Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Family Violence · Violencia
Las evaluaciones de los servicios de atención a la violencia doméstica rara vez dan la palabra a menores de 12 años. El equipo de Christine Barter lo hizo, en el Reino Unido, con seis familias atendidas por un programa que trabaja por separado con las madres y con sus hijos e hijas. Hablan de la timidez inicial, de las «preocupaciones» confiadas a un peluche o a un tarro, de una profesional que vuelve cada semana y de cambios reales, aunque a veces limitados.
Traducción no oficial al español de What do younger children need for recovery from domestic abuse? Findings from in-depth qualitative family case studies, de Christine Barter, Emma Howarth, Helen Richardson Foster y Nicky Stanley, publicado en Journal of Family Violence (Springer) (2026), doi: 10.1007/s10896-025-00873-6, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla 1 se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Los beneficios de una intervención tienen que ser vividos por los propios niños y niñas.
Christine Barter, Emma Howarth, Helen Richardson Foster y Nicky Stanley
Resumen
Objetivo. A pesar de la sólida evidencia sobre el impacto que la violencia doméstica puede tener en la infancia y la adolescencia, todavía sabemos relativamente poco sobre la experiencia de niñas y niños al implicarse en servicios destinados a apoyar su recuperación. Nuestra investigación se propuso explorar con menores de corta edad, junto con sus madres, qué favorecía su implicación en los servicios y qué cambios se lograban.
Método. Seis estudios de caso cualitativos en profundidad, que incluyeron a siete menores de 12 años y entrevistas con sus madres, junto con información extraída de los expedientes de cada familia.
Resultados. El análisis de los datos aportados por la infancia participante identificó cuatro temas principales: apoyar la «disposición» inicial de la infancia para implicarse; el apoyo ante sus «preocupaciones»; las experiencias relacionales; y las actividades y herramientas atractivas. Las niñas y los niños identificaron cuatro ámbitos principales de cambio positivo en su vida: bienestar y autoconfianza; cambios de conducta y estrategias de afrontamiento positivas; situación en el hogar; y escuela y grupo de iguales. También señalaron ámbitos en los que no se habían producido mejoras. Los resultados de las entrevistas con las madres subrayaron la necesidad de un abanico de intervenciones complementarias y adaptadas que permitan a las madres comprender mejor el impacto de la violencia doméstica en sus hijos e hijas y apoyar su implicación en los servicios.
Conclusión. El enfoque de estudio de caso ofreció una imagen detallada de lo que facilitaba la implicación de la infancia en el apoyo frente a la violencia doméstica, así como de los cambios que identificaban las propias niñas y niños. Nuestro estudio aporta pruebas sólidas de la necesidad de incluir, y priorizar, las opiniones y experiencias de la infancia, incluida la de menor edad, en los estudios sobre servicios de atención a la violencia doméstica que pretenden apoyar su recuperación.
Palabras clave: Infancia, Violencia doméstica, Recuperación, Intervención, Evaluación
Se calcula que, a escala mundial, hasta 275 millones de niños y niñas (uno de cada siete) viven violencia doméstica en el hogar (WHO UNICEF, 2020). Junto a estas elevadas tasas de prevalencia, la investigación ha mostrado de forma constante que la violencia doméstica se asocia con un mayor riesgo de consecuencias negativas a corto y largo plazo para la infancia, entre ellas problemas de salud mental y de bienestar general, dificultades de conducta, incluida la agresividad, y una posible victimización futura en las relaciones adultas (Doroudchi et al., 2023). Sin embargo, no toda la infancia experimentará estas consecuencias negativas (Kitzmann et al., 2003).
En Inglaterra y Gales, la Domestic Abuse Act (2021) reconoce ahora que las niñas y los niños que ven, oyen o sufren los efectos de la violencia doméstica son víctimas por derecho propio, lo que refuerza su derecho a recibir apoyo para superar sus efectos. Sin embargo, la oferta es insuficiente: un informe reciente de la Domestic Abuse Commissioner (2021) para Inglaterra y Gales constató que el 75% de las personas supervivientes de violencia doméstica encuestadas que tenían hijos o hijas declararon no haber podido obtener apoyo especializado para ellos, aunque les hubiera gustado. Además, se sabe poco sobre las opiniones y experiencias de la infancia, y en especial de la de menor edad, en su implicación con los servicios de atención a la violencia doméstica. Como señalan Beetham et al (2019), las evaluaciones se centran con demasiada frecuencia en la eficacia de estos servicios para la infancia según lo que cuentan otras personas, en lugar de recoger los propios relatos de niñas y niños sobre el apoyo que desean, lo que se siente al recibirlo y los resultados (positivos o negativos) que pueden experimentar como consecuencia.
No obstante, un pequeño número de estudios ofrece conocimientos importantes sobre lo que la infancia espera del apoyo frente a la violencia doméstica. Dos estudios a pequeña escala aportan resultados sobre las opiniones de menores de corta edad acerca del apoyo grupal. Pernebo y Almqvist (2016) entrevistaron a nueve criaturas de 4 a 6 años en Suecia y constataron que lo que más entusiasmaba a las niñas y los niños eran las relaciones que establecían con sus iguales en la intervención. Beetham et al., (2019) realizaron entrevistas con cuatro menores de 7 a 10 años que asistían al mismo programa grupal en el Reino Unido, y destacaron los aspectos experienciales y relacionales de los espacios terapéuticos que pueden permitir a la infancia establecer relaciones y construir identidades significativas. Concluyen que es necesario consultar a niñas y niños, incluidos los de menor edad, de forma inclusiva, para garantizar que el apoyo frente a la violencia doméstica refleje sus necesidades y no dependa únicamente de las interpretaciones adultas de lo que necesitan.
La importancia de las intervenciones grupales, sobre todo para ayudar a la infancia a reconocer que no está sola, reducir la estigmatización y establecer amistades positivas y de apoyo, es un tema destacado en los distintos estudios. Sin embargo, por diversas razones, no todas las niñas y todos los niños estarán en disposición o en condiciones de participar en actividades grupales. Esto puede deberse a sus preferencias personales, a una falta de «disposición» para reconocer la violencia, a dificultades para implicarse en contextos grupales o a los retrasos en «completar» los grupos debido a los rangos de edad establecidos (Sharpe et al., 2011).
El estudio retrospectivo de Onsjö et al (2023) exploró cómo vivieron el tratamiento en un servicio de salud mental infantojuvenil niñas y niños expuestos a la violencia doméstica. Las entrevistas con 17 menores y jóvenes, realizadas entre 4 y 5 años después del tratamiento, pusieron de relieve la importancia de la relación terapéutica, y que la confianza, el interés auténtico y la reciprocidad son cruciales para que la infancia se implique en el apoyo. Sin embargo, no deben subestimarse los obstáculos, entre ellos la propia capacidad de agencia de cada menor y los obstáculos externos, en especial la exposición continuada a la violencia.
La revisión sistemática y síntesis cualitativa de Howarth et al. (2018) sobre las intervenciones con la infancia en materia de violencia doméstica identificó siete artículos que incluían las opiniones de menores, con un total combinado de 125 niños y niñas representados. Todos los artículos revisados destacaban la importancia de la disposición personal para la implicación de la infancia en los servicios terapéuticos. Muchas de estas criaturas expresaban como motivo para implicarse el deseo de ayudar a sus madres (el progenitor no agresor en todos los casos) o a otros niños y niñas (véase Humphreys et al., 2011). En cambio, una parte tuvo poca capacidad de elección, ya que la decisión de participar la tomaba un progenitor u otra persona adulta; esta falta de motivación personal y la sensación de que sus necesidades se basaban en suposiciones adultas constituían a menudo un obstáculo para su implicación (Cater, 2014). Las niñas y los niños también hablaban con frecuencia de sus reservas o miedos a romper el «silencio» en torno a sus experiencias de violencia doméstica, sobre todo en las primeras fases de la intervención. Sus relatos subrayaban la importancia de que su madre les diera «permiso» para hablar y de sentir seguridad para hacerlo. Sin embargo, compartir les ayudó a darse cuenta de que no estaban en soledad, y esto, a su vez, contribuyó a aliviar su sentimiento de vergüenza y culpa (Thompson, 2011).
