Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Attachment & Human Development · Protección infantil
En Suecia, 191 profesionales que instruyen investigaciones de protección infantil describen cómo juzgan el apego de niñas y niños: casi siempre, casi nunca con una herramienta validada y con una confianza que la investigación no respalda. El equipo de Mårten Hammarlund y Pehr Granqvist mide la distancia entre la teoría del apego y su uso en decisiones que pueden separar a un niño o una niña de su familia.
Traducción no oficial al español de Concepts travel faster than thought: an empirical study of the use of attachment classifications in child protection investigations, de Mårten Hammarlund, Pehr Granqvist, Sara Elfvik, Caroline Andram y Tommie Forslund, publicado en Attachment & Human Development (Taylor & Francis) (2022), doi: 10.1080/14616734.2022.2087699, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan como listas; las declaraciones del final del artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
En suma, la calidad del apego de un niño o una niña no basta para inferir retrospectivamente los cuidados recibidos ni para predecir su desarrollo con un grado razonable de certeza.
Mårten Hammarlund, Pehr Granqvist, Sara Elfvik, Caroline Andram y Tommie Forslund
Resumen
El debate académico sugiere un uso extendido y excesivamente confiado de las clasificaciones de apego en las investigaciones de protección infantil, pero ninguna investigación sistemática ha examinado su prevalencia real, los métodos empleados para obtener esas clasificaciones ni su interpretación. Nos propusimos colmar esta laguna con datos de una encuesta realizada a una muestra nacionalmente representativa de profesionales suecos de la protección infantil (N = 191). Surgieron tres hallazgos clave. En primer lugar, la gran mayoría se formaba una opinión sobre la calidad del apego de niñas y niños pequeños en todas o en la mayoría de las investigaciones. En segundo lugar, la mayoría no recurría a evaluaciones sistemáticas, y nadie empleaba métodos de apego bien validados. En tercer lugar, se observó un exceso de confianza en las implicaciones atribuidas a las clasificaciones de apego. Por ejemplo, muchas personas creían que el apego inseguro es un indicador válido de cuidados insuficientes. Nuestros hallazgos ilustran una amplia brecha entre investigación y práctica. Esta brecha se debe presumiblemente a las dificultades inherentes a trasladar la investigación basada en grupos al nivel individual, a una deficiente difusión de la teoría y la investigación sobre el apego, y a presiones estructurales que afectan negativamente a la calidad de las investigaciones de protección infantil.
Palabras clave: protección infantil; calidad del apego; evaluación del apego; práctica de investigación; Suecia
Las y los profesionales de la protección infantil no solo deben tomar decisiones de una dificultad extraordinaria; afrontan además numerosos retos, como una elevada carga de trabajo, recortes presupuestarios y la exigencia de fundamentar las evaluaciones de riesgo en la evidencia científica. Estos factores han contribuido a la necesidad de teorías del desarrollo de gran rigor científico, y hay indicios de que el personal de protección infantil percibe cada vez más que la teoría del apego —incluidas sus clasificaciones de la calidad del apego— responde a esa necesidad (p. ej., White et al., 2019). Esta evolución ha sido alentada por parte de la comunidad académica, que defiende el uso de las clasificaciones de apego en la protección infantil como medio para conocer la calidad de los cuidados y el desarrollo futuro del niño o la niña (p. ej., Crittenden & Baim, 2017; Spieker et al., 2021). Otras voces académicas han advertido, sin embargo, contra ese uso, debido a las limitaciones psicométricas de los instrumentos y a la preocupación de que una traslación excesivamente confiada de la investigación de nivel grupal a casos individuales pueda ir en contra del interés superior de la infancia (p. ej., Forslund et al., 2021a; Granqvist, 2016; van IJzendoorn et al., 2018a, 2018b). No obstante, estas preocupaciones bien podrían ser exageradas; la investigación sistemática sobre el uso real que el personal de protección infantil hace de las clasificaciones de apego, y sobre lo que opina de sus implicaciones, es notablemente escasa. Este estudio constituye un intento de colmar esta notable laguna de conocimiento.
El personal de protección infantil afronta una tarea de una dificultad extraordinaria, con consecuencias de gran calado para todas las partes implicadas. Por un lado, no recomendar medidas de precaución (como el acogimiento fuera del hogar) para niñas y niños en situación de riesgo puede tener como resultado daños graves, o incluso la muerte, del niño o la niña. Por otro lado, las separaciones entre el niño o la niña y quienes le cuidan se asocian en sí mismas a riesgos para el desarrollo (p. ej., Jones-Mason et al., 2021). Estos riesgos son especialmente marcados cuando a las separaciones les sigue una inestabilidad prolongada en los cuidados (van IJzendoorn et al., 2020), algo frecuente, e incluso predominante, en muchos países (p. ej., Konijn et al., 2018; Sallnäs et al., 2004; Wulczyn et al., 2003). Así pues, tanto si un niño o una niña es acogido fuera del hogar como si se le permite permanecer con sus personas cuidadoras, una toma de decisiones desacertada o mal fundamentada puede tener consecuencias negativas importantes.
Además, muchos países occidentales han conocido recientemente cambios radicales en el ámbito de la protección a la infancia. Entre ellos figuran el aumento de la carga de trabajo del personal y de las exigencias burocráticas, un número creciente de investigaciones, una financiación limitada y una mayor complejidad de las familias investigadas (p. ej., Gibson et al., 2018; Lavee & Strier, 2018). Las direcciones de los servicios lidian también con altas tasas de rotación y con escasos recursos para formar al personal sin experiencia que debe sustituir a las personas experimentadas que abandonan (p. ej., Griffiths et al., 2017; Karsten, 2018; Park & Shaw, 2013). Se ha sugerido que estas condiciones contribuyen a reducir la atención prestada al apoyo a las familias y a poner el acento en la evaluación del riesgo y la protección (p. ej., Bilson & Munro, 2019).
Junto a estas condiciones contextuales, en la mayoría de los países occidentales se exige cada vez más a los servicios de protección infantil que fundamenten las evaluaciones de riesgo en la evidencia científica, tanto por razones jurídicas (es decir, la seguridad jurídica; p. ej., Lundström & Sallnäs, 2019) como burocráticas (p. ej., la rendición de cuentas; Gibson et al., 2018). Esto ha generado una demanda de teorías del desarrollo de gran rigor científico y de una conceptualización de los riesgos y beneficios para la infancia en términos de esas teorías. Además, la mayoría de los países occidentales han acabado por utilizar la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (CDN; Asamblea General de las Naciones Unidas, 1989), con su principio del «interés superior del niño», como marco jurídico para la toma de decisiones en protección infantil (Falch-Eriksen & Backe-Hansen, 2018). Esta evolución ha sido sin duda importante para atraer una mayor atención hacia los derechos y las necesidades de la infancia. Sin embargo, la vaguedad con que está formulado el principio ha contribuido a la necesidad de una interpretación más precisa en términos de teorías del desarrollo validadas empíricamente (Mnookin, 1975), y a poner el acento en las relaciones entre el niño o la niña y quienes le cuidan (Skivenes & Sørsdal, 2018). Por las razones que se exponen a continuación, la teoría del apego y sus sistemas de clasificación asociados pueden haber parecido responder a estas necesidades.
