Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Journal of Family Violence · Violencia

Intentar encontrar la seguridad, hacerlo decible y llorar las pérdidas – La recuperación infantil tras la violencia doméstica

¿Cómo se recupera una niña o un niño de la violencia doméstica? En Escocia, Fiona Morrison entrevistó a 14 menores y a sus madres tras su paso por Cedar, un programa de grupos paralelos de 12 semanas. Leídos a la luz del modelo de Judith Herman, sus relatos dibujan tres tareas: recuperar la seguridad, hacer decible la violencia y llorar las pérdidas, incluida la pérdida del padre.

Autoría Fiona Morrison (Childhood and Youth Studies Research Group, MHSES, University of Edinburgh, Reino Unido)Primera publicación Journal of Family Violence, 4 de octubre de 2024Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Trying to find Safety, to make it Speakable, and to Mourn the Losses – Children’s Recovery from Domestic Abuse, de Fiona Morrison, publicado en Journal of Family Violence (Springer) (2026), doi: 10.1007/s10896-024-00745-5, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Los intercambios entre menores y personas entrevistadoras se presentan en forma de diálogo. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Esa experiencia de que te atiendan, de que te cuiden, de que otra persona dé prioridad a tu bienestar: el hecho de que resulte digna de mención es un recordatorio conmovedor de aquello de lo que se están recuperando las familias.

Fiona Morrison

Resumen

Objetivo. Este artículo aborda una laguna en nuestra comprensión de la «recuperación» infantil tras la violencia doméstica. Aunque los efectos de la violencia doméstica en niñas y niños han sido ampliamente documentados e investigados, su recuperación ha sido poco teorizada. Mediante el análisis de relatos cualitativos sobre la participación infantil en programas de recuperación, el artículo recurre al modelo de recuperación del trauma de Judith Herman para hacer explícito el cómo de la recuperación infantil.

Métodos. Realizada en Escocia, la investigación consistió en entrevistas cualitativas individuales con 14 menores (de 7 a 15 años) y sus 14 madres, que habían completado Cedar, un programa terapéutico de grupos de apoyo entre pares de 12 semanas. Un enfoque coproducido del análisis inicial de los datos puso en primer plano las prioridades de las propias niñas, niños y madres para la recuperación infantil y dotó a los resultados de mayor rigor. Estas prioridades se analizaron después con más detalle mediante el marco de recuperación del trauma de Herman.

Resultados. Los resultados aportan conocimiento sobre las formas en que las estructuras, los recursos y los valores integrados en el diseño de los programas de recuperación pueden movilizar las experiencias infantiles de violencia doméstica para ayudar a encontrar la seguridad, hacer «decible» la violencia doméstica y ofrecer un espacio para llorar las pérdidas que esta ha provocado. Los resultados señalan además la fuerza de las intervenciones grupales y las formas en que pueden favorecer la recuperación a través de las ideas de crianza afectiva y cuidado.

Conclusiones. Al utilizar la lente teórica de Herman sobre la recuperación, el artículo realiza una nueva aportación a la comprensión de la recuperación infantil tras la violencia doméstica. Identifica factores clave que contribuyen a la capacidad de recuperación de niñas y niños, entre ellos: su sentimiento de seguridad, el papel de la relación materno-filial y la importancia de la relación con el padre.

Palabras clave: infancia y violencia doméstica, maternidad y violencia doméstica, trauma, recuperación, trabajo grupal

En los últimos treinta años, el conocimiento sobre la infancia y la violencia doméstica ha crecido con rapidez. Al principio, niñas y niños estaban en gran medida ausentes de la investigación y de las respuestas a la violencia doméstica. Históricamente, la violencia doméstica se ha entendido como un asunto de personas adultas, una cuestión privada y un asunto familiar (Kelly, 2003). Las necesidades, opiniones y experiencias de la infancia no se tenían plenamente en cuenta, si es que se tenían en cuenta. Mientras que los estudios feministas cuestionaron el tratamiento de la familia como «esfera privada», mostrando cómo ello encubría la violencia masculina y hacía a las mujeres vulnerables a ella (p. ej., Stark, 2007; Marcus 1994), los estudios centrados en la infancia han situado las necesidades y perspectivas infantiles en primer plano en la investigación, las políticas y las respuestas de los servicios ante la violencia doméstica (p. ej., Callaghan et al., 2018; Katz, 2016; Humphreys & Stanley, 2006; Jaffe et al., 2003; Mullender et al., 2002). Estos avances en nuestro conocimiento sobre la infancia y la violencia doméstica han sido sustantivos y conceptuales. Sustantivos, al documentar la magnitud, las formas y el grado en que la violencia doméstica afecta a niñas y niños (p. ej., Jaffe et al., 1990; Holt et al., 2008; Nation et al., 2023). Conceptuales, al acoger e incorporar las opiniones y los relatos infantiles para ampliar la comprensión de lo que es la violencia doméstica y de cómo se vive (p. ej., Callaghan et al., 2018; Morrison, 2015; Øverlien, 2013; Mullender et al., 2002; McGee, 2000). Sin duda, esto ha supuesto grandes pasos adelante en la comprensión de la cuestión de la infancia y la violencia doméstica; sin embargo, muchas preguntas siguen sin respuesta. ¿Cómo pueden mitigarse mejor los efectos de la violencia doméstica? ¿Qué significa la recuperación en este contexto? ¿Pueden niñas y niños sanar y recuperarse, y cómo lo hacen? ¿Qué papel desempeñan las madres en la recuperación? ¿Y los padres? Este artículo pretende contribuir al conocimiento sobre la infancia y la violencia doméstica explorando estas preguntas en relación con los «recorridos de recuperación» de hijas, hijos y madres. A partir de datos de entrevistas procedentes de un proyecto de investigación a gran escala con menores y madres, el artículo analiza sus experiencias de participación en un programa terapéutico de apoyo entre pares y de trabajo grupal. Al fundamentar los resultados en la consolidada teoría de la recuperación del trauma de Judith Herman (2015), el artículo contribuye al desarrollo continuo del conocimiento sobre la infancia y la violencia doméstica, así como al potencial de aplicación de la teoría del trauma en el trabajo de recuperación con niñas y niños.

El artículo comienza con un recorrido por la literatura sobre la infancia y la violencia doméstica, ofreciendo un resumen de la evidencia existente sobre la infancia y la violencia doméstica y sobre el propio programa de trabajo grupal, y presentando el marco de Herman (2015) sobre el trauma y la recuperación. Ello señala los recursos conceptuales en los que se apoya el análisis posterior. A continuación, el artículo describe los métodos de recogida de datos del estudio más amplio, seguidos de una exposición detallada de los métodos específicos utilizados para los datos de este artículo, junto con una presentación de las personas participantes. La sección de métodos concluye con una exposición de las principales cuestiones éticas y de su repercusión en la recogida, el análisis y la difusión de los resultados. En la tercera sección, el artículo presenta los resultados, integrando los datos empíricos con la teoría de la recuperación del trauma de Herman, para ampliar la comprensión de cómo se produce la recuperación y de los factores clave que contribuyen a ella. La cuarta y última sección reúne la importancia de los resultados, destacando su papel para mejorar nuestra comprensión de lo que importa a niñas y niños en su recuperación tras la violencia doméstica. El artículo concluye analizando las limitaciones y las oportunidades que ofrecen los enfoques descritos, y aboga por nuevas investigaciones que sigan impulsando la participación infantil en la investigación destinada a influir en sus vidas.

Revisión de la literatura

Las primeras investigaciones sobre la infancia y la violencia doméstica se ocupaban de medir la magnitud y el efecto de la violencia doméstica en niñas y niños (p. ej., Kitzmann et al. 2003; Wolfe et al., 2003; Jaffe et al. 1990). Se centraban en qué menores podían desarrollar problemas y en cuestiones como el «ciclo de la violencia», que siguen siendo controvertidas (p. ej., Haselschwerdt et al., 2019). Había un fuerte énfasis en la «protección de la infancia», pero no realmente en abordar la violencia doméstica ni en la recuperación infantil. En este contexto vemos cómo las mujeres quedan marginadas y cómo surgen relatos como el del «fracaso de las madres en proteger», tanto en las políticas como en la práctica (Lapierre, 2008). Aunque las primeras investigaciones centradas en el desarrollo infantil han sido importantes, al despertar una conciencia muy necesaria sobre el efecto de la violencia doméstica en niñas y niños, su repercusión en la práctica con la infancia ha sido más limitada.

