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Child & Family Social Work · Trabajo social

La negociación de la lealtad y la equidad en la adolescencia ante el proceso de separación parental

En Noruega, donde la mediación familiar es obligatoria cuando una pareja con hijos se separa, el reparto igualitario del tiempo pasa por ser la forma misma de la equidad. Los relatos de once adolescentes cuentan otra historia: llevan la cuenta de lo que cada figura parental ha dado o negado, y regulan en consecuencia la cercanía y la distancia. Una lectura a través de la teoría de las lealtades invisibles de Boszormenyi-Nagy.

Autoría Lovise Grape, Jeanette Skoglund, Gry Mette Dalseng Haugen y Renee Thørnblad (RKBU North, UiT The Arctic University of Norway, Tromsø), NoruegaPrimera publicación Child & Family Social Work, 10 de julio de 2024Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Adolescents' Negotiations of Loyalty and Fairness in Relation to Parents' Separation Process, de Lovise Grape, Jeanette Skoglund, Gry Mette Dalseng Haugen y Renee Thørnblad, publicado en Child & Family Social Work (Wiley) (2025), doi: 10.1111/cfs.13215, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

La lealtad no es algo inherente a la relación entre adolescentes y figuras parentales, sino algo que se adquiere por merecimiento.

Lovise Grape, Jeanette Skoglund, Gry Mette Dalseng Haugen y Renee Thørnblad

Resumen

La investigación sobre las experiencias de niñas y niños ante la separación parental destaca la igualdad y la equidad entre progenitores como una de las explicaciones de que deseen un reparto simétrico del tiempo entre ambos. En este artículo analizamos relatos de adolescentes y nos preguntamos cómo negocian la cercanía y la distancia con sus figuras parentales, con especial atención a las cuestiones de lealtad cuando sus puntos de vista se apartan de la simetría y la equidad. Se analizaron relatos procedentes de entrevistas cualitativas con 11 adolescentes noruegos de entre 12 y 17 años. Para analizar las entrevistas se aplicaron ideas de la teoría de las lealtades invisibles, lo que dio lugar a dos temas: «La contabilidad de las obligaciones cumplidas e incumplidas de las figuras parentales» y «Las negociaciones de las obligaciones entre figuras parentales y adolescentes». Según las personas adolescentes de este estudio, la equidad no significa necesariamente un reparto igualitario del tiempo. La equidad es objeto de negociación, y la lealtad adolescente hacia la madre y el padre se justifica por las obligaciones cumplidas e incumplidas.

1 Introducción

La dimensión dinámica de la vida familiar se hace especialmente visible durante la separación parental. La separación parental designa la disolución de la unión entre progenitores que convivían en pareja o estaban casados. Durante este proceso, rutinas y prácticas familiares que se daban relativamente por sentadas pasan a ser objeto de negociación (Morgan 2011). En este artículo examinamos cómo adolescentes dan sentido a sus relaciones con sus figuras parentales tras la separación, y cómo las negocian, en el contexto noruego. Aunque hablamos de la infancia en general para referirnos a personas de entre 0 y 17 años, el término adolescentes designa específicamente las edades comprendidas entre los 12 y los 17 años.

1.1 La separación parental en el contexto noruego

Alrededor del 44% de la población adulta está casada, mientras que el 20% convive en pareja (Andersen 2023). Según las tendencias actuales, la tasa de divorcio es del 37,1 % (Statistics Norway 2024), y la convivencia en pareja es considerablemente menos estable (Golpen 2015). Alrededor del 77% de la población infantil vive con ambos progenitores en el mismo hogar, mientras que alrededor del 23% está registrada en un hogar monoparental1 (Statistics Norway 2023). Unos 24 000 niños y niñas viven cada año la separación de sus progenitores (The Norwegian Directorate for Children, Youth and Family Affairs; Bufdir 2024).

A continuación presentamos algunos de los aspectos clave del contexto noruego de la separación parental: el derecho de la infancia a ser escuchada, la mediación familiar obligatoria (en adelante, mediación) y la práctica de la custodia física compartida (JPC, por sus siglas en inglés). La JPC designa un acuerdo por el que la niña o el niño figura con residencia física en el domicilio de ambos progenitores. La JPC simétrica designa un reparto igualitario del tiempo, mientras que la JPC asimétrica designa la situación en la que el niño o la niña pasa al menos entre el 30 y el 49% del tiempo en cada uno de los dos domicilios (Steinbach y Augustijn 2021).

La legislación noruega ha incorporado el artículo 12 de la Convención sobre los Derechos del Niño (Convention on the rights of the child 1989). Según la ley noruega de la infancia (Children Act 1981, artículo 31), a partir de los siete años (o antes, si son capaces de formarse una opinión) niñas y niños deben recibir información y tener la oportunidad de expresar su punto de vista. A partir de los 12 años, su opinión debe tener un peso considerable. Las figuras parentales son las principales responsables de velar por el derecho de sus hijas e hijos a ser escuchados, y se les informa de esta obligación durante la mediación (Regulation on Family Mediation 2007).

Los servicios de orientación familiar reciben cada año unos 11 000 nuevos casos de separación parental, y el servicio es gratuito (Nylund 2021). La mediación es uno de los diversos procesos de resolución alternativa de conflictos (ADR) (véanse Birnbaum 2009; Newell, Graham y Fitzgerald 2009) que pueden aplicarse antes de iniciar un procedimiento judicial de derecho de familia (Taylor et al. 2021). En Noruega, es independiente de la mediación intrajudicial y de los juicios, y no interviene en ella ni la abogacía ni ninguna persona experta en infancia designada al efecto (Nylund 2021). Es obligatoria para todas las parejas con hijos menores de 16 años que se separan (sea cual sea el nivel de conflicto) y para los progenitores que desean iniciar un procedimiento judicial. Su objetivo principal es fomentar la colaboración coparental y resolver los conflictos entre progenitores. La persona mediadora familiar debe orientar a la madre y al padre para garantizar el interés superior de la niña o el niño en los acuerdos de crianza relativos a la responsabilidad parental, la residencia y el contacto (Regulation on Family Mediation 2007). Un certificado de mediación que acredite la asistencia de ambos progenitores es requisito previo para solicitar el divorcio, percibir las prestaciones por hijos tras la separación y emprender procedimientos judiciales sobre custodia, residencia y traslado de domicilio (The Children Act 1981; The Marriage Act 1991). Menos del 20% de los progenitores separados inician un procedimiento judicial, que en la mayoría de los casos consiste en una mediación intrajudicial (Nylund 2021).

