Traducción asistida por IA

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Nordic Studies on Alcohol and Drugs · Protección de la infancia

Comprender el maltrato infantil y las necesidades de apoyo en familias con consumo problemático de sustancias por parte de los progenitores

¿Qué recuerdan de su infancia las personas adultas que crecieron con progenitores dependientes del alcohol o de otras sustancias? Un equipo de la Universidad de Tampere reunió los relatos de vida de once personas expertas por experiencia. Violencia, negligencia, una semana marcada por la embriaguez, un consumo que pasa de una generación a la siguiente: el maltrato persiste incluso en los momentos de sobriedad, y los abuelos o los vecinos no bastan para compensarlo. Estos testimonios reclaman una detección precoz y un apoyo que piense al mismo tiempo en el niño y en su figura parental.

Autoría Heidi Rantanen y Eija Paavilainen (Health Sciences Unit, Faculty of Social Sciences, Tampere University, Finlandia); Ella Plaami, Janika Kosonen y Katja Kuusisto (Welfare Sciences Unit, Faculty of Social Sciences, Tampere University); Eija Paavilainen (The Wellbeing Services County of South Ostrobothnia, Seinäjoki, Finlandia)Primera publicación Nordic Studies on Alcohol and Drugs, 28 de febrero de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Understanding Child Maltreatment and Support Needs in Families with Problematic Parental Substance use, de Heidi Rantanen, Ella Plaami, Janika Kosonen, Eija Paavilainen y Katja Kuusisto, publicado en Nordic Studies on Alcohol and Drugs (SAGE) (2026), doi: 10.1177/14550725261422551, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Es importante señalar que los niños y niñas no siempre perciben el PPSU como algo negativo en el momento. La conciencia del daño puede surgir solo más tarde.

Heidi Rantanen, Ella Plaami, Janika Kosonen, Eija Paavilainen y Katja Kuusisto

Resumen

Objetivos. Este estudio pretende mejorar la comprensión del maltrato infantil (CM) en relación con el consumo problemático de sustancias por parte de los progenitores (PPSU) e identificar las necesidades de apoyo individuales y familiares asociadas.

Métodos. Mediante un análisis de contenido cualitativo inductivo, examinamos los relatos de vida de personas expertas por experiencia formadas (N = 11) que habían vivido el PPSU y diversas formas de CM, entre ellas violencia física y emocional y negligencia en su familia durante la infancia y la adolescencia.

Resultados. Surgieron varios factores de riesgo de CM ligados a la familia y a los progenitores, como la transmisión intergeneracional del consumo de sustancias, la desventaja socioeconómica, el desempleo o el exceso de trabajo, los problemas de salud física y mental de los progenitores, las dificultades de bienestar social como el aislamiento social, el comportamiento violento y unas prácticas parentales inadecuadas. Las personas participantes describieron también factores atenuantes que amortiguaban en parte los efectos adversos.

Conclusiones. Los resultados ponen de relieve necesidades de apoyo diversas y persistentes. El PPSU puede exponer a los niños y niñas a una amplia gama de experiencias perjudiciales de CM. Una detección precoz eficaz tanto del PPSU como del CM asociado requiere una estrecha colaboración entre los servicios sociales y sanitarios, así como una implicación inclusiva y activa de las personas usuarias. Una comprensión holística de las circunstancias individuales y familiares afectadas por el PPSU es esencial para prevenir el CM y su transmisión intergeneracional.

Palabras clave: maltrato infantil; persona experta por experiencia; violencia familiar; consumo problemático de sustancias por parte de los progenitores; factor de riesgo; necesidades de apoyo

Introducción

El consumo problemático de sustancias por parte de los progenitores (PPSU) está muy extendido en Finlandia, lo que exige servicios eficaces. Aproximadamente 89 000 niños y niñas tienen al menos un progenitor con un problema grave de consumo de sustancias (Raitasalo, 2024), y uno de cada 10 menores nacidos en Finlandia en 1991 se vio afectado por el PPSU antes de los 18 años (Jääskeläinen et al., 2016b). Al mismo tiempo, la ley exige que los progenitores asuman la responsabilidad de la seguridad y del desarrollo saludable de sus hijos e hijas, mientras que al personal de los servicios sociales y sanitarios le corresponde garantizar que las familias reciban un apoyo adecuado para cumplir con esa responsabilidad (Child Welfare Act, 417/2007; Government Degree, 338/2011; Health Care Act, 1326/2010). Por ello, las condiciones perjudiciales en las familias afectadas por el PPSU generan una amplia gama de necesidades de servicios. Actualmente, las intervenciones o programas integrados para la infancia y sus familias los ofrecen por lo general los servicios sociales, incluidas intervenciones familiares y programas de apoyo dirigidos a niños y niñas (Itäpuisto, 2014; Jess et al., 2025), mientras que el tratamiento de los trastornos por consumo de sustancias se ofrece normalmente a través de la atención primaria, los servicios de salud mental o programas especializados (WHO, 2024).

