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Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

European Journal of Psychotraumatology · Migración

El contexto posterior al reasentamiento importa: estudio cualitativo de las respuestas de las familias refugiadas al trauma infantil en entornos con pocos recursos

¿Cómo perciben el malestar infantil unas madres y unos padres refugiados, traumatizados a su vez, cuando la vida cotidiana se reduce a sobrevivir? En Irán, un equipo británico e iraní entrevistó a 30 madres y padres, en su mayoría procedentes de Afganistán, que viven en barrios pobres. El trauma infantil sigue siendo casi invisible: solo cuentan el pan, el alquiler y los síntomas físicos. Las privaciones del exilio endurecen la crianza, y la infancia calla para proteger a sus progenitores.

Autoría Mohsen Rajabi, Rachel Calam, Fatemeh Bagherifard, Victoria Williamson, Fatemeh Ashrafi, Anke Karl y Sarah L. Halligan (Department of Psychology, University of Bath; Division of Psychology and Mental Health, University of Manchester; Institute of Child Health, University College London; Institute of Psychology, Psychiatry and Neuroscience, King’s College London; Association for the Protection of Refugee Women and Children (HAMI), Teherán; Psychology, Faculty of Health and Life Sciences, University of Exeter; Department of Psychiatry, Stellenbosch University, y Department of Psychiatry and Mental Health, University of Cape Town, Sudáfrica)Primera publicación European Journal of Psychotraumatology, 21 de julio de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Post-resettlement context matters: a qualitative study of refugee parents’ responses to child trauma in low-resource settings, de Mohsen Rajabi, Rachel Calam, Fatemeh Bagherifard, Victoria Williamson, Fatemeh Ashrafi, Anke Karl y Sarah L. Halligan, publicado en European Journal of Psychotraumatology (Taylor & Francis) (2026), doi: 10.1080/20008066.2026.2693362, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista; las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas; el material complementario en línea (figura S1, tablas S1–S6, apéndices S1–S4) no se reproduce. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Por último, las prioridades de las figuras parentales se centraban por completo en las necesidades materiales esenciales para la supervivencia básica de la infancia a su cargo, más que en el apoyo psicosocial.

Mohsen Rajabi, Rachel Calam, Fatemeh Bagherifard, Victoria Williamson, Fatemeh Ashrafi, Anke Karl y Sarah L. Halligan

Resumen

Antecedentes. Pese a la evidencia de que los factores socioambientales posteriores al reasentamiento influyen en la crianza, las experiencias de las familias refugiadas a la hora de atender las necesidades postraumáticas de la infancia en entornos con pocos recursos siguen estando gravemente infraexploradas en los países de ingresos bajos y medianos (PIBM).

Objetivo. Este estudio se propuso explorar cómo comprenden las figuras parentales el malestar postraumático infantil y cómo responden a él en un contexto de desplazamiento y de recursos limitados en Irán, uno de los países que acogen a más población refugiada en el mundo.

Métodos. Se reclutó a treinta madres y padres refugiados en comunidades desfavorecidas de Irán. Los datos se recogieron mediante entrevistas semiestructuradas y cuestionarios. Las personas participantes procedían principalmente de Afganistán, la mayoría no sabía leer ni escribir y todas refirieron síntomas de TEPT al menos moderados. Los datos se analizaron mediante análisis temático.

Resultados. Se generaron cuatro temas relativos a: (1) la comprensión y la interpretación parental del malestar infantil; (2) la crianza en situación de desplazamiento; (3) las dinámicas intrafamiliares; y (4) las necesidades de apoyo, la búsqueda de ayuda y las vías de atención. Las familias carecían de una comprensión básica de las dificultades de la infancia relacionadas con el trauma: describían una incertidumbre extrema sobre cómo responder a sus necesidades emocionales y una escasa percepción de esas necesidades, unidas a una capacidad muy limitada para apoyarlos y a la falta de acceso a recursos más amplios. Los factores de estrés persistentes posteriores al reasentamiento parecían agotar la capacidad de afrontamiento parental y desencadenar una crianza dura y reactiva, en contraste con las prácticas de crianza más afectuosas descritas antes del desplazamiento. La privación material también influía en las interacciones entre progenitores e hijos: muchos niños y niñas ocultaban las consecuencias mentales o físicas del trauma para evitar gastos sanitarios, y algunos asumían funciones parentales, como generar ingresos, cuidar de sus hermanos o dar apoyo emocional a sus progenitores angustiados. Por último, las prioridades de las figuras parentales se centraban por completo en las necesidades materiales esenciales para la supervivencia básica de su descendencia, más que en el apoyo psicosocial.

Conclusión. Nuestros resultados aportan una perspectiva novedosa sobre la profunda influencia que ejercen una alfabetización en salud mental notablemente baja, la privación material y la escasez de recursos de apoyo internos y externos en la forma en que las familias refugiadas comprenden las necesidades postraumáticas de la infancia y responden a ellas en entornos de reasentamiento desfavorecidos y con pocos recursos.

Palabras clave: TEPT, familias refugiadas, contexto posterior al reasentamiento, trauma infantil, crianza, salud mental, Irán

1 Introducción

Niñas, niños y adolescentes constituyen una parte considerable de la población desplazada por la fuerza, y muchos corren un riesgo elevado de TEPT y de otras formas de malestar postraumático tras la guerra y el desplazamiento (Blackmore et al., 2020). Para quienes viven en zonas con pocos recursos de los países de ingresos bajos y medianos (PIBM), la exposición a traumas de guerra suele coincidir con la privación material y con un acceso restringido a los servicios básicos, lo que puede obstaculizar la recuperación y erosionar los recursos de afrontamiento tras el trauma (p. ej., Ermansons et al., 2023). Cuando la atención sanitaria es inaccesible y la infancia está separada de sus redes de apoyo más amplias (p. ej., pares, profesorado), las respuestas parentales pueden volverse especialmente decisivas como fuente inmediata de apoyo emocional tras el trauma (Betancourt et al., 2010; Sriskandarajah et al., 2015). Sin embargo, cuando progenitores e hijos han estado expuestos conjuntamente a traumas de guerra, este contexto relacional compartido puede socavar la capacidad de las figuras parentales para regular sus propios estados emocionales y corregular los de la infancia, aumentar las respuestas parentales desadaptativas (p. ej., disciplina dura, crianza reactiva) y reducir su sensibilidad a las necesidades postraumáticas de la infancia (TEPT relacional; El-Khani et al., 2016; Scheeringa & Zeanah, 2001). Esto, a su vez, puede reducir las conversaciones sobre el trauma y el apoyo emocional dentro de la familia en un momento clave del reasentamiento, cuando atender las necesidades de apoyo de la infancia es vital para la integración y la recuperación (Kevers et al., 2024).

La asociación entre la exposición parental al trauma y una mayor probabilidad de crianza dura, menor calidez y sensibilidad, apego desorganizado y mayor control parental se ha documentado en distintas muestras de personas cuidadoras refugiadas y reasentadas (p. ej., Bryant et al., 2018; Eltanamly et al., 2022; van Ee et al., 2016). La investigación cualitativa también ha puesto de manifiesto un crecimiento postraumático en familias refugiadas, que se traducía en una mayor implicación afectuosa, compasión e indulgencia parentales (p. ej., Eltanamly et al., 2022). No obstante, la evidencia disponible sobre la respuesta parental al malestar postraumático de la infancia se inclina, o bien hacia grupos homogéneos de familias refugiadas (p. ej., familias sirias en Jordania o el Líbano), o bien hacia entornos de reasentamiento con abundantes recursos en países de ingresos altos. Es importante señalar que ninguno de estos estudios entrevistó a madres o padres refugiados con un diagnóstico probable de TEPT y con hijos o hijas expuestos a traumas, lo que puede limitar la relevancia clínica de las observaciones de la literatura. Además, estos resultados no pueden extrapolarse a familias refugiadas socioeconómicamente desfavorecidas y étnicamente diversas de los PIBM, muchas de las cuales viven en condiciones de pobreza. Por ejemplo, Eltanamly et al. (2022) se basaron en una muestra relativamente instruida y étnicamente homogénea en los Países Bajos, y Sim et al. (2023) reclutaron a familias refugiadas asistidas por el Gobierno de Canadá que recibían ingresos públicos y apoyo para la instalación. Así pues, sabemos relativamente poco sobre cómo la intersección entre el trauma de guerra y los factores contextuales puede influir en la manera en que las familias perciben las necesidades postraumáticas de la infancia y responden a ellas (Perzow et al., 2018).

La laguna de conocimiento sobre las experiencias de las familias refugiadas en los PIBM es crítica, dado el creciente reconocimiento de que las características materiales, sociales y políticas de la ecología posterior al desplazamiento, en concreto los factores de estrés de nivel macro, desempeñan un papel clave en la crianza de las familias refugiadas a través de sus efectos sobre la salud mental parental (p. ej., Ermansons et al., 2023; Khraisha et al., 2024). La investigación cualitativa ha mostrado que el afrontamiento y las respuestas parentales no pueden desvincularse de los contextos sociales y económicos del entorno posmigratorio, y que pueden debilitarse o fortalecerse en función de los recursos del país de acogida (Khraisha et al., 2024; Miller & Rasmussen, 2017). Por ejemplo, en distintos estudios, las restricciones de vivienda que provocaban hacinamiento en familias refugiadas somalíes y palestinas contribuían, a su vez, a una crianza más dura y controladora (Ahmad & Smetana, 2021; Hickman et al., 2008), mientras que familias refugiadas sirias describían una crianza más comunicativa tras recuperar la estabilidad después del reasentamiento (Eltanamly et al., 2022). Pese a estos ejemplos, que muestran que los factores socioambientales están vinculados a la crianza en situación de desplazamiento, siguen comprendiéndose mal los mecanismos subyacentes por los que estos factores de estrés y de apoyo interconectados posteriores al reasentamiento configuran conjuntamente las respuestas parentales.

