Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Cogent Psychology · Protección de la infancia

Experiencias de terapeutas familiares que trabajan con madres y padres tras la retirada forzosa de menores: ¿qué puede decirnos el modelo contextual?

¿Qué ocurre con las madres y los padres después de que se les retire por la fuerza a sus hijos e hijas? En Noruega, los servicios de orientación familiar tienen el mandato de acompañarlos. El equipo de Pravin Israel reunió a 21 terapeutas en grupos focales y leyó sus relatos a la luz del modelo contextual de Bruce Wampold: un fuerte vínculo humano, pero expectativas difusas y la necesidad de herramientas más específicas.

Autoría Pravin Israel (VID Specialized University, Oslo, y Family Counselling Services, Stavanger, South Rogaland, Noruega); Cathrine Steffensen y Hege H. Hadland (Family Counselling Services, Stavanger, South Rogaland, y Bufetat, National Competence Center for support services for birth parents, Noruega)Primera publicación Cogent Psychology, 4 de diciembre de 2022Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Experiences of family therapists working with parents after the forced removal of children: What can the contextual model tell us?, de Pravin Israel, Cathrine Steffensen y Hege H. Hadland, publicado en Cogent Psychology (Taylor & Francis) (2023), doi: 10.1080/23311908.2022.2151731, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Encontrarse con una persona terapeuta neutral, que ofrece apoyo y escucha su relato con empatía, suele ser una experiencia nueva y positiva para muchas de estas personas.

Pravin Israel, Cathrine Steffensen y Hege H. Hadland

Resumen

Las madres y los padres cuyos hijos e hijas han sido retirados por decisión de los servicios de protección de la infancia constituyen un grupo vulnerable, de difícil acceso y poco atendido. Sus necesidades son numerosas y complejas. Los Servicios de Orientación Familiar de Noruega tienen el mandato de dar prioridad a este grupo parental y de ofrecerle servicios de apoyo emocional. El estudio tenía como objetivo explorar y comprender las experiencias y necesidades de terapeutas familiares a través de la lente del modelo contextual (Wampold, 2015). Participó en el estudio una muestra nacional de 21 terapeutas que prestaban servicios a este grupo parental en ese momento. Los datos se recogieron mediante entrevistas en grupos focales. Las categorías principales del vínculo inicial, la relación personal, las expectativas y los ingredientes específicos de la terapia proporcionaron un marco para evaluar lo que el equipo terapéutico ya sabe y lo que necesitará en el futuro para prestar servicios al grupo parental. El equipo terapéutico mostró una gran conciencia y solidez a la hora de construir una relación personal con la persona consultante. Sin embargo, consideraba que afinar su saber generalista con modelos terapéuticos específicos le permitiría ser más eficaz. El modelo contextual aportó nuevos conceptos y un vocabulario capaces de enriquecer la investigación y la labor clínica y de acercarlas a un público más amplio.

Palabras clave: madres y padres de origen; retirada forzosa de menores; modelo de factores comunes; el modelo contextual; Servicios de Orientación Familiar; análisis guiado por la teoría; factores relativos a quien ejerce la terapia

Las familias cuya descendencia ha sido retirada por decisión de los servicios de protección de la infancia (en adelante, el grupo parental) constituyen un grupo vulnerable y marginado (Broadhurst & Mason, 2020; Kenny, 2018; Memarnia et al., 2015). La retirada del menor suele ir precedida de experiencias con los servicios de protección de la infancia (CPS, por sus siglas en inglés) y con el sistema judicial, que exponen a las familias a un trauma adicional (Bruskas & Tessin, 20132013). Tras la retirada, acontecimientos como el fin del proceso de reunificación o la decisión de los CPS de dar a los menores en adopción siguen agravando el trauma existente (Katz, 2019). Revisiones recientes han encontrado tasas elevadas de TEPT, en particular de TEPT complejo (TEPT-C), duelo complicado, problemas de salud mental y riesgo suicida en el grupo parental (Suomi et al., 2021; Nixon et al., 2013; McKenna et al., 2021).

La investigación sobre el grupo parental es notablemente escasa (Slettebø, 2009, 2013). La limitada literatura disponible muestra que muy pocas madres y padres recibieron ayuda de los servicios ordinarios de salud mental (MHS). Una revisión bibliográfica reciente evaluó la eficacia de los modelos de práctica en los CPS según los siguientes criterios: el modelo debía tener i) una base teórica clara, ii) un marco para la práctica con las personas usuarias y iii) una descripción de las competencias y herramientas profesionales. De 1360 estudios inicialmente elegibles, solo cinco cumplían los criterios de inclusión. Estos estudios se consideraron de baja calidad y tuvieron resultados pobres (Isokuortti et al., 2020). Otro estudio utilizó un diseño de métodos mixtos y entrevistó a familiares biológicos (63 progenitores y 10 abuelas y abuelos) en dos momentos separados por 15 meses (Neil et al., 2010). Encontró que solo unos pocos familiares biológicos recibían apoyo regular de servicios para personas adultas. Además, los servicios destinados a estos familiares eran escasos. La literatura también indica que las familias a las que se ofrecieron servicios de ayuda señalaron que estos no eran adecuados ni se ajustaban a sus necesidades particulares (Bolen et al., 2008). Además, las intervenciones concretas no parecían mejorar sus prácticas de crianza. Tres cuartas partes de las personas participantes seguían recurriendo al castigo físico para disciplinar a la infancia a su cargo, pese a las denuncias de maltrato físico que habían llamado la atención de los CPS.

