Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Child & Family Social Work · Trabajo social
¿Cómo llega un acogimiento de larga duración a convertirse en una familia para toda la vida? A partir de los relatos de 22 personas adultas jóvenes irlandesas que crecieron en acogimiento familiar, un estudio de trabajo social muestra que la permanencia no se decreta: se cocrea día a día, entre la persona acogida y su familia de acogida, a través de palabras, celebraciones, fotos, crisis superadas juntos y, a veces, una adopción tardía que la sella.
Traducción no oficial al español de Negotiating Permanence for Young People in Long-Term Foster Care: A Process of Co-Creation Between Young People and Their Foster Carers, de Sinead Whiting, publicado en Child & Family Social Work (Wiley) (2026), doi: 10.1111/cfs.70201, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla 1 se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
En los relatos de las personas participantes, la adopción no se describió como el comienzo de la permanencia, sino como el reconocimiento legal de unas relaciones que ya se vivían como seguras y duraderas.
Sinead Whiting
Resumen
Establecer la permanencia para las personas jóvenes que crecen bajo el sistema de protección se reconoce ampliamente como un elemento central para promover la estabilidad y unos resultados positivos. Históricamente, la permanencia se ha entendido sobre todo como un estatus legal; sin embargo, la investigación contemporánea pone cada vez más el acento en la permanencia relacional, subrayando la importancia de relaciones duraderas y de apoyo. Aunque la investigación existente indica que las personas jóvenes valoran más la permanencia relacional que la permanencia legal, pocos estudios han examinado cómo se establece y se mantiene la permanencia relacional en el acogimiento familiar de larga duración. Este artículo presenta los resultados de un estudio cualitativo irlandés con 22 personas adultas jóvenes (de 20 a 30 años) que crecieron en acogimiento familiar de larga duración y que se identificaron a sí mismas como personas que habían vivido la permanencia. En entrevistas semiestructuradas se invitó a las personas participantes a reflexionar sobre su vida actual y sobre sus experiencias de crecer en acogimiento familiar. Los datos se analizaron mediante un análisis temático reflexivo. Los resultados muestran que la permanencia relacional se establece mediante un proceso dinámico de cocreación a lo largo del tiempo, en el que participan tanto las personas jóvenes como sus familias de acogida. Estas acciones se conceptualizan como «exhibición de la permanencia» (permanence display), noción que recoge cómo la permanencia se pone en acto y se demuestra dentro y fuera de la familia de acogida. El estudio hace avanzar la comprensión de la permanencia como un proceso relacional y negociado, y señala implicaciones para las políticas y la práctica del trabajo social, en particular para acompañar las transiciones de las personas jóvenes a la vida adulta.
Está bien establecido que la permanencia tiene una importancia crucial para las personas jóvenes que crecen en acogimiento familiar de larga duración (Schofield et al. 2024; Burge 2020; Moran et al. 2020; Neil and Beek 2020; Pérez 2017; Biehal 2014). Por ello, una vez establecido que una persona menor de edad no volverá a vivir con su familia de origen, muchos sistemas occidentales de protección a la infancia dan prioridad a garantizar la permanencia, con el objetivo principal de atenuar las numerosas dificultades adicionales a las que se enfrentan las personas jóvenes con experiencia en el sistema de protección. Estas dificultades se presentan en ámbitos clave como la educación (Ellis and Johnston 2024; Brady and Gilligan 2020), la vivienda (Palmer et al. 2022; Gypen et al. 2017), el empleo (Soyez et al. 2024; Arnau-Sabatés and Gilligan 2015) y la salida del sistema de protección (Stein 2012).
Anteriormente, la permanencia se entendía en gran medida como equivalente a los vínculos legales entre una persona joven y quienes la cuidan. Garantizar la permanencia legal mediante la adopción era una política clave en jurisdicciones occidentales como el Reino Unido y los Estados Unidos (Biehal 2014; Tefre 2015). En esas circunstancias, la adopción tenía como finalidad favorecer experiencias y resultados positivos para las personas jóvenes que crecían en acogimiento de larga duración (Rolock and Pérez 2018). Sin embargo, en los debates contemporáneos, la permanencia se entiende de manera más amplia y se reconoce cada vez más que se basa en otros factores, más allá del establecimiento de vínculos legales. Cuestiones como la duración de un acogimiento y el desarrollo de vínculos sólidos y duraderos entre una persona joven y quienes la cuidan, u otra persona adulta importante, lo que se denomina permanencia relacional, se consideran también centrales (Ball et al. 2021; Moran et al. 2020; McSherry and Fargas-Malet 2018).
La investigación indica cada vez más que las personas jóvenes bajo el sistema de protección valoran más la permanencia relacional que la permanencia legal, y ha empezado a describir qué aspecto tiene la permanencia relacional en su vida cotidiana (Salazar et al. 2018; McSherry and Fargas-Malet 2018; Pérez 2017). Aunque esta literatura ha puesto de relieve la importancia de la permanencia relacional, la investigación que explora cómo entienden estas experiencias las personas jóvenes que han crecido en acogimiento familiar de larga duración está bien asentada. En particular, Schofield (2002, 2003) realizó un estudio retrospectivo con 40 personas adultas jóvenes de 18 a 30 años que habían crecido en acogimiento familiar en Inglaterra, en el que exploraba sus relaciones con sus familias de acogida de larga duración y que dio lugar a relatos en los que resuenan los temas de la pertenencia y de la condición de miembro de la familia. Sin embargo, la investigación empírica que describe cómo se desarrolla la permanencia relacional a lo largo del tiempo en las familias de acogida de larga duración es escasa. Este artículo contribuye a este ámbito presentando los resultados de un estudio cualitativo realizado en Irlanda con personas adultas jóvenes que crecieron en acogimiento familiar de larga duración, basándose específicamente en un elemento del estudio más amplio, que exploraba las experiencias vividas de permanencia de las personas jóvenes en el acogimiento familiar de larga duración. Los resultados que se presentan aquí se centran específicamente en los relatos retrospectivos de las personas participantes sobre cómo se desarrollaron y se mantuvieron en el tiempo relaciones duraderas con sus familias de acogida. Estos resultados ponen de relieve formas en que la permanencia se vivió y se cocreó en la vida familiar cotidiana. El artículo concluye examinando las implicaciones de estos resultados para las políticas y la práctica del trabajo social en un ámbito clave del trabajo social con la infancia y la familia.
