «What happens afterwards?» (¿Qué pasa después?). El proyecto investiga las experiencias de figuras parentales y jóvenes con la atención a la juventud centrada en la familia que recibieron. El proyecto fue aprobado por el Comité de Ética de la Tilburg University (número de referencia RP245). En este estudio, el término «jóvenes» se emplea en sentido amplio y según el contexto para designar tanto a la infancia como a la adolescencia que recibe una atención centrada en la familia.
El proyecto What Happens Afterwards? se llevó a cabo en cuatro organizaciones de atención a la juventud de los Países Bajos, todas ellas vinculadas al Academic Collaborative Center for Youth de la Tilburg University. Estas organizaciones ofrecen un continuo de servicios centrados en la familia, basados en marcos de intervención sistémicos, que implican no solo al niño o la niña sino también a las figuras parentales y a otras personas significativas de la red familiar, con el fin de responder de forma integral a las necesidades tanto del niño o la niña como de la familia. Su oferta abarca el apoyo domiciliario intensivo, programas semirresidenciales y acogimientos residenciales para niñas, niños, adolescentes y jóvenes de 0 a 27 años, así como para sus figuras parentales y otros miembros de la familia. A grandes rasgos, la atención a la juventud de estas organizaciones puede clasificarse en tres tipos: la atención domiciliaria, en la que el personal profesional trabaja con la familia en su propio hogar para alcanzar los objetivos fijados; la atención semirresidencial, en la que el niño o la niña acude a un grupo de tratamiento durante parte del día sin dejar de vivir en casa; y la atención residencial, en la que el niño o la niña reside de forma temporal o permanente en un centro de tratamiento. Tanto la atención semirresidencial como la residencial se combinan en todas las trayectorias con una atención domiciliaria intensiva.
Las intervenciones sistémicas incluyen, por ejemplo, el apoyo a la crianza (Nuntavisit & Porter, 2022), el abordaje de cuestiones intergeneracionales (Mooren et al., 2023) y la identificación y activación de la red social de la familia (Visscher et al., 2022). Además de las intervenciones sistémicas, cuando es necesario, las organizaciones pueden ofrecer formas de terapia centrada en el niño o la niña, como el EMDR, la terapia cognitivo-conductual o las terapias artísticas creativas.
Se invitó a participar en el estudio, al inicio de una nueva trayectoria de atención, a las figuras parentales de niñas y niños de 6 a 16 años al comienzo de la atención que habían sido derivados a una de las cuatro organizaciones participantes. Se invitó además a participar a quienes tenían 11 años o más. En consecuencia, la muestra del estudio está formada por familias que iniciaban una nueva trayectoria en una de las cuatro organizaciones, ya fuera de atención domiciliaria intensiva, de atención semirresidencial o de atención residencial.
Tras la inclusión, 86 familias, con un total de 88 niñas, niños y adolescentes atendidos, participaron en el proyecto de investigación What Happens Afterwards?. Dos adolescentes participaron sin su madre o su padre, mientras que en todos los demás casos participó al menos una figura parental, lo que dio un total de 89 figuras parentales participantes. En la medición posterior a la atención, 60 figuras parentales contribuyeron al componente cuantitativo de este estudio. La pérdida de participantes entre las figuras parentales se explica en parte por el hecho de que, al final de la recogida de datos en julio de 2024, la atención aún no había concluido para ocho familias. Además, 21 figuras parentales no completaron el cuestionario al final del tratamiento, ya fuera por falta de respuesta o porque indicaron que ya no deseaban participar. Los análisis del sesgo de abandono no mostraron diferencias significativas entre las personas que respondieron y las que no lo hicieron en cuanto a la edad del niño o la niña, el sexo o el tipo de intervención.
Además, 23 adolescentes participaron en el proyecto de investigación, de los cuales 15 tomaron parte en el componente cuantitativo de este estudio. En ese momento, 22 adolescentes habían completado su trayectoria de atención; sin embargo, siete de ellos no respondieron a la invitación para cumplimentar el cuestionario.
En el marco del proyecto What Happens Afterwards?, las figuras parentales y los niños y niñas participantes completaron cuestionarios al inicio y al final de su trayectoria de atención. Para este estudio se utilizaron datos cuantitativos transversales de un cuestionario (BESTE), medido al término de la trayectoria de atención.
La recogida de datos cuantitativos con el instrumento BESTE tuvo lugar entre febrero de 2021 y julio de 2024.
El instrumento BESTE (BEoordelingsSchaal voor Tevredenheid en Effect, o Escala de Evaluación de la Satisfacción y los Efectos) (De Meyer et al., 2004) es un cuestionario basado en la práctica que figuras parentales y jóvenes completan tras la atención para evaluar sus experiencias con la trayectoria de atención del niño o la niña. La escala consta de siete ítems y evalúa tanto la eficacia percibida de la intervención como la satisfacción global de las figuras parentales o de las personas jóvenes con la atención prestada. Las opciones de respuesta de la mayoría de los ítems se puntuaban en una escala Likert de 4 puntos, de 1 (ha empeorado más que mejorado), 2 (sin cambios), 3 (cierta mejora) a 4 (mejora clara). Algunos ejemplos de ítems son ¿Ha cambiado la conducta de su hijo o hija como resultado del tratamiento? (BESTE-O = versión para figuras parentales) o ¿Ha cambiado el funcionamiento de la familia de la que formas parte como resultado del tratamiento? (BESTE-J = versión para jóvenes).
Los efectos percibidos de la intervención medidos con el instrumento BESTE se determinan mediante la puntuación media de los cuatro primeros ítems. Una puntuación media de 3.00 o superior indica una puntuación de efecto positiva del tratamiento. Los cuatro ítems utilizados en las versiones para figuras parentales y para jóvenes se recogen íntegramente en la tabla 2.
La consistencia interna de los cuatro primeros ítems resultó aceptable a buena (α = .69 en la versión para figuras parentales; α = .91 en la versión para jóvenes). La validez de constructo resultó suficiente (De Meyer et al., 2004).
Para evaluar los efectos percibidos de la atención a la juventud se utilizaron las puntuaciones medias de los cuatro primeros ítems de los instrumentos BESTE-O (figuras parentales) y BESTE-J (jóvenes), con un umbral de 3.0 o superior como indicador de efectos positivos. Además de la puntuación media de los cuatro ítems, para conocer los ámbitos concretos en los que figuras parentales y jóvenes percibían efectos, examinamos también el porcentaje de personas que puntuaban 3 o más en cada ítem.
De las 60 figuras parentales participantes, el 73,3 % eran madres (n = 44) y el 25,0 % padres (n = 15). En un caso (1,7 %), ambos progenitores completaron juntos el BESTE-O. La muestra incluía algo más de niños que de niñas (53,3 % frente a 46,7 %), con una edad media de 12,1 años (SD = 2.8). En cuanto al tipo de intervención, el 50,0 % recibió atención domiciliaria, el 23,3 % atención semirresidencial y el 26,7 % atención residencial.
De las 15 personas adolescentes participantes, el 33,3 % eran chicos (n = 5) y el 66,7 % chicas (n = 10), con una edad media de 14,2 años (SD = 2.4). En cuanto al tipo de intervención, el 46,7 % (n = 7) recibió atención domiciliaria, mientras que las proporciones de atención semirresidencial y residencial fueron iguales (n = 4 en cada caso; 26,7 %).
Para la recogida de datos cualitativos se contactó con las figuras parentales que participaban en el proyecto What Happens Afterwards?. En coherencia con el estudio general, se incluyeron figuras parentales de niñas y niños de 6 a 16 años al inicio de la atención que habían recibido una trayectoria de atención a la juventud centrada en la familia en una de las cuatro organizaciones implicadas. Finalmente participaron 11 familias de la muestra del proyecto. Los esfuerzos adicionales de reclutamiento, descritos en el apartado procedimiento y recogida de datos, permitieron sumar otras tres familias. En total, 14 familias dieron su consentimiento para participar en la entrevista, incluidos cinco niñas, niños o adolescentes, uno de ellos menor de 11 años, con el consentimiento correspondiente.
Las entrevistas se realizaron entre abril de 2022 y noviembre de 2023.
Para la recogida de datos cualitativos, entre tres y seis meses después del final de la trayectoria de atención, la investigadora se puso en contacto con todas las figuras parentales participantes por correo electrónico, aplicación de mensajería o teléfono para invitarlas a una entrevista semiestructurada sobre sus experiencias con el proceso de atención y sus resultados. Además de su consentimiento previo, las figuras parentales dieron un consentimiento informado específico para participar en la entrevista.
Debido a las dificultades para incluir participantes de la muestra de investigación existente, se invitó a participar en las entrevistas a otras figuras parentales de las organizaciones participantes, ajenas a la muestra inicial. Se aplicaron los mismos criterios de inclusión: figuras parentales con hijas o hijos de entre 6 y 16 años al inicio de la atención, que hubieran recibido alguna forma de atención domiciliaria intensiva o (semi)residencial y hubieran completado su trayectoria de atención entre tres y seis meses antes.
Dado el tiempo necesario para el reclutamiento y la programación, todas las entrevistas se realizaron entre seis y nueve meses después del final de la atención.
Según la preferencia de la figura parental, la entrevista se realizó en línea o en persona en su domicilio. En función de la profundidad y el detalle del relato, las entrevistas duraron entre 1,5 y 2 horas. Todas las entrevistas se grabaron en audio. Las figuras parentales recibieron por su participación una tarjeta regalo de 25 euros. Para incorporar la perspectiva del niño o la niña sobre la atención recibida, al final de la entrevista la investigadora preguntaba a la figura parental si consentía que su hijo o hija participara en una entrevista aparte. Si se obtenía el consentimiento parental, la investigadora o la figura parental solicitaba a continuación el consentimiento del niño o la niña. La entrevista con el niño o la niña se programaba entonces de forma independiente en otro momento, o justo después de la entrevista con la figura parental si estaba presente y dispuesto a participar. Los niños y niñas recibieron una tarjeta regalo de diez euros.
