Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Child Abuse Review · Protección de la infancia

Dar esperanza (HOPE) y minimizar el trauma: una intervención para apoyar a las mujeres separadas de sus bebés al nacer por motivos de protección infantil

En Inglaterra, más de 2400 bebés recién nacidos al año son objeto de un procedimiento judicial de protección, y muchas de sus madres vuelven solas a casa desde una maternidad donde nadie reconoció su pérdida. A partir de los relatos de 38 madres, el equipo de Claire Mason describe la vergüenza, el duelo desautorizado y la pérdida ambigua que siguen a la separación, y presenta después las cajas HOPE, diseñadas con madres con experiencia vivida para mantener la conexión con el bebé.

Autoras Claire Mason (Centre for Child and Family Justice Research, Lancaster University), Harriet Ward (Rees Centre, Department of Education, University of Oxford) y Karen Broadhurst (Centre for Child and Family Justice Research, Lancaster University), InglaterraPrimera publicación Child Abuse Review, 16 de enero de 2023Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Giving HOPE and minimising trauma: An intervention to support women who are separated from their babies at birth due to safeguarding concerns, de Claire Mason, Harriet Ward y Karen Broadhurst, publicado en Child Abuse Review (Wiley) (2023), doi: 10.1002/car.2809, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla 1 se presenta en forma de lista; las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Sean cuales sean las circunstancias, la separación al nacer es sin duda una experiencia traumática con consecuencias de gran alcance para todas las partes implicadas.

Claire Mason, Harriet Ward y Karen Broadhurst

Resumen

Sean cuales sean las circunstancias, la separación de los bebés de sus madres al nacer es una experiencia traumática para todas las partes implicadas. El artículo presenta un estudio concebido para mejorar la práctica en este ámbito tan delicado. El análisis de los datos recogidos mediante entrevistas semiestructuradas con 38 madres que habían vivido la retirada de su bebé al nacer permitió identificar cuatro temas comunes: el aislamiento y unas necesidades de apoyo no reconocidas; la vergüenza, el estigma y la negativa de las demás personas a reconocer su identidad materna; el trauma agudo, el deterioro inmediato y el duelo desautorizado tras la retirada del bebé; y las estrategias para mitigar su dolor y su duelo. Estos últimos temas incluían el uso de objetos, tanto como objetos transicionales para ayudar a las madres a aceptar la pérdida definitiva de un bebé como como medio para mantener viva la identidad materna y conectar con un bebé que quizá acabaría volviendo a casa. En respuesta a estos hallazgos, y en colaboración con un grupo de mujeres con experiencia vivida, se diseñaron las cajas HOPE para aliviar el trauma y la carga psicológica que soportan las mujeres en esta situación. El contenido de las cajas se ha elegido para reflejar las experiencias cambiantes del recorrido de las mujeres, pero también el abanico de desenlaces posibles. La intervención tiene un potencial considerable para minimizar el trauma de esta dolorosa experiencia.

Mensajes clave para la práctica profesional

  • Casi todas las madres cuyos bebés son retirados al nacer por motivos de protección infantil viven un trauma agudo, vergüenza y un duelo abrumador.
  • Necesitan una atención sensible y sin juicios, ajustada a sus necesidades de apoyo, que reconozca su identidad materna y la enormidad de su pérdida.
  • Las cajas HOPE pueden permitir a las madres conservar una conexión y preservar su identidad materna mientras el bebé está separado temporalmente, y ayudar a mitigar su duelo tras una retirada definitiva.

INTRODUCCIÓN

Sean cuales sean las razones de fondo, la separación de un bebé de su madre biológica durante el primer año de vida puede ser fuente de un duelo duradero y tener repercusiones a largo plazo para todas las partes implicadas: la familia de origen, el niño o la niña y, en muchos casos, el personal profesional encargado de supervisar la retirada (Geddes, 2021; Mason et al., 2022a; Neil, 2013). Sin embargo, hay cada vez más datos que indican que, tanto en países de ingresos bajos como medios y altos, un gran número de bebés, por un complejo conjunto de razones sociales y económicas, son entregados en adopción, acogidos fuera del hogar de forma voluntaria o retirados obligatoriamente de sus familias en respuesta a preocupaciones de protección infantil (Wulczyn et al., en prensa), y que se trata de un asunto de considerable preocupación en Estados Unidos (Wulczyn et al., 2013), el Reino Unido (Mason et al., 2022a), Escandinavia (Hestbæk et al., 2020), Australia (O'Donnell et al., 2019) y algunas partes de África (Rosenberg, 2020). Parece probable, además, que estas preocupaciones estén aún más extendidas (Backhaus et al., 2019).

En los países con sistemas de protección infantil desarrollados, la mayoría de las separaciones entre bebés y sus familias son obligatorias y responden a preocupaciones por maltrato y negligencia (Browne et al., 2005). En Inglaterra, las autoras de este estudio (2018) constataron que, en los diez años transcurridos entre 2007-2008 y 2016-2017, el 27 % de toda la infancia que entró en un procedimiento judicial de protección eran bebés menores de un año. Dentro de esta franja de edad, el número de recién nacidos (bebés de menos de una semana) en procedimientos judiciales se había más que duplicado, pasando de 1093 a 2447; el porcentaje había aumentado, del 32 % de todos los casos de bebés en 2007-2008 al 42 % en 2016-2017, y había grandes variaciones regionales.

