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Journal of Solution Focused Practices · Ética

«Cartografiar» el compromiso moral en el enfoque centrado en soluciones según el modelo de práctica de MacIntyre

¿De qué mapas disponen quienes ejercen una profesión para guiar sus decisiones morales y cómo se relacionan esos mapas con la ayuda centrada en soluciones? A estas dos preguntas de Trish Walsh, Brian Jennings responde con Alasdair MacIntyre: el enfoque centrado en soluciones es una «práctica», con sus relatos, sus bienes internos, sus instituciones y sus virtudes. Releyendo el nacimiento del enfoque en el Brief Family Therapy Center a la luz de los axiomas de Korman, De Jong y Jordan, de las investigaciones de Gale Miller y David Kiser y, después, de los códigos de práctica de UKASFP, ASFIO y EBTA, esboza el relieve de un mapa: la pericia de la persona consultante, la postura de ayuda de quien ejerce, la coconstrucción, la centralidad de los objetivos, y las tres virtudes de justicia, valentía y honestidad que encarnó el grupo fundador. Todo empieza, sobre el sillín, con una lección de ciclismo.

Autoría Brian K. Jennings, Ghana Christian University CollegePublicado originalmente en Journal of Solution Focused Practices, vol. 6, n.º 1, 2022Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de ‘Mapping’ Moral Engagement in the Solution-Focused Approach Through MacIntyre’s Model of Practice, de Brian K. Jennings, publicado en Journal of Solution Focused Practices (2022), doi: 10.59874/001c.75002, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las dos notas a pie de página se sitúan antes de las referencias. Los recuadros con la etiqueta «Complexe Systémique» son nuestros, no de la autoría. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Lo que quizá sea único en el SFA es que este bien de la práctica implica que las personas consultantes sean consideradas copracticantes junto con sus terapeutas.

Brian K. Jennings

Resumen

Intento responder a las dos preguntas de Trish Walsh sobre los «mapas» que podrían existir para el compromiso moral en las profesiones «de ayuda» y sobre cómo podrían relacionarse con el enfoque centrado en soluciones (Walsh, 2010). Me propongo hacerlo explorando el relato del surgimiento del enfoque centrado en soluciones desde la perspectiva del concepto de «práctica» de Alasdair MacIntyre (MacIntyre, 1985), con el objetivo de sentar las bases de un «mapa» para el compromiso moral de quienes ejercen desde el enfoque centrado en soluciones. Con este fin, intento interpretar el enfoque centrado en soluciones como una «práctica» en el sentido de MacIntyre, en la que las virtudes (como «cualidades humanas») surgen de la actividad colectiva a través de relatos y habilidades propios, orientados hacia los bienes internos del enfoque centrado en soluciones en cuanto práctica. A continuación, evalúo las instituciones que acogen y nutren el enfoque centrado en soluciones a la luz de la teoría de MacIntyre, para calibrar si tienen un efecto positivo o negativo en la promoción de los bienes internos de la práctica. Por último, examino cómo la práctica pone de manifiesto las virtudes «esenciales» de MacIntyre —justicia, valentía y honestidad— en su desarrollo inicial y en los códigos de práctica elaborados posteriormente por las asociaciones que promueven el enfoque centrado en soluciones (SFA). Mi análisis y mi discusión deberían proporcionar el esbozo de un «mapa» que sirva de apoyo a profesionales en su compromiso moral, tanto en las situaciones «de ayuda» con las personas consultantes como en la construcción de relaciones, alianzas e instituciones con colegas. Concluyo con sugerencias para futuros estudios e investigaciones sobre este tema, entre ellas un segundo artículo en el que me propongo identificar algunas virtudes propias del enfoque centrado en soluciones.

Palabras clave: enfoque centrado en soluciones, mapas morales, ética de la virtud, práctica moral, virtudes, bienes internos, bienes externos, papel moral de las instituciones, tradiciones morales, virtudes esenciales de una práctica, códigos morales, MacIntyre.

Introducción

Trish Walsh, en Solution-focused helper: ethics and practice in health and social care (2010), plantea las siguientes preguntas: «¿Qué mapas tienen las personas profesionales para guiar la acción en la toma de decisiones morales? ¿Cómo se relacionan estos mapas con el proceso de ayuda centrada en soluciones?» (p. 27). Al explorar estos mapas de principios y reglas, los encuentra demasiado abstractos y alejados de las complejidades morales que entrañan las situaciones de la práctica profesional, que exigen un compromiso moral en los planos personal, individual y relacional. Yo añadiría que es muy probable que estos mapas estén además centrados en los problemas y, por tanto, resulten incongruentes con el enfoque centrado en soluciones (enfoque centrado en soluciones)(De Jong & Berg, 2013). Walsh se pregunta si la ética de la virtud podría ofrecer un medio para manejar estas complejidades desde una perspectiva más centrada en la persona. Sin embargo, se aparta de esta opción invocando las reservas de Houston sobre las cuestiones de definición y de encuadre de las virtudes (Houston, 2003).

Se trata de una preocupación legítima (aunque Houston (2003) no la explora adecuadamente), pues ¿qué es exactamente una «virtud»? Un planteamiento (muy extendido) consiste en definir la virtud como un rasgo de personalidad persistente, formado a través de la experiencia vital de la persona, sobre todo en sus primeros años (Sanderse, 2020). Ahora bien, esta definición puede cuestionarse en dos frentes. En primer lugar, queda atrapada en la compleja discusión psicológica sobre qué constituye la personalidad, qué podría ser innato y qué podría ser adquirido (Wright et al., 2021). En segundo lugar, es vulnerable al situacionismo, que sostiene, sobre la base de datos experimentales (discutidos), que no existen rasgos de personalidad persistentes que se trasladen de una situación a otra (Besser-Jones, 2015; Snow, 2010).

Sugiero que el constructivismo social ofrece un planteamiento más fecundo (y más congruente con el enfoque centrado en soluciones (SFA)), en el que podemos definir las virtudes como aspectos del carácter formados a través de la interacción humana en las relaciones (Darr, 2020), lo que conecta con el énfasis «dialógico» de Houston (Houston, 2003). Esto implica que desarrollamos virtudes distintas en el contexto de relaciones concretas, a través de interacciones concretas. Contextos sociales como la familia, el trabajo, la religión, el deporte y las aficiones son todos ellos escenarios de este tipo de relaciones e interacciones. Esto nos lleva a la concepción de la ética de la virtud de Alasdair MacIntyre. MacIntyre entiende las virtudes como cualidades humanas particulares, necesarias para implicarse en las prácticas que realizan determinados bienes internos de la práctica, los cuales contribuyen al florecimiento humano cualitativo (MacIntyre, 1985). Creo que este planteamiento nos proporcionará, a quienes ejercemos desde el enfoque centrado en soluciones, los primeros trazos de un mapa más útil para el compromiso moral. En este artículo me centraré en rastrear la formación del SFA como práctica, así como sus bienes internos y externos y su conducta, como marco para el desarrollo y el ejercicio de la acción virtuosa (Donozo, 2014). Esto servirá de preludio a una exploración más a fondo, en un artículo posterior, de las virtudes distintivas que surgen de la práctica y la guían.

La virtud a pedales

La concepción de la práctica en MacIntyre

Así pues, ¿qué entiende MacIntyre por práctica? Una práctica es una empresa cooperativa, con su propio relato y sus propias tradiciones, que realiza determinados bienes internos (Bielskis & Mardosas, 2014; Knight, 2008; MacIntyre, 1985). Los «bienes internos» son aquí «excelencias» internas a la propia práctica, relacionadas con el «producto» o resultado de la práctica (que denomino el «bien de la práctica») y con el desarrollo de quien la ejerce en las habilidades, los conocimientos y las cualidades necesarios para sobresalir en ella (que designo como el «bien del practicante») (Higgins, 2010; Ward, 2017)1. Dado que las prácticas son esfuerzos cooperativos que implican una comunidad con tradiciones, propósitos y disciplinas compartidos, necesitan instituciones sociales para su sostenibilidad. MacIntyre insiste mucho en el papel de las instituciones a la hora de proporcionar el marco para la formación de quienes ejercen la práctica y para el desarrollo de esta (MacIntyre). MacIntyre señala también los efectos limitadores, incluso «corruptores», de las instituciones (MacIntyre). Para sostener la práctica a la que están vinculadas, las instituciones necesitan promoverla y garantizar su viabilidad. Esto supone buscar lo que él llama «bienes externos», como la reputación, el dinero y la influencia2. El peligro es que estos bienes se conviertan en fines en sí mismos y eclipsen los bienes internos que están en el corazón de la práctica. Un segundo peligro que MacIntyre identifica en las instituciones es la imposición de la conformidad, bajo la apariencia de garantizar unos estándares, lo que puede limitar la diversidad y el desarrollo de la práctica.

