Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

The British Journal of Social Work · Violencia

Aplicar el enfoque de las capacidades en el trabajo social con la infancia que sufre acoso parental tras la separación

Cuando un padre sigue acosando a la madre después de la separación, la violencia se instala en la vida de la descendencia: mudanzas, casas de acogida, miedo en la escuela, contactos impuestos. A partir de dieciocho relatos de menores y jóvenes de Finlandia, el equipo de Anna Nikupeteri recurre al enfoque de las capacidades de Sen y Nussbaum para identificar lo que esta infancia valora, lo que le impide vivirlo y cómo puede protegerla el trabajo social.

Autoría Anna Nikupeteri, Merja Laitinen y Enni Mikkonen (Faculty of Social Sciences, University of Lapland, Rovaniemi, Finland) y Anna Gupta (Royal Holloway, University of London, Egham, UK)Primera publicación The British Journal of Social Work, 7 de septiembre de 2022Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Using the Capability Approach in Social Work with Children Experiencing Post-Separation Parental Stalking, de Anna Nikupeteri, Merja Laitinen, Anna Gupta y Enni Mikkonen, publicado en The British Journal of Social Work (Oxford University Press) (2023), doi: 10.1093/bjsw/bcac163, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Para crear condiciones seguras, el trabajo social debe tomarse en serio lo que la infancia dice de sus padres.

Anna Nikupeteri, Merja Laitinen, Anna Gupta y Enni Mikkonen

Resumen

Este artículo analiza las experiencias de la infancia finlandesa ante el acoso parental tras la separación, entendido como una forma de violencia doméstica, y explora cómo el enfoque de las capacidades (EC) puede ayudar al trabajo social a comprender el problema y a apoyar a la infancia. Los datos consisten en entrevistas temáticas con dieciocho menores y jóvenes (de 4 a 21 años) cuyo padre o padrastro ha acosado a su madre tras la separación. El análisis de los datos, guiado por la teoría, se llevó a cabo utilizando el EC como marco teórico. Nuestros resultados muestran que el acoso parental socava el bienestar de la infancia al comprometer su seguridad y reducir sus capacidades para ejercer su agencia. El estudio profundizó nuestra comprensión de las cuestiones que esta infancia valora en su vida y de sus posibilidades de ejercer su agencia en situación de acoso parental. Nuestros resultados sugieren que el trabajo social puede apoyar la agencia de estas personas menores y sus oportunidades de vivir conforme a sus valores mediante intervenciones que proporcionen protección interna y externa. Es importante que el trabajo social construya una comprensión situada de las experiencias de la infancia a través de una relación en la que se considere a cada menor como un individuo sensible, al que se escucha y se valora. El artículo ofrece una contribución novedosa a la aplicación del EC en el trabajo social con la infancia expuesta al acoso parental.

Introducción

La violencia doméstica no siempre termina tras la separación. Puede continuar en forma de acoso por parte de la expareja o, cuando hay descendencia de por medio, en forma de acoso parental. El acoso implica una actividad intensa y persecutoria, compuesta de conductas repetidas, coercitivas y controladoras, como seguir, hostigar y amenazar, que provocan miedo y angustia en las víctimas. Puede incluir la proximidad visual o física, la comunicación no consentida y las amenazas verbales, escritas o implícitas. También puede abarcar actos que, tomados aisladamente, no constituyen una conducta ilegal —como enviar regalos—, pero que el contexto en el que se producen puede convertir en experiencias de maltrato (p. ej., Spitzberg and Cupach, 2014; Logan and Walker, 2017; Fissel et al., 2020). Hoy en día, la comunicación digital y la vigilancia mediante distintos dispositivos, aplicaciones y redes sociales ofrecen a los agresores multitud de formas de acosar a sus víctimas (Woodlock, 2017; Nikupeteri et al., 2021). Además, la pandemia de COVID-19 ha aumentado la vulnerabilidad de las víctimas, sobre todo porque han estado confinadas en sus casas y la tecnología proporciona a los agresores nuevas maneras de controlarlas, amenazarlas y aislarlas (Bracewell et al., 2022).

La forma más frecuente de acoso en la pareja es aquella en la que un agresor varón tiene como objetivo a su pareja mujer (p. ej., Spitzberg and Cupach, 2007; Fissel et al., 2020). Según el estudio de Kuehner et al. (2012), de un total de sesenta y ocho mujeres y diez hombres que cumplían los criterios de haber sido víctimas de acoso, solo un hombre y una de cada tres mujeres habían sido acosados por su expareja. Una encuesta a escala de la UE sobre la violencia contra las mujeres muestra que en Finlandia el 40 por ciento de las mujeres mayores de 15 años que declararon experiencias de acoso señalaron a su pareja como autor. En el Reino Unido, la forma principal de acoso (48 por ciento) era también la ejercida por la pareja de la mujer (European Union Agency for Fundamental Rights, 2012). El acoso es físicamente más violento y entraña un mayor riesgo de violencia letal cuando la víctima y el acosador han mantenido una relación sexual y ha habido violencia doméstica previa en la relación (Farnham et al., 2000; DeKeseredy et al., 2017; Bendlin and Sheridan, 2021).

El acoso dirigido contra la madre crea un entorno victimizante para su descendencia. Las personas menores pueden ser el medio del agresor para entrar en contacto con la expareja, o bien objetivos directos de actos violentos e incluso de amenazas de muerte (Nikupeteri and Laitinen, 2015; Løkkegaard et al., 2019; Nikupeteri et al., 2021). La infancia puede resultar dañada no solo por presenciar la violencia, sino también por el abanico de tácticas que los agresores suelen emplear: maltrato psicológico o emocional, manipulación, vigilancia y microgestión de las actividades y aislamiento respecto de las fuentes de apoyo (p. ej., Nikupeteri and Laitinen, 2015; Callaghan et al., 2018; Katz et al., 2020). Cuando hay descendencia en común, el agresor puede utilizar las cuestiones de custodia y el régimen de visitas como pretexto para hostigar a la expareja (Humphreys et al., 2019; Katz et al., 2020). El progenitor acosador puede emprender acciones judiciales, como presentar demandas relativas a la custodia o denuncias falsas acusando a la otra parte de maltrato infantil. El acosador también puede servirse de profesionales para seguir victimizando a la otra parte, por ejemplo, expresando preocupación por el bienestar de la infancia cuando pasa tiempo con la madre (p. ej., Løkkegaard et al., 2019; Bracewell et al., 2022). Las cuestiones relativas al régimen de contacto aumentan además el riesgo de violencia física grave (Bendlin and Sheridan, 2021). El acoso parental supone, por tanto, una amenaza importante para el bienestar de la infancia, sus derechos y su libertad para ejercer su agencia. La naturaleza compleja y sutil del acoso y de sus efectos en la infancia plantea un reto al trabajo social a la hora de abordar y promover el interés superior del menor, por lo que se necesitan nuevos conocimientos teóricos para analizar el fenómeno.

