Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Clinical Child Psychology and Psychiatry · Familia
El Programa de Acogimiento Reflexivo (Reflective Fostering Programme) ofrece a las personas acogedoras, de familia ajena o extensa, diez sesiones grupales para aprender a mentalizarse a sí mismas antes de mentalizar al niño o la niña. Veinticuatro personas acogedoras describen lo que les aportó: tiempo para sí mismas, un termómetro emocional que previene los estallidos, pero también silencios del grupo vividos como críticas y reticencias en algunos acogedores varones.
Traducción no oficial al español de A qualitative evaluation of the reflective fostering programme – examining foster and kinship carers’ experiences, practical application, and perceived impact, de Thando Katangwe-Chigamba, Jamie Murdoch, Karen Irvine, Sheila Redfern y Nick Midgley, publicado en Clinical Child Psychology and Psychiatry (SAGE) (2025), doi: 10.1177/13591045251321032, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas; la figura se reproduce con su texto original; no se reproducen las biografías de la autoría ni el material complementario. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Mentalizar «el propio yo», y no solo al niño o la niña, teniendo especialmente en cuenta la propia historia y el propio estado emocional (con el MAP y el APP de la persona acogedora), se destacó como un aprendizaje exclusivo del Reflective Fostering Study.
Thando Katangwe-Chigamba, Jamie Murdoch, Karen Irvine, Sheila Redfern y Nick Midgley
Resumen
Antecedentes. La mentalización es la capacidad de pensar e interpretar los comportamientos propios y ajenos en términos de pensamientos y sentimientos. La capacidad de mentalizar de quien cuida puede mejorar la calidad de la relación parentofilial. En el Reino Unido se ha desarrollado el Programa de Acogimiento Reflexivo (Reflective Fostering Programme, RFP) para reforzar la autorregulación y la automentalización de las personas acogedoras de familia ajena y extensa.
Objetivo. Comprender las experiencias de las personas acogedoras, la aplicación práctica y el impacto percibido del RFP.
Métodos. Evaluación cualitativa del RFP mediante entrevistas en profundidad con veinticuatro personas acogedoras. Las entrevistas se grabaron en audio, se transcribieron literalmente y se analizaron temáticamente.
Resultados. Se identificaron tres temas clave: (1) «Tiempo para mí»: reflexiones de las personas acogedoras sobre el programa y sobre lo que lo hace funcionar, que destaca la importancia de compartir experiencias difíciles para practicar la mentalización. (2) «Detenerse y pensar en el momento»: comprensión de los conceptos del programa por parte de las personas acogedoras, que explora cómo conciben la mentalización y revela que algunos acogedores varones describieron dificultades para compartir experiencias personales en grupo y para aplicar la mentalización en la práctica. (3) Aplicación práctica e impacto percibido del programa, que sugiere una puesta en práctica satisfactoria de lo aprendido en el programa, con una mayor capacidad para afrontar el estrés, la prevención de estallidos y una mejor comunicación con la infancia acogida.
Conclusiones. Nuestros resultados sugieren que el programa puede facilitar con éxito el uso de la automentalización por parte de las personas acogedoras, lo que conduce a una mayor autorregulación y a una mayor capacidad para apoyar a la infancia acogida. La investigación futura debería explorar las experiencias de los acogedores varones y de las personas acogedoras de familia extensa para orientar la adaptación del programa.
Palabras clave: mentalización, acogimiento familiar, función reflexiva, autorregulación y automentalización
La mentalización es la capacidad de pensar e interpretar los comportamientos propios y ajenos en términos de estados mentales, pensamientos y sentimientos (Fonagy & Luyten, 2009; Fonagy et al., 2002; Fonagy & Target, 2006; Sharp & Fonagy, 2008a). La infancia en acogimiento familiar ha vivido a menudo traumas en la primera infancia, como negligencia emocional y maltrato (Clausen et al., 1998). Estas experiencias, agravadas por los frecuentes cambios de personas cuidadoras y de entorno de vida, suelen dificultar la formación de vínculos de apego seguros y tienen efectos adversos en su bienestar emocional y su desarrollo.
Según la teoría del apego (Ainsworth et al., 1979), unos cuidados sensibles, que implican percibir e interpretar con precisión las señales del niño o la niña y responder a ellas de forma rápida y adecuada, desarrollan un modelo operativo interno de la figura cuidadora principal como una «base segura» desde la que explorar el entorno con la confianza de que dispondrá de consuelo y protección cuando lo necesite. Por el contrario, unos cuidados poco sensibles, con interacciones repetidas en las que la persona cuidadora rechaza o no atiende las señales infantiles que buscan proximidad o apoyo emocional, se asocian a modelos operativos internos de la figura cuidadora como no disponible o poco fiable, y a patrones de apego inseguro como estrategias compensatorias para afrontar el estrés relacional resultante (Main & Solomon, 1986; Main & Solomon, 1990).
Existe, por tanto, una sólida base empírica que subraya el papel fundamental de la capacidad de mentalizar de quien cuida (operacionalizada como «función reflexiva») en la mejora de la calidad de la relación de apego parentofilial (De Wolff & van Ijzendoorn, 1997; Ensink, Berthelot, et al., 2014; Sharp & Fonagy, 2008b; Zeegers et al., 2017). Un mayor nivel de función reflexiva en las personas cuidadoras se ha asociado a una mejor comunicación, una mayor tolerancia al malestar infantil (Rutherford et al., 2013), la capacidad de gestionar situaciones estresantes (Borelli et al., 2016) y competencias parentales positivas (Rostad & Whitaker, 2016). Los datos muestran también que una mayor función reflexiva de las personas cuidadoras favorece en la infancia el apego seguro, una mayor autoestima y la competencia social (Berube-Beaulieu E et al., 2016; Borelli et al., 2012).
Los vínculos establecidos entre la mentalización de quien cuida y unos cuidados sensibles (Ensink, Berthelot, et al., 2014; Ensink et al., 2014b; Fonagy & Luyten, 2009), así como entre la seguridad del apego infantil y los resultados sociales, emocionales y psicológicos positivos posteriores, han llevado a recomendar programas de formación basados en la mentalización para las personas acogedoras (Howard & Miriam, 2018; Moore T G et al., 2017). Estos programas buscan mejorar la capacidad parental de ofrecer cuidados sensibles y receptivos, con el objetivo de mejorar los patrones de apego infantil.
