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Trauma, Violence, & Abuse · Violencia

Definir la violencia bidireccional en las relaciones de pareja: una revisión de alcance de los retos conceptuales y operativos

Cuando ambos miembros de una pareja ejercen y sufren violencia, ¿hay que hablar de violencia bidireccional, mutua o recíproca, o de solapamiento entre victimización y perpetración? Un equipo portugués revisa 82 publicaciones y encuentra un vocabulario fragmentado, aplicado a menudo sin atender a los motivos ni al control. Propone una definición mínima que no presupone ni simetría ni equivalencia moral entre los miembros de la pareja, y una lectura sistémica presentada explícitamente como una mirada entre otras.

Autoría Andreia Machado y Marta Sousa (Facultad de Psicología, Educación y Deporte, Universidade Lusófona, Oporto; HEI-Lab); Olga Cunha (Escuela de Psicología, Universidade do Minho, y Centro de Investigación en Psicología CIPsi, Braga), PortugalPrimera publicación Trauma, Violence, & Abuse, 29 de julio de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Defining Bidirectional Violence in Intimate Relationships: A Scoping Review of Conceptual and Operational Challenges, de Andreia Machado, Marta Sousa y Olga Cunha, publicado en Trauma, Violence, & Abuse (SAGE) (2026), doi: 10.1177/15248380261462179, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las cuatro tablas se presentan en forma de listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Que ambos miembros de la pareja ejerzan violencia no implica necesariamente simetría en la intención, el impacto o la responsabilidad.

Andreia Machado, Marta Sousa y Olga Cunha

Resumen

La violencia bidireccional (VB) en las relaciones de pareja se ha convertido en un fenómeno cada vez más reconocido, pero definido de manera incoherente. Esta fragmentación conceptual plantea un reto considerable para la investigación, la práctica clínica y la elaboración de políticas. Esta revisión de alcance, realizada conforme a las directrices PRISMA y PRISMA-ScR, tuvo como objetivo cartografiar cómo se ha definido conceptualmente y operacionalizado la VB en los estudios empíricos y teóricos. Se analizaron en total 82 artículos revisados por pares, publicados entre 1995 y enero de 2025, que abarcan diversas disciplinas y metodologías. Los resultados revelaron una heterogeneidad considerable en la terminología, desde los enfoques tipológicos (Johnson, 1995) hasta conceptos específicos como «violencia bidireccional», «violencia mutua», «violencia recíproca» y «solapamiento entre victimización y perpetración», así como la falta de consenso en sus definiciones y en su uso. A partir de esta evidencia, proponemos una definición integradora y mínima de la VB, informada por las perspectivas sistémicas, que pone de relieve la pertinencia de las dinámicas relacionales, de la asimetría motivacional y de los patrones de escalada para comprender la violencia en la que participan ambos miembros de la pareja. La revisión subraya la urgente necesidad de claridad conceptual y de marcos operativos estandarizados que orienten la investigación, mejoren la evaluación clínica y respalden respuestas políticas más eficaces ante la violencia de pareja íntima en la que participan ambos miembros.

Palabras clave: violencia bidireccional, violencia de pareja íntima, definiciones conceptuales, enfoque sistémico, tipología de Johnson

Introducción

La violencia de pareja íntima (VPI) es un problema de salud pública de primer orden y una grave vulneración de los derechos humanos, con amplias consecuencias físicas, mentales, sociales y económicas (Gunarathne et al., 2023; Laskey et al., 2019). Aunque tradicionalmente se ha conceptualizado como una violencia ejercida por el hombre y motivada por el poder y el control sobre su pareja mujer —una perspectiva ampliamente adoptada en la investigación, las políticas y las intervenciones (Bates, 2016; Langhinrichsen-Rohling et al., 2012; Laskey et al., 2019; Mennicke & Wilke, 2015)—, la investigación ha documentado cada vez más patrones bidireccionales en los que ambos miembros de la pareja ejercen y sufren violencia (Langhinrichsen-Rohling et al., 2012; Lysova et al., 2024; Machado et al., 2024). Una de las contribuciones más influyentes a este modelo procede de Johnson (1995, 2006), que propuso una tipología de la VPI con cuatro categorías distintas: el terrorismo íntimo (TI), la resistencia violenta (RV), la violencia situacional de pareja (VSP) y el control mutuo (CM). Mientras que el TI se corresponde con las perspectivas clásicas, patriarcales y unidireccionales (Bates, 2016), los demás tipos sugieren un patrón bidireccional en el que ambos miembros de la pareja ejercen VPI (Bates, 2016; Johnson, 2006).

La investigación ha sugerido de forma sistemática que la VPI bidireccional es la forma más prevalente de VPI en distintas muestras (p. ej., clínicas, comunitarias y estudiantiles) y continentes (Langhinrichsen-Rohling et al., 2012; Lysova et al., 2024; Machado et al., 2024). Aunque la percepción pública tiende a minimizar la gravedad de la violencia bidireccional (VB), al considerar que conlleva un menor riesgo por parte de quien la ejerce, menos daño para las víctimas y una mayor responsabilidad de estas (Ahmed et al., 2024), la investigación sugiere que la VB puede tener consecuencias más graves que la violencia unidireccional, incluido un mayor daño psicológico y físico (Behnken et al., 2018; Hellmuth, Jaquier, Swan, & Sullivan, 2014; Palmetto et al., 2013; Ulloa & Hammett, 2016).

Pese al creciente reconocimiento de la VB, la literatura sigue marcada por incoherencias conceptuales y limitaciones metodológicas. Mientras que algunos estudios conceptualizan la VB como simétrica en cuanto a frecuencia o intensidad, otros hacen hincapié en las asimetrías de género en los conflictos de pareja (Hamel et al., 2022; Langhinrichsen-Rohling et al., 2012). La VB refleja a menudo dinámicas complejas, entre ellas las diferencias físicas entre hombres y mujeres, la divergencia de motivaciones y causas de la violencia, la variedad de sus consecuencias (Palmetto et al., 2013; Ridings et al., 2021), las experiencias subjetivas de victimización y la gravedad de las lesiones infligidas, en particular cuando uno de los miembros de la pareja actúa principalmente en defensa propia (Hamel et al., 2022; Langhinrichsen-Rohling et al., 2012; Mennicke & Wilke, 2015). Complica aún más el estudio de la VB la persistente incoherencia en su definición y operacionalización (Cunha et al., 2025; Lysova et al., 2024; Machado et al., 2024; Santiago et al., 2025; Stover et al., 2025). En los distintos estudios, este fenómeno se ha designado con una panoplia de términos como violencia mutua, violencia simétrica, violencia recíproca, solapamiento entre victimización e infracción y violencia situacional, cada uno de los cuales refleja supuestos teóricos ligeramente distintos (Hines & Douglas, 2018; Machado et al., 2024; Muftić et al., 2012). Esta fragmentación terminológica contribuye a la confusión conceptual y obstaculiza la acumulación de conocimiento sistemático.

Para colmar esta laguna, se llevó a cabo una revisión de alcance de la literatura científica sobre la VB en las relaciones de pareja con el fin de comprender las principales cuestiones y retos relacionados con su definición y operacionalización. A partir de este análisis, se propondrá una definición integradora del fenómeno y se discutirán sus implicaciones para la investigación, la práctica clínica y las políticas públicas.

Método

Protocolo y registro

Esta revisión de alcance siguió el marco propuesto por Peters et al. (2022) y las directrices Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses (PRISMA), así como sus extensiones específicas para las revisiones de alcance (PRISMA-ScR; Tricco et al., 2018). Esta revisión se registró en OSF REGISTRIES [DOI del proyecto: 10.17605/OSF.IO/TYHK9].

Criterios de elegibilidad

Los estudios eran elegibles si incluían una definición o conceptualización explícita de la VPI bidireccional o de constructos afines (p. ej., violencia mutua, violencia recíproca y VSP), con independencia de que articularan o no un marco teórico más amplio. Se excluyeron los estudios que no incluían una definición explícita de la VPI bidireccional o de un constructo afín. Los criterios de inclusión fueron: estudios primarios u originales, revisiones, revisiones sistemáticas, comentarios, informes y guías redactados en portugués, español o inglés y publicados entre 1995 y enero de 2025. Se incluyeron revisiones, revisiones sistemáticas, comentarios, informes y guías porque aportan definiciones conceptuales explícitas de la VB y de constructos afines, que son centrales para los objetivos de esta revisión de alcance. Este tipo de trabajos suele sintetizar y examinar críticamente definiciones procedentes de múltiples fuentes, lo que ofrece una perspectiva más amplia sobre conceptualizaciones que tal vez no se recojan únicamente en los estudios empíricos. Su inclusión permitió, por tanto, una cartografía más completa de cómo se ha definido y conceptualizado la VPI bidireccional a lo largo del tiempo.

Fuentes de información y proceso de búsqueda

Se utilizó la siguiente ecuación: («mutual violence» OR «bidirectional* violence» OR «symmetrical violence» OR «perpetrator-victim role» OR «situational partner violence» OR «victim-perpetrator overlap» OR «couple violence» OR «reciprocal violence» OR «mutual control») AND (defin* OR classif* OR Concept*). En enero de 2025, dos personas revisoras realizaron una búsqueda con esta ecuación en cinco bases de datos electrónicas, PubMed, B-on, Web of Science y SCOPUS, examinando títulos, resúmenes y palabras clave.

