Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Qualitative Social Work · Trabajo social
En una ciudad escocesa, una etnografía sigue doce embarazos sometidos a una evaluación de protección infantil. En las entrevistas, los padres hablan de ternura y de alegría; en las reuniones, solo aparecen como un riesgo, y luego desaparecen. Ariane Critchley muestra cómo el trabajo social fabrica «padres fantasma» y sobrerresponsabiliza a las madres.
Traducción no oficial al español de Giving up the ghost: Findings on fathers and social work from a study of pre-birth child protection, de Ariane Critchley, publicado en Qualitative Social Work (SAGE) (2022), doi: 10.1177/14733250211019463, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista; las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
quienes ejercen la práctica profesional deben tratar a los hombres presentes en la vida de la infancia como personas reales, multidimensionales y capaces tanto de conductas dañinas como de conductas de cuidado dentro de sus familias.
Ariane Critchley
Resumen
Este artículo presenta los hallazgos de un estudio etnográfico sobre la protección infantil prenatal, realizado en un entorno urbano escocés. El estudio se diseñó para explorar las interacciones entre profesionales y familias en el contexto de una intervención de protección infantil durante un embarazo. Esta investigación buscaba comprender las actividades que constituían la evaluación de protección infantil prenatal y el significado que atribuían a esas actividades el personal de trabajo social y las parejas que esperaban un bebé. A lo largo del estudio surgieron perspectivas muy distintas sobre los padres y la paternidad. Los padres compartieron sus sentimientos de ternura familiar en el marco de las entrevistas de investigación. Sin embargo, el personal de trabajo social se centraba a menudo en los riesgos que esos padres representaban. Este foco en el riesgo llevó a los equipos profesionales a ignorar o excluir a los padres de maneras significativas. A los padres se les negaron oportunidades de asumir un papel activo en sus familias y en la planificación del cuidado de sus bebés, mientras que las madres quedaban sobrerresponsabilizadas. Por su parte, la infancia se veía potencialmente privados de los beneficios, en términos de relación, cuidado e identidad, de una paternidad implicada. Este artículo muestra cómo los procesos y las prácticas de protección infantil prenatal pueden funcionar de modo que limitan la contribución de los futuros padres. La manera de entender a los padres y el ejercicio de la paternidad sigue siendo un problema más amplio para el trabajo social, que requiere desarrollarse mediante la investigación y la práctica. Este estudio no escapó a la dificultad de implicar a los hombres en la investigación en trabajo social de manera significativa. Aun así, los hallazgos ponen de relieve cómo la participación en la investigación en trabajo social puede crear un espacio en el que los padres compartan sus preocupaciones, y la importancia de su perspectiva para la práctica.
Palabras clave: Padres, paternidad, protección infantil, retirada de lactantes
Se han documentado aumentos marcados de la retirada de lactantes en los sistemas de protección infantil, en líneas generales similares, de las naciones británicas de Inglaterra (Broadhurst et al., 2018), Gales (Alrouh et al., 2019) y Escocia (Raab et al., 2020). Se han identificado patrones afines de aumento de la separación de lactantes de su familia biológica en Australia (O’Donnell et al., 2019) y en Aotearoa Nueva Zelanda, donde se ha señalado la preocupación por el impacto en las familias y comunidades maoríes (Keddell et al., 2021; Office of the Children’s Commissioner, 2020). Este artículo se basa en una investigación sobre el trabajo de protección infantil durante el periodo que precede al nacimiento de un bebé. Un momento en el que se decide si los equipos profesionales solicitarán medidas legales para retirar al bebé poco después del nacimiento o si apoyarán a la familia para que cuide a su recién nacido en casa.
Los protocolos prenatales varían según los contextos nacionales y regionales (Mc Elhinney et al., 2019). En el contexto escocés de esta investigación, el trabajo que se realiza con madres y padres durante un embarazo para decidir qué medidas de protección infantil son necesarias para el bebé por nacer se conoce como «evaluación de protección infantil prenatal». Una guía nacional describe cuándo y cómo debe llevarse a cabo este trabajo (Scottish Government, 2014). La evaluación prenatal la dirige el trabajo social, pero se realiza en estrecha cooperación con colegas de matronería, de salud comunitaria e infantil y de los servicios para personas adultas. Su objetivo es determinar el riesgo de daño para el bebé por nacer y si son necesarias medidas de protección. Estas medidas pueden situarse en un continuo que va desde una colaboración voluntaria de apoyo con la familia hasta la retirada no consentida del recién nacido del cuidado de su familia biológica, con el fin de garantizar la seguridad y el bienestar del bebé.
Los motivos de una derivación a protección infantil durante el embarazo pueden incluir antecedentes de intervención de protección infantil, incluidas medidas destinadas a retirar a otros hijos mayores de la familia. Las dificultades que atraviesan las madres y los padres, como problemas de salud física o mental y un consumo problemático actual de sustancias, también pueden suscitar inquietudes sobre su capacidad para cuidar del bebé que esperan. Se sabe que el riesgo de violencia doméstica aumenta durante el embarazo (Cottrell 2009) y que representa un riesgo para la salud de la madre y del bebé (Potter and Feder, 2018). De modo que los equipos profesionales pueden considerar que las familias con antecedentes de violencia y maltrato intrafamiliar presentan riesgos durante el embarazo y para el bebé una vez nacido. Como ha mostrado la investigación de Ward et al. (2006, 2012), en el contexto inglés, los lactantes considerados en riesgo de daño significativo nacen en familias que sufren múltiples privaciones y dificultades, a menudo durante largos periodos. Aun así, la decisión de retirar o no a un bebé poco después de nacer es muy delicada y difícil para quienes ejercen la práctica profesional (Critchley, 2020a). Broadhurst et al. (2017a, 2017b) han explorado en detalle los importantes efectos a corto y largo plazo de la retirada de lactantes en las madres biológicas, y en particular de los procedimientos de protección repetidos que conducen a la retirada de recién nacidos consecutivos a una misma madre biológica. Una experiencia marcada por una pérdida y un estigma inmensos, como ha subrayado Morriss (2018), y de consecuencias duraderas en la vida de las mujeres (Broadhurst and Mason, 2020). Sin embargo, hasta hace poco se había prestado menos atención al impacto en los padres cuyas criaturas pasan a ser objeto de una evaluación y de medidas de protección infantil antes de nacer, o que han vivido la retirada recurrente de sus bebés (Bedston et al. 2019).