En el Reino Unido, el Programa de Acogimiento Reflexivo (RFP), una intervención psicoeducativa grupal destinada a apoyar a las personas acogedoras de familia ajena y extensa de menores de 4 a 11 años (Redfern et al., 2018), se desarrolló en respuesta a los llamamientos (Adkins et al., 2018; National Institute of Health and Care Excellence, 2013; National Institute of Health and Care Excellence, 2021) a mejorar los resultados de la infancia tutelada. El programa se basa en la investigación sobre el apego y la mentalización (Cooper & Redfern, 2016; Laranjo et al., 2010; Meins et al., 2003; Slade, 2005), pero se centra principalmente en desarrollar la autorregulación y la automentalización de las personas acogedoras en relación con las personas menores de edad a su cargo. De forma más práctica, el programa pretende proporcionar a las personas acogedoras herramientas que recojan los principios del cuidado reflexivo en una forma abreviada y muy aplicable.
El RFP comparte varios rasgos con otros programas de acogimiento, como el interés por comprender el impacto del trauma y el desarrollo infantil, y la intención de favorecer relaciones positivas entre la persona acogedora y la persona acogida; sin embargo, se diferencia de otros programas muy implantados en el Reino Unido, como Fostering Changes (Briskman et al., 2012), que se basan en modelos cognitivo-conductuales y se centran principalmente en proporcionar a las personas acogedoras habilidades prácticas de afrontamiento. El RFP también se diferencia de otros programas basados en el apego, como Attachment and Biobehavioural Catch-up (ABC), dirigido a quienes cuidan de bebés y de la primera infancia (6–48 meses) y centrado principalmente en favorecer una interpretación adecuada de las señales infantiles en las interacciones con sus progenitores (Dozier et al., 2014).
El RFP se ha pilotado y se ha comprobado su viabilidad en dos estudios de un solo brazo, no aleatorizados, cuyos resultados indican cambios positivos en el nivel de estrés de las personas acogedoras, en el bienestar emocional y conductual infantil y en su capacidad de regulación emocional (Midgley et al., 2019, 2021b). Una pequeña evaluación cualitativa integrada en el estudio de viabilidad indicó que el programa era aceptable y pertinente para las necesidades de las personas acogedoras de familia ajena y extensa. Actualmente se está evaluando la eficacia y la rentabilidad del RFP en un ensayo controlado aleatorizado a gran escala, el Reflective Fostering Study (Midgley et al., 2021a). A lo largo del ensayo, una evaluación de proceso integrada de métodos mixtos tenía como objetivo describir cómo se impartió el RFP, valorar la fidelidad a la intervención, comprender cómo influyeron los factores contextuales en su aplicación y ofrecer explicaciones de los efectos observados en los resultados principales del ensayo. Este artículo, que responde a uno de los objetivos de la evaluación de proceso, busca comprender las experiencias, la aplicación práctica y el impacto percibido del RFP por parte de las personas acogedoras de familia ajena y extensa en sus relaciones con las personas menores de edad a su cargo.
Evaluación cualitativa de proceso del RFP (Midgley et al., 2021a) mediante entrevistas en profundidad con personas acogedoras. Este estudio formaba parte del Reflective Fostering Study, un ensayo controlado aleatorizado pragmático con una evaluación de proceso y una evaluación económica anidadas (52).
El Reflective Fostering Study se llevó a cabo en equipos de acogimiento de autoridades locales (local authorities, LA) y en agencias independientes de acogimiento (independent fostering agencies, IFA) de todo el Reino Unido. Se seleccionaron intencionadamente cuatro centros participantes en el ensayo para formar parte de la evaluación de proceso anidada: Lancashire County Council (noroeste de Inglaterra, 777 menores, 1082 personas acogedoras), North Tyneside Council (noreste de Inglaterra, 117 menores, 146 personas acogedoras), Fostering People (IFA que presta servicios en todo el Reino Unido, 460 menores, 350 personas acogedoras) y el Anna Freud Centre (organización benéfica de salud mental para la infancia y las familias, que impartió el programa a personas acogedoras de diversas agencias de acogimiento).
El RFP es un programa de 10 sesiones que se ofrece a un grupo de 6–10 personas acogedoras a lo largo de 12–14 semanas. Concebido inicialmente para impartirse de forma presencial, el programa se adaptó durante los confinamientos por la COVID-19 en el Reino Unido para impartirse en línea (Redfern et al., 2023). Los grupos los cofacilitan una persona profesional del trabajo social y una persona acogedora, tras una formación de tres medias jornadas. El contenido del programa combina psicoeducación sobre temas como la «red de apoyo» y el «impacto del trauma» con oportunidades para que las personas acogedoras compartan las experiencias que están viviendo con la infancia a su cargo y desarrollen así sus capacidades de mentalización. El programa utiliza varias herramientas prácticas para ayudar a las personas acogedoras a tener presente y practicar la mentalización de sí mismas y de los demás, entre ellas:
Cada sesión, de 2–3 horas de duración, empieza y termina con un Chequeo mental (Mind Check) para practicar la sintonía con el estado mental del momento, e incluye algo de psicoeducación, el tema del día, ejercicios y puntos de debate. En otras publicaciones se ofrecen más detalles sobre el modelo, la estructura y el contenido del programa (Midgley et al., 2021a; Redfern et al., 2018).
Participaron veinticuatro personas acogedoras de familia ajena o extensa (también llamadas «acogedoras vinculadas», connected carers) del brazo de intervención del Reflective Fostering Study. En cada uno de los cuatro centros de la evaluación de proceso, nuestra intención inicial era seleccionar intencionadamente a las personas acogedoras para lograr la máxima variación en años de experiencia en acogimiento, origen étnico, género y tipo de acogimiento (familia extensa o ajena). Sin embargo, debido al escaso número de personas acogedoras de familia extensa y de acogedores varones dispuestos a participar en la evaluación de proceso, las personas participantes se seleccionaron principalmente por conveniencia. Los datos demográficos de las personas acogedoras se presentan en la Tabla 1. En consonancia con el perfil demográfico de las personas acogedoras en el Reino Unido (Office for National Statistics (ONS), 2021, Ofstead, 2023), la mayoría de las personas participantes eran mujeres (87,5 %), acogedoras de familia ajena (91,7 %), mayores de 50 años (83,4 %) y de origen étnico blanco (79,1 %). La experiencia en acogimiento oscilaba entre 0 y 20 años.
Tabla 1 — Datos demográficos de las personas acogedoras
Característica n = 24: n (%)
Se realizaron entrevistas semiestructuradas de forma virtual por Teams o por teléfono. Las entrevistas se grabaron en audio y se guiaron por un guion temático elaborado por el equipo de investigación (véase el archivo complementario 1). Los temas abordados incluían la relación de las personas acogedoras con el niño o los niños de su acogimiento actual; sus experiencias de participación en el programa; y sus opiniones y percepciones sobre la estructura, las actividades, los conceptos y las herramientas del programa. Las entrevistas duraron entre 45 y 60 minutos y se realizaron entre 4 y 12 meses después de la medición inicial. Se obtuvo de todas las personas participantes un consentimiento informado por escrito específico para participar en el estudio cualitativo.
