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The British Journal of Social Work · Trabajo social

Relacionalidad, derechos y resiliencia digitales: conceptualizar una ecología social digital para las relaciones con la familia de origen de la infancia en acogimiento o adoptada

Videollamadas, aplicaciones de mensajería, redes sociales: desde la pandemia, el vínculo entre la infancia en acogimiento o adoptada y su familia de origen también pasa por las pantallas. El equipo de Mandi MacDonald, entre Belfast y Sídney, se niega a llamar «virtual» a este contacto y relee a Bronfenbrenner para proponer una ecología social digital construida sobre tres erres: relacionalidad, derechos y resiliencia.

Autoría Mandi MacDonald, Amanda Taylor-Beswick y Kathryn Gillespie (Queen’s University Belfast, Irlanda del Norte, Reino Unido), Amy Conley Wright y Susan Collings (Research Centre for Children and Families, University of Sydney, Australia)Primera publicación The British Journal of Social Work, 29 de julio de 2022Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Digital Relationality, Rights, Resilience: Conceptualising a Digital Social Ecology for Children’s Birth Family Relationships When in Care or Adopted, de Mandi MacDonald, Amy Conley Wright, Amanda Taylor-Beswick, Kathryn Gillespie y Susan Collings, publicado en The British Journal of Social Work (Oxford University Press) (2023), doi: 10.1093/bjsw/bcac140, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Aunque el contacto mediado por la tecnología se describe como «virtual», las relaciones que facilita y las emociones que genera son muy reales dentro de la ecología social de niñas, niños y adolescentes.

Mandi MacDonald, Amy Conley Wright, Amanda Taylor-Beswick, Kathryn Gillespie y Susan Collings

Resumen

El uso de las tecnologías de comunicación digital por parte de la infancia en acogimiento residencial o familiar, o adoptada tras un acogimiento, se ha abordado sobre todo con vacilación y desde un paradigma del riesgo. La pandemia de covid-19 catalizó muchas intersecciones entre lo digital y el trabajo social, incluidas las prácticas de contacto con la familia de origen, en las que las visitas presenciales se complementaron o sustituyeron por un contacto «virtual» mediante dispositivos digitales. Aunque el contacto mediado por la tecnología se describe como «virtual», las relaciones que facilita y las emociones que genera son muy reales dentro de la ecología social de niñas, niños y adolescentes. La omnipresencia de lo digital en la vida social y el ritmo acelerado del cambio tecnológico plantean importantes tensiones éticas y prácticas. Para ayudar a profesionales del trabajo social a orientarse en esta complejidad del «contacto en la realidad» y a facilitar un uso seguro y ético de las tecnologías de comunicación digital para el contacto con la familia de origen, ponemos en relación la comprensión de las dinámicas del contacto con la familia de origen con la literatura sobre el uso de la tecnología digital por parte de la infancia y con los conceptos ecológicos de la persona en su entorno, con el fin de ofrecer un heurístico de ecología social digital para la práctica del trabajo social. Tres aspectos clave atraviesan todos los sistemas y niveles, que aquí denominamos las tres erres digitales: relacionalidad digital, derechos digitales y resiliencia digital. Se necesita investigación futura para comprender cómo se despliegan estas dinámicas.

Introducción

Antes de la pandemia de covid-19, la implicación de profesionales del trabajo social con las tecnologías en línea estaba poco desarrollada, a pesar de las considerables pruebas que respaldaban su pertinencia (p. ej., LaMendola, 1987; Rafferty, 1997). Los llamamientos para que la profesión colmara su déficit de competencias digitales se habían ignorado en gran medida (Taylor, 2017; Zgoda and Shane, 2018), y faltaba una comprensión de cómo la tecnología se entrecruza con lo social y sostiene la práctica (Susskind and Susskind, 2015). Para frenar la propagación de la covid-19, los gobiernos del Reino Unido y de Australia, donde trabaja la autoría, y de otros lugares impusieron normas como el distanciamiento físico. La reducción de las oportunidades de interacción presencial aceleró notablemente la práctica apoyada en la tecnología (Yadav and Yadav, 2022), también para sustituir o complementar la protección infantil, la planificación de cuidados y las revisiones presenciales; sin embargo, fue en el contacto con la familia de origen en el acogimiento familiar y la adopción donde su uso floreció (Copson et al., 2022). Este cambio de práctica, reactivo y circunstancial más que proactivo y visionario, aumentó la aceptación de la tecnología, pero también sacó a la luz las dificultades de desenvolverse en la hiperconectividad contemporánea. Mientras que el trabajo social había abordado en gran medida el uso de teléfonos móviles y redes sociales por parte de la infancia en acogimiento o adoptada con vacilación y desde un paradigma del riesgo (Hammond et al., 2018), los beneficios de las tecnologías digitales para sostener las relaciones se hicieron más evidentes y apreciados en la era de la covid-19, con la salvedad de que las prácticas digitales se desarrollen de forma segura y ética (Neil et al., 2020; Barnett-Jones and Manning, 2021; Ciftci et al., 2022).