Este artículo se centra en las experiencias de futuros padres cuyos bebés por nacer fueron objeto de una evaluación de protección infantil prenatal. El estudio aquí presentado no pretendía explorar la paternidad en espera per se. Más bien, la investigación buscaba comprender las actividades de la protección infantil prenatal y el significado que les atribuían las futuras madres, los futuros padres y el personal de trabajo social. Sin embargo, al analizar los datos surgieron temas fuertes en relación con las experiencias de los padres. El primer fenómeno destacable en los datos fue que los hombres del estudio que estaban presentes al inicio de la intervención de protección infantil se fueron haciendo menos visibles con el tiempo, y algunos desaparecieron por completo. En segundo lugar, al profundizar en el análisis, se hicieron evidentes diferencias entre la manera en que los padres se presentaban y eran mencionados por el personal profesional en las reuniones de trabajo social y la manera en que esos hombres interactuaban en los espacios creados por la investigación. Mientras que los padres del estudio solían conceptualizarse como un riesgo, en los encuentros de investigación su potencial como recurso para su descendencia resultaba mucho más evidente. Lo que plantea la cuestión de si la práctica del trabajo social puede aprender algo de la investigación en trabajo social en lo que respecta al trabajo con los padres. En este artículo exploro las tensiones en torno a los padres, la paternidad y el trabajo social que surgieron del análisis de los datos de este estudio. A continuación, esbozo lo que estas tensiones podrían significar para la investigación y la práctica del trabajo social con los hombres en tanto que padres, tanto dentro como mucho más allá del periodo prenatal.
Está establecido desde hace tiempo que existe un problema de infrarrepresentación de los hombres en los procesos de cuidado y protección de la infancia, incluso cuando esos mismos hombres siguen implicados de algún modo con su descendencia (Brandon et al., 2009, 2019; Philip et al., 2019). En 2009, Brown et al. describieron el problema de los «padres fantasma» del sistema de bienestar infantil.
En el ámbito del bienestar infantil, los padres no solo son descartados, sino que a menudo ni siquiera se les ve, aun cuando están presentes… Los padres existen en la vida de las mujeres y de la infancia atendida por el bienestar infantil. Sin embargo, el bienestar infantil rara vez los ve, incluso cuando están presentes. Elegimos la palabra «fantasma» para describir a estos padres en el bienestar infantil porque, para ver un fantasma, primero hay que creer en su existencia y en su relevancia (Brown et al. 2009: 25–26).
Más allá de esta vívida descripción del problema, se han propuesto otras conceptualizaciones del enfoque del trabajo social hacia los hombres en el bienestar infantil (Scourfield, 2001, 2006), muchas de las cuales evocan de algún modo a hombres situados en los márgenes (Brandon et al., 2019) o en la sombra (Ewart-Boyle et al., 2015) del foco del bienestar infantil. De manera evocadora, en la revisión de Serious Case Reviews de Brandon et al., se describe a un padre como «un espectador de pie en una parte más oscura de la sala» (2009: 52). En este artículo me apoyo en el concepto de «padres fantasma» de Brown et al. (2009) para explorar la manera en que los hombres aparecían en el contexto de la intervención de protección infantil prenatal con las familias. Los padres de los bebés por nacer existían y a menudo eran conocidos por los equipos profesionales. Sin embargo, la sensación que transmite la descripción de Brown et al. de una relación insustancial y periférica de esos hombres con el proceso de protección infantil resonaba con claridad al analizar los datos surgidos de esta investigación. En las secciones siguientes se describe con cierto detalle el estudio y la participación de los futuros padres en él. Después se presentan los hallazgos relativos a los hombres, con referencia al concepto de «padres fantasma».
El estudio etnográfico aquí presentado fue financiado por el Economic and Social Research Council (ESRC) y recibió la autorización del comité de ética de la School of Social and Political Science de la University of Edinburgh. Una autoridad local urbana escocesa concedió el acceso al trabajo de campo, conforme a sus procedimientos de ética de la investigación y de acceso. En primer lugar, se concedió acceso para grupos focales con profesionales y responsables de trabajo social, realizados como ejercicio exploratorio entre 2012 y 2013. Más tarde, se concedió acceso para el trabajo de campo etnográfico, que se completó a lo largo de un año, entre 2014 y 2015.
A lo largo de un año, la autora observó las reuniones de trabajo social que tuvieron lugar desde la asignación de una persona trabajadora social hasta el nacimiento de los bebés del estudio. Entre las reuniones observadas figuraban conferencias de caso de protección infantil (CPCC), reuniones del grupo núcleo, reuniones informales en la oficina y visitas domiciliarias. El estudio utilizó métodos móviles para seguir a las personas participantes a través de diversos lugares y reuniones (Critchley, 2019), siguiendo los métodos de investigación de Ferguson (2011, 2016) para explorar las movilidades (Buscher et al., 2011) de la protección infantil en múltiples lugares. La investigación aquí presentada se desarrolló en oficinas de trabajo social y otros edificios públicos, pero también en domicilios familiares, en el coche de la autora en route hacia las distintas reuniones y citas a las que las personas participantes debían acudir, y en los coches del personal de trabajo social. Las observaciones se diseñaron para captar las interacciones entre profesionales del trabajo social y familias en el contexto de una intervención de protección infantil durante un embarazo. Las entrevistas apoyaban este trabajo explorando el significado que las personas participantes atribuían a estas actividades.
Se invitó a las familias a participar en el estudio a través de la persona trabajadora social responsable del bebé por nacer. En cada caso era necesario el consentimiento de la persona trabajadora social y de la futura madre. Siempre que el futuro padre estaba identificado y participaba en el proceso de trabajo social relativo al bebé, también se solicitaba su consentimiento. Ninguna de las familias a las que se propuso participar rehusó dar su consentimiento. Sin embargo, varias de las personas trabajadoras sociales a quienes se pidió participar se negaron, o no quisieron contactar con las familias. Así, en el caso de las familias contactadas por la investigadora, la persona trabajadora social ya consideraba posible que la participación en el estudio interesara a la familia. En total, trece madres aceptaron participar en la investigación. Una de ellas retiró más tarde su consentimiento, de modo que la muestra final quedó en 12. Ocho futuros padres dieron su consentimiento para participar. En el caso de los otros cuatro bebés por nacer, o bien la paternidad del bebé no se había comunicado a los equipos profesionales, o bien el contacto directo con el padre era imposible dentro de los parámetros del estudio.
Siempre que fue factible, se invitó a la madre y al padre del bebé a participar en una entrevista de investigación. No todas las madres decidieron hacerlo, y aún menos padres. Seis madres concedieron entrevistas de investigación, y solo dos de los padres, frente a la totalidad de las 12 personas trabajadoras sociales de primera línea y cinco de las que presidieron las conferencias de caso prenatales. Algunas personas participantes concedieron más de una entrevista a lo largo del estudio. En total, se realizaron 20 observaciones y 31 entrevistas de investigación.