La participación de la infancia en la mediación no está regulada por ley en Noruega, pero hemos asistido a un interés político por aumentarla. Por ejemplo, en 2022 el objetivo era incluir al 30% de niñas y niños en el proceso de mediación de sus progenitores (Bufdir. 2023). Hoy, alrededor del 25% de la población infantil (por lo general, de entre 7 y 15 años) participa en este proceso (Bufdir. 2023). Se trata de un aumento considerable respecto de niveles anteriores (por ejemplo, el 4% en 2010; véase Ådnanes et al. 2011). La investigación noruega ha mostrado que, en general, niñas y niños quieren ser escuchados, sea cual sea el nivel de conflicto entre sus progenitores (Thørnblad y Strandbu 2018; Sunde, Larsen y Helland 2021). Además, la infancia que participa en la mediación tiene a menudo opiniones sobre las modalidades de residencia (Grape, Thørnblad y Handegård 2021).

Según el artículo 9 de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (CDN) (Convention on the rights of the child 1989) y la legislación noruega (Haugli 2013; The Children Act 1981, artículo 42), las figuras parentales y sus hijas e hijos tienen derecho a mantener el contacto aunque vivan separados. La coparentalidad y la JPC son cada vez más frecuentes en muchos países occidentales (Steinbach 2019). La tendencia hacia prácticas de paternidad más implicadas puede situarse en el marco de las políticas de bienestar familiar y de una legislación que, en los países nórdicos, pone el acento en la igualdad de género (Andreasson y Johansson 2019; Eydal y Rostgaard 2018; Eydal y Rostgaard 2011; Gíslason y Símonardóttir 2018; Kitterød y Lyngstad 2014; Forsberg 2009). Aunque parte de la investigación sugiere que la JPC tiene efectos positivos, como la mejora de la relación entre padre e hijos o del bienestar infantil (véanse Nielsen 2018; Sandberg 2023; Vrolijk y Keizer 2021), otros trabajos se muestran más prudentes ante tales conclusiones debido a limitaciones metodológicas y a la selección social de los progenitores que practican estas modalidades (véanse Johansen et al. 2022; Ottosen et al. 2018; Steinbach 2019; Wiik 2022).

En 2020, el 43% de los progenitores separados en Noruega practicaba la JPC simétrica, uno de cada 10 practicaba la JPC asimétrica y alrededor de la mitad de quienes se habían separado practicaban la custodia física exclusiva, en la que la niña o el niño vivía la mayor parte del tiempo con uno de los progenitores, casi siempre la madre (Wiik 2022).

1.2 La investigación sobre las experiencias de la infancia ante la separación parental

La investigación sobre las experiencias infantiles de la JPC ha mostrado que niñas y niños se preocupan a menudo por la igualdad y la simetría, y pueden tratar a su madre y a su padre de forma justa e igualitaria en cuanto al reparto de su tiempo entre los dos hogares (véanse Cashmore y Parkinson 2008; Kitterød y Lidén 2021; Neale y Flowerdew 2007). Varios estudios constatan que la infancia desea mantener relaciones estrechas con ambos progenitores tras la separación (Berman y Daneback 2022; Graham, Fitzgerald y Phelps 2009; Haugen 2007; Kitterød y Lidén 2021; Thørnblad y Strandbu 2018). La cercanía con las figuras parentales es uno de los aspectos de la calidad de la relación parentofilial y puede funcionar como factor de protección durante los conflictos entre progenitores (van Dijk et al. 2020).

El ideal de la «crianza intensiva» es habitual en el contexto euroamericano (Faircloth 2023), incluidos los países escandinavos (Forsberg 2011; Hennum 2014; Aarseth 2018). Significa que la crianza está centrada en la infancia y atiende a su interés superior. También niñas y niños pueden apoyarse en un discurso del «interés superior del niño» cuando formulan sus propios deseos (Kitterød y Lidén 2021), por ejemplo insistiendo en la necesidad de flexibilidad en las modalidades de residencia (Birnbaum y Saini 2015). La flexibilidad puede consistir en pequeñas modificaciones del régimen de crianza o en la posibilidad de pasar por el hogar del otro progenitor (Berman 2015; Graham, Fitzgerald y Phelps 2009; Grape, Thørnblad y Handegård 2021; Haugen 2010; Marschall 2014). En particular, la población adolescente parece preferir acuerdos flexibles, adaptados a su vida cotidiana (Gollop, Smith y Taylor 2000; Kitterød y Lidén 2021). La capacidad de influir en las modalidades de residencia puede depender de las oportunidades que tengan niñas, niños y adolescentes de expresar su punto de vista y de hacerse oír (Berman 2018; Carson et al. 2018; Gollop, Smith y Taylor 2000; Haugen, Dyrstad y Ådnanes 2015; Sunde, Larsen y Helland 2021).

Si la preferencia sobre la modalidad de residencia se aparta de la JPC simétrica, la niña o el niño puede experimentar sentimientos de culpa o conflictos de lealtad, debido al deseo simultáneo de mantener una relación estrecha con ambos progenitores (Haugen 2007, 2010; Johnsen, Litland y Hallström 2018; Marschall 2014). Las relaciones parentofiliales son a menudo objeto de negociación tras la separación (véase Berman 2015, 2018). Algunos niños y niñas pueden resistirse al contacto con uno de los progenitores o rechazarlo a causa de violencia, abusos o de un comportamiento de esa figura parental que influye en su punto de vista (Garber 2007; Geffner y Sandoval 2020). Otros promueven cambios por cuestiones prácticas, por sentirse más cerca de uno de los progenitores o de un barrio, o por otras razones (véase, por ejemplo, Carson et al. 2018). Las preferencias de residencia que se apartan de la JPC simétrica pueden señalar la necesidad de modalidades de residencia flexibles.

1.3 Objetivo de la investigación

El objetivo de este artículo es aportar nuevas perspectivas sobre las experiencias adolescentes de la relación con la madre y el padre tras la separación, en el contexto noruego. A menudo se considera que la adolescencia se sitúa en la encrucijada de nuevas formas de participación, tanto en las relaciones familiares como en las relaciones entre iguales (Giordano 2003; Rogoff 2003). Sus interacciones con las figuras parentales se caracterizan a veces por una evolución hacia relaciones más igualitarias y, periódicamente, por más conflictos (Branje 2018), por lo que revisten un interés particular. En este artículo analizamos lo que las personas adolescentes señalan como importante cuando se renegocian las relaciones y las modalidades de residencia. Nos preguntamos cómo negocian la cercanía y la distancia con sus figuras parentales y cómo justifican su lealtad hacia ellas cuando sus puntos de vista se apartan de la simetría y la equidad entre progenitores.