El maltrato infantil (CM) es un problema moral crónico y difícil en las sociedades. El CM en el contexto familiar abarca la violencia física, emocional y sexual, así como la negligencia hacia menores de 18 años, ejercidas por los progenitores o por las personas cuidadoras (WHO, 2016). Incluye también el hecho de vivir en un entorno doméstico violento y de presenciar violencia familiar (Chiesa et al., 2018; Holden, 2003; Maughan & Cicchetti, 2002). El comportamiento violento designa el uso intencionado de la fuerza física o del poder que provoca lesiones, daño psicológico, trastornos del desarrollo, privaciones o la muerte (WHO, 2016). El CM también puede producirse de forma no intencionada debido a la mala salud de los progenitores o a su falta de conocimientos, capacidades o recursos, a la omisión o a la falta de cuidado (Rantanen et al., 2022b). El CM tiene consecuencias a largo plazo para la salud física, psicológica y social de la infancia (Hughes et al., 2017; WHO, 2016).

El CM en el contexto familiar está bien estudiado, pero sigue siendo un fenómeno extremadamente complejo porque hunde sus raíces en prácticas culturales, económicas y sociales (Runyan et al., 2002). Un enfoque consiste en examinar el CM a través de sus factores de riesgo asociados, de los que se ha demostrado que aumentan la probabilidad de que se produzca (Milner & Crouch, 2017; Skinner et al., 2021). Los factores de riesgo del CM han sido ampliamente investigados y reconocidos, aunque existen algunas variaciones entre culturas (Rantanen et al., 2022b; WHO 2016). El PPSU es un factor de riesgo de CM bien reconocido (Kepple, 2017; Velleman & Templeton, 2007, 2016; Rantanen et al., 2022b). Se ha relacionado con la transmisión intergeneracional y la recurrencia del CM (Chamberlain et al., 2019; Langevin et al., 2021; White et al., 2015), la negligencia (Mulder et al., 2018), los problemas de apego entre progenitores e hijos (Hyysalo et al., 2022), problemas generales de bienestar infantil (Kuppens et al., 2020), complicaciones obstétricas y consecuencias fetales (Shankaran et al., 2007; Sokol, 2003), la exposición a la violencia familiar (Choenni et al., 2017; Timshel et al., 2017) o a la violencia de pareja (Cafferky et al., 2018; Chiesa et al., 2018; Choenni et al., 2017; Jernbro et al., 2022), los problemas de salud mental de los progenitores (Myers et al., 2021) y, en los casos graves, el homicidio (Aho et al., 2017; Stöckl et al., 2017), así como el CM médico (Yates & Bass, 2017).

El PPSU aumenta la probabilidad de maltrato físico y de negligencia, así como de diversos problemas físicos, psicológicos y cognitivos en la infancia, como las dificultades de regulación emocional y el estrés prolongado (Freisthler et al., 2021; Punamäki et al., 2021; Raitasalo & Holmila 2017). El PPSU provoca a menudo sentimientos de aislamiento y soledad en los niños y niñas (Itäpuisto, 2014) y los expone a múltiples riesgos sociales, entre ellos el consumo problemático precoz de sustancias, el abandono escolar, un bajo rendimiento académico, la inseguridad económica y la estigmatización (Jääskeläinen et al., 2016a; Nissinen et al., 2024; O'Shay-Wallace, 2020; Raitasalo et al., 2021). Es importante señalar que Skinner et al. (2021) pusieron de relieve la interconexión de tres factores de riesgo tóxicos de CM (a saber, el consumo de sustancias de los progenitores, los problemas de salud mental y la violencia familiar), pero advirtieron que centrarse únicamente en ellos en la práctica habitual puede desviar la atención de otros riesgos pertinentes. Esto subraya la pertinencia de ampliar la investigación sobre la relación entre el PPSU y los distintos factores de riesgo del CM.

La investigación previa pone de relieve la interconexión entre el PPSU, el CM y las necesidades de apoyo que de ello se derivan. Sin embargo, la evidencia sobre el PPSU y el CM, sus factores de riesgo y las necesidades de apoyo sigue siendo fragmentaria, lo que la hace insuficiente para orientar plenamente las prácticas multiprofesionales de los servicios sociales y sanitarios. Partiendo de esta evidencia, nos propusimos mejorar la comprensión de la variedad de factores de riesgo de CM vinculados al PPSU (1) explorando cómo describen las personas participantes en sus relatos la relación del PPSU con el CM y sus factores de riesgo y (2) identificando los tipos de necesidades de apoyo que surgen de estos relatos.

Métodos

Este estudio emplea una metodología cualitativa para explorar y describir experiencias humanas en sus contextos naturales (Kyngäs et al., 2020). El PPSU y el CM asociado no son solo problemas de salud objetivos, sino también experiencias profundamente personales, moldeadas por las circunstancias individuales y los contextos culturales. Explorar esta diversidad mejora la comprensión del fenómeno, orienta los esfuerzos de prevención, refuerza la colaboración entre las personas usuarias y el personal profesional y favorece el desarrollo de servicios más eficaces para las personas y las familias afectadas.

