Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Qualitative Social Work · Protección de la infancia

Madres y padres en guerra: un análisis de posicionamiento sobre cómo negocian su pérdida tras la retirada de la custodia por parte del Estado

Trece madres y padres noruegos, diez de ellos madres, describen el acogimiento de sus hijos e hijas iniciado por los Servicios de Protección a la Infancia. Marte Tonning Otterlei y Eivind Engebretsen leen en sus relatos una guerra de posiciones: frente a la etiqueta de progenitor fracasado, estas personas se presentan como víctimas, contraatacan o se convierten en sus propios jueces, y viven un duelo que nadie reconoce.

Autoría Marte Tonning Otterlei (Department of Social Studies, University of Stavanger, Norway) y Eivind Engebretsen (Faculty of Medicine, University of Oslo, Norway)Primera publicación Qualitative Social Work, 22 de septiembre de 2021Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Parents at war: A positioning analysis of how parents negotiate their loss after experiencing child removal by the state, de Marte Tonning Otterlei y Eivind Engebretsen, publicado en Qualitative Social Work (SAGE) (2022), doi: 10.1177/14733250211048546, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Un procedimiento de orden de acogimiento podría constituir, por su propia naturaleza, un rechazo de las posiciones de las madres y los padres y de su parentalidad.

Marte Tonning Otterlei y Eivind Engebretsen

Resumen

Este estudio explora cómo las madres y los padres implicados en procedimientos de orden de acogimiento en Noruega perciben la manera en que los Servicios de Protección a la Infancia (CWS) los posicionan en este proceso, cómo negocian esas posiciones y si su pérdida se percibe como legítima o ilegítima frente a las expectativas sociales en torno a la parentalidad. Los datos proceden de entrevistas cualitativas con 13 madres y padres que han vivido la retirada de sus hijos o hijas a iniciativa de los CWS. A partir de la teoría del posicionamiento, el artículo ofrece un análisis de las experiencias parentales de ser posicionados por los CWS e indaga cómo las nociones culturales pueden influir en sus percepciones. El análisis mostró que las madres y los padres se vivían en guerra contra unos CWS sumamente poderosos, que, a su juicio, los deshumanizaban y los posicionaban como fracasados. Además, cuestionaban esas posiciones introduciendo explicaciones alternativas que los presentaban como víctimas. Sin embargo, el análisis mostró también que adoptaban posiciones en las que se convertían en sus propios jueces e interiorizaban el estigma. Vivían su duelo como desautorizado, porque su pérdida se percibía como ilegítima. Aun así, varias de estas personas reivindicaron una posición de figura parental renovada, convirtiendo su fracaso parental previo en una línea narrativa de crecimiento y prosperidad. El artículo concluye que, a través del lenguaje, las madres y los padres cuestionan las posiciones estigmatizantes para negociar el fracaso parental, lo que podría interpretarse como un trabajo de valoración de sus identidades y de su parentalidad.

Palabras clave: protección de la infancia, familias biológicas, estigma, retirada de la custodia, orden de acogimiento, posicionamiento

Introducción

Este artículo examina cómo las madres y los padres que han vivido la retirada de un hijo o una hija por parte del Estado perciben la manera en que los Servicios de Protección a la Infancia noruegos (CWS) los posicionan en este proceso, y cómo se implican en esas posiciones y las negocian. De este modo, explora si perciben la pérdida del cuidado cotidiano de su hijo o hija como legítima o ilegítima en el contexto del fracaso parental y de las expectativas sociales en torno a la parentalidad. El término «parentalidad» puede entenderse como una práctica social influida por las estructuras de la sociedad (Juhl, 2016). El acogimiento de menores fuera del hogar repercute en el futuro de las familias (Broadhurst and Mason, 2017; Featherstone et al., 2014; Morriss, 2018) y, además, pone en cuestión la parentalidad (Salem and De Wilde, 2021) y la identidad (Nixon et al., 2013; Schofield et al., 2011) de las madres y los padres. Los servicios de protección de la infancia pueden presentar características negativas de las familias cuando argumentan a favor de una retirada (Burns et al., 2018; Masson, 2012). Así, al basarse en una noción de parentalidad inadecuada, las retiradas de menores implican que la culpa es de las madres y los padres (Morriss, 2018; Schofield et al., 2011). En consecuencia, están estrechamente vinculadas a la vergüenza y al estigma (Broadhurst and Mason, 2017; Featherstone et al., 2014; Morriss, 2018; Schofield et al., 2011).

Según Memarnia et al. (2015), cuando una madre o un padre vive la retirada de su hijo o hija, pocos rituales sociales ofrecen apoyo en el proceso de duelo. Además, las personas que viven pérdidas que no son reconocidas ni validadas cultural o socialmente pueden sufrir un duelo desautorizado y sentirse así privadas del «derecho a hacer el duelo» (Doka, 2002: 5). En esos casos, cuando la pérdida no suscita compasión, el estigma puede influir en el proceso de duelo y en la adaptación psicológica de la persona a la pérdida (Doka, 1989, 2002). Attig (2004) sostuvo que la desautorización del duelo puede entenderse como un fracaso social de la empatía y de la ética, así como un fracaso político, por el abuso de poder y el abandono de la persona en duelo. Asimismo, las personas en duelo pueden sufrir también un duelo autodesautorizado, al percibir su pérdida como estigmatizada e indigna de compasión y de apoyo (Kauffman, 2002). Además, las pérdidas primarias, como la pérdida del cuidado diario de un hijo o una hija, pueden conllevar también pérdidas secundarias (Rando, 1993). Broadhurst y Mason (2017: 54) han mostrado, por ejemplo, cómo la retirada de menores puede acarrear a las madres y los padres consecuencias colaterales formales e informales, como el duelo, el estigma social, efectos en cadena sobre terceras personas, la estigmatización jurídica y la reducción de prestaciones sociales. No obstante, Broadhurst y Mason (2017: 49) subrayaron la falta de estudios que «capten explícita y empíricamente el estigma social» y reclamaron «investigaciones que permitan comprender cómo las personas gestionan el estigma social y sus estrategias de supervivencia o de autodefinición». Así pues, al examinar cómo viven las madres y los padres una intervención de orden de acogimiento y cómo negocian las posiciones que perciben, el presente estudio empírico arroja luz sobre las implicaciones sociales de la retirada de menores. Además, puede contribuir a tomar conciencia de las relaciones de poder y aportar conocimiento sobre las dificultades de las familias en los procedimientos de orden de acogimiento. Este conocimiento puede contribuir, en última instancia, a mejorar la situación de las madres y los padres que viven lo que se considera una intervención «delicada y controvertida» del Estado (Burns et al., 2017: 1).

