Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Frontiers in Psychology · Protección de la infancia
¿Qué queda en la edad adulta de los vínculos creados y rotos durante el acogimiento familiar? Veintiséis jóvenes de entre 19 y 25 años, que salieron del sistema al alcanzar la mayoría de edad en una ciudad del noroeste de Italia, hablan de sus relaciones con la familia de origen, la familia de acogida, la pareja y sus iguales. El apoyo, la pertenencia y los buenos recuerdos conviven con la desvalorización, el rechazo y el aislamiento, a menudo en una misma historia.
Traducción no oficial al español de Through a relational lens: reflections about foster care experience in Italian emancipated foster youth, de Paola Cardinali, Fabiola Bizzi y Laura Migliorini, publicado en Frontiers in Psychology (Frontiers Media) (2023), doi: 10.3389/fpsyg.2023.1191307, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tres tablas se presentan en forma de listas; las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Estos hallazgos ponen de manifiesto que las visiones positivas y negativas de sus relaciones significativas coexistían, dando lugar a experiencias relacionales complejas y a veces ambiguas.
Paola Cardinali, Fabiola Bizzi y Laura Migliorini
Resumen
El estudio se propuso investigar los resultados relacionales de la juventud italiana egresada del acogimiento familiar a partir de reflexiones abiertas sobre la percepción de sus relaciones con la familia biológica y la familia de acogida, con la pareja y con sus iguales. Un total de 26 personas jóvenes de Italia egresadas del acogimiento familiar (de 19 a 25 años), captadas a través de los servicios sociales, participaron en una única entrevista en profundidad. Para este estudio se eligió un análisis temático cualitativo. Los resultados revelaron dos grandes temas de la experiencia de acogimiento, que a menudo surgían de forma simultánea en la narración de las personas participantes: (1) Resultados relacionales positivos, que incluyen «Sentirse con apoyo», «Sentido de pertenencia», «Buenos recuerdos», «Relación con la familia elegida» y «Mantener el contacto»; y (2) Resultados relacionales negativos, que remiten a «Desvalorización», «Rechazo», «Malos recuerdos» y «Aislamiento». La experiencia del acogimiento familiar da lugar a percepciones relacionales complejas en la adultez emergente, según los distintos resultados relacionales y las distintas maneras de elaborar dicha experiencia. Los equipos profesionales podrían trabajar sobre los resultados relacionales y los recuerdos, sobre todo durante una transición crítica como la adultez emergente, para ayudar a la juventud a dar sentido a sus experiencias pasadas.
Palabras clave: juventud extutelada, diseño cualitativo, resultado relacional, adultez emergente, estudio italiano
Cada año, muchas personas jóvenes salen del sistema de acogimiento y protección al acercarse a la edad adulta. Aunque existen varios proyectos para apoyar la transición a la vida adulta mediante procesos graduales de emancipación, es importante promover una reflexión sobre la experiencia del acogimiento en esta etapa de la vida para comprender qué procesos pueden sostener el bienestar y la resiliencia de la juventud acogida en edad de transición (Richardson and Yates, 2014). En el proceso de acogimiento familiar se vive un delicado equilibrio de los afectos y, en esta especificidad relacional, puede resultar difícil evaluar los resultados (Miller and Collins-Camargo, 2016). Sin embargo, el estudio de los resultados del acogimiento adquiere un valor específico para la persona adulta joven, porque esta fase de transición hacia la autonomía es crucial, para quienes salen del sistema de protección, en la definición de su identidad, de sus proyectos de futuro y de las decisiones fundamentales en las relaciones íntimas que las experiencias vinculadas al acogimiento en la infancia y la adolescencia han puesto a prueba. El marco de la resiliencia podría constituir una herramienta útil para comprender cómo la juventud extutelada puede superar con éxito sus adversidades (Masten, 2018; Hokanson et al., 2020).
La juventud extutelada constituye un grupo específico con desventajas acumuladas: vive profundas rupturas en sus relaciones y atraviesa múltiples acogimientos y transiciones institucionales antes de llegar a la adultez emergente. La literatura señala que la juventud acogida experimenta dificultades durante este periodo (p. ej., Dworsky and Courtney, 2010; Berzin et al., 2011; Hook and Courtney, 2011), pero se sabe poco sobre cómo concibe y vive esta transición en relación con las características de la adultez emergente (Berzin et al., 2014). Este periodo, denominado adultez emergente, designa una etapa del desarrollo situada entre los 18 y los 25 años, en la que las personas jóvenes exploran y toman decisiones importantes para su vida. Durante este periodo, pueden estar más centradas en sí mismas que en otros momentos de su vida y suelen experimentar inestabilidad, exploración de la identidad, optimismo y la sensación de estar a medio camino entre la adolescencia y la edad adulta (Arnett, 2004, 2015; Schwartz et al., 2011). La juventud suele contar con sus madres y padres y con otras personas adultas que la acompañan en este periodo exigente hacia la emancipación, pero quienes tienen antecedentes de acogimiento fuera del hogar pueden carecer del capital social útil en esta transición (Sulimani-Aidan and Melkman, 2018). En efecto, las personas que han salido del sistema de acogimiento residencial porque han alcanzado la edad a partir de la cual ya no pueden beneficiarse de la protección, «la juventud extutelada», pueden ver limitado su acceso a oportunidades de apoyo.
Algunos estudios han promovido el desarrollo de programas que extienden las prestaciones del acogimiento a la juventud que ha salido del sistema (Curry and Abrams, 2014). Las experiencias pasadas de pérdida, separación y posible rechazo en la familia de nacimiento, los acogimientos precarios, las relaciones transitorias con profesionales del trabajo social y los escasos recursos del entorno podrían hacer más crítico este paso hacia la edad adulta (Sulimani-Aidan and Melkman, 2018; Driscoll, 2019). En consecuencia, estas duras experiencias en la infancia y la adolescencia pueden repercutir en el desarrollo de sus relaciones y afectar negativamente a su transición a la vida adulta (Greeson and Bowen, 2008; Tyrell and Yates, 2018). Por ello, poner el foco en las experiencias constructivas y las relaciones sanas de las poblaciones vulnerables (p. ej., Munson et al., 2013), como la juventud extutelada (Berzin et al., 2014; Tyrell and Yates, 2018), podría mejorar sus resultados, abriendo vías de intervención durante el periodo sensible de reorganización del desarrollo que caracteriza la transición de la adolescencia a la adultez joven (Greeson and Bowen, 2008; Tyrell and Yates, 2018).
