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Journal of Child and Family Studies · Familia

Conciliar resultados contradictorios sobre la adaptación infantil tras un divorcio de alta conflictividad

¿Deja el divorcio secuelas duraderas en la infancia o se recupera de él la mayoría de niñas y niños? Un equipo neerlandés encuestó a 142 menores de 6 a 18 años cuyas madres y padres, inmersos en un divorcio de alta conflictividad, habían sido derivados al programa No Kids in the Middle. En promedio, ambos resultados se sostienen a la vez: una adaptación comparable a la norma nacional y casi una de cada dos criaturas por encima del umbral clínico de estrés postraumático.

Autoría Reine C. van der Wal (Department of Social, Health, and Organizational Psychology, Utrecht University), Catrin Finkenauer (Department of Interdisciplinary Social Sciences, Utrecht University) y Margreet M. Visser (Children’s Trauma Center Kenter Jeugdhulp, Haarlem), Países BajosPrimera publicación en Journal of Child and Family Studies, 6 de noviembre de 2018Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Reconciling Mixed Findings on Children’s Adjustment Following High-Conflict Divorce, de Reine C. van der Wal, Catrin Finkenauer y Margreet M. Visser, publicado en Journal of Child and Family Studies (Springer) (2019), doi: 10.1007/s10826-018-1277-z, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Estos resultados sugieren que el divorcio de alta conflictividad representa un riesgo de impacto traumático y que, al mismo tiempo, niñas y niños muestran resiliencia.

Reine C. van der Wal, Catrin Finkenauer y Margreet M. Visser

Resumen

Pese a avances importantes, la evidencia empírica sobre el impacto del divorcio en la infancia es dispar, con conclusiones muy variadas en cuanto a la intensidad, la cronicidad y la nocividad del divorcio parental para la adaptación posterior de hijas e hijos. Para explicar esta amplia gama de resultados, proponemos que la adaptación lograda y la adaptación disfuncional tras el divorcio parental podrían no ser mutuamente excluyentes. Más bien, podrían ser en parte independientes, de modo que la infancia podría referir sentimientos traumáticos específicos del divorcio y, a la vez, una adaptación posdivorcio relativamente alta. Examinamos estas propuestas en una muestra de 142 menores de los Países Bajos, de seis a 18 años, cuyos progenitores estaban inmersos en divorcios de alta conflictividad. Las personas participantes cumplimentaron medidas autoinformadas de impacto traumático y de adaptación posdivorcio. En consonancia con nuestra propuesta, la infancia estudiada mostró, en promedio, tanto niveles elevados de trauma como niveles elevados de adaptación posdivorcio. No obstante, ilustrando un efecto de contagio entre dominios, a nivel individual quienes vivieron un mayor impacto traumático del divorcio refirieron también niveles más bajos de adaptación posdivorcio. Estos resultados sugieren que el divorcio de alta conflictividad representa un riesgo de impacto traumático y que, al mismo tiempo, niñas y niños muestran resiliencia. Sería prometedor que la investigación futura examinara qué menores son más susceptibles al trauma y/o a la resiliencia a lo largo del tiempo.

Palabras clave: Divorcio parental, Bienestar infantil, Resiliencia, Impacto traumático

En los Países Bajos, cerca del 40% de los primeros matrimonios terminan en divorcio (Centraal Bureau voor Statistiek 2016), y en más del 50% de los divorcios hay hijas o hijos implicados (Spruit and Kormos 2010). Dado el gran número de menores a quienes afecta cada año un divorcio, una cuestión clave es si la infancia se adapta al divorcio de sus progenitores y de qué manera. Esto es especialmente importante en los divorcios de alta conflictividad, en los que el divorcio alcanza su peor expresión. En los Países Bajos, alrededor del 20% de los divorcios derivan en un divorcio de alta conflictividad (Association of Dutch Municipalities 2015). Aunque no existe una definición clara del divorcio de alta conflictividad, las personas investigadoras y profesionales coinciden en que las parejas parentales inmersas en él se caracterizan por un conflicto prolongado, hostilidad, reproches, críticas e incapacidad para asumir su parte de responsabilidad en la disputa (Anderson et al. 2010), y pueden incluso ejercer violencia doméstica (Fotheringham et al. 2013). Además, las madres y los padres implicados en divorcios de alta conflictividad suelen mostrar una comprensión mínima, y a menudo una total falta de comprensión, de los efectos de sus conflictos sobre la descendencia (Amato 2001; Johnston 1994; Kelly and Emery 2003). Dados los efectos potencialmente devastadores de un divorcio de alta conflictividad sobre la adaptación infantil (Amato 2001; Johnston 1994; Kelly and Emery 2003), sorprende que la investigación haya prestado tan poca atención a la adaptación posdivorcio de la infancia tras un divorcio de alta conflictividad.

La literatura sobre los efectos del divorcio parental en la infancia se ha centrado a menudo en si vivir un divorcio afecta a la adaptación posdivorcio infantil y, en caso afirmativo, por qué y cómo. Pese a avances importantes, la evidencia empírica sobre el impacto del divorcio en la infancia es dispar, con conclusiones muy variadas en cuanto a la intensidad, la cronicidad y la nocividad del divorcio parental para la adaptación infantil (Amato 2010; Cherlin 1999; Kelly and Emery 2003; Lansford 2009). Por una parte, la investigación sugiere que los efectos del divorcio en la infancia son irreversibles y devastadores, y que la infancia carga con un peso traumático duradero años después del divorcio, en particular en términos de bienestar psicológico y de relaciones sociales (p. ej., Amato 2000, 2010; Hetherington 2006; Sun 2001; Sun and Li 2002; Wolfinger 2000, 2005). Por otra parte, la investigación sugiere que el divorcio tiene pocos efectos medibles a largo plazo en la infancia y que, tras el impacto inicial, la mayoría de niñas y niños se adapta bien al divorcio de sus progenitores (p. ej., Amato and Afifi 2006; Harris 1998; Kelly 2000; Kelly and Emery 2003). Para explicar estas discrepancias, cabe pensar que ambas conclusiones pueden ser válidas simultáneamente. El divorcio parental de alta conflictividad representa un riesgo de impacto traumático y, al mismo tiempo, puede constituir un contexto de riesgo en el que la infancia puede mostrar resiliencia (Masten 2011).