El ciclismo como práctica

El ciclismo, según mi experiencia, es un buen ejemplo de práctica. Empecé a montar en bicicleta en serio durante un periodo de desempleo, cuando necesitaba un medio de transporte barato para desplazarme, ¡y luego empezó a encantarme! Empecé a comprender y a abrazar los bienes internos del ciclismo. Me desarrollé como practicante al adquirir las habilidades de pedalear, de desenvolverme en terrenos y contextos diferentes (urbano, rural, fuera de carretera), de ejercitarme y de mantener la bicicleta (bienes del practicante), necesarias para obtener los resultados de salud, vitalidad, implicación existencial, conciencia y aventura (bienes de la práctica) (Ballantine, 1984).

Tradiciones para la carretera

El ciclismo, por supuesto, tiene sus historias y sus tradiciones (McGurn, 1987). Tiene una compleja historia técnica que va desde los bocetos visionarios de Da Vinci hasta las máquinas de correr, los biciclos, las bicicletas de seguridad, los triciclos y las bicicletas reclinadas. Máquinas de materiales esotéricos y diseño sofisticado, como la «bicicleta de ingeniería avanzada» Moulton (Hadland, 1994), que es la que yo uso. El ciclismo tiene también una compleja historia social que incluye grupos muy reglamentados y orientados al estatus, asociaciones obreras que pasaron de usar sus máquinas para ir al trabajo a (re)conquistar el campo, grupos de mujeres para quienes el ciclismo se convirtió en una manera de afirmar su libertad y, últimamente, grupos ecologistas que promueven la bicicleta como forma de transporte verde. Hay también figuras heroicas que sirven de modelo, como los ganadores del Tour de Francia Eddy Merckx, Bernard Hinault y Chris Froome, cicloturistas de larga distancia como Bettina Selby y Richard y Nicholas Crane, e inventores como Alex Moulton. Estas tradiciones y estos modelos han dado al ciclismo su forma singular. Todas las prácticas tienen tradiciones e historias de este tipo, que proporcionan el relato y el contexto social para el ejercicio de sus conocimientos y habilidades propios y de los bienes internos de la práctica y del practicante. (Bielskis & Mardosas, 2014; Knight, 2008).

Instituciones para la carretera

En el ciclismo, las instituciones tienden a funcionar en dos niveles. Por un lado, una asociación más amplia (como el Cyclists’ Touring Club (https://www.cyclinguk.org/) y la British Cycling Federation (https://www.britishcycling.org.uk/)) que promovería el bien interno de la práctica del ciclismo compartiendo sus tradiciones positivas, las historias de sus figuras heroicas y sus bienes internos, que dictaría las reglas oficiales del ciclismo de competición y que organizaría competiciones, campeonatos, salidas y concentraciones. Por otro, en el nivel local, estaría el club, donde los miembros más experimentados enseñan a pedalear a principiantes y les inician en las disciplinas de la buena conducción, las estrategias de competición y el mantenimiento de la bicicleta.

Como señala MacIntyre (1985), las instituciones también pueden tener un efecto negativo en el mundo del ciclismo, por ejemplo organizando competiciones solo por dinero y no por la experiencia del deporte, de modo que parte de quienes compiten y del público quede excluida. En el nivel local, puede significar que el club esté dominado por una o dos personas y que todas las demás queden relegadas. Existe también el peligro de la conformidad, ya que las asociaciones más amplias podrían adoptar nuevas reglas que autoricen el uso de determinadas estrategias y máquinas y prohíban otras, ¡como la inexcusable exclusión de la competición de las bicicletas de rueda pequeña, como las Moulton (http://www.moultonbuzz.com/)! En el club local, esto podría traducirse en que los miembros veteranos insistan en que quienes llegan adopten sus estilos de indumentaria, de equipamiento y de práctica, oponiéndose a toda innovación.

Virtudes para la carretera

Las virtudes son aquellas cualidades humanas necesarias para sobresalir en las disciplinas de una práctica y realizar sus bienes internos (Darr, 2020; MacIntyre, 1985). MacIntyre sostiene que hay tres virtudes clave necesarias para sostener cualquier práctica:

MacIntyre, 1985, p. 191

Tenemos que aprender a reconocer lo que se debe a cada cual; tenemos que estar dispuestos a correr los riesgos personales que se nos exijan por el camino; y tenemos que escuchar con atención lo que se nos dice sobre nuestras propias insuficiencias y responder con el mismo cuidado por los hechos. En otras palabras, tenemos que aceptar como componentes necesarios de cualquier práctica con bienes internos y criterios de excelencia las virtudes de la justicia, la valentía y la honestidad.

Sin justicia, somos incapaces de abrazar las tradiciones y las habilidades de una práctica reconociendo sus fuentes y sus autoridades, y por tanto de estar en condiciones de aprender y participar con equidad junto a quienes están dentro y fuera de la práctica. Sin valentía, no podremos asumir los riesgos que exige implicarse en una verdadera práctica, tanto para ejercerla tal como la hemos recibido como para seguir desarrollándola. Por último, sin honestidad no estaremos en condiciones de desarrollar ninguna excelencia en la práctica, pues necesitamos apertura y reflexividad para construir nuestra comprensión y nuestras habilidades. Sin estas virtudes, una práctica fracasará. Quienes la ejercen intentarán perjudicarse mutuamente en lugar de aprender mutuamente (¡como el Maestro y el Aprendiz del Lado Oscuro en La guerra de las galaxias!). Nadie tendrá el valor de dar el primer paso en las habilidades existentes, y menos aún de intentar nuevos experimentos. Nadie reconocerá tampoco debilidad alguna, de modo que la práctica se estancará. La práctica no será un lugar de aprendizaje de la virtud ni contribuirá a un florecimiento humano más amplio. Se convertirá más bien en algo parecido a una organización criminal, destructiva para la sociedad y, a la larga, para sí misma (Sellman, 2011; Ward, 2017).

¿Qué lugar ocupan estas tres virtudes en el ciclismo? En el ciclismo de competición, quienes integran el equipo tienen que actuar con justicia, reconociendo su lugar en el equipo y aprendiendo de sus líderes a desempeñar su papel por el bien de todo el conjunto, en especial de sus figuras clave. Tendrán que mostrar valentía para escaparse en el momento oportuno y para contener los movimientos de sus rivales en el pelotón y, por último, honestidad en la competición, sin hacer trampas mediante sabotajes o dopaje, confiando en cambio en su propia capacidad. Pero estas virtudes también son necesarias para quien usa la bicicleta para ir al trabajo o para viajar. Justicia, para relacionarse adecuadamente con las demás personas usuarias de la vía y para aprender de los demás miembros del club y apoyarles cuando se sale en grupo. Valentía, ¡para empezar, simplemente para subirse a una bicicleta! Pero también para enfrentarse al tráfico y lanzarse hacia lugares nuevos. Y honestidad, al hablar de los propios trayectos y encuentros.

Además de estas, yo sugeriría algunas virtudes más: la perseverancia, al pedalear con mal tiempo; la generosidad, al detenerse a ayudar a otras personas que van en bicicleta; la cortesía y la amistad, al rodar y relacionarse con otras personas ciclistas, especialmente del club. Sin embargo, cuando empecé a pedalear, sin experiencia, no tenía estas virtudes. Se fueron formando a medida que aprendía a rodar con el apoyo de ciclistas con más experiencia y de miembros veteranos del grupo o del club que encarnaban en persona estas virtudes. A medida que fui ganando experiencia, empecé a mostrar yo también estas virtudes, al menos en el contexto del ciclismo. Algunas de ellas podrían incluso estar codificadas en las reglas adoptadas por las asociaciones nacionales y los clubes locales.