Según la literatura internacional, la investigación ha descrito a la juventud extutelada como una población vulnerable en diversos ámbitos de la vida adulta, y ha detectado dificultades en la educación, el empleo y las conductas de riesgo (Vinnerljung and Hjern, 2011; Berzin et al., 2014), dificultades para desarrollar y mantener nuevos vínculos de apego al salir del sistema de acogimiento (Yates and Grey, 2012) e incapacidad para desarrollar relaciones de confianza y apoyo en la edad adulta (Cooley et al., 2018). Sin embargo, otros equipos de investigación (Samrai et al., 2011; Singer et al., 2013; Frimpong-Manso, 2020) han sostenido que los resultados positivos de la juventud extutelada dependen de varios factores, como las redes de apoyo social, las capacidades personales, la preparación para la vida adulta y las relaciones positivas. Esto sugiere que, además de la vulnerabilidad y la adversidad que la juventud experimenta con frecuencia tras salir del acogimiento por razón de edad, las relaciones positivas pueden amortiguar los resultados negativos que siguen a la emancipación (Greeson and Bowen, 2008). La investigación sobre el acogimiento ha subrayado la necesidad de mantener relaciones de cuidado en la vida de las personas en transición a la edad adulta, mostrando los efectos beneficiosos de estas relaciones, como el fortalecimiento de la identidad, la reducción de los sentimientos de pérdida y rechazo y el fomento de la autoestima (Delgado et al., 2019; Wissö et al., 2019; Ball et al., 2021). Paralelamente, las relaciones con la familia de origen y con otras personas, las relaciones sentimentales y las experiencias afectivas desempeñan un papel clave en los resultados positivos de la juventud extutelada estadounidense (Tyrell and Yates, 2018). Sin embargo, la juventud acogida afirma que el apoyo del sistema de protección a la infancia influye en su capacidad para ser independiente y consolidarse en la vida adulta durante la adultez emergente (Berzin et al., 2014).
Los estudios centrados en los resultados negativos y positivos en el contexto del acogimiento han utilizado principalmente un enfoque cualitativo para investigar el proceso de resiliencia (Parry and Weatherhead, 2014; Anderson and Williams, 2018), los resultados académicos (Rios and Rocco, 2014), las experiencias subjetivas de la salida del sistema por razón de edad («aging out») de la juventud extutelada (p. ej., dificultades económicas e inestabilidad residencial, pérdida de apoyo social y presión para ser autosuficiente; Cunningham and Diversi, 2013) y los resultados relacionales (Berzin et al., 2014; Tyrell and Yates, 2018). Se sabe poco sobre la juventud italiana con antecedentes de acogimiento fuera del hogar (Corradini, 2018). Entre los pocos estudios existentes, la investigación italiana se ha centrado principalmente en el funcionamiento de las familias de acogida (Migliorini et al., 2016, 2018; Migliorini and Bizzi, 2019) y en los aspectos culturales de la infancia extranjera en un país de inmigración relativamente reciente como Italia (Long and Ricucci, 2016; Grumi et al., 2017; Rania et al., 2018).
Los resultados relacionales de la juventud italiana extutelada siguen siendo un ámbito inexplorado. No obstante, conviene señalar que los últimos datos disponibles, a 31 de diciembre de 2019, procedentes del informe final de la encuesta sobre el acogimiento familiar en Italia, indicaban que había 13 555 niñas, niños y adolescentes (distribuidos de forma equilibrada entre chicos y chicas, pero con diferencias territoriales) en familias de acogida (Minister for Labour and Social Policy, 2021). Entre ellos predominan claramente preadolescentes y adolescentes, lo que plantea con fuerza la necesidad de construir un acompañamiento adecuado hacia itinerarios de autonomía. Sin embargo, el dato no incluye a las personas menores extranjeras no acompañadas en acogimiento familiar, que viven la experiencia fuera del hogar por su condición específica de personas solas en el territorio y no porque hayan sido separadas de su familia mediante una medida dictada por el Tribunal de Menores o por el juez tutelar. Además, cada año 3000 jóvenes dejan su familia de acogida al emanciparse, y alrededor de un tercio regresa a su familia biológica. Se sabe poco de esta población: el seguimiento a largo plazo es difícil, sigue faltando mucha información, pues son frecuentes las discrepancias importantes y no resueltas en los datos, y la evaluación de resultados continúa siendo un ámbito poco explorado.
Para colmar la laguna de la literatura en lo que respecta a la investigación de los resultados relacionales de la juventud extutelada en Italia, el presente estudio se basó en jóvenes de Italia que acababan de salir del acogimiento familiar y que aportaron reflexiones abiertas sobre la percepción de sus relaciones en la adultez emergente. Este análisis podría ayudar a comprender mejor las experiencias relacionales de este grupo singular, en el momento de su vida en que ya se encuentran fuera del acogimiento familiar (Greeson and Bowen, 2008).
Este estudio aborda la siguiente pregunta: ¿qué resultados relacionales presenta la juventud italiana extutelada durante la adultez emergente?
Participaron 26 personas italianas en la adultez emergente egresadas del acogimiento familiar (14 mujeres y 12 hombres), de entre 19 y 25 años (M = 22 SD = 2.89), con experiencia previa en familia de acogida, que salieron de esta a los 18 años, como exige la ley (Tabla 1). Tenían una edad media de 3.76 años al ingresar en el sistema de protección de los servicios sociales (rango 0–8 años), aunque en su primer acogimiento en una familia tenían de media 6.7 años. En casi todos los casos (92%), la juventud extutelada había estado en acogimiento familiar y a tiempo completo (94%), y el 19% había vivido varios acogimientos.
Tabla 1 — Características sociodemográficas de las personas participantes.
Composición de la familia de acogida: 1 = familia de acogida monoparental (persona viuda o divorciada); 2 = familia de acogida biparental; 3 = familia de acogida con descendencia biológica. Régimen de acogimiento: 1 = a tiempo completo; 2 = a tiempo parcial. Tipología de acogimiento: 1 = acogimiento consensual; 2 = acogimiento por orden judicial.
Indicaron que las parejas de acogida estaban casadas en su mayoría (78%) y tenían descendencia biológica (64%), y que no había otras personas menores acogidas (85%) ni adoptadas (97%) en la familia de acogida. La mayoría de las familias de acogida (66%) conoció a la familia biológica al comienzo del acogimiento.
Este estudio forma parte de un proyecto más amplio, llevado a cabo en colaboración entre la Universidad y los Servicios Sociales del ayuntamiento de una ciudad mediana del noroeste de Italia, centrado en los resultados de la experiencia de acogimiento familiar desde la perspectiva de la juventud (con dicha experiencia), de las familias de acogida y de profesionales del trabajo social. A este respecto, se ha publicado recientemente un trabajo relacionado centrado en la autopercepción de las personas adultas jóvenes (Bizzi et al., 2023). La estrategia de muestreo dio lugar a una muestra de conveniencia para recoger datos sobre personas específicas (juventud extutelada).
