Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Counselling and Psychotherapy Research · Terapia familiar
¿Qué ocurre cuando, en sesión, son las personas consultantes quienes hacen las preguntas? Ioanna Moraitou y Eleftheria Tseliou analizan, línea por línea, 19 sesiones grabadas de terapia sistémica posmilanesa en Grecia. Las familias piden la opinión de una experta, las terapeutas responden con una pregunta: la igualdad a la que aspiran las terapias construccionistas se logra, paradójicamente, a través de la misma autoridad que dicen dejar atrás.
Traducción no oficial al español de Who has the Right to Know? Negotiating Epistemic Authority in Constructionist Therapies, de Ioanna Moraitou y Eleftheria Tseliou, publicado en Counselling and Psychotherapy Research (Wiley) (2025), doi: 10.1002/capr.70015, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Los seis extractos de transcripción se reproducen como imágenes, tal como figuran en el original (en inglés); la tabla de notación se presenta como lista; no se reproduce la declaración de disponibilidad de datos. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Puesto que la igualdad parece lograrse mediante la autoridad y viceversa, igualdad y autoridad parecen ser las dos caras de una misma moneda.
Ioanna Moraitou y Eleftheria Tseliou
Resumen
Objetivos. Las terapias construccionistas cuestionaron la autoridad de quien ejerce la terapia y defendieron la participación no jerárquica de todos los miembros del sistema terapéutico en el diálogo terapéutico. Sin embargo, la terapia está construida institucionalmente como un proceso asimétrico, en el que se asigna a la persona terapeuta autoridad epistémica, es decir, el derecho a saber, frente a las personas consultantes. En consecuencia, estas pueden apelar a la pericia terapéutica pidiendo consejo o una evaluación diagnóstica directa. En ese contexto, un patrón conversacional normativo es que sea la persona terapeuta quien formula las preguntas y la persona consultante quien las responde. No obstante, las personas consultantes pueden apartarse de ese patrón formulando sus propias preguntas a la terapeuta. El objetivo del presente estudio era investigar cómo negocian la autoridad epistémica las personas participantes en los momentos en que se producen tales desviaciones.
Métodos. A partir de la psicología discursiva y del análisis de la conversación, analizamos 19 sesiones de terapia grabadas en audio, conducidas por 3 terapeutas que seguían el enfoque sistémico posmilanés.
Resultados. Centrándose en un patrón conversacional en el que las personas consultantes dirigen preguntas a las terapeutas y estas responden con preguntas, el análisis ilustra las formas dilemáticas en que terapeutas y consultantes cuestionan y afirman la asimetría epistémica. Al dirigir una pregunta a la terapeuta, las personas consultantes parecen resistirse a la asimetría y, al mismo tiempo, invocan la autoridad terapéutica, poniendo así a prueba la adhesión de las terapeutas a las premisas construccionistas. Por su parte, las terapeutas, al responder con preguntas, parecen restablecer el orden normativo de la conversación terapéutica, pero también se resisten a esa invocación al no responder desde una posición de autoridad.
Conclusión. Nuestros resultados ponen de relieve los aspectos dilemáticos de la negociación de la autoridad epistémica en las terapias construccionistas.
En este artículo ilustramos cómo terapeutas y consultantes negocian la asimetría epistémica en el diálogo terapéutico que se produce de forma natural en las terapias construccionistas. Con el término terapias construccionistas nos referimos a enfoques desarrollados sobre todo en el campo de la terapia familiar sistémica, como el enfoque posmilanés (p. ej., Cecchin et al. 2018) y los enfoques colaborativos (p. ej., Anderson 2012). Estos enfoques comparten premisas construccionistas, como la idea de que la terapia es un proceso de coconstrucción, en el que terapeutas y consultantes interactúan dentro de un espacio conversacional mientras coordinan sus actividades (McNamee and Shawver 2004). Se anima a la persona terapeuta a abandonar el estatus de autoridad, y la terapia se describe como un proceso de influencia y transformación mutuas (Sutherland 2007). Sin embargo, institucionalmente se asigna a terapeutas un estatus epistémico más elevado (Stevanovic and Peräkylä 2012, 2014), es decir, una posición superior en cuanto al acceso al conocimiento en relación con sus consultantes. En consecuencia, las personas consultantes llegan a terapia pidiendo consejo experto y soluciones a sus problemas (Silver 1991). La práctica terapéutica de formular preguntas indica la asimetría entre terapeutas y consultantes, ya que terapeutas desempeñan su papel institucional y conducen a una reformulación del problema inicial dirigiendo preguntas a las personas consultantes (Bartesaghi 2009; Worsøe and Jensen 2020). Al mismo tiempo, la atención a las experiencias de las personas consultantes durante la conversación terapéutica y los esfuerzos terapéuticos por acceder a esas experiencias ponen en primer plano la autoridad epistémica de las personas consultantes, en la medida en que se las considera expertas en sus propias experiencias (Ekberg and LeCouteur 2015; Ong et al. 2021; Weiste et al. 2016).