Contexto

El sistema noruego de órdenes de acogimiento

Los CWS noruegos deben intervenir lo menos posible, actuar en el interés superior del niño o la niña y respetar los vínculos biológicos (NOU, 2016). Sin embargo, cuando un niño o una niña corre el riesgo de sufrir o sufre maltrato o negligencia, o cuando su seguridad, su salud o su desarrollo se ven amenazados, los CWS pueden iniciar un procedimiento de orden de acogimiento (Child Welfare Act (CWA), 1992: 4–12, a–d). El término orden de acogimiento («care order») «se refiere a la retirada de menores de su familia biológica ordenada por un tribunal» (Burns et al., 2017: 13). En Noruega, las órdenes de acogimiento están concebidas como temporales (NOU, 2016). En 2016, 13,80 de cada 1000 menores (de 0 a 17 años) en Noruega vivían en acogimiento fuera de su hogar (Nordic Statistics Database, 2021). Las órdenes de acogimiento las dictan las County Social Welfare Boards, comisiones provinciales de bienestar social (CWA, 1992). En comparación con otros países nórdicos, las tasas de órdenes de acogimiento en Noruega son notablemente más altas (Hestbæk et al., 2020), aunque han disminuido ligeramente en los últimos años (Bufdir, 2020). Aun así, las autoridades noruegas han sido criticadas internacionalmente por su intrusividad en materia de órdenes de acogimiento, y numerosos casos han sido examinados por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (Falch-Eriksen and Skivenes, 2019).

Experiencias parentales de la retirada de menores

En general, las experiencias de las madres y los padres ante los sistemas de protección de la infancia son dispares, pues han relatado tanto experiencias positivas como negativas (Smithson and Gibson, 2017; Tembo and Studsrød, 2019). Sin embargo, en lo que respecta específicamente a la retirada de menores, han destacado sobre todo emociones negativas, como el dolor, la conmoción, la crisis, el duelo, la ira, la impotencia, la desesperación, la culpa y la vergüenza (Salem and De Wilde, 2021; Smeeton and Boxall, 2011; Syrstad and Slettebø, 2020). Además, pueden carecer de apoyo social (De Wilde and Vanobbergen, 2020) y sufrir la condena social (Schofield et al., 2011). Diversos estudios (Broadhurst and Mason, 2020; Morriss, 2018; Nixon et al., 2013) han mostrado que las madres pueden vivir una tensión y un estigma profundos ligados a la retirada, por apartarse de las normas de la maternidad. Aunque las expectativas de género podrían hacer pensar en experiencias distintas de la retirada, la investigación sobre las experiencias de los padres (Baum and Negbi, 2013; Clapton, 2007; Clifton, 2012) ha mostrado que los hombres también sienten duelo, culpa y vergüenza cuando pierden el cuidado diario.

Investigaciones anteriores han mostrado que las madres y los padres buscan nuevas maneras de ejercer y definir su parentalidad cuando sus hijos e hijas viven en acogimiento familiar (Salem and De Wilde, 2021). El estudio de Morriss (2018) mostró cómo las madres cuestionan el estigma percibido presentando renarrativizaciones sucesivas de sus posibilidades. Angel (2016) constató que madres y padres noruegos modifican la gestión de sí mismos y sus diálogos internos, transformando la percepción de su «yo» mediante un trabajo de normalización. Juhasz (2018) examinó cómo se presentan ante el tribunal las argumentaciones jurídicas de madres y padres noruegos. Constató que, para defender su parentalidad, recurren a atribuir la culpa y a afirmar que han cambiado, a justificaciones morales o a excusas éticas relativas a la edad y a la historia de vida. Según Midjo (2010), el trabajo identitario de las madres y los padres podría percibirse como una protección inadecuada de su propia imagen y una falta de conciencia del problema, o como una oposición destructiva a los CWS noruegos. En los procedimientos de orden de acogimiento en particular, la investigación ha indicado (Tonning Otterlei and Studsrød, 2021) que los profesionales de referencia de los CWS noruegos pueden ser menos sensibles al dolor de las familias y centrarse más en el beneficio y en el objetivo de los CWS, a saber, la protección del niño o la niña.

Este artículo enriquece la investigación al explorar la interacción entre las normas sociales y las experiencias personales de retirada de menores y de las pérdidas asociadas, así como el modo en que esas experiencias están socialmente condicionadas. Nos preguntamos cómo perciben las madres y los padres la manera en que los CWS noruegos los posicionan en los procedimientos de orden de acogimiento y, más ampliamente, cómo perciben su pérdida como legítima o ilegítima en el contexto del fracaso parental y de las expectativas sociales en torno a la parentalidad.