La captación se realizó a través de intermediarios relevantes, como profesionales del trabajo social, que la facilitaron informando a la juventud sobre el estudio y comunicando sus datos de contacto cuando las personas jóvenes estaban interesadas en participar y consentían que se transmitieran al equipo investigador. Los criterios de inclusión eran tener entre 18 y 25 años y contar con experiencia en familia de acogida. En total, profesionales del trabajo social invitaron a 36 personas, pero solo 26 jóvenes aceptaron y completaron el estudio. Los motivos para no participar fueron la falta de interés, la incomodidad ante la grabación de audio y la falta de tiempo. Se agradeció a las personas participantes su tiempo mediante una carta firmada por la alcaldía de la ciudad.
Todas las personas jóvenes tuvieron la oportunidad de hacer preguntas antes de aceptar participar, y se les dejó claro que podían retirarse del estudio en cualquier momento.
Para reflejar de forma auténtica la voz de las personas participantes a través de la narración de sus experiencias relacionales vividas, el presente estudio empleó un procedimiento de entrevista semiestructurada con respuestas abiertas (Adams, 2015). Las entrevistas se grabaron en audio y se transcribieron literalmente. Todas las personas participantes completaron además un breve cuestionario sociodemográfico. La sesión completa, incluidos la entrevista y el cuestionario sociodemográfico, duraba aproximadamente una hora. Todas las entrevistas fueron realizadas por personal investigador universitario en una sala privada de las oficinas municipales. El equipo investigador vigiló los riesgos ligados a la activación emocional y ofreció la posibilidad de atención o asesoramiento psicológico tras las entrevistas.
Los principios éticos que guiaron la realización de este estudio fueron las pautas establecidas por el Código Ético de Investigación de la Asociación Italiana de Psicología. Los procedimientos fueron aprobados por el Departamento de Ciencias de la Educación en el marco de un convenio específico entre dicho Departamento y los Servicios Sociales locales. La participación en el estudio fue voluntaria y el anonimato se garantizó mediante seudónimos. Se informó a las personas participantes de que todos los datos se tratarían de forma confidencial, conforme a la ley italiana de protección de datos n.º 196/2003 y al RGPD 2016/679. Se obtuvo el consentimiento informado de todas las personas participantes tras una explicación presencial del estudio.
Se elaboró un cuestionario sociodemográfico ad hoc para investigar los siguientes ámbitos: datos de la persona participante (p. ej., edad, sexo); datos sobre la familia de acogida (p. ej., composición familiar); datos sobre la familia biológica (p. ej., composición familiar); datos sobre el proyecto de acogimiento (p. ej., historial de acogimientos, tipología de acogimiento, etc.). Además, se administró una entrevista semiestructurada, que se grabó en audio. El guion de la entrevista se diseñó para recoger la información requerida por el objetivo del estudio y se modificó a lo largo de la recogida de datos en función de los nuevos temas que iban surgiendo. Este enfoque permitió al equipo investigador asegurarse de cubrir los temas esenciales, dejando al mismo tiempo que la entrevista estuviera dirigida en gran medida por la persona participante. Las entrevistas comenzaban con la frase inicial: «Me interesa explorar tu experiencia de acogimiento familiar. Quizá podamos empezar con que me hables de la historia de tu familia». A continuación seguían varias preguntas abiertas que exploraban los ámbitos principales: (1) la relación con la familia biológica; (2) la relación con la familia de acogida; (3) la relación con la pareja y con sus iguales. Las preguntas se diseñaron con un carácter abierto para suscitar la reflexión sobre la experiencia del acogimiento. Un ejemplo de pregunta abierta de esta entrevista era: «¿Podrías describir tus relaciones con tu familia biológica/familia de acogida/ en el pasado/durante la adolescencia/en el presente?».
Las experiencias de acogimiento se exploran mejor mediante la indagación cualitativa, por su capacidad para captar riqueza y complejidad (Schwab and Syed, 2015). Para el presente estudio se eligió un análisis temático cualitativo (Alholjailan, 2012; Kiger and Varpio, 2020). Optamos por la teoría fundamentada como enfoque para orientar la recogida de datos, el análisis de datos (procedimientos de codificación) y el análisis temático. Elegimos un enfoque de teoría fundamentada constructivista para subrayar el poder de los relatos (Charmaz, 2016). Las voces de la juventud extutelada están infrarrepresentadas en Italia, y la teoría fundamentada constructivista podría crear un espacio para generar una lectura significativa que comprenda la subjetividad de su experiencia (Charmaz, 2017).
Los códigos se derivaron directamente de fragmentos de los datos y se utilizaron para ordenar y desarrollar una comprensión de lo que ocurría en la situación social estudiada (Charmaz, 2006). Todos los conceptos generados en la codificación abierta inicial se agruparon en un subconjunto más reducido de categorías temáticas mediante la codificación axial (Corbin and Strauss, 1990), de modo que las características centrales de los datos de las entrevistas quedaron recogidas en una taxonomía de códigos. Según (Merriam, 2009), la fiabilidad de la codificación representa un consenso subjetivo dentro de un equipo de investigación concreto, en un momento concreto, y no una verdad absoluta que exista fuera de los datos. Dos codificadoras (FB y PC) evaluaron la fiabilidad de la taxonomía de codificación a partir de muestras narrativas seleccionadas al azar del 20% de los datos (McLean and Pratt, 2006). Las evaluadoras se formaron hasta alcanzar niveles aceptables de acuerdo de .80 (Cicchetti, 1994; Syed and Nelson, 2015). A continuación, las dos investigadoras codificaron los relatos por separado y de forma independiente, utilizando un libro de códigos y la taxonomía, para identificar temas emergentes o dominios de significado recurrentes en los relatos (Lofland and Lofland, 1995; Rossman and Raillis, 1998). Se llevó a cabo un proceso iterativo basado en la reflexividad entre las investigadoras, y sus distintas formaciones en psicología clínica y psicología social se aprovecharon como recurso para interpretar mejor el contenido y el significado de los textos (Corbin and Strauss, 1990). Todos los desacuerdos se discutieron hasta acordar un código. A partir de los códigos iniciales, se desarrollaron categorías centrales mediante la codificación focalizada. Con el método comparativo constante (Glaser and Strauss, 1967), los datos existentes se compararon con los nuevos datos entrantes en busca de similitudes, diferencias y variaciones de significado. El manual de codificación se fue actualizando durante el proceso. Por último, se pidió a profesionales del trabajo social y a jóvenes con experiencia de acogimiento que compartieran los resultados.
Se utilizó NVivo versión 12 para gestionar los datos y organizar los nodos en códigos y categorías de orden superior, a partir de los cuales se generaron los temas.