Según una perspectiva de divorcio-estrés-adaptación (Amato 2000), la adaptación infantil es una combinación compleja de factores parentales, individuales y contextuales antes, durante y después del divorcio (p. ej., Amato 2001, 2010; Lansford 2009). Es importante señalar que la investigación sugiere que el divorcio legal en sí tiene pocos efectos directos en la infancia (p. ej., Amato 2000). Son más bien los factores de riesgo que preceden y siguen al divorcio, a corto y a largo plazo (p. ej., conflicto parental, mudanzas, cambio de colegio), los que aumentan la probabilidad de problemas conductuales, sociales y académicos en la infancia. La mayor parte de la investigación existente sobre la adaptación infantil tras el divorcio parental puede interpretarse dentro de este marco global (p. ej., Amato 2010; Lamb 2012).

Para comprender las discrepancias en la adaptación infantil tras el divorcio, conviene considerar además que la infancia se desenvuelve en distintos ámbitos de la vida, como la escuela, las amistades, el ocio y la familia. Aunque estos ámbitos pueden solaparse en parte, también son en parte independientes. En el contexto del divorcio, es probable que las experiencias específicas del divorcio (p. ej., emociones, cogniciones, conductas) se trasladen a la adaptación general al divorcio (p. ej., Flook and Fuligni 2008). De hecho, el divorcio parental puede generar sentimientos persistentes de dolor, preocupación y pesar que afectan negativamente al funcionamiento cotidiano infantil en distintos ámbitos (p. ej., Alisic et al. 2008; Hetherington and Stanley-Hagan 1999). No obstante, también es posible que las experiencias específicas del divorcio sean en parte independientes de las experiencias en otros ámbitos, sobre todo a largo plazo, a medida que aumenta el tiempo transcurrido desde el divorcio (p. ej., Kelly and Emery 2003). Laumann-Billings y Emery (2000), por ejemplo, mostraron que quienes tenían progenitores divorciados desde hacía dos años o más no puntuaban más bajo que quienes tenían progenitores que seguían casados en medidas de síntomas psicológicos como la depresión o la ansiedad. Estos resultados sugieren que niñas y niños pueden vivir a la vez un trauma específico del divorcio y una adaptación posdivorcio.

Esta línea de razonamiento encaja bien con la idea de que la infancia es un agente activo que se adapta a los desafíos de su entorno y, con ello, configura su propia adaptación (p. ej., Frankenhuis et al. 2016; Lamb 2012). También es coherente con la noción de que, si bien ocurren cosas malas que pueden ser potencialmente traumáticas tanto para las personas adultas como para la infancia (p. ej., Bonanno 2004), no todo el mundo reacciona de la misma manera. Por ejemplo, la investigación sugiere que, ante la adversidad, la infancia muestra una mayor variabilidad en conductas y resultados, porque cada niña o niño se adapta y reacciona de forma distinta a los entornos estresantes (Belsky 2008; Ellis et al. 2012). Así, la distinción entre resiliencia e inadaptación ante los acontecimientos estresantes se despliega en el tiempo, dando lugar a trayectorias heterogéneas que van de la disfunción crónica a la recuperación (Bonanno and Diminich 2013).

Asimismo, una literatura creciente sobre la resiliencia y los resultados evolutivos positivos tras la adversidad sugiere que, aunque los efectos de las experiencias traumáticas pueden trasladarse de un ámbito de funcionamiento (p. ej., la familia) a otro (p. ej., la escuela) (Masten and Cicchetti 2010), no es necesariamente así. Al contrario, pese a vivir la adversidad en un ámbito (p. ej., abuso sexual, pobreza), algunas criaturas y algunas personas adultas muestran un funcionamiento competente en múltiples ámbitos, entre ellos las relaciones sociales y el rendimiento laboral y escolar (Masten and Narayan 2012; Miller et al. 2011). Si se extienden estos resultados al contexto del divorcio parental, un niño o una niña puede tener dificultades (a veces durante años) con las secuelas sociales y emocionales del divorcio de sus progenitores y, aun así, mostrar resiliencia si domina las tareas evolutivas normales (p. ej., iniciar y mantener amistades) y los hitos (p. ej., obtener un título), así como la adaptación posdivorcio.

En resumen, la adaptación lograda y la adaptación disfuncional tras el divorcio parental podrían no ser mutuamente excluyentes. Más bien, podrían ser en parte independientes, y la infancia podría referir en promedio sentimientos traumáticos específicos del divorcio y, a la vez, una adaptación posdivorcio relativamente alta. Esta predicción reviste especial importancia en el ámbito de los divorcios de alta conflictividad, enquistados en el conflicto, en los que los progenitores que se separan son incapaces de resolver sus desacuerdos sobre la pensión de alimentos, la custodia, el régimen de visitas o los métodos de crianza (Johnston 1994).

Los estudios sobre riesgo y resiliencia en distintas poblaciones infantiles expuestas a acontecimientos traumáticos y a la adversidad muestran que ciertos factores se asocian con mejores resultados psicosociales. En concreto, la literatura ha identificado factores protectores en el contexto del divorcio que pueden amortiguar el impacto potencialmente traumático del divorcio parental en la adaptación posdivorcio de la infancia. Uno de los factores moderadores más destacados es el nivel de conflicto parental que la infancia vive tras la separación de sus progenitores (p. ej., Hetherington 2006; Tein et al. 2000). Es decir, quienes viven tras el divorcio un conflicto prolongado, intenso y amargo entre sus progenitores presentan más depresión y más síntomas psicológicos que quienes tienen progenitores con conflictos solo menores (Amato and Keith 1991; Zill et al. 1993). Otro factor que puede moderar la asociación entre el trauma específico del divorcio y la adaptación es el tiempo transcurrido desde el divorcio. Gran parte de la infancia muestra mejoras considerables en su adaptación y se ajustan mejor con el paso del tiempo (p. ej., Hetherington 1989).