Desde que Bowlby formuló la teoría del apego, la investigación sobre el apego ha subrayado la importancia general de las interacciones y relaciones entre el niño o la niña y quienes le cuidan para el desarrollo infantil. Bowlby (1969/1982) concebía el apego como un sistema motivacional fruto de la evolución, por el que los bebés forman universalmente fuertes vínculos afectivos —apegos— con sus personas cuidadoras (es decir, sus figuras de apego). Los niños y niñas apegados protestan ante las separaciones y procuran mantener la proximidad con sus figuras de apego mediante conductas de apego (cualquier conducta cuya función sea aumentar la probabilidad de proximidad física; p. ej., llorar, aferrarse). Esto resulta especialmente evidente en situaciones que dan indicios de peligro, en las que la infancia se ve motivada a orientarse hacia sus figuras de apego como fuentes de consuelo y protección (es decir, como refugios seguros). Sin embargo, niñas y niños también siguen el paradero de sus figuras de apego en ausencia de amenazas, utilizándolas como bases seguras para la exploración.
Aunque estos aspectos normativos (propios de la especie) del apego son centrales en la teoría del apego, la investigación también ha prestado considerable atención a cómo las variaciones en la calidad de las relaciones de apego de la infancia (es decir, segura, insegura, desorganizada) pueden modular el funcionamiento del sistema de apego. El apego infantil seguro se caracteriza por la expectativa de que una figura de apego estará disponible como refugio seguro y base segura, lo que se manifiesta en una integración bien coordinada entre los sistemas conductuales de apego y de exploración (Ainsworth et al., 1978), y en una atención flexible frente a la información relacionada con el apego (Main, 1990). El apego infantil inseguro/evitativo se caracteriza por una exploración defensiva en detrimento de los sentimientos y necesidades relacionados con el apego, y el apego infantil inseguro/resistente por una implicación negativa en las necesidades de apego en detrimento de la exploración (Ainsworth et al., 1978). Por último, los niños y niñas con apego desorganizado/desorientado muestran un colapso momentáneo de la atención y de la conducta, que se manifiesta en indicios de conductas conflictivas, confusas o temerosas en presencia de la persona cuidadora (Main & Solomon, 1990).
La investigación sobre el apego también se ha centrado en cómo las variaciones individuales en la calidad del apego se relacionan con los cuidados y con los resultados del desarrollo infantil. Décadas de investigación han demostrado que estas variaciones se predicen de forma más constante a partir de la sensibilidad de las personas cuidadoras a las señales del niño o la niña (p. ej., De Wolff & van IJzendoorn, 1997) y de su capacidad para mentalizar sus conductas (p. ej., Zeegers et al., 2017). Además, el apego infantil inseguro o desorganizado se ha vinculado con toda una serie de resultados negativos en el desarrollo, entre ellos niveles más elevados de problemas de conducta internalizantes (Groh et al., 2012) y externalizantes (Fearon et al., 2010), así como una menor competencia social (p. ej., Groh et al., 2014). Al ofrecer esta explicación científica de cómo las variaciones en la calidad del apego infantil se relacionan con las conductas de cuidado y el desarrollo infantil, la teoría del apego puede haber parecido prometer una operacionalización válida del principio del interés superior y una base empírica para valorar los riesgos relativos a los cuidados y al desarrollo infantil.
A raíz del éxito científico de la teoría del apego, se han difundido ampliamente versiones simplificadas (es decir, alodóxicas; Duschinsky, 2020) de la teoría. Estas versiones suelen describir de forma determinista los vínculos antes mencionados entre cuidados, calidad del apego y resultados del desarrollo. El panorama empírico es, sin embargo, más complejo. En primer lugar, los vínculos metaanalíticos entre los constructos pertinentes no son fuertes, sino de magnitud modesta a moderada (p. ej., Fearon et al., 2010; Groh et al., 2012, 2014; Verhage et al., 2016). La calidad del apego de un niño o una niña concretos no puede considerarse, por tanto, ni un reflejo exacto de la sensibilidad de quien le cuida ni una predicción sobre su desarrollo. Algo crucial, y de especial importancia para las investigaciones de protección infantil, es que el apego desorganizado no puede considerarse un indicador válido de maltrato infantil (Granqvist et al., 2017). Otros factores, como la acumulación de dificultades socioeconómicas, también aumentan el riesgo de apego desorganizado (Cyr et al., 2010).
En segundo lugar, tanto la sensibilidad de la persona cuidadora como la calidad del apego infantil pueden modificarse en respuesta a acontecimientos vitales y a cambios en el apoyo a la familia (Pinquart et al., 2013), y las intervenciones de apego basadas en la evidencia favorecen la sensibilidad de las personas cuidadoras y la seguridad del apego infantil (Steele & Steele, 2017). Dicho de otro modo, una baja sensibilidad de la persona cuidadora no es, en sí misma, un indicador válido de la incapacidad de una madre o un padre para proporcionar cuidados suficientemente buenos, y menos aún una razón suficiente para acoger a un niño o una niña fuera del hogar.
En tercer lugar, las variaciones en la calidad del apego no anulan la importancia fundamental de los procesos de apego propios de la especie (Granqvist, 2021). Por ejemplo, las rupturas de los vínculos de apego, como las separaciones prolongadas, involuntarias y/o repetidas de las figuras de apego, se asocian a resultados del desarrollo muy adversos, sobre todo cuando se producen en la primera infancia (p. ej., Jones-Mason et al., 2021; van IJzendoorn et al., 2020). De hecho, cualquier efecto adverso del apego inseguro a nivel grupal es menor en comparación. Además, aunque el apego inseguro no es, en conjunto, óptimo a largo plazo, es probable que la mayoría de niñas y niños con apego inseguro se beneficien de sus personas cuidadoras de diversas maneras, si las relaciones se mantienen de forma continua y el niño o la niña está a salvo y recibe estimulación (p. ej., Forslund et al., 2021a).