En este estudio nos basamos en datos de informantes procedentes de un proyecto que cartografió los factores de riesgo familiares del CM con el fin de validar la Family Needs Checklist (Rantanen et al., 2022a). Las personas participantes se seleccionaron de forma intencional, buscando la máxima variación de los datos, es decir, una amplia gama de variación en las dimensiones de interés del estudio (Polit & Beck 2012). Por ello, tratamos de reclutar a madres y padres de cualquier edad y estado civil que hubieran tenido experiencias diversas relacionadas con el CM en un contexto familiar. El boletín de investigación enumeraba factores de riesgo de CM familiares basados en la evidencia, relativos al progenitor, al niño o niña y al contexto familiar, e invitaba a participar a quienes hubieran vivido uno o varios de estos factores, entre ellos el PPSU. Otros criterios de inclusión predeterminados eran haber participado en servicios de apoyo relacionados con el CM, recibir suficiente apoyo emocional para elaborar estas experiencias y tener acceso a apoyo adicional durante el estudio en caso necesario. Las personas participantes se reclutaron a través de asociaciones registradas de procedencias diversas. El estudio incluyó finalmente a 11 participantes (hombres y mujeres de 32 a 49 años), madres y padres con trayectorias conyugales variadas (con matrimonio, segundas nupcias o divorcio). Todas eran personas expertas por experiencia (EbE) con historias personales (McLaughlin, 2009; Pösö, 2018) de PPSU y de maltrato asociado en la infancia, y se habían recuperado lo suficiente como para reflexionar sobre sus experiencias.

En Finlandia, a las personas EbE se les ofrece cada vez más formación y una compensación económica por sus contribuciones. Por ello, las personas participantes en este estudio recibieron una compensación. El estudio siguió las directrices del Consejo Nacional Finlandés de Integridad en la Investigación (TENK, 2023). Las personas participantes dieron su consentimiento informado por escrito. Se utilizó una lista de verificación (Elo et al., 2014) para garantizar la calidad de la investigación, y se obtuvo la aprobación ética (Comité de Ética de la Región de Tampere, 148/2022).

Los datos se recogieron en 2023 mediante entrevistas presenciales de relato de vida, que permitieron a las personas participantes compartir recuerdos personalmente significativos. Los relatos de vida proporcionan un material de investigación rico al iluminar acontecimientos y contextos clave relacionados con el fenómeno (Hsieh & Shannon, 2005), lo que profundiza la comprensión del PPSU y del CM. Se elaboró una guía de entrevista con dos preguntas abiertas centradas en el CM en la infancia. Al final de cada entrevista se repasaba una lista estructurada de factores de riesgo de CM conocidos (Rantanen et al., 2022a) para garantizar una cobertura completa del tema. La guía se puso a prueba con una persona participante y se revisó en consecuencia. Se entrevistó una sola vez a cada participante, en persona o en línea, lo que permitió un reclutamiento en todo el país. La duración de las entrevistas osciló entre 60 y 90 min. Todas las entrevistas se transcribieron literalmente y se anonimizaron debido a la sensibilidad de los datos. Durante el análisis y la redacción del informe, la confidencialidad se garantizó anonimizando géneros, edades y acontecimientos vitales identificables. Además, las entrevistas se seudonimizaron para permitir la trazabilidad durante el proceso de análisis sin comprometer la confidencialidad de las personas participantes.

Para el análisis adoptamos un análisis de contenido cualitativo inductivo (Kyngäs et al., 2020; Polit & Beck, 2012). Los datos fueron analizados con ATLAS.ti, versión 23.0.8 (https://atlasti.com), y Word (Microsoft Corp., Redmond, WA, USA) por la primera persona investigadora (HR). Los datos se leyeron atentamente varias veces. Ello implicó buscar las expresiones significativas manifiestas pertinentes para las preguntas de investigación. A continuación, los datos se organizaron reuniendo y reduciendo las expresiones significativas sobre cómo el PPSU está relacionado con el CM o con su riesgo, y sobre las necesidades de apoyo reconocidas. Las reducciones se agruparon según sus similitudes y se codificaron de forma descriptiva en subcategorías y, después, en categorías principales («CM relacionado con el PPSU y factores de riesgo asociados» y «necesidades de apoyo»). Los resultados se contrastaron con el conjunto completo de datos. El rigor y la exactitud se garantizaron comparando las transcripciones con las categorías obtenidas y presentando el proceso de codificación al grupo de investigación para su revisión.

Resultados

El PPSU se vivió como diversas formas de CM, estrechamente ligadas a factores de riesgo parentales y familiares, que creaban para el niño o la niña unas condiciones de vida malsanas, descontroladas y, a veces, inseguras y caóticas. Las personas participantes describieron también factores atenuantes que amortiguaban en parte estas condiciones perjudiciales. Además, identificamos necesidades de apoyo diversas y experiencias variadas con los servicios de apoyo. La figura 1 resume las experiencias de CM relacionado con el PPSU y los factores de riesgo, los factores atenuantes y las necesidades de apoyo identificadas.

Maltrato infantil (CM) relacionado con el consumo problemático de sustancias por parte de los progenitores (PPSU), factores de riesgo asociados, factores atenuantes y necesidades de apoyo identificadas por las personas participantes.
Figura 1. Maltrato infantil (CM) relacionado con el consumo problemático de sustancias por parte de los progenitores (PPSU), factores de riesgo asociados, factores atenuantes y necesidades de apoyo identificadas por las personas participantes.