Este artículo pone en relación la literatura sobre el uso de las tecnologías de comunicación digital por parte de niñas, niños y jóvenes con la comprensión de las dinámicas del contacto con la familia de origen en el acogimiento y la adopción, a partir de nuestras investigaciones previas (MacDonald, 2018, 2021; Collings et al., 2022), para conceptualizar las realidades del contacto digital como parte de la ecología social de la niña o el niño. Nuestro objetivo es ofrecer a profesionales del trabajo social que participan en la planificación, la revisión y el acompañamiento del contacto un marco conceptual que les ayude a orientarse en este nuevo terreno, subrayando cómo lo digital ha transformado la ecología social y centrándonos en tres cuestiones clave relacionadas con el contacto: relacionalidad digital, derechos digitales y resiliencia digital.

No solo virtual: lo digital como parte de la ecología social

Las tecnologías digitales impregnan hoy todos los aspectos de la ecología social de una persona (Crawford and Schultz, 2019; Fuchs, 2021), hasta el punto de que resulta prácticamente imposible no formar parte del mundo digital hiperconectado, en el que cada pulsación de tecla o deslizamiento de dedo tiene consecuencias (Eubanks, 2017; Noble, 2018; Benjamin, 2019). La omnipresencia de las tecnologías de comunicación digital obliga a repensar algunos supuestos fundamentales del trabajo social, para reflejar mejor la interacción social humana en el contexto sociotécnico contemporáneo, donde personas y tecnologías se entrecruzan e interactúan, y para considerar el papel de lo digital en los sistemas socioecológicos (Bronfenbrenner, 1979).

En el trabajo social, el pensamiento ecológico se pone a menudo en práctica a través de la perspectiva de la persona en su entorno. Este paradigma tiene su origen en la obra de Richmond (1922), quien subrayaba que la práctica debe tener en cuenta el medio en el que se vive la vida. La perspectiva de la persona en su entorno se ha aceptado como fundamental para la base de conocimientos del trabajo social y nutre las concepciones ecológicas de la resiliencia (Ungar, 2011). Para favorecer resultados positivos en la infancia y la juventud con experiencia de acogimiento, es necesario centrarse en la interconexión entre sus capacidades y características individuales, su acceso a los recursos sociales y la manera en que interactúan con esos recursos en su mundo social (van Breda, 2018).

Al reflexionar sobre cómo lo digital está remodelando la ecología social, la conceptualización que se propone se apoya en la perspectiva de la persona en su entorno y ofrece el «contacto en la realidad» como la lente a través de la cual analizar y sostener la conexión, que ha pasado a implicar necesariamente la tecnología. La orientación sociotécnica pone de relieve la bidireccionalidad de las interacciones entre personas y tecnologías, reconociendo que estas interacciones no siempre están dirigidas por las personas, centradas en ellas ni acordadas mutuamente. Esto amplía el concepto de «dualismo digital» (Jurgenson, 2012, p. 83), que cuestiona la idea extendida de que los mundos sociales en línea son de algún modo menos reales (Rettie, 2004), o de que las interacciones mediadas por la tecnología son un simulacro, como sugiere el término «virtual».