Las entrevistas se transcribieron literalmente y las transcripciones anonimizadas se cargaron en NVivo para su análisis. Los datos se analizaron inicialmente de forma temática (Joy et al., 2023) siguiendo estos pasos: (1) familiarización; (2) codificación inductiva; (3) generación de temas; (4) desarrollo de temas; y (5) depuración, definición y denominación de los temas (Braun and Clarke, 2013). El desarrollo de los temas se guio también por las preguntas de investigación y por el modelo lógico del RFP (Midgley et al., 2021a; Redfern et al., 2018); por ejemplo, los códigos relativos a la aplicación por parte de las personas acogedoras de los principios clave del cuidado reflexivo se relacionaron con las herramientas correspondientes del programa (p. ej., el MAP de la persona acogedora) para comprender si las personas acogedoras aplicaban los distintos tipos de herramientas o principios del programa, y de qué manera. Por último, los temas se depuraron mediante debates y comentarios de miembros del equipo de investigación y del equipo de desarrollo de la intervención.
Del análisis se identificaron tres temas clave (véase la Figura 1). La sección siguiente ofrece un relato de cada tema con citas ilustrativas. En la Tabla 2 se presentan citas ilustrativas más completas y adicionales, a las que se remite en el texto.

Tabla 2 — Temas, subtemas y citas ilustrativas
1. «Tiempo para mí»: reflexiones de las personas acogedoras sobre el programa y sobre lo que lo hace funcionar
1.1 Estructura y tamaño del programa
1.2 Conocimiento previo de las demás personas acogedoras y de quienes facilitan
1.3 El papel de quienes facilitan
Tema 2: «Detenerse y pensar en el momento»: comprensión de los conceptos del programa por parte de las personas acogedoras y su aplicabilidad práctica
2.2 Comprender la mentalización
2.2 «Herramientas» para facilitar la mentalización
Tema 3: Aplicación práctica e impacto percibido del programa
3.1 Regulación emocional
3.2 Mentalización de uno mismo y de los demás
3.3 Impacto más amplio del programa de acogimiento reflexivo
El énfasis que pone el RFP en que las personas acogedoras se cuiden y se mentalicen a sí mismas (y no solo a la infancia acogida) se destacó como un aspecto singular del programa. Mientras que para algunas personas cuidarse equivalía a asistir al propio programa, para otras significaba tomarse tiempo para hacer actividades para sí mismas sin sentirse culpables (Tabla 2, cita(s) A). Sobre la decisión de sumarse al estudio y asistir al programa, una persona acogedora explicó:
Al principio pensé: «¿Qué he hecho? Me he comprometido muchísimo y soy una persona tan ocupada». Pero después de las primeras sesiones, me di cuenta de que en realidad siento que este es mi tiempo. [C3, 58, mujer, blanca, acogimiento ajeno, 10 años de exp.]
El foco en las personas acogedoras se pone en práctica a través de la dimensión vivencial del programa, en la que quienes facilitan modelan activamente e invitan al grupo a pensar en el impacto que tiene en cada persona el cuidado de la infancia acogida, y a darse cuenta de cuándo se siente desbordada o incapaz de pensar con calma. Las personas acogedoras valoraron mayoritariamente de forma positiva esta dimensión del programa y destacaron varios beneficios: en primer lugar, se consideró que compartir experiencias personales había facilitado el aprendizaje compartido, sobre todo cuando las personas acogedoras con más experiencia contaban cómo habían afrontado anteriormente comportamientos difíciles. En segundo lugar, escuchar las historias de otras personas ayudó a normalizar experiencias y reacciones, combatiendo así los sentimientos de aislamiento y de culpa. En algunas personas acogedoras más nuevas, la comprensión compartida dentro del grupo y la empatía y la validación recibidas de las demás personas acogedoras y de quienes facilitaban hicieron que fueran menos autocríticas y tuvieran más confianza y más aprecio por sus propios esfuerzos y por los progresos con el niño o los niños a su cargo (Tabla 2, cita(s) B). Por último, algunas personas acogedoras compararon la dimensión vivencial del programa con estar en «terapia», y vieron las sesiones como un espacio seguro para reflexionar sobre experiencias difíciles y ser escuchadas por otras personas capaces de identificarse con sus vivencias.
Es como catártico, y sentías que aprendías un poco, pero en realidad te sientes mejor al final de esas dos horas. Llegaras como llegaras, por muy estresado que estuvieras… por eso yo lo llamo yoga de grupo de apoyo, porque eran dos horas en las que piensas en ti mismo [C17, 52, hombre, blanco, acogimiento ajeno, 7 años de exp.]
Sin embargo, no todas las personas acogedoras valoraron positivamente el hecho de compartir experiencias personales. Por ejemplo, un acogedor varón describió esta actividad como contraria a su forma de afrontar las cosas, que consistía sobre todo en centrarse en lo positivo de la vida y no recrearse en las experiencias negativas.
En cuanto a mentalidad, yo bloqueo cualquier negatividad, y a veces las sesiones de formación con algunas familias acogedoras —si están pasando una época especialmente mala— se hacían cuesta arriba… puede ser un ambiente bastante negativo y eso a veces te desanima [C9, 34, hombre, blanco, acogimiento ajeno, 2 años de exp.]
Compartir experiencias y dificultades personales exigía apertura y cierto grado de vulnerabilidad por parte de las personas acogedoras. Estas utilizaron términos como «de apoyo», «comprensivo», «sin juicios» y «seguro» para describir el espacio que les permitía compartir abiertamente sus experiencias. Se destacaron tres características contextuales clave del programa que facilitaron (u obstaculizaron) la construcción de la confianza y la sensación de «seguridad» necesarias para compartir experiencias personales:
Las garantías de confidencialidad, subrayadas a lo largo de todo el programa, fueron un rasgo importante que facilitó la confianza. Además, el uso de salas de trabajo en línea, en las que las personas acogedoras realizaban por parejas actividades como el Chequeo mental, facilitó también una primera reflexión sin tener que dirigirse a todo el grupo. La duración del programa (10 sesiones) fue otro elemento destacado como facilitador de la apertura y de la construcción de la confianza, ya que permitía que las personas acogedoras se conocieran y se sintieran cómodas entre sí.