Desde principios de la década de 2000 se ha producido un auge de la investigación sustentada en las ideas de los derechos de la infancia y centrada en las propias experiencias infantiles de violencia doméstica. Estos estudios conciben a niñas y niños como titulares de derechos, con sus propias opiniones y necesidades (p. ej., Morrison et al. 2020; Kelly & Mullender, 2000). Ello ha servido para ampliar la comprensión de la violencia doméstica y de la violencia masculina contra las mujeres y la infancia. Es menos probable que a niñas y niños se les considere «víctimas ocultas»; en cambio, se les ve como personas íntimamente implicadas en la violencia doméstica y afectadas por ella (p. ej., Katz, 2022; Callaghan et al. 2018; Holt et al. 2008; Øverlien, 2014; Mullender et al., 2002; McGee, 2000). Con ello observamos cambios en el lenguaje empleado sobre la infancia, que reflejan la evolución de su comprensión en el contexto de la violencia doméstica: de testigos a expuestos, a quienes conviven con ella, a quienes la viven. Estos cambios reflejan la evolución del lugar que ocupa la infancia en la comprensión de la violencia doméstica, también en la práctica, las políticas, el derecho y la investigación. Es menos probable que se sitúe a niñas y niños como víctimas pasivas; en su lugar, se les reconoce como individuos con experiencias propias, necesidades particulares y un saber y una comprensión singulares de la violencia doméstica.

En la investigación y la incidencia feministas, vemos cómo los intereses de la infancia y de las mujeres se reúnen en el contexto de la violencia doméstica. Liz Kelly (1994) concibió la violencia doméstica como una forma de maltrato de «doble intención»: un ataque combinado contra las mujeres y la infancia. Este «ataque» se extiende a la relación materno-filial, ya que, como parte del maltrato, el agresor intenta de forma directa e indirecta socavar esa relación. Forjar una alianza entre mujeres e infancia se consideraba un medio para proteger a niñas y niños. Morley y Mullender (1994:10) sostenían que, aunque los intereses de las mujeres y de la infancia pueden entrar a veces en conflicto, salvo cuando fuera demostrable e irrevocablemente así, la forma más eficaz de ayudar a niñas y niños era comprender lo que les estaba ocurriendo a sus madres y trabajar en alianza con ellas. Pero las necesidades y los intereses de las mujeres y de la infancia sí entran en conflicto, y no puede suponerse que sean sinónimos ni que unos sustituyan a otros (p. ej., Morrison and Houghton, 2023). La relación entre la infancia y las mujeres puede ser a la vez fuente de fortaleza y de vulnerabilidad (p. ej., Humphreys and Stanley 2006; Baly, 2010; Humphreys et al., 2015; Katz, 2016; Buchanan and Moulding 2021). Se deduce, por tanto, que para apoyar la recuperación infantil tras la violencia doméstica deben hacerse esfuerzos por fortalecer y restaurar la relación materno-filial.

Intervenciones de recuperación para la infancia y las madres en situaciones de violencia doméstica

La base de evidencia sobre cómo se ayuda a niñas y niños a recuperarse de la violencia doméstica es limitada, quizá debido a la fragilidad de muchas de las propias intervenciones. Ello hace especialmente difícil la tarea de evaluarlas e investigarlas. A menudo falta claridad sobre los resultados que las intervenciones con la infancia orientadas a la violencia doméstica pueden y deben lograr, y sobre cómo podrían medirse. Howarth et al (2015) abogan por un mayor consenso sobre los resultados, subrayando la importancia de que incorporen las opiniones de las niñas, los niños y las familias que las utilizan. Arai et al. (2021) destacan además la importancia de que las intervenciones reconozcan la diversidad de las experiencias infantiles de violencia doméstica, así como su capacidad de agencia y sus esperanzas de futuro. Al informar sobre las ideas de «disposición» para participar en intervenciones terapéuticas, Howarth et al (2019) recomiendan considerar la disposición parental e infantil desde una perspectiva ecológica, distinguiendo entre la conciencia de las madres sobre el efecto que la violencia doméstica tiene en sus hijas e hijos y su capacidad para desplazar su atención hacia las necesidades de estos. Vikander y Källström (2024) informan sobre las características que la infancia valora en las y los profesionales del trabajo social cuando se aborda la violencia doméstica. Estas van desde ser de confianza hasta incorporar diversión y disfrute, pasando por ayudar a validar las experiencias infantiles de violencia doméstica.

Cedar y el Community Group Treatment Programme

Cedar lleva más de una década implantado en Escocia y, como intervención, está firmemente arraigado en el Community Group Treatment Programme (CGTP), un programa de trabajo grupal para la infancia y las madres creado de forma pionera en London (Ontario). Cedar sigue utilizando el currículo estructurado original de 12 semanas del CGTP y su forma de aplicación, siguiendo buena parte del enfoque que este preconizaba en la década de 2000 (véase Sharp et al., 2011, para una visión general de estos principios de aplicación). Los grupos de menores y de madres se desarrollan por separado, de forma simultánea y en paralelo. El eje de ambos grupos es la infancia y la violencia doméstica. Estos grupos exploran las experiencias, la comprensión y los sentimientos de niñas y niños respecto a la violencia doméstica, ayudando así a las madres a apoyar la recuperación de sus hijas e hijos.

El propio modelo CGTP tiene una larga historia: se desarrolló a mediados de la década de 1980 y su primera evaluación fue publicada por Jaffe et al. en 1986. Pese a su longevidad, la investigación sobre el modelo CGPT es limitada. Debbonaire (2007) informó positivamente sobre una versión del modelo CGTP en Sutton (Reino Unido). Las niñas y los niños que participaron en el programa afirmaron que les ayudó a aprender sobre la violencia doméstica, a sentirse menos responsables o menos solos en sus experiencias de violencia doméstica, y que aumentó su conocimiento sobre la planificación de la seguridad. También afirmaron sentirse más capaces de manejar sus sentimientos y de hablar de sus experiencias. Sudermann et al. (2000) realizaron una evaluación basada en encuestas con menores y madres que completaron el CGTP en London (Ontario). Informaron igualmente de forma positiva sobre las opiniones infantiles acerca de la responsabilidad del maltrato y su capacidad para hablar de él, así como sobre la opinión de las madres de que la participación en el grupo había ayudado a sus hijas e hijos. Sudermann et al. señalan también aspectos en los que la intervención podría desarrollarse. Por ejemplo, las madres expresaron el deseo de saber más sobre cómo «le iba en el grupo» a su hija o hijo, y la impresión de que una parte de la infancia participante se habría beneficiado de más apoyo al final del programa. Sugieren además la necesidad de encontrar formas de apoyar a la infancia a la que le resultan difíciles los entornos grupales. La evaluación mediante investigación-acción de Sharp et al. (2011) sobre la primera experiencia piloto de Cedar en Escocia se hizo eco de los resultados sobre los beneficios que el CGTP aporta a la infancia. Añadió nuevos resultados positivos sobre el fortalecimiento de la relación materno-filial y sobre el hecho de que las familias se sintieran más esperanzadas respecto a su futuro tras su participación.

En conjunto, estos resultados apuntan a los beneficios que intervenciones como Cedar pueden tener para la infancia en el contexto de la violencia doméstica. Sin embargo, está menos claro cómo intervenciones como Cedar contribuyen a la curación y la recuperación infantil y las favorecen. ¿Cómo ayudan a niñas y niños a sanar y recuperarse? ¿Cuáles son sus ingredientes? ¿Qué obstaculiza la recuperación? La obra de Herman (1992, 2015) ha sido fundamental para comprender los caminos de recuperación de las personas supervivientes, en particular de la violencia masculina contra las mujeres y la infancia. Este artículo utiliza este marco de recuperación del trauma como base conceptual para comprender cómo puede recuperarse la infancia en el contexto de la violencia doméstica. Su marco muestra tres etapas clave de la recuperación: establecer la seguridad; reconstruir la historia traumática mediante el recuerdo y el duelo; y, después, la reconexión entre las personas supervivientes y su comunidad más amplia. Herman describe la recuperación como el momento en que la superviviente puede implicarse en la vida cotidiana y encontrar alegría en ella (2015, p. 171).

Hay dos diferencias clave entre la formulación que hace Herman de su marco de recuperación del trauma y la intervención Cedar: Herman se centra en la recuperación de personas adultas, no de la infancia; y ese foco se refiere a la recuperación de la persona adulta individual, no de la díada materno-filial con la que Cedar trabaja explícitamente. No obstante, como muestra el análisis, existen sinergias entre Cedar y la obra de Herman.

