Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Family Violence · Violencia
¿Cómo cambia la relación entre una madre y su hijo o su hija cuando la familia deja atrás la violencia de pareja? En Hong Kong, el equipo de Anne Wong siguió a 13 madres y 20 menores que habían pasado por una casa de acogida, combinando entrevistas y pintura conjunta. El resultado es un modelo en cuatro etapas, de la interdependencia al trabajo en equipo, y una relación que también habla sin palabras.
Traducción no oficial al español de The Integrated Model: Dynamic Changes in Mother–Child Relationship in the Context of Intimate Partner Violence, de Anne Chun Miao Wong y Rainbow Tin Hung Ho, publicado en Journal of Family Violence (Springer) (2026), doi: 10.1007/s10896-024-00733-9, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
La relación materno-filial y el contexto de la violencia de pareja son dinámicos y cambiantes, no estáticos.
Anne Chun Miao Wong y Rainbow Tin Hung Ho
Resumen
Objetivo. Este estudio se propuso examinar los aspectos explícitos e implícitos de la relación materno-filial para explicar los cambios en la relación provocados por los cambios en el contexto de la violencia en la pareja íntima (VPI) a lo largo del tiempo. La relación materno-filial explícita comprende las comunicaciones verbales y conscientes, mientras que la relación implícita consiste en interacciones no verbales y no conscientes.
Método. Se empleó la teoría fundamentada (Grounded Theory) para situar la perspectiva de las personas participantes en primer plano. Participaron 33 supervivientes chinos, madres y menores (13 madres y 20 menores), que residían o habían residido en una casa de acogida para mujeres maltratadas y sus hijos e hijas en Hong Kong. Los datos sobre su relación explícita se recogieron mediante entrevistas individuales cualitativas. Se aplicó un método basado en el arte, el Procedimiento de Pintura Conjunta (Joint Painting Procedure, JPP), para obtener datos diádicos madre-menor sobre su relación implícita.
Resultados. El modelo integrado, «Cambios dinámicos en la relación materno-filial en el contexto de la VPI», se fundamentó en tres grandes bloques de resultados. En primer lugar, las identidades sociales y las trayectorias interseccionales de las personas participantes. En segundo lugar, los cambios en sus dinámicas relacionales explícitas provocados por las transiciones en el contexto de la VPI. En tercer lugar, sus dinámicas relacionales implícitas, bidireccionales y recíprocas, suscitadas mediante el JPP y las conversaciones posteriores a la pintura.
Conclusión. El modelo integrado tiene implicaciones importantes para las intervenciones profesionales en la etapa posterior a la separación. En primer lugar, la VPI es un problema social interseccional que exige cambios sociales y políticos, así como tener en cuenta la diversidad entre las madres y menores supervivientes. En segundo lugar, la relación materno-filial y el contexto de la VPI son dinámicos y cambiantes, no estáticos. En tercer lugar, la relación implícita ofrece una nueva dimensión a las intervenciones profesionales para fortalecer la relación materno-filial.
Palabras clave: Violencia en la pareja íntima, Relación materno-filial, Perspectiva feminista, Perspectiva de las fortalezas, Perspectiva centrada en la infancia, Teoría fundamentada, Metodología cualitativa
La violencia en la pareja íntima (VPI) sigue siendo una crisis mundial que golpea a las mujeres, a la infancia expuesta a ella y a la relación materno-filial. La VPI se caracteriza por los actos de una pareja íntima o cónyuge, actual o anterior, que causan daño físico, sexual o psicológico. Constituye una manifestación prevalente de la violencia de género contra las mujeres a escala mundial. Las estadísticas revelan que el 27% de las mujeres que han mantenido una relación íntima han sufrido violencia física y/o sexual por parte de su pareja (World Health Organization, 2024b). Durante la pandemia de COVID-19, casi una de cada dos mujeres declaró que ella, o una mujer que conocía, había sufrido violencia (UN Women, 2022, p.14–15). En Hong Kong se registraron en torno a 2000 a 3000 nuevos casos de VPI al año durante los últimos cinco años, y de forma persistente más del 80% de las víctimas eran mujeres (Social Welfare Department, 2024). Sin embargo, los nuevos casos registrados podrían representar solo el 2% de los casos reales de VPI en Hong Kong (Lau & Blundy, 2016), ya que la mayoría de las mujeres maltratadas no buscaron ayuda en absoluto o solo recurrieron a apoyos informales (Chan, 2022). La VPI genera un riesgo inmediato de muerte y tiene consecuencias físicas, psicológicas y mentales negativas para las mujeres supervivientes, dañando su participación económica, política y social (p. ej., Crowne et al., 2011; Dillon et al., 2013). La VPI es violencia contra la infancia expuesta a ella, a la que somete a sus efectos perjudiciales, y en el mundo uno de cada cuatro menores vive con una madre víctima de VPI (Stoltenborgh et al., 2012; Unicef, 2017; World Health Organization, 2024a). En comparación con sus pares sin exposición a la VPI, estos menores presentaban un mayor riesgo de desarrollar síntomas traumáticos y problemas emocionales y de conducta que podían seguir poniéndolos en riesgo en la edad adulta, lo que indica una transmisión intergeneracional de los efectos de la VPI (Adams et al., 2019; Kimball, 2016; Pinheiro, 2006). Aunque la infancia pueda mantener relaciones muy estrechas con sus madres, que eran su fuente de consuelo y apoyo en el contexto de la VPI (p. ej., Lapierre et al., 2018; Mullender et al., 2002), y aunque la madre pueda intentar compensar la exposición de la infancia a la VPI mediante una maternidad positiva y protectora (p. ej., Letourneau et al., 2007; Pels et al., 2015), la VPI es violencia contra la relación materno-filial. Humphreys et al. (2006) presentaron una lista de tácticas que los agresores aplicaban deliberadamente para atacar esta relación, maltratando a las madres en presencia de la infancia para mostrar que eran incapaces de protegerse y de ejercer la crianza. En la etapa posterior a la separación, los agresores podían estar más presentes que ausentes (Humphreys et al., 2019). Podían ejercer maltrato, coerción y control sobre las mujeres a través de la custodia, la crianza y el régimen de visitas (Hayes, 2012; Katz, 2015b; Thiara & Humphreys, 2017).
Un creciente cuerpo de investigación ha demostrado la importancia de la relación materno-filial en el contexto de la VPI. Volver a fortalecer esta relación es crucial para que madres y menores supervivientes se apoyen y favorezcan mutuamente su recuperación de los daños de la VPI en la etapa posterior a la separación (Chanmugam, 2014; Humphreys et al., 2006, 2015; Katz, 2015a, b; Kong & Hooper, 2018; Mullender et al., 2002; Swanston et al., 2014; Visser et al., 2016). La relación materno-filial consta de aspectos explícitos e implícitos que coinciden en nuestras comunicaciones e interacciones y que, por tanto, son igual de importantes. La relación explícita incluye las comunicaciones conscientes que pueden verbalizarse mediante el lenguaje hablado, y la relación implícita implica interacciones no conscientes que pueden expresarse mediante manifestaciones no verbales, como el arte (Gavron, 2013, 2019; Gavron & Mayseless, 2015, 2018). Los estudios anteriores se centraron principalmente en los relatos verbales de las personas participantes sobre su relación explícita. La relación implícita, igual de importante, quedó sin explorar (Wong & Ho, 2022). Pese a este cuerpo de investigación, falta una teoría que explique la relación materno-filial en el contexto de la VPI. Se ha prestado poca atención a los cambios en la relación materno-filial provocados por los cambios en el contexto, como antes y después de dejar a los agresores/padres. Además, los estudios se realizaron principalmente en países occidentales, y rara vez se incluyó como participantes a madres y menores supervivientes chinos. Hasta donde sabemos, este es el primer estudio que involucra a madres y menores supervivientes chinos y explora sus relaciones explícitas e implícitas para elaborar un modelo que explique los cambios en sus relaciones provocados por los cambios en el contexto de la VPI.
