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Qualitative Social Work · Trabajo social

¿Maternidad profesional o auténtica? Negociaciones sobre la identidad de la madre biológica en el contexto del acogimiento familiar

En Suecia, la ley espera que la familia biológica, la familia de acogida y los servicios sociales cuiden juntos del niño o la niña en acogimiento familiar. Tres relatos de familias biológicas muestran cómo la madre biológica reivindica ser la «verdadera madre», unida a su hijo por un vínculo único, frente a unas madres de acogida reducidas a profesionales del cuidado cotidiano.

Autoría Ylva Spånberger Weitz (FoU Nordväst, Sollentuna, y Stockholm University, Suecia) y Marie Karlsson (Uppsala University, Suecia)Primera publicación Qualitative Social Work, 17 de marzo de 2020Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Professional or authentic motherhood? Negotiations on the identity of the birth mother in the context of foster care, de Ylva Spånberger Weitz y Marie Karlsson, publicado en Qualitative Social Work (SAGE) (2021), doi: 10.1177/1473325020912815, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

las madres biológicas aparecen posicionadas como portadoras de una maternidad auténtica que desafía todas las dificultades y distancias que se interponen entre ellas y sus hijos.

Ylva Spånberger Weitz y Marie Karlsson

Resumen

Este artículo explora las negociaciones que llevan a cabo las familias biológicas sobre la identidad de la madre biológica en tres relatos sobre la parentalidad compartida en el acogimiento familiar. El artículo se basa en datos de un estudio con entrevistas que explora las opiniones de 16 madres y padres biológicos sobre sus experiencias del acogimiento familiar y de una parentalidad sin convivencia. Mediante un análisis de posicionamiento, la autoría muestra cómo se negocia la identidad de la madre biológica a la luz del discurso moral sobre la maternidad intensiva. En estos relatos, las madres biológicas aparecen posicionadas como madres auténticas, que mantienen con sus hijos un vínculo único, emocional y para toda la vida. Por el contrario, las madres de acogida aparecen posicionadas como madres profesionales que realizan las actividades formales del cuidado cotidiano. Las familias biológicas renegocian el discurso moral sobre la maternidad intensiva restando importancia al cuidado cotidiano. El artículo contribuye así a nuestro conocimiento sobre cómo las madres no convivientes encuentran distintas maneras de construir un sentido de la maternidad cuando no pueden participar en el cuidado cotidiano de sus hijos. Comprender estos procesos es importante para que la práctica del trabajo social pueda afrontar los desafíos que pueden surgir en las relaciones entre familias de acogida y familias biológicas y, de este modo, favorecer un enfoque más colaborativo de la parentalidad compartida.

Palabras clave: acogimiento familiar, madres no convivientes, familias biológicas, maternidad intensiva, parentalidad compartida, análisis de posicionamiento

En Suecia, la ley obliga a los servicios sociales a promover activamente una relación regular y continua entre los niños y niñas y su familia biológica durante el acogimiento familiar (Socialstyrelsen, 2009). Esto implica que la familia de acogida, la familia biológica y la unidad de protección a la infancia cooperen activamente en las cuestiones que conciernen al niño o la niña, lo que en Suecia suele denominarse parentalidad tripartita (Skoog et al., 2015). Cuando un niño o una niña no puede volver con su familia biológica, la práctica más habitual en Suecia es el acogimiento familiar de larga duración y no la adopción (Skoog et al., 2015; Wissö et al., 2019). Por ello, el papel principal de la familia de acogida, incluso en una perspectiva de largo plazo, no es sustituir a la familia biológica sino complementarla, creando una alianza de coparentalidad en torno al niño o la niña. También se ha demostrado que este enfoque colaborativo entre familia de acogida y familia biológica influye positivamente en el bienestar del niño o la niña y en la estabilidad del acogimiento (Andersson, 2009; Boyle, 2017). Sin embargo, la investigación ha mostrado que puede resultar difícil establecer una cooperación que funcione bien entre familias de acogida y familias biológicas, en parte porque viven la experiencia de competir entre sí en cuestiones como los recursos parentales o el apego entre el niño o la niña y sus figuras parentales (Höjer, 2009; Spånberger Weitz, 2016). Además, muchas familias biológicas experimentan una amenaza existencial para su identidad (Schofield et al., 2011; Sykes, 2011), lo que puede afectar aún más a dicha cooperación.

El punto de partida de este artículo es esta tensión entre lo que las autoridades esperan de la parentalidad tripartita y la propia experiencia de las familias biológicas, marcada por una parentalidad en competencia y una identidad amenazada. Más concretamente, el artículo explora las negociaciones sobre la identidad de la madre biológica en los relatos de las familias biológicas acerca de la parentalidad compartida. Se espera que los resultados aporten un conocimiento importante sobre cómo comprender y afrontar los desafíos que pueden surgir en las relaciones entre familias biológicas y familias de acogida, en favor de un enfoque más colaborativo de la parentalidad compartida.

Investigación sobre el acogimiento familiar y las identidades parentales

La investigación sobre las experiencias de las familias biológicas en el acogimiento familiar y la parentalidad compartida es escasa (Honey et al., 2018). Los pocos estudios existentes muestran que las familias biológicas a menudo se sienten impotentes e inferiores frente a las familias de acogida, lo que puede tener un efecto negativo en su capacidad de implicarse en la vida de sus hijos (Hedin, 2015; Höjer, 2009; Kiraly and Humphreys, 2015). Sin embargo, esta relación asimétrica entre familias de acogida y familias biológicas también puede comportar una sensación de estabilidad, debido a que ambas partes comparten la idea de que la familia de acogida es competente y la familia biológica incompetente en el ejercicio parental (Höjer, 2009). En consecuencia, cuando mejoran las capacidades parentales de la familia biológica, la sensación de estabilidad en su relación con la familia de acogida puede deteriorarse (Höjer, 2009).