Métodos

La investigación que aquí se presenta forma parte de un proyecto de investigación más amplio realizado en el Reino Unido, que examina las innovaciones en la atención social a la infancia y las familias en situaciones de violencia doméstica. El proyecto comprende tres ámbitos sustantivos de indagación: la protección de la infancia, la justicia penal y las intervenciones terapéuticas. Esta parte de la investigación contribuye al tercer ámbito y pretende explorar cómo un modelo de trabajo grupal ayuda a niñas, niños y sus madres a recuperarse de la violencia doméstica.

Los métodos aquí presentados incluyen entrevistas cualitativas separadas con 14 menores de 7 a 15 años y sus 14 madres, que habían completado el programa Cedar. Las entrevistas no utilizaron explícitamente el lenguaje de la «recuperación», sino que siguieron y exploraron las opiniones de las personas participantes sobre su bienestar y su seguridad a lo largo del tiempo. En las entrevistas con niñas y niños se emplearon diversos métodos creativos basados en el arte (Tisdall et al., 2009), por ejemplo, trazar físicamente el recorrido hacia Cedar, a través de Cedar y desde Cedar; clasificar y ordenar las formas en que Cedar les había ayudado; e invitarles a dar consejos a otras personas de su edad. También se recogieron, con una muestra más amplia del estudio, medidas cuantitativas de resultados sobre la seguridad y el bienestar infantil y materno, que se presentan en otro lugar (Callaghan et al., en prensa). Los métodos no incluyeron la observación de los propios grupos, por preocupación ética por la intimidad de las personas participantes y para limitar la carga de la investigación sobre ellas y sobre la propia intervención.

Las personas participantes y su participación en las entrevistas

La investigación se llevó a cabo con participantes de 4 grupos de mujeres y 4 grupos infantiles. Estos grupos estaban a cargo de 3 personas coordinadoras distintas, con el apoyo de 3 personas cofacilitadoras distintas. De las personas menores participantes, 8 eran niñas y 6, niños. Las entrevistas tuvieron lugar en los 2 meses siguientes a la finalización de Cedar; la mayoría las realizó la autora y una minoría, Friskney. El equipo investigador se reunió con las familias al final de Cedar para presentarse y presentar la investigación. Después, Cedar medió el acceso del equipo investigador a las familias que deseaban participar. No todas las familias invitadas decidieron participar en las entrevistas. Como el acceso estuvo mediado por Cedar, es difícil dar razones definitivas de estas decisiones; entre las razones comunicadas figuraban: que el servicio no pudo contactar con las familias; cambios en las circunstancias familiares que dificultaban la participación; y que algunas familias simplemente no querían participar. Todas las entrevistas con menores se realizaron en persona, al igual que la mayoría de las entrevistas con madres. 3 de las entrevistas con madres fueron, a petición suya, telefónicas, lo que les permitió encajarlas en sus agendas, incluidos el trabajo y el cuidado de sus hijas e hijos. La mayoría de las entrevistas presenciales tuvieron lugar en los domicilios de las familias; tres familias pidieron que se realizaran en Cedar. Las entrevistas fueron semiestructuradas y, con permiso, se grabaron en audio y luego se transcribieron. Una persona menor de edad se negó a que se grabara su entrevista y aceptó, en cambio, que la persona investigadora tomara notas durante la entrevista y la redactara después. Pese a las garantías de confidencialidad y anonimato, a esta persona le incomodaba que se la grabara. Tanto las entrevistas con menores como las entrevistas con madres se centraron en sus recorridos hacia Cedar, a través de Cedar y después de Cedar, y les preguntaron qué consejos darían a profesionales y responsables políticos sobre el apoyo a niñas y niños afectados por la violencia doméstica.

Enfoque del análisis de los datos

Los datos fueron analizados primero por la autora mediante el análisis temático reflexivo de Braun y Clarke (2006). Como la autora realizó la mayoría de las entrevistas, la mayor parte del contenido le resultaba familiar en la fase inicial de codificación. A partir de ahí se generaron temas, que luego se revisaron y se discutieron con el equipo de investigación ampliado. Los temas se refinaron y se desarrollaron hasta formar un análisis de alto nivel sobre el que se consultó después a las personas participantes en la investigación. Implicar a las personas participantes en el análisis fue a la vez una forma de intentar descentrar el poder en el proceso de investigación y de aportar más rigor al análisis (autora; Coad & Evans, 2008). En la práctica, esto se logró colaborando con una persona artista para traducir el análisis de alto nivel en un mapa visual de los recorridos de las familias a través de Cedar. Después se invitó a las familias que habían participado en las entrevistas originales a dos talleres grupales con el equipo investigador para conocer el análisis en curso, opinar sobre él y «contrastar su sentido». En estas sesiones participó una muestra más reducida: 6 de las 14 personas menores y 6 de las 14 madres que habían participado en las entrevistas originales. Las razones para no participar en los talleres de análisis fueron diversas: tener otros compromisos, sentir que ya «habían pasado página» y, en un caso, dificultades derivadas del régimen de visitas, que llevaron a la madre a considerar que la participación en los talleres resultaría angustiosa para su hija o hijo. Durante los talleres, las respuestas de las personas participantes al análisis se registraron y se incorporaron al análisis, lo que dio lugar a dos mapas revisados, uno de la infancia y otro de las madres, que luego se compartieron de nuevo y se discutieron con las personas participantes, menores y adultas. Para más detalles sobre el enfoque de coproducción del análisis, véase Morrison (en prensa).

Los debates durante los talleres y los mapas resultantes resonaban con las ideas de recuperación y curación tras la violencia doméstica. Ello motivó un análisis adicional de los datos de las entrevistas utilizando el marco de recuperación del trauma de Herman como encuadre conceptual y analítico, que es lo que se expone en este artículo.

Resultados

Los resultados se organizan en torno a siete temas clave: avanzar hacia la recuperación, marcar el tono de la recuperación, la seguridad, hacer decible lo indecible, un lugar para recordar y hacer el duelo, la fuerza del grupo, y el papel de la persona que dirige el grupo en la crianza afectiva y el cuidado. Estos temas se apoyan en las etapas clave más amplias de la recuperación según Herman: establecer la seguridad, reconstruir la historia traumática mediante el recuerdo y el duelo, y reconectar a las personas supervivientes con su comunidad más amplia.

Avanzar hacia la recuperación

Herman señala que el avance a través de las etapas de la recuperación no es lineal (2015, p. 128), una idea que resonó especialmente entre las madres:

«No es un camino recto hacia delante; a veces retrocedes un poco para luego salir disparada hacia delante». (Madre, 11)

Las madres describieron momentos en que ellas y sus hijas e hijos habían dado pasos hacia la recuperación y pasos que los alejaban de ella. Pese a lo enmarañado del proceso, entre las madres existía la sensación de que Cedar les ayudó a desarrollar las herramientas que les permitieron, a ellas y a sus hijas e hijos, seguir avanzando hacia la recuperación. Los retrocesos solían derivarse de las secuelas de la violencia doméstica: procedimientos judiciales penales y civiles, problemas de vivienda y de dinero, preocupación por el bienestar de sus hijas e hijos. Esto subraya que, aunque ya no vivían con el agresor, madres, hijas e hijos seguían sintiendo con intensidad la presencia de él y las secuelas del maltrato. Los pasos adelante en la recuperación solían estar relacionados con mejoras en la relación de las madres con sus hijas e hijos, y con logros importantes como conseguir una nueva vivienda o un empleo, o reconectar con familiares tras el fin de la relación con el autor de la violencia doméstica. Las madres expresaron también la sensación tácita de que recuperarse significaba redescubrirse y reconectar consigo mismas, como ilustra el siguiente extracto de la entrevista con una madre:

Sí. Desde luego me siento, no sé muy bien cómo describirlo, desde luego me siento más yo misma. Puedo hablar y me siento muy bien; solo unas semanas después de empezar en el grupo, había notado un enorme, casi como un subidón de confianza. (Madre 12)

Marcar el tono de la recuperación

El modelo de Herman se sustenta en la idea de que la recuperación se produce a través de las relaciones, lo que vincula la importancia de restablecer la conexión en el trabajo de recuperación. En Cedar, estas conexiones y relaciones se establecen entre niñas y niños, entre madres, y entre unas y otros y las personas coordinadoras de los grupos. Herman (2015, p. 111) sostiene que la «superviviente es la autora y el árbitro» de su propia recuperación, por lo que los enfoques de recuperación deben reflejar y apoyar el empoderamiento de la superviviente. En Cedar, la autoría de la recuperación empieza con que la derivación a Cedar la realizan directamente las familias, y no mediante profesionales. Esto significa que las familias deciden activamente por sí mismas si participan. Se presta una atención cuidadosa a cómo expresan esta decisión niñas y niños. Antes de su participación, las personas coordinadoras se reúnen con cada menor junto con su madre y pasan tiempo a solas con cada menor. A lo largo de varios encuentros, exploran con la niña o el niño si tiene recuerdos del maltrato y si puede reconocer que ha habido violencia doméstica en su familia. Toda decisión de participar en Cedar corresponde firmemente a la infancia y a las madres; no forma parte de un plan obligatorio de protección de la infancia en el que se informe sobre la «implicación en el grupo». La importancia de que Cedar esté separado de los servicios obligatorios queda ejemplificada en un extracto de la entrevista con una madre:

Y estaba bien, porque normalmente hablas con alguien y vuelve a llegar a servicios sociales, a la enfermería de visitas domiciliarias, a la policía, a donde sea. Mientras que estuvo bien que eso no pasara. Podías literalmente vaciar todo lo que llevabas dentro, y ya está. Nadie dijo nada, nadie hizo nada. (Madre, 3)

Los primeros encuentros entre las familias y las personas coordinadoras de los grupos ayudaron a marcar el tono de la relación de las familias con Cedar; niñas, niños y madres describieron lo valiosos que fueron para crear conexiones y construir confianza. Las niñas y los niños, en particular, contaron que valoraban a las personas coordinadoras positivas, enérgicas y divertidas. En el siguiente extracto, una persona menor reflexiona sobre la importancia del sentido de la diversión que impregnaba Cedar para poder abordar la violencia doméstica:

Creo que Cedar es genial, es divertido. [..] Es serio, pero no parece serio. Es una pena que se haya acabado, pero estuvo genial, y ayuda. (Menor, 6)

En conjunto, estas cualidades marcaron el tono de la implicación de las familias con Cedar, ayudándolas a sentirse optimistas respecto a su participación en Cedar y respecto a su propia recuperación.

Seguridad

La cuestión de la seguridad es compleja en el caso de la violencia doméstica. Las investigaciones muestran que la violencia doméstica a menudo continúa y puede intensificarse tras la separación, y que el régimen de visitas posterior a la separación se convierte en un foco de ella (p. ej., Spearman et al. 2023; Birchall & Choudhry, 2018). Herman (2015, p. 142) sostiene que la seguridad es necesaria antes de que pueda empezar el trabajo de recuperación, pero que ningún acontecimiento único marca la seguridad; más bien, la transición hacia ella es gradual y a menudo se produce «a trompicones». La disposición para la recuperación llega cuando se ha alcanzado un «sentimiento rudimentario de seguridad o de previsibilidad en la vida». En Cedar, esta idea de previsibilidad se traduce en un criterio según el cual la madre y la niña o el niño ya no viven con el autor del maltrato. Significa que, aunque el maltrato pueda continuar o sus secuelas aún se dejen sentir, la vida de las madres y de la infancia no estaba moldeada por la dominación y el control cotidianos. Esto refleja la visión chocante pero pragmática de Herman de que no se puede contar con el agresor para lograr la seguridad, por lo que la superviviente debe lograrla por sí misma (2015, p 138.). Como se ha señalado antes, la obra de Herman está orientada a las personas adultas; la idea de que la infancia superviviente sea responsable de su propia seguridad resulta aún menos aceptable que en el caso de las personas adultas. ¿Cómo pueden niñas y niños (y a veces las madres) ser responsables de la seguridad cuando su estatus y su poder son menores y sus vulnerabilidades mayores? ¿Cómo pueden intervenciones de recuperación como Cedar aumentar la seguridad si no abordan directamente al agresor y la causa del daño?

En las entrevistas, niñas y niños cuestionaron las ideas convencionales sobre quién puede lograr la seguridad y de qué manera. Contaron que sentían más seguridad porque otros aspectos de su vida habían florecido. En los extractos siguientes, vinculan su sentimiento de seguridad con sus mundos sociales más amplios y con el fortalecimiento de sus relaciones con su madre y sus hermanos y hermanas:

Menor 2: Desde luego ahora siento más seguridad, porque tengo a mis amigos, tengo a mi familia, tengo a mi gato, tengo a mis mascotas.

Ent.: ¿Qué tipo de mascotas tienes? O sea, tienes un gato, ¿y qué más?

Menor 2: Tengo una cobaya; tengo cuatro peces. Tengo suerte.

Ent.: Qué bien. A ver, antes de venir a Cedar, ¿sentías seguridad?

Menor 13: Bueno, no sabía muchas cosas. Y luego, cuando estaba…cuando me estaba acostumbrando, sentía más seguridad, y más confianza para hablar de mis cosas.

Para muchas niñas y niños, la participación de su madre en Cedar había servido para calmar sus inquietudes y preocupaciones por ella:

Menor 7: Pensé que era bueno para mi madre, porque mi madre también tenía algunos problemas y, sí, eso fue…me alegré de que ella fuera a su grupo y yo fuera a un grupo.

La tranquilidad de saber que, gracias a Cedar, las madres recibían apoyo permitió a niñas y niños sentirse capaces de participar en las actividades de Cedar y en su vida más allá de él. Liberarles de las preocupaciones por sus madres ayudó a reequilibrar sus relaciones, lo que a su vez les ayudó a sentir más seguridad. Esta idea, según la cual apoyar a las madres permite reequilibrar la relación materno-filial y refuerza así la seguridad y la recuperación infantil, encontró eco en las entrevistas con las madres. Varias madres contaron que Cedar las ayudó a poder «seguir adelante siendo madres»: una frase sencilla pero profunda; sencilla en su reafirmación de una relación; profunda al reconocer que una relación tan corriente había estado ausente. Esto conecta con los indicadores de resolución de Herman (2015, p. 171), según los cuales las supervivientes pueden empezar a centrarse en la vida corriente, encontrar placer en las relaciones e interesarse más por su futuro que por el pasado.

Sin embargo, lograr la seguridad o la protección no siempre «está en manos de niñas, niños o madres». Varias niñas y niños describieron sentimientos de (in)seguridad y de (des)protección, pese a que ya no vivían bajo la dominación y el control cotidianos de la violencia doméstica. A veces, a estas niñas y niños les resultaba difícil expresar y comprender esos sentimientos de inseguridad. Los sentimientos no siempre estaban vinculados a acontecimientos o personas concretos. Por ejemplo, la inquietante incertidumbre sobre el origen del miedo queda recogida en el siguiente intercambio:

Menor 11: Me siento un poco segura, es como que no espero no estar segura, no sé si me entiendes…

Ent.: O sea, ¿te sientes un poco segura, pero no del todo?

Menor 11: Ajá.

Ent.: ¿Qué crees que tendría que cambiar para que te sintieras segura, o sea, qué haría…?

Menor 11: No estoy segura.

Ent.: ¿Hay algo que tú…puedes…o sabes qué es lo que hace que te sientas insegura?

Menor 11: No sé qué es lo que hace que me sienta insegura, creo que es solo…no me acuerdo de la palabra, pero es algo.

Aunque a niñas y niños les costaba expresar por qué tenían una sensación subyacente y persistente de inseguridad y desprotección, resulta comprensible si tenemos en cuenta las circunstancias que una niña vivía como «vida normal» antes de que ella, su hermana y su madre huyeran de su padre:

Él solía como darle bofetadas [a mi madre] y eso, y como hacerle daño, y yo tenía que ponerme delante de mi madre, pero si [mi hermana] se ponía delante, normalmente la apartaba de un empujón, y entonces yo me ponía delante y le decía a mamá que se fuera. Y luego, una vez que mamá había subido y cerrado su puerta con llave… porque teníamos una habitación con cerrojo por dentro, y era como la sala de relax. Así que nos metíamos ahí, y teníamos como una nevera, teníamos comida, teníamos agua, y teníamos una tele ahí, así que estábamos bastante bien, hasta que él consiguió colarse a escondidas cuando mi hermana y yo íbamos al baño. (Menor 9)

Esta descripción de cómo intervenía para proteger a su madre y a su hermana, y de cómo se refugiaban durante las agresiones en lo que era, de hecho, una «habitación del pánico», era algo que la niña y sus hermanas daban por sentado. Dados los desafíos cotidianos y catastróficos que la violencia doméstica puede plantear al sentimiento de seguridad infantil, parece poco probable que todas las niñas y todos los niños, o sus madres, hubieran alcanzado un sentimiento firme de seguridad antes de incorporarse a Cedar. Por tanto, parece poco probable que una intervención como Cedar sea «suficiente» para restablecer por completo el sentimiento rudimentario de seguridad necesario para la recuperación de toda la infancia.