Las salas de trabajo [fueron] de muchísima ayuda. Nos conocimos y ahí fue donde todas nos sentimos seguras [C15, 51, mujer, blanca, 11 meses de exp.]
El RFP se diseñó para grupos de 6–10 personas acogedoras. Sin embargo, debido a problemas de captación en algunos centros, se aceptaron grupos más pequeños (4–5 personas acogedoras). El papel de los grupos pequeños a la hora de facilitar u obstaculizar el intercambio dependía de la dinámica y de las preferencias de las personas acogedoras. Para la mayoría, el tamaño reducido del grupo facilitó el intercambio, porque dejaba tiempo suficiente para que cada persona compartiera. Sin embargo, para un acogedor varón el tamaño reducido del grupo limitó un debate adecuado (Tabla 2, cita(s) C).
Algunos grupos eran mixtos, formados por personas acogedoras de distintos servicios de acogimiento que no se conocían previamente, mientras que en otros grupos la mayoría de las personas acogedoras procedían del mismo servicio, se conocían entre sí y conocían a quienes facilitaban. Aunque la mayoría de las personas acogedoras de los grupos mixtos no tenían opiniones marcadas sobre la dinámica del grupo, algunas consideraron que al principio hizo falta tiempo para construir la confianza necesaria para la apertura, y que la estructura del programa desempeñó un papel clave en la creación de un espacio seguro. En los grupos de un solo servicio, aunque ninguna de las personas acogedoras entrevistadas dijo que conocer previamente a quienes facilitaban le hubiera impedido compartir, algunas lo mencionaron como un posible obstáculo para «otras» personas acogedoras. Sin embargo, algunas reconocieron que conocer previamente a las demás personas acogedoras influía en la profundidad y el detalle de las experiencias que se compartían en las sesiones (Tabla 2, cita(s) D).
Probablemente me resultaría más fácil [si no conociera a todo el mundo]. Por los problemas que tenemos con [nombre del niño], soy muy consciente de que todas las personas acogedoras se conocen entre sí [C7, 52, mujer, blanca, 6 años de exp.]
Estas perspectivas muestran que las personas acogedoras tienen que gestionar su papel en estas actividades, decidiendo qué revelar en el debate y en qué medida en función de las relaciones existentes.
La autenticidad y la apertura de quienes facilitaban al compartir sus propias dificultades personales (que es lo que fomenta el programa) abrieron el camino para que las personas acogedoras hablaran abiertamente de las suyas (Tabla 2, cita(s) E).
La sensibilidad con la que quienes facilitaban y las demás personas acogedoras respondían cuando alguien compartía experiencias personales delicadas, así como las expectativas de las personas acogedoras, desempeñaron también un papel clave a la hora de facilitar u obstaculizar una mayor apertura y una implicación continuada. Sin embargo, algunas personas acogedoras hablaron de sus experiencias al compartir vivencias difíciles y de cómo percibieron como negativa la respuesta recibida de quienes facilitaban o de otras personas acogedoras, lo que llevó a su desvinculación (p. ej., falta de disposición a volver a compartir). Algunas personas acogedoras, tras compartir experiencias personales, percibieron los ofrecimientos de apoyo de los demás como lástima o interpretaron el silencio como crítica (Tabla 2, cita(s) F). Una persona acogedora contó cómo su expectativa de recibir algunas ideas del grupo tras compartir una experiencia muy difícil se topó, para su decepción, con el silencio:
Conté delante de todo el mundo [que] mi niña es violenta conmigo… la gente fue comprensiva, pero simplemente se abrió al grupo. Me quedé bastante disgustada, porque ya era un momento difícil y sentía que había hecho algo muy grande al sacarlo y exponerlo delante de otras personas, y no hubo ningún apoyo. [C4, 56, mujer, blanca, acogimiento ajeno, 9 meses de exp.]
Estas experiencias ponen de relieve la sensibilidad que se exige a quienes facilitan, y las expectativas respecto de las demás personas acogedoras, cuando se imparte un programa grupal en el que se comparte información delicada, o se participa en él.
La cofacilitación del programa por una persona profesional del trabajo social y una persona acogedora, un rasgo singular concebido para promover la confianza epistémica (es decir, la disposición a aceptar nueva información como fiable, pertinente y generalizable), se consideró beneficiosa para las personas participantes. Curiosamente, las personas acogedoras mencionaron que la presencia de la persona profesional del trabajo social les daba confianza, aportaba credibilidad a la formación y objetividad a los debates (Tabla 2, cita(s) G). Algunas personas acogedoras, sin embargo, consideraron que a la persona profesional del trabajo social le faltaba experiencia real de acogimiento (Tabla 2, cita(s) H). Una acogedora, que describió una relación difícil con la persona profesional del trabajo social que la acompañaba (no la persona facilitadora), habló largo y tendido de los beneficios de que profesionales del trabajo social asistan a programas como el RFP o los impartan. Esta acogedora destacó el programa como una oportunidad para que el personal de trabajo social comprenda mejor lo que viven las personas acogedoras y esté así mejor preparado para apoyarlas (Tabla 2, cita(s) I).
Más profesionales del trabajo social deberían asistir [al programa]… porque la gente tiene que entender lo que pasamos; así quizá sientan algo de empatía por nosotras. [C24, 48, mujer, negra, 10 años de exp.]
La mayoría de las personas acogedoras consideraron que quienes cofacilitaban desde su propia experiencia de acogimiento ayudaban a crear un ambiente de empatía y comprensión, ya que podían identificarse con las experiencias de las personas participantes. El papel de la persona acogedora facilitadora fue crucial para la participación, ya que a menudo tomaba la iniciativa de compartir sus experiencias, lo que ayudaba a las personas participantes a saber qué se esperaba de ellas en las actividades (Tabla 2, cita(s) J).
El RFP se basa en el concepto clave de mentalización, entendida como una habilidad esencial para construir relaciones, desarrollar la confianza epistémica y favorecer que la infancia acogida se abra a escuchar y a aprender de quienes la cuidan (Redfern et al., 2018). Por ello, el programa se centra en desarrollar la capacidad de las personas acogedoras para comprenderse a sí mismas (sus propios pensamientos y sentimientos) y en desarrollar la conciencia y la curiosidad por lo que puede estar ocurriendo en los pensamientos y sentimientos de la persona menor. La mentalización tiene varias dimensiones, entre ellas: (1) la mentalización diferida (offline, reflexión) y en el momento (online), (2) la mentalización de uno mismo y de los demás y (3) la mentalización afectiva (emociones) y cognitiva (pensamientos).