La retirada de bebés recién nacidos a sus familias biológicas es una cuestión extremadamente controvertida, que plantea interrogantes sobre la ética, la justicia social y la ideología que subyace a la política de protección de la infancia. Por un lado, las disparidades entre regiones y el elevado número de recién nacidos en procedimientos judiciales pueden indicar un desprecio por los derechos de las familias y suscitan inquietudes en materia de equidad e igualdad. Las familias con más probabilidades de ser parte en procedimientos relativos a sus hijos e hijas son también las más expuestas a desigualdades interseccionales (Bywaters et al., 2018; Doebler et al., 2021; Johnson et al., 2021). Por otro lado, las revisiones de casos graves sobre muertes evitables y lesiones graves de bebés ponen de manifiesto la vulnerabilidad de la primera infancia y su necesidad de una atención y una protección particulares (Brandon et al., 2020). Aunque las cuestiones de fondo son sin duda complejas, sean cuales sean las circunstancias, la separación al nacer es sin duda una experiencia traumática con consecuencias de gran alcance para todas las partes implicadas (Marsh, 2016; Mason et al., 2019, 2022a).

Este artículo examina los datos sobre las experiencias de las madres biológicas que han sufrido la retirada de un bebé e identifica cuatro temas que surgen de sus experiencias comunes: el aislamiento, la vergüenza, el duelo desautorizado y el trauma, y las estrategias para aliviar el dolor. A continuación muestra cómo sus relatos se han utilizado para desarrollar una intervención (las cajas HOPE) concebida para mitigar su trauma y su duelo.

El proyecto que se presenta en este artículo forma parte del programa Born into Care, financiado por el Nuffield Family Justice Observatory. Lo precedieron dos revisiones de la evidencia: una sobre las perspectivas de las familias biológicas y del personal profesional acerca de la evaluación prenatal y la retirada de bebés al nacer (Mason et al., 2019), y otra sobre la pérdida perinatal (McGrath-Lone & Ott, 2022), cuestión que se exploró en profundidad porque las experiencias de las familias que pierden un bebé por una adopción se parecen en muchos aspectos a las de quienes viven un aborto espontáneo o una muerte fetal (Geddes, 2021). Este artículo se apoya en los hallazgos de esas revisiones.

MÉTODOS

Los hallazgos presentados en este artículo proceden de un estudio cualitativo cuyo objetivo era comprender los retos actuales cuando se adoptan medidas de protección en el momento del nacimiento. El estudio culminó en un conjunto de directrices provisionales de buenas prácticas que se están probando actualmente, en cuanto a su viabilidad, en los emplazamientos participantes (Mason et al., 2022b). El estudio estuvo precedido por una amplia investigación previa, que incluyó publicaciones estadísticas (Alrouh et al., 2019; Broadhurst et al., 2018), dos revisiones de la literatura publicada pertinente (Mason et al., 2019; McGrath-Lone & Ott, 2022) y una revisión de los protocolos nacionales y locales (Ward et al., 2022).

El proceso de recogida y análisis de datos se ajustó a los estándares reconocidos de una investigación cualitativa rigurosa (Daly, 2007; Davies & Dodd, 2002).

El proyecto fue aprobado por el comité de ética de la Lancaster University y por los órganos de gobernanza de las autoridades locales participantes y de la Health Research Authority. El proyecto contó con el apoyo de dos grupos asesores: uno integrado por madres con experiencia vivida y el otro por especialistas en políticas públicas, práctica profesional e investigación académica.

Se seleccionaron para participar en el estudio ocho áreas de autoridades locales y siete Health Trusts correspondientes en Inglaterra y Gales, elegidas por su elevada incidencia de bebés en procedimientos judiciales de protección (Alrouh et al., 2019; Broadhurst et al., 2018).

Se invitó a diversos perfiles profesionales pertinentes a participar en grupos focales, y a familias con experiencia vivida a participar en entrevistas. El reclutamiento de participantes se rigió por los principios de voluntariedad establecidos por la British Sociological Association (2017). Se excluyó a las familias que habían necesitado anteriormente los servicios del Official Solicitor en el marco de un procedimiento judicial de protección, o a quienes, a juicio de la autoridad local, no podían en ese momento participar en entrevistas sin sufrir un perjuicio. Tras compartir los documentos informativos para participantes y antes de la recogida de datos, se obtuvo el consentimiento por escrito. Se establecieron procedimientos para responder al malestar o a las revelaciones de las familias tras las entrevistas, y se adoptó un enfoque similar para el grupo asesor de personas con experiencia vivida.

Debido a las dificultades que planteaba la pandemia de COVID-19, los grupos focales se realizaron en línea, pero las entrevistas con las familias se llevaron a cabo de forma presencial, con las medidas de seguridad necesarias. Los grupos focales y las entrevistas fueron semiestructurados y se grabaron en vídeo o en audio con el consentimiento de las personas participantes, y se almacenaron de forma segura.

La muestra final se presenta en la tabla 1:

Tabla 1 — Participantes en el estudio

Grupos de interés: n.º de grupos focales/entrevistas; n.º total de participantes en el conjunto de emplazamientos.

  • Grupos focales. Profesionales del trabajo social: 16; 105. Familias de acogida: 9; 46. Matronas: 19; 81. Cafcass: 4; 22.
  • Entrevistas individuales. Asesoría jurídica principal (LA): 8; 9. Madres: 38; padres: 6; 44 (madres y padres).
  • Total de participantes. 307.

La codificación inicial se basó en la lectura de la literatura y en el trabajo con el material de los grupos focales y de las entrevistas. La coherencia de la codificación se comparó mediante una herramienta de captura de datos. La primera fase de codificación dio lugar a un gran número de códigos abiertos, y las comparaciones entre estos códigos permitieron desarrollar los temas.

El equipo de investigación prestó también atención a las condiciones de la práctica propias de la pandemia. En conjunto, las limitaciones de la práctica ya eran evidentes antes de la pandemia, pero se habían agravado durante ella.