Además, la investigación existente muestra que las familias biológicas de niños y niñas en acogimiento experimentan a menudo estigma y la sensación de una identidad amenazada (Höjer, 2009; Schofield et al., 2011). Temas similares han surgido en la investigación sobre otros grupos de progenitores no convivientes (predominantemente madres), como las madres separadas de sus hijos a causa de un divorcio (Kielty, 2008a, 2008b), del encarcelamiento (Easterling et al., 2019) o de un tratamiento de salud mental (Honey et al., 2018; Klausen et al., 2016). Kielty (2008a) señala que la sensación de identidad amenazada de las madres no convivientes parece estrechamente relacionada con un relato dominante de la «buena madre», intrínsecamente asociada a la convivencia con los hijos y a la provisión del cuidado cotidiano.

Las madres cuyos hijos están en acogimiento pueden tener dificultades para preservar su identidad de madre, en parte inventando nuevas formas de implicarse en la vida de su hijo o hija (Honey et al., 2018; Sykes, 2011). Cuando ya no pueden participar en el cuidado cotidiano de sus hijos, las madres pueden comprometerse en cambio en la defensa de sus intereses o esforzarse por mantener una conexión emocional pese a un contacto limitado (Honey et al., 2018). Sin embargo, como resultado de la concepción discursiva de la maternidad como algo exclusivamente entrelazado con las actividades prácticas del cuidado cotidiano, los servicios de protección a la infancia a menudo no reconocen estas actividades sin custodia, ni siquiera las identifican como actividades maternas, lo que implica un desacuerdo ideológico sobre el significado profundo de la maternidad (Honey et al., 2018).

Este estudio pretende contribuir a este campo de investigación centrándose en las negociaciones narrativas sobre la identidad de la madre biológica. Un enfoque narrativo permite comprender mejor cómo las familias biológicas se desenvuelven en el discurso moral sobre la maternidad intensiva cuando narran sus experiencias de parentalidad compartida en el acogimiento familiar.

Marco teórico: discursos morales sobre la maternidad e identidad narrativa

El significado atribuido a la parentalidad y a la maternidad se entiende aquí como socialmente construido, en el sentido de que las relaciones entre madres, padres e hijos, así como entre las familias y otras instituciones, están situadas social, histórica y culturalmente. Por tanto, la parentalidad o la maternidad no se consideran esencias inherentes ni rasgos biológicos. La buena maternidad no es un ideal fijo, sino que se negocia en las relaciones entre instituciones e individuos, y dentro de discursos morales. El discurso moral sobre la maternidad intensiva (Hays, 1996) es un guion cultural que transmite lo que define la buena maternidad en las sociedades occidentales modernas. Dentro de este discurso, se espera que las actividades maternas impliquen mucho más que (solo) el cuidado cotidiano de los niños pequeños; también incluyen aspectos como estar centradas en el niño, ser emocionalmente absorbentes, exigir mucho trabajo, estar guiadas por especialistas y resultar económicamente costosas (Hays, 1996). Además, la maternidad se construye como «una vocación para toda la vida, con la necesidad de mantener la ideología de la “buena madre” a lo largo de toda la vida de una mujer» (Pedersen, 2016: 34). Así, la ideología de la maternidad intensiva difiere en cierta medida de la idea de la maternidad centrada únicamente en las actividades prácticas del cuidado cotidiano, que se ha señalado como una idea dominante en el sistema de protección a la infancia (Honey et al., 2018). En este contexto, las experiencias de parentalidad compartida en el acogimiento familiar narradas por las familias biológicas pueden contribuir a comprender mejor cómo se da sentido a una maternidad sin convivencia desenvolviéndose en el discurso moral sobre la maternidad intensiva.

En este artículo, los relatos de las familias biológicas se consideran acciones socialmente situadas y actuaciones identitarias (Mishler, 1999). Cuando alguien cuenta a otra persona una historia de sus experiencias personales, le dice quién era en ese tiempo y en ese lugar, en quién se ha convertido y quién desea ser. Además, las historias de experiencias personales toman forma a través de la actividad encarnada de narrar en contextos sociales y culturales (Bamberg, 2011). Este enfoque de los relatos abre una vía para comprender la narración parental como una manera de hacer identidad parental (Karlsson et al., 2013). Para poner de relieve la dimensión identitaria de la narración de las familias biológicas, se aplica un modelo de análisis de posicionamiento de las actuaciones identitarias narrativas. El modelo, descrito por Bamberg (1997, 2004), se basa en el supuesto de que la narración está inserta en los discursos culturalmente disponibles relacionados con los temas narrados, aquí un discurso moral sobre la maternidad intensiva. El modelo se presenta con más detalle a continuación.

Método

Este artículo se basa en datos de un estudio anterior (Spånberger Weitz, 2016) que investigaba las experiencias y expectativas de apoyo de los servicios sociales por parte de familias biológicas con hijos e hijas en acogimiento familiar. Se realizaron entrevistas cualitativas semiestructuradas con nueve madres y siete padres, cuatro de ellos en pareja (madre y padre juntos) y el resto individualmente. Las entrevistas tuvieron lugar en el sitio preferido por las personas entrevistadas (por ejemplo, en su casa, en el despacho del equipo de investigación o en una cafetería). Las entrevistas duraron entre 45 y 90 minutos. Siguiendo un enfoque interpretativo (véase Edwards and Holland, 2013), las entrevistas adoptaron la forma de un diálogo interaccional entre la entrevistadora y la persona o personas entrevistadas, centrado en las experiencias de las familias que tenían a sus hijos en acogimiento familiar y, más concretamente, en la necesidad de apoyo que expresaban en esta situación. Todas las entrevistas se grabaron y luego se transcribieron literalmente. El estudio fue aprobado por el Comité Regional de Ética de Estocolmo. Todas las personas entrevistadas participaron con consentimiento informado y todos los datos se han anonimizado.

