Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

The British Journal of Social Work · Protección de la infancia

«Disparó nuestra capacidad de empatizar»: experiencias de profesionales de protección infantil con un enfoque informado por el trauma de la separación entre menores y progenitores

El día en que se separa a un niño o una niña de su familia suele planificarse deprisa, desde la óptica del riesgo y de la logística. En Lewisham, al sur de Londres, las reuniones «Child Coming into Our Care» llevan a la red profesional a detenerse en lo que la persona menor va a atravesar, hora tras hora. Veintiuna entrevistas muestran lo que esto cambia: un relato compartido, objetos y personas que tienden puentes, y un giro en la manera de pensar, de un trauma que hay que «reducir» a un trauma que exige una respuesta.

Autoría Dan Timariu (Department of Social, Therapeutic and Community Studies, Goldsmiths, University of London), Tom Hatton (Space For Change, Multi-Agency Child Protection Intervention Teams, Lewisham Children’s Services, Londres), Keisha McCook (Multi-Agency Child Protection Service, Lewisham Children’s Services, Londres), Anna Rohmann (School of Global Change, Goldsmiths, University of London) y Cynthia Tobierre (Children and Family Court Advisory and Support Service, CAFCASS, Londres), Reino UnidoPrimera publicación The British Journal of Social Work, 27 de enero de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de It ‘supercharged our ability to empathise’: Safeguarding practitioners’ experiences of a trauma-informed approach to child–parent separation, de Dan Timariu, Tom Hatton, Keisha McCook, Anna Rohmann y Cynthia Tobierre, publicado en The British Journal of Social Work (Oxford University Press) (2026), doi: 10.1093/bjsw/bcag002, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Vemos el valor de este enfoque en su ethos: la invitación a «quedarse con» la posibilidad del trauma en lugar de evitarla, creando tiempo y espacio para los sentimientos difíciles.

Dan Timariu, Tom Hatton, Keisha McCook, Anna Rohmann y Cynthia Tobierre

Resumen

Este artículo examina las experiencias de profesionales que intervienen en el proceso «Child Coming into Our Care» (CCIOC), un enfoque informado por el trauma que acompaña a la infancia que pasa a estar bajo tutela en Inglaterra. A partir de veintiuna entrevistas semiestructuradas, este estudio explora el impacto de aplicar los principios informados por el trauma. Los resultados ponen de relieve cuatro ámbitos clave: (1) el intercambio abierto de información ofreció una imagen más completa de cada menor; (2) la construcción de un relato compartido ayudó a la infancia a comprender su situación; (3) convertirse en participante de la transición y seguir atentos a la importancia de los objetos y las rutinas familiares contribuyó a dar a la infancia una sensación de continuidad; (4) centrarse en la experiencia vivida por cada menor hizo que la planificación de urgencia estuviera más centrada en la infancia. El enfoque CCIOC creó un espacio para el compromiso emocional y ayudó a profesionales a considerar cómo podía afectar la situación a cada menor en cada etapa de la separación. Aun reconociendo que el trauma de la separación familiar no puede evitarse por completo, el personal profesional consideró que el enfoque tenía sentido y reforzaba la empatía y la preparación. Basado en la colaboración entre investigación y práctica profesional, este estudio contribuye a los debates sobre la práctica informada por el trauma y destaca el valor de una planificación multiagencia centrada en la infancia. Propone redefinir el enfoque CCIOC, pasando de «reductor del trauma» a «receptivo al trauma», y aboga por seguir investigando la integración de marcos receptivos al trauma en la práctica de protección de la infancia.

Introducción

Desde 2008, el número de niñas, niños y adolescentes tutelados (children looked after, CLA) por las autoridades locales en Inglaterra se ha disparado, hasta alcanzar un máximo histórico de 83 760 en 2023 (Department for Education 2024). Al mismo tiempo, se han ampliado las desigualdades entre las autoridades locales más y menos desfavorecidas, y las zonas más pobres han registrado un aumento desproporcionado de menores que pasan a estar bajo tutela (Bennett et al. 2020). Factores socioeconómicos, como el aumento de la pobreza infantil y las políticas de austeridad que dejan a los servicios para la infancia sin recursos suficientes, pueden estar intensificando estas desigualdades. Como señalan también Bywaters et al. (2016), la interacción entre las estructuras raciales y económicas es crucial para comprender y abordar las disparidades.

Para la mayoría de la infancia tutelada, el paso a la tutela puede ser un acontecimiento traumático y estresante (Broadhurst y Mason 2020; Humphreys 2019; Lamponen, Pösö y Burns 2019), que provoca malestar emocional, culpa, apego perturbado y ansiedad, a menudo agravados por las circunstancias de la separación (Baugerud y Melinder 2012). Esto significa que quienes acompañan a la infancia en el momento de su entrada en el sistema de protección se enfrentan a un doble reto. Además de proteger a la infancia del riesgo de daño o de maltrato, deben tomar medidas para atenuar la posibilidad de un trauma adicional causado por la separación.

La normativa vigente sobre protección de la infancia (HM Government 2023) expone las competencias de los organismos para separar a la infancia de su familia y exige un enfoque multiagencia centrado en la infancia. Sin embargo, carece de orientaciones prácticas sobre cómo llevar a cabo las separaciones, abordar el trauma y ofrecer planes de seguridad o apoyo posterior a la separación. La normativa ofrece poco respaldo a profesionales que participan en la que es, sin duda, la intervención obligatoria más compleja emocionalmente y de mayores consecuencias para proteger a la infancia. Estas lagunas ponen de manifiesto la necesidad de orientaciones específicas sobre cómo apoyar tanto a profesionales como a la infancia durante la transición.

El proyecto «Child Coming into Our Care» (CCIOC) pretende colmar estas lagunas situando en el centro la experiencia vivida de la separación por parte de cada menor y elaborando una guía de práctica informada por el trauma para profesionales. La financiación de un programa de Teaching Partnership apoyó este proyecto de investigación, que explora la integración de la guía CCIOC en las reuniones de planificación multiagencia. El enfoque CCIOC está diseñado específicamente para atenuar el trauma inmediato que vive la infancia en el momento de la separación de su familia. El objetivo principal de una reunión CCIOC es acompañar y planificar esta transición de manera a la vez eficaz e informada por el trauma, reconociendo que la separación inicial suele ser la fase más intensa emocionalmente y la menos acompañada del recorrido por el sistema de protección. Aunque se reconoce que el trauma puede persistir mucho más allá de esta etapa inicial, el marco pretende reducir el malestar desde el principio mediante una planificación cuidadosa y compasiva. Si bien los resultados a largo plazo no son el objeto directo de este estudio, se prevé que intervenciones tempranas informadas por el trauma, como CCIOC, puedan contribuir positivamente a la experiencia a más largo plazo de la infancia en relación con la tutela y la separación.