En los contextos de la infancia, el PPSU se transmitía a menudo de una generación a otra. Las circunstancias familiares variaban mucho, reflejando situaciones socioeconómicas diversas que iban de la pobreza a la riqueza, y de periodos de desempleo de los progenitores a épocas de jornadas laborales excesivas: «En algún momento de los años 90, mi otro progenitor se quedó sin trabajo … Entonces empezó a hacer vino casero y a bebérselo en casa …» (D4). El PPSU se describía como un consumo intenso de alcohol continuo o periódico, alcoholismo, drogadicción y/o tabaquismo por parte de uno o de ambos progenitores. Los progenitores consumían abiertamente alcohol y tabaco delante de los niños y niñas, mientras que el consumo de drogas se ocultaba con más frecuencia: «Mis padres bebían casi todos los días … Durante mucho tiempo pensé que era normal, que todos los padres beben todos los días (risas) … consumían drogas cuando dormíamos o no estábamos en casa» (D3).

Los hábitos de PPSU se manifestaban en distintos grados de embriaguez, resacas y cansancio: «… en mi familia, la resaca se interponía en [las aficiones] y [mis padres] estaban siempre bastante cansados» (D10). En ocasiones, el consumo problemático de sustancias conducía a una muerte prematura: «… [la muerte de mi progenitor] fue en cierto modo el final natural del estilo de vida que había llevado …» (D11). Los problemas de salud mental de los progenitores aparecían como estrés laboral, depresión, cambios de humor y cambios de personalidad: «Cuando estaba ebrio, esa personalidad cambiaba. [Mi progenitor] era siempre una persona tan cálida y digna de confianza, pero cuando bebía, era como un monstruo» (D6).

Las fluctuaciones entre la embriaguez y la sobriedad se reflejaban en el bienestar social y el comportamiento de los progenitores. En casa podían mostrarse emocionalmente distantes y socialmente aislados, lo que hacía difícil o imposible que sus hijos e hijas se acercaran a ellos. Las frecuentes discusiones entre los progenitores llevaban a veces a cambios en la estructura familiar, como separaciones, órdenes de alejamiento, divorcios y cambios recurrentes de pareja. Los progenitores que no consumían, al permanecer en la relación, podían contribuir sin quererlo a mantener las circunstancias perjudiciales. La vida cotidiana en las familias afectadas por el PPSU se vivía como una lucha constante. El consumo recurrente de alcohol alteraba las rutinas, y el ritmo semanal giraba en torno al consumo de sustancias. «Los lunes [mis padres] tenían resaca, y hacia el martes la vida se volvía más normal … El miércoles ya era “casi fin de semana”, así que [mis padres] tomaban un poco de alcohol después de la sauna. El jueves [mis padres] volvían a estar algo apáticos hasta el viernes, cuando estaban tan contentos y las botellas tintineaban» (D10). Las personas participantes describieron también la falta de intimidad en casa, ya que distintas personas se reunían con regularidad para beber con sus progenitores.

La embriaguez, las resacas y el cansancio de los progenitores se vivían como algo que se traducía en irritabilidad, violencia, imprevisibilidad, distancia y, a veces, en un comportamiento que daba miedo. Algunas personas participantes describieron experiencias persistentes de violencia o de miedo, que se producían incluso durante los periodos de sobriedad del progenitor. La violencia física o su amenaza tenía a menudo una finalidad disciplinaria o reflejaba la necesidad del progenitor de que lo dejaran en paz. «[Mi progenitor] era un demonio … siempre ebrio … en realidad no había ningún contacto … me echaban de casa si molestaba [a mi progenitor] … [Mi progenitor] a veces también estaba sobrio … pero incluso entonces había que guardar silencio para que [mi progenitor] no estallara» (D11). Los niños y niñas también podían sufrir daños físicos al intentar intervenir en la violencia entre personas adultas: «Cuando la nueva pareja de mi progenitor empezó a quedarse más a menudo en casa, aumentó la bebida y [la pareja] empezó a pegar a mi progenitor … Cuando [la pareja] me pegó también a mí … solo entonces mi progenitor se dio cuenta de la amenaza. Pero al principio defendió [a su pareja] y me culpó a mí, diciendo: “Ya ves, no deberías haberte metido en medio de nuestra pelea” …» (D2).

El PPSU se manifestaba como violencia emocional a través de conductas como gritar, culpar, invalidar, discriminar, acosar, rechazar la cercanía física y emocional y mantener un ambiente frío en casa: «En nuestra casa, el maltrato era una fuerte discriminación y acoso … mi hermano o hermana menor sufrió violencia física, pero con más frecuencia era una violencia emocional intensa dirigida contra nosotros [hijos e hijas] …» (D7). Las personas participantes también presenciaron violencia entre los progenitores, entre familiares o entre sus compañeros de bebida: «Beber alcohol iba asociado a la violencia sexual [entre los progenitores] … Por la noche oía gritos y violaciones … Tenía poco más de diez años …» (D4).