Se dio prioridad a las consideraciones éticas, dado que la investigación sobre la VPI es un tema sensible (Mullender et al., 2002; Van Gelder et al., 2020). En la cultura china en particular, la VPI se considera un secreto familiar que no debe revelarse a personas ajenas (Sullivan, 2005; Tonsing, 2016; Yick, 2007). Este estudio se enmarcó en la perspectiva de las fortalezas, la perspectiva feminista y la perspectiva centrada en la infancia, que en estudios anteriores demostraron ser seguras, terapéuticas y empoderadoras para las mujeres supervivientes de la VPI y para la infancia expuesta a ella. La perspectiva de las fortalezas se aleja de los problemas de las personas participantes y se orienta hacia su capacidad de acción y sus fortalezas, afirmando así sus perspectivas y evitando etiquetarlas como víctimas deficitarias (Mariscal, 2012; Saleebey, 2013; Song & Shih, 2010). La perspectiva feminista entiende la VPI como un problema social de género y pone el acento en las dificultades de las madres maltratadas, evitando así culpabilizar a la víctima y a la madre (Buchanan & Wendt, 2018; Lapierre, 2010; Moulding et al., 2015; Peled & Gil, 2011; Semaan et al., 2013). La perspectiva centrada en la infancia subraya la capacidad de acción y las fortalezas de la infancia, evitando así etiquetarla como testigos pasivos de la VPI parental (Katz, 2015a; Kong & Hooper, 2018; Mullender et al., 2002), abordando la desigual relación de poder entre personas adultas y menores (Dedding et al., 2015; Graham et al., 2015; Haring et al., 2019; Kirk, 2007) entre menor y equipo investigador y entre menor y madre, y afirmando sus interpretaciones y perspectivas en este contexto de investigación (Wong & Ho, 2022). Antes de la recogida de datos se obtuvo la aprobación ética del Human Research Ethics Committee de The University of Hong Kong. Las madres firmaron el consentimiento informado para su propia participación y la de su descendencia. También se solicitó el consentimiento informado firmado de la infancia participante, para mostrarle el mismo respeto, favorecer el ejercicio de su capacidad de acción y garantizar su participación voluntaria. Por razones de seguridad, se permitió a las personas participantes elegir el lugar de la recogida de datos, y todas eligieron la casa de acogida, donde se sentían seguras y apoyadas. Por ello, este estudio se llevó a cabo en la casa de acogida. Todas las personas participantes recibieron un vale de supermercado o de librería de HK$20, según su elección, como muestra de agradecimiento por su participación.
Este estudio adoptó un diseño de investigación cualitativo porque permite a madres y menores supervivientes dar cuenta de sus experiencias vividas e interpretarlas con sus propias palabras y a su manera (Nikupeteri & Laitinen, 2015; Skinner et al., 2013). Se aplicó la metodología cualitativa de la teoría fundamentada (Glaser, 1978; Glaser & Strauss, 1968) para realizar entrevistas individuales y el Procedimiento de Pintura Conjunta (JPP) madre-menor con las personas participantes, con el fin de explorar, respectivamente, sus relaciones explícitas e implícitas. Además, se aplicó para situar la perspectiva de las personas participantes en primer plano (Glaser, 2007), impidiendo que la persona investigadora interfiriera en las expresiones e interpretaciones de madres y menores supervivientes. El muestreo teórico, la recogida de datos y el análisis de datos se llevaron a cabo de forma iterativa para descubrir códigos, conceptos, categorías y las conexiones entre las distintas categorías, con el fin de generar una teoría (Glaser, 1978, 2002; Glaser & Strauss, 1968) que explicara los cambios en la relación materno-filial provocados por los cambios en el contexto de la VPI.
Este estudio comenzó con un muestreo intencional, basado en el criterio de la persona investigadora para seleccionar participantes adecuados (Babbie, 2021) y con conocimiento del tema (Glaser, 1978, p. 45). Se reclutó una díada madre-hija mediante el contacto directo de la persona investigadora (quien firma en primer lugar). Esta díada había sobrevivido junta a la VPI y llevaba dos años viviendo en su nuevo hogar tras salir de la casa de acogida. La persona investigadora las conoció en 2015 en la reunión del Welfare Panel Subcommittee del Consejo Legislativo de Hong Kong, donde la madre habló en nombre del grupo de autoayuda de mujeres supervivientes de VPI. Expuso sus necesidades y formuló recomendaciones para mejorar las políticas y los servicios. Cuando la persona investigadora invitó a la díada a participar en este estudio en 2018, aceptaron con gusto y eligieron hacer las entrevistas individuales en casa. Tras analizar los datos recogidos con la díada, se aplicó el muestreo teórico. El muestreo teórico es el proceso por el cual quien investiga recoge y analiza los datos y decide a continuación qué datos recoger después y dónde encontrarlos para desarrollar una teoría que emerja de los datos (Glaser & Strauss, 1968, p. 45). Tanto la madre como la hija relataron en sus entrevistas individuales que su relación había cambiado tras dejar al agresor/padre. Además, antes de entrar en la casa de acogida como último recurso, habían acudido a distintos recursos relacionales y comunitarios. Esta información orientó a la persona investigadora a reclutar madres y menores supervivientes chinos en una casa de acogida para mujeres maltratadas con menores a su cargo. Finalmente, 33 participantes (13 madres y 20 menores) fueron derivados a este estudio por el personal de trabajo social de su casa de acogida. El tamaño de la muestra se determinó por saturación teórica, es decir, cuando ningún dato adicional podía desarrollarse en una categoría y no emergía ninguna categoría nueva de los datos (Glaser & Strauss, 1968, p. 61). Las principales características de las personas participantes figuran en los Anexos 1 y 2.
Los datos demográficos, las preocupaciones inmediatas y las trayectorias sociales de las personas participantes se recogieron con una ficha de información general elaborada por la persona investigadora.
Los datos sobre la relación materno-filial explícita se recogieron mediante entrevistas individuales semiestructuradas realizadas en cantonés o en putonghua, según la preferencia de cada participante. Las entrevistas con las madres duraron unas 2,5 horas, y las de menores, entre 30 minutos y una hora. Todas las entrevistas se grabaron en audio y la persona investigadora las transcribió literalmente.
Los datos sobre la relación implícita se recogieron mediante el JPP madre-menor, el método diádico basado en el arte desarrollado por Gavron (2019) para examinar la relación implícita entre progenitores e hijos, que comprende interacciones no verbales y no conscientes (Gavron, 2013, 2019; Gavron & Mayseless, 2015, 2018). En este estudio, las díadas madre-menor vivieron juntas el JPP en 5 pasos sobre el mismo papel. Al principio, la persona investigadora subrayó ante las díadas que iban a compartir una actividad agradable y que podían pintar libremente durante todo el proceso. Las díadas comenzaron el JPP trazando a lápiz su propio espacio personal. Después pintaron dentro de su propio espacio personal. A continuación pintaron su propio marco alrededor de su espacio personal y, luego, un camino desde su propio marco hasta el marco de la otra persona. Por último, pintaron juntas en el resto del papel, es decir, en su zona común. Durante el proceso de pintura, la persona investigadora tomó notas de las comunicaciones e interacciones de las díadas. Después de pintar, las díadas contemplaron las obras que habían creado juntas (p. ej., Figs. 1, 2 y 3) para comentar sus elementos artísticos paso a paso y, dentro de cada paso, uno por uno, siguiendo la guía de conversación posterior a la pintura que habían elaborado conjuntamente. Wong y Ho (2022) mostraron cómo la elaboración y la aplicación de esta guía favorecieron la capacidad de acción y las fortalezas de madres y menores supervivientes a la hora de decidir qué presentar y cómo hacerlo en sus conversaciones posteriores a la pintura. Esto evitó interpretaciones erróneas, afirmó las perspectivas de las personas participantes y, sobre todo, ayudó a la infancia a expresar sus propios puntos de vista sin que se los impusieran las personas adultas, incluidas sus madres y la persona investigadora, por lo que aportó datos ricos para comprender su relación implícita. Las conversaciones posteriores a la pintura se desarrollaron en cantonés o en putonghua, se grabaron en audio y la persona investigadora las transcribió literalmente. En total se realizaron 18 sesiones de JPP con 12 madres y 18 menores. Una madre y sus dos menores se mudaron a su nuevo hogar poco después de las entrevistas. No participaron en el JPP debido a la COVID-19 y a los horarios escolares de la infancia.