En este artículo pretendemos ofrecer una visión general de las perspectivas profesionales sobre cómo han funcionado en la práctica las directrices CCIOC, centrándonos en su potencial para mejorar los resultados para la infancia.

El proyecto y el enfoque CCIOC

El proyecto CCIOC nació de la preocupación compartida por dos profesionales del trabajo social: las medidas adoptadas por el personal profesional para proteger a la infancia del malestar emocional durante su paso a la tutela de la autoridad local tendían a basarse en el criterio personal más que en protocolos establecidos. Nuestra posterior búsqueda bibliográfica confirmó la ausencia de orientaciones nacionales sobre la experiencia vivida por la infancia durante la separación de su familia. Como muestran investigaciones previas, las carencias en formación, orientación y supervisión pueden hacer que profesionales del trabajo social se sientan descualificados, desbordados y menos preparados ante la complejidad de las situaciones que encuentran a menudo en el ejercicio de su labor (Hunt et al. 2016; Kwhali et al. 2016; Ravalier et al. 2021).

Para abordar esta cuestión, la jefatura de equipo constituyó un grupo de trabajo multidisciplinar que incluía a una persona especialista en psicología clínica, una figura de tutela ad litem (Children’s Guardian), profesionales del Emergency Duty Team y una persona académica del trabajo social de una universidad local. A lo largo de varias reuniones, el grupo elaboró una guía de práctica sobre cómo planificar el proceso de entrada de la infancia en el sistema de protección de manera que se situaran en el centro las necesidades únicas de cada menor y el impacto probable de la separación de su familia y de su hogar. El marco CCIOC pretendía garantizar que la infancia implicada permaneciera en el centro de cada proceso de planificación, de modo que las personas adultas significativas y profesionales presentes en su vida contaran con una preparación que minimizara la ruptura y permitiera llevar a cabo las separaciones de forma compasiva e informada por el trauma. El marco CCIOC anima a todas las personas profesionales a considerar la posibilidad de que la infancia sufra un daño psicológico como consecuencia directa de la separación de su familia. Se basa en ocho principios clave concebidos para mejorar el apoyo que recibe la infancia durante la separación: planificación multiagencia, garantía de la seguridad de la infancia, trabajo en colaboración con las familias, mantenimiento de los vínculos familiares, intercambio eficaz de información, prácticas informadas por el trauma, apoyo a profesionales y provisión de los recursos necesarios.

Revisión bibliográfica

La separación como acontecimiento traumático

La separación de la familia es un acontecimiento potencialmente traumático, que agrava el daño inicial que motivó la intervención de los servicios de protección (Baugerud y Melinder 2012; English, Thompson y White 2015; Melinder et al. 2013). La ruptura del apego a las figuras de cuidado principales socava la sensación de seguridad y estabilidad de la infancia (Bowlby 2010; Humphreys 2019). Las separaciones no planificadas en situaciones agudas aumentan el estrés y las reacciones emocionales (Baugerud y Melinder 2012). La edad es también un factor crucial: las separaciones que se producen entre los tres y los cinco años tienen más probabilidades de generar una inseguridad duradera (Crittenden y Spieker 2023).

Las experiencias tempranas de maltrato pueden obstaculizar la capacidad de recordar y procesar los acontecimientos traumáticos, lo que puede perturbar la tarea psicológica de «elaborar» lo vivido. Estas dificultades de integración emocional y cognitiva se asocian a menudo con una mayor vulnerabilidad a dificultades psicológicas a largo plazo que pueden persistir en la edad adulta (Melinder et al. 2013; Van der Kolk 2014).

¿Qué ayuda a abordar el impacto del trauma de la separación?

La investigación sobre cómo abordar los efectos traumáticos de la separación familiar es limitada, especialmente en el Reino Unido. No obstante, algunos estudios identifican factores que pueden atenuar su impacto.

Baugerud y Melinder (2012) subrayan la importancia de planificar y de ofrecer explicaciones para reducir el estrés y ayudar a la infancia a afrontar la situación. Recomiendan que «las directrices prácticas, el momento de la intervención, el grado de implicación de las personas cuidadoras y el tratamiento terapéutico se estandaricen para facilitar las decisiones» (p. 268). Dado que la separación representa una ruptura de la continuidad entre pasado y presente, la infancia que entra en el sistema de protección necesita poder comprender sus motivos para integrar sus experiencias pasadas en un autoconcepto coherente (Children’s Commissioner 2015). Garantizar que la infancia disponga de la mayor información posible para procesar, narrar, revisar y volver a contar su historia personal en cada etapa puede sentar las bases de la autocomprensión necesaria para construir un sentido de sí a la vez estable y adaptativo (Welbourne 2012), lo que puede reducir los síntomas del trauma y del TEPT (Peltonen y Kangaslampi 2019). La presencia de una escucha empática puede sostener este proceso, ya que la validación y la comprensión compartida contribuyen a la rememoración y a la interiorización de los relatos de vida (McAdams y McLean 2013). Además, vivir una relación de sostén fiable y emocionalmente sintonizada puede tener beneficios terapéuticos (Ferguson et al. 2022) y ayudar a atenuar el trauma de la separación al favorecer una sensación de seguridad y de contención emocional. En este contexto, la o el profesional del trabajo social actúa como «participante transicional» ( Kanter 2004; citado en Ferguson 2011), cuyo papel en el proceso de separación consiste en participar ofreciendo a la persona menor una sensación de continuidad y estabilidad emocional en medio de la incertidumbre y la ruptura que la separación desencadena.

Atención/práctica informada por el trauma

Ha crecido el interés por los enfoques informados por el trauma en el trabajo social con la infancia y la familia (Cooper, Sadowski y Townsend 2023). Este interés se debe principalmente a la evolución de la práctica y de la investigación en Estados Unidos, donde se han desarrollado iniciativas de atención informada por el trauma (Trauma Informed Care, TIC) en respuesta a los hallazgos de estudios seminales. Estos estudios destacan la importancia de abordar pronto el trauma infantil como medida preventiva para atenuar los efectos psicológicos de las experiencias adversas en la infancia (Kerr-Davis et al. 2023; Spratt, Devaney y Frederick 2019). En el contexto británico, la Office for Health Improvement & Disparities (OfHID 2022) publicó un conjunto de principios basados en una definición de trabajo de la práctica informada por el trauma (Trauma Informed Practice, TIP):

La práctica informada por el trauma es un enfoque de las intervenciones sanitarias y asistenciales que se basa en la comprensión de que la exposición al trauma puede afectar al desarrollo neurológico, biológico, psicológico y social de una persona (OfHID 2022).