El reclutamiento para la recogida de datos cualitativos mediante entrevistas comenzó en marzo de 2022. En ese momento, de las 86 familias participantes, 24 habían terminado la atención hacía más de seis meses y, por tanto, quedaron excluidas. De las 47 familias invitadas a la entrevista, 27 no respondieron y 9 declinaron la invitación. En total participaron en las entrevistas 14 familias, 11 de ellas procedentes de la muestra del estudio.
Quisimos incluir diversidad de perspectivas para lograr una comprensión rica y contextualizada de los procesos de atención y de los efectos percibidos, en particular las de madres, padres, niñas y niños, así como variedad en cuanto a la edad y el género del niño o la niña, la estructura familiar, el tipo de intervención y el carácter voluntario u obligatorio de la atención. En noviembre de 2023 se interrumpió el reclutamiento, al observarse que las últimas entrevistas no aportaban comprensiones sustancialmente nuevas sobre las experiencias o los resultados de la atención a la juventud. En ese momento se consideró alcanzada la saturación de los datos.
Al final del reclutamiento, en noviembre de 2023, 15 familias seguían recibiendo atención. La inclusión de figuras parentales y jóvenes adicionales, que aportó tres familias más, se llevó a cabo en mayo y junio de 2023.
El formato de la entrevista se basó en un enfoque fenomenológico, centrado en la experiencia vivida de las personas tal como perciben una situación o un fenómeno y le atribuyen significado (Hossain et al., 2024; Kars, 2023). En nuestro estudio, el fenómeno estudiado eran las experiencias de figuras parentales y jóvenes con su trayectoria de atención a la juventud, incluido el desarrollo de la trayectoria, los efectos positivos o negativos experimentados, los elementos facilitadores y obstaculizadores y los puntos de inflexión. Con este fin elaboramos una lista de temas para una entrevista semiestructurada, desarrollada en cuatro etapas. En primer lugar, se consultó al consejo de personas usuarias de una de las organizaciones participantes para que aportara ideas sobre los temas principales de la entrevista. En segundo lugar, con estas aportaciones y a partir de los objetivos de la investigación, la primera autora de este artículo elaboró la primera versión de la lista de temas semiestructurada, comenzando por preguntas generales que seguían las etapas sucesivas del proceso de atención: el desarrollo de la derivación, la atención recibida previamente y el inicio de la atención, el contenido de la atención, el final de la atención, el funcionamiento actual del niño o la niña, de las figuras parentales y de la familia, y la necesidad de seguimiento posterior. Como primer paso para examinar los efectos percibidos, se añadieron preguntas abiertas sobre las esperanzas y expectativas previas al inicio de la trayectoria de atención, seguidas de preguntas abiertas sobre los efectos percibidos de la atención, los elementos eficaces durante el proceso, los posibles puntos de inflexión y la contribución de las redes sociales al bienestar familiar durante y después de la atención. Para minimizar los sesgos y evitar preguntas inductoras durante las entrevistas, las preguntas sobre los efectos percibidos de la atención no se formularon directamente. En su lugar, la información sobre estos temas se obtuvo mediante preguntas de apoyo sobre la medida en que se habían cumplido las esperanzas y expectativas iniciales y sobre si se habían alcanzado los objetivos de la atención.
En tercer lugar, el equipo de investigación revisó, discutió y completó la lista de temas. Ello dio lugar a preguntas abiertas adicionales sobre el funcionamiento actual del niño o la niña, de las figuras parentales y de la familia, incluidas las expectativas de futuro. En cuarto lugar, la lista de temas se puso a prueba en una primera entrevista con una figura parental. A partir de la transcripción literal de esta prueba piloto, el equipo de investigación concluyó que el formato de entrevista recogía adecuadamente los temas clave necesarios para responder a los objetivos de la investigación.
El análisis temático reflexivo (Braun & Clarke, 2021) guió el proceso de codificación y análisis, para el que se utilizó ATLAS.ti (ATLAS.ti, 2023). En primer lugar, todas las entrevistas se transcribieron literalmente y se leyeron con detenimiento. En segundo lugar, la primera autora elaboró de forma deductiva un libro de códigos inicial a partir de las preguntas dicotómicas de la entrevista y de códigos iniciales relacionados con los temas de la entrevista, basados en la bibliografía pertinente. A continuación, la primera y la segunda autora codificaron conjuntamente tres entrevistas, añadiendo de forma inductiva nuevos códigos y discutiendo las citas hasta alcanzar el consenso. La primera autora y una persona asistente de investigación codificaron después las entrevistas restantes, revisando y añadiendo nuevos códigos cuando era necesario. Para garantizar la saturación de la codificación y detectar posibles sesgos, la segunda autora codificó de forma independiente dos entrevistas seleccionadas al azar con el libro de códigos establecido. La mayoría de los códigos mostraron un alto grado de acuerdo entre codificadoras, salvo en la identificación de un código general relativo a la sostenibilidad percibida de los efectos. Este código se añadió al libro de códigos y se aplicó a todas las transcripciones. En el tercer paso, la primera autora revisó y agrupó los códigos iniciales en grupos de códigos generales, fusionando los códigos solapados para ganar claridad y reducir la redundancia. En el cuarto paso, dos miembros del equipo de investigación revisaron de forma independiente y crítica todos los grupos de códigos y los códigos asignados, y llegaron a un consenso con la primera autora sobre la consolidación de los grupos de códigos cuando procedía. Por último, antes de presentar los resultados, se revisaron el contenido central y la denominación de todos los grupos de códigos, que se modificaron cuando fue necesario.
La muestra de entrevistas estaba formada por catorce familias que habían recibido formas especializadas de atención a la juventud centrada en la familia en una de las cuatro organizaciones participantes. Las entrevistas se realizaron con diez madres, dos padres y dos parejas parentales. Además, tres niñas y niños de 9, 12 y 14 años fueron entrevistados por separado de sus figuras parentales, lo que les dio la oportunidad de hablar de sus experiencias sin la presencia de estas. En dos familias, adolescentes estuvieron presentes en parte de las conversaciones y se fueron sumando poco a poco a las entrevistas, aportando su perspectiva junto a la de sus figuras parentales. Durante estas entrevistas, la persona entrevistadora invitó explícitamente al niño o la niña a expresar su perspectiva y sus opiniones y las verificó, para asegurarse de que se sentía a gusto contando sus propias experiencias.
Cada una de las 14 familias participantes incluía a un niño o niña directamente implicado en la intervención: siete niños y siete niñas. Seis familias recibieron atención domiciliaria intensiva; en tres familias, el niño o la niña acudía a atención semirresidencial, y cinco adolescentes fueron acogidos temporalmente en un grupo de tratamiento residencial. Estas dos últimas formas de atención se combinaron con atención domiciliaria intensiva. La atención domiciliaria intensiva incluía múltiples componentes, como el apoyo a la crianza, la ayuda en cuestiones relacionadas con la separación, como el restablecimiento del contacto entre progenitor e hijo o hija, conversaciones terapéuticas con niñas y niños e intervenciones destinadas a reforzar la seguridad, adaptadas a las necesidades de la familia. En siete familias, la intervención se completó con una terapia centrada en el niño o la niña, por ejemplo EMDR. Cuatro familias de la muestra recibieron atención obligatoria y 10 fueron derivadas de forma voluntaria. Todas las familias habían recibido alguna forma de atención a la juventud antes de la trayectoria objeto de la entrevista, en su mayoría en forma de evaluación psicodiagnóstica del niño o la niña, intervención del sistema de protección de la infancia o apoyo a la crianza. En el momento de la entrevista, doce familias recibían algún tipo de atención de seguimiento. En cuanto a la estructura familiar, tres parejas parentales seguían juntas, mientras que en 11 familias se había producido una separación, ocho de ellas con problemas complejos ligados a la separación, como el consumo de sustancias de una figura parental, la violencia doméstica y/o la pérdida de contacto con una de las figuras parentales. En dos de estas familias separadas, habían fallecido dos progenitores. En la tabla 1 se presenta una visión general de las características de la muestra.
Tabla 1 Características de la muestra cualitativa
HBC = atención domiciliaria intensiva; SRC = atención semirresidencial; RC = atención residencial; CFT = terapia centrada en el niño o la niña. La duración de la intervención de la persona participante 11 no se abordó en la entrevista
Con el instrumento BESTE se investigaron cuantitativamente los efectos percibidos de la atención a la juventud prestada, según las figuras parentales y las personas jóvenes. De las figuras parentales y jóvenes participantes, 60 figuras parentales y 15 adolescentes completaron el BESTE al final de la atención.
La puntuación media de las figuras parentales (n = 57; en tres casos no se calculó la media por faltar puntuaciones de ítems) en los ítems que reflejan los efectos percibidos (BESTE-O) fue M=3.28 (SD=0.74). La mayoría de las figuras parentales (70,0 %) señaló efectos positivos medios del tratamiento (M>3.00). De este grupo, el 23,3 % otorgó la puntuación máxima a los efectos percibidos (M=4.00). La puntuación media de las personas jóvenes (n = 15) en el BESTE-J fue M=3.56 (con SD=0.37). Entre las personas jóvenes, el 73,4 % señaló efectos positivos medios del tratamiento (M>3.00). De este grupo, el 13,3 % otorgó la puntuación máxima a los efectos percibidos (M=4.00). La tabla 2 recoge los porcentajes de efectos positivos del tratamiento por pregunta, que indican los efectos sobre el funcionamiento infantil, las habilidades parentales y el funcionamiento familiar, así como la puntuación de efecto percibido de los cuatro ítems, tanto para las figuras parentales como para las personas jóvenes.
Tabla 2 — BESTE: puntuaciones medias, SD y porcentajes de efecto positivo por pregunta y para el conjunto de los cuatro ítems del BESTE
BESTE: Escala de Evaluación de la Satisfacción y los Efectos. Puntuación media y SD del conjunto de los cuatro ítems = puntuación de efecto. Una puntuación > 3 indica efectos positivos
Mediante el análisis temático reflexivo identificamos varios temas generales y subtemas durante el proceso de codificación. En cuanto a los efectos percibidos de la atención, surgieron tres temas generales: los efectos percibidos al final de la atención, los efectos limitados y los efectos sostenidos. Dentro de los temas de los efectos percibidos y sostenidos, los subtemas recogían cambios en el funcionamiento infantil, parental y familiar, estrechamente relacionados con las esperanzas y expectativas iniciales, también descritas en estos ámbitos. Además, dentro del tema de la sostenibilidad, los subtemas incluían los efectos sostenidos, la vulnerabilidad persistente y los retrocesos en el funcionamiento.