RESULTADOS

Los resultados completos del proyecto pueden consultarse en un informe de las autoras. Para los fines de este artículo, presentamos los que se refieren específicamente a la innovación de las cajas HOPE, extraídos de entrevistas con madres que aportaron ideas importantes sobre cómo una intervención podría ayudar a mitigar parte del intenso malestar vivido. Aunque el estudio general recogió también datos de padres, que sirvieron para elaborar las directrices provisionales, este artículo se centra específicamente en las experiencias de las madres, debido a las cuestiones particulares, centradas en la mujer, que rodean el parto y la separación. Actualmente se está trabajando para estudiar la inclusión de los padres y las consiguientes adaptaciones de las cajas HOPE.

MADRES

Treinta y ocho madres de ocho áreas de autoridades locales participaron en el estudio. Todas habían vivido una intervención del Estado tras el nacimiento de al menos uno de sus hijos o hijas: o bien una separación cercana al nacimiento, en la maternidad, o bien un periodo de evaluación formal en un centro de evaluación residencial o en un acogimiento familiar conjunto de madre y bebé. Las entrevistas revelaron la magnitud de las pérdidas, de los traumas y de las múltiples adversidades vividas a lo largo de su vida, así como su aislamiento social. También revelaron muchas experiencias comunes en los tres periodos en los que se centró el estudio: antes del nacimiento, en la maternidad después del parto y después de haber vuelto a casa sin el bebé tras el alta hospitalaria. Aunque de los relatos de las madres surgieron varias cuestiones, los siguientes temas dominantes orientaron especialmente la intervención:

  • El aislamiento y la falta de reconocimiento de las necesidades de apoyo
  • La vergüenza, el estigma y la negación de la identidad materna
  • El trauma agudo, el deterioro inmediato y el duelo desautorizado tras la retirada del bebé
  • Las estrategias para mitigar el dolor y el duelo: empatía, objetos y preservación de los vínculos

El aislamiento y la falta de reconocimiento de las necesidades de apoyo

Dados sus antecedentes y su situación actual, las madres necesitaban especialmente una atención sensible y ajustada a ellas. Sin embargo, pese a la mejor voluntad de buena parte del personal profesional, eran numerosos los obstáculos para que la recibieran: entre ellos, la presión sobre la capacidad de las matronas, unos turnos que rompían la continuidad de la atención, la falta de formación especializada, las limitaciones de recursos, los protocolos de alta y la presión sobre las camas disponibles.

Las matronas de planta solían estar desbordadas y no tenían tiempo para ofrecer un apoyo suficiente a las madres, por mucho que hubieran querido hacerlo. Las mujeres lo vivían de forma muy intensa, ya que a menudo se quedaban solas mientras esperaban la primera vista judicial, preguntándose si las separarían de su bebé:

Solo me dijo: «¿Cómo te sientes con lo de mañana?». Y eso me desató. Estuve llorando horas. Me pasó el brazo por los hombros unos cinco, diez minutos y luego, claro, tenía cosas que hacer. (Madre 403)

Muchas madres contaron que se habían sentido invisibles en el momento de la retirada y pensaban que nadie había reconocido el impacto que tuvo en ellas.

La mayoría de las madres tenían redes de apoyo mínimas y, en algunos casos, las únicas personas presentes en el momento de la separación eran quien venía del trabajo social a llevarse al bebé y la matrona de turno, con quien quizá apenas habían tenido contacto antes. En los casos más extremos, las mujeres se encontraban además ante agentes de policía o personal de seguridad:

O sea, la puse en la sillita del coche, le abroché el cinturón, la tapé con la mantita, me preguntaron qué quería, y yo solo los miraba. Estaba llorando a mares, la verdad es que no podía ni hablar. Los dos policías estaban ahí plantados por si me ponía violenta. Acababa de salir del quirófano, con puntos, acababa de dar a luz a un bebé hacía dos días. Y en un abrir y cerrar de ojos ya no estaba. O sea, no sabía cuándo iban a ser mis visitas, no me dijeron nada de eso, solo: «Ya nos pondremos en contacto», y ya está. Y en cuanto se llevaron a la peque, alguien del hospital me dijo: «Bueno, ya te puedes ir a casa». (Madre 820)

El relato de esta madre sobre la separación de su bebé ilustra de forma muy viva la falta de reconocimiento de las propias necesidades de apoyo de las mujeres en un momento de angustia tan aguda. No se habían organizado las visitas, lo que reforzó aún más su percepción de que no se había reconocido ni su identidad como madre del bebé ni la angustia que estaba atravesando.

La vergüenza, el estigma y la negación de la identidad materna

Negación de la identidad materna

La revisión de la evidencia sobre la pérdida perinatal de McGrath-Lone y Ott (2022) constató que las madres que pierden un bebé por muerte fetal o aborto espontáneo sufren a menudo sentimientos de fracaso tanto en su papel de mujer como en su papel de madre. Muchas de las mujeres del estudio habían visto limitadas sus oportunidades vitales por desventajas interseccionales. En sus entrevistas rara vez aparecían relatos positivos sobre los estudios o el trabajo, y a menudo dejaban entrever una escolaridad interrumpida. Un estudio de las autoras (2020) señalaba que muchas mujeres en esta situación tienen un estatus social frágil y restringido; la retirada de un bebé al nacer puede ser doblemente devastadora, no solo porque pierden al bebé, sino también porque pierden su estatus parental, y la maternidad es uno de los pocos papeles por los que se sentían reconocidas.

Lo que digo, literalmente acababa de ir al juzgado y entonces me dijeron que, claro, no me la iba a quedar. Y yo estaba como, me estoy acostumbrando a ser madre. ¿Adónde va a ir ella? ¿Adónde voy a ir yo? ¿En qué situación me deja esto ahora? (Madre 302)

Algunas madres deseaban desesperadamente dar el pecho, pero no se sentían lo bastante apoyadas, y la mayoría quería asumir otras tareas que reforzaran su identidad materna. Ser reconocidas como madres del bebé era central para su sentido de sí mismas. Por eso, a algunas madres les resultaba especialmente doloroso sentir que se marginaba su papel materno. En la cita que sigue, una madre describe su desolación cuando visita a su bebé unos días después del parto y encuentra a una acogedora, a la que no conocía, con su bebé en brazos. Este bebé había sido trasladado a una unidad de cuidados especiales para observación tras el alta de la madre.