Hasta la fecha, se sabe poco sobre cómo terapeutas y consultantes gestionan esta asimetría epistémica en el contexto terapéutico (Ekberg and LeCouteur 2015; Muntigl et al. 2020; Muntigl and Horvath 2014; Ong et al. 2021; Ong et al. 2023; Ong et al. 2024; Smoliak et al. 2022). Estos estudios emplean principalmente el análisis de la conversación (AC), un enfoque cualitativo que permite estudiar cómo se construye el mundo social en el habla (Sacks et al. 1974) y estrechamente vinculado a la psicología discursiva (PD) (Edwards and Potter 1992), y se centran sobre todo en las terapias construccionistas. Los estudios existentes sobre la asimetría epistémica (Muntigl and Horvath 2014; Ong et al. 2024) en el diálogo terapéutico subrayan la necesidad de seguir investigando esta cuestión.
En este artículo nos sumamos a esta línea de investigación presentando análisis basados en el AC y la PD de sesiones transcritas de terapia posmilanesa, que ilustran cómo terapeutas y consultantes negocian su autoridad epistémica. Primero desarrollamos la noción de asimetría epistémica en las terapias construccionistas y luego nos centramos en el uso de las preguntas en relación con la asimetría epistémica. Concluimos presentando nuestro análisis discursivo, centrado en los momentos en que las personas consultantes rompen el patrón normativo de la interacción terapéutica formulando sus propias preguntas, mientras las terapeutas responden con una pregunta.
El modelo posmilanés (Cecchin et al. 2018) y otros modelos construccionistas, como la terapia colaborativa (Anderson 2012), la terapia narrativa (White and Epston 1990) y el enfoque del Diálogo Abierto (Seikkula 2011), cuestionaron la idea de la autoridad terapéutica y abordaron la terapia como un proceso de coconstrucción. Al centrarse en el relato de la persona consultante más que en el conocimiento de quien ejerce la terapia, ambas partes se consideran interlocutoras conversacionales (Anderson 2012) que coproducen conocimiento en su contexto interaccional local, es decir, el diálogo terapéutico. En consecuencia, terapeutas construccionistas se relacionan con sus consultantes con un estilo no directivo, se abstienen de dar consejos (Couture and Sutherland 2006) y de entrar en un discurso monológico y diagnóstico (Anderson 2012). Por otra parte, estas preferencias pueden chocar directamente con consultantes que buscan consejo y evaluación expertos (Silver 1991). En este contexto puede surgir un conflicto entre las preocupaciones «sistémicas» de terapeutas y las del «mundo de la vida» de consultantes, respectivamente, ya que las restricciones interaccionales del enfoque terapéutico contradicen las expectativas de respuestas «directas» de las personas consultantes.
Este marco interaccional se complica aún más por el marco institucional de la terapia. Los derechos y las obligaciones se distribuyen de manera diferente entre quienes participan en la interacción terapéutica, en comparación con las conversaciones cotidianas. Las posiciones primarias de terapeutas y consultantes atribuyen a terapeutas una mayor autoridad epistémica (Ong et al. 2023), dada la construcción culturalmente dominante según la cual terapeutas poseen el conocimiento y la pericia para «curar» a quienes acuden en busca de su ayuda. Sin embargo, como la postura epistémica, es decir, la exhibición pública del conocimiento (Heritage 2012), no siempre está alineada con el estatus epistémico, es decir, la posición de alguien respecto de su(s) coparticipante(s) en términos de conocimiento (Stevanovic and Peräkylä 2014), terapeutas pueden apartarse de su estatus mostrando una postura más simétrica. El contexto terapéutico construccionista parece situar a la persona terapeuta en una posición difícil, ya que debe mantener el equilibrio entre la autoridad que le asigna el marco institucional de la terapia y los preceptos de su modelo, que le piden desarrollar una relación colaborativa y no autoritaria con sus consultantes (Anderson 2012).
Al mismo tiempo, dado que las posiciones de autoridad y la asimetría resultante no son fijas, las personas consultantes pueden resistirse a la autoridad de las personas expertas. Por ejemplo, la investigación (Muntigl et al. 2020) ha mostrado que las personas consultantes se niegan a participar en una tarea concreta expresando explícitamente su reticencia, guardando silencio o cuestionando la autenticidad de la tarea. También utilizan su autoridad epistémica, es decir, el conocimiento derivado de su experiencia personal (Stevanovic and Peräkylä 2012), para resistirse a las sugerencias terapéuticas (Ekberg and LeCouteur 2015). Al contraponer la autoridad de su experiencia y su conocimiento personales, subrayan su primacía epistémica y reivindican la posición de un interlocutor o interlocutora con iguales derechos.
En conjunto, en las terapias construccionistas, terapeutas y consultantes necesitan negociar la autoridad epistémica, dadas las exigencias contradictorias de sus posiciones asignadas institucionalmente y de las premisas construccionistas que invitan a compartir la pericia epistémica, un tema de investigación que, en el momento de escribir estas líneas, ha recibido una atención limitada.