En conjunto, encontramos muy pocos estudios que trataran de explorar las opiniones y experiencias de la infancia de menor edad que accede a apoyo frente a la violencia doméstica. Y ello a pesar de que en las dos últimas décadas se ha producido un giro hacia un mayor reconocimiento de los derechos de la infancia, sustentado en la concepción de niñas y niños como actores sociales activos (James & Prout, 2003), que ha llevado a hacer hincapié en su participación directa y plena en la investigación (Dockett & Perry, 2011; Leeson, 2014). Sin embargo, este énfasis ha sido menos visible en lo que respecta a la inclusión de la infancia de menor edad en la investigación sobre cuestiones sensibles (Alderson & Morrow, 2020; Powell et al., 2020), y en especial en la investigación sobre maltrato y trauma (Barter et al., 2024).
Esta exclusión puede atribuirse a las visiones tradicionales de la infancia, sobre todo de la de menor edad, como una población vulnerable debido a su condición jurídica de menores, a su escaso poder social y a los riesgos potenciales de su participación (Martins et al., 2018). Una de las consecuencias ha sido socavar el derecho de la infancia a participar en los procesos que afectan a su vida (Collings et al., 2016). Además, la investigación ha mostrado que las madres que han sufrido violencia doméstica, aunque en principio no se oponen a la participación de sus hijos e hijas en la investigación, expresan dudas sobre si el equipo investigador puede implicarles de forma segura y señalan la necesidad de una investigación segura frente al trauma, adaptada a la infancia y que responda al interés del propio menor (Mackey et al., 2024).
Diversos equipos de investigación han demostrado (Radford et al., 2017; Barter et al., 2024) que, con una consideración cuidadosa de los procedimientos éticos para garantizar que la información, los procesos y los contenidos sean adecuados y accesibles y que no se cause ningún daño (Malloy & Stolzenberg, 2019), las opiniones de la infancia de menor edad pueden situarse en el centro de la investigación. La ausencia de la voz de niñas y niños pequeños en las evaluaciones de los servicios de atención a la violencia doméstica representa una laguna importante en nuestro conocimiento. Para agravar aún más esta omisión, se ha producido un giro relativamente reciente en el apoyo frente a la violencia doméstica hacia una oferta más holística, que busca prestar apoyo tanto a la infancia como a los progenitores no agresores y, en algunos casos, a los agresores (véase Stanley & Humphreys, 2017; Spratt et al., 2022). Por lo general, estas intervenciones asignan profesionales distintos a los distintos miembros de la familia (véase Stanley & Humphreys, 2017; Spratt et al., 2022).
Aunque las evaluaciones de estos servicios van en aumento, hasta donde sabemos ninguna ha incluido las opiniones de la infancia de menor edad. Este artículo pretende llenar esa laguna a partir de seis estudios de caso cualitativos, cada uno de los cuales recoge las opiniones y experiencias de menores de corta edad y de sus madres sobre un servicio holístico de atención a la violencia doméstica. Estos estudios se elaboraron en el marco de una evaluación independiente más amplia, de métodos mixtos, de un programa de atención a la violencia doméstica dirigido a toda la familia. Todos ellos se sitúan en un marco ecológico más amplio que reconoce la importancia central de la propia voz de la infancia, junto con la necesidad de reconocer los mecanismos de apoyo más amplios en los que se basan los enfoques holísticos o de familia completa. Dentro de este marco, sin embargo, es esencial reconocer que las diversas voces representadas —las de la infancia, las de las víctimas o supervivientes adultas, las de las personas usuarias y las de profesionales— ocupan posiciones de poder desiguales, en las que los significados de algunos actores se presentan como más «dominantes» y «fiables» que los de otros. Por ello es especialmente importante reconocer, como advierten Eriksson y Appel Nissen (2017), que la «pericia» adulta, ya sea como progenitores o como profesionales, puede correr el riesgo de absorber los propios significados, identidades y comprensiones de niñas y niños sobre su vida, reproduciendo el control social al construir y reforzar maneras normativas de «ser».
Nuestras preguntas de investigación giraban en torno a dos temas interrelacionados, con las perspectivas de la infancia y de las madres: ¿Qué funcionó para apoyar la implicación de menores de corta edad en los servicios de atención a la violencia doméstica? y ¿Qué cambios se lograron para ellos y ellas? Al elaborar estas preguntas, la implicación no se concibió como un constructo binario (implicación/no implicación), sino como un proceso complejo, interactivo, multifacético y continuo (Yatchmenoff, 2005). También reconocemos que la implicación suele expresarse y vivirse de manera diferente por quienes utilizan los servicios y por quienes los prestan, y que también puede variar en intensidad y calidad a lo largo del tiempo de uso del servicio y después.
El programa SafeLives Co-Designed Pilot Site (SLCDPS) fue diseñado por SafeLives junto con las personas pioneras de la organización (supervivientes y personas expertas por experiencia) y comprendía un conjunto integrado de cinco intervenciones que ofrecían apoyo a la infancia y la adolescencia que había vivido violencia doméstica, junto con las personas supervivientes adultas y, cuando procedía, los agresores. Los cinco componentes centrales del programa SLCDPS eran:
El programa, aplicado en dos sedes, se concibió como un servicio holístico con la ambición de ofrecer intervenciones separadas pero coordinadas a todos los miembros de la familia. Estas intervenciones se adaptaban a las necesidades de los distintos grupos, de modo que las personas supervivientes y sus familias pudieran pasar de una a otra y recorrerlas. El trabajo con la infancia y la adolescencia se realizaba mediante intervenciones individuales o grupales, o ambas, que variaban según la edad. Con la infancia de corta edad (hasta los siete años) se utilizaba el material «Monkey Bob» para fomentar la alfabetización emocional y hablar de seguridad. Las niñas y los niños a partir de los ocho años recibían un apoyo adaptado que podía incluir sesiones individuales con el material Recovery y/o los grupos paralelos «Side by Side». La intervención «Tandem» ofrecía apoyo a menores que mostraban conductas abusivas. En todo el programa, las personas supervivientes adultas podían acceder a apoyo individual y grupal, incluidos trabajo de sensibilización sobre la violencia doméstica y de recuperación, apoyo a la parentalidad (Grow Together) y grupos paralelos para madres e hijos e hijas («Side by Side»). También se ofrecían asesoramiento psicológico individual (para menores y adultos) y sesiones de apoyo entre iguales para la recuperación. Se ofrecía apoyo a los agresores, aunque ninguno de los estudios de caso lo incluyó.
La evaluación independiente del SLCDPS se llevó a cabo entre 2018 y 2021 y trató de identificar los cambios en las personas usuarias, lo que incluía comprender los mecanismos y las condiciones que favorecían el cambio positivo, así como los obstáculos. Siguiendo el marco de Skivington et al (2021) para evaluaciones complejas, incorporamos las perspectivas de diversos grupos de interés: entre ellas, las de la infancia y las personas adultas usuarias de los servicios, el personal del SLCDPS, la dirección del programa y otros profesionales (Stanley et al., 2021). Un grupo asesor de supervivientes orientó el diseño de los instrumentos de investigación, la interpretación de los resultados y su difusión.