Pues un día (el padre) y yo entramos en el hospital y en la habitación, en esta habitación en la que entro para ver a mi bebé, como había hecho todos y cada uno de los días, hay una mujer desconocida con mi bebé en brazos. No tiene ningún… No es médica. No es enfermera. Es solo una mujer desconocida. ¿Qué hace con mi bebé? Yo no sabía quién era. Y se suponía que, se suponía que yo iba a conocer antes a esta acogedora, y aquello me dejó completamente hundida. (El padre) y yo entramos en una habitación y: «Ah, hola, soy la madre de acogida. Soy la nueva cuidadora de (bebé)». «Un momento. Está usted sentada con mi bebé en brazos, ha sacado a mi bebé de la cuna, así que básicamente yo no tengo ni voz ni voto sobre mi bebé». (Madre 703)

Vergüenza y estigma

La revisión de la evidencia de McGrath-Lone y Ott (2022) constató también que las familias que pierden un bebé por un aborto espontáneo o una muerte fetal experimentan sentimientos de «shock, ira, arrepentimiento, vacío, soledad, impotencia y culpa» (p.15). Son muy parecidos a los sentimientos que relatan las madres en este estudio y en estudios anteriores sobre la experiencia vivida de la retirada de un bebé (Broadhurst & Mason, 2017, 2020). Sin embargo, aunque el shock, la ira y la pérdida de la identidad materna puedan ser similares a los de las madres cuyo bebé nace muerto, estos sentimientos se ven complicados además por la vergüenza y la estigmatización agudas que viven las mujeres a las que el Estado retira la custodia (Neil et al., 2010; Morgan et al., 2019; Morriss, 2019; Geddes, 2021).

La investigación sobre la maternidad en contextos marginados (en medio de violencia, consumo problemático de sustancias, pobreza, juventud y dificultades de salud mental) indica de forma abrumadora que las mujeres construyen activamente relatos mediante los cuales se identifican como «buenas» madres y se ajustan al relato estereotipado, socialmente construido, de la maternidad ideal (Medina & Magnuson, 2009). Cuando el Estado retira a un bebé, esta identidad idealizada queda cuestionada. La madre siente vergüenza porque se la ha juzgado públicamente como alguien que no ha cumplido el papel que la sociedad le ha asignado. Ella misma puede sentirse culpable, pero también puede sufrir el rechazo de otras personas que la juzgan como una «madre fracasada». La vergüenza y el estigma asociados que vive pueden conducir a un sentido de sí misma dañado y aumentar la carga psicológica tras la separación (Abrams, 2015; Morriss, 2019).

Muchas de las madres del estudio eran muy conscientes del estigma al que probablemente se enfrentarían. Aunque no siempre se les concedía, muchas expresaron su preferencia por una habitación individual, donde las otras madres no pudieran ver las visitas del trabajo social ni oír sus conversaciones. También agradecían los intentos de disimular el hecho de que se les estaba retirando el bebé:

De hecho me dejaron ir en el coche hasta la casa desde el hospital. Así que fue como si me lo llevara a casa, en cierto modo.… Parecía normal, porque nos habíamos subido todos al coche, no estaba a la vista de todo el mundo que se lo llevaban a un acogimiento. (Madre 103)

Y cuando volvían a casa sin el bebé, a veces se sentían obligadas a mantener el engaño:

Dormía. No comía bien, me pasaba casi todo el día durmiendo. No vi a nadie durante una semana más o menos y fue entonces cuando empecé a salir. Todo el mundo me decía: «Ah, ¿y dónde está?». Y yo: «Ah, está con su padre. Está con su padre». Al final, claro, tuve que decirles a mis amigas que no la tenía, pero que la iba a recuperar. Claro, yo sabía seguro que la iba a recuperar. (Madre 302)

Algunas mujeres sentían que tenían que seguir ocultando lo ocurrido, o encontrar maneras de disimularlo, durante largos periodos. En la cita que sigue, una madre describe cómo intentó evitar que la gente de su entorno supiera la verdad sobre su separación del bebé.

(Estaba) hecha un lío, cada vez que hablaba de ella, lágrimas, ponía buena cara…, así que cuando salía intentaba poner buena cara, pero si la gente me preguntaba qué tal estaba ella, yo decía: «Sí, está bien». «¿Dónde está?». «Está con mi madre». Físicamente no podía decírselo, solo unas cuantas personas saben lo que le ha pasado, amistades cercanas, familiares, gente a la que trato como familia, esos lo saben. Alguien a quien veo de Pascuas a Ramos no tiene ni idea. Sí, como que está con mi familia, que está en el colegio, porque no quiero que todo el mundo sepa mis cosas. (Madre 401)

Aunque el duelo que viven las familias que han sufrido una muerte fetal o un aborto espontáneo sigue sin reconocerse adecuadamente, pueden esperar cierto apoyo profesional, aunque a veces sea poco sensible o insuficiente (McGrath-Lone & Ott, 2022). En cambio, aparte de la atención posparto habitual de las matronas, el personal profesional rara vez tiene un papel formal en el apoyo a las madres cuyos bebés han sido retirados por el Estado. No era raro que las madres de este estudio salieran del hospital sin compañía y volvieran solas a un piso lleno del equipamiento que habían comprado con la esperanza de demostrar su compromiso con un bebé que luego les habían retirado.