La planificación de la permanencia ha sido un eje central de las políticas de protección y bienestar de la infancia, en particular en el Reino Unido y los Estados Unidos, durante muchas décadas, y se ha descrito como «el sello distintivo de las políticas y prácticas de protección a la infancia» (Pérez 2017, 179). La atención a la permanencia surgió en medio de preocupaciones persistentes y de larga data sobre la «deriva» (drift) en el acogimiento familiar (Neil and Beek 2020, 77), caracterizada como una «estancia prolongada lejos de la familia natural sin un objetivo claro de que la persona menor regrese ni de encontrarle otro hogar permanente» (James 2004, 1). Las respuestas a estas preocupaciones sobre la deriva pusieron el acento en la planificación de la permanencia para las personas jóvenes bajo el sistema de protección (Rolock and Pérez 2018; Rolock and White 2016; Neil and Beek 2020), basándose en la convicción de que la inestabilidad y la incertidumbre de los acogimientos repercutían negativamente en las experiencias cotidianas de la infancia y de que los acogimientos legalmente permanentes contrarrestarían este efecto (Rolock and White 2016). Sin embargo, con el tiempo, la comprensión de la permanencia ha evolucionado más allá de la atención exclusiva al estatus legal y hoy incorpora la idea de permanencia relacional.
Para algunas investigadoras e investigadores, ampliar las definiciones de familia ha sido fundamental para comprender cómo desarrollan las personas jóvenes un sentimiento de pertenencia en su familia de acogida. Se ha sostenido, por ejemplo, que la presencia de prácticas familiares compartidas (Morgan 2011) y de exhibición familiar (family display; Finch 2007) contribuye a crear y a reconocer las relaciones familiares, lo que refleja un desplazamiento hacia una concepción de la familia como algo que las personas «hacen» más que algo que «son» (Fargas-Malet and McSherry 2020), y no como algo definido por vínculos legales o biológicos. Finch (2007, 77) introdujo el término «exhibición familiar» para describir «la transmisión de significados a través de las interacciones sociales y el reconocimiento de esos significados por parte de otras personas relevantes»; aunque estos conceptos no se desarrollaron específicamente en relación con el acogimiento familiar, Finch (2007) y Morgan (2011) subrayan la importancia de cultivar y desarrollar las relaciones de modo «que sus cualidades “de tipo familiar” queden “establecidas positivamente”» (Finch 2007, 80).
Partiendo de estas ideas y de otros trabajos, como los de Sinclair (2005) y Bullock et al. (2006), MacDonald (2016) recurrió al concepto de Sinclair de «permanencia puesta en acto» (enacted permanence) para describir cómo las familias de acogida y las personas jóvenes a su cargo se implican en prácticas familiares y en la exhibición familiar para crear activamente un sentimiento de familia, incluso en ausencia de permanencia legal. La permanencia puesta en acto se refiere a familias de acogida que eligen vivir como si fueran una familia, demostrando pertenencia, compromiso y obligación mutua a través de las interacciones cotidianas. Trabajos posteriores de MacDonald y su equipo (MacDonald et al. 2025) han desarrollado aún más esta perspectiva, mostrando que las prácticas de las familias de acogida pueden prolongarse más allá del fin formal del acogimiento y ser vividas por las personas jóvenes como duraderas y de tipo familiar.
En conjunto, este corpus de trabajos aporta claves importantes sobre cómo la pertenencia familiar puede construirse de manera relacional en el acogimiento familiar. Sin embargo, aunque estos conceptos iluminan qué aspecto pueden tener las relaciones de tipo familiar, prestan menos atención a cómo se negocia y se mantiene la permanencia relacional a lo largo del tiempo en los acogimientos familiares de larga duración. En particular, sigue habiendo pocos análisis empíricos sobre cómo las personas jóvenes y sus familias de acogida cocrean compromisos relacionales duraderos durante la infancia y la adolescencia, antes de la salida del sistema de protección. Esta es la laguna que el presente artículo pretende abordar.
Las primeras conceptualizaciones de la permanencia se centraban en la permanencia legal, y algunos sistemas de protección a la infancia daban prioridad a la adopción para las personas jóvenes que no podían volver a vivir con su familia biológica. En una importante crítica de las políticas de permanencia del sistema de protección a la infancia de los Estados Unidos, Stott y Gustavsson (2010) examinaron la permanencia desde múltiples perspectivas, poniendo de relieve las tensiones entre las nociones de permanencia definidas legalmente y las experiencias vividas de las personas jóvenes bajo el sistema de protección. Llamaron la atención sobre las implicaciones a largo plazo para las personas jóvenes que no establecen una permanencia legalmente reconocida antes de la edad adulta y abogaron por conceptualizaciones más amplias de la permanencia, que fueran más allá de los meros dispositivos legales.
A partir de esta crítica, la investigación posterior ha situado cada vez más en primer plano las dimensiones relacionales de la permanencia. Por ejemplo, Pérez (2017) demostró que la adopción no garantiza la permanencia relacional en la edad adulta. Su investigación describía cuatro categorías distintas de permanencia relacional: duradera, ambivalente, rechazada y rota. Aunque estas categorías iluminan la naturaleza cambiante y dinámica de la permanencia, no abordan cómo se desarrolla una permanencia relacional duradera en las relaciones de cuidado. Otros estudios han intentado definir la permanencia relacional de forma más explícita. Por ejemplo, McSherry y Fargas-Malet (2018, 124) describen la permanencia relacional como «una relación duradera y de apoyo entre una persona joven y una persona adulta que la cuida». Aunque estos trabajos han sido decisivos para establecer la importancia de la permanencia relacional, hay pocos datos empíricos que describan cómo se desarrollan y se mantienen estas relaciones a lo largo del tiempo, en particular desde la perspectiva de las propias personas jóvenes. Es este aspecto de la permanencia relacional, cómo se vive y se establece la permanencia en las relaciones cotidianas del acogimiento familiar a lo largo del tiempo, el que constituye el objeto de este artículo.
Este estudio se realizó en Irlanda con 22 personas adultas jóvenes, todas ellas criadas en el sistema irlandés de acogimiento familiar y que se identificaron a sí mismas, conforme a los criterios de selección del estudio, como personas que habían vivido la permanencia en sus acogimientos familiares. En Irlanda, Tusla, la Child and Family Agency (en adelante, Tusla), es el principal organismo responsable de la protección y el bienestar de la infancia, incluido el cuidado alternativo. Tusla se creó en 2014 con el mandato específico de ofrecer un enfoque más integrado y centrado en la infancia de los servicios de protección y bienestar infantil, incluidos los servicios para la infancia en acogimiento familiar (Gilligan 2019).
Históricamente, Irlanda dependía en gran medida del acogimiento residencial o institucional. El paso a un sistema que coloca a la mayor parte de la infancia tutelada por el Estado en acogimientos de tipo familiar se ha producido en un contexto político internacional más amplio que favorece cada vez más los acogimientos de tipo familiar (Gilligan 2019). Además, en Irlanda ha habido otros cambios, como la reducción gradual de la influencia de la Iglesia católica, el aumento de los servicios públicos de trabajo social y la preferencia del personal de trabajo social por los acogimientos de tipo familiar, así como factores pragmáticos como la mejora de las asignaciones económicas al acogimiento familiar y el mayor recurso a entidades privadas de acogimiento familiar (Gilligan 2019; Munro and Gilligan 2013).