La identidad dentro y fuera de la carretera

En el modelo de ética de la virtud de MacIntyre (1985), las virtudes particulares son específicas de la práctica en la que se han aprendido y ejercido. Puede que no se ejerzan fuera del contexto de la práctica. Así, en mi condición de ciclista, podría dar muestras de generosidad y cortesía en el marco de la salida o del club, pero de mezquindad y grosería a la hora de subir al tren para volver a casa después de la salida del club. ¡Esto es, por supuesto, exactamente lo que esperaría el situacionismo! Sin embargo, si tengo mucha experiencia en el ciclismo y mi práctica me entusiasma de verdad, es probable que haga de las virtudes que implica una parte del relato de mi vida y que incorpore la práctica a mi sentido de identidad, de modo que las virtudes aprendidas sobre el sillín se manifiesten en mi comportamiento en la estación de tren y en mis demás relaciones y prácticas, por ejemplo con mi cónyuge o como docente en el aula. De este modo, el ciclismo como práctica tendría un impacto más amplio en las demás comunidades y prácticas a las que pertenezco como ciclista.

La práctica centrada en soluciones como práctica virtuosa: bienes internos, teoría y disciplinas

Quisiera sugerir que, al igual que el ciclismo, el SFA es una práctica (aunque, hay que reconocerlo, muy diferente en cuanto práctica terapéutica, si bien sin duda mucha gente aficionada al ciclismo defendería el valor terapéutico de su pasatiempo) con tradiciones e historias que enmarcan sus bienes internos, con disciplinas particulares que promueven el bien y con virtudes esenciales para el ejercicio de esas disciplinas. El SFA tiene también sus instituciones, como los equipos y consultas locales y las organizaciones nacionales e internacionales que tratan de promover y desarrollar la práctica y sus bienes internos. Veremos que las prácticas locales han tenido una importancia particular en su desarrollo. Así pues, ¿qué significa describir el SFA como una práctica virtuosa con bienes internos particulares? Para responder, tendremos que examinar la historia y las tradiciones del SFA.

El desarrollo de la terapia centrada en soluciones como práctica

Para definir una práctica, en el sentido de MacIntyre, es fundamental identificar sus bienes internos (Bielskis & Mardosas, 2014; MacIntyre, 1985), ya que esto nos proporcionará el foco y la finalidad de la práctica: por qué quienes la ejercen la valoran por sí misma. Sin embargo, intentar hacerlo mediante una definición abstracta carecerá de sentido si no se sitúa en el contexto de la formación de la tradición o del relato de la disciplina (Darr, 2020). Este relato proporcionará a la vez el contexto del surgimiento de los bienes internos de la práctica y la explicación de su significado, que es la base de la teoría de la práctica. A medida que el relato se desarrolla, el contexto de la práctica puede cambiar y, con él, el significado de sus bienes internos, tanto en términos de bienes de la práctica como de bienes del practicante. Tales cambios exigirán nuevas explicaciones y justificaciones teóricas, lo que da lugar a una relación dialéctica entre los bienes internos y su explicación. Las comprensiones teóricas del bien pueden aportar ideas sobre cómo mejorar aún más la práctica. Una práctica mejorada gracias a la implicación de quienes la ejercen puede conducir a un desarrollo de los bienes de una práctica que requiera una nueva explicación teórica. Esto lleva a una consideración adicional sobre el desarrollo de las perspectivas y las habilidades de la práctica. Se trata de las habilidades y los ejercicios que se adoptan, que surgen o que se diseñan para promover el bien interno de la práctica (como el diseño de bicicletas y las técnicas de pedaleo que favorecen la «implicación en la ruta»). Las habilidades, sugeriría yo, se desarrollan en el momento, a través de la implicación, o se diseñan sobre la base de la teoría, una vez que se comprende cómo funcionan para promover los bienes internos. Del mismo modo que hay una dialéctica entre los bienes internos y la teoría, hay también una dialéctica entre las habilidades de una práctica y la teoría. Creo que esto quedará demostrado en el relato del desarrollo de la práctica centrada en soluciones que presento a continuación. Dada la relación dialéctica entre el desarrollo de las habilidades, la teoría y los bienes internos de la práctica y de quienes la ejercen, es necesario examinar con cierto detalle el desarrollo de las habilidades y de los bienes internos como un sistema en evolución.

Antecedentes de la práctica centrada en soluciones

Los antecedentes del auge del SFA se encuentran en la rebelión de una serie de terapeutas, en especial de terapia familiar, contra la interioridad de los enfoques psicoanalíticos y psicodinámicos (Visser, 2013), que trataban de diagnosticar los problemas de las personas consultantes en términos de alguna condición interior que debía abordarse primero para poder mejorar después las condiciones externas. Quienes se identificaban con este movimiento aspiraban a convertirse en especialistas no de la patología interior, sino en la dinámica externa de los sistemas familiares y sociales de la persona consultante. Esto permitiría descubrir las causas externas de los problemas de las personas consultantes y resolverlos mediante pautas y estrategias de comportamiento capaces de perturbar tales «sistemas problema» (Cade, 2007; Miller, 1997; Visser). En el ala radical de este movimiento se situaban Milton Erickson y sus colaboradores cercanos del equipo del Mental Research Institution (MRI), dirigido por John Weakland en Palo Alto, California (Cade, 2001; Visser).

Tanto Steve de Shazer como Insoo Kim Berg habían trabajado intensamente con el MRI y habían adoptado muchas de las teorías y prácticas que Weakland y sus colegas habían desarrollado. Cuando ambos se trasladaron a Milwaukee en 1977 para comenzar su nueva vida en común, trataron de aplicar estos enfoques sistémicos y estratégicos con las personas consultantes de los Milwaukee Family Services, donde trabajaban. En Family Services pronto se vieron envueltos en discusiones y controversias entre quienes apoyaban un enfoque sistémico y quienes preferían un enfoque psicodinámico más tradicional. Con el tiempo, estas disputas llegaron a tal punto que de Shazer, Berg y otras personas decidieron fundar su propia consulta independiente, donde pudieran desarrollar enfoques terapéuticos más constructivos. Así nació, en 1978, el Brief Family Therapy Center (BFTC) (Visser, 2013; Miller, 2004).

La evolución de la práctica en el Brief Family Therapy Center

Panorama general. Una vez que el nuevo centro quedó plenamente establecido, surgió un modus operandi en el que el equipo central trabajaba en colaboración, ensayando con las personas consultantes nuevas iniciativas que todo el equipo observaba, ya fuera «en directo» a través de un espejo unidireccional o mediante grabaciones de vídeo. Se analizaba la práctica y se proponían nuevos enfoques y métodos (Miller, 2004). En el curso de esta actividad, de Shazer se perfiló como el principal teórico y autor, mientras que otras personas, como Berg, Eve Lipchik y Elam Nunnally, eran figuras clave de la experimentación. De Shazer sintetizaba los resultados y las ideas del equipo y se convirtió en el principal portavoz del centro (Kiser, 1995). Esta pauta se mantuvo hasta mediados o finales de la década de 1980, cuando el equipo original del BFTC empezó a dispersarse.

Proceso de evolución. Para describir la evolución de la práctica centrada en soluciones que sigue, me he basado en tres fuentes sustanciales principales. En primer lugar, Becoming miracle workers: language and meaning in brief therapy (2004), de Gale Miller, que recoge su investigación cualitativa con el BFTC (al que en su texto se da el seudónimo de «Northland Clinic»), un estudio de teoría fundamentada sobre la interacción de terapeutas con las personas consultantes y entre sí, iniciado en 1984 y publicado finalmente en 1997. La metodología de Miller consistió en gran parte en la observación participante, complementada con entrevistas a integrantes del equipo. En segundo lugar, la tesis doctoral de David Kiser: The process and politics of solution-focused therapy theory development: a qualitative study (1995). Kiser realizó su investigación a principios de la década de 1990, también con un enfoque de teoría fundamentada, pero centrándose en entrevistas con el grupo fundador del BFTC. Por último, el estudio del desarrollo teórico de Steve de Shazer llevado a cabo por Harry Korman et al. (2020) («Steve de Shazer’s Theory Development»). Esta última fuente es un artículo basado en un amplio estudio bibliográfico de la obra publicada de de Shazer.