Por último, evaluar la calidad del apego es una cuestión complicada. Existe actualmente una gran abundancia de instrumentos y, como la mayoría emplea una terminología similar, pueden inducir a quienes evalúan a sacar conclusiones precipitadas sobre su identidad conceptual. Sin embargo, muchos de los instrumentos que circulan entre profesionales no han sido suficientemente validados, por lo que el grado en que las clasificaciones correspondientes se relacionan con el campo más amplio de la investigación sobre la calidad del apego es muy incierto. Un ejemplo es la Attachment Styles Interview (ASI; Bifulco et al., 2008). Aunque no está suficientemente validada, como reconocen quienes la desarrollaron, la ASI se ha utilizado con fines diagnósticos en muchos municipios suecos, por ejemplo para determinar la idoneidad para el acogimiento familiar (para un análisis, véase Granqvist, 2016). De hecho, incluso la utilidad de las evaluaciones de referencia de la calidad del apego se ha cuestionado en el ámbito de la protección infantil. Más concretamente, se ha señalado que estos instrumentos, aunque validados para la investigación de nivel grupal, tienen propiedades psicométricas limitadas para su uso con individuos (p. ej., Granqvist, 2016; van IJzendoorn et al., 2018a, 2018b), por lo que deberían evitarse en la toma de decisiones de alto riesgo (p. ej., Forslund et al., 2021a, 2021b).
Frente a las advertencias mencionadas, la comunidad académica ha expresado su preocupación por un uso aparentemente creciente de las clasificaciones de apego en contextos de protección infantil (p. ej., Duschinsky, 2020; Forslund et al., 2021a; Granqvist et al., 2017). A modo de ejemplo, en el Reino Unido se han ofrecido talleres a gran escala a profesionales del trabajo social para identificar el apego desorganizado en contextos naturales como indicador indirecto de maltrato infantil (p. ej., Shemmings & Shemmings, 2011). Además, al menos una cuarta parte de todos los municipios de Suecia han utilizado la Attachment Style Interview (Bifulco et al., 2008) en la toma de decisiones sobre protección infantil o custodia (Granqvist, 2016). Estudios de Noruega (Melinder et al., 2021), Dinamarca (Søberg Bjerre et al., 2021) y el Reino Unido (Beckwith, 2021; White et al., 2019) indican igualmente que las consideraciones sobre la calidad del apego se han convertido en una prioridad para gran parte del personal de protección infantil. Sin embargo, a pesar de estos indicios, no sabemos hasta qué punto se recurre a las clasificaciones de apego en las investigaciones de protección infantil, ni qué instrumentos se utilizan. Tampoco sabemos con qué fines las emplea el personal de protección infantil ni cómo se interpretan esas clasificaciones. Ello se debe a que no existe investigación sistemática publicada sobre estas cuestiones. El presente estudio descriptivo se diseñó, por tanto, para abordar la prevalencia del uso de las clasificaciones de apego en una muestra nacionalmente representativa de profesionales de la protección infantil en Suecia, uno de los países que han figurado en los debates recientes. También preguntamos qué procedimientos se utilizan para obtener esas clasificaciones en las investigaciones de protección infantil. Por último, preguntamos qué opiniones tiene el personal de protección infantil sobre la finalidad y la aplicabilidad de las clasificaciones de apego en sus investigaciones.
Se utilizó un programa de encuestas en línea (Survey&Report) para elaborar una encuesta digital de 42 ítems que incluía seis secciones: (1) una pregunta de control para comprobar que las personas encuestadas tenían experiencia actual en investigaciones de protección infantil; (2) preguntas sobre datos de contexto necesarias para analizar la representatividad de la muestra (p. ej., nivel educativo, experiencia en investigaciones, y tamaño, nivel de riesgo socioeconómico y ubicación geográfica del municipio en el que trabajaban); (3) preguntas sobre la frecuencia con que las personas encuestadas se forman una opinión sobre la calidad del apego en las investigaciones de protección infantil; (4) preguntas sobre los procedimientos utilizados; (5) preguntas sobre su opinión acerca de la finalidad y la aplicabilidad de las clasificaciones de apego en las investigaciones de protección infantil; y (6) preguntas sobre su formación reglada en instrumentos de evaluación del apego.
Las preguntas de las secciones (1)-(3) las respondieron todas las personas encuestadas, mientras que las secciones (4) y (6) solo concernían a quienes declaraban formarse una opinión sobre la calidad del apego en su trabajo. La sección (5) constaba de dos bloques de preguntas. El primero se refería a la finalidad atribuida al hecho de formarse una opinión sobre la calidad del apego y, por consiguiente, solo concernía a quienes declaraban formarse tales opiniones. El segundo bloque incluía preguntas generales sobre cómo entendían las personas encuestadas las clasificaciones de apego, y lo respondió todo el mundo. Así pues, el número exacto de preguntas respondidas por cada persona dependía de su recorrido individual por la encuesta.
Para garantizar la validez de las respuestas, la encuesta incluía definiciones claras de los conceptos clave. Asimismo, utilizamos sistemáticamente el término «patrones de apego» en lugar de «calidad del apego», porque las personas que revisaron el piloto consideraron que el primero era un concepto más asentado entre profesionales del trabajo social (véase el apartado siguiente). Del mismo modo, se consideró probable que la expresión «evaluar la calidad del apego» se entendiera como referida exclusivamente a evaluaciones sistemáticas y estandarizadas. Como también queríamos examinar el uso de procedimientos no sistemáticos y no estandarizados, empleamos el concepto más amplio de «formarse una opinión sobre los patrones de apego» en todas las preguntas que no se referían estrictamente al uso de instrumentos de evaluación estandarizados. Por coherencia terminológica, en el resto de este artículo utilizamos el término calidad del apego.
Para reducir al mínimo la pérdida interna de datos, la encuesta incluía principalmente preguntas obligatorias de respuesta cerrada. En cuanto a la prevalencia de las consideraciones sobre la calidad del apego, se pidió a las personas encuestadas que indicaran en una escala de cinco puntos con qué frecuencia (en todas, en la mayoría, en la mitad, en una pequeña parte o en ninguna de las investigaciones de protección infantil) se formaban una opinión sobre la calidad del apego de niñas y niños (<1 año de edad, de 1 a 12 años, de 13 a 18 años) y de las figuras parentales. Las preguntas sobre los procedimientos de evaluación y sobre la finalidad atribuida al hecho de formarse una opinión sobre la calidad del apego se plantearon en forma de afirmaciones (p. ej., «Utilizo un instrumento de evaluación estandarizado… »), con cuatro opciones de respuesta (p. ej., nunca, rara vez, a menudo, siempre). Las preguntas relativas a cómo entendían las personas encuestadas las clasificaciones de apego se plantearon igualmente en forma de afirmaciones (p. ej., «El apego inseguro del niño o la niña es un signo de cuidados parentales insuficientes»), pero con una opción de respuesta dicotómica (sí/no). Por último, la encuesta incluía siete preguntas abiertas. Tres de ellas eran obligatorias y exigían precisar una respuesta anterior (p. ej., el nombre de los instrumentos utilizados para evaluar la calidad del apego), mientras que cuatro eran opcionales y buscaban detectar posibles desajustes entre las formulaciones de la encuesta y la práctica de las personas encuestadas.