La tabla siguiente describe en qué medida los padres de los bebés por nacer estuvieron presentes en las observaciones de la investigación y contribuyeron a las entrevistas de este estudio (Tabla 1). Aunque se trata del primer estudio que ha buscado directamente implicar a los padres en una investigación durante los procesos de protección infantil prenatal y tomar en cuenta su perspectiva de manera significativa, el papel de los padres no era su único foco. En última instancia, el objeto de estudio era la interacción entre las familias que esperaban un bebé y los equipos de trabajo social durante el periodo prenatal. La autora hizo intentos de incluir a los padres, pero, en coherencia con el enfoque adoptado con las madres, se subrayó el carácter opcional de la participación en la investigación. Desde el punto de vista ético, era importante que madres y padres sintieran que controlaban el grado de su participación en esta investigación, dadas las dificultades de su vida que los habían puesto en contacto con los servicios de bienestar infantil en un principio. Las personas participantes de más edad parecían algo más dispuestas a conceder entrevistas de investigación, aunque hubo excepciones. Las mujeres participaron con más frecuencia que los hombres, pero esto puede explicarse en parte por el mayor nivel de participación de las madres que de los padres de la muestra en los procesos de protección infantil. Las madres no tenían más opción que asistir a las reuniones de protección infantil; la mirada profesional se dirigía firmemente hacia ellas. El papel de los padres era más complejo, como se expone en la tabla que sigue.
Tabla 1 — Implicación de los padres en el estudio de investigación
Es importante tener en cuenta que algunas familias de la muestra gestionaban configuraciones paternas muy complejas. Además, algunas de las madres habían decidido no nombrar al padre de su bebé o ya no tenían contacto con él. A modo de ejemplo, Chloe esperaba su segundo hijo. Su hijo mayor, Bobby, estaba al cuidado de su abuela paterna, en un acogimiento en familia extensa apoyado por el equipo de trabajo social. Bobby tenía entonces seis años y Chloe lo visitaba con regularidad. Cuando la conocí, Chloe vivía sola en una vivienda municipal temporal, en un barrio de vivienda social en las afueras de la ciudad. El embarazo no había sido planificado y Chloe había considerado interrumpirlo en una fase temprana. Ya no mantenía una relación con el padre del bebé y había vuelto con un antiguo novio. Chloe explicó en una entrevista de investigación que esto generaba dificultades en su relación actual, ya que su pareja actual «tenía muchísimas ganas de tener un crío. Porque llora bastante porque no es suyo. Pero al fin y al cabo, él conoció a otra y yo también, así que. A veces me lo echa en cara» (extracto de una entrevista de investigación con Chloe, futura madre).
Esta delicada situación familiar hizo imposible el acceso de la investigación al padre del bebé de Chloe. Otra madre que participó en el estudio, Nancy, esperaba su quinto hijo. Dos de los padres de sus cuatro hijos mayores tenían un papel activo en la vida de estos y uno de ellos participaba con regularidad en su cuidado. Nancy esperaba a su bebé actual con Jack, que no había sido padre anteriormente y cuyo papel en la familia aún estaba por definirse. Los tres hombres asistieron a la conferencia de caso de protección infantil prenatal. Sin embargo, ninguno de los padres estuvo presente en los encuentros de investigación posteriores con Nancy, sus hijos y la persona trabajadora social de la familia.
Había «padres fantasma» (Brown et al., 2009) rondando este estudio. Aunque acceder a las futuras madres a efectos de esta investigación fue complejo, ética y prácticamente, acceder a los padres fue aún más difícil. En el proceso de protección infantil prenatal, la mirada profesional sobre las futuras madres era muy intensa. Las mujeres de las familias eran visibles en el centro mismo de todas las actividades de protección infantil y de las expectativas profesionales, mientras que los hombres permanecían a veces en la sombra. Las madres hablaban de los padres de sus bebés, al igual que el personal de trabajo social; sin embargo, la presencia física y la contribución de esos hombres en los espacios del trabajo social a menudo se desvanecían. Dos padres, Bill y Luke, participaron en una serie de observaciones y entrevistas de investigación, y sus puntos de vista se examinan con cierta profundidad en este artículo. Otro padre joven, Liam, estuvo presente en todas las reuniones observadas, pero rehusó ser entrevistado. En cuanto a los demás padres, los conocí y observé a algunos de ellos participar en reuniones de protección infantil relativas a sus bebés, pero no pude mantener el contacto con ellos. Nunca volvieron a estar presentes en las reuniones observadas ni en los encuentros de investigación con las madres.
La investigación generó una gran cantidad de datos etnográficos desde múltiples perspectivas. Estos datos incluían grabaciones de audio, notas de campo detalladas tomadas en el momento de las observaciones y entrevistas, y el diario de campo de la autora, con elementos de registro literal y de reflexión (Gioia, 2014). La autora se encargó de la transcripción y del análisis de los datos durante varios años, durante el trabajo de campo y tras su finalización. La transcripción se hizo en los dialectos originales y, cuando el dialecto escocés es marcado, se ofrece un equivalente en inglés en las citas de los datos que se presentan a continuación. El análisis fue de naturaleza temática y avanzó mediante un proceso de códigos y memorandos. Reconocer los «símbolos y significados culturales» dominantes (Vidich and Lyman, 1998: 44) presentes en los datos fue un aspecto importante del proceso analítico.
Analizar los datos procedentes de los padres resultó conmovedor. Los padres que decidieron participar en la investigación querían transmitir algunos de los sentimientos que tenían hacia su descendencia y hacia sus parejas. Esto no siempre se hacía visible en el contexto de las reuniones de trabajo social. Esta yuxtaposición entre los padres «de riesgo» de las reuniones de protección infantil y la ternura que mostraban los hombres, y que describían las madres, en contextos más domésticos llevó a profundizar el análisis de los datos. Aunque, como se ha señalado, el estudio no pretendía centrarse específicamente en los hombres, el análisis más detallado permitió establecer los hallazgos que aquí se presentan. Se agrupan en cuatro apartados y describen distintos fenómenos relativos a los padres del estudio.
El primer apartado trata de la manera en que los sentimientos de ternura de los hombres hacia sus parejas, los bebés esperados y otros miembros de la familia surgieron en los datos de la investigación, de un modo que solo rara vez se hacía visible en las reuniones y evaluaciones de trabajo social. El segundo apartado examina cómo se establecía la peligrosidad de los hombres. El tercero se ocupa de la escasa atención profesional a la contribución del padre a la familia, incluso cuando los hombres estaban activamente presentes en el proceso de protección infantil. El cuarto y último apartado examina cómo los padres eran excluidos o «desaparecían» de la vista en las evaluaciones de protección infantil prenatal, convirtiéndose en «padres fantasma». Las implicaciones de estos hallazgos se examinan en la discusión.