El AC, la PD y las terapias construccionistas sitúan la comprensión del comportamiento humano y de los fenómenos mentales en el contexto de una interacción discursiva recursiva (Ong et al. 2020; Tseliou and Borcsa 2018). En consecuencia, el AC y la PD presentan una afinidad epistemológica y teórica con estas terapias (p. ej., Tseliou and Borcsa 2018). El AC (Sacks et al. 1974) se centra en el estudio de los rasgos conversacionales normativos, como la toma de turnos, las secuencias conversacionales y los pares adyacentes, es decir, pares en los que, cuando se enuncia la primera parte, se espera normativamente una segunda, como las preguntas y las respuestas. La PD (Edwards and Potter 1992) pone de relieve los aspectos performativos y argumentativos del lenguaje en uso. La PD sostiene que el discurso es intrínsecamente dilemático y que, cada vez que entablamos una conversación, argumentamos a favor de la veracidad de nuestras pretensiones de conocimiento (Billig 1996).
Hasta la fecha, existen investigaciones de AC y PD centradas en el estudio de la asimetría y la autoridad epistémicas en el psicoanálisis y la terapia cognitiva (Ekberg and LeCouteur 2015; Etelämäki et al. 2021; Weiste et al. 2016), la terapia focalizada en las emociones (p. ej., Muntigl et al. 2020; Smoliak et al. 2022), la terapia de pareja y familiar (Muntigl and Choi 2010), la terapia sistémica (Watson 2019), la terapia colaborativa (Smoliak et al. 2018) y el enfoque del Diálogo Abierto (Ong et al. 2021; Ong et al. 2024). Por ejemplo, la investigación (Ong et al. 2021; Ong et al. 2024; Weiste et al. 2016) ha mostrado cómo terapeutas rebajaban su propio conocimiento mediante expresiones como «me pregunto» y anclando su discurso en las experiencias internas de las personas consultantes, o repitiendo e incorporando lo que estas decían. También se ha mostrado (Smoliak et al. 2022) que terapeutas actúan como coautores de las experiencias de las personas consultantes, al referir su discurso directo y completar turnos de conversación, a la vez que promueven su propia agenda. Las personas consultantes, por su parte, se mostraban reacias a seguir las directivas y la agenda terapéuticas cuando estas no se basaban en una exploración previa de sus puntos de vista (Smoliak et al. 2022), o invocaban su experiencia para resistirse a preguntas inusuales planteadas en terapia (Smoliak et al. 2018). Por último, la investigación centrada en los derechos epistémicos de las personas consultantes ha mostrado que, tras una expresión de desacuerdo o de retraimiento por parte de la persona consultante, la imposición de una agenda terapéutica no vinculada a su perspectiva conducía a la creación de un ciclo recursivo de desafiliación (Muntigl and Horvath 2014).
Se ha argumentado (Wang 2006) que el estudio de la distribución desigual de las preguntas puede contribuir a comprender mejor la asimetría entre participantes en el diálogo institucional. El diálogo institucional se considera una interacción asimétrica en la que la secuencia pregunta-respuesta implica derechos y obligaciones diferentes entre participantes (Heritage 2005; Tracy and Robles 2009; Wang 2006). En psicoterapia, preguntar no consiste solo en recabar información, sino que también ayuda a reformular el problema terapéutico según los requisitos institucionales de la psicoterapia. Como las personas consultantes pasan a tener que responder ante terapeutas y como los presupuestos del proceso terapéutico no les son accesibles, surge una cuestión de asimetría relativa al derecho terapéutico a controlar la contribución de la persona consultante (Bartesaghi 2009).
Sin embargo, las personas consultantes no son receptoras pasivas de las sugerencias terapéuticas (Buttny 1996). Los turnos de respuesta no preferidos, es decir, turnos que no se esperan normativamente en las secuencias de pares adyacentes (Sacks et al. 1974), como el silencio, las preguntas, las vacilaciones y las repeticiones, aparecen cuando las personas consultantes expresan de manera menos evidente su desacuerdo con lo formulado en terapia (Pomerantz 1984).
Sin embargo, hasta donde sabemos, no existe hasta la fecha ninguna investigación centrada en las preguntas y su relevancia para la negociación de la asimetría entre terapeutas y consultantes en el discurso terapéutico que se produce de forma natural.
Reconociendo lo poco que se sabe sobre cómo se logran la igualdad y la colaboración en las terapias construccionistas en lo que respecta a las preguntas, llevamos a cabo un estudio basado en el AC y la PD centrado en investigar cómo consultantes y terapeutas negocian la autoridad epistémica. En este artículo presentamos un análisis de los momentos en que se rompe el orden institucional pregunta-respuesta, por ejemplo cuando son las personas consultantes, y no las terapeutas, quienes plantean preguntas y las terapeutas responden con nuevas preguntas, en el diálogo terapéutico construccionista que se produce de forma natural.
Seleccionamos 19 sesiones grabadas en audio de terapia individual (6) y familiar (13), conducidas por tres terapeutas que seguían el enfoque sistémico posmilanés. La duración total de las sesiones fue de aproximadamente 16 h. Las tres terapeutas eran mujeres formadas en terapia familiar sistémica. Las sesiones se llevaron a cabo en dos servicios públicos de salud mental de Grecia.
Las sesiones se transcribieron literalmente siguiendo una versión simplificada del sistema de notación de Jefferson (2004) (véase la tabla 1).
Tabla 1 — Notación de la transcripción.
