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Journal of Child and Family Studies · Familia

«Me gritan y yo les grito»: relatos de la infancia preescolar sobre las interacciones cargadas de conflicto en casa

¿Qué dicen sobre la vida familiar los menores de 3 a 6 años cuyas familias siguen un programa de apoyo a la parentalidad? En la Universidad de Uppsala, en Suecia, el equipo de Anton Dahlberg entrevistó a 17 menores con la ayuda de un programa informático basado en imágenes y centrado en las emociones. Sus relatos describen con gran precisión el ciclo coercitivo, desde la riña que empieza hasta el final sin reparación, y dejan poco espacio a los momentos de alegría compartida.

Autoría Anton Dahlberg, Anna Sarkadi y Karin Fängström (Child Health and Parenting, Department of Public Health and Caring Sciences, Universidad de Uppsala, Suecia)Primera publicación Journal of Child and Family Studies, 5 de octubre de 2023Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de ‘They Yell and I Yell Back’ Pre-schoolers’ Descriptions of Conflict Laden Interactions at Home, de Anton Dahlberg, Anna Sarkadi y Karin Fängström, publicado en Journal of Child and Family Studies (Springer) (2023), doi: 10.1007/s10826-023-02691-0, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Con las herramientas y el apoyo adecuados, menores de apenas 3 o 4 años pudieron aportar una amplia información sobre su vida.

Anton Dahlberg, Anna Sarkadi y Karin Fängström

Resumen

A lo largo de los últimos 50 años se ha publicado una amplia investigación sobre la relación parentofilial y sobre la parentalidad. Sin embargo, son muy escasos los ejemplos en los que la infancia pequeña ocupa el centro de la atención a la hora de describir dinámicas, relaciones y conflictos familiares. Este estudio se propuso abordar esta laguna de investigación y de conocimiento explorando las experiencias emocionales y relacionales de menores en edad preescolar cuyas familias participaban en un programa universal de apoyo a la parentalidad. Se entrevistó a diecisiete menores de 3 a 6 años mediante un método de entrevista asistida por ordenador, basado en imágenes y centrado en las emociones. Las descripciones que hicieron de sus relaciones familiares se analizaron mediante un análisis de contenido cualitativo. Los menores describieron con gran riqueza de detalles las interacciones negativas dentro de la familia, en especial experiencias en las que los conflictos con sus figuras parentales se intensificaban y quedaban sin resolver. También describieron momentos de interacciones familiares positivas, pero quedaban ampliamente eclipsados por los relatos de una parentalidad negativa. Describieron asimismo conductas compensatorias, como buscar consuelo en la fratría o en los animales de compañía. Los relatos de este estudio ofrecieron una visión única del contexto emocional y relacional doméstico de la infancia en familias que solicitan un apoyo a la parentalidad ofrecido de forma universal. Con las herramientas y el apoyo adecuados, menores de apenas 3 o 4 años pudieron aportar una amplia información sobre su vida. Instamos a que la investigación futura que examine las intervenciones parentales o familiares incluya la perspectiva de la infancia.

Palabras clave: perspectivas de la infancia, parentalidad, interacciones negativas, participación infantil, entrevistas a menores

La edad preescolar es un periodo de la vida caracterizado por un desarrollo rápido en varios ámbitos. La motricidad gruesa y la fina mejoran con rapidez (Adolph, 2002; Butcher & Eaton, 1989), se progresa en el dominio del complejo arte del lenguaje y de la comunicación (Conti-Ramsden & Durkin, 2012; McCarthy, 1943) y se desarrollan las habilidades sociales y las capacidades cognitivas. Este desarrollo no es uniforme y existe una amplia variabilidad en las competencias. Por ejemplo, aunque a los cinco años la mayoría de los menores ha desarrollado el uso de enunciados con varias proposiciones, la alternancia de turnos y otras habilidades lingüísticas bastante avanzadas, la variación es considerable (Conti-Ramsden & Durkin, 2012). Identificar, expresar y regular las emociones es también una capacidad importante que se desarrolla a lo largo de toda la infancia, en estrecha interacción con las personas cuidadoras y a la par del desarrollo de los lóbulos frontales (Riediger & Bellingtier, 2022). Además, la edad preescolar es un periodo en el que pueden empezar a surgir conflictos en la relación con las figuras parentales. El niño o la niña pone a prueba los límites y explora su propia autonomía y competencia. Las madres y los padres, sobre todo en su primera experiencia de crianza, desarrollan sus propias competencias parentales y necesitan también adaptarse a nuevos retos y responder a los cambios evolutivos de su hijo o hija. Aunque en los últimos 50 años se ha publicado una amplia investigación sobre la relación parentofilial y sobre la parentalidad, son muy escasos los ejemplos en los que el análisis se centra en el punto de vista de la propia infancia preescolar al describir dinámicas, relaciones y conflictos familiares.

La relación entre la infancia y sus figuras parentales

Una familia puede describirse como un sistema dinámico en el que se configuran patrones de conducta estables a través de las interacciones entre sus miembros (Granic & Patterson, 2006; Lunkenheimer et al., 2016). Los miembros de la familia constituyen la base del sistema, ya que son partes interconectadas que se influyen mutuamente a lo largo del tiempo. La definición de un sistema familiar depende del ámbito de investigación o de la pregunta de investigación (van Geert, 2019): puede tratarse de la familia entera o de díadas dentro de la familia, por ejemplo la díada menor–figura parental. En este estudio nos centraremos principalmente en esta díada.

El modelo transaccional postula que los procesos de desarrollo de un individuo se configuran a través de las interacciones recíprocas entre el individuo y su contexto a lo largo del tiempo (Sameroff, 2009). En este modelo, el desarrollo de un niño o una niña es el resultado de interacciones continuas y dinámicas con su entorno social, en especial con sus figuras parentales, que dan lugar a patrones de interacciones recíprocas a lo largo del tiempo. Tanto las interacciones positivas como las negativas (como pelearse, gritar o los conflictos que se intensifican) pasan a ser partes constantes de la interacción entre la figura parental y el menor, en lo que puede describirse como un ciclo coercitivo (Patterson, 2002). Lo llamativo de las relaciones en un ciclo coercitivo es que son a la vez rígidas e incoherentes (Lunkenheimer et al., 2016). La rigidez se manifiesta en que adultos y menores quedan atrapados en patrones de interacción negativos y previsibles, mientras que la incoherencia se manifiesta en respuestas emocionales y conductuales de las figuras parentales incoherentes o imprevisibles. Estos patrones interactivos negativos y disfuncionales suelen mantenerse y es probable que se repitan en futuras interacciones (Granic & Patterson, 2006).

