Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Frontiers in Psychology · Pareja
¿Cómo se quejan las personas la una de la otra ante el o la terapeuta en una primera consulta de pareja? A partir de nueve consultas grabadas en vídeo en Cracovia, Bartłomiej Taurogiński y su equipo analizan, línea por línea, fragmentos de las sesiones de cuatro parejas polacas. Desde el marido que sepulta «mamá pegó» bajo una cascada de precauciones hasta la pareja cuyos miembros se acusan mutuamente de mentir, las quejas se reparten a lo largo de un espectro que va de la consideración a la desconsideración, y este espectro parece cruzarse con la patología de la personalidad.
Traducción no oficial al español de Spectrum of complaints: practices of complaining in therapeutic conversations as a window to spouses' personalities and couples' relationships, de Bartłomiej Taurogiński, Bernadetta Janusz, Jörg R. Bergmann y Anssi Peräkylä, publicado en Frontiers in Psychology (Frontiers Media) (2023), doi: 10.3389/fpsyg.2023.1232594, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para la lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas; la declaración de disponibilidad de los datos no se reproduce. En los fragmentos de transcripción, las líneas en polaco se conservan tal cual y las glosas se han traducido al español. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
En suma, la manera de quejarse podría proporcionar a quien ejerce la clínica tanta información sobre la pareja y sus problemas como el contenido mismo de sus quejas, si no más.
Bartłomiej Taurogiński, Bernadetta Janusz, Jörg R. Bergmann y Anssi Peräkylä
Resumen
Introducción. La queja es un fenómeno frecuente en las interacciones humanas y aparece a menudo durante la terapia de pareja. Una conversación entre terapeuta y cónyuges que les exige hablar de problemas conduce inevitablemente a la queja (sobre todo durante el primer encuentro). El contexto institucional y la presencia de una persona terapeuta imparcial dan forma a las secuencias de queja.
Método. Utilizamos el análisis de la conversación para explorar la organización interaccional de la queja en un contexto específico, el de la terapia de pareja. Nuestros datos consisten en grabaciones en vídeo de nueve primeras consultas de terapia de pareja.
Resultados. En la sección de resultados de nuestro artículo describimos con detalle la composición y la formulación de las quejas en el contexto de la terapia de pareja. Nuestras observaciones permitieron proponer un espectro matizado de maneras de quejarse que abarca la dimensión de la consideración. Nuestros datos sugieren que puede existir una relación entre la manera de quejarse y la presencia y gravedad de rasgos desadaptativos de personalidad en quien se queja.
Discusión. Sostenemos que prestar mucha atención a las prácticas de queja que surgen durante la terapia de pareja es un aspecto importante del trabajo clínico con parejas y puede aportar información sobre la naturaleza de las disputas conyugales y sobre la constitución de la personalidad de cada cónyuge.
Palabras clave: análisis de la conversación, psicoterapia, terapia de pareja, queja, culpabilización
La formulación del problema es un rasgo constitutivo de todo encuentro entre profesional y persona usuaria (cf. Pino y Mortari, 2012). Quienes consultan necesitan describir desde el principio la razón por la que buscan apoyo o ayuda profesional. Uno de los contextos específicos en los que se busca ayuda y se habla de problemas es la terapia de pareja, que implica una constelación triádica compleja y delicada (cf. Stivers y Majid, 2007; Stivers, 2012), en la que cada consultante formula sus problemas conyugales y sus quejas dirigiéndose a la persona terapeuta como destinataria, en presencia del otro cónyuge, al que no se dirige la palabra pero que escucha y que es el blanco de la queja (cf. Wilkinson et al., 2013). Esto parece ser crucial, en particular en el contexto de las primeras consultas. La manera en que los miembros de la pareja se quejan en un contexto tan peculiar es el objeto del estudio que sigue.
Cuando las parejas emprenden una terapia de pareja, suelen hacerlo para encontrar una solución a sus problemas conyugales. Para ello, cada cónyuge expone habitualmente esos problemas durante la primera consulta. Sin embargo, en comparación con otros tipos de interacción entre profesional y persona usuaria, formular «el problema» en el contexto de la terapia de pareja se caracteriza por una constelación singular. Aquí, ambos miembros de la pareja forman, virtualmente, parte del «problema». Cualquier descripción del problema por parte de un cónyuge puede incluir a su pareja o hacer referencia implícita o explícita a ella. Incluso las descripciones neutras de molestias subjetivas o del funcionamiento insuficiente de la pareja pueden implicar a la otra persona y oírse como una queja encubierta. Además, incluso la cuestión de la naturaleza del problema conyugal, o de si hay siquiera un problema, puede ser objeto de controversia en la pareja. Las parejas que acuden a terapia suelen tener una larga historia de quejas mutuas, de reproches y de disputas conyugales. Es una observación general que estas disputas tienden a reescenificarse en el contexto terapéutico y que quienes consultan tienden a situar las responsabilidades, los problemas conyugales y sus causas en el otro cónyuge.
Quejarse, acusar y culpabilizar son acciones que se producen con frecuencia en las conversaciones terapéuticas, sobre todo al comienzo del proceso terapéutico. Están estrechamente ligadas a la adopción de una posición defensiva u ofensiva, obstaculizan la reflexión y, en última instancia, dificultan la resolución de los problemas. Son atribuciones de gran impacto que pueden provocar vergüenza, culpa, ira u otro estado emocional aversivo (Friedlander et al., 2000).
En la investigación empírica en psicoterapia se ha prestado cierta atención a las formas verbales y a las dinámicas sociales de la queja como actividad conversacional dentro de una constelación interaccional triádica. Se ha investigado la actividad misma de quejarse o culpabilizar, las reacciones de las demás personas ante la queja o la culpabilización, y la manera en que terapeutas manejan este fenómeno en su práctica. Por ejemplo, Stratton (2003a,b) analizó las atribuciones de responsabilidad y de culpa en terapia familiar mediante un sistema de codificación manual específico. Señaló la «culpabilización caracterológica» como la forma de culpa más dañina y propuso sensibilizar a quienes ejercen la terapia ante este fenómeno. Algunos trabajos estudiaron la culpa y la acusación como elementos de un discurso moral en el que la responsabilidad se tematiza y se negocia en la terapia conyugal y de pareja (Buttny, 1990; Edwards, 1995; Kurri y Wahlström, 2005). Otros (Beck, 1987; Friedlander et al., 2000) examinaron la respuesta de cónyuges y terapeutas tras la culpa expresada por miembros de la familia y distinguieron distintas dimensiones en las acciones terapéuticas, entre ellas la postura «neutral» (Stancombe y White, 2005). O'Reilly (2005) examinó episodios de terapia familiar en los que una persona consultante se queja ante el o la terapeuta de un tercero ausente (una institución o un individuo). Mostró que las quejas se construyen presentando algo como negativo, atribuyendo una falta moral y asignando agencia o responsabilidad. Aunque observó además que las respuestas terapéuticas muestran una orientación hacia la «inutilidad de las quejas», no tuvo en cuenta cómo participan o se implican las demás personas consultantes presentes.
Las maneras de quejarse están entrelazadas con la personalidad de quienes consultan. Dado que quejarse y ser objeto de quejas es una interacción emocionalmente exigente (Päivinen et al., 2016), cabe decir que resulta especialmente difícil para las personas con dificultades para regular sus emociones, lo cual se postula como un síntoma clínico central de los trastornos de la personalidad (TP) (Livesley y Larsone, 2018). La literatura sobre la terapia con parejas con trastornos de la personalidad todavía es escasa y se ocupa principalmente de cómo se presentan estas personas en terapia y de cómo adaptar la conducción de la terapia a estilos de personalidad específicos (McCormack, 2000; Landucci y Foley, 2014). Aunque existen descripciones de las distintas maneras en que cónyuges con problemas psicológicos específicos se quejan en la relación de pareja (Lachkar, 2014), hasta la fecha ningún artículo ha prestado atención a los detalles de las prácticas de queja y a su relevancia interaccional en el contexto de la terapia con parejas con trastornos de la personalidad.
Para comprender mejor las prácticas de queja en la terapia de pareja se requiere una perspectiva de observación más fina. Como en investigaciones anteriores (Janusz et al., 2021; Peräkylä et al., 2023), adoptamos un enfoque de análisis de la conversación que nos permite identificar los detalles conversacionales de las actividades de queja, así como las secuencias en las que quienes consultan preparan y formulan una queja o responden a ella. Una perspectiva de análisis de la conversación sobre las prácticas de queja en la terapia conyugal está justificada, porque las quejas, las acusaciones y otras maneras similares en que las personas abordan en la vida cotidiana una supuesta falta constituyen un tema destacado dentro de esta tradición de investigación.