La mayoría de las madres vivieron experiencias agudas de duelo en el periodo inmediatamente posterior.

Y era como… es que no podía vivir en esa casa sin ellos. Y mi salud mental, cuando lo pienso ahora, había tenido una crisis. Estaba… había tenido una crisis. Llevaba la misma ropa durante meses. Meses. Sin preocuparme de nada. Ni siquiera pedía las prestaciones, no tenía ni un céntimo. No podía ir a pedir las prestaciones, no podía hacer nada…. (Madre 105)

Pese a los evidentes niveles de malestar psicológico agudo que provoca la separación, los hallazgos ponen de manifiesto la falta de una atención constante o especializada para las mujeres en esta situación. El trabajo social se centra en el bebé, que ahora está en otro entorno de cuidado, y las matronas, en su mayor parte, no pueden ofrecer una atención que vaya más allá de la oferta posnatal estándar. Así, las madres caen en un vacío de apoyo que las deja expuestas a un deterioro agudo de su funcionamiento en materia de salud mental.

No, no me dieron nada. En cuanto te quitan a tus hijos te dejan sola. A eso me refiero… Ahí es cuando destrozan a la gente. Les quitan a sus hijos, hacen muchísimo daño, emocional, digo, los deja hechos polvo. (Madre 404)

No es de extrañar que muchas madres recurrieran a estrategias de afrontamiento problemáticas, como el consumo abusivo de alcohol o de drogas.

Volví a casa en autobús, y esa noche simplemente decidí, volví a las andadas, a beber. Pensaba que era la única manera de poder aguantarlo. (Madre 201)

Duelo desautorizado

Entrelazado con los sentimientos de angustia aguda ante la separación, los datos de las entrevistas muestran también cómo la falta de reconocimiento del duelo de las madres actuaba como un factor de complicación adicional. Como han constatado varios equipos de investigación (Abbott et al., 2021; Broadhurst & Mason, 2020; Brodzinsky & Smith, 2014; Geddes, 2021; Memarnia et al., 2015), la literatura sobre el duelo desautorizado (Corr, 1999; Doka, 1999) ofrece una perspectiva valiosa para comprender mejor las experiencias de las madres cuyos bebés han sido retirados.

El duelo desautorizado puede definirse como el que viven quienes sufren una pérdida que no es, o no puede ser, reconocida abiertamente, llorada públicamente ni apoyada socialmente. Aislado en la aflicción, el duelo puede resultar mucho más difícil de elaborar.

Las madres de este estudio habían perdido, a todos los efectos, un bebé, pero en circunstancias que el público en general, así como parte del personal profesional, consideraban vergonzosas (Mason et al., 2022a; Morriss, 2019). Eran dolientes desautorizadas. Su duelo no se reconocía públicamente. Tenían poco o ningún apoyo social y no existía ninguno de los rituales de duelo que normalmente ayudan a resolverlo (Doka, 1999). Además, la suya era una pérdida ambigua (Boss, 1999), puesto que sus bebés seguían vivos. Aunque muchos de esos bebés acabarían siendo adoptados, mientras el procedimiento judicial de protección seguía en curso el desenlace permanecía incierto. Incluso tras una separación definitiva, como muestran otros estudios, los bebés seguirían físicamente ausentes pero psicológicamente presentes para sus madres (Fravel et al., 2000), que seguían alimentando la esperanza de un reencuentro (Broadhurst & Mason, 2020; Geddes, 2021; Neil et al., 2010). Morriss (2019) describe su estado como «una maternidad atormentada», a la espera de un futuro imaginado con su hijo o hija. Este tipo de pérdida ambigua, que apenas permite un cierre, es más difícil de superar que la pérdida definitiva por fallecimiento (Boss, 1999). Con pocas oportunidades de resolver su duelo, no es de extrañar que, como han constatado otros estudios (Broadhurst & Mason, 2020; Cox et al., 2020; Neil et al., 2010; Wall-Wieler et al., 2018), las madres en esta situación sufran un malestar psíquico agudo que puede desembocar en autolesiones y, en algunos casos, en intentos de suicidio:

Me fui a casa y me tomé una sobredosis, porque no quería estar viva sin mis hijos. (Madre 103)

Estrategias para mitigar el duelo: empatía, objetos y preservación de los vínculos

Hasta cierto punto, el trauma de las madres podía mitigarse mediante acciones que legitimaran su pérdida. Los pequeños gestos de empatía y comprensión por parte de profesionales eran muy valorados:

Ella (la matrona) me apoyó muchísimo. Se puso a mi altura y me cogió la mano. Me acuerdo de que me cogía la mano. Nunca lo olvidaré. Era encantadora. … Literalmente se agachó, se puso de rodillas y me cogió la mano. (Madre 102)

Participar en actividades cotidianas que reconocían su papel parental ayudaba a validar su identidad de madres y a reforzar su autoestima.

… le estás enseñando a tu bebé que es algo normal, «te estoy bañando». Un baño puede no ser nada para ellos, pero para la madre es: «De verdad estoy cuidando de mi bebé, estoy intentando demostrarte que puedo hacerlo». (Madre 301)

Que se les consultara sobre sus preferencias en detalles de los cuidados rutinarios, la elección de la leche de fórmula y la ropa que llevaría el bebé cuando se entregara a la familia de acogida o cuando acudieran a las visitas adquiría para las familias un significado simbólico.

