Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Adoption & Fostering · Familia
Pasaron hasta veinte meses en los orfanatos rumanos de finales de los años ochenta antes de ser adoptadas en el Reino Unido. Veinticinco años después, catorce de ellas son madres. El equipo del estudio ERA (King’s College London, University of Southampton) entrevistó a estas jóvenes y, por separado, a sus familias adoptivas, que ahora son abuelas y abuelos: orgullo, la sensación de sentirse por fin «completas», pero también, en una de cada cinco, dificultades de organización y para reconocer los riesgos que motivaron la intervención de los servicios sociales.
Traducción no oficial al español de When people adopted from severely depriving institutions become parents: The experiences of young adult mothers from the ERA study and their adoptive parents, de Christopher Edwards, Mark Kennedy, Nicky Knights, Hanna Kovshoff, Jana Kreppner, Barbara Maughan y Edmund J. S. Sonuga-Barke, publicado en Adoption & Fostering (SAGE) (2023), doi: 10.1177/03085759231212500, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista; las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas; no se reproducen la dirección de correspondencia, el identificador ORCID, la declaración de disponibilidad de datos ni las biografías. Christopher Edwards y Mark Kennedy comparten la primera autoría. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Está claro que, en algunos casos, se necesita un apoyo organizado y profesional que complemente el que ya brindan las abuelas y los abuelos adoptivos.
Christopher Edwards, Mark Kennedy, Nicky Knights, Hanna Kovshoff, Jana Kreppner, Barbara Maughan y Edmund J. S. Sonuga-Barke
Resumen
Se ha señalado que las personas adultas adoptadas con antecedentes de maltrato se enfrentan a retos particulares cuando se convierten en madres o padres. Aquí exploramos esta cuestión mediante un análisis cualitativo de las opiniones de 14 madres adoptadas, que sufrieron una privación institucional severa en los orfanatos rumanos de finales de los años ochenta antes de ser adoptadas en el Reino Unido, y de sus madres y padres adoptivos. A partir de un análisis temático, describimos varios beneficios percibidos de la maternidad, así como dificultades y retos concomitantes. Entre los beneficios figuraban una sensación de logro y de realización, una mayor motivación personal y profesional y la experiencia positiva de tener una relación con un familiar biológico. Los retos se referían, en particular, a la capacidad de algunas de estas madres para evaluar los riesgos relacionados con sus hijas e hijos y a dificultades para organizar las actividades cotidianas. El apoyo práctico y emocional de las abuelas y los abuelos adoptivos resultó muy a menudo decisivo para el éxito y el bienestar de estas madres. Se discuten las implicaciones para la investigación y la práctica, subrayando que las dificultades relacionadas con la privación se prolongan en la edad adulta y, en algunos casos, pueden afectar a la capacidad de ejercer la crianza.
Palabras clave: parentalidad, privación institucional, adopción, transición a la parentalidad, adversidad temprana, ERA
Aunque la adopción se considera un proceso que dura toda la vida, la investigación se ha centrado sobre todo en la infancia y la adolescencia y, en consecuencia, las transiciones decisivas hacia la edad adulta y dentro de ella, como el paso a la maternidad o la paternidad, siguen estando en gran medida inexploradas (Greco, Rosnati and Ferrari, 2015; Field and Pond, 2018). Las nuevas responsabilidades de cuidado infantil y los retos que las acompañan exigen a menudo una reorientación fundamental de la vida de una persona, que implica un cambio en su visión de las cosas y en su estilo de vida (Kluwer, 2010). Asumir este papel de cuidado requiere un conjunto de habilidades interpersonales, domésticas y para la vida diaria (Lévesque et al., 2020). Las personas difieren en la medida en que poseen estas habilidades y/o en su capacidad para adquirirlas. Sin embargo, con el apoyo y la orientación adecuados, la mayoría de las personas pueden ejercer la crianza de manera eficaz (Cowan and Cowan, 1995).
Desde los años noventa se ha prestado una atención creciente a la adversidad vivida en el sistema de protección fuera del hogar familiar y a sus consecuencias (Sköld, 2013). Los estudios de seguimiento basados en registros sugieren que haber sido adoptado o haber crecido en acogimiento familiar (personas a las que aquí nos referimos como personas con experiencia de protección) puede afectar negativamente a la capacidad de una persona para desenvolverse bien en el papel de madre o padre y aumentar el riesgo de que sus propias hijas e hijos sean tutelados por el sistema de protección (Mendes, 2009; Fernandez and Lee, 2017). Las cifras oficiales indican que este riesgo aumenta con la edad; Winterburn (2015) sugiere que al menos una de cada 10 personas jóvenes con experiencia de protección (de 16 a 21 años) en Inglaterra vive la retirada de la tutela de una hija o un hijo. En un estudio con participantes de más edad, Roberts y su equipo (2017) constataron que, en Gales, el 27% de las madres y el 19% de los padres (n=374) a quienes se había retirado la tutela de sus hijos habían sido a su vez adoptados o acogidos. Estos resultados coinciden con los de estudios realizados en Estados Unidos (Courtney et al., 2007). Aunque no pretenden establecer una causalidad, estos estudios apuntan a un posible papel de la exposición pasada a la adversidad (es decir, maltrato o negligencia) y de las dificultades de salud mental elevadas que se le asocian.