Se analizaron los datos de seguimiento del servicio para obtener información sobre las vías de derivación, las características sociodemográficas de las personas usuarias y el uso del servicio; se resumen brevemente más adelante en este artículo para ofrecer un contexto más amplio en el que situar los estudios de caso. Para este artículo se elaboraron seis estudios de caso familiares que representaran la variedad del trabajo familiar realizado con menores y madres. Debido a las restricciones por la Covid, las entrevistas se realizaron por teléfono o en línea, según las preferencias y la disponibilidad. Las entrevistas se adaptaron a la edad y la comprensión de cada menor y, con los de menor edad, se emplearon métodos visuales como tarjetas de emociones. Se entrevistó a seis menores, y otro aportó notas por escrito. Las edades de la infancia participante iban de 7 a 11 años. Algunas familias tenían hijos o hijas mayores o menores que también habían recibido apoyo del servicio, pero no todas estas personas consintieron en participar (véase la tabla 1). Se entrevistó a seis madres. La información extraída de los expedientes de cada familia contribuyó a ofrecer una imagen completa del trabajo realizado.
Tabla 1 Relatos de los estudios de caso
Todas las entrevistas de los estudios de caso se grabaron (con el consentimiento de las personas participantes) y se transcribieron íntegramente. Se utilizó el análisis temático (Braun & Clarke, 2012) para desarrollar y depurar, de forma inductiva y deductiva, agrupaciones de temas comunes a los casos, que se codificaron con el programa NVivo. Nos basamos en el enfoque de Crowe et al (2011) para el análisis de estudios de caso colectivos, que permite exploraciones en profundidad y multifacéticas de cuestiones complejas en contextos reales. A partir del análisis temático previo, el análisis de los estudios de caso colectivos atendió primero a las variaciones dentro de cada caso, antes de establecer comparaciones sucesivas entre casos, teniendo en cuenta las distintas perspectivas en cada uno de ellos pero dando prioridad a la propia voz de la infancia. A partir de ahí se elaboró un marco de estudio de caso para examinar estas similitudes y diferencias tanto dentro de los temas y de los estudios de caso como dentro de los distintos grupos y entre ellos, a fin de garantizar que estuvieran representadas las diferentes perspectivas y que se reconocieran explícitamente las diferencias de poder.
El estudio recibió la aprobación ética del comité de ética de la University of Central Lancashire. De acuerdo con las orientaciones para la investigación (Women’s Aid, 2020), se dio prioridad a la seguridad y el bienestar de todas las personas participantes a lo largo de la evaluación. Las familias de los estudios de caso se identificaron en consulta con las entidades prestadoras del servicio. El consentimiento de cada menor se solicitó primero a través del progenitor con quien convivían. Todas las personas participantes recibieron información sobre la evaluación en un formato adecuado y dieron su consentimiento informado tanto antes de la entrevista como al comienzo de esta. Se les informó de que los datos eran confidenciales y estaban anonimizados. Se les recordó que podían decidir no responder a las preguntas y también interrumpir la entrevista en cualquier momento sin dar explicaciones, y esto se ensayó mediante juego de roles con las niñas y los niños al inicio de las entrevistas. Cada menor podía decidir cómo quería participar. Una de estas criaturas optó por no aparecer en pantalla apartándose del portátil, otro apagó la cámara y otro decidió dar respuestas por escrito. Se entregaron vales de compra a todas las madres y menores entrevistadas para agradecerles su tiempo. Se asignaron identificadores numéricos para garantizar el anonimato y las entrevistas se planificaron para que pudieran realizarse de forma segura, sin que nadie las oyera. Cuando fue necesario, se orientó a las personas entrevistadas hacia recursos de apoyo. Durante la pandemia, la seguridad se garantizó mediante una cuidadosa coordinación entre el equipo evaluador y el personal del SLCDPS.
Las restricciones de la pandemia de COVID-19 tuvieron un impacto considerable en el reclutamiento del programa, en su aplicación y en la práctica investigadora. El programa SLCDPS siguió funcionando durante los confinamientos nacionales, aunque algunas intervenciones solo se aplicaron parcialmente. El personal tuvo menos capacidad para apoyar el reclutamiento para el estudio. Resultó especialmente difícil reclutar a menores una vez que dejó de existir la opción de asistir a los grupos organizados en los centros escolares. La mayoría de las entrevistas tuvieron que realizarse en línea o por teléfono. Tampoco pudimos incluir a ninguna familia de grupos minorizados (véanse los datos de seguimiento más abajo), cuyas opiniones y experiencias podrían no coincidir con las de los estudios de caso presentados. Sin embargo, hubo ocasión de estudiar cómo vivieron las niñas, los niños y las madres el paso a la prestación de servicios a distancia, y estos resultados se han publicado en otro lugar (Richardson Foster et al. 2022).
Durante los dos años del periodo de evaluación, los datos de seguimiento del servicio mostraron que 270 niños, niñas y jóvenes utilizaron el apoyo del SLCDPS, con una distribución por sexo aproximadamente equilibrada. La mayoría (41%) tenía entre 8 y 11 años, el 27% entre 5 y 7, y el 28% más de 12. La mayor parte eran de origen étnico blanco (83%) y el 12% pertenecía a grupos racializados minorizados. En total, el 42% de esta población infantil estaba expuesta en ese momento a violencia doméstica en el hogar y una cuarta parte había vivido cómo los agresores utilizaban las visitas para continuar el maltrato.
En el mismo periodo, 481 mujeres adultas supervivientes utilizaron el servicio; más de cuatro quintas partes tenían un hijo o una hija implicados en su caso, aunque no todas estas niñas y niños se implicaron en los servicios del SLCDPS. Tres cuartas partes tenían entre 26 y 45 años y la mayoría (83%) se describía como blanca, en consonancia con la composición étnica de las zonas de influencia. Los servicios sociales de infancia (CSC) fueron una de las principales entidades derivadoras: una cuarta parte de las supervivientes tenía algún tipo de intervención de los CSC.
Las familias de los estudios de caso presentaban diversos problemas relacionados con sus experiencias de violencia doméstica, pero, en la mayoría de los casos, las madres buscaban apoyo específico ante posibles procedimientos de protección de la infancia y problemas persistentes relacionados con el régimen de visitas. La tabla 1 ofrece una visión narrativa de los 6 estudios de caso, incluidos los motivos de derivación y el apoyo del SLCDPS utilizado.
Esta sección presenta en primer lugar los resultados del análisis de los datos de la infancia para la pregunta de investigación: ¿qué funcionó para apoyar la implicación de menores de corta edad en los servicios de atención a la violencia doméstica? A partir de los datos de la infancia, identificamos cuatro temas principales sobre lo que apoyaba su implicación en los servicios: apoyar la disposición personal de niñas y niños para implicarse; el apoyo en torno a preocupaciones e inquietudes; las experiencias relacionales; y las actividades y herramientas atractivas.
A continuación exploramos las perspectivas de las madres sobre lo que funcionó para apoyar la implicación de sus hijos e hijas. Se identifican tres ámbitos: el trabajo con las madres centrado en la infancia; el acompañamiento y la defensa centrados en la infancia; y el trabajo grupal y la mentoría entre iguales para las madres.
Después nos centramos en la segunda pregunta de investigación: ¿Qué cambios se lograron para la infancia?
Preguntamos a cada menor qué, si es que algo, había apoyado su implicación en el servicio CYP al principio. En respuesta, gran parte expresó sus reservas iniciales a la hora de implicarse con la profesional CYP, a menudo por timidez y por no saber bien qué esperar:
Persona investigadora: ¿Qué cara crees que habrías tenido al principio (la persona investigadora le muestra una tarjeta con muchas expresiones distintas)?
Menor (CS1): La número dos, la que está un poco en zigzag. Como un poco de preocupación
Persona investigadora: Vale, un poco de preocupación… ¿Y cómo pensabas que iba a ser?
Menor (CS1): Mmm. No sé.
Menor (CS6) Creo que como que no lo sabía (qué esperar) estaba un poco así como, oh.
