Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Frontiers in Psychology · Pareja
Quienes practican la terapia de pareja saben que el malestar nace de bucles en los que cada miembro de la pareja alimenta aquello que reprocha a la otra persona. Pero ¿cómo convertir esta lectura en objetivos de trabajo con la pareja? Francesca Capozzi, de la Université du Québec à Montréal, reúne la investigación en ciencia de las relaciones en un diagrama de flujo en tres partes: ¿es adecuada la terapia de pareja?, ¿se cuestiona la relación?, ¿reconoce cada miembro de la pareja su parte?
Traducción no oficial al español de A research-driven flowchart to approach change in couples, de Francesca Capozzi, publicado en Frontiers in Psychology (Frontiers Media) (2025), doi: 10.3389/fpsyg.2024.1438394, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las declaraciones del final del artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Un cambio eficaz comienza con una comprensión compartida y centrada en la clientela de las necesidades de la pareja.
Francesca Capozzi
Resumen
En la mayoría de los casos, las personas terapeutas de pareja ven sistémicamente el malestar de la pareja como el resultado de patrones recíprocos desadaptativos a los que contribuye cada miembro. Sin embargo, puede resultarles difícil compartir con la pareja esa comprensión relacional de su malestar e identificar en consecuencia objetivos de cambio, ya que la literatura existente no ofrece métodos estructurados, paso a paso. Este artículo de perspectiva revisa investigaciones de distintos ámbitos de la ciencia de las relaciones para sintetizar de forma cohesionada las mejores prácticas de identificación de objetivos en un diagrama de flujo paso a paso. El diagrama se divide en tres grandes áreas, derivadas de la literatura disponible: establecer la pertinencia de la terapia de pareja, determinar los objetivos generales y conceptualizar los objetivos específicos desde una perspectiva sistémica. Concebidas para facilitar la formación, las recomendaciones resultantes respaldarán de manera amplia un enfoque de la evaluación sistémica centrado en los objetivos.
Palabras clave: factores comunes, evaluación en terapia de pareja, objetivos de la terapia de pareja, terapia relacional, ciencia de las relaciones
La terapia de pareja es de naturaleza sistémica. Salvo en los casos de violencia en la pareja, la mayoría de las parejas llegan a terapia bailando el «tango» de patrones recíprocos que adoptan la forma de los llamados patrones en pajarita o de bucles que se perpetúan a sí mismos (Furrow et al., 2022), en los que el comportamiento de la persona A desencadena o confirma la inseguridad emocional o las distorsiones cognitivas de la persona B, lo que suscita un comportamiento que, a su vez, desencadena o confirma la inseguridad emocional o la distorsión cognitiva de la persona A.
Tomemos el ejemplo de Aiden y Alex. Aiden se muestra distante y ausente y a menudo trabaja hasta tarde o pasa las veladas, después de la cena, en su despacho para tener un poco de tranquilidad. Alex adopta una actitud crítica y llena de resentimiento y a menudo siente soledad y que le desborda la responsabilidad de mantener la casa limpia y la relación a flote. Cuando llegan a terapia, se lamentan de un vínculo deteriorado, cada cual presenta el comportamiento de la otra persona como el problema y no parece haber esperanza posible. Sin embargo, la persona terapeuta ve que el comportamiento de cada una aleja aún más a la otra y que el cambio debe producirse en ambos lados para ser eficaz. ¿Cómo puede compartir esta perspectiva con la pareja y ayudarla a identificar objetivos en consecuencia?
La máxima «la relación es la clienta», a menudo tan oscura para las personas en formación, remite precisamente al enfoque sistémico clave que ve el malestar de la pareja como el resultado de cadenas recíprocas de comportamientos/interpretaciones/respuestas a las que contribuye cada miembro. Sin embargo, pese a su importancia, la literatura disponible parece carecer de orientaciones estructuradas para construir esta comprensión relacional. Por ejemplo, la teoría de los factores comunes aborda los factores que contribuyen al éxito de la terapia en distintos enfoques clínicos y ha adquirido una relevancia de primer orden en la investigación y en la formación (Davis and Hsieh, 2019). Aplicada a la terapia de pareja, esta teoría subraya la conceptualización relacional como principio común clave e identifica la ruptura de los patrones relacionales disfuncionales como un objetivo sistémico clave (Davis et al., 2012; Bradbury and Bodenmann, 2020).