Objetos transicionales y objetos simbólicos

La importancia de los objetos transicionales y de otros objetos en la gestión del duelo por parte de las familias, que se desprende de los resultados, coincide con la literatura más amplia sobre la pérdida perinatal (McGrath-Lone & Ott, 2022) y con los hallazgos recientes de Geddes (2021) sobre las familias cuyos hijos e hijas han sido adoptados. Gibson (2004) explica cómo, del mismo modo que la infancia utiliza objetos transicionales como ositos de peluche y mantitas para ayudarse a negociar el proceso de separación de la madre, las personas en duelo pueden utilizar también objetos para negociar el proceso de separarse de la persona fallecida. La ropa puede tener un significado simbólico particular porque:

gracias a la evocación del olor y de la imagen, [puede] ser más eficaz para salvar momentáneamente (aunque nunca del todo) la separación espacio-temporal que aleja a los vivos de los muertos. (Gibson, 2004, p. 290)

Algunas madres encontraban un consuelo similar en prendas de ropa que las conectaban con los bebés que les habían retirado:

Dormí con el primer pelele que llevó durante las cuatro semanas enteras. Dormí con la mantita que tenía antes de irse. (Madre 302)

Otros «objetos melancólicos» podían servir de recuerdo del bebé, psicológicamente presente pero ya no físicamente allí:

Todavía tengo sus cosas, sus primeros zapatos, los chupetes, las pinzas del chupete y eso, justo lo que de verdad habían usado y tal. Sí. Puedo repasarlo con ella. Puedo hablar de ello y contarlo, para que cuando tenga edad sepa que tiene hermanos. … (es) solo consuelo…. Solo saber que todavía tienes algo suyo. (Madre 102)

Así, en sintonía con la investigación sobre la pérdida perinatal y la adopción, estos objetos se describían como algo que mitigaba el duelo abrumador, aportaba consuelo y afirmaba la identidad materna (Geddes, 2021). Sin embargo, en el caso de las mujeres recién separadas de su bebé al nacer, nuestros hallazgos sugieren también otra función, específica, de estos objetos: mantener una conexión con el bebé.

Preservar los vínculos y la motivación tras la separación

Hasta que se dicta la resolución judicial definitiva, la separación es una medida provisional. Pasarán al menos seis meses antes de que concluya el procedimiento judicial de protección, al término del cual aproximadamente el 15 % de los bebés separados volverán con sus familias biológicas bajo una orden de supervisión (Broadhurst et al., 2018). Otros bebés, aun estando sujetos a una orden de tutela, pueden permanecer al cuidado de sus familias o volver a él. Por ello es de gran importancia garantizar que las madres tengan todas las oportunidades de crear un vínculo con el bebé y de aferrarse a su identidad parental durante esta fase provisional. Sin embargo, como hemos argumentado en otro lugar (Broadhurst et al., 2022), lejos de crear las condiciones que favorezcan el vínculo y una eventual reunificación, una separación provisional puede vivirse como un fait accompli, pues puede desencadenar una cadena de acontecimientos que crean las condiciones para una retirada definitiva, cuando las familias recurren a patrones de conducta autodestructivos para intentar aliviar su dolor. El procedimiento judicial de protección y su impacto en las familias, como atestigua Morriss (2019), tienen el poder de fabricar futuros.

No obstante, los hallazgos de este y de otros estudios (Broadhurst & Mason, 2017; Ward et al., 2012, 2019) muestran que la retirada temporal o definitiva de la custodia puede actuar como un importante motor de cambio y llevar a algunas familias a superar sus dificultades y a ser capaces de ofrecer un hogar seguro y afectuoso a bebés que antes corrían el riesgo de sufrir un daño significativo, o a hijos e hijas posteriores después de que se les retiraran los anteriores:

La adopción me sacudió de verdad. Eso fue lo que me hizo pensar: «Venga, vamos. Tengo que poner orden en mi vida ya, por todos los críos. Así en el futuro podré explicarle a (hija 4) que ella fue la razón por la que puse orden en mi vida». (Madre 202)

Por tanto, es de una importancia crucial que las madres en esta situación mantengan una conexión continuada con el bebé tras la retirada. Alguna forma de conexión es necesaria para la salud psicológica de la mayoría de las madres que viven la retirada de un bebé, y en particular cuando existe la posibilidad de una eventual reunificación. Por último, como ilustra claramente esta cita, una conexión psicológica continuada con la criatura retirada, y la idea de demostrar que ella «fue la razón por la que puse orden en mi vida», pueden ser un poderoso motor de cambio. De hecho, después de trabajar intensamente con los servicios sociales de infancia (Children's Social Care) y con los servicios de atención a las drogas y el alcohol para resolver las dificultades que habían llevado a las retiradas anteriores, esta madre llegó a tener otro bebé, que permaneció a su cuidado.

LAS CAJAS HOPE

Nuestro análisis de los datos identificó cuatro temas dominantes que surgen de las experiencias de las mujeres separadas de su bebé al nacer. En la segunda parte de nuestro artículo pasamos a describir la intervención basada en estos hallazgos. Las cajas HOPE se coprodujeron con un grupo de mujeres con experiencia vivida de la separación al nacer, que formaron un consejo asesor del estudio. Reunido aproximadamente cada seis semanas, el grupo ha desempeñado a lo largo de todo el proyecto un papel importante en la configuración del estudio. Partiendo de prácticas consolidadas de las matronas y apoyándose en sus propias experiencias personales y en los hallazgos de la investigación, las mujeres de este grupo fueron centrales en el desarrollo de esta intervención concreta.

El diseño de las cajas HOPE

La intervención consta de dos cajas: una para la madre y otra para el bebé. Se basan en lo aprendido de la literatura sobre la pérdida perinatal y de las asociaciones del ámbito, así como en prácticas recogidas de algunas matronas que han adaptado las «cajas de recuerdos para el duelo» para ofrecerlas a mujeres separadas de sus bebés. El contenido de cada una de las cajas HOPE se ha elegido específicamente para responder a los hallazgos de este proyecto y reflejar los retos psicológicos asociados a los distintos momentos del recorrido de la madre y el bebé. Las cajas se han diseñado para un uso flexible, que refleje tanto la diversidad de experiencias como el abanico de posibles desenlaces a más largo plazo para la madre y el bebé. En esta sección describimos su contenido e ilustramos su significado.