Los resultados muestran la presencia de conceptos clave expresados por la juventud extutelada, que pueden clasificarse en dimensiones relacionales como «Sentirse con apoyo», «Sentido de pertenencia», «Buenos recuerdos», «Relación con la familia elegida», «Mantener el contacto», «Desvalorización», «Rechazo», «Malos recuerdos» y «Aislamiento». Estas categorías se organizan en dos temas: el primero se refiere a los resultados relacionales positivos e incluye dimensiones que aportan seguridad e identificación estable a la juventud extutelada («Sentirse con apoyo», «Sentido de pertenencia», «Buenos recuerdos», «Relación con la familia elegida», «Mantener el contacto») en la Tabla 2, una juventud que a menudo vive inestabilidad e incertidumbre, como hemos expuesto más arriba. El segundo tema, denominado resultados relacionales negativos, incluye cogniciones, conductas y experiencias que pueden socavar y romper los lazos relacionales: «Desvalorización», «Rechazo», «Malos recuerdos» y «Aislamiento», en la Tabla 3. En los apartados siguientes analizaremos con más detalle estos temas y sus significados. Esta clasificación pone de relieve el carácter polifacético de la experiencia de acogimiento para muchas personas adultas jóvenes, que incorpora aspectos relacionales tanto positivos como negativos.
Tabla 2 — Resultados relacionales positivos: categorías y subcategorías.
Tabla 3 — Resultados relacionales negativos: categorías y subcategorías.
La percepción de sentirse con apoyo es evidente en muchas de las personas participantes en este estudio. Para estas personas jóvenes, la principal fuente de apoyo social es la familia de acogida, de la que se sienten sostenidas en el presente desde el punto de vista emocional, pero también por su presencia física, como relata una mujer:
Hay una confianza extrema, una presencia absoluta. Su apoyo no se puede comparar con el de nadie más. Me apoyan muchísimo en todo lo que hago (B, mujer, 21 años).
Este apoyo social de la familia de acogida está arraigado en una relación de apoyo desde el inicio del acogimiento y parece abarcar también la posibilidad de sentirse con apoyo en los proyectos futuros. Un joven lo expresa así:
Estuvieron muy cerca de mí, incluso para cumplir los sueños que vinieron después. Y, sobre todo, en los primeros tiempos del acogimiento, me apoyaron incluso económicamente. Tengo que decir que nunca me ha faltado de nada (G, hombre, 19 años).
Otra fuente de apoyo significativa es la pareja, que representa un punto de referencia importante en quien confiar, como se desprende de las palabras de este joven:
Cuando algo no me va bien, igualmente se lo cuento a ella. Tengo mucha confianza con ella (M, hombre, 23 años).
Además, la familia de la pareja también apoya con frecuencia a estas personas en la adultez emergente, como afirmó una participante:
Tanto él como su familia siempre han estado presentes y me han apoyado desde el primer momento (J, mujer, 22 años).
Así pues, en los relatos de las personas participantes, el sentimiento de apoyo remite a una dimensión temporal vertical, que reconoce la experiencia relacional con personas significativas (familia de acogida o pareja) a lo largo del tiempo, desde el inicio del acogimiento hasta el momento presente, como un resultado positivo para esta juventud.
El sentido de pertenencia remite a la confianza que una persona tiene, como miembro de un grupo, en ser aceptada por ese grupo. Este sentido de pertenencia podría utilizarse para evaluar la conexión psicológica entre las personas en la adultez emergente y los distintos contextos de su vida; de hecho, esta pertenencia se asocia a la familia de acogida, a la familia de la pareja y a la comunidad local. Para la mayoría de las personas participantes en nuestro estudio, los acogimientos se consideran esencialmente de naturaleza cuasi adoptiva, y la juventud ve a sus personas acogedoras como si fueran su madre y su padre biológicos, en el pasado y en el presente, como afirman algunas personas participantes:
Sin duda fue una experiencia única y fundamental, de verdad como una madre (M, hombre, 19 años); Son mi familia, es decir, mis padres de acogida, que me criaron (C, mujer, 21 años).
La identificación de la familia de acogida como la familia a la que se pertenece es muy frecuente entre las personas participantes, que expresan esta pertenencia llamándoles «mamá» y «papá», como afirma este joven:
Confié en ellos como si fueran mis padres desde el primer día. Una vez me dijeron: “Si quieres, puedes llamarnos mamá y papá”, ¡y desde ese día lo he hecho! (A, hombre, 23 años).
Esto hace que las personas jóvenes sientan una sensación de hogar que incluye el sentimiento de conexión con el lugar donde vivieron durante mucho tiempo con su familia de acogida:
Cuando hablo de casa, de familia, era el sitio de mis padres de acogida (A, mujer, 22 años); Es mi familia. Me siento en casa. Soy como cualquier persona normal que ha vivido con una familia normal (B, mujer, 21 años).
En palabras de nuestras personas participantes, el hogar es el lugar donde sienten que han echado raíces, y lo identifican con la familia de acogida, no con la biológica.
Las personas participantes mencionan diversas experiencias relacionales para describir su sentido de pertenencia a un contexto relacional y las emociones positivas que pueden surgir de estas experiencias. La aceptación por parte de la familia de la pareja también desempeña un papel importante en el desarrollo de este sentido de pertenencia, porque contribuye a que las personas se sientan aceptadas y acogidas:
[Los padres de mi pareja] nunca me juzgaron, nunca me criticaron. Siempre me aceptaron como a una hija (J, mujer, 22 años).
Por último, una comunidad acogedora contribuye a desarrollar el sentido de pertenencia de nuestras personas participantes, porque representa un lugar en el que las personas recién llegadas pueden sentirse valoradas y ver atendidas sus necesidades. El barrio constituye una fuente de bienestar; de hecho, estos contextos sociales positivos pueden influir en el sentido de pertenencia a un lugar, algo que puede ser muy importante para jóvenes que han vivido en varios hogares de acogida.
Es un sitio donde nos acogieron, a mí, a mi madre y a mi hermano. Nos acogieron muy bien (B, mujer, 21 años).
El sentido de pertenencia se desarrolla dentro de un marco ecológico, en el que el ajuste entre la persona y el entorno (que incluye micro y macrosistemas) puede influir positivamente en sus sentimientos.
El subtema buenos recuerdos resume las evocaciones que las personas participantes hacen de sus experiencias pasadas. Algunas afirmaciones remiten a la posibilidad de identificar figuras positivas en la familia de origen, como afirma este joven:
Hasta los cuatro años y medio estuve con mi abuela, que me hizo un poco de madre. Me enseñó todo (E, hombre, 24 años).