Para desarrollar intervenciones dirigidas a la infancia, es importante identificar los recursos propios de cada menor que pueden desempeñar un papel en su riesgo y su resiliencia tras el divorcio parental. Estos recursos pueden ser factores promotores (es decir, predictores de mejores resultados tanto en condiciones de alto como de bajo riesgo) o factores protectores (es decir, factores que amortiguan las condiciones de alto riesgo) (Brumley and Jaffee 2016; Cicchetti 2010; Masten 2001). El nivel de autoestima y el control percibido podrían ser recursos que amortigüen el impacto del divorcio parental en la adaptación infantil, ya sea como factor promotor o como factor protector. En primer lugar, quienes tienen una autoestima relativamente más alta tienen más probabilidades de suscitar respuestas positivas y apoyo de los demás (p. ej., Dumont and Provost 1999) y están en mejores condiciones de adaptarse a nuevos desafíos y a experiencias vitales estresantes que quienes tienen una autoestima relativamente más baja (Hetherington 1991). A partir de estos resultados, una autoestima más alta podría ser un factor promotor, porque quienes la tienen afrontan mejor el divorcio estresante de sus progenitores. También podría ser un factor protector, que modere la relación entre el impacto traumático específico del divorcio y la adaptación infantil. En segundo lugar, una gran proporción de menores afirma no haber recibido información de forma adecuada (o en absoluto) sobre el divorcio y sus implicaciones para su vida (p. ej., Dunn et al. 2001). Esta falta de información afecta negativamente al control que perciben sobre su vida (Kelly and Emery 2003). Dado que el control percibido se asocia con un mayor bienestar (p. ej., Benight and Bandura 2004), el nivel de control percibido podría ser un factor promotor. También podría ser un factor protector, en el que el control percibido modere el vínculo entre el impacto traumático del divorcio y la adaptación infantil, de modo que el divorcio muestre una relación más débil con la adaptación posdivorcio cuando cada menor percibe más control sobre su vida.

El objetivo principal de la presente investigación era conciliar resultados contradictorios sobre la adaptación de niñas y niños cuyos progenitores están inmersos en un divorcio de alta conflictividad. Mientras que los trabajos anteriores se basaban sobre todo en muestras de menores de Norteamérica, examinamos nuestras hipótesis en un grupo de menores cuyos progenitores estaban inmersos en un divorcio de alta conflictividad en los Países Bajos. En un primer paso, adoptamos un enfoque de nivel medio e incluimos medidas del impacto traumático relacionado con el divorcio y de la adaptación posdivorcio. En un segundo paso, adoptamos un enfoque intrapersonal para examinar el vínculo entre el trauma específico del divorcio y la adaptación posdivorcio, e identificar factores promotores y protectores (es decir, la percepción del conflicto parental, el tiempo transcurrido desde el divorcio, la autoestima y el control percibido). Además, controlamos el género y la edad de cada menor.

Método

Participantes

Utilizamos datos del proyecto No Kids in the Middle [Kinderen uit de Knel] (Schoemaker et al. 2017), un estudio en dos oleadas con familias inmersas en un divorcio de alta conflictividad en los Países Bajos. Todas las familias habían sido derivadas por la autoridad judicial o por los servicios de protección de menores a una institución sanitaria para una intervención grupal, porque el conflicto persistente entre los progenitores amenazaba el bienestar de la descendencia. La participación en la intervención era obligatoria, pero la participación en el estudio era voluntaria. De los 173 progenitores invitados a participar en el estudio, 165 aceptaron, lo que supone una tasa de respuesta del 95% entre los progenitores. Los datos pertinentes para los presentes análisis se recogieron en la primera oleada, antes de la intervención, entre menores de seis años o más. De los 193 menores a quienes se invitó a participar en el estudio, 142 obtuvieron el permiso parental y dieron su propio consentimiento, lo que supone una tasa de respuesta del 74% entre la población infantil. Las 142 criaturas participantes procedían de 81 familias (primera criatura; n = 81, segunda; n = 51, tercera; n = 9, cuarta; n = 1) y tenían entre 6 y 18 años (67 chicas; Medad = 10.21, DEedad = 2.77). La mayoría vivía con su madre y su padre (coparentalidad; 43%) o solo con la madre (40%). El resto vivía solo con el padre (7%) o en otras modalidades de convivencia (10%).

Procedimiento

Las madres y los padres fueron reclutados en 17 instituciones sanitarias ambulatorias de distintas regiones urbanas y rurales de los Países Bajos y Bélgica. Todas las familias habían sido derivadas por la autoridad judicial, por los organismos de atención a la juventud (en neerlandés: Bureau Jeugdzorg o Veilig Thuis) o por personal médico, porque la gravedad de los conflictos entre los progenitores separados o divorciados comprometía seriamente el bienestar de su descendencia. Tras la derivación, los progenitores se inscribieron en la intervención No Kids in the Middle (Van Lawick and Visser 2015), un programa de intervención quincenal para familias inmersas en divorcios de alta conflictividad. Progenitores y menores comienzan juntos en un mismo grupo y, al cabo de 10 min, se separan y participan en dos grupos paralelos, uno para los progenitores y otro para niñas y niños (8 sesiones).

Se invitó a los progenitores a la entrevista clínica de admisión en cuanto ambos se habían inscrito por separado en la intervención. Junto con la invitación escrita, recibieron información sobre el estudio titulado «Parentalidad tras el divorcio y No Kids in the Middle: un estudio en curso con familias divorciadas». Durante la primera entrevista clínica de admisión se respondieron las preguntas sobre el estudio. También se invitó a participar en el estudio a menores de entre 6 y 18 años, siempre que ambos progenitores con autoridad parental hubieran dado su permiso. A partir de los 12 años, debían además firmar personalmente un formulario de consentimiento. Antes de firmar, recibían una carta informativa y tenían la oportunidad de hacer preguntas. Las criaturas menores de 6 años no podían participar en el estudio, porque probablemente no saben leer de forma autónoma y las preguntas les resultarían demasiado difíciles de responder.

Cada menor cumplimentó el cuestionario en la primera sesión en la institución, en presencia de asistentes de investigación, para reducir la influencia parental que podrían sentir al responder a las preguntas en casa. Las criaturas más pequeñas o con dificultades de lectura recibieron ayuda adicional. Siempre tuvieron la posibilidad de hacer preguntas durante el estudio. Todos los cuestionarios se programaron en Qualtrics, un programa de encuestas en línea.