Los efectos sobre la salud mental de la adversidad temprana que viven con frecuencia las personas con experiencia de protección son complejos y pueden incluir niveles elevados de problemas de conducta y/o de trastornos emocionales. En los casos graves, pueden llegar a afecciones del neurodesarrollo como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH; Meltzer et al., 2003) y síntomas del trastorno del espectro autista (TEA; Sonuga-Barke et al., 2017). Estas afecciones podrían explicar algunas de las dificultades de crianza que encuentran las personas adoptadas cuando se convierten en madres o padres. Existen algunos indicios de que la depresión de la persona adoptada puede mediar las dificultades para cuidar de sus hijos a través de tasas más altas de negligencia y de castigo físico (Banyard, Williams and Siegel, 2003). El papel de los problemas del neurodesarrollo elevados, a este respecto, no se ha explorado hasta la fecha. Existe, no obstante, una literatura sobre madres y padres con trastornos del neurodesarrollo que no han pasado por el sistema de protección. Una revisión reciente sobre progenitores con TDAH identificó varias áreas de dificultad (Friedrich et al., 2017). Entre ellas figuran niveles más bajos de cohesión familiar y niveles más altos de hostilidad entre progenitores e hijos (p. ej., Agha et al., 2013), niveles más bajos de satisfacción parental, niveles más altos de intrusividad (Watkins and Mash, 2009) y una disciplina incoherente (Chen and Johnston, 2007). Hasta la fecha, muy pocas investigaciones se han centrado en las experiencias de madres y padres autistas (Murphy, 2021). Los trabajos de discusión publicados sobre este tema han señalado la preocupación de que las diferencias cualitativas en la crianza se perciban negativamente, así como la falta de apoyo especializado (Murphy, 2021). Sin embargo, estos estudios también subrayan que las madres y los padres autistas pueden apoyar con mayor eficacia a sus hijos si estos también tienen un diagnóstico de autismo (Crane et al., 2021; Murphy, 2021).
Los estudios a mayor escala ayudan a poner de relieve un riesgo general entre las personas con experiencia de protección, pero solo pueden desempeñar un papel limitado para esclarecer la naturaleza precisa de los problemas de crianza a los que se enfrentan estas madres y padres y, en consecuencia, qué tipo de apoyo específico se necesita. Los estudios cualitativos de menor escala centrados en la experiencia son una mejor manera de ofrecer este análisis más detallado. Como reflejan revisiones recientes (Field and Pond, 2018; Despax and Bouteyre, 2019), estos estudios se han centrado en las reflexiones experienciales sobre el paso a la maternidad o la paternidad. Al hacerlo, han puesto de relieve varias experiencias positivas y negativas relacionadas con convertirse en madre o padre. En el lado positivo, ser madre o padre siendo una persona adoptada puede ofrecer la ocasión de reflexionar sobre la propia identidad (p. ej., Conrick, 2020). En particular, esta transición puede despertar un nuevo interés por la propia genealogía (p. ej., Pinkerton, 2010) y aportar una capa de sentido más profunda, en la que las madres y los padres adoptados integran sus orígenes biológicos y adoptivos (Pinkerton, 2010; Battalen et al., 2019). Tener una hija o un hijo también puede favorecer un mayor sentimiento de pertenencia (Grotevant, 1997; Hampton, 1997; Grotevant et al., 2000; Greco, Rosnati and Ferrari, 2015). Entre las experiencias más negativas pueden figurar las dudas sobre la propia capacidad percibida para la crianza (Horowitz, 2011) y el temor a ser juzgados con demasiada dureza por los servicios de apoyo a causa del estigma (Chase et al., 2006). El presente estudio complementa esta literatura existente sobre la crianza ejercida por personas adoptadas, al ampliar el abanico de adversidades vividas por ellas a la privación temprana y profunda.
En el presente estudio entrevistamos a personas jóvenes adoptadas que se habían convertido en madres, y a sus propias madres y padres adoptivos (abuelas y abuelos de sus hijos), sobre su experiencia de la maternidad, los retos y dificultades cotidianos que conlleva y sus efectos positivos y negativos en las propias personas adoptadas. Todas ellas habían sufrido, en la primera infancia, hasta 20 meses de privación severa en instituciones residenciales rumanas para la infancia antes de la caída del régimen comunista en 1989, y después fueron adoptadas por familias residentes en el Reino Unido. Todas participan en el estudio English and Romanian Adoptees (ERA) (Sonuga-Barke et al., 2017). En las instituciones, la atención iba de deficiente a espantosa, con niveles de nutrición e higiene gravemente insuficientes, poca o ninguna estimulación cognitiva y ninguna posibilidad de formar un apego con las personas cuidadoras.
Nuestras entrevistas se centraron en los beneficios y retos percibidos de la crianza, y no en cuestiones más amplias y abstractas como las experiencias de las propias personas adoptadas en la institución y la manera en que estas pudieron influir en el cuidado. Nuestra investigación adoptó un enfoque temático cualitativo inductivo, dada la escasez de investigaciones previas en este ámbito y para que nuestros resultados no quedaran limitados por concepciones previas. Además, entrevistamos a las madres adoptadas y a sus madres y padres adoptivos (a quienes en adelante llamaremos abuelas y abuelos), cuya perspectiva adicional resultó muy esclarecedora. Las preguntas de investigación que motivaron nuestro estudio fueron:
El estudio formaba parte de la fase de «seguimiento en la edad adulta joven» (‘Young Adult Follow-up') de la investigación longitudinal ERA y fue una ocasión para llevar a cabo una investigación en profundidad, a pequeña escala, sobre las necesidades y experiencias de estas madres adoptadas. Como en las oleadas anteriores, se invitó a participar tanto a las personas jóvenes adultas como a sus madres y padres, y ambas partes sabían de la participación de la otra. De las 15 madres adoptadas procedentes de Rumanía de la muestra completa, 14 (el 9% de la muestra ERA completa) participaron en el presente estudio. En el momento de la entrevista, todas las participantes residían en el Reino Unido. El tiempo pasado en las instituciones antes de la adopción iba de 0 a 20 meses. En la adolescencia, cuatro madres cumplían los criterios del TDAH, una madre cumplía los criterios del TEA y seis madres presentaban un deterioro cognitivo (CI < 80). Dos madres cumplían los criterios del TDAH y de deterioro cognitivo; dos madres cumplían los criterios del TDAH y del autismo. En el momento de la entrevista tenían de media 24,1 años (rango de edad: 22-25 años). Asimismo, en el momento de la entrevista, todas las madres vivían con sus hijos y se ocupaban de su cuidado. Nueve de las madres tenían un hijo o una hija, cuatro tenían dos y una tenía tres. Doce de las 14 madres vivían en pareja y ocho estaban casadas. Dos madres vivían con sus propios padres en el momento del estudio. Siete de las madres habían cursado estudios superiores o universitarios y seis tenían empleo. Las hijas e hijos de las madres adoptadas tenían entre cero y seis años. Había un padre en la cohorte, cuyos datos no se incluyeron por temor a que pudiera ser identificado.