Para la mayoría de las personas participantes, estas figuras relacionales positivas son las abuelas y los abuelos. Un joven lo expresa así:
La relación con mi abuela fue, creo, la mejor relación de mi vida. Solo tengo recuerdos bonitos (J, hombre, 23 años).
Las personas jóvenes recuerdan también momentos positivos vividos con su madre y su padre biológicos y saben encontrarles atribuciones positivas, como indican estas frases:
Cuando era pequeño, mi padre siempre intentaba animarme cuando lloraba (E, hombre, 24 años); Mamá siempre hacía lo imposible para que las cosas salieran adelante cuando yo era niño (A, hombre, 23 años).
La categoría «Buenos recuerdos» incluye también atribuciones positivas a la familia de acogida, como dijo una joven:
Encontré una familia que, a pesar de algunos defectos míos y suyos, siempre me quiso desde el primer momento en que me vio (B, mujer, 21 años).
Los buenos recuerdos representan algo de luz en la oscura experiencia del acogimiento, porque nuestras personas participantes identifican conductas positivas y figuras positivas en su pasado. Esta posibilidad podría ser un recurso también en su presente, porque parecen capaces de poner de relieve los elementos positivos de su experiencia relacional.
El subtema relación con la familia elegida describe la situación de jóvenes que han formado una familia elegida y que viven esa elección con satisfacción. Una idea que nuestras personas participantes mencionan con frecuencia es que la pareja puede percibirse como una salvación, como afirma este joven:
Creo que uno de los mayores rescates que pueden llegar es una prometida, un novio o, en todo caso, alguien que no te deja pensar en todo lo que te rodea […] ella me cambió la vida por completo. Fue el arranque que yo necesitaba (M, hombre, 23 años).
Estas relaciones sentimentales importantes empezaban a menudo cuando las personas participantes eran muy jóvenes:
A los 16 me prometí con el que hoy es mi marido (C, mujer, 25 años).
Las personas participantes hablan de compromisos o matrimonios precoces, como afirma esta joven:
Quise casarme tan joven porque sigo pensando que A. es la persona más importante de mi vida (J, mujer, 22 años).
En los relatos femeninos aparece también la idea de que la parentalidad es un logro en la vida de las mujeres. Las participantes narran la experiencia de la maternidad y la relación con su bebé como algo gratificante:
[Mi hijo] llena mi vida… Y qué puedo decir, esto me hace muy feliz en este momento de mi vida (J, mujer, 22 años).
Esta idea solo aparece en los relatos femeninos. La construcción de una relación de pareja estable y el compromiso con un proyecto parental, pese a haber vivido una fractura de los vínculos con la familia de origen durante la infancia, representan un resultado positivo para estas personas adultas, que parecen haber «salvado» la capacidad de crear vínculos.
La percepción de mantener el contacto es otro hallazgo emergente de nuestro trabajo. Las personas participantes describen la continuidad en la relación con su madre y su padre biológicos, que atañe a su experiencia pasada en el acogimiento, como afirma esta joven:
Un domingo me iba con mi madre; otro domingo, con mi padre. A veces venían a recogerme al colegio. Siempre veía a mis padres (C, mujer, 25 años).
Esto aparece también en la experiencia presente y pone de relieve la posibilidad que tiene esta juventud de mantener el contacto con su familia biológica a lo largo de los años:
Ahora los veo. De vez en cuando voy a su casa. Viven cerca y, en cualquier caso, nos llamamos (G, hombre, 21 años).
Las personas jóvenes recuerdan también la continuidad en la relación con la familia de acogida, que atañe a sus actividades actuales, como afirma este joven:
El año pasado decidí sacarme también el abono, así que con mi [padre de acogida] nos veremos los domingos para el partido (G, hombre, 19 años).
Otro elemento que contribuye a la percepción de estar en contacto es la presencia de la familia de acogida en acontecimientos vitales importantes, como relata esta joven:
Mamá (la madre de acogida) fue mi testigo de boda (C, mujer, 25 años).
Muchas personas participantes expresan su satisfacción por sus relaciones positivas con sus iguales, como se desprende de las palabras de esta joven:
Tengo muchos grupos de amigos distintos. Muy distintos. Con un grupo, por ejemplo, nos gusta quedarnos en casa, jugar a juegos o ver películas juntos. Con otro grupo de amigos, los que son un poco más cercanos, hacemos viajes o, en general, tomamos algo o, en cualquier caso, hacemos esas cosas de todos los días que hace todo el mundo (B, mujer, 21 años).
Nuestras personas participantes parecen asociar la posibilidad de tener muchas amistades con sus rasgos de personalidad, como afirman estas personas:
Tengo muchos amigos porque tengo este carácter muy expansivo (M, hombre, 20 años); Soy una persona muy alegre, hago amigos enseguida (A, hombre, 20 años).
La posibilidad de mantener el contacto remite a las relaciones que las personas participantes mantienen tanto dentro como fuera de la familia. Este aspecto podría contribuir a construir una imagen positiva de sí.
Desde un punto de vista relacional, las personas participantes recurrían con frecuencia a la desvalorización, atribuyendo características negativas a los demás. Este mecanismo sugiere la necesidad de recurrir a defensas contra la angustia que deriva de aspectos esencialmente ambivalentes en la percepción de sí y de los demás. Estas desvalorizaciones atañen a la familia biológica, cuyos aspectos positivos quedan completamente borrados, como evocan las palabras de este joven:
Los eliminé por completo de mi vida, así que no hay ningún lado positivo, porque se portaron mal. Se portaron mal con nosotros porque nos dejaron solos, así que, aunque había encuentros con ellos, yo quería sacarlos de mi vida (R, hombre, 23 años).
Sin embargo, en los relatos aparece también una desvalorización de la familia de acogida, que incluye la desaprobación de sus miembros, como afirma esta joven:
Lo que todavía me enfadó más es que una vez le pregunté si no sentía ni un poquito de vergüenza, y me contestó que tenía la conciencia tranquila y que había hecho todo lo que había podido. No es una persona muy civilizada, la verdad (R, mujer, 19 años).
Las personas participantes parecen recurrir a la desvalorización para hacer frente a los sentimientos de incertidumbre en el acogimiento. Esto atañe tanto a las relaciones en la familia biológica como en la de acogida.
Otro ámbito significativo atañe al sentimiento de rechazo, es decir, la sensación de no haber encontrado aceptación ni deseo en las personas de la propia vida.
Esta emoción parece arraigada en una percepción de desinterés por parte de la familia biológica, como relata este joven:
No la he vuelto a ver. La última vez que la vi tenía seis años y estaba en el Instituto (P, hombre, 19 años).