1.4 Marco teórico

Desde una perspectiva sociocultural, se entiende a las personas adolescentes como agentes activos que crean significado en sus interacciones con los contextos sociales y culturales en los que viven (Bruner y Haste 1987; Rogoff 2003; Valsiner 1997). Su decisión de comportarse con lealtad (o no) debe considerarse en relación con su contexto, es decir, tanto con el entorno como con la matriz de motivaciones, opciones y derechos (subjetivos) (Boszormenyi-Nagy y Krasner 1986). La teoría de las lealtades invisibles (Boszormenyi-Nagy y Spark 1973) concibe las relaciones como dialécticas. Aplicamos este marco teórico para comprender las tensiones dinámicas entre la dependencia ontológica de cada adolescente respecto de sus interacciones con sus figuras parentales y el desarrollo de su autonomía. La lealtad se define como «un apego preferente a las personas de la relación que tienen derecho a una prioridad de “vinculación” (Boszormenyi-Nagy y Krasner 1986, p. 418)». Según esta teoría, las personas se comportan con lealtad por coerción externa, por interés consciente en la pertenencia, por sentimientos de obligación reconocidos conscientemente y por una obligación inconsciente y vinculante de pertenecer (Boszormenyi-Nagy y Spark 1973). Cada cual lleva la cuenta de las obligaciones pasadas y presentes entre los miembros de la familia, que alimentan un «libro de cuentas de la justicia» (invisible). Este libro de cuentas da lugar a una percepción de la equidad del dar y recibir existente en la relación (Boszormenyi-Nagy y Krasner 1986; Boszormenyi-Nagy y Spark 1973).

Las obligaciones familiares pueden entenderse como negociadas a través de un proceso de reparto de responsabilidades (Finch y Mason 1993). Las negociaciones entre madres, padres e hijos se han vuelto normativas en las culturas occidentales contemporáneas (véase Sommer 2019). No cumplir con las obligaciones puede generar culpa, que constituye una fuerza reguladora secundaria al informar sobre la homeostasis de las obligaciones o del sistema de lealtades (Boszormenyi-Nagy y Spark 1973). Al considerar que las personas adolescentes negocian con sus figuras parentales durante la separación de estas, las vemos como agentes que interactúan de maneras que influyen en las relaciones y en las decisiones (Mayall 2002). En otras palabras, son agentes dentro de relaciones interdependientes en las que la lealtad se negocia continuamente (Abebe 2019; Alanen 1998; Spyrou 2018).

2 Métodos

Este estudio forma parte del proyecto Hearing Children in Mediation (HBIM), que examina diversos aspectos de las prácticas que incluyen a la infancia en los servicios de orientación familiar de Noruega. El estudio fue aprobado por la Norwegian Agency for Shared Services in Education and Research (ref. n.º 150314).

2.1 Estrategia de muestreo y participantes

Profesionales de la mediación familiar de cinco servicios de orientación familiar de las cuatro regiones del país, tanto en zonas rurales como urbanas, contribuyeron al reclutamiento de adolescentes. Utilizamos una estrategia de muestreo ilustrativa (Mason 2002) e intencional (Flick 2007). Se invitó a participar en función de la asistencia previa al proceso de mediación, fuera cual fuera el tipo de mediación (divorcio, progenitores que antes convivían en pareja, mediación previa al procedimiento judicial y mediación por traslado de domicilio), y de una edad de entre 12 y 17 años en el momento del reclutamiento.

Nuestro objetivo era que los relatos ilustraran distintas formas de participación adolescente en los procesos de toma de decisiones durante la separación parental. Consideramos suficiente la variación cuando los relatos tenían puntos de partida diferentes (por ejemplo, conflictos entre adolescentes y figuras parentales o ausencia de conflicto) que tomaban caminos distintos hacia la continuidad o la discontinuidad (por ejemplo, relaciones estrechas y contacto frecuente, o relaciones conflictivas y poco contacto). Participaron en el estudio once adolescentes (dos chicos y nueve chicas). Tenían modalidades de residencia diferentes, con distintos grados de estabilidad.

2.2 Procedimiento, ética y guion de entrevista

Las personas participantes recibieron información sobre el estudio de parte de las y los profesionales de la mediación que reclutaron a las familias, por teléfono y por correo electrónico, y al comienzo de la entrevista. Quienes tenían al menos 16 años dieron su consentimiento personal. Las personas participantes más jóvenes dieron su consentimiento personal, y sus progenitores también consintieron su participación. Quien entrevistaba prestó atención a evaluar el consentimiento a lo largo de toda la entrevista y subrayó que era posible retirarse en cualquier momento. Para proteger la confidencialidad, las entrevistas se anonimizaron, se asignaron seudónimos y las edades se presentaron en intervalos de 3 años (12–14 o 15–17).

Las entrevistas las realizó la persona que firma en primer lugar el artículo entre septiembre y diciembre de 2020. Cuatro entrevistas tuvieron lugar en un sitio elegido por cada adolescente, y siete se realizaron por videoconferencia mediante Zoom debido a las restricciones de la covid-19. Las entrevistas duraron entre 45 y 90 min. Todas se grabaron en audio y se transcribieron.

Las entrevistas fueron semiestructuradas y se inspiraron en Bamberg (2021), al considerar que los relatos configuran la dimensión temporal de la experiencia humana —pasado, presente y futuro—, que goza de un estatus privilegiado para explorar la estabilidad, la continuidad y el cambio. Además, consideramos los relatos adolescentes como formas de crear significado y coherencia (Gubrium y Holstein 2009) a partir del proceso de separación de sus progenitores.

El guion de entrevista constaba de cinco secciones. (1) Informar e iniciar el proceso (obtener el consentimiento informado, repetir el contenido de la hoja informativa y presentar a quien entrevista). (2) Hablar del periodo transcurrido desde que supieron de la separación hasta el momento de la entrevista de investigación. Se formularon preguntas de seguimiento sobre los pensamientos, sentimientos y comprensión de los acontecimientos, además de sobre elementos narrativos como el tiempo y el espacio. Las preguntas de seguimiento sobre las modalidades de residencia solo se planteaban si la persona participante había sacado el tema durante la entrevista. Si a alguien le costaba dar ejemplos, se le pedía que desarrollara un momento culminante, un momento bajo y un punto de inflexión. (3) La participación adolescente en la mediación. (4) Sus aspiraciones, esperanzas y proyectos de futuro. (5) Quien entrevistaba resumía el relato para dar a la persona adolescente la oportunidad de corregirlo y completarlo. Se ofreció a las personas participantes la posibilidad de ser contactadas para leer el manuscrito antes de su envío a una revista científica.2

2.3 Análisis de los datos

El análisis adopta un enfoque abductivo, que utiliza tanto los datos empíricos como el conocimiento teórico para que se apoyen mutuamente y hagan avanzar el análisis (Alvesson y Sköldberg 2017; Tavory y Timmermans 2014). El equipo de investigación debatió qué esperábamos encontrar y qué nos sorprendió en los relatos. Por ejemplo, esperábamos cierta conciencia del derecho de la infancia a ser escuchada, dado el énfasis en las prácticas de crianza centradas en la infancia en Noruega. También esperábamos que las personas participantes reflexionaran sobre sus modalidades de residencia. Sin embargo, lo que nos llamó la atención fue la manera en que las personas informantes se empeñaban en explicar cómo habían cambiado las prácticas familiares y cómo evaluaban la calidad de la crianza y de las relaciones parentofiliales durante esos cambios. La mayoría ofreció relatos ricos y detallados. Dos de las entrevistas se caracterizaron por relatos más breves y por una mayor presencia de intervenciones y preguntas de quien entrevistaba. Aun así, estas dos entrevistas resultaron informativas, pues mostraban incoherencias entre la manera en que cada adolescente presentaba el cumplimiento de las obligaciones de su madre y de su padre y su cercanía emocional con cada uno de ellos.

