Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Child and Family Studies · Familia
Cuando una hija o un hijo revela en la adolescencia que es trans o de género no binario, ¿cómo aprenden su madre o su padre a apoyarle? El equipo de Shannon L. Dunlap entrevistó en California a 20 jóvenes y a uno de sus progenitores, por separado y al mismo tiempo. Sus relatos muestran un desfase de preparación entre generaciones, un duelo parental a menudo silenciado y grupos de familias que funcionan como un salvavidas sin ser siempre suficientes.
Traducción no oficial al español de “How in God’s Name Are We Going to Navigate This?”: Parent Support for Transgender Adolescents, de Shannon L. Dunlap, Jeremy T. Goldbach, Johanna Olson-Kennedy y Jordan Held, publicado en Journal of Child and Family Studies (Springer) (2023), doi: 10.1007/s10826-023-02649-2, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Las madres y los padres carecían de una hoja de ruta conocida y afirmativa en sus familias y comunidades; por eso, conectar con otras familias de jóvenes trans fue un salvavidas.
Shannon L. Dunlap, Jeremy T. Goldbach, Johanna Olson-Kennedy y Jordan Held
Resumen
La literatura existente ha demostrado claramente que la población adolescente transgénero y de género no binario (TNBA, por sus siglas en inglés) se enfrenta a un estrés extremo vinculado a la gestión de su identidad y su expresión de género en distintos entornos sociales. Además, el apoyo parental es quizá el aspecto más decisivo del apoyo a la población TNBA, y la investigación ha señalado reiteradamente sus beneficios para la salud mental adolescente. Sin embargo, pocos estudios ponen de relieve cómo perciben el apoyo parental adolescentes TNBA y progenitores de una misma familia después de que la persona adolescente revele que es transgénero o no binaria. El presente estudio cualitativo utiliza un enfoque de entrevista basado en el calendario de historia de vida (LHC, por sus siglas en inglés) con 20 díadas formadas por adolescentes TNBA y uno de sus progenitores (40 entrevistas individuales) para explorar cómo perciben unos y otros el apoyo parental y la adaptación relacionados con la identidad de género y la afirmación de género de la persona adolescente. Los resultados arrojan tres conclusiones principales sobre el apoyo parental a adolescentes TNBA. En primer lugar, el tiempo transcurrido entre la revelación a la madre o al padre y la pubertad influía en el apoyo parental y en los procesos de adaptación. En segundo lugar, las madres y los padres que se incorporaron al recorrido de género de su hija o hijo durante la adolescencia lidiaban con sentimientos de duelo y pérdida mientras tomaban decisiones para apoyar su afirmación de género. En muchas de estas familias, los miedos ligados al estigma y el malestar adolescente influyeron en el apoyo parental al recorrido de género. En tercer lugar, las familias carecían de una hoja de ruta conocida y afirmativa en su propio entorno familiar y comunitario y, aunque buscaron apoyo en otras familias de jóvenes trans, para algunas esos recursos de apoyo plantearon dificultades. La investigación futura podrá estudiar con mayor profundidad los complejos factores que impulsan el apoyo y el posible impacto de estos procesos en el bienestar adolescente y parental.
Palabras clave: Transgénero y no binario, Apoyo parental, Adaptación parental, Pérdida ambigua, Salud mental adolescente
Puntos destacados
Adolescentes transgénero y de género no binario (TNBA) presentan disparidades en depresión, suicidalidad, autolesiones, victimización y acceso insuficiente a la atención sanitaria en comparación con sus pares cisgénero (Clark et al., 2013; Nuttbrock et al., 2010; J. Olson et al., 2015; Reisner et al., 2015; Shipherd et al., 2019; Thoma et al., 2019; Toomey et al., 2018; Veale et al., 2017). La literatura que utiliza la teoría del estrés de las minorías (MST, por sus siglas en inglés) (Meyer, 2003) ha establecido con claridad una fuerte relación entre estos resultados y estresores minoritarios como la discriminación y el acoso en múltiples contextos sociales, entre ellos la familia, los pares, la escuela y los sistemas de salud (Delozier et al., 2020; Goldbach & Gibbs, 2017; Kosciw et al., 2018; Meyer, 2003; Testa et al., 2015). Por tanto, el apoyo social es fundamental mientras adolescentes TNBA desarrollan, expresan y gestionan su identidad de género en medio de estresores minoritarios presentes en múltiples contextos sociales (Clark et al., 2013; Meadow, 2011; Simons et al., 2013).
Sobre todo, la familia constituye un sistema decisivo, a la vez de estrés y de apoyo, para toda la población adolescente. A diferencia de las relaciones entre pares, la relación entre progenitores e hijos no es voluntaria, sino que está unida por un vínculo emocional y jurídico condicionado por las expectativas sociales de armonía y camaradería (Becker & Useem, 1942). El desajuste en esta relación puede provocar malestar adolescente y una mala salud mental (p. ej., Collins et al., 1997; Dimler et al., 2016; Steinberg & Morris, 2001), mientras que la confianza, el respeto y la buena sintonía entre progenitores y adolescentes amortiguan los problemas de salud conductual (Armsden & Greenberg, 1987; Ryan et al., 2010). En el caso de adolescentes TNBA, el rechazo de las madres, los padres o las personas cuidadoras principales (en adelante, «progenitores») se ha asociado con el malestar psicológico (Bockting et al., 2016), mientras que el apoyo parental parece aliviar el malestar y reforzar el autoconcepto de toda la población adolescente (Meadow, 2011; Ryan et al., 2009, 2010). Expresar una disconformidad de género o salir del armario como persona transgénero se asocia a menudo con el aislamiento respecto de unos sistemas de apoyo familiar que no están preparados para brindar apoyo (Burgess, 2000). Este apoyo es fundamental porque un alto apoyo parental protege frente al estigma social y frente al malestar psicológico, como la depresión y la ansiedad (Bockting et al., 2016; Grossman et al., 2021; Simons et al., 2013), especialmente durante el desarrollo temprano de la identidad de género (trans) (Olson et al., 2016). Pese al amplio consenso sobre la importancia del apoyo parental en la vida de adolescentes TNBA, hasta la fecha la investigación sobre este apoyo se ha centrado en sus aspectos funcionales, como utilizar los pronombres correctos, facilitar el acceso a la atención médica y a otros apoyos relacionados con la transición (Hale et al., 2021; Johnson et al., 2020), informarse e informar a otras personas, brindar apoyo emocional y expresar amor y afecto (Hale et al., 2021).
En efecto, todas las madres y todos los padres ejercen la crianza en medio de las expectativas que fijan sus propios sistemas de apoyo social y sus marcos culturales, religiosos y sociales. Pero estos contextos pueden plantear dificultades particulares a las familias de adolescentes TNBA, que intentan al mismo tiempo acompañar la identidad de género y la afirmación de su hija o hijo frente a normas y expectativas sociales cisgénero, sin una hoja de ruta clara que seguir. Muchas madres y muchos padres de adolescentes trans atraviesan etapas de duelo al desprenderse de la idea que tenían de quién es y quién llegará a ser su hija o hijo (McGuire et al., 2016; Meadows, 2011), e incluso llegan a sentirse responsables (Riley et al., 2011), mientras se familiarizan con la identidad afirmada de su hija o hijo y se adaptan a ella (McGuire et al., 2016; Meadows, 2011; Olson et al., 2011). Durante este periodo, los progenitores pueden vivir aislamiento, exclusión, marginación y acoso (Riley et al., 2011). Aun cuando la persona adolescente desarrolla la autoeficacia necesaria para cuestionar los supuestos fijos asociados a su género, las madres y los padres viven su propia confusión y su propia adaptación (Olson et al., 2011; Simons et al., 2013). Sin embargo, se sabe poco sobre cómo afrontan las familias la crianza de una hija o un hijo transgénero y sobre los factores que influyen en su capacidad de brindar apoyo, sean cuales sean sus buenas intenciones. Comprender el apoyo y la adaptación parentales en los distintos contextos sociales es necesario si queremos desarrollar intervenciones que apoyen no solo a adolescentes TNBA, sino también a sus progenitores, que desempeñan sin duda un papel decisivo en su bienestar.
La mayor parte de la investigación sobre el apoyo parental a adolescentes TNBA se ha centrado en los progenitores o en adolescentes, pero no en ambas perspectivas dentro de una misma familia. La escasa investigación disponible ha explorado por separado un conjunto limitado de temas, entre ellos (a) la reacción inicial de los progenitores ante la revelación y su adaptación (Alegría, 2018; Grossman et al., 2006, 2021; Sansfaçon et al., 2020); (b) las experiencias de la juventud ante las reacciones de sus progenitores (Meadow, 2011; Simons et al., 2013); o (c) los comportamientos de apoyo desde la perspectiva de adolescentes y progenitores (Hale et al., 2021). Así, siguen sin estudiarse lo suficiente las siguientes lagunas: (a) las percepciones de adolescentes TNBA y de sus progenitores sobre los comportamientos y procesos de apoyo parental dentro de una misma familia, (b) la adaptación de los progenitores y lo que les motiva a apoyar a su adolescente TNBA y (c) la búsqueda de apoyo por parte de los progenitores después de que su hija o hijo se declare trans. Mediante un diseño de investigación cualitativa narrativa y un enfoque de entrevista basado en el calendario de historia de vida (LHC), el presente estudio se propuso explorar el apoyo parental desde la perspectiva de progenitores y adolescentes trans de una misma familia. Las siguientes preguntas de investigación guiaron este estudio exploratorio: (a) ¿Cómo se manifiesta el apoyo parental a la afirmación de género de adolescentes TNBA desde la perspectiva de adolescentes trans y de sus progenitores? y (b) ¿Cómo recorren las madres y los padres de adolescentes TNBA el camino hacia el apoyo a su hija o hijo trans? Esta investigación puede contribuir a explicar procesos familiares importantes capaces de orientar tanto la investigación futura como el desarrollo de intervenciones centradas en la familia y fundamentadas teóricamente.
El presente estudio utilizó un enfoque narrativo para la recogida y el análisis de datos diádicos procedentes de entrevistas cualitativas LHC individuales y simultáneas con adolescentes trans y sus progenitores. La investigación define a dos personas como una díada «cuando las relaciones íntimas y cara a cara entre ellas han persistido durante un tiempo suficiente para que se establezca un patrón discernible de personalidades en interacción» (Becker & Useem, 1942, p. 13). La recogida de datos con díadas formadas por progenitores e hijos minimiza el sesgo de subjetividad y mejora la comprensión al reunir dos perspectivas de un fenómeno compartido (Thompson & Walker, 1982). Las entrevistas diádicas ofrecieron la oportunidad de explorar y comprender en profundidad las perspectivas divergentes y coincidentes de adolescentes TNBA y de sus progenitores sobre el fenómeno del apoyo parental. Además, recurrir a dos entrevistadoras o entrevistadores para realizar por separado y de forma simultánea las entrevistas a progenitores y adolescentes limitó la contaminación de un miembro de la díada al otro y, por tanto, mejoró la fiabilidad de nuestros datos. Dentro de un enfoque narrativo, utilizamos las entrevistas LHC para explorar el contexto y las transiciones importantes de los procesos de apoyo parental a lo largo del recorrido de género de adolescentes TNBA.
Antes del estudio, la investigadora principal (IP) pasó un año en nuestros tres centros de reclutamiento reuniéndose con familias de jóvenes trans en edad adulta, con jóvenes trans en edad adulta y con profesionales clínicos para comprender las necesidades de adolescentes TNBA y de sus progenitores, así como sus experiencias previas con la investigación, y para generar sintonía y confianza. Las díadas formadas por adolescentes TNBA y uno de sus progenitores (N = 20 díadas) se reclutaron de forma intencional en estos tres centros del sur de California: (a) una clínica de salud infantil y adolescente especializada en personas trans, (b) un grupo de apoyo para familias transgénero y (c) un centro LGBTQ. Se colocaron folletos del estudio en las oficinas de gestión de casos de estos centros, y las personas que facilitaban los grupos de familias aprobaron los folletos y los publicaron en las listas de distribución de sus grupos de apoyo. Durante el proceso de reclutamiento, la investigadora principal (IP) presentó el estudio y respondió a preguntas al comienzo de varias reuniones de grupos de apoyo para adolescentes y familias, así como durante el horario de atención libre de un espacio juvenil de un centro LGBTQ. Las familias y adolescentes con interés llamaron, enviaron mensajes o escribieron por correo electrónico a la IP, que realizó un breve cribado para determinar si cumplían los criterios. La IP y cada díada acordaron una hora para reunirse en un lugar cómodo de su elección, ya fuera el domicilio familiar (n = 16) o despachos privados de la universidad (n = 4), para realizar las entrevistas por separado pero de forma simultánea. Las entrevistas tuvieron lugar entre 2017 y 2019.