Conflicto familiar y parentalidad

En muchas familias el conflicto forma parte de la vida cotidiana y, para algunos menores, los conflictos familiares son una parte normal de la vida. Los conflictos parentofiliales se asocian a varios factores, en particular al estilo parental (Chang et al., 2003; Krishnakumar & Buehler, 2000), pero también al conflicto entre los progenitores (Gerard et al., 2006) y al temperamento del menor (Rubin et al., 2003). La infancia describe estos conflictos como asociados a emociones negativas como la tristeza, la ira y la vergüenza (Nixon & Halpenny, 2010). La investigación ha identificado dos dominios de la parentalidad: las prácticas parentales (por ejemplo, la supervisión parental, la implicación y los objetivos) y el estilo parental (las condiciones emocionales en las que se cría al menor) (Spera, 2005). El estilo parental, en especial la crianza severa, está vinculado a niveles más altos de conflicto familiar y de problemas de conducta. Crecer en una familia caracterizada por un conflicto intenso y una crianza severa se asocia a un aumento de los problemas conductuales y relacionales de la infancia, tanto a corto como a largo plazo (Bayer et al., 2012; Jaycox & Repetti, 1993; Klahr et al., 2011; Lunkenheimer et al., 2017). Desde 2015, los problemas de salud mental, en especial los problemas conductuales y emocionales, se consideran la segunda causa de carga de enfermedad en Europa y en las Américas (Baranne & Falissard, 2018). Una parentalidad disfuncional, en especial la crianza severa, se asocia a un riesgo de mayor agresividad relacional en la infancia (Kawabata et al., 2011). A la inversa, Kawabata y su equipo observaron que las conductas parentales positivas, como brindar calidez, ayuda y refuerzo positivo, se asocian a una menor agresividad relacional. Esta asociación entre crianza severa y problemas de conducta parece ser en cierta medida bidireccional, lo que indica una posible dinámica transaccional en la que menor y figura parental influyen mutuamente en su conducta (Lansford et al., 2018; Shaffer et al., 2013). Los programas de parentalidad son, en general, las intervenciones recomendadas para abordar estos problemas (Furlong et al., 2012; Socialdepartementet, 2018), y estos problemas son el principal motivo por el que se solicita apoyo a la parentalidad en Suecia (Thorslund et al., 2019; Wells et al., 2016)

El punto de vista de la infancia sobre las relaciones familiares

A pesar de la amplia investigación sobre las familias y la parentalidad, rara vez se ha estudiado la perspectiva de la infancia. Esto es problemático, ya que las experiencias de los menores son importantes por varias razones. Una de ellas es la visión y la información únicas que pueden aportar sobre sus propias experiencias, su bienestar y sus opiniones: una información que puede ser importante, y a veces crucial, para ofrecer la mejor intervención ante sus necesidades (Cross & Hershkowitz, 2017; Wilson et al., 2010). Su propia perspectiva podría ser importante también para adaptar y evaluar las intervenciones dirigidas a ellos o a sus familias. Otra razón para recabar la perspectiva de la infancia es su derecho a ser escuchada en todos los asuntos que la afectan y su derecho a la información, tal como se describe en la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (UNICEF, 1989). Sin embargo, la participación sistemática de la infancia, tanto en la práctica como en la investigación, ha sido ampliamente ignorada o descuidada en el pasado. Durante la última década se ha afirmado la importancia de la voz de la infancia tanto en la investigación como en la evaluación de intervenciones (Baird & Grace, 2017; Molloy et al., 2019; Nilsson et al., 2015). Se ha buscado activamente la perspectiva de la infancia en ámbitos de investigación tan dispares como la atención sanitaria (Schalkers et al., 2015), la educación infantil (Almqvist & Almqvist, 2015) y los contextos forenses (Baugerud et al., 2020). Pese a ello, la investigación sobre los conflictos parentofiliales y sobre la parentalidad suele centrarse en la adolescencia o la preadolescencia (Strazdins et al., 2017), o en familias con dificultades específicas o importantes, como el cáncer (Darcy et al., 2019) o el divorcio de los progenitores (Hayes & Birnbaum, 2020). Que sepamos, no existe ningún estudio que recoja el punto de vista de menores de corta edad en familias que solicitan apoyo a la parentalidad.

En los estudios anteriores que han puesto de relieve la perspectiva infantil, solo una parte de la investigación evalúa las opiniones y percepciones del menor sobre las relaciones familiares (por ejemplo, Bost et al., 1998; Rooth et al., 2020), mientras que la mayoría tiende a basarse en historias hipotéticas que el menor debe comentar, o a dejar que elabore sus propias historias con figuras, que después se analizan (Shamir et al., 2001; Yamada, 2009). Cuando la investigación se ha centrado en menores con presuntos problemas emocionales o de conducta, tradicionalmente no se ha priorizado recabar su propia perspectiva, debido a la creencia, en cierta medida errónea, de que la infancia no es capaz de informar sobre sus propias dificultades (Edelbrock et al., 1985). Estas creencias no están respaldadas por la investigación sobre el desarrollo infantil. Al contrario, los estudios muestran que desde los 2 años la infancia puede describir recuerdos de acontecimientos personales (Peterson, 2002, 2012), incluidas emociones, con términos como contento y triste (Fivush & Baker-Ward, 2005). Los relatos de los menores de corta edad suelen ser breves y escuetos; sin embargo, las habilidades narrativas y las capacidades de recuperación de recuerdos se desarrollan constantemente (Nelson & Fivush, 2004; Schwenck et al., 2009). Al comparar menores de 5 y 6 años con menores de 3 y 4 años, el grupo de mayor edad era más capaz de dar respuestas informativas y detalles que el de menor edad (Hershkowitz et al., 2012). Con todo, entre menores de la misma edad existe una gran variación individual en la capacidad de describir sus experiencias. En ella influyen, entre otras cosas, las diferencias en el lenguaje y en el estilo de evocación de recuerdos de las personas cuidadoras, las diferencias culturales y el contexto familiar. Además, los menores con problemas conductuales y emocionales presentan a menudo dificultades del habla y del lenguaje, que a su vez afectan a su capacidad de producir un relato verbal. En resumen, históricamente la perspectiva de la propia infancia no se ha incluido en la investigación sobre las familias y la parentalidad. Hoy sigue existiendo una laguna de conocimiento sobre la perspectiva y las opiniones de la infancia acerca de sus relaciones familiares, en especial en lo que respecta a los menores de corta edad que viven en familias con conflictos.