En el proceso analítico inicial, elegimos a Anne como caso índice (Timmermans y Tavory 2022) para anclar nuestro análisis y lo utilizamos como «el punto en torno al cual se estructurará la variación (p. 93)». El relato de Anne parecía captar rasgos centrales de la manera en que las personas adolescentes de este estudio ejercían su capacidad de agencia en las negociaciones. Aunque el relato de Anne captó nuestra atención y nuestra curiosidad al principio, los 11 relatos fueron objeto de un análisis sistemático. Por ejemplo, Anne era una de las ocho personas adolescentes que deseaban menos contacto con una de sus figuras parentales. Tres adolescentes acordaron con sus progenitores pasar el mismo tiempo con ambos, pero esta preferencia no era incondicional.

Tras elegir a Anne como caso índice, examinamos el conjunto del material en busca de fragmentos que describieran aspectos de las relaciones entre una persona adolescente y una figura parental. Los enfoques narrativos del análisis tienden a centrarse en los relatos de cada informante más que en conceptualizaciones generales de la saturación (Saunders et al. 2018). Cuando se pone el acento en las experiencias, pueden ser aceptables muestras más pequeñas (véase, por ejemplo, Sandelowski 1995).

Una vez que conocimos bien las descripciones relacionales de las distintas entrevistas, aplicamos las ideas de Magnusson y Marecek (2015) sobre cómo analizar fragmentos individuales en busca de significados culturales implícitos. La persona que firma en primer lugar buscó en cada transcripción los sujetos textuales y las acciones como herramienta de organización. Según Magnusson y Marecek (2015), las personas (los sujetos textuales) son los actores de un relato que dicen y hacen cosas (acciones) y, con ello, canalizan la manera en que los significados culturales implícitos (como normas antiguas y nuevas) pueden influir en lo que se dice en una conversación o darle forma. El equipo de investigación debatió las contradicciones entre estos sujetos textuales y acciones dentro de cada caso, lo que ayudó a identificar tensiones dialécticas. Las concordancias entre sujetos textuales y acciones ayudaron a identificar comprensiones que se daban por sentadas y condujeron a nuevos debates sobre los significados culturales implícitos dentro de cada entrevista y entre ellas. La tabla 1 ilustra este proceso.

Tabla 1 — Ilustración del análisis de datos que aplica las ideas de Magnusson y Maracek (2015).

  • Desacuerdos: Ella n.º 3: «La mamá osa» frente a Ella n.º 4: La madre «que la ha cagado con sus hijos» + Ella n.º 5: La madre infalible; Concordancias: Yo n.º 1: La hija en tensión permanente + Ella n.º 1: La madre de humor cambiante + Yo n.º 4: La hija relegada por su madre + Ella n.º 4: La madre «que la ha cagado con sus hijos» + Ella n.º 5: La madre infalible; Significados culturales implícitos: Las personas adolescentes tienen derecho a evaluar el esfuerzo de sus figuras parentales por cuidarlas

En la tabla 2 presentamos cómo agrupamos los significados culturales implícitos en dos temas generales: «La contabilidad de las obligaciones cumplidas e incumplidas de las figuras parentales» y «Las negociaciones de las obligaciones entre figuras parentales y adolescentes».

Tabla 2 — Síntesis de los significados culturales implícitos agrupados en temas.

Temas; significados culturales implícitos; ejemplos empíricos (citas).

  • La contabilidad de las obligaciones cumplidas e incumplidas de las figuras parentales. Las personas adolescentes tienen derecho a evaluar el esfuerzo de sus figuras parentales por cuidarlas: «Con papá tengo conversaciones más divertidas». Expectativa de que las figuras parentales fomenten el sentimiento de estar juntos: «Hemos empezado a hacer albóndigas más a menudo [para cenar] (…) no sabíamos que nos gustaban hasta que empezamos a hacerlas». Derecho de las figuras parentales a la cercanía emocional y a la convivencia: «No quiero quedarme más tiempo con uno de los dos. Porque entonces alguien podría pensar “¡Vaya! ¡Quiere más al otro que a mí!”».
  • Las negociaciones de las obligaciones entre figuras parentales y adolescentes. Las personas adolescentes evalúan las estrategias de sus figuras parentales para estar cerca de ellas: «Empezó a dar la lata en plan “¿pero no puedes quedarte también los martes?”». Las personas adolescentes regulan la cercanía y la distancia con sus figuras parentales: «(…) y yo dije “sí, pero de momento me quedo los lunes hasta que haya hablado con la mediadora”».

Reconocemos que los relatos pueden interpretarse de otro modo. En lugar de lealtad hacia una de las figuras parentales, hay quien podría ver en ellos un comportamiento manipulador de un progenitor, abusos y negligencia, o violencia, como razones de una posible «triangulación». Sin embargo, no nos hemos dedicado a formular suposiciones, sino que nos hemos mantenido cerca del contenido de los relatos adolescentes.

2.4 La relevancia de la pandemia de covid-19

Las personas participantes diferían en cuanto al solapamiento entre el proceso de separación de sus progenitores y la evolución de la pandemia de covid-19. Reconocemos que, en general, algunos progenitores pudieron experimentar un mayor estrés durante el confinamiento (Helland et al. 2021), y que algunos niños y niñas experimentaron un menor bienestar y mayores niveles de ansiedad y depresión durante las primeras fases de la pandemia (Nøkleby et al. 2023). Sin embargo, no fue un tema en el que las personas adolescentes hicieran hincapié, y entendemos que, según sus relatos, las negociaciones se desarrollaron a lo largo de todo el proceso de separación, con independencia de la pandemia.

3 La contabilidad de las obligaciones cumplidas e incumplidas de las figuras parentales

La lealtad adolescente hacia las figuras parentales parecía depender de que estas cumplieran o defraudaran las expectativas de cuidar a la persona adolescente en el plano emocional, así como en el tiempo y el espacio. Lo primero se refería a los sentimientos relacionales de cercanía. Lo segundo está relacionado con el sentimiento de hogar o con la sensación de distancia respecto del hogar de una de las figuras parentales.