En el caso de la infancia en acogimiento o adoptada tras un acogimiento, no deben minimizarse las complejidades relacionales ni el peso emocional de sus interacciones con la familia de origen (Neil et al., 2020; MacDonald, 2021; Collings et al., 2022). Todo régimen de contacto, ya se facilite en persona o a distancia, debe ser sensible a la manera en que puede reactivarse el posible legado del trauma. El trauma implica respuestas emocionales a experiencias amenazantes; cuando una niña o un niño experimenta una amenaza procedente de una figura de apego, como ocurre en el maltrato y la negligencia, ello puede interferir en la regulación emocional y el procesamiento cognitivo (van der Kolk, 2003). Aunque el contacto mediado por la tecnología se ha descrito habitualmente como «virtual», las emociones que genera son muy reales, como lo son las relaciones que pretende facilitar (Neil et al., 2020). El término «virtual» ha limitado nuestra comprensión de las oportunidades, las dificultades y las realidades subjetivas de las interacciones en las que intervienen las tecnologías de comunicación digital, que forman parte de la ecología social de la infancia y la adolescencia en acogimiento o adoptadas, y este artículo examina lo que esta conceptualización del «contacto en la realidad» significa para el contacto con la familia de origen.

Una ecología social digital para el contacto con la familia de origen

En lo que respecta al contacto, el papel del trabajo social consiste a menudo en mediar y negociar las interacciones dentro de los distintos sistemas sociales de la niña o el niño y entre ellos. La «ecología social digital para el contacto con la familia de origen», sustentada en la teoría de los sistemas ecológicos (Bronfenbrenner, 1979), concibe la tecnología digital como parte integrante de los distintos sistemas sociales y como puente entre ellos, para ayudar a orientarse en las implicaciones de la tecnología para la práctica.

Si se considera la realidad del contacto hoy, resulta evidente que las tecnologías de comunicación son un elemento principal del mesosistema y un medio a través del cual pueden ejercerse las relaciones dentro de los microsistemas de la familia de origen y de la familia adoptiva o acogedora, y entre ellos, así como entre la niña o el niño y estos dos microsistemas de los que forma parte. Como tal, la tecnología puede cambiar y prescribir la naturaleza de esa comunicación, tanto al imponer limitaciones propias de cada tecnología como al abrir nuevas posibilidades de interacción dentro de los sistemas y entre ellos. Las interacciones que implican tecnología son también una parte cada vez más esencial del macrosistema, en lo que respecta a la infraestructura de comunicación y a las leyes, prácticas de gobernanza, políticas sociales y recursos económicos y educativos que determinan el acceso a esta infraestructura y su uso (Crawford and Schultz, 2019). Profesionales del trabajo social, elementos clave del exosistema, ven a su vez su papel limitado y posibilitado por las realidades del funcionamiento de lo digital en los niveles macro y micro.

Esta breve sinopsis muestra que el contacto con la familia de origen en la era digital es un sistema complejo con múltiples fuerzas entrelazadas que moldean profundamente las relaciones entre la infancia y sus familias. Por ello, proponemos la ecología social digital para el contacto con la familia de origen (figura 1) como un heurístico para profesionales del trabajo social que afrontan la proliferación y la impregnación de lo digital en el contexto práctico específico del contacto con la familia de origen. Para ayudar aún más a orientarse en esta realidad, la ecología se centra en tres aspectos clave que atraviesan todos los sistemas y niveles, a saber, las tres erres digitales: relacionalidad, derechos y resiliencia digitales.

Una ecología social digital para el contacto con la familia de origen.
Figura 1. Una ecología social digital para el contacto con la familia de origen.

Relacionalidad digital

La finalidad del contacto es facilitar relaciones significativas y duraderas entre niñas, niños y jóvenes y su familia de origen. Una pregunta que cabe plantearse sobre la tecnología digital es si puede facilitar las complejas dinámicas relacionales asociadas al contacto. Muchas niñas, niños y jóvenes son hábiles para interactuar y mantener relaciones a través de la tecnología. Algunos estudios indican que los medios digitales pueden facilitar la revelación personal o las conversaciones delicadas (Vincent, 2015; Chan, 2016; Gibson and Trnka, 2020), ya que reducen los inhibidores no verbales (Best et al., 2014), mientras que otros señalan una preferencia por la comunicación presencial para hablar de preocupaciones y resolver desacuerdos (Children’s Commissioner, 2018). Incluso en los espacios digitales, la infancia y la juventud pueden preferir intercambiar apoyo con personas a las que conocen fuera de línea y en las que confían (Gibson and Trnka, 2020).