No obstante, algunos estudios han obtenido resultados alentadores. Por ejemplo, Morgan et al. (2019) realizaron un estudio con una muestra pequeña para comprender «qué funciona» con el grupo parental. Observaron que la orientación psicológica creaba un vínculo sólido entre las madres y los padres y la persona que los orientaba, que sentían que el proceso de sanación había comenzado y que se sentían en confianza para hablar de sus hijos e hijas y de la maternidad. Optar por escuchar la experiencia traumática de la persona consultante y trabajar a partir de ella es un rasgo esencial de la atención informada en trauma (Katz & Haldar, 2015). Un artículo de revisión mostró que las distintas partes implicadas en la protección de la infancia promovían activamente la atención informada en trauma y que esta se había implantado con éxito en los CPS (Bunting et al., 2019). Existe también cierta investigación sobre el grupo parental en el contexto noruego (Falch-Eriksen, 2016; Slettebø, 2009, 2013; Syrstad & Ness, 2019, 2020a; Syrstad & Slettebø, 2020b). Syrstad y Ness (2019) examinaron cómo terapeutas de orientación sistémica de los Servicios de Orientación Familiar (FCS) negociaban su identidad profesional al prestar servicios al grupo parental. Constataron que las emociones del equipo terapéutico influían en sus ideales profesionales, como la neutralidad y la posición de no saber. Las personas terapeutas describieron también cómo los contextos de los FCS y de los CPS promovían versiones distintas de la realidad debido a mandatos, contextos de trabajo y experiencias previas con el grupo parental diferentes. Además, los sentimientos del equipo terapéutico hacia los CPS se veían avivados por los relatos dolorosos de las familias. Otro estudio de la misma autoría señaló la tentación de adoptar una posición experta como respuesta a la falta de capacidad de acción y de comprensión, a la magnitud de las necesidades y a atribuciones abiertamente simplistas sobre la retirada de los menores (Syrstad & Ness, 2021). También indicaron que a las personas terapeutas les resultaba útil explorar las historias de las familias en lugar de cuestionar su contenido.

En conjunto, los resultados muestran que un contacto oportuno con una persona profesional de la orientación tiene un gran potencial para ayudar al grupo parental. Sin embargo, la literatura sobre intervenciones y servicios para el grupo parental está compuesta principalmente por pequeños estudios cualitativos. Por el contrario, existe un vasto corpus de conocimiento en el ámbito de la investigación sobre procesos y resultados en psicoterapia (American Psychological Association, n.d.; Barkham & Lambert, 2021; Knobloch-Fedders et al., 2014; Orlinsky et al., 2004). Se ha desarrollado y difundido una multitud de terapias basadas en la evidencia (EBT) para ayudar a las familias con problemas de crianza y en el desarrollo de habilidades (Forrester et al., 2012; Hundeide & Armstrong, 2011; Katsikitis et al., 2013; Marcenko et al., 2010; Saldana, 2015; Sanders, 1999; Yoo et al., 2020). Algunos métodos basados en la evidencia se aplican en los CPS noruegos y se ofrecen de forma rutinaria a familias en dificultad (Berg et al., 2020; Mørch, 2012; Tiltak i Barnevernet, n.d.). Sin embargo, estas intervenciones se dirigen a las familias antes de la retirada de los menores y se interrumpen después de ella. La atención informada en trauma se ha abierto paso en el sistema noruego de protección de la infancia mediante programas de formación y una implantación a escala nacional (TraumeBevisst › Barnevern, n.d.). Aun así, el trabajo terapéutico se dirige principalmente a la infancia y la juventud y a otras personas cuidadoras, como las familias de acogida (Bunting et al., 2019; Sullivan et al., 2016).

Desarrollar e implantar servicios de salud mental sostenibles requiere visión, mandato y liderazgo. El Gobierno noruego encargó a los Servicios de Orientación Familiar (FCS) que ofrecieran servicios complementarios para responder a las necesidades emocionales y de apoyo del grupo parental (Falch-Eriksen, 2016). Los FCS son un servicio nacional, de umbral bajo, voluntario y gratuito, organizado bajo un nivel de dirección distinto del de los CPS. Los equipos de los FCS son multidisciplinares, y muchas de las personas que los integran consideran la teoría familiar y la práctica sistémica como su fundamento teórico (Grasaasen & Michaelsen, 2019; NOU, 2019). Sin embargo, muchas personas que ejercen la terapia familiar adoptan también el modelo de factores comunes como una fuente pertinente que nutre su teoría y su práctica (Davis & Hsieh, 2019). El modelo de factores comunes sostiene que los efectos de la psicoterapia se explican por factores compartidos entre distintos modelos terapéuticos. Factores centrales como la alianza terapéutica, la empatía, el consenso y la colaboración en torno a los objetivos, la consideración positiva y la validación, el dominio, la congruencia/autenticidad, la mentalización y la experiencia emocional explican la mayor parte de los resultados terapéuticos (Nahum et al., 2018). Reconociendo la necesidad de un marco teórico para comprender y examinar los factores comunes, B. Wampold (2001); B. E. Wampold (2015) desarrolló el modelo contextual. Según el modelo contextual, el proceso terapéutico comienza con una fase de vínculo inicial en la que la persona consultante evalúa si puede confiar en la persona terapeuta y si esta posee la pericia y la implicación necesarias para ayudarla. Si la persona consultante acepta a quien ejerce la terapia, la terapia avanza por tres vías. La primera es la relación real o personal. Esta se define desde una perspectiva psicodinámica y está «marcada por el grado en que cada parte es auténtica con la otra y la percibe/experimenta de un modo que le corresponde» (Gelso, 2014). La segunda vía es la expectativa de la persona consultante respecto de los beneficios terapéuticos. Incluye también la expectativa de si será capaz de completar las tareas de la terapia. La tercera vía la constituyen los ingredientes específicos de la terapia, adaptados a las necesidades de la persona consultante.