Antes del estudio, dos grupos de referencia de tres personas cada uno revisaron la encuesta. El primer grupo tenía una amplia experiencia en el trabajo de protección infantil y aportó observaciones sobre el contenido de la encuesta (p. ej., la redacción de las preguntas, la adecuación de las preguntas a la práctica de investigación actual). El segundo grupo carecía de esa experiencia, pero aportó observaciones sobre la facilidad de uso de la encuesta. A partir de estas observaciones, aclaramos partes de las instrucciones y reformulamos varias preguntas.
El reclutamiento se llevó a cabo en marzo-abril de 2021. No fue posible un muestreo aleatorio, ya que no se disponía de datos nacionales ni municipales sobre el tamaño de la población de interés, ni de un registro de posibles participantes. Por ello, empleamos una estrategia de muestreo que combinaba un enfoque exhaustivo y la respuesta voluntaria. Se contactó por correo electrónico con las direcciones de todas las unidades de servicios sociales para la infancia y la familia de Suecia, informándoles del estudio y pidiéndoles que difundieran la información entre su personal. Una semana después del primer contacto se envió un recordatorio a las direcciones de las unidades. La información incluía una descripción del estudio, un enlace a la encuesta e información sobre el anonimato, el carácter voluntario de la participación y el derecho a retirarse sin consecuencias negativas. La información sobre el estudio subrayaba la necesidad de conocer mejor cómo percibe y utiliza el personal de protección infantil la teoría y las evaluaciones del apego. Más concretamente, se indicaba que el estudio pretendía examinar si las y los profesionales de la protección infantil razonan sobre cuestiones y evaluaciones relacionadas con el apego en sus investigaciones y, en tal caso, cómo lo hacen. Para maximizar la heterogeneidad de las personas encuestadas, la información sobre el estudio subrayaba también que todas las respuestas eran igual de importantes y que la experiencia previa en cuestiones y evaluaciones relacionadas con el apego no era relevante para la inclusión. Se invitó además a las unidades participantes a recibir información sobre los resultados una vez concluido el estudio, mediante un informe escrito enviado a todas las direcciones de unidad. Podían participar los miembros del personal que hubieran realizado al menos una investigación de protección infantil entre 2016 y 2021, y se indicaba expresamente que podía participar todo el personal de protección infantil que cumpliera este criterio, de nuevo con independencia de su experiencia en teoría o evaluaciones del apego. Para garantizar el anonimato, solo se recogió un mínimo de información personal (p. ej., municipio de trabajo, formación académica). La información relativa al consentimiento informado se repetía en la primera página de la encuesta, y no era posible completarla sin otorgar el consentimiento informado. El estudio utilizó datos totalmente anonimizados, por lo que no fue necesaria una aprobación ética formal de la autoridad sueca de revisión ética. Las direcciones de las unidades reenviaron la invitación al estudio sin que supiéramos a qué profesionales de la protección infantil llegaba. Las personas participantes accedían después mediante un hipervínculo al cuestionario y lo respondían; este no incluía ninguna pregunta que pudiera permitir identificarlas. De hecho, en la carta de invitación se indicaba expresamente que ni el equipo investigador ni nadie más sabría quién había respondido al cuestionario. Así pues, la participación fue completamente anónima.
En total, 191 profesionales de la protección infantil respondieron a la encuesta, procedentes de 19 de las 21 regiones de Suecia y de 94 de sus 290 municipios. Las personas encuestadas habían realizado investigaciones de protección infantil durante una media de 6,2 años (SD = 5.4), y casi todas (97%) habían realizado su última investigación en los 12 meses anteriores al estudio. La formación académica más frecuente era un grado en trabajo social (88%).
La representatividad nacional de la muestra se analizó comparándola con (i) las estimaciones nacionales sobre el nivel educativo y la experiencia en investigaciones del personal de protección infantil, y con (ii) la distribución nacional de los municipios según el tamaño de su población, (iii) su nivel de riesgo socioeconómico y (iv) su ubicación geográfica (Oficina Central de Estadística de Suecia, s. f.; Dirección Nacional de Salud y Bienestar de Suecia, 2021). La muestra mostró una buena representatividad nacional en cuanto al tamaño, el nivel de riesgo y la ubicación geográfica de los municipios de trabajo de las personas encuestadas, y en cuanto a su experiencia en investigaciones.
Los datos se descargaron de Survey&Report y se analizaron con el paquete de software de análisis estadístico JASP (versión 0.14.1). Dado el carácter exploratorio de nuestras preguntas de investigación, solo se calcularon datos descriptivos (frecuencias y proporciones). Las respuestas a las preguntas abiertas se agruparon por temas y se convirtieron en datos de frecuencia. Los datos que respaldan los hallazgos de este estudio están disponibles, previa solicitud razonable, a través del autor o la autora de correspondencia.
Los resultados relativos a la frecuencia con que las personas encuestadas se forman una opinión sobre la calidad del apego se presentan en la Tabla 1. Una amplia mayoría (85%) declaró formarse tales opiniones en todas o en la mayoría de sus investigaciones relativas a niñas y niños de <1 año de edad. Las proporciones correspondientes para las investigaciones relativas a niñas y niños de 1 a 12 años y de 13 a 18 años fueron del 77% y del 57%, respectivamente. En todas las franjas de edad, muy pocas personas declararon no formarse nunca una opinión sobre la calidad del apego infantil.
Tabla 1 — Proporción de personas encuestadas que se forman una opinión sobre la calidad del apego en las investigaciones de protección infantil.
Distribución de las personas encuestadas según las opciones de respuesta (%): En todas las investigaciones / En la mayoría de las investigaciones / En aproximadamente la mitad de las investigaciones / En una pequeña parte de las investigaciones / En ninguna de las investigaciones.
Formarse una opinión sobre las representaciones de apego de las figuras parentales era menos frecuente. Una amplia minoría (43%) declaró hacerlo en una pequeña parte de sus investigaciones, mientras que solo alrededor de una cuarta parte se formaba tales opiniones en todos o en la mayoría de sus casos.
Los procedimientos para formarse una opinión sobre la calidad del apego infantil se presentan en la Tabla 2. Los procedimientos más frecuentes eran las entrevistas con el niño o la niña (si ya habla), a solas o con sus figuras parentales; la recogida de información de investigaciones de protección infantil anteriores o de otros colectivos profesionales; y la observación de la interacción del niño o la niña con una figura parental o con la persona de protección infantil que realiza la investigación. En conjunto, entre el 88% y el 100% de las personas encuestadas declararon utilizar siempre o a menudo alguno de estos procedimientos. La estimación correspondiente para los instrumentos de evaluación sistemáticos fue del 19%, y una clara mayoría (65%) declaró no utilizar nunca instrumentos sistemáticos para fundamentar su opinión sobre la calidad del apego infantil.
Tabla 2 — Procedimientos utilizados por las personas encuestadas para formarse una opinión sobre la calidad del apego infantil en las investigaciones de protección infantil.
Distribución de las personas encuestadas según las opciones de respuesta (%): Siempre / A menudo / Rara vez / Nunca.