Estos tres textos adoptan planteamientos diferentes para rastrear la evolución del SFA durante su época «heroica». Miller adopta un enfoque holístico e identifica dos etapas en la terapia practicada en el BFTC, la «ecosistémica» y la «centrada en soluciones» (Miller, 1997; 2004.), y se centra en el resultado de la práctica en cada etapa. Kiser identifica «puntos nodales» —cambios en las disciplinas terapéuticas que indican un desplazamiento del foco hacia un enfoque sistémico participativo y, después, hacia un SFA (Kiser, 1995)— y se concentra en el desarrollo de la práctica y de quienes la ejercen. Korman y sus colegas siguen la evolución del SFA distinguiendo cuatro etapas en el desarrollo teórico de de Shazer que, como sugeriré, trazan el desarrollo de los bienes de la práctica y de los bienes del practicante. Puesto que de Shazer llegó a ser el principal portavoz del equipo del BFTC, sería razonable suponer que los cambios en su teoría reflejan también los avances terapéuticos del BFTC. En consecuencia, utilizaré este último trabajo como marco principal para comprender el relato del crecimiento del SFA y situaré dentro de este marco las aportaciones de Miller y Kiser. Preveo que este relato pondrá de manifiesto los bienes internos del SFA en este periodo clave.

Fase 1: el primer de Shazer, 1978

En 1978, de Shazer, Berg y el equipo del BFTC iniciaron su nueva aventura trabajando a partir de una base sistémico-estratégica muy influida por el MRI y por Erickson (Visser, 2013; De Jong, 2019). En esta primera fase, consideran que las dificultades de las personas consultantes tienen su raíz en el mal funcionamiento de sistemas sociales, en especial familiares. En aquel momento, el equipo veía a quien ejerce la terapia como la persona experta que diseña una estrategia conductual, a menudo compleja y contraintuitiva, para perturbar el sistema y llevarlo hacia una pauta más constructiva (Kiser, 1995; Miller, 2004).

Korman y sus colegas presentan dos axiomas que, en su opinión, caracterizan el pensamiento de de Shazer en esta etapa:

Korman, De Jong y Jordan, 2020, p. 21

  • Axioma 1: La terapia es un proceso interaccional observable, es decir, una conversación.
  • Axioma 2: La unidad mínima de análisis es terapeuta interactuando con consultante en el contexto terapéutico. Esta unidad no puede subdividirse más.

El axioma 1 recoge el compromiso de de Shazer con la perspectiva sistémica según la cual la terapia se ocupa de relaciones externas y no de una patología psíquica interna, y se refiere al bien de la práctica. El axioma 2 expresa su concepción (avanzada) de que terapeuta y consultante constituyen un único sistema, y contribuye al bien interno o a la excelencia de quienes ejercen. En este aspecto, de Shazer parece adelantarse a sus colegas, que solo llegan a compartir su comprensión en la fase siguiente de la evolución de la práctica (Kiser, 1995; Korman et al., 2020).

Fase 2: los inicios del BFTC, 1978-1982

Durante el periodo de la «fase 2», el equipo del BFTC llevó al límite el enfoque estratégico que había adoptado. Miller, que comienza su investigación en 1984, mientras se produce la transición de la fase 2 a la fase 3, denomina «ecosistémico» el enfoque de la práctica adoptado en este periodo. En esta fase, el equipo terapéutico del BFTC empieza a trabajar de forma más cooperativa con las personas consultantes para generar cambios en sus sistemas. Esto tiene dos consecuencias. En primer lugar, la constatación general de que quien ejerce la terapia, e incluso el equipo situado tras el espejo, forma parte del sistema terapéutico (Miller, 2004) y, por tanto, debe considerarse practicante. En segundo lugar, la pericia de la persona consultante pasa a primer plano, hasta el punto de que se la considera experta en el cambio que desea. Miller señala que, durante este periodo, al equipo le preocupa que la persona consultante defina su «dificultad» como un problema claro, de modo que el equipo, en cooperación con ella, pueda formular estrategias de resolución de problemas para perturbar el sistema problema (Miller).

Kiser señala los «puntos nodales» disciplinares que parecen vinculados a esta fase: los elogios, la muerte de la resistencia, el foco en el futuro y la presuposición del cambio, y la investigación sobre el discurso del cambio (de Shazer, 1984; Kiser, 1995). Todos estos «puntos» se refieren a la relación y a la interacción entre terapeuta, equipo terapéutico y consultante. Se relacionan con el desarrollo de la excelencia o del bien de quienes ejercen, a medida que se implican en su práctica y son formados por ella.

En primer lugar, Kiser señala cómo los elogios, como manera de construir la relación entre el equipo y las personas consultantes, contribuían a que estas siguieran las intervenciones formuladas por el equipo. Esto ocurrió después de que una persona consultante preguntara quién estaba detrás del espejo en la sala de terapia y se le presentara al equipo. Tras la presentación, el equipo se sintió en la obligación de decir «cosas agradables» sobre la persona consultante (Kiser, 1995 p. 126). A partir de entonces, los elogios parecen haber asumido un papel importante en la construcción de una relación positiva/constructiva/buena entre el equipo terapéutico y la persona consultante. Esto era importante para construir la interacción cooperativa entre terapeuta, equipo y consultante con el fin de crear cambio (Kiser).

La muerte de la resistencia fue también un paso clave para establecer esta interacción cooperativa. La «resistencia» se reencuadró como una cuestión que concernía a quien ejerce la terapia y no a la persona consultante. Si esta no seguía las tareas recomendadas por terapeuta y equipo, era porque aún no se había encontrado la manera adecuada de cooperar con ella en la construcción del cambio (Kiser, 1995, p. 128).

El énfasis en el cambio condujo de forma natural a la investigación sobre el discurso del cambio, en la que el equipo del BFTC trató de comprender, mediante la observación y la revisión (de vídeos), cómo determinadas preguntas, respuestas y sugerencias podían animar a la persona consultante a iniciar un cambio en su sistema relacional. Con esta investigación, el equipo buscaba mejores maneras de colaborar con las personas consultantes, mediante preguntas acertadas y un lenguaje apropiado en sus respuestas y sugerencias, para trabajar con ellas en la consecución del cambio deseado (Kiser 1995, p. 130).

Esta fase de la evolución de la práctica queda recogida en dos axiomas:

Korman, De Jong y Jordan, 2020, p. 21

  • Axioma 3: El cambio es la finalidad del encuentro entre terapeuta y consultante.
  • Axioma 4: El cambio de la persona consultante mediante la terapia se produce a través de interacciones observables en las que terapeuta encuentra maneras de cooperar con consultante.

El axioma 3 enuncia con claridad el bien de la práctica del BFCT en aquella época: crear cambio en la vida de la persona consultante. Miller lo amplía en términos de estrategias de cambio para perturbar el «comportamiento problemático» (Miller, 2004, p. 45). El axioma 4 indica los medios o las habilidades de la práctica mediante los cuales se alcanzará este bien —la interacción cooperativa entre terapeuta (y equipo) y consultante— y recoge el desarrollo continuo del bien del practicante.

Fase 3: el surgimiento de la SFBT, 1982-1989

En la tercera fase de la evolución del pensamiento y de la práctica de de Shazer, vemos surgir el SFA a partir de la terapia sistémica. Los sistemas siguen presentes en el pensamiento y la práctica del equipo del BFTC, pero el énfasis recae ahora, como señala Miller, en el SFA (Miller, 2004). Kiser también comienza su investigación doctoral al final de este periodo, aunque ya había estudiado en el centro a principios de la década de 1980 (Kiser, 1995).

La evolución de la práctica en el BFTC en este momento es decisiva para el SFA. Miller (2004) indica que en este periodo vemos a terapeuta y consultante cooperar no solo para cambiar el sistema, sino para alcanzar la solución de la persona consultante. Se caracteriza también por el descubrimiento de que las personas consultantes ya disponen de la base de sus propias soluciones en las excepciones y en los cambios que realizan a partir de su compromiso y su implicación en la terapia (Korman et al., 2020). El foco de la terapia se desplaza entonces decididamente de la pericia de terapeuta a la de consultante en la formulación de su solución. En esta fase, quien ejerce la terapia pasa a ser más bien una figura facilitadora o «experta» en el proceso de la conversación terapéutica. Ya no se habla de «definición del problema», puesto que la solución se considera ahora enteramente independiente de las dificultades o del problema (Miller).

Los cambios de esta fase se caracterizan, en la investigación de Kiser, por los siguientes «puntos nodales»: la tarea de fórmula de la primera sesión, el cambio previo al tratamiento, la pregunta del milagro, el desplazamiento hacia la entrevista anterior a la pausa y Briefer I y II (Kiser, 1995, p. 71). Estos puntos marcan el surgimiento del enfoque centrado en soluciones como práctica distintiva, en la que quien ejerce la terapia trabaja para apoyar a la persona consultante en el desarrollo de su propia solución, más que del «cambio» en sí.