En la vida cotidiana, la «queja» y su significado son algo que se da por sentado sin cuestionarlo. Sin embargo, es difícil encontrar una definición formal exacta de esta actividad (Pillet-Shore, 2015). Quejarse, culpabilizar y acusar son conceptos del sentido común y, como tales, son esencialmente vagos; sus significados se confunden entre sí, pero todos remiten a la manifestación de una experiencia o una postura negativa. Aunque sin fronteras nítidas, las quejas y los fenómenos afines pueden diferenciarse y ordenarse en una secuencia según su diseño social y moral. La manera más neutra de expresar un dolor o un sentimiento de descontento por algún contratiempo personal es lo que, con Jefferson (2015), llamamos «trouble telling» (relato de problemas). El problema puede comunicarse mediante el lamento, como cuando se expresa una molestia sin referencia a causa ni culpable alguno. La queja, en cambio, remite de manera más específica a la manifestación de un sufrimiento o de una experiencia negativa, pero en la queja la responsabilidad se busca o puede atribuirse a «alguien» (Heinemann y Traverso, 2009). La culpabilización es una forma de queja con carga moral, orientada hacia fuera, hacia un autor identificado de la falta. En comparación con la queja y la culpabilización, la acusación es la manera más desconsiderada y ofensiva de manifestar indignación. La acusación se realiza como un ataque moral y constituye una forma contundente de imputar a una persona, directamente y muy a menudo por medios no verbales, alguna infracción. Se conoce a quien ha cometido la falta, y se le confronta con la experiencia negativa de quien habla y con su supuesta transgresión social o moral (Castor, 2015).
Cuando la interacción es triádica, la queja se vuelve interaccionalmente más compleja. En un marco de participación de este tipo, la distinción entre la persona destinataria y el blanco de una queja es pertinente. Quien habla puede dirigir la queja directamente a la persona destinataria presente, en cuyo caso destinataria y blanco de la queja son la misma persona. Sin embargo, la persona destinataria de una queja no tiene por qué ser su blanco. A diferencia de las quejas directas, en las que se hace a la persona destinataria directamente responsable del descontento de quien habla, las quejas indirectas se caracterizan por el hecho de que la persona considerada culpable o bien no está presente en la interacción o bien, si lo está, no es la destinataria. En las conversaciones triádicas o de múltiples participantes, los terceros presentes a quienes no se dirige la palabra pueden tomar partido e incluso, al compadecerse, afiliarse con quien se queja (Boxer, 1993), lo que de hecho «colectiviza» la queja (Laforest, 2009) y a menudo impide que la persona objeto de la queja se defienda (Heinemann, 2009). Por ejemplo, en terapia de pareja, una persona consultante puede presenciar cómo su cónyuge intenta ganarse a la persona terapeuta y ponerla de su lado, dividiendo así la conversación y construyendo una coalición de queja contra la pareja a la que se deja al margen.
Además del marco relacional y de la distinción asociada entre quejas directas e indirectas, hay que mencionar otras tres dimensiones a lo largo de las cuales pueden distinguirse entre sí las modalidades de queja. Las quejas difieren en su intensidad afectiva, que puede ir desde un desaire frío hasta una acusación encendida. En segundo lugar, las quejas tienen una dimensión evolutiva y pueden transformarse, a menudo en respuesta a las primeras reacciones de la persona destinataria, de una observación aparentemente inocente y neutra en una imputación ofensiva, o de una culpabilización desconsiderada en una crítica atenuada. En tercer lugar, las quejas son también potencialmente amenazantes para la imagen (Goffman, 1955), y su realización puede variar según el grado en que quien habla tiene en cuenta la preservación de la imagen.
El estudio que presentamos forma parte de nuestra investigación en curso sobre la conversación terapéutica en terapia de pareja con participantes que presentan rasgos de trastorno de la personalidad. Centrándonos en los segmentos conversacionales en los que se pidió a la pareja que formulara el problema conyugal que debía resolverse en terapia, se seleccionan y analizan con un detalle empírico minucioso los episodios en los que un cónyuge se queja directa o indirectamente del otro. Sobre el trasfondo de los rasgos estructurales de la queja descritos más arriba, nuestro objetivo principal es distinguir e identificar las prácticas y los «estilos» típicos de queja sobre el cónyuge en terapia de pareja, y ordenarlos en un espectro que recoja las diferencias entre ellos. Tenemos la convicción de que las maneras específicas en que los miembros de la pareja se quejan el uno del otro no solo pueden iluminar su relación conyugal concreta, sino que también pueden estar relacionadas con sus rasgos de personalidad individuales y con sus capacidades para gestionar las relaciones íntimas y regular las emociones.
La premisa de nuestro estudio es que la manera en que se formula una queja hace referencia al cónyuge y recibe su respuesta, lo cual constituye un indicador importante para la persona terapeuta. El éxito de los esfuerzos terapéuticos para alejar la conversación de la pareja del juego de las culpas y alcanzar un modo productivo de trabajar con su problema no solo depende de las actitudes y de las competencias profesionales de terapeutas, sino también de su conocimiento de la fenomenología de la queja en la terapia de pareja. Defendemos además la idea de que quienes ejercen la terapia de pareja y familiar, sea cual sea su escuela terapéutica, pueden mejorar su competencia profesional aumentando su sensibilidad ante las expresiones de culpabilización o acusación de quienes consultan y ante sus respuestas emocionales a acciones morales de este tipo.
Los datos se recogieron en el marco de un proyecto de investigación más amplio denominado «Facing Narcissism» (https://www.helsinki.fi/en/researchgroups/narcissism-face-and-social-interaction/studies). Una de las ramas de este proyecto es un estudio de las conversaciones terapéuticas de parejas en las que un miembro de la pareja presenta rasgos de trastorno narcisista de la personalidad (u otro) (por tanto, la decisión de incluir material en la base de datos se basó en las características clínicas de las personas que interactuaban). El equipo de investigación decidió utilizar material de terapias de pareja realizadas en el Departamento de Terapia Familiar y Psicosomática de la Jagiellonian University Medical College de Cracovia (Polonia), donde las sesiones de terapia de pareja se graban en vídeo de forma sistemática con fines de supervisión y formación. El proyecto obtuvo la aprobación del Comité de Bioética de la Jagiellonian University Medical College, n.º 1072.6120.76.2020. Las personas participantes dieron su consentimiento por escrito para el uso de las grabaciones en vídeo de sus interacciones en la presente investigación.
Las parejas se incorporaron al proyecto en dos fases. En primer lugar, se pidió a terapeutas del departamento que, entre las parejas con las que habían trabajado, emitieran un juicio clínico inicial e identificaran aquellas en las que al menos un miembro de la pareja presentaba síntomas de trastorno de la personalidad. La decisión de incluir a una pareja en el estudio se tomó una vez terminada su terapia de pareja; así, su motivo para iniciar la terapia no guardaba ninguna relación con la decisión de participar en el presente estudio. En la segunda fase, una persona del equipo de investigación (BJ) seleccionó a las parejas que debían evaluarse con más detalle mediante el Shedler-Westen Assessment Procedure (SWAP; Shedler y Westen, 2007) y, después, seleccionó los casos que se incluirían en la base de datos. El criterio de exclusión era la presencia de una psicopatología distinta de los TP (como síntomas psicóticos o trastorno bipolar). Con fines comparativos, decidimos incluir dos parejas sin patología de la personalidad. También se evaluaron con el SWAP para confirmar la ausencia de tales rasgos.
El SWAP es un instrumento de evaluación de la personalidad que cumplimenta la persona profesional que ha trabajado durante algún tiempo con la persona en tratamiento, y no esta última. El resultado de este procedimiento es un perfil de personalidad de la persona evaluada. Es importante señalar que las sesiones de terapia que componen nuestra base de datos se realizaron antes de que terapeutas cumplimentaran el cuestionario SWAP.
Las consultas se llevaron a cabo siguiendo enfoques integrados sistémicos y psicodinámicos. Según estos enfoques, durante las primeras consultas, el objetivo terapéutico es averiguar cómo define cada cónyuge «el problema» y qué esperan de la terapia el marido y la mujer (Stierlin et al., 1980). La definición del problema de la pareja puede dar lugar ya a quejas o reproches durante la consulta, razón por la cual se espera que los miembros de la pareja hablen directamente con la persona terapeuta (y no entre sí), para evitar que surjan sus patrones relacionales disfuncionales (Sprenkle y Blow, 2007).