De especial importancia para este sentimiento de seguridad eran las relaciones pasadas y actuales de niñas y niños con su padre. Las madres contaron que un contacto imprevisible e inseguro entre sus hijas e hijos y el padre socavaba su sentimiento de seguridad, bloqueando de hecho los caminos de recuperación tanto de la infancia como de las madres. Como está bien documentado en otras investigaciones (p. ej., Spearman et al., 2023), la violencia doméstica impregna el tiempo, el espacio y las relaciones; a menudo ni ha terminado ni queda confinada al pasado, hasta el punto de que el sentimiento de seguridad de las madres y de la infancia puede seguir socavándose mucho más allá de la duración de la relación entre las personas adultas.

Hacer decible lo indecible

En esencia, el marco de Herman (2015, p. 11) pretende ayudar a quienes han vivido un trauma a encontrar formas de «acercarse a afrontar lo indecible». Sostiene que, al responder a atrocidades traumáticas, las personas intentan «desterrarlas de su conciencia», con lo que estas atrocidades se vuelven «indecibles». Aunque este deseo de «enterrar la verdad» es poderoso, los esfuerzos por negar las atrocidades suelen ser inútiles y conducen a otras formas de daño. Herman sugiere, por el contrario, que debemos recordar los acontecimientos indecibles y hablar de ellos, para restablecer el orden social que han trastocado y permitir que cada víctima empiece a sanar. En Cedar, se ayuda a niñas, niños y madres a desarrollar un lenguaje para la violencia doméstica, lo que contribuye a sacar a la luz y reconocer el daño causado a la infancia y a la relación materno-filial. En el extracto siguiente, un niño reflexiona sobre cómo participar en las actividades de Cedar le ayudó a expresar sus sentimientos, lo que en cierto modo le liberó de ellos:

Menor 10: Me gust[ó] cómo me ayudó a hacer, a decir, a hablar de todos los sentimientos que tenía, y cómo no podía soltarlos [antes] porque ellos [mis sentimientos] no me dejaban, y entonces yo solo…se fueron de verdad.

Crear oportunidades para hacer decible lo indecible —los sentimientos y las experiencias infantiles del maltrato— puede ser fundamental para la recuperación tras la violencia doméstica. Su fuerza tiene eco en la investigación con la infancia que constata que los sentimientos de vergüenza, estigma y miedo emanan de sus experiencias de violencia doméstica (p. ej., Mullender et al., 2002); y en la investigación con mujeres que constata que estas pueden subestimar lo que saben y recuerdan sus hijas e hijos y, a veces, el efecto de la violencia doméstica en sus vidas (p. ej., Edleson 1999). Al hacer decibles para la infancia las atrocidades de la violencia doméstica, Cedar ofrece una vía para empezar a reparar el daño causado. Estos efectos positivos, derivados de hacer decible la violencia doméstica entre hijas, hijos y madres, y sus consecuencias en su relación, se reflejan en los siguientes extractos de entrevistas con dos madres:

[…] Nos ha abierto puertas para hablar abiertamente…porque yo siempre quise protegerla a ella y ella siempre quiso protegerme a mí, y no queríamos hablar de nada, así que nos ha abierto caminos para poder comunicarnos sobre cualquier cosa que haya pasado en el pasado, sin que tengas que preocuparte por disgustarme, y sin que yo tenga que preocuparme por disgustarla a ella. La dejo decir lo que quiera, y luego hablamos de ello, y luego llegamos a alguna conclusión, sea cual sea. (Madre 14)

Así que era algo que podíamos, porque obviamente las dos estábamos sufriendo. Yo como que aparto todas mis cosas al fondo de la cabeza, para ocuparme primero de los peques. Así que estuvo bien eso, era algo que podíamos hacer las dos, y la ayudaría a ella, más o menos, y a mí, a poder volver a hablar. Porque antes podíamos hablar, y luego en los últimos años, como que, nos fuimos distanciando. (Madre 1)

La mayoría de niñas y niños expresaron, al igual que sus madres, que se sentían más capaces de hablar abiertamente con ellas sobre la violencia doméstica. Sin embargo, una minoría significativa se mostró más ambivalente respecto a su capacidad para hablar con su madre. Así lo ilustra el siguiente extracto de una entrevista con una persona menor:

Persona entrevistadora: Ya. ¿Y tu madre y tú? ¿Habláis alguna vez de lo que pasó, o no habláis de ello?

Menor 13: No me gusta mucho hablar de ello, porque no quiero que vuelva a ser un drama. Porque cada vez que hablo de algo, mamá cree que es un problemón y entonces va y se lo cuenta a todo el mundo

En este caso, la reacción de la madre cuando su hija o hijo hablaba de la violencia doméstica, antes de participar en Cedar, seguía inhibiendo su capacidad de hablar de ello con su madre. Esto permite comprender cómo la violencia doméstica y las reacciones cuando la infancia habla de ella pueden tener efectos duraderos en la relación materno-filial y en la recuperación infantil. Aunque un modelo paralelo como Cedar permite a niñas, niños y madres desarrollar un lenguaje sobre la violencia doméstica y practicarlo entre pares, su éxito para hacer decible la violencia doméstica entre la infancia y sus madres corre el riesgo de ser más frágil. Encontrar formas de tender puentes hacia una comunicación más directa entre la infancia y sus madres podría hacer más decible la violencia doméstica en algunas familias, además de aportar potencialmente mayores beneficios a la relación materno-filial, reparando el daño causado y favoreciendo la recuperación infantil.

Un lugar para recordar y hacer el duelo

Visto a través del modelo de recuperación de Herman, el trabajo de Cedar se sitúa en la etapa de recuerdo y duelo de la recuperación (2015, p. 176). A través de su currículo de trabajo grupal, se anima a niñas, niños y madres a expresar y después reformular su historia de violencia doméstica, reconociendo los efectos que tuvo. Este trabajo de recuerdo ayuda a normalizar las respuestas de las personas supervivientes a las atrocidades que han vivido, aportando un lenguaje para los sentimientos y las reacciones que estas han provocado. El objetivo de esta recuperación es la integración, no el exorcismo, del trauma, y las personas supervivientes encuentran un poder reparador en «decir la verdad» sobre sus experiencias (p. 147).

Llorar las pérdidas

Hay muchas pérdidas —imaginadas y reales, materiales y abstractas— que a menudo pasan desapercibidas en las experiencias infantiles de violencia doméstica: la pérdida de versiones idealizadas de una madre, un padre y una familia; la pérdida de un hogar, de las mascotas y de las pertenencias; la pérdida de una escuela, de sus rutinas, ritmos y normas familiares; la pérdida de una comunidad con sus amistades, su vecindario y sus relaciones; y la pérdida de un futuro determinado. Hacer el duelo de esa pérdida, afirma Herman (2015, p. 143), debería asumirse como un acto de valentía y de orgullo, y no de humillación. De este modo, una superviviente (aquí, una niña) «puede descubrir su vida interior indestructible y tomar el control de su propia recuperación» (p. 153). Los actos de recuerdo y duelo afirman la valía de la niña. Su historia traumática se convierte en una nueva, ya no empapada de sentimientos de vergüenza y humillación, sino de sentimientos de dignidad y virtud. La integración del trauma nunca es completa —los acontecimientos de la vida lo despiertan y lo resucitan inevitablemente—, pero el recuerdo del trauma y la intensidad de sus pérdidas se atenúan (p. 158). Ofrecer oportunidades para hablar de estas experiencias y empezar a hacer el duelo era una función vital del currículo de trabajo grupal de Cedar. Este extracto de una entrevista con una persona menor ilustra cómo Cedar ayuda a lograrlo:

Lo explicaría (Cedar) como una cosa que te ayuda con todas tus preocupaciones, y cuando te pones triste por algo, simplemente vienes a Cedar y hablas de ello… de verdad ayudan cuando estoy triste por cosas, y yo simplemente se lo cuento y entonces hacen que me sienta mejor cuando estoy triste. (Menor, 8)

Reconstruir la historia traumática

Las madres también hablaron con fuerza del efecto positivo de poder reconstruir sus experiencias de violencia doméstica. En el siguiente extracto, una madre describe cómo participar en Cedar le ayudó a cambiar la visión que tenía de sí misma, a descubrir su propia fuerza y a empezar a restaurar su sentido de sí misma:

No estaría donde estoy hoy si no hubiera hecho Cedar, porque seguiría culpándome, seguiría volviendo al pasado todo el tiempo, no sería capaz de hablar del pasado, no me sentiría cómoda hablando del pasado, no habría podido ayudar a nadie más, porque habría vuelto…qué seis años después, habría vuelto a los seis meses. Y ahí me habría quedado, ahí se habría quedado mi cabeza, y [me]…me ayudó a crecer hacia una especie de nueva, por así decirlo, o a volver a [mi] verdadero yo. (Madre 13)