Pocos estudios examinan el impacto de la TIP en el Reino Unido (Hickle 2020; Sweeney et al. 2016), pero estudios internacionales muestran resultados positivos como una mejor salud mental y emocional de la infancia, menos estrés en las personas cuidadoras, una mayor estabilidad de los acogimientos (Bunting et al. 2019) y crecimiento postraumático (Levenson 2017). Otros estudios señalan un aumento de los conocimientos, la confianza y las competencias del personal (Lang et al. 2016).

Hanson y Lang (2016) insisten en la importancia de una aplicación coherente entre organismos y señalan que una TIC eficaz depende de una formación sostenida y del compromiso institucional. La investigación ha subrayado la necesidad de un apoyo sistémico, del desarrollo de los equipos y de enfoques rigurosos basados en la evidencia, así como de un marco de evaluación sólido para aprovechar este potencial y garantizar que las intervenciones TIC se adapten a la diversidad de los servicios (Mersky, Topitzes y Britz 2019; Wathen, Schmitt y MacGregor 2023). Bajo este reto metodológico subyace una cuestión más profunda: la falta de consenso sobre qué constituye el trauma en sí.

¿Qué es el trauma?

El trauma se considera un «tema candente» en el trabajo social (Beddoe et al. 2019), pero desde hace tiempo es un concepto central y unificador que atraviesa muchos ámbitos de la práctica del trabajo social (Joseph y Murphy 2014). Sin embargo, el concepto sigue mal definido. Se debate su significado preciso, y las distintas disciplinas ofrecen una variedad de interpretaciones y marcos conceptuales. Esto ha generado una confusión persistente y varias explicaciones contradictorias, potencialmente contraproducentes, de su significado (Chatterjee y Park 2024; Krupnik 2019). Parte del problema es que se discuten el alcance de las definiciones y los límites entre los factores de estrés comunes y el trauma (Bulathwatta, Witruk y Reschke 2016; Winders et al. 2020). Haciéndose eco de estas inquietudes, otras voces sostienen que la falta de claridad en la definición del trauma pone en entredicho la especificidad de las intervenciones centradas en el trauma, sus objetivos y sus efectos (Chatterjee y Park 2024; Krupnik 2019). La dificultad de establecer una definición universalmente aceptada del trauma psicológico para contextos concretos del trabajo social ha tenido consecuencias para la investigación, la práctica y la formulación de políticas. Isobel, Goodyear y Foster (2019) señalan la tensión entre la necesidad de una definición amplia que abarque una diversidad de experiencias y el riesgo de ampliar tanto el concepto que pierda todo significado.

En el contexto británico, el Gobierno define el trauma como

un acontecimiento, una serie de acontecimientos o un conjunto de circunstancias que una persona vive como perjudicial o como una amenaza para su vida. Aunque es propia de cada persona, en general la experiencia del trauma puede causar efectos adversos duraderos, que limitan la capacidad de funcionar y de alcanzar el bienestar mental, físico, social, emocional o espiritual. (OfHID 2022)

Esta conceptualización amplia pone de relieve el impacto generalizado y a largo plazo que el trauma puede tener en el desarrollo y el bienestar de una persona. En consonancia con esta concepción, la normativa de protección de la infancia subraya la necesidad de tener en cuenta los efectos duraderos del trauma al tomar decisiones que favorezcan el interés superior del menor (HM Government 2023). La guía de práctica CCIOC se apoya en este marco nacional adoptando una perspectiva relacional y evolutiva. Siguiendo la perspectiva de Beacon House (Lyons et al. 2020), el trauma se entiende como el impacto acumulativo de experiencias tempranas y repetidas de daño y pérdida en las relaciones clave de la infancia, que suelen producirse en los primeros años de vida. Estas experiencias, como el maltrato, la negligencia y la separación de las figuras de cuidado principales, son especialmente pertinentes para la infancia que entra en el sistema de protección.

Método

Para explorar cómo contribuye este enfoque a abordar el trauma en el proceso de entrada en el sistema de protección, se llevó a cabo un estudio cualitativo con personas participantes en reuniones CCIOC.

Las principales preguntas de investigación fueron:

  • ¿Cuáles fueron las experiencias de profesionales que participaron en reuniones CCIOC?
  • ¿Qué opinaban las personas participantes sobre los posibles beneficios, o no, de utilizar este enfoque?
  • ¿Cuáles eran los puntos fuertes de este enfoque y cómo podría mejorarse?

Reclutamiento y muestra

Se recurrió a un muestreo intencional para reclutar a profesionales que intervenían en el proceso CCIOC. Las personas que presidían las reuniones CCIOC identificaron a quienes cumplían los criterios, y el equipo investigador envió después un correo de invitación a quienes manifestaron interés.

Se realizaron veintiuna entrevistas semiestructuradas con perfiles profesionales diversos: profesionales del trabajo social, responsables de equipo, familias de acogida, Independent Reviewing Officers (responsables de revisión independiente), figuras de tutela ad litem, profesionales de la salud y docentes.

Se utilizó un guion temático para recoger las perspectivas de las personas participantes sobre el posible impacto de este enfoque y sobre si contribuía a mejorar los resultados para la infancia. El objetivo era comprender sus opiniones sobre lo que funcionaba, lo que podía cambiarse y los beneficios, o no, de este enfoque. Se animó a las personas participantes a reflexionar sobre el impacto del enfoque CCIOC y a compararlo con sus experiencias anteriores de participación en separaciones de menores ordenadas por ley.

Ética

La aprobación ética del estudio se obtuvo del Research Ethics Sub-Committee de Goldsmiths, University of London (ref. 1721).

Los materiales enviados a las posibles personas participantes incluían una invitación a participar con una hoja informativa que explicaba la justificación de la investigación y el desarrollo de la entrevista. El documento aclaraba que la participación era voluntaria; que la información sobre la participación en el estudio no se compartiría con la entidad empleadora; que podían negarse a responder a cualquier pregunta; y que tenían derecho a retirarse en cualquier momento sin consecuencia alguna. El dosier informativo ofrecía garantías de confidencialidad, anonimato y tratamiento seguro de sus datos.

Se invitó a las posibles personas participantes a ponerse en contacto con el equipo investigador para plantear preguntas sobre la investigación antes de aceptar participar. El consentimiento se obtuvo mediante un formulario en línea y se confirmó verbalmente al inicio de las entrevistas. Las entrevistas se grabaron con MS Teams y la grabación se almacenó en una carpeta OneDrive cifrada de la universidad. Las transcripciones se revisaron y actualizaron para garantizar su exactitud.