Otro elemento importante es la experiencia de una falta de aceptación en la familia de acogida. Existe una falta de aceptación por parte de la descendencia biológica de las personas acogedoras, lo que subraya la importancia de pensar el acogimiento como un dispositivo que implica a toda la familia y no solo a la pareja parental, como afirma esta joven:
Estaban preparados como pareja, pero no como familia, en el sentido de que quizá estaban preparados porque solo tenían un hijo… Era hijo único, así que estaban preparados para este tipo de experiencias, pero en realidad [mi hijo] nunca aceptó que yo entrara en su familia (J, mujer, 22 años).
Un sufrimiento relacional que surge de los relatos tiene que ver con la conciencia que tienen las personas participantes de que la familia de acogida deseaba proceder a una adopción y, por tanto, de no haber sido su primera opción:
Me dijeron que querían adoptar a un niño. Lo intentaron todo para conocerme y aceptarme, pero hasta me hablaron de niños que habían conocido antes que a mí (S, hombre, 23 años).
La percepción de rechazo representa un resultado negativo desde el punto de vista relacional, porque si una persona no es aceptada por las demás puede sentir emociones negativas, y esto podría alterar también su manera de ver su propia vida.
Los malos recuerdos incluyen los relatos de las personas participantes sobre experiencias pasadas que les dejaron huella. Remiten al maltrato, como afirma esta joven:
El compañero de mi madre intentó varias veces hacerme cosas, tocándome (P, mujer, 24 años).
Sin embargo, esta categoría solo está presente en los relatos femeninos. Los malos recuerdos incluyen también situaciones en las que las personas participantes tuvieron que asumir cargas pesadas, invirtiendo los roles con su madre o su padre biológico, sin sentirse cuidadas por ellos:
Ella (la madre) no puede; yo la cuidaba, me gustaba cuando estaba en casa, pero no puede ser ningún apoyo (S, mujer, 22 años).
Por último, el último ámbito relativo a los resultados relacionales negativos atañe al aislamiento. Las personas participantes comparten la experiencia de sentirse aisladas y ajenas. Este sentimiento deriva de haber vivido la ausencia de la familia de origen:
Hace tiempo que no la veo. No la he visto desde hace 10 años, incluso más (P, hombre, 19 años).
pero también de no haber tenido, en el pasado o en el presente, figuras en las que apoyarse, alguien que cuidara de ellas, como afirma esta joven sobre sí misma y sus hermanos:
Nos tocaba a nosotros hacer las cosas. Teníamos que comer fuera porque éramos demasiado pequeños y no sabíamos cocinar (S, mujer, 22 años).
El aislamiento atañe también a la ruptura de las relaciones. En particular, aparece la ausencia de contacto con la familia de acogida en el presente, por ejemplo en las palabras de este joven:
Corté la relación justo después. En cuanto me fui de la familia, corté la relación. Nunca se volvió a abrir (R, hombre, 23 años).
Por último, a veces surge la necesidad de retirarse del contexto social y de las relaciones sociales y de vivir la necesidad de soledad, como afirma esta joven:
Pedí que me pusieran en una oficina sola, para trabajar sola y más tranquila (S, mujer, 22 años).
El aislamiento parece ser una experiencia que abarca distintos aspectos de la vida de las personas participantes.
El presente estudio es el primero en Italia que investiga los resultados relacionales en un grupo de jóvenes que han salido del acogimiento familiar. Nos permite reflexionar a posteriori sobre la experiencia del acogimiento familiar y sobre los posibles resultados referidos por la juventud, no solo en relación con el éxito académico y laboral, sino también en lo que respecta a los resultados relacionales.
Los hallazgos muestran la complejidad del recorrido de la adultez emergente y ponen de relieve la diversidad de experiencias que la juventud extutelada percibe en sus relaciones. De los relatos de las personas participantes surgen dos temas distintos: los resultados relacionales positivos y los resultados relacionales negativos (Greeson and Bowen, 2008), que a menudo se dan simultáneamente en su narración y dibujan una experiencia compleja y a veces ambivalente.
La investigación sugiere que la conexión social y las relaciones sanas son factores de protección frente a muchas formas de acontecimientos adversos en la infancia (Ludy-Dobson and Perry, 2010). De nuestro trabajo surgen algunos resultados relacionales positivos reconocidos por las personas participantes («Sentirse con apoyo», «Sentido de pertenencia», «Buenos recuerdos», «Relación con la familia elegida» y «Mantener el contacto»), relacionados con la satisfacción con su vida. En línea con Wissö et al. (2019), este estudio señala que el sentido de pertenencia es un resultado positivo para las personas acogidas, dada la inestabilidad típica de sus relaciones familiares. El sentido de pertenencia se asocia con el sentido de la vida (Lambert et al., 2013), y esto podría representar un resultado positivo para personas con experiencias inesperadas y poco comunes, como el acogimiento familiar. Otro resultado relacional positivo para las personas acogidas son los buenos recuerdos de la familia de acogida y de la familia biológica. Aunque las personas acogidas pueden percibir a su madre y su padre biológicos como más vulnerables y confiar menos en ellos que en la familia de acogida, algo comprensible teniendo en cuenta los antecedentes problemáticos y las condiciones de vida de la mayoría de estas familias, las atribuciones positivas a ambas familias son frecuentes en este estudio.
Estas ideas coexisten con su exposición a experiencias de pérdida, separación y rechazo (Sulimani-Aidan and Melkman, 2018; Driscoll, 2019). En cuanto a los resultados negativos del acogimiento, en línea con la literatura (Fabricius and Hall, 2000; Finley and Schwartz, 2004; Rohner et al., 2005), emerge el sentimiento de rechazo por parte de la madre y el padre biológicos (pero también por otros miembros de la familia), la percepción de desinterés por parte de la familia biológica, el pesar por el deseo de la familia de acogida de proceder a una adopción y la insatisfacción con la relación con la familia biológica y la de acogida. Estos temas podrían representar algunos elementos clave de las rumiaciones conflictivas sobre las figuras parentales, conceptualizadas por Schwartz and Finley (2010) como un modelo crítico de funcionamiento, especialmente en la adultez emergente. En línea con esta teoría, estos resultados relacionales negativos respecto de la familia biológica, pero también de la de acogida, compuestos por desvalorización, sentimiento de rechazo y malos recuerdos de la infancia, podrían reflejar un rechazo familiar percibido y constituir una forma de malestar que perjudica el funcionamiento psicosocial y relacional en la adultez emergente (Schwartz and Finley, 2010). Estos hallazgos ponen de manifiesto que las visiones positivas y negativas de sus relaciones significativas coexistían, dando lugar a experiencias relacionales complejas y a veces ambiguas. En este sentido, existe una necesidad de integración, y la experiencia de la familia de acogida puede ayudar a facilitar este proceso. Además, la idea de que esta percepción de rechazo podría atañer a las relaciones fraternas, y entre las personas acogidas y la descendencia biológica de la familia, puede ayudar a los servicios sociales a pensar el acogimiento como un dispositivo que implica a toda la familia de acogida y no solo a la pareja acogedora. Investigaciones anteriores subrayan que las hermanas y hermanos de acogida no sienten que se les perciba como parte del equipo de acogimiento (Raineri et al., 2018).