La tarea de fórmula de la primera sesión se utilizó por primera vez en 1982 y pide a la persona consultante que observe y describa después a su terapeuta cualquier cambio que desee «que siga ocurriendo» (de Shazer, 1985, p. 137). En esta tarea vemos el alejamiento del problema que pueda estar acosando a la persona consultante, en favor de los cambios que realiza en su vida y en su comportamiento y que desearía que continuaran. Estos constituirían excepciones al problema y, posiblemente, recursos que podrían servir de base para una solución.

El cambio previo al tratamiento. Presentado por primera vez en 1987, supone más de lo mismo, ya que se pide a la persona consultante que se centre en los cambios positivos ocurridos después de pedir la cita, pero antes de ver a su terapeuta. Pedir la cita era un acto decisivo hacia una solución y, como tal, probablemente desencadenaba otros cambios positivos que podían contribuir a la solución deseada. También esta pregunta está concebida para dirigir la atención de la persona consultante hacia las excepciones y los cambios que podrían constituir la base de la solución.

La pregunta del milagro. «Si se despertara una mañana y hubiera ocurrido un milagro, ¿qué le indicaría que su problema está resuelto?» (Kiser, 1995, p. 135). Esta pregunta, surgida a mediados de la década de 1980, suele considerarse el rasgo definitorio del SFA. En ella se pone un énfasis radical en la solución, ya que se pide a la persona consultante que imagine un futuro en el que la solución ya se ha producido. Esto supone un alejamiento completo de cualquier consideración del problema y exige que la persona consultante dedique toda su atención a describir su solución.

El desplazamiento hacia la entrevista anterior a la pausa. En la fase ecosistémica anterior de la terapia en el BFTC, la tarea de intervención que se presentaba a las personas consultantes después de la pausa tradicional se consideraba el núcleo de la entrevista terapéutica. Sin embargo, con el abandono de la pericia de terapeuta para enmarcar una estrategia que perturbe el sistema, Kiser (1995) señala que las propias respuestas de la persona consultante, experta en su propia solución, adquieren una importancia mucho mayor como centro de la interacción terapéutica. Se presta ahora más atención al lenguaje utilizado por la persona consultante que indica recursos y excepciones capaces de servir de base para formular una solución. En el enfoque ecosistémico, la formulación de la intervención que se transmitía a la persona consultante después de la pausa exigía mucho ingenio por parte de terapeuta y equipo (Miller, 2004). En esta fase, en cambio, lo central es el ingenio de la persona consultante, ya que ahora son las «pistas» extraídas de sus respuestas en la entrevista, y no las recomendaciones de terapeuta, las que sirven para enmarcar la intervención.

Al ver que, con el nuevo enfoque, la práctica terapéutica se convertía en un proceso interactivo de desarrollo de soluciones con la persona consultante, de Shazer intentó cartografiar el proceso e incluso desarrollar programas informáticos que pudieran facilitarlo (o ayudar a facilitarlo). Esto condujo al desarrollo de Briefer I y II con un equipo de la Marquette University (Kiser, 1995). Aunque el proceso de construcción de soluciones parece tener algunos rasgos comunes simples y repetibles, la manera en que se repetían en cada interacción individual era tan específica de esa conversación que, según sugiere Kiser, resultó imposible desarrollar un programa capaz de abarcar semejante abanico de diversidad imprevisible e idiosincrásica. Ahora bien, lo que esto sí indica es que el énfasis se ponía ya en el proceso interactivo de cocreación de soluciones, de modo que tanto los problemas como la pericia de terapeuta en la resolución de problemas habían quedado muy atrás. El resultado es que el bien del practicante abarca ahora tanto a terapeuta como a consultante. El bien o la excelencia de la persona consultante consiste en formular sus propias soluciones a partir de sus recursos y dentro de su contexto. La excelencia de quien ejerce la terapia consiste en hacer posible ese proceso. Se trata de una excelencia tan compleja que no es de extrañar que resultara un reto excesivo para un programa informático.

Para esta etapa solo se presenta un axioma:

Korman, De Jong y Jordan, 2020, p. 21

  • Axioma 5: La terapia breve consiste en desarrollar soluciones con las personas consultantes.

El axioma 5 indica el refinamiento del bien de la práctica del SFA tal como surgió. La finalidad de la práctica centrada en soluciones es desarrollar buenas soluciones con las personas consultantes. Este axioma sugiere también un refinamiento de la excelencia de quien ejerce, en la medida en que la interacción cooperativa entre terapeuta y consultante se ve reforzada por el uso de habilidades más refinadas.

Fase 4: el último de Shazer, 1989-2005

La última fase que identifican Korman y sus coautores es la cuarta, titulada el periodo del «último de Shazer», de 1989 a 2005, año de la muerte de de Shazer. Tanto Miller como Kiser concluyen sus proyectos de investigación al principio de este periodo. La filosofía del lenguaje de Wittgenstein dominaba entonces el pensamiento de de Shazer. Kiser (1995) sugiere que este giro se produce a raíz del fracaso de Briefer I y II, que llevó a de Shazer a recurrir a la filosofía del lenguaje de Wittgenstein para comprender mejor la interacción entre terapeuta y consultante en la que se enmarcan las soluciones. Esto contribuyó a que de Shazer contemplara la terapia breve centrada en soluciones a través de una lente wittgensteiniana, como «construccionismo interactivo» (de Shazer, 1991, p. 48). Concibe la terapia como un juego de lenguaje en el que terapeutas y consultantes se implican en malentendidos creativos para enmarcar el cambio y las soluciones. Aunque de Shazer sentía entusiasmo por Wittgenstein, no está claro qué parte de sus colegas del BFTC comprendía al filósofo o compartía la pasión de de Shazer (Kiser).

Korman y sus coautores presentan un último axioma, el sexto, para esta etapa:

Korman, De Jong y Jordan, 2020, p. 21

  • Axioma 6: La terapia es un proceso interaccional y dialógico visible en el que se negocian los significados del lenguaje de la persona consultante.

El axioma 6 no sugiere ningún cambio en el bien de la práctica del SFA, que sigue siendo el desarrollo de soluciones. Sí sugiere, en cambio, un refinamiento del bien del practicante. La terapia se concibe ahora como un juego de lenguaje en el que el cambio se negocia mediante la coconstrucción de soluciones.

Los bienes internos del SFA

He emprendido una exploración bastante técnica del relato de la evolución de la terapia breve y de la terapia breve centrada en soluciones en el BFCT con el objetivo de descubrir los bienes internos del enfoque centrado en soluciones como práctica. Al relacionar los axiomas de Korman y sus colegas (2020) con el relato del surgimiento del SFA, vemos que los axiomas 1, 2, 4 y 6 se refieren al desarrollo de las disciplinas de la práctica en el BFTC y a los bienes o excelencias del practicante, mientras que los axiomas 3 y 5 se refieren a los bienes de la práctica desarrollados por las habilidades de la práctica. El tercer axioma se refiere a la finalidad de lo que Miller (2004) llama terapia ecosistémica: provocar un cambio en el sistema de la persona consultante. El sexto axioma no lo sustituye, sino que se apoya en él en la etapa centrada en soluciones de la evolución del BFTC, (re)definiendo el cambio en términos de desarrollo de soluciones en colaboración con la persona consultante. Me agrada especialmente la manera en que Miller enmarca el bien de la práctica, de un modo que capta el espíritu del último de Shazer. El bien de la práctica del SFA es «construir historias progresivas» (Miller, p. 74). Lo que quizá sea único en el SFA es que este bien de la práctica implica que las personas consultantes sean consideradas copracticantes junto con sus terapeutas y que, por tanto, compartan también el bien del practicante.

El papel de las instituciones en la práctica ética centrada en soluciones

Como ya he indicado, MacIntyre sostiene que las instituciones son fundamentales para desarrollar y sostener la práctica mediante bienes externos o «excelencias de la eficacia» (Knight, 1998; MacIntyre, 1985). Esto significa que empiezan a asumir las siguientes funciones: definir el núcleo de la práctica en términos de sus bienes internos y de las disciplinas que los sostienen, iniciar a otras personas en la práctica mediante la formación en sus tradiciones y disciplinas, preservar la integridad de la práctica y promoverla (Bielskis & Mardosas, 2014; Darr, 2020; Knight, 2008).