La ventaja de los enfoques de factores comunes es que sus indicaciones pueden aplicarse prácticamente a todos los enfoques terapéuticos, lo que sienta una sólida base teórica para comprender el éxito terapéutico entre modelos (Fife et al., 2014). En este sentido, la presente perspectiva se inscribe de lleno en esta tradición. Sin embargo, estos enfoques a menudo carecen de indicaciones concretas, paso a paso, sobre cómo alinear las conceptualizaciones sistémicas con objetivos terapéuticos específicos (véanse, por ejemplo, Chambers, 2012; Stanton and Welsh, 2012). Además, a menudo carecen de conexión con otras áreas de la ciencia de las relaciones que destacan elementos clave del éxito terapéutico, como la importancia de evaluar la pertinencia de la terapia de pareja, de distinguir entre objetivos generales y específicos y de identificar los factores cognitivos y afectivos que favorecen el cambio (Bradbury and Bodenmann, 2020).
La presente perspectiva aborda estas cuestiones organizando en un diagrama de flujo paso a paso las recomendaciones para identificar los objetivos de cambio de las parejas. Integrando literatura de distintos ámbitos de la ciencia de las relaciones, el diagrama propuesto ofrece una herramienta práctica para estandarizar la identificación de objetivos desde una perspectiva sistémica que abarca los objetivos de cambio generales, específicos e individuales. Concebidas para facilitar la formación, las recomendaciones resultantes respaldarán de manera amplia un enfoque de la evaluación sistémica centrado en los objetivos.
Un cambio eficaz comienza con una comprensión compartida y centrada en la clientela de las necesidades de la pareja. Sin embargo, las parejas a menudo inician la terapia sin una comprensión relacional de sus problemas (Benson et al., 2012), y la autoinculpación o la culpabilización de la otra persona son visiones más habituales, sobre todo en las sociedades individualistas (Stanton and Welsh, 2012). Por ello, puede resultar difícil para la persona terapeuta guiar a la clientela hacia una comprensión relacional de sus problemas. Volviendo al ejemplo de Aiden y Alex, a la persona terapeuta puede costarle mostrar a Aiden que su comportamiento comunica falta de interés y mostrar a Alex que el suyo comunica desprecio. Además, Aiden y Alex pueden mostrarse reticentes a asumir la responsabilidad de su contribución al malestar relacional, lo que puede representar otro reto más para la persona terapeuta a falta de métodos estructurados que traduzcan las conceptualizaciones sistémicas en objetivos operativos que resuenen con la perspectiva de la clientela (Sperry, 2005; Eldridge et al., 2022).
Lo que sigue revisa investigaciones de distintos ámbitos de la ciencia de las relaciones para sintetizar de forma cohesionada las mejores prácticas de identificación de objetivos en un diagrama de flujo paso a paso (Figura 1). El diagrama se divide en tres grandes áreas, derivadas de la literatura disponible y descritas a continuación: establecer la pertinencia de la terapia de pareja, determinar los objetivos generales y conceptualizar los objetivos específicos desde una perspectiva sistémica.

Por paradójico que pueda parecer, la investigación sugiere que determinar la pertinencia de la terapia de pareja podría ser el primer paso de un diagrama de flujo ideal para identificar los objetivos de cambio de las parejas (Figura 1, 1). La pertinencia de la terapia de pareja va más allá del malestar relacional (Halford and Pepping, 2019). Por ejemplo, la terapia de pareja puede recomendarse cuando los problemas individuales de un miembro de la pareja afectan significativamente al funcionamiento de la pareja (p. ej., Alder et al., 2018), y históricamente ha demostrado su eficacia para aliviar esos problemas actuando sobre los factores relacionales que contribuyen a ellos (p. ej., Wittenborn et al., 2022). Por ejemplo, el comportamiento de Aiden podría reflejar una depresión o una distimia, lo que no excluye la terapia de pareja en la medida en que sus problemas del estado de ánimo pueden influir en los problemas relacionales y verse influidos por ellos (Montesano et al., 2014).