Irán acoge actualmente a más de 2,5 millones de personas refugiadas afganas, iraquíes y pakistaníes, lo que lo convierte en uno de los países que más población refugiada acogen en el mundo. La llegada de población refugiada de Afganistán es especialmente marcada: se trata de una población que ha vivido décadas de guerra, pobreza y graves restricciones de derechos básicos, incluido el acceso a la educación. Por ejemplo, se calcula que a 2,2 millones de niñas se les niega actualmente la educación secundaria en Afganistán, y ya se habían documentado tasas elevadas de analfabetismo entre la población refugiada reasentada en Irán (Abbasi-Shavazi et al., 2008). El propio Irán afronta importantes desafíos económicos y políticos, y su población refugiada sufre en consecuencia graves penurias. Pese al tamaño notablemente grande y a la gran vulnerabilidad de la población refugiada en Irán, esta está muy infrarrepresentada en la base de evidencia existente (Rajabi et al., 2026). Por ello, nos propusimos comprender con matices las respuestas parentales a las necesidades de apoyo de la infancia tras el reasentamiento, en un contexto de desplazamiento y de recursos limitados en Irán. Nos centramos en familias refugiadas que viven en comunidades con pocos recursos, típicas de Irán, donde factores estructurales como la pobreza crónica y la falta de acceso a servicios básicos se entrecruzan con las propias historias traumáticas y el malestar de las figuras parentales (Naseh et al., 2018). En concreto, este estudio exploró: (1) cómo comprenden e interpretan estas familias refugiadas el malestar postraumático de su descendencia; (2) sus experiencias de apoyo a la infancia tras el trauma y el desplazamiento, incluidos los obstáculos percibidos y los recursos disponibles; y (3) cómo influyen el propio trauma parental y los factores de estrés ligados al desplazamiento en cómo comprenden las necesidades de la infancia y en sus respuestas de cuidado.

2 Métodos

2.1 Reclutamiento de participantes y entorno

Participaron 30 madres y padres refugiados reasentados en Irán, reclutados a través de una colaboración consolidada con la Association for Protection of Refugee Women and Children (HAMI), una organización no gubernamental (ONG) internacional que ofrece apoyo multimodal a familias refugiadas en entornos con pocos recursos de Irán. El reclutamiento tuvo lugar entre abril y noviembre de 2023 en tres provincias: Semnán, Mashhad y Teherán. Junto con los asentamientos marginales cercanos a Teherán, Mashhad y Semnán son dos núcleos clave del asentamiento de población refugiada, principalmente por las oportunidades de empleo, el bajo coste de la vida y la proximidad geográfica a Afganistán y Pakistán. Estas ciudades alojan a población refugiada en viviendas formales e informales. Debido a las altas tasas de desempleo y a la pobreza generalizada, la mayoría de estas familias vive en comunidades socioeconómicamente desfavorecidas.

Podían participar en el estudio quienes: (i) tuvieran 18 años o más; (ii) se hubieran reasentado en Irán como personas refugiadas o solicitantes de asilo; (iii) fueran la madre o el padre biológico o la principal persona cuidadora de un niño o niña refugiado de entre 6 y 17 años; (iv) tuvieran capacidad para comprender los procedimientos del estudio y dar su consentimiento; (v) no presentaran ninguna preocupación conocida en materia de protección infantil. Se eligió el límite inferior de 6 años porque es probable que las respuestas parentales y el malestar postraumático se presenten de forma distinta en la primera infancia que en niños y niñas mayores y adolescentes, como refleja el hecho de que el DSM-5 establezca criterios de TEPT específicos para menores de 6 años o menos.

El reclutamiento lo llevó a cabo el personal de investigación de HAMI en las oficinas locales situadas en las comunidades refugiadas. El equipo de investigación de HAMI organizó reuniones de difusión individuales y grupales con familias refugiadas para presentar el estudio, tanto en asentamientos informales de tiendas de campaña como en viviendas formales. A quienes manifestaron interés en participar se les pidieron sus datos y se les entregaron las hojas informativas del estudio. Debido a los posibles problemas de alfabetización en la población refugiada, el personal investigador de HAMI leyó en voz alta la hoja informativa para asegurarse de que todos los aspectos del estudio se comprendían con claridad. Después, el personal de HAMI se puso en contacto con las familias en un plazo de 3 a 5 días para saber si deseaban participar y fijar una cita para la evaluación. Todas las personas interesadas tuvieron la oportunidad de plantear cualquier pregunta sobre la investigación y su participación antes de dar su consentimiento. El personal investigador de HAMI hablaba farsi, pero se ofreció interpretación cuando fue necesario durante el reclutamiento y la recogida de datos para participantes que no hablaban farsi.

De las 84 personas refugiadas potencialmente elegibles a quienes el personal investigador de HAMI se dirigió inicialmente, 51 rechazaron participar o no acudieron a la entrevista programada. Además, tres participantes solicitaron retirar sus datos en las tres semanas siguientes a su participación. En total, 30 personas completaron las evaluaciones del estudio (véase la figura S1 del archivo complementario sobre el proceso de reclutamiento). No se contactó con más participantes tras reclutar a 30, ya que el investigador principal (MR) consideró improbable que nuevas entrevistas generaran temas nuevos (Hennink & Kaiser, 2022).

2.2 Instrumentos

2.2.1 Post-traumatic Diagnostic Scale-5 (PDS-5; Foa et al., 2016)

La PDS-5 es un instrumento de autoinforme para adultos de 24 ítems que incluye un cribado de la historia traumática, seguido de 20 ítems que miden la gravedad de los síntomas de TEPT durante el último mes según los criterios diagnósticos del DSM-5. La puntuación total de la PDS-5 oscila entre 0 y 80, y una puntuación ≥28 sugiere un diagnóstico probable de TEPT (Habib & Zulfiqar, 2025). Seguimos las pautas clínicas utilizadas en una muestra de población refugiada para clasificar la gravedad de los síntomas del siguiente modo: mínima (0–10), leve (11–23), moderada (24–42), grave (43–59) y muy grave (60–80). La escala ha mostrado buena fiabilidad interna y validez (alpha = .90) y se ha utilizado con poblaciones refugiadas (p. ej., Renner et al., 2021). En este estudio, las puntuaciones de la PDS-5 se utilizaron de forma descriptiva para caracterizar la carga actual de síntomas de TEPT de las figuras parentales y contextualizar los relatos cualitativos sobre la crianza, el malestar y la capacidad de cuidado.

2.2.2 Cribado de traumas del UCLA PTSD Reaction Index (UCLA-RI; Pynoos et al., 1998)

La versión para progenitores del University of California at Los Angeles (UCLA) PTSD Reaction Index (UCLA-RI) recoge la exposición de niños y niñas al trauma y sus síntomas de TEPT. Las personas participantes del presente estudio completaron la parte 1 de la versión para progenitores del UCLA-RI, que consiste en una lista de comprobación de sí/no de 13 posibles exposiciones traumáticas, entre ellas la guerra, las catástrofes naturales, el maltrato físico o el abuso sexual, los accidentes graves y el trauma médico. La puntuación resultante es un recuento de acontecimientos. Esta información se utilizó de forma descriptiva para caracterizar la exposición al trauma del niño o niña de referencia y contextualizar los relatos parentales de la entrevista. A quienes tenían varios hijos o hijas en el rango de edad del estudio se les pidió que eligieran a uno solo en el que centrarse durante toda la evaluación.

2.2.3 Entrevista semiestructurada

Para este estudio se elaboró una entrevista semiestructurada. El diseño de la guía de entrevista se basó en la evidencia existente sobre las respuestas parentales al trauma infantil en familias refugiadas, así como en un grupo focal con el personal investigador de HAMI para garantizar su pertinencia y sensibilidad culturales. La versión inicial se puso a prueba con dos participantes y permitió detectar problemas (p. ej., preguntas de profundización largas o demasiado complejas), que se debatieron en un segundo grupo focal de HAMI, tras lo cual la guía de entrevista se perfeccionó. La entrevista definitiva incluía preguntas sociodemográficas seguidas de preguntas para explorar: (i) cómo percibían las figuras parentales las reacciones postraumáticas de la infancia y de qué manera respondían a su malestar; (ii) el impacto del propio trauma parental en la crianza; y (iii) las experiencias de las familias en relación con los factores de estrés posteriores al reasentamiento y las limitaciones estructurales en Irán, y su influencia en su capacidad para apoyar a la infancia a su cargo (véase el apéndice S1 del archivo complementario para una versión detallada de la guía de entrevista).

La versión original de la guía de entrevista se elaboró en inglés antes de que el autor principal (MR), bilingüe, la tradujera al farsi. Posteriormente, dos personas traductoras bilingües en Irán realizaron una retrotraducción al inglés de la versión en farsi. Cuando fue necesario, el personal investigador de HAMI tradujo la guía de entrevista a otras lenguas para participantes que no hablaban farsi.

2.3 Procedimiento de recogida de datos

Antes de la recogida de datos, el autor principal (MR) impartió seis sesiones de formación al personal investigador de HAMI (n = 5, todas mujeres) sobre ética de la investigación, procedimiento de consentimiento, métodos de entrevista cualitativa, trato con personas expuestas a traumas, sesiones de cierre (debriefing) y procedimiento de gestión de riesgos y derivación. Además, durante la recogida de datos, MR estuvo presente en Irán para supervisar una parte de las entrevistas y ofrecer comentarios detallados sobre su contenido en reuniones diarias, con el fin de asegurar un enfoque adecuado y una indagación pertinente sobre los temas relevantes. También se tomaron notas de campo con observaciones contextuales. Asimismo, se habló con regularidad del bienestar emocional del equipo investigador de HAMI y se le ofreció apoyo cuando fue necesario (véase la tabla S1 del archivo complementario para más detalles sobre el personal investigador de HAMI).

Todas las entrevistas se realizaron de forma presencial en las oficinas de HAMI (Semnán = 21, Mashhad = 6, Teherán = 3), se grabaron solo en audio y posteriormente fueron transcritas en farsi por el autor principal (MR) y el personal de HAMI. Debido al bajo nivel de alfabetización de las personas participantes, el personal investigador de HAMI administró oralmente las preguntas sociodemográficas y los cuestionarios del estudio, seguidos de las preguntas de la entrevista semiestructurada. Por término medio, las entrevistas duraron 37 min (rango: 22,3–73,1 min), y el proceso completo de evaluación, incluida la cumplimentación de los cuestionarios, no superó los 90 min. La mayoría de las entrevistas se realizaron en farsi, la lengua preferida por la mayoría de participantes, salvo dos que se llevaron a cabo en árabe (n = 1) y en urdu (n = 1) con ayuda de intérpretes locales. Tras su participación, las personas participantes recibieron una sesión de cierre exhaustiva y una compensación por su tiempo (8 £).