Kiser (1995) señala el papel fundamental que desempeñó el Brief Family Therapy Center en el desarrollo del SFA. El «grupo fundador» (Kiser, p. 22) se sentía constreñido en el entorno de Family Services de Milwaukee y fundó por ello una consulta independiente en la que tendría libertad para experimentar y descubrir qué enfoques terapéuticos servían mejor a las personas consultantes. La independencia y el aislamiento (e incluso el ostracismo) del BFTC, situado al margen de las estructuras establecidas de regulación y rendición de cuentas, permitieron al equipo del BFTC y a quienes colaboraban con él trabajar de forma cooperativa y creativa para desarrollar un nuevo enfoque terapéutico. Kiser sostiene que muchas ideas similares a las que se expresaron, primero en la terapia ecosistémica y después en la terapia centrada en soluciones, ya circulaban en el mundo terapéutico, pero que solo en el entorno dinámico del BFCT pudieron ser «redescubiertas» e incorporadas a una práctica coherente. En este sentido, el BFCT como institución fue fundamental para el desarrollo de la terapia centrada en soluciones (Kiser & Piercy, 2001).

Una vez que el SFA hubo alcanzado cierta coherencia e identidad como práctica, el centro de Milwaukee se convirtió en el eje de su promoción (Kiser, 1995). Esto se hizo mediante la formación impartida en el propio Milwaukee, las intervenciones de integrantes clave del equipo en congresos, en especial de Shazer y Berg, y los escritos de de Shazer (1985, 1988, 1991, 1994). Curiosamente, aunque de Shazer tenía mucho interés en promover la práctica, se mostraba reacio a definirla (Miller & de Shazer, 1998). Al mismo tiempo, el equipo del BFTC creía posible especificar los elementos que definirían una sesión de terapia centrada en soluciones (de Shazer et al., 1986). Esta ambigüedad permitió a la vez la formación de una comprensión general del SFA y su desarrollo ulterior como práctica. Desde un punto de vista wittgensteiniano, a de Shazer le habría complacido bastante, pues significa que el SFA se entenderá siempre en términos de «parecido de familia» y no de una definición de su «esencia» (Wittgenstein, 1967, p. 33).

Las instituciones actuales que sostienen y amplían la práctica centrada en soluciones

Una vez que el BFTC hubo completado su labor pionera de desarrollar el SFA como práctica diferenciada, empezaron a surgir otras instituciones, tanto centros (locales) de práctica como asociaciones más amplias, que facilitaron el desarrollo y la difusión de la práctica por todo el mundo. Dos de ellas merecen una mención especial: BRIEF, en Londres, un centro de terapia y formación, y la European Brief Therapy Association, la primera asociación internacional dedicada a promover el enfoque.

BRIEF (https://www.brief.org.uk/) comenzó como una consultoría privada, The Brief Therapy Practice, que adoptó y desarrolló su propia práctica centrada en soluciones «minimalista» a partir del trabajo de de Shazer, y que celebró congresos anuales a partir de 1989, a menudo con de Shazer y Berg como oradores principales. Las actividades de BRIEF contribuyeron a difundir el enfoque por el Reino Unido y otras partes de Europa. Es interesante que BRIEF y otros centros similares (http://www.iasti.org/) sigan el modelo establecido por el BFTC: continuar desarrollando la práctica centrada en soluciones, ofrecer formación en ella y promoverla mediante presentaciones y publicaciones.

La European Brief Therapy Association (https://www.ebta.eu/) fue fundada en 1993 por un grupo de profesionales de Europa, entre ellos Evan George, de BRIEF, en colaboración con de Shazer y Berg, que estuvieron presentes en su congreso inaugural en 1994 (Isebaert, 2011). La EBTA sigue estando a la vanguardia del desarrollo y la mejora de la teoría o «definición» (Sunderman et al., 2020) y del compromiso ético (EBTA 2021) del SFA. Algunas de las aplicaciones más amplias de la práctica centrada en soluciones se plantearon por primera vez en los congresos de la EBTA (Sunderman et al.).

Nueve años después, en 2002, de Shazer y Berg tomaron la iniciativa de crear la Solution Focused Brief Therapy Association (SFBTA) en Estados Unidos. En sus primeros años, la SFBTA se dedicó sobre todo a organizar congresos, pero tras la muerte de Insoo Kim Berg en 2007 asumió la custodia de los archivos del BFTC y hoy trata de promover una investigación rigurosa sobre la eficacia del SFA y su desarrollo ulterior (https://www.sfbta.org/).

Estas y otras instituciones han tenido un éxito considerable en la implantación del enfoque centrado en soluciones en todo el mundo, con centros y organizaciones en todos los continentes (¡salvo la Antártida!). El enfoque se ha extendido además más allá de la psicoterapia, con aplicaciones en la educación (Franklin & Streeter, 2004), el coaching (Jackson & McKergow, 2007), la gestión (Lueger & Korn, 2006), el desarrollo organizacional (Polgar & Hankovszky, 2014), el liderazgo (Brooker et al., 2019), la resolución de conflictos (Bannick, 2010), el desarrollo comunitario (Walsh, 2010) e incluso el compromiso político radical (Shennan & Gardener, 2018; Shennan, 2020).

En términos generales, parece que el SFA ha estado muy bien servido por sus instituciones. Estas han seguido mejorando el SFA y extendiéndolo a numerosos ámbitos, con un beneficio humano considerable, tanto individual como social. Gracias a estos esfuerzos institucionales, la práctica centrada en soluciones ha ganado visibilidad y muchas personas se han iniciado en ella. Cabe destacar que las instituciones vinculadas al SFA parecen haber evitado en gran medida los escollos que MacIntyre asocia a las instituciones, a saber, una regulación inflexible que asfixia la práctica y un énfasis en los bienes externos o extrínsecos de estatus, beneficio y dominio que, en la práctica, sacrifica los bienes internos de la práctica (MacIntyre, 1985).

El SFA y la manifestación de las virtudes clave de MacIntyre

El desarrollo de la virtud en el BFTC

He descrito los bienes internos del enfoque centrado en soluciones mediante un estudio detallado de su relato fundacional en el BFTC y he repasado el desarrollo de los bienes externos señalando el papel de algunas instituciones clave vinculadas al SFA. Sin embargo, la identificación de las virtudes específicas relacionadas con las habilidades necesarias para facilitar el proceso de construcción de soluciones, que es el corazón de la práctica, exigirá más investigación empírica. Pero, como he señalado más arriba, MacIntyre (1985) identificó unas virtudes generales —la justicia, la valentía y la honestidad— que, según él, son necesarias para implicarse en cualquier práctica. Son virtudes que necesitamos para establecer relaciones adecuadas y productivas con las demás personas implicadas en la práctica y con la comunidad más amplia en la que la práctica se inscribe. ¿Cómo se desarrollaron estas virtudes a lo largo del tiempo y cómo se manifestaron en el equipo del BFTC?

En primer lugar, de Shazer y sus colegas actuaron sin duda con justicia al reconocer la herencia que habían recibido del MRI y de Erickson. De Shazer reconoce esta deuda en sus libros (de Shazer, 1985, 1988, 1991, 1994), y John Weakland, director del MRI, firma los prefacios de varias de sus obras (Weakland, 1985, 1988, 1991). En sus entrevistas con el grupo fundador del BFTC, Kiser encontró un espíritu similar en el equipo, pues cada integrante reconocía los distintos papeles que había desempeñado cada cual (Kiser, 1995). Por último, existía un compromiso muy claro de actuar con justicia con las personas consultantes buscando los resultados que estas preferían (Miller, 2004).

En segundo lugar, el equipo del BFTC dio sin duda muestras de valentía al emprender una aventura muy arriesgada, con un coste y un riesgo elevados para sí mismo (De Jong, 2019; Kiser 1995; Lipchik, 2014). Sus iniciativas iban contra la ortodoxia establecida y suscitaron oposición y rechazo en los círculos terapéuticos y académicos locales (Kiser, 1995; Visser, 2013). Los experimentos terapéuticos que llevó a cabo el equipo fueron también muy audaces. ¡El equipo se arriesgó de todas las maneras posibles!

En tercer lugar, en el equipo reinaba una gran honestidad mutua, sobre todo en las primeras etapas de su trabajo en común, pues mantenían discusiones rigurosas sobre la manera en que cada cual hacía terapia y sobre los puntos fuertes y débiles de su práctica y de su teoría (Kiser, 1995; Miller, 2004). A medida que el SFA se desarrollaba, creció también el compromiso de actuar con honestidad con las personas consultantes como coconstructoras de soluciones y de renunciar a cualquier técnica ambigua destinada a obtener un resultado terapéutico, que posiblemente caracterizó la práctica en las primeras etapas del enfoque (en especial en la formulación de los mensajes de final de sesión). En una ocasión, de Shazer insistió en que nunca era apropiado ni necesario mentir a las personas consultantes (Cade, 1985).