Los resultados relativos a los elementos eficaces percibidos de la atención coincidían en gran medida con las clasificaciones identificadas en la bibliografía: la alianza terapéutica, los factores relacionados con la intervención y los factores organizativos. Durante el proceso de codificación, los elementos eficaces percibidos se clasificaron como facilitadores u obstaculizadores. Un cuarto tema general se refería a factores individuales, como la motivación.
Al analizar los puntos de inflexión se identificaron temas generales similares: la alianza terapéutica, los factores relacionados con la intervención, los factores organizativos y los factores individuales. Por último, un tema general adicional recogía las influencias externas sobre los efectos percibidos de la atención, como las dificultades económicas y el papel de la red social.
A continuación se presentan las experiencias de figuras parentales, niñas y niños con la atención a la juventud recibida, organizadas en torno a los objetivos de la investigación e incluyendo los temas generales y los subtemas identificados en el proceso de codificación.
Inicio de la atención: expectativas iniciales y necesidades de atención. Como primer paso para examinar los efectos percibidos, las personas entrevistadoras invitaron a las figuras parentales, niñas y niños participantes a reflexionar sobre sus esperanzas y expectativas iniciales antes del comienzo de la atención, así como sobre las necesidades concretas que les llevaron a buscar apoyo. La mayoría de las expectativas y necesidades de atención se referían a mejorar el funcionamiento infantil asociado a problemas de conducta internalizantes y externalizantes o a síntomas relacionados con el trauma.
«Más confianza en mí misma y una mejor imagen de mí, y no quedarme despierta por la noche por mis traumas.» (Menor 10).
Un padre describió como motivo para buscar apoyo los conflictos cada vez más graves con su hija, como manifestación de una conducta problemática externalizante.
«Bueno, para empezar, las puertas acababan dañadas. Luego, arriba ella (la hija) podía poner todo patas arriba. Y en los casos extremos, simplemente se escapaba. Pasó unas cuantas veces: tuve que ir detrás de ella en coche, porque en ese momento era más rápida que yo.» (Padre 6).
En cuanto al funcionamiento parental, un tema clave era reforzar las habilidades de crianza y recuperar el control sobre la conducta del hijo o la hija, así como reducir la carga de la crianza.
«El TDAH y esas cosas no las conocía. Recuerdo que pensaba: “¿Y cómo se supone que voy a manejar esto?”. Por eso pedí ayuda: para que me apoyaran, porque en ese momento lo necesitaba de verdad. Su conducta (la del hijo) no siempre era fácil de llevar.» (Madre 2).
Mejorar las relaciones interpersonales y el clima familiar se mencionó a menudo como objetivo principal en relación con el funcionamiento familiar.
«Siempre parecía que en casa estábamos esperando a que estallara una bomba. Lo que esperábamos era simplemente crear un ambiente tranquilo, en el que todos pudiéramos movernos en paz y acostar a los niños con una sonrisa en la cara, en lugar de vivir rodeados de un clima constante de pesimismo.» (Madre y padre 13).
«Mi hijo dejó de invitar a amigos a casa porque le daba vergüenza su hermana. En casa había discusiones constantes. Mi hija siempre estaba angustiada. (…). Nuestra vida giraba por completo en torno a su conducta. Había inquietud en casa, conflictos constantes.» (Madre 8).
Algunas figuras parentales, a partir de experiencias anteriores con los servicios de atención a la juventud, indicaron que no tenían ninguna expectativa respecto a la atención que se les ofrecía.
«En ese momento ya no tenía realmente ninguna expectativa. Pensé: “Vamos a ver qué pasa”. Si no espero nada, tampoco me puedo llevar una decepción.» (Madre 11).
Efectos percibidos de la atención a la juventud. Los resultados sobre los efectos percibidos de la atención a la juventud prestada se describen en tres subtemas: (1) efectos percibidos de la atención prestada, (2) efectos limitados percibidos de la atención prestada y (3) sostenibilidad de los efectos percibidos.
Efectos percibidos de la atención prestada. Nueve figuras parentales y dos menores indicaron que, a su juicio, se habían alcanzado los objetivos o las expectativas fijados de antemano.
«Ahora tengo muchos menos traumas y me afectan mucho menos. Ya no pienso tanto en ellos. Solo a veces, cuando estoy sola, todavía pienso en ellos, pero ya no es tan intenso.» (Menor 10).
Los efectos de la atención mencionados se referían al funcionamiento infantil, parental y familiar. Las mejoras citadas con más frecuencia afectaban al funcionamiento infantil: mejores habilidades de comunicación, mejor regulación emocional, mejores interacciones sociales, mayor bienestar y más confianza en sí mismo o en sí misma.
«Antes se enfadaba mucho, pero ya no. (…). Cuando le explicamos lo que tenemos que hacer y lo que está pasando, dice: “Vale, lo entiendo”. Antes era mucho peor. Así que también aprendió sobre las emociones.» (Madre 5).
«Vi a esta chica (la hija) florecer de verdad: de una niña tímida y retraída, pasando por una fase de rebeldía, fue encontrando poco a poco más calma y acabó convirtiéndose en una joven segura de sí misma que sabe claramente lo que quiere y trabaja con constancia para conseguirlo.» (Padre 4).
«Ahora en casa las cosas van mejor. Antes me enfadaba enseguida, pero ya no. Todavía me enfado a veces, pero creo que eso le pasa a todo el mundo.» (Menor 10).
En cuanto a las mejoras del funcionamiento parental, se señalaron dos componentes generales: mejoras en el sentimiento de bienestar de la figura parental y una mayor competencia parental, por ejemplo para aportar estructura y poner límites.
Sobre un mayor sentimiento de bienestar, la madre 1 relató:
«R: Más calma, de verdad. (…). Puedo ser yo misma, (…). No siento la necesidad de justificarme ante los demás. Esa conducta [del hijo], su manera de actuar, es simplemente propia de su edad. Y que cuando arremete contra mí, es porque estoy cerca de él y siente que conmigo puede decir y hacer cualquier cosa.»
En conjunto, el efecto sobre la competencia parental mencionado con más frecuencia es una mejor comprensión de las estrategias para entender las necesidades del hijo o la hija y responder a ellas.
«Vino a casa una persona orientadora familiar y nos dio psicoeducación sobre el TDA y el TDAH, sobre cómo manejarlo. (…). Esa persona me dio herramientas extra: cómo reaccionar ante ciertas situaciones o cómo gestionarlas. Cosas así. Ahí te apoyan de verdad. Así que sí, desde luego aprendí con ello.» (Madre 2).
«Ahora lo veo de verdad: ahora veo el lado adolescente de [hija], el aspecto socioemocional, y he empezado a mirarlo de otra manera. Eso ha cambiado sin duda. Antes veía a [hija] simplemente como una chica de 16 años. Nos quedamos realmente impactados cuando nos dieron los resultados [de la evaluación psicológica], como diciendo: vaya, de verdad que no nos lo esperábamos. Y entonces empiezas a mirar de otra forma todo lo que ha vivido y cómo lo ha afrontado.» (Madre y padre 12).
Por último, los efectos de la atención sobre el funcionamiento familiar se describieron sobre todo como mejoras de las relaciones familiares y del clima familiar.
«En un momento dado pensé: esto no es sano, que tú (el hijo) me defiendas así. Es muy tierno, pero también tienes que ocupar tu propio lugar. Eso es algo que trabajé junto con [profesional] en [organización].» (Madre 10).
«También me hizo reflexionar sobre cómo hablaba y trataba a mis hijos. (…). En plan, sí, algunas cosas de verdad no estaban bien. Como insultar a tus hijos: “mocosos”, “mierdecillas”, cosas así. Ella (la profesional) me dijo: “Eso no está bien”. Y pensé: sí, tiene razón. De verdad que he empezado a reflexionar sobre eso.» (Madre 3).
Efectos limitados percibidos de la atención prestada. Aunque algunas familias señalaron que sus esperanzas o expectativas iniciales
no se habían cumplido, vivieron sin embargo otros efectos significativos de la atención. En conjunto, todas las familias salvo una identificaron uno o varios resultados relativos al funcionamiento infantil, parental o familiar. Además de los efectos señalados, varias figuras parentales observaron que el impacto percibido de la atención había sido limitado, sobre todo en cuanto a mejoras del desarrollo de su hijo o hija o de sus propias capacidades parentales.
«R: No era adecuado para él. (…) Quizá fueran los otros chicos que tenía alrededor. Había muchos chavales deprimidos allí (…). El personal era bueno: volvía a hacer bromas. Se llevaba mejor con el personal que con los otros chavales.» (Madre 9).
«Me he vuelto un poco más tranquilo; ese es realmente el único cambio. Pero aparte de eso, no, a mí no me ha aportado muchos cambios.» (Padre 6)
Una madre no señaló ningún efecto percibido de la atención prestada, ya que su principal esperanza y expectativa era conseguir un acogimiento residencial de larga duración para su hijo tras varias estancias fallidas en familias de acogida y en recursos temporales.
«[Hijo] vuelve a tener que cargar con las consecuencias, porque la atención adicional no empezó a tiempo. Se enfadó y acabó pegando a la persona educadora del hogar. Por supuesto, no es una conducta aceptable, pero entiendo de dónde viene. Y entonces tuvo que irse de inmediato.» (Madre 14).
Sostenibilidad de los efectos percibidos. Todas las entrevistas se realizaron aproximadamente entre seis y nueve meses después del final de la trayectoria de atención. Explorar el bienestar actual del niño o la niña y el funcionamiento parental y familiar en el momento de la entrevista era uno de los temas de la entrevista, lo que aportó información sobre la sostenibilidad de los resultados.
De las 14 entrevistas realizadas, ocho figuras parentales y tres menores indicaron que el niño o la niña funcionaba bien.