En un análisis previo de los datos, surgió como tema las diferencias percibidas entre familias biológicas y familias de acogida, que se manifestaban en la preocupación de las familias biológicas por que su ejercicio parental se midiera con el de las familias de acogida (Spånberger Weitz, 2016). Para este artículo, la ambición era explorar con más profundidad las negociaciones identitarias de las familias biológicas a la luz de estos hallazgos. En consecuencia, se releyeron todas las transcripciones de las entrevistas, buscando específicamente relatos en los que esta tensión de competencia entre familias biológicas y familias de acogida se expresara con claridad. Según este criterio de selección, tres relatos destacaron como ejemplos especialmente elocuentes de este tema y fueron seleccionados para un análisis en profundidad. Muy pronto en el proceso de análisis quedó claro que las madres biológicas y las madres de acogida aparecían como figuras centrales en estos relatos. Por ello, el foco del análisis se acotó para centrarse específicamente en las negociaciones narradas sobre la identidad de la madre biológica en los relatos de parentalidad compartida de las familias biológicas.

El modelo de análisis de posicionamiento (Bamberg, 1997, 2004) da cuenta de las actuaciones multidimensionales de las identidades en la narración. Aquí se utiliza para explorar cómo las familias biológicas se posicionan a sí mismas y posicionan a otras personas como determinados tipos de personas en los relatos y a través del acto de narrar, dentro de un discurso moral de la maternidad intensiva. El análisis opera en tres niveles y hace visible lo siguiente: (1) el posicionamiento de los personajes del relato (por ejemplo, familia biológica, familia de acogida) dentro de la historia; (2) el posicionamiento de quienes narran (familia biológica, entrevistadora) en la situación de entrevista; y (3) cómo se construyen estas posiciones «frente a los discursos culturales y las posiciones (sociales) normativas» (Bamberg, 2004: 336). Cuando las familias biológicas cuentan historias sobre sus experiencias de parentalidad compartida, recurren a un discurso moral sobre la maternidad intensiva para hacerse comprender, y hacer comprender a los demás, de qué tratan las historias y qué está en juego en ellas.

Negociar la maternidad a distancia

El siguiente análisis se centra en la identidad de la madre biológica en las experiencias de parentalidad compartida narradas por las familias biológicas. Los tres relatos sostienen que la madre biológica es la única que, a pesar de sus carencias, puede conocer y querer a sus hijos como las familias de acogida, y en particular las madres de acogida, nunca podrán hacerlo. El análisis de posicionamiento explora cómo tres identidades distintas de madre biológica (la madre irreemplazable, la madre incomprendida y la madre lejana) toman forma a la luz de un discurso moral sobre la maternidad intensiva.

La madre irreemplazable

El primer relato se contó durante una entrevista con una pareja cuya hija Melinda fue acogida en una familia a los 16 años (recuadro 1). La madre biológica aceptó formalmente el acogimiento bajo la amenaza de que, de lo contrario, los servicios de protección a la infancia llevarían el asunto a los tribunales. El relato describe hechos ocurridos poco después de que su hija se mudara con la familia de acogida. Cuenta cómo la madre de acogida se empeñó demasiado en imponer normas estrictas a su hija, que no las aceptó y volvió llorando a casa de sus padres biológicos. Este es el suceso complicador (Labov and Waletzky, [1967] 1997) en torno al cual gira el relato.

Recuadro 1 — La madre irreemplazable.

  • M · Una de ellas es como muy estricta, así que le puso todas esas exigencias a Melinda. Allí no la dejaban comer casi nada. A ella le gusta hacer repostería, pero ni siquiera eso, ella era como, bueno ellos, ella simplemente, tuvo que venir a casa [con sus padres biológicos] y hacer algo al horno, y quería llevárselo, así que lo escondió [de la madre de acogida].
  • E · ¿Y eso por qué?
  • M · Porque eran como «Solo se comen dulces los sábados». Pero yo les dije «Oye, que tiene 16 años».
  • P · Sí, bueno, ella se apropió del papel de madre, un papel más apropiado para una niña mucho más pequeña.
  • M · Sí. Así que llegó a casa llorando, y estaba completamente destrozada.
  • [1 min suprimido de la transcripción original]
  • M · Así que ese día, cuando Melinda llegó a casa completamente destrozada y se quedó a dormir, al día siguiente vino el equipo familiar [de los servicios de protección a la infancia], y vieron lo hundida que estaba. Se echó a llorar delante de ellos, y nunca los había visto antes de ese día.
  • P · Ella [la madre biológica] tuvo que llamar a la persona responsable de su caso [en los servicios de protección a la infancia].
  • M · Sí, tuve que llamar a la responsable del caso y decirle «Esto es lo que pasa, ella [Melinda] lo está pasando fatal con todo esto». Así que ellos, como que, tuvieron que hablar con la familia de acogida y… hubo muchas vueltas con esto, como, «no puedes ser tan estricta con ella». Y ya sabes, yo fui muy clara: «Tú no eres su madre de verdad».
  • P · No, de alguna manera intentó quedarse con ese papel [de madre].
  • M · «Vosotros sois una familia de acogida. Los padres somos nosotros, no vosotros.»
  • P · No, porque eso nunca nos lo quitaron, ellos solo…
  • M · No, porque ella intentó durante mucho tiempo quedarse con ese papel, pero yo se lo señalé una y otra vez.
  • P · Melinda lo dijo ella misma: «Se comporta como si fuera mi madre», dice.