La política irlandesa contemporánea de protección a la infancia da clara prioridad al acogimiento familiar como principal opción de acogida para la infancia tutelada por el Estado. El objetivo declarado de Tusla es que el 90% de la infancia bajo el sistema de protección se encuentre en acogimiento familiar (Tusla Child and Family Agency 2025a). En abril de 2025 (final del primer trimestre), 5783 menores estaban bajo la tutela del Estado, de los que 5041 (87,2 %) se encontraban en acogimiento familiar, ya sea en familia ajena (71%) o en familia extensa (29%) (Tusla Child and Family Agency 2025b). Es importante señalar que la política de planificación de la permanencia de Tusla reconoce el acogimiento familiar de larga duración como una opción de permanencia viable y adecuada para parte de la infancia, en particular cuando la reunificación o la adopción no se consideran apropiadas. Por tanto, la planificación de la permanencia en Irlanda va más allá de la sola permanencia legal y pone el acento en la estabilidad, la continuidad de los cuidados y el mantenimiento de relaciones duraderas a lo largo del tiempo. En este marco político, el acogimiento familiar de larga duración puede planificarse formalmente como un acogimiento permanente, con la expectativa de que la infancia en acogimiento de larga duración permanezca con su familia de acogida hasta la edad adulta cuando sea posible (Tusla Child and Family Agency 2020). La permanencia legal mediante la adopción no se utiliza habitualmente en el sistema irlandés de protección a la infancia. Los datos más recientes disponibles muestran que en 2024 solo 45 menores, es decir, el 0,8 % de toda la infancia bajo el sistema de protección, fueron objeto de adopción desde el acogimiento familiar (Adoption Authority of Ireland 2024). Sin embargo, esto no significa que no exista permanencia en el sistema irlandés de protección a la infancia; de hecho, cabe distinguir entre la permanencia legal registrada y otras formas de permanencia, como la permanencia relacional.
Una forma de considerar la permanencia relacional es examinar las situaciones de convivencia posteriores a la salida del sistema de protección de las personas jóvenes que crecen en acogimiento familiar de larga duración. La edad legal de salida del sistema de protección en Irlanda es de 18 años. Tusla presta servicios de acompañamiento posterior (aftercare) a «todas las personas jóvenes de entre 16 y 21 años que hayan pasado 12 meses bajo la tutela del Estado, con Tusla o con el HSE, entre los 13 y los 18 años. Los servicios de acompañamiento posterior siguen estando disponibles hasta los 23 años para quienes cursen una formación o estudios acreditados» (Tusla Child and Family Agency 2025c). Al cumplir 18 años, las personas jóvenes tienen derecho a percibir una prestación de acompañamiento posterior. Datos recientes muestran que el 46%, es decir, 1018 personas jóvenes que percibían esta prestación, seguían viviendo con su familia de acogida entre los 18 y los 22 años (Tusla Child and Family Agency 2025b). Estas cifras sugieren que seguir con la familia de acogida más allá de la edad legal de salida del sistema de protección es un rasgo significativo del panorama irlandés de la salida del sistema. Sin embargo, estas estadísticas solo ofrecen una perspectiva sobre la cuestión. Aunque las cifras indican que «seguir viviendo con la familia de acogida sigue siendo una categoría importante de alojamiento para las personas jóvenes que salen del sistema de protección más allá de los 18 años» (Brady et al. 2025, 390), no revelan la naturaleza ni la durabilidad de su relación con su familia de acogida. Por tanto, esta información aporta pocas claves sobre si existía permanencia relacional en estos acogimientos familiares o sobre cómo se estableció.
Cuando en Irlanda se adopta a personas jóvenes desde el acogimiento familiar, suelen ser adoptadas por su familia de acogida de larga duración (Adoption—Domestic Adoption), con la que ya han establecido una permanencia relacional. En conjunto, el reconocimiento político del acogimiento familiar de larga duración como opción de permanencia, las tasas de adopción relativamente bajas y la elevada proporción de jóvenes que, al salir del sistema de protección, siguen con su familia de acogida en la edad adulta hacen del contexto irlandés un marco especialmente adecuado para explorar cómo se desarrolla y se negocia la permanencia relacional en el acogimiento familiar de larga duración. Esto confiere al contexto irlandés relevancia no solo a escala nacional, sino también para otras jurisdicciones que buscan comprender mejor cómo se forman y se mantienen relaciones duraderas en el acogimiento familiar de larga duración.
Este artículo se basa en los resultados de un estudio más amplio que exploraba las experiencias vividas de permanencia de las personas jóvenes en el acogimiento familiar de larga duración (Whiting 2023); el presente artículo se centra específicamente en los relatos de las personas participantes sobre cómo se formaron y se mantuvieron relaciones duraderas a lo largo del tiempo. El estudio obtuvo la aprobación ética de los comités de ética de la investigación de la School of Social Work and Social Policy del Trinity College Dublin (Ethics ID 843) y de Tusla, la Child and Family Agency.
En la investigación participaron veintidós personas adultas jóvenes de entre 20 y 30 años. Todas habían crecido en acogimiento familiar de larga duración y se identificaron a sí mismas, conforme a los criterios de selección del estudio, como personas que habían vivido la permanencia en sus acogimientos familiares de larga duración. Uno de los objetivos clave del estudio era recoger una diversidad de experiencias de permanencia; por ello, los materiales de captación describían la permanencia a la vez como relacional y como legal.
Las personas participantes se captaron mediante un muestreo intencional (Lune and Berg 2017), a través de una combinación de intermediarios en Tusla, servicios de acompañamiento posterior, organizaciones de apoyo al acogimiento familiar y redes sociales. Los materiales de captación exponían explícitamente que el estudio se centraba en la permanencia en el acogimiento familiar de larga duración e invitaban a participar a personas adultas jóvenes que sintieran que esta descripción se correspondía con su propia experiencia. A efectos de la captación, la permanencia se describió en términos tanto relacionales como legales. Los criterios de inclusión exigían que las personas participantes: (i) hubieran crecido en un acogimiento familiar estable y de larga duración, definido como haber vivido con la misma familia de acogida durante al menos 5 años antes de cumplir los 18, y (ii) siguieran manteniendo una relación estrecha con su familia de acogida en la edad adulta. Las personas adultas jóvenes que habían sido adoptadas por su familia de acogida también podían participar. Este enfoque pretendía garantizar que la muestra reflejara una diversidad de experiencias entre las formas legales y relacionales de la permanencia, permitiendo al mismo tiempo que las personas participantes se autoseleccionaran en función de su propia comprensión de sus relaciones de acogimiento.
La tabla 1 ofrece una visión general de la muestra final. Como puede verse, nueve de las personas participantes habían sido adoptadas por su familia de acogida de larga duración, mientras que las demás describían relaciones duraderas con su familia de acogida sin adopción legal. Esta composición permitió explorar la permanencia tal como se vive y se experimenta, y no únicamente como un estatus legal.