Nuestra base de datos consta de grabaciones en vídeo de las consultas iniciales de nueve parejas, realizadas por ocho psicoterapeutas diferentes. Los miembros de las parejas manifestaban estilos de personalidad diversos: en siete parejas, al menos un miembro de la pareja presentaba, según la evaluación, rasgos de trastorno de la personalidad, mientras que en dos parejas no se encontraron rasgos de trastorno de la personalidad. El equipo de investigación que participó en el proyecto trabajó con la totalidad de los datos disponibles. Sin embargo, para la presentación de nuestro estudio que sigue, decidimos presentar fragmentos de sesiones de cuatro parejas distintas, realizadas por cuatro psicoterapeutas diferentes. Dos de las parejas presentadas no se caracterizaban por una patología de la personalidad, y en las otras dos, la evaluación atribuyó a los miembros de la pareja rasgos de trastorno límite o narcisista de la personalidad. Las posibles conexiones entre la patología de la personalidad y las prácticas de queja se abordarán en la discusión (sección 6.2).
El análisis de los datos en nuestro proyecto no partió de la evaluación clínica de las parejas, sino que siguió el enfoque ascendente del análisis de la conversación para identificar las distintas prácticas de queja. Consistió en (1) extraer de las nueve sesiones todos los segmentos que contenían fragmentos de queja o de culpabilización (según las definiciones descritas en la sección 1.2); (2) un análisis no motivado de todos los fragmentos de queja; (3) la identificación de prácticas de queja más consideradas y más desconsideradas; y (4) la elección de cuatro parejas que representaran el espectro de las quejas, de la más considerada a la más desconsiderada.
El análisis de la conversación (AC) es una metodología de investigación social para el análisis detallado del habla-en-interacción que se produce de forma natural, grabada en audio o en vídeo y transcrita después con un sistema estandarizado de transliteración ortográfica y marcadores suprasegmentales adicionales (Peräkylä et al., 2008; Sidnell y Stivers, 2013). Los estudios de AC prestan especial atención a la organización secuencial de la interacción social; no obstante, el AC también ha desarrollado métodos para el análisis de las prácticas descriptivas con las que se construyen los turnos individuales, se formulan los objetos o se describen los acontecimientos. Los primeros estudios mostraron cómo las formulaciones de caso extremo (Pomerantz, 1986), las expresiones idiomáticas (Drew y Holt, 1988), las «observaciones negativas» (Schegloff, 1988) o el recurso retórico de la «lítote» (Bergmann, 1992) se emplean para marcar las implicaciones morales de un enunciado.
Los métodos del AC se han utilizado para estudiar muchos tipos de conversaciones en contextos no institucionales e institucionales, entre ellos las conversaciones familiares, las charlas sociales, las entrevistas médicas y la comunicación mediada. Desde hace algunos años, el análisis de la conversación se aplica también al estudio del proceso psicoterapéutico, lo que permite microanalizar sesiones de psicoterapia grabadas (Peräkylä, 2008). Los estudios sobre la interacción psicoterapéutica se han centrado hasta ahora en cuestiones como las formulaciones (Antaki, 2008), las interpretaciones y las respuestas a ellas (Peräkylä, 2011), las preguntas (MacMartin, 2008), la resistencia (Vehviläinen, 2008), la afiliación (Muntigl y Horvath, 2014) y la expresión de las emociones (Leudar et al., 2008). La mayor parte de esta investigación se llevó a cabo en el contexto de la psicoterapia individual, es decir, en el contexto de una interacción diádica. Algunos estudios de AC han abordado la interacción entre múltiples participantes (Lerner, 1996; Fioramonte y Vásquez, 2019), pero los estudios sobre contextos psicoterapéuticos triádicos son escasos. En su revisión exhaustiva de los estudios que utilizan el AC como metodología para el análisis de la terapia familiar, Ong, Barnes y Buus (Ong et al., 2020) encontraron solo 25 estudios, que dan cuenta del interés emergente por la investigación en AC en este ámbito.
El análisis de los datos consistió inicialmente en una exploración no motivada destinada a reconocer prácticas interaccionales en parejas con o sin trastornos de la personalidad. Ello condujo a un trabajo más focalizado sobre fenómenos como el «control de la interacción» (Janusz et al., 2021) y la «desvinculación en la interacción» (Peräkylä et al., 2023). El presente proyecto se centró en las prácticas de queja. Extrajimos de las nueve sesiones los segmentos que contenían quejas (según las definiciones descritas en la sección 1.2) y, a continuación, emprendimos un análisis descriptivo de todos estos fragmentos. Ello permitió identificar prácticas de queja más consideradas y más desconsideradas. Por último, elegimos cinco fragmentos de cuatro parejas que representaban el espectro de las quejas, de la más considerada a la más desconsiderada.
Nuestra impresión general sobre los datos es que las maneras de quejarse difieren de una pareja a otra: cada pareja puede tener sus maneras características de quejarse. A continuación ofrecemos ejemplos de habla de queja de cuatro parejas distintas. El orden secuencial en que se presentan las prácticas de queja se basa en nuestra observación de que estas prácticas pueden ordenarse según el grado en que cada cónyuge tiene en cuenta a su pareja en sus quejas. El análisis comienza con un fragmento de una pareja cuyos miembros se quejan el uno del otro de la manera más prudente. Presentamos después fragmentos de quejas de otras parejas. En estos fragmentos, el grado de desconsideración aumenta, de modo que el último fragmento muestra una pareja cuyos miembros se culpabilizan directamente el uno al otro. Así, la sucesión de los fragmentos en el análisis que sigue documenta que las múltiples prácticas con las que las parejas se critican o se atacan moralmente en terapia de pareja forman un espectro de quejas.
Los fragmentos presentados están en polaco. Teniendo en cuenta el contexto cultural polaco, la forma más esperable de referirse al cónyuge es emplear la expresión «marido/mujer/pareja» o «mi marido/mi mujer/mi pareja». Conviene señalar que en polaco no existen artículos, como los ingleses «the», «a» y «an». A veces, el uso del pronombre «él/ella» por sí solo, en presencia de la persona a la que se refiere la frase, puede indicar la construcción de una distancia relacional. Tampoco es habitual que los miembros de la pareja empleen el nombre de su pareja al describir su comportamiento en el primer encuentro con la persona terapeuta. El uso del nombre del cónyuge en un enunciado puede significar acortar la distancia con la persona terapeuta o no incluirla en absoluto en el contexto de la conversación en curso (como puede verse en la pareja 4).
Durante la conversación con T sobre los problemas familiares, la esposa describió sus dificultades para poner disciplina al hijo menor y dio a entender, de una manera que implicaba una queja, que a su juicio su marido es demasiado permisivo con los niños y le deja a ella la tarea de imponer la disciplina. De manera atenuada, da a entender que en una ocasión pegó a uno de los niños. Describió la situación como una inversión de los papeles parentales de padre y madre y mencionó sus dificultades con esta inversión de papeles y sus propios comportamientos problemáticos. Después de que la esposa describiera el problema desde su perspectiva, T se dirigió al marido (H) y le pidió que expusiera su punto de vista. En su elaborada respuesta, H da su visión de la situación, que implica una (contra)queja sobre su esposa:
H empieza su relato del problema conyugal corrigiendo la descripción previa de su esposa (W) sobre sus dificultades para poner disciplina al hijo menor, señalando que la cuestión no es la «firmeza» de W, sino el hecho de que la firmeza se convierte a veces en rechazo. El «rechazo» de un hijo se entiende como un comportamiento parental inadecuado, lo que hace que el relato de H pueda oírse como una queja sobre el comportamiento de su esposa. Sin embargo, H produce el relato de una manera prudente y considerada. Dota el relato de marcadores de incertidumbre (línea 7: «quizá no es» y línea 11: «una especie de»), realiza una autorreparación (línea 08: «porque yo- porque yo») y atenúa el relato señalando que los comportamientos problemáticos de su esposa son poco frecuentes (línea 11). Además, muestra deferencia hacia el relato previo que su esposa hizo de la situación manifestando su acuerdo con él (líneas 10-11: «como dijo esposa ocurre muy raramente»).
Tras haber caracterizado el comportamiento problemático de su esposa, H pasa a describir la situación desde su propia perspectiva, describiendo su propia manera de afrontarla. Empieza afirmando su propia impotencia, su dolor y la confusión del niño:
Esta descripción de la impotencia amplía e intensifica la queja de H. La descripción implica claramente que la manera en que W «rechaza» al niño le causa confusión y sufrimiento; sin embargo, H no menciona (en este punto) el comportamiento de su esposa y se centra en cambio en su propio sufrimiento y en el del niño.