Objetivos

El presente estudio pretende abordar esta laguna de conocimiento sobre la perspectiva de la infancia examinando el punto de vista de menores en edad preescolar sobre sus relaciones familiares. En concreto, nuestro objetivo era explorar las experiencias emocionales y relacionales expresadas por menores de 3 a 6 años cuyas familias participaban en un programa de apoyo a la parentalidad. Este estudio se llevó a cabo en el marco de la evaluación de un programa de parentalidad ofrecido a madres y padres de menores en edad preescolar con problemas emocionales o de conducta percibidos.

Métodos

Diseño de la investigación

Se aplicó un análisis de contenido cualitativo con un enfoque inductivo para describir las descripciones y percepciones de los menores sobre sus relaciones familiares (Graneheim & Lundman, 2004). El estudio fue aprobado por el Comité Ético Regional de Uppsala, Suecia (dnr. 2018/188).

Participantes y contexto

Se aplicó un muestreo intencional para reclutar participantes entre las familias que iniciaban un programa grupal de parentalidad Triple P en Uppsala, Suecia. Triple P es un programa de parentalidad basado en la teoría del aprendizaje social, originario de Australia. Tiene cuatro ejes principales: (1) aumentar la competencia de las figuras parentales mediante la construcción de una relación parentofilial positiva, la promoción de conductas positivas y prosociales y el manejo de los problemas emocionales y conductuales habituales; (2) reducir el uso de conductas parentales coercitivas y punitivas; (3) ayudar a las madres y los padres a comunicarse sobre las cuestiones de crianza; y (4) reducir el estrés parental (Sanders, 2012). En Suecia, Triple P se ofrece en forma de seminarios breves, de asesoramiento individual y de grupos de madres y padres. Para este estudio se reclutó a familias que participaban en la intervención grupal.

El programa de parentalidad se impartía en centros de educación infantil, a cargo del profesorado de esos centros, y se ofrecía de forma universal a todas las familias con menores en edad preescolar del municipio. No se aplicó ningún criterio de inclusión ni de exclusión. Para más información sobre la evaluación de la implantación del programa, véase Dahlberg et al. (2022). Las familias de 21 de los 24 menores que podían ser entrevistados dieron su consentimiento para participar en el estudio. Un menor rechazó participar y las familias de otros tres retiraron su consentimiento, de modo que se entrevistó a 17 menores de 3 a 6 años, procedentes de 7 grupos Triple P distintos. Todas las entrevistas las realizaron la primera y la última persona firmantes, ambas con formación en psicología infantil. La edad media era de 4 años (7 de tres años, 5 de cuatro, 3 de cinco y 2 de seis). La distribución por sexo era bastante desigual: participaron en las entrevistas 6 niñas y 11 niños. Cuatro de los menores tenían progenitores nacidos en el extranjero. No se recogieron más datos sobre las características de las personas participantes. Sin embargo, en un estudio relacionado se disponía de datos de 125 familias que habían seguido el programa anteriormente, que evaluaban los problemas emocionales y conductuales de la infancia (Strengths and Difficulties Questionnaire, Eyberg Child Behavior Inventory), las prácticas parentales (Parenting Scale) y la salud mental de las figuras parentales (General Health Questionnaire). Los análisis de estos cuestionarios revelaron que la mitad de los menores puntuaban por encima del umbral clínico en el Strengths and Difficulties Questionnaire y casi 3/10 en el Eyberg Child Behavior Inventory, mientras que más de 2/5 de las figuras parentales puntuaban por encima del umbral en el General Health Questionnaire y 3/10 puntuaban más de una desviación típica por encima de la media poblacional en la Parenting Scale (Dahlberg et al., 2022). Esto indica que los menores del presente estudio tenían más probabilidades de proceder de familias en riesgo, afectadas por problemas relacionados con la salud mental en mayor medida que la población general, y podrían correr un mayor riesgo de vivir una parentalidad negativa. No obstante, es importante señalar que no se disponía de datos similares para los menores del presente estudio.

El dominio del lenguaje de los menores entrevistados variaba mucho. Mientras que a algunos les costaba formar palabras y construir frases, otros eran capaces de usar frases y enunciados largos y encadenados. Además, y como observación al margen de este estudio, los tres tipos de temperamento descritos por Thomas y Chess eran reconocibles durante las entrevistas: algunos menores se mostraban tímidos y retraídos, otros tardaban en entrar en confianza, y otros parecían cómodos desde el principio y mostraban un estado de ánimo positivo general (es decir, difícil, lento para entrar en confianza, fácil) (Chess & Thomas, 1977; Thomas & Chess, 1977).

Procedimiento

La recogida de datos tuvo lugar de noviembre de 2018 a marzo de 2020. Junto con una carta informativa sobre el programa de parentalidad Triple P, se envió una invitación aparte para participar en el estudio a las familias de menores de 3 a 6 años de siete grupos Triple P seleccionados, que abarcaban zonas geográficas y centros con una composición demográfica diferente en cuanto a nivel educativo de las figuras parentales, origen cultural y población urbana y rural. La carta de invitación contenía información sobre el estudio, tanto información dirigida a las familias como una carta informativa aparte para los menores. Los formularios de consentimiento informado se distribuyeron in situ a las familias que aceptaron la invitación a participar en el estudio. El equipo investigador presentó también la información sobre el estudio al inicio de los grupos Triple P. Al comienzo de las entrevistas se solicitó el asentimiento de todos los menores. Un menor cuya familia había dado su consentimiento rechazó participar. La duración de las entrevistas osciló entre 12 y 30 min, con una media de 17 min. Tras participar, los menores recibieron una entrada de cine y pudieron elegir tatuajes temporales.

Todas las entrevistas comenzaron con la presentación de la persona investigadora, seguida de la solicitud del asentimiento y de la explicación del procedimiento de la entrevista. La persona entrevistadora estableció y explicó cuatro reglas básicas: «Si te pregunto o te digo algo que no entiendes, puedes decir “no lo entiendo”»; «Si digo algo que no es verdad, puedes decírmelo»; «Si te pregunto algo y no sabes la respuesta, puedes decírmelo diciendo “no lo sé”»; «Si quieres parar, en cualquier momento, puedes decir simplemente “no quiero seguir” o enseñármelo así, por ejemplo [hace la señal de “alto” con la mano abierta]». Se sabe que las tres primeras reglas mejoran la exactitud del recuerdo infantil (Hershkowitz et al., 2012), mientras que la cuarta tiene por objeto garantizar el carácter voluntario de la participación. Cinco menores decidieron, de forma verbal o no verbal, terminar las entrevistas antes de tiempo, aunque todas esas entrevistas se encontraban en ese momento en su fase final.