Al analizar los datos de la investigación, se hizo evidente que existía un abismo entre la manera en que algunos padres utilizaban los espacios abiertos por la investigación y la manera en que esos hombres aparecían y eran descritos en las reuniones e informes de trabajo social. En los encuentros de investigación, los sentimientos de ternura y de compromiso de los padres hacia sus bebés por nacer, sus hijos mayores y sus parejas resultaban muy evidentes. Surgió un contraste especialmente marcado entre la presentación serena y reflexiva de uno de los padres, Bill, en las entrevistas de investigación y su estilo más áspero y combativo en las reuniones de trabajo social. Fuera de las reuniones de protección infantil, Bill reflexionaba sobre su experiencia como padre y hablaba de lo que sentía por el bebé que esperaban y de su relación con su pareja, Tracy. Bill tenía 44 años cuando participó en la investigación y tenía dos hijos adultos de una pareja anterior. Entrevisté a Bill una vez con Tracy y otra a solas. En la segunda entrevista, le pregunté si había diferencias en convertirse en padre en el contexto de una evaluación de protección infantil prenatal.
Bill: Sí, es que, es, o sea, ha hecho que Tracy piense que ojalá se hubiera deshecho de él [hubiera interrumpido el embarazo] al principio, ¿sabes lo que quiero decir? No es nada agradable tener a gente diciéndote básicamente lo que tienes que hacer con tu propio crío. Tú, tú ni siquiera vas a tener a tu propio crío, te lo van a quitar.
[Pausa]
B: Supongo que si el crío llegara y luego le pasara algo, entonces sí, vale, ustedes [aquí, los equipos profesionales de protección infantil] tendrían todo el derecho. Pero hacer lo que ustedes han estado vociferando… ¡ese crío va a recibir tanto amor que va a ser increíble! ¿Sabes lo que quiero decir?
Autora: Mmm.
B: Va a estar bien cuidado, no le va a faltar de nada, ¿sabes lo que quiero decir?
Extracto de una entrevista de investigación con Bill, padre de la niña que Tracy espera.
En este extracto, Bill expresa su enfado por la intervención de protección infantil, algo que, según afirmó, no había formado parte de la vida familiar con sus hijos anteriores. Sin embargo, Bill también empieza a hablar de su amor por el bebé, de cuidarla y de proveer para ella. En las reuniones de trabajo social observadas no se habían presentado ocasiones para que Bill expresara este compromiso con su bebé. Más adelante en la entrevista, le pregunté a Bill cómo se sentía ante la perspectiva de volver a ser padre, a lo que respondió: «¡Tengo muchas ganas! En cierto modo sí, y en cierto modo no. Si no estuviera aquí el trabajo social, estaría encantadísimo». De nuevo, esta expresión de alegría por el bebé no tenía ninguna salida evidente en el contexto de las reuniones de protección infantil ni en la evaluación de Bill por parte del trabajo social. Al contrario, la atención del trabajo social se centraba casi exclusivamente en los riesgos que Bill representaba en la familia.
Curiosamente, cuando los hombres mostraban ternura paterna en las reuniones formales, los equipos profesionales lo reconocían, pero eso no reducía necesariamente su evaluación del riesgo en la familia. Ellie y William asistieron a una conferencia de caso relativa al bebé que esperaban y a su hija de dos años, Emily, que vivía con una familia de acogida. En la conferencia de caso observada no se tomó ninguna decisión definitiva sobre las medidas de cuidado a más largo plazo; no obstante, se indicó que el bebé probablemente pasaría a acogimiento poco después del nacimiento y que era poco probable que William y Ellie pudieran recuperar el cuidado de ninguno de los dos. El motivo principal era la desatención previa de las necesidades básicas de Emily. Por ello, fue una reunión angustiosa para la pareja, y William hizo varias declaraciones cargadas de emoción sobre Emily y sobre el hijo que esperaban, cuyo nacimiento estaba previsto en unos tres meses.
Ver a Emily es lo mejor de nuestra semana. Me encanta ver a Emily, pero es duro saber que no vive contigo por lo que pasó; por lo que hicimos. Te hace sentir mal
No sé lo que se siente al no llevarte a tu hijo a casa desde el hospital
Extractos de notas de campo tomadas durante una conferencia de caso observada relativa al bebé que esperaban Ellie y William y a su hija mayor, Emily, de dos años.
En una breve entrevista inmediatamente posterior a esta observación, la trabajadora social, Mary, reconoció que era «desgarrador» oír a William hablar en la reunión de su amor por sus hijos y de su deseo de tenerlos a su cuidado. Mary reconoció también que William «tiene cierta pasión». Esta «pasión» se contraponía a los sentimientos de Ellie, ya que Mary opinaba que «ella no quiere que Emily vuelva a casa, no creo que quiera que vuelva. Solo tiene que aparentar que quiere que vuelva y decir lo que hay que decir». Por tanto, aunque Mary admitía que «no es agradable, no» y que «es bastante triste», su opinión era que:
Quieren a esta niña. Quieren a Emily. Pero simplemente no pueden hacerlo [ejercer la parentalidad de forma segura]» y que «hay que pensar en estos niños por los que abogamos, y sería peor si volvieran a casa y algo llegara a… [sin terminar la frase]
Extractos de notas de campo tomadas durante una entrevista de investigación con Mary, trabajadora social del bebé por nacer de Ellie y William y de su hija Emily.
La trabajadora social tenía una opinión mucho más positiva de William que de Ellie, a quien describía como «bastante vaga». Sin embargo, en cierto sentido William, como padre, no podía verse en relieve, como una persona completa, del modo en que podían verse las madres. Su contribución se conceptualizaba en relación con la de su pareja, Ellie: la trabajadora social sugería que Ellie «lo tenía en el bolsillo», como si su capacidad de acción emocional dentro de la familia estuviera silenciada. Las notas de campo de la observación recogían: «Ellie lloró y William la consoló (otra vez sin pañuelos), pero William transmitía de verdad un deseo de ser papá, de sentirse bien consigo mismo y con su vida».
Anoté que quería preguntar a ambos sobre ello. Lamentablemente, no fue posible entrevistar a William ni a Ellie. La trabajadora social, Mary, no apoyaba que la pareja participara en una entrevista de investigación, lo que hizo imposible seguir adelante. Las relaciones entre las familias y el personal de trabajo social se tensaban visiblemente cuando el plan preveía el acogimiento del bebé tras el nacimiento, y esto pudo contribuir al control del acceso que ejerció Mary.
