Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Child & Family Social Work · Trabajo social

Estrategias para aumentar la implicación paterna en las investigaciones de protección infantil por maltrato en la pareja en Suecia

En Suecia, casi una de cada cinco notificaciones a los servicios de protección infantil tiene que ver con maltrato doméstico, y la ley exige ahora a los servicios sociales que ayuden a quienes lo ejercen a cambiar. ¿Cómo puede el trabajo social obtener la cooperación de un padre sospechoso de maltrato sin minimizar lo que ha hecho? El equipo de Maria Grönte siguió a 15 profesionales del trabajo social a lo largo de 12 investigaciones: construir primero un vínculo y abordar después el maltrato, con un riesgo real de acabar negociándolo hasta hacerlo desaparecer.

Autoría Maria Grönte y Lars Plantin (School of Social Work, Malmö University); Tina Mattsson (School of Social Work, Lund University), SueciaPrimera publicación Child & Family Social Work, 28 de diciembre de 2023Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Strategies to increase fathers' engagement in child protection investigations due to domestic partner abuse in Sweden, de Maria Grönte, Tina Mattsson y Lars Plantin, publicado en Child & Family Social Work (Wiley) (2024), doi: 10.1111/cfs.13126, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

La primera prioridad del servicio es la seguridad de los niños y las niñas, que no es negociable.

Maria Grönte, Tina Mattsson y Lars Plantin

Resumen

Los servicios de trabajo social a menudo no consiguen implicar a los padres en las investigaciones de protección infantil (IPI), sobre todo cuando estas tienen que ver con maltrato doméstico ejercido por el padre. El objetivo de este estudio es examinar las estrategias que utilizan profesionales del trabajo social para lograr la cooperación de los padres en IPI en las que el padre es sospechoso de maltrato doméstico contra la madre del niño o la niña. Mediante métodos cualitativos, realizamos 31 entrevistas semiestructuradas con 15 profesionales del trabajo social durante su labor en 12 casos de IPI. A través de un análisis temático se construyeron dos estrategias principales para lograr la cooperación: (1) Asegurar un vínculo inicial, que implicaba reducir la tensión del procedimiento de IPI y reafirmar al padre; (2) Mantener el vínculo al tiempo que se aborda el comportamiento maltratador del padre, que implicaba negociar con los padres sobre el maltrato doméstico y ayudarles a cambiar de perspectiva sobre cómo su comportamiento ha afectado a las víctimas. Este análisis se apoya en el marco teórico de la vergüenza, la culpa y los vínculos sociales. Sin embargo, existe el riesgo de que estas estrategias lleven a minimizar o pasar por alto el maltrato doméstico. Encontrar un equilibrio entre construir un vínculo y abordar el maltrato es crucial, y el momento en que se aborda el maltrato doméstico desempeña un papel central.

1 INTRODUCCIÓN

La violencia doméstica es un problema social grave y mundial (Devries et al., 2013; Dufort et al., 2015; World Health Organization, 2014). Los estudios internacionales muestran que los hombres son responsables de la mayor parte de la violencia doméstica y de la más grave, que se dirige principalmente contra las mujeres (Devries et al., 2013; World Health Organization, 2021). Muchos de estos hombres son padres, y las víctimas son madres e hijos e hijas (Gavell Frenzel, 2014). En Suecia, los servicios sociales tienen el mandato de investigar y evaluar a estos padres y de ofrecerles intervenciones (HSLF-FS, 2022, p. 39). Casi una quinta parte de las notificaciones a los servicios suecos de protección infantil tiene que ver con maltrato doméstico (Socialstyrelsen, 2022). Desde 2021, los servicios sociales están obligados a velar por que las personas que han ejercido maltrato doméstico cambien su comportamiento (SFS, 2001, p. 453). Se les deben ofrecer intervenciones basadas en una investigación de protección infantil (IPI) (HSLF-FS, 2022, p. 39). Esto supone un giro hacia un mayor énfasis en la responsabilidad de los servicios sociales en el trabajo preventivo con las personas que ejercen maltrato doméstico.

El sistema de protección a la infancia en Suecia se basa en un modelo de servicio a la familia (Family Service Model) que pone el acento en la participación voluntaria, la colaboración y el apoyo a la familia (Gilbert, 2012), por lo que motivar a los padres para que cooperen voluntariamente en las IPI resulta crucial. Sin embargo, investigar el maltrato doméstico en el marco de las IPI es una tarea compleja para el trabajo social, porque los relatos de lo ocurrido suelen diferir entre los miembros de la familia. Los hombres que han ejercido maltrato en la pareja rara vez interpretan sus actos como maltrato (Boethius, 2015; Gottzén, 2012), y varios estudios han mostrado que el maltrato doméstico tiende a renegociarse y a pasarse por alto en las IPI (Heimer et al., 2018; Mattsson, 2017). Los servicios de protección infantil a menudo no logran implicar a los padres en las investigaciones, sobre todo cuando han ejercido maltrato doméstico (Brandon et al., 2019; Campbell et al., 2015; Featherstone & Peckover, 2007; Scourfield, 2006). La investigación muestra que, en materia de maltrato doméstico, las IPI suelen centrarse en la capacidad de la madre para proteger a los hijos e hijas más que en el comportamiento maltratador del padre (Beth & Stefan de, 2019; Boethius, 2015; Eriksson, 2003; Mattsson, 2017; Scott & Crooks, 2006; Strega et al., 2008). Ahora bien, es difícil poner fin al maltrato doméstico si solo nos centramos en quienes lo han sufrido, sin abordar a quienes lo ejercen ni sus causas subyacentes (Hoppstadius, 2020; Scott & Crooks, 2006). En este contexto, una cuestión importante es cómo desplazar el foco hacia los padres para que se impliquen más en las IPI. Este estudio examina cómo se implica a los padres en las IPI en la práctica. Más concretamente, el objetivo es examinar qué estrategias utilizan profesionales del trabajo social para lograr la cooperación de los padres en IPI iniciadas porque el padre es sospechoso de maltrato doméstico contra la madre del niño o la niña. El término «estrategias» remite a las acciones que lleva a cabo el personal de trabajo social.