Tabla 1 — Visión general de las personas participantes en el estudio
Los datos se generaron mediante entrevistas cualitativas semiestructuradas que incorporaban elementos de un enfoque narrativo. Este enfoque se utilizó para ayudar a las personas participantes a describir sus experiencias vividas del acogimiento familiar y sus relaciones con su familia de acogida a lo largo del tiempo. Las entrevistas se centraban inicialmente en la vida y las circunstancias actuales de las personas participantes. Al hablar de sus relaciones actuales con su familia de acogida, las personas participantes reflexionaban con frecuencia, y de forma espontánea, sobre sus experiencias de crecer en su familia de acogida. La persona investigadora utilizó preguntas de profundización para explorar más a fondo estos relatos, generando datos que permitían comprender cómo las personas participantes vivieron y negociaron la permanencia mientras crecían en acogimiento familiar.
Las entrevistas se realizaron entre octubre de 2019 y octubre de 2020. Debido a las restricciones sanitarias derivadas de la pandemia de covid-19, las entrevistas realizadas entre junio y octubre de 2020 tuvieron lugar en línea a través de MS Teams. En total, seis entrevistas se realizaron en persona y 16 en línea. Todas las entrevistas se grabaron en audio y fueron transcritas literalmente por la persona investigadora. Se asignaron seudónimos a todas las personas participantes y se modificaron los datos identificativos para proteger la confidencialidad.
Para analizar los datos recogidos en este estudio se utilizó el «análisis temático reflexivo» (Braun and Clarke 2022). Siguiendo el marco en seis fases de Braun y Clarke (2006), la persona investigadora comenzó transcribiendo personalmente cada entrevista de forma literal y releyendo las transcripciones para familiarizarse con los datos. A continuación, cada transcripción se codificó línea por línea con NVivo. Se generaron códigos descriptivos abiertos, y algunos fragmentos se asignaron a varios códigos. Después, los códigos se revisaron en el conjunto de los datos y se identificaron cuatro grandes temas candidatos, relativos a las relaciones de las personas participantes con su familia de acogida, a sus relaciones con el mundo exterior durante la transición a la vida adulta, a sus vínculos con su familia biológica y a su sentido de sí y su identidad. Estos temas se revisaron y afinaron, y se identificaron subtemas para recoger la diversidad dentro de cada tema. En todo momento, el análisis se nutrió del contacto continuo de la persona investigadora con los datos y de la atención a cómo se construían los significados en los relatos de las personas participantes. Mediante este proceso analítico se identificó un tema relativo a «negociar la permanencia mientras se crece en acogimiento familiar», que ilumina cómo describían las personas participantes el desarrollo de relaciones duraderas, de pertenencia y de compromiso en su familia de acogida de larga duración a lo largo del tiempo. Este tema y sus subtemas son el objeto de este artículo.
La persona investigadora abordó este estudio desde una posición cualitativa e interpretativa, reconociendo que el conocimiento se coconstruye a través del proceso de investigación (Mason 2017). La reflexividad fue un componente integral tanto de la generación como del análisis de los datos. Dado que la reflexividad es una «característica fundamental» (Braun and Clarke 2022, 5) del análisis temático, la persona investigadora mantuvo una reflexión continua sobre su trayectoria profesional en el trabajo social, sus presupuestos sobre la permanencia y su posición en relación con las personas participantes, en particular dado el carácter sensible de las experiencias en el sistema de protección. Se llevaron memorandos reflexivos a lo largo de todo el proceso de investigación, y se recurrió a la supervisión académica para apoyar un examen crítico de cómo las perspectivas de la persona investigadora podían haber influido en la recogida de datos, en la interpretación y en la elaboración de los temas.
En esta sección se presentan los principales resultados del estudio relativos a cómo las personas participantes describieron el desarrollo y la negociación de relaciones duraderas en el acogimiento familiar de larga duración. En concreto, los resultados se centrarán en cómo las personas jóvenes y su familia de acogida cocrearon un sentimiento de permanencia a lo largo de todo el tiempo que la persona joven pasó en acogimiento. La cocreación de la permanencia remite a una multitud de acciones cotidianas aparentemente pequeñas, así como a acciones más significativas que se produjeron a lo largo de la vida de la persona joven. En esta sección de resultados se abordarán temas como la cocreación de la permanencia en las experiencias del día a día, en los acontecimientos y celebraciones familiares, en las experiencias difíciles, en los vínculos con la familia biológica y en acontecimientos más significativos como la adopción. Un elemento clave de la cocreación que se identificó es que se trata de una acción o de acciones en las que participan tanto la persona joven como su familia de acogida, y que no es una acción única, sino una multitud de acciones que se producen con frecuencia y a lo largo del tiempo. Partiendo del concepto de Finch (2007) de «exhibir la familia» (displaying family) y del de «permanencia puesta en acto» de MacDonald (2016), las acciones que realizan las personas jóvenes y su familia de acogida pueden entenderse como una forma de «exhibición de la permanencia». La exhibición de la permanencia remite a la manera en que las personas jóvenes y su familia de acogida se demuestran mutuamente, y demuestran al mundo exterior, que su relación se basa en la permanencia. A continuación se describen con más detalle ejemplos de cocreación de la permanencia.
Gran parte de lo que las personas participantes describieron en sus entrevistas tenía que ver con su vida cotidiana y con las múltiples maneras, tanto subjetivas como objetivas, en que cocrearon la permanencia con su familia de acogida. Un ejemplo frecuente tiene que ver con el lenguaje: muchas personas participantes contaron que elegían llamar a su madre y su padre de acogida «mamá» y «papá» para indicar su cercanía cuando describían su relación ante otras personas. La mayoría de las personas participantes describían a su familia de acogida como su madre y su padre, y señalaban que su familia de acogida se refería a ellas como su hijo o su hija. Gillian, casada y de algo menos de 30 años en el momento de la entrevista, contó que lo hacía a pesar de que la profesional de trabajo social que llevaba su caso le pedía que llamara a su familia de acogida por sus nombres de pila. Gillian dijo:
Los servicios sociales querían que llamara a mi (madre y padre de acogida) por sus nombres, pero yo siempre los he llamado mamá y papá, porque eso es lo que son para mí.
Gillian explicó también que su familia de acogida participa en ello y lo refuerza: cuando alguien les pregunta cuántos hijos e hijas tienen, siempre incluyen tanto a quienes nacieron en la familia como a quienes llegaron en acogida y, algo muy significativo para Gillian, dijo:
Me compran tarjetas de cumpleaños con «Querida hija» escrito en la portada en letras grandes.