Selección de los estudios

Todos los títulos y resúmenes obtenidos mediante la estrategia de búsqueda se importaron a Rayyan (Ouzzani et al., 2016). Durante la fase inicial de cribado, las dos personas revisoras evaluaron de forma independiente los títulos y resúmenes para determinar su elegibilidad. Esas mismas dos personas evaluaron de forma independiente el texto completo de los estudios seleccionados. Los desacuerdos se resolvieron mediante discusión hasta alcanzar un consenso. Cuando no se alcanzaba un acuerdo, una tercera persona revisora resolvía el desacuerdo. El grado de acuerdo entre las personas evaluadoras fue elevado, con un coeficiente kappa de Cohen de .87.

Extracción y análisis de los datos

Se elaboró un libro de códigos detallado para guiar la extracción de datos de todos los trabajos incluidos. La información extraída comprendía la identificación del estudio (p. ej., título, autoría y año de publicación), las características de la muestra (p. ej., género, tamaño de la muestra, edad y contexto del estudio), el diseño del estudio (p. ej., metodología), los objetivos de investigación y las definiciones conceptuales u operativas explícitas de la VB o de constructos afines proporcionadas por la autoría. Las definiciones se extrajeron verbatim de cada artículo.

Solo se extrajeron varias definiciones cuando se formulaban explícitamente en un mismo artículo, sobre todo en trabajos teóricos o de revisión, pero los estudios se clasificaron según la definición más claramente alineada con el encuadre conceptual principal del estudio. En los estudios empíricos, la codificación se centró en la definición que la autoría vinculaba explícitamente a la operacionalización o a la medición de la violencia bidireccional, y no en todas las discusiones conceptuales presentes en el texto. Dos personas revisoras extrajeron los datos, incluidas las definiciones, de forma independiente. Las discrepancias entre ambas se examinaron primero y se resolvieron mediante discusión. Una tercera persona revisora estaba disponible para intervenir cuando no podía alcanzarse un consenso. A partir de las definiciones extraídas, se elaboró una matriz de análisis para categorizar los estudios según la terminología empleada para describir la VB y la presencia de un marco tipológico explícito. Aunque en un mismo artículo pueden coexistir varias referencias terminológicas o conceptuales, la categorización se basó únicamente en las definiciones proporcionadas explícitamente por la autoría, sin reinterpretación ni inferencia. Cuando los fragmentos definitorios eran similares entre estudios pero recibían etiquetas distintas (p. ej., violencia mutua, violencia bidireccional, violencia recíproca), la clasificación siguió la terminología empleada explícitamente por la autoría. Las tipologías de Johnson solo se codificaron cuando la autoría las definía y aplicaba explícitamente, y no cuando se citaban únicamente con fines contextuales. No se realizó ninguna clasificación ni inferencia a partir de las estrategias de medición, los métodos analíticos, la operacionalización o los patrones de violencia observados en ausencia de una definición explícita; solo se incluyeron las definiciones enunciadas explícitamente por la autoría. La tabla S1 debe entenderse como una documentación transparente de los fragmentos definitorios extraídos que sirvieron de base para la categorización, y no como una representación exhaustiva de la orientación conceptual más amplia de cada artículo.

Evaluación de la calidad

La calidad de los estudios incluidos se evaluó con la Quality Assessment Tool for Studies with Diverse Designs (QATSDD; Sirriyeh et al., 2012), un instrumento de 16 ítems diseñado para evaluar la calidad metodológica de estudios cualitativos, cuantitativos, de métodos mixtos y multimétodo. Cada ítem se puntúa en una escala de 0 a 3, y las puntuaciones más altas reflejan un mayor rigor metodológico. La puntuación total máxima es de 42 para los estudios puramente cualitativos o cuantitativos y de 48 para la investigación con métodos mixtos. La puntuación total se convierte después en un porcentaje, lo que proporciona una valoración global de la calidad. Según la puntuación final, los estudios se clasifican como de calidad baja (≤50%), moderada (51%–74%) o alta (≥75%; Hines & Douglas, 2019). Aunque la herramienta se desarrolló originalmente para la investigación primaria, varios de sus criterios son aplicables a los trabajos de revisión y a los comentarios. Los ítems que no eran pertinentes para los estudios no empíricos se consignaron como no aplicables y se excluyeron del cálculo de la puntuación total. En consonancia con los objetivos de esta revisión de alcance, la evaluación de la calidad se realizó únicamente con fines descriptivos y contextuales, y no se utilizó como criterio de inclusión de los estudios ni para evaluar la adecuación o la validez de las definiciones identificadas.

Resultados

Antes de presentar los resultados, conviene señalar que las categorías utilizadas en esta revisión reflejan tendencias definitorias dominantes en la literatura, y no constructos mutuamente excluyentes o empíricamente uniformes. Varias definiciones de la VPI bidireccional comparten un solapamiento conceptual considerable, y las distinciones entre categorías reflejan a menudo diferencias de énfasis (p. ej., simetría, control, encuadre temporal) más que fenómenos fundamentalmente distintos. Por consiguiente, las clasificaciones presentadas deben interpretarse como herramientas heurísticas para ordenar un campo fragmentado, y no como taxonomías definitivas. Además, en varios estudios no hay correspondencia entre la manera en que se definen los conceptos y la manera en que se operacionalizan en los análisis empíricos. Cuando aparecían formulaciones definitorias muy similares en estudios clasificados en categorías distintas, ello reflejaba diferencias en la forma en que la autoría situaba explícitamente su trabajo dentro de tradiciones conceptuales o terminológicas distintas, y no diferencias sustantivas en los fenómenos descritos.

Selección de las fuentes de evidencia

En total, se identificaron 6640 artículos en las bases de datos seleccionadas. Tras eliminar los duplicados, quedaron 1356 artículos para el cribado por título y resumen, y se identificaron otros 47 estudios mediante búsqueda manual. Posteriormente, se excluyeron 1298 artículos por no cumplir los criterios de elegibilidad. La revisión del texto completo de 105 artículos llevó a excluir 23. Finalmente, 82 artículos se consideraron elegibles y se incluyeron en la revisión de alcance (véase la figura 1).

Figura 1. Diagrama de flujo PRISMA del proceso de selección de los estudios.
Figura 1. Diagrama de flujo PRISMA del proceso de selección de los estudios.

Evaluación de la calidad

Esta revisión de alcance incluyó artículos clasificados como de calidad baja (n = 15), aceptable (n = 54) y alta (n = 13) según los procedimientos de puntuación y los umbrales de la QATSDD (véase la tabla 1). Las puntuaciones de calidad más altas fueron las de Hines y Douglas (2019) y Chen y Chan (2021), con un 88% y un 85%, respectivamente. Once estudios obtuvieron puntuaciones en torno al 70% (véase la tabla 1). Entre los estudios de baja calidad, solo uno (Straus & Gozjolko, 2016) obtuvo menos del 40%.

Tabla 1 — Características de las muestras de los estudios incluidos.