Marco teórico

Teoría del posicionamiento

El análisis se inspira en la teoría del posicionamiento y se apoya en el concepto foucaultiano de posición de sujeto, que refuta la idea de la identidad como entidad fija ajena al lenguaje y sostiene que los sujetos se crean y recrean constantemente a través de procesos discursivos (Foucault, 1999). En esta línea, Davies y Harré (1990: 48) definieron el posicionamiento como «el proceso discursivo mediante el cual los yoes se sitúan en las conversaciones como participantes observable y subjetivamente coherentes en líneas narrativas producidas conjuntamente». Las personas constituyen sus posiciones en el mundo a través de derechos y deberes atribuidos, reivindicados o asumidos (Harré et al., 2009). La teoría del posicionamiento intenta poner de manifiesto cómo las identidades percibidas y las normas morales están condicionadas por metanarrativas o líneas narrativas sociales. Según Harré et al. (2009), la teoría del posicionamiento se centra en los encuentros interpersonales y en cómo los marcos normativos y las normas morales influyen en la manera en que las personas perciben las situaciones, viven, piensan, sienten y actúan. Dicho brevemente, la teoría del posicionamiento se ocupa de los derechos y deberes que las personas perciben (lo que pueden o no pueden hacer) en relación con las posiciones que se les atribuyen o con su rechazo de esas posiciones. Utilizamos esta teoría para explorar cómo perciben las madres y los padres las posiciones que se les atribuyen cuando se ven privados de la custodia cotidiana de sus hijos e hijas, y cómo esas posiciones están condicionadas por metanarrativas o líneas narrativas sociales sobre lo que constituye una experiencia de pérdida legítima o ilegítima.

Estigma

Recurrimos al concepto de estigma de Goffman (1963) para explorar si las posiciones que perciben las madres y los padres están influidas por etiquetas estigmatizantes. Goffman (1963: 3) definió el estigma como «un atributo profundamente desacreditador». El concepto de Goffman (1963) describe cómo se considera que las personas, por sus rasgos personales negativos, se apartan de las normas sociales. El estigma designa una característica percibida como negativa en un contexto o una interacción determinados y está estrechamente ligado a etiquetas producidas socialmente (Goffman, 1963). Por ejemplo, las personas pueden ser estigmatizadas por etiquetas desacreditadoras relativas a la raza, la nacionalidad o la religión, así como a discapacidades físicas o deficiencias psicológicas, como la enfermedad mental, los intentos de suicidio o la drogodependencia (Goffman, 1963). Además, el estigma está estrechamente vinculado a la ansiedad y a la vergüenza (Goffman, 1963). Sin embargo, Tyler (2020: 100) ha criticado el concepto de estigma de Goffman por ser «inofensivo y, por tanto, vaciado de poder». Tyler (2020: 22) sostuvo que Goffman no supo comprender el estigma como algo vinculado tanto a las interacciones sociales cotidianas como a relaciones de poder estructurales y estructurantes más amplias de la sociedad. Según Tyler (2020), el estigma debe entenderse también como una función política, como un instrumento de coerción estatal.

Metodología

Reclutamiento y muestra

Para este estudio, las madres y los padres se reclutaron a través de los CWS, de una organización de apoyo a las familias (OBF) y de los Servicios de Orientación Familiar. Se insistió en el carácter voluntario de la participación. Había dos criterios de participación: haber vivido la retirada de un hijo o una hija, y que esa experiencia se remontara al menos a dos años atrás. Este último criterio respondía a una consideración ética destinada a evitar el daño de una retraumatización, partiendo del supuesto de que las madres y los padres necesitarían cierto tiempo para elaborar la experiencia.

La muestra estuvo formada por 13 personas: 10 madres y tres padres. Dos de ellas eran inmigrantes. Aunque el género y el origen cultural no eran los ejes principales del análisis, se buscó una variación máxima mediante un muestreo intencional (Palinkas et al., 2015) con el fin de abarcar la heterogeneidad y reflejar perspectivas diversas sobre la parentalidad. Las personas participantes se reclutaron mediante invitaciones distribuidas por los CWS, el Servicio de Bienestar Familiar y la OBF. En conjunto, tenían experiencia con 16 oficinas de los CWS en Noruega y con la retirada de 31 menores. Dos de estos menores han vuelto desde entonces a casa. La mayoría de las retiradas tuvieron lugar entre 2000 y 2015, pero algunas experiencias se remontaban a mediados de la década de 1990. En esos casos, las madres y los padres vivieron también acogimientos posteriores de hermanos o hermanas menores.

Diseño de las entrevistas y recogida de datos

Las entrevistas individuales se realizaron en 2018–2019. Siguieron una guía de entrevista temática semiestructurada (Brinkmann and Kvale, 2014) y duraron entre 1 y 1,5 horas. Se grabaron en audio y se transcribieron posteriormente. Se invitó a las madres y los padres a hablar libremente de cómo habían vivido el momento en que los profesionales de referencia les comunicaron la decisión de los CWS de iniciar un procedimiento de orden de acogimiento. Sin embargo, durante las entrevistas, compartieron también sus experiencias de haber sido situados en posiciones estigmatizantes y relataron las consecuencias colaterales ligadas a la pérdida de un hijo o una hija. Esto despertó nuestro interés por explorar cómo entendían las posiciones, la vergüenza, el estigma y la posible desautorización del duelo ligados a la retirada de menores.

Análisis

Las entrevistas se analizaron siguiendo principios del análisis del discurso y de la teoría del posicionamiento, tal como se ha descrito más arriba (Harré et al., 2009). Además, la teoría del estigma de Goffman (1963) y las teorías sobre el duelo desautorizado (Doka, 2002; Kauffman, 2002) constituyeron el telón de fondo analítico. Las transcripciones se leyeron varias veces y se anotaron las impresiones inmediatas. Tras las lecturas, se identificaron seis posiciones (tabla 1).

Tabla 1 — Seis posiciones identificadas en los datos.

  • En guerra. Impotentes; Sin recursos; Sin derechos; Supervivientes.
  • Progenitores que fracasan. Desviados; Peligrosos; Incompetentes; Egocéntricos; Ignorantes; Pecadores.
  • Deshumanizados. Animales; Monstruos; Grupo de personas estigmatizado.
  • Víctimas (de). Trato injusto; Su propia infancia; Las drogas; Una pareja maltratadora; Los CWS; Las mentiras.
  • Juzgados (por). Los CWS; Sus hijos e hijas; La sociedad; Ellos mismos.
  • Devenires. Crecimiento y prosperidad; Parentalidad renovada.