Las madres y padres de las 14 madres (las abuelas y los abuelos) participaron en el presente estudio y tenían de media 61,1 años (rango de edad: 51-75 años). De las 14 familias, 11 tenían un nivel socioeconómico alto, según la profesión de las madres y los padres en la oleada del estudio realizada a los 15 años. La nacionalidad de las abuelas y los abuelos era británica en todos los casos salvo dos, codificados como «Otra».
Una persona del equipo de investigación se puso en contacto con las participantes de la cohorte y con sus madres y padres, que dieron su consentimiento para participar. Las entrevistas semiestructuradas se grabaron y formaban parte del «seguimiento en la edad adulta joven» de la investigación ERA. Los datos se transcribieron. La mayoría de las personas participantes fueron entrevistadas en su propio domicilio, aunque cuatro entrevistas se realizaron en línea (dos con abuelas o abuelos y dos con madres). Dados los problemas del neurodesarrollo que presentaban las personas adoptadas de esta muestra, se indicó a quienes entrevistaban que ofrecieran indicaciones cuando fuera necesario y que permitieran pausas y ocasiones para reflexionar sobre preguntas anteriores y volver a ellas. También se les indicó que interrumpieran la entrevista si una persona participante se sentía afectada o incómoda. La duración media de las entrevistas con las madres adoptadas fue de 32 minutos (rango: 5-67 minutos) y la de las entrevistas con las abuelas y los abuelos, de 38 minutos (rango: 19-52 minutos). En todos los casos, las madres adoptadas y las abuelas y los abuelos fueron entrevistados por separado. Seis de las entrevistas con la generación de los abuelos incluyeron a ambos, ocho se realizaron solo con la abuela y una solo con el abuelo.
Las entrevistas se centraron en las necesidades, experiencias, logros y relaciones de las madres adoptadas entre los 15 y los 25 años (lo que corresponde al momento de su última entrevista y a la fase vital de la adultez emergente (Arnett, 2000)), tanto en general como en relación con su papel de madres en particular (véase el anexo). Se pidió a las madres que describieran su experiencia de la transición y se las animó a contar lo que había ido bien, si habían tenido dificultades, qué apoyo habían recibido y hasta qué punto les había sido útil. La transcripción fue de tipo «literal inteligente» (‘intelligent verbatim’): se conservaron las emisiones verbales (p. ej., «eh» y «ah»), pero no las no verbales (p. ej., suspiros y risas). Además, las palabras abreviadas en la entrevista se transcribieron como palabras formales y completas. A continuación, todos los datos se anonimizaron para proteger la identidad de las personas participantes. Como parte del proceso de anonimización, los casos se numeraron y se suprimieron los nombres. El estudio fue aprobado por los comités de ética del King’s College London, Reino Unido (5447) y de la University of Southampton, Reino Unido (14308).
Se llevó a cabo un análisis temático en un nivel semántico, desde una perspectiva esencialista/realista (Braun and Clarke, 2006; 2019), ya que el objetivo era presentar directamente las percepciones y experiencias de las propias personas participantes. Se utilizó el método en seis etapas de Braun y Clarke (2006; 2019):
Se desarrollaron dos temas generales. El tema 1 recogía una serie de consecuencias positivas de asumir el papel de madre, mientras que el tema 2 describía los retos asociados a ese papel. Véase la tabla 1 para una visión de conjunto de los temas y subtemas.
Tabla 1 — Temas y subtemas
Las madres adoptadas y las abuelas y los abuelos consideraban que se había producido una serie de cambios positivos durante la transición a la maternidad. Dentro de este tema general se desarrollaron cuatro subtemas. En primer lugar, las madres vivían los beneficios adicionales de tener un nuevo familiar biológico, sobre todo cuando no habían tenido contacto con su familia de origen. En segundo lugar, tener una hija o un hijo reforzaba los vínculos de las madres dentro y fuera de su familia adoptiva. En tercer lugar, las madres se sentían orgullosas del logro que suponía haberse convertido en madres. Por último, la maternidad se describía como un motor que había llevado a las madres a cambiar diversos aspectos de su vida.
Para muchas madres, tener una hija o un hijo propio significaba que, a menudo por primera vez, tenían una relación con un familiar biológico. Esto favorecía un sentimiento de conexión que las ayudaba a dar sentido a sus propias experiencias vitales. En un relato especialmente ilustrativo, una madre describió este efecto positivo:
Por cosas que pasaron cuando me fui haciendo joven adulta hasta la edad adulta que tengo ahora, no entendía por qué las cosas iban… por qué pasaban las cosas y por qué las cosas eran como eran, o por qué me sentía como me sentía o hacía lo que hacía. Pero ahora, con [mi hija], todo tiene sentido. Es como: «Ah, yo era así porque me faltaba esto en la vida», o me faltaba sentirme así, o me faltaba cercanía o una conexión con alguien y tener eso. (P14)
La misma madre añadió que tener una relación con un familiar biológico le había servido de amortiguador frente a las dificultades de la vida:
Personalmente siento que estoy mucho mejor y mucho más feliz, y mis relaciones son mejores y mis sentimientos son mejores, y creo que ahora que la tengo a ella [a mi hija] todo es genial, estoy en la cima del mundo. Me siento feliz. Por muy mal que vaya, o lo económico, o… ya sabes, o cualquier pequeña preocupación, ya nada importa porque siento… ya sabes, que es una mini… ya sabes, que es yo. (P14)
La misma madre resumió el efecto de esta relación como un sentimiento nuevo de estar «completa»:
También me siento completa. Creo que es eso. Me siento completa en mí misma, que, ya sabes, si yo… creo que habría sido muy duro. Si nunca hubiera podido tener hijos, creo que sería… bueno, creo que tendría una vida muy difícil y muy emotiva. (P14)
Tanto las madres como las abuelas y los abuelos percibían que tener una hija o un hijo había aumentado la conexión social de las personas adoptadas.