«Bien. De verdad que ha progresado muchísimo. (…). Sobre todo con el colegio y esas cosas. Se siente mejor consigo mismo. También empieza a relacionarse más con amigos, ya sabes, las cosas típicas de su edad.» (Madre 2).
«Vuelve a ir al instituto. Sonríe, va por la casa contenta; no siempre contenta, claro, pero se mueve por la casa. Va al instituto, va a sus prácticas, queda con sus amigas y amigos, y se puede hablar con ella. Es mucho más independiente, ha madurado muchísimo. Así que, en ese sentido, ha crecido enormemente.» (Madre 8).
Además, siete figuras parentales y dos menores describieron el funcionamiento familiar general como positivo. Ante una pregunta sobre el contacto actual con la profesional que había hecho la derivación, la madre 10 relató lo siguiente:
«Ella (la profesional que hizo la derivación) me dijo: “Os va bien, así que ya no puedo hacer nada más por vosotros. Los niños están seguros, les va bien, aparte de los altibajos normales, y a ti también te va bien. Ya no tienes necesidad de atención, así que voy a cerrar el caso”. Y está bien, porque las cosas de verdad van bien.»
«Ahora me van bien las cosas. Tengo amigas y amigos con quienes hago muchas cosas divertidas, y en casa todo va bien. Por supuesto, todavía hay algunas dificultades o tropiezos, pero eso le pasa a todo el mundo.» (Menor 10).
En cuanto al funcionamiento parental, tres figuras parentales hablaron positivamente de su propio bienestar actual.
«Decidí volver a estudiar. Contacté yo misma con el UWV (el organismo neerlandés de seguros para personas asalariadas) y les dije: me han declarado 100% incapacitada para trabajar, pero quiero de verdad volver a formar parte de la sociedad, no ser solo alguien a quien han dado por perdida, que va a citas con el psicólogo y está siempre lidiando con el pasado y con los problemas. (…) Solo quiero volver a participar, centrarme en cosas sanas.» (Madre 11).
Además de la mayoría de figuras parentales y menores que señalaron resultados positivos sostenidos, las entrevistas revelaron también vulnerabilidades persistentes tanto en el funcionamiento infantil como en el parental. En cuanto al funcionamiento infantil, se trata sobre todo de la persistencia de problemas que seguían teniendo repercusiones a pesar del final de la atención.
«Eso (manejar las interacciones sociales) era realmente su mayor escollo: le cuesta muchísimo participar en los momentos de juego libre. Ahí está la dificultad para él. De hecho, todavía le cuesta. Sigue necesitando acompañamiento para jugar al fútbol, y en las clases de educación física suele hacer falta un docente de apoyo, porque ahí es donde a menudo las cosas se tuercen.» (Madre 7).
Ha recorrido un largo camino, pero todavía no ha llegado. Así es como hay que verlo. Y no creo que llegue nunca del todo. (…). Siempre llevará preguntas consigo y siempre necesitará atención y apoyo continuos.» (Madre 8).
En cuanto al funcionamiento parental, el tema de vulnerabilidad predominante se refería al sentimiento de bienestar de la figura parental; por ejemplo, la carga de la crianza y la preocupación mental constante por el bienestar del hijo o la hija y por el propio.
«Cuando hablaba con [profesional], tenía que ir a una psicóloga, también por mí, porque, como dije, no me encontraba bien, y sigo sin encontrarme bien. Ahora mismo no tengo tiempo para pedir esas citas. Pero ella no quería oír eso. Me dijo: “¿Cómo que no tienes tiempo para hacer algo por ti? Tienes que sacar tiempo para eso”. Ahora que ya no viene, ese tema se ha calmado. Pero sigo sin tener espacio para ello: tengo la cabeza demasiado llena, demasiado ocupada. Cuando las cosas vuelvan a arrancar, creo que aquí todo irá más fluido. Porque lo noto: no me encuentro bien por dentro.» (Madre 3).
«Noto de verdad que ahora tengo el depósito vacío, sobre todo desde que he vuelto a trabajar. Después de 10, no, 13 años, ahora que hay más paz en casa, todo se está soltando. Me canso antes, me estreso con más facilidad. Y ella (la hija) siente que no puede acudir a mí, ella misma lo dice. Intento estar ahí para ella, pero también tengo un hijo que me necesita: él también empieza a tropezar con cosas. Así que ahora tengo que estar más presente para él. Siento que ella me deja espacio para hacerlo, pero al mismo tiempo siento que me estoy quedando sin espacio para mí.» (Madre 8).
La vulnerabilidad del funcionamiento familiar estaba relacionada con problemas complejos de separación y con relaciones familiares complejas persistentes, que también influyen en la carga de la crianza.
«A veces he llegado a un punto en el que ya no sé qué hacer con ella, en el que pienso: ahora mismo eres insoportable. Le digo cosas así. No es cada semana ni cada día, pero de vez en cuando pasa. (…). Estoy constantemente en alerta por ella.» (Madre 10).
Además del bienestar positivo actual y de las vulnerabilidades, algunas respuestas de figuras parentales revelaron un retroceso en el funcionamiento. Sin embargo, esto se señaló con menos frecuencia que el bienestar positivo y la vulnerabilidad. No se señalaron retrocesos en el funcionamiento infantil. Una madre describió un retroceso vivido por el otro progenitor, relacionado con el consumo de sustancias, que influyó en el funcionamiento familiar, y dos figuras parentales señalaron un deterioro del funcionamiento familiar.
«Ahora que [profesional] ya no viene, sí noto que ellos (los hijos) empiezan a plantarle cara un poco más a mamá y a papá. Pero, siendo justa, yo también tiendo a recaer en regañarles y a comunicarme así con ellos.» (Madre 3).
La tabla 3 ofrece una visión general de la sostenibilidad de los resultados en cuanto al funcionamiento actual infantil, parental y familiar.
Tabla 3 — Sostenibilidad de los efectos percibidos
Los números 1–14 remiten a las personas que respondieron. -C indica que quien responde es el niño o la niña
Elementos eficaces. Al reflexionar sobre los factores que contribuyeron a resultados positivos o negativos, figuras parentales y menores formularon tanto facilitadores como obstáculos. La figura 1 ofrece una visión general de estos facilitadores y obstáculos por tema, tal como los mencionaron figuras parentales y menores. El cuarto subtema identificado dentro de los elementos contribuyentes se refería a las características individuales de las personas atendidas. Los cuatro factores se describen a continuación.

Alianza terapéutica. Los elementos terapéuticos se mencionaron con frecuencia como facilitadores de los efectos percibidos; por ejemplo, una buena sintonía con la persona profesional y un contacto agradable y cálido.
«R: Sí, de verdad conecté con aquella mujer. (…). Al principio pensaba: “No tengo ninguna gana de contar mi historia”. Pero cuando alguien viene a tu casa con regularidad, empiezas a crear un vínculo. Era sencillamente muy amable, y además también era madre sola con dos hijos. Sabe de lo que habla, ¿sabes?» (Madre 2).
La toma de decisiones compartida contribuye al proceso terapéutico:
«Todo se hablaba mucho con nosotros, en plan: “¿Qué es lo que más os cuesta?” y “¿Qué os gustaría abordar primero?”. Así que, de verdad, todo se hacía de acuerdo con nosotros.» (Madre y padre 12).
«Me hacía muchas preguntas, y si no quería responder, podía elegir no responder, o si era demasiado difícil.» (Menor 10).
También se mencionaron como facilitadores una actitud respetuosa y libre de juicios y la confianza en las fortalezas de la persona atendida.
«Lo que hizo tan agradable la colaboración fue el respeto mutuo por el trabajo que hacen como profesionales y por mí como padre. Mi papel de padre no se cuestionó: simplemente se reconoció». (Padre 4).
La madre 7 percibió una actitud libre de juicios hacia su hijo: «Creo que a [nombre] se le vio de verdad por quien es, y no como un niño difícil. En el colegio a menudo le ponen etiquetas: lo ven como un alborotador, un niño problemático. Lo sacan del grupo constantemente. Pero en [organización] no era así.»
La madre 1 resumió todos los aspectos anteriores en uno: «La persona que tenía delante era sencillamente muy simpática. Enseguida tuvimos cosas en común, y me dijo: “No estoy aquí para juzgarte”; fue una de las primeras cosas que dijo. “Solo estoy aquí para mirar las cosas contigo y ayudarte”. Y eso ya se recibe de una manera muy distinta que “Estamos aquí para señalar tus errores”.»
Ninguno de los elementos de alianza terapéutica mencionados por figuras parentales y menores se formuló únicamente como obstáculo. Algunos elementos se percibieron a la vez como facilitadores y como obstáculos, según la experiencia de cada persona entrevistada. El elemento mencionado con más frecuencia que funcionaba a la vez como facilitador y como obstáculo era la colaboración entre figura parental y profesional. En la mayoría de los relatos, esto se refería a la medida en que ambas partes estaban alineadas en cuanto a los objetivos y los enfoques de la atención.
«Muchas veces hemos chocado con [organización]: cuando él tenía un estallido allí, nosotros poníamos consecuencias en casa para mostrar que estábamos en la misma línea que [organización] y que no toleramos la conducta agresiva. Pero [organización] no estaba de acuerdo con ese enfoque.» (Madre 14).
«Te dan consejos y trucos, y sí, te guían hasta cierto punto, pero siempre con la intención de un respeto mutuo. Lo que más me importaba era que todos estuviéramos centrados en [hija]. Ella era el punto central: ni yo ni el personal profesional. Mi hija estaba en el centro de todo, y para mí eso era lo más importante de la colaboración.» (Padre 4).
Factores relacionados con la intervención. Al hablar de sus experiencias con la atención recibida, figuras parentales y menores identificaron varios elementos relacionados con la intervención. La mayoría se percibieron como facilitadores. El refuerzo positivo se mencionó en nueve entrevistas.
«Tengo más confianza en mí misma. Soy una buena madre: he dado a [hijo] una buena educación. Antes podía sentirme una mala madre, pero el apoyo a domicilio de [organización] me dijo: “No, escucha, lo estás haciendo muy bien”. Me dijeron que siempre podía ponerme las “gafas del autismo” y que sé exactamente lo que mi hijo necesita.» (Madre 5).