Las posiciones se discutieron con el coautor, que las validó. A continuación, nos preguntamos si esas posiciones se consideraban legítimas o ilegítimas y por las posibles experiencias de estigma basadas en líneas narrativas colectivas. En tercer lugar, nos preguntamos si las madres y los padres percibían su duelo como legítimo o ilegítimo en el contexto del fracaso parental, y de qué manera.

Al presentar los resultados, hemos omitido algunas muletillas en las citas para facilitar la lectura.

Consideraciones éticas

El estudio siguió las directrices de ética de la investigación (ALLEA, 2017; NESH, 2016) y fue aprobado por el Centro Noruego de Datos de Investigación. Dado que el tema de investigación se considera especialmente sensible (Liamputtong, 2007), las consideraciones éticas fueron importantes en todas las fases del proceso de investigación, en particular en lo relativo a las posibles consecuencias imprevistas para las madres y los padres voluntarios. Además, los datos se anonimizaron minuciosamente y a las personas informantes se les asignaron nombres ficticios en la sección de resultados.

Resultados

Madres y padres en guerra

Frente a un sistema poderoso

El análisis mostró que las personas participantes percibían a los CWS como un sistema sumamente poderoso y persistente. Simon dijo: «Es una máquina incomprensible, imparable». Además, las madres y los padres describían el procedimiento de orden de acogimiento con metáforas bélicas, que revelaban la sensación de estar situados en una «batalla». Simon señaló:

Tenemos que defendernos de los CWS: atacar, defender, atacar, defender. No hemos hablado normalmente con nadie de este sistema… Ha habido una guerra entre nosotros, que estamos condenados a perder. Ellos tienen un billón guardado en la manga, y nosotros ni mil millones.

Simon describía una situación desigual frente a un sistema que percibía como sumamente poderoso. Expresaba además cómo se había sentido falto de recursos pese a ser físicamente fuerte: «Esa Gestapo está ahí plantada y decide. Soy un tipo grande y fuerte que tiene que soltar a su hijo, que es lo último que quiero hacer, y entregarlo a la cámara de tortura».

Como Simon, muchas de las personas participantes contaron que se sentían en guerra e impotentes frente a un sistema autoritario. Thomas afirmó: «Los CWS funcionan como un tribunal… Deciden y punto». Karen señaló: «Yo pensaba que los CWS tenían que atenerse a las mismas reglas, pero no. He visto que se han hecho sus propias reglas, que les funcionan a ellos». Además, las madres y los padres sentían que los CWS limitaban sus derechos legales al restringir el diálogo y prestar poca atención a su punto de vista, algo que Adam cuestionaba: «La actitud tiene que cambiar… antes de una decisión así… Tiene que haber un diálogo, algo de lo que… se pueda hablar».

Resistir a las etiquetas de fracaso

El análisis mostró que las personas participantes se sentían posicionadas como progenitores fracasados, desviados y peligrosos a través de juicios severos sobre sus competencias parentales. Anna contó que la habían descrito como arriesgada, egocéntrica e incompetente: «Yo era una madre peligrosa. Solo pienso en mí y no tengo conocimientos. No tengo competencias parentales en lo que se refiere a cuidar de niños». Además, percibían a los profesionales de los CWS como condescendientes, como expresó Karen: «[La persona de referencia] habla… con un tono condescendiente, como si yo no tuviera ni idea de nada, como si no supiera nada».

La dicotomía entre «nosotros» y «ellos» estaba muy presente en los datos. Las madres y los padres percibían que los profesionales de referencia se posicionaban como lo contrario de los progenitores fracasados: como infalibles. Adam afirmó: «Era como ese estilo de que el pecador se sienta a ese lado [de la mesa], y nosotros nos sentamos aquí y nunca nos hemos equivocado en nada». También el uso de «nosotros» y «ellos» por parte de Sonja muestra posiciones opuestas: «Hemos cometido errores, pero… somos personas, no monstruos. Tienen que hablar… no como si fuéramos un perro. Somos personas, no cocodrilos ni serpientes». Sonja se sintió deshumanizada, como se ve en sus comparaciones con monstruos y animales. Aunque admitía el fracaso parental y los «errores», vinculaba también ese fracaso a la naturaleza humana mediante la palabra «personas», lo que podría interpretarse como un intento de resistirse a las etiquetas deshumanizadoras. Hermine también luchaba contra la sensación de ser posicionada como no humana: «Podrían haberme tratado como a una persona, con sentimientos, con valor, con respeto». Adam comparaba sus experiencias de trato inhumano con la persecución de los judíos y de los pobres: «Establezco paralelismos con la persecución de los judíos, dicho de forma un poco extrema… Ocuparse de los pobres formaba parte [antes] de la protección de la infancia. Creo que quedan muchas actitudes: escoria y poder de antes».

Con estas comparaciones, las personas participantes recurrían a metáforas fuertes ya ligadas al estigma, lo que podría interpretarse como una forma de contrapoder por parte de las madres y los padres, que cuestionan el estigma deconstruyéndolo.

No obstante, el análisis mostró que enfrentarse a los profesionales de los CWS, antiguos apoyos convertidos en jueces, resultaba duro para las madres y los padres. Muchos de ellos mantenían una relación larga con esos profesionales y ahora se sentían engañados. Karen afirmó: «Por mí, que se mueran, joder… Ya no me queda nada para ellos». Sin embargo, a través del lenguaje, las madres y los padres ejercían una forma de contrapoder, situando a sus antiguos apoyos en posiciones menos halagadoras, como personas falsas, incompetentes, autoritarias y arrogantes. Esto podría interpretarse como un intento de imponer sus propias líneas narrativas alternativas (Harré et al., 2009) como víctimas de un trato inhumano y cruel por parte de un sistema hipócrita, inhumano y engañoso.