Desde un punto de vista científico, el objetivo deseable es construir una base de investigación con diseños diversos y rigor empírico. Por ejemplo, los estudios que permiten la comparación con teorías o modelos consolidados y con otros estudios afines pueden ayudar a situarse mejor en el campo más amplio de los servicios de salud mental. Además, los tratamientos basados en la evidencia (EBT) favorecen la estandarización, la formación y la supervisión. Sin embargo, en el plano teórico, las EBT siguen una dirección distinta de la práctica familiar sistémica que sustenta los FCS en Noruega. Aun así, recurrir a múltiples perspectivas y métodos puede aportar comprensión y ayudar a aclarar puntos ciegos que de otro modo no serían visibles (MacFarlane & O’Reilly-De Brún, 2012). El modelo contextual ofrece un marco teórico para evaluar las fortalezas y el potencial de desarrollo del equipo terapéutico. Este estudio tenía como objetivo comprender y evaluar las experiencias de las personas terapeutas con el grupo parental a través de la lente del modelo contextual.

1. Método

El presente estudio utilizó un diseño cualitativo exploratorio (Hunter et al., 2019). Los datos se recogieron mediante entrevistas en grupos focales y se analizaron mediante procedimientos guiados por la teoría. La ventaja de este enfoque es que combina un interés por la teoría con descripciones cualitativas ricas (Murphy et al., 2014). Varios estudios cualitativos han elaborado marcos utilizando conceptos y teorías preexistentes para guiar el análisis de contenidos textuales y ampliar el alcance de los estudios (Chew et al., 2019; Colón-Emeric et al., 2010; Morrow et al., 2011; Nguyen et al., 2021; Swaithes et al., 2021; Travis et al., 2014).

1.1. El contexto del estudio

Los FCS de Noruega cuentan con 42 centros de terapia familiar repartidos por todo el país. Hay cinco regiones, y cada una dispone de un grupo de recursos. Cada grupo de recursos da servicio a los centros locales de los FCS de su región. La Dirección de Infancia, Juventud y Asuntos Familiares (Bufetat) financia los FCS, y todos los servicios son gratuitos. Bufetat encargó a un grupo nacional de competencias (SKM) que dirigiera e implantara servicios basados en el conocimiento en los FCS para el grupo parental (Bufdir, 2020). Quienes firman el artículo trabajan en diversas funciones en los FCS y en el SKM.

1.2. Participantes

Se utilizó un muestreo intencional para reclutar una muestra nacional de 21 terapeutas. No se recogió la edad de las personas participantes ni sus años de experiencia. Había 18 terapeutas familiares y tres especialistas en psicología clínica. Las personas terapeutas familiares tenían un grado en trabajo social y una formación avanzada en terapia familiar. La psicología clínica incluye cursos de terapia familiar en su programa de formación profesional. El setenta y cinco por ciento de las personas participantes eran mujeres, y todas tenían un perfil sénior y una larga experiencia en los FCS.

1.3. Reclutamiento y recogida de datos

La información sobre el estudio se envió en primer lugar a los cinco grupos regionales de recursos. Después, las personas de contacto de cada grupo de recursos se dirigieron a los centros de los FCS de su región y reclutaron a las personas participantes. El objetivo era reclutar participantes que reflejaran la plantilla típica de los FCS, es decir, interdisciplinar y heterogénea en cuanto a edad y experiencia. No obstante, la experiencia directa con el grupo parental en el puesto actual de terapeuta era un requisito indispensable. Para participar en el estudio se exigían al menos dos casos clínicos con el grupo parental antes de la entrevista en grupo focal. Cada grupo focal contaba con entre 3 y 6 participantes, y la duración media de las entrevistas fue de 75 minutos. Se permitió a las personas participantes interactuar y responderse entre sí durante la entrevista cuando la discusión profundizaba en el tema emergente. Dos representantes del equipo nacional de competencias se encargaron de moderar y regular las discusiones. Todas las entrevistas en grupo focal se grabaron en audio.

1.4. La entrevista semiestructurada

La guía de entrevista se elaboró para suscitar respuestas acordes con los principios de la investigación fenomenológico-hermenéutica y para captar también el conocimiento tácito de la práctica clínica (Edwards & Young, 2013; Kvale, 1996; Welsh & Lyons, 2001). Las preguntas tenían un formato amplio y reflejaban la trayectoria típica de una persona consultante en los FCS. Las preguntas que guiaron la entrevista en grupo focal fueron las siguientes: i) ¿Qué necesidades presentaban las familias al equipo terapéutico? ii) ¿Qué caracterizaba los casos que el equipo terapéutico consideraba exitosos? iii) Las dificultades encontradas en el trabajo terapéutico o en el contexto de la prestación de servicios en los FCS, y iv) las necesidades que el equipo terapéutico consideraba imprescindibles para prestar servicios eficaces al grupo parental. ¿Han cambiado estas necesidades con el tiempo y con la experiencia con el grupo parental?