Medidas

Adaptación posdivorcio

Medimos la adaptación posdivorcio con el KIDSCREEN-10 (Ravens-Sieberer et al. 2010). Esta medida unidimensional representa una puntuación global de las dimensiones de las versiones más largas del KIDSCREEN (Ravens-Sieberer et al. 2013). Cada menor valoró los 10 ítems referidos a la última semana en una escala de 5 puntos (1 = nada, 2 = un poco, 3 = moderadamente, 4 = mucho y 5 = siempre). Algunos ejemplos de ítems son: «¿Te has sentido bien y en forma?» y «¿Te has divertido con tus amistades?». Dos ítems se invirtieron al puntuar el cuestionario, de modo que los valores más altos indican una mejor adaptación. El cálculo del índice KIDSCREEN consta de tres pasos: primero, se suma una puntuación bruta global; segundo, las puntuaciones sumadas se convierten asignando parámetros personales de Rasch a cada puntuación sumada posible; y, por último, los parámetros personales se transforman en valores con una media aproximada de 50 y una desviación típica aproximada de 10 (véase, p. ej., Ravens-Sieberer et al. 2010). El α de Cronbach en esta muestra fue de .82.

Impacto traumático

El impacto traumático del divorcio de alta conflictividad de los progenitores se midió con la Children’s Revised Impact of Event Scale (CRIES-13; desarrollada originalmente por Horowitz et al. 1979; traducida al neerlandés por Van der Ploeg et al. 2004), que ofrece una evaluación estable del impacto traumático en distintos tipos de trauma y de acontecimientos que ponen en peligro la vida (p. ej., Perrin et al. 2005). Cada menor valoró 13 ítems según la frecuencia con que se habían presentado durante la última semana en relación con los conflictos y el divorcio de sus progenitores (1 = nunca, 2 = rara vez, 3 = a veces y 4 = a menudo). Algunos ejemplos de ítems son: «¿Piensas en el divorcio de tus padres aunque no quieras?» y «¿Evitas hablar del divorcio de tus padres?». Utilizamos la puntuación total como indicador del impacto traumático (de 0 a 65). Se ha propuesto una puntuación de 30 o más como el punto de corte más eficaz para discriminar un riesgo elevado de trastorno de estrés postraumático (TEPT, Verlinden et al. 2014). El α de Cronbach en esta muestra fue de .87.

Conflicto parental percibido

Para evaluar el conflicto parental percibido, se pidió a cada participante que indicara en una escala de 5 puntos (1 = nunca, 2 = a veces, 3 = con regularidad, 4 = a menudo y 5 = siempre) en qué medida sus progenitores discuten en su presencia.

Tiempo transcurrido desde el divorcio

Los progenitores indicaron la fecha de su separación. Utilizamos la diferencia entre la fecha de participación (en este estudio) y la fecha de separación como indicador del tiempo transcurrido desde el divorcio, que osciló entre 0 y 12 años.

Autoestima

El nivel de autoestima se midió con un único ítem, tal como proponen Robins et al. (2001). En una escala de 5 puntos, cada menor indicó en qué medida se siente bien consigo en general (1 = nada, 2 = un poco, 3 = moderadamente, 4 = mucho y 5 = siempre). Se trata de un indicador fiable de la autoestima, y la investigación existente ha demostrado que es tan válido como una escala de varios ítems (Robins et al. 2001).

Control percibido

El nivel de control percibido también se midió con un único ítem. En una escala de 5 puntos, cada menor indicó en qué medida tiene la sensación de controlar lo que le ocurre (1 = nada, 2 = un poco, 3 = moderadamente, 4 = mucho y 5 = siempre).

Análisis de datos

En primer lugar, realizamos análisis descriptivos y de nivel medio para aportar más información sobre las puntuaciones de adaptación e impacto traumático en comparación con las puntuaciones normativas. A continuación, nos centramos en los análisis intrapersonales y realizamos análisis de correlación entre la adaptación y el nivel de impacto traumático. Por último, exploramos los factores promotores o protectores en el impacto del divorcio sobre la adaptación posdivorcio. Dado que 81 de los 142 menores pertenecían a la misma familia, los datos tenían una estructura anidada. Para tratar esta interdependencia, realizamos análisis de modelos multinivel con el procedimiento de modelos de efectos mixtos de SPSS y una estimación por máxima verosimilitud restringida. Centramos en la media el impacto traumático, el conflicto parental percibido, el tiempo transcurrido desde el divorcio, la autoestima y el control percibido. Además, como variables de control, añadimos el género (−1 para los chicos y 1 para las chicas) y la edad.

Realizamos cuatro análisis de moderación por separado para explorar los efectos de cada uno de los factores promotores o protectores: conflicto parental percibido, tiempo transcurrido desde el divorcio, autoestima y control percibido. En los cuatro análisis, introdujimos como variables continuas la adaptación posdivorcio autoinformada, el impacto traumático, uno de los factores promotores/protectores y el efecto de interacción entre el impacto traumático y uno de esos factores, y la familia como efecto fijo. Todos los modelos pusieron a prueba los efectos principales del impacto traumático, del género y de la edad y, además, los efectos principales de uno de los factores promotores/protectores y los efectos de interacción entre uno de esos factores y el impacto traumático (es decir, impacto traumático y conflicto parental percibido, impacto traumático y tiempo transcurrido desde el divorcio, impacto traumático y autoestima, e impacto traumático y control percibido).

Resultados

Análisis confirmatorios: adaptación e impacto traumático en la infancia

Los estadísticos descriptivos se presentan en la tabla 1. Como puede observarse, la muestra obtuvo puntuaciones relativamente altas en adaptación posdivorcio (M = 52.23, DE = 15.03, con un rango de 17.50 a 87.88, comparable a los datos normativos nacionales de la población infantil y adolescente neerlandesa de 8 a 18 años (M = 53.90 DE = 10.40; véase Ravens-Sieberer et al. 2010)). Este resultado respalda la idea de que la infancia parece resiliente y puede —en última instancia— adaptarse bien al divorcio de sus progenitores (Amato 2010). Al mismo tiempo, en promedio, la muestra seguía viviendo el impacto traumático del divorcio de sus progenitores (M = 27.27, DE = 15.28, con un rango de 0 a 65). Más concretamente, en nuestra muestra, el 45,8 % de las niñas y los niños puntuó dentro del rango clínico (es decir, una puntuación de 30 o más; n = 49; Verlinden et al. 2014). Esto significa que casi la mitad de la muestra refirió síntomas de estrés postraumático relacionados con el divorcio. Además, y en consonancia con trabajos anteriores (p. ej., Wigfield, Eccles, Mac Iver, Reuman, & Midgley, 1991), encontramos una diferencia significativa de género en la autoestima: los chicos refirieron niveles de autoestima más altos que las chicas.