El presente estudio fue aprobado por el Comité de Ética Institucional General Norte de la UCLA (NGIRB). La IP y profesionales del trabajo social con formación de máster (MSW) realizaron las entrevistas separadas y simultáneas con las díadas, con la IP y una persona entrevistadora con formación MSW en cada entrevista diádica. Reconociendo que en la investigación cualitativa la persona investigadora es el instrumento principal, la IP alternaba a quién entrevistaba (progenitor o adolescente) en cada entrevista diádica para reforzar la fiabilidad y minimizar el posible sesgo de la persona entrevistadora. En dos familias, por razones de agenda y de disponibilidad de una segunda persona entrevistadora, la IP entrevistó por separado a ambos miembros de la díada en dos días consecutivos. Para estas dos díadas, la IP no pudo controlar la contaminación de un miembro de la díada al otro; no obstante, redactó notas de campo detalladas para tener presente y minimizar cualquier uso de preguntas inductoras derivadas de lo que ya sabía por la entrevista del otro miembro de la díada.
Antes del inicio de cada entrevista, las dos personas entrevistadoras se reunieron con la díada para el proceso de consentimiento informado verbal con progenitores y adolescentes. Tras realizar juntos el proceso de consentimiento informado con la díada, la IP y la otra persona entrevistadora se separaron en dos espacios individuales para realizar las entrevistas separadas y simultáneas. A continuación, obtuvimos el asentimiento verbal de cada participante por separado antes de la entrevista, para darle la oportunidad de plantear preguntas de forma independiente y decidir si deseaba participar a título individual. Cada miembro de las díadas aceptó participar y ser grabado en audio para el estudio. Inmediatamente después del consentimiento y el asentimiento informados, las personas entrevistadoras encendieron una grabadora y realizaron entrevistas individuales separadas y simultáneas con adolescentes (n = 20) y sus progenitores (n = 20). Las entrevistas duraron entre 90 min y 3 h.
Las personas participantes adolescentes transgénero (a) tenían entre 12 y 17 años; (b) se identificaban como transgénero, no binarias o de un género distinto del sexo asignado al nacer; y (c) habían iniciado bloqueadores de la pubertad u hormonas de afirmación de género en los 12 meses anteriores a la entrevista. «Progenitor» designa a la persona cuidadora más implicada en la atención sanitaria trans y en la atención de salud mental de la persona adolescente. El presente estudio reclutó a los progenitores más implicados en la atención médica trans específica de su hija o hijo, partiendo del supuesto de que podían tener un mayor conocimiento de sus procesos de afirmación de género. Cuando ambos progenitores participaban en la atención trans específica, se animó a los padres a participar porque, a lo largo del reclutamiento, se presentaron voluntariamente más madres que padres. Todas las personas participantes hablaban inglés y dieron el consentimiento parental verbal y el asentimiento juvenil.
Nos apoyamos en el método del calendario de historia de vida (LHC) para organizar los procesos de entrevista (Baltes et al., 1980). En investigación, la orientación del curso de vida para estudiar las experiencias y el desarrollo humanos puede aplicarse a toda la vida o a periodos evolutivos concretos como la adolescencia (Baltes et al., 1980). Además, esta perspectiva del curso de vida encajaba con nuestro enfoque narrativo de la recogida y el análisis de datos cualitativos, porque el LHC como herramienta nos permitió explorar la afirmación de género adolescente y el apoyo parental como una serie de acontecimientos que se entrecruzan en el tiempo y se producen en un amplio abanico de ámbitos (en este estudio, principalmente la familia, la escuela, la atención sanitaria y la comunidad cultural) (Yoshihama et al., 2005). Cada LHC se adaptó al ciclo vital de la persona adolescente (desde el nacimiento hasta la edad actual). Las preguntas de nuestra entrevista LHC abordaban temas (p. ej., revelaciones, apoyo, expresión, afirmación, conexión comunitaria) dentro de cada ámbito, y se organizaban también temporalmente según la edad de la persona adolescente y el calendario escolar (de otoño a verano) (Yoshihama et al., 2005), ya que las familias situaban de forma más natural sus experiencias dentro de cada ámbito mediante estos aspectos temporales de la vida. El LHC del presente estudio tenía tamaño póster y estaba plastificado para poder escribir sobre él durante la entrevista (es decir, con rotulador borrable). Se invitó a las personas participantes a anotar acontecimientos en el calendario durante la entrevista para ayudar a conectar visual y cognitivamente las experiencias temporales e interseccionales (Freedman et al., 1988).
Cada entrevista LHC comenzaba con un hito o con una pregunta sobre un acontecimiento concreto planteada por la persona entrevistadora para iniciar la entrevista. Esta pregunta es una estrategia de recogida de datos cualitativos que se utiliza para animar a las personas participantes a reflexionar sobre un momento emotivo o memorable de su vida (Fiese and Spagnola, 2005; Yoshihama et al., 2005). Las personas entrevistadoras iniciaron la entrevista LHC principal con cada participante mediante la misma pregunta sobre un acontecimiento concreto, ligeramente adaptada para adolescentes y progenitores: «Pensando en la primera infancia, ¿qué experiencia o recuerdo le resulta más memorable? Hay quien piensa en un cumpleaños concreto, en una mudanza o en un momento de la escuela primaria (o, en el caso de madres y padres, en un momento del embarazo o de la llegada de su hija o hijo a su vida). Puede estar relacionado con su género (o el de su hija o hijo), pero no tiene por qué. ¿Qué le viene a la mente?». Las personas entrevistadoras utilizaron esta experiencia temprana para anclar el calendario en un recuerdo temprano destacado, lo que les permitía avanzar y retroceder con fluidez para comprender el desarrollo y los cambios a lo largo del tiempo a partir de ese acontecimiento inicial. En el presente estudio, utilizar un enfoque LHC para comprender las perspectivas de adolescentes TNBA y de sus progenitores sobre la identidad y la afirmación de género adolescentes fue importante por dos razones. En primer lugar, permitió identificar procesos clave de la infancia que conforman las experiencias y percepciones durante la adolescencia. En segundo lugar, permitió a la persona entrevistadora reunir información importante desde dos perspectivas singulares durante la adolescencia, lo que profundizó nuestra comprensión del estrés, el apoyo y el bienestar en la relación entre adolescentes trans y progenitores.
La IP transcribió palabra por palabra cada una de las 40 entrevistas grabadas en audio con el software de transcripción Express Scribe. Utilizamos un enfoque narrativo para comprender las experiencias vividas de adolescentes TNBA y de sus progenitores en el contexto de la revelación y la afirmación de género. Este enfoque era necesario porque nos ayudaba a conectar los relatos tanto en el tiempo como en el contexto de fases significativas del recorrido de género de las familias. Las notas de primera impresión sobre los archivos de audio transcritos, cargados en ATLAS.ti 8, aportaron información crucial sobre las ideas iniciales relativas a cada entrevista (Creswell, 2013). Una codificación inductiva línea por línea, incluida la codificación in vivo, combinada con una codificación deductiva a priori derivada de los ámbitos de la entrevista LHC, guio el proceso inicial de codificación de las dos primeras entrevistas diádicas (cuatro entrevistas individuales). Los códigos se asignaron a segmentos de texto para comprender cómo vivían las personas un fenómeno (Eisikovits & Koren, 2010). Para garantizar el rigor y la fiabilidad se recurrió a la verificación entre codificadores y a discusiones entre dos personas codificadoras independientes y la IP sobre las dos primeras transcripciones diádicas. Utilizamos notas analíticas, tal como las describen Miles et al. (2014), para profundizar la comprensión interpretativa de los códigos y de la manera en que podían agruparse. Tras las discusiones entre codificadores, elaboramos un libro de códigos con definiciones y reglas de codificación para las transcripciones restantes. Además, a medida que avanzaba la codificación, las definiciones de algunos códigos cambiaron ligeramente para dar cuenta de fenómenos adicionales. Volvimos a las transcripciones anteriores para determinar si los códigos recién definidos se aplicaban a datos ya codificados, y de qué manera, y verificamos después su relevancia.
Utilizamos la codificación axial para determinar la relevancia y el significado conceptual de los códigos relacionados con el estrés de las minorías, el apoyo parental y la afirmación de género adolescente (Boyatzis, 1998; Malterud, 2001); los códigos se agruparon en ámbitos más amplios y significativos según sus similitudes conceptuales y su significado. Nuestro libro de códigos inicial arrojó 222 códigos y 15 ámbitos analíticos. A lo largo del proceso de análisis, el libro de códigos final quedó en 42 códigos y 6 ámbitos. Mediante las notas, estos ámbitos se agruparon en temas relevantes que se ajustaban a los datos del conjunto de transcripciones y daban sentido a las experiencias vividas a lo largo del tiempo (Creswell, 2013; Miles et al., 2014).
Utilizamos el libro de códigos individual y los códigos, junto con las notas, para elaborar una hoja de cálculo de las similitudes y diferencias descriptivas e interpretativas dentro de las díadas y entre ellas (Eisikovits & Koren, 2010). Después, como método para comprender la díada como unidad de análisis, comparamos las perspectivas de adolescentes y progenitores sobre cada ámbito y redactamos notas interpretativas y temáticas. En cada nota exploramos las similitudes y diferencias en las percepciones del apoyo parental en los distintos ámbitos de la vida (Eisikovits & Koren, 2010). Los temas se organizaron según el momento (antes y después de la pubertad; antes y después de la revelación a los progenitores). También recogimos estas experiencias según tres periodos del desarrollo (primaria, secundaria inicial y bachillerato). Revisamos los temas derivados de los datos para determinar la centralidad del apoyo parental y de la afirmación de género adolescente. La estructura del calendario ofreció un método organizado para identificar procesos de apoyo concretos a lo largo del tiempo y para identificar similitudes y diferencias dentro de las díadas. Las coincidencias y divergencias dentro de una díada no implican conexión ni desconexión entre adolescentes y progenitores (Eisikovits & Koren, 2010). Por ello, se prestó especial atención a la manera en que las personas participantes describían e interpretaban los fenómenos (Eisikovits & Koren, 2010). La comprensión narrativa de los resultados incluyó citas de las personas participantes como método para construir relatos ricos y descriptivos de las experiencias vividas (Miles et al., 2014).
La IP es una mujer blanca, con estudios superiores y cisgénero, que también es madre. La IP trabajó durante más de 15 años como trabajadora social e investigadora con jóvenes sin hogar, en salud mental infantil y familiar, con jóvenes LGBTQ, con jóvenes transgénero y con mujeres jóvenes LGBT y embarazadas que viven con el VIH. Todas las personas entrevistadoras con formación MSW/LCSW trabajaban en el ámbito de la salud mental (n = 4) y en el de la salud y la salud mental LGBTQA+ y trans específicas (n = 3). Puesto que nuestras experiencias vividas y nuestras identidades influyen en nuestra mirada y en nuestra forma de representar, nos pareció importante señalar que las personas entrevistadoras MSW/LCSW eran blancas (n = 3), cisgénero (n = 2), transgénero o no binarias (n = 2), negras (n = 1), LGBTQA+ (n = 3) y madre o padre (n = 1). Una de las personas coautoras entrevistó a díadas y trabajó con la IP en el análisis de los datos de este artículo. Si bien nuestras miradas y experiencias colectivas orientaron nuestras preguntas de investigación, nuestros métodos determinaron cómo comprendimos y analizamos los datos de las entrevistas. También utilizamos registros de auditoría para dar transparencia a estos métodos de investigación (Creswell, 2013). Para ello, la IP documentó cada etapa del proceso de entrevista, llevó notas de campo detalladas, garantizó el almacenamiento seguro de las entrevistas transcritas y conservó las notas analíticas. Las personas coautoras se reunieron periódicamente para asegurar el rigor analítico de nuestro proceso de análisis diádico y discutieron la relación de los resultados con el conocimiento teórico y sustantivo.