A la minoría de personas encuestadas que declararon utilizar instrumentos de evaluación (siempre, a menudo o rara vez) se les pidió que los nombraran. Las respuestas más frecuentes fueron Signs of Safety (una herramienta de evaluación del riesgo; 20 personas) y Barns Behov i Centrum (BBiC; módulo sueco de gestión de casos; 8 personas). Los instrumentos desarrollados para evaluar la calidad del apego eran escasos: cuatro personas mencionaron la Attachment Style Interview (ASI) y una el Vulnerable Attachment Style Questionnaire (VASQ), ambos desarrollados para su uso con personas adultas.
En cuanto a la formación de opiniones sobre el apego de las figuras parentales, una amplia mayoría (92%) declaró no utilizar nunca instrumentos de evaluación sistemáticos. Entre las pocas personas que sí los utilizaban, la ASI era el instrumento más mencionado (6 personas).
Una pequeña minoría (14%) declaró haber completado una formación reglada en un instrumento estandarizado desarrollado para evaluar la calidad del apego. El instrumento mencionado con más frecuencia fue la ASI (6 personas). Otros instrumentos fueron HOME (2 personas); Circle of Security (2 personas); Marte Meo (1 persona); Kälvesten (un método sueco basado en entrevistas que se utiliza para examinar la idoneidad para convertirse en familia de acogida; 1 persona); y el International Child Development Programme (1 persona). El resto de las personas encuestadas se refirió a cursos breves o a supervisión clínica. De los instrumentos y métodos mencionados, solo la ASI es realmente un instrumento estandarizado de evaluación de la calidad del apego.
Los resultados relativos a la finalidad atribuida al hecho de formarse una opinión sobre la calidad del apego se presentan en la Tabla 3. Una proporción muy elevada (79-94%) estaba totalmente o en gran medida de acuerdo en que la calidad del apego infantil proporciona información sobre lo siguiente: la calidad de los cuidados que el niño o la niña ha recibido hasta el momento; la capacidad actual de cuidado de las figuras parentales; el desarrollo futuro del niño o la niña si la situación actual no cambia; su bienestar psicológico actual; e información que puede orientar intervenciones de apoyo. Una mayoría menor (64-66%) estaba totalmente o en gran medida de acuerdo en que la calidad del apego infantil puede fundamentar decisiones sobre el acogimiento del niño o la niña fuera del hogar, o sobre su permanencia bajo el cuidado parental.
Tabla 3 — Percepción de las personas encuestadas sobre la finalidad de formarse una opinión sobre la calidad del apego infantil.
Finalidad atribuida: la calidad del apego infantil proporciona información… Distribución de las personas encuestadas según las opciones de respuesta (%): Totalmente de acuerdo / De acuerdo en gran medida / De acuerdo en cierta medida / En absoluto de acuerdo.
En cuanto a las opiniones generales sobre las clasificaciones de apego (Figura 1), una mayoría muy amplia estaba de acuerdo en que el apego infantil inseguro es un signo de cuidados parentales insuficientes, y una minoría considerable estaba de acuerdo en que el apego infantil desorganizado indica la necesidad de un acogimiento fuera del hogar. Una amplia mayoría estaba también de acuerdo en que formarse una opinión sobre la calidad del apego hace que las investigaciones de protección infantil sean más fiables y válidas. Al mismo tiempo, una mayoría algo menor estaba de acuerdo en que es difícil determinar si un niño o una niña tiene un apego seguro, y algo menos de la mitad consideraba que los conceptos del apego son fáciles de utilizar en su trabajo práctico.

Para facilitar la difusión, la Figura 2 ofrece gráficos circulares que ilustran nuestros hallazgos clave.

El presente estudio, basado en una muestra nacionalmente representativa de profesionales suecos de la protección infantil, se debió a la preocupación por un uso aparentemente extendido y excesivamente confiado de las clasificaciones de apego en las investigaciones de protección infantil (p. ej., Forslund et al., 2021a; Granqvist et al., 2017). En consonancia con estas preocupaciones, el personal de protección infantil estudiado se formaba, en efecto, con mucha frecuencia una opinión sobre la calidad del apego infantil sin utilizar métodos estandarizados o validados, y muchas personas se mostraban de acuerdo con afirmaciones excesivamente confiadas sobre las implicaciones de las clasificaciones de apego. Estos hallazgos atestiguan una amplia brecha entre investigación y práctica (White et al., 2019). Atestiguan también una traslación prematura e imprudente de la teoría y la investigación sobre el apego a la práctica, que ha influido en muchos tipos de profesionales más allá de la protección infantil (van IJzendoorn & Bakermans-Kranenburg, 2021). Discutimos nuestros hallazgos clave, abordamos los problemas de inferencia del grupo al individuo, señalamos consideraciones metodológicas y recordamos las presiones reales que dificultan la realización de investigaciones de protección infantil de alta calidad.
Casi todas las personas encuestadas se formaban una opinión sobre la calidad del apego infantil en el marco de sus investigaciones de protección infantil, sobre todo cuando se trataba de niñas y niños de menor edad. Aunque formarse una opinión sobre no implica necesariamente evaluar, estos hallazgos sugieren que las clasificaciones de apego se han generalizado entre el personal de protección infantil en Suecia, de forma similar a lo que ocurre en otros países (Department for Education, 2018; Melinder et al., 2021; Søberg Bjerre et al., 2021). Resulta algo desconcertante que, en términos descriptivos, la formación de opiniones sobre la calidad del apego fuera más frecuente para niñas y niños menores de 12 meses. La formación del apego es sin duda un hito entre los 6 y los 12 meses de edad (Bowlby, 1969/1982), pero las evaluaciones de la calidad del apego no están validadas antes del segundo año de vida. También sorprende que mucho personal de protección infantil se formara una opinión sobre la calidad del apego de las personas cuidadoras al evaluar su competencia para el cuidado. Cabe señalar que aproximadamente el cuarenta por ciento de las personas adultas de la población general tiene un apego inseguro (p. ej., Verhage et al., 2016), y que la mayoría de las personas adultas con apego inseguro proporcionan cuidados suficientemente buenos. La elevada prevalencia y el uso desacertado de la formación de opiniones sobre la calidad del apego pueden reflejar en parte la «maldición del ganador» (van IJzendoorn & Bakermans-Kranenburg, 2021). En efecto, los primeros estudios sobre el apego, de muestras pequeñas y con tamaños del efecto de una magnitud poco representativa, despertaron un notable interés entre muchos tipos de profesionales y dieron lugar a algunas aplicaciones prematuras y excesivamente simplificadas (es decir, anteriores a replicaciones rigurosas y restando importancia a la complejidad).