Tabla 1 — Medias y desviaciones típicas de las principales variables del estudio en la muestra total y por género

Para cada variable: muestra total (n = 142), chicos (n = 75), chicas (n = 67); M (DE).

  • 1. Adaptación posdivorcio. Total: 52.23 (15.03); chicos: 54.00 (15.37); chicas: 50.22 (14.50).
  • 2. Impacto traumático. Total: 27.27 (15.28); chicos: 24.85 (14.81); chicas: 30.25 (15.48).
  • 3. Conflicto parental percibido. Total: 1.98 (1.14); chicos: 2.04 (1.10); chicas: 1.90 (1.18).
  • 4. Tiempo transcurrido desde el divorcio. Total: 4.79 (2.54); chicos: 4.57 (2.66); chicas: 5.04 (2.40).
  • 5. Autoestima. Total: 3.64 (1.17); chicos: 3.94a (1.05); chicas: 3.24a (1.22).
  • 6. Control percibido. Total: 2.85 (1.31); chicos: 2.94 (1.33); chicas: 2.74 (1.29).

aMedias significativamente diferentes según el género

Las correlaciones se presentan en la tabla 2. Lo más importante es que existía una fuerte correlación negativa entre la adaptación posdivorcio y el impacto traumático (r = −.57). Además, la adaptación posdivorcio se correlacionaba positivamente con la autoestima (r = .42), mientras que el impacto traumático se correlacionaba negativamente con la autoestima (r = −.32). El impacto traumático también se correlacionaba positivamente con el conflicto parental percibido (r = .19). La edad se correlacionaba positivamente con el tiempo transcurrido desde el divorcio (r = .37) y con el control percibido (r = .20). Las mismas correlaciones se calcularon por separado para chicos y chicas y se compararon mediante transformaciones r a z de Fisher. Ninguna de las correlaciones difería según el género, p’s > .05.

Tabla 2 — Correlaciones entre todas las variables del estudio

Variables: 1, adaptación posdivorcio; 2, impacto traumático; 3, conflicto parental percibido; 4, tiempo transcurrido desde el divorcio; 5, autoestima; 6, control percibido; 7, edad. Para cada variable, correlaciones con las variables anteriores.

  • 2. Impacto traumático. Con 1: −.57**.
  • 3. Conflicto parental percibido. Con 1: −.08; con 2: .19*.
  • 4. Tiempo transcurrido desde el divorcio. Con 1: −.10; con 2: −.05; con 3: −.08.
  • 5. Autoestima. Con 1: .42**; con 2: −.32*; con 3: .03; con 4: −.09.
  • 6. Control percibido. Con 1: .10; con 2: −.08; con 3: .14; con 4: −.11; con 5: .07.
  • 7. Edad. Con 1: −.11; con 2: −.18; con 3: −.05; con 4: .37**; con 5: .01; con 6: .20*.

Nota: *p < .05, **p < .001 (bilateral)

En resumen, en promedio, la muestra puntuó relativamente alto en adaptación posdivorcio y relativamente alto en impacto traumático. Estos resultados concuerdan con nuestro razonamiento, según el cual, a nivel medio, la adaptación lograda y la adaptación disfuncional tras el divorcio parental pueden ser en parte independientes entre sí. Al mismo tiempo, encontramos una correlación entre la adaptación posdivorcio y el impacto traumático del divorcio: una mejor adaptación se asociaba con un impacto traumático relativamente menor. Esto indica que la adaptación lograda y la disfuncional tras el divorcio se solapan en parte cuando la mirada se centra en cada menor por separado.

Análisis exploratorios: efectos promotores o protectores

Para explorar los factores protectores y promotores, realizamos cuatro análisis de moderación sucesivos con el impacto traumático como variable independiente, la adaptación posdivorcio como variable dependiente y, respectivamente, el conflicto parental percibido, el tiempo transcurrido desde el divorcio, la autoestima y el control percibido como moderadores, controlando el género y la edad.

En consonancia con los resultados de los análisis de correlación expuestos más arriba, en el primer análisis, con el conflicto parental percibido como moderador, encontramos un efecto principal del impacto traumático, b = −9.43, 95% CI [−12.12 to −6.74], p < .001, lo que sugiere que un mayor impacto traumático tras el divorcio se asocia con niveles más bajos de adaptación posdivorcio. Además, encontramos un efecto principal significativo de la edad, b = −4.91, 95% CI [−7.76 to −2.07], p = .001, lo que indica que las criaturas de más edad tienden a presentar niveles de adaptación posdivorcio relativamente más bajos. Cabe destacar que no encontramos un efecto de interacción significativo entre el impacto traumático y el conflicto parental percibido, p = .263 (fig. 1), ni un efecto principal del conflicto parental percibido, p = .547, ni del género, p = .871.

Efecto de distintos niveles de conflicto parental percibido (±DE respecto de las medias correspondientes) sobre la adaptación posdivorcio en función del impacto traumático tras el divorcio
Fig. 1. Efecto de distintos niveles de conflicto parental percibido (±DE respecto de las medias correspondientes) sobre la adaptación posdivorcio en función del impacto traumático tras el divorcio

En el segundo análisis, con el tiempo transcurrido desde el divorcio como moderador, encontramos de nuevo un efecto principal del impacto traumático, b = −9.43, 95% CI [−12.13 to −6.73], p < .001, y un efecto principal significativo de la edad, b = −4.57, 95% CI [−7.75 to −1.39], p = .005. No encontramos un efecto de interacción significativo entre el impacto traumático y el tiempo transcurrido desde el divorcio, p = .974 (fig. 2), ni un efecto principal del tiempo transcurrido desde el divorcio, p = .587, ni del género, p = .906.