Es importante señalar que, aunque las personas jóvenes no llamaran a su familia de acogida «mamá» y «papá» o algo similar, se les seguía reconociendo como la figura parental principal de cuidado. Varias personas participantes describieron a su madre y su padre de acogida «como si» fueran su madre y su padre «de verdad» y, a su vez, contaron que su familia de acogida les trataba «como si» fueran su hijo o su hija «de verdad». Un participante, Ben, que tenía unos 25 años cuando se le entrevistó, dijo de su padre de acogida:
Es mi padre y siempre ha sido mi padre, no le llamo así, pero es lo que es.
Otras personas participantes hablaron de cómo su familia de acogida les incluía en los acontecimientos familiares semanales. Por ejemplo, Eve, que tenía algo menos de 30 años cuando se la entrevistó, dijo de su familia de acogida:
Lo hacían todo por mí y me trataban como a una hija suya… incluso con el deporte… me llevaban a los partidos y… teníamos que hacer tareas de casa, y nos daban la paga.
Eve explicó después por qué esto le demostraba la permanencia:
Si eras parte de la familia hacías las tareas de casa, no había más que hablar.
Así, la asignación de tareas domésticas indicaba a Eve que formaba parte de la familia, y el hecho de que ella lo aceptara indicaba a su familia de acogida que así era también como ella se veía.
Era en estos momentos de crianza ordinaria cuando las familias de acogida realizaban actividades que permitían a las personas jóvenes desarrollar un sentimiento de pertenencia y de permanencia en la familia. A medida que la familia de acogida ejercía la crianza, las personas jóvenes empezaban también a sentir que su hogar de acogida era su hogar y, de este modo, ambas partes cocreaban la permanencia en su vida familiar cotidiana. Joanne, que tenía algo menos de 30 años en el momento de la entrevista, lo ilustraba con la manera en que describía a su familia ante sus amistades del colegio. Contó que, cuando sus amistades le preguntaban por su familia, respondía:
Mi (familia de acogida) no es gente desconocida, hace exactamente lo mismo que tu madre y tu padre, me cuida, me da un techo, es igual que tu madre y tu padre, pero tiene el título de madre de acogida y padre de acogida.
Aunque hubo numerosas descripciones de cómo se cocreaba la permanencia en la vida cotidiana, también se señalaron acontecimientos y ocasiones familiares importantes como momentos que las personas participantes recordaban como especialmente significativos. Por ejemplo, Doreen, que tenía algo menos de 30 años cuando se la entrevistó, recordaba que, para inmortalizar una celebración familiar, una de las hijas o hijos biológicos de su familia de acogida organizó una sesión de fotos en casa. Describió cómo se había quedado a un lado mirando a su familia de acogida hacerse la foto familiar, cuando su madre de acogida le hizo una señal para que se acercara y saliera en la foto. Este episodio tuvo un impacto importante en Doreen, que dijo:
A día de hoy esa foto sigue colgada en su cocina, es una foto enorme, y ellos estaban en plan «claro que tienes que salir»… o sea, que ni siquiera les daba vergüenza esconder[me].
En este gesto se aprecia un proceso de cocreación: no solo la familia de acogida invitó a la participante a salir en la foto, sino que Doreen eligió entrar en ella y sigue atribuyendo sentido a ese episodio muchos años después. Este momento de cocreación de la permanencia ha resonado más allá de la infancia.
Doreen recordaba también un día en que una de las personas que la acogían le puso rápidamente el brazo delante cuando el coche en el que viajaban frenó en seco en una carretera peligrosa. Este momento reforzó en Doreen la conciencia de la profundidad del afecto que esa persona sentía por ella, y esto, a su vez, le permitió comprometerse con la familia. Dijo del incidente:
Pensé… ah, pues sí, [persona de acogida] se preocupa de verdad por mí y no quiere que tenga un accidente… fue tan significativo para mí… ya sé que suena tonto, pero para mí fue muy significativo.
Para otras personas participantes, los grandes acontecimientos familiares, como la Navidad y las fiestas de cumpleaños, fueron momentos clave de su infancia que ofrecieron ocasiones de cocrear la permanencia. Joanne lo subrayaba al hablar de su experiencia en su familia de acogida de larga duración:
En la familia celebrábamos la Navidad, los cumpleaños y los grandes acontecimientos como las comuniones1… cosas normales de familia.
Con esta descripción, Joanne se hace eco de resultados presentes en el conjunto de los relatos de las personas participantes, que subrayaban el valor que concedían al hecho de ser incluidas en la vida familiar y el deseo de las familias de acogida de asegurarse de que la persona acogida viviera su familia como una unidad familiar permanente. A través de estos acontecimientos familiares cotidianos pero significativos se cocreaba la permanencia en los acogimientos de larga duración.
Los resultados del estudio indican que la cocreación de la permanencia no requería un acto legal. Sin embargo, de forma significativa, el establecimiento de vínculos legales en algunos de los acogimientos fue un aspecto importante del proceso de cocreación de la permanencia de estas personas adultas jóvenes. Nueve de las 22 personas participantes fueron adoptadas por su familia de acogida de larga duración. Curiosamente, ocho de esas nueve personas fueron adoptadas a los 17 años, pocos meses antes de cumplir los 18, la edad legal de salida del sistema de protección y de acceso a la mayoría de edad en Irlanda. Sin embargo, pese al carácter aparentemente tardío de estas adopciones, el establecimiento de vínculos legales fue una parte importante de la cocreación de la permanencia para estas personas adultas jóvenes. En los relatos de las personas participantes, la adopción no se describió como el comienzo de la permanencia, sino como el reconocimiento legal de unas relaciones que ya se vivían como seguras y duraderas. Andrea tenía unos 25 años cuando se la entrevistó. Tenía 3 años cuando llegó a su familia de acogida de larga duración, que la adoptó cuando ella tenía 17. Su comentario es representativo de la opinión expresada por todas las personas participantes que habían sido adoptadas. Dijo: «Siempre me sentí parte de la familia, y que me adoptaran simplemente lo consolidó». Fiona, que tenía poco más de 20 años en el momento de la entrevista y también había sido adoptada a los 17 por la familia de acogida con la que vivía desde que era bebé, describió el impacto emocional que tuvo para ella la adopción, al reforzar su sentimiento de seguridad en su familia:
Te sientes igual porque siempre has sido parte de la familia, pero es como que lo legal significa que nadie va a venir a llevarte, ninguna autoridad puede sacarte de tu casa porque esta es tu casa, esta es tu familia.
Para Leah, que también tenía poco más de 20 años en el momento de la entrevista y fue adoptada a los 17 por su familia de acogida de larga duración, con la que vivía desde que tenía apenas unas semanas, el impacto de la adopción y sus implicaciones para ella y su familia se hicieron evidentes cuando su abuelo añadió su nombre al árbol genealógico de la familia tras la adopción:
Me hizo mirar mientras lo hacía [añadir su nombre al árbol genealógico] y dijo que ese era ahora el nuevo árbol genealógico y que se lo iba a mandar a todo el mundo… o sea, cuando me adoptaron, quedó por escrito, en el árbol genealógico… que yo era parte de la familia.