Las familias que participaron en este estudio vivían en el sur de California. Los 20 progenitores incluidos en el presente análisis habían dado previamente su consentimiento para la atención sanitaria de afirmación de género de su hija o hijo, incluidos los bloqueadores hormonales o las hormonas de afirmación de género. La mayoría de los progenitores entrevistados se identificaban como blancos (65%, n = 13) y eran madres (80%, n = 16). Entre adolescentes TNBA, el 60% eran personas transmasculinas (n = 12), y el 15% (n = 3) se identificaban como no binarias (véase la tabla 1). Las personas participantes señalaron la importancia de la atención de salud mental y del sistema educativo como componentes importantes de los sistemas de apoyo de adolescentes TNBA y de sus progenitores. Si bien la mayoría asistía a la escuela pública ordinaria (n = 11) o a centros privados (n = 2), cinco participantes seguían programas de educación en casa o de estudio independiente y dos residían en centros escolares terapéuticos de otro estado. La mitad de las personas adolescentes entrevistadas (n = 10) contaban con un IEP o un plan 504 de adaptaciones para el aprendizaje y para necesidades conductuales o emocionales. En cuanto a la salud mental, nueve (45%) de las personas adolescentes entrevistadas refirieron un intento de suicidio previo, y 5 de ellas revelaron hospitalizaciones psiquiátricas anteriores. En nuestra muestra, 8 de las 9 que refirieron un intento de suicidio previo se lo habían revelado a sus progenitores después de la pubertad, y todos los intentos de suicidio se habían producido, según lo referido, antes de las intervenciones de afirmación de género (es decir, bloqueadores de la pubertad u hormonas). Las necesidades educativas y de salud mental de adolescentes trans son cada vez más complejas, y la atención a la salud mental adolescente es fundamental, aunque queda fuera del alcance del presente artículo. Aun así, no puede subestimarse la importancia de situar el apoyo parental en un contexto más amplio de apoyo educativo, salud mental y clima social.
Tabla 1 — Características sociodemográficas de las personas participantes
Frecuencias, n (%).
En el contexto de este estudio, la revelación y la pubertad fueron dos hitos importantes vividos por las díadas. En cinco familias, los progenitores sabían que su hija era trans desde tercero de primaria, y las cinco eran chicas trans. Las 15 familias restantes incluían adolescentes que revelaron a sus progenitores que eran trans durante la pubertad. El apoyo parental se producía en medio de normas sociales y dentro de sistemas comunitarios y familiares que no solían ofrecer un camino para comprender la variabilidad de género adolescente como algo habitual. Identificamos dos temas que abarcaban la manera en que adolescentes TNBA y progenitores vivieron los procesos de apoyo parental a la afirmación de género adolescente (véase la tabla 2): (1) el desfase de conocimientos y de preparación entre progenitores y adolescentes; y (2) los progenitores se adaptan (en silencio) al proceso de afirmación de la identidad de género de su hija o hijo mientras se convierten en (súper) apoyos.
Tabla 2 — Temas y subtemas de las entrevistas diádicas con adolescentes (n = 20) y progenitores (n = 20)
El desfase de conocimientos y de preparación designa la distancia, en conocimientos sobre lo trans y en preparación para la afirmación de género adolescente, entre progenitores y adolescentes después de que estos revelaran a su madre o a su padre que eran trans. El tiempo transcurrido entre la revelación de la identidad de género y la pubertad influía en ese desfase y, en última instancia, en los procesos de apoyo parental. En este tema identificamos los siguientes subtemas: (a) «Nadie te da el manual para esto»: progenitores que intentan comprender y ponerse al día; (b) «Estaba harta de escuchar a todo el mundo»: los progenitores recurren a fuentes de conocimiento y de apoyo conocidas; y (c) «La gente se daba cuenta y hacía algo al respecto»: las ventajas de tener tiempo.
En las díadas cuya persona adolescente había hecho la revelación durante la pubertad o después, progenitores y adolescentes TNBA partían a menudo de puntos distintos respecto a la afirmación de género. Cuando la revelación se había producido en la primera infancia, antes de la pubertad, las díadas tendían a recorrer al unísono la afirmación de género adolescente. Quienes revelaron a sus progenitores que eran trans durante la adolescencia habían pasado meses o años antes de la revelación explorando su identidad en términos de género y sexualidad, adquiriendo conocimientos específicos sobre lo trans y conectando con relatos trans conocidos en internet. Tras la revelación, las madres y los padres no estaban preparados, se sentían confundidos y asustados, esperaban el rechazo de otros miembros de la familia y de la comunidad, y carecían de conocimientos ante un camino desconocido para apoyar a su hija o hijo.
La adolescente G, una joven trans de 16 años, salió del armario ante su madre después de que su cuerpo empezara a cambiar durante la pubertad. La madre de la adolescente G relacionaba la disforia de su hija con el desarrollo corporal propio de la pubertad masculina y con el estrés de esperar la mudanza de la Costa Este a la Costa Oeste para poder dar a su hija la oportunidad de hacer la transición. Aquí, la madre utilizaba pronombres masculinos para referirse a su hija, lo que podía reflejar sus complejas percepciones y apegos respecto al papel asignado de su hija como su hijo y a su papel ahora afirmado como su hija. «Le dije que tuviera paciencia y que teníamos que hablar, y le dije: “Mira, podemos irnos a otro sitio, mudarnos a otro estado completamente nuevo y allí podrías empezar a vivir como mujer. Podrías empezar tu vida allí como chica”».
La adolescente G recordaba su sensación de urgencia por avanzar en su afirmación de género y en su atención médica, y el malestar ligado a la espera.
Aunque ya he salido del armario, siento que lo hice demasiado tarde. Porque quería hacerlo antes de la pubertad. No quería tener, o sea, la voz y los pies grandes, los brazos grandes; es que no quería nada de eso. Pero luego, a medida que crecía, me hice más alta, crecí, y yo no quería crecer.
El adolescente A, un joven trans de 15 años, se lo reveló a sus progenitores después de que su cuerpo empezara a cambiar con la pubertad femenina. La madre del adolescente A carecía de una hoja de ruta conocida sobre cómo apoyar la afirmación de género de su hijo.
Nadie te da el manual para esto, pero lo único que sé es que quiero que mi hijo sea feliz, que es lo que quiere cualquier madre o padre. Solo quiero un hijo vivo y feliz. Y, ¿sabe?, prefiero mil veces tener a [adolescente A] feliz y vivo que a [nombre de nacimiento del adolescente] muerto. Eso ha sido lo más importante para mí, ese ha sido mi lema en cada paso que hemos dado. Y no es que me oponga, pero independientemente de lo que sienta por la pérdida.
Esta madre se preguntaba cómo apoyar a su hijo en medio de miedos, sentimientos de pérdida y falta de conocimientos sobre lo trans y, al mismo tiempo, sentía la urgencia de aliviar la disforia de su hijo y de protegerlo del riesgo suicida. En el periodo previo a la revelación, el adolescente A había adquirido conocimientos sobre lo trans y se sentía preparado para la transición; por ello, el desfase de conocimientos y de preparación era muy marcado.
Sí, yo ya había investigado sobre esto antes, y cuando por fin lo asumí, bueno, no lo asumí con mis padres, pero a esas alturas me sorprendió que no supieran nada de estas cosas. Como había pasado tanto tiempo solo en internet, pensaba que todo el mundo lo sabría. (Adolescente A)
La madre de E (14 años, agénero) explicó cómo la urgencia de su hijo por ser reconocido en su identidad amplificó aún más la incertidumbre de la madre y del padre. Al mismo tiempo, se aislaban de sus sistemas de apoyo, intentaban usar nuevos pronombres y sopesaban la decisión de empezar con las hormonas. Su malestar inicial como madre y padre se veía agravado, en parte, por la falta de conocimientos sobre la atención sanitaria de afirmación de género, por su propia vivencia de la pérdida y por el temor a que las hormonas fueran un error. Como la madre de la adolescente G, la madre de E utilizaba el pronombre «ella», lo que podía reflejar su complejo apego a dos géneros que, para ella, representaban a su hijo:
Nos corregía constantemente. Y yo le decía: «Vale, lo estamos intentando, lo estamos intentando, intentando». Y era muy, muy duro. Y, claro, no se lo cuentas a nadie. Quiero decir, [nombre del marido] y yo pasamos nuestros propios tres o cuatro meses de depresión total y no hablamos con nadie. Y todo el mundo no paraba de decirnos que [hace falta] tiempo y que teníamos apoyo. Y entonces llegamos a la conclusión de que teníamos que dejar de mirarnos el ombligo, que no se trata de nosotros. Se trata de mantener a nuestro hijo a salvo y con vida.
A falta de una hoja de ruta conocida que les ayudara a comprender y aceptar el recorrido de género de su hijo, fue en última instancia el miedo por su seguridad lo que llevó a esta madre y a este padre a dar el primer paso hacia la afirmación de ese recorrido. Al mismo tiempo, les preocupaba mucho que su hijo empezara con la testosterona. Aunque sí habían dado su consentimiento para los bloqueadores que detienen el avance de la pubertad, en el momento de la entrevista la madre de E se preguntaba si la testosterona era el siguiente paso adecuado en la vida de su hijo.
Sabe que le apoyaremos en lo que sea, al 100%. Pero a nosotros nos da un poco de miedo precipitarnos, porque él dice: «¿Cuándo podemos volver a ver a [nombre de la persona especialista en género]?» y «¿Cuándo me pueden poner la T? ¿Cuándo podemos empezar? ¿Cuándo podemos empezar?». Y nosotros: «Espera un poco». Y luego se empieza a deprimir cuando no avanzamos a toda máquina. Porque como padres tenemos que estar seguros, porque si por lo que sea esto es un error, la testosterona no tiene vuelta atrás. Y entonces te quedas con la voz grave y el vello en la cara. Es una decisión importante. Y sé que está deprimido y que la disforia es realmente horrible, es espantosa, y no podemos dejar que nos presionen como padres, tenemos que ser responsables. Es muy difícil.
Al principio, el adolescente E sintió alivio al detener el avance de su pubertad femenina y, al mismo tiempo, relacionaba el retraso en empezar con la testosterona, y por tanto con la pubertad masculina, con un malestar creciente.
Esperaba que mi transición fuera mucho más rápida y empezar con la T mucho antes. Porque hace poco me acordé de cómo, cuando tuvimos las dos primeras citas con [nombre de la persona especialista en género], sobre los bloqueadores y la testosterona y todo eso, al principio teníamos pensado empezar con bloqueadores y una dosis muy pequeña de testosterona. Pero luego decidimos no hacerlo. Más o menos fueron mis padres quienes me convencieron de no empezar con la testosterona enseguida y empezar dentro de un año. Pero no aguanto estar mucho tiempo sin testosterona. Me pone muy mal no estar pasando por nada.
Los progenitores contaron que buscaban apoyo en su comunidad de confianza, familia y amistades, para elaborar sus decisiones y sus vivencias mientras acompañaban la afirmación de género social y médica de su hija o hijo. Sin embargo, algunas madres y algunos padres se sintieron rechazados, juzgados y aislados dentro de una red cercana de apoyo cuyos supuestos conocimientos no se traducían en empatía ni en apertura hacia los procesos de afirmación de género social y médica de adolescentes TNBA.
La madre del adolescente M (joven trans de 15 años) criaba sola a su hijo y describía a sus amistades como personas informadas pero sin comprensión.
Me pasa con amigos de toda la vida, ¿sabe? O sea, la gente con la que tengo amistad está bastante informada, pero nadie lo entiende de verdad. Me dicen: «¿Estás segura?». Lo de la cirugía de pecho asusta a todo el mundo, en plan: «¿Lo dices en serio?». O sea, me dicen: «¿Estás de broma?». ¿Sabe?, no entienden que es una cuestión de salud, no es una cuestión social; todo queda aplastado bajo la parte del estigma social, y no es eso. Recibo muchas cosas negativas, del tipo: «Eres una madre horrible».
Su hijo, el adolescente M, que tenía 15 años y se identificaba como chico trans, comprendía el impacto de la cirugía y de la afirmación de género en su bienestar. También reconocía que, aunque la cirugía no curaría su disforia, sí supondría una diferencia significativa y positiva para su bienestar.
Creo que siempre voy a tener disforia por algunas cosas. Como mi altura y, con el tiempo, tendré cicatrices, pero no creo que sea insoportable; será algo con lo que viva y ya está. No creo que sea incapacitante como lo ha sido en el pasado. Estará bien, ¿sabe? Mi terapeuta dice que [la disforia] desaparecerá. Yo no me lo creo. Simplemente será menor.
La madre del adolescente M tuvo que defender las intervenciones médicas que buscaba para garantizar la salud de su hijo y aliviar su malestar. Del mismo modo, la madre de la adolescente G se preguntaba cómo apoyar la afirmación de género de su hija sin una hoja de ruta conocida que seguir. La madre de la adolescente G se identificaba como lesbiana, había sido madre joven y sola, y había criado a sus hijos en una familia puertorriqueña con fuertes vínculos intergeneracionales.