Sin embargo, las personas terapeutas y los enfoques difieren en cuanto a la importancia que conceden a tratar los problemas individuales en una terapia individual separada. Los enfoques sistémicos clásicos alentarían la terapia sistémica como tratamiento principal incluso en los casos en que existe un llamado paciente identificado (PI) a causa de problemas conductuales o psiquiátricos (Carr, 2019; Hogue et al., 2022; Wittenborn et al., 2022), mientras que otros enfoques muestran menos acuerdo (p. ej., Isakson et al., 2006). Por ejemplo, se recomienda la terapia individual ante circunstancias individuales que comprometen la capacidad de discernimiento y el control del comportamiento, como el consumo problemático de sustancias (Klostermann and Fals-Stewart, 2004) o los problemas de ira y violencia (Karakurt et al., 2016). Otros problemas han suscitado menos consenso, como diversas formas de trauma relacional que influyen en la dimensión relacional y se ven influidas por ella. En estos casos, entre los enfoques viables figura ofrecer un espacio seguro que favorezca la comprensión recíproca de los miembros de la pareja y el manejo de los desencadenantes traumáticos; estos temas importantes exceden el alcance de esta perspectiva, pero las personas interesadas pueden consultar la literatura correspondiente (p. ej., MacIntosh and Johnson, 2008; MacIntosh, 2017; Kleiner-Paz and Nasim, 2021).
Aun reconociendo que las recomendaciones que la persona terapeuta haga caso por caso dependerán en gran medida de diversos factores, entre ellos el contexto relacional y el problema individual concreto, la presente perspectiva invita a reflexionar detenidamente antes de seguir adelante con la terapia de pareja sin recomendar una terapia individual complementaria cuando hay indicios de que los patrones relacionales desadaptativos pueden atribuirse en gran medida al comportamiento de uno de los miembros de la pareja. Por ejemplo, las mejores intenciones (y comportamientos) de Alex podrían resultar ineficaces si la inestabilidad anímica de Aiden depende de factores que van más allá de la relación. Además, en estas circunstancias puede resultar delicado centrarse en los patrones de acción, interpretación y respuesta que se desencadenan recíprocamente. Cuando los problemas individuales de un miembro de la pareja se tratan por otra vía, es más fácil mantener el foco en los patrones relacionales y se reduce el riesgo de alianzas inapropiadas con el otro miembro (Gurman and Burton, 2014; Friedlander et al., 2018; Sotero and Relvas, 2021).
Esto es especialmente importante cuando el desequilibrio es evidente y compromete la seguridad, como en el caso de la violencia en la pareja (para distintas perspectivas sobre este tema: Stith et al., 2012; Antunes-Alves and De Stefano, 2014; Karakurt et al., 2016; Hurless and Cottone, 2018). En estos casos se recomienda encarecidamente la terapia individual, y pueden ser preferibles los enfoques de pareja o de familia que apoyen la recuperación de las heridas psicológicas de la persona o del subsistema (p. ej., Diamond et al., 2016).
En resumen, la terapia de pareja es la más adecuada cuando existe un patrón relacional percibido como desadaptativo y cuando el problema individual de un miembro de la pareja repercute significativamente en la vida de la pareja, siempre que ese problema individual se trate mediante alguna forma de terapia individual; de lo contrario, debe alentarse la terapia individual (Figura 1, 1).
Otra evaluación decisiva se refiere a los objetivos globales de la terapia. En concreto, la investigación recomienda evaluar si la pareja cuestiona su compromiso con la relación (Halford et al., 2016) y adaptar el tratamiento en consecuencia (Owen et al., 2012; Doherty et al., 2016). Así pues, el segundo paso del diagrama de flujo debería consistir en determinar si los miembros de la pareja aspiran a mejorar la relación o si, por el contrario, se cuestionan su continuidad (Figura 1, 2).