Tras el continuador (línea 17) de T, H desarrolla la descripción de su impotencia para encontrar la manera adecuada de responder al llanto del niño. Presenta dos maneras alternativas de actuar que le parecen ambas erróneas: abrazar al niño (mostrándose así como el progenitor «cariñoso») o apartarlo (transcripción no incluida). El desarrollo se centra únicamente en el niño y en el propio marido; sin embargo, el relato implica que el niño llora a causa de los conflictos con la esposa.
En respuesta a la descripción que H hace de su impotencia, T ofrece una formulación (líneas 23 y 25) que mantiene el foco temático en el propio comportamiento de H (y no en las acciones de W):
En cuanto T formula el interés de H por apoyar a su esposa, H confirma la formulación de T en solapamiento (líneas 26 y 27). La confirmación temprana y enfática de H también previene que su descripción anterior se entienda ante todo como una queja sobre su esposa, y que su sentimiento o su motivación se entiendan como los de alguien que se queja.
Sin embargo, tras subrayar su disposición a ponerse del lado de su esposa, H prosigue su respuesta y vuelve a hablar del comportamiento de ella que da motivo de queja (véase el fragmento 1e más abajo). Al revelar que no acepta los golpes (línea 28), sitúa indirectamente en el foco temático el hecho de que W pegaba al niño. Sin embargo, presenta el rechazo de los golpes como una decisión o una norma común de la pareja (líneas 28, 29, 32-34). Con ello incluye, por así decirlo, a su esposa en un «equipo» que está en contra del comportamiento criticable de W. Así, H protege el yo de su esposa en una situación en la que está hablando de episodios en los que ella efectivamente pegó al niño. Curiosamente, en el enunciado en el que H incluye por segunda vez a su esposa en el colectivo contrario a los golpes, realiza una autorreparación de la primera persona del singular a la primera persona del plural (líneas 32-33: «y adopté un principio (.) que: (1.0) decidimos juntos»); la autorreparación indica la vacilación de H al hablar del asunto.
Tras haber descrito el principio de la pareja de no pegar a los niños, H pasa a describir más concretamente su reacción ante los golpes (líneas 34-38). El relato se centra principalmente en sus propios sentimientos y acciones y en la manera en que los niños ven su reacción. Aquello ante lo que reacciona se describe en términos muy indexicales, como «eso» (línea 35) y «esos comportamientos» (líneas 37-8). Al elegir estos términos indirectos, H parece evitar las referencias al comportamiento problemático de su esposa (es decir, los golpes). Por otra parte, al describir su enfado cuando ve «esos comportamientos», H se presenta como una persona moral que reacciona ante las faltas y quiere proteger a los niños.
Tras una breve secuencia de reparación, H prosigue su relato, centrándose ahora en la percepción que tienen los niños de las escenas familiares problemáticas (líneas 43-48). Mientras H intenta captar lo que ve el hijo menor (línea 48), su esposa interviene con una confirmación reformulada: «registra. sí» (línea 49). Al ofrecer su reformulación confirmatoria, W acepta la descripción que hace su marido de la escena familiar problemática y participa en ella. Con ello, se trata a sí misma y a su marido como pertenecientes a la misma unidad social y experiencial. Al hacerlo, W ratifica en ese momento el relato de su marido y admite implícitamente que su comportamiento puede ser problemático.
H confirma la reformulación de su esposa, «registra» (línea 50), y prosigue explicando lo que vio el niño (líneas 51-52). Al describir la percepción del niño, que «papá no está contento de que mamá pegó», H transmite finalmente una queja de lo más grave, profundamente amenazante para el yo de su esposa. La descripción «mamá pegó» se produce de una manera particularmente considerada. No solo se ve retrasada por repeticiones en serie de «que» y de «mamá» (línea 51), sino que, sintácticamente, la proposición «mamá pegó» está encajada en varias otras proposiciones: «el pequeño (...) registra» (líneas 47, 50), «que papá no está contento» (línea 50) y «de que mamá pegó» (línea 51). Es notable que la descripción más «dañina» vaya seguida de un silencio (línea 54). Al continuar su enunciado (línea 52), H reflexiona sobre las percepciones del niño, alejándose así temáticamente de los comportamientos reales de su esposa. Mediante este desplazamiento temático en la continuación de su enunciado, y mediante el encajamiento de su afirmación sobre el comportamiento de su esposa, H suaviza y minimiza el mensaje «mamá pegó».
Cuando H ha terminado su relato, T toma el turno y pide a W que comente lo que su marido acaba de decir (línea 54).
Aunque la pregunta de T se dirige gramaticalmente de forma clara a W (línea 54), H se adelanta a la respuesta de W repitiendo y reconfirmando su «defensa» anterior de su esposa. Minimiza el número de episodios críticos («solo unas pocas veces») y subraya que su esposa nunca estaba «pegando a los niños con un cinturón a diario». La esposa responde a esta observación con una partícula de risa (línea 62), que produce mientras está a punto de llorar. Por último (líneas 63-64), H da una estimación de la frecuencia de los comportamientos objeto de la queja. Con su turno (a partir de la línea 57), ha creado un contexto en el que «cinco veces, seis veces» se ofrece como una cifra baja, no alta.
En resumen, en el fragmento 1, después de que W se quejara con prudencia del reparto problemático de los papeles parentales en la familia, H empezó a describir el comportamiento de rechazo de su esposa hacia sus hijos. Aunque el contenido de su crítica es grave («pegar al niño»), transmitió su queja de una manera considerada, vacilando, utilizando descripciones atenuadas y referencias indirectas, y minimizando la cantidad y la gravedad de las acciones problemáticas de su esposa. Evitó las descripciones directas de la falta de su esposa y se centró en cambio en sus propias reacciones dolorosas y en las percepciones de los niños. Pese a todas sus quejas sobre el comportamiento de su esposa, H mostró afiliación con ella. Durante la queja hubo momentos en los que quien se quejaba (H) y la persona objeto de la queja (W) mostraron de distintas maneras su unión y se presentaron como un equipo o una sola unidad social.
La pareja siguiente, en la que la esposa se queja del comportamiento inaceptable de su marido, se parece bastante a la pareja 1, en la medida en que la actividad de quejarse implica un equilibrio entre, por una parte, las manifestaciones de descontento por la falta del cónyuge y, por otra, los elementos atenuadores que mantienen la solidaridad. La balanza se inclina algo más hacia la atenuación y la solidaridad en el fragmento 1 que en el fragmento 2, pero en ambos casos están presentes tanto el descontento como la solidaridad. La transcripción procede de la parte de la consulta en la que T explora el problema de la pareja. H había empezado a hablar propiamente de los problemas describiendo las quejas de su esposa sobre su reticencia a hablar con ella, así como sobre los llamados «días de silencio» (una rutina de la pareja que consiste en no hablarse durante muchos días). Justo antes del segmento que se presenta a continuación, T sugirió que había llegado el momento de que W describiera las cuestiones conyugales problemáticas. Acto seguido, T preguntó directamente a W:
Tras algunas vacilaciones (línea 2) y una pausa de 2 s, W formula de manera decidida e indudable el problema de su matrimonio:
Con su formulación «en nuestro matrimonio (...) hay un solo problema», W marca la centralidad y la omnipresencia del problema e indica que está a punto de llegar algo esencial. Cuando prosigue y formula el problema conyugal desde su perspectiva, recurre a un enunciado declarativo al decir: «estoy sola todo el tiempo estando juntos» (línea 05). En este enunciado, su marido solo se menciona indirectamente, como alguien que forma parte del estar juntos en el que la esposa se siente sola.
El carácter completo de esta formulación no solo está marcado por una entonación descendente y por la señal de confirmación de T que sigue, sino también por la mirada que W dirige a continuación a su marido. Mirar a su marido muestra que la formulación del problema por parte de W no se dirige solo a T, sino que su turno se dirige también a su marido, sentado a su lado. Al dirigir la mirada a su marido, transforma su enunciado de una simple afirmación proposicional en un mensaje relacional. W formula el problema central de su matrimonio. El desarrollo posterior de su queja (líneas 08-19) aporta entonces la justificación de su formulación firme y decidida del problema central del matrimonio y de su sufrimiento.