  • Autoría (año): Afifi et al. (2012); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 25,778, ambos géneros; Hombres: 11,850; mujeres: 13,928; Edad media de la muestra (SD): NA; Medida de VB: CTS; Recogida de datos: Entrevistas presenciales; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 62%, aceptable
  • Autoría (año): Ahmed et al. (2024); País, contexto: Canadá, comunitario; Tamaño de la muestra, género: 2,248, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): 37.9 (13.6); Medida de VB: 3 preguntas sobre el riesgo que representa la persona agresora; Recogida de datos: Encuesta en línea autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 69%, aceptable
  • Autoría (año): Ali et al. (2016); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: 123 artículos; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión de la literatura; Porcentaje y categoría de calidad: 58%, aceptable
  • Autoría (año): Arteaga et al. (2015); País, contexto: España, clínico; Tamaño de la muestra, género: 162, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): 36.40 (8.9); Medida de VB: CTS-2; Recogida de datos: Autoadministrada, presencial; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 79%, alta
  • Autoría (año): Babcock et al. (2019); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 360 (180 parejas); ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): Hombres: 32.0 (10.2); Mujeres: 29.9 (9.4); Medida de VB: CTS-2; Emotional Abuse Inventory (EA); Recogida de datos: Autoadministrada, presencial; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 55%, aceptable
  • Autoría (año): Bates (2016); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión de la literatura; Porcentaje y categoría de calidad: 42%, baja
  • Autoría (año): Behnken et al. (2018); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 763, mujeres; Edad media de la muestra (SD): NA; Medida de VB: CTS-2; Recogida de datos: Entrevistas presenciales; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 62%, aceptable
  • Autoría (año): Bermea y van Eeden-Moorefield (2023); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión de la literatura; Porcentaje y categoría de calidad: 67%, aceptable
  • Autoría (año): Brown y Chew (2018); País, contexto: Singapur, forense; Tamaño de la muestra, género: 150, ambos géneros; Hombres: 99; Mujeres: 96; Edad media de la muestra (SD): NA; Medida de VB: CTS-2; Recogida de datos: Autoadministrada, presencial; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 79%, alta
  • Autoría (año): Caetano et al. (2024); País, contexto: EE. UU., clínico; Tamaño de la muestra, género: 1,037, ambos géneros; Hombres: 484; Mujeres: 550; Edad media de la muestra (SD): 35.2; Hombres: 36.5; Mujeres: 34; Medida de VB: Escala PA de la CTS-2; Recogida de datos: Entrevistas presenciales; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 76%, alta
  • Autoría (año): Capaldi y Kim (2007); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión de la literatura; Porcentaje y categoría de calidad: 67%, aceptable
  • Autoría (año): Capinha et al. (2022); País, contexto: Portugal, comunitario; Tamaño de la muestra, género: 1,392, ambos géneros; Hombres: 312; Mujeres: 1078; Edad media de la muestra (SD): 34.95 (12.80); Hombres: 42.67 (13.17); Mujeres: 32.74 (11.79); Medida de VB: CTS-2; Recogida de datos: Encuesta en línea autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 74%, aceptable
  • Autoría (año): Carranza et al. (2022); País, contexto: Canadá, comunitario; Tamaño de la muestra, género: 1,018, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): 19.84 (2.95); Medida de VB: CTS-2; Recogida de datos: Encuesta en línea autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 62%, aceptable
  • Autoría (año): Chen y Chan (2021); País, contexto: China, comunitario; Tamaño de la muestra, género: 7,466, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): 40.95 (8.66); Medida de VB: CTS-2; Recogida de datos: Autoadministrada, presencial; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 83%, alta
  • Autoría (año): Conroy y Crowley (2022); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 398; ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): 20.0 (1.70); Medida de VB: Preguntas específicas, medida de 28 ítems; Recogida de datos: Encuesta en línea autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 62%, aceptable
  • Autoría (año): Conroy, Crowley y DeSanto (2024); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: 44 estudios; ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión sistemática; Porcentaje y categoría de calidad: 75%, alta
  • Autoría (año): Conroy, Griffin et al. (2024); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: 34 estudios; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión sistemática; Porcentaje y categoría de calidad: 75%, alta
  • Autoría (año): Crane et al. (2014); País, contexto: EE. UU., forense; Tamaño de la muestra, género: 68, hombres; Edad media de la muestra (SD): 39.13 (8.71); Medida de VB: CTS-2; Recogida de datos: Autoadministrada, presencial; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 67%, aceptable
  • Autoría (año): Cunha et al. (2023); País, contexto: Portugal, comunitario; Tamaño de la muestra, género: 336, ambos géneros; Hombres: 52; Mujeres: 280; Edad media de la muestra (SD): 35.02 (11.67); Medida de VB: CTS2; Recogida de datos: Encuesta en línea autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 67%, aceptable
  • Autoría (año): Dempsey (2005); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión de la literatura; Porcentaje y categoría de calidad: 50%, baja
  • Autoría (año): Dokkedahl y Elklit (2019); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: 70 estudios; ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión sistemática; Porcentaje y categoría de calidad: 75%, alta
  • Autoría (año): Dumont et al. (2022); País, contexto: Francia; forense; Tamaño de la muestra, género: 215; hombres; Edad media de la muestra (SD): 39.85; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: Documental; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 62%, aceptable
  • Autoría (año): Eckstein (2017); País, contexto: EE. UU.; comunitario; Tamaño de la muestra, género: 840; ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): NA; Medida de VB: Escala PA de la CTS-2; Partner Abuse Scale-Physical; Index of Psychological Abuse; Recogida de datos: Encuesta en línea autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 75%, alta
  • Autoría (año): Fernández-Montalvo et al. (2019); País, contexto: España, clínico; Tamaño de la muestra, género: 122, ambos géneros; Hombres: 91; Mujeres: 31; Edad media de la muestra (SD): 36.6; Medida de VB: CTS-2; Recogida de datos: Entrevista presencial; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 64%, aceptable
  • Autoría (año): Frías (2017); País, contexto: México, comunitario; Tamaño de la muestra, género: 114,242, mujeres; Edad media de la muestra (SD): NA; Medida de VB: CTS; preguntas específicas; 11 ítems que evalúan las CB; Recogida de datos: NA; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 71%, aceptable
  • Autoría (año): Frye et al. (2006); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 331; Edad media de la muestra (SD): 37.5 (12.3); Medida de VB: Preguntas específicas; Canadian Violence Against Women Survey; 1 ítem de la Danger Assessment; Recogida de datos: Entrevista telefónica; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 69%, aceptable
  • Autoría (año): Graham et al. (2012); País, contexto: Canadá, comunitario; Tamaño de la muestra, género: 14,063, ambos géneros; Hombres: 6,009; Mujeres: 8,054; Edad media de la muestra (SD): NA; Medida de VB: Ítems específicos; Recogida de datos: Entrevista telefónica asistida por ordenador; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 43%, baja
  • Autoría (año): Graham-Kevan y Archer (2003); País, contexto: Reino Unido, comunitario, forense, clínico; Tamaño de la muestra, género: Ambos géneros; estudiantes: 113; mujeres en casas de acogida: 44; mujeres; hombres reclusos: 108; Edad media de la muestra (SD): 33.0; Medida de VB: CTS; Controlling Behaviors Scale; Recogida de datos: NA; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 57%, aceptable
  • Autoría (año): Hamel (2009); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión crítica de la literatura; Porcentaje y categoría de calidad: 50%, baja
  • Autoría (año): Hardesty et al. (2015); País, contexto: EE. UU., clínico; Tamaño de la muestra, género: 190, mujeres; Edad media de la muestra (SD): 35.72 (7.28); Medida de VB: CTS2; PMWI; HARASS; Recogida de datos: Entrevista presencial; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 64%, aceptable
  • Autoría (año): Hardesty et al. (2016); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 154, mujeres; Edad media de la muestra (SD): 35.85 (7.14); Medida de VB: CTS2; PMWI; Boundary Ambiguity Scale; HARASS; Recogida de datos: Entrevista presencial; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 71%, aceptable
  • Autoría (año): Hardesty et al. (2024); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión de la literatura; Porcentaje y categoría de calidad: 58%, aceptable
  • Autoría (año): Hellmuth, Jaquier, Gordon et al. (2014); País, contexto: EE. UU., clínico; Tamaño de la muestra, género: 180, mujeres; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: CTS2; Recogida de datos: Autoadministrada; entrevistas presenciales; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 45%, baja
  • Autoría (año): Hellmuth, Jaquier, Swan y Sullivan (2014); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 369, mujeres; Edad media de la muestra (SD): 36.67 (8.95); Medida de VB: Psychological Maltreatment of Women Inventory-Short version (PMSI-S); CTS2; PMWI-S; Sexual Experiences Survey; Recogida de datos: Autoadministrada; entrevistas presenciales; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 74%, aceptable
  • Autoría (año): Hines et al. (2007); País, contexto: EE. UU., clínico; Tamaño de la muestra, género: 190, hombres; Edad media de la muestra (SD): NA; Medida de VB: Preguntas específicas; Recogida de datos: Entrevista telefónica; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 48%, baja
  • Autoría (año): Hines y Douglas (2010); País, contexto: EE. UU., clínico y comunitario; Tamaño de la muestra, género: 822, hombres; Comunitaria: 520; clínica: 302; Edad media de la muestra (SD): Comunitaria: 43.68 (10.88); clínica: 43.68 (10.88); Medida de VB: CTS2; preguntas específicas; Recogida de datos: Entrevista telefónica; encuesta en línea autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 64%, aceptable
  • Autoría (año): Hines y Douglas (2018); País, contexto: EE. UU., clínico y comunitario; Tamaño de la muestra, género: 2,212, hombres; Comunitaria: 1,601; clínica: 611; Edad media de la muestra (SD): Comunitaria: 41.77 (11.35); Clínica: 43.89 (9.18); Medida de VB: CTS2; 9 ítems del PMWI; 12 ítems que evalúan la agresión legal/administrativa; Recogida de datos: Encuesta en línea autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 88%, alta
  • Autoría (año): Hines y Douglas (2019); País, contexto: EE. UU., clínico y comunitario; Tamaño de la muestra, género: 2,212, hombres; Comunitaria: 1,601; Clínica: 611; Edad media de la muestra (SD): Comunitaria: 41.77 (11.35); Clínica: 43.89 (9.18); Medida de VB: CTS2; 9 ítems del PMWI; Recogida de datos: Encuesta en línea autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 93%, alta
  • Autoría (año): Holmes et al. (2019); País, contexto: EE. UU., forense; Tamaño de la muestra, género: 227, mujeres; Edad media de la muestra (SD): 35.0; Medida de VB: CTS2; Recogida de datos: Entrevistas presenciales; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 67%, aceptable
  • Autoría (año): Hu et al. (2021); País, contexto: China, comunitario; Tamaño de la muestra, género: 1,301, mujeres; Edad media de la muestra (SD): 27.2 (7.3); Medida de VB: CTS2 (adaptada); Recogida de datos: Encuesta en línea autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 69%, aceptable