Y mi madre tiene tantos prejuicios, ¿sabe? «Vale, tú eres lesbiana, eso está bien. Y si él hubiera sido simplemente un gay normal»; como dice ella: «¿Por qué no puede ser un chico gay normal, ya sabes, un chico gay normal que se viste de hombre pero al que le gustan los hombres?». Y yo le digo: «No se trata de qué tipo de gay quieres que sea. Esa no es su vida». [La madre de la madre decía]: «Es demasiado joven, no sabe lo que quiere. Los adolescentes no saben lo que quieren ser. Espera a que sea mayor, y que tome esa decisión cuando tenga 18 años, sea adulto y se vaya de casa». Estaba harta de escuchar a todo el mundo. Porque a esas alturas tenía tantos remordimientos. Pienso: madre mía, si me hubiera hecho caso a mí misma, podría haber hecho la transición antes y no habría tenido que pasar por esa etapa de odiar su cuerpo, y quizá no tendría todos esos rasgos masculinos que odia de sí mismo. ¿Sabe?, me arrepiento. Me arrepiento de no haber pensado por mí misma.
Recurrió a una fuente de apoyo conocida, su madre, que rechazaba la idea de que su nieta fuera trans y tuviera edad suficiente para saber lo que necesitaba. Sin acceso a conocimientos ni a apoyos afirmativos de lo trans en su familia y en su comunidad, esta madre no tenía claro qué pasos dar para apoyar a su hija. Finalmente, cruzó el país para ofrecer a su hija un camino hacia la transición. La adolescente G sentía que su afirmación de género había llegado demasiado tarde y, al mismo tiempo, comprendía la presión que había vivido su madre en el proceso de apoyo.
Siento que no debería ser culpa suya, porque yo no… no le tocaba a ella hacer eso, ¿sabe? Pero sentía que… ay, Dios, voy a llorar, pero [llora]… es que no quiero hacerle sentir que fue culpa suya que yo lo hiciera tan tarde. … Tuvo hijos muy joven, tuvo que dejar los estudios, tuvo que tener tres trabajos. Y sentía que eso no era culpa suya.
Mientras que algunos sistemas de apoyo obstaculizaban el apoyo parental, otros, como las propias personas adolescentes TNBA, ofrecían una hoja de ruta para apoyar. La persona adolescente I era no binaria, tenía 16 años y usaba el pronombre neutro (they/them) durante la entrevista, aunque en público y en su familia utilizaba pronombres masculinos (he/him). Se había criado en Estados Unidos; su madre se había criado en otro país, y su padre, criado en Estados Unidos, había fallecido 3 años antes de la entrevista. La disposición de su madre a consentir la testosterona estaba condicionada por la falta de información fácilmente accesible y culturalmente significativa sobre lo que significa ser transgénero y sobre los procesos de afirmación de género.
Entonces, médico prepara para la testosterona. Creo que en octubre fuimos segunda vez y creo que [nombre del médico] dijo: «Entonces, ¿está lista para empezar?». Y yo no estaba. Doctor explicó que como él es menor de edad, yo tengo que firmar. «Así que, cuando esté lista, puede empezar, y creo que es saludable». Y yo dije: «No puedo hacerlo esta vez, ahora mismo». En noviembre estaba lista, pero es que algo [la testosterona] que él inyecta y, eh, me da miedo. No sé. Es un medicamento, pero como cambia su cuerpo, no sé. Le dije a mi terapeuta, como: «Ya casi estoy, pero falta otro 10%». No sé, quizá si mi marido estar aquí, diciendo: «Vamos». Hablé con mi familia y amigos, pero creo que no lo entienden. (Madre de I)
La persona adolescente I temía que las dudas y la confusión de su madre aumentaran si sabía que era no binaria. Representar un género masculino binario fue la manera en que guio a su madre hacia el consentimiento para la testosterona.
Es que, como yo soy de género queer, o sea, en su intento de llegar a entender qué era ser trans y, o sea, por qué me siento un chico, pues no le cuento mucho esas cosas porque no quiero confundirla más. Así que, antes de empezar con la T, no quería contarle que me siento, o sea, entre los dos polos del binario, porque es como: ¿y si eso le hace dudar, como: «¿La T es un buen camino para ti?»?
Mientras esta madre se preguntaba cuál era la mejor manera de apoyar a su hija o hijo, tenía que gestionar consejos contradictorios procedentes de fuentes de confianza muy distintas: (a) el personal médico, que tenía conocimientos específicos sobre lo trans y consideraba que la persona adolescente estaba preparada y que era seguro; (b) amistades y familiares que representaban su cultura pero a quienes no percibía como fuentes informadas de conocimiento y apoyo en materia trans; y (c) la propia persona adolescente I, que estaba informada y cuyo riesgo suicida y cuya representación binaria del género la impulsaron a apoyar su afirmación de género.
El adolescente D, un joven trans de 15 años, esperaba empezar con la testosterona inmediatamente después de revelar a su madre que era trans, pero ella no estaba preparada para esa etapa de su recorrido de género.
Al principio no estaba del todo de acuerdo con la idea. O sea, era como: «Ah, espera, ¿qué? Vamos a informarnos sobre esto». Era frustrante, porque yo quería las cosas inmediatas; o sea, esperaba contárselo a mis padres y que al día siguiente me pusieran mi primera inyección de testosterona.
Aunque él tenía claro su género, a su madre le costaba la ambigüedad de que su hijo fuera transgénero. Sin un camino conocido, la madre del adolescente D se apoyó en el proceso de su hijo para avanzar hacia la aceptación.
Una de las cosas que me impactaron cuando más o menos supe que era verdad fue cómo lloraba, y decía: «Si pudiera elegir, no sería transgénero». Y cuando oí eso y me puse a pensar, me dije: tiene razón, porque al principio pensaba que estaba tomando una decisión. Y eso es lo que he visto en la comunidad y hablando con otras personas de estas cosas: creen que es una elección. Pero no es una elección.
Las familias cuyas hijas se sabía que eran transgénero desde la primera infancia (n = 5) pudieron adaptarse poco a poco a la crianza de una hija trans antes de la adolescencia. Tres de las cinco adolescentes (adolescentes B, N y R) salieron inicialmente de su barrio o de su entorno comunitario para practicar con seguridad su expresión de género fuera de casa antes de hacer la revelación fuera de la familia. Antes de que la adolescente N saliera del armario en la escuela, su madre recordaba unas vacaciones como un momento para practicar su género.
Creo que fuimos a [nombre de una ciudad de EE. UU.]. Le dije: «Si vamos a [nombre de una ciudad de EE. UU.], ¿quieres ir como chica o como chico?». Me dijo: «Como chica». Bueno, pues: «Vale, no tienes ropa de chica. Vamos a comprarte lo justo para pasar este fin de semana». Y compramos solo un par de conjuntos, y no se llevó nada de chico para el fin de semana. Fue chica todo el fin de semana. Y a partir de entonces, siempre que estaba en casa se ponía esa ropa.
La adolescente N no mencionó esas vacaciones y, en cambio, habló de su temprana expresión de género a través de los relatos de sus padres.
Fue sin duda antes de lo que yo recuerdo. Mis padres también me han contado que usaba los pronombres femeninos (she/her) desde los 5 o 6 años, pero empecé a comportarme como una chica a partir de los 3. Iba con vestidos, y mi madre dice que le cogía los pañuelos, sus pañuelos bonitos, y jugaba con ellos.
Aunque su madre recordaba la época en que tenía asignado el género masculino, la adolescente N no recordaba de forma consciente su transición social, porque siempre se había visto a sí misma, y se recordaba, como una chica. Por otro lado, la adolescente R recordaba unas vacaciones como un momento en el que expresó libremente su género y en el que sus padres se ejercitaron en adaptarse al desarrollo de la identidad de género de su hija.
Durante el verano entre primero y segundo de primaria, mis padres me dijeron que podía ser quien quisiera en [nombre del lugar de vacaciones] y que, fuera quien fuera, ya lo decidiríamos y lo pensaríamos al volver. Y mi madre me dejó llevar vestidos. Y luego, en segundo, fue empezar de cero.
El padre de la adolescente R habló de cómo vivió la afirmación de género inicial de su hija y de los factores que contribuyeron a sus primeros procesos de apoyo como padre.
Volvió a casa del colegio [en el invierno de primero de primaria] disgustada y llorando, se sentó en el sofá y dijo: ‘Es que no sé ser un chico’. Y aquello fue muy fuerte. Verla tan disgustada partía el corazón. Estaba completamente desconsolada. En ese momento no sabíamos lo que era ser transgénero. Entonces buscamos información en internet y demás, y nos pusimos en contacto con [nombre de la persona terapeuta especializada en género]. Y lo que [nombre de la persona terapeuta] nos dijo fue que, si le decíamos que no podía ponerse ropa de chica ni ser una chica, le estaríamos diciendo que lo que ella es resulta vergonzoso. Así que, cuando terminó el curso, en primero, íbamos a ir a [nombre del país] y le preguntamos si le gustaría probar a ser una chica, empezamos a preguntarle si se sentía más bien una chica y le explicamos que existía eso de ser transgénero.
Tras la revelación, la madre de la adolescente B recordaba que la terapeuta de su hija le había sugerido practicar su expresión de género femenina fuera de casa, en entornos desconocidos, como camino para llegar a expresar su género en entornos sociales más familiares, como la escuela.
Luego [la terapeuta] también le propuso, ¿sabe?: «[Adolescente B], si quieres, ¿dónde te sentirías cómoda? Ya sé que en tu barrio no, pero ¿dónde?». Y [la adolescente B] dijo: «Bueno, a lo mejor si está a unas 2 h». Así que empezamos, un sábado, a conducir 2 h.
La adolescente B no habló de esos viajes lejanos para practicar a ser una chica, pero describió cómo expresaba que era una chica dentro de la construcción social de la manera en que los demás percibían su género: «Me acuerdo de que iba a la peluquería y empezaban a juzgarme porque yo era un chico y quería las uñas pintadas de rosa, pero siempre me pintaba las de los pies porque nadie las veía».
La madre de la adolescente Q sabía que su hija era una niña desde que tenía 3 años. A los 6 años, la adolescente Q recordaba ir a ver a su médica y a una terapeuta que la ayudaban con su ansiedad y con su proceso de afirmación de género.
Tenía ansiedad cuando iba a la escuela pública. Siempre tenía mucha ansiedad. De hecho, mi madre quiso primero que fuera a una terapeuta. Pero, eh, si ahora quisiera dejarlo, no podría, porque ahora [nombre de la doctora especializada en personas trans], mientras tenga el bloqueador en el brazo, me exige seguir con la terapeuta.
Cuando la adolescente Q tenía seis años, su madre inició su propia transición como madre, que consistió en retirar todo lo que recordaba a su hija como niño.
Le hicimos la transición literalmente de la noche a la mañana. Todo lo que fuera específicamente de chico lo guardamos en cajas, todo lo que era específicamente de chico; quitamos todas sus fotos —eso fue muy duro para mí— con ropa de chico y lo metimos todo en cajas. Todavía tengo un par escondidas por ahí, pero en ningún sitio donde nadie pueda verlas. Guardo una caja de chico con cosas de chico dentro. La otra cosa difícil fueron los pronombres. Teníamos un bote del género para cuando nos equivocábamos, y ella se quedaba con el dinero del bote.
Esta familia emprendió rápidamente una transición social y contactó con una terapeuta y con una médica años antes de que la adolescente Q empezara con el bloqueador de la pubertad, lo que muestra la importancia del tiempo para evitar que el malestar se agrave y para apoyar la afirmación de género desde temprano. Durante ese periodo, la madre creó en secreto una «caja de chico» con recuerdos para ayudarse a adaptarse a esa transición y recordar los primeros años de su hija, cuando se la consideraba un niño.
La adolescente B, que había hablado abiertamente con sus padres de que era una chica desde segundo de primaria, y su madre señalaron ambas la importancia de estar en contacto con su equipo médico para prepararse para la pubertad. «Tenía 11 años. Y no mostraba señales de nada. Simplemente no querían que empezara nada, porque querían ver si así funcionaba mejor. Y funcionó. Eh, porque no empezó absolutamente nada» (adolescente B). Mientras que la adolescente B destacaba la importancia de un acceso temprano a la atención para evitar su pubertad masculina, su madre recordaba el malestar extremo de su hija ante la perspectiva de la pubertad masculina y la importancia de estar en contacto con la atención de afirmación de género para recibir apoyo mientras se preparaban para los bloqueadores de la pubertad.