Como estructura de todas las entrevistas se utilizó la herramienta de entrevista asistida por ordenador In My Shoes (IMS) (Calam et al., 2000). IMS es un programa informático desarrollado específicamente para menores de corta edad y menores con dificultades de comunicación, que ha demostrado su eficacia para obtener relatos a la vez exactos y elaborados, sin sacrificar una cualidad en favor de la otra (Barrow & Hannah, 2012; Bokström et al., 2016; Cousins & Simmonds, 2011; Fängström et al., 2016; Fängström & Eriksson, 2020). Además, IMS es una herramienta útil para ayudar a expresarse a menores con trastornos del lenguaje o dificultades de comunicación (Cousins & Simmonds, 2011). Mediante IMS, se ayuda a los menores a representar visualmente a su familia y las relaciones que hay en ella, y a dar cuenta de sus propias conductas y experiencias emocionales y de las de otras personas. El programa funciona como apoyo visual y como punto de partida para que el menor narre.

Las entrevistas se centraban en las relaciones familiares del menor, lo que se apoyaba dejando que nombrara y eligiera una figura para representar a cada miembro de su familia. Además, se suscitaban los relatos preguntando por experiencias relacionadas con diferentes emociones. Al comienzo de las entrevistas se pedía a los menores que nombraran diferentes emociones en IMS, a partir de caras sonrientes estandarizadas (véase la Fig. 1 para un ejemplo de etiquetas). Estas etiquetas emocionales se utilizaron a lo largo de cada entrevista como punto de partida de la conversación para obtener las descripciones que el menor hacía de sí y de las conductas y estados emocionales de otros miembros de la familia. La persona entrevistadora alternaba emociones negativas y positivas en un orden determinado, para evitar que las emociones se recorrieran de las «buenas» a las «malas», o a la inversa. Además de utilizar el programa IMS como apoyo para la entrevista, el equipo entrevistador se aseguró de adoptar las buenas prácticas para entrevistas a menores propuestas por el National Children’s Advocacy Centre (The National Children’s Advocacy Center, 2012), con preguntas abiertas y un entorno seguro en el que el menor pudiera hablar. Las entrevistas se realizaron de forma continuada hasta alcanzar un punto de saturación.

Paleta de emociones utilizada en las entrevistas, con un ejemplo de las etiquetas emocionales propias de un menor
Fig. 1. Paleta de emociones utilizada en las entrevistas, con un ejemplo de las etiquetas emocionales propias de un menor

Análisis

La interacción entre la persona entrevistadora y el menor se grabó en audio y en vídeo, al igual que la actividad en la pantalla del ordenador. Las entrevistas fueron transcritas literalmente por un servicio externo de transcripción. Dada la escasez de investigación relacionada con el tema del presente estudio, se aplicó un análisis de contenido cualitativo para analizar los datos (Graneheim & Lundman, 2004), con un enfoque inductivo (Elo & Kyngäs, 2008).

En primer lugar, dos de las personas firmantes (AD, KF) revisaron todas las entrevistas para obtener una visión de conjunto del material. Se examinaron repetidamente tanto las transcripciones como las grabaciones originales. A continuación, el contenido manifiesto se condensó en unidades que contenían el contenido proposicional principal, etiquetadas con códigos. Después, todos los códigos se abstrajeron y se ordenaron de forma inductiva en categorías en función de sus elementos comunes. Como en esta parte del análisis se reconocieron patrones distintos dentro de las categorías, estas se dividieron en subcategorías. Tanto la categorización como la subcategorización se ensayaron y discutieron hasta alcanzar un acuerdo entre las tres personas firmantes. Véase la Fig. 2 para un ejemplo del proceso analítico de categorización. En una última etapa del procedimiento de análisis, se conceptualizó un tema general a partir de las categorías.

Ejemplo del proceso analítico, de la cita a la categoría
Fig. 2. Ejemplo del proceso analítico, de la cita a la categoría

Resultados

Las entrevistas se centraron claramente en los aspectos emocionales y relacionales de las experiencias de los menores con los miembros de su familia. En la Fig. 3, más arriba, se presenta un mapa del tema, las categorías y las subcategorías. En el análisis se identificaron las siguientes categorías: interacciones negativas con las figuras parentales, falta de interacciones positivas con las figuras parentales, e interacciones familiares positivas y seguras. Cada categoría constaba de tres o cuatro subcategorías. Para ilustrar las subcategorías se presentan extractos de las entrevistas en forma de citas aisladas o de diálogos. A partir de las subcategorías y las categorías surgió un tema general, que se presenta al final de la sección de resultados. Todos los nombres se han sustituido por seudónimos y se ha ocultado cualquier otra información potencialmente identificativa.

Mapa de la categorización de los datos
Fig. 3. Mapa de la categorización de los datos

Interacciones negativas con las figuras parentales

Esta categoría constaba de tres subcategorías: Empieza la riña, Me gritan y yo les grito y Sin solución, todo el mundo está triste. La categoría se caracterizaba por la presencia de una interacción negativa y disfuncional entre el menor y la figura parental. Tomadas en conjunto, las subcategorías constituían partes de lo que se asemeja al ciclo coercitivo. El ciclo coercitivo abarca el modo en que los miembros de una familia, a menudo las figuras parentales y los menores, quedan atrapados en interacciones relacionales negativas. Los relatos de los menores eran ricos en descripciones de sus propias reacciones emocionales y conductas relacionales negativas, de las de sus figuras parentales y, a veces, de las de sus hermanos o hermanas. Además, los relatos incluían también aspectos temporales, ya que los menores incluían y ponían ejemplos de los elementos constitutivos importantes del ciclo coercitivo, es decir, el inicio del conflicto, la trampa de la escalada y el final de los conflictos sin solución. Los patrones relacionales de esta categoría incluían emociones negativas intensas del menor, de las figuras parentales y, a veces, de toda la familia.

Empieza la riña

Los menores describieron diversas situaciones que constituían el inicio de un conflicto con su padre, su madre o ambos. Cuando, por ejemplo, la figura parental pedía al menor que dejara lo que estaba haciendo, como ver la tableta o la tele, esto le provocaba enfado y frustración. Un niño contó que estaba viendo la tele y no quería dejarlo y salir de casa:

Estaba viendo la tele… Y entonces ma- papá vino y dijo que teníamos que irnos. Entonces nos- entonces me enfadé (Calvin, 5 años)

Otra situación que varios menores describieron como causa de su enfado era que sus hermanos o hermanas se burlaran de ellos, y esto era a menudo el inicio de una situación de conflicto más compleja en la que intervenían el menor y ambas figuras parentales. En otras ocasiones, los menores describieron conflictos en la familia asociados a sentirse tristes. Estas situaciones surgían, por ejemplo, cuando alguien de la fratría pegaba al menor o le lanzaba algo, lo que a su vez enfadaba a la figura parental. Los conflictos que provocaban tristeza podían surgir también cuando una figura parental estaba estresada y, por ejemplo, obligaba al menor a darse prisa para ir a la escuela infantil.