  • Autoría (año): Jasinski et al. (2014); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 16,000, ambos géneros; Hombres: 8,000; Mujeres: 8,000; Edad media de la muestra (SD): Hombres: 41.11 (10.76); Mujeres: 41.29 (11.45); Medida de VB: CTS; preguntas de la Canadian Violence Against Women Survey; Recogida de datos: Entrevistas telefónicas; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 50%, baja
  • Autoría (año): Jennings et al. (2012); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 1,488, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): 15.5; Medida de VB: Preguntas específicas; Recogida de datos: Entrevistas presenciales; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 60%, aceptable
  • Autoría (año): Johnson (1995); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión de la literatura; Porcentaje y categoría de calidad: 42%; baja
  • Autoría (año): Johnson (2006); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión de la literatura; Porcentaje y categoría de calidad: 42%, baja
  • Autoría (año): Krantz y Nguyen (2009); País, contexto: Vietnam, comunitario; Tamaño de la muestra, género: 883, mujeres; Edad media de la muestra (SD): NA; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 60%, aceptable
  • Autoría (año): Langhinrichsen-Rohling (2010); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión de la literatura; Porcentaje y categoría de calidad: 58%, aceptable
  • Autoría (año): Langhinrichsen-Rohling et al. (2012); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión de la literatura; Porcentaje y categoría de calidad: 58%, aceptable
  • Autoría (año): Leonard et al. (2014); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 634 parejas, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): 28.7 (6.3); Medida de VB: CTS2, Autonomy/Relatedness Scale; Recogida de datos: Autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 62%, aceptable
  • Autoría (año): Lysova et al. (2024); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión de la literatura; Porcentaje y categoría de calidad: 67%, aceptable
  • Autoría (año): Love et al. (2020); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: 149 estudios; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Metaanálisis; Porcentaje y categoría de calidad: 58%, aceptable
  • Autoría (año): Machado et al. (2024); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: 42 estudios; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión sistemática; Porcentaje y categoría de calidad: 75%, alta
  • Autoría (año): Marcus (2012); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 1,294 parejas, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): 22.1 (1.72); Medida de VB: Preguntas específicas; Recogida de datos: Entrevistas presenciales; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 60%, aceptable
  • Autoría (año): Mennicke y Wilke (2015); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 16,000, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): 39.4 (12.2); Medida de VB: National Violence Against Women Survey; Recogida de datos: Entrevistas telefónicas; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 62%, aceptable
  • Autoría (año): Mitchell et al. (2021); País, contexto: EE. UU., forense; Tamaño de la muestra, género: 147, mujeres; Edad media de la muestra (SD): 36.68; Medida de VB: CTS2; PMWI; Recogida de datos: Entrevistas presenciales; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 64%, aceptable
  • Autoría (año): Muftić et al. (2012); País, contexto: EE. UU., forense; Tamaño de la muestra, género: 1,256, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): 32.9 (9.7); Medida de VB: Informe policial (víctima, persona infractora o víctima-infractora); Recogida de datos: Registros policiales; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 69%, aceptable
  • Autoría (año): Muñiz-Rivas et al. (2022); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión de la literatura; Porcentaje y categoría de calidad: 50%, baja
  • Autoría (año): Norris et al. (2017); País, contexto: África, comunitario; Tamaño de la muestra, género: 158, hombres; Edad media de la muestra (SD): NA; Medida de VB: Escala PA de la CTS2 (adaptada); Recogida de datos: Autoadministrada asistida por ordenador; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 76%, alta
  • Autoría (año): Olson (2002); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 31, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): NA; Medida de VB: CTS, entrevistas en profundidad; Recogida de datos: Entrevistas presenciales; Diseño: Cualitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 52%, aceptable
  • Autoría (año): Palmetto et al. (2013); País, contexto: EE. UU., clínico; Tamaño de la muestra, género: 618, mujeres; Edad media de la muestra (SD): NA; Medida de VB: Date and Family Violence and Abuse Scale, Conflict in Adolescent Dating Relationships Inventory (CADRI); Recogida de datos: Autoadministrada asistida por ordenador; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 55%, aceptable
  • Autoría (año): Park y Kim (2019); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Metaanálisis; Porcentaje y categoría de calidad: 58%, aceptable
  • Autoría (año): Portwood y Heany (2007); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Comentario; Porcentaje y categoría de calidad: 50%, baja
  • Autoría (año): Pu et al. (2022); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 354, ambos géneros; Hombres: 151; Mujeres: 203; Edad media de la muestra (SD): NA; Medida de VB: CTS2S; Recogida de datos: Encuesta en línea autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 48%, baja
  • Autoría (año): Renner y Whitney (2012); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 10,187, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): 21.80 (1.70); Medida de VB: Preguntas específicas; Recogida de datos: Entrevistas presenciales; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 64%, aceptable
  • Autoría (año): Richards et al. (2017); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 12,379, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): Hombres: 28.51 (1.89); Mujeres: 28.31 (1.81); Medida de VB: CTS2 (adaptada); Recogida de datos: Entrevistas presenciales; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 60%, aceptable
  • Autoría (año): Ridings et al. (2021); País, contexto: EE. UU., forense; Tamaño de la muestra, género: 403, mujeres; Edad media de la muestra (SD): 25.17 (5.96); Medida de VB: CTS2; Recogida de datos: Entrevistas presenciales asistidas por ordenador; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 48%, baja
  • Autoría (año): Rosen et al. (2005); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 15 parejas, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): Hombres: 36; Mujeres: 35; Medida de VB: CTS, entrevista semiestructurada; Recogida de datos: Autoadministrada; entrevistas presenciales; Diseño: Cualitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 64%, aceptable
  • Autoría (año): Segundo et al. (2022); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 360, mujeres; Edad media de la muestra (SD): 21.9 (5.39); Medida de VB: CTS2; Recogida de datos: Encuesta en línea autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 55%, aceptable
  • Autoría (año): Simpson et al. (2007); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 273 parejas, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): Hombres: 41.6 (9.2); Mujeres: 39.7 (9.0); Medida de VB: CTS2; Recogida de datos: Autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 62%, aceptable
  • Autoría (año): Stith et al. (2011); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 15 parejas, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): Hombres: 38; Mujeres: 33; Medida de VB: CTS2; Recogida de datos: Autoadministrada; Diseño: Cualitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 61%, aceptable
  • Autoría (año): Stith y Spencer (2024); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Comentario; Porcentaje y categoría de calidad: 50%, baja
  • Autoría (año): Stover et al. (2025); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión de alcance; Porcentaje y categoría de calidad: 75%, alta
  • Autoría (año): Straus (2011); País, contexto: N/A; Tamaño de la muestra, género: N/A; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: N/A; Recogida de datos: N/A; Diseño: Revisión de la literatura; Porcentaje y categoría de calidad: 58%, aceptable
  • Autoría (año): Straus y Gozjolko (2014); País, contexto: 32 países, comunitario; Tamaño de la muestra, género: 13,877, ambos géneros; Hombres: 3,886; Mujeres: 9,991; Edad media de la muestra (SD): NA; Medida de VB: CTS2, Dominance Scale; Recogida de datos: NA; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 52%, aceptable
  • Autoría (año): Straus y Gozjolko (2016); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 14,252, ambos géneros; Hombres: 4,097; Mujeres: 10,175; Edad media de la muestra (SD): NA; Medida de VB: NA; Recogida de datos: NA; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 26%, baja
  • Autoría (año): Suomi et al. (2019); País, contexto: Australia, clínico; Tamaño de la muestra, género: 212, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): 43.6 (13.0); Medida de VB: Hurt, Insult, Threaten, Scream (HITS) Scale; Recogida de datos: Entrevistas presenciales; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 55%, aceptable
  • Autoría (año): Tillyer y Wright (2013); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 4,275, ambos géneros; Edad media de la muestra (SD): 28.43 (1.84); Medida de VB: Preguntas específicas; Recogida de datos: Autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 79%, alta
  • Autoría (año): Ulloa y Hammet (2016); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 7,187, ambos géneros; Hombres: 2,876; Mujeres: 4,311; Edad media de la muestra (SD): Ola 1: 22.38 (1.80); Ola 4: 29.12 (1.74); Medida de VB: CTS adaptada; Recogida de datos: Entrevistas presenciales; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 62%, aceptable
  • Autoría (año): Vasconcelos et al. (2023); País, contexto: Portugal, comunitario; Tamaño de la muestra, género: 138, ambos géneros; Hombres: 23; Mujeres: 115; Edad media de la muestra (SD): 38.98 (7.34); Medida de VB: Inventário de Violência Conjugal (IVC); Recogida de datos: Encuesta en línea autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 67%, aceptable
  • Autoría (año): Walby y Towers (2018); País, contexto: Inglaterra y Gales, comunitario; Tamaño de la muestra, género: 1,678, ambos géneros; Hombres: 366; Mujeres: 1,312; Edad media de la muestra (SD): NA; Medida de VB: Preguntas cerradas y abiertas; Recogida de datos: Entrevistas presenciales; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 67%; aceptable
  • Autoría (año): Wei et al. (2020); País, contexto: China, comunitario; Tamaño de la muestra, género: 578, hombres; Edad media de la muestra (SD): N/A; Medida de VB: 5 preguntas de la Intimate Partner Violence among Gay and Bisexual Men Scale (IPV-GBM); Recogida de datos: Encuesta en línea autoadministrada; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 64%, aceptable
  • Autoría (año): Whitaker et al. (2007); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 11,370, ambos géneros; Hombres: 5,219; Mujeres: 6,151; Edad media de la muestra (SD): 22.0 (1.7); Hombres: 22.1 (1.70); Mujeres: 21.9 (1.7); Medida de VB: Preguntas específicas; Recogida de datos: NA; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 60%; aceptable
  • Autoría (año): Zweig et al. (2014); País, contexto: EE. UU., comunitario; Tamaño de la muestra, género: 3,745, ambos géneros; Hombres: 1,768; Mujeres: 1,956; Edad media de la muestra (SD): NA; Medida de VB: Ítems de la escala de Forshee; ítems adaptados de distintas escalas; Recogida de datos: Autoadministrada, papel y lápiz; Diseño: Cuantitativo; Porcentaje y categoría de calidad: 67%; aceptable