Bill y Tracy describían su relación con Courtney, la trabajadora social del bebé por nacer, como difícil y conflictiva. Las reuniones entre ellos que observé eran muy tensas. En el momento en que entrevisté a Courtney, esta había empezado a describir a Bill como un «riesgo»: un riesgo para el bebé, para Tracy y posiblemente para los equipos profesionales. La cita siguiente resume parte de la «peligrosidad» percibida en torno a Bill. Courtney habla de una visita que hizo a casa de Tracy con otros profesionales para una reunión del grupo núcleo, una mañana entre semana. Bill estaba presente y bebía alcohol con su sobrino adulto. Courtney explica lo que, a su juicio, implicaba esa situación para su evaluación.
Pero me sentí insegura por el hecho de que fuera su [de Bill], era sobre todo su actitud fría ante ello. Estaba bastante agresivo, ¡bah, no! Pasivo, no estaba agresivo, pero era un poco como «Estoy [bebiendo], ¿y qué? ¿Qué vais a hacer al respecto?». En lugar de «Lo siento muchísimo». Si se hubiera acercado y hubiera dicho «Mire, me he equivocado y no debería haberlo hecho, debería haber estado ahí para Tracy». Pero en realidad pensaba que estaba bien. Era algo puntual, así que lo estaba minimizando muchísimo, quitándole toda importancia, y ella [Tracy] también.
Entonces, para mí, si en el futuro tenemos, tenemos profesionales, eso sería algo que haría que el bebé, eso sería un factor de riesgo para el bebé si sus padres no son capaces de anteponer sus necesidades, las de él, las de ella, a las suyas. Porque él [Bill] no lo hizo, no fue capaz de hacerlo, ese día
Extracto de una entrevista de investigación con Courtney, trabajadora social de la niña que esperaban Bill y Tracy.
En esta situación, la peligrosidad se refería originalmente al bebé y se centraba en el consumo problemático de alcohol de Bill y en la sospecha de violencia doméstica. Sin embargo, a medida que Courtney habla, queda claro que la peligrosidad ha empezado a extenderse y Bill empieza a ser visto como un riesgo para Tracy, y después para el acceso que los equipos profesionales podrían tener al bebé en casa. Bill llega incluso a ser visto como un riesgo directo para la seguridad del personal, cuando Courtney afirma que «se sintió insegura». Para entonces, Courtney ya no veía a Bill sin la presencia de otra persona profesional. En los términos de Brandon et al., Bill empezó siendo un hombre «en el encuadre» como riesgo potencial dentro de la familia, pasó por «los márgenes» del plan de protección infantil y llegó a la condición de «hombre marcado» (2019: 453). O, en los términos de Brown et al., Bill iba asumiendo poco a poco un papel espectral. Este posicionamiento de Bill en el proceso de trabajo social contrastaba fuertemente con el papel que el propio Bill se atribuía.
En los encuentros de investigación, Bill compartía información sobre su vida que le costaba comunicar eficazmente a quienes de verdad necesitaban esa información: los equipos profesionales de protección infantil. Por ejemplo, Bill habló en una entrevista de un programa de desintoxicación alcohólica anterior, del apoyo que había valorado por parte del personal sanitario y de las técnicas que este había utilizado y que le habían resultado útiles. Aunque la trabajadora social lo describía como «ambivalente» respecto al bebé, en las entrevistas de investigación Bill hablaba de su alegría por volver a ser padre. También describía sus temores por el bienestar de Tracy si el bebé no quedaba a su cuidado tras el nacimiento (Critchley, 2019). Por incómodo que resultara ver surgir estas perspectivas fragmentadas entre las distintas personas participantes en la investigación, ello planteaba preguntas importantes sobre cómo hablamos con los hombres en tanto que padres en el trabajo social y cómo obtenemos una imagen más completa de su vida y de sus motivaciones en relación con su descendencia. Como describen Brandon et al. (2019), la mayoría de los hombres de las familias que se enfrentan a una intervención de protección infantil son a la vez un riesgo y un recurso para sus hijos. En esta familia, la parte de recurso de esta ecuación era evidente en las descripciones de la pareja que esperaba el bebé, pero parecía ausente de la evaluación del trabajo social, impregnada de un riesgo que se iba filtrando poco a poco y que quedaba adherido a Bill.
El otro padre al que fue posible entrevistar en el marco de este estudio fue Luke. Luke también tenía cuarenta y tantos años cuando participó y también tenía hijos adultos, que había criado su madre. Esto ocurrió en una época en la que Luke dependía de la heroína y, según admitía él mismo, no se había implicado tanto como habría podido en el cuidado de sus hijos. Aun así, Luke mantenía una relación con esa familia y, en particular, con su hija adulta. Entrevisté a Luke y a su pareja, Rachel, por última vez en presencia de su hija recién nacida, Tessa, que había llegado antes de tiempo y estaba en casa con la pareja. Cuando nació Tessa, la pareja estaba estable con tratamiento de metadona y mantenía buenas relaciones de trabajo con los equipos profesionales implicados, en particular con su trabajador social, Callum.
Gřundělová y Stanková (2019: 1915) han descrito cómo la paternidad es un constructo multifacético y disputado. Sin embargo, incluso en esta entrevista de investigación, Luke encarnaba aspectos de la paternidad dominantes en la cultura del estudio: tanto el papel hegemónicamente masculino del padre «proveedor» como las «masculinidades cuidadoras» (Elliott, 2016) de la paternidad. Rachel mencionaba a menudo que Luke estaba cansado porque se había levantado la noche anterior para dar de comer a la pequeña Tessa. Durante la entrevista, Luke habló de su determinación de encontrar trabajo para mantener a Tessa y a Rachel, y además preparó un café para Rachel y el siguiente biberón de Tessa. Las manifestaciones de paternidad de Luke parecían naturales y coherentes con las descripciones de la familia que hacían Rachel y Callum. En el contexto de esta última entrevista de investigación, Luke empezó a hablar de su estancia en el hospital con Rachel y Tessa, poco después del nacimiento de esta. Demostró comprender con claridad lo que podría haber ocurrido con respecto al cuidado de Tessa y lo que los equipos profesionales habían necesitado tanto de él como de Rachel para darles la oportunidad de cuidar de Tessa en casa.
Luke: Lo hicimos, sabíamos lo que iba a pasar.
[Es decir, que si no hubieran seguido el plan de protección infantil, también les habrían retirado a Tessa, pero la niña volvió a casa con ellos].
Rachel: Había una chica en la cama de al lado, le quitaron a su bebé.