Renegociar la culpa

Las madres y los padres asumían en grados diversos la responsabilidad de la situación que había conducido a la orden de acogimiento, y varios intentaban negociar la culpa. Algunos, como Simon, afirmaban que los CWS habían exagerado la situación: «Los problemas que teníamos en casa nunca fueron tan graves». Adam describía la retirada como infundada y expresaba su desconfianza hacia los motivos de los CWS, lo que podría interpretarse como una línea narrativa que socava la gestión del caso por parte de los CWS: «Me han acusado de tener ideas conspirativas… pero, en ese sistema, creo que es muy sano… Esas personas [el personal de la institución] tenían un encargo… de los CWS… encontrar cosas que les permitieran llevarse a nuestro hijo». Thomas también expresaba desconfianza: «En realidad nos sentimos un poco engañados… Había habido un diálogo entre los CWS y nuestra hija durante un tiempo, en el que la profesora y los CWS, en cierto modo, habían conspirado juntos. Y luego esto salió de la nada».

Amanda estaba confundida y no tenía claros los motivos de la retirada por parte de los CWS, y se situaba como inocente: «No sé qué he hecho mal… pero sé que no he hecho nada. No he pegado ni hecho daño a la criatura». Mia, en cambio, admitía en parte el fracaso parental, aunque defendía una responsabilidad compartida señalando los deberes (Harré et al., 2009) que tenía la institución de ayudarla:

Fue muy injusto que todo recayera sobre mí… [Yo estaba volcada] las 24 horas del día, siete días a la semana… Había reuniones con psicólogos… terapia familiar… Iba de un lado para otro como un perro apaleado, y las cosas funcionaban muy mal entre las administraciones… mala comunicación… muy desorganizado.

Otras madres y otros padres señalaban la causalidad (Harré et al., 2009), situándose como víctimas de circunstancias desafortunadas. Karen dijo: «No es culpa mía que mis padres se divorciaran. No es culpa mía que él decidiera serme infiel cuando estábamos casados… Acabé siendo castigada yo». Hermine expresaba su desacuerdo en el momento de la retirada, pero una aceptación posterior: «Cuando miro atrás… lo entiendo… Fue lo mejor». La referencia de Hermine a un fracaso parental en el pasado podría interpretarse como una excusa o una posible estrategia para evitar el estigma. Además, podría entenderse como un refuerzo de su posición de madre ahora presente, al plantear una dicotomía entre su maternidad de antes y la de ahora. Por el contrario, Melinda justificaba la pérdida de la custodia de sus hijos e hijas remitiéndose a su propia infancia, situándose como víctima y a los CWS como cómplices: «Tuvo mucho que ver con mi infancia… No puedo hacer gran cosa al respecto. Pero también siento que [los CWS] tienen parte de culpa, que mi infancia fuera como fue, así que me sentí muy juzgada… por cosas de las que no era responsable o contra las que no podía hacer nada». Aun así, Melinda consideraba la posibilidad de haber cometido errores como madre, lo que abría la posibilidad de que la definición que los CWS hacían de ella fuera acertada: «Seguro que he cometido errores de los que no soy consciente… No llegué a estar del todo a la altura de la tarea».

El análisis mostró que, en particular, las personas con antecedentes de drogodependencia se identificaban a sí mismas como progenitores fracasados. Como muestra la siguiente cita, Ruth se ha convertido en su propia jueza, posicionándose como responsable e interiorizando la posición de madre fracasada: «Antes estaba mal… ahora las cosas son distintas… Ante todo, creo que soy yo la responsable de que las cosas acabaran como acabaron». Sin embargo, la línea narrativa de Ruth no es del todo coherente. También señala la causalidad, situándose como víctima de la drogodependencia. Ahora bien, como se ha argumentado antes, remitirse al pasado puede interpretarse también como una forma de eludir el estigma. Al decir «antes», Ruth se posiciona como otra cosa «hoy».

El análisis constató que ser posicionado como progenitor fracasado estaba estrechamente ligado a la vergüenza y que, en ocasiones, las madres y los padres no solo culpaban a los CWS, sino también a sus hijos e hijas o a su pareja. Se acusaba a los hijos e hijas de exagerar la situación o incluso de mentir. Adam afirmó: «Mi hijo había dicho que yo le pegaba… pero tengo la conciencia más tranquila del mundo». Aquí, Adam se posiciona como inocente aunque su hijo hubiera desvalorizado su posición de padre ante los CWS. Thomas adoptaba la misma posición de inocencia que Adam, pero de forma más indirecta, culpando a su hija de no ser lo bastante resistente y a su pareja de ser demasiado severa: «O sea, la niña probablemente es un poco sensible, y su madre es bastante estricta, así que no podía con la manera en que su madre la trataba». En conjunto, el análisis mostró una mezcla de posiciones en la que las madres y los padres negociaban la culpa y alternaban entre asumir la responsabilidad de la situación e introducir explicaciones externas.

Identidades amenazadas

El impacto de la pérdida

Verse privado de la custodia cotidiana de su hijo o hija era duro, como expresó Adam: «Es… terriblemente… abrumadoramente negativo. Cada día». Como se ha mostrado, las madres y los padres intentaban cuestionar su posición de progenitores fracasados negociando la culpa. Sin embargo, la pérdida del cuidado diario era un hecho, y la experiencia seguía afectándoles muchos años después. Varias de las personas participantes se posicionaban como supervivientes. Como Adam, Simon lo hacía comparándose con la experiencia de los judíos: «La gente se acostumbra a todo; también se puede sobrevivir en un campo de concentración. Tenemos que sobrevivir».

El análisis mostró que la retirada de menores ponía en cuestión la identidad de las personas participantes. Melinda explicó: «Pierdes una parte de ti, siento yo. No puedes… ser la madre que quieres ser. Tienes que… ser madre a distancia… Te pierdes muchas cosas». Además, las personas participantes describían pérdidas secundarias (Rando, 1993) debidas a la retirada, como la pérdida del derecho a participar en acontecimientos familiares corrientes, como cumpleaños o vacaciones. Karen explicó cómo la ausencia de sus hijos e hijas afectaba a varios aspectos de su vida: «Estoy ahí sentada como alguien que no tiene rutinas… Mi día a día era con los niños. No volver a oír la palabra “mamá” [llora], un abrazo, oír risas, salir a pasear juntos. No tengo nada de eso».