2.4 Análisis de datos

Los datos cualitativos se analizaron mediante análisis temático inductivo (Braun & Clarke, 2006). Elegimos este método porque se presta bien a explorar las experiencias y perspectivas de las personas y ofrece un marco sistemático a la vez que flexible para un análisis riguroso de datos cualitativos (Braun & Clarke, 2022). Adoptamos un enfoque predominantemente inductivo, que permitió que los patrones y significados surgieran directamente de los datos, anclados en los relatos de las personas participantes. Para evitar los «problemas habituales» en el uso del análisis temático y reforzar la claridad y la coherencia metodológicas en el análisis y la presentación de los datos, seguimos la lista de comprobación de 15 puntos de Braun y Clarke (2006) para un buen análisis temático. Puede encontrarse más información sobre nuestro cumplimiento de los criterios de calidad en la tabla S2 del archivo complementario, que relaciona este estudio con la lista de comprobación COREQ para la presentación de investigaciones cualitativas.

Seguimos el proceso de análisis en seis fases de Braun y Clarke (2006, 2023). Dos personas investigadoras bilingües (MR y FB) dirigieron el proceso de análisis. La fase 1 consistió en familiarizarse con el conjunto de datos escuchando todas las grabaciones, leyendo las transcripciones y revisando las notas de campo. En la fase 2, MR y FB generaron sistemáticamente los códigos iniciales a partir de la lectura y relectura de las transcripciones, con un enfoque inductivo. En la fase 3, MR y FB se reunieron y empezaron a agrupar los datos codificados en temas candidatos. En las fases 4 y 5, los códigos iniciales y los temas candidatos se debatieron con el equipo de investigación y el personal investigador de HAMI, y HAMI los presentó a un grupo de familias refugiadas para ayudar a perfilarlos. En la fase final, MR redactó el análisis definitivo, incorporando varias rondas de revisión y comentarios de todo el equipo autor (véanse los apéndices S2–S4 del archivo complementario para la declaración de posicionamiento, la trayectoria del equipo investigador y la orientación epistemológica).

2.5 Consideraciones éticas y de seguridad

Los procedimientos de consentimiento informado hacían hincapié en la confidencialidad, en el derecho a retirarse y en el carácter voluntario de la participación, que era independiente de la recepción de apoyo social por parte de HAMI o de cualquier organismo gubernamental. Si las evaluaciones detectaban motivos de preocupación en relación con el bienestar parental o familiar, el personal investigador de HAMI seguía los protocolos de riesgo habituales y, cuando era necesario, derivaba directamente a sus servicios clínicos. Estos servicios estaban fácilmente disponibles y eran gratuitos para menores refugiados, personas adultas y otros miembros de la familia de las personas participantes. Todos los procedimientos de protección y el protocolo del estudio fueron revisados conjuntamente por el equipo de investigación y el personal de HAMI, y aprobados por el comité de ética de la investigación en psicología de la Universidad de Bath (PREC ID: 23-022).

2.6 Retorno a la comunidad y validación de los resultados

Para reforzar la credibilidad y la integridad metodológica del análisis, tras la elaboración inicial de los temas se presentó una versión simplificada de los resultados preliminares a un pequeño grupo de personas refugiadas afganas, que incluía a participantes en la investigación (n = 3) y a miembros de la comunidad refugiada (n = 4). En una sesión dirigida por el personal investigador de HAMI, se mostró a las personas asistentes un resumen breve y visual de los temas emergentes y sus subtemas asociados. El personal investigador de HAMI las invitó a comentar si las interpretaciones reflejaban sus experiencias vividas en Irán, si algo merecía destacarse más o faltaba y si debían considerarse otros significados. Se trataba de una comprobación de la pertinencia de las interpretaciones y, a la vez, de una oportunidad para obtener una comprensión sociocontextual más amplia de los datos. Durante esta sesión, las personas asistentes debatieron también las posibles implicaciones de los resultados para las políticas y la práctica. Los comentarios de la sesión se documentaron en memorandos analíticos y se compartieron con el equipo de investigación. Este proceso contribuyó a garantizar que los temas iniciales estuvieran bien anclados en los datos y que los elementos contextuales de las experiencias vividas de las familias estuvieran adecuadamente representados en el análisis emergente.

3 Resultados

3.1 Características de la muestra

Participaron 30 madres y padres refugiados residentes en tres provincias de Irán: 21 madres (70%) y nueve padres, de entre 25 y 59 años (M = 41.6, SD = 8.53), todos ellos progenitores biológicos. La mayoría de las personas participantes (83%) no sabía leer ni escribir, el 80% era originario de Afganistán y el 56% estaba en desempleo. La duración de la estancia en Irán oscilaba entre 1 y 54 meses (mediana = 15) (véanse los datos sociodemográficos completos en la tabla 1). Las tablas complementarias S3 y S4 detallan las exposiciones traumáticas de la infancia y las puntuaciones de síntomas en la PDS de cada participante, con el fin de contextualizar los resultados. Todas las personas participantes refirieron exposición a al menos un tipo de trauma (véase la tabla complementaria S5 para un resumen de los traumas de referencia y las puntuaciones totales en la PDS-5 de todas ellas). Las puntuaciones medias de las figuras parentales en la PDS-5 se situaban en el rango de moderado a grave (M = 39.7, SD = 7.98), y todas las personas participantes refirieron síntomas de TEPT al menos moderados (rango 26–61).

Tabla 1 — Características de la muestra (N = 30)

  • Edad del progenitor en años, M (SD). 41.6 (8.53).
  • Proporción de madres, n (%). 21 (70).
  • País de origen, n (%). Afganistán: 24 (80); Pakistán: 4 (13.3); Irak: 2 (6.7).
  • Nivel educativo, n (%). Sin alfabetizar: 25 (83.3); educación primaria: 4 (13.3); educación secundaria: 1 (3.3).
  • Proporción en desempleo, n (%). 17 (56.7).
  • Tiempo de residencia en Irán (meses), mediana (rango). 15 (1–54).
  • Solicitante de asilo o refugiado sin documentación, n (%). 17 (56.7).
  • Número de hijos por hogar, M (rango). 4.63 (2–10).
  • Puntuaciones de gravedad de los síntomas de TEPT (M, SD). 39.7 (7.98).
  • Número de exposiciones traumáticas, mediana (rango). 2 (1–6).
  • Características de la infancia — edad en años, M (SD). 10.4 (2.93).
  • Características de la infancia — proporción de niñas, n (%). 17 (56.7).
  • Características de la infancia — número de exposiciones traumáticas, mediana (rango). 4.50 (1–9).

3.2 Resultados cualitativos

El análisis temático inductivo generó cuatro temas relativos a las experiencias de las figuras parentales para comprender y atender las necesidades de la infancia en su condición de personas refugiadas, así como a los desafíos del desplazamiento a los que se enfrentaban en contextos de recursos limitados. Se elaboraron cuatro temas: (1) La experiencia de madres y padres para comprender e interpretar el malestar infantil; (2) La crianza en situación de desplazamiento: recursos agotados y prácticas heredadas; (3) Dinámicas intrafamiliares; y (4) Necesidades de apoyo, búsqueda de ayuda y vías de atención. La tabla S6 del archivo complementario ofrece un resumen de estos temas principales y de sus subtemas.

3.2.1 Tema uno: la experiencia de madres y padres para comprender e interpretar el malestar infantil

En este tema, las familias refugiadas describieron cómo percibían e interpretaban las emociones y necesidades de la infancia tras el trauma, y cómo entendían que su propio trauma, sus creencias y sus ideologías moldeaban su sensibilidad y su crianza cotidiana. Se identificaron los siguientes subtemas: (1) Incertidumbre sobre cuándo y cómo brindar apoyo, (2) Escasa comprensión de la salud mental como concepto, (3) Apoyo a los síntomas físicos de la infancia solo en momentos de crisis y (4) Resiliencia espiritual: un recurso para dar sentido y recuperarse. A continuación describimos cada uno de estos subtemas.

3.2.2 Subtema uno: incertidumbre sobre cuándo y cómo brindar apoyo

Cuando se pidió a las familias refugiadas que explicaran cómo respondían a los cambios en las emociones y conductas de sus menores tras acontecimientos muy angustiosos, casi todas las personas participantes dijeron que no sabían qué hacer ni qué era lo «correcto». A lo largo de las entrevistas se describió de forma constante una considerable incertidumbre sobre la manera adecuada de responder a las necesidades emocionales de la infancia.

Entrevistadora: En aquellos días, ¿qué hizo para que el niño se sintiera mejor?

Participante: No hicimos nada. Ahora creo que está bien. Un momento está bien, otro momento está mal. Se ha quedado así, mi hijo. No sabía qué tenía que hacer.

Entrevistadora: ¿Y ahora? ¿Cómo lo ayuda?

Participante: Nada. Ahora no sé. Creo que está bien. (Madre de cuatro hijos, 44 años, Afganistán)

Madres y padres describieron también una incapacidad percibida para responder eficazmente a las necesidades de la infancia relacionadas con el trauma y la sensación de no tener ningún control sobre sus respuestas; la desconexión conductual o un fuerte sentimiento de impotencia eran un rasgo fundamental de sus mecanismos de afrontamiento.

Entrevistadora: ¿Qué hacían sus hijos?

Participante: Lloraban.

Entrevistadora: ¿Y usted?

Participante: Yo también lloraba.

Entrevistadora: ¿Qué hizo para que sus hijos se tranquilizaran y se calmaran?

Participante: No sabía qué hacer con ellos. No hice nada. Solo lloraba. (Madre de dos hijos, 25 años, Afganistán)

Una minoría de participantes (n = 2), con más estudios que el resto, se mostraba más proactiva para brindar apoyo de manera positiva, por ejemplo tranquilizando a sus hijos o hijas y ofreciendo gestos físicos de afecto (p. ej., abrazos), o estando presente para calmarlos.