La codificación es el procedimiento central del análisis de datos. Las entrevistas de las madres, las entrevistas a menores y los JPP madre-menor con sus conversaciones posteriores a la pintura se codificaron por separado, conforme a la teoría fundamentada (Glaser, 1978; Glaser & Strauss, 1968). El procedimiento de codificación comenzó con la codificación abierta de las transcripciones literales de las grabaciones para generar códigos y conceptos de todas las maneras posibles. Después, los códigos y conceptos relacionados se agruparon en una categoría. Cuando emergieron las conexiones entre las categorías, estas se agruparon a su vez en subcategorías interrelacionadas y en una categoría central (Anexo 3). Por último, la categoría central y las subcategorías interrelacionadas se integraron y conceptualizaron en el modelo integrado (Fig. 4).

Se garantizó la fiabilidad de la codificación. Se recurrió a tres personas codificadoras independientes, con doctorado y experiencia investigadora, para establecer acuerdos entre codificadores (Guest et al., 2012), con un resultado del 86,34 % de acuerdo en las entrevistas de las madres, del 82,93 % en las entrevistas a menores y del 85,33 % en los JPP madre-menor y las conversaciones posteriores a la pintura. Asimismo, una de esas personas auditó las transcripciones literales de las grabaciones, sin detectar ninguna discrepancia importante. Otra examinó las traducciones al inglés de los códigos, conceptos y citas directas, originalmente en chino. Las discrepancias de traducción se resolvieron mediante discusiones de consenso. Además, se aplicaron diversas medidas para garantizar la fiabilidad del proceso de investigación (Lincoln & Guba, 1985). Por ejemplo, un compromiso prolongado, ya que la persona investigadora, con más de una década de experiencia en el ámbito de la violencia familiar, posee una sólida comprensión de las personas participantes; sesiones de supervisión periódicas entre la persona investigadora y la persona supervisora (quien firma en segundo lugar), que garantizaron el uso adecuado de los distintos métodos de investigación; y una triangulación en la que se recurrió a múltiples agentes (madres y menores) y múltiples métodos (entrevista individual y JPP) para comprender las relaciones materno-filiales explícitas e implícitas a partir de múltiples fuentes de datos (ficha de información general, relato materno, autorrelato de menores, notas de campo de la persona investigadora, obra del JPP madre-menor y conversación posterior a la pintura). Y, lo que es más importante, se realizaron comprobaciones con las personas participantes en tres momentos (tras la codificación abierta, la saturación teórica y la conceptualización) para asegurar que los resultados afirmaban sus perspectivas. Las comprobaciones relativas a las entrevistas individuales se hicieron de forma individual, y las relativas al JPP y a las conversaciones posteriores, con las díadas madre-menor. Para facilitar que las personas participantes se situaran y recordaran, los resultados se organizaron cronológicamente de modo que reflejaran sus experiencias. Además, las categorías se apoyaron en códigos in vivo y citas literales que reflejaban directamente lo que habían dicho en sus entrevistas, en el proceso de pintura y en las conversaciones posteriores. A partir de sus comentarios, se hicieron algunos ajustes en los resultados para afirmar sus perspectivas. Por ejemplo, las personas participantes subrayaron que formaban un equipo («拍檔» en cantonés y en putonghua) tanto en su JPP como en la vida cotidiana. En especial, quienes ya se habían instalado en su nuevo hogar tras salir de la casa de acogida relacionaron su trabajo en equipo en el JPP con su nuevo hogar, nueva vida. Así, el trabajo en equipo emergió como una de las categorías que reflejaban con viveza su forma de expresarse y su elección de palabras.
El modelo integrado, «Cambios dinámicos en la relación materno-filial en el contexto de la VPI» (Fig. 4), se fundamenta en tres grandes bloques de resultados: en primer lugar, las identidades sociales y las trayectorias interseccionales de madres y menores supervivientes (Anexos 1 y 2); en segundo lugar, la relación materno-filial explícita (Anexo 3); y en tercer lugar, la relación materno-filial implícita (Anexo 3).
En este estudio participaron trece madres y sus 20 hijos e hijas. Las 13 madres chinas tenían entre 25 y 45 años, con una edad media de 35.08 años (SD = 6.21). La principal característica de estas madres eran sus identidades sociales interseccionales (Anexo 1). Todas eran amas de casa y cuidadoras principales de su descendencia, con independencia de su nivel educativo. Vivían con su prole de prestaciones sociales, lo que refleja su pobreza. Sufrieron múltiples formas de VPI y padecieron lesiones físicas, así como crisis emocionales. Los agresores eran sus maridos o exmaridos y los padres biológicos de la infancia participante, por lo que en este estudio se los denomina agresores/padres. Según los relatos de las madres, 10 de los 13 agresores/padres vivían de prestaciones sociales y los tres restantes eran trabajadores manuales. Las madres permanecieron en sus relaciones de maltrato entre 7 y 17 años porque querían mantener su matrimonio, esperaban que los agresores/padres cambiaran y preferían que la infancia creciera en una familia unida. Atribuían a sus identidades sociales interseccionales de mujeres, esposas y madres el hecho de no haber dejado esas relaciones de maltrato. Once madres eran migrantes procedentes de China, y las otras dos eran de Hong Kong. Las madres migrantes se trasladaron a Hong Kong tras obtener la residencia, y su registro de hogar en China fue cancelado. No regresaron a China cuando la VPI se produjo y se intensificó: «Él apostaba… y me pegaba… Yo quería que nuestra relación mejorara… Él se negaba y seguía apostando…, y las palizas se volvieron más insoportables… No me llevé a mi hija de vuelta a China… nuestro registro de hogar ya no estaba allí… ¡Me estaba derrumbando!» (Madre, familia 9). Todas las madres migrantes señalaron que estaban atrapadas en sus relaciones de maltrato, y 9 de ellas relataron haber sido diagnosticadas de enfermedades crónicas a raíz de la victimización por VPI, p. ej., trastorno de estrés postraumático (TEPT), depresión y trastorno de ansiedad. Todas las madres migrantes indicaron además que carecían de recursos económicos, de apoyos familiares y sociales, que desconocían los recursos comunitarios y que no tenían la cualificación ni las competencias necesarias para conseguir un empleo en Hong Kong. Así, depender de los agresores/padres era lo que consideraban mejor para su propia supervivencia y la de su prole antes de ingresar en la casa de acogida. Doce madres dejaban a los agresores/padres por primera vez e ingresaron en la casa de acogida junto con 19 menores,1 y la madre restante, con su menor a cargo, por segunda vez. Ninguna de las madres indicó que fuera a volver con los agresores/padres.
Debido a las identidades sociales interseccionales de sus madres, la principal característica de la infancia participante eran sus trayectorias sociales interseccionales. El grupo de 20 menores (Anexo 2) tenía entre 7 y 13 años; su edad media era de 8.95 años (SD = 1.53). Todo el grupo relató pobreza económica en su familia y la atribuyeron a los problemas de los agresores/padres, por ejemplo la adicción al juego y el alcoholismo. Todo el grupo presenció con sus propios ojos la violencia creciente de sus padres y la victimización de sus madres. Todo el grupo expresó que, por su corta edad, no podían detener la violencia de sus padres ni cambiar sus circunstancias familiares: «Mi hermano pequeño, mi hermana y yo estábamos en nuestro cuarto… Oíamos a mamá llorar y gritar… Éramos pequeños… Nos encerramos en el cuarto… ¡porque le teníamos demasiado miedo a Baba!» (Hija mayor, familia 8). Dieciocho habían nacido en Hong Kong y dos, en China. Además, 14 se habían criado con sus madres en China, mientras sus padres se quedaban en Hong Kong. Al llegar la edad escolar, sus madres se trasladaron con la familia a Hong Kong para su escolarización y la reunificación familiar.
La categoría central, madre e hijo o hija valorándose mutuamente a lo largo del proceso, constaba de tres subcategorías interrelacionadas: en primer lugar, las transiciones en el contexto de la VPI; en segundo lugar, las dinámicas relacionales explícitas; y en tercer lugar, las dinámicas relacionales implícitas (Anexo 3).