El nombre HOPE, acrónimo de «Hold on Pain Eases» («Aguanta, el dolor se calma»), fue elegido por el grupo para reflejar su empatía con la situación de la mujer y su necesidad de apoyo, pero también para suscitar un sentimiento de esperanza en que las cosas pueden mejorar. La imagen de cada caja, diseñada por una mujer del grupo, representa dos manos adultas y dos pies de bebé; pretende mostrar inclusividad en términos de origen étnico y es deliberadamente ambigua en su simbolismo, para reflejar la diversidad de situaciones de las familias.

Se pedirá a una matrona especializada (o a otra persona profesional designada) que presente a la mujer el concepto de las cajas HOPE mediante una carta del grupo de experiencia vivida. La carta precede a las cajas y explica su finalidad y ofrece una visión general de su contenido. Animar al personal profesional a entablar con las mujeres una conversación sobre las cajas HOPE pretende transmitir una sensación de cuidado y supone reconocer que la madre merece que se le ofrezcan una atención y un apoyo especializados. La carta ofrece una oportunidad inmediata de reconocer el dolor de la madre y de ponerla en contacto con otras madres que han vivido formas de pérdida similares, mitigando así los intensos sentimientos de aislamiento, estigma y vergüenza que expresaron muchas mujeres en este y otros estudios.

A partir de lo aprendido en las entrevistas con las familias y de trabajos anteriores (Geddes, 2021), muchos de los objetos de la caja de la madre se han incluido para ayudar a promover la identidad materna de la mujer y captar los primeros recuerdos mientras sigue con su bebé. Sin embargo, también ofrecen una oportunidad de conexión psicológica cuando su bebé está físicamente ausente y ya no está a su cuidado. Por ejemplo, las cajas incluyen un libro de los primeros días del bebé (uno en cada caja), que permite a la madre recoger los primeros días de vida del bebé mientras está a su cuidado y compartirlos también con la familia de acogida o con el acogimiento en familia extensa. Esto ofrece a la madre la oportunidad de transmitir su propio conocimiento y su experiencia en relación con su bebé y garantiza además que se compartan con quien asume el cuidado alternativo, creando así una oportunidad para construir una relación. Después se anima a la familia de acogida o a la familia extensa acogedora a actualizar el libro y compartirlo con la madre en los encuentros familiares, para que siga implicada en el desarrollo de su bebé.

Las cajas incluyen también objetos que sirven de apoyo a las conversaciones de las matronas sobre actividades para crear recuerdos durante los primeros días del bebé, mientras siguen en la maternidad. En ambas cajas se incluyen kits para hacer las huellas de las manos y los pies del bebé y de la madre, un marco de fotos para animar a guardar un recuerdo fotográfico y una cajita para conservar un mechón de pelo del bebé. También se incluyen duplicados de las tarjetas de cuna y de las pulseras identificativas de tobillo y muñeca. Todos estos objetos suele conservarlos cualquier familia que acaba de tener un bebé, y brindan la oportunidad de capturar esos preciosos primeros momentos de la vida de su bebé; sin embargo, las oportunidades de crear recuerdos de este modo quedan a menudo eclipsadas por las exigencias del complejo proceso judicial en el que este grupo de mujeres debe implicarse. Aunque en esta fase la creación de recuerdos puede ser importante porque representa «actividades parentales normales», estos objetos pueden adquirir un nuevo significado si la madre y el bebé son separados. Como describe Lavelle (2020), los objetos que han estado físicamente cerca del bebé hablan de intimidad y «permiten que un momento del pasado se manifieste en el presente» (p. 7). Para las mujeres en riesgo de separación definitiva, estas manifestaciones de su bebé mientras están físicamente separados pueden resultar importantes para mantener la motivación necesaria para seguir implicándose tanto en el proceso judicial como en los servicios de apoyo.

En ausencia de la presencia física de su bebé y en un momento de malestar psicológico agudo, estos objetos se convierten en representaciones del bebé y en importantes testimonios de la identidad materna de la madre (Geddes, 2021; Marsh & Leamon, 2019). En las entrevistas, muchas madres reflexionaron sobre la importancia de estos objetos y se sintieron agraviadas por habérseles negado la oportunidad de conservarlos. Estos objetos pueden servir también para preservar la conexión psicológica entre la madre y el bebé entre una visita presencial y otra. Algunos objetos idénticos presentes en ambas cajas, como un peluche (un elefante, elegido porque «nunca olvidan») y una mantita para el bebé, proporcionan una conexión sensorial. Elegidos por su calidad táctil y su capacidad de conservar el olor de la otra persona, estos objetos pueden intercambiarse en las visitas y pueden ayudar a calmar al bebé en su acogimiento alternativo, además de reconfortar a la madre. Esta estimulación sensorial puede ser especialmente importante para las mujeres que desean seguir amamantando. La caja del bebé contiene también un pequeño libro infantil con la posibilidad de que la madre grabe su voz leyendo el cuento en una tarjeta de memoria. Puede reproducirse para ofrecer al bebé el consuelo añadido de la voz de su madre.

Estos objetos, cuidadosamente elegidos, transmiten empatía y preservan una conexión entre la madre y el bebé, pero también pueden servir como objetos importantes si, tras el procedimiento judicial de protección, se produce una separación definitiva. Las cajas pueden convertirse en depositarias de recuerdos y otros objetos de recuerdo tanto para la madre como para el hijo o la hija. Las cajas y su contenido pueden apoyar la elaboración de la pérdida y del duelo y ayudar en el trabajo futuro sobre la historia de vida y la identidad narrativa con niños, niñas y personas adultas (Geddes, 2021; Watson et al., 2020).