Entrevistadora: Cuando llegaron [a Irán], ¿habló con ellos de lo que habían pasado durante el viaje?

Participante: Sí, conocía a mi hijo. Lo abracé y me senté con él para [ayudarle a] tener menos miedo. (Padre de dos hijos, 54 años, Irak)

3.2.3 Subtema dos: escasa comprensión de la salud mental como concepto

Las descripciones parentales pusieron de manifiesto una notable falta de alfabetización en salud mental: las familias refugiadas no distinguían con claridad ni comprendían bien la complejidad del malestar psicológico y de la enfermedad mental. A varias personas participantes les costaba entender las preguntas sobre el bienestar de la infancia, o solo tenían una noción muy básica de este concepto. Muchas carecían de palabras para describir emociones, estados y síntomas más complejos o relacionados con el trauma. En consecuencia, las preguntas sobre el bienestar de la infancia les resultaban confusas y daban respuestas muy generales y simplificadas, como si el niño o la niña estaba «contento» o «no se sentía bien» tras el trauma.

Entrevistadora: ¿Qué cree que podría haber hecho, y no hizo, para que los niños se sintieran mejor después de estos sucesos?

Participante: No sé.

Entrevistadora: ¿Hizo algo para que llorara o se angustiara menos?

Participante: Perdone, no entiendo lo que me pregunta. No lo entiendo. (Padre de cuatro hijos, 45 años, Afganistán)

A las familias refugiadas también les costaba distinguir el malestar emocional y psicológico de los problemas de salud física. Por ejemplo, en la mayoría de los casos, cuando se les preguntaba cómo brindarían o buscarían apoyo si su hijo o hija se sintiera mal emocionalmente, explicaban que solo harían algo si hubiera signos físicos (p. ej., un resfriado, fiebre o dolor de cabeza).

Entrevistadora: En su opinión, cuando se ponen así, ¿sus hijos necesitan orientación psicológica [o] la ayuda de un psicólogo?

Participante: No, no [lo necesitan]. Si se resfrían o algo, los llevo al médico. Mi hija tenía un dolor de cabeza muy fuerte, [así que] la llevé. (Madre de siete hijos, 34 años, Afganistán)

3.2.4 Subtema tres: apoyo a los síntomas físicos de la infancia solo en momentos de crisis

Según las familias, muchos menores refugiados habían sufrido dolencias físicas, lesiones y situaciones de riesgo vital tanto en su país de origen como durante el trayecto migratorio. Las familias hablaron de incidentes que dejaron a la infancia con secuelas físicas y señalaron que observaron cambios en su conducta poco después. Sin embargo, describieron umbrales muy altos para brindar apoyo o acudir a servicios formales, como la presencia de síntomas graves y agudos claramente visibles. En consecuencia, solían buscar atención para la infancia solo ante síntomas físicos graves, y las citas rutinarias, el seguimiento y la búsqueda temprana de ayuda se aplazaban con frecuencia, sobre todo cuando los síntomas fluctuaban o no parecían inmediatamente peligrosos.

Mi hijo estuvo desmayado un día y una noche enteros… entonces lo llevamos al hospital para que le hicieran una imagen de la cabeza. (Madre de cuatro hijos, 44 años, Afganistán)

Mis gemelos tienen talasemia[;] tienen fiebre a menudo y se ponen enfermos. Si no es imprescindible, no los llevamos al médico. (Madre de cuatro hijos, 36 años, Afganistán)

En varios casos en los que se describía que la atención sanitaria se aplazaba o no era posible, madres refugiadas contaron que recibían consejos intergeneracionales, sobre todo de familiares de más edad, para usar remedios caseros o prácticas básicas que aliviaran temporalmente los síntomas.

Antes ya habíamos comprado algo en la farmacia. También llamé a mi madre [para preguntarle] qué debía darle para que le doliera menos. De momento intentamos curarla nosotros mismos. (Madre de tres hijos, 36 años, Afganistán)

Las familias refugiadas que buscaban ayuda para los síntomas físicos de la infancia, una vez atendidos estos, no buscaban apoyo adicional (no físico) para el llanto o el retraimiento, aunque hubiera indicios de que ese apoyo era necesario.

Entrevistadora: ¿Llevó después a su hijo a un servicio de orientación psicológica? ¿Porque lloraba mucho?

Participante: No. Aquel día que lo llevé al hospital se puso mejor. Con eso bastó. (Madre de diez hijos, 37 años, Afganistán)

3.2.5 Subtema cuatro: resiliencia espiritual: un recurso para dar sentido y recuperarse

Un patrón recurrente en las entrevistas fue el modo en que las figuras parentales recurrían a sus creencias espirituales para dar sentido a los traumas pasados y sobrellevar las dificultades persistentes en las comunidades desfavorecidas tras su llegada. Aunque a veces hablaban primero de su propio sufrimiento, sus relatos revelaban un marco interpretativo más amplio a través del cual comprendían las dificultades emocionales y físicas de la infancia. Con frecuencia consideraban el trauma de guerra y las dificultades ligadas al desplazamiento como parte del «plan de Dios», convencidos de que Dios les había preparado para mantenerse pacientes y fuertes ante la adversidad. De este modo, las creencias espirituales hacían más comprensible el sufrimiento ligado al desplazamiento, les ayudaban a tolerar la incertidumbre sobre las necesidades infantiles, les permitían extraer un sentido positivo de las dificultades actuales y reforzaban su convicción de poder seguir cuidando de la familia pese a la escasez de recursos. Las prácticas religiosas, como la oración diaria, la lectura del Corán y la visita a santuarios, no eran, por tanto, solo estrategias de afrontamiento, sino también parte de la manera en que las familias interpretaban el sufrimiento, mantenían la esperanza y entendían su papel ante el malestar infantil.

Me preocupa lo que les pasará a mis hijos… Yo misma he pasado muchas penalidades, pero Dios ayuda, y estas dificultades también pasarán. Por la noche rezo por mis hijos y le pido a Dios que les vaya bien y estén orgullosos, [y que] yo pueda apoyarlos. El imam Reza (la paz sea con él) y el imam Husein (la paz sea con él) nos han ayudado mucho. (Madre de diez hijos, 50 años, Afganistán)

Entrevistadora: De acuerdo, ¿y cómo lo resolvió? ¿Qué hizo?

Participante: Puse mi confianza en Dios. Rezo y leo el Corán, y digo oraciones… Le debo a Dios haber superado todos los problemas, él [me] ayudó; y cuanto más aumentaban los problemas, más aumentaba mi fe en Dios. De verdad, Dios me dio calma y siento mucha satisfacción. Me dio mucha fuerza para salir adelante. (Madre de cinco hijos, 49 años, Afganistán)

Aunque las creencias religiosas eran para la mayoría de las familias refugiadas una fuerte fuente de sentido y un motor para seguir adelante tras el trauma, una minoría adoptaba también una postura más pasiva. Atribuían las dificultades a la «voluntad de Dios» y esperaban su ayuda en lugar de actuar. Esta creencia o forma de afrontamiento fatalista hacía que se mostraran más reacias a buscar apoyo.

Entrevistadora: En su opinión, ¿qué podría hacer para ayudar a [sus] hijos a sentirse mejor [en Irán]?

Participante: Eso lo decide Dios…

Entrevistadora: ¿Recibió ayuda de alguien o de algún sitio para ellos, para que estos problemas disminuyeran?

Participante: No, no hizo falta. (Madre de siete hijos, 55 años, Pakistán)

3.2.6 Tema dos: la crianza en situación de desplazamiento: recursos agotados y prácticas heredadas

Los relatos parentales revelaron que la experiencia del desplazamiento no solo modificaba las respuestas de crianza tras el trauma, sino que también transformaba su capacidad global de cuidar en su condición de personas refugiadas. Las personas participantes ilustraron los múltiples factores que influían en sus conductas de cuidado a lo largo de la trayectoria migratoria, destacando el papel de las influencias familiares, las consecuencias físicas del trauma y las limitaciones funcionales en el entorno posmigratorio. Este tema incluía tres subtemas: (1) La crianza se aprende de generación en generación, no se enseña, (2) El dolor crónico y los problemas de salud merman la capacidad de cuidar y (3) Cuando los factores de estrés posteriores al reasentamiento provocan una crianza dura. A continuación describimos cada uno de estos subtemas.

3.2.7 Subtema uno: la crianza se aprende de generación en generación, no se enseña

En general, las figuras parentales refugiadas mostraban una capacidad limitada para reflexionar sobre su propia crianza. A la falta de reflexión profunda sobre cómo sus reacciones o sus conductas de crianza podían influir en la vivencia interna de la infancia (es decir, pensamientos y emociones) se sumaba el hecho de que las madres, en particular, decían seguir, en gran medida sin cuestionarlos, los consejos de crianza de sus hermanas, madres o abuelas, aun sin conocer la lógica de esas prácticas. El bajo nivel de alfabetización y la falta de servicios comunitarios en la comunidad de acogida eran factores que reducían las oportunidades de aprender otras respuestas o de buscar orientación más allá de las relaciones familiares intergeneracionales.

Entrevistadora: ¿Alguien le ayudó a saber cómo ayudar a su hijo [después del reasentamiento]?

Participante: No; bueno, mi madre siempre me enseñó. Por ejemplo, me decía que tenía que dar[les] de comer y criarlos. [En Irán] no tenía a nadie. (Madre de tres hijos, 27 años, Afganistán)

Muchas madres y muchos padres refugiados expresaron frustración por no poder brindar a la infancia el apoyo cotidiano de antes del desplazamiento, dadas las abrumadoras exigencias del reasentamiento. Creían que, tras el desplazamiento, cubrir las necesidades básicas de la infancia (p. ej., la alimentación) debía bastar, y aunque eran conscientes de que los conflictos intrafamiliares se habían agravado, apenas comprendían por qué. Aparte de un pequeño número de respuestas tradicionales (como concertar el matrimonio de las niñas, o el trabajo infantil de los niños como forma de gestionar las discusiones), las familias no describieron ninguna iniciativa ni estrategia de afrontamiento para hacer frente a las crecientes dificultades de crianza y a las nuevas necesidades de la infancia en Irán. Al contrario, con una sola excepción, cuando se les preguntó si su forma de criar debía cambiar tras el desplazamiento, insistieron en que seguían apoyándose en las tradiciones y los recursos familiares anteriores.