El concepto de mentalización se introduce de forma explícita al principio del programa, y se anima a quienes facilitan a explicarlo con un lenguaje y ejemplos cotidianos. En general, la mayoría de las personas acogedoras se identificaron con el concepto de mentalización y subrayaron que el programa simplemente pone de relieve la importancia de procesos de pensamiento normales y de prestarles atención de forma deliberada.
Estuvo bien cuando me enseñaron lo de la mentalización, aunque en cierto modo ya haces estas cosas sin saber que se llaman así. Pero hizo que lo hiciera más a menudo [C14, 58, mujer, blanca, 12 años de exp.]
Sin embargo, la comprensión de las distintas dimensiones de la mentalización variaba entre las personas acogedoras, lo que determinaba si aplicaban lo aprendido en el programa, y de qué manera. La mayoría de quienes sentían que ya aplicaban prácticas «reflexivas» antes del programa describían una mentalización diferida (Tabla 2, cita(s) K). Sin embargo, algunas personas acogedoras diferenciaban claramente entre mentalización diferida y en el momento, y presentaban esta última como una práctica nueva que habían adoptado tras el RFP (Tabla 2, cita(s) L).
El RFP me ha hecho detenerme y pensar en medio de las cosas… mientras están pasando de verdad; esto me ha ayudado muchísimo [C4, 56 años, mujer, blanca, acogimiento ajeno, 0 años y 9 meses de exp.]
La mayoría de las personas acogedoras comprendieron el concepto de mentalizarse a sí mismas y a los demás. Aunque la mayoría estaba familiarizada con la mentalización de la persona menor por formaciones anteriores (aunque con otros términos), aprender a mentalizarse a sí mismas se destacó como algo nuevo (Tabla 2, cita(s) M).
La parte en la que antes no trabajaba mucho era… No pensaba en mí en una situación en la que intentaba resolver un problema que estaba pasando con una criatura que tenía a mi cuidado. No me paraba a pensar: «¿Cómo te hace sentir esto? ¿Estás reaccionando de la forma correcta?» [C14, 58 años, mujer, blanca, 12 años y 8 meses de exp.]
Un aspecto importante de la mentalización que se reconoce en el programa es que la mente es opaca, lo que hace difícil saber con certeza qué piensan y sienten los demás. Por ello, el programa subraya la importancia de sentir curiosidad por lo que puede estar ocurriéndole a la persona menor para construir la relación. Este concepto, aunque claro y aceptable para la mayoría de las personas acogedoras, supuso un escollo para un acogedor varón que no veía el sentido de mentalizar, ya que no se puede saber del todo lo que la otra persona piensa o siente. No es de extrañar que, al preguntarle por la mentalización, este acogedor dijera (Tabla 2, cita(s) N):
Odiaba esa palabra [mentalizar]. Porque para mí es pensar sobre el pensar, y eso no se puede hacer [C16, 64, hombre, blanco, 6 años de exp.]
Durante las sesiones se presentan varias herramientas para ayudar a las personas acogedoras a mentalizar (véase el apartado de métodos). Aunque la mayoría de las personas acogedoras no recordaba el nombre concreto de las herramientas (salvo el termómetro emocional), sí podía relacionarlas con aquello para lo que se habían diseñado. La mayoría consideró que las herramientas eran prácticas y fáciles de aplicar en cualquier situación, sin imponerles instrucciones rígidas.
Creo que el acogimiento reflexivo te da esas herramientas para manejar esas situaciones y sentirte mejor con cómo manejas la situación, en lugar de que te digan: «No, esta es la única forma de hacerlo» [C3, 58, mujer, blanca, acogimiento ajeno, 10 años de exp.]
Sin embargo, dos personas acogedoras consideraron que las herramientas eran demasiado objetivas y teóricas para aplicarlas en una situación concreta. Una de ellas, acogedora de familia extensa, dijo que habría preferido instrucciones concretas sobre qué hacer en una situación difícil, en lugar de recibir herramientas para pensar. La segunda, un acogedor varón al que ya nos hemos referido por sus dificultades con el concepto de mentalización, consideró que aplicar las herramientas en una situación de mucho estrés (es decir, la mentalización en el momento) era poco práctico y poco natural. Además, aunque este acogedor podía aplicar conceptos de automentalización, dijo que le resultaba más fácil mentalizar cognitivamente (pensamientos) que afectivamente (sentimientos) (Tabla 2, cita(s) O).
Son teorías estupendas, pero en realidad la práctica es qué haces. ¿Qué es lo mejor que puedes hacer, y qué es lo segundo mejor? [C13, 69, mujer, blanca, familia extensa, 3 años de exp.]
Mi opinión es que uno no se levanta de la cama pensando: «Uy, ¿debería usar esa herramienta?». Te levantas de la cama y haces lo que haces… [esas] cosas son subjetivas y objetivas según cómo lo veas [C16, 64, hombre, blanco, 6 años de exp.]
Uno de los mecanismos de cambio centrales del RFP es que «las personas acogedoras aprendan a vigilar su temperatura emocional en las situaciones de cuidado para gestionar mejor la activación y los niveles de estrés (Redfern et al., 2018)». Casi todas las personas acogedoras hablaron de haber adoptado la práctica de usar el «termómetro emocional» para vigilar su estado emocional y el ejercicio del Chequeo mental para evaluar su estado cognitivo y emocional (Tabla 2, cita(s) P). Aplicar estas prácticas en una situación difícil ayudó a las personas acogedoras a «detenerse en el momento» y a «pensar antes de hablar», discerniendo mejor «cuándo elegir sus batallas».
Te recuerda que no hay que reaccionar al instante. Solo esos dos minutos para pensar antes de entrar a saco, y que los críos se enteren [C7, 52 años, mujer, blanca, acogimiento ajeno, 6 años y 3 meses de exp.]
Las personas acogedoras describieron el resultado de vigilar su propio estado mental como la adopción de un enfoque tranquilo (frente a un enfoque de confrontación) que evitaba los estallidos emocionales y facilitaba una mejor comunicación. Así, algunas personas acogedoras se refirieron a la mentalización como una «táctica de desescalada», una nueva forma de resolver los problemas que modera las reacciones (Tabla 2, cita(s) Q).
Ella [la niña] a veces quizá está esperando a que digas algo o se lo discutas. Y creo que, al no discutírselo… no hemos entrado al trapo, por así decirlo. Así que nos hemos ahorrado muchos más estallidos explosivos [C3, 58 años, mujer, blanca, acogimiento ajeno, 10 años y 2 meses de exp.]