E: entrevistadora; M: madre; P: padre.

Los personajes del relato son la madre de acogida, la hija Melinda, una profesional responsable del caso en los servicios de protección a la infancia, el equipo familiar de esos servicios y los dos progenitores biológicos, de los cuales la madre es mucho más visible y agentiva que el padre. Al comienzo del relato, la madre de acogida aparece posicionada como demasiado estricta y exigente con Melinda. Esto posiciona también a Melinda como controlada por la madre de acogida. La descripción de Melinda, obligada a esconder los dulces que había hecho en casa ante una madre de acogida que los desaprobaba, la posiciona como asustada por el comportamiento de la madre de acogida. Al mismo tiempo, Melinda aparece posicionada como con edad suficiente para decidir por sí misma a través de la descripción de la madre diciendo «oye, que tiene 16 años». Esto posiciona a la madre biológica, en el mundo del relato, como racional en su apreciación de la madurez de su hija y a la vez frustrada porque la madre de acogida intenta apropiarse del papel de madre y trata a Melinda como a una niña mucho más pequeña.

El relato continúa diciendo que el equipo familiar visitó a la familia al día siguiente. La descripción de Melinda llorando delante de personas desconocidas como algo fuera de lo común contribuye a reforzar su posición de asustada y la posición de la madre de acogida como demasiado estricta y exigente. Así, el equipo familiar queda posicionado como testigo del trato injusto recibido por Melinda, de un modo que sirve para justificar la posición de la madre como frustrada. La visita del equipo familiar destaca como un punto de inflexión en el relato. A continuación, la madre aparece posicionada como agentiva y justa mediante la descripción de su llamada a la responsable del caso para informar del problema y de las medidas que tomaron después los servicios de protección a la infancia para remediar la situación. Estos hechos narrados posicionan a la responsable del caso como portadora de justicia, que actúa en nombre de los progenitores biológicos y de Melinda. El relato termina con una especie de victoria de la familia biológica: los servicios de protección a la infancia indican a la madre de acogida que no sea tan estricta con Melinda. Esta resolución de los hechos narrados concluye con una evaluación en la que la madre de acogida aparece posicionada como una madre impostora que intenta arrebatar a la madre biológica su legítima posición de única madre verdadera en la vida de Melinda. La descripción de la madre de acogida como «familia de acogida» la posiciona como diferente de una madre de verdad, y los progenitores biológicos quedan posicionados como los verdaderos padres mediante la descripción de unos servicios de protección a la infancia que no les han quitado su parentalidad.

Si nos centramos en la narración del relato en el contexto de la conversación de entrevista, se hacen visibles otros aspectos de la posición identitaria de la madre biológica como madre irreemplazable. Uno de ellos es que la madre actúa como narradora principal, mientras que el padre participa con confirmaciones y añadiendo detalles al relato. Juntos, los progenitores se posicionan ante la entrevistadora como indignados por el comportamiento de la madre de acogida hacia su hija. Además, se esfuerzan mucho por convencer a la entrevistadora de que tienen razón. Esto se ve en su uso frecuente del discurso referido de la madre de acogida, de la hija, pero sobre todo de la madre biológica, lo que posiciona a la entrevistadora como una jueza a la que hay que convencer de que su causa es legítima y justa. En conjunto, al cooperar para contar la historia de una madre de acogida que se ha pasado de la raya, la pareja posiciona a la madre biológica como irreemplazable. Esto se ve reforzado por la posición marginal que se le da al padre, y que él mismo adopta, tanto en el relato como en la narración. Solo se hace visible como personaje importante en la evaluación del relato, como parte del «nosotros» parental, pero no como progenitor individual.

La madre incomprendida

El segundo relato se contó durante una entrevista con una madre que tiene a dos de sus tres hijos pequeños en acogimiento familiar; el menor vive con ella y con el padre del niño (recuadro 2). Cuando era madre sola con sus dos hijos mayores, solicitó apoyo a los servicios de protección a la infancia y los niños fueron acogidos a tiempo parcial. Este arreglo se convirtió después en un acogimiento permanente, en contra de la voluntad de la madre. En el momento de la entrevista, solo los veía un fin de semana al mes. En este relato, intenta dar sentido a lo que ocurrió cuando sus hijos pasaron a un acogimiento permanente. El suceso complicador del relato (Labov and Waletzky, [1967] 1997) es la descripción, por parte de la madre biológica, de cómo la madre de acogida puso a los servicios de protección a la infancia en su contra contándoles cosas que la hacían parecer una madre no apta, lo que llevó a que el acogimiento de sus hijos se volviera permanente.

Recuadro 2 — La madre incomprendida.