Análisis de los datos

Nuestro enfoque del análisis temático (Braun et al. 2019) fue muy colaborativo (Cornish, Gillespie y Zittoun 2014). Cada transcripción se compartió y fue revisada por una persona investigadora designada. Los datos pertinentes se extrajeron y se trasladaron a una tabla interactiva compartida de MS Word, cuyas filas representaban a las personas participantes y cuyas columnas correspondían a códigos preliminares y áreas temáticas acordados de antemano. El marco de codificación inicial se basó en la guía temática, pero se fue afinando de forma iterativa a medida que se profundizaba en los datos y mediante debates colaborativos entre el equipo investigador y un grupo central de profesionales. Los temas se revisaron, afinaron y evaluaron con regularidad durante las reuniones para garantizar la coherencia del enfoque. El equipo investigador acordó colectivamente el marco temático final, asegurándose de que cada tema estuviera claramente delimitado y fundamentado en los datos. Una vez completada la tabla, el equipo se reunió para sintetizar los resultados y acordar los temas centrales que mejor recogían los patrones del conjunto de datos, que sirvieron de base para el análisis final y la redacción.

La colaboración entre investigación y práctica profesional ha sido central en cada etapa del proceso, y este artículo se redactó en estrecha consulta con las mismas personas profesionales que tuvieron la idea de utilizar los principios informados por el trauma para orientar este ámbito de la práctica.

Resultados

Las entrevistas revelaron numerosas dimensiones interrelacionadas de las reuniones CCIOC, entre ellas su efecto en la infancia implicada, en las familias y en las personas cuidadoras; en el trabajo multiagencia; y en el propio personal profesional.

Todas las personas entrevistadas eran muy conscientes de que separar a la infancia de su familia o de sus personas cuidadoras probablemente resultaría traumático. También expresaron frustración ante los obstáculos que dificultaban gestionar las separaciones de un modo más centrado en la infancia. Entre ellos destacaban la presión de planificar en situaciones de urgencia, la falta de orientación profesional y las limitaciones de tiempo impuestas por exigencias concurrentes. Aun así, las reuniones CCIOC se percibían ampliamente como una oportunidad para «detenerse y reflexionar», para abordar colectivamente el impacto de la intervención en la vida de la infancia implicada y para coproducir un plan sobre la mejor manera de acompañarla en el momento de la separación.

En los apartados siguientes, exploramos cuatro temas clave surgidos del análisis de los datos, relativos a cómo intentaron los equipos profesionales responder a los efectos traumáticos de la separación en cada menor.

Tema 1: Una imagen holística de cada menor

Las personas participantes señalaron que los documentos compartidos antes de una separación planificada a menudo carecían de información suficiente para dar cuenta de forma coherente de las necesidades y la situación de la persona menor. Uno de los beneficios percibidos con más claridad de las reuniones CCIOC fue que reunían a personas clave que conocían las diversas necesidades, capacidades y circunstancias de cada menor (en la escuela, en casa, etc.). Disponer de esta información resultó sumamente útil para el conjunto del proceso de planificación.

Creo que, trabajando de forma aislada, tienes una sola visión de una persona. Es como si te faltaran piezas del puzle. […] Así que es ese trabajo colectivo el que construyó una imagen completa de quién es realmente ese o esa joven y permite a todas las partes, digamos, compartir sus preocupaciones, sus comentarios, […] y nos permite trabajar juntos para apoyarnos mutuamente. (Ava)

Disponer de más piezas del puzle se consideraba esencial para proteger a la persona menor y prepararse ante sus respuestas emocionales al proceso de entrada en el sistema de protección. Permitía a todas las partes abordar la separación y el acogimiento con una respuesta más empática de la que habrían sido capaces de otro modo. Una persona de una familia de acogida lo puso de relieve al describir las ventajas de poder hablar de cómo era probable que reaccionara una persona menor ante su nueva familia de acogida con alguien que la conocía lo bastante bien como para prever sus respuestas emocionales.

Una cosa es leer en un informe que un niño puede volverse agresivo física y verbalmente. Otra muy distinta es tener una conversación con alguien que te dice: «Para decirlo claramente […] ¿Estás preparado para eso? […] nuestra capacidad de empatizar con ese joven y con sus emociones creo que, que se disparó, básicamente, gracias a esa reunión». (Nathan)

La reunión ofrecía una oportunidad de comunicación directa para aclarar detalles sobre el comportamiento de la persona menor y las circunstancias de la separación, lo que mejoraba la capacidad del personal profesional para tranquilizarla, responder a sus preguntas y planificar de un modo centrado en la infancia. Una de las personas entrevistadas lo consideró determinante para el éxito de un acogimiento.

Esa reunión […] fue realmente increíble porque todas las preguntas que tenía que hacer nuestra familia de acogida, no hubo idas y venidas […] se hizo ahí mismo y se respondieron todas las preguntas. Y todavía hoy ese acogimiento sigue adelante sin problemas (Serena)

Coordinar estas respuestas en las distintas fases del proceso de entrada en el sistema de protección se consideraba crucial para que la separación se desarrollara de la forma más fluida posible, minimizando la interrupción en la vida de la persona menor. Se pensaba que las reuniones CCIOC contribuían a ello de manera significativa. Como lo expresó una persona del equipo de trabajo social, la reunión garantizaba que «todo el mundo supiera lo que estaba pasando, cuáles eran nuestros siguientes pasos y lo que debía hacer cada profesional». (Sienna)

Reunirse en torno a un objetivo compartido hacía que el personal profesional sintiera que formaba parte de un equipo con un «plan conjunto», bien respaldado en sus esfuerzos por contener la ansiedad de la infancia durante el proceso de separación. Entre los beneficios mencionados figuraban una comprensión más clara de todos los aspectos del proceso y la construcción de confianza en la colaboración con el resto de profesionales. Una persona del equipo de trabajo social lo planteó en términos de inclusión:

Sienten «me tienen en cuenta». Sienten que se les consulta. Sienten que la autoridad local les da la información en el momento oportuno. […] entonces es más probable que colaboren con nosotros y apoyen nuestro plan de acogida, si les contamos lo que vamos a hacer antes de hacerlo de verdad. (Lucia)

Tema 2: Un relato compartido y coherente

La importancia de un enfoque conjunto no solo se destacó en relación con el proceso, sino también en relación con un relato compartido, como se expone en la revisión bibliográfica. La reunión CCIOC ofrecía una oportunidad para coconstruir un relato adaptado a la edad sobre por qué se separaba a la persona menor de su familia. Las personas entrevistadas entendían que la sensación de incertidumbre de la infancia se amplificaba cuando recibía versiones distintas de los hechos desde fuentes diferentes, lo que contribuía a su sentimiento de impotencia. Conforme a la guía CCIOC, se incluyó a los miembros de la familia en el proceso siempre que fue posible.