Para Leah, la permanencia se cocreó con su madre y su padre, y también con su familia extensa a través de los gestos de su abuelo. Lo mismo ocurrió con las personas participantes que valoraban la posibilidad de cambiar de apellido, mediante la adopción, para adoptar el de su familia de acogida. Para algunas personas participantes, tener un apellido distinto del de su familia de acogida era un obstáculo para la permanencia. Mary tenía poco más de 20 años cuando se la entrevistó y había sido adoptada por su familia de acogida de larga duración a los 17; contó que usaba extraoficialmente el apellido de su familia de acogida en el colegio. Sin embargo, cuando fue de viaje escolar al extranjero, le preocupaba que sus amistades vieran su pasaporte y se dieran cuenta de que figuraba en él un apellido distinto del que usaba en el colegio. Pero cuando la adoptaron, su nombre cambió legalmente y ese miedo desapareció. Mary contó que se fue de viaje con amistades del colegio tras su adopción, cuando tenía 19 años. Dijo:
Pensé: cualquiera puede ver mi pasaporte, ya no era algo que tuviera que guardarme… [tener el apellido de su familia de acogida en el pasaporte] me dio tranquilidad… fue como quitarme un peso de encima.
Para las personas participantes que fueron adoptadas, su sentimiento de permanencia se vio reforzado por la implicación de su familia de acogida en el proceso de adopción, lo que pone de relieve que la adopción constituye una cocreación de la permanencia. Como dijo Leah:
por lo menos, si te adoptan, quiere decir que alguien te quiere. O sea, mis padres pasaron por un montón de líos para asegurarse de que podían quedarse conmigo.
Las personas participantes en el estudio relataban con frecuencia las dificultades vividas a lo largo de su paso por el sistema de protección, y en particular en la adolescencia. Junto a estas descripciones, las personas participantes hablaban de la disposición de su familia de acogida a abordar los comportamientos inadecuados y a fijar límites y normas que favorecían su desarrollo y les ayudaban a superar esas dificultades. Ingrid, que tenía unos 25 años cuando se la entrevistó, describió una adolescencia tumultuosa que sometió a una dura prueba su relación con su familia de acogida. Sin embargo, al mirar atrás, identificaba su estilo de crianza como decisivo para apoyarla y animarla a cambiar sus comportamientos:
Nunca se rindieron conmigo, aunque yo tenía ganas de rendirme conmigo misma… me daban confianza diciéndome «tú puedes»… me aceptaron tal como era y como parte de la familia.
Este sentimiento lo compartía también Ben, que dijo de la manera en que su familia de acogida afrontó sus años de adolescencia rebelde:
Siempre me repetían que yo valía más que eso, que era más capaz… hicieron que creyera en mí mismo.
Al igual que Ingrid, Ben respondió a la actitud abierta y de apoyo de su familia de acogida introduciendo cambios positivos en su vida porque, como él mismo explicaba, le hicieron sentir algo así como: «vale, estos padres están aquí para mucho tiempo». De este modo, Ben e Ingrid, como otras personas participantes, cocrearon la permanencia con su familia de acogida a través de estos periodos difíciles.
Muchas personas participantes describieron la importancia que seguía teniendo su familia biológica en su vida. Sin embargo, aunque la «copresencia emocional» (Holland and Crowley 2013) de la familia biológica era evidente en todos los casos, el papel preciso de la familia biológica variaba entre las personas participantes. Lo que tenían en común era la capacidad de las familias de acogida para crear un espacio en el que las personas participantes pudieran gestionar estas relaciones complejas. Algunas personas participantes describieron cómo su familia de acogida las había apoyado durante las visitas con su familia biológica a lo largo de su infancia y les había asegurado que no veía la relación de la persona acogida con su familia biológica como una amenaza para sus relaciones dentro de la familia de acogida. Doreen, por ejemplo, contaba que su familia de acogida le decía:
Has venido a vivir a esta casa con nosotros, pero sabemos que tienes otra familia, y no te pedimos que la dejes en la puerta ahora que vives con nosotros.
Para Doreen y otras personas participantes, esta actitud abierta les dio libertad para mantener las relaciones con su familia biológica sin preocuparse por su permanencia en la familia de acogida. Otras personas participantes recordaban que su familia de acogida les animaba activamente a acudir a las visitas incluso cuando no querían. Nora, que tenía poco más de 20 años cuando se la entrevistó, recordaba el día de su primera comunión, cuando su madre biológica estaba en el hospital y no podía asistir ni a la ceremonia en la iglesia ni a la fiesta familiar. Recordaba que su familia de acogida retrasó el comienzo de la fiesta con sus amistades y el resto de la familia para llevarla a ver a su madre. Recordaba que en aquel momento solo tenía 8 años y que estaba enfadada. Sin embargo, al pensarlo ahora, ve lo importante que fue que su familia de acogida hiciera aquello:
Ahora me alegro muchísimo de haber ido, imagínate no ver a tu hija el día de su comunión.
Aunque todas las personas participantes contaron que su familia de acogida se mostraba abierta e inclusiva en lo relativo a la familia biológica, ellas mismas tenían sentimientos encontrados respecto a quienes les dieron la vida y a su fratría biológica. En los casos en que las personas participantes describían no querer ningún contacto o sentir ira o dolor hacia su familia biológica, valoraban la apertura y el apoyo de su familia de acogida para hablar de esos sentimientos. Fiona contó que no quería ningún contacto con su familia biológica desde que cumplió los 18, pero agradecía saber que, si sus sentimientos cambiaban, podría hablarlo con su familia de acogida. Dijo:
Ya no me interesa [ver a su familia biológica], la verdad, pero sé que puedo ir a hablar de ello con mi madre de acogida cuando quiera.
Los ejemplos anteriores son representativos de las experiencias de todas las personas participantes, ninguna de las cuales señaló que la inclusión de la familia biológica en su vida hubiera afectado negativamente a su negociación de la permanencia. Al contrario, todas afirmaron que la apertura de su familia de acogida hacia su familia biológica no hizo sino reforzar sus vínculos y favorecer la cocreación de la permanencia en su acogimiento familiar de larga duración.
Este artículo presenta los resultados de un estudio cualitativo con 22 personas adultas jóvenes que crecieron en acogimiento familiar de larga duración y que describieron haber vivido un sentimiento de permanencia en sus acogimientos. Los resultados presentados se centran en cómo se cocreó la permanencia relacional en estos acogimientos familiares de larga duración. Este proceso de cocreación se produjo de múltiples maneras a lo largo de toda la duración de los acogimientos, mediante las acciones tanto de las personas jóvenes como de sus familias de acogida.