Efecto de distintos niveles de tiempo transcurrido desde el divorcio (±DE respecto de las medias correspondientes) sobre la adaptación posdivorcio en función del impacto traumático tras el divorcio
Fig. 2. Efecto de distintos niveles de tiempo transcurrido desde el divorcio (±DE respecto de las medias correspondientes) sobre la adaptación posdivorcio en función del impacto traumático tras el divorcio

El tercer análisis, con la autoestima como posible moderador, reveló un efecto principal del impacto traumático, b = −7.88, 95% CI [−10.40 to −5.36], p < .001, y un efecto principal de la autoestima sobre la adaptación posdivorcio, b = 4.57, 95% CI [1.84 to 7.29], p = .001. Esto indica que los niveles más altos de autoestima se asocian positivamente con la adaptación posdivorcio. También encontramos un efecto principal significativo de la edad, b = −3.91, 95% CI [−6.61 to −1.21], p = .005. No encontramos un efecto de interacción entre el impacto traumático y la autoestima, p = .509 (fig. 3), ni un efecto principal del género, p = .348.

Efecto de distintos niveles de autoestima (±DE respecto de las medias correspondientes) sobre la adaptación posdivorcio en función del impacto traumático tras el divorcio
Fig. 3. Efecto de distintos niveles de autoestima (±DE respecto de las medias correspondientes) sobre la adaptación posdivorcio en función del impacto traumático tras el divorcio

Por último, el cuarto análisis, con el control percibido como moderador, reveló un efecto principal del impacto traumático, b = −9.34, 95% CI [−11.90 to −6.77], p < .001, y un efecto principal de la edad, b = −5.25, 95% CI [−8.15 to −2.35], p = .001. No encontramos un efecto principal del control percibido, p = .127, ni un efecto de interacción entre el impacto traumático y el control percibido, p = .585 (fig. 4), ni un efecto principal del género, p = .946.

Efecto de distintos niveles de control percibido (±DE respecto de las medias correspondientes) sobre la adaptación posdivorcio en función del impacto traumático tras el divorcio
Fig. 4. Efecto de distintos niveles de control percibido (±DE respecto de las medias correspondientes) sobre la adaptación posdivorcio en función del impacto traumático tras el divorcio

Discusión

Para arrojar luz sobre las discrepancias en la adaptación infantil tras el divorcio en situaciones de alta conflictividad, adoptamos una perspectiva de riesgo y resiliencia. Propusimos que el divorcio de alta conflictividad puede ser un contexto que expone a la infancia al riesgo de sufrimiento y trauma, pero que al mismo tiempo puede ser un contexto en el que la infancia muestre su resiliencia. Por ello, un primer objetivo de la presente investigación era examinar a la vez el impacto traumático del divorcio y la adaptación posdivorcio en menores cuyos progenitores están inmersos en un divorcio de alta conflictividad. En consonancia con nuestra propuesta, los resultados de nuestro estudio revelaron que, pese al divorcio de alta conflictividad de sus progenitores, la muestra refería en promedio una adaptación posdivorcio y, simultáneamente, niveles considerables de impacto traumático específico del divorcio. Al mismo tiempo, a nivel individual, observamos un contagio entre dominios: quienes vivieron un mayor impacto traumático tras el divorcio mostraron una menor adaptación posdivorcio. En conjunto, estos resultados subrayan que el enfoque analítico condiciona la respuesta a la pregunta de cómo se adapta la infancia a la adversidad de un divorcio de alta conflictividad. Un enfoque de nivel medio permite a la investigación examinar las diferencias entre individuos o grupos. En nuestro estudio, la media de adaptación posdivorcio era, pese a la adversidad vivida con el divorcio de alta conflictividad de los progenitores, comparable a la norma nacional, lo que pone de relieve la resiliencia infantil. Al mismo tiempo, la media de síntomas de estrés postraumático relacionados con el divorcio era considerable, y casi la mitad de la muestra presentaba niveles clínicos. Con un enfoque intrapersonal correlacional, en cambio, nuestros resultados pusieron de relieve el riesgo que supone el trauma relacionado con el divorcio para la adaptación posdivorcio: quienes vivieron más trauma relacionado con el divorcio presentaron una menor adaptación posdivorcio.

Las diferencias en los enfoques estadísticos utilizados por los distintos estudios sobre la adaptación infantil tras el divorcio (diferencias de nivel medio entre grupos frente a correlaciones entre variables dentro de los individuos y entre grupos) pueden haber dificultado la transferencia de resultados de un campo de estudio a otro y haber contribuido a las discrepancias en los resultados de la investigación. Por ejemplo, a los equipos profesionales del ámbito puede desconcertarles que un niño o una niña refiera una adaptación elevada y que, sin embargo, los estudios de intervención psicosocial puedan abordar y mejorar esa misma adaptación trabajando sobre los síntomas traumáticos relacionados con el divorcio, como sugieren nuestros resultados. En consonancia con otros estudios sobre el trauma en la infancia (p. ej., Alisic et al. 2008), nuestros resultados animan a profesionales e investigación a prestar atención al amplio abanico de reacciones, positivas y negativas, que la infancia muestra tras el divorcio. La elevada tasa de estrés postraumático relacionado con el divorcio hallada en nuestra muestra de menores cuyos progenitores estaban inmersos en divorcios de alta conflictividad puede indicar que estos divorcios pueden considerarse un acontecimiento traumático según el criterio A1 del DSM-IV-TR o del apartado sobre trauma del DSM-5, sobre todo si hay violencia doméstica o maltrato (Alisic et al. 2014; Fotheringham et al. 2013).