El análisis constató que perder la custodia afectaba profundamente a las madres y los padres, tanto física como emocionalmente. Además, expresaban su duelo como un duelo desautorizado (Doka, 1989, 2002). Contaban que se sentían indignos de hacer el duelo o de recibir apoyo, puesto que la retirada estaba vinculada a fallos parentales. Mia afirmó: «Es muy tabú… Siento con mucha fuerza que es una pena que no te está permitido tener… Has sido una madre de mierda, así que… no tienes ningún derecho a hacer el duelo ni a sufrir».

El impacto del estigma

El análisis mostró que, pese a sus intentos de cuestionar o negociar las posiciones, los argumentos de los profesionales de los CWS para justificar la retirada afectaban negativamente a la autoestima de las madres y los padres. Las personas participantes se sentían desvalorizadas, y varias interiorizaron la posición de progenitor fracasado. Eva afirmó: «Todo estaba mal. Que no teníamos suficientes amigos… que no participábamos en suficientes actividades… Que comíamos mal… Después de leer [el informe], dijimos que, si somos tan malos padres, entonces [los niños] probablemente estén mejor en otro sitio». Como en el caso de Eva, las madres y los padres se convertían en sus propios jueces e interiorizaban la vergüenza y el estigma. Ruth explicó: «Hay mucha vergüenza, te avergüenzas; tienes tan mala conciencia… Eso es lo peor. El odio hacia una misma es intenso».

Además, las madres y los padres temían ser juzgados por la sociedad, y varios mantenían la retirada en secreto ante su familia, sus amistades y sus compañeros de trabajo. De este modo, pueden sufrir un duelo autodesautorizado (Kauffman, 2002) y encerrarse en el secreto, al percibir la pérdida como estigmatizada e indigna de compasión y de apoyo. Melinda afirmó: «Tenía miedo de que la gente me mirara por encima del hombro y me juzgara… Tengo amistades con hijos, y tenía miedo de que no me dejaran estar con sus niños».

Aunque los padres expresaban vergüenza y bochorno, el análisis mostró que las madres lo vivían como especialmente estigmatizante, porque el propio género representa un deber parental específico. Hermine expresó: «Has fracasado como madre… una de las cosas de mujeres. Se da por hecho que tenemos que ser buenas madres». Las participantes vivían la colaboración de los padres con los CWS en su contra, y algunas percibían que los padres podían eludir más fácilmente la responsabilidad parental, como se ve en este intercambio con Hermine:

Hermine: Tengo muchos amigos hombres que tienen a sus hijos los fines de semana y eso… pero no es normal ser madre de esa manera.

Entrevistadora: ¿[Es] más vergonzoso siendo mujer…?

Hermine: Sí.

Entrevistadora: ¿Porque el ideal de ser mujer y madre está muy ligado?

Hermine: … Sí, así es la sociedad.

Ruth sentía que sus hijos e hijas la castigaban a ella más que a sus padres por la retirada: «Me pregunto… en relación con los padres… que no lo han intentado… [pero] pueden… formar parte [de la vida de los hijos]… [Los hijos] no esperan para nada lo mismo».

El estigma y el tabú estaban muy presentes en la vida de las personas participantes. Sin embargo, para algunas, la vergüenza y el odio hacia sí mismas se volvieron más llevaderos con el tiempo, como expresó Hermine: «Antes me daba mucha vergüenza contárselo a la gente… Fue muy difícil al principio… Sentía mucha vergüenza… pero ya no». Aunque vivían el estigma y la vergüenza en la sociedad en general, las madres y los padres experimentaban un alivio del estigma al compartir su historia con otras familias en la misma situación. Rebecca afirmó: «Conocer a otras madres y padres en la misma situación… fue increíblemente bueno. Conocían… el mismo dolor, la misma vergüenza, la misma pena… Es muy tabú que te quiten la custodia… Poder… conocer a otras personas… fue… un alivio».

Valorar posiciones parentales fuera de la norma

Las personas participantes contraponían a sus posiciones retrospectivas de progenitores fracasados líneas narrativas de crecimiento y prosperidad, posicionándose en posiciones parentales renovadas. Ruth describió cómo descubrió una fuerza interior: «Cuando se llevaron [a mi criatura], pensé que no era posible… respirar, pero… seguí adelante… hice lo que solía hacer… fui a trabajar… Descubrí que tenía dentro una fuerza que desconocía». Varias otras personas también presentaban la retirada como un punto de inflexión positivo, que les llevó a dejar las drogas, a separarse de una pareja maltratadora, a cambiar de trabajo o a emprender estudios. Hermine encontraba sentido en sus duras experiencias: «Lo que me ha pasado es que el tiempo ha contribuido a formarme y me ha convertido en la persona que soy. Levantarme, dejar de beber, formarme, ser una buena madre para mis hijos». Thomas también destacaba cambios positivos: «Lo que ha pasado desde entonces es que mi mujer y yo nos comunicamos y dialogamos mejor y nos cuidamos de una manera completamente distinta».

A través de líneas narrativas positivas y renovadas sobre su parentalidad, las personas participantes cuestionaban las posiciones negativas. Defendían una posición transformada, pero todavía valiosa, en la vida de sus hijos e hijas. Hermine afirmó: «Soy muy buena madre, aunque sea a distancia. Tengo muy buena relación con mis hijos». Eva valoraba cómo se había convertido en buena madre cuidando de sí misma: «Tienes que relacionarte… No debes encerrarte… Sal por la puerta e intenta vivir con normalidad… Aun así, hay muchas maneras de ser buena madre. Mantente activa, busca algo que se te dé bien». Melinda valoraba participar a distancia en la vida de su hija: «[Me] llegan fotos a lo largo del año, me llegan mensajes cuando hay un cumpleaños. La madre de acogida es muy abierta con lo de la familia biológica, y la niña sabe que tiene dos madres y está contenta con eso». Las líneas narrativas de estas madres y padres podrían entenderse como una forma de trabajo identitario o de valoración destinada a renarrar su parentalidad. Sin embargo, pese a presentar posiciones parentales valiosas y renovadas, seguían viviéndose en una posición parental fuera de la norma, como expresó Mia: «No la he perdido. Está ahí [en acogimiento familiar]… Sí, estás en una situación extraña».