Participante: No cambié [mi manera de actuar], como somos analfabetos.

Entrevistadora: ¿O sea que los trató en Irán igual que los trataba en Afganistán?

Participante: Sí… ¿qué iba a hacer? [Me] molestan mucho. Aquí tampoco tengo energía. (Madre de tres hijos, 55 años, Afganistán)

Al hablar de la crianza tras el desplazamiento, las madres refugiadas describían a menudo a los padres como muy poco implicados en los cuidados cotidianos, al igual que sus propios padres: «callados» o incluso «desatentos».

Mi marido es callado. En general no hace nada [en casa], y no se mete mucho con mi hijo. (Madre de cuatro hijos, 36 años, Afganistán)

3.2.8 Subtema dos: el dolor crónico y los problemas de salud merman la capacidad de cuidar

Muchas familias refugiadas subrayaron que cuidar de la infancia era física y emocionalmente exigente, sobre todo en los primeros meses tras el reasentamiento. Varias personas participantes habían sufrido lesiones físicas o referían problemas físicos agudos y de larga duración, como enfermedades cardiovasculares, «dolores de cabeza y cansancio» recurrentes, «mareos», «dolor de estómago» y problemas de sueño. Relacionaban estos síntomas físicos crónicos con una menor capacidad para cuidar adecuadamente de su familia, lo que incluía las tareas domésticas, llevar a sus menores a las citas, seguir sus deberes escolares y realizar otras tareas cotidianas y su trabajo.

Sí, cuando estábamos en el campo de Mashhad, todo el mundo estaba enfermo. Yo también estaba enferma. Tenía un prolapso de útero. Sufrí mucho. [También] tengo una enfermedad de la vesícula y un problema de estómago. Bueno, sufría mucho por la enfermedad. [Así que] no podía hacer las tareas de la casa [ni] ocuparme de los niños. (Madre de cuatro hijos, 44 años, Afganistán)

Algunas personas participantes describieron problemas de salud física tan graves que se sentían incapaces de seguir siendo emocionalmente sensibles y estar disponibles para la infancia a su cargo. Además de la carga emocional del trauma y del duelo por la pérdida de un hijo o del marido durante la migración, describían el dolor persistente y las limitaciones funcionales como grandes obstáculos para pasar tiempo de calidad con su descendencia o responder a sus necesidades.

Participante: Durante mucho tiempo después de llegar, el corazón se me aceleraba muchísimo [palpitaciones]. Cuando me vuelve a la cabeza [aquellos días], de repente me estreso mucho. También tengo la tensión [alta], con mareos.

Entrevistadora: ¿Esto influyó en su manera de comportarse con los niños?

Participante: Sí. Cuando estás enferma, no puedes ocuparte del todo de tus hijos [ni] sacarlos a jugar… Ya no tengo ánimo. (Madre de ocho hijos, 45 años, Afganistán)

La hipersensibilidad era un rasgo persistente entre las figuras parentales refugiadas que lidiaban con lesiones causadas por el trauma y con dolor crónico; algunas personas participantes contaban que se irritaban o enfadaban con facilidad por los ruidos cotidianos de la casa, como las risas o los gritos infantiles.

Entrevistadora: Y ahora, ¿cree que estas enfermedades afectan a sus hijos?

Participante: Sí, [les] afecta. En cuanto hacen ruido, se me alteran los nervios. (Madre de dos hijos, 59 años, Afganistán)

3.2.9 Subtema tres: cuando los factores de estrés posteriores al reasentamiento provocan una crianza dura

Aunque no pedimos directamente a las familias que compararan su crianza antes y después del desplazamiento, muchas de estas personas describieron retrospectivamente sus cuidados cotidianos en su país de origen como afectuosos y sensibles cuando la infancia se sentía insegura, por ejemplo a causa de la guerra o de un conflicto regional; solo unas pocas (n = 3) refirieron antecedentes de disciplina dura. Dieron ejemplos de cómo abrazaban a sus menores y los tranquilizaban cuando vivían sucesos terribles antes de la migración (por ejemplo, el tiroteo de amistades del barrio o la muerte repentina de familiares), al tiempo que les animaban a mantenerse alerta.

Entrevistadora: En aquella época, cuando sus hijos tenían miedo de los talibanes, ¿qué hacía usted?

Participante: Cuando estaba en Afganistán, le traía algo para que no tuviera miedo. Lo calmaba. Le decía que no debíamos salir, que no era seguro. (Madre de tres hijos, 36 años, Afganistán)

Durante el desplazamiento, todas las familias refugiadas habían estado expuestas a graves adversidades y a traumas de guerra. Tras reasentarse en zonas desfavorecidas de Irán, se enfrentaron a factores de estrés adicionales: dificultades de vivienda, presión económica y elevado coste de la vida, malnutrición, trabajos mal pagados, obstáculos para escolarizar a la infancia en las escuelas locales y experiencias de discriminación o maltrato por parte de la comunidad de acogida. Los relatos parentales sugerían que la exposición a la guerra, junto con los factores de estrés persistentes del reasentamiento, se asociaba con una mayor reactividad emocional y con respuestas más duras o punitivas hacia la infancia. En contraste con sus relatos anteriores a la migración, muchas de estas personas describieron cómo los factores de estrés cotidianos posteriores al reasentamiento, más que los traumas de guerra pasados, les hacían perder los nervios. Se sentían incapaces de tolerar las demandas infantiles y describían su frustración, que desembocaba en castigos físicos o privaciones. Algunos padres refirieron también prácticas igualmente duras hacia su pareja tras el reasentamiento.

A veces son las presiones de la vida; empiezo a darle [demasiadas] vueltas a las cosas. Puedo aguantar hasta cierto punto… Aquí no tengo trabajo para ganar dinero, nada. La mayoría de las veces, cuando aquí no tenemos dinero o cuando la vida se ha puesto difícil, les pego [a los niños]. (Madre de siete hijos, 34 años, Afganistán)

Antes no era así. Ahora, cuando [mis hijos] hacen demasiado ruido, les pego. Estoy harta en casa. (Madre de diez hijos, 37 años, Afganistán)

Entrevistadora: Cuando lloraban mucho y usted no entendía su dolor, ¿cómo los calmaba?

Participante: Nada, o le pegaba… o, no sé… Tenía que [pegarle], ¿qué podía hacer? Me cansaba. No teníamos nada. No había un médico para aliviarle el dolor de estómago. (Padre de cuatro hijos, 45 años, Afganistán)

En toda la muestra, solo dos madres refugiadas relacionaron explícitamente sus síntomas ligados a la guerra con sentimientos de ira y describieron cómo esto contribuía a veces a prácticas de crianza duras. Las dificultades de vivienda y el hacinamiento se señalaron también como factores importantes que intensificaban estas respuestas.

Participante: Porque yo tampoco tengo nervios para eso [el ruido], y me sigue afectando al cuello y al estómago.

Entrevistadora: Ah, ¿después de aquel ataque [de los talibanes] que mencionó?

Participante: Sí. Bueno, cuando hacen ruido en casa, se me alteran los nervios y me dan ganas de echarlos o de pegarles. Aquí nuestra casa es pequeña y no podemos salir… No tiene patio. (Madre de seis hijos, 36 años, Afganistán)

3.2.10 Tema tres: dinámicas intrafamiliares

Este tema se centraba en cómo los repetidos factores de estrés ligados al desplazamiento, la privación y las dificultades económicas en el contexto posterior al reasentamiento afectaban a los procesos relacionales del cuidado familiar, en particular a través de su influencia en las respuestas parentales cotidianas, la comunicación entre progenitores e hijos y las interacciones diarias en el hogar. Este tema incluía dos subtemas principales: (1) Lagunas de comunicación en la comprensión de las necesidades de apoyo de la infancia y (2) La infancia asume responsabilidades parentales dentro de la familia, que se describen a continuación.

3.2.11 Subtema uno: lagunas de comunicación en la comprensión de las necesidades de apoyo de la infancia

Se describía una comunicación limitada sobre las experiencias adversas o el malestar de la infancia: las familias refugiadas subrayaban que sus hijos e hijas rara vez compartían sus sentimientos y pensamientos negativos o los signos físicos de lo que habían vivido. Según sus descripciones, la mayoría de los niños y niñas se guardaba sus vivencias personales, y las familias no intentaban animarles a contarlas o decían carecer de estrategias eficaces para ello. Al parecer, las figuras parentales suponían a menudo que, si el niño o la niña no hablaba de sus sentimientos, ese silencio significaba que estaba «bien», sin indagar más.

Entrevistadora: ¿Sus hijos comparten con usted sus sentimientos?

Participante: No. Aquel día que lo llevé al hospital se puso mejor. Con eso bastó. (Madre de diez hijos, 37 años, Afganistán)

Entrevistadora: ¿Habla [con ellos]? ¿Y con su hija? ¿Comparte con usted sus sentimientos?

Participante: Mi hija y mi hijo están bien [los dos]. No necesitan decir nada. (Padre de cuatro hijos, 45 años, Afganistán)

Una posible razón de la escasa comunicación sobre los sucesos traumáticos era el deseo de protección mutua dentro de la familia. Madres y padres describieron varias ocasiones en las que se dieron cuenta de que sus menores se guardaban vivencias dolorosas o síntomas graves para no agravar las dificultades que ya tenían sus progenitores.

Se hirió la mano varias veces [en el trabajo]. Me di cuenta de que no me lo había dicho porque no quería que gastáramos dinero en un médico. (Padre de cuatro hijos, 45 años, Afganistán)

Más tarde, mi hijo me dijo: «Mamá, no te lo dije porque estás enferma, para que no empeoraras». No nos había contado nada. (Madre de cuatro hijos, 44 años, Afganistán)

Las familias refugiadas tampoco hablaban explícitamente entre sí de sus propias vivencias de la guerra, del dolor crónico y de las dificultades del desplazamiento. Este silencio servía para proteger a la prole más pequeña y a la pareja y, en el caso de algunas madres, para evitar que se desencadenaran emociones dolorosas. Algunas personas participantes revelaron sus historias traumáticas por primera vez durante este estudio.