El análisis incluyó las siguientes etapas. En primer lugar, se leyeron repetidamente las transcripciones para familiarizarnos con lo que el texto parecía estar logrando. A continuación, se seleccionaron todos los momentos en que las personas consultantes planteaban preguntas a las terapeutas (n = 123). Del conjunto de estos momentos, se seleccionaron aquellos en que las terapeutas respondían con una pregunta (n = 14), dado nuestro interés por los casos en que se rompe el orden normativo pregunta-respuesta. Después, sometimos las secuencias seleccionadas a un análisis basado en la PD y el AC. El análisis de PD se centró en los aspectos dilemáticos de las interacciones discursivas de las personas participantes (Billig 1996), poniendo de relieve las cuestiones contradictorias y las situaciones paradójicas a las que se enfrentaban. Partiendo de conceptos del AC, como el procedimiento de prueba del turno siguiente, es decir, la evidencia de cómo las personas participantes dan sentido a las contribuciones de las demás, y la organización de la toma de turnos en el habla (Sacks et al. 1974), analizamos la orientación de las personas participantes, es decir, lo que hacían relevante en su discurso, así como los patrones conversacionales recurrentes.
El análisis que sigue incluye los extractos más ilustrativos, que tradujimos del griego al inglés. En los extractos hemos sustituido los nombres de las personas consultantes por seudónimos para preservar el anonimato. Las terapeutas se presentan como Τh y, en los casos en que hay dos terapeutas, como Th1 y Th2.
Seguimos el código ético de la Universidad de Tesalia (Grecia)1. Tras un primer contacto con las terapeutas para informarles sobre el estudio, se firmó un formulario de consentimiento informado que abordaba las cuestiones de confidencialidad y los derechos de las personas participantes.
Para la selección de los datos, contactamos primero con asociaciones e institutos psicoterapéuticos locales. Después pedimos a sus responsables que remitieran a terapeutas una carta con los detalles del estudio y un formulario de contacto. De las ocho terapeutas que manifestaron interés en participar en el estudio, tres decidieron seguir adelante con su participación, todas ellas con una práctica desde la perspectiva posmilanesa. Todas las terapeutas y personas consultantes participantes firmaron un formulario de consentimiento informado. Todas las terapias habían concluido cuando se nos concedió acceso a las grabaciones seleccionadas.
Nuestro análisis del patrón conversacional en el que las personas consultantes dirigen preguntas a las terapeutas y estas responden con preguntas puso de manifiesto las formas dilemáticas en que terapeutas y consultantes cuestionaban y afirmaban la asimetría epistémica. Concretamente, identificamos el siguiente patrón: las personas consultantes parecían poner a prueba la adhesión de las terapeutas a los principios construccionistas de interacción no jerárquica al buscar su pericia, por ejemplo consejos y respuestas directas a sus preguntas de evaluación. Las terapeutas, por su parte, parecían rechazar las peticiones de evaluación y de consejo. Las personas consultantes, a su vez, parecían resistirse a la resistencia de las terapeutas a ofrecer consejos y evaluaciones diagnósticas, y a sus esfuerzos por hacer que fueran ellas, las personas consultantes, y no las terapeutas, quienes dieran las respuestas a sus propias preguntas.
En conjunto, terapeutas y consultantes parecían alternar entre la posición de interlocución en pie de igualdad y la del no saber, según el contexto conversacional. Al formular una pregunta a la terapeuta y transgredir el patrón normativo de la interacción terapéutica, las personas consultantes parecían resistirse a la asimetría, reivindicando la posición de interlocutoras con iguales derechos. Así, o bien invocaban su experiencia personal, afirmando su propia autoridad epistémica, o bien apelaban a la terapeuta como autoridad para que diera una respuesta objetiva que respaldara su argumento, resistiéndose a que las terapeutas se abstuvieran de dar respuestas y consejos directos.
Las terapeutas parecían restablecer el patrón normativo de la conversación terapéutica, afirmando su derecho a controlar la conversación al responder a las preguntas de las personas consultantes con preguntas. Al no responder a esas preguntas, se abstenían también de asumir una posición de pericia/autoridad, rechazando así las peticiones de consejo. Además, parecían invitar a las personas consultantes a poner de relieve sus propias perspectivas, mostrando que reconocían la autoridad epistémica que surge de su experiencia personal, mientras que en ocasiones cuestionaban/ponían en duda sus opiniones sin contradecirlas directamente.
Las secciones siguientes ilustran tres ejemplos del patrón identificado.
En los dos extractos siguientes de una misma secuencia, el consultante hace una pregunta aclaratoria y la terapeuta formula una pregunta que suscita su punto de vista subjetivo. Procede de una primera sesión de terapia familiar en la que participaron dos terapeutas, la madre, el padre y el hijo de la familia, Dimitris (D).