1.1 Literatura pertinente

Varios estudios han puesto de relieve la dificultad de implicar a los padres en las IPI (Gordon et al., 2012; Pfitzner et al., 2017; Scourfield, 2006). Por ello es importante que el personal de trabajo social disponga de las competencias necesarias para construir alianzas con los padres, por ejemplo mostrando empatía y manteniendo una actitud sin juicios. Schreiber et al. (2013) sostienen que, para implicar a madres y padres en la fase inicial de las IPI, el trabajo social necesita ser capaz de superar el miedo de las familias a que sus hijos e hijas sean objeto de una medida de acogimiento y la vergüenza de ser juzgadas o etiquetadas como malas madres o malos padres. Brandon et al. (2019) subrayan la importancia de establecer contacto en una fase temprana, de contener las emociones de los padres y de mostrarse flexible y fiable. Scott y Crooks (2006, p. 37) sostienen que un principio rector de este proceso debería ser «invitar, no inculpar». Otros métodos que han demostrado favorecer la implicación de los padres y su alianza con el trabajo social en las IPI son los enfoques basados en las fortalezas y los enfoques cognitivo-conductuales, capaces de identificar las fortalezas, el potencial y las competencias de los padres o de motivarlos poniendo de relieve la discrepancia entre cómo son y cómo quieren ser (Maxwell et al., 2012; Philip et al., 2019; Scourfield, 2006).

También se ha señalado que saber abordar los sentimientos de vergüenza de las personas usuarias es un medio crucial para afrontar los obstáculos que la vergüenza crea en las IPI. La vergüenza tiende a dificultar que madres y padres comprendan cómo afecta el maltrato a los niños y niñas, porque están absorbidos por la gestión de las emociones que despierta su propia vergüenza. Un enfoque sensible a la vergüenza, que consiste en reconocerla y responder a ella de forma adecuada para atenuar sus posibles efectos negativos, desempeña un papel crucial para superar estos obstáculos (Dolezal & Gibson, 2022). La investigación aboga por prácticas que reduzcan la vergüenza (Gibson, 2015; Salter & Hall, 2022; Walker, 2011) y por prácticas que confieran dignidad (Dolezal & Gibson, 2022; Salter & Hall, 2022), gracias a las cuales las familias puedan sentir confianza y seguridad en su relación con el trabajo social. El objetivo es que madres y padres reconozcan cómo su comportamiento afecta al desarrollo de su hijo o hija sin sentirse sin valor (Gibson, 2015; Walker, 2011). La investigación también ha mostrado que los hombres que han ejercido maltrato en la pareja a menudo no están dispuestos a verse a sí mismos como maltratadores y con frecuencia racionalizan, minimizan, redefinen, justifican o excusan sus actos. La premisa subyacente es que, cuando estos hombres son objeto de escrutinio, necesitan ofrecer relatos aceptables en los que a la vez expliquen los actos de maltrato e intenten presentarse como moralmente decentes. En esencia, se trata de que estos hombres reconocen que sus actos de maltrato son moralmente inaceptables, lo que les lleva a temer cómo los percibirán los demás (Anderson & Umberson, 2001; Boethius, 2015; Gottzén, 2017; Hearn, 1998). Motivar el cambio de los padres con comportamientos maltratadores no es, por tanto, fácil. La investigación sobre las intervenciones muestra que los métodos que ayudan a los padres a reflexionar sobre su comportamiento maltratador y sus consecuencias para el bienestar del niño o la niña pueden servir para reforzar su motivación para abandonar el maltrato (Bourassa et al., 2017; Broady et al., 2017; Hester & Newman, 2020; Humphreys et al., 2019; Stanley et al., 2012).

1.2 Marco teórico

La misión principal de los servicios sociales es ayudar a las personas a cambiar su comportamiento para alcanzar una situación social mejor y más deseable. En este sentido, la práctica del trabajo social puede entenderse como un trabajo moral, porque incluye una dimensión en la que se categoriza y se juzga el valor moral de la persona usuaria (Hasenfeld, 1999). El trabajo en IPI iniciadas por el maltrato doméstico de un padre es un ejemplo de ello. Cuando el personal de trabajo social investiga y evalúa la capacidad de cuidado del padre, queda claro que el maltrato es un acto socialmente indeseable que tiene la misión de abordar y contrarrestar. Al mismo tiempo, la dimensión moral puede complicar la tarea de crear con el padre una relación interpersonal que reduzca la vergüenza.

Según Scheff y Retzinger (2001), las relaciones interpersonales se sitúan en un continuo entre vínculos sociales seguros y vínculos sociales amenazados. Ambos tipos de vínculo están estrechamente entrelazados con emociones de vergüenza o de orgullo. Si el vínculo es seguro, surge el orgullo. Si el vínculo está amenazado, surge la vergüenza. El estado del vínculo social se define por el grado de sintonía entre las personas, en forma de comprensión y reconocimiento mutuos. «Los altos niveles de cooperación se basan en patrones de comunicación eficaces, que dependen de la sintonía y del orgullo» (Scheff & Retzinger, 2001, p. 38). Los vínculos sociales cambian constantemente y se ponen a prueba en cada situación social: son alternativamente amenazados, reparados, reconstruidos, preservados o dañados, y están siempre en riesgo (Scheff & Retzinger, 2001). La vergüenza abarca una familia de emociones que incluye muchas variantes, como el apuro, la culpa y la humillación (Scheff, 2003b). Diversos trabajos de investigación distinguen entre los sentimientos de vergüenza y de culpa, y sugieren que la culpa se refiere a lo que se ha hecho, mientras que la vergüenza se refiere a quién se es. La culpa se considera una emoción «orientada hacia el otro» y está ligada a la capacidad de adoptar la perspectiva de la persona perjudicada por un comportamiento concreto (Leith & Baumeister, 1998; Tangney, 1995). La culpa actúa de forma constructiva en las relaciones interpersonales al orientar hacia un cambio de comportamiento, mientras que la vergüenza actúa de forma autocentrada (Tangney, 1995).

Por ello, al establecer una relación con un padre sospechoso de maltrato, es importante que el personal de trabajo social comprenda que la vergüenza y el orgullo son emociones sociales que surgen según que el padre perciba, con razón o sin ella, que se le valora en el encuentro. La vergüenza acompaña a menudo de forma automática el encuentro con el trabajo social, porque se acusa al padre de ser maltratador y de haber cruzado límites morales. La vergüenza vuelve a la persona consciente de sí misma y señala una amenaza a la pertenencia social. La vergüenza suele existir a un nivel inconsciente y rara vez se reconoce (Scheff, 2003b). Scheff (2003a) sostiene que los hombres tienden con frecuencia a reprimir los sentimientos de debilidad y rara vez expresan la vergüenza directamente. Por tanto, el personal de trabajo social debe ser consciente de su trabajo moral y, al mismo tiempo, sopesarlo con las vivencias de orgullo y de vergüenza del padre (Scheff & Retzinger, 2001). Esta línea de pensamiento ofrece una base para comprender lo que encuentra el trabajo social cuando se reúne con los padres, por qué es difícil llegar a ellos y qué puede hacer para intentar implicarlos.