Un segundo objetivo de la presente investigación era explorar la influencia de varios factores promotores o protectores en la adaptación infantil tras el divorcio. Partiendo de trabajos anteriores, razonamos que niñas y niños diferirían en la medida en que el impacto traumático se traslada a su adaptación global, y exploramos el papel moderador del conflicto parental percibido, del tiempo transcurrido desde el divorcio, de la autoestima y del control percibido (p. ej., Dumont and Provost 1999; Hetherington 2006; Kelly and Emery 2003). Estos análisis arrojaron un efecto principal de la autoestima sobre la adaptación posdivorcio, lo que sugiere que la autoestima es un factor promotor más que protector. La autoestima es crucial para el bienestar mental y social a lo largo de la vida, ya que favorece las aspiraciones y las metas personales, el afrontamiento activo de la adversidad y la interacción con los demás (Kuster et al. 2013; Mann et al. 2004; Thoits 2010). Una autoestima elevada también ayuda a la juventud vulnerable a afrontar las consecuencias psicológicas del divorcio (p. ej., Palosaari and Aro 1995). Este resultado sugiere que las intervenciones previas al divorcio, durante el divorcio y posteriores a él que refuercen aún más el sentimiento de capacidad de acción y la autoestima infantil podrían ser especialmente prometedoras para aliviar el malestar y fomentar la resiliencia de menores cuyos progenitores están inmersos en divorcios de alta conflictividad (Van der Wal et al. 2017).

Los resultados no aportaron pruebas concluyentes de un papel promotor o protector del conflicto parental percibido, del tiempo transcurrido desde el divorcio o del control percibido en la asociación entre el impacto traumático y la adaptación posdivorcio. Los análisis exploratorios revelaron un efecto principal de la edad sobre la adaptación posdivorcio: las criaturas más pequeñas tendían a adaptarse mejor que las mayores. Los estudios anteriores han arrojado resultados dispares sobre la manera en que la edad influye en la adaptación al divorcio (p. ej., Allison and Furstenberg 1989; Lansford et al. 2006). Dado que la transición de la infancia a la adolescencia está marcada por cambios evolutivos en todos los niveles de funcionamiento, sería especialmente instructivo examinar si este efecto está relacionado con las experiencias vinculadas al divorcio y/o con los cambios evolutivos ligados a la edad.

Aunque los trabajos anteriores reconocían la disparidad de resultados sobre la adaptación infantil tras el divorcio, la mayoría de estas incoherencias se atribuía a diferencias anteriores y posteriores al divorcio entre grupos de menores (p. ej., Amato 2010; Lansford 2009). Una perspectiva de divorcio-estrés-adaptación de este tipo ayuda a comprender mejor el impacto del divorcio en la adaptación posdivorcio de la infancia. Como se ha descrito más arriba, sostenemos que, además de este enfoque de nivel medio, es esencial distinguir entre efectos medios y efectos intrapersonales. Concretamente, los niveles medios relativamente altos de adaptación posdivorcio, por una parte, y los niveles elevados de síntomas traumáticos relacionados con el divorcio, por otra, sugieren que las niñas y los niños cuyos progenitores están inmersos en divorcios de alta conflictividad muestran, en promedio, resiliencia ante la adversidad. Estos efectos medios concuerdan con la investigación que muestra que los resultados positivos y negativos tras acontecimientos vitales traumáticos pueden coexistir (Alisic et al. 2008). Sin embargo, las correlaciones significativas entre el impacto traumático relacionado con el divorcio y la adaptación posdivorcio ilustran que, a nivel individual, el trauma específico del divorcio se desborda y se extiende más allá del ámbito específico de la familia a esferas más amplias de la vida. Además, se necesita más investigación, idealmente estudios prospectivos y longitudinales, para examinar las condiciones límite de nuestros resultados. Por ejemplo, es importante explorar en qué medida la calidad de la relación coparental tras la separación puede atenuar el efecto de contagio del trauma relacionado con el divorcio (véase, p. ej., Hardesty et al. 2017). Asimismo, el papel de la violencia doméstica merece atención (Fotheringham et al. 2013): la investigación futura debería examinar si quienes son objeto de violencia doméstica y quienes son testigos de ella presentan una susceptibilidad diferente a sufrir estrés específico del divorcio.

Puntos fuertes, limitaciones y líneas futuras de investigación

Antes de concluir, conviene señalar varios puntos fuertes y limitaciones del presente trabajo. En primer lugar, el diseño transversal de este estudio nos impide extraer conclusiones firmes sobre los efectos causales del divorcio en sí sobre el impacto traumático y la adaptación posdivorcio. Por ejemplo, las diferencias de adaptación medidas después del divorcio pueden estar influidas por diferencias previas al divorcio (p. ej., Sun 2001; Sun and Li 2002). Sin embargo, pese a esas diferencias previas, también es probable que la adaptación infantil disminuya aún más tras el divorcio (p. ej., Strohschein 2005). Se necesita una investigación prospectiva y longitudinal futura en la que se mida el bienestar antes y después del divorcio para poner de manifiesto tales relaciones causales. En segundo lugar, los datos empleados en este trabajo proceden de un único estudio con menores de los Países Bajos cuyos progenitores estaban inmersos en un divorcio de alta conflictividad. En nuestro estudio, todas las familias habían sido derivadas a tratamiento por los servicios de protección de menores o por la autoridad judicial, porque el conflicto persistente entre los progenitores amenazaba el bienestar de la criatura. Aunque esta muestra ofrece una perspectiva única sobre un grupo infantil poco estudiado, nuestros resultados requieren replicarse en otros estudios, por ejemplo con grupos de menores cuyos progenitores se divorciaron sin que hubiera necesariamente mucho conflicto, o con grupos de menores cuyos progenitores no se casaron, sino que solo convivieron. Además, dado que la toma de decisiones jurídicas y clínicas en materia de divorcio varía según las regiones, los equipos profesionales y los países, se necesita investigación para examinar si estas diferencias afectan a la generalizabilidad y la solidez de nuestros resultados. En tercer lugar, los resultados se basan en autoinformes. Optamos por el autoinforme en la primera sesión para garantizar la confidencialidad y evitar respuestas socialmente deseables. No obstante, sería valioso replicar el estudio con entrevistas clínicas. Por último, solo se pidió a las propias criaturas que informaran sobre su vivencia del conflicto parental. Progenitores y menores pueden diferir en su interpretación y valoración del conflicto. Por ejemplo, lo que los progenitores pueden describir como una discusión acalorada puede ser percibido por la infancia como algo negativo y amenazante, sobre todo cuando ha estado expuesta al conflicto interparental durante largos periodos (Davies et al. 2006). Sería especialmente prometedora una investigación en la que progenitores, menores y otras fuentes de información, como el profesorado, pudieran complementarse en sus informes sobre el conflicto, para comprender mejor cómo percibe la infancia el conflicto parental en el contexto del divorcio.