«Podía contárselo todo, y hablábamos mucho de lo que había hecho esa semana. Ella (la profesional) me decía que podía estar orgullosa de mí misma y cosas así.» (Menor 10).
La psicoeducación y la comprensión de las necesidades individuales y de los patrones de conducta del niño o la niña se identificaron como facilitadores de la eficacia percibida de la atención.
«Se trataba sobre todo de [hija], que entonces tenía 14 años. Puede que parezca que tiene 18, pero emocional y socialmente está más bien entre los 6 y los 9 años. ¿Y cómo se maneja eso? Porque también es adolescente: quiere tantear los límites como los demás adolescentes. Pero en realidad tenemos que ponerle límites, contenerla, porque emocionalmente no puede con ellos. En eso es en lo que más hemos trabajado: ¿cómo lo manejamos nosotros, como madre y padre?» (Madre y padre 12).
Algunos elementos de la intervención se vivieron a la vez como facilitadores y como obstáculos; por ejemplo, el enfoque sistémico. La mayoría de las figuras parentales describieron que participaron activamente en la atención prestada.
«Desde el principio estuvimos en contacto con la persona orientadora familiar, que venía a casa cada semana o cada dos semanas, según nuestras necesidades y los problemas del momento. Estas sesiones nos daban un apoyo a medida mediante conversaciones regulares.» (Madre y padre 13).
Sin embargo, el padre 6 señaló que había echado en falta un enfoque sistémico. «Creo que se centran más en apoyar a los niños, por ejemplo a través de los servicios de atención y de la psiquiatría. Pero para los padres y las madres es muy limitado. Básicamente tienes que tomar la iniciativa tú mismo, como hice yo en un momento dado, cuando fui a ver a un psiquiatra. Pero eso era realmente solo para mí.»
Otros elementos de un enfoque sistémico, como implicar a la red social y abordar las cuestiones intergeneracionales, se calificaron de útiles.
«Y sobre todo cómo nuestro propio pasado ha marcado las cosas hasta ahora, y que nuestro pasado no tiene por qué determinar nuestro futuro. Ese ha sido un gran aprendizaje para los dos, y lo sigue siendo, porque siempre está presente en la cabeza.» (Madre y padre 13).
«Hubo una época en que nosotras (la profesional y yo) tuvimos una reunión en el instituto con mi tutor, porque a menudo estaba muy cansada. Hablamos de si el instituto podía hacer algo para ayudar, y eso dio lugar a una serie de conversaciones en el instituto.» (Menor 10).
Factores organizativos. Varios elementos percibidos exclusivamente como obstáculos estaban relacionados con las estructuras y los procesos organizativos; por ejemplo, la burocracia, la complejidad de las leyes y normativas y las listas de espera.
«Sí, pero ellos (la organización) no tienen capacidad para eso (la evaluación psicológica). Entonces tiene que pasar por otro canal, otro nivel y todo tipo de cosas, y eso es justamente lo que les falta. Podrían hacerlo, pero solo si es un caso urgente.» (Padre 6).
«Básicamente estábamos pidiendo ayuda a gritos, y lo único que nos decían era: “Estáis en la lista de espera”. (…). Y entonces te preguntas: ¿qué se supone que hay que hacer mientras tanto? Tanto los hijos como los padres se quedan solos con ello. De verdad tiene que haber algo para cubrir ese vacío durante la espera.» (Madre y padre 13).
Desde la perspectiva de varias figuras parentales, la colaboración interdisciplinar coordinada entre el personal profesional que intervenía con la familia se percibió sobre todo como un obstáculo.
«El hilo conductor era realmente la comunicación (entre los distintos profesionales de la atención implicados), que a ella (la profesional) también le parecía muy deficiente. Me decía: “Eres tú quien mueve todos los hilos, cargas con todo el sistema, y todos los demás se quedan de brazos cruzados, incluida la tutora. Eres tú quien pregunta: ¿cuándo se van a fijar las citas?, ¿cuándo va a tomar por fin otra persona la iniciativa?”. A ella también le costaba.» (Madre 1).
La duración de la trayectoria de atención y el paso a la atención de seguimiento se percibieron a la vez como facilitador y como obstáculo. La influencia de los demás miembros del grupo residencial se vivió igualmente tanto como un apoyo positivo entre pares como una influencia negativa sobre la conducta y el bienestar del niño o la niña. Además, se mencionaron específicamente como facilitadores los conocimientos y las habilidades de la persona profesional.
«La conducta que mostraban los niños (en el grupo terapéutico): él (el hijo) a menudo se enfadaba o tenía estallidos. Eso no significa que se tolerara, pero el personal mantenía la calma. Y quizá, en cierto modo, a ellos (los niños) se les permitía expresar su rabia. Se les permitía mostrar que estaban alterados, y el personal sabía exactamente cómo traer de vuelta a [nombre] en el momento adecuado, diciéndole algo como: “[Nombre], ¿qué ha pasado? ¿Cómo podrías manejarlo de otra manera la próxima vez?”.» (Madre 7).
Factores individuales. Las figuras parentales describieron características individuales propias o de su hijo o hija que facilitaban u obstaculizaban los resultados. En concreto, se refirieron a factores como la motivación para implicarse en la atención, la perseverancia y la capacidad de autorreflexión.
«Tenía que ver a una persona de los servicios de atención una vez a la semana, pero no lo ha hecho ni una vez. Simplemente no quiere. Cuando le pregunto por qué, dice: “¿Y qué se supone que voy a hacer allí?”. Le digo: “[Hijo], tienes la obligación de ir. Si pides la cita, la persona que te atienda te explicará lo que vas a hacer y de qué vais a hablar”. Pero no le interesaba. Solo quería estar con sus amigos.» (Madre 9).
«Siempre me he implicado mucho, he sido muy constante con la terapia: nunca falté a una cita. Siempre he reflexionado, me he mantenido abierta a la ayuda, a los consejos, a las sugerencias. Y cuando las cosas se atascaban, intentaba volver a encarrilarlas. Nunca he eludido la responsabilidad ni los problemas. Y aunque nos hemos encontrado con mucha desconfianza y muchos reveses en el sistema de atención, aun así he conseguido volver a confiar en algo nuevo, a decir: “Vale, vamos a por ello”. También me he permitido mostrarme vulnerable en ese proceso.» (Madre 11).
Puntos de inflexión. Diez familias señalaron haber vivido un punto de inflexión claro durante la trayectoria de atención a la juventud. Además, tres familias, que en parte coincidían con el grupo anterior, describieron un punto de inflexión indirecto. Aunque no lo calificaron explícitamente como tal, sus relatos indicaban un momento que marcó un giro significativo en el curso de la atención. Tres familias, en cambio, no señalaron ningún punto de inflexión diferenciado, sino que describieron cambios producidos de forma gradual con el tiempo.
Tras codificar los puntos de inflexión, los códigos se repartieron en los mismos temas que los facilitadores y obstáculos percibidos: (1) alianza terapéutica, (2) factores relacionados con la intervención y (3) factores organizativos. Los factores individuales se identificaron también como un tema dentro de los puntos de inflexión.
Los elementos relacionados con la alianza identificados como puntos de inflexión incluían interacciones respetuosas y de apoyo, la sensación de que se les escuchaba y la percepción de que la persona profesional no se rendía con la persona atendida. En algunos casos, estas cualidades fueron evidentes desde el primer contacto, lo que ayudó a transformar las reticencias o resistencias iniciales en confianza y compromiso.
«El miedo y el estigma de pedir ayuda eran muy grandes. Pero nuestra profesional de referencia consiguió disiparlos por completo en la primera visita. Nos dio una confianza real en el proceso de apoyo, (…) simplemente siendo honesta, directa y sin andarse con rodeos.» (Madre y padre 13).
Sentir el apoyo, el reconocimiento y la capacidad de decisión de la persona profesional se mencionó como punto de inflexión:
«Ella (la profesional) dijo: “Es una reunión numerosa, y voy a ir contigo”. A lo largo de todo el proceso, fue la primera en tomar la palabra y decir: “Estamos aquí sentados con muchísima gente y no paráis de discutir este informe. Lo he leído (mis colegas y yo lo hemos repasado siete veces) y seguimos sin sacarle sentido. ¿Cómo podéis seguir debatiendo un informe que es completamente incoherente?”. (…) Fue como si hubiera estallado una bomba en la sala. Ese fue el momento en que entramos de verdad en diálogo: no solo hablar, sino tener por fin una conversación con sentido.» (Padre 4).
Los puntos de inflexión relacionados con la intervención iban desde los resultados de una evaluación psicológica que aportaba comprensiones valiosas sobre el desarrollo cognitivo, emocional y social del niño o la niña, hasta el inicio de una medicación reguladora de la conducta o una intervención específica para reforzar la seguridad. Tanto las figuras parentales como los niños y niñas fueron capaces de describir esos puntos de inflexión:
«R1: Sí, la medicación. Eso marcó de verdad la diferencia. (…) Me volví mucho más tranquilo. La medicación que tomo ahora me ayuda a concentrarme mejor, cometo menos errores.» R2: «En el colegio, claro. Menos errores, menos enfado, eso es. Menos dramático.» (Madre e hijo 2).
«En un momento dado, profesionales de [organización], de Safe at Home (el organismo neerlandés contra la violencia doméstica y de protección de la infancia) y de la policía enviaron un mensaje al padre diciéndole que cualquier forma de contacto, del tipo que fuera, sería perjudicial para la niña y para mí. Así que se le pedía que nos dejara en paz y que no volviera a buscar el contacto. (…). Ya no lo vemos, y eso nos da muchísima paz.» (Madre 11).
«Ellos (el personal profesional) también mandaron una carta diciendo que él (el padre) ya no puede verme y que, si yo quiero verlo, tengo que decirlo yo misma. Desde que mandaron esa carta, las cosas van mucho mejor.» (Menor 11).
Los factores organizativos no se percibieron tanto como punto de inflexión. Sin embargo, como ilustra la cita anterior, la colaboración interdisciplinar apareció también como un punto de inflexión decisivo.