Sin embargo, la mayoría también sentía ilusión por el encuentro y por empezar a recibir apoyo: «un poco de vergüenza y de nervios y un poco de alegría» (Menor 2, CS3). Que los progenitores les explicaran qué podían esperar les ayudaba a prepararse para implicarse en las primeras sesiones:
Menor (CS4): Me dijo (la madre) que vendría y que iríamos a una casetita, un sitio pequeño en nuestro jardín, y yo pensé, vale… guay, y estaba un poco emocionado. Sí, creo que mi madre me dijo que fuera sincero con las cosas, que fuera sincero. Así que sí, estaba muy tranquilo.
La disposición personal de niñas y niños para implicarse también se apoyaba en las profesionales durante las primeras sesiones, en las que su ansiedad disminuía gracias a la creación de un vínculo de confianza y a avanzar a su propio ritmo:
Menor (2, CS3): La primera vez que estuve allí no sabía qué estaba pasando y me sentía muy tímida y nerviosa y con miedo. Pero luego me pareció muy divertido y estaba muy contenta.
Las niñas y los niños comentaron que su implicación se veía favorecida por profesionales que se tomaban tiempo para conocerles, explicaban con claridad lo que harían en las sesiones de apoyo, se esforzaban por entender lo que era importante para ellos y resultaban cercanas: Pues yo describiría a [la profesional CYP] como maja, comprensiva… (Menor, CS2).
La mayoría de las niñas y los niños dijeron que querían apoyo con las «preocupaciones» que vivían a causa de sus experiencias de violencia doméstica: Menor (CS2): Creo que una de las razones principales por las que veía a (nombre de la profesional) era, más o menos, por mis preocupaciones.
Una parte tenía dudas sobre su capacidad para regular sus emociones:
Menor (CS4)Hablamos de cosas de nuestra familia… así que a veces ella saca como un librito y es como si te sientes enfadado o si te sientes tranquilo o algo… Cuándo tienes miedo, cuándo te enfadas… Una de las veces me dijo, ¿cómo te sientes cuando te despiertas? Y por esa época yo estaba malo, y me sentía mal cada vez que me despertaba.
Por los relatos de la infancia, quedaba claro que la profesional les ayudaba a menudo a identificar las preocupaciones o inquietudes concretas en las que querían centrarse. También participaban activamente en las decisiones sobre qué inquietudes se abordaban en las sesiones: Menor (CS4) Una vez mi madre estaba siendo muy, muy pesada … hablamos de eso … así que estuvo bastante bien.
A partir de sus primeras impresiones sobre las profesionales, las niñas y los niños hablaron en general de forma muy positiva del apoyo recibido y señalaron que la relación positiva y de confianza con su profesional era clave: Menor (CS5) Echo de menos hablar con ella; no es que necesite más ayuda, pero lo echo de menos: ha sido una persona encantadora y amable conmigo. El humor se señalaba a menudo como un componente importante en la construcción de este vínculo: Menor 2 (CS3) Es graciosa, siempre me hace reír.
Tanto la infancia como las propias profesionales describieron las formas en que el equipo procuraba que los entornos favorecieran el desarrollo de relaciones de apoyo; en el ejemplo siguiente, las sesiones se trasladaron del colegio de la menor, donde se sentía incómoda, a un lugar externo:
Menor (CS2) Las primeras semanas [mi profesional] me veía en el colegio y yo salía un rato de clase para verla. Y luego, después de unas semanas, lo hacíamos después del colegio en el Starbucks…(y) me podía tomar algo.
Sin embargo, aunque la infancia participante expresó en su conjunto opiniones favorables sobre el apoyo recibido, una parte también señaló obstáculos, entre ellos la falta de regularidad de algunas profesionales y el paso del contacto presencial a las sesiones virtuales debido a las restricciones por la Covid:
Menor (CS6) Está bien, pero como que no siempre viene cuando dice que va a venir… dijo que haría como ese juego de la mente, y luego no vino la semana siguiente ni la otra. Y la semana que vino, no lo trajo.
Menor (CS5). …lo único es que me habría gustado verla [a la profesional] aquí. Pero por el corona ya no podía venir a vernos.
Un elemento central que facilitaba la implicación en las sesiones, señalado a menudo de forma espontánea por la propia infancia, era el uso de actividades divertidas, atractivas y creativas. Señalaron que estas actividades y objetos de apoyo facilitaban la expresión de los sentimientos, al favorecer un diálogo abierto y cómodo con la profesional, además de ayudar a la regulación emocional:
Menor 2 (CS3) Un tarro de las preocupaciones y tenía todas mis cosas en una carpeta, todos mis papeles en una carpeta y una hoja de sentimientos. Así podíamos poner, podíamos elegir cómo nos sentimos hoy y me gusta. Y también teníamos algo para enviar, o sea, nos lo enviaron.
Menor (CS6): Ella (la profesional) trajo como un cuaderno, algo así, y pudimos decorar la portada y ella puso algunas cosas para que yo, como, las escribiera. Fue divertido...Yo metía mis preocupaciones. Si estoy como triste, pues dibujo como cosas alegres.
Los objetos utilizados en las sesiones, como el «tarro de las preocupaciones» o «Monkey Bob», ofrecían un cauce seguro a través del cual cada menor podía compartir sus sentimientos e inquietudes. La importancia de estos objetos como apoyo se aprecia claramente en la cita siguiente, en la que la niña había regalado el objeto a una amiga que, en su opinión, lo necesitaba:
Menor (CS2) Ella (la profesional CYP) me recomendó ese monstruo de las preocupaciones, es como un peluche y se le abría la boca, así que podía escribir algo que me preocupaba y metérselo dentro… así que hacía eso siempre que me sentía preocupada, lo escribía y se lo metía dentro… Le dimos el monstruo de las preocupaciones a mi amiga, que también empezó a preocuparse, porque yo ahora ya no.
Como se ha visto, en el centro de muchas de estas actividades estaba el apoyo para que cada menor escribiera sus preocupaciones, lo que ofrecía una representación encarnada de sus inquietudes que luego podía retomarse en sesiones posteriores o transmitirse a otras personas, con su acuerdo. Por ejemplo, en algunos casos, las niñas y los niños contaron que estas actividades les habían permitido compartir sus preocupaciones con sus madres, aliviando su ansiedad ante la idea de causarles disgusto o de aumentar sus inquietudes:
Menor (CS1): (Monkey Bob) Es un arcoíris (peluche).Tenía cosas cosidas como un dibujo encima… ¡Es para las preocupaciones! Yo le cuento las preocupaciones y luego mami va donde él y él le cuenta las preocupaciones.
Estas «preocupaciones» escritas sirvieron de base para el trabajo con las madres, con el fin de que comprendieran mejor las necesidades de sus hijos e hijas y cómo podían ayudar a atenderlas, como se expone más adelante en el artículo. En varios de los estudios de caso, un aspecto clave de este apoyo creativo consistía en permitir que la infancia se implicara en identificar y hablar de sus experiencias de trauma pasado o, en algunos casos, actual, a menudo asociado a la continuidad de las visitas. En el ejemplo siguiente, se diseñó específicamente una actividad para apoyar a un menor con pesadillas recurrentes sobre «él», su padre maltratador (el menor se refirió a su padre de esta manera durante toda la entrevista), con quien todavía mantenía visitas (aunque véase más abajo la sección de resultados):
Menor (CS5): Lo que más me gustó fue hacer el atrapasueños para quitarme los malos sueños sobre «él». Lo hicimos juntos por FaceTime. Cuando conocí a (la profesional) me acostumbré a hablar con ella de cómo me sentía, y hacer las actividades hacía más fácil charlar.