Niñas y niños describieron esta idea de reconstruir la historia traumática de forma distinta a sus madres. Con frecuencia contaron que Cedar les ayudaba a comprender la responsabilidad del maltrato. Pero era algo complicado y, quizá, para la infancia la etapa de duelo es más larga o avanza a un ritmo distinto al de las personas adultas. Para algunas niñas y niños, la reconstrucción aún no estaba completa o simplemente era distinta de la de las madres. En la infancia, las cuestiones de responsabilidad por el maltrato y sus secuelas no siempre se resolvían de forma limpia. Algunas niñas y niños seguían sintiéndose responsables del maltrato. Otra parte seguía sintiendo confusión y enfado por el considerable efecto que el maltrato y la separación de sus progenitores habían tenido en su vida. Y otra parte seguía sintiendo disgusto y enfado porque su madre no se hubiera marchado antes. Los sentimientos residuales que puede tener la infancia quedan ejemplificados en la siguiente cita de una madre:

Si puede hacerte…porque obviamente en Cedar hay mucho de esto de la culpa, y de quién tiene la culpa en realidad, y obviamente mi hijo todavía…ya no me culpa a mí, pero todavía…sigue habiendo eso que no puede soltar, como: ¿por qué no te fuiste sin más? (Madre 3)

La figura del padre —el ideal y la realidad– era una fuente considerable de duelo y un desafío persistente para la reconstrucción infantil de la historia traumática. El siguiente extracto de una persona menor pone de relieve formas en que el padre puede ser una pérdida para la infancia:

Ent.: ¿Qué tipo de cosas te preocupaban? ¿Te acuerdas?

Menor 1: Sobre todo mi padre.

Ent.: ¿Qué tipo de cosas sobre tu padre?

Menor 1: Solo que ya no vivía conmigo.

Ent.: O sea, ¿era que lo echabas de menos, o era…?

Menor 1: Sí, lo echaba mucho de menos.

Aunque los sentimientos de algunas niñas y niños hacia su padre eran ambivalentes, estas relaciones, su presencia y su ausencia, eran una constante en los relatos infantiles. A niñas y niños el comportamiento de su padre y los sentimientos que después les inspiraban les resultaban confusos y, por tanto, difíciles de reconstruir o integrar. Así lo ilustra el siguiente extracto, en el que la niña intenta dar sentido al comportamiento maltratador de su padre hacia ella:

Menor 11: La verdad es que a mi padre yo no le gustaba, y luego, pero en realidad sí que le gustaba, pero ya no vive con nosotras.

En el contexto de la violencia doméstica, a menudo se presenta a los padres como fuente de riesgo y de daño que hay que gestionar. Es comprensible, y los riesgos y daños para la infancia y las mujeres sí deben reconocerse y abordarse. Sin embargo, los relatos infantiles sobre el padre subrayan también la importancia de que el trabajo de recuperación aborde la complejidad de los sentimientos de niñas y niños y su relación con el padre —pasada, presente y futura— para que puedan integrarse. En el extracto siguiente, otro niño reflexiona sobre cómo sus sentimientos hacia su padre siguen sin resolverse y sobre lo que le cuesta:

Menor 6: Sobre todo [hablábamos] de hacer daño y de sentimientos y…sobre todo de hacer daño y de sentimientos, [..] Y entonces lo eché mucho de menos [Cedar], porque tenía un poquito más de lo que hablar, pero luego a veces hablaba de ello con mi madre, cuando a veces estoy triste por mi padre.

Cedar ayudó a niñas y niños a expresar estos sentimientos hacia su padre, a hacer el duelo de él y de su relación con él. Sin embargo, la profundidad de estas pérdidas puede ser sísmica y, si quedan sin resolver, pueden complicar la recuperación tras la violencia doméstica. Niñas y niños seguían contando que hablar del padre, tanto ausente como presente, les resultaba enormemente difícil, lo que quizá indica que aún no eran capaces de ir más allá del duelo.

La complejidad de las emociones que pueden suscitarse en la infancia queda ilustrada en el siguiente extracto de las entrevistas:

Ent.: ¿Hay algo que todavía te preocupe o que te ponga triste?

Menor 1: Todavía me pone triste lo de mi papá.

Ent.: ¿Qué es lo que te pone triste?

Menor 1: Triste, no puedo verlo, y mi hermana sí puede ver al suyo.

Ent.: Sí, eso dijiste. ¿Cuándo lo viste por última vez, te acuerdas?

Menor 1: Fue más o menos cuando tenía cuatro o cinco años […]. Tengo celos porque mi hermana puede ver a su padre. Eso lo dije ayer por la mañana, creo.

Los celos son una emoción compleja de expresar, y a menudo no se fomenta ni se tolera. Poder hablar de ello abiertamente con su madre fue un paso importante. Muestra cómo intervenciones como Cedar pueden ayudar a la infancia a hacer el duelo apoyando su comunicación y el desenredo de sentimientos complicados. Ofrece un ejemplo vivo de cómo el marco de recuperación de Herman y Cedar brindan formas de reconectar a las víctimas con sus experiencias, de llorar las pérdidas y de empezar a integrarlas.

La fuerza del grupo

Herman afirma que el trauma deshumaniza, pero que en la recuperación el grupo enaltece, mitigando los sentimientos de aislamiento, estigma y vergüenza de las personas supervivientes (2015, p.173). Sin embargo, para que el grupo tenga éxito, sus tareas terapéuticas principales deben ser congruentes con la etapa de recuperación de sus miembros; de lo contrario, el grupo corre el riesgo de ser ineficaz e incluso perjudicial (pp.173–190). Una comprensión clara de la tarea terapéutica, así como una estructura y un ritmo para el grupo, protegen a sus miembros de verse desbordados por el trauma. El currículo de Cedar, con los rituales y las rutinas de las reuniones semanales del grupo, ofrecía estructura y previsibilidad a niñas, niños y madres. El inicio y el final de las reuniones se señalaban abriendo y cerrando un cofre del tesoro, que simbolizaba el cuidado y la confidencialidad que los miembros podían esperar para los testimonios compartidos en el grupo, y que debían ofrecerles.

Herman (2015, p. 174) sostiene que, a través de los grupos, las personas supervivientes se ayudan mutuamente a soportar el terror y la confusión de los recuerdos traumáticos, así como el dolor del duelo y de las pérdidas. El grupo ofrece un lugar a las pérdidas de sus miembros y les confiere solemnidad, brindando la oportunidad de hacer el duelo, honrar el pasado e imaginar futuros con nuevas ideas y sentimientos de esperanza. Herman describe un efecto espejo que se produce cuando se forman los grupos de recuperación: al abrirse a los demás miembros del grupo, la superviviente se vuelve capaz de recibir «los dones que otras personas ofrecen». La tolerancia y la compasión que ofrece a los demás miembros del grupo revierten en ella. Surge un sentimiento de empoderamiento colectivo cuando las personas supervivientes se ven unas a otras como pares e iguales, necesitadas de ayuda y a la vez capaces de ayudarse mutuamente. Estas ideas quedan bellamente ilustradas en los siguientes extractos de niñas y niños, en los que reflexionan sobre la fuerza que encontraron al saber que sus experiencias de maltrato no eran algo aislado, y sobre lo que ello aportó para afrontar sus propios sentimientos de aislamiento, estigma y vergüenza:

Menor 3: «No estoy sin compañía. Sentí que cuando fui a Cedar era, sí, me sentí a salvo, sentí seguridad».

Ent.: ¿Qué te pareció estar con otros chicos y chicas a cuyas familias les habían pasado cosas parecidas?

Menor 7: Sentí que no era la única persona a la que le pasaba.

Persona entrevistadora: Ya.

Menor 7: Me sentí mejor.

Según Herman, los recursos del grupo se movilizan y se comparten, de modo que el grupo tiene una mayor capacidad para soportar e integrar las experiencias traumáticas que cualquier individuo por separado (p. 174). En los siguientes extractos, las madres desarrollan esta idea al describir cómo el grupo les ayudó tanto a soportar su trauma como a encontrarle una resolución:

Probablemente fue una de las partes más difíciles de pasar por Cedar. Tener que revivir cosas, y nunca quedaba nada sin resolver, ¿me explico? O sea, si salía algo, hablábamos de ello y quedaba, digamos, casi zanjado, antes del final de la sesión. Nunca me fui pensando: no he resuelto algo, o debería haber hablado de eso. (Madre 4)

Herman (2015, p. 186) sostiene que el trabajo integrador sobre el trauma se produce hacia el final del grupo, y que los cierres se formalizan con rituales de despedida. En Cedar estaban integrados mediante celebraciones, afirmaciones y regalos que marcaban los logros de niñas, niños y madres:

Esa bolsa de regalos, bueno, no te esperas esas cosas al final, así que nos dieron todas esas cositas. Y fue muy bonito, porque no esperábamos nada. Fue genial, porque te daba ese subidón extra antes de irte, como de logro. (Madre 10)

Para muchas, el final del grupo fue difícil; algunas sintieron que terminó demasiado pronto. Las mujeres establecieron relaciones con otras mujeres y pudieron mantener el apoyo mutuo fuera del grupo. Sin embargo, a niñas y niños les resultaba más difícil hacerlo por su cuenta. Esto pone de relieve la necesidad de pensar detenidamente en la recuperación infantil tras una intervención intensiva, sobre todo si el ritmo de recuperación de las madres y de la infancia diverge y si las redes de apoyo propias de la infancia son más limitadas y dependen de sus madres.