  • M · Sí, bueno, supongo que los servicios de protección le estaban haciendo preguntas a la madre de acogida, y entonces salió todo. Yo acababa de cambiarle el pañal a mi hija, había un pañal en la mesa, no me había dado tiempo de tirarlo.
  • E · No, eso pasa enseguida. Yo también tengo hijos pequeños, así que lo sé.
  • M · Y nos acabábamos de levantar. No había subido las persianas. La noche anterior habíamos ido a lo fácil, habíamos hecho un montón de cosas ese día, así que pedimos pizza, y estaban las cajas de pizza que todavía no habíamos tirado. Y había dibujos en la pared de hacía dos años, que mi suegra había limpiado casi del todo. Así que, y la cama no estaba hecha y eso, ya sabes, ni siquiera se puede hacer esa cama y esperar que siga hecha con dos niños a los que les encanta saltar encima.
  • E · No, eso no es posible. Y una cama hecha o sin hacer difícilmente va a afectar al bienestar de los niños.
  • M · Y luego, Moa estaba sentada en el sofá con el chupete y una manta, porque se acababa de despertar, y Marcus no quería vestirse. Yo pensé, bueno, si la levanto a ella, a lo mejor él quiere. Pero no, luego te lo vuelven todo en contra. Yo me quedo, a ver, ¿y esto qué tiene que ver con cómo soy como madre?
  • E · No. ¿Pero eran ese tipo de cosas las que sacaban cuando te explicaban las cosas entonces, o qué?
  • M · Sí. Eran esas cosas, puestas en una carta escrita a mano por ella [la madre de acogida], todas esas… bueno vale, estaba desordenado entonces, solo porque no tenía energía para recoger, porque en ese momento lo único que quería era estar con mis hijos todo lo posible. Era la primera vez en mi vida que dejaba la limpieza para más tarde. Normalmente soy maniática, así que limpio el piso; puedo tener todo el piso hecho antes de ir a buscar a los niños a la escuela infantil, entre las nueve y las tres. Así que no, eso no me sentó nada bien. No entiendo qué tiene que ver eso con cómo soy como madre. Iba a recoger más tarde durante el día, pero cuando los niños se fueron, me derrumbé.
  • E · Sí, claro.
  • M · Sí. Y no ha hecho más que ir a peor y a peor y a peor y a peor.
  • E · ¿O sea que te sientes cada vez peor?
  • M · No me siento bien después de todo esto. Es un milagro que todavía pueda dar el pecho, de verdad. Porque muchas cosas pueden verse afectadas. Ahora también le afecta a ella [la bebé]. Y esto es, bueno, tampoco es bueno para los niños. Así que, yo lo veo así, es mejor dejar que los niños vuelvan conmigo, para que todos podamos levantar cabeza, porque creo que a los niños les irá mejor si están con su madre, la verdad, que si no están conmigo.

E: entrevistadora; M: madre.

En este relato, los personajes son la madre, la madre de acogida, los niños y los servicios de protección a la infancia. A lo largo de todo el relato, la madre aparece posicionada como engañada e incomprendida por la madre de acogida y por los servicios de protección a la infancia. La madre de acogida aparece posicionada, frente a la madre biológica, como la villana que quiere quitarle a sus hijos con la ayuda de los servicios de protección a la infancia. Los servicios de protección a la infancia aparecen posicionados a la vez como buscadores de problemas e incomprensibles, a través de la descripción de la madre biológica intentando entender qué hizo mal.

El relato gira en torno a la idea de que una buena madre tiene la casa ordenada. La descripción detallada del desorden en el piso familiar cuando la madre de acogida fue de visita (un pañal olvidado en la mesa, camas sin hacer, persianas bajadas, niños sin vestir y las cajas de pizza de la noche anterior) posiciona a la madre de acogida como alguien que busca problemas. También sirve para posicionar a la madre biológica como una madre suficientemente buena, injustamente acusada por la madre de acogida en medio del caos cotidiano de la vida familiar. Además, el desorden se describe como resultado de que la madre biológica eligió estar con sus hijos antes que ordenar el piso. Esta evaluación posiciona a la madre biológica como una madre presente, que elige pasar tiempo con sus hijos antes que ocuparse de tareas domésticas que pueden hacerse más tarde. Los niños aparecen bajo el cuidado amoroso de su madre, haciendo lo que hacen los niños pequeños. Su descripción saltando en las camas y comiendo pizza los posiciona como niños normales que llevan una vida corriente con su familia. Por lo demás, los niños siguen siendo personajes pasivos en el relato, en contraste con la madre biológica, la madre de acogida y los servicios de protección a la infancia. En la coda del relato, la madre biológica aparece posicionada como alguien que sufre de un modo que afecta negativamente a sus hijos. El relato termina con una súplica de la madre biológica, convencida de que a sus hijos les iría mejor en casa con ella que con la familia de acogida.

La madre biológica cuenta este relato a modo de defensa formal, lo que se aprecia especialmente en la manera en que da cuenta de todas las tareas que realiza al cuidar de sus hijos. Esto, junto con la descripción detallada de lo que la madre de acogida pudo haber considerado desorden, sirve también para posicionarla como una madre entendida, que sabe lo que hay que hacer y lo que se espera de ella. Ante la entrevistadora, se posiciona como tratada injustamente por la madre de acogida y por los servicios de protección a la infancia, y como desconcertada sobre qué ha hecho mal para merecer que le quiten a sus hijos. La entrevistadora confirma y apoya explícitamente la indignación que ella expresa por ser criticada a causa de una cama sin hacer, de un modo que posiciona a ambas como madres corrientes que comparten marcos de referencia. Al mismo tiempo, la madre posiciona a la entrevistadora como una jueza ante la que puede declararse inocente contando su versión de la historia. En conjunto, tanto en el relato como en la manera de contarlo, la madre biológica aparece como incomprendida por la madre de acogida y por los servicios de protección a la infancia.