Entrevistadora: ¿No dijo nada?

Participante: No. Para que los niños no se disgustaran, no dije nada, tenga dolor [físico] o no. (Madre de siete hijos, 55 años, Pakistán)

3.2.12 Subtema dos: la infancia asume responsabilidades parentales dentro de la familia

Como consecuencia de las dificultades persistentes de precariedad y pobreza material en el entorno posterior al reasentamiento, la mayoría de los padres refugiados no tenía empleo o no podía ofrecer cuidados constantes ni cubrir las necesidades económicas de su familia. Algunos necesitaban además a alguien que los cuidara debido a graves secuelas físicas de la guerra. Esto hacía que, a menudo, la infancia asumiera responsabilidades parentales en los ámbitos práctico y emocional para cubrir las necesidades familiares. Muchos niños y niñas tenían que trabajar en entornos duros e inadecuados para su edad (p. ej., hornos de ladrillos) para cubrir las necesidades económicas básicas de su familia. Aunque las familias veían positivamente esta contribución económica como fuente de ingresos complementaria, también reconocían sus consecuencias negativas y mencionaban, entre ellas, el acceso limitado a la educación debido a las largas jornadas de trabajo, el cansancio extremo y los síntomas físicos.

Su padre tuvo un ictus y ahora [está] discapacitado. Pero mi hijo trabaja. Gana 8 millones [54 £] al mes, [y] [lo] gastamos en comida… A mi hijo se le han quitado las ganas de ir a la escuela. Se cansaba muchísimo. (Madre de cinco hijos, 49 años, Afganistán)

También se describía cómo la infancia brindaba apoyo emocional a sus progenitores y a sus hermanos menores en situaciones estresantes. La mayoría de las personas participantes contó ejemplos de menores que intentaban calmar a otros miembros de la familia, «cuidar» de sus hermanos o permanecer a su lado cuando la angustia aumentaba, tanto después de sucesos adversos graves como durante las dificultades persistentes ligadas al desplazamiento.

No, al principio tenía mucho dolor. Mi marido fue martirizado (murió). Me dolía la cabeza, no podía ir al médico. Mi hijo me dijo: «Ven, te llevo al médico». Siempre me llevaba al médico y me cuidaba… Sí, [en aquella época] estaba mucho conmigo. Era cariñoso. (Madre de siete hijos, 55 años, Pakistán)

3.2.13 Tema cuatro: necesidades de apoyo, búsqueda de ayuda y vías de atención

Cuando se preguntó a las familias de quién habían buscado apoyo, qué recursos utilizaban y cómo sería para ellos el apoyo ideal, subrayaron reiteradamente que los factores de estrés cotidianos y las malas condiciones de vida les habían mantenido en un estado prolongado de liminalidad, centrados en cubrir las necesidades de supervivencia más que en apoyar de forma proactiva las necesidades emocionales y de desarrollo de la infancia. Identificamos tres subtemas: (1) Cubrir las necesidades básicas de la infancia prima sobre cualquier otra necesidad de apoyo, (2) El papel protector de las redes de apoyo informales y (3) Accesibilidad, asequibilidad y utilidad de los servicios psicosociales.

3.2.14 Subtema uno: cubrir las necesidades básicas de la infancia prima sobre cualquier otra necesidad de apoyo

Cuando se les preguntó cómo podría ayudárseles a responder al malestar emocional o a los cambios de conducta de la infancia tras el desplazamiento, tanto los padres como las madres insistieron en que su máxima prioridad, y el requisito previo de cualquier otra forma de apoyo, era una ayuda económica que les permitiera cubrir las necesidades cotidianas de la familia. La mayoría de las familias tenía dificultades para conseguir una vivienda segura, pagar el alquiler, comprar comida y acceder a la atención sanitaria esencial, y en este contexto las formas de apoyo psicosocial no económicas no se identificaban como una «necesidad». Cuando sus necesidades básicas estaban cubiertas, las familias refugiadas solían sentirse «satisfechos» con su crianza y con sus respuestas.

Entrevistadora: Después de las penalidades que han visto sus hijos, ¿qué ayuda cree que necesitan usted o su marido [para que sus hijos se sientan mejor]?

Participante: La ayuda más importante es simplemente la comida y esas cosas. (Madre de tres hijos, 34 años, Afganistán)

Mientras haya al menos un poco de pan… para dar[le] [a mi hijo], me quedo satisfecho. (Padre de dos hijos, 44 años, Pakistán)

Aunque las entrevistadoras intentaron simplificar la idea de apoyo psicosocial tras las experiencias estresantes de la infancia (explicando las sesiones de orientación psicológica, los talleres educativos y los programas de parentalidad como formas de comprender mejor sus necesidades), la mayoría de las personas participantes reiteró que su primera prioridad tras el reasentamiento seguía siendo cubrir las necesidades básicas de la infancia, como la comida y la ropa.

Entrevistadora: ¿Qué cree que necesitan sus hijos que usted haga más, para ayudarles? Por ejemplo, cosas que pueda aprender para entender su estado de ánimo y sus sentimientos, o hablar más con ellos.

Participante: Algo de comida o algo así… En casa no tenemos nada. Si hay comida, mejor. Si hay dinero, mejor. Solo [algo así]. (Madre de cuatro hijos, 37 años, Afganistán)

Las familias explicaron que sus difíciles circunstancias económicas les llevaban a desatender las necesidades socioemocionales de la infancia, incluso cuando identificaban un apoyo que podría hacerla más feliz. En algunos casos contaban que sabían lo que su hijo o hija necesitaba y que les resultaba angustioso carecer de recursos para responder. Este sentimiento de impotencia tenía un profundo efecto negativo en su propio bienestar y les hacía dudar de su valía como madre o padre.

Participante: Le gusta que lo lleve al parque para que se sienta mejor, jugar con él. A mí también me gusta mucho. Se me abre el corazón [me siento mejor].

Entrevistadora: ¿Lo llevó?

Participante: No, no podemos pagar los gastos. ¿Qué puedo hacer[?] Nuestra situación es así… Me siento mal por no poder. (Padre de cuatro hijos, 35 años, Irak)

3.2.15 Subtema dos: el papel protector de las redes de apoyo informales

Las conversaciones sobre las redes de apoyo de las familias refugiadas tras el reasentamiento abarcaron tanto apoyos formales (como organizaciones benéficas locales u ONG) como informales (p. ej., familiares, vínculos comunitarios). Pese a esta variedad, el tono de fondo respecto al apoyo social percibido era constante: cualquier tipo de apoyo recibido «inmediatamente» después de la llegada se valoraba mucho, porque ayudaba a adaptarse a un entorno nuevo, a orientarse en los sistemas sanitario y educativo iraníes y a cubrir las necesidades básicas y la escolarización de la infancia en entornos con recursos limitados y servicios saturados. Aunque la mayoría de las figuras parentales tenía una salud mental deficiente tras la migración, el apoyo que decían recibir de familiares también refugiados era, como cabía esperar, más instrumental (p. ej., alojamiento temporal, ayuda en efectivo o en alimentos) e informativo (p. ej., orientación para la matrícula escolar), lo que reflejaba las necesidades predominantes de las familias refugiadas en los primeros meses tras su llegada.

En este año y medio, durante tres meses estuvimos en casa de la hermana de mi marido y ellos pagaban nuestros gastos… nos orientaban. Sobre los niños, la escuela, las medicinas y el médico. Después de tres meses pedimos dinero prestado a familiares y conocidos… y nos ayudaron para que pudiéramos conseguir esta casa. (Madre de cuatro hijos, 36 años, Afganistán)

Entre los distintos tipos de apoyo social que influían positivamente en la forma en que las familias refugiadas respondían a las necesidades de la infancia, el apoyo del profesorado era el que se mencionaba con más frecuencia. Casi todas las personas participantes con hijos o hijas en edad escolar habían tenido al menos un contacto con su docente o con el personal de la escuela en el momento de la matrícula, lo que abría un canal de comunicación para compartir sus preocupaciones y hablar de los apoyos escolares y de los servicios externos disponibles (p. ej., derivación a servicios psicológicos). La mayoría de las familias refugiadas valoraba la combinación de apoyo social y educativo que ofrecía el profesorado. Cabe destacar que el efecto positivo del apoyo escolar era especialmente claro en quienes referían exclusión por parte de la comunidad de acogida, incluidas experiencias de racismo.

Participante: Sí. La señora Shojaei [la maestra de la escuela] también es una mujer muy buena y amable.

Entrevistadora: ¿Cómo le ayudó?

Participante: Para matricular a los niños. Y al principio, [consejos sobre] qué hacer con los dolores de estómago de los niños y nuestros problemas aquí. (Madre de tres hijos, 34 años, Afganistán)

3.2.16 Subtema tres: accesibilidad, asequibilidad y utilidad de los servicios psicosociales

Casi ninguna de las familias refugiadas había utilizado en ningún momento de su proceso migratorio servicios humanitarios de salud mental o de apoyo psicosocial, ya fueran clínicos, no clínicos o comunitarios. Algunas madres mostraban una angustia manifiesta y decían sentirse desbordadas por sus experiencias traumáticas como refugiadas, pero concluían que no necesitaban apoyo en salud mental para recuperarse. Tanto madres como padres señalaron también que las dificultades económicas les impedían acudir con regularidad a los centros de salud, o que consideraban que sus síntomas físicos y la atención correspondiente estaban bajo control y que, por tanto, no necesitaban otras formas de atención (p. ej., servicios psicológicos), lo que refleja la tendencia frecuente en la muestra a somatizar el malestar emocional.

Entrevistadora: ¿Cree que, después de venir de Afganistán, es necesario que un orientador o especialista hable más con sus hijos? Por ejemplo, que tenga un psicólogo y que hable con los niños.