W empieza a desarrollar el comportamiento problemático de su marido (líneas 08-13) describiendo la historia de su matrimonio. En su desarrollo utiliza ciertos recursos descriptivos (línea 09), como la observación negativa (Schegloff, 1988) «no me hablaba de ciertos temas» y la formulación de caso extremo «en absoluto» (Pomerantz, 1986). Su relato desemboca en una descripción de las consecuencias graduales que genera el comportamiento de su marido: una acumulación de tensiones (líneas 14-15) que conduce a una explosión final (línea 19). La expresión enfatizada «había una explosión» transmite, junto con su ilustración gestual, la intensidad de los problemas en el matrimonio. Pese a la descripción dramática del problema conyugal central, sorprende que se formule de manera impersonal, sin agente (Puede observarse aquí un paralelismo interesante con el fragmento 1, ya que allí —véase el fragmento 1a, líneas 9-11— el marido hablaba de «firmeza» y de «rechazo» sin atribuirlos explícitamente a la esposa.). Con su expresión «había una explosión», W presenta el suceso como una especie de reacción química en el matrimonio, evitando así identificar a la persona que explotaba. T retoma este relato sin agente y pregunta a W (línea 20) quién era el agente de la explosión: ¿ella o su marido? Parece que T no acepta el modo prudente de queja sin agente de W e insiste en obtener una imagen más clara del suceso.
La pregunta de T, que hace pasar el formato del habla de impersonal a interpersonal, no detiene de inmediato la manera de hablar sin agente de W. En su relato, W establece un contraste entre su necesidad plausible y «normal» de hablar con su cónyuge y la respuesta evidentemente extraña de su marido, que se marcha de casa. Las estructuras de contraste se utilizan típicamente en la interacción verbal para presentar el comportamiento de alguien como anormal o, al menos, inadecuado (Smith, 1978). En la descripción de W se construye un contraste entre su deseo, es decir, su propio mundo interior, y el comportamiento observable de H, del que se aporta un detalle concreto («cogía el abrigo»), que sirve como validación «empírica» de su versión.
Tras la señal mínima de confirmación de T (línea 26), W indica que el problema conyugal que estaba describiendo se produjo en un periodo concreto de su vida, tras el cual hubo un punto de inflexión: «así fue hasta que» (línea 27). El acontecimiento que marcó el punto de inflexión fue la entrada de la pareja en la iglesia doméstica, que trajo consigo la obligación de comunicarse. Sin embargo, esta obligación solo resolvió en parte el problema principal de la pareja. En la continuación de su intervención (líneas 31-38), W formula una nueva queja sobre su marido, que trataba estas conversaciones de pareja como una pura obligación (línea 32), algo que simplemente había que hacer (línea 38). Además, W vuelve a utilizar el formato de contraste para marcar la diferencia entre la actitud de su marido y su propia experiencia: «me ayuda», «lo quiero» (línea 38).
Al responder a la pregunta de T, W cita a su marido, diciendo lo difícil que le resulta hablar (líneas 43-47). En su respuesta, el carácter del relato de W cambia, se vuelve menos crítico y se desplaza hacia una comprensión de los motivos del comportamiento de su marido que, unos turnos antes, era objeto de su queja.
T cuestiona medio en broma la perspectiva moral de W al preguntar por el motivo de la obligación de H de hablar con ella (línea 48). En su respuesta, W se echa a reír y contesta «por mí» (línea 50), dándose cuenta posiblemente de la naturaleza paradójica de su queja. H se une a la risa de su esposa, lo que muestra su afiliación emocional con ella en ese momento.
En resumen, en el fragmento 2, ante la invitación de T a describir los problemas de la pareja, W formuló una queja sobre los comportamientos problemáticos de larga data de su marido. Su queja incluía inicialmente una descripción de su sufrimiento; sin embargo, en la continuación de su relato, describió con cierto detalle las maneras inaceptables de su marido, que se han mantenido a lo largo del matrimonio. Tras la descripción explícita de la falta de su marido, W, en respuesta a la pregunta de T, mostró comprensión por la motivación de H. Con ello, la queja de W evolucionó en una dirección más considerada. Además, aunque la secuencia de queja de W implica asuntos serios, terminó en una atmósfera afectiva positiva, con la risa de W y la sonrisa simultánea de H, lo que protege la imagen de H.
Mientras que en los fragmentos 1 y 2 hay momentos en los que la pareja manifestó su unión y actuó como una sola unidad social, ese sentido de solidaridad y de cohesión falta prácticamente en el caso siguiente. Hay signos de afiliación, ciertamente, pero son escasos, solo los muestra la esposa y están repartidos de forma desigual. La profunda división entre los cónyuges se hace visible, en particular, cuando el marido remata su crítica a su esposa no limitándose a quejarse de su comportamiento, sino en forma de culpabilización caracterológica (Janoff-Bulman, 1979).
A continuación se analizarán dos segmentos que incluyen dos quejas, una de W y otra posterior de H. Al comienzo de la sesión, T intenta obtener del marido, reticente, los motivos por los que acuden a terapia. Aprovechando la ocasión de responder, la esposa empieza a formular una lista de problemas, aunque de manera algo vaga y poco concluyente, como «problemas de comunicación», «tensión en casa» y «preocupación por el bienestar de su hijo»; revela también sus propias dificultades, como «insomnio», «problemas de estómago» y «agotamiento». A continuación, T pide a W que precise su descripción y le pregunta: «Bueno, en este momento, ¿cuál es su hipótesis? ¿Es-»
En su respuesta a la pregunta de T, W empieza a describir lo que considera el comportamiento problemático de su marido. No lo hace de manera directa, sino que se aproxima a la formulación de su problema de forma gradual y con diversos marcadores de prudencia, como vacilaciones, pausas, matizaciones («diría yo») y un elemento léxico («enérgico») cuyo significado es ambivalente: puede ser una valoración positiva de H, pero también puede oírse como una expresión eufemística de un hábito reprobado, por ejemplo la agresividad (líneas 08-09). En la continuación de su descripción, utiliza una observación negativa («no sabe controlar») para describir la falta de autocontrol de su marido. Matiza y atenúa su relato con dos añadidos: con su observación de que su marido «no siempre» se controla, da a entender que a veces sí se controla; y limita su falta de autocontrol a las palabras y los gestos (líneas 10-12). T retoma de inmediato la última formulación de W y le pide que detalle su formulación condensada.
Ante la pregunta de T, W empieza a precisar la descripción del comportamiento de su marido.
De nuevo (líneas 14-15), W utiliza atenuantes («significa, bueno»), matizaciones («muy a menudo»), vacilaciones («yy yy»), la figura retórica de la lítote («desagradables») y otros marcadores de cortesía mediante los cuales se atenúan sus caracterizaciones críticas de la manera de actuar de su marido («se enfada», «agresivas hirientes»). Pese a su queja, actúa con consideración y parece proteger a su marido atenuando la gravedad de su comportamiento.
En la conversación que sigue, T deja de lado el relato de W sobre el comportamiento de su marido y dirige en cambio la atención de W hacia su percepción de la manera de actuar de su marido:
En la pregunta de T, el origen de los problemas conyugales se sitúa o bien en la esposa («hipersensible») o bien en el marido («excesivamente agresivo»). La confirmación de W es ambivalente: no toma partido y, por tanto, elude la respuesta; T formula explícitamente la indecisión de W en su respuesta (línea 21). Cuando W continúa su relato (líneas 22-26), describe su propia irritación y sus pensamientos ansiosos (y no el comportamiento de su marido) e invoca el punto de vista de su marido (línea 24: «marido puede confirmarlo»). Describe también que se tortura con la idea de que ella misma podría ser el origen del problema. En suma, aunque las quejas de W sobre su marido son graves y superan claramente una disputa conyugal normal, ella lo protege y muestra consideración hacia él en varios aspectos. Evita las expresiones hirientes y utiliza formulaciones eufemísticas para describir sus comportamientos, manifiesta dudas sobre sí misma y plantea la posibilidad de que ella misma pueda tener parte de la culpa del problema de la pareja.
Cuando W ha terminado su relato, T se dirige a H y le invita a comentar la declaración de su esposa (transcripción no incluida). H empieza su respuesta (fragmento 4a, línea 10) declarando que estaba preparado para que surgiera esta cuestión y que esperaba, ya antes de la sesión, que este conflicto conyugal se convirtiera en un tema de la terapia («cuando vengamos aquí habrá seguro habrá sobre esto conversación»). A continuación, pasa a los puntos que T ha planteado (líneas 13-16):
H describe a su esposa como alguien incapaz de afrontar las situaciones de conflicto o que no está dispuesta a hacerlo (línea 14); además, la caracteriza como una persona poco abierta que se prohíbe expresar sus emociones. Se presenta a sí mismo, en contraste con su esposa, como una persona extravertida que no reprime sus sentimientos y que actúa de manera expresiva y viva (líneas 18-19):
H sostiene que su comportamiento puede verse y entenderse con toda evidencia («se ve») como la manifestación externa de un «tormento» interior, pero que a su esposa no le interesa ese trasfondo y que no comprende en absoluto el motivo de su manera agitada de actuar. Al contrario, se queja, con la fuente probatoria de una semicita (líneas 22-23), de que ella le acusa de maltratarla, utilizando el formato de pregunta «por qué has…» como recurso típico para construir un reproche (Günther, 1996).