L: Sabíamos que si no lo hacíamos, eso nos pasaría a nosotros, pero…
R: Partía el corazón verlo, pensar que podríamos haber sido nosotros, ¿sabes?
L: Ken [ya lo sé].
R: Pero eso nos ha dado, nos quedamos con eso, voy a guardar eso en la cabeza para, como para los días en que esté estresada. No es que haya tenido nunca la tentación de volver a pillar. Nunca, ni se me ha pasado por la cabeza. Bueno, al principio sí, pero ¿sabes?, desde que tengo a Tessa, porque les preocupaba que pudiera volver a beber o volver a consumir, pero no es, ¿sabes lo que quiero decir?, ni se me ha pasado por la cabeza. ¿Qué iba a decir antes? ¿Había algo antes?
Autora: Estabas hablando de la chica de la cama de al lado en la…
R: Ella, sí, le quitaron a su bebé porque es como que nunca tuvo ninguna intención de, no sé…
L: Como dices, cada caso es distinto, cada persona es distinta…
R: Iba a decir otra cosa, pero no me acuerdo…
L: Hay gente que consigue dejarlo [las drogas de la calle] por los críos, y a otra gente básicamente le quitan a los críos…
Extracto de una entrevista de investigación con Luke y Rachel, madre y padre de la pequeña Tessa.
Algunos profesionales reconocían lo positivo que los hombres aportaban a sus familias. En el extracto siguiente, Callum reflexionaba sobre una visita domiciliaria conjunta que él y otro trabajador social, Shane, habían hecho a Rachel y Luke justo al comienzo de la intervención de Callum con la familia.
Rachel intentaba hablar de cosas bastante difíciles con su padre y Luke le sostenía la mano y como que se la acariciaba, y yo me di cuenta y no estaba seguro de que Shane lo hubiera visto, pero fue lo primero de lo que me habló Shane al salir, dijo: «Se apoyan muchísimo el uno al otro», y dijo que esos pequeños gestos de apoyo emocional estaban ahí, en el sentido de que, ya sabes, él es muy protector y cariñoso con ella, y lo que a mí me pareció bastante positivo fue que Shane dijera, ya sabes, que quizá eso podría funcionar para ellos. Ya sabes, que quizá tienen algo ahí y que juntos, como pareja, serían capaces, ya sabes, de darle al bebé todo lo que necesitara
Extracto de una entrevista de investigación con Callum, trabajador social de la pequeña Tessa, hija de Rachel y Luke, antes de su nacimiento.
Sin embargo, incluso en el marco de una relación muy positiva con el trabajador social responsable del caso, Luke sentía que su contribución a las reuniones y a la evaluación de protección infantil a menudo se minimizaba. El foco estaba firmemente puesto en Rachel como madre. En este extracto, la pareja describe una conferencia de caso de protección infantil prenatal que tuvo lugar poco antes del nacimiento y que yo había observado.
Luke: Y nos lo preguntaron justo al final, la persona que presidía nos preguntó qué pensaba yo.
Rachel: Yo estaba allí sentada pensando: ¿cuándo van a pedirle siquiera su opinión a Luke o, ya sabes, siquiera hablar con Luke?… Simplemente sentí que no te preguntaron nada de verdad hasta el final, ¿eh?
L: Hasta el final, sí.
R: Y sí que sentí que todo se centraba en mí.
L: Eras tú la que llevaba al bairn [bebé].
R: Ya lo sé, pero el, o sea, otros temas como los que vienen de tu consumo de drogas y eso, ¿sabes lo que quiero decir? Todo eso lo dejaron un poquito para el final…
L: Para el final, sí.
R: Cuando lo tuyo debería haberse tratado con la misma profundidad, la verdad.
Extracto de una entrevista de investigación con Luke y Rachel, madre y padre de la pequeña Tessa.
Aunque Luke estaba presente en la reunión aquí descrita, la pareja compartía la opinión de que su contribución a la reunión se había minimizado. Al analizar los datos de la investigación surgió un tema: el personal de trabajo social creía que implicaba a los padres. Sin embargo, los padres, y las madres, no lo veían del mismo modo. Aunque, en los términos de Brown et al. (2009: 26), la existencia de Luke no podía negarse, los equipos profesionales ponían en duda su «relevancia». El comentario de Luke de que Rachel era «la que llevaba al bairn» resulta interesante dada la naturaleza prenatal del trabajo observado. Para que los bebés estuvieran en las reuniones de protección infantil, las mujeres tenían que asistir físicamente. Esto parecía generar un foco aún más intenso en la inclusión de las madres en las reuniones, como se examina en el apartado siguiente.
Los hombres pueden desaparecer de la vista con mucha facilidad, incluso cuando representan los riesgos más importantes en las familias. En la muestra de la investigación, Eddie era el padre del bebé que esperaba Stephanie. Era el segundo bebé de Stephanie, y su hijo mayor estaba principalmente al cuidado de la madre de ella, en un acogimiento en familia extensa. Eddie también tenía un hijo anterior con una expareja. Había agredido a ambas mujeres en el vientre durante los embarazos de sus hijos, en el marco de un patrón de violencia doméstica extremadamente grave. Por ello, existía un alto nivel de preocupación por Stephanie y su bebé por nacer. En este extracto de una entrevista de investigación, Benjamin, el trabajador social del bebé por nacer, explica los riesgos.
Sí. Tengo miedo por Eddie. O sea, estoy mirando los antecedentes, si miramos atrás, a su primer hijo, a la relación anterior. Causó muchos trastornos en la primera infancia de ese niño. Sí, el niño había presenciado mucha violencia doméstica. Creo que también mucho abuso de alcohol. Así que esa es mi preocupación. No querría que la primera infancia del bebé estuviera expuesta a ese tipo de comportamiento. Sí. Esa es mi preocupación… Eddie puede venir a verme y presentarse como si fuera un hombre cambiado, pero es muy difícil creérselo. Sí, tenemos servicios con los que queremos que se implique, como servicios de violencia doméstica y de gestión de la ira, una evaluación de salud mental que querríamos que, o sea, para ver si se va a estabilizar. Si se implica bien… por eso quiero reunirme con él. No quiero descartarlo por completo. Sigo queriendo darle la oportunidad, ¿no? Poner en marcha ciertos servicios que consideramos pertinentes. Y apoyar un cambio positivo. Si se implica, entonces veremos a partir de ahí qué podemos hacer. Probablemente contacto supervisado [con el bebé], algo así, en un punto de encuentro
Extracto de una entrevista de investigación con Benjamin, trabajador social del bebé que esperaban Stephanie y Eddie.