Tras una discusión de equipo reflexivo entre las terapeutas (538–577), es decir, una conversación en presencia de las personas consultantes con el objetivo de ofrecer una devolución sobre la discusión (Andersen 1987), la secuencia comienza con una formulación de la terapeuta, que intenta conectar los comentarios de dos miembros de la familia haciendo referencia explícita a lo que la madre había contado antes (626–628). Al comienzo del extracto 1a (636–638), Dimitris pide una aclaración sobre un comentario hecho por la terapeuta durante la discusión reflexiva. La exhalación prolongada y el marcador de vacilación, (.hhh) Eh::: (639), parecen atenuar la autoridad de la coterapeuta (Couture and Sutherland 2006; Strong et al. 2008), mientras que la oración interrogativa y el uso del pronombre de primera persona del plural, «¿Dejamos que lo explique la terapeuta?» (639), la construyen como menos directiva. La inversión de la pregunta del consultante, «¿Cómo lo… oyó usted?» (641), muestra que la terapeuta busca la opinión subjetiva del consultante, a la vez que ejerce el control sobre la agenda de la discusión. El uso del imperativo por parte del consultante y el énfasis en «dígame» (643) muestran que no acepta pasivamente la autoridad de la terapeuta. La terapeuta, tomando como anclaje el discurso de las personas consultantes, «Claro… ella lo oyó» (646), sostiene que las ideas formuladas por su colega no se basan en un conocimiento preestablecido y, mediante la marca interrogativa «(¿verdad?)», invita a su interlocutor a dar su asentimiento. Ciertos rasgos del discurso de la terapeuta, como el uso de las palabras «imagino:» (656) y «quizás» (657), los marcadores de vacilación «eh::» (657) y las formulaciones incorrectas «Alg m::(.)» (658–659), parecen atenuar sus afirmaciones sobre Dimitris. La pregunta «¿lo estoy diciendo bien?» (659), aparentemente dirigida a la coterapeuta, sugiere que la hablante atribuye cierta incertidumbre a su descripción.

Tras la pregunta de la terapeuta 1 (659, extracto 1a), la coterapeuta confirma con vacilación el relato de la terapeuta, «°Sí sí° m: sí» (660), y luego (660–662) lo completa. Al poner de relieve el lenguaje común de las expertas, atribuye autoridad epistémica a su discurso. Al mismo tiempo, construye su relato como subjetivo mediante marcadores de incertidumbre («eh: eh::», 660) y la expresión «tuve la sensación» (660–661). Después parece anclar su descripción en el relato del consultante al afirmar: «Usted↑ añadió otra cosa (.)» (663). La coterapeuta refuerza además la plausibilidad de su descripción sin invocar su autoridad, mediante varios recursos retóricos; obsérvese el anclaje en lo dicho por la madre y el padre, «y mamá dijo» (664), «y papá… ↑sí» (665–666), y la descripción vívida con voz activa (Wooffitt 1992), «cuando D… ↑más» (666). La terapeuta, a su vez, subraya la subjetividad de su perspectiva, «Pero esto… lo que ↑oímos» (669), pero al mismo tiempo, mediante la pregunta retórica «¿De acuerdo?» (670), invita a su interlocutor a aceptar su descripción. Después reconoce el derecho del consultante a tener su propia descripción, «Usted (.) puede… de otra manera» (670-671). El énfasis en las palabras «Usted» y «puede» y el uso de la expresión «↑lo que oímos» parecen reforzar aún más la idea de subjetividad y de autoridad de la experiencia personal. Aunque el consultante parece estar de acuerdo con la idea de subjetividad, «Ya veo» (673), la terapeuta sigue defendiendo su derecho a tener un punto de vista diferente: «No… usted mejor» (674–675). El hecho de que la coterapeuta complete el relato de la terapeuta (676) indica que ese derecho no es evidente. El consultante muestra que acepta la posición de interlocutor con iguales derechos que le asignan las terapeutas (677), construyendo ese derecho como indiscutible para él («claro que sí»). Cuando la terapeuta le pide permiso para continuar la exploración con su madre y su padre (678), la disculpa del consultante, «Perdone» (679), parece implicar que reconoce haber transgredido las reglas de la interacción terapéutica.
El análisis de esta secuencia ilustró cómo el consultante reivindica la posición de interlocutor, pero parece también reconocer la supremacía epistémica de las terapeutas, al hacer una pregunta aclaratoria y pedir su evaluación como expertas. Del mismo modo, se mostró que la terapeuta restablece el patrón normativo de la interacción terapéutica y reconoce la autoridad epistémica del consultante al responder a su pregunta con una pregunta. Evidentemente, el consultante parece solicitar la pericia de las terapeutas, mientras que estas parecen desviar esa petición.
En el extracto 2, la consultante intenta reforzar su argumento pidiendo a la terapeuta una evaluación directa, mientras que la terapeuta, al responder con una pregunta, subraya la importancia de la experiencia subjetiva. La conversación se desarrolla entre la terapeuta y Christina, que acudió a terapia para hablar de un problema con su nieto. La discusión de equipo reflexivo precedente se había centrado sobre todo en la dificultad de los miembros de la familia para aceptar el duelo del abuelo ante la muerte inminente de su anciano padre.