Este artículo forma parte de un proyecto finlandés más amplio titulado «Children’s Knowing Agency in Private, Multiprofessional and Societal Settings—the Case of Parental Stalking», que explora las experiencias de la infancia, así como su agencia y sus derechos, ante el acoso parental. En el presente estudio utilizamos el enfoque de las capacidades (EC), concebido por Sen (1999, 2005) y desarrollado por Nussbaum (2011), como marco teórico para analizar las experiencias de la infancia ante el acoso parental. Nuestra pregunta de investigación es: «¿Qué revela el EC sobre las experiencias de la infancia ante el acoso parental?». En investigaciones anteriores abordamos estas experiencias a partir de la teoría del control coercitivo, mediante la cual analizamos las dinámicas de género y los desequilibrios de poder en el acoso parental (Katz et al., 2020; Nikupeteri et al., 2021). El EC, como marco teórico multidimensional, nos permite analizar con mayor profundidad las experiencias de una infancia cuyas capacidades para ejercer su agencia se ven amenazadas por el acoso parental. También ayuda a analizar los daños y las pérdidas cualitativas cotidianas causadas por la conducta de acoso del padre y sus efectos acumulativos en la infancia, que en última instancia la privan de sus capacidades (Sen, 1999; Logan and Walker, 2017). Además, permite explorar los factores que promueven los derechos y el bienestar de la infancia en estas situaciones (Hart and Brando, 2018).

Los tres conceptos clave del EC son «capacidades», «funcionamientos» y «factores de conversión». Las capacidades remiten a la libertad efectiva de las personas para vivir una vida que tienen razones para valorar. La diferencia entre una capacidad y un funcionamiento es la misma que existe entre la libertad (oportunidad) de lograr algo y el logro (resultado) (Robeyns, 2003). Las personas tienen distintas aptitudes para convertir medios o recursos en oportunidades valiosas (capacidades) o en resultados (funcionamientos). Pueden surgir diferencias incluso con el mismo conjunto de medios personales, por diversas razones o «factores de conversión». Robeyns (2005) distingue tres conjuntos de factores de conversión: personales, socioestructurales y culturales, e institucionales.

Nussbaum (2011) defiende la elaboración de una lista de las capacidades fundamentales necesarias para el bienestar humano, aunque la idea de una lista definitiva de capacidades válida para todas las personas ha sido cuestionada, por ejemplo, por Sen (2005). Diversos equipos de investigación han reclamado que se preste una atención particular a las capacidades de la infancia (Biggeri et al., 2006). El EC se considera a menudo una forma de hacer operativos los derechos humanos, desplazando la atención de los derechos formales a la capacidad de las personas para ejercerlos en la práctica. Burchardt y Vizard (2009) elaboraron una lista provisional de capacidades de la infancia que incorpora la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, del modo siguiente: la capacidad de

  • estar con vida,
  • vivir con seguridad física,
  • gozar de salud, incluida la salud física y mental,
  • tener conocimientos, comprender y razonar, y disponer de las competencias para participar en la sociedad,
  • disfrutar de un nivel de vida confortable, con independencia y seguridad,
  • dedicarse a actividades productivas y valoradas,
  • disfrutar de la vida individual, familiar y social,
  • participar en la toma de decisiones, tener voz e influencia, según la etapa de desarrollo de cada menor,
  • expresarse y tener respeto propio,
  • saber que la ley le protege y le trata con justicia.

Aunque cada capacidad tiene un valor intrínseco, puede ser instrumental para otras. Por ejemplo, la capacidad de una persona menor de gozar de buena salud es un fin en sí misma, pero también un medio para realizar su capacidad de recibir educación. La posibilidad de la infancia de convertir capacidades en funcionamientos depende de decisiones adultas que pueden restringir su agencia, a menudo, aunque no siempre, para garantizar su bienestar (Biggeri et al., 2011). En el contexto de la violencia doméstica, los estudios muestran que la violencia y el maltrato afectan negativamente a las capacidades de la infancia, causando múltiples pérdidas y dolor, pero también que la infancia tiene una agencia multifacética: tienen esperanza en el futuro y pueden responder a la violencia doméstica y hacerle frente (p. ej., Morris et al., 2015; Arai et al., 2021).

Al utilizar el EC para analizar las experiencias de la infancia, buscamos profundizar nuestra comprensión de los factores que obstaculizan y promueven sus capacidades. Identificar estos factores puede ayudar al trabajo social a promover el bienestar y los derechos de la infancia expuesta al acoso parental y a respaldar su seguridad (véase IASSW, 2014; Stanley and Humphreys, 2015). Se ha prestado una atención creciente a la manera en que el EC puede orientar la investigación y la práctica del trabajo social (Den Braber, 2014; Gupta et al., 2016; Hickle, 2020). Este artículo ofrece una contribución novedosa a la aplicación del EC en el trabajo social con la infancia expuesta al acoso parental.

Metodología

Muestra, datos y método

El artículo se basa en entrevistas con dieciocho menores y jóvenes (quince chicas y tres chicos, de 4 a 21 años) cuyo padre o padrastro ha acosado a su madre tras la separación. Los datos fueron recogidos por quienes firman el artículo en primer y segundo lugar, en colaboración con especialistas en violencia doméstica —profesionales del trabajo social y de la psicología— que trabajan con víctimas de acoso en el centro nacional de apoyo a víctimas de acoso de Finlandia (Stalking Support Center). Estas personas especialistas contactaron con familias que cumplían los criterios siguientes: (1) la atención a la familia se había prolongado debido al acoso del padre, (2) la persona menor recibía o había recibido atención del servicio y (3) su participación resultaba por lo demás adecuada, teniendo en cuenta la situación familiar, su edad y su grado de traumatización. En la mayoría de los casos, el acosador era el padre biológico y, en algunos, el padrastro. Todas estas personas menores vivían con su madre. Muchas mantenían contacto con su padre, al menos bajo supervisión. En algunos casos existía o había existido una orden de alejamiento contra el padre.