Madres y menores supervivientes relataron que atravesaron transiciones en el contexto de la VPI, del hogar original con VPI a la casa de acogida y, después, al nuevo hogar, nueva vida. También proyectaban un futuro mejor.
Todas las madres y menores supervivientes relataron la violencia creciente de los agresores/padres, asociada a otros problemas, por ejemplo el alcoholismo y el consumo de sustancias: «Al principio, Baba le gritaba a mami a medianoche… Yo sabía que intentaban disimularlo… Baba perdía dinero apostando… Luego lo vi pegar a mami… Antes de venir aquí (a la casa de acogida), ¡Baba era demasiado violento! ¡Nadie podía pararlo! Le tiraba del pelo a mami, le golpeaba la cabeza contra la pared… le daba puñetazos… patadas… Mami ya no podía aguantar más.» (Hija, familia 9). Las madres recordaban haber soportado la VPI hasta el incidente de tocar fondo, que definían como el momento en que la VPI se intensificaba hasta volverse especialmente peligrosa e insoportable, lo que precipitaba su separación de emergencia de los agresores/padres. Afirmaban su compromiso de permanecer junto a su prole; de lo contrario, preferían quedarse en la relación de maltrato hasta encontrar la oportunidad de escapar en compañía de la infancia: «Ya no podía soportarlo más… Me quedé en la relación… porque no iba a dejar atrás a mis hijos y huir sola… La oportunidad llegó cuando llevé a mis hijos al ayuntamiento para el examen de ballet de mi hija… Lo denuncié a la policía y les dije que tenía miedo de volver a casa… miedo de su violencia… La policía nos pidió que fuéramos directamente a la casa de acogida.» (Madre, familia 1).
Todas las madres y menores supervivientes valoraron que la casa de acogida fuera un lugar seguro y con apoyo profesional, pese a algunos inconvenientes, como la estancia breve y la vida en grupo: «Estaba muy preocupada después de dejarlo (al agresor/padre). Mi asistente social de aquí me apoya mucho… Soy una madre recién inmigrada con dos hijos… Mi asistente social nos ayudó a obtener servicios sociales… Aquí es temporal, no podemos quedarnos mucho… mi asistente social nos ayudó con lo de la vivienda y el dinero… Ahora sé que en Hong Kong hay muchísimos lugares y personas dispuestos a ayudarnos… Me sentí más segura… cuando me di cuenta de que no tenía que volver con él.» (Madre, familia 1). «El personal de trabajo social de aquí es muy amable con nosotros… Tengo buenas amistades con quienes jugar… Les pedí que se acuerden de llamarme cuando nos vayamos.» (Hija, familia 12).
Quienes ya habían salido de la casa de acogida relataron que obtuvieron apoyo de diversas fuentes para instalarse en su nuevo hogar, nueva vida: «El servicio de trabajo social familiar nos derivó a muchísimos recursos… para montar nuestro nuevo hogar… El trabajo social escolar sigue ayudando a mi hija… a vivir juntas nuestra nueva vida.» (Madre, familia 12). Madres y menores describieron de manera coherente que sus nuevos hogares estaban a cargo de las madres, que se dedicaban a ofrecer un entorno estable a la infancia para su mejor desarrollo: «Antes, mis hijos estaban muy callados y lloraban con facilidad en el colegio por nuestros asuntos familiares… Ya nos hemos instalado en nuestro nuevo hogar… Hago todo lo que puedo… Podemos vivir nuestra propia vida en Hong Kong… ¡No lo necesitamos (al agresor/padre)!» (Madre, familia 3). La infancia participante señaló que su escolaridad se había vuelto más estable que antes. Dedicaban la mayor parte de su energía y su tiempo a sus compañeros y compañeras de colegio. También recibían apoyo de sus centros escolares debido a su historia familiar de VPI: «Cuando vivía con Baba, no podía dormir… llegaba tarde al colegio… me dormía en clase… Ahora, en nuestro nuevo hogar sin Baba… ya no tengo que preocuparme de que Baba le haga daño a mami cuando estoy en clase… mi asistente social del colegio habla conmigo… mi docente me anima… Quiero mejorar en inglés.» (Hijo, familia 2).
Todas las madres y menores supervivientes preveían que superarían sus dificultades actuales. Proyectaban un futuro mejor hecho de mejores circunstancias familiares, independencia y cuidado mutuo: «Ahora estamos a salvo… Mami ya no tiene que tenerle miedo a Baba… Seremos más felices… Cuando sea mayor, quiero entrar en la Policía de Hong Kong… para proteger a mami.» (Hijo, familia 13).
Al vivir juntas las transiciones en el contexto de la VPI, su relación mostró una combinación de dinámicas relacionales explícitas: interdependencia, límites y trabajo en equipo, que coexistían en su relación explícita, y una de ellas aparecía más destacada que las demás en cada transición.
Madres y menores supervivientes expresaron de forma explícita que se valoraban mutuamente y que su relación siempre había sido buena e íntima. Subrayaron su interdependencia y la importancia primordial de estar juntos a lo largo de sus experiencias. Las madres transmitieron que su prole era su sentido en la vida. La infancia expresó que eran más felices cuando estaban con sus madres. Tanto madres como menores describieron que su interdependencia se hacía más patente en el hogar original con VPI que en las demás transiciones. Todas las personas participantes relataron su dificultad común: no poder detener la violencia de los agresores/padres en el hogar original: «Vi a Baba pegar a mami una y otra vez… Estaba borracho… nadie podía pararlo… Mami estaba desesperada.» (Hija, familia 10). Sus preocupaciones comunes eran la seguridad de la otra persona y mantener unida a la familia. Para garantizar esa seguridad, se convirtieron en protección y consejo mutuos, y se aliaron para resistir a la violencia creciente y a los otros problemas de los agresores/padres: «Se ponía como loco a medianoche… Yo gritaba a propósito para despertar a mis hijos… Mis hijos conocían mi dificultad… se aliaban conmigo… gritábamos y llorábamos fuerte juntos, y eso lo contenía un poco… ¡si no, me habría matado hace mucho!» (Madre, familia 2). Al mismo tiempo, para mantener unida a la familia, se aliaron para guardar como secreto familiar la violencia y los demás problemas de los agresores/padres. No revelaban a nadie de fuera lo que estaban viviendo, lo que les impedía buscar apoyo externo. Se convirtieron en la mejor amistad de la otra persona para satisfacer sus necesidades emocionales: «Para proteger su imagen, no le conté a mi propia familia lo de su violencia y sus problemas con las drogas… No quiero que lo desprecien… Mi hijo lo vio pegándome… intentaba protegerme… consolarme… Hablamos de todo… Sentimos lo mismo… Somos mejores amigos… confidentes.» (Madre, familia 7). Las madres migrantes subrayaron: «Mis dos hijos son mi única familia en Hong Kong… Son mi compañía… mis confidentes… ¡Los tres dependemos unos de otros!» (Madre, familia 3).