La madre lejana

El tercer relato se contó durante una entrevista con una madre que tiene dos hijos adolescentes en acogimiento familiar y varios hijos más pequeños que siguen viviendo con ella y con su padre (recuadro 3). Su segundo hijo mayor, protagonista de este relato, fue acogido en una familia a los tres años y desde entonces ha vivido en cuatro hogares de acogida distintos. Ahora tiene 13 años y se enfrenta a un nuevo traslado en un futuro próximo. A lo largo de la entrevista, la madre describe su situación familiar actual como estable, mientras que en el pasado no tenía la capacidad ni las circunstancias vitales adecuadas para cuidar debidamente de sus hijos. Teniendo en cuenta la situación actual de su hijo y su historial de acogimientos, la madre insta a los servicios de protección a la infancia a que ayuden a favorecer una relación más estrecha entre ella y su hijo. El relato que sigue se inició al principio de la entrevista, cuando la entrevistadora preguntó a la madre qué ocurrió cuando su hijo fue acogido en una familia. Durante la entrevista, la madre volvió repetidamente sobre la inestabilidad y la vulnerabilidad del historial de acogimientos de su hijo. Los sucesos complicadores (Labov and Waletzky, [1967] 1997) son las numerosas rupturas del acogimiento que llevaron a su hijo a pasar una y otra vez de un hogar de acogida a otro.

Recuadro 3 — La madre lejana.

  • M · Mi hijo, lo acogieron en una familia, creo, sí, en [año]. Y fue porque yo estaba muy mal y sentía que no podía cuidar de él. Y bueno, por su bien, por eso quise esto, porque no fue que me lo quitaran, sino porque quería que me ayudaran, y dije «Ya no puedo más con esto». Así que fue por su bien que, bueno, quería que tuviera la mejor ayuda posible, ya sabes, para su futuro. Luego lo trasladaron a un sitio en [ciudad], o no, sí, en [ciudad], cerca, no me acuerdo. Vivió allí un año y medio. Era pequeño entonces, solo tenía tres años. Pero aquello no funcionó, tuvo que irse al cabo de un año. Desde entonces lo han ido moviendo de un sitio a otro. Y luego vivió con una señora mayor. Pero no podía quedarse allí, por la edad de ella. A él le gustaba mucho estar allí. Y luego vivió con otra pareja. Solo estaban ellos y sus perros. Y luego, no, esa mujer no podía con ello, con su, con que fuera tan difícil de manejar. Sí, así que tuvo que irse a una granja el año pasado.
  • E · ¿Y ahora ellos también han puesto fin [al acogimiento]?
  • M · Sí, es por los otros niños.
  • [11 minutos suprimidos de la transcripción original]
  • E · Entonces, ¿cómo ha ido tu contacto con los distintos hogares de acogida a lo largo de los años?
  • M · Bueno, ha ido bien. No con este penúltimo. Ella [nombre de la primera madre de acogida] y yo nos llevábamos bien, y siempre hablábamos. Al final ni siquiera nos hacían falta los servicios de protección. Eso estuvo muy, muy bien. Nos entendíamos y eso me hacía sentir genial. Luego estuvo esta señora mayor, pero ella, bueno, también hablé algo con ella, pero ella, bueno, era como una viejecita encantadora, la verdad. Y luego, con estos [nombres de la pareja de acogida], el contacto con ellos no fue nada bien. Ella era como muy rara, esa mujer, y [inaudible], así que era con el padre, o el hombre, con quien hablaba casi siempre.
  • E · ¿Y tenían también otros niños en acogida?
  • M · No. Tuvieron uno más tarde. Sí, pero luego cuando llegó otro niño, eso es a lo que reaccionó él, Dennis.
  • E · Llegaba otro niño.
  • M · Sí. Entonces empezó a sentirse desatendido. Y fue después de eso cuando tuvo que irse. Y él lo ha dicho, que por eso [tuvo que irse]. Porque él sentía que esa era la razón, y yo también.
  • E · O sea que él lo ha dicho, Dennis lo ha dicho. Pero los servicios de protección no han explicado por qué tuvo que irse, ¿verdad?
  • M · No. Bueno, fue porque ellos [la pareja de acogida] ya no podían más. Pero yo creo que fue, de hecho creo que también fue, porque pasó justo cuando ella [la otra niña acogida] acababa de llegar. Así que eso no le habrá sentado muy bien. Él vivió allí mucho tiempo.
  • [24 minutos suprimidos de la transcripción original]
  • M · Y es que yo siento que, esos [la familia de acogida] que lo tienen, solo están haciendo un trabajo. Como que, les pagan si tienen su, ya sabes, cómo se llama, bueno para mí, solo están haciendo un trabajo. Eso es también lo que les dije a los servicios de protección la última vez, que no es que ellos, bueno, que lo tengan porque lo quieren ni nada de eso, están haciendo su trabajo, tienen un encargo. Como que esto es lo que están obligados a hacer. Y si no pueden con ello, entonces cancelan, como se llame, el contrato, por así decirlo. Yo es que, él solo es un, bueno, no es de la familia ni nada. Por eso les digo «¿Por qué no puede quedarse con nosotros los fines de semana, en vez de con esa familia de contacto?».

E: entrevistadora; M: madre.

En este relato hay muchos personajes, un rasgo que se corresponde también con los traslados del hijo entre distintos hogares de acogida. La madre y su hijo figuran como personajes principales a lo largo del relato, y las familias de acogida de los cuatro hogares distintos aparecen en diferentes partes de la historia. Entre los demás personajes figuran otra niña acogida y los servicios de protección a la infancia.