Cuando preparas a una criatura y, digamos, entiende las razones por las que tomas una decisión sobre su vida, eso puede reducir mucho el trauma. Así que lo hicimos, también hablamos con la madre y la animamos todo lo posible a ayudar a la criatura a entender por qué estamos preocupados y estamos pensando en que pase a estar bajo tutela. (Zara)

Varias de las personas entrevistadas hablaron de la necesidad de que la infancia de menor edad pudiera dar sentido, al crecer, a su experiencia de entrada en el sistema de protección. Cuidar lo que se comunicaba y se escribía en sus informes en el momento de la separación se consideraba una ayuda valiosa para la infancia. Poder dejar constancia de un relato compartido de ese momento se percibía también como una forma de sostener y contener a jóvenes que, de otro modo, podrían haber sufrido lagunas o incoherencias en su memoria, lo que les predispondría a culparse de acontecimientos que escapaban a su control. Como detalló una persona responsable de trabajo social:

Así que era un lenguaje compartido entre profesionales y, o, con los miembros de la familia […] Para que quedara muy claro para las criaturas por qué se tomaba esa medida, otra vez para, digamos, minimizar la culpa que pudieran atribuirse. (Hazel)

La reunión se consideró útil para organizar el contacto tras la separación de un modo menos traumático, es decir, dando a la persona menor certeza sobre cuándo volvería a ver a su madre, a su padre o a ambos tras el acogimiento, y planificando el contacto teniendo en cuenta las emociones complejas que podía sentir hacia sus progenitores después de una separación. Una profesional explicó cómo la reunión la había llevado a pensar en cómo dar a la niña más capacidad de acción y control sobre el proceso, permitiéndole dar forma a su propio relato:

Simplemente le fui contando su recorrido. […] ¿Qué piensas de esto? ¿Qué elegirías, ya sabes, si tuvieras, ya sabes, una varita mágica con la que pudieras elegir? Así que, y eso ayudó de verdad a esta chica. (Lucia)

Tema 3: Participantes y objetos transicionales

La guía CCIOC reconoce la importancia de las relaciones para acompañar a la infancia en el proceso de separación, como reflejan sus principios fundamentales. Las reuniones CCIOC exploraron cómo personas de confianza, como progenitores, hermanos y hermanas, otros miembros de la familia extensa o profesionales conocidos, podían contribuir a facilitar la transición, ofreciendo continuidad relacional y apoyo emocional.

Al reflexionar sobre experiencias anteriores, una de las personas del equipo de trabajo social contó que:

muchas veces, cuando he hecho una retirada, he tenido que pasar horas y horas ahí, sin moverme, intentando contener al niño porque llora, diciendo que me quiero ir, o que no quieren que me vaya. (Zara)

Esto refleja el papel profesional de ofrecer contención y continuidad en un momento de malestar agudo. Sugiere que quien intervenía actuó como figura estabilizadora, como participante transicional (Kanter 2004; citado en Ferguson 2011), que sostenía emocionalmente a la persona menor. La cita ilustra que las separaciones son acontecimientos con una gran carga emocional, que requieren el apoyo de personas adultas capaces de mostrar empatía, paciencia y resiliencia.

En otro ejemplo, se identificó a la persona responsable de protección de la escuela como una figura conocida y de confianza, ya que conocía a la persona menor desde hacía tiempo. Acompañó al joven y a la persona del trabajo social para ofrecerle tranquilidad y apoyo emocional.

Como explicó esta persona participante:

mi papel acabó siendo, de hecho, el de uno de los […] miembros del personal de la escuela que fueron con el joven y [la persona del trabajo social] a su lugar de acogida para que se sintiera como en casa, para que se sintiera cómodo sabiendo que alguien de la escuela iba con él. (Asim)

Entre otros ejemplos surgidos de las reuniones CCIOC sobre cómo las personas entrevistadas intentaron implicar a personas de confianza para salvar la distancia creada por la separación, figuran la grabación de notas de voz de la madre para ofrecer a la criatura cierta continuidad en los cuidados, y el envío previo de fotos de la familia de acogida para minimizar la sensación de extrañeza que la infancia podía sentir al encontrarse al cuidado de personas completamente desconocidas.

Otra forma en que las personas entrevistadas pudieron apoyar a la infancia y garantizar la continuidad en el marco del proceso de planificación CCIOC fue el debate sobre cómo podían utilizarse objetos transicionales, como fotos, juguetes y otras pertenencias personales. Aunque este aspecto no se trató específicamente en todas las reuniones CCIOC, la guía anima al personal profesional a considerar el uso de objetos transicionales, y las personas participantes ofrecieron diversos ejemplos de cómo se habían utilizado para ayudar a la infancia a afrontar el impacto emocional de la separación de su familia. Como muestran las citas siguientes, se consideraba que estos objetos tenían un significado simbólico y representaban el vínculo de la persona menor con sus seres queridos. Los equipos profesionales les atribuían un papel considerable a la hora de aportar consuelo, seguridad y continuidad durante una transición difícil, ayudando a la infancia a sentirse tranquila y conteniendo sus emociones, como describe una persona del equipo de trabajo social en el ejemplo siguiente:

Así que el niño lloraba, daba patadas, gritaba, se golpeaba la cabeza, decía que no venía con nosotros. Y la hermana subió y cogió un crucifijo de oro… y creo que eran, como, unos AirPods, […] y enseguida se calmó, […] y en el trayecto hasta el lugar de acogida los tenía en la mano, era como si, digamos, le contuvieran las emociones. (Zara)

La persona de la familia de acogida observó también cómo los AirPods llegaron a simbolizar un «nomeolvides», algo a lo que el niño podía aferrarse para encontrar consuelo emocional.