2 MÉTODO

Se trata de un estudio cualitativo basado en 31 entrevistas semiestructuradas con 15 profesionales del trabajo social, realizadas durante su labor en 12 IPI. Todas las entrevistas fueron realizadas por la persona que firma en primer lugar. La investigación se llevó a cabo en dos municipios suecos de tamaño medio, denominados municipio A y municipio B, en 2020–2021.

Para el estudio se contactó con personas que ocupaban puestos de dirección en los servicios sociales locales. En los dos municipios cuyas personas responsables mostraron interés, el estudio se presentó a profesionales del trabajo social que trabajaban allí. Quienes deseaban participar se pusieron en contacto con la persona que firma en primer lugar, y las entrevistas se programaron cuando las personas participantes empezaban a trabajar en un caso que cumplía los criterios de selección del estudio: casos iniciados por el presunto maltrato del padre contra la madre del niño o la niña y que afectaban a niños y niñas de 0 a 12 años. El plan inicial era realizar las entrevistas en las oficinas de los servicios de trabajo social. Sin embargo, todas las entrevistas, salvo las dos primeras, se realizaron por videoconferencia debido a la pandemia de COVID-19 y a las recomendaciones de distanciamiento social.

Las personas entrevistadas recibieron información oral y escrita sobre el estudio, en particular sobre el carácter voluntario de la participación, sobre cómo se almacenarían y tratarían los datos y sobre la anonimización y sustitución por nombres ficticios de todos los nombres. Se obtuvo el consentimiento verbal de todas las personas entrevistadas. El proyecto fue aprobado por la Autoridad Sueca de Revisión Ética (Ref/dnr 2020-03487).

Para seguir de cerca las prácticas del trabajo social, el diseño se basó en una serie de tres entrevistas: una al principio, otra a mitad y otra al final del proceso de investigación. Las entrevistas se desarrollaron a lo largo de un periodo de aproximadamente 4 meses para cada caso seguido. No obstante, la estructura de las entrevistas se mantuvo flexible en función de las personas entrevistadas y de su disponibilidad para participar, por lo que algunas series constaron de dos entrevistas en lugar de tres. Se utilizaron guías de entrevista semiestructuradas, que abordaban los enfoques de las personas participantes y sus reflexiones sobre su trabajo con los padres. Las entrevistas duraron entre 25 y 53 min.

Cada caso estaba a cargo de dos profesionales del trabajo social. En el municipio A, a menudo participaban ambas personas en las entrevistas, mientras que en el municipio B era habitual que asistiera solo una. Esto puede explicarse por diferencias de estabilidad organizativa y de plantilla entre los dos municipios. En el municipio B había una elevada rotación de personal, el municipio atravesaba profundas reorganizaciones y el personal de trabajo social soportaba una fuerte carga de trabajo. Esto hizo más difícil conseguir entrevistas con profesionales del municipio B que del municipio A. Trece personas participantes eran mujeres y dos eran hombres, con edades comprendidas entre 26 y 48 años. Todas tenían un grado en trabajo social. Cuatro se habían titulado en los 0 a 4 años anteriores, siete entre 5 y 8 años antes y cuatro nueve o más años antes (Tabla 1).

Tabla 1 — Esta tabla muestra el número de casos de IPI, de personas entrevistadas y de entrevistas por municipio.

  • Municipio: A; Casos seguidos: 7; Entrevistas: 19; Informantes: 10
  • Municipio: B; Casos seguidos: 5; Entrevistas: 12; Informantes: 5
  • Municipio: Total:; Casos seguidos: 12; Entrevistas: 31; Informantes: 15

Abreviatura: IPI, investigación de protección infantil.

2.1 Los casos

Los casos habían sido notificados a los servicios de protección infantil por la policía, los servicios de salud, particulares u otra unidad de los servicios sociales. En dos casos, las propias madres se habían puesto en contacto con los servicios sociales. El maltrato en cuestión iba desde estrangulamientos, intentos de violación, empujones, puñetazos, patadas y amenazas de muerte hasta maltrato verbal prolongado, control de los recursos económicos y aislamiento de la vida social. La frecuencia del maltrato doméstico variaba desde incidentes aislados hasta actos sistemáticos. En total, los casos afectaban a 19 niños y niñas. Siete de las 12 madres declararon ser víctimas de maltrato; las demás afirmaron que no había habido maltrato. Tres de los 12 padres reconocieron haber maltratado a la madre. Las IPI no dieron lugar a ninguna medida coercitiva por parte de los servicios sociales. Las intervenciones se ofrecieron de forma voluntaria. Los cuatro padres que aceptaron intervenciones destinadas a prevenir su comportamiento maltratador vivían con las madres a las que habían maltratado y querían continuar la relación. Los padres que definían los incidentes como conflictos y no como violencia o bien no vivían con las madres que afirmaban haber sufrido maltrato, o bien, si vivían juntos, ambas partes negaban la existencia de maltrato. La mayoría de los padres del estudio trabajaban o estudiaban. Todos los padres salvo uno tenían un origen étnico no sueco.

2.2 Análisis de los datos

Los datos se analizaron mediante un análisis temático inspirado en Braun y Clarke (2006). El método es sistemático y flexible y consta de varias etapas (ibid.). El material empírico se organizó manualmente en códigos, temas y subtemas para identificar patrones de significado en los datos en relación con el objetivo del estudio (ibid.). En la primera etapa analítica, todas las entrevistas se grabaron en audio y se transcribieron literalmente. Las transcripciones se leyeron repetidamente y se resaltaron las frases y los párrafos significativos del texto. En la segunda etapa, los datos se organizaron y etiquetaron con diferentes códigos. Los códigos se trabajaron y se fusionaron progresivamente en dos temas principales: las estrategias generadoras de seguridad, que buscan crear una sensación de seguridad emocional en la relación, y las estrategias para hacer que el maltrato doméstico pueda hablarse. Dentro de estos temas se desarrollaron diversos subtemas. Los temas orientaron la búsqueda de teorías, y los temas principales se renombraron después en consonancia con la teoría. La autoría discutió los resultados a lo largo de todo el proceso analítico.