1.5. Análisis de los datos

Todas las entrevistas en grupo focal se transcribieron palabra por palabra, con repeticiones, pausas, risas y otras muletillas como «ahhh», «eh», etc. Los datos se codificaron con el programa NVivo 11. Conforme a la estrategia analítica deductiva, utilizamos cuatro categorías principales derivadas del modelo contextual de Wampold: 1) el vínculo inicial, 2) la relación personal, 3) las expectativas y 4) los ingredientes específicos. En primer lugar, toda la autoría leyó las transcripciones desde la perspectiva del modelo contextual como preparación para la codificación. Después, las citas pertinentes de las personas participantes se codificaron en las cuatro categorías principales del modelo contextual. Algunas citas encajaban en más de una categoría y se codificaron en consecuencia. Se añadieron subcategorías basadas en el modelo contextual a medida que surgían de los datos (véase la tabla 1). Por último, toda la autoría revisó las categorías y llegó a la codificación final mediante discusión y consenso.

Tabla 1 — Categorías basadas en el modelo contextual (B. E. Wampold, 2015)

  • 1. El vínculo inicial. La persona consultante determina si su terapeuta y los FCS son dignos de confianza; quien ejerce la terapia tiene la competencia y las habilidades necesarias para responder a las necesidades específicas de la persona consultante; quien ejerce la terapia muestra disposición a implicarse con la persona consultante.
  • 2. La relación personal. Auténtica y natural; ninguna amenaza de que quien ejerce la terapia ponga fin a la relación; las limitaciones legales a menudo no son pertinentes porque la situación es «post mortem»; conexión humana; apego; pertenencia; ausencia de soledad; apoyo social; la psicoterapia proporciona una conexión humana con una persona terapeuta empática y atenta; debería promover la salud.
  • 3. Expectativas. Ofrecer una explicación adaptativa del malestar psicológico y de las dificultades de la persona consultante; la persona consultante llega a creer que completar las tareas terapéuticas le será útil; quien ejerce la terapia infunde la esperanza de que podrá completar las tareas; abordar el dominio, la autoeficacia y las expectativas de respuesta; la persona consultante cree que la ayuda remediará su situación; acuerdo sobre objetivos y tareas (alianza).
  • 4. Ingredientes específicos. Todo tratamiento implica acciones específicas; congruencia entre tratamiento, teoría, explicaciones, expectativas de la persona consultante y acciones terapéuticas; se necesita una colaboración sólida; el tratamiento suscita acciones de salud; los ingredientes específicos construyen expectativas.

1.6. Cuestiones éticas

El estudio era un proyecto de garantía de calidad y el Comité Regional de Ética no exigió presentar una solicitud. No se recogió ningún dato personal ni identificable, incluidos la edad de las personas participantes y el número real de años en el puesto. No obstante, las personas participantes recibieron información escrita sobre los antecedentes del estudio, lo que se esperaba de ellas, el carácter voluntario de su participación, el anonimato y la confidencialidad, y el plan de publicación. Las personas participantes dieron su consentimiento.

2. Resultados

2.1. El vínculo inicial

Surgieron tres subcategorías: i) el contexto de derivación y el problema presentado, ii) la clarificación y iii) la preparación de quien ejerce la terapia.

i) El contexto de derivación y el problema presentado: el grupo parental no sabía bien qué esperar de los FCS ni de su terapeuta. Decían «no sabemos lo que queremos» y preguntaban: «¿qué podemos conseguir?». Los CPS habían indicado a las familias que buscaran ayuda en los FCS, lo que las volvía escépticas y cautelosas. Una persona participante relató: «las madres y los padres no tienen claro por qué han venido. Los CPS les dijeron que se pusieran en contacto con nosotros». Otra contó que una madre o un padre había preguntado: «¿qué es prudente y qué es imprudente que diga aquí?». Las personas participantes se preguntaban si las familias sentían que los CPS seguían llevando la voz cantante. Una de ellas dijo: «Me di cuenta de que ellos (los CPS) nos enviaron a las familias, ellas (las familias) están confundidas por venir aquí… se preguntan qué deben hacer aquí». Otra persona participante recordó: «nos enviaron a una pareja porque los CPS querían que el padre recibiera un curso de control de la ira». ii) Clarificación: las familias se preguntaban si los FCS podían ayudarlas a recuperar la custodia. Algunas necesitaban ayuda para entender un sistema complicado, en especial las de origen cultural minoritario. Las personas participantes consideraban que aclarar los papeles distintos de los FCS y de los CPS prepararía mejor a las familias para valorar si deseaban recibir los servicios de ayuda de los FCS. iii) Preparación de quien ejerce la terapia: las personas participantes estaban preparadas para ofrecer sus servicios al grupo parental. Muchas veían como objetivo inicial estar disponibles, presentes y ayudar a las personas consultantes a contar su historia: «En cuanto a nuestros (servicios)… lo que podemos ofrecer es ser la persona con la que pueden hablar y volver a contar su historia. Estar ahí para ellas». Estaban dispuestas a proporcionar una conexión humana de manera concreta: «Voy bastante a lo práctico… pregunto bastante por cuestiones prácticas para empezar. No sé si es por prudencia o por curiosidad o por lo que sea, pero empiezo por ahí. ¿Va a ir a juicio? O se comprueba algo así». Entre las personas participantes existía la convicción general de que «estar disponible y presente» para las personas consultantes era lo correcto en la fase inicial de la terapia.