El relato parte de la situación actual, con el chico ante una nueva ruptura del acogimiento, pero después tiende una red sobre los últimos 10 años de acogimiento en la vida del chico. A diferencia de los otros dos relatos, el hijo figura como personaje principal, y la madre biológica, aunque sea la narradora, aparece con más claridad al principio y al final del relato. Al comienzo, la madre aparece posicionada como vulnerable pero protectora respecto del hijo, a través de la descripción de su situación cuando este fue acogido por primera vez. Aquí, el hijo aparece posicionado respecto de la madre biológica como en riesgo de malos tratos y necesitado de ayuda de fuera de la familia. Permanece en esa posición de riesgo de malos tratos a lo largo de todo el relato respecto de las familias de acogida, que aparecen posicionadas como no aptas o incapaces de darle el cuidado y la seguridad que necesita, porque son demasiado mayores, no saben manejarlo o son directamente raras. El chico aparece posicionado como abandonado una y otra vez, a medida que un hogar de acogida tras otro renuncia a él por diversos motivos, incluso aquellos en los que él quería quedarse. Las personas acogedoras individuales del relato son sobre todo mujeres, con la excepción de la descripción del tercer hogar de acogida, donde la madre biológica tuvo que comunicarse con el hombre de la familia porque la mujer era rara. La mención frecuente de mujeres en lugar de hombres indica que la madre biológica concede más importancia a las mujeres de las familias de acogida, o espera más de ellas, que de los hombres. La madre aparece posicionada sobre todo como una observadora distante respecto de las numerosas familias de acogida y como impotente ante los numerosos acogimientos fallidos. Los servicios de protección a la infancia son un personaje bastante distante, posicionado como facilitador del acogimiento respecto del chico y su madre. El relato termina con un posicionamiento de las familias de acogida como madres y padres profesionales respecto del chico, en el sentido de que solo están haciendo un trabajo. En contraste con esta descripción, la madre aparece posicionada como una madre verdadera pero lejana, que quiere y cuida a su hijo como las familias de acogida nunca podrían hacerlo.

En la situación de entrevista, la madre se posiciona ante la entrevistadora como resignada ante la incapacidad de las familias de acogida para cuidar de su hijo, y como deseosa de cuidarlo ella misma más a menudo. Al mismo tiempo, se posiciona como conocedora de la situación de su hijo cuando ofrece una descripción cronológica detallada del recorrido de su hijo entre hogares de acogida y de su contacto con las familias de acogida. A diferencia de los otros relatos, a las personas acogedoras no se las llama madres o padres de acogida, salvo una vez en que al hombre de la tercera familia de acogida se le llama a la vez el padre y el hombre. En su lugar, se las llama la mujer, el hombre, la pareja o por su nombre de pila. Esta manera de nombrar a los personajes del relato puede verse como un posicionamiento de las familias de acogida como no progenitores. El relato termina con una petición de ayuda, cuando la madre pregunta a la entrevistadora por qué el chico no puede visitarla los fines de semana, en lugar de las visitas regulares a una familia de contacto para dar respiro al hogar de acogida, como ocurre ahora. Esta petición reactualiza las posiciones generales atribuidas a la madre en el relato como vulnerable y protectora, como observadora distante y como madre verdadera pero lejana, así como su posición narrativa de resignada.

Discusión

En este artículo hemos arrojado luz sobre el acogimiento familiar, la parentalidad compartida y las identidades de las familias biológicas en Suecia a través de las experiencias narradas por estas familias y del discurso moral de la maternidad intensiva. La actuación narrativa de las madres biológicas puede entenderse como una forma de «extenso trabajo discursivo» (Throsby, 2002), término utilizado anteriormente para describir el trabajo narrativo de las madres no convivientes que, al contar sus historias, encuentran distintas maneras de defenderse de la «etiqueta de mala madre» y desafían así los estereotipos sociales negativos sobre la maternidad sin convivencia (Kielty, 2008b). Las identidades de la madre biológica que surgen del análisis narrativo (la madre irreemplazable, la madre incomprendida y la madre lejana) se relacionan todas con el discurso moral de la maternidad intensiva, pero de maneras distintas. En los relatos, y en la manera de contarlos, las familias biológicas se apoyan con fuerza en ese discurso cuando defienden que la posición de la madre biológica es diferente de la de las familias de acogida. Los relatos hacen pertinentes dos aspectos algo distintos del discurso moral sobre la maternidad intensiva (Hays, 1996): una buena madre está profundamente implicada en el cuidado cotidiano de sus hijos; y el vínculo entre madre e hijo es único, emocional y para toda la vida. Aunque las madres biológicas están privadas de la posibilidad de proporcionar cuidado cotidiano a sus hijos, todas afirman tener un conocimiento detallado de la vida cotidiana, las necesidades, los sentimientos y las dificultades de sus hijos y, por tanto, saber mejor que las familias de acogida qué es lo mejor para ellos. También invocan la idea de un vínculo único, emocional y para toda la vida entre madre e hijo mediante sus manifestaciones emocionales de indignación, vulnerabilidad, desconcierto y frustración por no ser una presencia natural en la vida de sus hijos. Los relatos muestran así distintas maneras de construir un sentido de la maternidad cuando se está privada del cuidado cotidiano del propio hijo. Esto concuerda con otros estudios que exploran las identidades maternas y el «trabajo de madre» de las madres no convivientes, y que muestran que las madres que viven separadas de sus hijos describen una implicación profunda en actividades distintas del cuidado cotidiano, pero aun así claramente centradas en el bienestar de sus hijos y que, por tanto, siguen siendo actividades maternas fundamentales (Honey et al., 2018; Kielty, 2008a).