Entre las parejas que contemplan la ruptura figuran las que viven un conflicto intenso, desajustes importantes en sus proyectos de vida, traiciones graves de la confianza o de la seguridad y/o una pérdida de intimidad aparentemente irremediable (Tremblay et al., 2008; Boisvert et al., 2011; Fraenkel, 2019). Curiosamente, estas áreas se solapan en gran medida con las identificadas en áreas no clínicas de la ciencia de las relaciones, centradas en los procesos, como predictoras de la calidad de la relación, lo que respalda la idea de que la calidad percibida de la relación es uno de los principales predictores de los procesos relacionales y de los resultados clínicos (Ogolsky et al., 2017; Joel et al., 2020; Itzchakov et al., 2022; Righetti et al., 2022). Del mismo modo, se ha demostrado que la ambivalencia hacia la relación desempeña un papel significativo en las dificultades relacionales y en la percepción global de la calidad de la relación (Faure et al., 2022; Zoppolat et al., 2022, 2024).
Por ello, se recomienda encarecidamente aclarar el compromiso al inicio del tratamiento. Si, por ejemplo, Alex se cuestiona su capacidad o su interés en continuar la relación, puede que no haya suficiente seguridad ni confianza para que Aiden deje ver el anhelo de conexión que probablemente se esconde tras su comportamiento de retirada (Kula et al., 2024). En estos casos, los llamados enfoques de última oportunidad, centrados en los problemas de comportamiento (Fraenkel, 2019), y/o una exploración en profundidad del compromiso y de la ambivalencia (Owen et al., 2014) pueden ser los más adecuados. En última instancia, puede plantearse un acompañamiento a la separación si esta se decide (Lebow, 2019). Para profundizar en estos temas importantes, las personas interesadas pueden consultar la literatura correspondiente (p. ej., Owen et al., 2014; Fraenkel, 2019; Lebow, 2019; Fishbane et al., 2020; Lebow and Snyder, 2022).
En resumen, una vez establecida la pertinencia de la terapia de pareja, deben determinarse los objetivos generales en términos de compromiso con la continuidad de la relación; si la relación se pone en duda, deben preferirse los enfoques de última oportunidad (Figura 1, 2).
Cabe sostener, no obstante, que la mayoría de las parejas acuden a terapia con el objetivo general de mejorar la relación y con ideas relativamente claras sobre los ámbitos de la vida en los que su malestar es más significativo (Halford and Pepping, 2019). Por ejemplo, la investigación sitúa los problemas de comunicación, la intimidad (emocional) insuficiente y los desequilibrios de poder entre los principales motivos de consulta (Doss et al., 2004; Roddy et al., 2019). Curiosamente, estas áreas se solapan en gran medida con las identificadas en las áreas de la ciencia de las relaciones centradas en los procesos como predictoras de la calidad y la duración de la relación, lo que valida la experiencia subjetiva que la clientela tiene de los problemas que presenta (Ogolsky et al., 2017; Joel et al., 2020; Itzchakov et al., 2022).
Lo que a menudo les falta a las parejas, sin embargo, es una comprensión relacional de su malestar que se apoye en el reconocimiento de sus patrones de comportamiento entrelazados o bucles de retroalimentación, centrada en los factores de mantenimiento recíprocos más que en los comportamientos individuales, tal como se ha descrito más arriba. Un punto decisivo es que cada miembro de la pareja, y cada pareja, pueden diferir notablemente en su disposición a plantear el problema que presentan en términos relacionales (Gurman and Burton, 2014). En este punto del diagrama, la persona terapeuta debe evaluar la capacidad de los miembros de la pareja para ver la naturaleza relacional del problema que presentan con un mínimo de estimulación o de psicoeducación (Figura 1, 3).