2.2. La relación personal

Las personas participantes hablaron de la relación personal de dos maneras: una se basaba en lo que, a su juicio, debía ser la relación —un nivel global— y la otra en su experiencia clínica real con este grupo de consultantes —el nivel factual—. Una tercera subcategoría era la comprensión que tenía el equipo terapéutico del contexto de las personas consultantes y, con ella, la confianza que se ganaba. i) El nivel global: las personas participantes aportaron contenidos de nivel sistémico y mostraron comprensión del contexto de las familias: «hay mucha vergüenza, rabia, frustración e impotencia. A menudo surgen sentimientos intensos y dolorosos; para la mayoría es una pérdida enorme mezclada con vergüenza… que alguien haya decidido que tus cuidados no son lo bastante buenos»; «es un tabú, (son) un grupo paria y no muy popular». Respecto a la colocación en acogimiento familiar, una persona participante recordó que una madre o un padre había dicho: «ahora mi hija está con dos hombres, y a uno de ellos lo llama mamá… ¿qué clase de crianza va a tener?». ii) El nivel factual: las personas participantes hablaron de sus reacciones emocionales ante el relato de las familias y ante el sistema que las había puesto en esa situación. He aquí algunos ejemplos: «Tengo una corazonada… ¿de verdad han ido bien las cosas aquí (para las familias)? ¿Han entendido y evaluado correctamente los CPS? Cuando ellas (las familias) lo han explicado una y otra vez, veo que hay margen para el malentendido (¿por parte de los CPS?). Tengo la sensación persistente de que a esta pareja no se la ha entendido»; «He leído los informes de la escuela infantil y de la reunión posterior a la visita y ese tipo de informes… me inquieto… llegar a esa posición en la que te preocupas y no sabes qué hacer con esa inquietud». Las personas participantes percibían los dilemas de las familias y las dificultades de nivel sistémico, y sus relatos las conmovían. iii) Comprensión y confianza: los relatos profundos, vulnerables y dolorosos se comunican cuando existe cierto nivel de confianza. La confianza de las personas consultantes puede explicarse por lo que contaban al equipo terapéutico. Por ejemplo, una persona participante dijo: «tenía pensamientos suicidas y demás, me preocupaba por ella cuando hablábamos». Le preguntaba cada vez cómo se sentía al estar aquí sentada hablando de estas cosas. Me dijo que le hacía bien abrirse un poco. Tengo a mis hijos en un ataúd, así que cuando estoy aquí levanto un poco la tapa y luego la vuelvo a cerrar». Otras respuestas fueron: «algunas personas llegan llorando y lloran en la consulta»; «muchas dicen que no tienen a nadie más, es muy doloroso hablar de esto…»; «trabajé con una madre o un padre que es una figura pública… perdió la custodia… era, en cierto modo, ir al trabajo con vergüenza, volver a casa, correr las cortinas y quedarse ahí». Aunque el problema presentado no estaba claro en la fase de vínculo inicial y las personas consultantes no estaban seguras de su terapeuta, la calidad de la relación mejoró a medida que se desarrollaba una relación personal. Las personas consultantes empezaron a confiar en su terapeuta y en los FCS.

2.3. Expectativas

Surgieron tres subcategorías: i) las expectativas de las personas consultantes, ii) las explicaciones adaptativas que ofrece quien ejerce la terapia y iii) el acuerdo sobre objetivos y tareas.

i) Expectativas de las personas consultantes: tras la clarificación inicial, las expectativas de las personas consultantes se situaban en un nivel social y en un nivel personal. En el plano social, las personas participantes señalaron que las familias esperaban encontrarse con personas en su misma situación y buscaban compañerismo. Esperaban también consejo y orientación de sus pares. En el plano personal, tenían, entre otras cosas, auténtico pánico a cometer errores porque temían a los CPS. Por ejemplo, una madre contó a una de las personas participantes (su terapeuta) que su hija iba a empezar la escuela infantil. Le daban miedo tareas prácticas como vestir a la niña, algo que se había utilizado en su contra. En consecuencia, la madre quería consejos concretos y supervisión por parte de su terapeuta.

ii) Explicaciones adaptativas del equipo terapéutico: el equipo terapéutico ofrecía explicaciones adaptativas para comprender la situación singular de las familias. Explicaban que «ellas (las personas consultantes) tienen poca experiencia de encontrarse con el lado humano de quienes trabajan en los servicios y han sido maltratadas anteriormente. Con el tiempo, esto también puede afectar a la propia competencia social»; «necesitan que se las vea, se las escuche y se las comprenda»; «algunas crecieron con progenitores que perdieron la custodia y ahora, al tener descendencia, se encuentran en esta situación sin ayuda»; «he llegado a darme cuenta, sin la menor sombra de duda, de que los CPS han sido injustos». Gracias al encuentro terapéutico, las familias recobraban la esperanza de cambio. Una persona participante relató que «una madre inmigrante había perdido la custodia de dos hijos, pero tuvo otro bebé. Vino a verme durante el embarazo y después del parto. No hablaba mucho, pero dijo que tenía muchas ganas de venir aquí y que venir aquí significaba mucho para ella. Me abrazó y estaba muy agradecida».

iii) Acuerdo sobre objetivos y tareas: las personas participantes señalaron que llegar a un acuerdo sobre objetivos y tareas era muy difícil. Por ejemplo, las familias contaban a su terapeuta su experiencia, entre otras cosas, con las visitas, pero no formulaban preguntas concretas como «¿qué podemos hacer o cómo puedo manejarlo?». Otra persona participante replicó: «depende de lo que (como terapeutas) hagamos de ello». Si percibimos una necesidad de supervisión, podríamos preguntar a la familia: «cuénteme qué hizo, qué pensó, ¿qué podría haber hecho de otra manera?». Esta persona participante daba a entender que el equipo terapéutico podía adoptar una actitud proactiva para ayudar a las personas consultantes a definir objetivos y tareas. Sin embargo, las personas participantes se mostraban prudentes y explicaban que tales iniciativas podían resultar contraproducentes si se actuaba con demasiada prisa y se adoptaba una posición de consejo o de experticia. Aun así, tenían ideas concretas sobre lo que podía ser útil: por ejemplo, ayudar a las familias a redescubrir las relaciones, a cuidar su sentido de sí y a atender sus necesidades existenciales.