Aunque H admite que su comportamiento es una posible causa de los problemas conyugales, no se presenta como el responsable. En cambio, rechaza las expectativas —atribuidas implícitamente a su esposa— de mantener la calma y controlar su conducta, que describe de manera irónico-sarcástica mediante una exageración irreal («ponerme a rezar») y una formulación vulgar de la obediencia a la orden de guardar silencio («callarme la boca»). En ese momento, cuando H todavía está hablando con T, W toma el turno y se dirige directamente a su marido:
W está en firme desacuerdo con su marido y le pide que formule su crítica con más precisión y de manera respetuosa (línea 32: «sin herir»). Sin embargo, H prosigue en su línea irónico-sarcástica («ir a correr») y se echa la culpa a sí mismo en tono burlón (líneas 34-35).
En suma, en los fragmentos 3 y 4 pueden observarse dos quejas interrelacionadas. W se quejó primero de los comportamientos irritables y agresivos de su marido, tras lo cual H se quejó de la incapacidad o la falta de disposición de su esposa para comprender y tolerar sus emociones. Las quejas de los cónyuges se realizaron de maneras muy distintas. W describió el comportamiento de su marido de manera resuelta pero considerada, expresó dudas sobre su propia percepción e incluso se mostró abierta a culparse a sí misma. Manifestó afiliación con su marido y trató a la pareja como una unidad social cuyo mal funcionamiento puede repararse. Por el contrario, H adoptó una postura de confrontación total hacia su esposa. Tomó la propuesta de su esposa de interactuar de manera más amable como una restricción de su libertad de expresión. Además, acusó a su esposa de ser incapaz —o de no estar dispuesta— de ver su calvario interior. Desde su punto de vista, los problemas conyugales de la pareja eran ante todo problemas de su esposa. Otra diferencia destacada entre las prácticas de queja de los cónyuges es que W se quejaba del comportamiento de su marido, mientras que las quejas de H se dirigían a la personalidad y al carácter de su esposa.
Mientras que los fragmentos 3 y 4 se caracterizaban por la hostilidad unidireccional de H hacia su esposa, en el caso siguiente ambos cónyuges expresan sus acusaciones de manera directa y agresiva. La intensidad de su hostilidad mutua se manifiesta en el hecho de que dejan de hablar con T y se dirigen directamente el uno al otro con reproches repetidos. La culpabilización y la negación mutuas parecen surgir con notable rapidez por parte de ambos miembros de la pareja. A continuación se ofrece un ejemplo ilustrativo de este proceso. Justo antes del segmento siguiente, H se había presentado como implicado en los asuntos familiares.
W, en firme desacuerdo con la afirmación de su marido, se vuelve directamente hacia él y le dice: «ahora mientes». Después, empieza a describir su comportamiento en tercera persona (líneas 01-03). El destinatario de esta parte del enunciado es T, y W subraya este cambio de dirección estableciendo un breve contacto visual con él; poco después vuelve a dirigir la mirada a su marido, manteniendo en su enunciado la descripción en tercera persona. Así se entiende por qué el turno siguiente lo toma el marido (línea 05) y no T. En este punto de la conversación comienza una serie de turnos solapados durante la cual los cónyuges adoptan posiciones extremadamente opuestas; su intercambio es un ejemplo extremo de postura antagónica (Dersley y Wootton, 2000). Los cónyuges recurren a repeticiones —«así fue» y «esto es mentira»— con creciente vehemencia para hacer más claras y más contundentes sus opiniones. Estas acusaciones mutuas se formulan en la forma léxica de oraciones indicativas inequívocas (líneas 06-09), tras lo cual W, sin interferencia directa de su marido, prosigue con otro argumento sobre la falta de implicación de su marido en los asuntos familiares (línea 10). H rebate de nuevo esta afirmación unos turnos más tarde (transcripción no incluida).
Un intercambio de este tipo continúa hasta que T lo interrumpe con una pregunta: «¿qué están haciendo ahora mismo? ¿Intentan llegar a un acuerdo?» (transcripción no incluida). Cabría pensar que llevar la conversación a un metanivel (empezar a comunicar sobre la comunicación) podría detener la culpabilización mutua, pero la conversación toma otro rumbo. La pregunta terapéutica desencadena un intercambio que puede considerarse una producción de argumentos en el metanivel de la comunicación, como se presenta a continuación.
En esta parte de la conversación, los cónyuges discuten sobre cuál es el propósito de la conversación que están manteniendo. Ambos reconocen que su conversación es una especie de representación ante T, durante la cual cada cual intenta mostrar un aspecto distinto de cómo funcionan como personas y como relación. W acusa a su marido de intentar presentarse como el desgraciado y como la mayor víctima (líneas 35, 37 y 41), mientras que H señala que su esposa basa sus argumentos en acontecimientos del pasado lejano de su relación (líneas 32, 34, 36, 39-40, 42). La pregunta de T, que en principio debía interrumpir la secuencia de acusaciones mutuas, detener a la pareja y hacerle reflexionar sobre lo que está ocurriendo en ese momento de la sesión de terapia, se convirtió de hecho en el desencadenante de otro intercambio de acusaciones, que culmina finalmente con una larga intervención de H (a partir de la línea 42). Esta larga intervención (que se extiende hasta la línea 68; a continuación solo se incluyen fragmentos) contiene muchos elementos acusatorios.
H subraya con especial énfasis (estableciendo contacto visual con T, pronunciando más alto la palabra «totalmente», utilizando las manos de manera enfática) las diferencias entre los cónyuges en cuanto a «recordar» o «no recordar» las situaciones pasadas (línea 44). En primer lugar, se presenta como alguien que no presta atención a las faltas sufridas en el pasado. Lo hace ofreciendo un relato indiscutible de su incapacidad para recordar las cosas malas: «así me hizo la naturaleza de algún modo» (línea 46). A continuación, produce una oración en voz pasiva, como si no tuviera ningún control sobre su mente (línea 47). Recurre también a formulaciones extremas, al afirmar que él mismo «se habría vuelto loco hace tiempo» si hiciera lo mismo que su esposa (línea 50). Después prosigue con la presentación de las cualidades de su esposa (línea 51), retratándola como desdichada o sufriente y expresándole su compasión (línea 52). La actividad no verbal de la esposa (apretar los labios, apartar la mirada y taparse la cara con la palma de la mano) sugiere que no lo recibe como un signo de afiliación o de apoyo. Las líneas 51 y 52 podrían leerse como un intento de afiliación fingida hecho con ironía. Después, H utiliza otra formulación de caso extremo («en realidad mi mujer solo recuerda las cosas malas»), que de nuevo sirve para contrastar sus maneras de «recordar las cosas» y legitimar la queja.
En suma, el fragmento 5 es el caso más desconsiderado de hostilidad conyugal no atenuada y de queja mutua antagónica. Los cónyuges no hablan de sí mismos; en cambio, se centran en las faltas de la otra persona. Además, como no ceden, sino que se aferran a sus posiciones y a sus versiones de los acontecimientos pasados, su conversación muestra que su comunicación conyugal está bloqueada. El objeto de sus quejas no es un acto o un acontecimiento aislado, sino que abarca a la persona entera de la otra parte y se convierte así en una culpabilización caracterológica («somos totalmente distintos»). Además, al defenderse, quienes se quejan de forma agresiva adoptan una metaperspectiva y recurren a la ironía y al sarcasmo, rebajando así a la persona objeto de la queja.
En nuestra exploración de las secuencias de queja en primeras consultas de terapia de pareja, observamos una gran variedad de maneras y modalidades de queja. Sin embargo, esta variedad de prácticas de queja, presente en todas las parejas y en cada cónyuge, no es en absoluto caótica ni fortuita. Las quejas pueden ordenarse según diversos componentes, pero dada la constelación triádica de nuestro objeto de estudio, la dimensión más pertinente para ordenar las quejas es el grado de consideración que mostraban las parejas al hablar de los conflictos conyugales y de los comportamientos problemáticos de su cónyuge.