Otro mecanismo de cambio propuesto por el programa es que las personas acogedoras mantengan una actitud de curiosidad y una mente abierta respecto de sus propios estados mentales y los de la persona menor (capacidad reflexiva) (Redfern et al., 2018). Las personas participantes parecían haber asumido explícitamente estas ideas y utilizaban expresiones como «ponerse en los zapatos de la criatura», «bajar al nivel de la criatura» o «mirar las cosas desde el punto de vista de la criatura» para describir la mentalización de la persona menor.
Las personas acogedoras dieron ejemplos de incidentes concretos en los que vigilar su propio estado emocional y mostrar curiosidad por la mente de la persona menor en ese momento había moderado sus actos y evitado estallidos. Una acogedora describió su proceso de pensamiento durante un incidente en el que había decidido ir a buscar a la niña porque llegaba tarde a casa. A diferencia de la persona participante citada antes, a la que le costaba utilizar los conceptos del acogimiento reflexivo en los momentos cotidianos (Tabla 2, cita(s) O), aquí vemos a una persona acogedora que describe cómo aplica los conceptos [indicados entre corchetes] para tomar en el momento decisiones sobre qué hacer a continuación, y el impacto de esas decisiones:
Pero cuando la vi venir hacia mí, me frené y pensé: «No, reflexiona, reflexiona, vuelve ahí abajo [regulación emocional - termómetro emocional], piensa en cómo se siente ella ahora. Es evidente que viene corriendo. Se ha dado cuenta de que llega tarde. Está muy angustiada pensando que se va a meter en un buen lío [mentalización de la niña - APP de la persona acogedora]. Ya hablaremos de ello más tarde» [decisión de la persona acogedora] … se sorprendió [reacción de la niña], y cenamos muy a gusto juntas[resultado]. Si le hubiera dicho algo en ese momento, todo habría estallado y ninguna de las dos habría llegado a ningún sitio. [C3, 58, mujer, blanca, acogimiento ajeno, 10 años de exp.]
La mayoría de las personas acogedoras describieron acertadamente la mentalización como un proceso que implica curiosidad, empatía y validación. Algunas de las que hablaron de poner en práctica el APP y el MAP de la persona menor sintieron que estas herramientas les permitían adoptar un enfoque más empático. Además, mediante el enfoque de las «dos manos», algunas personas acogedoras comprendieron mejor la necesidad de empatía y validación sin dejar de poner límites. Una acogedora describió cómo adoptó un enfoque menos punitivo y disciplinario cuando comprendió que el tipo y la severidad del castigo no son tan importantes como que la persona menor reconozca que su comportamiento está mal y que todo comportamiento tiene consecuencias (Tabla 2, cita(s) R).
Mentalizar «el propio yo», y no solo al niño o la niña, teniendo especialmente en cuenta la propia historia y el propio estado emocional (con el MAP y el APP de la persona acogedora), se destacó como un aprendizaje exclusivo del Reflective Fostering Study (Tabla 2, cita(s) S).
Me enfadaba porque lo que espero de ella es que sea capaz de ponerse a hacer X, Y y Z, y no lo hace. Pero como nunca me había analizado ni me había mentalizado a mí misma sobre eso, la cosa acaba escalando en una especie de gritería [C14, 58, mujer, blanca, 12 años de exp.]
Algunas personas acogedoras, que consideraban que el programa había mejorado su relación, destacaron como resultado una mejor comunicación y una mayor confianza entre ellas y la infancia acogida. Las personas acogedoras describieron cómo vigilar su activación emocional (termómetro emocional), elegir el momento adecuado para comunicarse con la persona menor y la mentalización (de sí mismas y de los demás) habían dado lugar a un entorno de convivencia más positivo. El resultado final de estos procesos fue el desarrollo de lo que se denomina «confianza epistémica» (Fonagy & Allison, 2014), es decir, una mayor capacidad de sentirse con la seguridad suficiente para aprender de los demás, lo que favorece el vínculo, la seguridad y la protección (Tabla 2, cita(s) T).
Algunas personas acogedoras que habían observado resultados positivos describieron un impacto que iba más allá de su relación con la persona menor que tenían acogida en ese momento. Estas personas consideraban las habilidades aprendidas en el programa como habilidades para la vida, que adoptaron en otras relaciones (p. ej., con su pareja) y en otros contextos (p. ej., el trabajo) (Tabla 2, cita(s) U). Una acogedora contó cómo la participación en el programa le había dado la oportunidad de reflexionar sobre lo que falló en un acogimiento anterior, y concluyó que, si entonces hubiera aplicado lo aprendido en el RFP, quizá se habría podido salvar aquel acogimiento:
Pensaba: «Eso funcionaría con una criatura que tuve antes». Tuve a una adolescente que estuvo conmigo tres años y el acogimiento se rompió. Y pensaba: «Si hubiera hecho esto antes, probablemente habría podido salvar ese acogimiento» [C5, 52, mujer, blanca, 9 años de exp.]
Es importante señalar que, en algunas personas acogedoras, el programa despertó la determinación de no rendirse con la infancia a su cargo y de buscar el apoyo adecuado. En el caso de una acogedora más reciente, el programa posiblemente evitó la ruptura de un acogimiento.
Tengo que decir que un par de veces me planteé que se fuera a otro sitio, pero no lo hice. El [programa de acogimiento reflexivo] me ayudó de verdad. De verdad me dio buenas herramientas para sortear las dificultades que hemos tenido y llegar a una relación cálida. He aprendido que es útil poner en práctica lo de reconocer mi estado emocional y pensar en sus pensamientos y sentimientos para entender por qué actúa como actúa. [C11, 53, mujer, blanca, acogimiento ajeno, 7 meses de exp.]
Esta evaluación cualitativa de proceso tenía como objetivo comprender las experiencias, la aplicación práctica y el impacto percibido del RFP por parte de las personas acogedoras de familia ajena y extensa en sus relaciones con la infancia a su cargo.
Aunque la psicoeducación es un componente del RFP, las experiencias de las personas acogedoras estuvieron determinadas sobre todo por el componente de trabajo grupal de la intervención (Redfern et al., 2018). Los relatos de las personas participantes sobre el intercambio de experiencias y conocimientos destacaron la empatía y la validación como aspectos clave de un enfoque mentalizador que, cuando lo ponían en práctica tanto quienes facilitaban como las personas acogedoras, favorecía los sentimientos de confianza y seguridad y permitía a las personas acogedoras reflexionar sobre experiencias difíciles y ser escuchadas por otras personas. En consonancia con investigaciones anteriores (Logren et al., 2019), nuestros resultados sugieren que, para algunas personas acogedoras, el trabajo grupal sirvió para abordar los sentimientos de aislamiento, culpa y falta de confianza mediante el aprendizaje compartido y la normalización de las experiencias. Nuestros resultados coinciden con investigaciones anteriores que señalan que el contacto entre iguales en el acogimiento familiar es informativo (ayuda a resolver problemas), aporta empatía y contrarresta los sentimientos de aislamiento (Blythe et al., 2011; Sebba & Luke, 2013). Estos resultados concuerdan con la teoría del cambio y los resultados previstos del RFP (Redfern et al., 2018), cuyo supuesto subyacente es que compartir experiencias similares construye confianza epistémica, lo que aumenta la capacidad de las personas acogedoras para aprender de los demás y fomenta un sentimiento de confianza y competencia en sus habilidades de crianza.