El análisis temático se presentó a los servicios sociales participantes, que tuvieron la oportunidad de opinar sobre la interpretación de los datos empíricos. El personal de trabajo social confirmó que se reconocía en los temas construidos.

2.3 Limitaciones

Este estudio es un estudio cualitativo local basado en un número reducido de casos y de profesionales del trabajo social, lo que puede afectar a su generalización. El estudio se centra en el nivel interpersonal, en el que puede lograrse la cooperación con los padres, pero otros niveles también son pertinentes y deben tenerse en cuenta en este trabajo. Además, el artículo se centra en las descripciones que hace el personal de trabajo social de sus estrategias con los padres, y no en cómo viven los padres esas estrategias. La experiencia de los padres en sus interacciones con el trabajo social será objeto de otro estudio de este proyecto de investigación.

3 RESULTADOS

Los resultados se presentan a continuación en torno a las dos estrategias principales que surgieron del análisis: Asegurar un vínculo inicial y Mantener el vínculo al tiempo que se aborda el comportamiento maltratador del padre.

3.1 Asegurar un vínculo inicial

En las entrevistas, el personal de trabajo social hablaba a menudo de su difícil papel en la labor de investigación, en la que se supone que debe investigar y apoyar a todas las partes implicadas. Explicaban que madres y padres suelen estar preocupados por el contacto con los servicios sociales porque no saben cuáles pueden ser las consecuencias. A menudo existe el temor de que los servicios de protección infantil retiren la custodia de los hijos e hijas si llegan a conocer el maltrato doméstico. Esto se aprecia especialmente en los contactos con los padres. Rara vez son los propios padres quienes los inician; se inician más bien porque se sospecha que han maltratado a su pareja. Esto puede hacer que los padres se sientan inquietos y poco motivados para cooperar con el trabajo social, algo que este tiene que gestionar.

3.1.1 Reducir la tensión del procedimiento de IPI

Un tema recurrente en las entrevistas era que las personas entrevistadas describían cómo evitaban mostrarse «duros» y «confrontativos» en su relación con los padres, e intentaban en cambio tranquilizarlos mostrándose «amables» y «agradables». También decían que a menudo insistían en que no tomaban partido entre el padre y la madre respecto a lo ocurrido.

Ines: Siempre hay una especie de equilibrio en lo amable que hay que ser. […]. Creo que hemos sido bastante flexibles con los padres…

Stina: Sobre todo con el padre.

Ines: Sí, respetuosos también con su punto de vista y su vivencia, para poder matizar… Tenemos una visión distinta por parte del colegio. Una visión distinta por parte de la madre también, y eso, bueno, que no tomamos partido por nadie. Pero tenemos distintas visiones de ello y luego intentamos formarnos una especie de término medio, o sea, que la verdad está en algún punto intermedio (Caso A7).

Otra forma de reducir la tensión consistía en informar sistemáticamente al padre sobre el procedimiento de IPI y su finalidad, y en subrayar el papel de ayuda y apoyo del trabajo social.

Britt: Intentamos tranquilizarlo y explicarle que nuestro objetivo es ofrecer apoyo y nada más en este caso. Que no somos una amenaza en ningún sentido (Caso A6).

Insistir en el apoyo y aclarar que no se trataba de «otra cosa» puede verse como una señal al padre de que no debe preocuparse por las consecuencias negativas del contacto con el trabajo social. Otra persona entrevistada precisó qué significaba reducir el aspecto «amenazante» de la entrevista.

Ines: Hablamos una y otra vez de nuestro objetivo. Que no estamos aquí para quitarle a su hijo. Al principio, probablemente tenía miedo de no poder volver a ver a su hijo, o de que lo privaran de su paternidad y de que su mujer lo dejara (Caso A7).

La misión del trabajo social es identificar los actos de maltrato del padre y evaluar sus capacidades parentales y la necesidad de intervención, lo que implica inevitablemente una evaluación moral de los padres. Brandon et al. (2019) han subrayado la importancia de recibir a los padres de forma solidaria en las primeras fases de la investigación, para establecer relaciones de trabajo constructivas que puedan mantenerse durante toda la investigación. En la misma línea, Schreiber et al. (2013) constataron que una forma de reducir la vergüenza e implicar a madres y padres en la fase inicial es explicar el procedimiento y ofrecer apoyo emocional. En las IPI que tienen que ver con maltrato doméstico, esto resulta especialmente difícil, porque los actos de maltrato son moralmente inaceptables y están fuertemente asociados a la vergüenza, lo que a menudo hace que a las personas que han ejercido maltrato les cueste hablar de sus actos y asumir su responsabilidad (Boethius, 2015; Campbell et al., 2010; Gottzén, 2017; Hydén, 1995). Las estrategias del trabajo social para reducir la tensión, centradas al principio en ayudar al padre a comprender que los servicios de protección infantil estaban ahí para apoyarle a él y a la familia, pueden entenderse a esta luz como un medio de restar importancia a la dimensión moral en las interacciones con el padre. De este modo, pueden empezar a construir un vínculo seguro en el que la vergüenza queda contenida o reducida y las amenazas para la relación se minimizan (Scheff & Retzinger, 2001).

3.1.2 Reafirmar al padre

La reafirmación es la segunda estrategia utilizada para construir un vínculo seguro. Varias de las personas entrevistadas mencionaron el término reafirmación al hablar de cómo preguntaban a los padres por su versión de lo ocurrido en la familia.

Annika: Creo que parte de la reafirmación es mostrar que los has escuchado, ser capaz de repetir lo que han dicho y asegurarte de que lo has entendido bien. Le dije que era valiente, que las cosas de las que hablábamos eran difíciles y que era admirable que las estuviera poniendo en palabras (Caso A4).

Edina describió la reafirmación de manera similar, y también cómo había suscitado una respuesta positiva del padre:

Edina: Quiero oír tu versión, esta es tu oportunidad. Quiero darte una oportunidad sincera de contar tu versión de la historia, adelante. Él dijo que sienta bien que me escuches. Puedo decir que sienta bien (Caso B2).

Además de escuchar e intentar comprender a los padres, el personal de trabajo social también recurría al elogio para animarlos a hablar del maltrato. El elogio se convertía en una forma de crear un vínculo seguro y de apartar la vergüenza. Consistía en elogiar a los padres cuando hablaban del maltrato o describían sus emociones, o cuando describían aspectos positivos de su parentalidad.