En algunos casos, el apoyo en la gestión de la ira y la adquisición de mecanismos de afrontamiento positivos se vieron favorecidos por actividades creativas memorables; en este caso, se utilizó una bebida con gas como objeto de apoyo:
Menor 1 (CS3): Era toda la ira acumulándose y al final explota (imita con gestos una bebida con gas agitada)… (así que) en vez de eso, ir soltándola poco a poco
Otras actividades, por ejemplo Helping Hands («manos que ayudan»), buscaban identificar a las personas adultas de apoyo en la vida de cada menor, tanto dentro de su familia inmediata como fuera de ella:
Menor (CS1) Lo que tienes que hacer es coger pintura, ponértela en la mano, luego la pones en un papel y después coges un rotulador negro y escribes con quién hablarías de tus preocupaciones.
Menor (CS5) Sé que puedo hablar con mis profesores si estoy preocupado o he tenido malos sueños. Son mis «manos que ayudan».
Menor 2 (CS3): Pude hacer esta mano sobre con quién hablarías si alguna vez tienes miedo, cinco cosas, nuestro pulgar y nuestros cuatro dedos.
Aunque al principio de la entrevista esta menor (CS3) no recordaba qué personas adultas había incluido en su mano de ayuda, al final de la conversación volvió sobre este punto y recordó que había incluido a su profesorado.
Por último, las niñas y los niños hablaron de lo que disfrutaban con actividades no relacionadas con sus experiencias pasadas de daño, aunque también hay que señalar que, en la cita siguiente, «tenía que ir» expresa sumisión más que capacidad de agencia.
Menor 1 (CS3): Tenía que ir a un sitio con ella y hacer algunas actividades, como dibujar o colorear, y podía leer algunos libros y jugar un poco más si sobraba algo de tiempo.
En la sección anterior nos hemos centrado en las opiniones y experiencias de la infancia de menor edad sobre lo que apoyó su implicación en los servicios de atención a la violencia doméstica. Sin embargo, es importante reconocer que esto no ocurrió de forma aislada: las madres de los estudios de caso también recibieron servicios asociados que buscaban trabajar de manera holística con los progenitores no agresores, y las profesionales describieron la implicación de las madres en el servicio como un factor que facilitaba el apoyo que podían ofrecer a sus hijos e hijas. El apoyo permitió a las madres facilitar indirectamente la implicación de sus hijos e hijas en el servicio, gracias a una mejor comprensión de sus necesidades. Las madres contaron que los servicios del SLCDPS les habían permitido comprender mejor el impacto de la violencia doméstica en ellas mismas y en sus hijos e hijas, les habían dado estrategias para responder a sus preocupaciones e inquietudes y, en algunos casos, para reflexionar sobre su forma de ejercer la crianza y sobre las dinámicas familiares. Las madres también relataron de forma directa cómo se había facilitado la implicación de sus hijos e hijas, lo que exploramos ahora en tres ámbitos: el trabajo con las madres centrado en la infancia; el acompañamiento y la defensa centrados en la infancia; y el trabajo grupal y la mentoría entre iguales para las madres. Es importante señalar que, aunque había múltiples formas de apoyo disponibles, era la madre quien decidía en cuáles implicarse, si es que lo hacía en alguna.
El trabajo con las madres centrado en la infancia se desarrollaba en paralelo al trabajo directo con las niñas y los niños, y cada parte contaba con sus propias profesionales de referencia:
Madre (CS3) Estuvo muy bien tenerlo por separado y luego juntarnos. Y luego, de vuelta a casa, después de esas clases, hablábamos los dos de un montón de cosas, y a él le encantaba tener ese rato y todo eso.
Las madres reconocían las ventajas de que sus hijos e hijas les hicieran llegar sus inquietudes a través de la profesional CYP: así las madres podían abordar esas inquietudes con su propia profesional de apoyo. Del mismo modo, las madres podían comunicar a la profesional CYP, directamente o a través de su profesional de apoyo, cualquier inquietud o cambio familiar que consideraran que debía tratarse en el trabajo con su hijo o hija:
Madre (CS1) Me ponía en contacto con (la profesional) solo para decirle que [mi hija] estaba un poco baja de ánimo o que había algo que me preocupaba, y ella llamaba para ver si estaba bien. Le imprimía actividades pequeñas que podíamos hacer juntas, como Helping Hands.
Gracias a este modelo de apoyo recíproco, que ofrecía espacios diferenciados a la infancia y a sus progenitores no agresores, las madres y las profesionales señalaron que la implicación de las niñas y los niños se veía facilitada por un servicio que era «solo para ellos» y por contar con un espacio para hablar de sus preocupaciones sin que sus madres estuvieran presentes:
Madre (CS4): Era simplemente… que se sentía cómodo hablando [con la profesional CYP], sabe, puede decir lo que quiera y no es su madre, no sé si me explico.
Madre (CS6) No estoy segura de que [mi hija] siempre quiera hablar conmigo de todo. Así que… si tuviera una válvula de escape, alguien a quien decirle: «Estoy muy disgustada por esto y no quiero hablar con mami porque no quiero disgustarla. No puedo hablar con papi porque se enfadará conmigo».
Sin embargo, se identificaron obstáculos a la implicación de la infancia. La madre citada más arriba también habló de su decepción porque no había podido desarrollarse una relación sólida debido a la falta de regularidad de las visitas de la profesional CYP:
Madre (CS6) Necesitan (las niñas y los niños) simplemente algo constante… tener a esa persona más, solo para poder decir, uf, sé que [mi hija] está segura con esta persona, puede hablar con ella de lo que sea y pueden construir una relación… Y eso simplemente no ha existido.
Las madres y las profesionales describieron cómo el equipo apoyaba la implicación de la infancia asegurándose de que su voz se escuchara y estuviera representada en las decisiones sobre sus planes de seguridad, el régimen de visitas y los casos de protección de la infancia. En un caso, una madre había contado a la profesional que el inicio en un colegio nuevo generaba mucha angustia a su hijo o hija. La profesional CYP pudo entonces explorar sus preocupaciones, que se centraban en su seguridad respecto a su padre. La profesional le ayudó a redactar un plan de seguridad, con sus propias palabras, sobre lo que quería que hiciera el colegio si su padre se presentaba en actos escolares públicos, en el que se indicaba que bajo ninguna circunstancia estaba autorizado a sacarle del recinto escolar. Después llevaron el plan, junto con su madre, al nuevo colegio, y se establecieron procedimientos para garantizar su cumplimiento.
Otra madre (CS5) relató cómo se había apoyado a su hija y a su hijo para que aportaran sus opiniones a un informe en el marco del procedimiento judicial en curso, lo que les permitió implicarse activamente en el proceso: «encontrar una voz y darse cuenta de que lo que les había pasado no era culpa suya».
Las madres también describieron cómo el trabajo grupal les ayudó a darse cuenta de que «no estaban solas» y de que los problemas e inquietudes a los que se enfrentaban en relación con el bienestar de sus hijos e hijas no eran culpa suya:
Madre (CS6) A veces te hacía pensar y también puede ser bastante, digamos, duro… Y estás ahí con gente que piensa como tú y que ha pasado por situaciones parecidas.
Madre (SC3) Porque hay tanta gente (en el grupo) que te das cuenta también de que ha pasado por eso, y sus hijos, creo que es simplemente, ya sabe, querer asegurarse de que todo el mundo recibe la ayuda que puede, porque existe.
Tras explorar las experiencias y opiniones de la infancia y de las madres sobre lo que apoyó la implicación de niñas y niños, examinamos ahora qué cambios supuso esto para la infancia. Niñas y niños identificaron una serie de resultados positivos gracias al servicio, que se concentraban en cuatro ámbitos principales: bienestar y autoconfianza; cambios de conducta y estrategias de afrontamiento positivas; situación en el hogar; escuela y grupo de iguales. Las madres también señalaron resultados positivos para sus hijos e hijas en estos ámbitos.