3.1 El esfuerzo de las figuras parentales por cuidar a la persona adolescente

Anne (15–17) vivía de forma permanente con su padre y visitaba a su madre. Según Anne, sus progenitores se trataban con hostilidad, e interpretamos su relato como la descripción de dos progenitores enfrentados a un conflicto intenso. Insistía sobre todo en cómo su madre había defraudado sus expectativas. Por ejemplo, cuando Anne era más pequeña, percibía a su madre como una «mamá osa» que se enfrentaba a las autoridades para salvaguardar su interés superior. Sin embargo, esta acción protectora pasada de su madre (los méritos del pasado) pesaba menos que los deméritos actuales. Esos deméritos eran la falta de reconocimiento de los sentimientos, prioridades, deseos o madurez de Anne, a quien había dicho que «cuando seas mayor, lo entenderás». Anne parecía pensar que no conseguía hacerse entender por su madre y que no podía abrir una negociación sobre cómo entender la situación. La importancia de tener la oportunidad de expresar su punto de vista y de que este sea reconocido figura entre las expectativas esenciales que las personas adolescentes formulan en todos los relatos. Además, parecían esperar que sus figuras parentales fueran francas y dieran la información necesaria y adecuada sobre el proceso de separación. Las personas adolescentes podían reprobar a la madre o al padre que mentía o intentaba engañarlas a ellas o a la otra figura parental con segundas intenciones, como querer volver con la otra figura parental por motivos económicos o hablar de nuevas parejas para darle celos. La comunicación de las figuras parentales y el deseo adolescente de hacerse oír concuerdan con los trabajos según los cuales, a medida que crecen, niñas y niños tienden a valorar más la franqueza y la codecisión en sus relaciones con sus progenitores que tener opiniones concretas sobre las modalidades de residencia (Sunde, Larsen y Helland 2021).

Los conflictos entre adolescentes y figuras parentales pueden ser adaptativos para el desarrollo relacional, porque pueden aumentar la competencia para negociar los cambios relacionales, sobre todo cuando unas y otras pueden pasar con flexibilidad por toda una gama de emociones positivas y negativas (Branje 2018). Las personas adolescentes de nuestro estudio valoraban a las figuras parentales emocionalmente disponibles, que evitaban enfadarse o reaccionar con otras emociones negativas y que les hacían sentirse seguras en la relación. Sin embargo, como ilustra el relato de Anne, la relación puede resentirse cuando las figuras parentales (y posiblemente la persona adolescente) no logran ajustarse a las expectativas mutuas. Anne describía la sensación de que nadie «luchaba» por ella, por ejemplo, por la reticencia de su madre a asistir a sesiones de mediación adicionales. Como parte del proceso de separación, Anne y su hermano o hermana asistieron a varias reuniones de seguimiento con la mediadora familiar, al igual que su padre. Desde el punto de vista de Anne, su padre se convirtió entonces en un padre falible, es decir, dispuesto a reconocer sus errores y a hacer algo al respecto. Su madre, en cambio, se convirtió en la madre infalible.

Ahora mismo no consigo tener una buena comunicación con mamá. (Nombre de su hermano o hermana) y yo le hemos pedido que vaya al servicio de orientación familiar a hablar. Porque le decimos cosas e intentamos que nos escuche sin que lo haga. Así que era como: «Si vas allí, ella [la mediadora] podrá hablar contigo. A lo mejor así te molestas en escuchar», pero entonces se negó a ir. Y nos hemos sentido frustrados. Por eso nos ha alegrado que papá fuera —también por su propio bien—, que tuviera a alguien con quien hablar para no tener que hablar conmigo o con (su hermano o hermana), o sobre todo conmigo, que no tuviera yo que escuchar cosas que mis oídos no deberían oír. (…) Pero también para que le dieran más consejos sobre cómo sobrellevarlo todo. Consejos que a mi madre también le habrían venido bien.

Anne consideraba egoístas las acciones de su madre, porque pensaba que esta evitaba verse confrontada con lo que ella llamaba un «chivo expiatorio», es decir, con ser una madre que «la había cagado» en la relación con sus hijos. La fluctuación en la calidad y el equilibrio de la relación entre Anne y su madre se hace patente en el hecho de que ambas todavía no han llegado a una comprensión común de la necesidad de cuidado y reconocimiento de Anne, ni de la reciprocidad del cuidado entre ellas.

3.2 La expectativa de que las figuras parentales fomenten el sentimiento de estar juntos

En su relato, Nora (12–14) describía conflictos recurrentes entre su madre y su padre durante todo el proceso de separación. Sin embargo, le preocupaba más la incapacidad de su padre para crear la sensación de un hogar que atendiera a sus necesidades cotidianas, como un sentimiento general de estabilidad, la ayuda con los deberes y el transporte al colegio. Su madre, en cambio, hacía que Nora sintiera que tenía la posibilidad de participar en las decisiones que afectaban a su residencia y en los asuntos de la vida familiar. Se la incluía en las cuestiones económicas, contribuía al mantenimiento de la casa, daba su opinión sobre la nueva cocina y adquiría así «una sensación de estar en casa». Nora habló de aquello sobre lo que más le había importado poder decidir:

Que me hayan dejado participar en, en cierto modo, empezar un nuevo hogar, porque fue como si perdiera un hogar cuando nos fuimos de casa de papá. En cuanto sacaron todas las cosas de allí, en cuanto el hogar desapareció, fue como que, perdías la sensación de hogar, la de casa de papá.

Las personas entrevistadas parecen apreciar formar parte del proceso de creación de nuevos hogares a través de aspectos materiales, como amueblar su propia habitación y las nuevas casas o pisos. Uno de los aspectos es que tienen la sensación de influir, pero también de formar parte de un nuevo «nosotros». Los sentimientos de pertenencia, también denominados cohesión familiar, conexión familiar, clima familiar positivo (véase King, Boyd y Thorsen 2015) o quizá «nosotros familiar» (Dreier 2011, p. 46; Marschall 2014), predicen varios aspectos positivos del bienestar adolescente (King, Boyd y Pragg 2018; Rejaän, van der Valk y Branje 2022). El sentimiento de pertenencia puede tener una importancia particular durante la adolescencia (Allen y Kern 2017), cuando se trata de equilibrar independencia y autonomía con la conexión con las personas significativas del propio contexto (Rogoff 2003).

Benjamin (12–14), que se quedó con su madre tras la separación, contaba que su padre no estaba presente ni implicado en sus vidas. Antes de la separación, el padre ya parecía ocupar un lugar periférico en las prácticas cotidianas. El padre se fue de casa en varias ocasiones a lo largo del proceso de separación sin informar a Benjamin ni a su hermano o hermana, y no se les dijo que el padre había decidido formar una nueva familia. Benjamin se describía a sí mismo y a su hermano o hermana como «invitados» cuando visitaban a su padre, y describía esto como «un poco raro de decir [risita]», pero también como «un poco agradable, en realidad». Como si señalara la distancia en la relación con su padre y lo hiciera responsable de «pensar las cosas por su cuenta». Convertirse en «invitados» en uno de los hogares puede explicarse por un cambio en la distancia emocional y física.