Elin: …eso [elogiar] suele ayudar mucho, porque si reconoces que algo que hacen está bien, sea cual sea la situación, han creado un niño precioso y ves que hay mucho amor y seguridad, etcétera (Caso A3).

Se suponía que recibir elogios por su parentalidad y por sus sentimientos hacia los hijos e hijas, por formar parte de un contexto, y recibir también una reafirmación en su papel de padre pasara lo que pasara contribuía a un sentimiento de dignidad y de respeto por sí mismos, incluso en un contexto en el que la vergüenza amenazaba constantemente con aflorar.

La reafirmación por parte del trabajo social implicaba, por tanto, comunicar su disposición a escuchar la historia del padre y a intentar comprenderlo sin cuestionarlo. Implicaba también elogiarlo cuando el padre mostraba valentía al hablar del maltrato o cuando salían a la luz aspectos positivos de su paternidad. Otros trabajos de investigación también han subrayado la importancia de establecer una relación respetuosa y empática con los padres en las IPI, lo que puede lograrse evitando al principio juzgar o cuestionar y poniendo de relieve las fortalezas y competencias del padre (Brandon et al., 2019; Maxwell et al., 2012; Philip et al., 2019; Scott & Crooks, 2006; Scourfield, 2006; Zanoni et al., 2013). Esta estrategia concuerda con los principios de las prácticas sensibles a la vergüenza y que confieren dignidad defendidas por Dolezal y Gibson (2022), en las que las relaciones se basan en la dignidad, el respeto, la empatía y la confianza para crear una sensación de seguridad emocional. Esto puede ayudar a las personas usuarias a sentirse cómodas para hablar de sus experiencias sin miedo a ser juzgadas. Del mismo modo, Scheff y Retzinger (2001) han señalado que el grado de cooperación entre personas depende, entre otras cosas, del nivel de comprensión y de reconocimiento. El uso de estrategias de reafirmación por parte del trabajo social puede entenderse como una forma de favorecer la cooperación con el padre. Mediante la reafirmación y la comprensión manifestada, se asegura al padre que, pese a las denuncias de un maltrato moralmente reprobable, el trabajo social lo valora positivamente. Esto contribuye a establecer el vínculo seguro y sienta las bases de la cooperación con el padre.

3.2 Mantener el vínculo al tiempo que se aborda el comportamiento maltratador del padre

La segunda estrategia principal empleada por el trabajo social para lograr la cooperación del padre consistía en hacer que el maltrato doméstico pudiera hablarse sin perder el vínculo seguro establecido. Varias de las personas entrevistadas sostenían que percibir cuándo y cómo podían abordar la cuestión del maltrato exigía un equilibrio delicado. Hablar del maltrato doméstico supone un reto considerable, porque puede despertar sentimientos de vergüenza y amenazar el vínculo. Para mantener el vínculo y la cooperación mientras abordaban el maltrato, el personal de trabajo social negociaba con los padres sobre el maltrato doméstico e intentaba hacerles ver el maltrato desde la perspectiva de las víctimas, es decir, hacerles cambiar de perspectiva.

3.2.1 Negociar la denominación del maltrato doméstico

Las estrategias de negociación consistían en que el personal de trabajo social intentaba encontrar con el padre un lenguaje común sobre cómo nombrar el maltrato. El punto de partida eran las vivencias y las descripciones de los incidentes de maltrato que hacían la madre y el niño o la niña. A partir de ellas, se exploraba lo que los padres podían aceptar y admitir sin que se rompiera la cooperación. Una descripción recurrente en las entrevistas era el uso de palabras distintas de «maltrato doméstico» en las conversaciones con los padres. Algunas personas entrevistadas utilizaban términos como «desacuerdo» o «alto nivel de conflicto».

Hannah: Intento no hablar todo el rato de maltrato físico, sino centrarme más bien en un alto nivel de conflicto. Lo hago a propósito, porque así quizá llegas un poco mejor al padre (Caso B4).

De este modo, los actos de los padres quedan menos cargados como transgresiones morales. Los conflictos son algo que se da en todas las relaciones de pareja, mientras que el maltrato doméstico es una clara violación moral. A menudo, el personal de trabajo social intentaba usar las palabras que empleaban los propios padres.

Annika: Intento usar las palabras que usan ellos mismos y hacer que se pueda hablar de ello, siguiendo su misma forma de expresarse y sin usar el término maltrato (Caso A4).

Seguir la elección de palabras del padre se convertía así para el trabajo social en una forma de acompasarse a su ritmo. Esto puede entenderse como una manera de hacer que el maltrato pueda hablarse, aunque no se nombre explícitamente como tal, y de empezar así a abordarlo. La vergüenza ya no bloquea entonces la conversación ni la relación. En algunos casos en los que el personal de trabajo social y los padres habían llegado a un acuerdo sobre ciertos aspectos de la situación de maltrato, pero aún no la habían definido como maltrato doméstico, el foco se desplazaba hacia otras dificultades, como la vivencia y la interpretación de la situación por parte del niño o la niña. En un caso, el niño contó que se ponía «triste cuando tiene que impedir que papá le pegue a mamá», pero en la conversación con el padre el equipo se centró en la tristeza del niño y en la necesidad de los padres de recibir ayuda para frenar sus «discusiones a gritos», más que en la vivencia del niño del maltrato contra la madre.

Otra estrategia de negociación consistía en centrarse en un acto de maltrato físico menos grave que se había descrito en la notificación a los servicios de protección infantil.

Annika: No hemos hablado de todo el maltrato [con el padre]. Ahora se trata de los incidentes que han ocurrido delante del niño (Caso A3).

Annika describió cómo ella y su colega habían hablado de ocasiones en las que el padre «empujó a la madre» delante del niño, aun sabiendo que también ejercía un maltrato más sistemático en forma de control psicológico. Optaron por empezar centrándose en una forma leve de maltrato, limitada en el tiempo y en el espacio. Esto se convirtió en el mínimo común denominador sobre el que el equipo y el padre podían ponerse de acuerdo. Otras personas entrevistadas describieron un enfoque similar, que consistía en llegar a un acuerdo con el padre sobre aspectos concretos de los incidentes de maltrato notificados. Estos acuerdos no significaban necesariamente que el padre admitiera haber maltratado a la madre, pero podía reconocer que algo se había vuelto problemático en la situación que dio lugar a la notificación a los servicios de protección infantil. Una de las personas entrevistadas ilustró esta forma de negociar en una investigación en la que el padre, según la madre, la había amenazado de muerte.