Las personas especialistas realizaron entrevistas temáticas con la infancia participante: en total, seis entrevistas individuales y seis entrevistas por parejas de hermanos (doce menores). Los temas siguientes se definieron en colaboración entre el equipo investigador y las personas especialistas: las experiencias de acoso; las emociones, las relaciones, los recursos y las necesidades de ayuda, y los encuentros con profesionales. Las entrevistas se realizaron entre 2012 y 2019, duraron entre 18 y 105 minutos, y se grabaron en audio y se transcribieron. Se llevaron a cabo en finés, y se transcribieron y tradujeron al inglés para el análisis conjunto.

Consideraciones éticas

Puesto que las personas participantes eran menores en una situación especialmente vulnerable, las consideraciones éticas tenían una gran importancia. En primer lugar, el Comité de Ética de la Investigación de la Universidad de Laponia concedió la autorización ética del estudio sobre la base de las directrices de ética de la investigación de la Finnish National Board on Research Integrity (2019). En segundo lugar, las dos delegaciones locales del Stalking Support Center respaldaron el permiso de investigación. En tercer lugar, la infancia participante y sus madres dieron su consentimiento informado por escrito. Se les informó de que podían retirarse del estudio en cualquier fase y de que podían negarse a hablar de cuestiones que les resultaran incómodas. En la recogida de datos se adoptó un enfoque centrado en la infancia, que incluía el principio del derecho de la infancia a la participación, a la agencia y a la protección (Eriksson and Näsman, 2012). Las personas especialistas adaptaron las entrevistas a la edad y a la etapa de desarrollo de cada menor. Se evaluó críticamente el riesgo de posibles consecuencias perjudiciales derivadas de la participación. Las personas especialistas prestaron una atención minuciosa a las reacciones durante las entrevistas y, tras cada una, ofrecieron la oportunidad de hablar de los sentimientos que la entrevista hubiera podido suscitar.

Análisis de los datos

En el análisis adoptamos un método guiado por la teoría (Layder, 1998), en el que el EC se utilizó como marco analítico flexible. Comenzamos leyendo y codificando los datos desde las perspectivas de las capacidades, los funcionamientos, los factores de conversión y la manera en que estas personas menores ejercían su agencia (Robeyns, 2005; Nussbaum, 2011). Tras la codificación, recorrimos sistemáticamente los conceptos incluidos en el enfoque guiado por la teoría. En primer lugar, prestamos atención a las esperanzas, las capacidades deseadas y los funcionamientos efectivos, y conceptualizamos tres dimensiones de continuidades y rupturas causadas por el acoso en la vida de la infancia. Estas dimensiones —existencial, social y físico-espacial— describen las semejanzas y las diferencias entre las experiencias. En segundo lugar, a partir de los conjuntos de factores de conversión de Sen (2005, 2009) y de Robeyns (2005), identificamos los factores individuales, relacionales, institucionales, y socioestructurales y culturales que influían en las capacidades de la infancia. A continuación describimos nuestros resultados mediante extractos anonimizados de los relatos, con seudónimos.

Resultados

Capacidades y funcionamientos que inciden en la agencia y el bienestar de la infancia

Los datos muestran que las esperanzas de la infancia sirven de base a las capacidades deseadas, mientras que su funcionamiento efectivo se ve restringido por las conductas de acoso del padre, lo que limita su posibilidad de realizar esas capacidades (Sen, 2005; Nussbaum, 2011). Las capacidades deseadas y los funcionamientos efectivos se entrelazan como dimensiones de continuidad y de ruptura en la vida de estas personas menores, y aparecen en los planos existencial, social y físico-espacial (tabla 1).

Tabla 1 — Dimensiones de continuidad y de ruptura en la vida de la infancia

Esperanzas y capacidades deseadas

  • Continuidad existencial. Tener una familia «normal»; sentirse en seguridad.
  • Continuidad social. Mantener relaciones gratificantes; pasar tiempo con las amistades; poder ver o no ver al padre.
  • Continuidad física y espacial. Moverse y jugar con libertad; implicarse plenamente en la educación.

Funcionamientos efectivos

  • Rupturas existenciales. Imprevisibilidad de la vida debida a la conducta de acoso; vivir con inseguridad y miedo; miedo a quedarse a solas; sentirse diferente, con un estigma.
  • Rupturas sociales. Preocupación por la madre, la fratría y las mascotas; amistades deterioradas, acoso escolar; encuentros a regañadientes con el padre.
  • Rupturas físicas y espaciales. Cambios constantes en la vida cotidiana; mudanzas frecuentes e interrupciones de la escolaridad; restricciones del espacio y de la libertad de movimiento.

Esta tabla muestra tres dimensiones de continuidad y de ruptura en la vida de la infancia, en relación con sus esperanzas y capacidades deseadas y con sus funcionamientos efectivos. Las dimensiones son: existencial, social, y física y espacial.

Las posibilidades de «continuidad existencial» se basaban en el deseo de tener una familia «normal» y de sentirse en seguridad en casa, en la comunidad y en la escuela o la escuela infantil.

Persona entrevistadora 1: Bueno… ¿hay algo más…?, ¿qué deseos tenéis? Cerca de la escuela y de las amistades. ¿Qué más? ¿Qué se te ocurre, Jesse, qué desearías? (…)

Jesse: Que papá no sepa dónde estamos y cosas así.

Persona entrevistadora 1: Ya…

Joonas: Y que la vida vuelva a ser normal, como era antes.

Persona entrevistadora 1: Ya. ¿Cómo sería si fuera una vida normal?

Jesse: Que papá ya no… hiciera nada.

Persona entrevistadora 2: Si fuera una vida normal, ¿verías entonces a tu padre?

Joonas: A veces.