2.4. Ingredientes específicos

Todo tratamiento tiene ingredientes específicos que la teoría propone, que quien ejerce la terapia considera esenciales y que la persona consultante encuentra aceptables. Surgieron dos subcategorías: i) acciones específicas de la terapia y ii) límites y necesidades del equipo terapéutico. i) Acciones específicas de la terapia: las acciones más favorables que señalaron las personas participantes fueron la realización de grupos de apoyo entre pares para las familias y la oferta de cursos de formación. Consideraban que los grupos de apoyo entre pares permitían a las familias encontrarse con otras personas en una situación similar. Además, el carácter entre pares del grupo permitiría a las familias recibir comentarios de una forma que pudieran aceptar: «si una madre o un padre dice que no pasa nada por darle un tirón de orejas a un niño (para corregirlo), otra persona del grupo puede decir: “Yo pegaba a mi hijo, y está destrozado. La violencia no es la respuesta”». El equipo terapéutico mencionó también el enfoque en las emociones, la regulación emocional y la orientación o el coaching como objetivos para ayudar a las familias a prepararse para las reuniones con los CPS. Las personas terapeutas consideraban que su encuentro con la persona consultante tenía un impacto significativo como intervención terapéutica cuando ofrecía una relación segura, una escucha empática y el reconocimiento de sus experiencias y relatos.

ii) Límites y necesidades del equipo terapéutico: las personas participantes reconocían que el grupo parental tenía muchas necesidades y, por ello, deseaban un mejor marco teórico para ser más eficaces. Una de ellas habló de la falta de estructura en las sesiones individuales y de la necesidad de un modelo concreto: «Mini-COS (Circle of Security) es una intervención concreta con un manual. Algo así respondería a mi necesidad de un marco». Otra persona participante planteó la necesidad de herramientas concretas, como la formación en el International Child Development Program (ICDP- Hundeide & Armstrong, 2011). Añadió que un modelo concreto serviría de plan de reserva en caso de que las familias no propusieran temas. Las personas participantes dijeron sentirse menos seguras a la hora de manejar las emociones y experiencias intensas de las personas consultantes, lo que apunta a la necesidad de programas estructurados y consolidados, del tipo de las EBT.

3. Discusión

Los datos de los grupos focales abarcaron las cuatro categorías del modelo contextual: el vínculo inicial, la relación personal, las expectativas y los ingredientes específicos. Los temas que surgieron de las entrevistas en grupo focal giraron principalmente en torno a la segunda categoría: la relación personal. Por el contrario, el tema menos tratado fue la tercera categoría: las expectativas.

3.1. Construir una base relacional

El presente estudio mostró que el equipo terapéutico de los FCS sabía que prestar servicios ayudaría al grupo parental. En consecuencia, estaba preparado para ofrecer una conexión humana e implicarse en la construcción de una relación personal con la persona consultante. El contenido de la segunda categoría —la relación personal— parece corresponderse con el concepto de alianza terapéutica (Bordin, 1979), en particular con la fase de «vínculo» de la alianza terapéutica. La alianza puede medirse desde múltiples perspectivas: la de la persona consultante, la de quien ejerce la terapia y la de una persona observadora (Horvath, 1981). Desde la perspectiva de quien ejerce la terapia, los siguientes enunciados reflejan el vínculo: i) creo que le caigo bien a la persona consultante, ii) confío en mi capacidad para ayudarla, iii) la aprecio como persona, iv) entre la persona consultante y yo hemos construido una confianza mutua. Morgan et al. (2019) observaron que las familias sentían un fuerte compromiso y afecto hacia su terapeuta. En este estudio, el equipo terapéutico participaba activamente en la construcción de la alianza terapéutica, que está vinculada a la iniciativa y a las acciones de quien ejerce la terapia (véase Baldwin et al., 2007; Del Re et al., 2012).

3.2. La persona que ayuda: un ser humano compasivo y una persona terapeuta competente

Muchas personas se sienten atraídas por las profesiones de ayuda por el deseo de cuidar y de mejorar la vida de quienes sufren y están en situación de necesidad (Ybañez-Llorente, n.d.). Sin embargo, quienes ejercen una profesión de ayuda también deben atenerse a un código deontológico que proteja a la persona consultante. Un ejemplo es el código deontológico elaborado por la American Association for Marriage and Family Therapy (AAMFT), que establece claramente la responsabilidad de quienes ejercen la terapia en materia de normas de conocimiento, actualización, ámbito de competencia y adquisición de nuevas habilidades (AAMFT, n.d.). Si bien ser un ser humano compasivo y motivado es un buen punto de partida, la profesionalidad exige ir más allá y ofrecer servicios que reflejen un alto nivel de competencia y habilidad.