O sea, no te pueden dar el bloqueador hasta el estadio 2 de Tanner [una escala de desarrollo físico]. Así que había ataques de pánico todo el tiempo, porque salía un pelo y corríamos a ver a [nombre de la doctora especializada en salud trans] y ella decía que todavía no era el momento. Fue lo más difícil. Me sorprende que no la tuvieran que hospitalizar. Quiero decir, gritaba. Rompía cosas. Chillaba: «¡Llevadme al hospital!». Estaba en un estado de angustia extrema.
Cuando la adolescente N habló de la pubertad, dejó claro que siempre se había visto como una chica, lo que le hacía difícil hablar de pubertad masculina o de transición. Durante la entrevista se le preguntó: «En el periodo previo a este momento en que te pusieron los bloqueadores, ¿qué pensabas de la pubertad? ¿Qué pensamientos te venían a la mente cuando pensabas en que tu cuerpo cambiara de esa manera?». La adolescente N respondió: «Simplemente pienso que soy una chica, y quiero conseguirlo como yo quiero». Al mismo tiempo, su madre describía el valor de haber tenido años para adaptarse emocionalmente y adquirir conocimientos, lo que les permitió anticipar la pubertad y planificar una transición médica.
Si miro a ese otro chaval que ahora está haciendo esto en plena pubertad, pienso: «Madre mía. Gracias a Dios que lo hicimos a los 5. Gracias a Dios que tuvimos tiempo suficiente». ¿Cómo habría sido si a los 14, de repente, tuviera que hacer el papeleo, así, de inmediato? O sea, todos tuvimos años y años de que viviera como chica y luego, por fin, hicimos el papeleo. Y después los bloqueadores de la pubertad. Hubo muchísimo tiempo para que todo el mundo se acostumbrara.
La adolescente Q, que estaba en contacto tanto con la terapia como con una médica especializada en personas trans desde los 6 años, sentía malestar ante la perspectiva de su pubertad masculina y reconocía la importancia de haber planificado con su médica los bloqueadores para detenerla.
Pensar en la pubertad me daba miedo, pero fui a mi médica, la persona que lleva mi salud, y me dijo que era el momento de ponerme el bloqueador y bloquear la entrada de las hormonas masculinas. Fue muy bonito. Estaba contenta porque todo empezaba a pasar, y la gente se daba cuenta y hacía algo al respecto.
Todos los progenitores del estudio tuvieron que sortear obstáculos familiares e institucionales en los procesos de afirmación de género de su hija o hijo. Identificamos los siguientes subtemas, que representan estas experiencias: (a) «Dale la vuelta una vez y yo se la volveré a dar»: el apoyo parental era feroz y discreto; (b) «Es un proceso de duelo para mí»: el apoyo parental a través del duelo; (c) «Aun así quería a alguien que se identificara conmigo»: los grupos de apoyo fueron decisivos en su recorrido como madres y padres; y (d) «Lo esencial» del apoyo parental.
Muchas madres y muchos padres tomaron medidas para defender y proteger a su hija o hijo en un mundo que no está organizado para que las personas trans prosperen. La madre del adolescente P, un joven trans de 14 años, contó lo duro que le resultaba emocionalmente dejar que su hijo se desenvolviera en espacios públicos como los baños, y cómo le brindaba apoyo de manera discreta para garantizar su seguridad.
Una vez fue al baño en [nombre del supermercado], y yo andaba por allí cerca, no es que estuviera encima de él, pero es que… tardaba una eternidad, como 15 min, y no salía. Yo le escribía a [nombre del padre]: «¿Entro?». O sea, estaba a punto de echar la puerta abajo y veía a todos esos hombres entrar y salir. Y yo pensaba: pero ¿qué demonios? Con tanta ansiedad. Estaba literalmente a punto de echar la puerta abajo y entonces me escribió: «Perdona, hay mucha cola», y yo, vale, no pasa nada, no tiene importancia [respira hondo, suspira y se ríe], aquí estoy, ¿sabe?
Algunas madres y algunos padres dieron un ultimátum a sus familiares e instauraron pronto normas y reglas en la familia para garantizar que su hija o hijo se sintiera apoyado y reconocido. Tenían claro ese límite, y algunos «trazaron una línea roja» en materia de apoyo y afirmación. La madre del adolescente H (un joven trans de 13 años) describió la discriminación y el estigma social que su hermano y su cuñada dirigían contra ella a propósito de su hijo y de su forma de educarlo.
Mi cuñada y yo comimos juntas en agosto. Fueron 2 h de sermón sobre cómo lo que estoy haciendo le hace daño a mi hijo y que esto está mal, y he aquí por qué, y que hay un manual para la vida y se llama la Biblia. Y, ¿sabe?, ella me dijo: «¿Qué significa esto de ahora en adelante? ¿Que no podemos estar juntos?». Y le dije: «Pues que no voy a meter a mi hijo en una sala llena de gente donde no se va a sentir aceptado». … Así que el resto de mi familia no ha hecho más que apoyarnos a nosotros y a [adolescente H], y no invitan a mi hermano, a mi cuñada ni a sus hijos a ninguna fiesta ni a nada. Es como si todos hubieran trazado una línea roja.
El trabajo emocional de la madre del adolescente H para ocultar el rechazo familiar representaba un proceso de apoyo oculto para proteger a su hijo. Cuando se le preguntó más sobre el apoyo de su madre, dijo: «No me gusta mucho hablar de eso [de ser trans]. No necesito mucho apoyo». Para el adolescente H, el apoyo de su madre era importante, pero se inscribía en el contexto más amplio, y quizá más destacado e influyente, del rechazo de su padre: «Mi madre es muy comprensiva. Y a mi padre simplemente le da igual… cuando tenía, como, 12 años, fue cuando le dije: “Oye, papá, creo que soy un chico”. Y él me dijo: “Ah, qué tontería”». Cuando se le preguntó qué le gustaría que fuera distinto, dijo: «Que mi padre no estuviera en mi vida».
La madre de la adolescente C (una joven trans de 17 años), que se lo reveló a sus padres a los 16, fue quien sostuvo principalmente, en lo emocional y en lo práctico, los primeros tiempos de la afirmación de género de su hija. Esta madre trazó una línea roja con el padre, estableciendo un límite que posteriormente lo motivó a apoyar la identidad de género de su hija.
Le dije que, si no se subía al carro, lo iba a dejar. Eh, así que mantuvimos esa tensión, porque él no estaba preparado para hacer las cosas de otra manera. Y luego llegó otra vez el siguiente grupo de familias [trans], y no recuerdo por qué, pero yo no podía ir, y le dije: «Tienes que llevarla tú. Y si no entras ahí y das la cara, pues…». No sé lo que le dije, pero, vamos, dejé claro que aquello iba a ser un punto de decisión importante para mí.
La falta de preparación de este padre para apoyar a su hija llevó a la madre a amenazar con dejar a su marido para que él acudiera a un grupo de apoyo. Después de revelar a sus padres que se ‘travestía’, la adolescente C contó que su padre intentó al principio conectar con ella como hombre: «Y de hecho, [papá] hizo mucho trabajo conmigo para pasar por ceremonias de iniciación masculina. Yo formaba parte de, como, grupos de chicos e hice mucho, o sea, trabajo para convertirme en un hombre con él». Finalmente, la adolescente C percibía que tanto su madre como su padre la apoyaban, lo que quizá refleja los esfuerzos de la madre entre bastidores para fomentar el apoyo del padre.
Creo que aceptarme, eh, a mí con un género distinto fue en realidad muy fácil, porque lo único que tenían que hacer era apoyarme para que yo fuera más feliz. Eh, o sea, veían que se me iluminaba la cara. Usaron los pronombres. Fue fácil, y sabían del tema, estaban informados.
Por otro lado, el adolescente F, un joven trans de 13 años, reflexionó sobre el impacto de que uno de sus progenitores lo rechazara.
No es que sea una parte muy importante de mi vida. Bueno, se supone que debería serlo. O sea, vive en la misma casa que yo, la verdad es que lo hace todo por mí, y me siento egoísta por decirlo, pero no siento que me apoye mucho. … A veces les oigo [a mis padres] discutir. Es sobre mí, en concreto. O sea, en concreto sobre mi transición. Mi padre dice: «No creo que [adolescente F] sea trans». Y mi madre: «Pero lo ha dicho muchas veces», y él: «No creo que…». … No me ve como un chico. Así que mi madre y otras personas adultas dicen que es muy duro perder a una niña, que debería entenderlo. Pero ya no lo entiendo.
El rechazo de un progenitor podía frustrar por completo el proceso de afirmación de género adolescente. La madre del adolescente F utilizó sus conocimientos médicos sobre la pubertad y sobre lo trans para transmitir un sentido de urgencia y conseguir que el padre consintiera la atención médica de afirmación de género, aunque él no llegara a ver ni a validar el género de su hijo.
Creo que tener un progenitor que apoya ha ayudado mucho. Pero creo que para [adolescente F] es muy duro. Él [el padre] tarda mucho en adaptarse a situaciones nuevas. Creo que la idea en sí ya le hacía dudar. Y creo que pensaba que era solo una fase por la que estábamos pasando. Eh, no quería empezar con los bloqueadores ni con la testosterona. Eh, y después de hablar con [nombre de la persona médica especializada en personas trans] y de ir al grupo, ¿sabe?, le dije: «Mira, la realidad es que [adolescente F] empezó la pubertad muy pronto, a los 9 años, sus placas de crecimiento se van a cerrar pronto, y si no actuamos ahora, esto podría ser perjudicial». Él [el padre] aceptó muy a regañadientes.
La madre del adolescente L (un joven trans de 13 años) anticipaba el acoso en el instituto público de su hijo, y ese miedo la impulsó a consolidar pronto los apoyos.
Me anticipaba: «Aquí hay un chaval que no encaja en la norma, ¿le van a acosar?». Así que, al empezar sexto, que es la secundaria inicial, ya sabíamos lo de educación física y los vestuarios, y me reuní con el orientador de antemano para asegurarme de que tuviera otro sitio donde cambiarse, porque sabía que no iba a estar cómodo en el vestuario de las chicas.
Cuando se le preguntó por la secundaria inicial, la persona adolescente L describió su experiencia con más tranquilidad.
Ha ido bien, ha ido genial. No he tenido ningún problema con eso. Y todo ha sido relativamente fácil. Los profes, muchos son muy majos. Eh, y, o sea, la dirección es muy maja. Del alumnado, la mayoría son majos y algunos son un poco imbéciles. Pero sabía que el profesorado lo aceptaría y al alumnado simplemente le daba igual, o sea, no era un problema.
Aunque los progenitores tengan un control limitado sobre un clima social de no aceptación, hicieron lo que pudieron para garantizar adaptaciones. Otras madres y otros padres, como la madre de la adolescente N, reconocían que tanto la perseverancia de su hija o hijo como su propio apoyo inquebrantable habían abierto el camino a la afirmación de género.
De verdad que se trata de intentar que el mundo esté bien para [adolescente N]. Y todo el mundo decía siempre: «¿Y si vuelve atrás en la transición? ¿Y si no está de acuerdo? Otros niños lo han decidido». Basta. Pues le vuelvo a dar la vuelta al mundo. Dale la vuelta una vez y yo se la volveré a dar. Haré que esté bien. Fue lo mejor que pude hacer por ella.
Algunas madres y algunos padres adoptaban comportamientos de apoyo y, al mismo tiempo, tenían dificultades para adaptarse. En el caso del adolescente O, de 15 años y transmasculino, una aceptación ambigua representaba la dicotomía entre la fuerte implicación de sus padres en los grupos de apoyo y en la defensa comunitaria y sus persistentes dificultades para adaptarse y aceptar a su hijo como trans. El adolescente O habló de la afinidad de sus padres con los grupos de apoyo para familias y del apoyo que sentía mientras daban con él los pasos hacia una transición médica. Al mismo tiempo, seguía sintiéndose invisible, porque percibía que a su madre le costaba «perder a una hija».
Mi madre fue un poco difícil. Decía: «Todavía estoy de luto por la muerte de mi hija», y vale, ve al funeral y vuelve. O sea, les di tiempo y todo, y mi madre todavía se pone sensible con eso. … Son muy de grupos de apoyo. Van a todos, sin excepción.
Su padre, en cambio, habló del malestar que él y la madre del adolescente O vivieron en relación con que su hijo fuera trans. Ambos acudían con regularidad a grupos de apoyo y, al mismo tiempo, lidiaban con su transnegatividad interiorizada, lo que dificultaba la aceptación. Tras la revelación, el padre contó que esperaba una amalgama de experiencias estigmatizantes para ellos y para su hijo.