Nota. VB = violencia bidireccional; CTS = Conflict Tactics Scale; PMWI = Psychological Maltreatment of Women Inventory; HARASS = Harassment in Abusive Relationships: Self-report Scale.

Características de los estudios

Los estudios incluidos se publicaron entre 1995 (Johnson, 1995) y 2025 (Stover et al., 2025), con un aumento notable de las publicaciones a partir de 2010. Casi la mitad de los estudios incluidos se realizaron en Estados Unidos (n = 41, 50%), mientras que los restantes se llevaron a cabo en otros países diversos (véase la tabla 1). El tamaño de las muestras de los estudios cuantitativos osciló entre 68 (Crane et al., 2014) y 25 778 participantes (Afifi et al., 2012). Aproximadamente la mitad de los estudios utilizaron muestras mixtas (n = 32; 56,14 %); una cuarta parte se centró exclusivamente en mujeres (n = 16; 27%), y un número residual incluyó solo a hombres (n = 7; 12,5 %). La edad media declarada de las personas participantes osciló entre 15,5 años (Jennings et al., 2012) y 43,89 años (Hines & Douglas, 2018, 2019), aunque 15 estudios no informaron de este dato. Los datos se recogieron principalmente en contextos comunitarios (48%), y en proporciones menores en contextos clínicos y forenses. La Conflict Tactics Scale (CTS/CTS2) fue la medida más utilizada.

Definiciones conceptuales de la violencia bidireccional en las relaciones de pareja

Esta revisión identificó dos enfoques conceptuales predominantes de la violencia de pareja en la que participan ambos miembros: uno centrado en el análisis tipológico de las dinámicas interactivas de la violencia y otro que recurre a conceptos específicos para describir la coocurrencia de conductas violentas (véase la tabla S1, materiales complementarios).

Perspectivas tipológicas sobre la violencia en la que participan ambos miembros de la pareja: la tipología de Johnson

Una proporción importante de los estudios (n = 40) conceptualizó la violencia en la que participan ambos miembros de la pareja mediante marcos que, aun describiendo claramente esta dinámica, no utilizaban una terminología consensuada o sistemática para clasificar explícitamente este patrón de violencia. Dentro de este enfoque, la tipología de Johnson (1995, 2006) se impuso como el marco predominante para describir las dinámicas de la violencia. La definición aplicada y detallada con más frecuencia en estos artículos fue la de «violencia situacional de pareja» (VSP; 40 trabajos; véase la tabla S1). La VSP se describe como los casos en los que ambos miembros de la pareja recurren a conductas violentas durante los conflictos conyugales, en ausencia de un patrón continuado de control coercitivo característico del terrorismo íntimo (TI). Esta violencia suele derivar de factores de estrés situacionales, de la escalada emocional o de una gestión ineficaz del conflicto, y en general es de menor gravedad y de carácter episódico.

Aunque la VSP aparece como la categoría aplicada con más frecuencia en los estudios que se refieren a la tipología de Johnson, otras categorías, en particular la resistencia violenta (RV) y el control violento mutuo (CVM), también contribuyen de manera significativa a la conceptualización de la violencia en la que participan ambos miembros de la pareja. La RV aparecía en 16 trabajos (véase la tabla S1) y se refiere a los casos en los que un miembro de la pareja recurre a la agresión física como estrategia reactiva frente a un patrón sostenido de control coercitivo, ejercido normalmente por el otro miembro. En estos casos, la violencia no es simétrica ni en su motivación ni en su intención. Surge más bien como una conducta defensiva, empleada a menudo para desactivar una amenaza inmediata o afirmar la propia autonomía física en un contexto de victimización persistente. Por ejemplo, varios artículos describen patrones en los que la persona encuestada declara a la vez victimización y perpetración, pero sitúa su propio uso de la violencia en relatos de miedo, represalia o protección (Stith et al., 2011; Straus & Gozjolko, 2014). Cuando no se tiene en cuenta el contexto relacional, en particular en los estudios que se basan únicamente en instrumentos de autoinforme como la CTS, este tipo de dinámica asimétrica corre el riesgo de clasificarse erróneamente como violencia mutua o VB. El CVM, en cambio, se refiere a relaciones en las que ambos miembros de la pareja ejercen simultáneamente control el uno sobre el otro mediante la violencia. En esta configuración, cada persona recurre a estrategias coercitivas, a menudo dentro de un patrón relacional volátil y en escalada. Algunos estudios incluidos en esta revisión (15) presentan resultados coherentes con esta conceptualización, a saber, la presencia de conductas de control recíprocas, niveles elevados de agresión y una escalada crónica del conflicto (véase la tabla S1).

La ausencia de una terminología explícita en estos 40 estudios no implicaba ambigüedad en las dinámicas descritas. Al contrario, existe una caracterización clara del solapamiento de los roles de víctima y de persona agresora, y es habitual la codificación estadística de las personas participantes como «víctimas-perpetradoras» o como «implicación bidireccional», incluso sin recurrir a un término teórico específico (Arteaga et al., 2015; Behnken et al., 2018).

Conceptos específicos y sus distinciones para la coocurrencia de la violencia

En la literatura surgieron cuatro conceptos que designan explícitamente la violencia en la que participan ambos miembros de la pareja: violencia bidireccional, violencia mutua, solapamiento entre victimización y perpetración, y violencia recíproca (véase la tabla 2). Cada término refleja un foco analítico, un marco temporal y unas dinámicas relacionales específicos, aunque estas distinciones no se aplican de manera coherente en todos los estudios.

Tabla 2 — Principales distinciones conceptuales entre los términos que describen la VPI en la que participan ambos miembros de la pareja.

  • Término: Violencia bidireccional; Nivel de análisis: Díada (pareja); Marco temporal: A lo largo de la relación (no limitado a un episodio); Dinámica relacional: Ambos miembros de la pareja han ejercido y sufrido violencia en una misma relación; ¿Requiere interacción?: No; ¿Presupone simetría?: No; Contexto de uso habitual: Estudios epidemiológicos; datos de prevalencia
  • Término: Violencia mutua; Nivel de análisis: Díada (pareja); Marco temporal: Mismo incidente o episodio de conflicto; Dinámica relacional: Violencia simultánea o concurrente; ¿Requiere interacción?: Sí; ¿Presupone simetría?: A menudo se presupone; Contexto de uso habitual: Estudios sobre la VPI centrados en el conflicto o en el episodio
  • Término: Violencia recíproca; Nivel de análisis: Díada (pareja); Marco temporal: A lo largo de varios episodios; dinámico; Dinámica relacional: Patrón interactivo, de represalia o de escalada; ¿Requiere interacción?: Conceptualmente, sí; ¿Presupone simetría?: No; Contexto de uso habitual: Estudios relacionales/clínicos sobre las dinámicas de la VPI
  • Término: Solapamiento entre victimización y perpetración; Nivel de análisis: Individual; Marco temporal: A lo largo del tiempo o en distintas relaciones; Dinámica relacional: Una misma persona alterna entre ambos roles u ocupa los dos; ¿Requiere interacción?: No; ¿Presupone simetría?: No; Contexto de uso habitual: Criminología; investigación sobre el trauma y el desarrollo

Nota. VPI = violencia de pareja íntima.

El término empleado con más frecuencia fue «violencia bidireccional» (VB), identificado en 26 estudios (véase la tabla S1) y definido habitualmente como la coocurrencia de conductas violentas ejercidas por ambos miembros de una pareja íntima, en la que cada miembro, en distintos momentos o episodios, actúa a la vez como persona agresora y como víctima. Este tipo de violencia puede producirse en un único incidente o a lo largo de toda la relación, pero no implica necesariamente simetría en cuanto a frecuencia, gravedad, motivación o impacto (Arteaga et al., 2015; Capinha et al., 2022). En el conjunto de los estudios, la VB se utiliza generalmente como un término descriptivo amplio, con una especificación relativamente limitada de los procesos interaccionales o de los factores contextuales.

En segundo lugar, la «violencia mutua» (VM) aparecía en seis estudios (véase la tabla S1) y se refería por lo general a la presencia de actos violentos por parte de ambos miembros de la pareja, cada uno de los cuales es a la vez víctima y persona agresora. En los seis estudios que empleaban explícitamente el término «violencia mutua», las definiciones describían a menudo la coocurrencia de actos violentos por parte de ambos miembros, en algunos casos dentro de un mismo incidente o episodio de conflicto. Sin embargo, esta caracterización no se especificaba de manera coherente en todos los estudios. En varios casos, las definiciones parecían presuponer implícitamente la simetría, sin especificar con claridad las diferencias de gravedad, motivación o impacto entre los miembros de la pareja (Afifi et al., 2012; Chen & Chan, 2021). Al mismo tiempo, otros estudios problematizan explícitamente los supuestos de simetría y subrayan la importancia de las dinámicas relacionales (Dokkedahl & Elklit, 2019). En la mayoría de los casos, estos estudios no incluían una evaluación empírica explícita de la simetría más allá de la coocurrencia de los actos. En general, la mutualidad se describe a veces en términos de simultaneidad dentro de un mismo episodio, aunque este énfasis no es constante en todos los usos del término (Afifi et al., 2012; Ahmed et al., 2024). Conviene subrayar que esta caracterización refleja tendencias en la manera en que se define la VM en la literatura revisada, y no un constructo uniforme u operacionalizado de forma coherente en los distintos estudios.