Los resultados presentados en este artículo muestran claramente la importancia del papel compartido de la persona joven y de su familia de acogida en la cocreación de la permanencia a lo largo del tiempo. Al examinar este proceso de cocreación, es posible identificar maneras concretas en que la familia de acogida y la persona joven se demostraban mutuamente, y demostraban al mundo exterior, que estaban cocreando la permanencia. Partiendo del concepto de Finch (2007, 65) de exhibir la familia y de la idea de permanencia puesta en acto de MacDonald (2016), las acciones de las personas jóvenes y de sus familias de acogida mientras cocreaban la permanencia pueden conceptualizarse como una forma de «exhibición de la permanencia». Finch (2007) utiliza el término «exhibición familiar» para conceptualizar cómo la familia se «hace» y se «exhibe» a la vez, y analiza cómo las familias no tradicionales, como las familias reconstituidas, por ejemplo, exhiben la familia para validar su vida familiar ante actores externos y demostrar que «hacen» familia. Finch incluye ejemplos de la vida cotidiana, como leer cuentos a la hora de dormir, así como momentos más significativos en los que se celebran hitos familiares. MacDonald (2016) se basó en el concepto de exhibición familiar de Finch al analizar la «permanencia puesta en acto» en las familias de acogida de larga duración, para describir cómo las familias de acogida demuestran que tienen un sentimiento de permanencia vivida con las personas acogidas. La exhibición de la permanencia se apoya en esta idea y describe cómo, a través de la cocreación de la permanencia, tanto las familias de acogida como las personas jóvenes demuestran al mundo exterior, y se demuestran mutuamente, que su relación se basa en la permanencia. Por ejemplo, las personas jóvenes llamaban a su madre y su padre de acogida «mamá» y «papá» cuando hablaban de ellos con sus amistades, aunque no fuera el término que utilizaban al dirigirse a ellos. Del mismo modo, las personas participantes describían que su familia de acogida las incluía junto a su descendencia biológica al enumerar a los miembros de la familia, algo que resultaba especialmente conmovedor para Gillian, que contó que su madre de acogida le compraba una tarjeta de cumpleaños con «Querida hija» escrito en ella. Esta «exhibición de la permanencia» también era visible en gestos como colocar en un lugar destacado del hogar familiar una foto familiar que celebraba un acontecimiento significativo e incluía a la persona acogida, o incluir el nombre de la persona acogida en el árbol genealógico que luego se comparte con la familia extensa, o incluso acompañar a la persona acogida a citas médicas o escolares. Aunque Salazar et al. (2018) sostienen que las personas jóvenes bajo el sistema de protección definen sus objetivos de permanencia en términos de permanencia relacional y no de permanencia legal, para algunas de las personas participantes en el presente estudio, la adopción fue un aspecto central de la exhibición de la permanencia. En los relatos de las personas participantes, la adopción no se describió como el origen de la permanencia, sino como el reconocimiento legal de unas relaciones que ya se vivían como seguras y duraderas. La adopción representaba una oportunidad de garantizar que la permanencia relacional que vivían en su familia quedara reconocida mediante su estatus legal. En ese proceso, el cambio público de apellido para adoptar el de la familia de acogida funcionaba como una exhibición de la permanencia. Reforzando una vez más el tema de la cocreación, en cada uno de estos ejemplos de «exhibición de la permanencia», tanto la persona joven como la familia de acogida participan en la exhibición de la permanencia, reafirmando ante el mundo exterior y entre sí que están cocreando la permanencia.
La literatura actual pone de relieve la importancia de las experiencias de permanencia en la vida de jóvenes y adolescentes con experiencia en el sistema de protección (Burge 2020; Moran et al. 2020; Neil and Beek 2020; Pérez 2017; Biehal 2014). Aunque algunos sistemas de protección a la infancia siguen dando prioridad a la permanencia legal, los datos de investigación sugieren que la juventud con experiencia en el sistema de protección valora más la permanencia relacional que la permanencia legal (Pérez 2017). El presente artículo amplía ahora este conocimiento al presentar resultados que muestran cómo la permanencia relacional se estableció mediante un proceso de cocreación en acogimientos familiares de larga duración. Comprender mejor el papel que desempeñó la permanencia relacional en las experiencias de las personas jóvenes en el sistema de protección fue esencial para poner de manifiesto, en este estudio, la permanencia como un proceso de cocreación. No había una descripción única de lo que era la permanencia en la vida de estas personas adultas jóvenes, ni la permanencia era algo que se les concediera mediante la permanencia legal. La permanencia se cocreó a lo largo del tiempo, con la participación activa de las personas jóvenes y de sus familias de acogida. Unas relaciones sólidas, basadas en la confianza y en un vínculo emocional entre la persona joven y su familia de acogida, eran fundamentales en las descripciones que las personas participantes compartieron sobre su experiencia de la permanencia durante el acogimiento, y los actos de exhibición de la permanencia les permitían demostrarse mutuamente, y demostrar al mundo exterior, que habían cocreado la permanencia en su familia.
Entender la permanencia como un proceso de cocreación y conceptualizar las acciones de las personas jóvenes y de sus familias de acogida como formas de «exhibición de la permanencia» pone de relieve el papel proactivo que desempeñan las personas jóvenes al negociar la permanencia en sus acogimientos familiares. Moran et al. (2020) subrayan el desfase entre la manera en que las personas jóvenes entienden la permanencia y la manera en que la conciben quienes diseñan las políticas y quienes ejercen en el terreno, pero no atribuyen ningún papel activo a las personas jóvenes en la negociación de la permanencia. Los resultados presentados en este artículo ponen de manifiesto la capacidad de acción de las personas jóvenes y el papel proactivo de sus familias de acogida en la cocreación de la permanencia y en la decisión de exhibirla.
Los resultados de este estudio tienen varias implicaciones. En primer lugar, para las personas participantes en esta investigación no existía una única vía hacia la permanencia relacional, lo que sugiere que las políticas o prácticas orientadas a establecer la permanencia para las personas jóvenes bajo el sistema de protección deberían admitir una diversidad de vías hacia la permanencia. Que las políticas admitan una diversidad de vías ya se ha recomendado en otros ámbitos de las políticas y de la investigación relativos a las personas jóvenes con experiencia en el sistema de protección, por ejemplo, en relación con las trayectorias educativas de esta juventud (Brady and Gilligan 2019). En segundo lugar, la permanencia la cocrean la persona joven y su familia de acogida mediante diversas acciones en las que ejercen su capacidad de agencia, lo que sugiere que, al planificar la permanencia, la persona joven y su familia de acogida deberían participar siempre activamente y estar incluidas en el proceso de toma de decisiones. En tercer lugar, aunque las personas jóvenes y sus familias de acogida valoran la permanencia relacional, la adopción sigue siendo una parte importante de la cocreación de la permanencia para algunas de ellas, incluso cuando ya se ha establecido la permanencia relacional. Profesionales del trabajo social con la infancia y la familia y responsables de las políticas públicas deberían seguir incluyendo la adopción como opción de permanencia, incluso para menores de más edad en acogimiento familiar que ya tienen una permanencia relacional.