La categoría de las «expectativas» opera en dos niveles. En primer lugar, la expectativa previa de la persona consultante de que acudir a terapia la ayudará está estrechamente relacionada con sus acciones de salud, lo que se asocia con la construcción posterior de la alianza y con el resultado (Patterson et al., 2014). La expectativa de que un organismo concreto puede ayudar suele ser consecuencia de la reputación que ha construido con el tiempo. Sin embargo, dado que los FCS solo recientemente se han convertido en el organismo encargado de ayudar al grupo parental, aún no han construido un renombre. No obstante, mediante esfuerzos sistemáticos y prolongados, como la promoción de los servicios y las acciones de proximidad, es posible generar conocimiento y expectativas incluso entre grupos estigmatizados y de difícil acceso (Joa et al., 2008). En segundo lugar, la expectativa de la persona consultante respecto de su capacidad para completar las tareas terapéuticas le da esperanza y perseverancia. Muchas familias han tenido un contacto prolongado con profesionales de referencia de los CPS y han atravesado procedimientos judiciales que las dejan con una sensación de impotencia. Sin embargo, encontrarse con una persona terapeuta neutral, que ofrece apoyo y escucha su relato con empatía, suele ser una experiencia nueva y positiva para muchas de estas personas (Morgan et al., 2019; Yoo et al., 2020). Tales experiencias les devuelven un sentimiento de dignidad y la confianza en sí mismas necesaria para completar las tareas terapéuticas requeridas.

El equipo terapéutico deseaba más conocimientos sobre modelos de intervención específicos (categoría cuatro: ingredientes específicos). Se mostraba favorable a los grupos de apoyo entre pares para el grupo parental y señalaba sus ventajas específicas. En general, los grupos de apoyo entre pares proporcionan a sus participantes un sentimiento de comunidad y una red de apoyo, lo que ayuda a reducir los efectos de la exclusión, la vergüenza y la marginación. Quienes integran el grupo pueden servirse mutuamente de caja de resonancia para expresarse y recibir comentarios, correcciones y consejos (APA, n.d.). Sea cual sea su nivel de habilidad para dirigir grupos, las personas terapeutas influyen en el proceso y en los resultados de los grupos (Roback, 2000). Por ello, la formación en terapia de grupo aumentaría la eficacia de la intervención. Sin embargo, un enfoque grupal puede no ser viable por razones prácticas. Por ejemplo, puede que no haya un grupo disponible en el momento de la derivación, o que las familias acaben de perder la custodia por primera vez y se encuentren en un estado agudo, con un nivel elevado de dolor y angustia.

Aunque los enfoques generales resultan algo prometedores, el grupo parental presenta también dificultades y traumas específicos, como el TEPT complejo, el duelo complicado y trastornos de salud mental comórbidos (McKenna et al., 2021; Nixon et al., 2013; Suomi et al., 2021). Estas afecciones se beneficiarán de intervenciones focalizadas, en consonancia con el deseo del equipo terapéutico de contar con programas estructurados y modelos específicos. Formar al equipo terapéutico en intervenciones como el EMDR y la TCC centrada en el trauma dotaría a los FCS de tratamientos basados en la evidencia (EBT) para atender eficazmente al grupo parental que presenta traumas como el TEPT (Mavranezouli et al., 2020). Sin embargo, en Noruega, la mayoría de las afecciones mencionadas corresponden a la atención especializada en salud mental. Aun así, como organismo con el mandato de prestar una atención de nivel especializado al grupo parental, los FCS saldrían ganando si recurrieran a las EBT y las implantaran en sus centros. La investigación ha desarrollado modelos de base familiar para abordar el trauma de progenitores y menores. Un programa australiano llamado Black Box Parenting (Torres et al., 2015) se diseñó para reparar la relación entre progenitores y menores abordando el trauma pasado. Otro programa familiar basado en la evidencia, la Attachment-Based Family Therapy (Diamond et al., 2021), se desarrolló para ayudar a las familias y a la juventud a reparar las rupturas traumáticas del apego. Estos programas informados en trauma introducirían las EBT en el entorno de la práctica habitual y aportarían diversidad metodológica y de competencias, al tiempo que ofrecerían al grupo parental servicios de alta calidad. Los programas familiares informados en trauma encontrarían también un lugar significativo en el proyecto sistémico de los FCS.

3.3. Dificultades de nivel sistémico

Existe una directriz política y administrativa para prestar servicios al grupo parental, pero, más allá de ella, el ámbito funciona con conocimientos y competencias generalistas. Los FCS y los CPS son servicios distintos organizados bajo el mismo departamento gubernamental (Bufdir/Bufetat). Los CPS están estrechamente ligados al sistema judicial y tienen un carácter normativo y prescriptivo. Sus intervenciones preferentes consisten en ofrecer programas focalizados para mejorar la crianza y otras competencias de cuidado. El contexto sistémico de los FCS se centra en comprender, empatizar, empoderar y prevenir, y constituye, por tanto, un servicio cualitativamente diferente. Estas diferencias ideológicas no resultan evidentes de inmediato ni para quienes trabajan en estos sistemas ni para el grupo parental. Por ello, es necesario que la dirección y la administración elaboren una estrategia de comunicación para que las fuentes de derivación de los CPS y el grupo parental estén bien informados.

Algunas personas terapeutas han trabajado anteriormente en los CPS y han tenido contacto con el grupo parental, aunque en otro papel. Sus experiencias pueden favorecer una comprensión profunda de lo que viven las familias en las evaluaciones y en los procedimientos judiciales. Sin embargo, la combinación de una formación inicial en terapia familiar ya lejana en el tiempo y una experiencia reciente en la gestión de casos en los CPS podría constituir un obstáculo. Una supervisión continua entre pares ayudaría a detectar prácticas disfuncionales y a afinar las estrategias terapéuticas eficaces en los FCS (Golia & McGovern, 2015).