Compartir experiencias difíciles relacionadas con la infancia a su cargo se identificó también como un aspecto importante del programa, que permitía tanto a quienes facilitaban como a las personas participantes modelar y practicar activamente la mentalización con las herramientas presentadas. Los sentimientos de confianza y seguridad vividos en el grupo surgieron como un aspecto clave que permitía a las personas acogedoras compartir experiencias difíciles. Aunque la estructura y las actividades del programa (p. ej., el Chequeo mental) desempeñaron un papel importante a la hora de favorecer los sentimientos de confianza y seguridad, nuestros resultados aportan algunas pistas sobre las condiciones en las que se experimentan la confianza y la seguridad y sobre lo que permite que se manifiesten.
En primer lugar, los resultados revelan la importancia de la composición del grupo (es decir, el conocimiento previo de las demás personas acogedoras y de quienes facilitan) a la hora de facilitar u obstaculizar la confianza y la revelación de experiencias y vulnerabilidades. Las perspectivas compartidas en este estudio muestran a personas acogedoras que gestionan su papel en las actividades del grupo sopesando lo que estaría en juego tanto para el niño o los niños a su cargo como para su propia credibilidad y responsabilidad, a fin de decidir si compartir y en qué medida. Este resultado coincide con investigaciones anteriores sobre la autorrevelación en la orientación grupal, que constataron que, al compartir experiencias, las personas tienen en cuenta los valores socioculturales vinculados a los objetos de debate y el dilema del acceso epistémico a la experiencia (Logren et al., 2019). También es importante señalar que dos de los tres acogedores varones que participaron en nuestro estudio expresaron opiniones negativas sobre el hecho de compartir experiencias difíciles. Aunque estos participantes tenían motivos distintos para ello (les resultaba desmotivador compartir experiencias negativas, o el tamaño reducido del grupo limitaba los debates en profundidad), nuestros resultados podrían sugerir que a algunos acogedores varones les cuesta esta dinámica y necesitan otro tipo de enfoque. Está bien documentado que los hombres recurren menos a las intervenciones psicológicas (Cochran, 2005). Investigaciones anteriores también han sugerido que los hombres pueden mostrarse más escépticos ante la revelación de experiencias personales y parecer evasivos e inseguros respecto de la expresión emocional (Cochran, 2005). Nuestros resultados podrían sugerir la necesidad de intervenciones adaptadas empíricamente para aumentar la participación y la implicación de los hombres, junto con evaluaciones formales que hagan avanzar la base empírica (Seidler et al., 2018).
En segundo lugar, nuestros resultados sugieren que la confianza epistémica y la participación en el programa pueden verse favorecidas cuando quienes facilitan revelan experiencias personales difíciles vividas en su propio papel de cuidado. Al parecer, el hecho de que profesionales del trabajo social revelaran experiencias difíciles, aunque algunas personas participantes lo señalaran como algo fuera de lo habitual, favoreció la confianza epistémica al equilibrar las dinámicas de poder. Además, las experiencias personales compartidas por las personas acogedoras facilitadoras, con las que las personas participantes se identificaban mucho, parecieron fundamentales para mostrar las actividades de la intervención, incluida la aplicación práctica de la psicoeducación. Este resultado subraya la importancia de que el programa lo cofaciliten una persona acogedora y una persona profesional del trabajo social, y coincide con evaluaciones cualitativas anteriores del RFP (Midgley et al., 2021b), en las que las personas participantes consideraron que la inclusión de una persona acogedora como cofacilitadora permitía crear un espacio seguro y sin juicios para la comunicación abierta. Nuestro estudio amplía estos resultados al identificar la importancia percibida de incluir a una persona profesional del trabajo social (es decir, la credibilidad) y al señalar consideraciones importantes para su labor de facilitación (es decir, adoptar con las personas acogedoras una forma de relacionarse distinta de su postura profesional habitual).
En tercer lugar, nuestros resultados ponen de relieve las habilidades de comunicación esenciales que quienes facilitan deben desplegar para mantener la confianza después de que una persona acogedora revele experiencias difíciles o muestre su vulnerabilidad. Por ejemplo, cuando las personas acogedoras percibían el silencio como crítica y los ofrecimientos de apoyo como lástima, este estudio deja clara la importancia de que quienes facilitan validen la experiencia de la persona acogedora y procuren no exponerla a lo que pueda percibir como crítica o lástima. Investigaciones anteriores reconocen lo delicado que resulta mostrar afinidad o distancia respecto de una experiencia al responder a una autorrevelación sin dejar de mantener relaciones positivas (Logren et al., 2019). Esas investigaciones sugieren que presentar una segunda autorrevelación basada en las propias experiencias de quien habla es una forma eficaz de cuestionar a la otra persona o de validar sus revelaciones en un grupo sin dañar las relaciones (Logren et al., 2019; Pino, 2017). Aunque nuestros resultados revelan experiencias negativas de algunas personas acogedoras en cuanto a las respuestas recibidas tras compartir experiencias difíciles, aportan información valiosa sobre la dinámica de las sesiones y ponen de relieve la importancia de cómo responden quienes facilitan a los «momentos críticos» de la impartición del programa, es decir, cuando las personas acogedoras comparten experiencias difíciles. Hacerlo bien exige, sin duda, habilidades de comunicación sofisticadas. Por ello, las experiencias negativas recogidas en este artículo ofrecen pistas sobre cómo afinar la formación de quienes facilitan y podrían ayudar a determinar en qué aspectos podría adaptarse la impartición del programa para facilitar que las personas acogedoras compartan.