Sin excepción, la infancia participante fue capaz de identificar mejoras en su bienestar gracias al apoyo recibido. Describieron una reducción de sus niveles de ansiedad, «ahora me preocupo mucho menos» (CS 2), una mayor sensación de felicidad, «Ahora una cara muy sonriente» (Menor, CS 1), «Antes no estaba como contenta todo el rato y eso, y ahora sí». (Menor CS6) y una mayor autoconfianza:
Menor (CS5): Me siento más seguro y sé que la gente me escuchará más a mí y lo que quiero. Creo que tengo más confianza en mí mismo. Entiendo mejor mis sentimientos y sé que está bien sentir lo que sea que esté sintiendo.
Las niñas y los niños (así como sus progenitores) notaron mejoras en la conducta y contaron que utilizaban estrategias de afrontamiento constructivas para hacer frente a situaciones estresantes:
Menor (CS4): Sí que me enfado, pero estoy un poquito mejor. Sí, estoy un poquito mejor. Es más cuando alguien me insulta. En mi colegio de antes normalmente le daba un puñetazo.
Parte de la infancia participante identificó resultados positivos en relación con su situación en el hogar:
Menor 1 (CS3): En casa está mucho mejor y ahora siempre estoy contento. Antes siempre estaba enfadado y no estaba contento, pero ahora estoy mucho más contento.
En cambio, su hermana menor afirmó que en casa solo estaba «un poco mejor», lo que ilustra que hermanos y hermanas pueden tener experiencias distintas dentro de un mismo entorno familiar. Otros testimonios infantiles también expresaban opiniones más matizadas sobre las mejoras en su situación en el hogar, lo que muestra la necesidad de un apoyo a largo plazo para abordar dinámicas familiares arraigadas a causa del trauma vivido, sobre todo en situaciones con procedimientos judiciales en curso:
Ella (mamá) ya no dice tantas palabrotas, en realidad es lo único. (Menor, CS 4).
No creo que haya cambiado nada en lo que es la familia. (Menor, CS 2).
Sin embargo, un menor contó que el apoyo recibido por su familia había permitido a su madre reconocer el impacto del contacto con su padre maltratador:
Menor (CS5) Ahora mami entiende que ya no queremos ver ni hablar con «él», y [la profesional] ha ayudado a mami a ver que no tenemos por qué hacerlo. Ya no nos obliga a contestar a sus llamadas y estamos más contentos. Puedo hablar de cómo me siento y mami me entenderá más.
Otro ámbito de mejora señalado por niñas y niños se refería a la escuela y a su grupo de iguales. En el ejemplo siguiente, las estrategias positivas de gestión de la ira habían dado lugar a mejoras sustanciales en el colegio y en sus amistades, como muestra la respuesta del menor cuando se le preguntó por el colegio y las amistades:
Menor 1 (CS3): Sí, ahora está bien, ya no me preocupa eso. Es genial, sin duda ha cambiado, tengo un montón de amigos.
Del mismo modo, las madres señalaron un abanico equivalente, aunque más amplio, de resultados positivos para sus hijos e hijas.
En varios casos, los progenitores describieron cómo sus hijos e hijas desarrollaban una mayor comprensión de sus sentimientos, así como la capacidad y la confianza para expresar sus pensamientos:
Madre (CS4) Así que está muy conectado con lo que siente y dice, como, sí, lo haré, o no, no lo haré. Porque nosotros también estábamos muy controlados, así que no teníamos mucha voz, ninguno. Así que ahora [nombre del menor] como que me estoy soltando un poco.
En este relato, la madre describe a su hijo, que había dicho (véase la sección anterior) que lo único que había mejorado de la situación en el hogar era que su madre decía menos palabrotas (lo que en sí mismo puede reflejar métodos de crianza y de disciplina más positivos). No obstante, el comentario pone de relieve que es necesario tener en cuenta todas las opiniones dentro de una familia.
Las madres señalaron que sus hijos e hijas también habían experimentado mejoras en el estado de ánimo, el sueño y la salud física, así como una disminución del miedo y la ira.
Madre (CS5): Antes era como, no, quiero dormir contigo, mami, tengo miedo. Ahora es más como (cuando le pide dormir con ella) siento que es más una elección y le gusta, no porque tenga miedo… antes, veía un coche parecido al de su padre o un hombre que se parecía a su padre y le entraba el pánico, o si veía un coche de policía le entraba el pánico. Ahora está más tranquilo.
También se observó que las niñas y los niños superaban con éxito transiciones escolares clave:
Madre (CS2): Está (su hija) mucho más feliz, empezó el instituto y… todo eso ha sido positivo… mientras que antes era como que, casi no tenía amigos y no era feliz, y siempre estaba enferma. Pero ahora no hay nada de eso y está haciendo nuevos amigos y poniéndose también un poco descarada.
Los progenitores contaron que habían emprendido un proceso de autorreflexión y descubrimiento gracias al apoyo recibido, lo que a su vez les llevó a tomar mayor conciencia de cómo la violencia y sus propios sentimientos podían haber afectado a sus hijos e hijas:
Madre (CS3) Gracias al apoyo que recibí y al apoyo que recibieron los niños… ahora sé más, antes no lo entendía… luego hice el curso… que el impacto también era en los niños. Así que lo veo más claro... y también es más fácil gestionarlo.
Las madres señalaron efectos positivos en la cantidad y el estilo de la comunicación entre madres e hijos e hijas, sobre todo en lo relativo a hablar de la violencia que habían vivido. Esta mejor comunicación tuvo un efecto positivo en la capacidad de las madres para gestionar la conducta de sus hijos e hijas y permitió a estos desarrollar empatía hacia sus madres:
Madre (CS4) Después de… unas cuantas sesiones con él, no sé exactamente qué hizo (la profesional), pero se volvió como, vale, ya veo. Así que como que escucha también mi lado, en vez de, no, estás equivocada... y entonces más o menos conseguimos tener una conversación.
La continuidad en el uso de las herramientas se apreciaba en algunas familias que habían seguido utilizándolas tras completar el programa.
Al final de las entrevistas, se pidió a cada menor que dijera cómo sería su mejor futuro. En algunos casos, este seguía girando, en mayor o menor medida, en torno al deseo de verse libres del trauma: «Cuando nunca esté enfadado ni triste»; «Quedarme con mami y [mi hermana] y tener un gato. Ver mucho a [mis abuelos], ser feliz y estar a salvo y no volver a ver a “él”… trabajar con animales».
En otros casos, en cambio, fueron capaces de expresar aspiraciones que parecían menos marcadas por sus experiencias previas de trauma y daño: «Me gustaría tener una cuadra de caballos, una piscina y el pelo largo…y una casa muy grande»; (si) «tuviera una librería, y fuera bastante popular»; «Quiero ser actriz, concretamente en Disneyland…. La verdad es que sí quiero formar una familia».
El enfoque de estudio de caso (Crowe et al., 2011) permitió obtener una imagen detallada de lo que apoyó la implicación de la infancia de menor edad en los servicios CYP y de los cambios que se lograron. El artículo se centra principalmente en los relatos y experiencias de niñas y niños, complementados por los de sus madres. También hemos procurado identificar los puntos en los que divergen los relatos de las madres y los de sus hijos e hijas. Para ello, hemos concebido a la infancia, incluida la de menor edad, como un actor conocedor y competente en su propia recuperación (James & Prout, 2003, Richardson et al., 2022), rechazando las nociones infantilizadoras y los discursos ideológicos sobre la pasividad infantil (Rosen & Twamley, 2018) que sirven para silenciar y socavar la capacidad de agencia de la infancia. Dentro de esta concepción, reconocemos también que la agencia infantil debe entenderse como un espectro, en el que niñas y niños son a la vez dependientes e independientes en relación con distintos aspectos de su vida (Esser et al., 2016). Como sostiene Abebe (2019), necesitamos comprender el contexto estructural y las prácticas relacionales intergeneracionales que configuran las experiencias de agencia de la infancia. Esto supone reconocer que la agencia infantil se vive y se configura a través de las relaciones con la familia, las amistades y las redes sociales más amplias. Por ello, nuestros resultados han tratado de arrojar luz sobre las formas en que las experiencias de implicación de la infancia en el apoyo frente a la violencia doméstica estaban mediadas y configuradas por las de sus madres, sus iguales y las profesionales. Ponen de manifiesto lo que Abebe denomina agencia interdependiente: el modo en que las prácticas relacionales intergeneracionales entre infancia y personas adultas configuran la vida de niñas y niños, sus «elecciones» y el tipo de futuro que pueden llegar a vivir.