3.4. Implicaciones para la práctica clínica

Este estudio ha aportado información que podría ayudar a reforzar los conocimientos y las competencias del equipo terapéutico de varias maneras. En primer lugar, la formación en la construcción del vínculo, los objetivos y las tareas, esenciales para la alianza terapéutica (Bordin, 1979), proporciona al equipo terapéutico conocimientos y habilidades concretos. En segundo lugar, el relato y las experiencias de las familias suscitaban emociones intensas en la terapia y en quien la ejercía. La terapia focalizada en las emociones (Greenberg & Goldman, 2008 & 2019) es un modelo que aborda directamente estas cuestiones. Además, está ganando terreno en los FCS de Noruega («EFT-Terapeuter i Norge—IPR», n.d.), y la formación en este modelo reforzaría las competencias específicas de la terapia. En tercer lugar, ya se han desarrollado e implantado programas de formación en atención centrada en el trauma en los CPS noruegos. Una formación obligatoria para el equipo terapéutico de los FCS le permitiría conocer los principios fundamentales de la atención informada en trauma. Adaptar estos principios al grupo parental y desarrollar modelos específicos sería un paso siguiente positivo. En cuarto lugar, las personas terapeutas con experiencia previa como profesionales de referencia en los CPS y en contacto directo con el grupo parental pueden encontrarse con obstáculos. Sin embargo, también tienen una visión desde dentro de las experiencias de las familias en los CPS. Identificar a estas personas terapeutas y proporcionarles buenas herramientas de supervisión sería una inversión valiosa. Por último, el modelo contextual aporta conceptos y vocabulario procedentes de la investigación en psicoterapia y de la psicología clínica. Su uso en los FCS podría ampliar el horizonte teórico del equipo terapéutico y reflejar el carácter multidisciplinar de la plantilla.

4. Limitaciones e investigación futura

Hemos señalado algunas limitaciones. Este estudio utilizó el modelo contextual para examinar y desentrañar las experiencias y necesidades del equipo terapéutico de los FCS a la hora de prestar servicios al grupo parental. Recurrir a la metodología y tomar prestadas perspectivas de otros campos puede haber limitado la profundidad y el alcance de todos los temas pertinentes en un solo artículo. Se necesita más trabajo teórico y empírico para conectar la teoría y la práctica de la terapia familiar sistémica con el modelo contextual. Las personas terapeutas se ofrecieron voluntariamente a participar en el estudio, lo que sugiere que participaron personas con una alta motivación y un interés particular por el grupo parental. Además, no se recogieron datos demográficos específicos de las personas participantes, como la edad y la experiencia en los FCS. Reconocemos la limitación que esto supone para comprender, interpretar y generalizar mejor los resultados al conjunto del equipo terapéutico de los FCS. Futuros estudios podrían basarse en este, diseñar un cuestionario y utilizar un diseño cuantitativo para recoger datos de una muestra amplia y representativa en los FCS.

Complexe Systémique: puntos clave

El estudio arroja luz sobre un punto ciego: las madres y los padres a quienes se ha retirado la custodia por decisión legal, a los que los servicios suelen perder de vista justo cuando su angustia alcanza su punto álgido. En Noruega, los acogen servicios de orientación familiar separados de la protección de la infancia. El vínculo humano es el gran punto fuerte del equipo terapéutico; el acuerdo sobre los objetivos, mucho menos, y se reclaman modelos más específicos. Leer estos testimonios a través del modelo contextual de Wampold tiene un mérito: recuerda que la alianza comienza con la confianza en la institución, y que una familia enviada por el servicio que le retiró a su hijo o hija llega con recelo. Para la práctica sistémica, la cuestión es de posición: ¿cómo situarse junto a familias descalificadas sin abogar contra los servicios ni convertirse en su prolongación? Cabe lamentar que la demanda de programas basados en la evidencia apenas se discuta a la luz del pensamiento sistémico, y que falte la voz de las propias familias. Para leer junto con el artículo sobre la relación entre familias de origen y familias de acogida y el artículo sobre la terapia breve centrada en soluciones y los factores comunes.

Notas del original

Corrección. Este artículo se ha vuelto a publicar con cambios menores. Estos cambios no afectan al contenido académico del artículo.

Agradecimientos. Damos las gracias a las personas participantes por compartir sus conocimientos y a los grupos de recursos que las apoyaron y reclutaron. Asimismo, agradecemos a Jon Aarsland, que fue director de los Servicios de Orientación Familiar del condado de South Rogaland, su aliento y su apoyo.

Declaración de intereses. La autoría no ha declarado ningún posible conflicto de intereses.

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Traducción no oficial al español de Experiences of family therapists working with parents after the forced removal of children: What can the contextual model tell us?, de Pravin Israel, Cathrine Steffensen y Hege H. Hadland, Cogent Psychology, vol. 10(1), 2151731 (2023), doi: 10.1080/23311908.2022.2151731, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial son responsables de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «Experiences of family therapists working with parents after the forced removal of children: What can the contextual model tell us?», publicado en Cogent Psychology (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Israel, P., Steffensen, C., et Hadland, H. H. (2023). Experiences of family therapists working with parents after the forced removal of children: What can the contextual model tell us?. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/experiences-of-family-therapists-working-with-parents-after-the-forced-removal-of-children (Obra original publicada en 2022 en Cogent Psychology, 10(1), 2151731 (2023); republicada en 2023 por Cogent Psychology, https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/23311908.2022.2151731)

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