Otra vez que voy a la escuela infantil, estaba triste en el camino a casa porque quier- no quería ir tan rápido. Ma- mamá dijo que podemos ir rápido porque llegábamos tarde p- pero yo no quiero, mamá. Yo… mamá anda demasiado rápido pero mamá me empujó porque yo no quería (Natasha, 4 años)

Me gritan y yo les grito

Los menores ofrecieron descripciones ricas de lo que puede entenderse como la escalada de los conflictos. En general, describieron que su padre, su madre o ambos se enfadaban con ellos o con sus hermanos o hermanas como parte de una situación de conflicto. Las figuras parentales parecían enfadadas y actuaban también con enfado.

Y a veces me enfado y entonces doy un portazo y hace «bonk» […] Vienen y me gritan: «¡No des portazos!» (Adam, 6 años)

Los menores describían a menudo que reaccionaban gritando a su vez o lanzando cosas. Algunos también daban portazos, como en la cita anterior. Las descripciones de figuras parentales que se enfadaban aparecían con independencia del estado emocional del menor (sentirse enfadado o triste). Sin embargo, las descripciones de las situaciones en las que los menores se sentían tristes se referían principalmente a la figura parental enfadada que actuaba de forma coercitiva. Los menores pusieron ejemplos de figuras parentales que les amenazaban con castigos o les obligaban físicamente a hacer cosas como quedarse en su habitación.

Mamá dice «T- t- te vas a ganar un castigo». Eh, eh, yo digo «no me voy a ganar un castigo» (Russell, 4 años)

Varios menores describieron que su madre o su padre, o ambos, les pegaban a ellos y a sus hermanos o hermanas:

Se enfada y se pone triste cuando le hago cosas malas, entonces se enfada […] Entonces me pega (Leon, 4 años)

Cuando las figuras parentales actuaban de forma coercitiva, los menores reaccionaban protestando de forma verbal o física, por ejemplo diciendo «No» o encerrándose en su habitación sin dejar entrar a la figura parental. Los menores describieron también que intentaban esconderse o huir:

Y papá no- no- no pudo… no peg- no nos pegó, ni a mí ni a John. Entonces- entonces- entonces nos dimos prisa (Josef, 3 años)

Sin solución, todo el mundo está triste

Las situaciones de conflicto que los menores describieron como causa de enfado o tristeza no contenían ninguna descripción de resolución del conflicto, por ejemplo conductas parentales orientadas a llegar a un acuerdo o a reconciliarse con el menor. El relato más frecuente sobre el final de estas situaciones era que la figura parental o ambas estaban tristes, o que todo el mundo estaba triste:

Mmm, entonces, entonces, entonces papá peg- entonces mamá estaba triste y John estaba enfadado y yo también estaba triste […] Y- y papá también estaba triste (Josef, 3 años)

Falta de interacciones positivas con las figuras parentales

Esta categoría constaba de tres subcategorías: Mamá ve la tele y papá está trabajando, Mis hermanos son mis ayudantes y Quiero que todo el mundo esté contento. La categoría se caracterizaba por la ausencia de afirmaciones y descripciones de interacciones positivas o neutras con las figuras parentales. Era un patrón que surgía claramente cuando se revisaban en conjunto todos los relatos de los menores. En el vacío de interacciones positivas con las figuras parentales, la fratría y los animales de compañía parecían cumplir una función importante y compensatoria, como ayudantes y como alguien a quien acudir en busca de consuelo. En las relaciones con la fratría y con los animales es donde los menores encuentran la felicidad. Además, los menores expresaron el deseo de que todo el mundo estuviera contento, lo que podría entenderse como el anhelo de un estado positivo y estable para la familia.

Mamá ve la tele y papá está trabajando

En algunos relatos, las figuras parentales estaban ausentes de todo lo que los menores contaban sobre su vida en casa. En otras entrevistas, los menores no describieron ninguna situación ni actividad positiva en la que intervinieran sus figuras parentales. En esos casos, podían describir que su padre o su madre hacían cosas como trabajar, ver la tele o dormir. Pero no ofrecían ningún relato de actividades realizadas juntos. La siguiente cita procede de un menor que describe sentirse contento cuando toda la familia estaba en casa. La persona entrevistadora preguntó qué hacían y el menor respondió:

Entonces, entonces mamá ve la tele de mayores. Y papá, yo- se sienta y yo y John bailamos y papá pone el Playdance y… y papá está trabajando (Josef, 3 años)

Cuando las figuras parentales estaban ausentes del relato, los menores describían en cambio, por ejemplo, que se sentían contentos cuando estaban a solas, cuando jugaban con amistades o cuando hacían cosas con sus hermanos o hermanas.

Mis hermanos son mis ayudantes

En relación con la ausencia de las figuras parentales en los relatos de los menores, recogida en la subcategoría Mamá ve la tele y papá está trabajando, se encuentran las descripciones de cómo recurrían a la fratría o a su animal de compañía en busca de consuelo y ayuda. Una niña contó que, cuando se sentía «a medias», estaba con sus hermanos y su gato:

Mi hermana mayor y mi bebé y mi gato… Porque en realidad son mis consoladores… Me consuelan (Heather, 4 años)

La misma niña se refería también a sus hermanos como sus «ayudantes», que le daban apoyo y ayuda cuando lo necesitaba. Los menores expresaron también que la fratría podía ayudarles a sentirse mejor en una situación de conflicto con las figuras parentales:

Participante: Él- él- mmm, él- él me hizo reír… Sí, me hizo cosquillas en los pies. Persona entrevistadora: Sí, ¿y cómo te sentiste? Participante: Feliz (Calvin, 5 años)

Quiero que todo el mundo esté contento

Algunos menores expresaron que querían que todo el mundo en la familia estuviera contento. Estas afirmaciones no se formulaban como si los miembros de la familia estuvieran contentos, sino más bien como el deseo de que así fuera. En el siguiente extracto, el menor señala a los miembros de la familia en la pantalla del ordenador y expresa que todos deberían estar contentos:

Participante: Pero, pero ese también, y esa [señala en la pantalla la figura de la madre] Persona entrevistadora: ¿Está mamá contigo cuando estás feliz? Participante: Sí Persona entrevistadora: ¿Y qué hacéis entonces, cuando estás feliz y en casa? Participante: Quiero que esa también esté contenta, y ese está contento [señala a miembros de la familia] […] y ese contento y ese contento [señala a miembros de la familia] (Casey, 4 años)

Estas afirmaciones solían ir acompañadas de la ausencia de ejemplos de interacciones positivas con los miembros de la familia.