Sentirse en seguridad significa que los distintos ámbitos de la vida están libres de hostigamiento. Sin embargo, los relatos estaban impregnados de la ansiedad y el miedo causados por el acoso del padre. Estas personas menores contaban que se sentían inseguras tanto en casa como en los lugares públicos, que tenían miedo cuando veían al padre y que intentaban adaptarse a su conducta imprevisible, como se describe en una entrevista conjunta de una misma fratría:

Maija: Ya no podíamos estar en casa. (…) Y luego, al final, se llegó a un punto en que, cuando estábamos en casa de los padres de papá… él se enteró de que estábamos allí. Así que tampoco era seguro estar allí, y entonces el único sitio al que podíamos ir en ese momento era la casa de acogida. Pero tampoco era seguro estar allí [en la casa de acogida], así que (…)

Milla: (…) había sospechas de que de algún modo… por información de alguien de dentro, papá se había enterado, para empezar, de que estábamos allí, en la casa de acogida.

En cuanto a las rupturas existenciales, la infancia participante mencionó experiencias de injusticia y de ser diferente en comparación con otras personas de su edad. Según Aurora, era injusto que hubieran tenido que huir a una casa de acogida tantas veces. Muchas de estas personas menores pensaban que sus experiencias eran inexplicables y que, si las contaban, no las entenderían quienes no habían vivido experiencias similares (Callaghan et al., 2017). En consecuencia, algunas guardaban silencio:

Al principio me costaba muchísimo hablar de ello, así que quizá, de algún modo, sentía vergüenza. Pero siempre tuve amistades que no lo sabían, y no quería contárselo. Luego había amistades de la familia que sí lo sabían, y con ellas era más fácil hablar. (Liisa)

La segunda dimensión se refiere a las oportunidades de tener «continuidad social». En cuanto a las esperanzas, se mencionaron cuestiones como mantener relaciones mutuamente gratificantes, ver a las amistades y elegir si ver o no al padre. Frente a esta continuidad social, la infancia participante estaba preocupada por el bienestar y la seguridad de su madre, su fratría, sus amistades y sus mascotas. Sus relaciones sociales se resentían porque tenían que evaluar los riesgos potenciales de salir, de estar con amistades fuera de casa o de invitarlas a dormir.

No necesariamente querías que esas amistades vinieran tanto a verte. Y luego a veces, incluso cuando él había llamado, me entraba una sensación rara, o como que no me atrevía a ir a ninguna parte. (Taina)

En algunos casos, contar las propias experiencias a alguien de la escuela dio lugar a acoso escolar, porque el acoso del padre no tenía sentido para las demás personas de su edad (véase también Callaghan et al., 2017).

… Bueno, allí solo tenía una amistad, porque el resto siempre decía cosas malas de mí y tal. (Piia)

Los datos muestran que estas personas menores a menudo eran reacias a ver a su padre. Muchas, sobre todo las de más edad, comprendían bien cómo operaba la dinámica de control del padre en las relaciones familiares. Algunas afirmaban que la razón principal por la que no querían ver a su padre era la mala calidad de la relación con él. Algunas empezaron a sentirse más seguras con el tiempo, cuando el padre redujo su conducta de acoso debido a nuevos intereses, como encontrar una nueva pareja. También se sentían más seguras cuando dejaban de tener contacto con su padre, por ejemplo, en un caso en que el padre había fallecido. En conjunto, la infancia participante ganó en sensación de seguridad tras limitar o interrumpir el contacto con el padre:

Para mí ha sido un alivio en el sentido de que he podido poner límites. Y decidir que no quiero tener contacto con él, porque vi cómo trataba, y sigue tratando, a mis hermanos y hermanas que mantienen contacto con él. (Katja)

La tercera dimensión de capacidades y funcionamientos comprende las posibilidades de «continuidad física y espacial». Las esperanzas y capacidades deseadas se referían a poder moverse y jugar con libertad y a implicarse en la educación obteniendo buenos resultados escolares. Los datos muestran que estas aspiraciones se veían truncadas por los cambios constantes en la vida cotidiana, las mudanzas repetidas y las restricciones relativas a su espacio y a su libertad de movimiento en el exterior. Las rupturas físicas y espaciales agravaban las sociales, por ejemplo, cuando se perdían amistades por mudarse a otra ciudad y cambiar de escuela. A continuación, Aurora habla de su deseo de una mudanza segura y de una vida estable:

Persona entrevistadora: ¿Qué te gustaría que pasara a partir de ahora?

Aurora: Pues que la mudanza [a otro lugar] salga bien y, en el sentido de que no haga falta ir a una casa de acogida. Que la vida siga bastante bien. (…) Que papá ya no nos encuentre y… (…) Y aun así ver a nuestras amistades.

A partir de los relatos, la naturaleza corrosiva de las rupturas físicas y espaciales de las capacidades de bienestar y de agencia afectó al desarrollo social y educativo de estas personas menores. Matti, cuyo padre había huido al extranjero, decía que se sentía mejor y más seguro, pero que aún necesitaba el apoyo de su madre para desplazarse. Taina mencionó los efectos negativos que tenía en su asistencia a la escuela el contacto con su padre:

Muchas veces, sobre todo [después de ver al padre]… si al día siguiente había clase, pues (…) costaba concentrarse, porque te quedas como… o a veces te preguntas si dijiste algo mal y si él se enfadó, o, en todo caso, te queda esa sensación horrible después de haber tenido que verle a la fuerza. (Taina)

En conjunto, los datos muestran que la infancia participante tiene esperanzas corrientes, pero que las conductas de acoso del padre, al causar rupturas existenciales, sociales, físicas y espaciales, tenían efectos adversos sobre ella. Los datos ponen también de manifiesto la complejidad y el carácter contradictorio de las capacidades deseadas. Por ejemplo, desean ser como las demás personas de su edad y tener una relación con su padre, pero también quieren sentirse en seguridad.

Factores de conversión que inciden en la agencia y el bienestar de la infancia

Los datos contienen descripciones de factores de conversión positivos y negativos (Robeyns, 2005) que influían en las capacidades de la infancia no solo en los planos individual y relacional, sino también en los planos institucional, socioestructural y cultural. Los factores de conversión se ilustran en la tabla 2.