El uso de instrumentos de evaluación sistemáticos fue el procedimiento menos frecuente, y la gran mayoría de las personas encuestadas nunca o rara vez utilizaba tales instrumentos al formarse una opinión sobre la calidad del apego. Conviene subrayar aquí que, en la primera infancia, la calidad del apego es específica de cada relación, por lo que es primordial que las interacciones entre el niño o la niña y quien le cuida constituyan la base para valorar la calidad del apego. Pese a ello, muchas de las personas encuestadas se formaban una opinión sobre la calidad del apego infantil a partir de otras fuentes, como investigaciones de protección infantil anteriores o sus propias conversaciones o interacciones con niñas y niños sin la presencia de la persona cuidadora.
Una asignación válida de la calidad del apego requiere además procedimientos estandarizados, formación y una certificación para la codificación. Sin embargo, la gran mayoría se formaba su opinión sin procedimientos estandarizados ni la formación y certificación pertinentes. Además, la pequeña minoría que utilizaba ocasionalmente instrumentos sistemáticos mencionaba casi exclusivamente baterías generales no desarrolladas para evaluar la calidad del apego. De hecho, muy pocas personas mencionaron instrumentos específicos de apego, y ninguna utilizaba instrumentos debidamente validados. Cabe señalar que actualmente circula una plétora de instrumentos de apego, muchos de ellos con propiedades psicométricas deficientes o desconocidas. Resulta desalentador que los pocos instrumentos de apego mencionados (es decir, la ASI y el VASQ) estén lejos de estar suficientemente validados. De hecho, la Dirección Nacional de Salud y Bienestar de Suecia (2019) ha subrayado que la validez de la ASI es desconocida. Al mismo tiempo, la mayor parte del personal sueco de protección infantil está obligada a utilizar un determinado módulo general de gestión de casos que recomienda buscar signos de apego inseguro, ilustrado con un ejemplo fugaz de cómo podría expresarse (Dirección Nacional de Salud y Bienestar de Suecia, 2018a, 20 de octubre de 2018b). Estas orientaciones pueden, de manera engañosa, llevar a profesionales a sentirse en condiciones de formarse una opinión sobre la calidad del apego sin métodos estandarizados ni la formación pertinente. El hecho de que las personas participantes mencionaran otros instrumentos además de los específicos de apego, incluidos algunos que no se centran en absoluto en la calidad del apego, ilustra presumiblemente el énfasis que se pone en las relaciones entre el niño o la niña y sus figuras parentales en las operacionalizaciones del criterio del interés superior del niño, sin especificar qué aspectos son los más importantes ni cómo deben evaluarse. Ilustra también que la calidad del apego puede, en efecto, confundirse con la calidad de la relación o de los cuidados (para un análisis, véase Forslund et al., 2021a).
La gran mayoría de las personas encuestadas consideraba que la calidad del apego infantil era útil para orientar intervenciones de apoyo en la familia, y esta fue la finalidad con la que (en términos descriptivos) más personas estuvieron de acuerdo. Este resultado es tranquilizador, pues está en consonancia con la investigación sobre intervenciones de apego basadas en la evidencia y con las recomendaciones recientes del campo del apego (Forslund et al., 2021a). Sin embargo, la mayoría de las personas encuestadas también consideraba las clasificaciones del apego infantil un indicador útil de la competencia de cuidado, un índice del bienestar actual del niño o la niña y un fuerte predictor del desarrollo infantil. Además, una pequeña mayoría también consideraba útiles las clasificaciones de apego para tomar decisiones sobre el acogimiento fuera del hogar, y una minoría considerable veía razonable el acogimiento fuera del hogar para niñas y niños clasificados con apego desorganizado. Estos hallazgos corroboran la preocupación por la existencia de creencias extendidas y excesivamente confiadas en las implicaciones de las clasificaciones de apego (Forslund et al., 2021a). Contrariamente a la suposición de que el apego infantil inseguro señala inequívocamente «cuidados insuficientes», la calidad del apego no es un reflejo exacto de la sensibilidad de la persona cuidadora, y la mayoría de niñas y niños con apego inseguro se benefician de sus personas cuidadoras de muchas maneras. Además, la teoría y la investigación sugieren que la infancia presenta una susceptibilidad diferencial al entorno de crianza; por ejemplo, la calidad del apego puede ser el resultado de la interacción entre la dotación genética y las influencias derivadas de los cuidados (Bakermans‐Kranenburg & van IJzendoorn, 2007). Existen también varias vías relacionadas con los cuidados que conducen al apego desorganizado, muchas de las cuales no implican maltrato (p. ej., Granqvist et al., 2017). Además, niñas y niños pueden mostrar una conducta desorganizada sin una historia relacional desorganizadora, debido a una vulnerabilidad neurológica o a un estrés excesivo (Padrón et al., 2014). Por último, los tamaños del efecto metaanalíticos entre la calidad del apego infantil y el desarrollo son modestos (Groh et al., 2017). En suma, la calidad del apego de un niño o una niña no basta para inferir retrospectivamente los cuidados recibidos ni para predecir su desarrollo con un grado razonable de certeza.
La mayoría de las personas encuestadas encontraba difícil formarse una opinión sobre la calidad del apego, y la mitad expresó dificultades para utilizar los conceptos del apego en su trabajo. Estos hallazgos resultan en cierto modo tranquilizadores y concuerdan con la investigación de otros países (Robertson & Broadhurst, 2019). Sin embargo, una minoría considerable no encontraba difícil formarse una opinión sobre la calidad del apego. Esto nos parece más preocupante. Un poco de conocimiento puede ser, en efecto, algo peligroso (p. ej., Pope, 1709/2017), sobre todo si lleva al personal de protección infantil a creer que tiene más experiencia en materia de apego de la que realmente tiene.
En resumen, este estudio ha mostrado que el personal sueco de protección infantil se forma regularmente una opinión sobre la calidad del apego infantil sin recurrir a instrumentos validados, y que muchas personas hacen afirmaciones excesivamente confiadas sobre las inferencias que pueden extraerse de las clasificaciones de apego. Estos hallazgos son motivo de seria preocupación, ya que sugieren que percepciones erróneas sobre la calidad del apego pueden desviar las investigaciones de protección infantil (cf. van IJzendoorn & Bakermans-Kranenburg, 2021).
Creemos que esta desafortunada situación puede reflejar una tensión fundamental entre lo que suele hacer la ciencia y lo que se exige al personal de protección infantil y a los tribunales (p. ej., Neal et al., 2019). Mientras que la ciencia generaliza a partir de casos individuales para llegar a principios generales, un aspecto central de la protección infantil consiste en particularizar, pasando de principios generales a casos individuales (cf. ciencia nomotética frente a idiográfica; Windelband, 1904). Concretamente, el personal de protección infantil y los tribunales deben decidir si el conocimiento procedente de la investigación basada en grupos puede ser útil para formular recomendaciones y tomar decisiones sobre individuos concretos, y de qué manera; es lo que se denomina inferencia del grupo (G) al (2) individuo (i) (G2i; Faigman et al., 2014). Una dificultad de este proceso es que cualquier individuo puede constituir o no un ejemplo de un principio general basado en grupos, por lo que existe el riesgo de inferencias no válidas. Dos aspectos son especialmente importantes para gestionar este riesgo.