Madres y menores relataron de forma coherente que existían límites entre ellos pese a su interdependencia. Sus límites eran más marcados en la casa de acogida que en las demás transiciones. La infancia participante expresó la necesidad de más intimidad y de más tranquilidad por parte de sus madres, ya que la casa de acogida era un entorno nuevo. Por el contrario, las madres expresaron explícitamente su necesidad de un espacio personal lejos de la infancia para afrontar los retos que siguieron a la salida de la relación con los agresores/padres y para gestionar sus emociones: «Después de venir aquí, mi hijo quería que estuviera más con él… Yo intentaba mantener cierta distancia… Necesitaba calmar mis emociones… Tenía miedo de perder los nervios y desahogarme con él.» (Madre, familia 7). Una vez adaptadas a la casa de acogida, 10 de las 13 madres consideraron el divorcio (las tres restantes ya se habían divorciado antes de su ingreso). Sin embargo, 16 de los 20 menores preferían la reconciliación de sus progenitores al divorcio: «La mejor solución es que Baba y mami se reconcilien… Baba debería dejar de beber… y debería dejar de pegarle y de darle patadas a mami.» (Hija, familia 1). Conociendo las distintas posturas de su prole, las madres dejaron claro que el divorcio era un asunto de personas adultas que pertenecía a su ámbito de decisión, mientras que la custodia correspondía al de la infancia: «El divorcio era un asunto de adultos… entre su Baba y yo… es mi decisión, mi ámbito… Hablé de la custodia con mi hijo… por si le preguntaban con qué progenitor prefería vivir.» (Madre, familia 7). En el proceso de gestionar el divorcio y los asuntos relacionados, las madres dependían menos que antes de la infancia. En cambio, se volvieron más asertivas y valoraron el apoyo de profesionales y de otras madres supervivientes de VPI: «El divorcio es la lucha más dura… es un tabú en mi tierra… Tengo muchas preocupaciones… mis hijos no pueden entenderlo… Hablé con mi asistente social, que me apoya mucho… También hablé con otras madres en una situación parecida…» (Madre, familia 1). La infancia participante percibía estos cambios en sus madres y quería mantener con ellas su relación de mejor amistad, pero se daba cuenta de que el personal de trabajo social consolaba a sus madres con más eficacia que ella: «Ahora, mami habla menos conmigo… Habla más con la Sra. W (la trabajadora social de la casa de acogida). Estoy segura de que mami tiene algo en el corazón, pero no me lo cuenta… La mimo para que esté contenta.» (Hija, familia 9). Pese a sus distintas posturas sobre el divorcio de sus progenitores, la infancia participante consideraba en su totalidad que sus madres eran mejores progenitoras que sus padres y que otras personas cuidadoras, por lo que, ante el divorcio, eligieron con firmeza a sus madres para la custodia.
Todas las madres y menores subrayaron su trabajo en equipo a lo largo de sus experiencias, por ejemplo para mantener el funcionamiento cotidiano de la familia: «Somos el equipo de mami… Nos turnamos para ayudar a mami con las tareas de casa, ahora y antes de dejar a Baba…» (Hijo, familia 8), y para mantener en secreto la ubicación de la casa de acogida: «Baba me preguntó dónde estábamos… ¡No se lo dije!» (Hijo, familia 13). En particular, quienes ya habían salido de la casa de acogida dijeron que su trabajo en equipo era más patente en el nuevo hogar, nueva vida que en las demás transiciones. Para hacer crecer sus nuevas familias, colaboraron para reducir al mínimo el contacto con los agresores/padres cuando se dieron cuenta de que esos contactos provocaban diálogos conflictivos entre ellos: «Cuando acabábamos de mudarnos a nuestro nuevo hogar… Mi hijo estaba muy frustrado y me mordió la mano… Decía que quería a Baba y que echaba de menos a Baba… Yo me sentía tan apática… Ahora mi hijo es muy distinto… Quizá entendió que me volqué muchísimo en nuestro nuevo hogar.» (Madre, familia 3). «Me estresa organizar las visitas con su Baba… No dejaré que venga a nuestro nuevo hogar. ¡Nunca! Mis hijos entienden mis dificultades… Colaboraron conmigo… Lo ignoraron.» (Madre, familia 2). Madres y menores supervivientes también asumieron sus responsabilidades individuales y expresaron un fuerte reconocimiento mutuo en sus nuevos hogares: las madres se hicieron cargo de sus nuevos hogares para ofrecer lo mejor al desarrollo de su descendencia, y la infancia se centró en sus estudios: «Mami ha hecho muchísimo para montar este nuevo hogar… Ahora quiero mejorar mi inglés… ¡para que mami esté contenta!» (Hijo, familia 4). «Mis hijos me acompañaron… entienden mis dificultades… se preocupan mucho por mí… ¡Estoy tan agradecida de tenerlos!» (Madre, familia 2).
La sinergia entre el JPP y la guía de conversación posterior a la pintura, elaborada conjuntamente, sorteó la dificultad de verbalizar las cuestiones relacionales y optimizó la participación activa de la infancia. Facilitó diálogos bidireccionales y espontáneos entre madres y menores. Sus interpretaciones de los elementos artísticos representaban sus experiencias internas, sus sentimientos y sus pensamientos del «aquí y ahora», lo que permitió obtener información sobre su relación implícita que de otro modo habría sido difícil de conseguir (Wong & Ho, 2022). De los datos emergieron tres dinámicas relacionales implícitas: unión, límites y trabajo en equipo, que se ilustran con los siguientes ejemplos de JPP madre-menor, con seudónimos:
Todas las díadas madre-menor expresaron su unión de tres maneras. En primer lugar, se implicaron mutuamente en el proceso de pintura, y numerosos menores cantaban alegremente. En segundo lugar, crearon diversos elementos artísticos para representarse mutuamente y representar la importancia de estar juntos. En tercer lugar, expresaron, sobre todo la infancia, que no querían que su JPP terminara y que necesitaban más actividades en díada (Wong & Ho, 2022). En la Fig. 1, Joyce (madre, 41 años) y James (hijo, 9 años) expresaron su unión al interpretar su espacio personal. James dijo: «El corazón significa estar juntos… Pensé en mamá y en mí…». Joyce continuó: «Mi girasol significa nuestro amor duradero… Lo más importante para nosotros es estar juntos y querernos». Además, explicaron que el puente azul y rojo de la parte inferior del papel era su camino común, y que las dos hormigas que había sobre él los representaban a cada uno. Lo interpretaron como ellos mismos atravesando juntos distintas circunstancias. Valoraron su nueva experiencia de creación conjunta y titularon su obra «Amándonos juntos». Expresaron que en el futuro podrían hacer juntos más actividades parecidas, lo que refleja su necesidad de más actividades en díada. En la Fig. 2, Susan (madre, 32 años) y Steven (hijo, 9 años) acordaron pintar pájaros en su zona común. Mientras Steven pintaba sus pájaros, cantó espontáneamente la popular canción infantil cantonesa «Un pájaro que cae al agua». Después de cantar, conversó en tono de juego con su madre sobre los pájaros y la canción. Transmitieron la importancia de estar juntos al interpretar sus caminos. El camino de Susan estaba formado por las líneas horizontales grises, rodeadas por las dos filas de puntos marrones y grises del camino de Steven. Susan dijo: «Mirando nuestros caminos… Combinan muy bien… Eso significa que, hagamos lo que hagamos… aunque haya algunos obstáculos… vamos juntos hacia el sol, hacia un futuro luminoso y brillante». Steven interpretó a su vez sus caminos: «Mira, mami, nuestros caminos son bonitos. ¡Podemos ir desde el sol, por nuestros caminos, hasta el árbol de Navidad y coger los regalos que hay debajo!». Luego Steven dijo: «¡Quiero volver a pintar con mami!». Pidió a la persona investigadora unas cuantas hojas más de papel de dibujo para usarlas después con su madre, expresando así su necesidad de más actividades en díada.
Las interacciones de las díadas durante el proceso de pintura pusieron de manifiesto la necesidad de las madres de contar con límites en su espacio personal y la capacidad de la infancia para aprender a respetarlos (Wong & Ho, 2022). Todas las díadas madre-menor mostraron su capacidad para mantener sus propios límites y respetar los de la otra persona, en especial los límites de su espacio personal. Esto les permitió seguir disfrutando de su JPP. Las madres pusieron de relieve su rol materno al interpretar sus pinturas. En la Fig. 3, cuando Nina (madre, 44 años) pintó su camino rosa para llegar al marco negro de Natalie (hija, 10 años), Natalie engrosó la parte afectada de su marco negro. Le recordó a Nina que no entrara en su espacio personal, mostrando así su capacidad para mantener sus límites. Nina no pintó sobre el marco negro de Natalie ni dentro de su espacio personal. En su conversación posterior a la pintura, Natalie agradeció a Nina que respetara sus límites y dijo: «Me alegra que mami no haya pintado sobre mi marco ni haya entrado en mi espacio personal… La niña que está dentro de mi espacio personal soy yo… Me lo estoy pasando bien… No quiero que me molesten». Cuando Nina interpretó su pintura, puso de relieve su rol materno: «Dentro de mi espacio personal estoy yo… Soy una mamá alegre… que cuida de sus dos hijos». Subrayó aún más su rol materno al hablar de la parte de la pintura que más le gustaba: «Lo que más me gusta es el jardín (en el centro de la pintura); me gusta llevar a mis hijos al parque… Pueden jugar… disfrutar del sol… Es muy bueno para su salud… Soy su madre… Me preocupan mucho la salud y la felicidad de mis hijos…». Natalie valoró la interpretación de su madre y dijo: «¡Mami, el jardín es precioso!».