Participante: Mi hijo tiene algún problema. Tiene un problema de corazón. Pero yo me hice pruebas, no tenía ningún problema. (Madre de cuatro hijos, 37 años, Afganistán)

Cuando preguntamos a las familias cómo afrontaban los cambios emocionales y conductuales de la infancia tras el reasentamiento (por ejemplo, irritabilidad o arrebatos de ira, problemas de sueño o llanto frecuente), la mayoría o bien no creía que se tratara de un problema que necesitara apoyo profesional, o bien pensaba que podía manejarlo en casa, o bien esperaba que mejorara con el tiempo sin apoyo especializado.

Participante: Es la vida de cada día, hay problemas y tenemos que resolverlos nosotros. Nunca pensé que [lo] necesitáramos. (Madre de cuatro hijos, 53 años, Afganistán)

Aunque muchas familias refugiadas desconocían estos servicios de apoyo, a veces eran sus hijos e hijas más jóvenes quienes facilitaban o animaban el acceso a la atención en salud mental. Por ejemplo, un padre refugiado explicó que sus hijos le animaron a buscar ayuda en servicios especializados para poder hablar con alguien de su estrés.

Entrevistadora: ¿Fue por su cuenta o alguien se lo sugirió?

Participante: Mis hijos me habían dicho: «Ve a un psicólogo y escucha tú también lo que te dice, para que tus nervios se calmen un poco». (Padre de cinco hijos, 35 años, Afganistán)

Muchas personas participantes percibían su malestar como una consecuencia inevitable de los factores de estrés ligados al desplazamiento y dudaban de la eficacia de hablar de estos problemas en un servicio de orientación psicológica, convencidas de que su malestar solo se resolvería si se cubrían sus necesidades básicas. Por ello, veían poco beneficio en los servicios de salud mental mientras no tuvieran garantizados primero la vivienda, la comida y los ingresos.

Entrevistadora: ¿Cree que la orientación psicológica le ayudaría si fuera?

Participante: No, eso no ayuda nada… Supongamos que voy a un orientador. ¿Qué puede hacer por mí mientras no tenga un fajo de dinero? (Padre de cuatro hijos, 37 años, Afganistán)

4 Discusión

Este estudio se propuso explorar cómo comprenden y abordan el malestar postraumático de la infancia las familias refugiadas expuestas a factores de estrés ligados a la guerra y al desplazamiento, así como sus experiencias de apoyo y de afrontamiento en condiciones de privación multidimensional en entornos con pocos recursos de Irán. Para ello, entrevistamos a familias refugiadas afganas, pakistaníes e iraquíes que viven en comunidades socioeconómicamente desfavorecidas, generando evidencia empírica sobre una población históricamente poco investigada. Se identificaron cuatro temas clave: la comprensión y la interpretación parental del malestar infantil; la crianza en situación de desplazamiento; las dinámicas intrafamiliares; y las necesidades de apoyo, la búsqueda de ayuda y las vías de atención. Nuestros resultados mostraron que, en las comunidades con pocos recursos estudiadas, múltiples formas de privación creaban un complejo entramado de determinantes sociales y económicos a través del cual la pobreza, el acceso limitado a los servicios, la baja alfabetización en salud mental y la escasez de recursos de apoyo configuraban de forma interactiva las respuestas parentales a las necesidades postraumáticas de la infancia en las familias refugiadas (véase la figura 1 para las vías interrelacionadas identificadas en este estudio). Las conclusiones resultantes pueden orientar la adaptación de las intervenciones familiares y de apoyo a la parentalidad y ofrecer modelos de políticas que aborden los desafíos de nivel macro para las poblaciones refugiadas afectadas por conflictos en Irán y en otros contextos similares con recursos limitados.

Mapa conceptual de los factores contextuales que influyen en las respuestas parentales a las necesidades postraumáticas de la infancia en familias refugiadas de entornos con pocos recursos.
Figura 1. Mapa conceptual de los factores contextuales que influyen en las respuestas parentales a las necesidades postraumáticas de la infancia en familias refugiadas de entornos con pocos recursos.

El análisis cualitativo de los relatos de las personas cuidadoras sobre el cuidado de la infancia tras el trauma identificó temas relativos a la percepción que tenían del afrontamiento de la infancia, a las estrategias utilizadas para apoyarla, al impacto del suceso en la persona cuidadora, a las experiencias de apoyo y a las estrategias de afrontamiento empleadas. Los resultados detallan los grandes desafíos a los que se enfrentan las personas cuidadoras para apoyar a la infancia tras la exposición al trauma en un contexto de gran adversidad. Niños y niñas sufrían un malestar postraumático considerable, y las personas cuidadoras intentaban apoyarles con estrategias que, a veces, no eran del todo coherentes. Dados los numerosos obstáculos al tratamiento psicológico, a menudo les costaba conseguir tratamiento para su descendencia, y se sentían ansiosas e incapaces de cuidarles o protegerles adecuadamente tras el trauma. Su implicación en el tratamiento psicológico de la infancia y su comprensión de este eran limitadas. Por último, el propio malestar de las personas cuidadoras podía ser un obstáculo para brindar apoyo. Estos resultados pueden tener implicaciones para las intervenciones familiares tras el trauma.

Uno de los temas principales que surgieron de los datos se refería a la comprensión que las familias refugiadas tenían de las respuestas postraumáticas de la infancia. Aunque la mayoría de las personas participantes describió cambios profundos en la conducta y las emociones de la infancia tras lo vivido, nadie describió ese malestar en relación con el trauma, el TEPT o algún problema de salud mental. Si bien esto concuerda en líneas generales con trabajos anteriores que señalan límites en la comprensión de los síntomas postraumáticos por parte de las personas cuidadoras, tanto en muestras refugiadas como no refugiadas (p. ej., Christie et al., 2020; Slewa-Younan et al., 2014), esta falta de comprensión era especialmente profunda en nuestra muestra. Las madres y los padres entrevistados carecían incluso de una comprensión básica de las consecuencias emocionales del trauma y de un vocabulario emocional convencional para describir los sentimientos de la infancia, lo que parecía contribuir a la impotencia parental y a la incapacidad de responder (Ehlers & Clark, 2000).

Nuestros resultados parecen contradecir la evidencia obtenida con personas cuidadoras refugiadas en entornos con abundantes recursos, donde personas refugiadas afganas e iraquíes eran capaces de identificar los síntomas de viñetas como relacionados con el trauma o el TEPT (May et al., 2014; Slewa-Younan et al., 2014; Yaser et al., 2016) y referían algunas estrategias de afrontamiento adaptativas, como la reformulación positiva y la planificación (Sim et al., 2023). Para comprender esta discrepancia, es fundamental tener en cuenta las circunstancias contextuales específicas de la población refugiada que vive en condiciones de privación crónica en los PIBM. En esos contextos, el apoyo a la aculturación y a la adaptación suele ser escaso. Estudios anteriores sugieren que el reasentamiento en entornos enriquecedores, con mayor exposición a recursos informativos (p. ej., consultas periódicas con profesionales de la salud, programas de sensibilización), puede ayudar a la población refugiada a comprender mejor las necesidades de salud mental de su familia e influir favorablemente en sus actitudes hacia la búsqueda de ayuda (Ermansons et al., 2023; Glorius et al., 2020; Siddiq et al., 2023). El vacío contextual de la presente muestra se hizo aún más evidente en las respuestas de las familias cuando se les preguntó por el apoyo ante el malestar infantil: mencionaban la satisfacción de sus necesidades físicas básicas en lugar de posibles respuestas o servicios psicosociales. Las familias se centraban de forma llamativa en los síntomas físicos o somáticos a lo largo de toda la entrevista, incluso cuando se les preguntaba directamente por el malestar emocional. El nivel socioeconómico y educativo comparativamente más bajo de las personas participantes contrasta con los estudios realizados en contextos de reasentamiento de países de ingresos altos, que a menudo han reclutado a familias refugiadas con más estudios, una característica asociada a un mayor funcionamiento reflexivo parental y a una comprensión más elaborada de las necesidades emocionales de la infancia (Eltanamly et al., 2022; Sim et al., 2023). Cabe destacar que la mayoría de las personas participantes no sabía leer ni escribir y procedía de Afganistán, un país con graves restricciones de acceso a los recursos educativos; estos factores pueden haber limitado aún más su alfabetización en salud mental.

Un segundo tema se refería a cómo la combinación de la experiencia del trauma de guerra y de la privación extrema afectaba negativamente a procesos interrelacionados dentro de la familia. Al reflexionar sobre su crianza antes de la migración, la mayoría de las figuras parentales destacó retrospectivamente respuestas de apoyo, como la calidez y los gestos físicos de afecto, pese a las dificultades que suponían la guerra y la violencia. Sin embargo, en el contexto posterior al reasentamiento, su vulnerabilidad ante los factores de estrés persistentes y su incapacidad para cubrir las necesidades básicas de la familia aumentaban la frustración, la ira y la reactividad emocional. La mayoría proyectaba su ira sobre la infancia mediante gritos, chillidos y castigos físicos, lo que refuerza la afirmación de que las penurias causadas por la pobreza en el contexto posterior al reasentamiento pueden ejercer una influencia más poderosa sobre las interacciones familiares que el trauma de guerra (Meyer et al., 2019; Miller & Rasmussen, 2017). Este resultado concuerda también con un trabajo cualitativo realizado con personas cuidadoras afganas no desplazadas expuestas a una guerra prolongada, en el que la pobreza crónica, las dificultades de alojamiento y la desigualdad social tenían un mayor impacto en las conductas violentas en el hogar que los efectos directos de la guerra (Eggerman & Panter-Brick, 2010). Lamentablemente, sigue existiendo una laguna crítica de evidencia sobre los beneficios para la salud mental de las intervenciones dirigidas a los factores de estrés cotidianos en entornos con pocos recursos. Las respuestas programáticas para prevenir la violencia en las familias refugiadas deberían priorizar la reducción de los riesgos socioeconómicos asociados al estrés posterior al reasentamiento, a la vez que se refuerzan los vínculos entre progenitores e hijos.