El término «solapamiento entre victimización e infracción» se utilizaba en seis estudios (véase la tabla S1) y se refiere al fenómeno por el cual una persona ocupa a la vez los roles de víctima y de perpetración de la VPI, ya sea en una misma relación o en relaciones y momentos distintos. En los seis estudios que empleaban el concepto de solapamiento entre victimización y perpetración, la autoría lo definía sistemáticamente en el nivel individual, para referirse a personas que han sufrido victimización y han ejercido VPI. Algunos estudios conceptualizaban este solapamiento como algo que se produce de forma secuencial a lo largo del tiempo (es decir, cambios de rol), mientras que otros admitían explícitamente la ocupación simultánea de los roles de víctima y de persona agresora (Jennings et al., 2012; Tillyer & Wright, 2013; Whitaker et al., 2007). A menudo se estudiaba junto con factores psicosociales o criminológicos más amplios y se ha asociado a una mayor frecuencia y gravedad de la VPI (Jennings et al., 2011; Whitaker et al., 2007).

Por último, otro de los términos encontrados fue «violencia recíproca», en cuatro estudios (véase la tabla S1). En ellos, la violencia recíproca se describía como un proceso interaccional pautado en el que los actos violentos se encadenan por represalia, escalada o reactividad emocional a lo largo de varios episodios (Bates, 2016; Langhinrichsen-Rohling et al., 2012; Pu et al., 2022). Estas definiciones tienden a subrayar la interdependencia relacional entre los actos de violencia, más que la simultaneidad dentro de un único incidente. Sin embargo, como ocurre con los demás conceptos, el grado en que estas dinámicas interaccionales se evalúan empíricamente varía de un estudio a otro. Esta caracterización refleja el encuadre definitorio adoptado por esa autoría, y no una evaluación empírica uniforme de los procesos de escalada.

Principales distinciones conceptuales

Al examinar los conceptos definidos explícitamente (VB, VM, violencia recíproca y solapamiento entre victimización y perpetración), surgen varias distinciones clave, aunque deben interpretarse como tendencias generales y no como fronteras estrictas o de aplicación universal. En primer lugar, el nivel de análisis variaba. Mientras que la VB, la VM y la violencia recíproca se refieren por lo general al nivel diádico o relacional (es decir, la pareja; Babcock et al., 2019; Capaldi & Kim, 2007), el solapamiento entre victimización y perpetración se centra principalmente en el individuo y en cómo una misma persona puede ocupar, de forma simultánea o sucesiva, los roles de víctima y de persona agresora (Jennings et al., 2012; Muftić et al., 2012).

En segundo lugar, estos conceptos difieren en su encuadre temporal. La VM se describe a menudo como temporalmente acotada, referida a la violencia que se produce dentro de un mismo incidente o episodio de conflicto; no obstante, algunos estudios utilizan el término de forma más amplia, sin restringirlo explícitamente a un único acontecimiento (Afifi et al., 2012; Dokkedahl & Elklit, 2019). En cambio, la VB y la violencia recíproca pueden referirse a patrones que se despliegan a lo largo de varios episodios (Crane et al., 2014; Pu et al., 2022; Whitaker et al., 2007). El solapamiento entre victimización y perpetración va aún más lejos y abarca cambios de rol que se producen a lo largo del tiempo y, potencialmente, en distintas relaciones (Jennings et al., 2012; Tillyer & Wright, 2013). Esta distinción temporal concuerda con el carácter episódico de la VSP descrita anteriormente, que a menudo se manifiesta en múltiples ocasiones y no en un único acontecimiento aislado.

En tercer lugar, las dinámicas relacionales que implica cada término varían en complejidad. La VB indica la presencia de agresión por parte de ambos miembros de la pareja, pero no especifica ni la interacción ni la intención (Arteaga et al., 2015; Capaldi & Kim, 2007; Capinha et al., 2022). La VM puede hacer hincapié en la coocurrencia, a veces dentro de un mismo incidente, pero no recoge de manera sistemática patrones relacionales más amplios (Ahmed et al., 2024). En cambio, la violencia recíproca tiende a subrayar un proceso interactivo y potencialmente en escalada en el que la agresión de cada miembro de la pareja contribuye a un ciclo de conflicto (Pu et al., 2022; Whitaker et al., 2007). Esto convierte a la violencia recíproca en el más relacional de los cuatro conceptos (Langhinrichsen-Rohling, 2010). Este énfasis en la interdependencia de los actos violentos es una característica fundamental de las dinámicas de la VSP (Ali et al., 2016; Johnson, 2006).

En cuarto lugar, los supuestos relativos a la simetría varían según los conceptos y los estudios. Se tiende a presuponer que la VM es simétrica, aunque este supuesto se cuestiona cada vez más en distintos estudios en cuanto a gravedad, motivación e impacto (Ahmed et al., 2024; Capaldi et al., 2018; Dokkedahl & Elklit, 2019; Muftić et al., 2012). Otros conceptos, en especial la violencia recíproca y el solapamiento entre victimización y perpetración, reconocen de forma más explícita la posibilidad de una asimetría entre los miembros de la pareja. Esta distinción crucial concuerda plenamente con los resultados de la sección anterior, en la que los estudios que emplean la tipología de Johnson ponen de relieve de manera sistemática la frecuente asimetría de la violencia en la VSP, incluso cuando participan ambos miembros de la pareja (Bates, 2016; Johnson, 2006).

Por último, el uso de los distintos términos difiere según las disciplinas y los diseños de investigación. La VB y la VM son habituales en los estudios poblacionales sobre la VPI (Capinha et al., 2022; Cunha et al., 2023). La violencia recíproca tiene más presencia en la investigación relacional o terapéutica (Babcock et al., 2019; Pu et al., 2022), mientras que el solapamiento entre victimización y perpetración se utiliza a menudo en criminología, en los estudios sobre el desarrollo o en los enfoques informados por el trauma (Arteaga et al., 2015; Jennings et al., 2012; Tillyer & Wright, 2013).

Debates y controversias conceptuales

La literatura pone de relieve asimismo varios retos conceptuales y metodológicos que siguen alimentando los debates académicos sobre la violencia en la que participan ambos miembros de la pareja en las relaciones íntimas. Una de las cuestiones más destacadas es la incoherencia terminológica: términos como VB, VM, VPI recíproca, solapamiento entre victimización y perpetración y simetría de género se utilizan a menudo de forma solapada o incoherente, pese a reflejar marcos teóricos y dinámicas relacionales distintos (Ahmed et al., 2024; Machado et al., 2024). Esta incoherencia se ve agravada por un número importante de estudios (n = 40) que describen la violencia en la que participan ambos miembros de la pareja mediante marcos tipológicos, principalmente el de Johnson, sin emplear explícitamente estos términos específicos.

Una segunda preocupación fundamental en muchos estudios empíricos es la limitada evaluación del contexto relacional. Varios equipos de investigación sostienen que toda interpretación significativa de la violencia interpersonal en la que participan ambos miembros de la pareja debe tener en cuenta variables contextuales como la intención motivacional, las dinámicas de control, los patrones de escalada y el daño diferencial, sin las cuales clasificaciones como «mutua» o «bidireccional» corren el riesgo de resultar excesivamente simplistas o incluso engañosas (Graham et al., 2012; Stover et al., 2025). Este énfasis en el contexto concuerda con las descripciones detalladas de los estudios que emplean la tipología de Johnson, que subraya sistemáticamente la importancia de comprender las motivaciones subyacentes (p. ej., reactiva frente a control coercitivo) y el impacto a menudo asimétrico de los actos violentos, yendo más allá de un simple recuento de la perpetración para captar realmente las dinámicas relacionales. Además, se han documentado tasas elevadas de violencia en la que participan ambos miembros de la pareja en poblaciones específicas, entre ellas personas con trastornos por consumo de sustancias, con problemas de salud mental, con identidades LGBTQIA+, y familias con menores de corta edad (Cunha et al., 2023; Holmes et al., 2019; Suomi et al., 2019).

Retos en la operacionalización de la violencia en la que participan ambos miembros de la pareja

Más allá de la heterogeneidad conceptual, la operacionalización de la violencia en la que participan ambos miembros de la pareja plantea también retos importantes que repercuten directamente en la comparabilidad y la síntesis de los resultados empíricos. Estos retos se derivan principalmente de la diversidad de instrumentos de medida y de los enfoques metodológicos utilizados para identificar y cuantificar estas dinámicas.

Una de las principales fuentes de incoherencia es la heterogeneidad de los procedimientos de medición. Esta revisión puso de manifiesto que, aunque predominaban la CTS y sus distintas versiones (p. ej., la CTS2), la diversidad de instrumentos utilizados hace que el fenómeno se mida de manera incoherente. Esta falta de estandarización puede contribuir a situaciones en las que estudios que, en apariencia, abordan el mismo fenómeno captan facetas distintas de la violencia, lo que dificulta especialmente la comparación directa de las tasas de prevalencia o de las dinámicas.

Además, los enfoques metodológicos para identificar la bidireccionalidad también varían considerablemente, lo que afecta a su operacionalización. Algunos estudios se limitan a informar de la coocurrencia de perpetración y victimización a partir de informes individuales, sin un análisis diádico más profundo (Afifi et al., 2012; Ahmed et al., 2024). Otros utilizan diseños diádicos más sofisticados (Pu et al., 2022; Whitaker et al., 2007), pero incluso en ellos divergen los criterios para clasificar los casos como «bidireccionales» o «mutuos». Por ejemplo, mientras que algunos estudios pueden considerar «bidireccional» cualquier declaración de agresión por parte de ambos miembros de la pareja (Cunha et al., 2023; Santiago et al., 2025), otros exigen una determinada frecuencia o un patrón reactivo específico (Dokkedahl & Elklit, 2019; Frías, 2017).