Todas las díadas madre-menor formaron equipo en el proceso de pintura para llevar a cabo sus obras creadas en común. También formaron equipo en las conversaciones posteriores a la pintura para interpretar sus elementos artísticos dentro de cada paso. Además, expresaron su reconocimiento mutuo de la contribución de la otra persona a la obra común. Asimismo, llegaron a un consenso para pintar sus zonas comunes y dar título a sus obras. En la Fig. 1, Susan y Steven expresaron su reconocimiento mutuo. Susan comentó con aprecio: «Un árbol de Navidad junto al mar… qué a gusto juntos… ¡Combinan perfectamente!». Steven respondió: «El sol de mami es precioso. Brilla de verdad… ¡tanto como la estrella mágica en lo alto de mi árbol de Navidad!». En la Fig. 2, Joyce y James llegaron al consenso de dividir el papel en dos mitades para poder pintar libremente sin molestarse. Cuando descubrieron que no quedaba espacio para pintar sus caminos, llegaron al consenso de pintar un camino común con dos hormigas encima. Después de pintar, contemplaron juntos su bonita obra y expresaron su reconocimiento mutuo por la contribución de cada uno. Cuando se les invitó a relacionar su experiencia del JPP con su vida cotidiana, James dijo: «Mamá y yo somos un buen equipo…». Joyce respondió: «Esto es lo más importante… porque ahora estamos luchando juntos por nuestra nueva vida». En la Fig. 3, cuando se invitó a Nina y Natalie a relacionar su experiencia del JPP con su vida cotidiana, valoraron la contribución de cada una a su creación común. Reflexionaron que su trabajo en equipo en la vida cotidiana les permitía ser «Felices cada día», que se convirtió en el título de su obra.
El modelo integrado (Fig. 4), «Cambios dinámicos en la relación materno-filial en el contexto de la VPI», se elabora integrando los tres grandes bloques de resultados: en primer lugar, las identidades sociales y las trayectorias interseccionales de las personas participantes, que indican que la VPI es un problema social interseccional. En segundo lugar, las dinámicas relacionales explícitas más destacadas en la relación variaron en las distintas transiciones en el contexto de la VPI, mostrando un proceso en 4 etapas que va de la interdependencia en el hogar original con VPI a los límites en la casa de acogida, al trabajo en equipo en el nuevo hogar, nueva vida, y a la independencia y el cuidado mutuo en un futuro mejor. En tercer lugar, el carácter dinámico, bidireccional y recíproco de las dinámicas relacionales implícitas diádicas ilustró que tanto las madres como la infancia actuaban como agentes que influían en sus comunicaciones e interacciones. Tanto la relación materno-filial explícita como la implícita reflejaron de manera coherente el carácter dinámico y cambiante, y no estático, de la relación en el contexto de la VPI.
Madres y menores supervivientes, con sus identidades sociales y trayectorias interseccionales, mostraban la interdependencia más fuerte en el hogar original con VPI, donde su dificultad común era no poder detener la violencia creciente y los otros problemas de los agresores/padres. Además, sus preocupaciones comunes eran la seguridad de la otra persona y mantener unida a la familia. Se aliaron para resistir a la VPI y guardarla como secreto familiar que no debía revelarse a nadie de fuera, lo que les impedía buscar apoyo externo. Dependían la una del otro para satisfacer sus necesidades emocionales y se convirtieron mutuamente en su mejor amistad y en confidentes. Por ello, era más probable que estuvieran fusionados emocionalmente, y sus límites parecían menos permeables que en las demás transiciones. Las madres soportaron la VPI hasta el incidente de tocar fondo, que precipitó su separación de emergencia de los agresores/padres y su ingreso en la casa de acogida junto con sus hijos e hijas.
Los límites entre madre y menor eran más evidentes en la casa de acogida que en las demás transiciones. La casa de acogida era un lugar seguro con apoyo profesional. Las madres expresaron explícitamente su necesidad de un espacio personal lejos de su prole para afrontar sus emociones y los retos que siguieron a la salida de su hogar original. En cambio, la infancia necesitaba más intimidad y consuelo de sus madres en el nuevo entorno de vida en grupo de la casa de acogida. Una vez adaptadas a la casa de acogida, las madres consideraron el divorcio, aunque la mayoría de la infancia prefería la reconciliación de sus progenitores. Las madres declararon el divorcio como su ámbito de decisión, fuera del alcance de la infancia. En el proceso de gestionar el divorcio y los asuntos relacionados, las madres valoraron el apoyo de profesionales y de otras madres supervivientes de VPI. La infancia intentaba que sus madres estuvieran contentas para mantener su relación de mejor amistad, pero se daba cuenta de que el personal de trabajo social las consolaba con más eficacia que ella. Toda la infancia participante eligió con firmeza a su madre para la custodia ante el divorcio, al considerar que sus madres eran mejores progenitoras que los agresores/padres.
Madres y menores supervivientes mostraron un trabajo en equipo más fortalecido en el nuevo hogar, nueva vida que en las demás transiciones. Para hacer crecer sus nuevas familias, colaboraron para reducir al mínimo el contacto con los agresores/padres cuando se dieron cuenta de que esos contactos generaban diálogos conflictivos entre ellos. Además, asumieron sus tareas individuales: las madres se hicieron cargo de sus nuevos hogares para ofrecer un entorno estable a la infancia, y esta se concentró en sus estudios para que sus madres estuvieran contentas. Asimismo, mostraron un fuerte reconocimiento mutuo: las madres valoraban la comprensión de su prole, y la infancia elogiaba la dedicación de sus madres a cuidarla y a cuidar de la familia. Madres y menores supervivientes obtuvieron apoyo de diversas fuentes para superar sus dificultades al instalarse en su nuevo hogar, nueva vida. Cuando surgían diálogos conflictivos entre ellos, podían desviar las tensiones hacia sus diversos espacios comunitarios y sociales. Por ello, sus límites se estaban volviendo más flexibles que antes.
Madres y menores supervivientes expresaron explícitamente la importancia primordial de estar juntos durante el recorrido por las transiciones en el contexto de la VPI. Además, obtuvieron cada vez más apoyo de diversas fuentes a lo largo del proceso. Estos resultados ayudan a explicar su proyección constante hacia un futuro mejor, en el que sus circunstancias familiares mejorarían y alcanzarían una mayor independencia, sin dejar de practicar el cuidado mutuo.
Madres y menores supervivientes mostraron de manera coherente que se habían valorado mutuamente a lo largo de su experiencia de VPI, del JPP y de las conversaciones posteriores a la pintura. En sus entrevistas individuales, afirmaron explícitamente la importancia primordial de estar juntos al atravesar las transiciones en el contexto de la VPI. En su JPP y en las conversaciones posteriores, se implicaron mutuamente en comunicaciones e interacciones bidireccionales y recíprocas, que pusieron de manifiesto su unión, sus límites y su trabajo en equipo.