Al señalar el momento de la conversación en que las personas consultantes pueden intervenir («¿Quieren… lo que dijo el equipo?», 956), la terapeuta parece ejercer el control sobre la conducción de la discusión. La apertura de la invitación en cuanto a quién puede comentar y qué temas pueden comentarse permite construir la terapia como un proceso igualitario, abierto a la crítica y a la objeción. Al tomar la palabra, Christina pone de relieve el distinto estatus epistémico de las personas expertas y de las no expertas. Al mismo tiempo, parece criticar indirectamente lo que el equipo reflexivo había comentado antes, desde la posición de una interlocutora con iguales derechos. Concretamente, al invocar la categoría de la persona experta (Sacks 1992), «eh::>… (como expertas en psicología)<¿verdad?» (957–958), parece asignar autoridad a las expertas. Después, al comparar a los miembros de la familia con las terapeutas, resta importancia a la posición de los primeros en el proceso terapéutico: «e: ustedes tienen… nosotros» (959–960). Del mismo modo, las expresiones «somos:: de primaria» (960) y «también se nos considera incultos» (960–961) construyen a la hablante y al resto de la familia como personas con un nivel educativo bajo, pero también subrayan la autoridad epistémica de las expertas. Al poner de relieve esta diferencia y luego al hacer preguntas sobre la reflexión («eh: entonces ↑ustedes… ¿existir?», 961–963), la hablante parece problematizar los puntos de vista de las terapeutas, sin enfrentarse directamente a ellas y sin cuestionar su autoridad epistémica. Asimismo, al referirse a lo «normal» (962), a lo «correcto» (963) y a «¿Debería existir?» (963), la hablante parece reconocer la autoridad de la terapeuta para ofrecer una evaluación objetiva, a la vez que cuestiona la corrección de lo dicho durante la discusión reflexiva. La terapeuta responde a la pregunta de Christina con una pregunta (965) y desplaza el foco de la discusión de la búsqueda de una verdad objetiva a la experiencia de su marido, subrayando la autoridad epistémica de la consultante. Christina admite al principio que su marido vive un sentimiento desagradable. Después, cuestiona la manera en que él gestiona su estado de salud («va a acabar… al final», 966-967). Así, parece defender su punto de vista sin cuestionar la opinión de las expertas. Cuando la terapeuta la invita a evaluar la reacción de su marido («¿Entonces está bien?», 968), ella invierte la pregunta, «↑Eso es lo que… pregunto» (969), cuestionando de nuevo la autoridad de la terapeuta. Al preguntar «¿está bien?» e invocar la dicotomía correcto-incorrecto, Christina reafirma una vez más su búsqueda de una evaluación objetiva y científica del estado de su marido. Frente a esta petición, la terapeuta subraya la importancia de la perspectiva de su interlocutora («Dígame usted… eso», 970, «importa… piensa», 971), a la vez que resta importancia al conocimiento de las expertas («No… lo que pensamos nosotras», 970). Así, construye a la terapeuta como alguien que no posee la verdad absoluta. Al mismo tiempo, al no responder a la pregunta de la consultante e insistir en subrayar su punto de vista, parece imprimir una dirección determinada al diálogo terapéutico.
En suma, el análisis del extracto 2 ilustró cómo la consultante parece reconocer a la terapeuta como figura de autoridad, mientras que la terapeuta atenúa su autoridad epistémica subrayando la importancia de la experiencia de la consultante, frente al conocimiento experto, al tiempo que pone en cuestión la descripción de su interlocutora. Como en el caso de los extractos 1a–1b, la terapeuta parece resistirse al esfuerzo de la consultante por apelar a su pericia epistémica pidiendo una evaluación diagnóstica explícita.
La secuencia siguiente (extractos 3a, 3b y 3c) procede de una sesión de terapia familiar en la que participan dos terapeutas, la paciente identificada, Victoria (V), su hermana, su madre, Sofia (S), y su padre, Harris (H). La coterapeuta (Th2) es también la terapeuta individual de Victoria. Antes de este extracto, la discusión se había centrado en el cuidado excesivo de la madre hacia sus hijas, un comportamiento que desaprueban su marido y la paciente identificada. La madre expresa entonces su preocupación de que Victoria pueda recaer a causa de su relación con un hombre que ella no aprueba. La coterapeuta interviene argumentando que, cuando la discusión genera estrés en la madre y el padre, estos recuerdan el problema de Victoria y le atribuyen la responsabilidad de sus propios actos.

Al comienzo del extracto, el padre pide permiso para intervenir («¿Puedo preguntar algo?», 422), mostrando que reconoce la autoridad de la terapeuta. Después parece atribuir el problema a la relación anterior de Victoria (425–426), como había hecho antes su mujer. Mediante la vaguedad sistemática (Potter 1996; «Toda esta historia ahora», 425; «una persona», 426) y la generalización del problema al sistema familiar («todo lo que… hemos pasado», 425), refuerza su construcción. Cuando la terapeuta rechaza esta afirmación, «No, no es una [persona]» (427), el padre interviene directamente [obsérvese el habla solapada] «[Usted]… esto» (428) y, a su vez, rechaza la afirmación de ella, lo que intensifica su confrontación. La expresión «Lo sabemos porque lo hemos vivido» (428–429) refuerza la plausibilidad de su relato, construyendo la experiencia personal como algo indiscutible, mientras que el uso de la primera persona del plural refuerza la alianza de los miembros de la familia. La pronunciación enfática de las expresiones «se fue» (429) y «vuelve otra vez» (431), la repetición de las palabras «otra vez» y la expresión «=y nosotros… otra vez» (433) refuerzan la facticidad del argumento según el cual volver a relacionarse con esa persona es una acción repetitiva e inadecuada.