Benjamin reconocía el ideal de trabajar de forma constructiva con Eddie para que pudiera tener un papel en la vida de su bebé. Stephanie también afirmaba que le parecía importante, a pesar de la violencia pasada de Eddie. Cuando entrevisté brevemente a Stephanie justo antes de observar una conferencia de caso relativa al bebé, describió a Eddie así: «Una persona horrible, horrible con las mujeres, no sabe respetar a nadie. Es una pareja horrible» (Stephanie, futura madre, extracto de las notas de campo tomadas durante la conferencia de caso relativa al bebé por nacer de Stephanie y Eddie). Sin embargo, Stephanie también expresaba su esperanza de que, aunque Eddie fuera una pareja terrible, pudiera de algún modo desempeñar un papel en la vida de su hijo, ya que «a un niño le hace daño que su padre no esté nunca». No es difícil atribuir una falsa conciencia a la perspectiva de Stephanie, derivada de su relación de maltrato con Eddie. Sin embargo, Stephanie está afirmando que Eddie tendría una presencia en la vida futura de su bebé, estuviera o no físicamente presente, y fuera o no seguro que el niño pasara tiempo a solas con Eddie.
Lo que ocurrió en realidad en la conferencia de caso de protección infantil prenatal observada, relativa al bebé por nacer de Stephanie y Eddie, fue que Eddie acudió a la oficina de trabajo social para la reunión. Sin embargo, la reunión se celebró sin él. Hubo confusión sobre cómo podía incluírsele, dadas las amenazas que había proferido contra Stephanie; se le hizo esperar durante un rato y finalmente se levantó y se marchó del edificio. La conferencia de caso fue una reunión muy difícil: el «nombre» del bebé se inscribió en el registro de protección infantil y se informó a Stephanie de que su bebé podría pasar a acogimiento poco después del nacimiento. Esta posibilidad la dejó visiblemente conmocionada. En una entrevista de investigación algún tiempo después, Benjamin me contó que Eddie ya no colaboraba con los equipos profesionales de protección infantil. Sin embargo, sospechaban firmemente que Eddie seguía en contacto con Stephanie.
Benjamin: Porque no estoy del todo convencido de que Eddie haya desaparecido por completo de escena. No ha respondido a mis llamadas, no lo he visto desde la conferencia de caso… Lo he intentado muchísimas veces, le he escrito, le he llamado, le he enviado mensajes. No he tenido ninguna respuesta positiva ni ningún interés por su parte en concertar una reunión conmigo. También pensaba hacer una visita sin previo aviso a su casa, solo para ver qué está pasando.
Autora: ¿Y tiene la impresión de que sabe lo que pasó en la conferencia de caso?
B: ¡Lo sabe! Lo sabe, lo sabe, lo sabe, sí. Lo sabe. Esa es otra cosa por la que tiendo a cuestionar su relación, porque quizá Stephanie se lo ha comunicado. O Stephanie lo ha comentado en su grupo o con amistades que le han pasado la información a Eddie. No lo sé. Pero lo sabe. Lo sabe.
Extracto de una entrevista de investigación con Benjamin, trabajador social del bebé por nacer de Eddie y Stephanie.
Que Eddie «desaparezca de escena» plantea un problema evidente: Stephanie, a quien se considera expuesta a un riesgo físico inmediato por parte de Eddie, se ha convertido en el medio a través del cual Eddie obtiene información sobre la intervención de protección infantil relativa a su bebé. Este papel de canal aumentaba potencialmente el riesgo para Stephanie y para el bebé. Quien presidía la conferencia de caso reconoció más tarde en una entrevista que habría sido mejor que Eddie hubiera entrado de hecho en la reunión. Tras haber conocido brevemente a Eddie antes de la conferencia de caso, no pude entrevistarlo y no volví a verlo.
El trato que reciben los padres y la paternidad en el contexto del bienestar infantil parece ser un problema persistente a través del tiempo y del espacio (Coady et al., 2013; Maxwell et al., 2012; Mykkänen et al., 2017; Turesson, 2020; Zanoni et al., 2013). Este problema no ha mejorado mucho con los reiterados llamamientos a cambiar las prácticas (Clapton, 2013; Featherstone et al., 2007) ni con las iniciativas de «brotes verdes» (Scourfield, 2015). Brandon et al. afirman que «a pesar de las dificultades para implicar a los padres, quienes ejercen la práctica profesional son capaces de crear relaciones de trabajo con los hombres» (2019: 449). Sin embargo, el bienestar infantil sigue siendo predominantemente un «trabajo» de mujeres (Brown, 2006). Hasta el punto de que, como han sugerido Ewart-Boyle et al. (2015: 472), «una dependencia excesiva del trabajo con las madres y la exclusión de los padres están tan profundamente arraigadas en la sociedad y en la cultura del trabajo social que a menudo no se cuestionan».
La exclusión de los padres de los procesos de protección infantil aumenta la responsabilización de las madres por los riesgos y las dificultades de la familia (Critchley, 2020b; Stewart, 2020). Solo en una pequeña minoría de casos la relación de trabajo que la persona trabajadora social establecía con el padre tenía algo parecido a la solidez y al propósito de la relación de trabajo que se esperaba que la futura madre estableciera con los equipos profesionales. Esto garantizaba que el foco de la protección infantil se dirigiera firmemente hacia las mujeres. La investigación de Ward et al. (2006, 2012) sobre las trayectorias de cuidado de lactantes y de niñas y niños muy pequeños subraya la necesidad de una evaluación rigurosa de lo que exactamente los padres pueden ofrecer a su descendencia, en un espectro que va desde la información sobre la historia de vida hasta la crianza de su bebé por nacer. Se trata claramente de una tarea muy compleja en situaciones de violencia doméstica, en las que la tarea principal es gestionar los riesgos para el niño o la niña y para la madre (Devaney, 2014; Lloyd et al., 2017). Lo que O’Hagan (1997) describió como la «evitación» de los hombres por parte del trabajo social tiene un impacto importante en todos los miembros de la familia. Como subrayan Pennell et al. (2014: 38), ello «significa que los equipos no pueden abordar directamente el maltrato que los hombres perpetúan contra sus hijos y contra las madres de sus hijos».
La exclusión generalizada de los padres de este trabajo por parte del trabajo social sigue teniendo graves consecuencias para los padres, para su descendencia y para las madres en las familias atendidas por el bienestar infantil (Philip et al., 2019). A los padres se les niegan oportunidades de ejercer sus derechos y responsabilidades parentales, mientras que las madres quedan sobrerresponsabilizadas y a menudo se les piden cuentas por el comportamiento dañino de los hombres en el ámbito familiar. La infancia se ve potencialmente privada de los beneficios de una relación con su padre en términos de identidad y de cuidado cotidiano.