Interacciones familiares positivas y seguras

Esta categoría constaba de cuatro subcategorías: Todo el mundo juega junto, Tenemos un viernes por la noche acogedor en casa, Acudo a mis padres en busca de consuelo y Resolución del conflicto. Las interacciones positivas abarcaban hacer cosas juntos, como jugar o crear, así como estar cerca de una manera más física y acogedora. Los menores describieron también cómo sus figuras parentales les consolaban cuando estaban tristes o enfadados, ya fuera por haberse hecho daño o tras conflictos con la fratría. Además, los conflictos entre figuras parentales y menores se resolvían. Esta categoría se caracterizaba por una sensación de seguridad en la relación parentofilial, y por eso recibió este nombre.

Lo significativo de estas subcategorías eran las descripciones breves, que no solo carecían de detalles, sino también de ejemplos de cualquier interacción recíproca, así como de descripciones temporales. En ese sentido, estas afirmaciones se parecían más a descripciones genéricas que a relatos vivos y llenos de color.

Todo el mundo juega junto

Los menores describieron que jugar con toda la familia les ponía contentos. Pusieron ejemplos de reírse juntos o de hacer cosquillas a una figura parental. En comparación con los relatos relacionados con sentirse triste o enfadado, las experiencias asociadas a sentirse contento eran considerablemente menos detalladas. Un menor describió que estaba con su madre y su padre cuando se sentía contento. La persona entrevistadora preguntó qué hacían entonces y respondió:

Mmm, hacer cosas buenas. Y eso fue todo (Yasmin, 5 años)

Tenemos un viernes por la noche acogedor en casa

Los menores describieron que hacer cosas agradables con sus figuras parentales les ponía contentos. Algunos ejemplos eran pintar, montar en bicicleta juntos o hablar de cosas que les interesaban.

Persona entrevistadora: Cuando estás en casa, ¿alguna vez te sientes así? ¿Feliz? Participante: [asiente] Persona entrevistadora: Mmm, cuéntame, ¿quién está contigo? Participante: Papá. Persona entrevistadora: Papá. ¿Y qué hacéis? Participante: No sé. Persona entrevistadora: ¿Cuando estás feliz? Qu- Participante: Dibujar (Hamzah, 3 años)

Un menor puso también el ejemplo de sentirse contento al ver a su padre y a su madre bailar juntos y pasarlo bien. Además, la tradición sueca del viernes por la noche acogedor en casa (pasar tiempo con toda la familia) se describió también como un buen momento con las figuras parentales y la familia.

Varios menores describieron que les gustaba acurrucarse con una o ambas figuras parentales, o estar físicamente cerca de ellas, y que eso les ponía contentos.

Mamá me da besos, así mmumumum (Adam, 6 años)

Un menor describió que la figura parental le preparaba comida especial y le escuchaba siempre, algo que podría entenderse como que la figura parental era atenta con él.

Acudo a mis padres en busca de consuelo

Algunos menores describieron que recurrían a sus figuras parentales en busca de consuelo cuando se sentían tristes. Esto era especialmente frecuente cuando un hermano o una hermana había hecho algo que les había dolido, como pegarles o burlarse de ellos.

Alguien [señala al padre en la pantalla del ordenador] me consuela si me enfado mucho con mi hermano… Cuando se burla de mí (Kaitlyn, 3 años)

Resolución del conflicto

En algunos casos, los menores pudieron poner ejemplos de conflictos que no terminaban con todo el mundo triste, como en la subcategoría anterior Sin solución, todo el mundo está triste. En cambio, describieron que el conflicto terminaba con el menor y sus figuras parentales acurrucados y haciendo las paces.

Vale, al final de la pelea en realidad nos ponemos felices, los dos, ¡y nos abrazamos! (Yasmin, 5 años)

Tema emergente: «Interacción cargada de conflicto entre menores y figuras parentales, con momentos de felicidad»

Al abstraer las categorías que abarcaban los relatos de los menores, se desplegó una imagen que mostraba patrones de interacción en los que la coerción y el conflicto eclipsaban el juego, la ternura y la cercanía. Esto dio lugar a la creación de un tema general denominado «Interacción cargada de conflicto entre menores y figuras parentales, con momentos de felicidad». Los relatos de los menores ponían especialmente de relieve la presencia y la fuerza de la interacción negativa con las figuras parentales, a la vez que dejaban entrever otros modos de interacción que los menores anhelaban.

Dentro de este tema aparecieron dos modos de interacción distintos, alimentados por las cuatro categorías. Uno de ellos describía cómo los menores y sus figuras parentales quedaban atrapados en ciclos coercitivos, constituidos por la escalada, peleas que a veces llevaban a la violencia y la ausencia de resolución de los conflictos, mientras el menor buscaba interacciones positivas y consuelo en sus iguales o en la fratría y anhelaba que todo el mundo estuviera contento. En lugar de sentirse felices, los menores expresaban sentimientos no resueltos de tristeza y a veces de enfado. Este modo contenía también un aspecto temporal, en el sentido de que los menores describían cómo avanzaban las cosas dentro del ciclo coercitivo y qué acontecimiento precedía a cuál. El otro modo dejaba entrever interacciones caracterizadas por el juego y la cercanía. No era necesariamente un modo en el que «todo va bien», sino más bien un clima sano para que se desarrollaran interacciones positivas y se resolvieran los conflictos. Llamativamente, este modo contenía mucha menos información: los relatos de los menores eran a la vez más escasos y menos detallados. Los menores se mostraban mucho más propensos a dar respuestas elaboradas al hablar de los aspectos negativos del sistema familiar que de los positivos.

Discusión

Principales hallazgos

El objetivo del presente artículo era explorar las experiencias emocionales y relacionales de menores de 3 a 6 años cuyas familias participaban en un programa de apoyo a la parentalidad. Que sepamos, se trata del primer estudio en el que menores en edad preescolar actúan como informantes en representación de participantes en un programa de parentalidad. Los hallazgos indicaron la existencia de numerosos casos que describían interacciones negativas con las figuras parentales, en las que menores y adultos quedaban atrapados en ciclos coercitivos. Estos relatos estaban marcados por la tristeza y el enfado no resueltos de los menores. Los resultados dejaban entrever también un clima sano para que se desarrollaran interacciones positivas y se resolvieran los conflictos. Sin embargo, estas interacciones familiares positivas eran a la vez más escasas y menos detalladas.