El PPSU se vivía como una incapacidad de los progenitores para satisfacer las necesidades básicas del niño o la niña, lo que daba lugar a menudo a una negligencia en los cuidados, la atención y la crianza propios de su edad. Los progenitores ponían a veces en peligro la seguridad de sus hijos e hijas dejándolos solos por la noche, permitiéndoles quedarse fuera hasta tarde o no yendo a recogerlos a la guardería: «Era muy pequeñito … todavía no tenía edad escolar … y me dejaron sin nadie en casa. Recuerdo darme cuenta: “Ah, ya sé dónde están”, así que salí de casa en plena noche y fui al bar del barrio, donde encontré a mis padres» (D8). Las rutinas básicas de cuidado, como la higiene, la organización de la noche o unas comidas nutritivas, se descuidaban a menudo: «… A decir verdad, solo comía comidas en condiciones en la guardería …» (D9). A los progenitores les costaba poner límites, enseñar habilidades para la vida o proporcionar una orientación coherente. Para compensar su consumo, recurrían a veces a sobornar a sus hijos e hijas, lo que reflejaba una crianza muy incoherente: «El alcohol cambia tanto el comportamiento del progenitor que, cuando está borracho, [el progenitor] toma la salida más fácil sobornándonos con dinero, a veces poniendo límites y luego volviendo a ignorarlos» (D10). Los progenitores tampoco ofrecían cercanía social, emocional o física. A menudo dejaban solos a los niños y niñas o los mandaban a jugar a otra parte, de modo que se perdían momentos compartidos con sus progenitores: «… la bebida de nuestros padres hacía que pasáramos el tiempo completamente a solas …» (D9). Cuando se iban de casa en la adolescencia, los progenitores no mantenían el contacto y los dejaban sin apoyo: «Luego me fui de casa … los estudios no iban bien … no tenía a nadie … caí en una depresión … a nadie le importaba … mis padres no me llamaban ...» (D4).

Las personas participantes identificaron algunos factores atenuantes en su crianza. Algunos progenitores fueron descritos como cariñosos, atentos, fiables y no violentos, y ciertas personas participantes sentían que sus necesidades básicas habían estado cubiertas: «… Nunca pensé que mis padres me hubieran dejado en segundo plano, ni que el alcohol fuera antes que yo, ni que hubiera habido maltrato … Siempre pensé que tenía unos padres cariñosos y atentos» (D5). Los abuelos y abuelas ofrecían a menudo cuidados, afecto, atención positiva y actividades de ocio. El vecindario y las amistades brindaban apoyo mediante ayuda práctica, presencia y compañía, mientras que las mascotas se veían como importantes fuentes de consuelo y afecto. Sin embargo, estos factores no bastaban para mitigar por completo las condiciones adversas creadas por el PPSU.

Pese a las dificultades del PPSU, las personas participantes relataron varias experiencias positivas de apoyo a lo largo de su vida. Los cuidados externos, como la guardería o el acogimiento fuera del hogar, aportaban estabilidad y el contacto con una crianza sana y corriente. Las personas participantes se beneficiaron también de diversos servicios de apoyo, entre ellos servicios profesionales especializados en seguridad y protección, intervenciones familiares, servicios sociales, atención sanitaria, apoyo en crisis de baja exigencia y bienestar estudiantil. En las situaciones más graves fue necesaria la hospitalización psiquiátrica. La policía intervenía a veces para apaciguar la violencia en casa, y el personal de trabajo social organizaba el acogimiento fuera del hogar en los casos de PPSU y de violencia familiar que afectaban a niños y niñas pequeños. Más adelante en la vida, la terapia ayudó a las personas participantes a dar sentido a sus experiencias adversas en la infancia y apoyó su recuperación.

Las personas participantes también relataron experiencias negativas de apoyo, subrayando la falta de servicios integrales que atiendan a la vez las necesidades de apoyo familiares e individuales. Insistieron especialmente en la importancia de la detección precoz del PPSU y en la necesidad de servicios de atención al consumo de sustancias oportunos, individualizados y centrados en la familia: «[En el instituto] tenía anorexia, empecé a consumir drogas, me autolesionaba y tenía mucha ansiedad, faltaba a clase y me saltaba las clases, pero nada de eso se diagnosticó. Personalmente, sentía depresión y angustia … y esas dificultades tenían que ser visibles para todo el mundo» (D1). Las personas participantes destacaron la importancia de un apoyo continuo, incluido el estímulo para la rehabilitación o el tratamiento voluntario, y la necesidad de confidencialidad en las relaciones de cuidado. Expresaron también la necesidad de sentirse valoradas por el personal profesional y de que sus opiniones fueran escuchadas, comprendidas y tenidas en cuenta en la toma de decisiones. En el ámbito sanitario, algunas se sentían como «casos perdidos» debido a la falta de centros de tratamiento disponibles y a que no se reconocía el consumo problemático de sustancias. También señalaron carencias en la farmacoterapia, con medicamentos a menudo prescritos a petición suya, lo que les permitía justificar la continuación del consumo según sus propios deseos. Algunas describieron cómo sus propios progenitores nunca habían recibido apoyo para la adicción o las dificultades de crianza, lo que llevó a prácticas parentales anticuadas e inadecuadas transmitidas de generación en generación. Además, las personas participantes subrayaron la falta de una orientación adecuada en los servicios que les ayudara a aprovechar los sistemas de apoyo disponibles.