Copresencia: proximidad virtual

La comunicación digital entre familiares se ha convertido en una práctica familiar casi obligatoria (Holmes and Wilding, 2019), de modo que las familias de origen, adoptivas y acogedoras no son las únicas que buscan, a través de la tecnología, relaciones emocionalmente significativas con personas que viven en otro lugar. Los estudios sobre familias transnacionales muestran cómo las tecnologías de comunicación digital permiten a familiares separados geográficamente participar a distancia en prácticas familiares, e incluso ejercer y delegar funciones parentales por teléfono inteligente (Waruwu, 2022). Los tipos de interacción directa que se producen en un espacio físico compartido también pueden tener lugar a través de las tecnologías de comunicación; por ejemplo, conversar en plataformas de videoconferencia permite estar visiblemente copresentes en el espacio digital compartido. Incluso cuando no participan en una comunicación síncrona directa, los miembros de la familia pueden alcanzar una copresencia que implica una percepción de atención mutua y de implicación emocional (Campos-Castillo and Hitlin, 2013), y una sensación de cercanía emocional, de unión y de presencia mutua a pesar de la separación física (Urry, 2002; Baldassar et al., 2016).

Las niñas y los niños de más edad pueden ejercer su capacidad de agencia en estos intercambios a distancia iniciando y administrando grupos familiares, o utilizando la tecnología de forma creativa para construir relatos familiares (Kędra, 2021). En el caso de jóvenes en situación de refugio, el uso creativo de la tecnología permite una copresencia imaginaria mediante imágenes editadas digitalmente que representan simbólicamente cómo podrían ser las relaciones si las circunstancias fueran otras, lo que significa una experiencia familiar imaginada que no puede alcanzarse pero que, aun así, construye un sentimiento de familia (Robertson et al., 2016).

El contacto ofrece la posibilidad de desarrollar la identidad al permitir que la niña o el niño comprenda sus orígenes, y necesitamos entender cómo las tecnologías de comunicación digital afectan a este proceso. Para la juventud, las redes sociales pueden ser una plataforma de comparación social (Hur and Gupta, 2013) y una herramienta de formación de la identidad (Swist et al., 2015). Hacerse «selfis», por ejemplo, da a la infancia el control editorial sobre la imagen (Phippen, 2017) y permite experimentar con la autorrepresentación y descubrir cómo la perciben otras personas (Vincent, 2015).

Sin embargo, la alteración digital de las fotografías puede afectar negativamente a la autoimagen de niñas y niños (McCrory et al., 2020) y plantea interrogantes sobre su capacidad para leer y juzgar críticamente las autorrepresentaciones en línea de otras personas. Esto es especialmente pertinente para quienes carecen de un caudal de recuerdos o de detalles sobre su historia de vida con los que evaluar la autenticidad de las autorrepresentaciones en línea de sus familiares de origen, lo que puede dejarles mal preparados para tomar decisiones informadas sobre la naturaleza de su relación.

La manera de practicar la proximidad mediada digitalmente debe reconocer que las relaciones cercanas pueden conllevar aspectos positivos y negativos (Holmes and Wilding, 2019), y que una relación estrecha con familiares de origen puede ser emocionalmente ambigua o francamente angustiosa (Boyle, 2017). Las relaciones mantenidas a través de la tecnología están moldeadas por su propia historia social, emocional y cultural (Baldassar et al., 2016); la tecnología hace posible lo que ya existe, pero es un vehículo inadecuado para resolver las dificultades relacionales (Madianou, 2016).

Interacciones polimedia

Las aplicaciones y los dispositivos digitales ofrecen diversos modos de comunicación, con distintos grados de proximidad y distintas maneras de estar copresentes. Entre la gama de opciones de comunicación —o polimedia—, las videollamadas pueden ofrecer la experiencia más íntima e inmersiva (Waruwu, 2022), ya que oírse o verse puede añadir profundidad de sentido (Shier, 2021). Entre las alternativas a la conversación síncrona figuran medios no verbales como compartir fotos, el chat escrito o el intercambio de emojis, que permiten expresar información y emociones. Las tarjetas de felicitación digitales y el intercambio de fotos posibilitan una copresencia visual y compartir experiencias de manera informal (Cabalquinto, 2020), lo que puede facilitar una implicación estrecha en la vida cotidiana (Kędra, 2021). En comparación con las cartas, estos diversos modos de comunicación asíncrona pueden facilitar que la infancia y sus familiares de origen compartan pensamientos y sentimientos de forma más contemporánea (Barnett-Jones and Manning, 2021).