Nuestro análisis de los datos de la infancia arrojó cuatro temas principales en los que hablaban de prácticas relacionales en relación con la implicación: apoyar la disposición personal para implicarse; el apoyo en torno a preocupaciones e inquietudes; las experiencias relacionales; y las actividades y herramientas atractivas. Nuestro estudio ha identificado rasgos clave que pueden servir de pilares para apoyar la implicación activa de la infancia en los programas de atención a la violencia doméstica.
Nuestros resultados sobre la disposición personal de la infancia para implicarse en los servicios de atención a la violencia doméstica requieren una cuidadosa contextualización, ya que niñas y niños, sobre todo de corta edad, tienen poca capacidad de elección sobre su derivación a los servicios o sobre su propia participación (Howarth et al., 2018). Esto se puso aún más de manifiesto en nuestro estudio a través de expresiones de sumisión, «tenía que», más que de expresiones de implicación con capacidad de agencia. También es importante reconocer que la infancia participante en nuestro estudio no se refirió a estar «preparada» para implicarse en el apoyo, en línea con resultados anteriores (Humphreys et al., 2011). Sí describió, en cambio, emociones coexistentes y a menudo contradictorias sobre su implicación inicial, con relatos tanto de ansiedad como de ilusión ante la perspectiva de recibir apoyo. Algunas de estas reservas reflejaban rasgos más generales que identificaban en su vida, sobre todo en relación con la timidez. Sin embargo, otras inquietudes giraban en torno a no saber bien qué esperar o en qué consistiría. Junto a estas inquietudes, la mayoría subrayó también sus expectativas y su ilusión ante la oportunidad de recibir apoyo con sus «preocupaciones». Esto constituía un relato potente y positivo en los testimonios de la infancia, en el que su posicionamiento activo ante un posible cambio y el espacio para que se reconocieran sus preocupaciones eran un motor importante de su disposición personal contextualizada para implicarse.
Aunque algunas de las preocupaciones iniciales de la infancia, como la timidez, solo pueden atenuarse mediante el trabajo relacional, ofrecer material informativo adecuado y atractivo (elaborado por la autoría) que explique qué tipo de apoyo está disponible, reconociendo la elección y el consentimiento como procesos continuos y modificables, ayudaría a aliviar algunas de estas reservas tempranas y a apoyar una implicación contextualizada. Sostenemos que la falta de información adecuada no solo frenó la implicación inicial de la infancia, sino que también puede reflejar una falta de reconocimiento de niñas y niños, y quizá especialmente de los de menor edad, como agentes cuya capacidad de agencia personal y cuyas «elecciones» requieren un apoyo intergeneracional. Sin embargo, también es fundamental reconocer que la disposición personal de cada menor a implicarse o no debe contemplarse dentro de un marco contextual más amplio que incluya la influencia de la familia extensa (incluido el contacto con el agresor) y de factores sociales y culturales. Como sostiene Abebe (2019: pp 1.), «es importante ir más allá del reconocimiento de que la infancia está formada por actores sociales para desvelar los contextos sociales, culturales, materiales y políticos, así como los procesos relacionales, en los que se despliega su agencia cotidiana».
La infancia de los estudios de caso no habló abiertamente de poder en relación con su implicación en el programa. Sin embargo, sí subrayó la importancia de compartir sus experiencias y las preocupaciones asociadas en un entorno en el que se sentía escuchada y segura y tenía el control sobre qué «preocupaciones» quería revelar y cuándo (véase Houghton, 2015; Cater, 2014). Esta implicación se veía favorecida además por profesionales «cercanas», auténticas y constantes que defendían sus opiniones. Esto amplía el trabajo de Beetham et al (2019), que también describieron la recuperación lograda por la infancia mediante el trabajo grupal como relacional y dotada de agencia. El humor y la diversión se utilizaban también para construir un espacio relacional de implicación en el que se podían compartir revelaciones y enfado (Vikander & Källström, 2024), lo que rebajaba la intensidad de las conversaciones y facilitaba que niñas y niños contaran sus historias. Sin embargo, una menor habló de sentirse defraudada por la falta de regularidad de una profesional, lo que subraya la importancia de la reciprocidad en la construcción de las relaciones terapéuticas. El uso del juego creativo, las actividades y los objetos de apoyo, adaptados a la edad y las necesidades de cada menor, permitió a la infancia explorar sus preocupaciones y ansiedades en un contexto inmersivo de diversión y juego (Burriss & Tsao, 2002). Como también han señalado otros trabajos (Beetham et al., 2019, Pernebo and Almquist 2016), nuestros resultados contradicen con fuerza los discursos sociales según los cuales la infancia que vive violencia doméstica no puede también divertirse. Niñas y niños hablaron con fuerza de las actividades «divertidas» y creativas como pilares que apoyaban la implicación mediante el desarrollo de relaciones significativas con las profesionales, y como mecanismos para nombrar las preocupaciones, ofrecer estrategias de cambio (por ejemplo, la analogía de la bebida con gas) y explorar la recuperación. El acto encarnado de depositar las preocupaciones en un cauce seguro, como un peluche o un tarro, apoyaba el control de cada menor sobre qué preocupaciones compartir, centraba la atención en sus propias palabras o dibujos y permitía, cuando estaba de acuerdo, que las profesionales intercedieran en su nombre. Como subrayan Beetham et al (2019), para que estas actividades movilicen el cambio, las personas adultas (en este caso, las profesionales de la infancia) deben utilizar sus «posiciones epistemológicas como “expertas” para facilitar las elecciones de niñas y niños en contextos en los que normalmente tienen poca capacidad de elección» (p573). Así se puso claramente de manifiesto en los relatos de la infancia, así como en los de las madres.
Nuestros resultados muestran que la infancia de menor edad, si recibe un apoyo adecuado por parte de profesionales cualificadas y con experiencia que reconocen su capacidad de agencia, puede identificar el impacto de sus experiencias de violencia doméstica, compartir sus preocupaciones y elaborarlas dentro de una relación recíproca de confianza. Como también han mostrado otros trabajos (Humphreys et al., 2011; Thompson, 2011), este apoyo permite levantar el silencio y el estigma con los que se encuentra la infancia en torno a la violencia doméstica.
Nuestro estudio también constató que la implicación contextual de la infancia se veía reforzada cuando las madres también se implicaban en los servicios, mostrando así a sus hijos e hijas que hablar era aceptable y seguro. Sin dejar de reconocer la importancia central de ofrecer servicios directos a la infancia por derecho propio, el apoyo que recibieron las madres les permitió reconocer mejor el impacto de la violencia en sus hijos e hijas, apoyar su implicación y su capacidad de agencia mediante prácticas relacionales intergeneracionales y formar parte de su recuperación.