El grupo fundador del SFA sí manifestó las virtudes de la justicia, la valentía y la honestidad en su contexto. Esto parece haber preparado el terreno para los desarrollos posteriores, a medida que el enfoque se difundía.

Virtudes y códigos

A medida que quienes ejercían el SFA empezaron a extender el enfoque, crearon organizaciones como vehículos para garantizar los bienes externos de su práctica. Estas organizaciones han elaborado códigos de práctica que tratan de articular, preservar y comunicar los valores y estándares fundamentales del enfoque, a partir del legado de los relatos que he examinado. Tres asociaciones centradas en soluciones han elaborado códigos de este tipo: la United Kingdom Association for Solution Focus Practice (UKASFP, 2012), la Association for Solution Focus in Organizations (ASFIO, 2016) y la European Brief Therapy Association (EBTA, 2021). A veces tendemos a pensar en los códigos de práctica como reglas formuladas para contrarrestar las malas conductas a medida que surgen e impuestas después desde arriba para evitar nuevos comportamientos indebidos. Sin embargo, también pueden ser expresiones de buenas prácticas y recoger los estándares y valores que más aprecian quienes ejercen (Joyce & Rankin, 2010; Sellman, 2011). Estos códigos representan la conducta virtuosa que nos exigimos y que esperamos de las demás personas.

En efecto, las virtudes de la justicia, la honestidad y la valentía se expresan en mayor o menor medida en los códigos de práctica de las tres organizaciones mencionadas. La justicia se expresa de tres maneras: lo que se debe al grupo fundador, a colegas y, sobre todo, a la persona consultante. Tanto el código de la ASFIO como el de la EBTA hacen referencia explícita al reconocimiento de la contribución del grupo fundador del enfoque:

ASFIO, 2016

Quienes integran la ASFIO reconocen el espíritu de código abierto del enfoque centrado en soluciones, que procede del trabajo pionero de Steve de Shazer, Insoo Kim Berg y sus colegas del Brief Family Therapy Center.

EBTA, 2021, p. 3

IV. Quien ejerce la SFBT respeta el trabajo de sus docentes y valora la herencia del grupo fundador de la SFBT. Además, respeta a sus colegas que trabajan con la SFBT tanto como a quienes trabajan con otros enfoques o en otras profesiones. Quien ejerce la SFBT reconoce que su pericia y sus habilidades no son más que una continuación de los logros de sus docentes y de quienes le precedieron. Por consiguiente, se asegura de que se sepa que adquirió sus conocimientos y habilidades gracias a una formación.

El reconocimiento de lo que se debe a colegas queda recogido en estas declaraciones:

UKASFP, 2012, p. 7; ASFIO, 2016

…dejarán claro su respeto por las y los colegas con quienes mantienen una relación de trabajo, y escucharán y conocerán los enfoques adoptados por sus colegas.

Reconocer y acreditar el trabajo de otras personas.

Lo que se debe a la persona consultante es lo primero. Quienes ejercen deben conceder el máximo respeto a la pericia de la persona consultante:

ASFIO, 2016; EBTA, 2021, p. 3

Respetar la pericia de las personas consultantes: ellas saben lo que quieren.

III. Quien ejerce la SFBT reconoce a la persona consultante como experta en lo que respecta a su vida, sus capacidades y sus necesidades.

La confidencialidad que quienes ejercen deben a la persona consultante:

UKASFP, 2012, p. 2

Toda relación de ayuda se desarrollará en un clima de confianza, de modo que la persona consultante pueda confiar información personal sensible a quien ejerce. Una relación así reconoce que la persona consultante puede esperar confidencialidad, con una restricción en la comunicación de la información que haya señalado como privada y personal, salvo que existan cuestiones de protección. Se respeta la autonomía personal de la persona consultante cuando quien ejerce se compromete a explicitar los límites de esta confidencialidad.

El respeto de la confidencialidad de las personas consultantes:

EBTA, 2021, p. 4

Quien ejerce la SFBT respeta el derecho a la intimidad de la persona consultante y no divulga ninguna información que se le haya transmitido.

Quienes ejercen aceptan y respetan la diversidad de las personas consultantes:

UKASFP, 2012, p. 3; ASFIO, 2016; EBTA, 2021, p. 3

Se entiende que quien ejerce trabajará en todo momento para promover y sostener acciones que reconozcan la diversidad y muestren un compromiso total con la igualdad de oportunidades. Esto se aplica tanto a una actitud proactiva de acogida de la diversidad como a una conciencia constante, que incluye una actitud reflexiva, para garantizar una práctica eficaz que evite la discriminación.

Establecer, comunicar y respetar límites claros, adecuados y culturalmente sensibles que rijan su propio comportamiento.

Quien ejerce la SFBT basa su relación con la persona consultante en la premisa del respeto de sus creencias, su autonomía, su seguridad y sus necesidades.

La valentía se expresa de dos maneras: en el deseo de ampliar los límites de la práctica por el bien de la persona consultante y en la disposición a hacer frente a las malas conductas dentro de la práctica. Quienes ejercen desde el enfoque centrado en soluciones deben estar en disposición de implicarse en la innovación de nuestra práctica por el bien de las personas consultantes:

UKASFP, 2012, p. 7; EBTA, 2021, p. 3

Quien ejerce con eficacia, mediante la aplicación de los principios del enfoque centrado en soluciones, procurará mejorar el trabajo en su propio ámbito de práctica. Se reconoce que, en ocasiones, la aplicación puede verse restringida por las exigencias de una situación concreta. Adaptarse a los entornos de trabajo reales forma parte de una aplicación eficaz del enfoque centrado en soluciones.

Quien ejerce la SFBT es capaz de encontrar un equilibrio entre la fidelidad a la filosofía central de la SFBT y la búsqueda de métodos de trabajo novedosos y útiles.

Se espera también que quienes ejercen estén en disposición de intervenir ante colegas que hayan incurrido en malas prácticas:

UKASFP, 2012, p. 8; EBTA, 2021, p. 5

La Presidencia actuará en nombre del comité para dar una respuesta adecuada a cualquier queja formal. Esta puede ser: … Queja de un miembro de la Asociación contra otro miembro de la Asociación.

Siempre que se encuentre ante un comportamiento contrario a la ética por parte de sus colegas o de otras personas profesionales, quien ejerce la SFBT se esfuerza por comprender sus motivaciones y razones e intenta ayudarles a encontrar una solución mejor a la situación. Si estos intentos fracasan o parecen infructuosos, recurre al Advisory Task Group.

Por último, la honestidad se expresa en la veracidad hacia la persona consultante y en la conciencia que quien ejerce tiene de sus propios límites. Para ello, es esencial que nuestra comunicación con la persona consultante y con las demás personas sea veraz:

UKASFP, 2012, p. 3; ASFIO, 2016; EBTA, 2021, p. 3

… quien ejerce tendrá una conciencia basada en el desarrollo de una comunicación abierta, honesta y eficaz con la persona consultante.

Establecer acuerdos claros con las personas consultantes y respetarlos.

Quien ejerce la SFBT expresa sus opiniones y preocupaciones sobre la persona consultante y sobre su relación mutua de acuerdo con su comprensión subjetiva de la verdad y teniendo en cuenta las expectativas y reservas de la persona consultante. Procura conciliar este principio con la normativa legal y con los requisitos de la institución en la que trabaja. En todos los documentos formales presenta una descripción precisa y positiva de la persona consultante, centrada en sus logros y capacidades.

Quienes ejercen procurarán también no engañarse sobre sus limitaciones:

UKASFP, 2012, p. 3; ASFIO, 2016; EBTA, 2021, p. 4

…quienes ejercen serán conscientes del alcance y de los límites de su formación y de su experiencia, y estarán en disposición de explicitarlo si surge la necesidad (por ejemplo, si se les asigna una situación o tarea que exceda su nivel de competencia)…

Actuar dentro de los límites de sus habilidades y conocimientos y derivar a las personas consultantes a otro u otra profesional cuando sea apropiado.