Tabla 2 — Aspectos positivos y negativos de los factores de conversión

  • Individuales. Positivos: capacidad para afrontar las experiencias de acoso; recuerdos positivos; rutinas de seguridad y formas estratégicas de ejercer la agencia; distancia emocional respecto del padre; aficiones, estudios. Negativos: miedo, ansiedad; recuerdos negativos; sentimientos contradictorios.
  • Relacionales. Positivos: distancia física respecto del padre; cercanía con la madre y la fratría; relaciones de confianza con amistades y personas adultas seguras. Negativos: influencia de otras personas, p. ej., familiares; amistades rotas.
  • Institucionales. Positivos: relación de confianza con profesionales; profesionales que valoran las experiencias de la infancia; entorno físico; mudanzas seguras, dispositivos de seguridad; contactos con el padre supervisados o suspendidos; casas de acogida; conversaciones terapéuticas; grupos de pares. Negativos: profesionales que no escuchan a la infancia; actuaciones o decisiones profesionales poco fiables; intervenciones profesionales insuficientes; ayuda a corto plazo.
  • Socioestructurales y culturales. Positivos: normas culturales y jurídicas en Finlandia: edad de la persona menor, agencia para negarse al contacto con un padre; posibilidades de relaciones familiares autodeterminadas; educación, sistema escolar; decisiones judiciales: órdenes de alejamiento, prisión; concepción amplia de la familia. Negativos: normas culturales y jurídicas en Finlandia: edad, falta de agencia para negarse al contacto con un padre; ausencia de relaciones familiares autodeterminadas; adhesión demasiado estricta a normas y estereotipos sobre la familia.

Esta tabla ilustra los aspectos positivos y negativos de los factores de conversión que influían en las capacidades de la infancia. Los factores de conversión son: individuales, relacionales, institucionales, y socioestructurales y culturales.

Los datos muestran que los factores de conversión del plano individual implican recuerdos, emociones y acciones que afectan a la capacidad de afrontar el miedo y de ejercer la agencia para desarrollar medios de mantenerse a salvo y, en los casos más graves, de seguir con vida. Distanciarse emocionalmente de las experiencias y recuerdos dañinos relacionados con el padre reforzaba la agencia (véase también Morris et al., 2015). La posibilidad de realizar sus capacidades estaba relacionada con el compromiso del padre de cambiar su conducta dañina. Por ejemplo, Maria volvió a visitar a su padre después de que él siguiera un tratamiento por abuso de sustancias. Además, los recuerdos positivos y la capacidad de afrontar las experiencias de acoso actuaban como un factor de conversión que influía en las capacidades.

Muchas de estas personas menores describían las aficiones y los estudios como mecanismos de afrontamiento, que consideramos factores positivos para su agencia. También describían diversas rutinas de seguridad que seguían para tener una sensación de control sobre su entorno, como salir a la calle con un perro. Algunas adoptaban deliberadamente distintas posiciones en sus relaciones sociales para garantizar su bienestar. Por ejemplo, quienes tenían más edad dentro de la familia empezaban a responsabilizarse de la seguridad de su madre y de su fratría. Algunas eran muy selectivas al establecer relaciones y solo entablaban aquellas que mejoraban su propio bienestar:

Pero luego, con las amistades es donde más afecta, lo mismo. Tienes bastante espíritu crítico, y es muy… bueno, en principio es difícil hacer amistades porque, de todos modos, existe esa crítica dura. O un patrón exacto que aceptas, en ese sentido. (Tiina)

Nuestro análisis mostró también que los «factores de conversión relacionales» se entrelazaban con los factores individuales que afectaban a la agencia y al bienestar. En cuanto a los factores de conversión positivos, muchas de estas personas menores consideraban que, además de la distancia física respecto del padre, su bienestar dependía en gran medida de la relación con su madre y su fratría, la familia materna, las personas que les entrenaban en el deporte y algunas amistades escogidas. La relación entre madre e hijo o hija era especialmente importante, tanto en términos de cercanía física como emocional:

En general, hemos hablado bastante con mamá. Ya antes de que se separaran hablábamos bastante de la situación de nuestra familia, y no intentábamos ocultarlo. Ni fingir que todo es normal y que todo va bien. Al contrario, mamá siempre insistía en que este tipo de cosas no deberían pasar. (Katja)

Aunque el papel de la madre, la fratría y la familia solía ser de apoyo, surgían efectos negativos si presionaban para mantener el contacto con el padre en contra de la voluntad de la persona menor o si se culpaba a la madre de la ruptura familiar:

Y siempre que nos encontrábamos en algún sitio, como por casualidad en el patio, la abuela [paterna] decía siempre que estaría bien que fuéramos a visitarles y tal. Pero luego, cuando íbamos, decía, quizá no a nosotros pero sí a mamá, que eso [la separación] era culpa de mamá, así que yo tampoco quería [ir allí], porque sabías que no era verdad. (Liisa)

Los datos muestran también que los «factores de conversión institucionales» inciden en la agencia y el bienestar. Los relatos sobre los factores institucionales variaban según la edad. Las personas más pequeñas tenían una narración limitada en relación con profesionales y algunas no sabían distinguir los papeles de quienes ayudaban a la familia, mientras que las de más edad eran capaces de evaluar los servicios y la actuación profesional. Sin embargo, toda la infancia participante percibía de forma positiva su relación con profesionales si la interacción era eficaz y si sentía que se escuchaban sus deseos y sentimientos y se respondía a ellos. Valoraban las conversaciones terapéuticas con profesionales y con otras personas menores que también habían vivido el acoso. Las de más edad daban valor a poder decir si querían vivir con el padre o con la madre:

Persona entrevistadora: ¿Te acuerdas de haber dicho con quién quieres vivir?

Minttu: Con mamá.

Persona entrevistadora: ¿Qué te parece, te escucharon?

Minttu: Bueno, en principio podías tomar la decisión. O al menos decir tu propia opinión sobre el tema; creo que ha sido muy importante que nos pregunten nuestra opinión sobre las cosas.