El hallazgo de que estas niñas y estos niños de alto riesgo refirieran niveles de adaptación comparables a los de la población infantil neerlandesa en general resulta algo sorprendente y merece más investigación. En primer lugar, es posible que nuestros resultados reflejen fielmente las percepciones y vivencias infantiles e indiquen que la infancia se ha adaptado al divorcio de sus progenitores, lamentando algunos aspectos pero construyendo una nueva normalidad. En segundo lugar, a partir de las observaciones de Hetherington (2006), es posible que algunas criaturas intenten proteger a sus progenitores minimizando su malestar. En tercer lugar, también es posible que el momento de la evaluación, justo antes de un programa de intervención que reúne a los progenitores por el bien de sus hijas e hijos, haya llevado a la infancia a sentir esperanza en un cambio dentro de su familia, y posiblemente en una reconciliación parental. De hecho, la investigación sugiere que las creencias irracionales infantiles sobre el divorcio, en especial la esperanza de reconciliación, son persistentes y duraderas (DeLucia-Waack and Gellman 2007). Sería prometedora más investigación, idealmente estudios longitudinales, que incluyera a menores cuyos progenitores están inmersos en divorcios de alta conflictividad pero no participan en intervenciones.

También sería prometedora una investigación futura que examinara más a fondo las diferencias individuales en la adaptación infantil tras el divorcio. ¿Qué factores ambientales y/o rasgos de personalidad pueden amortiguar el impacto traumático del divorcio en la adaptación posdivorcio? A modo de ejemplo, dado que la relación entre la descendencia y (uno de) los progenitores suele resentirse cuando los progenitores deciden divorciarse (p. ej., Booth and Amato 1994), poder perdonar a los progenitores por el divorcio puede ayudar a restaurar y restablecer esa relación. Esto, a su vez, puede ayudar a la infancia a adaptarse al divorcio de sus progenitores (p. ej., Van der Wal et al. 2016). A la inversa, quienes tienden a sentirse culpables del divorcio de sus progenitores (p. ej., Laumann-Billings & Emery, 2000), o contienen su pena por consideración hacia sus progenitores (p. ej., Stroebe et al. 2013), podrían correr un mayor riesgo de presentar síntomas postraumáticos. Sería interesante examinar si procesos como el perdón, los sentimientos de culpa o el duelo pueden ayudar a comprender mejor las diferencias en la adaptación infantil tras el divorcio parental. Combinando índices autoinformados de adaptación infantil con entrevistas abiertas, la comunidad investigadora estará en mejores condiciones de examinar a fondo las diferencias individuales en la adaptación infantil al divorcio.

El presente artículo aporta pruebas tanto de riesgo como de resiliencia en relación con la vivencia infantil del divorcio de alta conflictividad de los progenitores. En promedio, niñas y niños no solo refieren niveles elevados de impacto traumático relacionado con el divorcio, sino también niveles relativamente altos de adaptación posdivorcio. Al mismo tiempo, quienes presentaban más trauma específico del divorcio refirieron una menor adaptación posdivorcio. Puede haber diferencias importantes entre menores que contribuyan a estos resultados, y se necesita investigación futura que ilumine las diferencias individuales para explicar la disparidad de reacciones y vivencias infantiles ligadas al divorcio parental.

Complexe Systémique: puntos clave

La aportación del artículo es tanto metodológica como clínica: según se miren las medias o a cada criatura, el divorcio de alta conflictividad parece bien tolerado o traumático. Ambas lecturas se sostienen juntas. En promedio, estas niñas y estos niños se adaptan tan bien como sus iguales; sin embargo, casi la mitad supera el umbral clínico de estrés postraumático, y cuanto mayor es el impacto traumático, más débil es la adaptación. Para la práctica sistémica, la lección es doble: una buena fachada en la escuela o con las amistades no dice nada del estado del vínculo con los progenitores, y la criatura que «está bien» puede también estar protegiendo a sus progenitores al callar su malestar, o esperando su reconciliación. La autoestima aparece como un recurso general más que como un amortiguador específico, lo que aboga por intervenciones que refuercen la capacidad de acción de la criatura sin situarla en el centro del conflicto. Los límites son los de un diseño transversal, medidas de un único ítem y una muestra derivada por la justicia o por la protección de menores. Para leer junto con el artículo sobre el programa multifamiliar No Kids in the Middle y el artículo sobre la posición de la infancia entre dos hogares.

Notas del original

Conflicto de intereses. La autoría declara no tener ningún conflicto de intereses.

Aprobación ética. Todos los procedimientos realizados en estudios con participantes humanos se ajustaron a las normas éticas del comité de investigación institucional (proporcionado por la VU University Amsterdam) y a la Declaración de Helsinki de 1964 y sus enmiendas posteriores o a normas éticas comparables.

Consentimiento informado. Se obtuvo el consentimiento informado de todas las personas participantes incluidas en el estudio.

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Traducción no oficial al español de Reconciling Mixed Findings on Children’s Adjustment Following High-Conflict Divorce, de Reine C. van der Wal, Catrin Finkenauer y Margreet M. Visser, Journal of Child and Family Studies, vol. 28, n.º 2 (2019), doi: 10.1007/s10826-018-1277-z, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción, tablas presentadas en forma de lista). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Traducción no oficial al español del artículo original «Reconciling Mixed Findings on Children’s Adjustment Following High-Conflict Divorce», publicado en Journal of Child and Family Studies (2019) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial; la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

van der Wal, R. C., Finkenauer, C. y Visser, M. M. (2019). Reconciling Mixed Findings on Children’s Adjustment Following High-Conflict Divorce. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/reconciling-mixed-findings-on-children-s-adjustment-following-high-conflict-divorce (Obra original publicada en 2018 en Journal of Child and Family Studies, 28(2), 468-478 (2019); republicada en 2019 por Journal of Child and Family Studies, https://link.springer.com/article/10.1007/s10826-018-1277-z)

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