Aunque el apoyo a las madres se ofrecía en diversos formatos, ajustados a su etapa de recuperación, el trabajo con la infancia no estaba condicionado a la participación de las madres y no seguía el formato de grupos paralelos del Ontario Model, que ha tenido influencia en el Reino Unido (Morrison (2024; Barter et al., 2024). Esto permitió flexibilidad en las formas de implicación: una madre aceptó el apoyo una vez que percibió los beneficios para sus hijos e hijas y otra lo rechazó por no sentirse preparada para implicarse. Como han sostenido Humphreys et al (2011), la violencia doméstica socava las relaciones entre madres e hijos e hijas, y muchos de los beneficios descritos por la infancia y las madres en este estudio tenían que ver con su mayor capacidad para hablar juntos de cuestiones dolorosas y difíciles y para reconocer sus perspectivas diferentes. Una investigación que pudiera seguir a las familias durante periodos más largos ayudaría a averiguar si estos cambios en los patrones de comunicación se mantienen.
Los resultados de los estudios de caso pusieron de relieve la diversidad en las percepciones de la infancia y de las madres, así como en las experiencias y opiniones de hermanos y hermanas, y estas variaciones reflejan diferencias de poder y de posición dentro de la familia, además de diferencias evolutivas. Un estudio más amplio, con más casos, podría permitir extraer conclusiones sobre la mejor manera de apoyar la implicación de grupos diversos de menores, así como de atender a distintas etapas del desarrollo. Señalamos que una intervención que incluya trabajo tanto individual como grupal con la infancia y sus madres puede responder con mayor facilidad a experiencias y necesidades diferentes.
Por último, gran parte del trabajo aquí descrito se llevó a cabo en el contexto de la pandemia mundial, lo que brindó la oportunidad de explorar los puntos fuertes y débiles de la prestación en línea de estas intervenciones. Aunque las intervenciones presenciales pueden ser óptimas en las fases iniciales de construcción de una relación terapéutica, sobre todo con la infancia, algunas niñas y niños se sintieron cómodos con las sesiones digitales, y los modelos híbridos de intervención merecen seguir poniéndose a prueba (Stanley et al., 2021).
Nuestro estudio aporta pruebas sólidas, en la línea de investigaciones anteriores, de la necesidad de incluir, y priorizar, las opiniones y experiencias de la infancia, incluida la de menor edad, en los estudios sobre servicios de atención a la violencia doméstica que pretenden apoyar su implicación y su recuperación. Sin embargo, nuestro enfoque de estudio de caso también ha permitido que surja una imagen más multifacética, que muestra cómo los servicios integrados, que buscan apoyar tanto a la infancia como a sus madres, pueden ofrecer una respuesta holística para apoyar la implicación de niñas y niños y superar el impacto de la violencia doméstica.
La introducción de este artículo destacaba la insuficiencia de la oferta de programas orientados a la recuperación de la infancia y de sus madres tras haber vivido violencia doméstica. La escasa disponibilidad de estas intervenciones y la amplitud de la necesidad hacen imprescindible que los programas que reciben financiación y apoyo se basen en pruebas sobre lo que ayuda a la infancia a implicarse en los servicios para lograr resultados positivos. En la actualidad, muchas intervenciones británicas para familias que viven violencia doméstica se prestan de forma fragmentaria y a corto plazo, en función del panorama de financiación (Domestic Abuse Commissioner, 2021): el programa aquí descrito ya no se aplica en una de las sedes y ha adoptado otra forma en la otra. Por ello, es especialmente importante que programas innovadores como este se manualicen, para que sus componentes esenciales puedan replicarse en otros lugares. Nuestra investigación contribuye a construir conocimiento en este ámbito al recoger, desde múltiples perspectivas y dando protagonismo a los relatos de la infancia, los requisitos clave para los servicios que buscan apoyar su implicación y su recuperación. Los beneficios de una intervención tienen que ser vividos por los propios niños y niñas, y este estudio muestra los límites de la investigación que se basa únicamente en los relatos de las madres sobre las experiencias de sus hijos e hijas con los servicios. Existe el riesgo de que las experiencias de la infancia se pierdan o se traten como secundarias en las intervenciones y evaluaciones dirigidas a «toda la familia». Implicar a menores de corta edad, tanto en los servicios como en la investigación, plantea más dificultades que con adolescentes de más edad y personas adultas (Eliffe et al., 2020). El servicio aquí estudiado se benefició de la voluntad de considerar a la infancia como participante activa en el proceso terapéutico, y la investigación la abordó de la misma manera. Es importante señalar que también hemos puesto de manifiesto los límites del cambio positivo tal como los identificaron las propias niñas y niños. No obstante, los estudios de caso demuestran que un apoyo especializado para la infancia y sus madres, que reconozca tanto sus diferencias como sus experiencias compartidas y fomente la comunicación para (re)conectar a las familias, puede reducir el silencio en torno a la violencia doméstica y permitir que las familias avancen juntas hacia un futuro libre de daño.
Complexe Systémique: lo esencial
El mérito del estudio reside en sus decisiones: escuchar a niñas y niños de 7 a 11 años en lugar de deducir su experiencia de lo que dicen las personas adultas, y examinar un servicio en el que madre e hijo o hija tienen cada cual su propio espacio y su propia profesional de referencia, con puentes entre ambos. Las «preocupaciones» escritas, deslizadas en un tarro o confiadas a un peluche, se convierten en un tercer objeto que viaja de la criatura a la madre con su consentimiento: una forma concreta de reabrir una comunicación dañada por la violencia sin exponer a la persona menor. Una lectura sistémica encuentra aquí puntos de apoyo precisos: la constancia de la profesional como condición de seguridad, el apoyo a la madre como palanca indirecta para la infancia, hermanos y hermanas que no viven la misma historia. El texto señala también lo que no cambia cuando continúa el contacto con el agresor, y la frecuencia con la que se dice «tenía que ir». Los límites son los de seis casos, sin familias de grupos minorizados, en plena pandemia. Para leer junto con el artículo sobre lo que valora la infancia expuesta a la violencia doméstica en su encuentro con profesionales del trabajo social y el artículo sobre las díadas expuestas conjuntamente a la violencia doméstica.
Notas del original
Agradecimientos. Queremos dar las gracias a todas las niñas, niños, madres y profesionales que dedicaron su tiempo a hablar con el equipo investigador, sobre todo porque muchas de estas entrevistas tuvieron lugar durante el confinamiento. También queremos dar las gracias a nuestras personas investigadoras expertas por experiencia y a nuestro grupo asesor, así como a SafeLives, que apoyaron la evaluación.
Financiación. Big Lottery’s Women and Girls Initiative.
Aprobación ética. El estudio recibió la aprobación ética del Business, Arts, Humanities and Social Sciences (BAHSS2) Ethics Review Panel de la University of Central Lancashire. Seguimos el Research Integrity Framework for Domestic Violence and Abuse de Women’s Aid (2020)a. https://www.womensaid.org.uk/wp-content/uploads/2020/11/Research-Integrity-Framework-RIF-on-Domestic-Violence-and-Abuse-DVA-November-2020.pdf
Consentimiento para participar. Todas las personas participantes dieron su consentimiento por escrito para participar y para la publicación.
Conflicto de intereses. No se declara ningún conflicto de intereses.
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Traducción no oficial al español de What do younger children need for recovery from domestic abuse? Findings from in-depth qualitative family case studies, de Christine Barter, Emma Howarth, Helen Richardson Foster y Nicky Stanley, Journal of Family Violence, vol. 41, n.º 3 (2026), doi: 10.1007/s10896-025-00873-6, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (texto traducido al español, tabla presentada en forma de lista). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Traducción no oficial al español del artículo original «What do younger children need for recovery from domestic abuse? Findings from in-depth qualitative family case studies», publicado en Journal of Family Violence (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Barter, C., Howarth, E., Richardson Foster, H., y Stanley, N. (2026). What do younger children need for recovery from domestic abuse? Findings from in-depth qualitative family case studies. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/what-do-younger-children-need-for-recovery-from-domestic-abuse (Obra original publicada en 2025 en Journal of Family Violence, 41(3), 465-478 (2026); republicada en 2026 por Journal of Family Violence, https://link.springer.com/article/10.1007/s10896-025-00873-6)
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