Nuestro examen de los relatos de las personas acogedoras sobre la aplicación práctica de lo aprendido en el Programa de Acogimiento Reflexivo sugiere que el programa puede facilitar con éxito la puesta en práctica de la automentalización, lo que conduce a una mayor autorregulación y a mejoras en la relación entre la persona acogedora y la persona acogida. Además, nuestros resultados sugieren que la autorregulación ejercida mediante la vigilancia de la activación emocional y la mentalización de uno mismo (y de los demás) se percibió como una ayuda para regular el comportamiento de las personas acogedoras (p. ej., cuando deciden evitar la confrontación inmediata de los problemas), lo que permitió prevenir estallidos y mejorar la comunicación entre la persona menor y la persona acogedora. Estos resultados coinciden con la teoría en la que se basa el RFP, que asocia una mayor función reflexiva en las personas cuidadoras con una mayor tolerancia al malestar de la infancia a su cargo (Rutherford et al., 2013), la capacidad de gestionar situaciones estresantes (Borelli et al., 2016) y una mejor comunicación con sus hijos e hijas (Rostad & Whitaker, 2016). Nuestros resultados, que ponen de relieve el principio central del RFP (es decir, el foco en la autorregulación y la automentalización de las personas acogedoras), difieren de los publicados en evaluaciones cualitativas de otros programas informados por el trauma y el apego (p. ej., Fostering Connections) (Lotty, Dunn-Galvin, & Bantry-White, 2020), en los que las personas acogedoras refieren resultados más implícitos (p. ej., cambios en la percepción de las dificultades emocionales y conductuales de la infancia acogida) (Lotty, Bantry-White, & Dunn-Galvin, 2020).
Por último, nuestros resultados, que aportan algunas pistas sobre los aspectos clave que facilitan la aplicación de lo aprendido en el Programa de Acogimiento Reflexivo, revelan que la comprensión por parte de las personas acogedoras de los conceptos del programa (es decir, la mentalización), de sus límites (es decir, que la mente es opaca) y de cómo se diferencian o se relacionan con otros conceptos conocidos (p. ej., la reflexión en el momento y la diferida) es importante para su aplicación en las relaciones con la infancia a su cargo.
Este estudio examinó en profundidad las experiencias, la comprensión y la aplicación del RFP por parte de las personas acogedoras, en el marco de un ensayo clínico aleatorizado a gran escala. La investigación cualitativa anterior sobre el RFP había aportado información sobre su aceptabilidad, explorando la pertinencia del programa y las opiniones de las personas acogedoras sobre su estructura, su contenido y su impartición conjunta (Midgley et al., 2019; Midgley et al., 2021). La presente evaluación amplía este conjunto de investigaciones al empezar a comprender, desde la perspectiva de las personas acogedoras, cómo se activan los mecanismos de cambio dentro de las sesiones y más allá de ellas para influir en la relación entre la persona acogedora y la persona acogida. Por tanto, nuestros resultados aportan información valiosa sobre cómo afinar y adaptar la impartición del programa, incluida la formación de quienes facilitan, para mejorar su aplicación práctica.
Este estudio sugiere que la mayoría de las personas acogedoras pusieron en práctica con éxito aspectos clave del RFP (es decir, la autorregulación y la automentalización). Los beneficios del programa referidos, entre ellos una mayor capacidad para afrontar situaciones estresantes, la prevención de estallidos y una mejor comunicación, concuerdan con el modelo del programa y con las teorías del apego y de la mentalización en las que se basa. Nuestros resultados destacan el intercambio de experiencias difíciles como un aspecto clave del programa que permitió modelar y practicar activamente la mentalización. También señalan la composición del grupo, las revelaciones de experiencias difíciles por parte de quienes facilitan y unas habilidades de comunicación sensibles como claves para crear un clima de confianza que, a su vez, facilita que las personas acogedoras se abran. Se necesita más investigación para comprender el papel del género, el origen étnico y el tipo de acogimiento en la implicación en el programa y en su puesta en práctica.
Complexe Systémique: lo esencial
El programa evaluado aquí desplaza la atención del niño o la niña «difícil» hacia la persona que le cuida: antes de comprender a la persona menor, las personas acogedoras aprenden a percibir su propio estado emocional y lo que su propia historia familiar remueve en la relación. El Mapa de la persona acogedora recuerda el trabajo transgeneracional que conocen bien quienes trabajan desde la orientación sistémica. Los testimonios muestran además que el grupo es un sistema en sí mismo: su composición, la cofacilitación por una persona profesional del trabajo social y una persona acogedora, y la forma en que se recibe una revelación configuran la confianza. Un silencio tras el relato de una situación de violencia puede vivirse como un rechazo, una lección útil para cualquiera que dirija grupos multifamiliares o de apoyo. Conviene, no obstante, ser prudentes: se trata de una evaluación de proceso basada en el autoinforme, sin la voz de la infancia, realizada en parte por el equipo que diseñó el programa, con muy pocos hombres y muy pocas personas acogedoras de familia extensa, y sin los resultados del ensayo aleatorizado. Para leer junto con la teoría fundamentada del acogimiento en el hogar y el artículo sobre el marco restaurativo frente a la ruptura del acogimiento.
Notas del original
La autoría declaró no tener ningún posible conflicto de intereses en relación con la investigación, la autoría o la publicación de este artículo.
Financiación: La autoría declaró haber recibido el siguiente apoyo financiero para la investigación, la autoría o la publicación de este artículo: este estudio/proyecto está financiado por el National Institute for Health Research - Public Health Research; NIHR127422.
Declaración: Las opiniones expresadas son las de la autoría y no necesariamente las del NIHR ni las del Department of Health and Social Care. El organismo financiador no ha intervenido en el diseño del estudio ni en la recogida, el análisis o la interpretación de los datos.
Aprobación ética. La aprobación ética fue concedida por el ECDA de Health Science Engineering and Technology de la University of Hertfordshire [Referencia: cLMS/SF/UH/04242].
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Traducción no oficial al español de A qualitative evaluation of the reflective fostering programme – examining foster and kinship carers’ experiences, practical application, and perceived impact, de Thando Katangwe-Chigamba, Jamie Murdoch, Karen Irvine, Sheila Redfern y Nick Midgley, Clinical Child Psychology and Psychiatry, vol. 30, n.o 3 (2025), doi: 10.1177/13591045251321032, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Traducción no oficial del artículo original «A qualitative evaluation of the reflective fostering programme – examining foster and kinship carers’ experiences, practical application, and perceived impact», publicado en Clinical Child Psychology and Psychiatry (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido y maquetado por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
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Katangwe-Chigamba, T., Murdoch, J., Irvine, K., Redfern, S., y Midgley, N. (2025). A qualitative evaluation of the reflective fostering programme – examining foster and kinship carers’ experiences, practical application, and perceived impact. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/a-qualitative-evaluation-of-the-reflective-fostering-programme (Obra original publicada en 2025 en Clinical Child Psychology and Psychiatry, 30(3), 588-610 (2025); republicada en 2025 por Clinical Child Psychology and Psychiatry, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/13591045251321032)
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