Esos AirPods Pro se los dio su hermana, […] en un momento de máxima emoción, cuando salía por la puerta, y era casi como un nomeolvides […] Y literalmente dormía con esos AirPods Pro. (Nathan)

Compartir en la reunión distintas estrategias e ideas sobre posibles fuentes de familiaridad y consuelo se consideraba útil para ofrecer una sensación de continuidad, tendiendo un puente entre el antes y el después de la entrada en el sistema de protección. Se recurría a objetos o experiencias imbricados en la vida cotidiana de la persona menor para sostenerla, haciendo que el entorno desconocido de un nuevo hogar pareciera menos extraño. Podía tratarse de prendas de ropa queridas, juguetes, juegos o libros que la infancia podía llevar consigo, o de comidas reconfortantes, como en este ejemplo:

Le encanta el beicon, por ejemplo, así que dijimos «vale, pues cuando cruce la puerta, qué mejor olor para que flote por la casa que el de beicon recién hecho». (Nathan)

También se animó a las familias de acogida a personalizar la habitación con objetos favoritos que reflejaran los intereses de la persona menor. Como lo expresó esta persona del equipo de trabajo social:

Si ven que, de hecho, me encanta Spider-Man, por ejemplo, y la familia de acogida ha salido a comprar y le ha montado una habitación de Spider-Man o ropa de cama de Spider-Man, creo que automáticamente eso les hace sentir que se les acoge bien y que están a gusto en ese entorno. (Zara)

Esta atención a la experiencia vivida por la persona menor durante las primeras horas y los primeros días tras su entrada en el sistema de protección se consideraba valiosa para generar ideas sobre cómo aliviar el estrés de las primeras interacciones con una infancia desbordada por lo que le estaba ocurriendo.

Tema 4: Implicación de la infancia

Las reuniones CCIOC amplificaron la voz de la infancia al implicarla en el proceso, ya fuera en persona o mediante cartas escritas. Esto situó en primer plano las preocupaciones de la persona menor y dio prioridad a sus deseos frente a la ansiedad profesional de trabajar bajo presión. Como señaló una persona responsable de protección:

Desde luego tuvieron muchísimas oportunidades de hablar y de hacer preguntas sobre, ya sabes, qué pasa si ocurre esto, montones de «y si…». Y eso les vino muy bien porque creo que les ayudó también a sentirse tranquilos. (Asim)

Otra persona del equipo de trabajo social señaló que, si bien no podía eliminarse por completo la posibilidad de que la experiencia fuera traumática, las reuniones permitían a quienes participaban trabajar más estrechamente en sus esfuerzos coordinados por reducir el dolor de la separación.

Seguía siendo traumático, pero creo que compartir la información ayuda, y luego que todo el mundo trabaje en equipo. (Lucia)

En conclusión, mantener a la persona menor en el centro del proceso de planificación fue un beneficio clave de las reuniones CCIOC. Este enfoque compartido permitió al personal profesional coordinarse eficazmente, no solo entre sí, sino también con la persona joven, garantizando que se escuchara su voz y se priorizaran sus necesidades. Aunque este estudio se centró en la separación y en el periodo de transición inmediato, las personas participantes sugirieron que este enfoque informado por el trauma podría contribuir a beneficios a más largo plazo para la infancia y las familias.

Discusión

Como sugieren los resultados, se consideraba que un proceso de planificación detallado, centrado en la experiencia vivida por la persona menor, desempeñaba un papel en tres aspectos importantes: (1) minimizar los efectos traumatizantes de la separación, (2) aportar mayor continuidad en la transición hacia un acogimiento familiar y (3) dar al personal profesional una sensación de capacidad de acción frente a la separación. Se pensaba que los acogimientos familiares tenían más probabilidades de perdurar, ya que la reunión CCIOC facilitaba un intercambio de información sobre las necesidades de cada menor que ayudaba a las familias de acogida a anticipar la mejor manera de acompañarlo. Las personas entrevistadas explicaron también cómo las reuniones CCIOC habían permitido a la red profesional en torno a la persona menor reconocer el dolor, la confusión y la ruptura de una separación así, y evaluar con realismo los retos a los que probablemente se enfrentaría cada menor. Varias personas participantes contaron cómo la reunión había ayudado tanto a la persona menor como a las personas profesionales implicadas a sentir más «contención» en las distintas etapas del proceso. En este apartado, examinamos más de cerca el alcance de estos resultados y consideramos en qué medida puede afirmarse que las reuniones CCIOC contribuyeron a «reducir» el trauma de la infancia que entra en el sistema de protección.

Algunas personas participantes esperaban que las prácticas informadas por el trauma redujeran el trauma y mejoraran los resultados a largo plazo. Sin embargo, otras, a partir de su comprensión práctica de cómo opera el trauma en este contexto, cuestionaban el término «reductor del trauma», porque daba la falsa impresión de que era posible controlar todo el daño psicológico causado por la separación de una familia o de una persona cuidadora. Dicho de otro modo, partían, desde su propia experiencia, de que cierto trauma era inevitable, porque un acontecimiento tan sísmico en la vida de la persona menor probablemente resultaría abrumador y desestabilizador, con independencia de las medidas procedimentales o de otro tipo adoptadas para atenuar su impacto. Esto no impedía que la mayoría de las personas entrevistadas creyera que había medidas posibles para hacer que ambos, el acontecimiento de la separación en sí y el periodo de transición posterior, resultaran menos traumáticos en conjunto. Hubo acuerdo unánime en que el enfoque CCIOC podía ser determinante para adoptar esas medidas.

Al personal profesional le preocupaba el daño psicológico y emocional que podía causar la entrada de una persona menor en el sistema de protección. Como las cuestiones prácticas sobre la logística de una intervención suelen tener prioridad, a menudo se sentían a solas con sus preocupaciones. Al centrarse en nombrar el trauma potencial, las reuniones CCIOC permitían al personal profesional considerar en detalle el impacto en la persona menor en cada etapa de la transición. Para algunas personas, esto se consideraba una condición previa necesaria para poder reflexionar sobre las medidas que podían adoptar para «gestionar» las respuestas de la persona menor al trauma, en lugar de reducirlo o impedir por completo que se produjera:

¿Cómo ponemos en marcha estrategias para ayudar a ese o esa joven a gestionar el comportamiento, las emociones y los comportamientos que van a aparecer con ese trauma? (Ava).

En este sentido, los resultados pusieron de relieve la necesidad, ya señalada en otros trabajos (Chatterjee y Park 2024; Krupnik 2019), de una comprensión compartida más clara del trauma en el contexto del trabajo social, que tenga en cuenta para qué se utiliza el concepto de trauma. Por ello, proponemos utilizar el término «receptivo al trauma» en lugar de «reductor del trauma». Parafraseando una formulación de una entrevista: «no es necesariamente que lo que está pasando sea el trauma, es cómo alguien vive lo que está pasando» (Clara). Esto marca un giro en el lenguaje de la protección de la infancia: de centrarse en lo que puede gestionarse y reducirse a centrarse en las medidas tangibles que pueden adoptarse para acompañar a la persona menor a atravesar una experiencia dolorosa. También alinea el concepto de enfoque informado por el trauma en el trabajo social con las concepciones existentes sobre cómo opera el trauma cuando se separa a la infancia de su familia (Bowlby 2010; English, Thompson y White 2015; Melinder et al. 2013). Estos resultados concordaban con las orientaciones actuales sobre la necesidad de favorecer la continuidad para la persona menor durante su transición hacia la tutela, tanto en lo relativo a sus rutinas como a las concepciones pasadas y futuras de sí y de su identidad (Baugerud y Melinder 2012; Children’s Commissioner 2015; McAdams y McLean 2013; Welbourne 2012). Las reuniones CCIOC se utilizaron para reforzar la continuidad, lo que incluía considerar cómo podían utilizarse los objetos transicionales para dar a la infancia sentimientos de seguridad, continuidad y pertenencia (Watson, Hahn y Staines 2020).