Lo que la infancia describe de los patrones relacionales familiares

Los menores de este estudio describieron tanto prácticas parentales como estilos parentales. Los relatos describían prácticas como la implicación parental y la falta de implicación, que remiten a las prácticas parentales. Pero más destacadas eran las descripciones de estilos parentales, en especial de la crianza severa. Estas descripciones negativas del entorno emocional ofrecen una visión amplia de la vida cotidiana de los menores y de la relación parentofilial a nivel del sistema. Los relatos ilustran la consolidación de la coerción de forma similar a la descripción de Granic y Patterson (2006), según la cual nos vemos «arrastrados por una fuerza invisible que escapa a nuestro control a repetir el mismo tipo de interacción».

Es bien sabido que las figuras parentales deberían centrarse en reforzar las interacciones positivas y abandonar las estrategias parentales coercitivas o severas (por ejemplo, Beauchaine et al., 2005; Galboda-Liyanage et al., 2003; Gardner et al., 2006; Hart & Risley, 1995). Sin embargo, los resultados del presente estudio sugieren que los relatos de los menores revelan un contexto en el que podría ocurrir lo contrario: las interacciones negativas con las figuras parentales eran el modo dominante en su vida. Los menores no solo describieron interacciones negativas, sino también situaciones en las que las figuras parentales perdían el control y recurrían a la violencia. Los menores con problemas de conducta percibidos corren un mayor riesgo de sufrir violencia o una parentalidad coercitiva en casa (Bayer et al., 2012; Hipwell et al., 2008; Lunkenheimer et al., 2017; Rodriguez, 2010), algo a lo que dan voz los relatos de los menores entrevistados. El equipo profesional de Triple P dispone de un plan para abordar la sospecha de maltrato en el hogar cuando surge en el contacto con las familias participantes, que incluye la notificación de las familias a los servicios sociales. Sin embargo, durante el periodo del estudio no se realizó ninguna notificación ni se tomó ninguna otra medida, lo que podría indicar que esta información era desconocida para el equipo profesional (comunicación personal con la coordinación local de Triple P). Esto subraya la importancia de recabar la perspectiva del menor, no solo para obtener una visión diferente de la familia, sino como fuente de información para detectar interacciones familiares disfuncionales y maltrato infantil.

Los menores describieron también cómo compensaban la falta de interacciones positivas con sus figuras parentales buscando apoyo y seguridad fuera de esta díada, en la fratría, las amistades y los animales de compañía. El papel singular de la fratría en la promoción del desarrollo infantil y en la compensación de relaciones parentofiliales disfuncionales se ha explorado en investigaciones anteriores, al igual que el impacto positivo de los animales de compañía en el desarrollo infantil (por ejemplo, Azmitia & Hesser, 1993; Melson, 2003; Milevsky & Levitt, 2005; Triebenbacher, 1998).

Aunque queda fuera del alcance de este estudio, sería interesante evaluar las similitudes y diferencias entre las descripciones que menores y figuras parentales hacen de los patrones relacionales dentro de la familia. Para la edad escolar y edades posteriores, hay datos que sugieren que menores y figuras parentales describen las conductas parentales de forma similar, aunque los menores las describen de manera algo menos favorable que sus figuras parentales (Korelitz & Garber, 2016).

Participación de la infancia

Como se ha descrito más arriba, investigaciones anteriores han subrayado la importancia de los relatos de primera mano de la infancia en familias que son objeto de intervenciones de la sociedad. Sin embargo, el apoyo a la parentalidad y las intervenciones dirigidas a la primera infancia se han desarrollado y evaluado en gran medida tomando como referencia a las figuras parentales y a otras personas adultas significativas. Los resultados del presente estudio muestran que incluso menores de muy corta edad pueden aportar información muy importante sobre sus experiencias, sus relaciones y su bienestar. Los relatos de los menores podrían ser útiles para estudiar los mecanismos por los que se afianza la interacción negativa dentro de la familia y, por extensión, las estrategias necesarias para el cambio. Así, podrían formar parte del proceso de recogida de información con el que comienza cualquier intervención con las familias. Además, los relatos de los menores podrían servir también de motivación para que las figuras parentales cambien sus prácticas de crianza. Como los patrones relacionales se vuelven más estables con el tiempo, las intervenciones tempranas son importantes para desarrollar interacciones positivas y abordar las negativas (Guttentag et al., 2014; Mihelic et al., 2017; Sanders et al., 2000). Esto exige métodos de identificación y de participación de la infancia en una etapa temprana y a una edad temprana.

Entrevistar a menores de 3 a 6 años es poco habitual en la investigación en general, y esto se aplica también a la investigación sobre la parentalidad. Aunque el concepto de ciclo coercitivo se ha estudiado con gran detalle, y la mayoría de los programas de parentalidad basados en la teoría del aprendizaje social se inspiran en él, escasean los estudios que exploran las experiencias que el propio menor tiene de estos patrones. El presente estudio amplía el conocimiento científico ya existente sobre los patrones relacionales poco adecuados en los sistemas familiares al aportar la perspectiva de la infancia.

Para incluir a la primera infancia en la práctica y en la investigación, con el objetivo de captar sus experiencias, pensamientos, emociones y opiniones, se necesitan métodos que tengan en cuenta el nivel de desarrollo y la perspectiva infantil. La entrevista asistida por ordenador IMS, utilizada en el presente estudio, es una herramienta desarrollada para responder a las necesidades de los menores de corta edad en una situación de entrevista. IMS funciona como un apoyo visual estructurado, con representaciones gráficas de emociones, personas, palabras y pensamientos, y el programa lo utilizan conjuntamente el menor y la persona entrevistadora. Se sabe que este formato aumenta la cantidad de información que comparten los menores (Hamond & Fivush, 1991; Peterson et al., 2013; Saywitz & Camparo, 2013) y que alivia su ansiedad y su estrés en las situaciones de entrevista (Calam et al., 2000). IMS puede lograrlo sin comprometer la exactitud del recuerdo infantil (Fängström et al., 2016). Es probable que la estructura de IMS, que incluye una exploración sistemática de las emociones de los menores y de las relaciones y experiencias asociadas, les haya ayudado a expresar su perspectiva. Investigaciones anteriores han mostrado que IMS es preferible a los métodos que se basan únicamente en el intercambio verbal de información cuando el objetivo es comprender las experiencias emocionales de la infancia (Fängström & Eriksson, 2020).