En primer lugar, el riesgo se reduce si los instrumentos de evaluación utilizados son capaces de identificar de forma fiable una proporción elevada de los casos que están diseñados para identificar (sensibilidad), sin identificar erróneamente otros como tales (especificidad). Sin embargo, como se ha mencionado, la investigación sobre el apego ha subrayado repetidamente que todos los instrumentos de apego actuales —aunque a veces resulten impresionantes para la investigación basada en grupos— tienen una sensibilidad y una especificidad insuficientes para permitir conclusiones firmes sobre la calidad «verdadera» del apego de un niño o una niña en concreto (p. ej., Granqvist, 2016; van IJzendoorn et al., 2018a, 2018b). En segundo lugar, el riesgo también se reduce (aunque no se elimina) si el tamaño del efecto de una asociación pertinente a nivel grupal es muy grande. Como también se ha señalado, los tamaños del efecto entre los cuidados, la calidad del apego infantil y el desarrollo infantil son, sin embargo, solo de magnitud modesta a moderada.
Por ello, numerosas voces de la investigación sobre el apego han desaconsejado el uso de las clasificaciones de apego en la toma de decisiones de alto riesgo, como la protección infantil (Forslund et al., 2021a; Granqvist et al., 2017; van IJzendoorn et al., 2018a, 2018b). Sostienen que las evaluaciones del apego con individuos deberían utilizarse principalmente para orientar intervenciones de apoyo (Forslund et al., 2021a), y que la teoría del apego en su conjunto resulta más útil como «marco» general para la toma de decisiones y la elaboración de políticas que para evaluaciones «diagnósticas» (Forslund et al., 2021b).
Algo crucial es que la mayoría de quienes, desde la investigación sobre el apego, sostienen que las evaluaciones del apego validadas pueden mejorar las investigaciones de protección infantil subrayan también condiciones de uso especialmente estrictas (véase Forslund et al., 2021a). Sin duda, ambas corrientes coinciden en que evaluar la calidad del apego, o formarse una opinión sobre ella, sin formación en instrumentos bien validados y sin una comprensión profunda de las inferencias que pueden (y no pueden) extraerse de tales evaluaciones, puede conducir a percepciones erróneas que perjudiquen el interés superior de la infancia. Por último, existe un amplio consenso en el campo en que las consideraciones normativas del apego son mucho más centrales para el trabajo de protección infantil que las consideraciones sobre las clasificaciones del apego infantil. En particular, es fundamental que el trabajo de protección infantil dé prioridad a tres principios generales: (1) la necesidad que tienen niñas y niños de personas cuidadoras conocidas, que no les maltraten ni les desatiendan; (2) el valor de la continuidad de unos cuidados suficientemente buenos; y (3) los beneficios de mantener una red de relaciones de apego (sin maltrato ni negligencia) (Forslund et al., 2021a).
Nuestros hallazgos deben considerarse en su contexto. No solo existe desacuerdo dentro de la investigación sobre el apego acerca de si las clasificaciones de apego pueden fundamentar las consideraciones de protección infantil (véase Forslund et al., 2021a); parte de la comunidad académica (p. ej., Crittenden & Baim, 2017; Spieker et al., 2021) defiende también el uso de sus instrumentos de clasificación en la protección infantil, pese a las críticas antes mencionadas sobre las propiedades psicométricas de esos instrumentos (véase van IJzendoorn et al., 2018a). Además, la investigación sobre el apego no ha contribuido lo suficiente a una difusión cuidadosa de sus resultados, en particular entre las y los profesionales que llevan la teoría a la práctica (Duschinsky, 2020; Goldberg, 2000). Estos factores también pueden haber alimentado algunas de las ideas más optimistas sobre el uso de las clasificaciones de apego expresadas por muchas de las personas encuestadas en este estudio.
Como se ha expuesto en la introducción, el personal de protección infantil afronta también numerosos retos que pueden contribuir al interés por las clasificaciones de apego. Entre ellos figuran las crecientes exigencias de evaluaciones y recomendaciones basadas en la evidencia, que incitan a utilizar constructos científicos de gran credibilidad, para que las recomendaciones tengan más probabilidades de prosperar ante los tribunales. En este contexto, el prestigio y la popularidad de la teoría del apego y de sus clasificaciones asociadas pueden llevar al personal de protección infantil a revestir sus evaluaciones de las relaciones entre figuras parentales e hijos con el ropaje del apego, aunque en realidad esas evaluaciones se refieran a menudo a aspectos mucho más amplios y peor definidos de la relación (White et al., 2019). Nuestro hallazgo de que la mayoría del personal de protección infantil se forma una opinión sobre la calidad del apego infantil incluso a edades en las que muchas niñas y niños aún no han desarrollado un apego claramente definido podría entenderse desde esta perspectiva. Lo mismo cabe decir del hallazgo de que el personal de protección infantil incluyera como instrumentos de apego propiamente dichos baterías generales no diseñadas para evaluar la calidad del apego. Del mismo modo, las versiones «alodóxicas» (Duschinsky, 2020) de la teoría del apego, muy difundidas, pueden alimentar aún más el uso de las clasificaciones de apego en la protección infantil. Estas versiones suelen basarse en las connotaciones cotidianas de términos que la teoría del apego utiliza en sentido técnico (p. ej., sensibilidad, seguridad), y describen las relaciones entre los cuidados parentales, el apego infantil y el desarrollo infantil de manera determinista y excesivamente simplificada. Sin embargo, su solapamiento terminológico con la investigación sobre el apego puede conferirles un aura de solidez empírica y ocultar su escasa correspondencia con la realidad científica. Nuestro hallazgo de que muchas personas del ámbito de la protección infantil estaban de acuerdo con afirmaciones excesivamente confiadas sobre las implicaciones de las clasificaciones de apego sugiere que estas versiones alodóxicas han influido en su comprensión de la teoría del apego. Ello indica la necesidad de una mayor formación en teoría del apego entre el personal sueco de protección infantil, y de una comunicación más activa y clara por parte de la investigación sueca sobre el apego.