Discusión

El presente estudio pretendía mejorar la comprensión de cómo el PPSU está relacionado con el CM y de los tipos de necesidades de apoyo individuales y familiares que surgen. Se identificaron varios factores de riesgo de CM conocidos relacionados con la familia y con los progenitores (Rantanen et al., 2022a; 2022b). Las condiciones socioeconómicas de las familias iban de la pobreza a la abundancia y del desempleo a las jornadas laborales excesivas. Patrones similares se han documentado en estudios anteriores (Ronel & Levy-Cahana, 2011; Silvén Hagström & Forinder, 2022). Nuestros resultados muestran además que el PPSU no se asocia exclusivamente a la pobreza. Asimismo, se describió como algo que persiste a lo largo de las generaciones, lo que subraya la importancia de abordar este ciclo en las estrategias de prevención primaria dirigidas al PPSU y al CM.

Los factores de riesgo relacionados con los progenitores abarcaban dimensiones físicas, mentales y sociales. Los problemas físicos incluían la adicción, la embriaguez y el cansancio; las dificultades de salud mental, la depresión y el estrés; y las dificultades sociales se reflejaban en relaciones tensas y en una parentalidad no biológica. Las rupturas en las relaciones con los progenitores y con las parejas de estos exponían a menudo a los niños y niñas al conflicto y a la violencia, lo que erosionaba el vínculo emocional, el sentimiento de pertenencia y el apoyo social. El PPSU se asociaba a una parentalidad deteriorada, con necesidades básicas no cubiertas. Desde la perspectiva del niño o la niña, la vida familiar bajo el PPSU implicaba violencia física y emocional y negligencia, incluso durante los periodos de sobriedad. Incluso un maltrato aparentemente leve puede vivirse como profundo y generar inseguridad desde la perspectiva infantil. Estos resultados ponen de relieve la necesidad de abordar de manera integral todas las formas de maltrato infantil.

Aunque los factores atenuantes no bastaban para contrarrestar por completo las condiciones adversas descritas, constituyen no obstante importantes recursos potenciales. Según Belsky (1993), los factores de riesgo no conducen inevitablemente a prácticas parentales deficientes, salvo que los factores de estrés superen los apoyos disponibles y anulen los factores de protección. Por ello, identificar las diversas formas de CM, los riesgos asociados y los factores atenuantes mediante el diálogo con los miembros de la familia puede favorecer una comprensión más completa de su situación vital única y orientar unos cuidados y un apoyo adecuados. Por ejemplo, Wlodarczyk et al. (2017), en una revisión sistemática, identificaron factores de protección de la salud mental en el nivel del niño o la niña, del progenitor, de la familia y del entorno; uno de los más significativos era el apoyo social, que también se reflejó en nuestro estudio. Los factores de protección frente al CM constituyen un componente fundamental de las estrategias de prevención (WHO, 2016). Se necesita más investigación para identificar los factores atenuantes y de protección asociados al PPSU.

Las personas participantes subrayaron la importancia de la detección precoz, de la notificación y de una intervención oportuna ante los problemas de la infancia y de la familia. El PPSU está reconocido como un criterio de cribado fundamental del CM (Kepple, 2017). La investigación previa indica que una elevada tolerancia al alcohol y las borracheras frecuentes en la adolescencia aumentan el riesgo de consumo problemático de sustancias (Sarala et al., 2020), mientras que entre los factores de protección figuran el tiempo pasado con los progenitores y las actividades de ocio estructuradas (Woodward et al., 2023). Por ello, es esencial el contacto directo con la gente joven (Stone et al., 2023). Aunque la violencia familiar está estrechamente asociada al PPSU, a menudo pasa desapercibida en los servicios sociales y sanitarios (Leppäkoski et al., 2024), lo que subraya la necesidad de un cribado activo y eficaz. Además, se han observado consecuencias adversas incluso en niños y niñas cuyos progenitores no cumplen los criterios clínicos de dependencia de sustancias, lo que pone de relieve la importancia de la intervención precoz (McGovern et al., 2020).

Una intervención eficaz ante los problemas de la infancia y de la familia requiere un enfoque multifacético que integre la detección precoz y una actuación oportuna, un apoyo continuo, encuentros dialógicos y confidenciales, prácticas basadas en valores, cuidados orientados a la familia y la eliminación de las carencias en la farmacoterapia. Un estudio de Barret et al. (2024) subrayó igualmente la necesidad de un tratamiento del consumo de sustancias oportuno, individualizado y centrado en la familia. Sin embargo, cuando las personas cuidadoras pedían ayuda para sí mismas, los servicios daban a menudo prioridad a la protección de la infancia, dejando a la persona cuidadora sin un apoyo adecuado o interrumpiéndolo prematuramente (Barret et al., 2024). Esto pone de relieve la importancia de un apoyo integral, orientado a la persona usuaria y a la familia, basado en la colaboración multidisciplinar. Se subraya la importancia de un apoyo tanto individual como centrado en la familia (Kedzior et al., 2024). McGovern et al. (2021) encontraron evidencia de que las intervenciones psicosociales adaptadas ayudan a mantener a largo plazo la reducción del PPSU. Implicar a otros miembros de la familia en el tratamiento resultó beneficioso, mientras que incluir a los niños y niñas en las sesiones no lo fue. La formación en habilidades parentales aplicada en el domicilio demostró ser eficaz. Estos resultados subrayan la necesidad de apoyar simultáneamente la parentalidad y la recuperación del consumo de sustancias. En su revisión, Straussner y Fewell (2018) identificaron varias intervenciones prometedoras para niños y niñas que viven con el PPSU, entre ellas el tratamiento del consumo de sustancias (Burdzovic Andreas & O’Farrell, 2017), los programas familiares (Calhoun et al., 2015; Ryan et al., 2016; Usher et al., 2015; Usher & McShane, 2016; Zehetner et al., 2017; Zhang & Slesnick, 2017, 2018), las intervenciones breves (Kepple, 2017; Keurhorst et al., 2016) y los modelos de prevención del acogimiento fuera del hogar (Huebner et al., 2021).