Creo que para [la madre del adolescente] fue algo más profundo. Se crio en una familia católica bastante devota, y creo que, en el fondo, sabía que sus padres no lo iban a aceptar. Así que había vergüenza de por medio. Había ocultación de por medio. Había bochorno de por medio. Había una sensación de falta de aceptación. Vamos, podría llenar toda la pizarra de adjetivos. Así que te entra un miedo terrible a que todo nuestro mundo se ponga patas arriba. Y si era así, ¿cómo, por el amor de Dios, íbamos a afrontar esto?
El adolescente O veía cuánto se beneficiaban personalmente sus padres de su implicación en los grupos de apoyo y, al mismo tiempo, seguía percibiendo su falta de conexión con él como su hijo. Los padres del adolescente O le ocultaban a menudo su estrés y sus dificultades para protegerlo y apoyarlo y, al mismo tiempo, se convirtieron en grandes defensores en el grupo de apoyo.
En algunas madres y algunos padres, la superposición de distintas experiencias de pérdida intensificaba la vivencia de la pérdida. La madre del adolescente D, que había descrito antes su duelo por la pérdida de su hijo, describió también su frágil vínculo con su fe y con sus comunidades de pares a lo largo del recorrido de afirmación de género de su hijo.
Íbamos a misa con regularidad, ellos hicieron, eh, la catequesis. Después de salir del armario, me enseñó una cosa sobre el papa Francisco y lo que decía ante una multitud, y dijo: «¿Te puedes creer que haya padres que dejen a sus hijos elegir su género?». Y me enseñó ese discurso, y en ese momento yo pensé: ah. Así que ya no vamos mucho a misa. Sigo teniendo fe, creo de verdad que Dios es justo y bueno. Es que es duro cuando oyes eso. Yo quiero estar del lado de mi hijo. Te aísla (llora) porque nadie sabe realmente lo que es (llora), y la iglesia, y es como: vale, pues tampoco se puede apoyar eso.
Muchas de las personas adolescentes de este estudio comprendían que la adaptación parental influía en su apoyo y en su aceptación. La adolescente G habló de la reacción emocional de su madre al mirar fotos de la época en que se la consideraba un chico: «Se lo guarda para ella. Siento que se guarda más las emociones. O sea, no me las expresa tanto. Porque siente que no quiere decepcionarme». Su madre describió su adaptación emocional al proceso de afirmación de género de su hija:
«Solo me gustaría hablar con una madre que esté pasando por esto. Y, evidentemente, durante todo ese tiempo, hay días en que simplemente lloraba porque, o sea, sí, lo acepto y tengo una mentalidad abierta, pero al mismo tiempo perdí a mi hijo, [llora], ¿sabe?».
Del mismo modo, el adolescente A comprendía que su madre probablemente seguía aferrada a la idea de una hija.
Siento que mi familia tiene mucha más conexión con ella que yo. O sea, tengo algunos buenos recuerdos y cosas así. Mis padres recuerdan todo esto [de su infancia], pero por su actitud y su papel de apoyo, no sacarían nada de esto.
La madre del adolescente A apoyaba cada paso del proceso de afirmación de género de su hijo y, al mismo tiempo, sentía un duelo ligado a la pérdida ambigua del sexo asignado al nacer de su hijo. Además, aunque los grupos de apoyo ofrecían un espacio para conectar con personas en situaciones parecidas y desarrollar un sentimiento de comunidad y de orgullo, no siempre eran un espacio en el que las familias se sintieran seguras para hablar de su duelo y de sus dudas.
Así que, cuando voy al grupo de apoyo, estoy en plan: «¡Sí, hurra!». Pero en privado [llora], me guardo mucho, porque no quiero que [adolescente A] vea [llora] lo que me cuesta. No es por quién es él, sino por la pérdida de quien yo creía que era cuando era [nombre de nacimiento; llora]. En fin, hace poco he llegado a entender, para mí misma, que es un duelo. Es un proceso de duelo para mí. Pero es algo que nunca le diré a [adolescente A], cuánto me está costando esto [llora].
En su entorno social, los progenitores carecían en gran medida de acceso a otras familias con hijas o hijos trans; por ello, la mayoría de las familias sentía que nadie se identificaba con su situación. Aunque algunas madres y algunos padres no veían el grupo de apoyo como un lugar en el que cuestionar los procesos de afirmación de género o vivir su duelo, muchas familias encontraron consuelo en los grupos de familias de jóvenes trans. Tener acceso a un grupo de apoyo con otras familias de jóvenes trans fue, para muchas, un salvavidas. La madre de la adolescente B describió cómo su hermana la aceptaba, pero su apoyo parecía desconectado de lo que ella necesitaba.
Mi hermana tiene cinco hijos y cuatro son chicos. [Me decía:] «Ay, Dios mío, va a tener cuatro chicos para elegir, porque ya sabes que voy a obligarlos a todos a llevarla al baile de graduación o a lo que sea, y va a ser genial. Vamos a hacer fotos, no te preocupes». Parece que la persona está siendo empática, pero para mí era, en plan, lo peor que nadie podía decir. Pero no podía decírselo, en plan: «Dios, cállate. ¿Tu consuelo son tus hijos, o sea, sus primos?». Así que no entré en eso, pero adonde sí podía ir era a los grupos de apoyo. Fui a [nombre del grupo de apoyo para familias]. Fui a PFLAG. Y solo con escuchar… a lo mejor ni siquiera hablaba. Pero escuchar a otras madres y otros padres y saber que estaban pasando por lo mismo. Porque nadie que yo conociera, ¿sabe?; ella es la única en el colegio, ninguna familia… nadie sabe por lo que paso cada día.
La madre del adolescente P empezó a buscar en internet cuando se dio cuenta de que su hijo estaba adoptando una expresión de género masculina.
Cuando vi la expresión exterior, totalmente masculina, fue cuando se me encendió la bombilla. Me metí en internet como una loca, buscando en Google, y encontré genderspectrum.org, gracias a Dios, y encontré [nombre del grupo de apoyo para familias de personas transgénero], y pensé: vale, aquí hay todo un mundo para nosotros.
Del mismo modo, el padre del adolescente O reflexionó sobre la importancia de la formación en su recorrido como madre y padre y, al mismo tiempo, describió la adaptación emocional que seguían viviendo él y su esposa, y quizá su vergüenza, a pesar de la formación sobre lo trans recibida en el grupo de apoyo.
Miedo. [Nombre de la madre] usaba la palabra «vergüenza». Mucho. Yo no siento vergüenza por ello. No es algo que yo haya elegido. No creo que tenga que sentir vergüenza por ello. No siento vergüenza de que mi hijo naciera en el cuerpo equivocado. Nadie hizo nada mal, es simplemente un incidente desafortunado. Con el que solo intentamos ser constructivos y sacar lo mejor posible. Quiero apoyar y, así, empezamos a ir a la reunión de [nombre del grupo de apoyo]. Y nunca lo olvidaré: salimos de esa reunión y notaba que mi mujer estaba muy afectada. Paramos en un semáforo en rojo. Y me miró y dijo: «Por favor, Dios mío, dime que ese no es nuestro camino. Aceptaré cualquier cosa menos eso». Así que decidimos implicarnos mucho en la comunidad transgénero… y nos informamos muy rápido. Así que suena muy sencillo y no lo es, porque es muy enrevesado, complicado y emocional. Pero si lo piensas en el sentido más general, es bastante sencillo. Simplemente tienes que apoyar a tu hijo cuando estás delante de él.
Para el padre del adolescente O y la madre del adolescente A, conectar con un grupo de apoyo les ayudó a adquirir conocimientos y a aprender a apoyar la afirmación de género de su hijo; sin embargo, seguían teniendo dificultades para adaptarse emocionalmente, afrontar la pérdida ambigua y gestionar la vergüenza. La madre del adolescente H criaba sola a su hijo y encontró en las fuentes formales de apoyo, profesionales y otras familias de jóvenes trans, una parte decisiva de su recorrido y de su apoyo como madre.
Basta con una madre o un padre. Solo tienes que encontrar a una persona que esté en esta situación, y te dará toda la información y todos los recursos que necesitas. Eh, buscar en internet también ayudó un poco. Eh, el grupo de apoyo ha sido fundamental para todos nosotros. Eh, tener acceso a médicos. [Nombre de la doctora especializada en personas transgénero] es extraordinaria. Pasó una hora al teléfono conmigo la semana en que me enteré de todo esto. Y es una persona muy ocupada. Pasó una hora al teléfono explicándomelo todo, fue increíble.
Para la mayoría de los progenitores, el grupo de apoyo aportaba validación y un camino para apoyar el proceso de afirmación de género de su hija o hijo. Pese a los conocimientos adquiridos en los grupos, algunas familias se toparon con barreras estructurales para acceder a ellos y conectar dentro de ellos.
La mirada cultural de la madre del adolescente J está marcada por su educación y por su sistema de apoyo, que se encuentra en otro país, fuera de EE. UU. Habló de la disonancia entre las percepciones y la presión de su propia comunidad cultural, que quería esperar a que su hijo tuviera 18 años, y las del grupo de apoyo, que se preguntaba por qué iba a esperar a los 18 para empezar la atención de afirmación de género.
Fue estresante. Sí, durante un tiempo. Y, eh, al menos mi familia [reunión de grupo]. Porque la tía de [nombre del adolescente] dice: «¿Por qué no esperas a los 18, cuando él decide?». Ya sabemos que va a tener 18, así que, ya sabe, voy a la reunión y ¿por qué espero hasta los 18?
La madre de la adolescente G, que criaba sola a su hija, no tuvo acceso al principio a recursos de información ni a otras familias de jóvenes transgénero en su comunidad de la Costa Este antes de mudarse a la Costa Oeste.
Cuando empezó a contarme cosas, empecé a buscar grupos de apoyo, o sea, para mí o para él, y programas, y no había ninguno. Eso fue en octavo, cuando empezó a ser más una chica para mí. Era abrumador porque, aunque [nombre de la pareja] me apoyaba muchísimo, aun así quería a alguien que se identificara conmigo. Creo que debería haber más ayuda para las madres y los padres que pasan por esto. Porque hay muchas familias que lo están pasando mal. Sufrí mucho porque estaba sola.
Aunque para el padre de la persona adolescente K los grupos de apoyo fueron un salvavidas, reconocía las dificultades de las familias que no tenían acceso a ese apoyo.
Y creo que si vives en un pueblo pequeño o si estás lejos del acceso a ese tipo de grupos, no me imagino lo duro que es no tener grupos así. Puedes leer cosas en internet o libros, pero no es lo mismo que tener a otras personas de verdad, porque lo mejor es hacer una pregunta y que haya 30 personas que te puedan completar la respuesta.
Aunque algunas madres y algunos padres seguían en duelo o con dudas, al final de las entrevistas todos los progenitores dijeron querer que su hija o hijo fuera feliz, se sintiera seguro, desarrollara relaciones íntimas y construyera su propia vida. También admiraban a sus hijas e hijos y sentían que la experiencia de criar a una hija o un hijo transgénero les había transformado. Las madres de la adolescente G y del adolescente P expresaron su gratitud por el proceso vivido como madres y reafirmaron la importancia de su apoyo: «Desde luego soy más compasiva. Ella ha hecho eso por mí. Sinceramente, ahora vivo la vida de una manera muy distinta» (madre de G). «Simplemente estoy agradecida por la experiencia que hemos tenido y porque a él le vaya tan bien. Eso significa mucho. Es lo que más nos reafirma como padres, verlo feliz; así que eso es lo esencial» (madre de P). Las personas adolescentes reflexionaron sobre su afirmación de género en el contexto del apoyo recibido de sus progenitores. El adolescente L reflexionó sobre el significado del apoyo de sus padres: «Creo que es bastante importante saber que lo tuve mucho mejor que la mayoría de la gente y que mi transición fue mucho más fácil, dado que mis padres lo aceptan y pudieron presionar y conseguirlo todo rápido, y creo que eso es lo único».