En cuanto a los resultados positivos, debemos tener en cuenta que el desarrollo de una relación con figuras de acogida sensibles y receptivas enriquece las oportunidades de las personas acogidas (Maaskant et al., 2015) y refuerza la capacidad de la persona menor acogida para reflexionar sobre su propio estado mental y el de los demás y comprenderlos, lo que le permite entender las dificultades de su familia biológica. Las relaciones sanas permiten a la juventud extutelada regular mejor el malestar emocional y, en consecuencia, potencian su desarrollo psicosocial y su resiliencia (Stein, 2006). Un estudio reciente (Ball et al., 2021) subraya que las experiencias positivas en las relaciones con la familia de acogida y con profesionales del trabajo social pueden dar lugar a relaciones duraderas y de apoyo en la transición a la vida adulta. Además, las relaciones de pareja estables en la adultez emergente se consideran un resultado frecuente en personas con un estilo de apego seguro (Fagundes and Schindler, 2012) y podrían seguir prediciendo la seguridad a lo largo de la vida (Sutton, 2019). Asimismo, la experiencia de buenas relaciones actuales con sus iguales se relaciona con una imagen positiva de sí como personas con buena competencia social. Esto puede proporcionar una forma esencial de apoyo a su identidad. Del mismo modo, la implicación en la comunidad representa un beneficio potencial para la juventud extutelada; algunos estudios (p. ej., Magson et al., 2016) destacan que el sentimiento de pertenencia a la comunidad podría reducir las conductas de riesgo entre personas en la adultez emergente en situación de desventaja. Sarriera and Bedin (2015) desarrollaron un modelo de bienestar sociocomunitario que incluye en la noción de bienestar variables relacionadas con el sentimiento de pertenencia a la comunidad. Por tanto, aumentar la satisfacción relacional en la vida exige una mayor integración de las esferas interpersonal y colectiva (Prillelstensky, 2004). En este sentido, la resiliencia no se considera solo un subproducto de la exposición a una adversidad moderada que protege a las personas frente a la inadaptación ante futuros factores de estrés, sino que ofrece también factores de protección, como la capacidad de mantener una relación estrecha con otras personas adultas competentes, la regulación emocional y la aceptación de la propia historia, que contrarrestan los posibles riesgos y vulnerabilidades (Yates and Grey, 2012).
En cuanto a los resultados relacionales negativos, es interesante señalar que los resultados de la categoría malos recuerdos ponen de relieve una diferencia de género en el recuerdo del maltrato, ya que solo lo mencionan las mujeres. Este resultado concuerda con investigaciones anteriores que subrayan que a menudo se ha considerado a las mujeres como las víctimas predominantes (Cardinali et al., 2018), pero también podría asociarse a las dificultades de los hombres para relatar estas experiencias en el contexto cultural y social italiano, donde, para un hombre, denunciar conductas de violencia en la pareja podría inducir vergüenza, culpa y apuro, lo que posiblemente reduce la probabilidad de revelar dicha violencia (Felson and Paré, 2005).
Al comparar estos hallazgos con la literatura sobre acogimiento (Cooley et al., 2018), en la que surgen sobre todo resultados negativos, como las dificultades para desarrollar y mantener relaciones de confianza y apoyo en la edad adulta, este estudio confirma la existencia de un tema de privación que parece impregnar toda la vida y no limitarse a la infancia. Sin embargo, el tema «necesidad de soledad» añade a los resultados negativos un aspecto novedoso: las personas en la adultez emergente desalentadas por experiencias negativas no parecen disponer de recursos suficientes para relacionarse con la comunidad. Aunque algunos de los temas hallados en el presente estudio reflejan los resultados de la literatura sobre la adultez emergente, como la importancia de desarrollar buenas relaciones en esta transición crítica, de nuestras entrevistas surgieron ideas nuevas, como el papel de apoyo de la pareja. Estas complementan la literatura que ha subrayado la importancia del capital social (Hook and Courtney, 2011; Skobba et al., 2018), algo que también confirma nuestro trabajo al destacar la importancia de sus iguales y de la implicación en la comunidad. Este apoyo adicional, recibido no solo de la familia biológica y de la de acogida, podría favorecer el fortalecimiento de la identidad y la reducción de los sentimientos de pérdida y rechazo (Delgado et al., 2019; Wissö et al., 2019). Las relaciones sentimentales se convierten en un tema central en la transición a la vida adulta (Oudekerk et al., 2015) y, pese a las relaciones tempranas en la familia biológica, esta juventud parece desarrollar cierta capacidad para gestionar la autonomía y los retos asociados en las relaciones adultas en distintos ámbitos sociales (relaciones sentimentales, amistad, familia). En cuanto a los temas emocionales, es importante señalar que los relatos sobre la transición a la parentalidad solo aparecieron en las entrevistas de mujeres, lo que podría ser coherente con el ideal «centrado en la madre» señalado por distintos estudios en Italia (Bertolini et al., 2015; Wiß and Greve, 2019) y reflejar la idea de que la maternidad representa un elemento relacional clave de la identidad femenina. No obstante, es importante tener en cuenta que los participantes varones todavía no han vivido la paternidad. La adultez emergente brinda a la juventud la oportunidad de reflexionar sobre sus experiencias pasadas en la familia biológica y en la de acogida y de mirar hacia el presente y el futuro (Arnett, 2004, 2015; Schwartz et al., 2011). Este proceso es más complejo debido a la experiencia de acogimiento.