Nuestro estudio puso de relieve la importancia de las prácticas basadas en valores, en las que las personas usuarias se sienten respetadas por el personal profesional y tienen la experiencia de ser escuchadas, comprendidas e incluidas en la toma de decisiones. La confidencialidad se consideró también esencial para hablar de cuestiones delicadas sin miedo al estigma. El diálogo temprano con las familias se considera valioso para abordar las preocupaciones (Eriksson & Arnkil, 2009; Seikkula & Arnkil, 2014). Es esencial que todas las personas de la sociedad tengan acceso a información sobre el PPSU y su relación con el CM, así como sobre los factores de riesgo asociados, para reconocer los posibles daños y buscar apoyo a tiempo. Del mismo modo, el personal profesional de todos los sectores debe estar preparado para entender el PPSU como un fenómeno que requiere una colaboración multidisciplinar orientada a la persona usuaria y a la familia. La participación activa de las personas usuarias mejora la comunicación y favorece unas prácticas de cuidado inclusivas.

Fortalezas y limitaciones

Las entrevistas de relato de vida ofrecen la posibilidad de obtener una visión rica de fenómenos complejos. En este estudio, las entrevistas se centraban originalmente en experiencias más amplias de CM, y el PPSU surgió como uno de los diversos factores de riesgo reconocidos. Entre esas entrevistas, se seleccionó a algunas personas informantes en función de sus experiencias con el PPSU, identificado como una de sus experiencias infantiles más perjudiciales. El objetivo no era establecer vínculos causales entre el PPSU y el CM, sino explorar y describir las realidades multifacéticas de la vida de las personas participantes. En consecuencia, los resultados aportan conocimientos valiosos para contribuir a mejorar la atención multidisciplinar y la planificación de los servicios. Las limitaciones de este estudio se refieren a posibles sesgos, entre ellos la motivación de las personas participantes y el sesgo de memoria (Baldwin et al., 2019). Es posible que las personas participantes hayan ocultado información sobre el CM por emociones desagradables, vergüenza, reticencia a revivir acontecimientos dolorosos o miedo a que se comunicara a las autoridades. El sesgo de memoria es una limitación reconocida de los estudios retrospectivos, porque no pueden evitarse por completo ni la infradeclaración ni la sobredeclaración (Baldwin et al., 2019). En este estudio, las personas informantes eran EbE formadas, con el fin de minimizar este sesgo. En la edad adulta, tras recibir un apoyo emocional adecuado para elaborar sus experiencias de CM, muchas personas participantes pudieron reconocer formas de CM que no habían identificado durante la infancia. La posibilidad de una sobredeclaración de los temas más importantes para cada participante está inevitablemente presente. El uso de entrevistas guiadas por un protocolo estructurado permitió una exploración detallada y bien fundamentada del concepto de CM (Baldvin et al., 2019), garantizando al mismo tiempo la exhaustividad y subsanando posibles lagunas o limitaciones en la comprensión de las personas participantes.

La saturación de los datos respecto a los factores de riesgo del CM se alcanzó abordándolos sistemáticamente al final de cada entrevista (Kyngäs et al., 2020), aunque la saturación relativa específicamente al PPSU puede haber quedado incompleta debido al amplio alcance del constructo de CM. El objetivo de este estudio era más bien mejorar la comprensión de la experiencia humana que lograr la generalización a la población diana (Polit & Beck, 2012). Las experiencias humanas individuales son únicas y, por tanto, no pueden generalizarse por completo. Describen la realidad existente dentro de una experiencia humana y tienen un valor intrínseco. Además, las perspectivas subjetivas de las personas usuarias y su participación en la planificación de los servicios son una parte obligatoria de un desarrollo inclusivo de los servicios.

Implicaciones prácticas

Desde el punto de vista de las políticas públicas, debería darse prioridad a la promoción del bienestar de la infancia y de las familias y a la reducción del PPSU, antes que a los intereses financieros de las políticas sobre sustancias. El PPSU debe reconocerse como un problema social grave que exige una acción urgente y coordinada. La comunidad debe esforzarse por desarrollar prácticas que pasen de considerar los casos como perdidos o irrecuperables a reconocerlos como esperanzadores y recuperables, y de la estigmatización a la aceptación de la complejidad de la vida humana. Se anima al personal profesional de los servicios sociales y sanitarios a: (1) reforzar la detección precoz del PPSU, del CM asociado y de los factores de riesgo relacionados; (2) detectar en una fase temprana las dificultades de niños, niñas y adolescentes; y (3) aplicar y seguir desarrollando intervenciones eficaces centradas en la persona usuaria y en la familia, en colaboración con los proveedores de servicios pertinentes. Se recomienda a quienes elaboran las políticas: (1) reconocer el PPSU como un problema grave de salud y bienestar tanto para la infancia como para los progenitores y (2) aplicar la sólida evidencia existente sobre la relación del PPSU con el CM al tomar decisiones de política sobre sustancias que afecten al bienestar de las familias con hijos e hijas.