El poder de la persona que dirige el grupo para cuidar y acompañar

La etapa de recuerdo y duelo implica compartir experiencias de un trauma pasado, no actual. Este intercambio lo facilita una persona coordinadora del grupo. Como señala Herman, se trata de un papel emocionalmente exigente, ya que muestra cómo escuchar historias traumáticas sin dejarse desbordar por ellas. En Cedar, esto se plasmaba en que la persona coordinadora mantenía los límites del grupo, por ejemplo repitiendo los rituales establecidos (como abrir y cerrar el cofre del tesoro); asegurándose de que se escuchara la voz de todo el mundo (p.180); y respetando los tiempos de las actividades de la reunión: acciones prácticas que, en su demostración visible de cuidado, nutren la seguridad que permitía a madres, niñas y niños participar en un intercambio emocionalmente exigente. En Cedar, nutrir la seguridad y demostrar cuidado no se limitaba a las reuniones del grupo, acotadas en el tiempo, sino que incluía la manera en que se realizaban las valoraciones; la organización del transporte para que las familias pudieran llegar a las reuniones del grupo; asegurarse de que hubiera sus tentempiés favoritos; y repartir tarjetas de afirmación que se convirtieron en objetos preciados para niñas y niños, con los que recordar su trabajo en Cedar y sentir orgullo por él. Una madre se identificó con la apariencia corriente de ese cuidado y lo valoró aún más por ello:

Desde el minuto en que cruzas esa puerta, al principio del grupo, antes incluso de que tu trasero toque la silla, alguien te está ofreciendo una taza de té. Bueno, mucha gente no tiene eso en casa. Eres tú quien prepara esa taza de té y eres tú quien tiene que levantarse y hacer algo por sí misma. Así que durante esas dos horas, sí, dos horas, estábamos en el grupo, te cuidaban. (Madre 7)

Esa experiencia de que te atiendan, de que te cuiden, de que otra persona dé prioridad a tu bienestar: el hecho de que resulte digna de mención es un recordatorio conmovedor de aquello de lo que se están recuperando las familias.

Discusión

Este artículo pretendía hacer avanzar la comprensión de la recuperación infantil tras la violencia doméstica integrando datos empíricos con la teoría de la recuperación del trauma de Herman. Al hacerlo, aporta nuevos conocimientos sobre un ámbito poco investigado, subrayando cómo los marcos teóricos pueden ayudar a profundizar en el análisis de los procesos de recuperación infantil. Al fundamentar los resultados en una teoría del trauma consolidada, el artículo contribuye al desarrollo continuo de esta teoría en el contexto de la infancia y la violencia doméstica, y demuestra su potencial de aplicación en el trabajo de recuperación con niñas y niños.

Antes de examinar en detalle el trabajo de recuperación, es importante reiterar cuán fundamentales fueron las ideas de crianza afectiva y cuidado para los sentimientos de niñas, niños y madres hacia Cedar y para que lo vieran como una intervención que mejoró su vida. El artículo pone de relieve cómo la crianza afectiva y el cuidado, tal como los ponía en práctica la persona coordinadora del grupo, sentaron las bases de la recuperación. No eran meros «añadidos» prescindibles, ni debe subestimarse su efecto. Al ofrecer a las personas supervivientes la posibilidad de elegir y actuar de maneras que demostraban que se valoraba su dignidad intrínseca, niñas, niños y madres pudieron participar en un trabajo terapéutico de gran intensidad y sostenerlo. Es un trabajo de alta cualificación, que exige al personal de los grupos manejar emociones complejas y difíciles tras la violencia doméstica, al tiempo que crea y mantiene un entorno en el que las personas supervivientes trabajan juntas para soportar el terror y la confusión de los recuerdos traumáticos y el dolor del duelo y de las pérdidas.

Ahora, consideremos lo que significa la recuperación en el contexto de la violencia doméstica. El artículo ha explorado las complejidades de la recuperación, que exige equilibrar el optimismo respecto a la recuperación y la curación —cuando las personas supervivientes pueden centrarse en la vida corriente, encontrar placer en las relaciones e interesarse más por su futuro que por el pasado— con la realidad de que la violencia doméstica puede no tener límites, atravesando el tiempo y las relaciones. La violencia doméstica no termina con la separación (p. ej., Spearman et al., 2023); sus secuelas pueden ser duraderas y de gran alcance (p. ej., Katz, 2022; Callaghan et al. 2018; Holt et al. 2008; Øverlien, 2014; Mullender et al., 2002; McGee, 2000). Por tanto, cabe preguntarse si la recuperación infantil es posible en un contexto en el que el trauma a menudo sigue en curso. El análisis ha revelado lo enmarañada que puede ser la recuperación y lo profundamente entrelazada que está con las cuestiones de seguridad y riesgo. El sentimiento de seguridad de niñas y niños puede reforzarse cuando sus mundos sociales se amplían y se fortalecen sus relaciones con su madre, sus hermanas y hermanos y su familia extensa. Su sentimiento de seguridad también puede aumentar cuando se les libera de las preocupaciones por su madre. Intervenciones como Cedar lo logran ayudando a reequilibrar la relación materno-filial, lo que permite a la infancia centrarse en otros aspectos de su vida. Sin embargo, para algunas niñas y niños la seguridad era esquiva, y una sensación de inseguridad sigue pesando mucho sobre esa parte de la infancia. El marco de Herman se desarrolló con personas adultas y quizá el concepto de «sentimiento rudimentario de seguridad» sea más alcanzable para las personas adultas que para la infancia. Esto sugiere que, en la práctica —y también en el derecho y en las políticas—, es necesario reconocer en mayor medida la erosión cotidiana y catastrófica que la violencia doméstica y sus secuelas siguen ejerciendo sobre el sentimiento de seguridad de algunas niñas y niños. Sin encontrar primero formas de frenarla y de restablecer su sentimiento fundamental de seguridad, la recuperación infantil corre el riesgo de volverse frágil, si no de quedar comprometida por completo.

Un aspecto clave de la recuperación infantil consiste en ayudar a niñas y niños a desarrollar un lenguaje para la violencia doméstica y un vocabulario para las emociones que les suscita. Ello contribuyó a hacer decibles sus experiencias y los sentimientos asociados, con sus pares, sus madres y sus familias. Al hacerlo, se les ayudó a afrontar los sentimientos de vergüenza, estigma y miedo que a menudo caracterizan las experiencias infantiles de violencia doméstica (p. ej., Mullender et al., 2002). El marco de Herman se basa en la idea de que la recuperación se produce en las relaciones. Esta idea se hace eco de otros estudios feministas, con los que encaja sin dificultad, que otorgan un lugar central a la relación materno-filial, y confianza en ella, para proteger a la infancia y ayudarla a recuperarse de la violencia doméstica. Los resultados aquí expuestos mostraron que ese lugar central y esa confianza están bien fundados para muchas niñas y niños, pero no para toda la infancia. Así como las relaciones entre la infancia y las mujeres pueden ser fuente de fortaleza, también pueden ser fuente de vulnerabilidad para la recuperación infantil (p. ej., Humphreys and Stanley 2006; Baly, 2010; Katz, 2016; Buchanan and Moulding 2021). Para algunas niñas y niños, existe el riesgo de que la relación materno-filial no sea lo bastante sólida o de que las intervenciones no la fortalezcan lo suficiente. Esto significa que no pueden aprovechar al máximo las oportunidades o los caminos de recuperación, lo que conecta con las ideas de Howarth et al (2019) sobre la «disposición» para las intervenciones. Por ello, el artículo aboga por una consideración más crítica de si las intervenciones pueden hacer más para fortalecer estas relaciones, de cómo y de qué. Y, si no pueden, es necesario plantearse cómo podrían ser otros modelos de recuperación en los que no se cuente con la relación materno-filial como principal vehículo de la recuperación infantil.