El presente estudio constituye la primera investigación cualitativa sobre la juventud extutelada en Italia que explora sus resultados relacionales en la adultez emergente. Se trata de un aspecto especialmente relevante en el contexto italiano, ya que el sistema de servicios no hace un seguimiento del recorrido de las personas jóvenes que salen del acogimiento familiar, y por ello también puede resultar útil para que los equipos profesionales comprendan mejor la importancia de tener en cuenta los aspectos relacionales. Los estudios longitudinales que siguieran las trayectorias relacionales de esta juventud a lo largo del tiempo aportarían información valiosa sobre los retos a los que se enfrenta y el apoyo que puede necesitar más allá del periodo inmediato de emancipación. Además, entre los puntos fuertes de este estudio figura la amplitud del grupo de participantes, que representa a una población de difícil acceso y escasamente representada en estudios anteriores (Miller and Collins-Camargo, 2016). Sin embargo, este estudio ofrece la perspectiva de la juventud y, en consecuencia, faltan otras perspectivas que podrían ser pertinentes para una comprensión más compleja de los resultados relacionales. Las investigaciones futuras podrían incorporar otras perspectivas, como las de las familias de acogida, de profesionales del trabajo social o de las familias biológicas, para lograr una comprensión más holística. Los acogimientos de la muestra estudiada parecen notablemente estables, pese a que los datos nacionales sugieren una mayor frecuencia de acogimientos múltiples en la historia de la juventud extutelada (solo el 4,5% no tiene antecedentes de acogimientos múltiples; Minister for Labour and Social Policy, 2021). Por tanto, esto podría indicar una situación psicológica más favorable de las personas incluidas en el estudio. En consecuencia, la estabilidad de los acogimientos observada en nuestras personas participantes puede no reflejar las experiencias de toda la juventud extutelada, ya que los datos nacionales sugieren una mayor prevalencia de acogimientos múltiples. Los estudios futuros podrían aspirar a grupos de participantes más amplios y diversos para mejorar la representatividad de los resultados. Además, no tuvimos en cuenta el número ni el tipo de experiencias adversas en la infancia vividas ni cómo repercuten en su salud relacional actual. Las investigaciones futuras podrían explorar la relación entre las ACE (experiencias adversas en la infancia), los resultados relacionales y los efectos a largo plazo del trauma en la juventud extutelada. Otro aspecto importante que debe reconocerse como posible ámbito de investigación futura es la falta de consideración de las diferencias de género en la juventud extutelada. Explorar cómo se cruza el género con los resultados relacionales podría aportar información valiosa sobre las necesidades y experiencias específicas de las mujeres y los hombres jóvenes extutelados en Italia. Los estudios futuros podrían adoptar un enfoque sensible al género y examinar cómo influye el género en las relaciones de la juventud, sus redes de apoyo y su bienestar general. La investigación también podría analizar si el género desempeña un papel en la formación de vínculos y en el establecimiento de un sentimiento de seguridad con la familia de acogida. Por ejemplo, podría explorar si las chicas y los chicos tienen expectativas o preferencias diferentes respecto al género de las figuras de acogida, y cómo estas expectativas podrían influir en su percepción del apoyo y la aceptación. Otra limitación de este estudio podría ser la dificultad de integrar percepciones y emociones lejanas en el tiempo relativas a los resultados relacionales para reflexionar sobre su propio nivel de satisfacción.
Los equipos profesionales podrían trabajar sobre los resultados relacionales y los recuerdos, sobre todo durante una transición crítica como la adultez emergente, para ayudar a la juventud a dar sentido a su experiencia pasada. Parece muy importante promover la formación de profesionales del trabajo social competentes en el análisis de los resultados relacionales y en el trabajo para fomentar relaciones positivas, por su función protectora en el futuro de esta juventud. El uso del relato para reconstruir la memoria autobiográfica podría servir para dar sentido al propio pasado, presente y futuro anticipado (McLean, 2005), sosteniendo y afrontando los retos de esta transición tan particular a la vida adulta.
Complexe Systémique: puntos clave
El interés sistémico del estudio reside en que interpreta la salida del acogimiento como una reconfiguración de las lealtades más que como un simple paso hacia la autonomía. Las personas jóvenes llaman «mamá» y «papá» a quienes las acogieron, conservan buenos recuerdos de una abuela o de un padre biológico y a veces desvalorizan a una u otra familia: la ambivalencia no es un fracaso del acogimiento, a menudo es su propia materia. Dos hallazgos interpelan directamente a la clínica. El rechazo puede venir de las hermanas y hermanos de acogida, lo que invita a pensar el acogimiento como un compromiso de toda la familia, descendencia biológica incluida. Y la relación de pareja, vivida a veces como una salvación, se convierte pronto en el lugar donde se vuelve a poner en juego la capacidad de vincularse, con sus promesas y sus riesgos. Por último, la «necesidad de soledad» señala a jóvenes que carecen de recursos para abrirse a la comunidad. Los límites son claros: una única entrevista, una muestra de conveniencia captada a través de los servicios y acogimientos más estables que la media nacional. Para leer junto con el artículo sobre las relaciones de personas adultas jóvenes con experiencia de acogimiento con su madre y su padre de nacimiento y el artículo sobre la permanencia co-construida en el acogimiento familiar de larga duración.
Notas del original
Declaración ética. Los estudios con participantes humanos fueron revisados y aprobados por el Departamento de Ciencias de la Educación en el marco de un convenio específico entre dicho Departamento y los servicios sociales locales. Los principios éticos para la realización de este estudio fueron las pautas del Código Ético de Investigación de la Asociación Italiana de Psicología. Las personas pacientes/participantes dieron su consentimiento informado por escrito para participar en este estudio.
Contribuciones de la autoría. FB y PC contribuyeron al análisis y la interpretación de los datos y redactaron el manuscrito. LM contribuyó a la concepción, el diseño, la obtención de los datos y la captación de participantes. Todas las autoras revisaron críticamente el manuscrito y dieron su aprobación final. Todas las autoras contribuyeron al artículo y aprobaron la versión enviada.
Financiación. Este trabajo contó con el apoyo del Ayuntamiento de Génova.
Conflicto de intereses. Las autoras declaran que la investigación se realizó en ausencia de cualquier relación comercial o financiera que pudiera interpretarse como un posible conflicto de intereses.
Nota de la editorial. Todas las afirmaciones expresadas en este artículo son exclusivamente de la autoría y no representan necesariamente las de sus organizaciones de afiliación ni las de la editorial, el equipo editorial y las personas revisoras. La editorial no garantiza ni respalda ningún producto que pueda evaluarse en este artículo ni ninguna afirmación que pueda hacer su fabricante.
Agradecimientos. Las autoras desean dar las gracias a las personas participantes en este estudio, que compartieron su experiencia, y a la profesora Donatella Cavanna, que aportó su experiencia y su colaboración en la recogida de datos.
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Traducción no oficial de Through a relational lens: reflections about foster care experience in Italian emancipated foster youth, de Paola Cardinali, Fabiola Bizzi y Laura Migliorini, Frontiers in Psychology, vol. 14, artículo 1191307 (2023), doi: 10.3389/fpsyg.2023.1191307, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «Through a relational lens: reflections about foster care experience in Italian emancipated foster youth», publicado en Frontiers in Psychology (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Cardinali, P., Bizzi, F., et Migliorini, L. (2023). Through a relational lens: reflections about foster care experience in Italian emancipated foster youth. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/through-a-relational-lens-reflections-about-foster-care-experience-in-italian-emancipated (Obra original publicada en 2023 en Frontiers in Psychology, 14, 1191307 (2023); republicada en 2023 por Frontiers in Psychology, https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyg.2023.1191307/full)
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