«Al final, [organización] se puso en contacto con la policía y con Safe at Home para decirles: “Unamos fuerzas, algo tiene que pasar”. Ahí es cuando te sientes realmente reforzada.» (madre 11).
Factores individuales. La adolescente de la entrevista 8 describió un punto de inflexión en sí misma.
«De verdad tuve un punto de inflexión. Fue hacia junio, creo. (…). Estaba atrapada en una espiral negativa y en un momento dado algo hizo clic. Me di cuenta de que si seguía así, la cosa no iba a acabar bien. Ya no quería vivir así: todo era negativo. Y entonces pensé: joder. Estoy harta de esto de verdad. Ese fue el momento en que supe que tenía que cambiar algo. A partir de ahí tuve ese momento de cambio. No salió bien enseguida, pero sí empecé a intentar darle la vuelta a las cosas en un sentido más positivo.» (Menor 8).
Factores extraterapéuticos que influyen en el bienestar y los resultados. Además de los factores relacionados con la atención que influían en los resultados positivos o negativos, figuras parentales y menores hablaron de acontecimientos o circunstancias ajenos al ámbito de la atención a la juventud que, sin embargo, influían en el bienestar del niño o la niña, de la figura parental o del sistema familiar, y con ello, positiva o negativamente, en los resultados de la atención. Durante el proceso de codificación, este tema se identificó como un factor adicional de influencia sobre los efectos percibidos de la atención y sobre el bienestar del niño o la niña, de la figura parental o de la familia. Se identificaron cuatro subtemas principales: (1) problemas complejos de separación, (2) problemas económicos y pobreza, (3) la escuela y la colaboración entre escuela y familia y (4) la red social de la familia, incluidas las relaciones de pareja y el contacto con pares.
En varias familias, los problemas complejos de separación influyeron en el bienestar del niño o la niña o de la familia durante y después de la atención.
«Sigo pensando que él (el hijo) no ha superado su problema. (…). El miedo sigue ahí. Dice que ya no quiere dormir allí (con el padre). El miedo es que, si no hay nadie, papá vuelva a beber; aunque diga que no lo hará, lo hará igual. “Cuando me voy a la cama, es cuando empieza”, dice. Así que no se ha librado de ese miedo y, desde luego, no ha recuperado la confianza. Esa parte todavía no está donde debería. Y creo que eso solo puede cambiar si la situación vuelve a darse.» (Madre 1).
«Esa noche, él (el hijo) llamó a mi pareja para preguntarle si podía llamarle “papá”. Creo que fue su manera de cerrar ese capítulo para sí mismo. Desde entonces no ha vuelto a hablar del tema. En realidad nunca crecieron con él, así que no lo conocen de verdad. Creo que siente algo así como: ya no importa. Es lo que acaba de decir (en la entrevista) también. Claro que sigue doliendo, porque es su padre.» (Madre 2).
Los problemas económicos y la pobreza son un factor extraterapéutico que influye en el funcionamiento familiar.
«Económicamente llevamos años pasándolo mal. No trabajo (me declararon incapacitada para trabajar), pero ahora estoy intentando volver a trabajar. Las preocupaciones económicas han tenido un peso enorme, sobre todo para [hija]. Probablemente también para [hijo], pero él lo expresa menos. Pero a [hija] le afecta de verdad. Quiere trabajar, aunque en realidad no está en condiciones. Yo también he vuelto a trabajar, aunque físicamente no estoy realmente capacitada. Así que sí, es un factor importante que trae mucha inquietud a nuestras vidas.» (Madre 8).
La escuela y la colaboración entre escuela y familia se mencionaron a la vez como factor positivo y negativo.
«Él (el hijo) pasó de un colegio ordinario a un centro de educación especial, y eso ha reforzado muchísimo su confianza en sí mismo. Antes era el alumno con peores resultados de su clase y ahora es el primero. Eso le ha ayudado de verdad a ganar confianza y a ser más asertivo, así que sí, ha supuesto una diferencia real.» (Madre 1).
«El problema era que, después de eso (tras el EMDR), a él (el hijo) seguían sacándolo a menudo de clase o del grupo. Así que, en cierto modo, estaba acumulando un nuevo trauma. Cada vez se veía confrontado de nuevo con aquel dolor antiguo. A veces pienso que deberíamos empezar de cero, para que pueda recuperar algo de confianza en sí mismo. Ahora mismo se le ve a menudo como el que causa problemas. En ese sentido, en realidad está bastante dañado.» (Madre 7).
Las redes sociales en torno al niño o la niña o a la familia son importantes para el apoyo emocional y práctico.
«Tenemos una pareja muy amiga mía. Son también los tutores legales de mis hijos y los padrinos de [hija]. Desde el principio, él ha sido una figura paterna para mis hijos y un apoyo fundamental. Cuando [hija] volvió a casa y a mí me costaba sobrellevarlo, ella podía ir con ellos. Comían con ella y le daban apoyo emocional. Han asumido mucho, también por mi hijo. Siempre que tiene dificultades, habla con ellos. De verdad son una red de seguridad para mis dos hijos.» (Madre 8).
«Mi tía (porque [profesional] se fue en ese momento) se convirtió en alguien a quien podía acudir. Junto con [profesional], busqué a alguien de mi entorno con quien me sintiera a gusto hablando, alguien a quien pudiera recurrir cuando lo pasara mal. Tuve una conversación con mi tía y quedamos en hacer algo juntas cada dos semanas o una vez al mes, como pasear al perro o pasar tiempo juntas.» (Menor 10).
Sin embargo, las relaciones de la red social también pueden ser un obstáculo, como relató la madre 14.
«Es una situación difícil con los abuelos de Róterdam, los padres de mi expareja. Ahora mismo estamos en pleno conflicto (…). Sobre todo su estilo educativo, un enfoque muy permisivo, es algo con lo que estoy en profundo desacuerdo, sobre todo porque eso sencillamente no funciona con [hijo].»
Dentro de la red social, una (nueva) relación de pareja de la figura parental o del niño o la niña y un contacto positivo con pares fueron factores mencionados con frecuencia, en su mayoría señalados como facilitadores.
«Él (el hijo) tiene un amigo muy cercano. Al principio tenía varios amigos, pero se nota que ahora se está centrando en una amistad en particular, que tiene un efecto tranquilizador y estimulante en él.» (Madre 7).
«Llevo con él (la nueva pareja) unos tres años y medio. Es una persona muy tranquila y serena, y los niños encuentran en él un gran apoyo: es algo que de verdad necesitan.» (Madre 2).
Los objetivos de investigación de este estudio eran tres. En primer lugar, comprender en profundidad los efectos percibidos de la atención a la juventud centrada en la familia y, en segundo lugar, los elementos eficaces percibidos. Un tercer objetivo era explorar los puntos de inflexión tal como los vivieron retrospectivamente figuras parentales y menores. Las conclusiones relativas a los efectos percibidos deben interpretarse como exploratorias, dado que los datos cuantitativos se limitaban a una medición posterior a la atención basada en la práctica y que la muestra de jóvenes era reducida.
Tanto los resultados cuantitativos como los cualitativos indican que la mayoría de las figuras parentales señalaron resultados positivos de la atención a la juventud prestada. La mayor parte de los efectos percibidos se refieren al funcionamiento infantil y familiar y, en menor medida, al funcionamiento parental. Los relatos de figuras parentales y jóvenes fueron en gran medida coherentes en los datos cuantitativos, con proporciones comparables de puntuaciones de efecto positivas en ambos grupos. Del mismo modo, los datos cualitativos mostraron una coincidencia considerable entre los relatos de figuras parentales y jóvenes en cuanto a las mejoras, los elementos útiles de la intervención y los puntos de inflexión clave.
Sin embargo, también se observaron diferencias entre la perspectiva de las figuras parentales y la de las personas jóvenes. En concreto, las vulnerabilidades y los retrocesos en el funcionamiento fueron señalados por las figuras parentales, pero no por los niños y niñas. Una posible explicación es que la infancia tiende a adoptar una perspectiva más centrada en el presente y es menos propensa a anticipar consecuencias futuras, mientras que las figuras parentales se inclinan más por una perspectiva a largo plazo y sensible al riesgo (Steinberg et al., 2009).
Nuestros resultados sobre los efectos percibidos coinciden con investigaciones previas, tanto cuantitativas (por ejemplo, Blankenstein et al., 2018; Damen et al., 2021; Nuntavisit & Porter, 2022) como cualitativas (por ejemplo, Hurley et al., 2020; Paradisopoulos et al., 2015), que también encontraron efectos positivos comparables de la atención a la juventud centrada en la familia sobre el funcionamiento infantil, parental o familiar.
Al examinar la sostenibilidad de los efectos percibidos, los resultados positivos en el funcionamiento infantil y familiar parecían mantenerse en general. Varias figuras parentales y menores señalaron mejoras apreciables y duraderas en la autoestima y el funcionamiento cotidiano del niño o la niña, como una asistencia regular a la escuela e interacciones positivas con sus pares.
A pesar de los cambios positivos, las figuras parentales señalaron también vulnerabilidades en el funcionamiento infantil y familiar. En cuanto al funcionamiento infantil, los problemas de desarrollo o de conducta no desaparecieron, pero se volvieron más manejables, ya fuera porque disminuyeron los problemas conductuales o emocionales del niño o la niña o porque se apoyó a las figuras parentales para reconocer mejor sus necesidades y responder a ellas. Ayudar a las figuras parentales a comprender las necesidades de desarrollo del niño o la niña es un eje importante de la atención a la juventud, ya que la psicoeducación de las personas cuidadoras y la mejora de sus estrategias de afrontamiento conducen a resultados positivos de la atención (Pedersen et al., 2019). Esta intervención pretende empoderar aún más a las familias, construyendo un mayor sentimiento de control sobre la vida familiar y reduciendo la carga parental (Damen et al., 2021). Otras dificultades persistentes se referían a las interacciones sociales del niño o la niña, a su funcionamiento escolar o a problemas de trauma no resueltos. La vulnerabilidad del funcionamiento familiar se manifestaba sobre todo en relaciones mutuas frágiles o en problemas complejos de separación persistentes, que influían en el bienestar del niño o la niña y de la familia. Cabe destacar que las figuras parentales señalaron sobre todo vulnerabilidades en su propio funcionamiento relativas a su sentimiento de bienestar, con niveles elevados de estrés parental y una necesidad de apoyo terapéutico para sí mismas. Esto sugiere que, aunque la atención a la juventud suele tener efectos positivos en el funcionamiento infantil y familiar, su impacto en el bienestar individual de madres y padres es más limitado.