Mi madre y mi padre y yo solo, como, de verdad, bueno, mi madre y mi padre y yo solo nos hemos acercado de verdad desde que nació mi hija. (P1)
Paralelamente, algunas madres y algunas abuelas y abuelos estrecharon sus relaciones con sus parejas actuales o anteriores mientras afrontaban los retos de la maternidad. Por ejemplo, una persona de la generación de los abuelos señaló que su hija se había esforzado por estrechar los lazos con el otro progenitor de su nieto:
Creo que es un logro enorme para ella, lo que está haciendo es intentar construir una relación con el padre de mi nieto para que los dos puedan ejercer la coparentalidad, y creo que eso es enorme. Realmente enorme. (GP1)
Fuera de la familia, algunas abuelas y abuelos contaron que tener una hija o un hijo había sido para las madres una manera de hacer nuevas amistades:
Y cuando ha conocido a gente nueva en las tiendas o en las guarderías y los grupos de madres con niños pequeños, y ha hecho algunas amigas… La verdad es que ha hecho amistades en [la zona], bueno, es lo que pasa cuando tienes un bebé. (GP14)
Para algunas madres, en especial las que presentaban problemas del neurodesarrollo (TDAH y TEA relacionados con la privación), encontrar y conservar un empleo y mantener relaciones sociales había resultado difícil. Por ello, algunas madres habían desarrollado una baja autoestima respecto a lo que podían lograr en la vida:
No pensaba que me casaría, que tendría una casa, un bebé en un año. No pensaba que llegaría a tener eso. Pensaba que me quedaría todo el tiempo metida en casa, metiéndome en líos. Pues no, ha [mi situación en la vida] dado un vuelco total. (P11)
En este contexto, convertirse en madre no solo era visto por muchas como un logro importante para ellas, sino que, para algunas, se consideraba su principal logro:
… mi hija es una de esas cosas buenas… No sé, es como lo único en lo que siento que he tenido éxito de verdad… ser madre. (P14)
Además de percibirlo como un papel importante en el que podían tener éxito, las madres consideraban que ser madre les sentaba bien y, para algunas, la maternidad había sido un objetivo desde hacía mucho tiempo. Una de ellas subrayó: «Siempre he querido ser mamá» (P8). Muchas abuelas y abuelos compartían también la opinión de que la crianza era algo que sus hijas podían hacer bien:
… como es tan capaz, ¿sabe?, no me preocupa que no pueda cuidar de sí misma y de su familia. (GP2).
Las madres y las abuelas y los abuelos señalaron que la maternidad había supuesto un cambio de estilo de vida que, en algunos casos, adoptó la forma de una visión más positiva de la vida:
La vida, creo, es positiva porque tengo a [mi hija]. No veo… quizá, probablemente antes de tenerla vería muchas cosas negativas, mucho… pero ahora que la tengo, todo es positivo para mí. O, por lo menos, intento encontrar lo positivo en todo. (P14)
Además de este cambio en la visión general, la maternidad había motivado a muchas madres a ser más independientes emocional y económicamente:
Sí, soy mucho más [independiente] desde que tengo hijos… No sé, simplemente me di cuenta de que tienes que ser, ya sabes, fuerte y estar ahí para ellos. Cuentan contigo; dependen de ti, así que, sí. (P13)
Del mismo modo, una madre entendía este proceso como un catalizador para «hacerse mayor»:
He tenido que hacerlo. Me he convertido en madre. No puedes ser inmadura. Tienes que madurar y dejar que ahora sean ellos los inmaduros. Tienes que ser tú la madura. He madurado mucho, pero he madurado muy deprisa. Creo que ese es el choque; he tenido que madurar. He tenido que madurar deprisa. Sí, me gustaría salir, ya sabes, lo que se hace con veintipocos años. Pero he tenido que madurar muy deprisa. Pero lo he hecho. Lo he conseguido. (P6)
Este cambio positivo de mentalidad se extendía también al mundo del trabajo:
Ahora tengo cosas que son importantes para mí. Tengo, ya sabes, mi familia y mis hijos, mi marido, eh, mi casa y todo eso. Así que ahora solo quiero, digamos, encarrilar mi carrera profesional. (P3)
Además, las abuelas y los abuelos también percibían estos cambios positivos en el estilo de vida:
Es que me quito el sombrero, porque desde, sí, vale, ha ayudado tener bastante dinero… pero no digo que sin eso no pudieran estar exactamente donde están ahora sin la ayuda económica, pero incluso sin eso, estaban decididos a, ya sabes, cuidar de su hijo, de sus hijos, y a hacer algo con su vida. (GP13)
Este segundo tema abarcaba tres subtemas. En primer lugar, además de los retos generales de la maternidad, una minoría de las madres del estudio (20%) había vivido dificultades más considerables que habían dado lugar a la intervención de los servicios sociales, con medidas de acogimiento de las hijas e hijos con las abuelas y los abuelos. En segundo lugar, y de forma más general, allí donde habían surgido dificultades, las abuelas y los abuelos habían asumido la mayor parte del apoyo cotidiano a sus nietas y nietos. En tercer lugar, las madres describían reacciones negativas hacia las personas que, a su juicio, «se entrometían» en su papel de madres, lo que a menudo las llevaba a rechazar los consejos. Sin embargo, es importante señalar que los aspectos positivos identificados en el primer tema y los retos analizados solían vivirlos las mismas participantes. Dicho de otro modo, a pesar de querer profundamente a sus hijos y de sentirse orgullosas de haberse convertido en madres, también vivían dificultades.
Además de las experiencias descritas como habituales al convertirse en madre por primera vez, este segundo tema refleja una serie de retos específicos vividos por este grupo de madres.
Un ejemplo de los retos más habituales al convertirse en madre, mencionado por una abuela, es el siguiente:
Pero siempre está al teléfono, ya sabes, eh, oh: «¿Cómo hago una salsa de queso, mamá? ¿En qué número de la lavadora pongo los jerséis?». Ya sabes, ahora no, pero digamos que con el tiempo, todo tipo de cosas así… y luego, claro, cuando tuvo al bebé, ya sabes: «Lleva una hora llorando. ¿Qué hago?», y es que… sí. (GP8)
En una minoría de casos se describieron dificultades más importantes. Una preocupación central de las abuelas y los abuelos era que la madre había expuesto involuntariamente a su hija o hijo a un riesgo de daño importante. Por ejemplo, colocar a los niños en situaciones de riesgo o dejarlos al cuidado de personas peligrosas. En un ejemplo, una abuela o un abuelo describió que su hija adoptiva no comprendía los riesgos de atragantamiento:
Al bebé lo dejaban gatear por el suelo y meterse, eh, cualquier cosa en la boca. Y una vez, cuando estábamos allí, le sacamos [un objeto], se lo sacamos de la boca. Ya sabe, muy… muy grave. (GP4)
En otros casos, las abuelas y los abuelos describían cómo la crianza de las madres adoptadas se veía perjudicada por una falta de previsión y de capacidad de organización. Por ejemplo, no rellenar los trámites imprescindibles para la inscripción escolar, quedarse sin comida, sin pañales, sin ropa limpia, etc. Otras abuelas y abuelos dijeron:
Abuela o abuelo 1: Porque, ya sabe, cosas pequeñas para nosotros quizá, pero grandes para un niño. Ya sabe, una reunión de familias en el colegio que se le ha olvidado, o que tenía que vestirlo con algún disfraz en particular…
Abuela o abuelo 2: No lee las cartas que llegan del colegio.