Las cajas incluyen también objetos destinados a acompañar a la madre en el dolor de la separación: una vela aromática para ayudar a encontrar la calma y un poema escrito por el grupo de experiencia vivida que reconoce el dolor, da esperanza de que se calmará y anima a la madre a buscar el apoyo de otras personas. También se incluye una lista de organizaciones nacionales y locales con sus números de contacto, para ayudar a orientar a la madre hacia la ayuda profesional.

CONCLUSIÓN

Los hallazgos de este estudio ilustran la importancia de una práctica sensible y ajustada cuando una madre y su bebé son separados al nacer por motivos de protección infantil. En consonancia con la literatura existente sobre las familias que han vivido la retirada de la custodia ordenada por el Estado, los relatos de las mujeres de este estudio muestran la complejidad de la tarea psicológica a la que se enfrentan cuando intentan negociar la separación de su bebé y el estigma y la vergüenza asociados. El concepto de duelo desautorizado es un marco útil para ayudarnos a comprender la complejidad de la pérdida y las dificultades para aferrarse a una identidad materna «comprometida». Los hallazgos señalan también el importante papel que puede desempeñar la captura de las primeras experiencias y recuerdos a través de objetos para acompañar a las mujeres en este recorrido, tanto para mantener la conexión con el bebé y la implicación en el periodo inmediatamente posterior a la separación como, a más largo plazo, para apoyar el trabajo de pérdida y de duelo si el tribunal ordenara una separación definitiva. Las cajas HOPE, vinculadas a un conjunto más amplio de directrices de buenas prácticas surgidas de la investigación, se están sometiendo actualmente a pruebas de viabilidad en un pequeño número de emplazamientos de Inglaterra y Gales. Ofrecen una oportunidad importante para reducir el coste humano y económico causado por el trauma de la separación al nacer. El personal profesional que trabaja con madres que se enfrentan a una separación al nacer desempeñará un papel crucial en la implantación y el uso de las cajas HOPE, y necesita apoyo y formación para que la intervención reporte el máximo beneficio. Actualmente se está buscando financiación para desarrollar e implantar la formación y la evaluación de esta intervención.

Complexe Systémique: puntos clave

El artículo tiene el mérito de mirar lo que los procedimientos de protección de la infancia suelen dejar fuera del encuadre: la madre, en el momento en que el bebé se va. El marco del duelo desautorizado (Doka) y de la pérdida ambigua (Boss) ilumina una situación en la que el bebé está vivo, el desenlace es incierto y el duelo socialmente ilegítimo. Para la práctica sistémica, las cajas HOPE resultan interesantes porque trabajan sobre el vínculo más que sobre el individuo: objetos duplicados que se intercambian en las visitas, un libro de los primeros días que llevan conjuntamente la madre y la familia de acogida, una voz grabada. Crean continuidad allí donde el procedimiento fragmenta, y preparan también el trabajo posterior sobre la historia de vida. Conviene señalar sus límites: el artículo describe una intervención sin evaluarla, se centra en las madres (los padres se anuncian para más adelante) y deja de lado el lugar de los equipos de trabajo social en la relación. Puede leerse junto con el artículo sobre la terapia familiar con familias tras la retirada forzosa de sus hijos e hijas y el estudio sobre la identidad adoptiva reconstruida a través de los objetos.

Notas del original

Agradecimientos. El equipo desea dar las gracias a las mujeres del grupo asesor de experiencia vivida, que coprodujeron esta intervención y se entregaron generosamente para ayudar a mejorar el sistema para otras personas. Gracias también a Kate Chivers, de Birth Companions, y a Julie Brooks, de Greenwich Pause, por su papel en el apoyo al grupo. Queremos expresar asimismo nuestro reconocimiento a la Nuffield Foundation y al Nuffield Family Justice Observatory por la financiación y el apoyo a este trabajo. Estamos en deuda con las personas responsables del proyecto en cada uno de los emplazamientos participantes y con los equipos profesionales que nos ayudaron a reclutar participantes, así como con nuestro grupo asesor de políticas públicas y práctica profesional por sus aportaciones constantes.

Ética e integridad. El proyecto fue financiado por la Nuffield Foundation (JUS/43967) y es un proyecto de interés especial para el Nuffield Family Justice Observatory. La investigación fue aprobada por los comités de ética de la Lancaster University (ref. FL19038) y por los órganos de gobernanza de las autoridades locales participantes y de la Health Research Authority (ID 278448). El proyecto contó con el apoyo de dos grupos asesores: uno integrado por madres con experiencia vivida y el otro por especialistas en políticas públicas, práctica profesional e investigación académica. Todas las personas participantes dieron su consentimiento informado antes de participar. El equipo de investigación declara no tener ningún conflicto de intereses en relación con esta investigación.

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Traducción no oficial al español de Giving HOPE and minimising trauma: An intervention to support women who are separated from their babies at birth due to safeguarding concerns, de Claire Mason, Harriet Ward y Karen Broadhurst, Child Abuse Review, vol. 32, no 1, e2809 (2023), doi: 10.1002/car.2809, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

El artículo original, «Giving HOPE and minimising trauma: An intervention to support women who are separated from their babies at birth due to safeguarding concerns», se publicó en Child Abuse Review (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Esta versión es una traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, con una presentación adaptada para la lectura en línea, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Mason, C., Ward, H., y Broadhurst, K. (2023). Giving HOPE and minimising trauma: An intervention to support women who are separated from their babies at birth due to safeguarding concerns. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/giving-hope-and-minimising-trauma-an-intervention-to-support-women-who-are-separated (Obra original publicada en 2023 en Child Abuse Review, 32(1), e2809 (2023); republicada en 2023 por Child Abuse Review, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/car.2809)

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