Por ejemplo, la situación de Aiden y Alex puede verse como un patrón típico de persecución/retirada entre un miembro de la pareja que persigue y se expresa y otro que se retira y rehúye, atrapados en un ciclo de acciones y respuestas aparentemente incompatibles (uno persigue y el otro se retira; Wile, 2013). Históricamente, estas estrategias se han interpretado como diferencias individuales en las estrategias de apego (Mikulincer and Shaver, 2019), aunque investigaciones recientes indican que también pueden depender de los patrones de interacción propios de una pareja que han ido surgiendo con el tiempo (Baucom et al., 2015; Brandão et al., 2020; Leo et al., 2021).
Lo que asegura la estabilidad desadaptativa de este tipo de patrón es que cada miembro de la pareja activa las inseguridades del otro (Mikulincer and Shaver, 2019): uno (quien persigue) busca la regulación emocional a través del consuelo y la conexión y teme el abandono; el otro (quien se retira) busca la regulación emocional a través de la autonomía y la separación y teme la fusión. Así, cuando el malestar ligado al conflicto exige regulación emocional, cada cual despliega los comportamientos con más probabilidades de confirmar los miedos relacionales del otro, en lo que fácilmente puede convertirse en un bucle infinito de ciclos interactivos negativos. Explicada a la clientela en un lenguaje accesible y de un modo culturalmente compatible, esta visión reduce los procesos desadaptativos (como la culpabilización, la reactividad emocional y el aislamiento) y aumenta los comportamientos relacionales positivos (como la compasión, la empatía y la cooperación) (Fishbane and Wells, 2015; Fishbane, 2023).
Esta visión relacional del malestar se aplica igualmente a diversos problemas de consulta. Además del patrón de persecución/retirada y, como se ha mencionado, entre los motivos de consulta frecuentes figuran los problemas de comunicación, el apoyo insuficiente y los desequilibrios de poder (Doss et al., 2004, 2022; Roddy et al., 2019). Un punto decisivo es que la investigación muestra que los problemas de comunicación dependen, según el contexto, de obstáculos bidireccionales tanto en la expresión como en la escucha (p. ej., Gottman and Gottman, 2015; Righetti et al., 2022), que el apoyo está ligado a la reciprocidad en la capacidad de respuesta (p. ej., Itzchakov et al., 2022; Smoliak et al., 2022) y que los desequilibrios de poder están vinculados a patrones recíprocos de desempoderamiento y a atribuciones erróneas de poder (p. ej., Knudson-Martin, 2013; Körner and Schütz, 2021). Así, diversas áreas del (dis)funcionamiento de la pareja pueden contemplarse a través de la lente sistémica de las influencias recíprocas entre sus miembros.
En resumen, una vez descartada la ruptura y fijada la mejora como objetivo general de la terapia, debe animarse a los miembros de la pareja a plantear el problema que presentan en términos relacionales; cuando esto no sea posible, ese planteamiento debe convertirse en el foco de la terapia (Figura 1, 3).
Para consolidar una comprensión relacional, las primeras sesiones individuales y conjuntas deben estimular la reflexión de cada miembro de la pareja sobre su contribución al patrón relacional y establecer direcciones de cambio individual. La disposición de cada miembro de la pareja a asumir la responsabilidad de su parte en los problemas de la relación puede ser fundamental para interrumpir los ciclos de culpabilización (Patrika and Tseliou, 2016; Smoliak et al., 2021) y para poner en práctica las sugerencias de la persona terapeuta (Davis and Piercy, 2007). Además, centrarse en el cambio individual da a cada miembro de la pareja la capacidad de contribuir positivamente al cambio en su relación, lo que beneficia su sentimiento de competencia y de autonomía (Halford, 2003; Knee et al., 2013) a la vez que garantiza la rendición de cuentas (Fishbane, 2023). Así, aunque esta evaluación no tiene por qué ser formal, sí debe ser explícita (si bien las herramientas formales pueden beneficiar el proceso; Halford and Pepping, 2019; Lavee and Avisar, 2006; Snyder et al., 2005).