Por último, el tipo de diseño influye en la operacionalización. Aunque los estudios transversales son útiles para aportar datos de prevalencia, limitan la capacidad de captar el carácter dinámico y cíclico inherente a conceptos como la violencia recíproca. En cambio, los estudios longitudinales permiten comprender mejor los patrones temporales y los cambios de rol (p. ej., el solapamiento entre victimización y perpetración a lo largo del tiempo), lo que determina la manera en que se operacionaliza la bidireccionalidad para reflejar estos aspectos temporales. Del mismo modo, los estudios cualitativos ofrecen a menudo descripciones ricas y matizadas de las dinámicas relacionales, difíciles de captar mediante una operacionalización cuantitativa, lo que pone de manifiesto la brecha entre la comprensión conceptual y la medición empírica del fenómeno.

Discusión

Esta revisión de alcance ofrece una síntesis de cómo se ha definido conceptualmente y operacionalizado en la literatura la violencia en la que participan ambos miembros de la pareja en las relaciones íntimas. Aunque el interés por la VB ha crecido notablemente desde principios de la década de 2000 (Cunha et al., 2025; Lysova et al., 2024; Machado et al., 2024), el campo sigue siendo conceptual y metodológicamente heterogéneo. Los resultados ponen de relieve incoherencias persistentes en la terminología, en los límites definitorios y en los enfoques de medición, que complican la acumulación y la integración del conocimiento.

Una de las cuestiones más destacadas es la incoherencia terminológica. Nuestra revisión identificó dos enfoques conceptuales predominantes para describir los patrones bidireccionales de VPI. El primero se centra en un análisis tipológico de las dinámicas interactivas de la violencia, basado principalmente en la tipología de Johnson (1995). Este enfoque, aunque ofrece descripciones ricas de dinámicas como la VSP, contribuye a la ausencia de una nomenclatura unificada. Dentro del marco de Johnson, otros subtipos, como la RV y el CVM, mostraron que la violencia en la que participan ambos miembros de la pareja no puede captarse adecuadamente a través de una única mirada ni basándose solo en la frecuencia de los actos violentos. Estas tipologías pusieron de relieve, en cambio, la importancia de evaluar la intención motivacional, las dinámicas de control y la historia relacional para clasificar y comprender con precisión los patrones de agresión en las relaciones de pareja.

El segundo enfoque recurre a cuatro términos específicos —VB, VM, solapamiento entre victimización y perpetración, y violencia recíproca— para describir la coocurrencia de conductas violentas. Aunque estos términos se utilizan a menudo de manera intercambiable o incoherente, la presente revisión sugiere que reflejan distintos énfasis conceptuales y miradas analíticas, más que formas de violencia claramente delimitadas o empíricamente distintas (Ahmed et al., 2024; Machado et al., 2024), y que difieren, por ejemplo, en su nivel de análisis (p. ej., centrado en la persona o en la pareja), su encuadre temporal, sus dinámicas relacionales, sus procesos interaccionales, la simetría y el énfasis contextual. Es fundamental señalar que la presente revisión no presupone que categorías como la VM, la VB y la violencia recíproca representen fenómenos empíricamente distintos. Al contrario, estas etiquetas remiten a menudo a definiciones operativas muy similares, y sus diferencias reflejan las preferencias terminológicas y el encuadre teórico de la autoría más que formas de violencia sustancialmente diferentes. La falta de claridad definitoria complica tanto la síntesis de los resultados empíricos como la acumulación de un conocimiento guiado por la teoría.

En lugar de proponer una nueva tipología o de privilegiar una perspectiva teórica concreta, la presente revisión aporta una definición integradora y mínima de la VPI bidireccional, basada en los elementos comunes observados en las conceptualizaciones existentes. Esta definición pretende reducir la ambigüedad terminológica, preservando al mismo tiempo la flexibilidad teórica para la investigación y la práctica futuras. Así pues, a partir de los resultados de esta revisión, proponemos la siguiente definición de trabajo de la VPI bidireccional, destinada a recoger los elementos nucleares presentes de forma constante en las conceptualizaciones existentes. La VB se define como un patrón de VPI en el que ambos miembros de una pareja íntima ejercen y sufren conductas agresivas (p. ej., actos físicos, verbales, emocionales, sexuales o de control) dentro de una misma relación, con independencia de que dichas conductas se produzcan de forma simétrica o simultánea. Esta definición evita deliberadamente los supuestos de simetría, simultaneidad o equivalencia entre los miembros de la pareja. Además, no pretende implicar una equivalencia moral, motivacional o funcional entre ellos. Como ha puesto de relieve la investigación previa (Babcock et al., 2019; Langhinrichsen-Rohling et al., 2012), que ambos miembros de la pareja ejerzan violencia no implica necesariamente simetría en la intención, el impacto o la responsabilidad. La definición propuesta delimita más bien un núcleo conceptual mínimo capaz de dar cabida a la heterogeneidad de motivaciones, gravedad y dinámicas relacionales observada en los estudios. Dentro de este amplio marco definitorio, diversas investigaciones —entre ellas las que adoptan perspectivas sistémicas o relacionales— interpretan cómo se despliega la VB en la práctica, poniendo de relieve patrones de escalada, procesos interaccionales y factores contextuales como las dificultades de regulación emocional y de comunicación (Ahmed et al., 2024; Conroy, Griffin, et al., 2024). Sin embargo, estos marcos interpretativos deben entenderse como miradas teóricas aplicadas a la VPI bidireccional, y no como rasgos definitorios del propio constructo.

Adoptar una interpretación sistémica de la VB puede permitir intervenciones más sensibles al contexto, centradas en transformar los patrones relacionales más que en atribuir culpas individuales. En este marco, la pareja se entiende como un sistema dinámico de influencia mutua en el que la violencia es a la vez un síntoma y un mecanismo de interacción desadaptativo. Es fundamental señalar que esta perspectiva representa una de las posibles miradas desde las que puede comprenderse la VB, y no un rasgo definitorio del propio constructo. Estos retos conceptuales y metodológicos tienen implicaciones reales importantes para la investigación, la práctica y las políticas, que se examinan con más detalle a continuación (tablas 3 y 4).

Tabla 3 — Principales resultados de la revisión de alcance.

  • Principales resultados: La literatura revela dos enfoques dominantes: (1) los marcos tipológicos (en especial la tipología de Johnson) y (2) el uso de términos específicos: violencia bidireccional, violencia mutua, violencia recíproca y solapamiento entre victimización y perpetración.
  • Principales resultados: Los cuatro términos específicos varían en cuanto a nivel de análisis, marco temporal, dinámicas relacionales, foco interaccional, supuestos sobre la simetría y énfasis contextual.
  • Principales resultados: En todas estas tradiciones conceptuales, la violencia bidireccional remite de manera constante a la coocurrencia de perpetración y victimización por parte de ambos miembros de la pareja dentro de una misma relación íntima, con independencia de la simultaneidad o la simetría.
  • Principales resultados: La violencia bidireccional debe considerarse un patrón relacional cíclico y disfuncional, y no simplemente la coocurrencia de dos personas agresoras. Evaluar el contexto, la motivación y la escalada emocional es esencial para comprender cómo se despliega la violencia bidireccional en la práctica.

Tabla 4 — Implicaciones para la investigación, la práctica y las políticas.

  • Implicaciones: Existe una necesidad crucial de definiciones más claras, de una mayor coherencia metodológica y de modelos fundamentados en la teoría que distingan explícitamente entre criterios definitorios y marcos interpretativos, en particular en lo que respecta a la motivación, las dinámicas de control y los procesos de escalada.
  • Implicaciones: Una comprensión sistémica y relacional de la violencia bidireccional, centrada en los patrones interaccionales y en la desregulación emocional, puede orientar intervenciones más ajustadas. Las intervenciones deben evitar atribuir una equivalencia moral, pero abordar las dinámicas complejas que mantienen los ciclos de agresión bidireccional.
  • Implicaciones: Las políticas simplificadas en exceso o de «talla única» corren el riesgo de pasar por alto los casos de control coercitivo y de no proteger a las poblaciones vulnerables. Se necesita un marco político más matizado, que reconozca las dinámicas relacionales y sistémicas, para orientar estrategias de prevención e intervención específicas
  • Implicaciones: La investigación futura debería dar prioridad al desarrollo de definiciones y medidas estandarizadas y guiadas por la teoría que vayan más allá del recuento de frecuencias para captar la motivación, la regulación emocional y el contexto relacional.

Implicaciones para la investigación y las estimaciones de prevalencia

Las incoherencias terminológicas y operativas comprometen directamente la capacidad de llevar a cabo investigaciones sólidas y de obtener estimaciones de prevalencia fiables. La diversidad de instrumentos de medida, en particular el uso variable de la CTS y de sus subescalas, así como los distintos periodos de recuerdo y modos de administración, limita la comparabilidad de los resultados entre estudios (Dokkedahl & Elklit, 2019; Langhinrichsen-Rohling et al., 2012). Esta falta de estandarización da lugar a una base de evidencia fragmentada cuyos resultados no pueden agregarse ni metaanalizarse fácilmente, lo que obstaculiza el avance acumulativo del conocimiento (Ahmed et al., 2024). En consecuencia, las tasas de prevalencia de la VB publicadas pueden variar mucho en función de la definición operativa y de la metodología empleadas (Cunha et al., 2025; Frías, 2017), lo que dificulta establecer tendencias epidemiológicas precisas e identificar a las poblaciones de riesgo.