Un efecto notable de la adversidad sobre las interacciones familiares se reflejaba en la comunicación de la infancia sobre el trauma y en los cambios de roles familiares. Se describía que niños y niñas ocultaban información sobre las consecuencias emocionales o físicas del trauma para evitar angustiar a sus progenitores y ahorrar gastos al hogar (p. ej., una atención inasequible por una lesión). Otras investigaciones han mostrado que la revelación del trauma por parte de la infancia puede depender de factores individuales, de procesos relacionales familiares y de variaciones culturales (Dalgaard & Montgomery, 2015; Kevers et al., 2024; Sloover et al., 2024). Nuestro estudio pone además de relieve el papel del contexto macroambiental de la infancia, en concreto las dificultades económicas de la familia y la presión más general, que hacen del silencio infantil una respuesta intencional y de múltiples capas que podría estar modulada por factores socioeconómicos. Este enfoque protector aparecía también cuando la infancia asumía roles parentales y se convertía en «adultos funcionales» que garantizaban las necesidades de supervivencia de la familia cuando la pobreza y los síntomas de TEPT mermaban la capacidad parental tras el reasentamiento, lo que la exponía, en consecuencia, a daños adicionales (Chase, 1999). La evitación percibida de las conversaciones sobre el trauma por parte de la infancia se veía agravada por la falta de exploración parental de su bienestar: el silencio se interpretaba como señal de que todo estaba «bien», pese a claros indicios de lo contrario. Los estudios futuros deberían reclutar díadas formadas por progenitores e hijos o recoger de otro modo la voz de la infancia refugiada en comunidades con pocos recursos, para analizar con más detalle los mecanismos que configuran la comunicación sobre el trauma y la parentificación (es decir, un proceso de inversión de roles en el que la infancia asume responsabilidades emocionales o de cuidado inadecuadas para su desarrollo, que normalmente corresponden a los progenitores) en las familias refugiadas (Hooper, 2007).

Por último, en consonancia con investigaciones anteriores, la privación material y social del entorno de las familias refugiadas configuraba la jerarquía de sus necesidades de apoyo y su capacidad para responder a ellas (Williams, 2008). En la presente muestra resultaba especialmente evidente que a las figuras parentales les costaba pensar más allá de cubrir las necesidades básicas de la infancia. Cuando su capacidad para proporcionar los elementos básicos del cuidado físico se veía comprometida, describían una pérdida de poder en su papel parental y respuestas más duras, con la consiguiente erosión de su autoeficacia parental y dudas sobre su valía como madre o padre. Una investigación sobre las experiencias de crianza de familias refugiadas afganas y pakistaníes reasentadas en países de ingresos altos constató que, cuando disponían de recursos suficientes, estas familias expresaban alivio al poder pasar de las preocupaciones básicas al florecimiento socioemocional de su descendencia (Rosenberg et al., 2022). Nuestro estudio subraya que los determinantes sociales propios de cada lugar en el contexto posmigratorio pueden dar lugar a trayectorias de crianza divergentes: algunas familias movilizan los recursos del contexto en una espiral de ganancias con resultados más positivos, mientras que otras acumulan factores de estrés cotidianos en una espiral descendente (Hobfoll, 1989). Cabe señalar que mejorar el bienestar de la infancia probablemente aliviaría el estrés parental pese a las dificultades contextuales persistentes, ya que las dificultades y los fracasos parentales se convierten en un factor de estrés adicional. No obstante, para las familias reasentadas en Irán, parece poco probable que el apoyo psicológico a las figuras parentales sea eficaz si no se adapta para abordar los factores de estrés concurrentes y una falta fundamental de comprensión parental de los factores que impulsan la adaptación de la infancia y de sus manifestaciones.

4.1 Limitaciones del estudio

Nuestro estudio presenta varias limitaciones. Seleccionamos intencionalmente a las personas participantes, lo que puede limitar la generalización. Las elevadas tasas de rechazo y de abandono también pueden limitar la representatividad y la transferibilidad de los resultados. Es posible que estuvieran sobrerrepresentadas las familias con vínculos más estrechos con la ONG o con mayor capacidad para hablar de experiencias delicadas. Esto debe tenerse en cuenta al interpretar los resultados. Todas las personas participantes presentaban síntomas de TEPT al menos moderados, lo que posiblemente limitó nuestra capacidad para desglosar los resultados en función de la adaptación, aunque cabe señalar que no se las reclutó con ese criterio. Nuestra evaluación del apoyo parental a la infancia se basó únicamente en la perspectiva parental; recoger directamente la perspectiva de niños y niñas es fundamental para obtener una imagen completa de sus experiencias. Por último, todas las entrevistas las realizó personal investigador local de una ONG reconocida internacionalmente. Aunque las entrevistadoras habían recibido formación y supervisión en entrevista cualitativa, no tenían mucha experiencia. Algunas entrevistas resultaron difíciles por el bajo nivel de alfabetización de las personas participantes, lo que llevó a insistir más en algunas preguntas de profundización o a formular preguntas cerradas cuando a la persona le costaba responder. Otra limitación tiene que ver con el recurso a intérpretes y con los datos de entrevista traducidos. Aunque se recurrió a personas traductoras locales para reducir al mínimo los errores de traducción, su intervención y el análisis posterior de transcripciones traducidas pueden haber aumentado el riesgo de que algunos significados se perdieran, se alteraran o se malinterpretaran durante el proceso de entrevista.

4.2 Implicaciones y recomendaciones para las políticas

Los resultados del presente estudio tienen importantes implicaciones aplicadas. En primer lugar, aunque las intervenciones de salud mental han mostrado potencial para mejorar la salud mental de las personas cuidadoras refugiadas (p. ej., la terapia de exposición narrativa), nuestra evidencia y otros datos emergentes sobre población refugiada en los PIBM sugieren que, cuando no se abordan los graves factores de estrés posmigratorios, los riesgos estructurales propios del contexto pueden seguir teniendo efectos directos e indirectos sobre la crianza. Abordarlos probablemente conduciría a mejoras más duraderas en las relaciones familiares y en los resultados psicosociales de la infancia en entornos con pocos recursos. Cabe destacar que, en la población estudiada, la alfabetización en salud mental era tan baja que las familias, en esencia, no la reconocían como una necesidad, pese a los elevados niveles de malestar. Superar este obstáculo puede requerir formas creativas de implicar a las familias, como integrar la atención psicológica en el tratamiento de los síntomas físicos o en la prestación de otros apoyos, incluidas las redes escolares capaces de detectar necesidades y derivar a las familias a la atención adecuada (Rajabi et al., 2025; Akbari Zardkhaneh et al., 2023). Hasta la fecha, muchas intervenciones sobre el trauma se basan en investigaciones realizadas en países de ingresos altos, y su adaptación a los PIBM ha sido sobre todo superficial (p. ej., lengua y terminología) (Ennis et al., 2020). Nuestra investigación pone de relieve que incluso los estudios con poblaciones refugiadas equivalentes reasentadas en países de ingresos altos probablemente no recogen las condiciones fundamentales, arraigadas en variables económicas, culturales y sociopolíticas, que hacen posible la recuperación de las familias reasentadas en Irán y en otros contextos con pocos recursos. Por ello, instamos a quienes diseñan intervenciones a realizar adaptaciones culturales sustanciales y profundas de su forma, contenido y aplicación, preservando sus funciones fundamentales y garantizando que se aborden de manera significativa los factores contextuales clave pertinentes para la población de acogida.

Complexe Systémique: puntos clave

El estudio desplaza la mirada. La crianza dura en las familias exiliadas se atribuye con facilidad al trauma de guerra; aquí son los factores de estrés posteriores al reasentamiento —el hambre, el alquiler, la vivienda exigua, la enfermedad sin atención— los que hacen perder los nervios a las figuras parentales, que describen una crianza más cálida antes del exilio. Para la práctica sistémica destacan dos bucles. El silencio protector es mutuo: la infancia oculta sus lesiones para ahorrar gastos y preocupaciones a sus progenitores, estos ocultan su propia historia para proteger a sus hijos e hijas, y todo el mundo interpreta ese silencio como un «bien». La parentificación, por su parte, aparece como la respuesta adaptativa de la familia a la privación, con un coste real para la niña o el niño que trabaja en lugar de ir a la escuela. Por último, el artículo recuerda que una ayuda psicológica que ignora el pan y el techo no tiene ninguna posibilidad de ser escuchada: el cuidado pasa por la escuela, el médico y la respuesta a las necesidades básicas. Las limitaciones residen en una muestra seleccionada por una ONG, en entrevistas realizadas por equipos con poca experiencia y en la ausencia de la voz de la infancia. Se puede leer junto con el artículo sobre el trauma intergeneracional en las familias refugiadas y el artículo sobre la vivencia emocional de la parentificación.

Notas del original

Agradecimientos. La autoría desea dar las gracias a todas las madres y todos los padres que participaron en este estudio. Agradecemos también al personal investigador de HAMI, a las personas traductoras y a los y las profesionales de salud mental su apoyo en el reclutamiento.

Financiación. Este trabajo forma parte de un proyecto de doctorado financiado por el Economic and Social Research Council (ESRC) a través del SWDTP [número de subvención 2689613].

Declaración de conflicto de intereses. La autoría no declaró ningún posible conflicto de intereses.

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Traducción no oficial al español de Post-resettlement context matters: a qualitative study of refugee parents’ responses to child trauma in low-resource settings, de Mohsen Rajabi, Rachel Calam, Fatemeh Bagherifard, Victoria Williamson, Fatemeh Ashrafi, Anke Karl y Sarah L. Halligan, European Journal of Psychotraumatology, vol. 17, n.o 1, 2693362 (2026), doi: 10.1080/20008066.2026.2693362, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción, tabla presentada en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción no oficial del artículo original «Post-resettlement context matters: a qualitative study of refugee parents’ responses to child trauma in low-resource settings», publicado en European Journal of Psychotraumatology (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida al español por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial y adaptada para la lectura en línea, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Rajabi, M., Calam, R., Bagherifard, F., Williamson, V., Ashrafi, F., Karl, A., et Halligan, S. L. (2026). Post-resettlement context matters: a qualitative study of refugee parents’ responses to child trauma in low-resource settings. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/post-resettlement-context-matters-a-qualitative-study-of-refugee-parents-responses (Obra original publicada en 2026 en European Journal of Psychotraumatology, 17(1), 2693362 (2026); republicada en 2026 por European Journal of Psychotraumatology, https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/20008066.2026.2693362)

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