En algunos relatos, las afirmaciones explícitas sobre cómo la persona adolescente llegó a sentirse en casa remiten a la manera en que las figuras parentales se adaptaron y facilitaron ese sentimiento. La lealtad quizá pueda explicarse por los aspectos positivos de uno de los hogares, o por su ausencia, como la relación con la figura parental que vive allí y el sentimiento de pertenencia a ese hogar, como también ilustra el estudio de Lidén y Kitterød (2020). Por tanto, las figuras parentales pueden ganar méritos dedicándose a crear un (nuevo) hogar. Investigaciones previas han mostrado que las dimensiones del «hogar», además de la vivienda física, incluyen un lugar de refugio, un espacio de bienestar psicológico y emocional y relaciones, rutinas y rituales significativos (Campo et al. 2020; Lidén y Kitterød 2020; Natalier y Fehlberg 2015). Niñas y niños que participaron en el estudio de Campo et al. (2020) destacaban la disposición y la capacidad de sus figuras parentales para centrarse en ellos y crear con ellos un nuevo espacio. Esto contribuía a la cercanía en el tiempo y el espacio. Suponemos que esa disposición y esa capacidad contribuyen a la lealtad hacia las figuras parentales.

3.3 El derecho de las figuras parentales a la cercanía emocional y a la convivencia

Cuando ambos progenitores cumplían las expectativas que hacían que la calidad de la relación parentofilial fuera suficientemente buena, la persona adolescente parecía mantenerse leal a los dos, tanto en términos de cercanía emocional como de sentimiento de estar juntos al compartir tiempo. El relato de Sara (15–17) contrasta con el de Anne, pues ilustra cómo sus progenitores la cuidaban:

Por lo menos espero que podamos hacer algo juntos los cuatro. Porque ellos [la madre y el padre de Sara] son buenos amigos y tal, así que dijeron que para ellos no habría ningún problema, en cierto modo. Y dijeron: «Solo queremos que vosotros [los hijos] estéis bien, y haremos todo lo posible para que estéis bien».

Sara apreciaba que su madre y su padre la cuidaran mostrándose cordiales entre sí y asegurándose de que estuviera bien. Como en ejemplos similares señalados en varios trabajos (véanse Kitterød y Lidén 2021; Marschall 2014; Haugen 2007; Grape, Thørnblad y Handegård 2021), a Sara le preocupaba más asegurarse de que su madre y su padre supieran que los quería por igual y, por tanto, quería pasar el mismo tiempo con ambos: «Es que no quiero pasar más tiempo con uno que con el otro (…), porque entonces siento que uno podría pensar “¡Vaya! Quiere más al otro que a mí”». Interpretado a la luz de la teoría de las lealtades invisibles (Boszormenyi-Nagy y Spark 1973), Sara expresaba un interés conscientemente sentido por pertenecer a ambos. Sin embargo, también aludía a la posibilidad de que la cantidad de tiempo que pasaba con cada cual influyera en el sentimiento de su madre y de su padre de ser queridos por ella. Diversos trabajos han señalado que el tiempo tiene un significado emocional (Haugen 2010; Merson, Tuffin y Pond 2023), al valorarse como símbolo de amor, cuidado y lealtad (Haugen 2010), o como algo que niñas y niños deberían dar por igual a sus progenitores (Kitterød y Lidén 2021). El significado emocional del tiempo puede funcionar, por tanto, como un indicio indirecto de amor y contribuir así a una obligación inconscientemente vinculante de pertenecer, como parte de la lealtad hacia ambos. Estas obligaciones inconscientes se infieren del hecho de conocer bien a las propias figuras parentales y de saber quién está unido por la lealtad gracias a la contabilidad de méritos que lleva cada persona (Boszormenyi-Nagy y Spark 1973). Sin embargo, el reparto del tiempo también podría funcionar como una obligación inconsciente fruto de los valores culturales de igualdad entre progenitores. Las personas adolescentes que, como Sara, consideraban que su madre y su padre las cuidaban decían que, si no repartían su tiempo por igual, corrían el riesgo de «alejar» a uno de ellos. Así, quizá percibían el reparto asimétrico del tiempo como injustificado, lo que dejaba la JPC simétrica como única opción razonable.

El deseo de cercanía emocional con ambos progenitores también puede ser una expresión de cuidado recíproco. Una perspectiva es que niñas y niños ejercen su capacidad de agencia cuidando de sus figuras parentales, por ejemplo, manteniéndose cerca de ambas y teniendo un contacto regular (Marschall 2014), o prestando atención al tiempo y a las consecuencias económicas (Haugen 2005). Esta perspectiva reconoce mejor las relaciones recíprocas entre la infancia y las personas adultas, en las que ambas partes «invierten» en las cuentas invisibles de las obligaciones (Boszormenyi-Nagy y Spark 1973). Sara puede vivir este cuidado recíproco como algo que la fortalece, ya que describía posibles factores de protección como el apoyo emocional, roles adecuados a su edad, el apoyo y la validación parentales y su valoración positiva del amor y el cuidado hacia su madre y su padre (Masiran et al. 2023). Anne, en cambio, no se implicaba en el cuidado de ninguno de sus progenitores. Apoyaba a su hermano o hermana durante el proceso de separación y subrayaba que su padre y su madre tenían la responsabilidad de ser sensibles a sus necesidades y a las de su hermano o hermana. Así, sus progenitores no tenían derecho a su lealtad.

4 Las negociaciones de las obligaciones entre figuras parentales y adolescentes

En los relatos, las personas adolescentes describían distintas estrategias que ellas mismas y sus figuras parentales empleaban para regular la cercanía y la distancia, tanto en el plano emocional (el vínculo entre figuras parentales y adolescentes) como en el físico (influyendo en el tiempo que pasaban juntos). Las figuras parentales suelen intentar aumentar la cercanía con la persona adolescente, mientras que esta intenta regularla en ambos sentidos. Las personas adolescentes parecían negociar para hacer posibles cambios en el futuro.