Este estudio presenta limitaciones que abren oportunidades para la investigación futura. En primer lugar, y sobre todo, nuestros resultados son descriptivos y se basan en autoinformes, mediante un breve cuestionario de respuesta cerrada. El formato de respuesta puede, por ejemplo, haber llevado a las personas encuestadas a presentar una visión menos matizada de la que realmente tienen. En relación con ello, la mayoría de las preguntas no abordaba el peso que el personal de protección infantil concede a su opinión sobre la calidad del apego de cada niño o niña (y de sus personas cuidadoras). Más concretamente, una persona profesional de la protección infantil podría estar totalmente de acuerdo con una pregunta (p. ej., que la calidad del apego infantil proporciona información sobre la calidad de los cuidados recibidos hasta ahora por el niño o la niña) y creer a la vez que esa información le aporta todo lo que necesita, solo una pequeña parte, o cualquier punto intermedio. Este estudio no recogió estos importantes matices, por lo que no está del todo claro si los hallazgos se trasladan a las investigaciones, los informes y las recomendaciones reales, ni de qué manera. Al mismo tiempo, las preguntas se redactaron con cuidado para subrayar la percepción y el uso que las personas encuestadas hacían de la teoría y las evaluaciones del apego en su propio trabajo de protección infantil con niñas, niños y personas cuidadoras concretos. Estar totalmente de acuerdo con determinadas preguntas (p. ej., «la calidad del apego proporciona información que puede utilizarse como base para el acogimiento del niño o la niña fuera del hogar») implica claramente conceder un peso considerable a la información sobre la calidad del apego. Además, investigaciones anteriores realizadas en Suecia han sugerido que los informes de las investigaciones de protección infantil hacen referencias frecuentes a la calidad del apego infantil, sin información alguna sobre los métodos de evaluación (Alexius & Hollander, 2014).
En segundo lugar, es posible que las y los profesionales que trabajan de forma más claramente basada en la teoría del apego tuvieran más probabilidades de participar, lo que habría inflado las referencias a las clasificaciones de apego. No obstante, esto parece poco probable, ya que muy pocas personas encuestadas utilizaban métodos de apego estandarizados o tenían formación en ellos. Además, invitamos expresamente a participar a profesionales tuvieran o no experiencia en cuestiones y evaluaciones relacionadas con el apego. En cualquier caso, es fundamental conocer cómo aplican la teoría del apego las y los profesionales de la protección infantil que realmente la ponen en práctica en su trabajo.
En tercer lugar, este estudio solo incluyó a profesionales de Suecia, y nuestros resultados no son necesariamente generalizables a otros países. Al mismo tiempo, nuestros hallazgos concuerdan con los de países comparables (p. ej., Melinder et al., 2021; Søberg Bjerre et al., 2021).
El estudio también tenía fortalezas. En primer lugar, hasta donde sabemos, se trata del primer estudio sistemático que examina el uso de las clasificaciones de apego en el personal de protección infantil. En segundo lugar, nuestro estudio se basó en una muestra amplia y nacionalmente representativa de profesionales de la protección infantil. Nuestros hallazgos plantean cuestiones importantes y sugieren una necesidad urgente de seguir investigando. Recomendamos intentar replicar y ampliar nuestros hallazgos, en particular en otros países. Esa investigación haría bien no solo en examinar en qué medida nuestros hallazgos se trasladan a las evaluaciones reales de protección infantil, y qué peso se concede a la información sobre la calidad del apego, sino también en examinar los factores que contribuyen a usos constructivos frente a usos problemáticos de las clasificaciones de apego. Por último, la investigación futura debería emplear métodos que amplíen las posibilidades de las personas encuestadas de expresar plenamente su percepción del uso de la teoría y las evaluaciones del apego en la protección infantil.
Hemos mostrado que la mayoría de una muestra nacionalmente representativa de profesionales suecos de la protección infantil declaraba formarse una opinión sobre la calidad del apego de niñas y niños pequeños en todas o en la mayoría de sus investigaciones. Además, la mayoría de las personas encuestadas no recurría a evaluaciones sistemáticas, y nadie utilizaba métodos de apego adecuadamente validados. Por último, la mayoría de las personas encuestadas extraía inferencias de gran alcance a partir de las clasificaciones de apego de individuos. Concluimos que existe una brecha considerable entre investigación y práctica, que se debe presumiblemente en gran parte a las dificultades para trasladar la investigación basada en grupos al nivel individual. Abogamos por proyectos de investigación y aplicación construidos conjuntamente. Instamos también a la investigación sobre el apego a adoptar estrategias de difusión del conocimiento más rigurosas, y a invertir esfuerzos en el desarrollo de evaluaciones fundamentadas en el apego que respondan mejor a las necesidades del personal de protección infantil (cf. Cyr et al., 2020). Por último, reclamamos con fuerza mejores condiciones estructurales para las numerosas personas profesionales de la protección infantil llamadas a desempeñar una de las tareas más importantes de la sociedad.
Complexe Systémique: puntos clave
El título lo dice todo: un concepto nacido de la investigación basada en grupos viaja más rápido que la reflexión sobre lo que permite concluir acerca de un niño o una niña en concreto. Desde una lectura sistémica, el problema es doble. El apego es una propiedad de una relación, no un rasgo del niño o la niña: juzgarlo sin observarle con su persona cuidadora, o en un bebé de menos de un año, convierte un descriptor relacional en un diagnóstico individual. Y el vocabulario del apego sirve a veces de ropaje científico para evaluaciones más vagas, bajo la presión de los tribunales y de la escasez de recursos. Para la práctica, cabe retener los tres principios recordados al final del artículo, personas cuidadoras conocidas y no maltratadoras, continuidad de unos cuidados suficientemente buenos y mantenimiento de una red de vínculos de apego, que conectan con la cautela sistémica ante cualquier ruptura de vínculos. Limitaciones: un cuestionario de respuesta cerrada, sin examen de informes reales, solo en Suecia y por un equipo implicado en la controversia que documenta. Para leer junto con el artículo sobre la terapia familiar con madres y padres tras la retirada forzosa de sus hijos, y el artículo sobre el recorrido de las familias ante las dificultades de apego de su hijo o hija.
Notas del original
Agradecimientos. Agradecemos a las personas encuestadas su participación pese a la elevada carga de trabajo.
Declaración de intereses. La autoría no declaró ningún posible conflicto de intereses.
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Traducción no oficial al español de Concepts travel faster than thought: an empirical study of the use of attachment classifications in child protection investigations, de Mårten Hammarlund, Pehr Granqvist, Sara Elfvik, Caroline Andram y Tommie Forslund, Attachment & Human Development, vol. 24, n.o 6, pp. 712-731 (2022), doi: 10.1080/14616734.2022.2087699, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (texto traducido, tablas presentadas como listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Se trata de una traducción no oficial del artículo original «Concepts travel faster than thought: an empirical study of the use of attachment classifications in child protection investigations», publicado en Attachment & Human Development (2022) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial y adaptado para su lectura en línea, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Hammarlund, M., Granqvist, P., Elfvik, S., Andram, C., et Forslund, T. (2022). Concepts travel faster than thought: an empirical study of the use of attachment classifications in child protection investigations. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/concepts-travel-faster-than-thought-an-empirical-study-of-the-use-of-attachment (Obra original publicada en 2022 en Attachment & Human Development, 24(6), 712-731 (2022); republicada en 2022 por Attachment & Human Development, https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/14616734.2022.2087699)
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