Implicaciones para la denuncia y la intervención

La confusión en torno a la VB afecta también a la manera en que las personas dan cuenta de sus experiencias y a la manera en que intervienen los equipos profesionales. Para las víctimas de RV que han recurrido a la violencia en defensa propia, la falta de distinción entre sus actos y los de quienes las maltratan puede convertirse en un obstáculo para pedir ayuda, por temor a ser etiquetadas como agresoras (Babcock et al., 2019; Bates, 2016). Desde el punto de vista de la intervención, la definición sistémica propuesta en este trabajo —que va más allá de una dicotomía simplista entre víctima y persona agresora— es crucial para ajustar las respuestas (Cunha et al., 2023). Un enfoque sistémico invita a quienes intervienen a centrarse menos en la culpa unilateral y más en los patrones relacionales disfuncionales y en la desregulación emocional que alimentan el ciclo de la violencia, sin establecer una equivalencia moral entre conductas fundamentalmente distintas (Hardesty et al., 2024).

Implicaciones para los sistemas de vigilancia, la prevención y las políticas

En un plano más amplio, la falta de una definición coherente afecta a los sistemas de vigilancia, a las estrategias de prevención y a las políticas. Los sistemas de salud pública y de justicia penal se apoyan en definiciones claras para seguir las tendencias, asignar recursos y diseñar campañas de prevención eficaces. Una definición demasiado simplificada de la VB puede ocultar la naturaleza de la violencia, con el riesgo de subestimar su gravedad o de desviar recursos de las poblaciones más vulnerables (Johnson, 2006; Langhinrichsen-Rohling, 2010). Un marco político que no distinga entre los distintos tipos de violencia en la que participan ambos miembros de la pareja puede aplicar intervenciones de «talla única», menos eficaces o insuficientemente específicas. Esta revisión aboga por un giro de las políticas hacia una comprensión más matizada de la VPI, que reconozca los factores sistémicos y relacionales en juego, con el fin de desarrollar estrategias de prevención e intervención específicas y eficaces (Lysova et al., 2024).

Limitaciones y orientaciones futuras

Aunque esta revisión ofrece una síntesis exhaustiva de cómo se conceptualiza en la literatura la violencia en la que participan ambos miembros de la pareja, deben reconocerse varias limitaciones. Estas limitaciones atañen no solo al diseño metodológico de la revisión, sino también a retos epistemológicos y empíricos más amplios del campo.

En primer lugar, el alcance de esta revisión se limitó a los artículos publicados en inglés, español o portugués, lo que puede haber llevado a excluir estudios pertinentes publicados en otras lenguas o contextos culturales. Además, la exclusión de la literatura gris, como tesis doctorales, informes técnicos o documentos institucionales, puede haber impedido incluir aportaciones emergentes o basadas en la práctica sobre la violencia diádica. Una segunda limitación es que muchos estudios se basan en autoinformes individuales y en diseños transversales, lo que limita su capacidad para captar las dinámicas relacionales, los patrones de escalada y los cambios en los roles de persona agresora y víctima a lo largo del tiempo (Dokkedahl & Elklit, 2019; Leonard et al., 2014). Sin datos diádicos ni seguimiento longitudinal, resulta difícil determinar si la violencia se produce de forma simultánea, sucesiva o en ciclos de represalia, o evaluar factores contextuales como la desregulación emocional, el control coercitivo o el trauma (Langhinrichsen-Rohling, 2010). Una tercera limitación se refiere a la calidad metodológica de los estudios incluidos. De los 82 manuscritos, solo 13 se calificaron como de alta calidad, mientras que 15 se calificaron como de baja calidad. El predominio de manuscritos de calidad baja o simplemente aceptable puede menoscabar la fiabilidad de los datos y, en consecuencia, la solidez de nuestros resultados.

Por último, ciertas tensiones epistemológicas en el campo pueden contribuir también a las incoherencias observadas en la conceptualización de la VB. Los marcos teóricos divergentes, en particular los enfoques feministas, sistémicos y criminológicos, ofrecen con frecuencia interpretaciones contrapuestas de patrones empíricos similares. Estas tensiones influyen no solo en la manera de designar la violencia (p. ej., mutua, recíproca o bidireccional), sino también en los aspectos que se privilegian o se excluyen del análisis, como las dinámicas estructurales de género frente a los factores relacionales o contextuales. Abordar estas divisiones epistemológicas es crucial para avanzar hacia una comprensión pluralista y matizada de la VPI en la que participan ambos miembros de la pareja.

Otra limitación se refiere a la escasa representación de poblaciones diversas en la literatura revisada. En particular, la literatura revisada rara vez incluye a personas de minorías sexuales y de género, personas mayores, personas con discapacidad o personas en relaciones no heteronormativas o sin convivencia, lo que limita la aplicabilidad de las conceptualizaciones actuales de la VPI bidireccional a poblaciones diversas.

Habida cuenta de estas limitaciones, la investigación futura debería colmar estas lagunas adoptando enfoques más matizados e integradores. En particular, el campo se beneficiaría del desarrollo de instrumentos de medida estandarizados que vayan más allá del recuento de frecuencias para incluir la asimetría motivacional, la regulación emocional y el contexto relacional. Los diseños longitudinales y diádicos son asimismo esenciales para rastrear la evolución de los roles dentro de las dinámicas violentas y distinguir las conductas reactivas de los patrones de coerción.

Conclusión

Esta revisión identificó incoherencias conceptuales importantes en la definición y la operacionalización de la VB en las relaciones de pareja. Al sintetizar sistemáticamente los estudios, este trabajo pone de relieve la necesidad de una comprensión más integrada y sensible al contexto de la VB. La definición sistémica propuesta hace avanzar este campo al ofrecer un núcleo conceptual mínimo, mientras que la teoría sistémica ofrece una mirada convincente para interpretar la VB como un fenómeno dinámico y relacional. Este enfoque cuestiona la noción de simetría moral y funcional y aboga, en cambio, por un análisis sensible al contexto que tenga en cuenta las asimetrías motivacionales, las dinámicas de poder y la intensidad emocional que subyacen a los episodios violentos. Al reconocer que la VB surge con frecuencia en relaciones marcadas por la dependencia, el trauma no resuelto y unas escasas habilidades de resolución de conflictos, la teoría sistémica ofrece una mirada convincente desde la que diseñar tanto la investigación como la intervención. Este cambio conceptual puede mejorar la precisión de la investigación, orientar intervenciones ajustadas e inspirar políticas que reflejen mejor la complejidad de las dinámicas relacionales violentas.

Complexe Systémique: lo esencial

Esta revisión presta un verdadero servicio: muestra que la violencia «mutua», «recíproca» y «bidireccional» abarca a menudo las mismas cifras, recogidas en su mayoría con la CTS, que cuenta actos sin decir quién tiene miedo de quién. Para el trabajo con parejas, la lección es doble. Por un lado, constatar que ambos miembros de la pareja han sido violentos no dice nada de la función de esos actos: la resistencia violenta frente al control coercitivo no es una violencia situacional en escalada, y confundir ambas puede poner en peligro a la persona más expuesta. Por otro, cuando la violencia es realmente situacional, leer el ciclo de escalada como un patrón relacional abre un trabajo que no permite el mero hecho de señalar a una persona culpable. El equipo tiene la honestidad de presentar la lectura sistémica como una mirada entre otras, sin equivalencia moral; aun así, la detección del control coercitivo y la evaluación de la seguridad deben preceder a cualquier sesión conjunta. Puede leerse junto con el artículo sobre el largo camino hacia una terapia de pareja centrada en la violencia y el estudio sobre cómo deciden quienes practican la terapia de pareja si continuar cuando la violencia pasa a ser el problema.

Notas del original

Declaración de conflictos de intereses. La autoría declaró no tener ningún conflicto de intereses potencial en relación con la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo.

Financiación. Este trabajo se realizó en el HEI-Lab: Digital Human-Environment Interaction Lab, Universidade Lusófona, con el apoyo de la Fundação para a Ciência e a Tecnologia — FCT (Ministerio portugués de Ciencia, Tecnología y Enseñanza Superior), en el marco de la subvención UIDB/05380/2020. Este trabajo se realizó también en el Centro de Investigación en Psicología (PSI/01662), Escuela de Psicología, Universidade do Minho, con el apoyo de la Fundação para a Ciência e a Tecnologia (FCT) a través de los Presupuestos Generales del Estado portugués (UIDB/01662/2020).

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Traducción no oficial al español de Defining Bidirectional Violence in Intimate Relationships: A Scoping Review of Conceptual and Operational Challenges, de Andreia Machado, Marta Sousa y Olga Cunha, Trauma, Violence, & Abuse, publicación anticipada en línea (2026), doi: 10.1177/15248380261462179, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Traducción no oficial del artículo original «Defining Bidirectional Violence in Intimate Relationships: A Scoping Review of Conceptual and Operational Challenges», publicado en Trauma, Violence, & Abuse (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido al español y maquetado por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Machado, A., Sousa, M., y Cunha, O. (2026). Defining Bidirectional Violence in Intimate Relationships: A Scoping Review of Conceptual and Operational Challenges. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/defining-bidirectional-violence-in-intimate-relationships-a-scoping-review-of-conceptual (Obra original publicada en 2026 en Trauma, Violence, & Abuse, publicación anticipada en línea (2026); republicada en 2026 por Trauma, Violence, & Abuse, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/15248380261462179)

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