En algunos casos, estos problemas se agravaban por una falta de confianza:
Nunca ha tenido esas habilidades… Bueno, seguramente podría rellenar el formulario, [ella] simplemente no tiene la confianza para hacerlo. Así que tenemos que rellenar el formulario, revisarlo con [ella] y luego hacer que [ella] lo firme. Ese tipo de cosas pasan todo el tiempo. (GP5)
Debido a estas dificultades visibles para cuidar de sus hijos, el 20% de las madres mencionó intervenciones de los servicios sociales. Sin embargo, en todos los casos en que había dificultades, las abuelas y los abuelos subrayaban que sus nietas y nietos eran queridos por sus madres y no consideraban que sus carencias hicieran de ellas «malas madres»:
Abuela o abuelo 2: Lo que no quiere decir que sea mala madre.
Abuela o abuelo 1: Oh, no, los quiere muchísimo. Sí, [siento] mucho orgullo por [ella].
Abuela o abuelo 2: Quiere muchísimo a [su hijo]. Pero es solo que siempre ha tenido verdaderas dificultades con la organización, y eso viene de lejos. Era uno de sus problemas en el colegio: no consigue organizarse.
Otra abuela o abuelo hizo un comentario similar:
Yo no diría que es una gran madre, eh, ni mucho menos [pero], eh, no creo que se merezca que le quiten a sus hijos. (GP4)
Además, expresaban una gran empatía hacia la situación de su hija adoptiva:
Lo tiene realmente difícil consigo [misma], eso sí. [Ella], ya sabe, [a ella] le cuesta muchísimo. Sería como si yo fuera por ahí con una mochila de 100 libras a la espalda. Ya sabe, eso le complica todo muchísimo [a ella]. (GP4)
Otra madre o padre adoptivo comentó en el mismo sentido:
No cabe ninguna duda de que está muy, muy orgullosa de su hijo y, y no tengo ningún reparo en decírselo, que hace por él todo lo que puede. Lo que pasa es que a veces todo lo que puede no es del todo suficiente. Pero, ya sabe, está aprendiendo y le resulta muy difícil. (GP1)
Esta cita sirve también para mostrar cómo los aspectos positivos identificados en el primer tema se percibían a menudo junto a los retos identificados en el segundo.
Este subtema tenía también dos componentes: en primer lugar, se percibía que las abuelas y los abuelos prestaban un apoyo cotidiano a sus nietas y nietos; en segundo lugar, en una minoría de casos, las abuelas y los abuelos contaban que habían asumido la responsabilidad principal del cuidado.
En estos casos, las madres describían ejemplos del apoyo recibido de las abuelas y los abuelos, como consejos en determinadas situaciones:
… porque mi madre es mi madre, ya sabes, y ella ha sido madre, me ha ayudado mucho a ser la madre que tengo que ser para mi hija… por ejemplo si yo, si a mi [hija] le da una rabieta de dos minutos, como pasa, pues cómo manejarla o, ya sabes, eh, las mejores opciones, las sanas, para una niña, la comida, todo. Todo y cualquier cosa. (P1)
Sin embargo, una minoría de abuelas y abuelos contaba que había tenido que asumir una gran parte del cuidado diario de sus nietas y nietos y, en algunos casos, se les había concedido una tutela legal temporal tras la intervención de los servicios sociales, algo que a menudo se describía con naturalidad, por ejemplo: «Así que lo criamos nosotros durante un tiempo» (GP3). Una abuela y un abuelo describieron cómo habían tenido que seguir apoyando a su nieto tras una medida de acogimiento temporal:
Abuela o abuelo 1: Y todavía le preguntamos, ya sabe, ¿[tienes] suficiente ropa limpia para el colegio la semana que viene? Ya sabe, ese tipo de cosas.
Abuela o abuelo 2: Sí, sí. Y, de hecho… al principio yo le lavaba el uniforme, para asegurarme de que se las arreglaba. (GP5)
Las abuelas y los abuelos en esta situación contaban a menudo que otras personas no entendían por qué seguían prestando tal apoyo, dada la edad de su hija:
Bueno, la mayoría de nuestras amistades nos dicen: «Mira, si no la apoyarais de esa manera… tendría que hacerlo ella, tendría que hacerlo», pero la conocemos y sabemos perfectamente que eso no pasaría. (GP5)
En otros casos, era la pareja de la madre quien había asumido este papel de apoyo. Por ejemplo, una abuela o un abuelo comentó que la pareja «es el pegamento que lo mantiene todo unido. Ya sabe, se levanta y se ocupa de los niños la mayoría de las veces, se levanta por la noche…» (GP4).