Idealmente, esta comprensión se formularía como objetivos de cambio individual destinados a interrumpir el ciclo de interacción negativo actual y a conducir la relación hacia el estado deseado. Así, por ejemplo, el sentido de la responsabilidad de Aiden se vería favorecido por el objetivo de reducir su impulso de perseguir o de criticar, ya que le daría la capacidad de cambiar algo sin esperar a que Alex cambie; del mismo modo, Alex se sentiría con más capacidad de acción ante la posibilidad de centrarse en su aptitud para contrarrestar el papel pasivo que percibe tener en la relación.
Centrarse en el cambio individual puede parecer contradictorio con los enfoques sistémicos. Sin embargo, múltiples enfoques sistémicos consideran la autorregulación y la agencia elementos clave de la empatía, la cooperación y la comprensión mutua. Por ejemplo, la diferenciación, definida como la capacidad de distinguir el propio yo de los demás, permite a las personas tomar decisiones coherentes con sus valores personales y relacionales, al tiempo que legitima y valida la experiencia propia y la ajena (Fishbane and Wells, 2015; McDowell et al., 2019; Knudson-Martin et al., 2021; véase Rodríguez-González et al., 2020 para consideraciones transculturales). La investigación cuantitativa ha puesto de relieve la importancia de la agencia percibida en procesos relacionales fundamentales como la acomodación (p. ej., Kluwer et al., 2020), el equilibrio entre las preocupaciones personales y relacionales (p. ej., Visserman et al., 2017) y el altruismo relacional (p. ej., Gordon and Chen, 2013). Además, las personas más diferenciadas identifican y regulan mejor las emociones (Kashdan et al., 2015), lo que beneficia sus capacidades relacionales dentro y fuera del marco terapéutico (Tamir, 2016).
En resumen, el último paso del diagrama de flujo propuesto para la evaluación de las parejas consistiría en determinar la capacidad de cada miembro de la pareja para entender el problema que presentan como un patrón relacional y reconocer su contribución a dicho patrón. Cuando no sea posible fijar esos objetivos individuales, la terapia debe reformular los objetivos con ese foco (Figura 1, 3).
Este artículo de perspectiva propone un enfoque estructurado y basado en la investigación para evaluar y promover el cambio en la pareja desde una perspectiva sistémica que abarca los objetivos de cambio generales, específicos e individuales. En la visión propuesta, la conceptualización sistémica es fundamental para la terapia de pareja, y el reconocimiento por parte de cada miembro de su responsabilidad individual es un paso beneficioso para el cambio terapéutico.
¿Y si los miembros de la pareja no reconocen su papel en el mantenimiento del statu quo? Como se ha mencionado, la comprensión sistémica que las parejas tienen de sus problemas suele ser limitada, y a sus miembros les cuesta reconocer su papel en el patrón relacional. En estos casos, la presente perspectiva anima a las y los profesionales a plantearse la negociación de esa comprensión como objetivo de la terapia. Si finalmente esa comprensión no es posible, podría considerarse la interrupción de la terapia y/o una terapia individual. Las razones de esta postura incluyen consideraciones éticas y terapéuticas.
Desde el punto de vista ético, el mandato relacional de la terapia de pareja debe quedar claro para la clientela en el momento en que se compromete en ella. Puesto que el consentimiento es un proceso continuo, reforzar el encuadre terapéutico relacional constituye, cabe sostener, una intervención terapéutica en sí misma (Hecker and Murphy, 2018). Desde el punto de vista terapéutico, y como se ha expuesto más arriba, la capacidad de una pareja para entender los problemas que presenta desde una perspectiva relacional puede ser un factor clave del éxito del tratamiento, al reducir la culpabilización y aumentar la responsabilidad y la agencia individuales, lo que muestra el carácter fundamental de la comprensión sistémica en la terapia de pareja (Becvar and Becvar, 2019).