A partir de un conjunto de modalidades y de pautas, las distintas prácticas de queja pueden situarse en un espectro en uno de cuyos extremos se encuentra lo que llamaremos la «queja considerada», mientras que en el otro extremo está la queja ofensiva o «queja desconsiderada». La pareja que se mostró en el fragmento 1 se caracterizaba por la manera de quejarse más prudente, mientras que las prácticas de queja de la pareja del fragmento 5 eran las más ofensivas y menos atenuadas. El fragmento 2 se acercaba al fragmento 1, aunque sin ser tan prudente, mientras que los fragmentos 3 y 4, caracterizados por una asimetría de la hostilidad entre los cónyuges, se inclinaban hacia el fragmento 5. En conjunto, las distintas secuencias de queja pueden ordenarse como un espectro de quejas.
A partir de nuestro análisis empírico, pueden distinguirse tres componentes mediante los cuales las quejas pueden construirse como más o menos consideradas o, respectivamente, desconsideradas: el objeto, la modalidad y la (des)afiliación.
La manera en que una queja hace referencia a su objeto puede variar considerablemente: cuando la queja se formula con consideración, su objeto —la supuesta infracción— suele quedar implícito y solo se alude a él mediante paráfrasis, alusiones o eufemismos («enérgico»); en cambio, el objeto se identifica y se nombra explícitamente cuando quien se queja no muestra consideración por la persona objeto de la queja («mientes»). Además, una queja considerada suele limitarse a la conducta específica de la persona objeto de la queja, mientras que una queja desconsiderada se centra en la persona entera y en su carácter. Por otra parte, la queja prudente se formula muy a menudo centrándose en el sufrimiento del propio yo de quien se queja, mientras que quien se queja sin miramientos se centra sobre todo en la persona objeto de la queja y en su falta.
La modalidad remite a las maneras y formas específicas en que se comunica una queja. En general, puede observarse que quienes se quejan con miramiento se orientan hacia la solución y tienen presente la integridad de la pareja, a diferencia de quienes se quejan sin contemplaciones, que se orientan hacia la culpa en todas sus acciones y se preocupan menos de preservar la pareja. Puede observarse además que, en la modalidad ofensiva, quienes se quejan cambian a menudo de modalidad y recurren a la ironía o al sarcasmo, mientras que quienes se quejan con consideración no cambian de modalidad y se mantienen en el registro serio de un habla objetiva. Además, las quejas consideradas sobre el cónyuge suelen dirigirse a la persona terapeuta, mientras que quienes se quejan de forma ofensiva tienden a dirigirse directamente al blanco de sus quejas (En este caso, la queja puede adquirir el carácter de un ataque acusatorio).
La posición de una queja en el espectro de las quejas viene determinada además por la afiliación o la desafiliación de quien se queja con el cónyuge como blanco de la queja. Cuando quien se queja actúa con consideración, reconoce la vulnerabilidad del cónyuge y actúa con prudencia para proteger su autoimagen. La queja considerada implica también que quien se queja manifiesta un compromiso continuado con la pareja como unidad social y muestra interés por encontrar un terreno común. En cambio, hablamos de queja desconsiderada cuando quien se queja desdeña la vulnerabilidad y la autoimagen de la otra persona y, evidentemente, no le importa mucho la relación conyugal.
El cuadro siguiente (véase la tabla 1) puede ofrecer una sinopsis de la dicotomía multidimensional de patrones de actividad entre cuyos polos se extiende el espectro de las quejas.
Tabla 1 — El espectro de las quejas.
Los rasgos situados en los extremos respectivos del espectro están lógicamente relacionados entre sí y, de hecho, a menudo aparecen juntos, formando una especie de «patrón de queja» considerado o desconsiderado. Sin embargo, no siempre tiene por qué ser así. Los componentes no están invariablemente ligados entre sí y pueden aparecer en diversas combinaciones. Por ejemplo, puede observarse que, al formular una queja, la modalidad considerada y la ofensiva pueden alternarse, de modo que una culpabilización vaya seguida de una muestra de comprensión o que una acusación se suavice con una explicación posterior.
Una contribución clave de nuestro estudio es haber ordenado las prácticas de queja a lo largo de un espectro según su grado de consideración. Hasta ahora, la investigación en AC sobre la queja se había centrado principalmente en prácticas concretas que constituyen los enunciados como quejas (como las formulaciones de caso extremo, las observaciones negativas o las formulaciones en lítote). El espectro de las quejas que hemos mostrado en este artículo completa los resultados de investigaciones anteriores con una visión más global de la queja en un contexto determinado. Sin embargo, es importante tener presente que nuestros resultados proceden de un marco triádico y que pueden no aplicarse a otros tipos de contextos. No obstante, a partir de nuestras observaciones, surge la pregunta de si otras actividades sociales son graduables. Hasta ahora, la investigación en análisis de la conversación no se ha ocupado de esta cuestión. Varios estudios han introducido esquemas conceptuales contrastivos para la descripción de fenómenos interaccionales específicos, por ejemplo la oposición entre corrección incrustada y corrección expuesta (Jefferson, 1987) o la distinción entre ofrecer y pedir ayuda (Kendrick y Drew, 2016). Creemos que el concepto de «espectro» que hemos introducido permitiría una visión más matizada de diversos fenómenos interaccionales y ofrecería una imagen más realista del mundo social.
Otra implicación de nuestro estudio atañe al concepto de «imagen» (face). Quejarse de un cónyuge presente es lo que Goffman (1955) denominó un acto amenazante para la imagen. Es evidente que, al sacar a relucir aspectos criticables en los comportamientos o en el carácter del cónyuge, quien se queja pone en peligro la imagen del cónyuge. Pero también está en juego la propia imagen de quien se queja. Quejarse de otras personas presentes se considera en general algo que debe evitarse y, potencialmente, un indicio de un problema en el propio carácter de quien se queja. El contexto específico de la terapia de pareja plantea la cuestión de cómo las prácticas de «trabajo de imagen» que una pareja ha desarrollado y practicado a lo largo del tiempo en la intimidad de su vida en común se reproducen o se modifican en presencia de una tercera persona que observa.
Goffman analiza cómo se atenúan en la interacción las amenazas potenciales o reales a la imagen. Los temas o las acciones que amenazan la imagen pueden evitarse o, si se producen, pueden volverse ambiguos, mezclarse con muestras de respeto o suavizarse de otras maneras (Goffman, 1955, p. 217–219; Brown y Levinson, 1987). Este tipo de suavización es típico de la queja considerada, mientras que la queja desconsiderada se acerca a lo que Goffman denominó el uso agresivo del trabajo de imagen. En terapia de pareja, cada cónyuge tiene que decidir si respeta la reciprocidad de la preocupación de cada participante por la imagen de la otra persona (lo cual es típico de la mayor parte de la interacción ordinaria) o si se apunta tantos para su propia imagen a costa de la imagen de su cónyuge. La manera en que se comportan los miembros de la pareja en esta situación depende probablemente en no poca medida de lo consideradas o desconsideradas que perciban las acciones de la otra persona. El «trabajo de imagen» en terapia de pareja es, por tanto, una constelación de doble contingencia que es preciso tener en cuenta.
Al explorar nuestra base de datos de nueve consultas iniciales de terapia de pareja, observamos que, además de las diferencias entre modalidades y prácticas de queja específicas, existen también diferencias entre individuos y entre parejas. Algunas personas tienden a quejarse de ciertas maneras y otras de otras, y lo mismo ocurre con las parejas: algunas son propensas a la queja considerada y otras optan sistemáticamente por quejarse de manera ofensiva. A lo largo de los años de vida conyugal y de una historia compartida de controversias y disputas, las parejas cultivan evidentemente una cierta rutina o un hábito de queja que practican de manera bastante constante y que no pueden abandonar fácilmente en el contexto psicoterapéutico.
Una posibilidad es que el hábito de queja de una pareja pueda tener su raíz en la personalidad de cada cónyuge. Esta hipótesis se ve respaldada por los resultados del procedimiento de evaluación de Shedler-Westen (Shedler y Westen, 2007) al que se sometió a las personas participantes en el estudio. En nuestra pequeña base de datos, las maneras ofensivas de quejarse se asociaban a una patología de la personalidad —trastorno narcisista o trastorno límite de la personalidad—, mientras que el tipo de queja considerada se asociaba a la ausencia de dicha patología. En los datos presentados más arriba, se diagnosticó que las parejas de los fragmentos 1 y 2 no presentaban patología de la personalidad, mientras que las otras dos parejas sí la presentaban: en los fragmentos 3 y 4, se evaluó que el marido tenía rasgos narcisistas de personalidad marcados y, en el fragmento 5, ambos cónyuges puntuaron alto en rasgos de personalidad trastornados: narcisistas (el marido) y límites (la esposa). Debemos subrayar, no obstante, que nuestros datos limitados no aportan pruebas de una relación unívoca entre la personalidad y las maneras de quejarse. Desde la clínica, cabría esperar más bien que la ausencia de patología de la personalidad pueda asociarse a una flexibilidad de quien se queja para moverse entre distintos grados de consideración, mientras que la patología de la personalidad podría asociarse a una manera de quejarse más rígida.