Las madres describían dificultades para aceptar los consejos y el apoyo de otras personas, incluidas sus propias madres y padres adoptivos. A veces, las madres descartaban los consejos como una intromisión:
Les cuesta dejarme ser independiente. Eh, siempre tienen su opinión sobre las cosas y, ya sabes, sobre el cuidado de los niños y cosas así, y bastante a menudo me la han impuesto. Pero nos va bien. (P3)
Una abuela o un abuelo hizo una observación similar:
No me deja salir con sus hijos porque hace tanto tiempo que crie a un niño que a lo mejor ya no sé cómo hacerlo, y tonterías así. (GP4)
Otras veces, las madres percibían los consejos de crianza de las abuelas y los abuelos como un cuestionamiento infundado de su capacidad como madres:
No creían que yo pudiera con ello. Puedo, tengo momentos duros, no me malinterpretes. Y sí creo que hay momentos en que no puedo. Pero tengo gente fuerte a mi alrededor que me recompone y me dice: «Tú puedes», ya sabes. Pero ella siempre cuestiona cómo crío a mis hijos, y eso me duele mucho. (P6)
Otra madre hizo un comentario similar:
Mis padres decidieron, porque son unos genios y médicos ellos mismos —que no lo son—, eh, que aquello no estaba bien y que yo no estaba llevando a [la niña] al médico… y fue horrible porque estoy haciendo todo lo que puedo y era una madre primeriza y no había hecho nada malo. (P4)
Sin embargo, algunas abuelas y abuelos afirmaban que, a menudo, su apoyo se reconocía más tarde, una vez pasado un tiempo:
Un día me dijo: «No habría podido con un bebé si no hubiera sido por ti y por mamá». Así que me quedé bastante sorprendido. (GP11)
La dificultad para aceptar lo que se vivía como críticas se extendía también a la intervención de los servicios sociales, como afirmó una abuela o un abuelo:
Básicamente, perdió los nervios y pegó a la persona de los servicios sociales que llevaba el caso… la policía… se la llevó [con la niña]… a un centro de protección. (GP3)
Las opiniones sobre el valor de la intervención pública en el cuidado de los niños eran dispares. En los casos en que la intervención consistía solo en asesoramiento, las madres y los padres adoptivos señalaban que había ayudado a dar cierta validez a sus preocupaciones. Sin embargo, cuando la intervención pública había consistido en medidas más serias (p. ej., medidas de acogimiento), tanto las madres adoptadas como sus madres y padres adoptivos la describían como punitiva hacia la madre, más que como un apoyo para el niño y para la familia en su conjunto. Por ejemplo:
Abuela 3: Siguen estando en contra de [ella], incluso hoy en día. Ya sabe, tienen que hacer un informe de vez en cuando, ya sabe, cuando van a verlos, y no hacen un informe muy bueno, ni siquiera ahora. Ya sabe, que [ella] tiene una casa muy básica, que hay juguetes por todas partes, ya sabe, que la casa es un caos, ya sabe, y… así que siguen sin elogiar[la], ¿verdad?
Abuelo 3: Parece que quieren poner todo lo negativo sobre [ella], pero nunca ponen nada positivo. El hecho de que [ella] esté en [su] propia casa con [su pareja y su hijo], que les dé bien de comer… ¿qué más esperaría uno encontrar en una casa que juguetes por ahí, eh?
Investigaciones anteriores han puesto de relieve los retos de crianza a los que se enfrentan las personas con experiencia de protección, posiblemente derivados de un maltrato temprano. En algunos casos, esto llevó a que las propias hijas e hijos de las personas adoptadas fueran tutelados por motivos de protección infantil (Roberts et al., 2017). Las investigaciones anteriores también han destacado algunos beneficios positivos que el papel de madre o padre aporta a estas personas. En consonancia con este cuadro mixto y complejo, nuestro análisis temático del texto de las entrevistas sobre la crianza con 14 madres que habían vivido una privación severa al comienzo de su vida y con sus madres y padres adoptivos (las abuelas y los abuelos de las niñas y niños) identificó una serie de experiencias y resultados positivos, así como áreas de dificultad. Varios resultados merecen destacarse.
En primer lugar, el mensaje general de las entrevistas reflejaba una experiencia positiva de la crianza. Para la mayoría de las madres adoptadas, convertirse en madre había sido una experiencia abrumadoramente positiva y no se describieron retos importantes. Entre los efectos positivos figuraban un sentimiento de orgullo y de logro, una sensación de mayor conexión con su familia adoptiva, una mayor motivación y un mayor sentimiento de realización personal.
En segundo lugar, como en investigaciones anteriores (p. ej., Conrick, 2020), nuestro estudio sugiere que, cuando las personas que han pasado por el sistema de protección se convierten en madres o padres, entran en un período de revisión vital de sus experiencias pasadas y de reevaluación y actualización de su sentido de sí mismas. Por ejemplo, las madres de nuestra muestra describían cómo tener un familiar biológico en su vida les producía un mayor sentimiento de estar «completas». Así, este estudio se suma a la literatura que sugiere que las personas adoptadas «deben afrontar retos adicionales en cuanto a la integración de su historia personal en un sentido de identidad» (Greco, Rosnati and Ferrari, 2015: 39).
En tercer lugar, la maternidad también afectaba a las relaciones personales y a las redes sociales. Sus relaciones con sus propias madres y padres adoptivos, aunque a menudo ya eran positivas (Sonuga-Barke et al., 2017), se percibían, tanto por parte de las madres como de las abuelas y los abuelos, como mejoradas desde el nacimiento del niño o la niña. Este efecto de fortalecimiento de la relación se aplicaba también a la relación entre la madre y el otro progenitor, un ámbito sobre el que se sabe menos (Despax, Bouteyre and Guiller, 2022). De forma más general, las dificultades sociales se han identificado como un problema en algunas personas adoptadas con antecedentes de adversidad (Golm et al., 2020) y, también en este punto, la maternidad parecía mejorar las cosas. Se consideraba que algunas madres habían desarrollado más amistades y/o reforzado amistades previas, por ejemplo con otras madres.
En cuarto lugar, los beneficios percibidos de la crianza iban más allá de lo emocional y lo interpersonal e incluían el deseo de ser más independientes en lo práctico y en lo económico. De hecho, muchas de las madres y de sus madres y padres adoptivos reflexionaron sobre cómo tener una hija o un hijo había sido un motor esencial de sus nuevos logros, como conseguir un empleo o el deseo de vivir de forma más independiente. Este resultado corrobora los de trabajos anteriores (p. ej., Maxwell, Proctor and Hammond, 2011) y, a la vez, los amplía. Concretamente, mientras que las investigaciones anteriores han destacado visiones más positivas de uno mismo, aquí mostramos que estas también pueden traducirse en diversos beneficios cotidianos con un efecto global sobre el bienestar.