Entre los demás factores institucionales positivos identificamos también los contactos supervisados y suspendidos con el padre y los dispositivos que aumentaban las capacidades de la infancia para sentirse realmente en seguridad. Las personas más pequeñas destacaban dispositivos físicos concretos, como cerraduras y sistemas de alarma. Los espacios seguros permitían mantener una distancia física respecto del padre:

Bueno, como que aquí [en la casa de acogida] es un poco más seguro y seguramente papá no sabe que estamos tan lejos. No sabe que estamos aquí [en esta ciudad o municipio]. Ahora no vendrá a por nosotros. Como en [la casa de acogida anterior]. (Aurora)

En cuanto a los factores institucionales negativos, las personas de más edad mencionaban la ayuda profesional a corto plazo, que termina cuando el acoso parece haber cesado y no aporta ninguna ayuda concreta. Por ejemplo, algunas señalaban a los servicios de protección de la infancia, que actúan en el plano administrativo y no ayudan realmente a la infancia en sus situaciones vitales:

Persona entrevistadora: ¿Ha habido personas que os ayudaran desde fuera, como en esta casa de acogida, claro, y el trabajo que se hace aquí? (…)

Milla: Bueno, en algún momento estuvo protección de menores.

Maija: Eso es.

Milla: Pero yo no sentí que tuviéramos una especie de… una especie de persona de apoyo, de ningún modo. O sea, quizá solo oficialmente, se ocupaban de los trámites. Pero yo no siento que hubiera ninguna ayuda concreta que nos sirviera. Solo hicieron posibles estas sesiones y tal. Así que, en ese sentido sí, pero nada como… visible. Y sobre todo porque siempre ha habido fallos e interrupciones en la comunicación por su parte.

Con independencia de la edad, la infancia participante se mostraba crítica con las prácticas profesionales que no reconocían la gravedad de su situación. Incluso las personas más pequeñas percibían la contradicción entre una pena de prisión o una orden de alejamiento impuesta al padre y la presencia continuada de este en sus vidas (véase Humphreys et al., 2019; Katz et al., 2020). En este estudio, dos integrantes de una misma fratría hablaron de los problemas relacionados con la custodia compartida de sus progenitores y con la información que los equipos profesionales compartían sobre esta infancia. En su caso, el personal de protección de la infancia hizo saber al padre, intencionadamente o no, la nueva dirección de la madre y de su descendencia (véase también Callaghan et al., 2017).

Creo que fue cuando nos mudamos allí… En esta [localidad], cuando nos [mudamos] a nuestro piso, no duró mucho [sin contacto con el padre], pero luego seguramente protección de menores había filtrado nuestra nueva dirección. (…) Él, claro, insistió mucho en… antes de que mamá obtuviera la custodia exclusiva, en que tenía derecho a saber dónde vivíamos, o dónde vivíamos sus hijas e hijos. Pero mamá vive en el mismo sitio, así que… (Milla)

Según los datos, también los «factores de conversión socioestructurales y culturales» afectan al bienestar y la agencia de la infancia. El contexto jurídico, organizativo y cultural finlandés desempeñaba un papel crucial en el modo en que se reconocía la agencia de estas personas menores y en las medidas profesionales que se adoptaban para hacer frente a los efectos del acoso. Los factores socioestructurales y culturales se hacían visibles sobre todo en las posibilidades de determinar por sí mismas sus relaciones familiares. Los datos muestran que, en particular, las más pequeñas solían encontrarse en una posición de sometimiento respecto de sus progenitores y tenían poco control sobre la forma en que mantenían contacto con su padre:

Bueno, a veces [nos quedábamos a dormir en casa de papá] o íbamos a comer a casa de papá o algo así, pero cuando en realidad no queríamos ir, entonces él, él se enfadaba o se ofendía cuando no nos atrevíamos a decírselo. Entonces le pedíamos a mamá que se lo dijera, pero él no la creía y pensaba que se lo había inventado. (Taina)

Las personas de más edad tenían más posibilidades de influir en las cuestiones que les afectaban (véase también Dixon and Nussbaum, 2012). Aunque el trabajo social debe conocer el punto de vista de cada menor, los datos muestran que puede ser necesario que la propia infancia conozca su derecho a ser escuchada. Por ejemplo, la conciencia de sus derechos como ciudadanía, aprendida en la escuela, era un factor importante que les ayudaba a tomar decisiones que les concernían:

Minna: Entonces tienes bastantes derechos.

Persona entrevistadora: Sí, es verdad. ¿Cómo sabes que con 12 años…?

Minna: Por el libro de ciencias sociales [de la escuela].

Persona entrevistadora: O sea, aprendiste en la escuela, en ciencias sociales, que cuando tienes 12 años puedes decidir si vas [a ver al padre], ¿y eso se lo dijiste a la persona que te orientaba en la reunión?

Minna: Mmm. Sí, nos enseñan que los derechos, que tienes más derechos cuando cumples 12.

Algunos factores clave que afectaban a la capacidad de ejercer la agencia y, en algunos casos, comprometían el bienestar estaban relacionados con las expectativas culturales y sociales respecto de la familia y con la ideología de preservación familiar del sistema finlandés de protección de la infancia (Pösö et al., 2014). Algunas de estas personas menores consideraban la concepción cultural de la familia como un factor significativo que afectaba a su bienestar y a sus posibilidades de ejercer su agencia:

Yo creo que no deberían apoyar necesariamente que la familia siga unida, sino el bienestar de la infancia. [Los equipos profesionales] no siempre… el hogar no siempre es el mejor lugar donde estar. Quizá también se trata de que la infancia quiere proteger a sus padres. (…) O una criatura puede sentirse culpable por hablar en contra de su padre o su madre o por contar a otras personas lo que [ese progenitor] ha hecho, y [la criatura] acaba diciendo que no quiere separarse de [él o ella]. (Katja)

En conjunto, el análisis de los factores de conversión mostró que pueden ser contradictorios y generar complejidades en la vida de la infancia. Aunque los factores de conversión contienen diversos aspectos positivos que protegen a la infancia y su resiliencia cuando viven el acoso del padre, sus aspectos contradictorios también pueden formar una cadena de efectos negativos en sus vidas (Wolff and De-Shalit, 2007) a la que tienen que resistir y que tienen que mitigar.