La idea de reflexionar sobre cómo la patología de la personalidad puede relacionarse con el conflicto o la discordia en las parejas conyugales no es nueva, y existe un conjunto de investigaciones sobre esta cuestión (p. ej., Chen et al., 2004; South et al., 2008; Bouchard et al., 2009; de Montigny-Malenfant et al., 2013). En nuestro estudio adoptamos un ángulo distinto, al poner de relieve los aspectos del funcionamiento de la personalidad de las personas en tratamiento que parecen cruciales desde la perspectiva de la práctica conversacional de la culpabilización y la queja. Nuestra investigación muestra que aspectos como la capacidad de mentalizar, la capacidad de regular las emociones, de hacer atribuciones adecuadas y de percibir la causalidad, así como la gestión de la amenaza para el yo y la necesidad de defenderse, se manifiestan en las prácticas de queja.
La mentalización remite a la capacidad de comprender las creencias, los sentimientos y las motivaciones de la otra persona, y se postula que está comprometida en las personas con TP (Fonagy y Luyten, 2009). En terapia de pareja, puede expresarse en la capacidad de adoptar la perspectiva del cónyuge, de darle la razón en un punto y de gestionar el conflicto en consecuencia. Esta capacidad era mucho más evidente en los casos de queja considerada de nuestros datos.
La capacidad de mentalizar está estrechamente relacionada con la capacidad de regular de manera adaptativa los estados emocionales (Schwarzer et al., 2021), otro constructo de relevancia clínica que desempeña un papel central en los TP. Las personas con desregulación emocional tienen dificultades para modular, evaluar y expresar las respuestas emocionales en cuanto a su intensidad, su mantenimiento y su final (Gross, 2014). Existen varias estrategias de regulación emocional, de distinto grado de adaptación, que pueden utilizar las personas que experimentan emociones intensas. En nuestra base de datos se observa que las quejas consideradas iban acompañadas de una regulación eficaz de las emociones por parte del cónyuge que escuchaba.
La manera en que las parejas atribuían la culpa y se relacionaban con la causalidad de los problemas en cuestión era también un rasgo importante del funcionamiento de la personalidad de cada cónyuge. En el caso de la queja considerada, quien se quejaba trazaba un mapa mucho más complejo de las causas y las circunstancias que subyacen al comportamiento de alguien, y a menudo reconocía su papel en la cocreación de la dificultad en cuestión. En el caso de la queja desconsiderada, podía verse que quien se quejaba atribuía a menudo el origen de los problemas al «exterior» y «culpaba a la otra persona». Se supone que las personas con dificultades de regulación emocional pueden experimentar distorsiones en la percepción del contexto social en el que se vive la emoción, lo que aumenta la probabilidad de recurrir al mecanismo de defensa de la proyección (Kaufmann et al., 2022) y a una evaluación inadecuada de la realidad.
Todo lo anterior es pertinente para el funcionamiento de la personalidad y su nivel de disfunción, y puede vincularse con la manera de quejarse observada durante la sesión de terapia (véase la tabla 2).
Tabla 2 — El espectro de las quejas en relación con el funcionamiento de la personalidad.
En las primeras consultas de terapia de pareja, quien ejerce la clínica recoge información que le ayudará a comprender el funcionamiento y los problemas de la pareja. Es evidente que el contenido de lo que dicen los cónyuges —lo que cuentan de su vida cotidiana, de sus dificultades, de sus decepciones y de sus disputas— es una fuente importante de conocimiento que facilita esa comprensión clínica. Esta información se transmite, en gran medida, a través de quejas. Sin embargo, el hecho de que las parejas y cada cónyuge se quejen de maneras tan distintas sugiere que las prácticas de queja de los cónyuges son una fuente adicional importante de información para la clínica. Las maneras consideradas de quejarse podrían sugerir que existe una base firme sobre la que construir procesos de cambio positivo. En cambio, una manera desconsiderada de quejarse podría sugerir que los problemas de la pareja están profundamente arraigados y que hará falta mucho trabajo para resolverlos. En suma, la manera de quejarse podría proporcionar a quien ejerce la clínica tanta información sobre la pareja y sus problemas como el contenido mismo de sus quejas, si no más.
En este estudio, nuestro análisis se ocupó principalmente de la composición y la formulación de las quejas en las sesiones de terapia de pareja. Se necesitan más estudios que se centren en la recepción de la queja por parte del otro cónyuge y en su respuesta, y que presten una atención específica a las maneras en que terapeutas manejan una queja.
Complexe Systémique: puntos clave
Este artículo interpela directamente al trabajo sistémico con parejas porque desplaza la escucha: menos hacia aquello de lo que la gente se queja que hacia cómo lo hace. Las primeras consultas filmadas muestran un mismo acto, quejarse, que va de lo más considerado a lo más desconsiderado: hablar a la persona terapeuta o interpelar a la pareja, describir un acto o juzgar a una persona, mantenerse en lo serio o pasar a la ironía, preservar la imagen de la otra persona o sacrificarla. Este espectro ofrece a terapeutas una brújula para dosificar sus intervenciones desde la primera sesión, y recuerda que la manera de formular el problema ya forma parte del problema. Caben dos reservas. El vínculo con la patología de la personalidad se apoya en cuatro parejas presentadas y en una evaluación SWAP cumplimentada por sus propios terapeutas: sigue siendo una hipótesis. Y el estudio dice poco de lo que la terapia hace con las quejas, aunque el fragmento 5 muestra que una pregunta sobre la comunicación puede relanzar la escalada en lugar de calmarla. Para leer junto con el estudio del mismo equipo sobre el control y la independencia en terapia de pareja con narcisismo y el artículo sobre las manifestaciones corporales de la desvinculación.
Notas del original
Declaración ética. Los estudios con seres humanos fueron aprobados por el Comité de Bioética de la Jagiellonian University Medical College. Los estudios se realizaron de conformidad con la legislación local y los requisitos institucionales. Las personas participantes dieron su consentimiento informado por escrito para participar en este estudio. Se obtuvo el consentimiento informado por escrito de las personas para la publicación de cualquier imagen o dato potencialmente identificable incluido en este artículo.
Contribuciones de la autoría. BT: recogida de datos, análisis de datos y redacción del artículo. BJ: diseño del estudio, recogida de datos, análisis de datos y redacción del artículo. JB: análisis de datos y redacción del artículo. AP: diseño del estudio, análisis de datos, supervisión del análisis de datos y redacción del artículo. Toda la autoría contribuyó al artículo y aprobó la versión presentada.
Conflicto de intereses. La autoría declara que la investigación se llevó a cabo en ausencia de cualquier relación comercial o financiera que pudiera interpretarse como un posible conflicto de intereses.
Nota de la editorial. Todas las afirmaciones expresadas en este artículo son exclusivamente de la autoría y no representan necesariamente las de sus organizaciones afiliadas, ni las de la editorial, el equipo editorial y las personas revisoras. La editorial no garantiza ni respalda ningún producto que pueda evaluarse en este artículo ni ninguna afirmación que pueda hacer su fabricante.
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Traducción no oficial al español del artículo original Spectrum of complaints: practices of complaining in therapeutic conversations as a window to spouses' personalities and couples' relationships, de Bartłomiej Taurogiński, Bernadetta Janusz, Jörg R. Bergmann y Anssi Peräkylä, Frontiers in Psychology, vol. 14, art. 1232594 (2023), doi: 10.3389/fpsyg.2023.1232594, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial del artículo original «Spectrum of complaints: practices of complaining in therapeutic conversations as a window to spouses' personalities and couples' relationships», publicado en Frontiers in Psychology (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial; la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Taurogiński, B., Janusz, B., Bergmann, J. R., y Peräkylä, A. (2023). Spectrum of complaints: practices of complaining in therapeutic conversations as a window to spouses' personalities and couples' relationships. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/spectrum-of-complaints-practices-of-complaining-in-therapeutic-conversations-as-a-window (Obra original publicada en 2023 en Frontiers in Psychology, 14, 1232594 (2023); republicada en 2023 por Frontiers in Psychology, https://www.frontiersin.org/journals/psychology/articles/10.3389/fpsyg.2023.1232594/full)
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