Al adoptar los marcos de la pérdida, el duelo y la aflicción para explorar la recuperación infantil, el análisis ha permitido una perspectiva amplia y abarcadora sobre las experiencias de niñas y niños y, a su vez, sobre sus necesidades para recuperarse de la violencia doméstica. En el contexto de la violencia doméstica, el padre suele quedar reducido a debates sobre el riesgo, por ejemplo, si el contacto tras la separación es seguro o no. Este enfoque subyace a críticas bien fundadas sobre el fracaso del derecho de familia a la hora de proteger a la infancia y a las mujeres en los acuerdos de parentalidad posteriores a la separación (p. ej., Morrison, 2015; Birchall & Choudhry, 2018). Sin embargo, los relatos infantiles subrayan la importancia de pensar en el riesgo y en algo más. El fin de las relaciones entre personas adultas en el contexto de la violencia doméstica no equivale al fin de la relación con el padre, ni a los cambios que ese fin le acarrea. Es necesario ampliar las formas de considerar al padre en el contexto de la recuperación infantil, reconociendo estas relaciones como formas de pérdida que niñas y niños pueden vivir y la complejidad de los sentimientos que pueden albergar al respecto. Si el trabajo de recuperación no atiende estas pérdidas, corren el riesgo de complicar y entorpecer la capacidad de la infancia para reconstruir su historia del trauma y recuperarse de la violencia doméstica.

Conclusión

Al analizar los relatos de niñas, niños y madres sobre la «recuperación» a través de la lente del modelo de recuperación del trauma de Herman, el artículo ha hecho explícito cómo las intervenciones en materia de violencia doméstica pueden asumir el desafío de Herman de «volver a conectar los fragmentos, reconstruir la historia, dar sentido a los síntomas presentes a la luz de los acontecimientos pasados» (Herman, 2015 p. 13). Tomando Cedar como estudio de caso, el artículo ilustra cómo niñas y niños pueden encontrar la seguridad, hacer decible la violencia doméstica y llorar sus pérdidas mediante experiencias de trabajo grupal terapéutico cuidadosamente facilitadas. Subraya también la precariedad del sentimiento de seguridad de algunas niñas y niños y la importancia de restablecerlo para que la recuperación infantil sea posible.

Otras aportaciones han consistido en adoptar nuevos marcos teóricos —la pérdida, el duelo y la aflicción– para ampliar la comprensión de las experiencias infantiles de violencia doméstica. El artículo ha puesto de relieve asimismo el papel de la relación materno-filial y la importancia de la relación con el padre para la recuperación infantil. Con ello, plantea preguntas importantes sobre las complejidades y tensiones relacionales inherentes al concepto de recuperación infantil tras la violencia doméstica, y subraya la necesidad de prestar una atención renovada, en el trabajo de recuperación, al sentimiento de seguridad de la infancia y a la dinámica de ambas relaciones: la relación con la madre y la relación con el padre.

Fortalezas y limitaciones

Este estudio realiza una aportación valiosa y en profundidad a la escasa base de evidencia sobre la recuperación infantil tras la violencia doméstica. Al implicar a las personas participantes en el análisis inicial de los datos, el estudio pone en primer plano las prioridades de niñas, niños y madres en el proceso de recuperación, lo que refuerza el rigor de los resultados. Sin embargo, la profundidad del estudio procede de su enfoque en una muestra deliberadamente pequeña, lo que puede limitar la representación de distintos grupos o perspectivas. El estudio no incluyó la observación directa de los grupos, decisión adoptada para respetar la intimidad de las personas participantes y minimizar el grado de intrusión y la carga que la investigación suponía tanto para ellas como para el servicio. En consecuencia, el estudio se basa únicamente en lo que cuentan las personas participantes sobre aspectos como las competencias de las personas coordinadoras de los grupos o el efecto de la composición del grupo en la recuperación. Las personas participantes se reclutaron en un único servicio de apoyo en materia de violencia doméstica que aplica un modelo de apoyo específico. Esto significa que el estudio puede no recoger la variación de los recorridos de recuperación derivada de las diferencias entre modelos de apoyo. Para colmar esta laguna, futuras investigaciones podrían recurrir a una muestra más amplia y diversa, que incluya participantes de distintos modelos de apoyo. En definitiva, es importante seguir explorando formas de implicar a niñas y niños en investigaciones destinadas a influir positivamente en sus vidas.

Complexe Systémique: puntos clave

Este texto tiene el mérito de pensar la recuperación de una niña o un niño como un proceso relacional y no como la mera desaparición de los síntomas. El propio diseño de Cedar es sistémico: los grupos de menores y de madres funcionan en paralelo, lo que libera a la infancia de su vigilancia hacia la madre y reequilibra la relación. Tres resultados merecen atención clínica. La seguridad no queda garantizada cuando el agresor se marcha: para algunas niñas y niños sigue siendo esquiva, sobre todo cuando el contacto con el padre sigue siendo imprevisible. Hacer decible el maltrato entre pares no garantiza que se vuelva decible entre madre e hija o hijo; a veces ese vínculo requiere un trabajo directo. Por último, el padre no es solo un riesgo que gestionar: es también una pérdida, y un duelo no reconocido obstaculiza la reconstrucción de la historia. El estudio se basa en una pequeña muestra escocesa, un único servicio y ninguna observación de los grupos. Puede leerse junto con el artículo sobre las díadas expuestas conjuntamente a la violencia doméstica y el artículo sobre el modelo integrado de la relación materno-filial.

Notas del original

Ética. El estudio recibió la aprobación ética del Comité de Ética de la University of Stirling. Durante la investigación, el consentimiento informado, la protección y el bienestar ocuparon un lugar especialmente destacado en el diseño y la realización del estudio. Se solicitó el consentimiento informado de todas las personas participantes, menores y adultas, abarcando cuestiones clave (p. ej., información accesible, explicación de por qué se les había invitado a participar, confidencialidad/anonimato, consentimiento voluntario continuado, datos de contacto para preguntas o quejas, información sobre el intercambio y el archivo de datos). A todas las personas menores de 18 años se les pidió que dieran su adhesión expresa para participar; en Escocia, las menores de 16 años (conforme a la Age of Legal Capacity (Scotland) Act 1991) necesitaban además el consentimiento parental (de la madre). La información y el consentimiento se adaptaron a las necesidades de comunicación de las personas participantes (p. ej., formatos accesibles). La investigación había establecido protocolos de protección, incluidas vías de derivación para las personas participantes y sesiones de descarga para el equipo investigador. Como parte del consentimiento informado, se informó a las personas participantes de los límites de la confidencialidad en caso de que se temiera que alguien corría el riesgo de sufrir un daño significativo. Durante la investigación se entregó a las personas participantes, menores y adultas, una lista seleccionada de organizaciones de apoyo. Todas las personas participantes recibieron una tarjeta y un vale regalo como agradecimiento por su participación en la investigación.

Agradecimientos. Quiero dar las gracias a las niñas, los niños y las madres que compartieron sus historias de recuperación, y a Tracy Hutcheson y al resto del personal de Cedar, que hicieron posible la investigación. Quiero expresar mi reconocimiento a Ruth Friskney, que realizó algunas de las entrevistas con madres; a Jane Callaghan y Hannah Hale, por debatir el análisis inicial de los datos; y a Claire Houghton, Camille Warrington y Laura Reid, que ayudaron a organizar y facilitar la consulta con las familias sobre los resultados. También quiero dar las gracias a Lily Greenan por compartir su conocimiento del marco de recuperación del trauma de Herman.

Financiación. Esta investigación fue financiada por la ESRC, subvención número ES/T001399/1.

Conflicto de intereses. La autora no declara ninguno.

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Traducción no oficial al español de Trying to find Safety, to make it Speakable, and to Mourn the Losses – Children’s Recovery from Domestic Abuse, de Fiona Morrison, Journal of Family Violence, vol. 41, n.o 3 (2026), doi: 10.1007/s10896-024-00745-5, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Este es el artículo original «Trying to find Safety, to make it Speakable, and to Mourn the Losses – Children’s Recovery from Domestic Abuse», publicado en Journal of Family Violence (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Morrison, F. (2026). Trying to find Safety, to make it Speakable, and to Mourn the Losses – Children’s Recovery from Domestic Abuse. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/trying-to-find-safety-to-make-it-speakable-and-to-mourn-the-losses-children-s-recovery (Obra original publicada en 2024 en Journal of Family Violence, 41(3), 431-443 (2026); republicada en 2026 por Journal of Family Violence, https://link.springer.com/article/10.1007/s10896-024-00745-5)

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