El recorrido de género de una familia es complejo, y en el apoyo parental intervienen diversos factores interpersonales y estructurales que se dan a la vez. Entrevistamos a las familias durante los primeros 12 meses después de que la persona adolescente empezara con los bloqueadores o las hormonas. La mayoría de las díadas, con independencia del momento en que los progenitores supieron que su hija o hijo era trans, se enfrentaban a un estrés proximal relacionado con expectativas negativas y con el estigma interiorizado, y a un estrés distal relacionado con la discriminación, el rechazo (Goldbach & Gibbs, 2017; Meyer, 2003) y la falta de afirmación (Testa et al., 2015) en su comunidad y en sus sistemas de apoyo social. Entrevistamos a las familias en un momento singular, en el que los derechos de la comunidad transgénero y las políticas sociales estaban siendo cuestionados y revertidos de forma explícita, lo que suponía un clima comunitario poderoso, ruidoso y hostil dirigido contra las personas transgénero (Jones, 2018). El trabajo de Jones, que examina los avances transnacionales en relación con la reversión de los derechos civiles de las personas transgénero en la era Trump y con los grupos poderosos que demonizan a los «otros» transgénero, mostró que estos discursos han contribuido a un clima hostil hacia la comunidad trans en Estados Unidos (Jones, 2018), clima que se materializa actualmente en políticas legislativas que bloquean el acceso legal a una atención de afirmación de género médicamente necesaria para niñas, niños y adolescentes en todo Estados Unidos. Es importante señalar que nuestras entrevistas se realizaron en un estado en el que los derechos de las personas trans están protegidos y que, aun así, las familias vivieron estigma social, aislamiento y barreras al apoyo, la aceptación y la atención. Adoptar la perspectiva del estrés de las minorías nos ayudó a comprender la complejidad del apoyo parental a adolescentes trans en el panorama social actual. Así, nuestros resultados se inscriben en este contexto y arrojan tres conclusiones principales sobre la experiencia singular del apoyo parental a adolescentes TNBA. En primer lugar, el tiempo transcurrido entre la revelación a la madre o al padre y la pubertad influía en el apoyo parental y en los procesos de adaptación. En segundo lugar, en las familias que se incorporaron al recorrido de género de su hija o hijo durante la adolescencia, la pérdida ambigua influyó de manera particular en la adaptación y el apoyo. En tercer lugar, las madres y los padres carecían de una hoja de ruta conocida y afirmativa en sus familias y comunidades; por eso, conectar con otras familias de jóvenes trans fue un salvavidas. Desarrollamos estas conclusiones a continuación.
Las familias cuyas hijas o hijos TNBA habían hecho la revelación en la primera infancia recorrieron su camino de género durante años antes de cualquier intervención médica, mientras que otras familias se enteraban de que su hija o hijo era trans y tenían que tomar de inmediato decisiones sobre los procesos de afirmación de género. El apoyo parental reflejaba factores complejos e interrelacionados que influían en el desfase de conocimientos y de preparación dentro de la díada. Con independencia del momento en que supieran que su hija o hijo era trans, los progenitores tenían que dar sentido a dos hojas de ruta al decidir cómo y cuándo apoyar a su adolescente TNBA: (1) un mapa afirmativo de lo trans, procedente de su hija o hijo y del personal sanitario especializado o de la red social trans, centrado en la afirmación de género; y (2) una hoja de ruta cisgénero dominante en sus familias y comunidades, en la que el recorrido de género [trans] era invisible. En el caso de quienes salieron del armario en la infancia, antes de la pubertad, el proceso de afirmación de género dentro de la díada se producía por lo general al unísono: los progenitores trabajaban junto a su hija o hijo para apoyar su afirmación de género. Una investigación anterior basada en entrevistas a cinco madres de niñas transgénero de entre 8 y 11 años mostró que las niñas habían tenido tiempo para afirmar intencionadamente su género en múltiples contextos sociales antes de la pubertad (Kuvalanka et al., 2014). Esto incluía practicar su género en casa, hacer viajes para practicar su expresión de género en público, dejarse crecer el pelo para tener un aspecto más estereotípicamente femenino, cambiar de nombre y llevar ropa femenina (Kuvalanka et al., 2014). Según la investigación de Kuvalanka et al., las madres y los padres habían dispuesto de tiempo durante la primera infancia de su hija para adquirir conocimientos y adaptarse a la crianza de una niña trans.
Aunque todas las personas adolescentes TNBA del presente estudio se enfrentaron a la pubertad asociada a su género asignado, quienes eran reconocidas como transgénero desde la infancia habían llegado a la pubertad tras vivir durante años en su género afirmado. Esta afirmación de género temprana, previa a la pubertad, dio a los progenitores la oportunidad de desarrollar conciencia y conocimientos sobre lo trans, reunir recursos, construir su identidad como madre o padre de una hija o un hijo trans y conectar con otras familias y con recursos de atención sanitaria y de salud mental para preparar intencionadamente las intervenciones médicas relacionadas con el género cuando su hija o hijo estuviera preparado. Más allá de la pubertad, estos progenitores habían visto y comprendido a sus hijas como trans desde la primera infancia y, por tanto, no se preguntaban si el género de su hija era real mientras tomaban decisiones para apoyar las siguientes etapas de su recorrido. Muchas de las madres y los padres que habían comprendido y aceptado en la primera infancia que su hija era trans contraponían abiertamente este proceso de afirmación de género más largo y este temprano acceso a la atención y al apoyo a la situación de otras familias cuyos hijos e hijas habían salido del armario durante la pubertad o después.
Las díadas cuya persona adolescente había revelado ser transgénero durante la adolescencia y la pubertad vivieron un desfase de conocimientos y de preparación que reflejaba los dos extremos de un espectro de preparación para la afirmación de género adolescente. Antes de hacer la revelación a sus progenitores, las personas adolescentes pasaban tiempo en internet adquiriendo conocimientos sobre lo trans, conectando con modelos de referencia trans y desarrollando un sentido más sólido de sí mismas. Cuando las personas adolescentes TNBA de nuestro estudio revelaron su identidad a sus progenitores, ser reconocidas en su género ya no era negociable y constituía una necesidad emocional, social y médica. En cambio, los progenitores no empezaron su recorrido de género como madres y padres hasta después de la revelación. Las familias que afrontaban por primera vez la revelación y la afirmación de género durante la adolescencia estaban, a la vez, desarrollando su alfabetización y su conciencia sobre lo trans, construyendo identidades y roles parentales en transformación, conectando con la atención, lidiando con las ideas familiares y culturales sobre el género y la afirmación de género, enfrentándose al poder del estigma ligado a lo trans, gestionando las barreras de los seguros médicos y preparándose emocionalmente para la afirmación de género médica y social mientras se preguntaban [en silencio] si aquel era el camino correcto.
La pérdida ambigua es una pérdida poco clara o percibida, estudiada originalmente en relación con (a) las familias de militares en las que una madre, un padre o una pareja está psicológicamente presente pero físicamente ausente; o (b) un familiar con demencia que está físicamente presente pero psicológicamente ausente (Adams et al., 2008; Boss, 2004; Huebner et al., 2007). Recientemente, la investigación ha recurrido a la pérdida ambigua para comprender las pérdidas percibidas ligadas a la afirmación de género de un miembro de la familia (McGuire et al., 2017; McGuire et al., 2016). Un hallazgo importante de un estudio reciente sobre la pérdida ambigua indicaba que las familias transgénero vivían pérdidas tanto físicas como emocionales relacionadas con el desarrollo y la expresión de la identidad de género de un miembro de la familia, y que también experimentaban una sensación de ganancia, apoyo y aceptación (McGuire et al., 2016). Las madres y los padres de nuestro estudio que sabían desde la primera infancia que su hija era trans habían hablado con emoción de las dificultades ligadas al estigma, pero no estaban viviendo activamente el duelo por la pérdida percibida de su hija en el momento de las entrevistas. Las familias de nuestro estudio que habían vivido y afrontado la pérdida ambigua antes, previamente a la adolescencia, no tenían que gestionar al mismo tiempo la pérdida ambigua, el estigma, el desfase de conocimientos y las decisiones sobre la afirmación de género social y médica. Para estas familias, el peso emocional de la pérdida ambigua no era un factor destacado en las decisiones sobre la afirmación de género de su hija durante la adolescencia.
Al igual que en trabajos anteriores sobre la pérdida ambigua en familias transgénero (McGuire et al., 2016), la pérdida ambigua en las díadas del presente estudio estaba ligada a la pérdida emocional percibida por los progenitores y a una reimaginación de la identidad de género y cultural de su hija o hijo, de su propia identidad parental y cultural, y de la relación futura que imaginaban con su hija o hijo. En nuestro estudio, las madres y los padres que vivieron una pérdida ambigua solían atravesar dos procesos de malestar ligados a ella: uno que empezaba inmediatamente después de la revelación y otro después de que la persona adolescente iniciara sus intervenciones médicas de afirmación de género. Las familias de adolescentes que hicieron la revelación en la infancia no hablaron de pérdida ni de duelo, probablemente porque, en el momento de la entrevista, veían a su hija sobre todo en su género afirmado desde la primera infancia y se habían visto como madre o padre de una hija trans desde muy pronto en su parentalidad. Para estas familias, la afirmación de género médica fue un alivio. Las experiencias de pérdida ambigua ligadas a la afirmación de género eran más frecuentes en los progenitores que habían comprendido que su hija o hijo era transgénero a partir de la adolescencia. Muchas de estas madres y estos padres describieron este proceso como el duelo por una pérdida profunda, a menudo ligado al apego a un género asignado al nacer y a la idea de lo que este representaba para ellos. Por otro lado, y al igual que en la investigación sobre la pérdida ambigua (McGuire et al., 2016, 2017), todos los progenitores entrevistados abrazaron una nueva visión y una nueva esperanza para el futuro de su hija o hijo, centradas en su identidad afirmada y en la construcción de nuevos recuerdos compartidos.
La investigación ha mostrado que la afirmación de género reduce el ruido de la disforia de género en la vida de las personas adolescentes y les permite centrarse en otras tareas sociales, educativas y orientadas al futuro (Kreukels & Cohen-Kettenis, 2011; Rafferty & Committee on Psychosocial Aspects of Child and Family Health, 2018). Sin embargo, en el caso de algunos progenitores, nuestra investigación sugiere que la afirmación de género hace inicialmente más audible el ruido de la pérdida ambigua. A lo largo de este proceso de afirmación, los progenitores vivían con frecuencia una pérdida ambigua ligada a las ideas persistentes sobre su hija o hijo y sobre su propia identidad parental antes de la revelación. En el presente estudio, las familias que estaban en pleno proceso de adaptación emocional y vivían un duelo y una pérdida dieron inicialmente pasos para apoyar la afirmación de género de su hija o hijo no porque estuvieran preparadas, sino porque querían mantenerle con vida. Nueve personas adolescentes habían tenido un intento de suicidio previo, y todas las díadas hablaron de experiencias de estigma o de disonancia entre el género y las creencias cisgénero dominantes. Las familias se movían así entre fuerzas opuestas en torno a la afirmación de género de su hija o hijo: por un lado, el estigma manifiesto e interiorizado y la disonancia aumentaban las vacilaciones, la confusión y los retrasos de los progenitores; por otro, el miedo por la vida y la seguridad emocional de su hija o hijo impulsaba el apoyo. Estas madres y estos padres se cuestionaban aspectos del género y de la afirmación de género de su hija o hijo, no estaban emocionalmente preparados para este cambio y no contaban con un camino afirmativo de lo trans ni con modelos de referencia en su comunidad o su familia sobre cómo y cuándo brindar apoyo; aun así, apoyaron los pasos siguientes.
Para los progenitores de nuestro estudio, la pérdida ambigua empezaba tras la revelación y representaba (a) la pérdida percibida de su hija o hijo, o de miembros de su propia familia o comunidad, o una relación transformada con ellos, (b) una pérdida percibida relacionada con su identidad parental (incluida la cultural) y (c) la pérdida percibida de los planes para el futuro de su hija o hijo y de las ideas sobre su relación con ella o con él. La investigación anterior también ha mostrado que las personas transgénero viven una pérdida ambigua, no necesariamente ligada a su identidad, sino al miedo al rechazo parental o al rechazo efectivo y a una relación cambiante con sus progenitores (McGuire et al., 2016). Las personas adolescentes de nuestro estudio cuyos progenitores se cuestionaban en silencio, estaban en proceso de adaptación emocional o vivían una pérdida ambigua seguían percibiendo como incierta la aceptación de sus progenitores, a pesar de recibir su ayuda en las etapas de su afirmación de género social y médica. El apoyo parental también se percibía como ambiguo cuando estaba impulsado por el malestar de los progenitores y por la urgencia de mantener con vida a su hija o hijo, o cuando la persona adolescente percibía el [súper] apoyo y la defensa parentales como interesados o desacompasados respecto a la adaptación que los progenitores seguían viviendo. Así, para muchas díadas, la relación entre apoyo parental y aceptación era frágil durante el periodo inicial de los procesos de afirmación de género adolescente.