Además de los problemas de conducta infantiles persistentes, las vulnerabilidades en el funcionamiento de cada miembro de la familia y del sistema familiar en su conjunto se veían influidas por factores extraterapéuticos, como los problemas complejos de separación y las dificultades económicas. Lo más mencionado fue la pérdida de contacto entre el niño o la niña y una de sus figuras parentales tras la separación, los problemas de coparentalidad, el consumo de sustancias de una figura parental y la violencia persistente. Más allá de los riesgos inherentes que el divorcio supone para el desarrollo infantil (Caksen, 2022; D'Onofrio & Emery, 2019), el conflicto parental persistente o los problemas de coparentalidad tras la separación agravan aún más los niveles de estrés y afectan negativamente al bienestar tanto de los niños y niñas como de sus figuras parentales (Van der Valk et al., 2020). La pobreza y las dificultades económicas son también factores de riesgo para unos resultados positivos infantiles y familiares (Chaudry & Wimer, 2016). A la inversa, entre los factores de protección mencionados para el bienestar infantil, parental y familiar figuraban el acceso a un entorno escolar adecuado, una nueva relación de pareja que aporta apoyo y la presencia de una red de apoyo informal implicada, tanto para el niño o la niña como para sus figuras parentales. Una red social de apoyo puede contribuir a reducir el estrés parental y a mejorar el funcionamiento emocional y conductual de niñas y niños (Negi & Sattler, 2024; Nunes et al., 2022). La activación de la red social ha demostrado ser un elemento eficaz de la atención (Visscher et al., 2022).
Las vulnerabilidades parentales persistentes cuestionan el enfoque sistémico de la atención a la juventud centrada en la familia prestada. Aunque las figuras parentales participaron estrechamente en casi todas las trayectorias, los temas abordados parecían centrarse sobre todo en mejorar el funcionamiento infantil y familiar y en ayudar a las figuras parentales a comprender las necesidades de desarrollo del niño o la niña. Los problemas complejos de separación se abordaron, pero a menudo no pudieron resolverse, de modo que su influencia negativa sobre el funcionamiento infantil y familiar persistió. Otros factores que influían en el funcionamiento de todo el sistema, como las necesidades individuales de la figura parental o los problemas económicos de la familia, no formaron parte explícita del proceso de atención. Aunque el enfoque sistémico es central en la atención a la juventud centrada en la familia, los presentes resultados sugieren que su aplicación en la práctica puede seguir siendo parcial. La vulnerabilidad persistente de las figuras parentales en cuanto a su propio bienestar puede ser un factor de riesgo de retroceso en el funcionamiento infantil y familiar, ya que el funcionamiento parental está relacionado con ambos (Crnic, 2024; Packerd et al., 2020; Schleider et al., 2015). Además, la activación de la red social de la familia se considera ampliamente un componente clave para reforzar la resiliencia familiar y, en consecuencia, para mejorar la sostenibilidad de los resultados de la atención. Sin embargo, los presentes resultados de las entrevistas sugieren que este componente no se abordó de forma suficientemente explícita en las trayectorias de atención. Futuras investigaciones podrían, por tanto, examinar de manera más sistemática en qué medida se aplica en la práctica la implicación de la red social y cómo se relaciona con los efectos percibidos a más largo plazo de la atención a la juventud.
Los resultados de este estudio están en consonancia con los elementos eficaces de la atención a la juventud identificados previamente, lo que refuerza la evidencia existente sobre lo que contribuye a resultados positivos en las intervenciones centradas en la familia (Soenen et al., 2013; Todd et al., 2025; Visscher et al., 2022). En cuanto a los elementos eficaces percibidos, la mayoría de los factores facilitadores estaban relacionados con la alianza terapéutica y con el contenido de la intervención. En general, figuras parentales y jóvenes sintieron que recibían un buen apoyo, y la atención prestada se ajustó en su mayor parte a sus necesidades. Por el contrario, los factores obstaculizadores se asociaron principalmente a cuestiones organizativas, como las listas de espera, los procedimientos burocráticos y la intervención de múltiples profesionales de la atención, debida a trayectorias sucesivas o a la rotación del personal. Un concepto percibido a la vez como obstaculizador y facilitador es la validación de figuras parentales y jóvenes («que se les escuche»). Cuando se percibía de forma positiva, figuras parentales y jóvenes sentían que se les reconocía, comprendía y tomaba en serio (Wasson Simpson et al., 2022) gracias a profesionales que mostraban empatía, respeto e interés genuino por sus experiencias y perspectivas (Persson et al., 2016). A la inversa, que las figuras parentales vivan una invalidación («que no se les escuche») sugiere una falta de reconocimiento de su saber y de su preocupación por su hijo o hija (Nooteboom et al., 2020), lo que puede dar lugar a visiones divergentes entre figuras parentales y profesionales, obstaculizar así su colaboración (Barnhoorn-Bos et al., 2025) y, en consecuencia, mermar los efectos de la atención. La sintonía y el compromiso entre figura parental y profesional y entre niño o niña y profesional son esenciales para identificar las necesidades de atención y garantizar intervenciones eficaces (De Greef et al., 2016; Roest et al., 2023).
Los puntos de inflexión (o de giro) señalados por figuras parentales y menores se asociaron principalmente a factores relacionados con la alianza terapéutica y con el contenido de la intervención. La actitud de la persona profesional, caracterizada por la amabilidad, el empoderamiento, el respeto y un enfoque libre de juicios, se vivió en más de una ocasión como un punto de inflexión positivo al inicio de la atención. La evaluación diagnóstica y el reconocimiento de las necesidades de desarrollo del niño o la niña se mencionaron como puntos de inflexión de la intervención. Sin embargo, otras influencias, como la medicación para la conducta, una nueva relación de pareja que aporta apoyo o la motivación individual de una persona, contribuyeron también a estos giros, aunque escapen en mayor medida al control directo de los servicios de atención. En conjunto, no pudieron identificarse temas o elementos unívocos relativos a los puntos de inflexión. Esto concuerda con O’Brien (2020), quien constató que la experiencia de un punto de inflexión es subjetiva y que distintas personas la identifican e interpretan de forma diferente, incluso cuando hablan de la misma situación.
Para comprender mejor los puntos de inflexión críticos en las trayectorias de atención a la juventud, es esencial implicar directamente a niñas, niños y familias, al final de la atención, en una reflexión sobre si vivieron esos momentos decisivos durante su trayectoria de atención, y sobre cuándo y cómo los vivieron.
Aunque casi todas las familias participaron activamente en el proceso y vivieron un enfoque centrado en la familia, el método sistémico en la atención a la juventud sigue siendo un motivo de preocupación. Parece necesario un enfoque holístico que incorpore a la intervención factores sistémicos como la pobreza, la influencia de la escuela y las redes sociales. Investigaciones previas revelaron un vínculo entre la implicación parental en un tratamiento de salud mental y la utilización de la atención a la juventud (Batterink & Van Plaggenhoef, 2022). Por ello es decisivo prestar atención al bienestar parental, a la pobreza y a los problemas complejos de separación, ya que estos factores influyen en el funcionamiento infantil, que a su vez puede influir en la sostenibilidad de los resultados de la atención. La colaboración con las escuelas y con las redes informales debería formar parte integrante de este enfoque. Aunque algunos casos puedan mostrar esta integración, no parece ser todavía una práctica habitual. Se necesita un equipo de atención multidisciplinar para abordar estos factores, apoyar a las familias que se enfrentan a vulnerabilidades persistentes y reforzar el impacto a largo plazo.
El número de familias con problemas complejos de separación es llamativo. Esto concuerda con los resultados de Batterink & Van Plaggenhoef (2022), que muestran que la infancia de familias divorciadas utiliza la atención a la juventud con una frecuencia significativamente mayor que la de familias no separadas. Las entrevistas de este estudio revelan que el impacto de estos problemas persiste más allá del final de la atención, ya que ambas figuras parentales siguen vinculadas, de forma visible o invisible, al niño o la niña (Harman et al., 2022; Xerxa et al., 2020). Por tanto, es esencial que los servicios de seguimiento posteriores supervisen o aborden la capacidad de afrontar estas dificultades ligadas a la separación, tanto en la infancia como en las figuras parentales.
Aunque las figuras parentales expresaron su satisfacción con la atención recibida y observaron resultados positivos, persistían vulnerabilidades que afectaban al funcionamiento infantil, parental y familiar y que entrañaban riesgos de deterioro. Un apoyo o un seguimiento continuados parecen esenciales para prevenir los retrocesos. Una nueva derivación dentro de la atención a la juventud no es problemática en sí misma, ya que las nuevas etapas del desarrollo infantil pueden requerir una ayuda renovada. Sin embargo, un deterioro grave puede atenuarse si las familias siguen siendo visibles para los servicios y es posible intervenir a tiempo cuando sea necesario.
La importancia de comprender la conducta y las necesidades del niño o la niña como elemento de la intervención se puso de manifiesto tanto en los datos cuantitativos como en los cualitativos. Esto parece especialmente importante y aporta un valor añadido en la atención a la juventud, tanto para las figuras parentales como para niñas y niños, con vistas al empoderamiento y a la sostenibilidad de los efectos (Damen et al., 2021; Pederson et al., 2019).
Este estudio pone de manifiesto la importancia de una alianza terapéutica positiva y de un contenido de intervención adecuado. Para las futuras generaciones de profesionales, la formación debería centrarse explícitamente en desarrollar competencias para construir la alianza y competencias metodológicas. Recabar retroalimentación intermedia mediante el tratamiento informado por la retroalimentación favorece la sintonía y el consenso entre figuras parentales, menores y profesionales, y mejora así los resultados de la atención (Tam & Ronan, 2017).