Edina: Tú dices que no la has amenazado, y la mamá dice que sí la has amenazado. El niño estuvo sentado en la cama gritando durante esa situación. Los dos habláis de eso. Ahí estáis de acuerdo, y en eso es en lo que quiero centrarme (Caso B2).

Se encontró así un terreno común en torno a las consecuencias para el niño, en lugar de centrarse en el comportamiento amenazante del padre hacia la madre. El padre afirmaba haber sufrido un «ataque de pánico» y haberse sentido vulnerable. Se buscó un acuerdo con el padre sobre sus problemas de salud mental más que sobre el maltrato. De este modo, el foco se dirigió hacia algo que generaba menos vergüenza, la enfermedad del padre, que no amenazaba el vínculo en la misma medida que una conversación centrada únicamente en el maltrato.

Negociar también puede consistir en dirigirse a ambos progenitores de un modo que reparte entre ellos la responsabilidad del comportamiento maltratador. Por ejemplo, un trabajador social describió cómo había hablado con un padre que había agarrado a la madre por el cuello hasta asfixiarla:

Michael: Si vais a estar en una relación así, vosotros dos tenéis que tomar medidas para reducir el riesgo de que vuelva a pasar. ¿Qué creéis los dos que tenéis que hacer? (Caso A5)

Michael explicó que dirigirse a ambos progenitores era una forma de hablar con el padre para «quitarle la vergüenza» sin dejar de centrarse en «el problema en cuestión». Al referirse al incidente con un «vosotros dos», el padre podía sentir que no era el único responsable de la situación, aunque fuera el único responsable del comportamiento maltratador.

Partiendo del trabajo de Scheff y Retzinger (2001), las negociaciones del trabajo social en torno al maltrato doméstico pueden entenderse como una forma de crear con el padre una comprensión mutua sobre ciertos aspectos del maltrato descrito por la madre o el niño o la niña. Así se mantienen la cooperación y un vínculo seguro. Sin embargo, existe el riesgo, como se vio en varios de los casos, de que las reformulaciones y negociaciones con el padre acaben reduciendo el maltrato doméstico hacia el final de las investigaciones y describiéndolo como menos grave o incluso como algo que no es maltrato doméstico. En la línea de los argumentos de Hasenfeld (1999), esto sugiere que los valores morales del trabajo social se ven influidos por sus interacciones con el padre. Cuando el padre, o la persona profesional, elige otras palabras para describir el maltrato, el padre aparece como moralmente más decente, lo que conduce a atenuar el maltrato. Hay, pues, una dualidad en las estrategias de negociación del trabajo social: por un lado, es necesario que el maltrato resulte menos cargado y más fácil de hablar; por otro, existe el riesgo de minimizar el maltrato y de presentar al padre como moralmente más decente. Otros trabajos de investigación han llegado a resultados similares (Anderson & Umberson, 2001; Boethius, 2015; Hearn, 1998; Hydén, 1995). Por ejemplo, Gottzén (2017) constató que los hombres que ejercen maltrato en la pareja contra mujeres a menudo intentan presentarse como moralmente más decentes restando importancia a sus actos de maltrato y racionalizándolos cuando hablan de ellos con otras personas. La estrategia descrita en esta sección consiste en abordar el maltrato negociando con el padre desde su perspectiva. La estrategia descrita a continuación consiste en integrar en las conversaciones con el padre las perspectivas de quienes han sufrido el maltrato.

3.2.2 Cambiar de perspectiva

En una IPI suele haber relatos distintos sobre el presunto maltrato, como también ha señalado la investigación previa (Heimer et al., 2018; Mattsson, 2017). Cambiar de perspectiva implica que el personal de trabajo social, en sus interacciones con los padres, pone de relieve los relatos de las víctimas e intenta ayudar a los padres a comprender cómo el hijo o la hija y/o la madre han vivido el maltrato y cómo les ha afectado. Para facilitar este cambio de perspectiva, se pueden compartir tanto las vivencias concretas del hijo o la hija como resultados de investigación sobre cómo la infancia puede vivir el maltrato doméstico y verse afectada por él.

Annika: Creo que se vuelve emotivo cuando podemos usar las palabras del niño y, con suerte, dar una descripción fiel del niño en la que el padre pueda reconocerlo (Caso A4).

Los relatos infantiles sobre sus vivencias del maltrato pueden afectar a los padres. Esto puede contribuir a que los padres comprendan más a fondo la situación y se den cuenta de que no se trata solo de su relación con su pareja, sino también de su relación con su hijo o hija. Esta estrategia hace que el maltrato sea más fácil de hablar, porque el foco se pone en la vivencia infantil y no en un juicio sobre el padre como persona. Esta estrategia concuerda con los argumentos de Walker (2011) y de Gibson (2015) sobre las estrategias que reducen la vergüenza en el trabajo social, con el objetivo de ayudar al padre a comprender que sus actos pueden dañar a su hijo o hija y que, por tanto, hay que evitarlos.

Otras dos personas entrevistadas razonaban de forma similar:

Madelene: Pudimos reorientar la conversación a partir de lo que había pasado [la secuencia de maltrato descrita por la niña]. Los padres consiguieron describirlo. El padre pudo reflexionar en cierta medida sobre cómo se había sentido su hija, que eso no estaba bien. […]

Amanda: El padre pudo escuchar lo que había dicho su hija. Escuchar lo que le decíamos [sobre la vivencia de la hija], y también expresó que le entristecía oírla decir eso, que quiere entenderla (Caso B1).

En esta IPI, la niña había descrito el maltrato del padre. El equipo de trabajo social había trasladado después al padre el relato de la niña. Aunque el padre no aceptó definir la situación como maltrato, reconoció la secuencia de los hechos, y las vivencias de su hija despertaron en él una reacción emocional. Al transmitir la perspectiva de la niña y dirigirse al progenitor «bueno», el equipo logró así mantener la cooperación con el padre y abordar a la vez la necesidad de evitar que se repitiera.