Aunque este estudio sitúa en primer plano las experiencias relacionales de las personas jóvenes, estas relaciones se desarrollan dentro de sistemas de protección regulados por ley. Las decisiones que toma el personal de trabajo social y, en su caso, los tribunales configuran la estabilidad de los acogimientos, el régimen de visitas y las expectativas en cuanto al compromiso a largo plazo. Los resultados sugieren que las prácticas profesionales que priorizan la continuidad y el compromiso relacional pueden favorecer la cocreación de la permanencia a lo largo del tiempo, mientras que los cambios frecuentes o la incertidumbre pueden socavarla.
Se trata de un estudio cualitativo a pequeña escala que presenta algunas limitaciones. Pese a los considerables esfuerzos por captar una muestra equilibrada de hombres y mujeres, la mayoría de las personas participantes eran mujeres. La muestra del estudio era además mayoritariamente blanca e irlandesa. Aunque estaban representadas algunas personas participantes de minorías étnicas, su reducido número impidió analizar resultados relativos a las personas adultas jóvenes de estas comunidades con experiencia en el sistema de protección. Este estudio solo recoge además la perspectiva de las personas adultas jóvenes con experiencia en el sistema de protección, y no representa la experiencia vivida de las familias de acogida. Estas limitaciones indican la necesidad de futuras investigaciones con familias de acogida y también con grupos de personas adultas jóvenes de comunidades étnicas minoritarias que hayan vivido un acogimiento familiar con permanencia.
En este artículo se han presentado datos recogidos con 22 personas adultas jóvenes que crecieron en acogimiento familiar de larga duración y que describieron haber vivido un sentimiento de permanencia en sus acogimientos. Los resultados muestran cómo las personas jóvenes y sus familias de acogida cocrearon la permanencia a lo largo del tiempo mediante prácticas cotidianas, acontecimientos familiares significativos y, para algunas personas participantes, el establecimiento de vínculos legales. Partiendo de trabajos conceptuales existentes, se introduce la idea de exhibición de la permanencia como lente analítica para explorar cómo se demuestra la permanencia tanto dentro de la familia de acogida como ante el mundo exterior.
Aunque gran parte de la literatura existente aborda la permanencia sobre todo en términos de decisiones tomadas por responsables de las políticas, profesionales y personas cuidadoras, los resultados de este estudio sitúan en primer plano el papel activo de las personas jóvenes en la cocreación y la exhibición de la permanencia en sus familias de acogida. Aunque cada una de las personas participantes describió haber vivido y cocreado la permanencia, no todas la describieron en los mismos términos. Para algunas, el establecimiento de la permanencia legal mediante la adopción constituyó una parte importante de este proceso, mientras que para otras la inclusión en la vida familiar cotidiana y en las celebraciones familiares significativas fue más central.
Aunque este estudio se sitúa en el contexto irlandés de protección a la infancia, sus resultados son pertinentes más allá de este marco. Irlanda constituye un caso útil para un público internacional, como jurisdicción en la que el acogimiento familiar de larga duración se reconoce explícitamente como una opción de permanencia, lo que permite desplazar la atención del mero estatus legal hacia los procesos relacionales a través de los cuales se vive y se mantiene la permanencia. En este sentido, los resultados permiten comprender cómo puede cocrearse la permanencia relacional en las relaciones de acogimiento familiar de larga duración en distintos contextos de políticas y de práctica.
Este estudio subraya la importancia de la permanencia relacional para las personas jóvenes en acogimiento familiar de larga duración e ilumina cómo se negocia y se mantiene esa permanencia a lo largo del tiempo. Reconocer las diversas maneras en que las personas jóvenes y sus familias de acogida cocrean la permanencia, así como el papel activo que desempeñan las personas jóvenes en este proceso, tiene implicaciones importantes para las políticas y la práctica del trabajo social con la infancia y la familia, en particular para sostener las relaciones de acogimiento familiar de larga duración hasta la edad adulta.
Complexe Systémique: puntos clave
El interés de este estudio es que desplaza la permanencia del estatus al proceso: no la decreta una decisión administrativa, sino que se construye en bucle, y cada gesto de la familia de acogida pide una respuesta de la persona joven, que a su vez confirma el vínculo. El marco sistémico encuentra aquí referencias familiares: la fuerza de los rituales de inclusión (la foto de familia, el árbol genealógico, la tarjeta «Querida hija», las tareas domésticas compartidas), el peso de la nominación («mamá», «papá», el apellido) y la crisis adolescente como prueba que verifica el compromiso. El hallazgo más valioso se refiere a las lealtades: las personas jóvenes se sienten tanto más en casa cuanto que su familia de acogida no les exige dejar a su familia biológica «en la puerta». Para la práctica clínica y del trabajo social, esto implica apoyar estos rituales e implicar a las personas jóvenes y a las familias de acogida en las decisiones. Los límites están claros: relatos retrospectivos, acogimientos logrados autoseleccionados por las personas participantes, 18 mujeres de 22, una muestra mayoritariamente blanca e irlandesa y ninguna voz de las familias de acogida. Puede leerse junto con el artículo sobre cómo las familias de acogida exhiben la familia y el artículo sobre las relaciones de personas adultas jóvenes con experiencia en el sistema de protección con su familia de origen.
Notas del original
1 La «comunión», también «primera comunión», es una ceremonia de la Iglesia católica. Se celebra ampliamente en Irlanda y se considera un hito importante en la vida de una persona joven.
Agradecimientos. Esta investigación se realizó en el marco de una tesis doctoral dirigida por Stephanie Holt (Prof.), School of Social Work and Social Policy, Trinity College Dublin, y Robbie Gilligan (Prof. emérito), School of Social Work and Social Policy, Trinity College Dublin. La autoría desea darles las gracias por su tutela y su apoyo a lo largo de todo el proceso doctoral.
Financiación. La autoría no tiene nada que declarar.
Conflictos de intereses. La autoría declara no tener conflictos de intereses.
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Traducción no oficial al español de Negotiating Permanence for Young People in Long-Term Foster Care: A Process of Co-Creation Between Young People and Their Foster Carers, de Sinead Whiting, Child & Family Social Work, publicación en línea anticipada (2026), doi: 10.1111/cfs.70201, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción al español, tabla presentada en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial son responsables de esta traducción; prevalece la versión original.
Este artículo es la traducción no oficial al español del artículo original «Negotiating Permanence for Young People in Long-Term Foster Care: A Process of Co-Creation Between Young People and Their Foster Carers», publicado en Child & Family Social Work (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
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Whiting, S. (2026). Negotiating Permanence for Young People in Long-Term Foster Care: A Process of Co-Creation Between Young People and Their Foster Carers. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/negotiating-permanence-for-young-people-in-long-term-foster-care (Obra original publicada en 2026 en Child & Family Social Work, publicación en línea anticipada (2026); republicada en 2026 por Child & Family Social Work, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/cfs.70201)
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