El modelo integrado recoge las identidades sociales y trayectorias interseccionales de madres y menores supervivientes chinos, así como su relación dinámica en el contexto cambiante de la VPI. Corrobora la influencia conjunta del contexto, de la madre y de la persona menor en la relación materno-filial (Belsky, 1984; Bronfenbrenner, 1977; Feldman, 2010). A continuación se analizan sus implicaciones importantes para las intervenciones profesionales en la etapa posterior a la separación:
Las identidades sociales y trayectorias interseccionales de madres y menores supervivientes mostraron una intersección de pobreza, género e identidad migrante que les situó en múltiples dificultades entrelazadas y configuró sus experiencias de VPI. Estos resultados se vinculan con la idea central del concepto de interseccionalidad (Crenshaw, 1991, 2021), según la cual la VPI no afecta por igual a todas las mujeres y a toda la infancia (Collins, 2000; Etherington & Baker, 2018), lo que pone de relieve la necesidad de reconocer la diversidad entre madres y menores supervivientes para ofrecer intervenciones profesionales eficaces y, sobre todo, la necesidad de abogar por cambios sociales y políticos que apoyen mejor a las madres migrantes y a la infancia que viven en la pobreza en el contexto de la VPI. En este estudio, todas las madres y menores participantes vivían de prestaciones sociales, y los agresores/padres dependían de prestaciones sociales o eran trabajadores manuales, lo que refleja su bajo nivel socioeconómico (NSE). Aunque la VPI se produce en todos los entornos y en todos los grupos socioeconómicos, religiosos y culturales (World Health Organization et al., 2013), la investigación ha establecido que los hombres con un NSE más bajo parecían más propensos a maltratar a sus esposas (Abramsky et al., 2016; Resko, 2010). En Hong Kong, se ha constatado que los hombres casados con mujeres de China continental tienen un NSE bajo, lo que afecta directamente a su capacidad para obtener recursos (Chiu, 2017), y que su uso de la violencia contra sus esposas migrantes puede ser una forma de masculinidad compensatoria para recuperar poder en su esfera privada (Cheung & Chiu, 2019). Además de recurrir a la violencia, todos los agresores/padres tenían otros problemas, por ejemplo consumo de sustancias y adicción al juego. Esto puede implicar la necesidad de reunir a profesionales de diversas disciplinas para generar nuevas formas de trabajar con la intersección de estos problemas complejos (Humphreys et al., 2022). En este estudio, todas las madres sufrieron múltiples formas de violencia. La literatura feminista sostiene que la desigualdad de género, arraigada en el patriarcado, es la causa principal de la violencia contra las mujeres, al situarlas en una posición inferior y subordinada a la dominación masculina (Galvani, 2006; Tonsing, 2016). Este argumento feminista es coherente con la prevalencia de los estereotipos de género dentro y fuera de las familias en Hong Kong (Equal Opportunities Commission, 2020; Women’s Commission, 2018), lo que explica por qué más del 80% de las víctimas de VPI siguen siendo mujeres en Hong Kong (Social Welfare Department, 2024) y, sobre todo, corrobora la necesidad de incorporar el género como factor explicativo de la VPI (Sánchez-Prada et al., 2023). En este estudio, las madres permanecieron en sus relaciones de maltrato entre 7 y 17 años, y las madres migrantes señalaron el divorcio como su lucha más dura, un tabú en su tierra de origen. Estos resultados respaldan la doble estigmatización de ser migrante por matrimonio y madre sola, que podría acentuar el miedo o las dudas de las madres migrantes a la hora de buscar ayuda externa (Chiu, 2017). Las madres migrantes transmitieron que no regresaron a China cuando la VPI se produjo y se intensificó. Además, carecían de apoyo social externo en Hong Kong, por lo que quedaron atrapadas en sus relaciones de maltrato. Esto aumentó su interdependencia con sus hijos e hijas para sobrevivir juntos a la VPI, lo que sugiere que el intenso vínculo emocional materno-filial y los límites interconectados pueden ser una estrategia de afrontamiento adaptativa, más que un problema o un hecho patológico (Chanmugam, 2014; Hooper, 2007), en el contexto de la VPI.
Los resultados sobre la relación materno-filial explícita sugieren que es importante que las intervenciones profesionales ayuden a madres y menores supervivientes a recordar el proceso de cambio de su relación explícita, provocado por los cambios en el contexto de la VPI, y a reflexionar sobre él. Estas madres y menores recordaron su experiencia de resistir juntos a la VPI y a sus efectos a lo largo de las transiciones en el contexto de la VPI, como del hogar original con VPI a la casa de acogida, y al nuevo hogar, nueva vida. Reflexionaron sobre su relación explícita a lo largo de este proceso y transmitieron los cambios en las dinámicas relacionales explícitas más destacadas, entre ellas la interdependencia, los límites y el trabajo en equipo, debidos a los cambios en el contexto. Y, sobre todo, afirmaron de forma inequívoca la importancia primordial de estar juntos y expresaron explícitamente que se valoraban mutuamente, lo que les permitió luchar juntos por su independencia y su cuidado mutuo en un futuro mejor. Sus recuerdos del recorrido por las distintas transiciones en el contexto de la VPI y sus reflexiones sobre su relación explícita ofrecieron una visión de conjunto y una perspectiva nueva para comprender los cambios dinámicos de su relación explícita como un proceso en 4 etapas: de la interdependencia en el hogar original con VPI a los límites en la casa de acogida, al trabajo en equipo en el nuevo hogar, nueva vida, y hacia la independencia y el cuidado mutuo en un futuro mejor. Estos resultados son compatibles con estudios anteriores según los cuales la crianza de las mujeres maltratadas y las conductas de adaptación de la infancia podían verse muy influidas por el contexto (Levendosky & Graham-Bermann, 2001). Madres y menores estaban interconectados y eran interdependientes para sobrevivir a la VPI (Chanmugam, 2014; Katz, 2015b). En la transición de su hogar original a la casa de acogida, su relación de apoyo y la ayuda profesional contribuyeron a aliviar sus dificultades ante los cambios (Humphreys et al., 2006; Jarvis et al., 2005). Podían ser aliados en la recuperación mutua en la etapa posterior a la separación de la VPI (Humphreys et al., 2015; Katz, 2015b; Kong & Hooper, 2018). Podían reconstruir sus experiencias de VPI en una perspectiva de futuro empoderadora, más allá de los límites entre madre y menor y de la comunicación jerárquica tradicional (Lai, 2011).
Los resultados sobre la relación materno-filial implícita indican que un enfoque diádico basado en el arte puede ser eficaz para superar las dificultades de comunicación de madres y menores supervivientes y fortalecer su relación en la etapa posterior a la separación de la VPI. En las sesiones de JPP se puso el acento en la libertad de las personas participantes para pintar e interpretar sus elementos artísticos, ya que revelar las experiencias de VPI resulta angustiante y abrumador (McManus et al., 2013; Swanston et al., 2014; Van Gelder et al., 2020). La VPI da lugar a una «conspiración de silencio» entre madres y menores supervivientes, que ocultan sus sentimientos y pensamientos para protegerse mutuamente de la dolorosa experiencia de la VPI (Humphreys et al., 2006; Mullender et al., 2002); obstaculiza el desarrollo del lenguaje verbal de la infancia (Conway et al., 2021) y socava los diálogos de consuelo y la comunicación abierta entre madre y menor, en especial la expresión de las emociones y del afecto (Godbout et al., 2009; Kamody et al., 2020; Visser et al., 2016). Estas dificultades pueden intensificarse entre madres y menores supervivientes chinos por razones culturales. En la cultura china, la VPI se considera un secreto familiar que no debe revelarse a personas ajenas (Sullivan, 2005; Tonsing, 2016; Yick, 2000, 2007). Las comunicaciones entre madre y menor son indirectas, jerárquicas y desequilibradas (Kong & Hooper, 2018; Lai, 2011). Se presta escasa atención a los sentimientos de las personas (Sullivan, 2005). La expresión de los sentimientos se considera un signo de debilidad y se valora un control estricto sobre ella (Hwang, 1997). Además, las familias chinas expresan menos afecto a su descendencia que las familias estadounidenses (Zhang & Wills, 2016). Estas dificultades de comunicación se superaron gracias a la sinergia entre el JPP y la guía de conversación posterior a la pintura elaborada conjuntamente, que ofreció a las díadas madre-menor un contexto distendido para experimentar nuevas formas de comunicación e interacción. Las díadas disfrutaron del proceso de pintura. En sus conversaciones posteriores, contemplaron las obras que habían creado juntas para interpretar sus elementos artísticos y escuchar directamente las interpretaciones de la otra persona. Se mostraron dispuestas a comunicarse interpretando el significado de sus elementos artísticos y del contenido de sus pinturas. Mostraron interés por las interpretaciones y las pinturas de la otra persona, las valoraron y formularon preguntas de seguimiento. Todo ello les permitió comprender correctamente los sentimientos y pensamientos del «aquí y ahora» de la otra persona, sin imposiciones (Wong & Ho, 2022). Sus comunicaciones e interacciones bidireccionales y espontáneas revelaron que valoraban su unión, respetaban los límites mutuos y habían alcanzado un sólido trabajo en equipo. Estos resultados aportan una nueva dimensión de evidencia que corrobora estudios anteriores según los cuales tanto las madres como la infancia eran agentes activos que contribuían a su relación (Goldblatt et al., 2014; Katz, 2015a; Kong & Hooper, 2018; Neustifter et al., 2015). Las madres podían ejercer bien la crianza pese a su victimización por VPI (Letourneau et al., 2007; Pels et al., 2015; Tailor et al., 2015). Además, la infancia veía en sus madres su principal fuente de apoyo y protección en el contexto de la VPI (Aymer, 2008; Katz, 2015b; Lapierre et al., 2018).