En contraste con la construcción de la verdadera maternidad como algo que gira en torno al núcleo de un vínculo único entre madre e hijo, el cuidado cotidiano que realizan las madres de acogida se construye en los relatos como una forma formal e instrumental de maternidad. Esta manera de construir a las madres de acogida como carentes de una cercanía emocional e innegociable con los niños, y por tanto privadas de un requisito central de la maternidad auténtica, es un tema que atraviesa todos los relatos. Esto se relaciona en parte con lo que Sykes (2011) describe como distanciamiento asociativo, es decir, el proceso por el cual las madres cuya capacidad parental es cuestionada por la sociedad mantienen su autoevaluación como buenas madres comparando y contrastando su propia maternidad con la de otras madres a las que definen como las verdaderas «malas madres». Sin embargo, en los relatos presentados en este artículo, las madres de acogida no se construyen como malas madres en sí. Más bien se construyen como no madres que pueden estar profesionalmente cualificadas para realizar el cuidado cotidiano de niños y niñas como una tarea formal e instrumental, pero que carecen de los vínculos emocionales únicos que existen entre las madres biológicas y sus hijos. Al posicionar a las madres de acogida como profesionales, las familias biológicas renegocian así el discurso moral sobre la maternidad intensiva restando importancia al cuidado cotidiano que proporcionan las madres de acogida. Por el contrario, como se ha mostrado a lo largo del análisis de los relatos presentados en este artículo, las madres biológicas aparecen posicionadas como portadoras de una maternidad auténtica que desafía todas las dificultades y distancias que se interponen entre ellas y sus hijos.

Implicaciones

En Suecia, cuando un niño o una niña es acogido en una familia, se espera que la familia biológica, la familia de acogida y los servicios de protección a la infancia cooperen en torno a él o ella mediante lo que suele denominarse parentalidad tripartita (Skoog et al., 2015). Esto es importante, entre otras cosas, para el bienestar de la infancia en acogimiento (Andersson, 2009; Boyle, 2017). Sin embargo, crear esa cooperación es difícil. Las familias biológicas se sienten a menudo inferiores tanto a las familias de acogida como a los servicios de protección a la infancia, y ambas pueden sentirse amenazadas en su identidad parental (Höjer, 2009). Este artículo aporta un conocimiento importante sobre cómo las familias biológicas utilizan los discursos morales sobre la maternidad en su intento de dar sentido al acogimiento familiar y a la parentalidad compartida, de un modo que puede condicionar esa cooperación. Comprender los discursos morales sobre la parentalidad y la infancia, y el poder que esos discursos pueden ejercer en contextos de acogimiento familiar, puede facilitar la cooperación entre familias biológicas y familias de acogida. En lugar de participar sin saberlo en la reproducción de discursos morales, las y los profesionales del trabajo social pueden, como sugiere también Kielty (2008b), ayudar a las madres no convivientes a afrontar los estereotipos negativos que producen esos discursos, creando en cambio oportunidades para que reivindiquen identidades maternas alternativas, sin custodia, que las empoderen en lugar de avergonzarlas. Estos esfuerzos pueden mejorar las posibilidades de que familias biológicas y familias de acogida construyan una parentalidad compartida en la que sus respectivas capacidades parentales se combinen de forma productiva en el interés superior del niño o la niña.

Complexe Systémique: puntos clave

El artículo arroja luz sobre un motor silencioso de conflicto en el acogimiento familiar: cada parte defiende su identidad parental descalificando la de la otra. Para resistir, las madres biológicas desplazan la definición de «buena madre»: ya no es la que cambia pañales, sino la que conoce y quiere al niño para siempre. La madre de acogida pasa entonces a ser una simple profesional, y el padre biológico se desdibuja en el relato. Leído desde una perspectiva sistémica, el triángulo formado por la familia biológica, la familia de acogida y los servicios sociales puede funcionar como un sistema de rivalidades en el que el niño o la niña corre el riesgo de quedar atrapado en un conflicto de lealtades. Para la práctica, la tarea es doble: ayudar a estas madres a sostener una identidad materna sin custodia que no dependa de descalificar a la otra, y evitar reducir nosotros mismos la parentalidad al cuidado cotidiano. Los límites son claros: tres relatos elegidos por su tensión, testimonios recogidos sin observar las relaciones reales y ninguna voz de los niños y niñas ni de las familias de acogida. Puede leerse junto con el artículo sobre la relación entre familias biológicas y familias de acogida y el artículo sobre las relaciones de jóvenes adultos con experiencia de acogimiento con su familia biológica.

Notas del original

Declaración de conflictos de intereses. La autoría declaró no tener ningún conflicto de intereses potencial en relación con la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo.

Financiación. La autoría declaró haber recibido el siguiente apoyo financiero para la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo: este trabajo contó con una subvención de Allmänna Barnhuset, en Suecia.

Referencias

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Traducción no oficial de Professional or authentic motherhood? Negotiations on the identity of the birth mother in the context of foster care, de Ylva Spånberger Weitz y Marie Karlsson, Qualitative Social Work, vol. 20, n.o 3, pp. 703-717 (2021), doi: 10.1177/1473325020912815, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (declaraciones agrupadas en las notas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «Professional or authentic motherhood? Negotiations on the identity of the birth mother in the context of foster care», publicado en Qualitative Social Work (2021) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

Leer el artículo original

Cómo citar este artículo

Spånberger Weitz, Y., et Karlsson, M. (2021). Professional or authentic motherhood? Negotiations on the identity of the birth mother in the context of foster care. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/professional-or-authentic-motherhood-negotiations-on-the-identity-of-the-birth-mother (Obra original publicada en 2020 en Qualitative Social Work, 20(3), 703-717 (2021); republicada en 2021 por Qualitative Social Work, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/1473325020912815)

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