Del mismo modo, varias de las personas entrevistadas describieron que también transmitían las vivencias de las madres respecto al maltrato y sus consecuencias para la relación de pareja:

Johanna: Se vuelve importante transmitir lo que la madre y los niños han descrito y vivido, encontrando formas de comunicarlo de manera constructiva. Es un ejercicio de equilibrio: dejar muy claro que eso no está bien, que no pueden seguir así. Al mismo tiempo, tienes que encontrar formas de construir una relación; si no, no se puede conseguir ningún cambio (Caso A4).

Michael: He intentado ser bastante claro con él sobre las consecuencias de ese tipo de comportamiento. Las consecuencias a largo y a corto plazo, tanto para el niño como en relación con el hecho de que él quiere estar con su mujer. Se ha tratado de hacerle ver que sus actos tienen consecuencias negativas (Caso A5).

En esta última cita, el profesional destaca las consecuencias negativas que pueden tener los actos del padre, no solo para su relación con su hijo, sino también para su relación con la madre del niño. Insistir en las consecuencias para la madre resultó especialmente eficaz en este caso, porque ella le había dado un ultimátum: o el maltrato cesaba o lo dejaría. Así, aunque el padre no definía sus actos como maltrato, cooperó y aceptó intervenciones dirigidas a su maltrato. Es un ejemplo claro de los planteamientos de Scheff (2003a) sobre cómo la búsqueda de un consenso en la descripción del problema facilita la continuidad de la relación y de la cooperación.

En el centro de las estrategias del trabajo social para intentar cambiar la perspectiva del padre está el ayudarle a ver el comportamiento maltratador desde el punto de vista de las víctimas, despertando así su empatía y creando una comprensión mutua de cómo las víctimas pueden haber vivido el maltrato y cómo les ha afectado. El riesgo es que tomar conciencia de estas consecuencias genere sentimientos de vergüenza que pueden dañar la cooperación establecida entre el trabajo social y el padre. Sin embargo, esta estrategia se emplea por lo general más adelante en la conversación con el padre, cuando se considera que el vínculo se ha vuelto más estable y se percibe un menor riesgo de vergüenza. Aun así, la vergüenza puede surgir cuando el padre considera las perspectivas de la madre y de su hijo o hija. No obstante, si el vínculo con el trabajo social es lo bastante sólido, la vergüenza puede transformarse en culpa, abriendo una comprensión de los actos del padre y reforzando aún más el vínculo. Esto puede llevar al padre a sentir culpa por sus actos en lugar de vergüenza por quien es (Leith & Baumeister, 1998; Tangney, 1995). Las estrategias iniciales del trabajo social para evitar la vergüenza y construir un vínculo seguro le permiten centrarse después en el maltrato e intentar cambiar la perspectiva del padre en relación con su hijo o hija y con la madre, y ayudarle a comprender mejor las consecuencias de su comportamiento. Sin embargo, como ha mostrado nuestra descripción de las estrategias de negociación, esto no significa automáticamente que el padre acepte definir su comportamiento como maltrato, pero puede comprender que esos actos han afectado negativamente a su hijo o hija y que no deben repetirse. Esto significa que el padre puede llegar a estar motivado para asumir la responsabilidad de sus actos. La investigación sobre los factores que motivan a los padres a cambiar su comportamiento maltratador ha mostrado que insistir en las consecuencias para los hijos e hijas puede favorecer la motivación para abandonar el maltrato y para implicarse en intervenciones terapéuticas (Areán & Davis, 2009; Bourassa et al., 2017; Broady et al., 2017; Featherstone & Peckover, 2007; Hester & Newman, 2020; Smith & Humphreys, 2019; Stanley et al., 2012). Sin embargo, esta investigación no aborda explícitamente la importancia del momento de la conversación en que deben emplearse las estrategias de cambio de perspectiva para suscitar la culpa que permitirá al padre comprender sus actos.

4 DISCUSIÓN

El objetivo de este artículo ha sido examinar las estrategias que utiliza el personal de trabajo social para lograr la cooperación de los padres en IPI iniciadas por el presunto maltrato del padre contra la madre del niño o la niña. El estudio identificó dos estrategias generales para lograr la cooperación: Asegurar un vínculo inicial con el padre reduciendo la tensión del procedimiento de IPI y reafirmando al padre como persona. La segunda estrategia general consiste en Mantener el vínculo al tiempo que se aborda el comportamiento maltratador del padre. El trabajo social lo hace negociando con el padre cómo puede denominarse y entenderse el maltrato, e intentando que el padre cambie de perspectiva y se dé cuenta así de cómo el maltrato ha afectado a quienes han sufrido sus actos y cómo lo han vivido. La dimensión moral del trabajo social se atenúa y se pone el acento en un trabajo social empático y de apoyo que, según las teorías de Scheff y Retzinger (2001) sobre los vínculos sociales, permite al padre sentirse valorado positivamente como persona a ojos del trabajo social, pese a sus actos moralmente reprobables y a la dimensión moral inherente a las IPI.

Sin embargo, lograr la cooperación del padre al tiempo que se aborda su comportamiento maltratador resultó ser un difícil ejercicio de equilibrio para el trabajo social. Si se muestra demasiado confrontativo al hablar del maltrato, corre el riesgo de perder la cooperación del padre y, con ella, la oportunidad de apoyarle para que cambie su comportamiento. Recurriendo a prácticas que reducen la vergüenza y estableciendo un vínculo seguro con el padre, se hace posible abordar el comportamiento maltratador. Los resultados indican que el maltrato puede abordarse a través de una negociación con el padre sobre ese maltrato. En la misma línea, Brandon et al. (2019) sugieren que puede ser necesaria una negociación entre el trabajo social y los padres en las IPI para lograr implicarlos.

El estudio muestra que la perspectiva infantil es un componente clave para lograr la cooperación de los padres y que puede poner en marcha un proceso de cambio. Esto puede hacerse dirigiéndose al padre «moralmente bueno» que ha actuado de forma inmoral y haciéndole ver cómo sus actos (aunque no se definan como maltrato) han sido vividos por su hijo o hija y le han afectado. Esta estrategia puede entenderse a partir de la idea de que hay una distinción entre culpa y vergüenza: la primera implica sentimientos de culpa ligados al acto más que vergüenza ligada a quién se es. La estrategia puede utilizarse así como un recurso en las interacciones con los padres para que se hagan cargo de sus actos. Otros trabajos de investigación también han sugerido que la culpa, a diferencia de la vergüenza, puede desempeñar un papel constructivo en las relaciones interpersonales y abrir el camino a cambios de comportamiento (Tangney, 1995). Sin embargo, Gibson (2015) sostiene que incluso las prácticas que inducen culpa corren el riesgo de imponer más vergüenza. El momento y la combinación de las estrategias empleadas en los contactos con los padres son centrales para lograr esta distinción, como ha mostrado este estudio. Primero debe establecerse un vínculo seguro e, incluso cuando se considera que ese vínculo existe, las estrategias para construirlo y mantenerlo deben entrelazarse continuamente con las estrategias de cambio de perspectiva para asegurar al padre que se le valora positivamente como persona y evitar así infligirle más vergüenza. Es un equilibrio delicado en el que el trabajo social debe moverse constantemente: construir primero la relación y abordar después el comportamiento maltratador de forma constructiva.