Este estudio representa un primer intento de explorar la relación materno-filial implícita en el contexto de la VPI mediante un método basado en el arte, el JPP, con madres y menores supervivientes chinos. Debido a la formación en trabajo social de la persona investigadora, el análisis de datos se centró principalmente en las comunicaciones e interacciones de las personas participantes durante el proceso y en sus interpretaciones de sus propias pinturas. Aunque los resultados aportan una primera información sobre su relación implícita, se necesitan más estudios para identificar los significados que sus obras encierran sobre la relación materno-filial a la luz de las experiencias de VPI. Además, se recomienda un análisis estético de las obras, ya que podría aportar información adicional para comprender mejor la relación. Asimismo, cabe señalar que todas las madres y menores chinos participantes recibieron el servicio de casa de acogida y aceptaron participar juntos en este estudio. Doce de las 13 madres participantes dejaban a los agresores/padres por primera vez, y la restante, por segunda vez. Ninguna de las madres indicó que fuera a volver con los agresores/padres. Toda la infancia participante eligió con firmeza a su madre para la custodia ante el divorcio y colaboró con ella para vivir juntas su nueva vida. Estas madres y menores supervivientes chinos vivieron juntos, una tras otra, las 4 etapas del proceso. Por ello, sus perspectivas podrían tener una generalización limitada a madres y menores supervivientes de otras culturas o grupos étnicos, a quienes no recibieron juntos el servicio de casa de acogida o no aceptaron participar juntos en este estudio, y a quienes vuelven repetidamente con los agresores/padres tras la separación y viven un recorrido de recuperación no secuencial (Carman et al., 2023).
El modelo integrado afirma las perspectivas de madres y menores supervivientes chinos y aporta una visión de conjunto, una perspectiva nueva y una nueva dimensión para comprender mejor la relación materno-filial en el contexto de la VPI. Tiene implicaciones importantes para las intervenciones profesionales en la etapa posterior a la separación. En primer lugar, las experiencias de VPI de estas madres y menores supervivientes chinos estuvieron configuradas por la pobreza, la desigualdad de género y la identidad migrante, lo que sugiere la necesidad de reconocer la diversidad entre madres y menores supervivientes y de abogar por cambios sociales y políticos. En segundo lugar, madres y menores supervivientes afirmaron de forma inequívoca que se valoraban mutuamente y la importancia primordial de estar juntos al atravesar las transiciones en el contexto de la VPI. Esto les permitió luchar juntos por su independencia y su cuidado mutuo en un futuro mejor. Estos resultados sugieren que las intervenciones profesionales les ayuden a tomar conciencia del proceso de cambios dinámicos en su relación explícita, provocados por los cambios en el contexto de la VPI. Además, su implicación mutua en el JPP y en las conversaciones posteriores a la pintura les permitió superar sus dificultades de comunicación. Pudieron expresar sus propios sentimientos y pensamientos del «aquí y ahora» y comprender los de la otra persona, lo que indica que un enfoque diádico basado en el arte puede ser eficaz para fortalecer la relación materno-filial en la etapa posterior a la separación de la VPI.
Tabla 1 — Principales características de las madres participantes (N = 13)
n (%).
Tabla 2 — Principales características de la infancia participante (N = 20)
n (%).
Tabla 3 — La categoría central: madre e hijo o hija valorándose mutuamente a lo largo del proceso
Síntesis de los resultados de las entrevistas individuales: relación materno-filial explícita (subcategorías interrelacionadas, categorías, códigos / conceptos)
Síntesis de los resultados del JPP madre-menor: relación materno-filial implícita (subcategoría interrelacionada, categorías, códigos / conceptos)
Complexe Systémique: lo esencial
El interés de este trabajo reside en su mirada dinámica: el vínculo muy estrecho entre madre e hijo o hija durante la violencia no se trata como un aglutinamiento patológico, sino como una alianza de supervivencia que después se afloja en la casa de acogida y se recompone como trabajo en equipo. Para la práctica sistémica, es una invitación a leer los límites familiares según el contexto y no frente a una norma fija, y a acompañar una relación que debe a la vez recuperar algo de espacio y seguir siendo un apoyo. La pintura conjunta ofrece además una herramienta valiosa allí donde la palabra queda retenida por el secreto familiar, la jerarquía o el miedo. Conviene, no obstante, ser prudentes: 13 madres y 20 menores de una sola casa de acogida, ninguna madre que vuelva con el padre, una sola persona que recluta, entrevista, facilita y analiza, un modelo en cuatro etapas muy ordenado y padres presentes únicamente como agresores. La protección sigue siendo el marco: tras la separación, el control puede continuar a través de la custodia y las visitas. Puede leerse junto con el artículo sobre las díadas expuestas conjuntamente a la violencia doméstica y la entrevista con Allan Wade sobre la dignidad y la resistencia.
Notas del original
1 De estas 12 madres y 19 menores, una madre y sus dos menores ingresaron en un centro de crisis antes de entrar en la casa de acogida. El centro de crisis las derivó a la casa de acogida, y fueron trasladadas directamente del centro de crisis al punto de recogida de la casa de acogida, ya que el agresor/padre acechaba a la madre cerca del centro de crisis. Por ello, esta madre se incluyó en el número de segundos ingresos del Anexo 1, en el apartado «Número de ingresos en una casa de acogida o centro de crisis». En consecuencia, el número de madres en su primer ingreso es de 11, y el de segundos ingresos, de 2.
Agradecimientos. Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a: 1. la Dra. Tami Gavron, por su asesoramiento directo sobre la aplicación del JPP antes de la recogida de datos del estudio principal; 2. las madres y menores participantes, por su participación activa en este estudio y su apoyo; 3. el personal de la casa de acogida Serene Court, gestionada por el Christian Family Service Centre, por derivar a las personas participantes y ofrecer un lugar seguro y acogedor para este estudio.
Financiación. Financiación del acceso abierto proporcionada por The University of Hong Kong. No recibimos financiación para la investigación, la autoría ni la publicación de este artículo.
Aprobación ética. Declaramos que este estudio con participantes humanos fue revisado por el Human Research Ethics Committee de The University of Hong Kong, que lo aprobó antes de la recogida de datos (la información sobre este comité, sus comisiones internas de revisión y sus directrices puede consultarse en: https://www.rss.hku.hk/integrity/ethics-compliance/hrec). Además, se obtuvo el consentimiento informado firmado de todas las personas participantes para su participación voluntaria en el estudio y la publicación de sus resultados. También se obtuvo el consentimiento informado de las familias para todas las personas participantes menores de 18 años.
Conflicto de intereses. No tenemos ningún conflicto de intereses que declarar.
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Traducción no oficial del artículo original «The Integrated Model: Dynamic Changes in Mother–Child Relationship in the Context of Intimate Partner Violence», publicado en Journal of Family Violence (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido y maquetado por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Wong, A. C. M., y Ho, R. T. H. (2026). The Integrated Model: Dynamic Changes in Mother–Child Relationship in the Context of Intimate Partner Violence. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/the-integrated-model-dynamic-changes-in-mother-child-relationship (Obra original publicada en 2024 en Journal of Family Violence, 41(2), 219-235 (2026); republicada en 2026 por Journal of Family Violence, https://link.springer.com/article/10.1007/s10896-024-00733-9)
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