Discusión

Nuestro estudio de las experiencias de la infancia reveló que el acoso parental socava esperanzas y capacidades deseadas que son cuestiones fundamentales para su bienestar y para la realización de sus derechos. Los efectos y los daños que el acoso inflige a la infancia, como el miedo, el dolor, la pérdida, los sentimientos encontrados y el deseo de una vida normal, son muy similares a los daños que sufre la infancia en otras formas de violencia y maltrato domésticos (p. ej., Morris et al., 2015; Arai et al., 2021). Sin embargo, este estudio pone de relieve las múltiples manifestaciones del acoso tras la separación parental y los tipos de daño resultantes, que van más allá de la violencia y se extienden a los distintos ámbitos de la vida de la infancia. Por ello, la ayuda y la protección que se le brinden deberían basarse en un marco multidimensional (véase Logan and Walker, 2017). Los resultados sugieren que el trabajo social puede apoyar las capacidades de la infancia expuesta al acoso parental mediante intervenciones que proporcionen protección interna y externa (figura 1).

Apoyar las capacidades de la infancia. La figura ilustra cómo el trabajo social puede apoyar las capacidades de la infancia expuesta al acoso parental. El lado izquierdo de la figura
Figura 1. Apoyar las capacidades de la infancia. La figura ilustra cómo el trabajo social puede apoyar las capacidades de la infancia expuesta al acoso parental. El lado izquierdo de la figura destaca las prácticas profesionales en las que se trabaja con la persona menor y para ella. El lado derecho destaca la colaboración multiprofesional y las intervenciones y prácticas profesionales asociadas. Mediante estas intervenciones, el trabajo social puede crear una protección interna y externa para la infancia.

Nuestros resultados subrayan el papel del trabajo social en el apoyo a las capacidades de la infancia mediante una protección interna que le permita alcanzar la continuidad existencial. La protección interna consiste en crear seguridad para la infancia en medio de la incertidumbre y el miedo causados por el acoso del padre. En comparación con muchas otras formas de violencia y maltrato domésticos, este aspecto cobra especial relieve en el acoso. La conducta de acoso del padre puede continuar aunque la madre y su descendencia se trasladen, aunque el padre sea condenado a prisión o aunque haya huido al extranjero. El padre puede atacar tras un largo periodo de silencio y servirse de terceras personas para seguir el rastro de las víctimas (Logan and Walker, 2017; Nikupeteri et al., 2021). Esto exige que los equipos profesionales adquieran una comprensión situada de la experiencia vivida por cada menor, que se desarrolla a través de una relación en la que la infancia es vista en su individualidad y puede sentir que se la escucha y se la valora (véase también Arai et al., 2021; Tisdall et al., 2021). El diálogo entre la persona menor y el equipo profesional incluiría preguntas como: «¿Cuáles son tus esperanzas y aspiraciones?» (capacidades); «¿cómo es tu vida ahora?» (funcionamientos) y «¿en qué se diferencia de lo que esperas de la vida?» (capacidades deseadas). Sentirse escuchada desempeña un papel importante para que la infancia genere una sensación de seguridad, practique habilidades de afrontamiento y establezca relaciones con personas adultas seguras (véase también Morris et al., 2015; Arai et al., 2021).

Los resultados muestran la complejidad de las situaciones individuales y que las aspiraciones de la infancia pueden ser contradictorias. Por ejemplo, estas personas menores expresaban emociones contrapuestas respecto de su padre, como asco y miedo, pero también cercanía con él y el deseo de un hogar compartido. Asimismo, mudarse a otra ciudad generaba una sensación de alivio y de seguridad, pero también imprevisibilidad, lo que truncaba los deseos de seguridad y continuidad y generaba sentimientos de soledad y vergüenza. Además, algunos factores de conversión positivos y negativos estaban entrelazados, lo que creaba contradicciones en la toma de decisiones relativas a la realización de la seguridad. Las contradicciones aparecían, por ejemplo, en las decisiones sobre si querían o no querían ver a su padre. Es importante que el trabajo social aborde estas complejidades ofreciendo apoyo psicosocial, para que la infancia pueda convertirse en agente informado que comprende y razona sus experiencias (véase también Burchardt and Vizard, 2009; Morris et al., 2015; Arai et al., 2021). Una práctica profesional basada en el EC debería ejercer el poder «con» y no el poder «sobre», a fin de producir una diferencia positiva en los funcionamientos y de no dañar identidades personales que la infancia tiene razones para valorar (Entwistle and Watt, 2013).

Además, nuestros resultados ponen de relieve el papel del trabajo social y de otros equipos profesionales en la creación de condiciones externas seguras para la infancia (Nussbaum, 2011). La cuestión crucial son las relaciones de la infancia con su madre y, en particular, con su padre, un tema central también en otros estudios sobre violencia doméstica (p. ej., Holt, 2015; Morris et al., 2015). En términos de continuidad social, proteger a una persona menor depende en gran medida de mantener las relaciones que considera gratificantes. Por ejemplo, muchas encuentran en su madre un apoyo significativo (véase también Katz, 2015; Morris et al., 2015). Para crear condiciones seguras, el trabajo social debe tomarse en serio lo que la infancia dice de su padre (Arai et al., 2021; Tisdall et al., 2021) y, si es necesario, imponer límites a algunos derechos parentales para proteger las capacidades y los derechos de la infancia (Dixon and Nussbaum, 2012; Holt, 2015). Esto es importante, ya que el contacto puede implicar un riesgo de violencia grave (Bendlin and Sheridan, 2021). El trabajo social debería utilizar toda la gama de opciones de contacto entre padre e hijo o hija, desde los intercambios y visitas supervisados hasta la suspensión del contacto del padre, y buscar maneras de garantizar que el acosador sea un padre «suficientemente bueno» (Holt, 2015). Como sugiere Holt (2015), los padres maltratadores deberían abordarse como un «riesgo» en el contexto del contacto paternofilial tras la separación, y es necesario que respondan de su conducta abusiva antes de que pueda contemplarse la posibilidad de un contacto seguro.