Teniendo en cuenta que este estudio se llevó a cabo en una de las regiones más diversas del Reino Unido, un resultado de las entrevistas que nos pareció especialmente sorprendente fue la ausencia de cualquier referencia explícita a cómo las experiencias de la infancia que entra en el sistema de protección estaban marcadas por la racialización o por otras formas de diferencia, como la discapacidad. Comprender las razones de esta ausencia excede el alcance del estudio, pero apunta al riesgo de que, al centrarse en exceso en las prácticas informadas por el trauma, se pasen por alto o se minimicen los obstáculos estructurales e institucionales más amplios para proteger a la infancia de origen racialmente minorizado o con discapacidad. Esto resulta especialmente preocupante dado el contexto sociopolítico del Reino Unido como potencia colonial (Atwool 2019) y teniendo en cuenta cómo décadas de política social neoliberal han minimizado las desigualdades y las injusticias sociales vinculadas a la pobreza y a la raza (Kirton 2018).

Otro de los resultados más sorprendentes de las entrevistas fue el mensaje contundente de que un enfoque receptivo al trauma debe tener en cuenta los efectos emocionales y psicológicos del trabajo de separación en el propio personal profesional y, de forma más general, en la cultura de la protección de la infancia. La ansiedad ante las consecuencias no deseadas de una separación podía ser intensa y persistente. Algunas personas entrevistadas describieron padecer formas de «traumatización vicaria» al verse incapaces de proteger a quienes estaban a su cargo de las deficiencias de una infraestructura de servicios sociales sometida a fuertes tensiones (Anne Dombo y Whiting Blome 2016; Méndez-Fernández et al. 2022). Una de las principales formas en que la reunión CCIOC resultó útil para abordar esta cuestión fue proteger el tiempo que la red profesional necesitaba para «ir más despacio y reflexionar», como lo expresó una de las personas entrevistadas. La importancia de resistir a una cultura acelerada de protección reactiva, para hacer posibles enfoques receptivos al trauma, ha recibido poca atención en los últimos años, pero se consideraba necesaria para permitir un modo de implicación más cuidadoso y reflexivo, en el que pudieran surgir comprensiones compartidas. Esto ayudó a reducir la ansiedad de los equipos profesionales y, además, les permitió elaborar un relato coherente que compartir con la infancia y las familias. Las personas profesionales implicadas en este proceso describieron que lo hacían con una atención al detalle que no habrían podido dedicar a la situación si hubieran trabajado en solitario.

En resumen, al dedicar tiempo a hablar de la experiencia vivida de la separación por parte de la persona menor, el personal profesional se sintió capaz de implicarse más y de responder a los factores de estrés más previsibles. Esto incluía el intercambio de detalles concretos sobre lo que cada menor probablemente encontraría más doloroso o abrumador de la transición, a partir del conocimiento parcial compartido sobre cada caso durante la reunión. En este sentido, estas reuniones hicieron posible otra forma de cuidado, arraigada en el mundo de cada menor y, por tanto, más capaz de responder al impacto de los cambios en curso. Tomando prestado uno de los neologismos de Donna Haraway en Staying with the Trouble, ayudaron a crear las condiciones para cultivar cierta «respons-habilidad» (2016: 12) frente a las posibles consecuencias a largo plazo de la entrada de una persona menor en el sistema de protección.

Fortalezas y limitaciones

Este estudio contribuye a colmar la laguna de conocimiento sobre los enfoques utilizados para acompañar a la infancia y la adolescencia durante las separaciones. También amplía la base de evidencia sobre los enfoques informados por el trauma en el trabajo social. Ofrece una exploración en profundidad de las perspectivas de las personas participantes sobre la práctica informada por el trauma y aporta conocimientos valiosos a un ámbito poco investigado. La muestra incluía participantes de distintas disciplinas. El uso de entrevistas permitió obtener relatos ricos y detallados que ofrecen una comprensión matizada de cómo funcionó este proceso en la práctica. El diseño del estudio y el análisis de los datos se basaron en una estrecha colaboración entre el mundo académico y la práctica profesional.

No obstante, el estudio presenta varias limitaciones. La muestra es relativamente pequeña. El recurso a personas participantes autoseleccionadas introdujo un riesgo de sesgo. El estudio se realizó en Londres y podrían obtenerse resultados distintos en otras zonas y contextos organizativos. Además, los resultados se basan en beneficios declarados, y el estudio no aporta evidencia sobre los resultados para las personas usuarias del servicio. Las voces de la infancia y de las familias están notablemente ausentes.

Futuros estudios podrían intentar subsanar estas limitaciones explorando las opiniones y la experiencia de un número mayor de profesionales que trabajen en distintos contextos geográficos y culturales, e incluir las voces de la infancia y de las familias. Además, la investigación futura podría recurrir a otros métodos. Por ejemplo, la observación podría aportar más evidencia sobre la práctica real, y no solo declarada. Por último, futuras investigaciones podrían explorar cómo influyen las prácticas informadas por el trauma en esta etapa temprana en los resultados a más largo plazo para la infancia tutelada.

Conclusión

Este proyecto colaborativo pretende desarrollar un enfoque compasivo de uno de los aspectos más difíciles del trabajo social, garantizando que la infancia reciba la mejor atención durante su transición hacia el sistema de protección. Este artículo ha explorado las experiencias y prácticas de veintiuna personas, profesionales y familias de acogida, tras su participación en el proceso CCIOC. Los resultados son prometedores e indican beneficios significativos. Esta investigación defiende que implicarse con la experiencia vivida por la persona menor durante su entrada en el sistema de protección es necesario en todo proceso de planificación que pretenda estar informado por el trauma o ser receptivo al trauma. A lo largo de las entrevistas, el trauma apareció como algo que el personal profesional necesitaba aceptar y con lo que tenía que trabajar, lo que nos llevó a cambiar el lenguaje que utilizamos para describir el objetivo de la guía: de «reductor del trauma» a «receptivo al trauma». El enfoque CCIOC favoreció una práctica «receptiva al trauma» mediante cuatro estrategias: (1) compartir y discutir información que permitía una imagen más completa de la persona menor, (2) crear relatos coherentes y coproducidos para compartir con ella, (3) recurrir a estrategias que combinaban objetos transicionales con la presencia de personas adultas conocidas y de confianza para aportar consuelo y sostener la continuidad en los momentos de ruptura, y (4) implicar a la persona menor en el proceso.