En la línea 435, el consultante exige enfáticamente una respuesta a Th2 como interlocutor en pie de igualdad, «=¿Qué… sobre esto?». Después interrumpe a la terapeuta y, mediante dos oraciones interrogativas en las que los verbos «¿↑proteger?» (437) y «¿↑preocuparnos?» (438) se pronuncian en un tono agudo, parece invocar el cuidado parental de la madre y el padre, construyendo su actitud hacia su hija como la única opción legítima. La terapeuta invoca indirectamente una teoría psicológica dominante según la cual los niños y las niñas aprenden de sus errores, mientras responde a la pregunta del consultante con una pregunta (439). De este modo, parece orientar a su interlocutor hacia una respuesta concreta, a la vez que eleva su estatus epistémico. El padre opone al argumento de la terapeuta el contraargumento de la repetición («↑Pero [lo mismo]… ahora», 440), sosteniendo que los errores deben tener un límite. Luego refuerza aún más su línea argumentativa; obsérvese la referencia numérica «=La tercera vez» (442) y las expresiones que subrayan la repetición, «¿otra vez?» (442), «¿Otra vez?» (442), «¿lo mismo otra vez?<» (443). La terapeuta rechaza el punto de vista del consultante, «= No lo sé» (444), sin arriesgarse a parecer autoritaria, a la vez que contrarresta una posible acusación de interés propio en lo que defiende (Potter 1996). Con la pregunta «¿Qué es lo que no sabe?» (445), el padre cuestiona directamente su respuesta y su intento de rebajar su estatus epistémico. Mientras la terapeuta (Th2) dirige la conversación hacia la madre, el padre la interrumpe, «[Usted está haciendo… otra vez]» (447), acusándola de parcialidad a favor de Victoria. Pese a las intervenciones del padre para cambiar el tema de la discusión, la terapeuta continúa su exposición y luego, con cuatro preguntas consecutivas, «[Pero] ¿no… de ustedes?» (453–455), responsabiliza a la madre y al padre del comportamiento de su hija. De este modo, la terapeuta adopta la posición de experta. Al mismo tiempo, parece atenuar la asimetría epistémica con las oraciones interrogativas.

El padre rechaza la atribución de responsabilidad desplazando de nuevo el foco del problema: «Pero… el problema es» (456). Al usar la primera persona del plural (456–457), refuerza la credibilidad de su relato, sosteniendo que su narración se basa en las experiencias de otras personas. Mientras la terapeuta intenta de nuevo redefinir el foco del problema, «Para [recordar… problema]» (458), el padre la interrumpe (459) y, con la repetición de la expresión «lo vuelve a hacer… otra vez» (459), declina toda responsabilidad en los problemas de su familia y los atribuye en cambio a la relación de Victoria. En respuesta a esta confrontación, la construcción retórica del recuerdo por parte de la terapeuta («[para recordarle]», 460) presenta su referencia como indiscutible. Una vez más, la oración interrogativa parece servir para construir la exposición de la terapeuta como menos autoritaria.
El análisis de los extractos 3a, 3b y 3c ilustró cómo las personas participantes parecen apoyar su argumentación invocando, cada una desde su lado, su propia autoridad epistémica, que procede de su experiencia personal o profesional con la paciente identificada. Una vez más, la secuencia sugiere el conflicto entre la agenda (colaborativa) de las terapeutas y la demanda, por parte de los miembros de la familia, de respuestas/evaluaciones directas de las terapeutas expertas.
Nuestro análisis pone de relieve la importancia del contexto retórico en la negociación de la autoridad epistémica al ilustrar la variabilidad y la flexibilidad de las contribuciones discursivas de terapeutas y consultantes. Además, muestra el choque entre la agenda interaccional no directiva de terapeutas construccionistas y la búsqueda de orientación y de respuestas directas por parte de las personas consultantes.
Concretamente, se mostró que las personas consultantes atribuían a las terapeutas, ya la posición de autoridad, ya la de interlocutoras con iguales derechos, al hacer preguntas y al apartarse del patrón normativo propio de la interacción institucional (y construccionista). Es decir, según lo que estuviera en juego, las personas consultantes pedían a las terapeutas que respaldaran su punto de vista desde la posición de una figura de autoridad experta para socavar los argumentos de otro miembro. En nuestro análisis identificamos la invocación de la posición institucional de las terapeutas y la puesta de relieve del distinto acceso al conocimiento de personas expertas y no expertas como construcciones retóricas mediante las cuales las personas consultantes parecían conferir poder a la terapeuta. En caso de desacuerdo, las personas consultantes adoptaban la posición de hablantes con iguales derechos y cuestionaban las afirmaciones de las terapeutas subrayando la superioridad de su experiencia personal frente a un conocimiento teórico y científico «estéril». La invocación de las experiencias de las personas consultantes se ha identificado como una práctica de desafiliación ante preguntas terapéuticas inusuales (Smoliak et al. 2018). Además, para anteponer la experiencia personal al conocimiento teórico, las personas consultantes recurrían al sentido común para validar su argumento, reivindicando la posición de interlocutoras en pie de igualdad.