Es importante señalar que el enfoque propuesto para la identificación de objetivos es agnóstico respecto del método empleado para perseguir los objetivos y del modelo clínico privilegiado, y puede aplicarse en la investigación y la práctica futuras desde una multitud de perspectivas (p. ej., cognitiva, emocional, sociorrelacional; Knudson-Martin et al., 2015). Además, no existe en principio ninguna contraindicación para aplicar los métodos propuestos con independencia del origen cultural de la clientela, aunque se recomienda encarecidamente tener en cuenta consideraciones culturales centradas en la clientela al abordar el contenido de los objetivos (p. ej., Rodríguez-González et al., 2020; Capozzi, 2022; Ealami and Hooshmandi, 2024; véase también Trexler, 2024).
En conclusión, este artículo ofrece una hoja de ruta para plantear sistémicamente el malestar de las parejas e identificar en consecuencia objetivos de cambio generales, específicos e individuales. En este sentido, amplía la literatura actual al proponer un enfoque metateórico del cambio en la pareja, que puede beneficiar a la investigación, la práctica y la formación en una amplia gama de enfoques terapéuticos. Si Aiden y Alex deciden continuar su relación, su mejor oportunidad dependerá en última instancia de su capacidad para cambiar su visión de su malestar, reconocer sus responsabilidades individuales y trabajar conjuntamente hacia sus nuevos objetivos.
Complexe Systémique: puntos clave
El artículo formaliza lo que muchas personas terapeutas hacen por instinto: comprobar que la pareja es la puerta de entrada adecuada, aclarar el compromiso antes de trabajar sobre la relación y, después, ayudar a cada miembro de la pareja a ver el bucle y a reconocer su parte en él. La viñeta de Aiden y Alex, cuyos nombres son deliberadamente neutros en cuanto al género, ilustra muy bien la puntuación recíproca entre persecución y retirada. El valor didáctico es real, sobre todo para las personas en formación. Pero se trata de un artículo de perspectiva: el diagrama de flujo no ha sido ni probado ni validado, y su lógica de sí o no simplifica situaciones en las que se entrelazan ambivalencia y violencia. La propuesta de interrumpir la terapia si la pareja no logra una lectura relacional también es discutible: desde una perspectiva sistémica, esta lectura se coconstruye en la sesión más que constatarse sin más, y las palabras de la persona terapeuta forman parte de ella. Conviene, por tanto, tomar el diagrama como un mapa, no como un protocolo. Para leer junto con el artículo sobre el rastreo de las circularidades y la revisión sobre la terapia de pareja en la década de 2020.
Notas del original
Agradecimientos. Este trabajo contó con el apoyo de una subvención inicial de la Facultad de Ciencias Humanas de la UQAM. Muchas gracias a Alison Carpenter, Marjorie Rabiau y a la promoción 2020-22 del programa MSc(A) Couple and Family Therapy de la Universidad McGill por sus inspiradoras aportaciones.
Financiación. La autoría declara haber recibido apoyo financiero para la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo. Este trabajo contó con el apoyo de una subvención inicial de la Facultad de Ciencias Humanas de la UQAM.
Contribuciones de la autoría. FC: redacción del borrador original, redacción, revisión y edición.
Conflicto de intereses. La autoría declara que la investigación se llevó a cabo en ausencia de cualquier relación comercial o financiera que pudiera interpretarse como un posible conflicto de intereses.
Nota de la editorial. Todas las afirmaciones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de la autoría y no representan necesariamente las de sus organizaciones de afiliación, ni las de la editorial, el equipo editorial o las personas revisoras. Ningún producto que pueda evaluarse en este artículo, ni ninguna afirmación que pueda hacer su fabricante, está garantizado ni respaldado por la editorial.
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Traducción no oficial al español de A research-driven flowchart to approach change in couples, de Francesca Capozzi, Frontiers in Psychology, vol. 15, 1438394 (2025), doi: 10.3389/fpsyg.2024.1438394, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «A research-driven flowchart to approach change in couples», publicado en Frontiers in Psychology (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Capozzi, F. (2025). A research-driven flowchart to approach change in couples. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/a-research-driven-flowchart-to-approach-change-in-couples (Obra original publicada en 2025 en Frontiers in Psychology, 15, 1438394 (2025); republicada en 2025 por Frontiers in Psychology, https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyg.2024.1438394/full)
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