Contexto del estudio

El uso de una guía de entrevista y de un método de entrevista validados para el grupo de edad concreto de este estudio, así como el análisis sistemático de los datos, contribuyeron a la credibilidad de nuestros resultados. Además, hemos intentado describir el proceso de análisis con la mayor minuciosidad posible, con la participación de todas las personas firmantes en distintas fases del proceso, para facilitar futuras réplicas del estudio. Este estudio incluyó a 17 menores, lo que exige prudencia al transferir los resultados fuera del contexto específico del estudio. Aunque el programa de parentalidad del que procedían los menores entrevistados está abierto a todas las familias, los análisis de los datos de los cuestionarios sugieren que las familias participantes presentan niveles más altos de problemas relacionados con la salud mental (Dahlberg et al., 2022). Un amplio conjunto de investigaciones de las últimas décadas sugiere que la salud mental de las figuras parentales, por ejemplo el estrés, está estrechamente relacionada con los problemas de conducta infantiles y con el conflicto familiar (por ejemplo, Baker et al., 2002; Jones et al., 2021; Neece et al., 2012; Smith, 2004). Esto limita el grado de transferibilidad, ya que es probable que los menores de este estudio sean más representativos de una muestra clínica que de la población general. Además, no existen estudios en el mismo contexto con los que contrastar y comparar nuestros resultados. Sin embargo, las familias en las que el ciclo coercitivo arrastra a adultos y menores a interacciones negativas repetidas no son en absoluto exclusivas de las personas participantes en este estudio, lo que puede hacer que los resultados sean pertinentes en otros contextos. Aun así, se necesitan más estudios de entrevistas en los que menores en edad preescolar sean quienes responden, para evaluar si las conclusiones de este estudio son aplicables en otros contextos.

Como no se recogieron datos sobre la opinión de las figuras parentales acerca del funcionamiento emocional y conductual de los menores, no sabemos si estos menores son representativos de la infancia de familias que buscan un apoyo general a la parentalidad. Sin embargo, el reclutamiento se realizó en centros de educación infantil de zonas con una composición demográfica muy variada, en cuanto a nivel educativo de las figuras parentales, ingresos generales y país de origen, así como en zonas rurales y urbanas.

Consideraciones éticas

De acuerdo con la legislación sueca, las familias en las que se sospecha que un menor sufre maltrato deben ser notificadas a los servicios sociales. En este estudio se mantuvo un estrecho contacto con los servicios sociales desde el inicio del proyecto, de modo que el equipo investigador podía consultarlos cuando se consideraba que un menor estaba en riesgo. En algunos casos fue necesario notificarlo a los servicios sociales, cuando se sospechaba maltrato en el hogar y la familia necesitaba el nivel de apoyo adecuado.

Conclusiones

Los relatos de este estudio ofrecieron una visión única del contexto emocional y relacional del hogar de menores en familias con altos niveles de conflicto. Los menores describieron con gran riqueza de detalles las interacciones negativas dentro de la familia, en especial las experiencias del ciclo coercitivo y el modo en que los conflictos se intensificaban y quedaban sin resolver. Con las herramientas y el apoyo adecuados, menores de apenas 3 o 4 años pudieron aportar una amplia información sobre su vida. Sostenemos que la perspectiva de la infancia no debe omitirse si se pretende obtener realmente una información completa sobre la familia y los patrones relacionales que la atraviesan. Instamos a que la investigación futura que examine las intervenciones parentales o familiares incluya la perspectiva de la infancia. Esta perspectiva podría incluso utilizarse como parte del proceso terapéutico: presentar a las figuras parentales las experiencias y la visión del mundo de los menores podría ayudarles a introducir los cambios de conducta necesarios para salir del ciclo coercitivo y aumentar las interacciones familiares positivas.

Complexe Systémique: puntos clave

El interés de este estudio reside en dar la palabra a quienes rara vez se pregunta: menores de 3 a 6 años cuyas familias siguen un programa de parentalidad abierto a todo el mundo. Con un apoyo adecuado, estos menores describen con precisión el ciclo coercitivo de Patterson: lo que desencadena la riña, la escalada en la que el grito responde al grito, y después un final sin reparación en el que «todo el mundo está triste». Los momentos de alegría existen, pero siguen siendo breves y vagos, y a menudo es la fratría o un animal de compañía quien ofrece consuelo. Para la práctica sistémica se desprenden dos enseñanzas: el menor es un informante de pleno derecho sobre el bucle relacional, y su relato puede convertirse en una palanca para ayudar a las figuras parentales a salir de él. El estudio recuerda también una exigencia de protección: la violencia descrita por los menores era desconocida para el equipo profesional del programa. Los límites son los de una pequeña muestra sueca, reclutada en un único programa, sin medidas propias de estas familias. Puede leerse junto con el artículo sobre la infancia como interlocutora dialógica en las entrevistas de investigación y el artículo sobre la democracia conversacional en el trabajo social.

Notas del original

Financiación. Este trabajo contó con el apoyo de una subvención conjunta de los principales organismos suecos de financiación de la investigación FORMAS, Vetenskapsrådet, FAS y VINNOVA (subvención n.º 259-2012-68); de la Children’s Welfare Foundation Sweden (subvención n.º 2019-271); y de la subvención clínica ALF del Hospital Infantil Universitario de Uppsala (2018–2020). Financiación del acceso abierto aportada por la Universidad de Uppsala.

Conflicto de intereses. A.D. y K.F. cuentan con autorización para formar en el método de entrevista In My Shoes e imparten esta formación a precio de coste a través de una organización no gubernamental (Barnombudet i Uppsala).

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Traducción no oficial de ‘They Yell and I Yell Back’ Pre-schoolers’ Descriptions of Conflict Laden Interactions at Home, de Anton Dahlberg, Anna Sarkadi y Karin Fängström, Journal of Child and Family Studies, vol. 32, n.o 12 (2023), doi: 10.1007/s10826-023-02691-0, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «‘They Yell and I Yell Back’ Pre-schoolers’ Descriptions of Conflict Laden Interactions at Home», publicado en Journal of Child and Family Studies (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Dahlberg, A., Sarkadi, A., y Fängström, K. (2023). ‘They Yell and I Yell Back’ Pre-schoolers’ Descriptions of Conflict Laden Interactions at Home. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/they-yell-and-i-yell-back-pre-schoolers-descriptions-of-conflict-laden-interactions (Obra original publicada en 2023 en Journal of Child and Family Studies, 32(12), 3835-3847 (2023); republicada en 2023 por Journal of Child and Family Studies, https://link.springer.com/article/10.1007/s10826-023-02691-0)

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