Como última implicación, las políticas y las estructuras organizativas deben abordar las barreras a la atención, vinculadas principalmente a factores organizativos. Se recomienda mejorar la colaboración entre los servicios de salud mental de personas adultas, para las figuras parentales, y los servicios de salud mental infantojuvenil, para sus hijos e hijas, abordando al mismo tiempo otros factores contextuales (Stolper et al., 2024). Además, ofrecer una atención provisional durante los periodos de espera puede reforzar en figuras parentales y jóvenes el sentimiento de contar con apoyo, su disposición y su motivación para la intervención posterior.
En este estudio se utilizaron métodos cuantitativos y cualitativos para comprender los efectos percibidos de la atención a la juventud. Se dio deliberadamente prioridad al componente cualitativo sobre el cuantitativo. Al evaluar intervenciones con múltiples componentes, las experiencias subjetivas de las personas atendidas son esenciales junto a los datos cuantitativos, ya que un enfoque narrativo cualitativo pone de relieve aspectos de la atención que las medidas cuantitativas no captan, como los sentimientos de confianza y de reconocimiento vividos (Busetto et al., 2020; Verheijen et al., 2025).
La muestra reflejaba perspectivas diversas, incluidas familias con niñas y niños de distintas edades que recibían atención ambulatoria, residencial o semirresidencial. Estaban representadas tanto experiencias de atención voluntaria como obligatoria. Con este planteamiento se pretendía recoger una amplia gama de experiencias de figuras parentales y jóvenes sobre los resultados y los elementos eficaces percibidos de la atención.
Reclutar un número suficiente de familias para los datos cualitativos resultó difícil, ya que muchas no respondieron a la invitación o declinaron participar. Aun así, catorce familias aceptaron compartir sus experiencias, en su mayoría positivas en cuanto a los efectos percibidos y los elementos eficaces. Esto podría indicar un sesgo de muestra, que quizá refleje un menor estrés parental y resultados más favorables entre las familias participantes. Sin embargo, varios aspectos parecen atenuar este sesgo. En primer lugar, para ampliar de antemano el alcance, se utilizó un cuestionario junto con las entrevistas, lo que permitió obtener un abanico más amplio de respuestas. Los datos cuantitativos indicaron también efectos positivos según figuras parentales y jóvenes. Además, en el reclutamiento se invitó explícitamente a familias con experiencias tanto positivas como negativas. Varias familias compartieron no solo resultados positivos, sino también dificultades en la atención y vulnerabilidades persistentes tras la intervención, lo que sugiere una representación equilibrada de las experiencias. Por último, la muestra cualitativa reflejaba patrones más amplios observados en los datos de la atención a la juventud, como los historiales de atención previa y la persistencia de necesidades de atención en las familias atendidas (Statistics Netherlands, 2024). No obstante, conviene ser prudentes en cuanto a la representatividad de la muestra respecto del conjunto de familias atendidas en la atención a la juventud centrada en la familia.
Además de las experiencias de las figuras parentales, se consideró importante incluir la perspectiva de las personas jóvenes sobre los efectos percibidos, los elementos eficaces y los puntos de inflexión. Sin embargo, la muestra de jóvenes era pequeña tanto en el componente cuantitativo como en el cualitativo. Aunque se obtuvieron comprensiones valiosas de sus experiencias, el tamaño limitado de la muestra indica que estos resultados deben interpretarse con cautela y considerarse preliminares.
Dado el impacto limitado de la atención a la juventud en el funcionamiento parental, a pesar de la relación bien establecida entre el bienestar parental y los resultados infantiles (Batterink & Van Plaggenhoef, 2022; Crnic, 2024), futuras investigaciones deberían estudiar con más detalle cómo afecta la atención a la juventud a madres y padres a título individual. Una cuestión clave es por qué la atención a la juventud parece ser menos beneficiosa para el sentimiento de bienestar de las figuras parentales. Para comprenderlo mejor, es importante examinar los casos en que las figuras parentales reciben una atención individual junto con la atención a la juventud, y determinar cómo afectan ambas al funcionamiento parental.
En particular, la investigación debería identificar los factores facilitadores y obstaculizadores de la atención individual a las figuras parentales cuando se presta junto con la atención a la juventud, y determinar si estos factores están relacionados con la alianza terapéutica, con la propia intervención o con aspectos organizativos (por ejemplo, las listas de espera, el momento o el contenido de la intervención parental). El momento de la atención parental en relación con la atención a la juventud merece también atención. Hipotéticamente, abordar los factores de estrés parentales, como los problemas de salud mental o las dificultades económicas de las figuras parentales, antes del inicio de la atención a la juventud podría favorecer resultados más positivos para ellas y crear así condiciones que apoyen el crecimiento dentro de las trayectorias de atención a la juventud. A la inversa, empezar primero por la atención a la juventud podría aliviar la carga parental, mejorando así el funcionamiento parental y aumentando los efectos de la atención individual posterior.
Futuras investigaciones deberían estudiar qué secuencia (atención individual a las figuras parentales seguida de la atención a la juventud, o a la inversa) produce los resultados más duraderos para la infancia y las familias. Además, debería examinarse el valor añadido de la atención integrada a figuras parentales y jóvenes recientemente puesta en marcha en los Países Bajos (Stolper et al., 2024) en cuanto a su impacto en el funcionamiento infantil, parental y familiar en su conjunto.
Este estudio exploró el impacto vivido de la atención a la juventud centrada en la familia desde la perspectiva de figuras parentales y menores, centrándose en los efectos percibidos, los elementos facilitadores y obstaculizadores y los puntos de inflexión. Los resultados cuantitativos indican que la mayoría de las personas participantes perciben la atención como eficaz, en particular en cuanto a mejoras del funcionamiento infantil y familiar y de las habilidades parentales. Los datos cualitativos revelan que, aunque la mayoría de las familias viven cambios significativos, persisten más allá de la trayectoria de atención vulnerabilidades en el funcionamiento infantil y familiar y, sobre todo, en el bienestar parental. Los elementos eficaces están relacionados principalmente con la alianza terapéutica y con el contenido de la intervención, mientras que barreras organizativas como las listas de espera y la complejidad de las leyes y normativas obstaculizan los resultados. Los puntos de inflexión percibidos están vinculados a interacciones profesionales respetuosas, a comprensiones diagnósticas y a acontecimientos extraterapéuticos. Los resultados de este estudio subrayan la importancia de un enfoque sistémico que preste atención a las necesidades parentales y a los factores contextuales. Para comprender mejor los efectos percibidos y los puntos de inflexión, es esencial implicar directamente a niñas, niños y familias en la reflexión sobre la atención a la juventud.
Complexe Systémique: puntos clave
Este estudio recuerda oportunamente que «enfoque sistémico» y «figuras parentales implicadas» no son lo mismo. Las familias neerlandesas entrevistadas cuentan que la atención funcionó para el niño o la niña y para el clima familiar, y que lo que más contó fue la calidad de la relación: que se les tomara en serio, decidir juntos, una persona profesional que no se rinde, una evaluación que por fin da sentido a lo que le pasa al niño o la niña. Sin embargo, meses después del final de la atención, son las figuras parentales quienes lo pasan mal: agotadas, necesitadas de atención para sí mismas, atrapadas en separaciones conflictivas, deudas o desacuerdos con los abuelos, todo lo cual quedó fuera del encuadre. Los puntos de inflexión, por su parte, se sitúan a menudo fuera del servicio: una medicación, una nueva pareja, una carta conjunta de varios organismos, una adolescente que está «harta de esto». Para la práctica sistémica, la lección es tratar a la figura parental como parte del sistema que necesita atención, y no solo como una palanca. Las limitaciones son las de una muestra pequeña y autoseleccionada, probablemente más favorable que la media, y las de una única medición cuantitativa. Puede leerse junto con el estudio sobre una atención a medida para familias con problemas múltiples y el artículo sobre la contribución de terapeutas a la alianza en el tratamiento familiar a domicilio.
Notas del original
Financiación. Este estudio fue financiado por la Netherlands Organisation for Health Research and Development (ZonMw) con la subvención n.º 10190022010007, y por Sterk Huis y Combinatie Jeugdzorg (números de subvención: n. a.).
Conflicto de intereses. La autoría declara no tener intereses económicos en conflicto ni relaciones personales conocidas que pudieran haber influido en el trabajo presentado en este artículo.
Aprobación ética. El proyecto de investigación «What happens afterwards?» fue aprobado por el Comité de Ética de la Tilburg University (número de referencia RP 245).
Consentimiento de las personas participantes. Todas las figuras parentales y menores que participaron en el proyecto «What happens afterwards?» firmaron un consentimiento informado para participar en el proyecto.
Referencias
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Traducción no oficial al español de Understanding the Impact of Family-Focused Youth Care: Examining Outcomes, Effective Elements and Tipping Points as Experienced by Parents and Youth, de Bernadette M. Janssen, Jolanda J. P. Mathijssen, Heleen I. J. Sillekens, Judith P. M. van Vugt y Hedwig J. A. van Bakel, Child and Adolescent Social Work Journal, publicación anticipada en línea (2026), doi: 10.1007/s10560-026-01164-9, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción, dos tablas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Traducción no oficial del artículo original «Understanding the Impact of Family-Focused Youth Care: Examining Outcomes, Effective Elements and Tipping Points as Experienced by Parents and Youth», publicado en Child and Adolescent Social Work Journal (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida y maquetada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Janssen, B. M., Mathijssen, J. J. P., Sillekens, H. I. J., van Vugt, J. P. M., y van Bakel, H. J. A. (2026). Understanding the Impact of Family-Focused Youth Care: Examining Outcomes, Effective Elements and Tipping Points as Experienced by Parents and Youth. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/understanding-the-impact-of-family-focused-youth-care-examining-outcomes-effective (Obra original publicada en 2026 en Child and Adolescent Social Work Journal (2026), publicación anticipada en línea; republicada en 2026 por Child and Adolescent Social Work Journal, https://link.springer.com/article/10.1007/s10560-026-01164-9)
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