Quien ejerce reconoce que sus capacidades son limitadas y tiene en cuenta otras posibles limitaciones personales y obstáculos al proceso de ayuda. Los comenta con la persona consultante y le ofrece su ayuda para encontrar otra ayuda profesional si esta promete ser más beneficiosa para ella. Siempre que problemas de salud, creencias personales u otras circunstancias personales puedan detener u obstaculizar el proceso de ayuda, está en disposición de interrumpir el trabajo con la persona consultante.

Esta revisión de los códigos de práctica indica que quienes han tratado de continuar y desarrollar el legado del grupo fundador, adoptando y desarrollando su práctica terapéutica, continúan también su legado moral, expresado en los códigos de práctica a los que han contribuido y a los que ahora se adhieren. Estos códigos exponen los signos y las señales del tipo de conducta virtuosa a la que aspiramos en cuanto profesionales, apoyándonos en el legado del grupo fundador.

Conclusión: ¿un mapa del compromiso ético en la práctica centrada en soluciones?

Comencé este artículo con las dos preguntas de Trish Walsh: «¿Qué mapas tienen las personas profesionales para guiar la acción en la toma de decisiones morales? ¿Cómo se relacionan estos mapas con el proceso de ayuda centrada en soluciones?» (Walsh, 2010, p. 27). Creo haber mostrado que el concepto de práctica de Alasdair MacIntyre, con sus bienes internos y externos, que proporciona el contexto para el desarrollo y el ejercicio de las virtudes y de la acción virtuosa, ofrece la «cartografía» de semejante mapa, una cartografía adoptada por varias profesiones, entre ellas las profesiones terapéuticas (Fitzmaurice, 2010; Higgins, 2010; Sagut, 2015; Sellman, 2011; Sinnicks, 2019.). Al explorar la evolución del SFA en el BFTC, creo haber identificado las principales tradiciones, ideas, habilidades y bienes internos y externos de la práctica.

He presentado el relato o las tradiciones de esta práctica desde su periodo formativo en el Brief Family Therapy Center, durante el cual se perfilaron sus bienes internos clave: la pericia de la persona consultante, la postura de ayuda de quien ejerce, su proceso interactivo de coconstrucción y la centralidad de los objetivos o resultados de la persona consultante. Además, he explorado el papel dinámico que desempeñaron el BFTC y otras instituciones clave (como BRIEF y la ETBA) en el desarrollo de los bienes externos de la práctica, sosteniendo y desarrollando el SFA de modo que hoy tiene un amplio abanico de aplicaciones, más allá del contexto terapéutico en el que surgió. Por último, he mostrado cómo las virtudes clave de MacInytyre —la justicia, la valentía y la honestidad— se manifestaron en la práctica en evolución del BFTC y siguen afirmándose en los códigos de práctica elaborados por las organizaciones que apoyan el SFA en la práctica actual. Con ello creo haber demostrado también la viabilidad y la aplicabilidad del enfoque de la ética de la virtud basado en la práctica de MacIntyre a la práctica centrada en soluciones. Tenemos un esbozo del terreno. Ahora debemos completar los detalles en términos de las virtudes específicas desarrolladas en el contexto de la práctica del SFA. Este será el tema de un artículo posterior.

Investigaciones futuras

Este artículo no es, pues, más que un comienzo, ya que mis exploraciones y argumentos sugieren aquí una agenda de investigación mucho más amplia. El primer lugar por el que empezar es mi propia práctica. Podría llevar a cabo un autoestudio de mi trabajo. Podría llevar a cabo un autoestudio de mi trabajo con un enfoque centrado en soluciones en el desarrollo profesional de cargos intermedios de la administración universitaria (Willis & Jennings, 2015, 2020) para explorar qué virtudes pudieron motivar mi práctica y manifestarse en ella, y si esto facilitó el desarrollo de virtudes en las personas participantes en el programa de desarrollo. Esta investigación autoestudio alimentará el segundo y el tercer ámbito.

El segundo consistirá en estudios empíricos que ofrezcan una visión más general de las virtudes que sostienen a quienes ejercen en su trabajo. Podría obtenerse de tres maneras: a) una revisión extensa de estudios de caso para ver qué virtudes o cualidades de quien ejerce ponen de manifiesto; b) una revisión de entrevistas en las redes sociales para ver qué cualidades y virtudes señalan o muestran quienes ejercen como importantes para la práctica centrada en soluciones; y c) un estudio Delphi entre profesionales de la práctica centrada en soluciones para establecer las cualidades humanas o virtudes que consideran fundamentales para su trabajo.

En tercer lugar, podría explorarse el papel de las conversaciones centradas en soluciones en la formación del carácter de las personas consultantes (Waring, 2016). ¿Qué cualidades personales o virtudes se refuerzan o surgen en las personas consultantes gracias a la interacción centrada en soluciones? ¿Es la conversación centrada en soluciones una forma de «phronesis»?

Un cuarto ámbito de estudio es el papel que desempeñan las instituciones y organizaciones del mundo centrado en soluciones en el mantenimiento y la mejora del bien interno y de las virtudes de la práctica en una gama tan amplia de aplicaciones, el papel que podrían desempeñar en ello los congresos como espacios de aprendizaje (Zuber-Skerritt, 2017) y el impacto de los documentos de orientación clave, como las explicaciones de la práctica centrada en soluciones y los códigos de práctica, entendidos como expresiones, y no como prescripciones, de las virtudes en el ejercicio del SFA.

En quinto y último lugar, ¿cuál es el contexto más amplio y el impacto de las virtudes desarrolladas en la práctica centrada en soluciones? MacIntyre sostiene que las virtudes orientadas a la práctica pasan a formar parte del carácter de una persona cuando se manifiestan en otros ámbitos de su vida y de su comunidad. Miller (2004) sugiere que el enfoque centrado en soluciones podría tener su lugar en las corrientes más afirmativas del posmodernismo, que ven en el declive de los «metarrelatos» la base de una mayor capacidad de acción humana «desde abajo». Me pregunto si el Solution Focused Collective (https://solfocollective.net/) (del que formo parte) y el reciente artículo sobre el «desacuerdo» que escribí en coautoría (Stark et al., 2021) no podrían ser expresiones de ese impacto más amplio.

Todos estos estudios descansan sobre la viabilidad del «mapa» que he presentado. La tarea inmediata es establecer su validez identificando algunas virtudes específicas que promueven los bienes internos de la práctica. Me propongo hacerlo en un artículo posterior, en el que examinaré la afirmación de que el enfoque centrado en soluciones es un enfoque «libre de valores» (Ratner et al., 2012, p. 84) y que, por tanto, no tiene ningún mapa de compromiso moral, y quizá no lo necesite.

Complexe Systémique: puntos clave

Este artículo traza la «cartografía» de la que el segundo artículo de Jennings, El enfoque centrado en soluciones como práctica «rica en virtudes», extrae las virtudes concretas. Tres ideas que conviene retener: una práctica se define por sus bienes internos (aquí, «construir historias progresivas», según Miller), no por una definición abstracta; esos bienes pueden leerse en el relato del BFTC, fase por fase, a través de los seis axiomas de Korman, De Jong y Jordan; y los códigos de práctica no son reglas impuestas desde arriba, sino la expresión de las virtudes en las que se reconocen quienes ejercen. Lo que hace singular al enfoque, para Jennings, es que la persona consultante es copracticante.

Notas

1. MacIntyre later called these internal goods ‘goods of excellence’ (Knight, 1998; Ward, 2017).

2. MacIntyre was later to these ‘goods of effectiveness’ (Knight, 1998 Ward, 2017).

Referencias

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Traducción no oficial al español del artículo original de Brian K. Jennings ‘Mapping’ Moral Engagement in the Solution-Focused Approach Through MacIntyre’s Model of Practice, publicado en Journal of Solution Focused Practices, vol. 6, n.º 1 (2022), doi: 10.59874/001c.75002, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, como se indica al principio de esta página, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Esta es una traducción no oficial del artículo original «‘Mapping’ Moral Engagement in the Solution-Focused Approach Through MacIntyre’s Model of Practice», publicado en Journal of Solution Focused Practices (2022) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Jennings, B. K. (2022). ‘Mapping’ Moral Engagement in the Solution-Focused Approach Through MacIntyre’s Model of Practice. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/mapping-moral-engagement-in-the-solution-focused-approach-through-macintyre-s-model-of-practice (Obra original publicada en 2022 en Journal of Solution Focused Practices, vol. 6, n.º 1 (2022); republicada en 2022 por Journal of Solution Focused Practices, https://journalsfp.org/article/75002)

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