Anne contaba que no sentía que pudiera expresar su verdadero estado de ánimo, por si su madre se volvía «pasivo-agresiva» o se ponía «de mal humor» y la hacía sentirse culpable. Su relato ilustra cómo pueden vivir las personas adolescentes los intentos de sus figuras parentales de negociar la cercanía mutua. En algunas descripciones, las figuras parentales se comunican mediante expresiones emocionales que hacen entrar en juego la culpa como fuerza reguladora. Según Boszormenyi-Nagy y Spark (1973), la culpa tiene la función de regular el desequilibrio en la manera en que las personas de una relación han cumplido sus obligaciones. La expresión «de mal humor» aparecía con frecuencia en las entrevistas, ilustrando las expresiones emocionales negativas de las figuras parentales. Parece que las personas adolescentes perciben un estado de ánimo «de mal humor» como un intento estratégico de las figuras parentales de modificar el equilibrio de obligaciones en las relaciones, ya que una figura parental «de mal humor» puede hacer que la persona adolescente se sienta culpable. Estas reacciones pueden ser ejemplos de lo que Boszormenyi-Nagy y Spark (1973) describieron como coerción externa, uno de los mecanismos que sustentan la lealtad. Sin embargo, Anne se resistía a este tipo de coerción y se sentía apoyada por la mediadora en este sentido: «Una de las cosas más importantes, además de recibir consejos y retos (terapéuticos), es la sensación de tener razón». Se sentía con derecho a excluir a su madre de actividades como su fiesta de fin de curso. Se encontró una reacción similar en el relato de Nora. A Nora le resultaba difícil relacionarse con las recurrentes expresiones «de mal humor» de su padre y con sus esfuerzos persistentes por hacerla sentir culpable (o con alguna responsabilidad) de lo ocurrido. Se esforzaba por «repeler» a su padre, por crear distancia con él. Pudo comunicar este deseo de distancia con el apoyo de la mediadora, pero no sintió que pudiera influir realmente en el contacto con su padre hasta que fue «lo bastante mayor». Los reproches injustificados o las responsabilidades desmesuradas atribuidas por las figuras parentales parecían afectar a la contabilidad de méritos adolescente. Se sumaban al sentido de la equidad de la persona adolescente y podían debilitar su lealtad hacia la figura parental «de mal humor».

Una preferencia por una modalidad de residencia asimétrica, o por opciones que se apartaban del deseo de una de las figuras parentales, exigía a algunas personas adolescentes un esfuerzo para poder expresarla. Este malestar se ha constatado también en otros estudios (Cashmore y Parkinson 2008; Goldson 2006; Haugen 2010; Kitterød y Lidén 2021; Neale y Flowerdew 2007; Thørnblad y Strandbu 2018). Haugen (2010), por ejemplo, constató que niñas y niños parecen leales a la idea de la JPC simétrica, aunque esta solución sea contraria a su preferencia personal. Aunque pudiera resultar incómodo, por ejemplo por las estrategias de las figuras parentales, las personas adolescentes de nuestro estudio solían mostrarse decididas en sus justificaciones de la equidad. Algunas recurrían a la estrategia de convertir a sus hermanos y hermanas, a la otra figura parental o a la persona mediadora en apoyos al expresar sus preferencias. Otras necesitaban crear distancia en la relación. Nuestro estudio ofrece ejemplos de cómo las personas adolescentes negocian con sus figuras parentales y sopesan sus propias necesidades frente a las de estas, a menudo de un modo que les resulta personalmente favorable.

En nuestro estudio, las personas adolescentes podían dejar la puerta entreabierta a cambios futuros. Ambas figuras parentales podían presentarse con cualidades favorables, aunque la persona adolescente expresara su preferencia por una de ellas y por su hogar, o subrayara en la entrevista: «No pretendo favorecer a nadie, pero es lo que hay de momento» (Ida, 12–14). Estas estrategias pueden entenderse como expresiones de los sentimientos de obligación reconocidos conscientemente por la persona adolescente, tanto en lo que se refiere a sentirse vinculada a una figura parental como en la manera en que sus figuras parentales se presentan ante personas ajenas a la familia. Por ejemplo, aunque Anne eligió vivir con su padre, quería que su madre comprara una casa nueva con espacio suficiente para ella y su hermano o hermana, de modo que pudieran sentirse en su casa. Lo importante, sin embargo, es que atribuye la responsabilidad a su madre:

Nosotros [Anne y su hermano o hermana] por lo menos pudimos decir que queríamos que tuviera espacio suficiente por si cambiábamos de opinión. (…) O por si queríamos ir a pasar la noche y eso. Porque… No queríamos dejarla fuera. Y si se hubiera comprado una casa demasiado pequeña para nosotros, prácticamente nos habría dejado fuera.

Estos ejemplos pueden reflejar la dimensión dialéctica del sentimiento de conexión y de autonomía en las relaciones parentofiliales. Nora describía dificultades en su relación con su padre, justificando así su distancia física y emocional respecto de él. Aun así, cuando se le preguntó cómo podría ser el futuro para ella y su padre, expresó la esperanza de que la relación mejorara: «[titubeando] […] tener una relación con él como para poder quedarme con él un fin de semana de cada dos, pero sin necesidad de estar muy cerca de él. […] Reconstruirla poco a poco». Aunque en los relatos se utilicen palabras fuertes como «repeler», la reconciliación puede seguir siendo posible.

5 Conclusiones

El objetivo de este artículo era examinar las cuestiones de lealtad en relación con la manera en que las personas adolescentes negocian la cercanía y la distancia en sus relaciones con sus figuras parentales y justifican sus puntos de vista.

Nuestro análisis muestra cómo algunas personas adolescentes llevan una contabilidad de los méritos y deméritos de sus figuras parentales, en la que se basan sus justificaciones. Se espera que las figuras parentales tengan en cuenta las necesidades de la persona adolescente, reconozcan su autonomía y su creciente madurez y fomenten un sentimiento de pertenencia. Fallar en ello puede justificar la distancia. Las personas adolescentes describen estrategias empleadas por ellas mismas y por sus figuras parentales que reflejan la negociación continua de la cercanía mutua. A partir de este análisis, la lealtad no es algo inherente a la relación entre adolescentes y figuras parentales, sino algo que se adquiere por merecimiento. Sostenemos que este merecimiento puede expresarse a través del deseo adolescente de cercanía o de un sentimiento de pertenencia. La deslealtad, por su parte, puede reflejarse en la distancia emocional o física, o en la sensación de quedar al margen de la implicación y el cuidado de una de las figuras parentales.

Además, los resultados de este artículo pueden contribuir a matizar tres temas en particular. En primer lugar, la investigación que destaca el deseo de flexibilidad de la infancia en las modalidades de residencia, quizá en la JPC simétrica en particular, suele explicar la flexibilidad como pequeños ajustes de esas modalidades (véanse, por ejemplo, Carson et al. 2018; Graham, Fitzgerald y Phelps 2009; Grape, Thørnblad y Handegård 2021; Haugen 2010; Kitterød y Lidén 2021; Marschall 2014). Este tipo de flexibilidad se negocia a menudo dentro de regímenes establecidos de reparto igualitario del tiempo. La flexibilidad también puede significar negociar los aspectos formales de la modalidad de residencia, como pasar de una JPC simétrica a solo los fines de semana en el hogar de una de las figuras parentales.