Conclusiones

Las experiencias individuales de PPSU ilustran vívidamente las vivencias de la infancia y ponen de relieve la necesidad urgente de acciones preventivas tempranas. Estos resultados ofrecen una visión valiosa de las condiciones perjudiciales en las familias afectadas por el PPSU, que pueden extenderse a lo largo de generaciones y dar lugar a entornos familiares inseguros desde la perspectiva del niño o la niña. Cabe destacar que el PPSU se percibía a menudo como una parte normal de la vida cotidiana, que se extendía incluso a los momentos de sobriedad de los progenitores. A pesar de la presencia de factores atenuantes, sus efectos sobre la salud y el bienestar de las personas participantes fueron graves y de gran alcance. Es importante señalar que los niños y niñas no siempre perciben el PPSU como algo negativo en el momento. La conciencia del daño puede surgir solo más tarde; por ejemplo, a través del trabajo terapéutico en la edad adulta. Desde una perspectiva de desarrollo sostenible, la prioridad clave es la detección precoz de las dificultades individuales y familiares y la prestación oportuna de un apoyo multidisciplinar. Reconocer la diversidad de los factores de riesgo y compartir el conocimiento entre sectores beneficia por igual a la infancia, a los progenitores, al personal profesional y a los sistemas, al favorecer una comprensión compartida de necesidades de apoyo complejas. Una atención eficaz debe construirse sobre una gobernanza conjunta del trabajo multiprofesional, en la que la situación vital única de la persona usuaria sirva de punto de partida para planificar, priorizar y prestar el apoyo. Los procesos de atención deberían configurarse a partir de la perspectiva de la persona usuaria, de modo que las estructuras de apoyo sean receptivas, oportunas y significativas.

Complexe Systémique: puntos clave

El interés del estudio reside en su fuente: personas adultas formadas para dar testimonio, que revisitan su infancia con la distancia de la recuperación. Sus relatos dibujan menos un factor de riesgo aislado que todo un sistema familiar organizado en torno al consumo de sustancias: una semana marcada por la embriaguez, un progenitor que no consume y que, al quedarse, mantiene la situación, una farmacoterapia que sostiene el consumo, una transmisión de una generación a la siguiente. Para la práctica sistémica se desprenden dos lecciones. La sobriedad no basta para poner fin al maltrato, porque el clima relacional persiste; y los niños y niñas pueden vivir como normal lo que solo reconocerán como perjudicial en la edad adulta, lo que invita a los equipos clínicos a no esperar una queja para abrir el diálogo. La llamada a un apoyo que sostenga a la vez al niño o la niña, al progenitor y a la familia hace eco de las prácticas de diálogo temprano. Los límites son los de una muestra finlandesa pequeña y retrospectiva, sin otras perspectivas familiares. Puede leerse junto con el artículo sobre una revisión realista de las intervenciones familiares y el artículo sobre el modelo sueco Sofia.

Notas del original

Consideraciones éticas: Se obtuvo la aprobación ética de un organismo de revisión local independiente (Comité de Ética de la Región de Tampere, 149/2022).

Consentimiento para participar: Las personas participantes dieron su consentimiento informado por escrito.

Contribuciones de la autoría: Conceptualización y metodología: HR, EP, KK; recogida de datos: HR; análisis formal: HR; redacción del borrador original: HR, EPL, JK y KK; revisión y edición: HR, EPL, JK, EP y KK. Toda la autoría aprobó la versión final.

Financiación: Esta investigación fue financiada por el Ministerio de Asuntos Sociales y Salud de Finlandia en el marco de la financiación de la investigación universitaria en trabajo social (VN/9695/2023).

La autoría declaró no tener ningún posible conflicto de intereses en relación con la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo.

Agradecimientos. Expresamos nuestro sincero agradecimiento a todas las personas participantes por compartir sus experiencias y reflexiones.

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Traducción no oficial de Understanding Child Maltreatment and Support Needs in Families with Problematic Parental Substance use, de Heidi Rantanen, Ella Plaami, Janika Kosonen, Eija Paavilainen y Katja Kuusisto, Nordic Studies on Alcohol and Drugs, vol. 43, n.o 2 (2026), doi: 10.1177/14550725261422551, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción al español y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (declaraciones agrupadas en las notas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «Understanding Child Maltreatment and Support Needs in Families with Problematic Parental Substance use», publicado en Nordic Studies on Alcohol and Drugs (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Rantanen, H., Plaami, E., Kosonen, J., Paavilainen, E., y Kuusisto, K. (2026). Understanding Child Maltreatment and Support Needs in Families with Problematic Parental Substance use. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/understanding-child-maltreatment-and-support-needs-in-families-with-problematic-parental (Obra original publicada en 2026 en Nordic Studies on Alcohol and Drugs, 43(2), 198-211 (2026); republicada en 2026 por Nordic Studies on Alcohol and Drugs, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/14550725261422551)

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