En el presente estudio, las personas adolescentes conectaron con modelos de referencia transgénero en internet y con pares aliados en sus comunidades, tanto antes como después de la revelación a sus progenitores. Los progenitores, en cambio, no conectaron con grupos de apoyo para familias de jóvenes transgénero hasta después de la revelación, en un momento en el que la persona adolescente no solo estaba preparada, sino que anhelaba avanzar en su transición. A diferencia de las personas adolescentes y en consonancia con investigaciones anteriores, los grupos de apoyo eran el espacio principal o único en el que las familias podían conectar con personas en situaciones parecidas (Hidalgo & Chen, 2019; Riley et al., 2011) y aprender a apoyar a su hija o hijo trans.
Los grupos de apoyo eran un proceso personal y no a todo el mundo le resultaban adecuados. Los grupos de apoyo para familias ayudaban a construir conocimientos, adquirir recursos, sentirse validadas y conectar con experiencias compartidas. Muchas madres y muchos padres se apoyaron en su comunidad de familias de jóvenes trans y de salud trans al tomar decisiones complejas para apoyar a sus hijas e hijos en medio de los estigmas. Algunas familias se sintieron con fuerza para ‘trazar una línea roja’ con las redes sociales que no las apoyaban, incluida la familia, y plantear ultimátums para garantizar la seguridad emocional y la afirmación. Otras aprendieron a defender a su hija o hijo en la escuela y ante el personal sanitario para garantizar que se reconociera su identidad. Estos esfuerzos eran emocionalmente agotadores y a menudo quedaban ocultos. Al mismo tiempo, algunas madres y algunos padres no se sentían seguros para cuestionar la atención de afirmación de género en el grupo de apoyo y se sentían aislados de los relatos mayoritarios, que no representaban intersecciones significativas de valores culturales, identidad y estigma. Así, algunas familias callaban su proceso de adaptación y su duelo, y lidiaban de forma [in]visible con el miedo, la vergüenza y la pérdida mientras se convertían a la vez en firmes defensoras y apoyaban los pasos siguientes de su hija o hijo. Para algunas personas adolescentes, las dificultades [in]visibles de sus progenitores eran perceptibles y contradecían su defensa activa, por lo que el apoyo parental les parecía incierto y frágil. Otras familias no tenían acceso a grupos de apoyo en su comunidad. En el caso de las personas adolescentes G e I, el grupo de apoyo o el servicio médico más cercano estaba a horas de su barrio. El escaso acceso a profesionales de la salud y de la salud mental y a recursos de apoyo que estén cerca (Oswald & Culton, 2003), que conozcan las complejas barreras al apoyo y a la aceptación y sepan abordarlas con competencia, y que hayan recibido la formación y los medios para apoyar y tratar a adolescentes trans, constituye un estigma estructural para la comunidad trans (Cruz, 2014), incluidas las madres y los padres. Estas barreras estructurales influyen en la propia adaptación de los progenitores y en su proceso posterior de apoyo y aceptación de su hija o hijo, lo que afecta al momento y a los tipos de apoyo que brindan a su adolescente TNBA, incluso en tiempos de crisis.
En términos generales, al escuchar las historias de otras personas del grupo, los progenitores empezaron a conectar con su hija o hijo, a desarrollar su alfabetización sobre lo trans, a acceder a recursos y a aprender a apoyar su recorrido de género en los distintos ámbitos sociales. Para muchas familias, asistir a estos grupos de apoyo empezó a reducir el desfase de conocimientos y de preparación entre adolescentes y progenitores en materia de afirmación de género. El estudio de Riley y su equipo (2013) con personas adultas transgénero indicaba que la falta de conocimientos y de conciencia de los progenitores sobre la diversidad de género no solo contribuía a los estresores minoritarios de las personas adolescentes, sino que también obstaculizaba la aceptación y el apoyo parentales. Como sugería la investigación de Meadow (2011) con familias de niñas y niños con variabilidad de género y transgénero, el conocimiento institucionalizado ha determinado las maneras en que se regulan la identidad de género y su desarrollo y, al mismo tiempo, estos campos, incluida la sociología, también han alimentado el conocimiento de las familias sobre la complejidad del género. Aunque las díadas no hablaron explícitamente del impacto histórico de la producción institucionalizada de conocimiento sobre el género, sí explicaron cómo los grupos de apoyo y el personal médico especializado en lo trans ayudaron a desmontar el conocimiento sobre el género dominado por la norma cisgénero. Los relatos diádicos concuerdan con lo que sugería Meadow (2011): diversas formas de conocimiento y de discurso ayudaron a las familias a construir ideas alternativas sobre la expresión de género de su hija o hijo y a cocrear con ella o con él una nueva realidad compartida sobre su género. En la misma línea, investigaciones anteriores sugieren que la pérdida ambigua brinda la oportunidad de redefinir y cocrear relatos alternativos compartidos y un nuevo camino de conexión (McGuire et al., 2017). Gracias a los grupos de apoyo, los progenitores refirieron que sus experiencias se normalizaron y que, por primera vez, tuvieron acceso a una hoja de ruta sobre cómo brindar apoyo y adaptarse a su identidad emergente como madre o padre de una hija o un hijo transgénero.
Los resultados del presente estudio deben interpretarse teniendo en cuenta las limitaciones relacionadas con el diseño del estudio y el muestreo. El enfoque cualitativo retrospectivo exigía que adolescentes y progenitores reflexionaran sobre la primera infancia y evocaran sus recuerdos. Las experiencias pasadas se enmarcan desde la perspectiva del presente, lo que probablemente distorsiona la manera de recordar o comprender los acontecimientos. Además, las personas entrevistadoras pidieron a las díadas que reflexionaran sobre experiencias delicadas relacionadas con la identidad y la afirmación adolescentes y con el apoyo y la aceptación parentales. El método de entrevista puede haber aumentado el riesgo de sesgo de deseabilidad social si las personas participantes creían que sus respuestas se percibirían de forma negativa. En consecuencia, las díadas pueden haber callado o enmascarado esas experiencias para protegerse de un juicio percibido por parte de la persona entrevistadora.
Además, reclutamos a las familias en grupos de apoyo para familias transgénero, en un centro LGBTQ del sur de California y en una clínica de salud especializada en adolescentes transgénero. La muestra se limitaba a adolescentes de entre 12 y 17 años que se encontraban en sus primeros 12 meses de bloqueadores de la pubertad o de hormonas de afirmación de género; por tanto, los progenitores ya habían dado pasos importantes para apoyar la afirmación de género de su hija o hijo. Estos resultados representan las experiencias de familias que conocían la cuestión, estaban preparadas y tenían la capacidad logística y económica de apoyar la afirmación social y la afirmación de género médica o la transición de su hija o hijo. Entrevistamos a familias de California, una región que se considera dotada de más recursos afirmativos de lo trans y que crea un clima social y político de mayor aceptación hacia las familias trans que muchas regiones de Estados Unidos. Por ello, es necesaria investigación que explore más a fondo el apoyo parental en contextos de barreras legales y punitivas a la atención afirmativa de lo trans, para poner de relieve cómo afectan el estigma estructural y los factores facilitadores a las familias de adolescentes TNBA. Aunque estos resultados deben considerarse en el contexto de esta muestra reducida de familias que tenían acceso a una atención sanitaria afirmativa de lo trans y cuyas barreras no les impidieron acceder a ella, muchas familias tuvieron dificultades en medio de barreras interpersonales y estructurales a la atención, la aceptación y el apoyo.
La mayoría de las familias cuya persona adolescente TNBA hizo la revelación durante la adolescencia vivió un desfase de conocimientos y de preparación, y a menudo esas madres y esos padres carecían de una hoja de ruta para apoyar a su hija o hijo trans. Quienes ejercen profesiones de ayuda en la escuela, la salud mental y la atención sanitaria carecen a menudo de oportunidades de formación centradas en el apoyo a niñas, niños y adolescentes con diversidad de género y transgénero (Collazo et al., 2013). La juventud trans y las familias con múltiples identidades minorizadas viven sin duda formas complejas de estigma, opresión y resiliencia. El personal de las profesiones de ayuda, incluidos los grupos de apoyo, puede beneficiarse de una psicoeducación sobre lo trans y de un apoyo informado sobre el trauma que integre de manera significativa las percepciones de adolescentes y progenitores sobre las normas, tradiciones y valores culturales en el contexto de los procesos de afirmación de género adolescente. Además, utilizando el marco de la pérdida ambigua como fuente de empoderamiento (McGuire et al., 2017), quienes ejercen profesiones de ayuda pueden trabajar con las familias para reconocer la incertidumbre y la ambigüedad de las relaciones y los apegos en tiempos de cambio. Partiendo del presente estudio y de la literatura existente sobre la pérdida ambigua (McGuire et al., 2016), el crecimiento y la adaptación de las familias trans (Meadows, 2011) y el estrés de las minorías (Hidalgo & Chen, 2019, Meyer, 2003), quienes ejercen estas profesiones pueden ayudar a las familias a redefinirse y a crear nuevos significados en torno a las relaciones y la identidad, lo que demuestra una vez más la capacidad de adolescentes y progenitores para afrontar las transiciones y crecer a través de ellas en adelante.
Las barreras estructurales relacionadas con el acceso a espacios físicos y con la diversidad de representación contribuyen a la falta de afirmación y a la invisibilidad trans, lo que perpetúa el aislamiento respecto del apoyo. El aislamiento social y la falta de humildad cultural contribuyen al desfase de conocimientos y de preparación entre progenitores y adolescentes, y entre las familias trans y los servicios. El personal de las profesiones de ayuda y quienes facilitan los grupos de apoyo para familias tienen la oportunidad de aplicar enfoques de atención informada sobre el trauma que validen y aborden de manera significativa las necesidades y experiencias interrelacionadas de las familias trans expuestas a múltiples ejes simultáneos e interrelacionados de estigma y opresión. Nuestros resultados indicaron que las disparidades, tanto en el acceso a los grupos de apoyo como en la representación cultural dentro de ellos, tenían un impacto significativo en los procesos de apoyo y de adaptación parentales. Los progenitores de nuestro estudio brindaban un apoyo impulsado por la urgencia de proteger a su hija o hijo del estigma, prevenir el suicidio y garantizar su aceptación. Así, un apoyo parental impulsado por el malestar más que por la aceptación pone potencialmente de relieve la importancia de seguir estudiando los complejos factores que impulsan el apoyo y el posible impacto de estos procesos complejos en el bienestar adolescente y parental.
Complexe Systémique: puntos clave
El interés de este estudio reside en que escucha, dentro de una misma familia, a la persona adolescente y a su madre o su padre, por separado y al mismo tiempo. Lo que emerge es una asimetría temporal: cuando la revelación llega en la pubertad, la persona joven a menudo ya ha recorrido durante meses un camino en solitario, en internet, mientras que la madre o el padre se pone en marcha sin mapa y debe decidir rápido, a veces bajo la amenaza del suicidio. El apoyo puede entonces llegar antes que la aceptación: las familias avanzan por miedo a perder a su hija o hijo, mientras cargan en silencio con una pérdida ambigua que la juventud percibe y lee como una aceptación incierta. Para una lectura sistémica, dos enseñanzas. En primer lugar, acompañar el subsistema parental como un sistema en transición por derecho propio, con un lugar donde el duelo pueda decirse sin vivirse como una traición. En segundo lugar, mirar a los terceros —una abuela, una cuñada, una iglesia o un grupo de familias—, que pueden trazar un límite protector alrededor de la persona joven o aislar todavía más a la familia. Los límites residen en una muestra californiana pequeña y ya vinculada a la atención sanitaria, y en el carácter retrospectivo de los relatos. Para leer junto con el artículo sobre el tratamiento basado en la familia para jóvenes LGBTQ+ con riesgo suicida y el artículo sobre la pérdida ambigua y los rituales.
Referencias
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Traducción no oficial al español de “How in God’s Name Are We Going to Navigate This?”: Parent Support for Transgender Adolescents, de Shannon L. Dunlap, Jeremy T. Goldbach, Johanna Olson-Kennedy y Jordan Held, Journal of Child and Family Studies, vol. 32, n.o 12 (2023), doi: 10.1007/s10826-023-02649-2, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores; prevalece la versión original.
Este es el artículo original «“How in God’s Name Are We Going to Navigate This?”: Parent Support for Transgender Adolescents», publicado en Journal of Child and Family Studies (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Dunlap, S. L., Goldbach, J. T., Olson-Kennedy, J., y Held, J. (2023). “How in God’s Name Are We Going to Navigate This?”: Parent Support for Transgender Adolescents. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/how-in-god-s-name-are-we-going-to-navigate-this-parent-support-for-transgender-adolescents (Obra original publicada en 2023 en Journal of Child and Family Studies, 32(12), 3926-3946 (2023); republicada en 2023 por Journal of Child and Family Studies, https://link.springer.com/article/10.1007/s10826-023-02649-2)
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