Las iniciativas progresistas, como el lenguaje neutro en cuanto al género, que sustituye «madres» o «padres» por términos como «personas cuidadoras» o «progenitores»… han hecho poco por desplazar el foco de las mujeres hacia las mujeres y los hombres. Como se puso de manifiesto en nuestra revisión de expedientes, los equipos leen sistemáticamente «progenitor» como «madre» en las políticas y en la legislación (Brown et al. 2009: 27).
En el contexto de una intervención de protección infantil prenatal, no se puede observar al bebé en el mundo como un individuo que podría interactuar con ambos progenitores y mantener una relación visible con su padre. Los datos de este estudio aportan escasas pruebas de una implicación sostenida y significativa con los hombres, y toda una serie de ejemplos en los que los padres fueron pasados por alto, excluidos y vueltos invisibles en la intervención de protección infantil prenatal con las familias. Con ello se añade todavía más peso a la bien documentada fabricación de padres fantasma en el bienestar infantil (Brown et al., 2009).
Este estudio constató que era crucial que el personal de trabajo social viera a los padres como «fines en sí mismos» y no como obstáculos para la relación de trabajo con la madre o para la vigilancia de la seguridad del bebé. Ese enfoque sustentaba toda implicación significativa de los hombres en las reuniones y evaluaciones de protección infantil. Como han argumentado Zanoni et al. (2013), una mayor inclusión de los padres en la práctica y en la investigación sigue siendo una prioridad urgente para el trabajo social, pese a la abundante literatura que, en las últimas décadas, viene reclamando una implicación más eficaz de los hombres en tanto que padres (Daniel and Taylor, 1999; O’Hagan, 1997). Lamentablemente, los hallazgos de este estudio añaden peso a un caudal desbordante de pruebas del fracaso del trabajo social a la hora de trabajar de forma respetuosa con los padres por el bienestar de su descendencia. La inclusión de los padres en la investigación podría haber sido más completa, y varios factores la dificultaron, entre ellos el control del acceso ejercido tanto por el personal de trabajo social como por las madres. Aun así, la contribución de los padres a la investigación que sí fue posible resultó importante. Los datos relativos a los padres aportaron pruebas de que la escasa implicación del trabajo social con los hombres se extiende al trabajo prenatal. Además, los encuentros de investigación con padres que fueron posibles indicaron que conversaciones abiertas y menos guiadas por una agenda pueden conducir a resultados más reflexivos e informativos.
A partir de datos procedentes de los padres y relativos a ellos, he sostenido que los procesos y las prácticas de protección infantil prenatal pueden funcionar de modo que pasan por alto o excluyen activamente la contribución de los hombres. Los hallazgos de este estudio ponen de relieve la necesidad de que quienes ejercen la práctica profesional vean a los padres, hablen con ellos y los comprendan de otro modo. Aunque la investigación ha identificado reiteradamente el problema de los «padres fantasma» en el bienestar infantil, las estrategias para abordarlo todavía no han demostrado cambios significativos en la práctica. Encontrar maneras de incluir eficazmente a los hombres en la evaluación del riesgo en sus familias y en la planificación del cuidado sigue siendo un desafío permanente para el bienestar infantil.
Sigue siendo necesaria más investigación centrada específicamente en los hombres de las familias de niñas y niños objeto de una intervención de bienestar infantil. Los métodos para implicar a los padres en esta investigación también requieren un mayor desarrollo. La investigación presentada en este artículo indica el potencial de los métodos etnográficos para crear un espacio significativo en el que los padres compartan sus preocupaciones y perspectivas. Además, la manera en que los hombres utilizaron los espacios de investigación creados por este estudio sugiere que encuentros con los padres menos guiados por una agenda les permiten aportar información potencialmente significativa para la evaluación de protección infantil. Para dejar atrás a los padres fantasma de la protección infantil, quienes ejercen la práctica profesional deben tratar a los hombres presentes en la vida de la infancia como personas reales, multidimensionales y capaces tanto de conductas dañinas como de conductas de cuidado dentro de sus familias.
Complexe Systémique: puntos clave
Esta etnografía hace visible un mecanismo que va mucho más allá del periodo prenatal: el sistema de protección se construye en torno a la díada madre-bebé, y el padre solo entra en él como factor de riesgo. El riesgo atribuido a Bill se extiende poco a poco, del bebé a su pareja y luego a los propios equipos profesionales, mientras que su alegría por volver a ser padre no encuentra ningún lugar donde expresarse. Leído desde una perspectiva sistémica, apartar al padre no protege: sobrerresponsabiliza a la madre, a veces la convierte en el canal de información de un hombre violento y priva a la criatura de un vínculo que formará parte de su historia, se decida lo que se decida. Para la práctica clínica, la pista más útil es casi metodológica: las conversaciones menos guiadas por una agenda hacen aflorar recursos que la evaluación formal pasa por alto, sin negar el peligro. Conviene, no obstante, ser prudente: doce familias, solo dos padres entrevistados, una única autoridad local escocesa, y los padres más preocupantes fuera del alcance de la propia investigación. Puede leerse junto con el artículo sobre los padres en la sombra y el enfoque de familia completa en el trabajo social y el artículo sobre masculinidad y apego en el trabajo con padres.
Notas del original
Declaración de conflictos de intereses. La autoría declaró no tener ningún conflicto de intereses potencial en relación con la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo.
Financiación. La autoría declaró haber recibido el siguiente apoyo económico para la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo: esta investigación fue financiada por una beca doctoral 1 + 3 del Economic and Social Research Council (ESRC), con número de concesión 1091282. La investigación doctoral de la autora se realizó en la University of Edinburgh, en la Graduate School of Social and Political Science.
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Traducción no oficial al español de Giving up the ghost: Findings on fathers and social work from a study of pre-birth child protection, de Ariane Critchley, Qualitative Social Work, vol. 21, no 3, p. 580-601 (2022), doi: 10.1177/14733250211019463, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista, declaraciones agrupadas en las notas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
El artículo original, «Giving up the ghost: Findings on fathers and social work from a study of pre-birth child protection», se publicó en Qualitative Social Work (2022) bajo licencia CC BY 4.0. Esta versión es una traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, con una presentación adaptada para la lectura en línea, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Critchley, A. (2022). Giving up the ghost: Findings on fathers and social work from a study of pre-birth child protection. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/giving-up-the-ghost-findings-on-fathers-and-social-work-from-a-study-of-pre-birth-child (Obra original publicada en 2021 en Qualitative Social Work, 21(3), 580-601 (2022); republicada en 2022 por Qualitative Social Work, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/14733250211019463)
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