Nuestros resultados subrayan la importancia de la protección externa de los aspectos físicos y espaciales de la vida cotidiana de la infancia. Las medidas externas de seguridad, como instalar sistemas de seguridad y trasladar a la persona menor y a la madre maltratada, desempeñan un papel crucial en la planificación de la seguridad frente al acoso. Proteger a la infancia exige del trabajo social una agencia firme para abordar la conducta abusiva del padre en nombre de la persona menor, denunciar los delitos del padre y contribuir a imponer medidas judiciales de protección, como órdenes de alejamiento contra él. El trabajo social debe reflexionar críticamente sobre las concepciones institucionales y culturales de la familia y la parentalidad que pueden favorecer u obstaculizar el proceso de ayudar a la infancia a aprovechar sus capacidades. Esto incluye identificar las dinámicas de las conductas coercitivas y controladoras al evaluar la parentalidad del padre tras la separación, en la que la conducta abusiva hacia la descendencia puede ocultarse bajo la máscara de una paternidad «atenta» (Katz et al., 2020). Además, es importante ser consciente de la posible estrategia del agresor de implicar a profesionales en una victimización adicional (Løkkegaard et al., 2019; Bracewell et al., 2022). Ayudar a la infancia exige que los equipos profesionales dispongan de conocimientos sobre el acoso como forma específica de violencia y maltrato domésticos. También deben ser capaces de determinar si la necesidad de ayuda de una persona menor se deriva de la conducta de acoso del padre.

Crear una protección interna y externa exige una evaluación del riesgo mediante la colaboración entre el trabajo social, las fuerzas del orden y los servicios de salud (véase también Løkkegaard et al., 2019). En esta colaboración, el trabajo social desempeña un papel importante coordinando los servicios con una orientación centrada en la infancia (cf. Pösö et al., 2014) y defendiendo su participación en la toma de decisiones sobre los asuntos que le conciernen. El acoso, como patrón de conducta que puede intensificarse o atenuarse con el tiempo (Logan and Walker, 2017), pone de relieve la importancia de un diálogo continuo de los equipos profesionales con la infancia para garantizar su interés superior, salvaguardar su bienestar y evaluar correctamente la necesidad de medidas de protección. Conversar con la infancia sobre los factores que obstaculizan o favorecen la seguridad ayuda a los equipos profesionales a elaborar planes de seguridad que le permitan tener más control sobre su vida en lo que respecta, entre otras cosas, a la gestión de sus emociones y de sus circunstancias físicas y sociales (véase Morris et al., 2015; Logan and Walker, 2017; Nikupeteri and Laitinen, 2021; Bracewell et al., 2022). En este estudio, los vínculos entre elección, control y bienestar eran evidentes en los relatos de las personas de más edad. En consecuencia, también es importante que las más pequeñas puedan participar en la toma de decisiones relativas a su propia vida (Dixon and Nussbaum, 2012).

El estudio presenta algunas limitaciones. Las metodológicas se refieren al método cualitativo y al volumen relativamente reducido de datos. También el contexto específico del estudio puede considerarse una limitación: el estudio se realizó en Finlandia, que, como sociedad nórdica del bienestar, cuenta con un sistema de bienestar amplio y avanzado que ofrece servicios sociales y sanitarios a todas las familias (Pösö et al., 2014). El sistema finlandés de seguridad social ayuda a la infancia a realizar sus capacidades deseadas de formas que no existen en la mayoría de los demás países. En cuanto a futuras investigaciones, sería importante estudiar las capacidades de la infancia a partir de datos más amplios recogidos en contextos diferentes.

Conclusión

Nuestro estudio ha mostrado cómo el EC puede ayudar al trabajo social a comprender las experiencias de la infancia y a hacer operativos sus derechos cuando está expuesta al acoso parental. El EC, como marco analítico, nos permitió construir una comprensión matizada de los factores multidimensionales e interrelacionados que afectan a la agencia y al bienestar de esta infancia. Para ofrecerle oportunidades reales de llevar una vida que valore, el trabajo social debe entablar un diálogo con la infancia sobre los factores de distintos niveles que influyen en sus capacidades y su bienestar. Nuestros resultados muestran que el trabajo social puede apoyar las capacidades de la infancia expuesta al acoso parental proporcionando protección interna y externa.

Complexe Systémique: puntos clave

El acoso tras la separación prolonga el control coercitivo por otros medios, y la persona menor se convierte a menudo en su canal: mensajera, pretexto para litigar, blanco. El artículo tiene dos méritos para la práctica sistémica. En primer lugar, muestra que las instituciones forman parte del sistema del acoso, tanto si lo obstaculizan (casas de acogida, órdenes de alejamiento, contactos suspendidos) como si lo alimentan (una dirección filtrada, una ayuda administrativa sin presencia, la ideología de la preservación familiar). En segundo lugar, desplaza el foco del déficit hacia lo que la persona menor valora: una familia «normal», sus amistades, el derecho a ver o no ver a su padre. Las tres preguntas que propone (tus esperanzas, tu vida ahora, la distancia entre ambas) se trasladan fácilmente a las sesiones. Queda por no confundir escucha con delegación: quien «elige» ver al padre a veces lo hace para proteger a ese progenitor. Límites: dieciocho relatos finlandeses, recogidos por equipos especializados, sin la voz de las madres ni de los padres. Puede leerse junto con el artículo sobre el miedo de la infancia en grupos dedicados al acoso parental y el artículo sobre lo que la infancia expuesta a la violencia doméstica valora del trabajo social.

Notas del original

Agradecimientos. Damos las gracias a todas las niñas y niños que participaron en este estudio. Damos también las gracias a quienes revisaron el manuscrito por su lectura atenta y por sus comentarios y sugerencias, que han permitido mejorar su calidad.

Financiación. Este estudio fue financiado por la Academy of Finland (Grant No. 308470).

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Traducción no oficial de Using the Capability Approach in Social Work with Children Experiencing Post-Separation Parental Stalking, de Anna Nikupeteri, Merja Laitinen, Anna Gupta y Enni Mikkonen, The British Journal of Social Work, vol. 53, n.o 2 (2023), doi: 10.1093/bjsw/bcac163, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «Using the Capability Approach in Social Work with Children Experiencing Post-Separation Parental Stalking», publicado en The British Journal of Social Work (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Nikupeteri, A., Laitinen, M., Gupta, A., et Mikkonen, E. (2023). Using the Capability Approach in Social Work with Children Experiencing Post-Separation Parental Stalking. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/using-the-capability-approach-in-social-work-with-children-experiencing-post-separation (Obra original publicada en 2022 en The British Journal of Social Work, 53(2), 900-920 (2023); republicada en 2023 por The British Journal of Social Work, https://academic.oup.com/bjsw/article/53/2/900/6693662)

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