Muchas de las personas entrevistadas señalaron obstáculos psicológicos y logísticos para conciliar el trabajo de planificación (a menudo con poco tiempo y escasos recursos) con la disposición receptiva necesaria para atender a las dolorosas realidades de la separación de una persona menor de su familia. Incorporar los principios CCIOC exige, sin duda, un mayor nivel de compromiso por parte de todas las personas implicadas en un momento en que las presiones sobre los servicios de infancia son elevadas. Paradójicamente, constatamos que, al dar prioridad a la experiencia vivida por la persona menor, el personal profesional lograba disipar parte de esa presión, ayudándose mutuamente a centrarse en los pequeños pasos y contribuciones que podían aportar, lo que sugiere que las reuniones CCIOC se percibían como una inversión y podían resultar beneficiosas tanto para la infancia como para profesionales. Algunas personas señalaron que la reunión CCIOC tenía un tono distinto al de otras reuniones multiagencia, y que la atención a la vida interior de la infancia implicada la hacía diferente. Esto llevó a una de ellas a comentar que «pensándolo bien […] así es exactamente como deberían ser todas las demás reuniones» (Asim).

Vemos el valor de este enfoque en su ethos: la invitación a «quedarse con» la posibilidad del trauma en lugar de evitarla, creando tiempo y espacio para los sentimientos difíciles. Para reducir las prácticas evitativas y guiadas por el procedimiento y favorecer, en cambio, prácticas más relacionales y receptivas, recomendamos que otras organizaciones consideren la adopción de este enfoque, ya que podría ayudar a mantener una práctica centrada en la infancia y receptiva al trauma. Sin ánimo prescriptivo, sugerimos que otras organizaciones podrían querer poner a prueba el enfoque o pensar en cómo crear espacios para que profesionales reflexionen sobre la experiencia vivida de la separación por parte de la persona menor, incluidos los aspectos que comprensiblemente prefieran no abordar por su falta de control, real o percibida, sobre la situación. Reconocemos que la aplicación de este marco dependerá en gran medida del contexto, ya que la cultura de trabajo, el momento de la separación, la disponibilidad de profesionales, etc., desempeñan un papel.

La aplicación de un nuevo enfoque debe ir acompañada de recursos, como la formación de la red multiagencia. La investigación futura podría explorar las perspectivas de niñas, niños y adolescentes, así como de sus personas cuidadoras, para aportar una comprensión matizada de las circunstancias y de su impacto, situando en el centro a la infancia como grupo heterogéneo.

Afrontar el trauma solo es posible con la colaboración de múltiples partes interesadas, en lugar de dar voz únicamente al «saber experto académico»: reunir a investigación, práctica profesional y personas cuidadoras ha resultado inestimable para el éxito de este proyecto. El marco CCIOC está integrado en la práctica de esta autoridad local y se sigue trabajando para que más profesionales del trabajo social lo utilicen cuando haya que separar a una o varias personas menores de su familia.

Complexe Systémique: puntos clave

Un acogimiento de urgencia es una crisis para todo un sistema: la persona menor, los progenitores, los hermanos y hermanas, la familia de acogida, la escuela y los servicios. Este artículo muestra que un dispositivo sencillo, una reunión de planificación centrada en la experiencia vivida por la persona menor, cambia la calidad de esa crisis. Profesionales de orientación sistémica reconocerán intuiciones familiares: la información circula mejor cuando cada parte aporta su pieza del puzle, un relato compartido protege a la persona menor de la autoinculpación, y los vínculos se mantienen gracias a «puentes»: una hermana, unos auriculares, el olor del beicon, alguien de la escuela. El paso de un enfoque «reductor del trauma» a uno «receptivo al trauma» es una verdadera lección de humildad clínica: el dolor de la separación no puede eliminarse, solo acompañarse. Los límites son claros: veintiuna personas profesionales autoseleccionadas, ninguna entrevista a menores ni a progenitores, ninguna medida de resultados y un punto ciego en torno a las discriminaciones que el propio equipo señala. Para leer junto con el análisis de los factores contextuales de una innovación en protección de la infancia en Inglaterra y el artículo sobre el trabajo sistémico con familias cuyos hijos e hijas están en acogimiento público.

Notas del original

Conflictos de intereses. No se declara ninguno.

Financiación. Este proyecto fue financiado en parte por la South East London Teaching Partnership (SELTP).

Agradecimientos. La autoría desea dar las gracias a la autoridad local en la que se llevó a cabo la investigación y a la Teaching Partnership por su apoyo. Esta investigación no habría sido posible sin las personas profesionales que dedicaron su tiempo. Queremos agradecerles calurosamente sus valiosas aportaciones. Queremos dar las gracias a la profesora Claudia Bernard y al Dr. Panagiotis Pentaris por revisar una versión anterior del artículo y aportar valiosos comentarios y sugerencias. Muchas gracias a nuestra colega Stephanie Davies por su apoyo durante la fase de recogida de datos y por ayudarnos a llevar el artículo a término.

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Traducción no oficial al español de It ‘supercharged our ability to empathise’: Safeguarding practitioners’ experiences of a trauma-informed approach to child–parent separation, de Dan Timariu, Tom Hatton, Keisha McCook, Anna Rohmann y Cynthia Tobierre, The British Journal of Social Work, vol. 56, no 4 (2026), doi: 10.1093/bjsw/bcag002, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

El artículo original, «It ‘supercharged our ability to empathise’: Safeguarding practitioners’ experiences of a trauma-informed approach to child–parent separation», se publicó en The British Journal of Social Work (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Esta versión es una traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, con una presentación adaptada para la lectura en línea, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Timariu, D., Hatton, T., McCook, K., Rohmann, A., y Tobierre, C. (2026). It ‘supercharged our ability to empathise’: Safeguarding practitioners’ experiences of a trauma-informed approach to child–parent separation. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/it-supercharged-our-ability-to-empathise-safeguarding-practitioners-experiences (Obra original publicada en 2026 en The British Journal of Social Work, 56(4), 1503-1523 (2026); republicada en 2026 por The British Journal of Social Work, https://academic.oup.com/bjsw/article/56/4/1503/8442389)

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