Al mismo tiempo, los esfuerzos del trabajo social por generar cooperación también corren el riesgo de arrastrarlo a las racionalizaciones de los padres sobre el maltrato doméstico, lo que conduce a una renegociación y una minimización del maltrato en comparación con los relatos de las víctimas. Los resultados del estudio muestran que el uso de estrategias de negociación puede llevar a desplazar el foco del maltrato doméstico hacia otros problemas, redefiniendo así el maltrato y haciéndolo invisible. Otros estudios han encontrado resultados similares, como los de Heimer et al. (2018) y Mattsson (2017). Heimer et al. (2018) constataron que los esfuerzos del trabajo social por adaptarse a madres y padres y por implicarlos a lo largo de las IPI desembocaban a menudo en una reformulación de los problemas descritos inicialmente en las notificaciones a los servicios de protección infantil, para ajustarlos a la forma en que las familias planteaban el problema. Esto puede entenderse en parte como una consecuencia del modelo de servicio a la familia en el que se basa la prestación de los servicios sociales suecos, que pone el acento en la voluntariedad y en una colaboración con madres y padres. Ocultar así el maltrato doméstico puede contribuir a su reproducción (Berggren et al., 2020) y puede dar lugar a intervenciones mal orientadas, con consecuencias graves para las víctimas de maltrato doméstico. La cuestión es: ¿hasta qué punto puede el trabajo social reducir la tensión, reafirmar y negociar sin acabar negociando hasta hacer desaparecer el problema del maltrato doméstico? Se corre el riesgo no solo de reducir el problema, sino también la propia responsabilidad y la de la organización de trabajar para que el padre cambie su comportamiento maltratador (SFS, 2001, p.453). Esto plantea la cuestión de si llegar a un acuerdo con el padre sobre ciertos aspectos de los actos de maltrato es suficiente cuando la alternativa es no alcanzar ningún tipo de acuerdo sobre el maltrato, lo que podría hacer imposible trabajar con el padre para prevenir nuevos episodios de maltrato. Por ello es importante que el trabajo social deje claro a los padres que los principios fundamentales de los servicios sociales en una IPI se basan en el interés superior del niño o la niña (SFS, 2001, p. 453). La primera prioridad del servicio es la seguridad de los niños y las niñas, que no es negociable. Esto, a su vez, orienta las colaboraciones que deben establecerse en el marco de una IPI.

Mantener el equilibrio entre lograr la cooperación de los padres y no perder de vista el maltrato doméstico en las IPI es una tarea difícil para el trabajo social. El ámbito de la práctica de protección infantil debe disponer de conocimientos sobre este equilibrio, que han de incluir estrategias para lograr la cooperación de los padres sospechosos de maltrato y una comprensión de los retos y oportunidades asociados. Se necesitan más investigación y más desarrollo metodológico sobre cómo llegar a los padres con comportamientos maltratadores, no solo en las IPI sino también en las intervenciones posteriores, sin dejar de centrarse en los propios actos de maltrato.

Complexe Systémique: puntos clave

El estudio examina de cerca un momento que la clínica rara vez ve: el primer encuentro institucional con un padre sospechoso de maltrato. El marco de Scheff, en el que la vergüenza señala un vínculo amenazado y el orgullo un vínculo seguro, aclara por qué la confrontación directa cierra la puerta, y por qué pasar de la vergüenza (lo que soy) a la culpa (lo que hice) abre un espacio para la responsabilidad. La palanca más fecunda es la perspectiva del niño o la niña, que desplaza la conversación del juicio a la relación. Pero el equipo de investigación muestra con honestidad la otra cara: al hablar de «conflicto» o de «discusiones a gritos», y al repartir la carga sobre «vosotros dos», el maltrato acaba renombrado, e incluso borrado, y la protección vuelve a recaer sobre la madre. Para la práctica sistémica, la lección es doble: la alianza con quien ejerce el maltrato es un medio, nunca un fin, y la reformulación alcanza su límite ético cuando diluye la responsabilidad. Los datos se basan únicamente en los relatos del personal de trabajo social, sin las voces de los padres ni de las madres. Para leer junto con la entrevista con Allan Wade sobre la dignidad y la violencia y el estudio sobre hombres condenados por violencia en la pareja en Turquía.

Notas del original

Agradecimientos. La autoría agradece los comentarios y observaciones del personal investigador y del alumnado de doctorado de la Escuela Nacional de Investigación para Profesionales del Trabajo Social (FYS). El proyecto de investigación recibió financiación del Programa Nacional de Investigación Aplicada sobre el Bienestar, gestionado por el Consejo Sueco de Investigación en Salud, Vida Laboral y Bienestar.

Declaración de conflicto de intereses. No hay ningún conflicto de intereses que declarar.

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Traducción no oficial al español de Strategies to increase fathers' engagement in child protection investigations due to domestic partner abuse in Sweden, de Maria Grönte, Tina Mattsson y Lars Plantin, Child & Family Social Work, vol. 29, n.o 3 (2024), doi: 10.1111/cfs.13126, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción, tabla presentada en forma de lista). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de ella; prevalece la versión original.

Esta es una traducción no oficial del artículo original «Strategies to increase fathers' engagement in child protection investigations due to domestic partner abuse in Sweden», publicado en Child & Family Social Work (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción publicada por Complexe Systémique: el texto se ha traducido al español con la ayuda de la inteligencia artificial y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Grönte, M., Mattsson, T., y Plantin, L. (2024). Strategies to increase fathers' engagement in child protection investigations due to domestic partner abuse in Sweden. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/strategies-to-increase-fathers-engagement-in-child-protection-investigations (Trabajo original publicado en 2023 en Child & Family Social Work, 29(3), 669-678 (2024); republicado en 2024 por Child & Family Social Work, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/cfs.13126)

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