Por su parte, las terapeutas parecían restablecer el patrón normativo de la interacción terapéutica invirtiendo las preguntas de las personas consultantes y no respondiéndolas. Al mismo tiempo, parecían reconocer la autoridad epistémica de la persona consultante evitando adoptar una posición de poder o dar consejos o evaluaciones. Cuando defendían la exactitud de su relato, no parecían fundar su argumento en su autoridad epistémica ni en su papel institucional. En cambio, parecían emplear sobre todo prácticas retóricas del discurso lego cotidiano, como la invocación del sentido común, de la racionalidad y del conocimiento experiencial. Al emplear estas prácticas, las terapeutas parecían conferir a la interacción terapéutica una dimensión de conversación cotidiana, sin dejar de mantener su patrón normativo, de base institucional. Las terapeutas recurrían a descargos epistémicos (p. ej., «no lo sé») para rechazar el punto de vista de las personas consultantes sin arriesgarse a ser tachadas de autoritarias (para un uso diferente, véase Smoliak et al. 2022).
Nuestro análisis sugiere que terapeutas construccionistas no parecen abandonar su autoridad epistémica. Al contrario, parecen guiar a las personas consultantes en un proceso terapéutico de coconstrucción en el que todos los miembros participan en pie de igualdad, precisamente por medio de esa autoridad epistémica. Así, puesto que la igualdad parece lograrse mediante la autoridad y viceversa, igualdad y autoridad parecen ser las dos caras de una misma moneda. Además, nuestro análisis pone de relieve los aspectos dilemáticos de la negociación de la autoridad epistémica (véase también Nanouri et al. 2022, sobre la formación en terapia familiar sistémica). Como se ha ilustrado en otro lugar (Ong et al. 2024), terapeutas parecen «moverse» constantemente entre la atenuación de su superioridad epistémica, repitiendo e incorporando lo que dicen las personas consultantes, y la conducción de la conversación en una dirección determinada.
Reconocemos que haber seleccionado datos de dos contextos terapéuticos con terapeutas que siguen un modelo construccionista concreto constituye una limitación de este estudio. Además, nuestro propio compromiso con las terapias sistémicas/construccionistas puede haber aportado una determinada mirada interpretativa a las sesiones seleccionadas. Aun así, sostenemos que la investigación discursiva de las preguntas en las terapias construccionistas puede contribuir a comprender cómo terapeutas y consultantes negocian la asimetría epistémica. Consideramos que este conocimiento refuerza la reflexividad de terapeutas construccionistas y nutre de manera fecunda la teoría y la práctica psicoterapéuticas construccionistas/posmodernas, con implicaciones para la formación.
Complexe Systémique: puntos clave
El artículo toma al pie de la letra una promesa de las terapias posmilanesas y colaborativas: renunciar a la posición experta. Ahora bien, cuando una familia pregunta «¿es normal?», la terapeuta que responde «¿y usted qué piensa?» retoma el control de la conversación en el mismo momento en que renuncia a decidir. El no saber no suprime la asimetría, la desplaza. Para la práctica sistémica, la lección es valiosa: más que pretender apartarse, conviene reconocer la autoridad que se ejerce, y advertir cuándo una pregunta devuelta se convierte en una evasiva vivida como una negativa de ayuda, como en el caso del padre que replica «¿qué es lo que no sabe?». Los extractos muestran también que las familias saben manejar la autoridad, unas veces convocando la pericia contra otro miembro, otras oponiéndole su experiencia. Límites reconocidos: tres terapeutas, un único modelo, 14 secuencias. Puede leerse junto con la revisión de la investigación discursiva sobre el poder y el diálogo y el análisis de la conversación de las repeticiones terapéuticas en el Diálogo Abierto.
Notas del original
1 En el momento de realizar esta investigación, no existía ningún comité institucional de ética.
Agradecimientos. Queremos agradecer la contribución del Dr. Nikolaos Bozatzis y de la Prof.ª Eugenie Georgaca en el proyecto de investigación más amplio del que procede el estudio presentado. Agradecemos también a la persona revisora anónima sus útiles comentarios y sugerencias de revisión.
Declaración ética. La investigación presentada se llevó a cabo conforme al código de conducta de la Universidad de Tesalia (Grecia).
Consentimiento. Todas las personas participantes dieron su consentimiento informado por escrito.
Conflictos de intereses. La autoría declara no tener conflictos de intereses.
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Traducción no oficial al español de Who has the Right to Know? Negotiating Epistemic Authority in Constructionist Therapies, de Ioanna Moraitou y Eleftheria Tseliou, Counselling and Psychotherapy Research, vol. 25, n.o 2 (2025), doi: 10.1002/capr.70015, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (extractos de transcripción reproducidos como imágenes; tabla presentada como lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Traducción no oficial del artículo original «Who has the Right to Know? Negotiating Epistemic Authority in Constructionist Therapies», publicado en Counselling and Psychotherapy Research (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida y maquetada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Moraitou, I., y Tseliou, E. (2025). Who has the Right to Know? Negotiating Epistemic Authority in Constructionist Therapies. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/who-has-the-right-to-know-negotiating-epistemic-authority-in-constructionist-therapies (Obra original publicada en 2025 en Counselling and Psychotherapy Research, 25(2), e70015 (2025); republicada en 2025 por Counselling and Psychotherapy Research, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/capr.70015)
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