Discusión

El poder del posicionamiento

El estudio constató que las madres y los padres percibían la retirada de menores como sumamente descalificadora y estigmatizante. Se sentían posicionados como progenitores fracasados, deshumanizados y objeto de etiquetas negativas y poco halagadoras por parte de profesionales de referencia a quienes percibían como condescendientes y críticos. Smithson y Gibson (2017) constataron también que las familias pueden sentirse deshumanizadas frente al sistema de protección de la infancia. No es de extrañar que la retirada de menores aumente a menudo la experiencia de conflicto con los CWS y el caos emocional de las madres y los padres (Baum and Negbi, 2013; Smeeton and Boxall, 2011; Syrstad and Slettebø, 2020). Puesto que los CWS argumentan el fracaso parental para alcanzar el umbral que justifica una decisión de retirada (Burns et al., 2018; Masson, 2012), un procedimiento de orden de acogimiento podría constituir, por su propia naturaleza, un rechazo de las posiciones de las madres y los padres y de su parentalidad. Así pues, la desvalorización de las madres y los padres puede ser un hecho inevitable en los casos de orden de acogimiento (Tonning Otterlei and Studsrød, 2021). Sin embargo, los resultados indican que las órdenes de acogimiento se convierten en una amenaza para la identidad y la parentalidad de las madres y los padres, lo que respalda investigaciones anteriores (De Wilde and Vanobbergen, 2020; Nixon et al., 2013; Salem and De Wilde, 2021; Schofield et al., 2011). Featherstone et al. (2014: 1–18) advirtieron de que las categorías o la retórica institucionales pueden crear distancia u «otredad» (othering), capaces de amplificar la vergüenza y el daño. Por tanto, la manera en que los profesionales de los CWS interactúan con las madres y los padres (Smithson and Gibson, 2017; Tonning Otterlei and Studsrød, 2021), los caracterizan o los etiquetan (Burns et al., 2018; Masson, 2012) puede infligir vergüenza y estigma.

No obstante, los resultados muestran cómo las madres y los padres, a través del lenguaje, cuestionan las posiciones percibidas, lo que respalda estudios anteriores (Juhasz, 2018; Morriss, 2018). Esto podría entenderse como un ejercicio de contrapoder. Las personas participantes intentaban reposicionar como enemigos a profesionales de referencia que antes habían sido apoyos. Además, cuestionaban las posiciones percibidas de progenitores fracasados mediante líneas narrativas alternativas (Harré et al., 2009) para reposicionarse como víctimas e inocentes, o como figuras parentales renovadas o fortalecidas, lo que podría interpretarse como una forma de trabajo de valoración. Juhasz (2018) encontró también estrategias de este tipo y mostró que, en sus argumentaciones jurídicas, las madres y los padres incluían intentos de atribuir la culpa, afirmaciones de cambio, justificaciones morales, excusas éticas y normalización. Estas negociaciones podrían ser, como señaló Juhasz (2018), una estrategia de defensa o, como sostuvo Midjo (2010), un trabajo identitario. Angel (2016) describió anteriormente cómo la percepción que las madres y los padres tienen de sí mismos podía modificarse mediante un trabajo de normalización, a través de cursos destinados a contradecir la concepción convencional según la cual son incapaces de aportar algo a sus hijos e hijas. Sin embargo, este énfasis en transformar al individuo podría criticarse como una comprensión individualizada de las dificultades de la familia o como un proyecto político destinado a responsabilizar personalmente a los individuos. En nuestro estudio, entendemos la negociación de posiciones por parte de las madres y los padres como un intento de crear un contrapoder frente al poder de los CWS de definirlos y posicionarlos y, además, como una forma de trabajo de valoración, que consiste en alzar la voz contra las posiciones desvalorizadas y el estigma infligido para crear valor en una identidad gravemente amenazada.

El poder de la estigmatización

En consonancia con el concepto de estigma de Goffman (1963), los resultados muestran cómo las madres y los padres perciben su alejamiento de las normas sociales a causa de su fracaso parental. Ser etiquetados como progenitores deficientes los expone a la estigmatización social, como indica la teoría del estigma de Goffman (1963). Además, el estigma está estrechamente ligado a la vergüenza (Goffman, 1963). Vivir una retirada de menores se describía como algo doloroso y vergonzoso, lo que respalda investigaciones anteriores sobre las experiencias parentales de las órdenes de acogimiento (Baum and Negbi, 2013; Morriss, 2018; Smeeton and Boxall, 2011; Syrstad and Slettebø, 2020). Además, pese a cuestionar las posiciones mediante metanarrativas, los resultados mostraron que las madres y los padres se percibían impotentes frente a las definiciones que los CWS hacían de ellos. Esto respalda el argumento de Tyler (2020) de entender el estigma en relación con el poder. Asimismo, pese a los intentos de renegociar las posiciones mediante líneas narrativas alternativas (Harré et al., 2009), vivir una retirada afectaba negativamente a la autoestima de las personas participantes, que parecían interiorizar las posiciones y el estigma. Además, los resultados indican que las órdenes de acogimiento podrían ser especialmente estigmatizantes para las madres, lo que respalda resultados de investigaciones anteriores (Broadhurst and Mason, 2020; Morriss, 2018; Nixon et al., 2013). Según Nixon et al. (2013), ser mujer está estrechamente entrelazado con la maternidad. Las expectativas sociales respecto de la maternidad son elevadas; por ello, apartarse de esas normas puede tener amplias consecuencias para la identidad de las mujeres (Nixon et al., 2013). Curiosamente, los pocos padres que participaron en nuestro estudio también señalaban a las madres como causa de la retirada. Por el contrario, las participantes percibían que los padres eludían más fácilmente la responsabilidad o la culpa debido a su rol y a su género. No obstante, diversos estudios (Baum and Negbi, 2013; Clapton, 2007; Clifton, 2012) han mostrado que los padres también pueden sentir vergüenza ante una retirada.