En quinto lugar, lamentablemente, alrededor de una quinta parte de la muestra describió dificultades específicas para asumir la maternidad y cuidar de sus hijos, una proporción similar a la observada en estudios anteriores en este ámbito (p. ej., Chase et al., 2006). Estas dificultades parecían girar en torno a una falta de reconocimiento del riesgo relacionado con el niño y de respuesta ante él, y a dificultades con las habilidades de organización. En ocasiones eran lo bastante incapacitantes como para atraer la atención de los servicios sociales. A diferencia de lo observado en muestras de madres y padres adoptados con depresión y de madres y padres con TDAH sin antecedentes de privación, no encontramos indicios de crianza dura/física ni de entornos de crianza hostiles (Agha et al., 2013). Tampoco encontramos indicios de negligencia en el sentido de dejar deliberadamente a los niños sin vigilancia, aunque puede haber ciertos paralelismos con un sentido más amplio que incluye la dificultad para cubrir las necesidades básicas por falta de organización/atención (Banyard, Williams and Siegel, 2003). Es importante señalar que las experiencias positivas y negativas que identificamos no se excluían mutuamente y que el grupo que describió las dificultades también describió haber vivido el abanico de aspectos positivos mencionado.
En sexto lugar, al adoptar el enfoque relativamente novedoso de incluir a varias fuentes de información, en este caso tanto a las madres adoptadas como a sus madres y padres adoptivos, pudimos poner de relieve similitudes o diferencias entre sus respectivos relatos. Un ejemplo de ello se refería a la sensación de desacuerdo que ponía de manifiesto que el apoyo de la familia adoptiva se considerara necesario por parte de la abuela o el abuelo, o intrusivo por parte de las propias madres. Esto subraya la mayor profundidad de comprensión que puede obtenerse al contar con varios puntos de vista. Desde la perspectiva de las madres, los consejos no solicitados se percibían a veces como innecesarios, arbitrarios e intrusivos, mientras que, desde la perspectiva de las madres y los padres adoptivos, los consejos eran necesarios porque el niño corría riesgo de sufrir daños. Dado el nivel de intervención pública en muchos casos, aunque la perspectiva de las madres y los padres adoptivos solía tener valor, los problemas pudieron residir en la manera en que se plantearon y formularon las preocupaciones.
En séptimo lugar, otra ventaja de incluir tanto a las madres como a sus madres y padres adoptivos (abuelas y abuelos) fue que pudimos comprender el apoyo continuado al cuidado infantil que prestaba la familia adoptiva original. Las abuelas y los abuelos ofrecen a menudo un apoyo vital. Curiosamente, los servicios de apoyo a la adopción apenas se mencionaron y, aunque esto no se recoge aquí por centrarnos en la edad adulta, a menudo se consideraban relacionados únicamente con las dificultades de la infancia. Este resultado remite también a una diferencia importante entre nuestros resultados y los de trabajos anteriores (p. ej., Roberts, 2017; Roberts et al., 2017): las medidas de custodia de nuestro estudio fueron solo temporales y supusieron que la custodia la tuvieran las abuelas y los abuelos, en lugar de que las niñas y niños fueran acogidos fuera de la familia. Esto puede deberse a que nos centramos en personas adoptadas expuestas a una adversidad temprana y no en personas adoptadas o que crecieron en acogimiento familiar en general, así como a la altísima calidad de los entornos de cuidado adoptivos de nuestra cohorte (Sonuga-Barke et al., 2017).
Al igual que otros trabajos, nuestros resultados sugieren que las necesidades de apoyo de este grupo podrían atenderse mejor, tanto en lo que se refiere al apoyo disponible como al momento en que puede prestarse. Cuando se mencionaron los servicios de apoyo a la adopción, fue en el contexto de un apoyo pasado durante la infancia y no en el de las dificultades para cuidar de los hijos. No quedó claro si el apoyo no existía o si las participantes desconocían su existencia. Además, y de nuevo en consonancia con trabajos anteriores, se constata que los servicios de apoyo generales se percibían más como «inútiles y punitivos» que como un apoyo (Roberts, 2017: 14).
El presente estudio ofrece una visión única de las experiencias de crianza de personas adoptadas con antecedentes de adversidad extrema y de privación institucional, seguidas de una adopción en familias relativamente acomodadas del Reino Unido. Existe una diferencia importante entre nuestras participantes y las descritas en otros trabajos. Se refiere a la naturaleza (privación institucional) y a la magnitud (inusualmente severa) de la adversidad infantil a la que estuvieron expuestas. Otra posible diferencia es que no hemos encontrado ningún indicio de maltrato en los hogares adoptivos, mientras que el riesgo de maltrato es elevado en las cohortes más habituales de personas con experiencia de protección (p. ej., George and Harden, 2008). Además de las experiencias cotidianas que destacamos aquí, puede haber otras experiencias en este grupo que no se abordaron en el estudio y que, sin embargo, podrían influir en la crianza. Por ejemplo, el hecho mismo de ser una persona adoptada internacionalmente, y los retos que ello puede plantear a la hora de buscar a familiares biológicos. Estas cuestiones podrían plantearse en futuros estudios de carácter más reflexivo. Otra limitación es que el presente estudio utilizó un enfoque de transcripción de tipo «literal inteligente» (‘intelligent verbatim’), que no incluye el contenido no verbal (p. ej., la risa), el cual puede facilitar la comprensión de las citas (McMullin, 2021).
Entre otras limitaciones que deben considerarse figura el hecho de que nos centramos únicamente en las madres adoptadas, ya que había demasiado pocos padres para incluirlos en el análisis, probablemente debido a la edad a la que se realizaron las entrevistas. Así, dentro de este tema ya poco investigado, no se sabe casi nada de las experiencias de los padres. Los servicios de adopción y los servicios sociales varían con el tiempo y según la región, por lo que es difícil generalizar las experiencias negativas de contacto con los servicios a otros grupos de personas adoptadas más recientemente o procedentes de otros países. En tercer lugar, el carácter cualitativo y de pequeña escala de nuestro estudio implica que este enfoque no permite explorar de manera sistemática las diferencias individuales en la experiencia de la privación y/o de la adopción. Por ejemplo, es plausible que algunas de las dificultades vividas por las personas adoptadas estén relacionadas con los problemas del neurodesarrollo observados en el grupo, como el TDAH (Johnston et al., 2012). A medida que más personas de la muestra ERA, y de cohortes similares, se conviertan en madres o padres, sería útil evaluar la naturaleza de su crianza con medidas estandarizadas para ayudar a identificar áreas específicas en las que se les podría ayudar en la compleja tarea de criar. También podrían examinarse mediadores cognitivos, por ejemplo el pensamiento prospectivo, en el que sabemos que las personas adoptadas del estudio ERA presentan un déficit, para comprobar si median parcialmente la asociación entre la adversidad temprana y las dificultades de crianza posteriores. Estos trabajos deberían procurar también incluir a los padres. Asimismo, dado que hemos identificado una serie de supuestos factores de protección asociados a la maternidad, una posible vía para futuros trabajos en este campo consiste en utilizar métodos cuantitativos para ver si podrían mitigar algunos de los peores resultados identificados en otras partes del estudio (p. ej., tasas de empleo más bajas o peor salud mental, identificadas en Kennedy et al., 2016).