Las personas adolescentes negocian autonomía e interdependencia dentro del contexto en el que viven y con las personas con las que interactúan (Rogoff 2003). Las responsabilidades y el poder se reorganizan en la relación parentofilial y se vuelven más recíprocos (Branje 2018; Boszormenyi-Nagy y Spark 1973). En este estudio, las relaciones pasan a ser objeto de cambio y de negociación, y es la agenda de las personas adolescentes la que pasa a primer plano. Aun así, la contabilidad de los méritos de las figuras parentales es un proceso continuo. La flexibilidad también puede significar que los regímenes quedan sin determinar, o al menos abiertos a negociación, lo que, si el tiempo tiene un significado emocional, implica que su cercanía emocional y su lealtad pueden cambiar en el futuro. Madres, padres, profesionales del trabajo social y de la mediación pueden prestar atención a la lealtad como concepto dinámico al escuchar y dar peso a los puntos de vista adolescentes.

En segundo lugar, nuestro análisis puede contribuir a matizar la investigación previa sobre las experiencias infantiles de la JPC simétrica como símbolo de igualdad y equidad entre progenitores. Los relatos de este estudio ilustran cómo las negociaciones adolescentes con las figuras parentales se basan, en mayor medida, en sus propias necesidades, de un modo personalmente favorable. La equidad no siempre se percibe como un reparto igualitario del tiempo entre progenitores. Las personas adolescentes tienen más bien su propia agenda cuando justifican el equilibrio del dar y recibir en la relación parentofilial. Aspectos como las relaciones con las nuevas parejas de los progenitores y con la fratría reconstituida (Afifi 2003; Kitterød y Lidén 2021), las actividades de ocio, las amistades y el vínculo con el barrio podrían contextualizar mejor las experiencias adolescentes. Además, los progenitores que practican la JPC simétrica tienen, en general, menos conflictos y puntuaciones más altas en los indicadores socioeconómicos (Steinbach 2019; Wiik 2022). Estos aspectos pueden ser esenciales para la capacidad de las figuras parentales de atender a los puntos de vista y a las necesidades de sus hijas e hijos (Berman 2018; Rejaän 2022). A medida que más progenitores desean practicar la JPC simétrica, las diferencias que se han asociado a la selección social de la JPC simétrica (por ejemplo, el conflicto entre progenitores y los indicadores socioeconómicos) pueden ir desapareciendo. Así, muchas figuras parentales pueden encontrar obstáculos para gestionar con flexibilidad la modalidad de residencia y para adoptar una postura reflexiva ante los cambios en su relación con sus hijas e hijos. Proponemos prestar atención a la manera en que cualquier práctica rígida de la JPC puede impedir que las personas adolescentes ejerzan su capacidad de agencia. Esto es importante porque el apoyo a la autonomía adolescente parece pesar en su contabilidad de méritos. Esta preocupación puede aplicarse también a otros contextos internacionales.

En tercer lugar, dado que este estudio ilustra dinámicas conflictivas entre figuras parentales y adolescentes, hay quien señalaría la posibilidad de que las figuras parentales hayan manipulado a sus hijos. La investigación que parte de estos supuestos tiende a considerar a la infancia poco digna de crédito (Warming et al. 2019). Una etiqueta temprana de falta de credibilidad puede tener graves consecuencias para la capacidad de agencia de niñas y niños. Para mejorar las relaciones parentofiliales, puede resultar más provechoso que las figuras parentales y los equipos profesionales exploren el modo en que las personas adolescentes dan sentido a la equidad y a la lealtad.

En general, subrayamos la importancia del sistema de mediación. La mediación puede ofrecer, sobre todo si es posible volver al servicio pasado un tiempo, un apoyo temprano y de fácil acceso a adolescentes y figuras parentales. Unas y otras pueden adquirir nuevas comprensiones y nuevas maneras de negociar la lealtad y la equidad antes de que los problemas relacionales arraiguen o de que los desacuerdos lleguen a los tribunales.

Complexe Systémique: lo esencial

El interés de este estudio reside en devolver a la teoría contextual su dimensión dinámica: la lealtad no aparece como un dato del vínculo filial, sino como un crédito que cada figura parental gana o pierde a medida que avanza la separación. Las personas jóvenes llevan las cuentas: la escucha, la información honesta y la participación en la construcción del nuevo hogar suman a favor de una figura parental; la culpabilización, la mentira o el «mal humor» restan. Para la clínica y la mediación se desprenden dos enseñanzas: desconfiar de una custodia física compartida rígida que acalla a adolescentes, y no leer demasiado deprisa un rechazo del contacto como el producto de una manipulación parental, una lectura que descalifica de entrada la voz de la niña o el niño. Los límites son claros: once relatos, nueve de ellos de chicas, un país donde la mediación es gratuita y obligatoria, un caso índice, el de Anne, que pesa mucho en el conjunto, y un análisis que opta por no explorar la hipótesis de la triangulación. Para leer junto con el artículo sobre el libro de cuentas oculto de nuestras relaciones y el artículo sobre el conflicto parental intenso visto por los servicios noruegos.

Notas del original

1 Según el Registro Nacional de Población, en el que solo es posible estar empadronado en un domicilio. Por tanto, estas cifras incluyen a niñas y niños en JPC y a quienes viven con un solo progenitor por otros motivos, por ejemplo, el fallecimiento de uno de ellos.

2 Nueve personas adolescentes aceptaron leer el manuscrito antes de su envío a una revista científica. Cuando la persona que firma en primer lugar volvió a contactarlas más de 2 años después de sus entrevistas de investigación, respondieron dos. Una quiso leer las publicaciones definitivas. La otra asistió a una reunión con su madre y con la persona que firma en primer lugar, y leyó el manuscrito.

Agradecimientos. Damos las gracias a las figuras parentales y a las personas adolescentes que consintieron la participación de estas últimas en el proyecto de investigación. El puesto de doctorado está financiado por RKBU North y la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Tromsø.

Declaración ética. El proyecto fue aprobado por el Norwegian Social Science Data Services (ref. n.º 150314).

Conflictos de intereses. La autoría declara no tener conflictos de intereses.

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Traducción no oficial al español de Adolescents' Negotiations of Loyalty and Fairness in Relation to Parents' Separation Process, de Lovise Grape, Jeanette Skoglund, Gry Mette Dalseng Haugen y Renee Thørnblad, Child & Family Social Work, vol. 30, n.o 4 (2025), doi: 10.1111/cfs.13215, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

El artículo original, «Adolescents' Negotiations of Loyalty and Fairness in Relation to Parents' Separation Process», se publicó en Child & Family Social Work (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Esta versión es una traducción no oficial de Complexe Systémique, realizada con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Grape, L., Skoglund, J., Haugen, G. M. D., y Thørnblad, R. (2025). Adolescents' Negotiations of Loyalty and Fairness in Relation to Parents' Separation Process. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/adolescents-negotiations-of-loyalty-and-fairness-in-relation-to-parents-separation-process (Obra original publicada en 2024 en Child & Family Social Work, 30(4), 727-738 (2025); republicada en 2025 por Child & Family Social Work, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/cfs.13215)

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