El estudio constató que las madres y los padres percibían su duelo, no reconocido ni validado socialmente, como desautorizado (Doka, 1989, 2002), algo que respaldan resultados similares de estudios anteriores (Baum and Negbi, 2013; Morriss, 2018; Nixon et al., 2013; Schofield et al., 2011). Además, los presentes resultados mostraron que las madres y los padres pueden sufrir también un duelo autodesautorizado (Kauffman, 2002). Asimismo, las personas participantes describían pérdidas secundarias (Rando, 1993), como la pérdida de reuniones familiares o de celebraciones festivas, entrelazadas con la pérdida primaria (Rando, 1993) del hijo o la hija. Una consecuencia colateral probable de vivir una retirada es que las madres y los padres queden desconectados de los espacios sociales vinculados a la parentalidad, como las escuelas infantiles, los colegios y las actividades. Además, si el estigma infligido reduce el apoyo social, como ha indicado la investigación (De Wilde and Vanobbergen, 2020), las madres y los padres corren el riesgo de un aislamiento aún mayor, al verse privados a la vez del hijo o la hija, de los espacios sociales y de su parentalidad en su conjunto. Prolongando los argumentos de Attig (2004), que entiende el duelo desautorizado como un fracaso social, el estigma infligido por una retirada parece limitar las opciones de las madres y los padres en el proceso de duelo y sus posibilidades de superar su sufrimiento y de participar en la sociedad.

Conclusiones

Este estudio aporta un conocimiento importante sobre cómo las nociones culturales de la parentalidad influyen en la percepción que las madres y los padres tienen de una retirada de menores, cómo viven el ser posicionados por los CWS en un procedimiento de orden de acogimiento y cómo cuestionan esas posiciones. Además, arroja luz sobre las experiencias de desautorización del duelo de las madres y los padres debidas al fracaso parental y a las expectativas sociales en torno a la parentalidad. Los resultados coinciden con investigaciones anteriores (Baum and Negbi, 2013; Morriss, 2018; Nixon et al., 2013; Smeeton and Boxall, 2011; Syrstad and Slettebø, 2020) que muestran que la retirada de menores está estrechamente entrelazada con la vergüenza y el estigma. Sin embargo, los resultados indican que las madres y los padres intentan cuestionar y negociar las posiciones estigmatizantes mediante líneas narrativas y argumentos alternativos, lo que respalda investigaciones anteriores (Juhasz, 2018; Morriss, 2018). Al arrojar luz sobre los aspectos estigmatizantes de la retirada de menores, el estudio busca concienciar sobre las implicaciones no deseadas de los procesos sociales y contribuir, en última instancia, a mejorar la situación de las madres y los padres que viven una intervención intrusiva del Estado.

Complexe Systémique: puntos clave

La teoría del posicionamiento habla un lenguaje familiar para la práctica sistémica: no se es «fracasado», se es situado en la posición de quien fracasa, dentro de una relación y de un relato. El estudio muestra la escalada que sigue: cuando los servicios se sitúan del lado de la infalibilidad, las madres y los padres responden con la guerra, con la descalificación de quienes antes les ayudaban o con la autocondena. El paso de la ayuda al juicio, llevado a cabo por las mismas personas, es un nudo que los equipos harían bien en nombrar. Se desprenden dos enseñanzas clínicas: el duelo de las madres y los padres cuyo hijo o hija está en acogimiento es real y rara vez se reconoce, y los grupos de iguales aflojan el estigma allí donde el discurso profesional lo aprieta; la posición de «madre o padre a distancia» merece ser construida y no simplemente tolerada. Una nota de prudencia: relatos recogidos años después de los hechos, un reclutamiento en parte a través de los propios servicios y solo la voz de las madres y los padres. Puede leerse junto con el artículo sobre el trabajo sistémico con madres y padres cuyos hijos e hijas están en acogimiento y el artículo sobre la terapia familiar con madres y padres tras la retirada forzosa de sus hijos e hijas.

Notas del original

Agradecimientos. Queremos dar las gracias a las personas participantes que contribuyeron a este estudio.

Declaración de aprobación ética. El proyecto fue aprobado por el Centro Noruego de Datos de Investigación. El Código Europeo de Conducta para la Integridad en la Investigación (ALLEA, 2017) se aplicó en el diseño y en la recogida de datos.

Declaración de consentimiento. Las personas participantes firmaron formularios de consentimiento antes de participar en el estudio. Permiso para reproducir material de otras fuentes: no aplicable a este estudio.

Declaración de conflictos de intereses. La autoría declaró no tener ningún posible conflicto de intereses en relación con la investigación, la autoría o la publicación de este artículo.

Financiación. La autoría declaró haber recibido el siguiente apoyo financiero para la investigación, la autoría o la publicación de este artículo: este estudio ha recibido apoyo financiero de la Universidad de Stavanger (Noruega).

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Traducción no oficial de Parents at war: A positioning analysis of how parents negotiate their loss after experiencing child removal by the state, de Marte Tonning Otterlei y Eivind Engebretsen, Qualitative Social Work, vol. 21, n.o 4 (2022), doi: 10.1177/14733250211048546, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «Parents at war: A positioning analysis of how parents negotiate their loss after experiencing child removal by the state», publicado en Qualitative Social Work (2022) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Tonning Otterlei, M., et Engebretsen, E. (2022). Parents at war: A positioning analysis of how parents negotiate their loss after experiencing child removal by the state. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/parents-at-war-a-positioning-analysis-of-how-parents-negotiate-their-loss (Obra original publicada en 2021 en Qualitative Social Work, 21(4), 765-782 (2022); republicada en 2022 por Qualitative Social Work, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/14733250211048546)

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