Por último, hay que señalar también que las hijas e hijos de las personas adoptadas eran muy pequeños en el momento de la entrevista. Es posible que, a medida que crezcan y ganen independencia, la relación entre progenitores e hijos cambie y tenga un efecto diferente en el concepto de sí mismas de las personas adoptadas de este estudio; por ello, sería beneficioso un estudio de seguimiento exhaustivo, con métodos mixtos, que permitiera evaluar el efecto de la evolución de la relación entre progenitores e hijos en las personas adoptadas (y cualquier efecto en el niño o la niña).
El presente estudio tiene cuatro implicaciones principales. En primer lugar, se suma a la literatura que sugiere que las dificultades de crianza de las personas con experiencia de protección pueden derivarse de la adversidad temprana más que de una adversidad posterior. En segundo lugar, nuestros resultados sugieren que estas dificultades pueden adoptar la forma de dificultades para prever y gestionar el riesgo y de problemas con las habilidades de organización, que constituyen posibles objetivos de apoyo. En tercer lugar, nuestro artículo se suma a la literatura que sugiere que, si el objetivo es reducir el número de niñas y niños que necesitan la protección del Estado, las personas con antecedentes de adversidad temprana constituyen un grupo clave al que apoyar. En cuarto lugar, nuestros resultados y otros trabajos similares sugieren claramente que los servicios de adopción (y el conocimiento de estos servicios) deberían extenderse más allá de la infancia, hasta la edad adulta, e incluir también un apoyo continuado a las madres y los padres adoptivos cuando sea necesario.
La investigación sobre las personas adoptadas que se convierten en madres o padres sigue siendo relativamente escasa. Este estudio es el primero en explorar esta cuestión en relación con personas adoptadas que vivieron una privación severa en la infancia. Identificamos elementos tanto positivos como negativos relacionados con el papel de madre. A pesar de haber sido adoptadas en entornos familiares de gran calidad, en una minoría de casos las dificultades de crianza se consideraron lo bastante graves como para justificar una intervención temporal del Estado. Está claro que, en algunos casos, se necesita un apoyo organizado y profesional que complemente el que ya brindan las abuelas y los abuelos adoptivos.
Complexe Systémique: puntos clave
Desde una perspectiva sistémica, este estudio resulta valioso porque observa la transición a la maternidad en tres generaciones a la vez: la joven madre adoptada, sus madres y padres adoptivos convertidos en abuelas y abuelos, y la criatura que nace. Tener una hija o un hijo parece, en primer lugar, reparar algo: un primer vínculo de sangre, la sensación de sentirse «completa», lazos familiares y de amistad que se estrechan. Pero el estudio muestra también la cara oculta de este apoyo. Allí donde las abuelas y los abuelos consideran necesarios sus consejos, las madres los viven como una intromisión, y la intervención del Estado, cuando desemboca en medidas de acogimiento, se describe como punitiva. Para las y los profesionales, la lección es doble: los efectos de la privación temprana se prolongan en la edad adulta, y el apoyo posadoptivo también debería llegar a las familias adoptivas, mucho después de la infancia. Los límites son los de un grupo reducido formado solo por madres, adoptadas en familias bastante acomodadas, con hijos todavía muy pequeños. Para leer junto con el artículo sobre el bienestar de las madres adoptivas a largo plazo y el artículo sobre las sombras del internamiento en centros cerrados sobre la familia.
Notas del original
Declaración de conflictos de intereses. El profesor Sonuga-Barke declara financiación de Shire y Medice, subvenciones de QBTech y honorarios personales de Neurotech Solutions. El resto de la autoría declara no tener conflictos de intereses.
Financiación. La autoría declaró haber recibido el siguiente apoyo económico para la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo: este trabajo es una investigación independiente financiada en parte por el NIHR Biomedical Research Centre del South London and Maudsley NHS Foundation Trust y el King’s College London. Las opiniones expresadas son las de la autoría y no necesariamente las del NHS, el NIHR o el Department of Health. Los organismos financiadores (el ESRC: ES/I037970/1 y The Waterloo Foundation: 686-4339) no tuvieron ningún papel en el diseño del estudio, la recogida de datos, el análisis de datos, la interpretación de los datos ni la redacción del informe.
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Traducción no oficial de When people adopted from severely depriving institutions become parents: The experiences of young adult mothers from the ERA study and their adoptive parents, de Christopher Edwards, Mark Kennedy, Nicky Knights, Hanna Kovshoff, Jana Kreppner, Barbara Maughan y Edmund J. S. Sonuga-Barke, Adoption & Fostering, vol. 47, n.o 4, pp. 415-433 (2023), doi: 10.1177/03085759231212500, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «When people adopted from severely depriving institutions become parents: The experiences of young adult mothers from the ERA study and their adoptive parents», publicado en Adoption & Fostering (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Edwards, C., Kennedy, M., Knights, N., Kovshoff, H., Kreppner, J., Maughan, B., et Sonuga-Barke, E. J. S. (2023). When people adopted from severely depriving institutions become parents: The experiences of young adult mothers from the ERA study and their adoptive parents. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/when-people-adopted-from-severely-depriving-institutions-become-parents (Obra original publicada en 2023 en Adoption & Fostering, 47(4), 415-433 (2023); republicada en 2023 por Adoption & Fostering, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/03085759231212500)
Para profundizar