La tecnología puede ofrecer a la infancia formas menos intensas y gravosas de conectar con sus familiares de origen cuando estas relaciones son complejas o emocionalmente difíciles (Simpson, 2020; Waruwu, 2022). El carácter efímero de las funciones de mensajería de algunas plataformas de redes sociales (Quinn, 2019) ofrece un modo útilmente fugaz de mantener el contacto, y la función «me gusta» de las publicaciones en redes sociales ofrece un medio espontáneo e instantáneo de conectar sin la atención concentrada del contacto presencial, lo que alivia la presión de tener que dar una respuesta extensa (Shier, 2021). Los múltiples usos que pueden darse a los dispositivos pueden ayudar al mismo tiempo a la juventud a gestionar el aburrimiento o las interacciones incómodas (Vincent, 2015), lo que los convierte en un recurso valioso durante las llamadas de voz o de vídeo. La variedad de aplicaciones de comunicación puede darles capacidad de agencia para controlar el ritmo, la frecuencia y el momento de las interacciones, así como la posibilidad de usar las funciones de la plataforma para imponer reglas de comunicación aceptable (Kędra, 2021).

Sin embargo, mantenerse en contacto a través de la tecnología exige tiempo y esfuerzo y puede ser emocionalmente agotador (Kędra, 2021). Requiere que quienes participan muestren cuidado y sensibilidad hacia la experiencia emocional de la persona con la que se comunican (Alinejad, 2019). Si la niña o el niño no logra mantener la atención en la interacción o carece de competencia tecnológica, pueden producirse malentendidos, estrés o conflictos, lo que agranda la distancia emocional entre las personas (Waruwu, 2022).

Negociar los límites digitales

Un principio clave de la práctica sensible al trauma es que debe favorecerse la seguridad relacional con las figuras principales de cuidado y evitarse toda intrusión o tensión innecesaria en la vida familiar (Purvis et al., 2015). Hay que gestionar las realidades emocionales de la comunicación mediada por la tecnología y equilibrar el trabajo de lograr una copresencia significativa con un trabajo sobre los límites. El uso excesivo de la tecnología digital en el hogar y los desacuerdos sobre la supervisión parental pueden dar lugar a conflictos familiares (UNICEF, 2017). Otras preocupaciones sobre la posible intrusión en la vida familiar de la juventud en acogimiento o adoptada tras un acogimiento se centran en la posibilidad de que la propia persona joven o sus familiares de origen inicien un nuevo contacto no mediado, con posibles repercusiones en la estabilidad de la convivencia (Children’s Commissioner, 2017), a menudo sin el conocimiento ni la mediación de la familia acogedora o adoptiva. Esto puede resultar desestabilizador o plantear riesgos para la protección, sobre todo al inicio de la adolescencia, cuando las competencias digitales de la juventud pueden superar su madurez emocional.

La gestión de los límites no depende por completo de quienes usan la tecnología, ya que el ecosistema digital tiene mucho que ganar promoviendo la conexión. Las aplicaciones digitales las desarrollan principalmente grandes empresas comerciales globales (Fuchs, 2021). Muchas aplicaciones funcionan para ampliar y aumentar el tamaño de las redes sociales de quienes las usan y están impulsadas por algoritmos que identifican y sugieren nuevas conexiones (Crawford and Schultz, 2019), sin tener en cuenta las preocupaciones de seguridad o privacidad de las personas y funcionando en gran medida fuera de su control (Eubanks, 2017; Keddell, 2019).

Las aplicaciones de redes sociales también funcionan para retener la atención de quienes las usan dentro de las redes existentes, por ejemplo mediante «muros de noticias» que se actualizan constantemente. Estas funciones comerciales no se desarrollan pensando en las necesidades de la infancia y la juventud con experiencia de acogimiento. A falta de una tecnología a medida, estas personas y sus familias solo pueden utilizar estos productos de lógica comercial, cuyas funciones pueden hacer que niñas y niños estén «siempre conectados» (Simpson, 2020; Shier, 2021). Esta conciencia periférica, constante y omnipresente de amistades y familiares en línea puede ofrecer cierto consuelo emocional en las relaciones sólidas, pero en las relaciones frágiles puede provocar conflictos y una vigilancia no deseada (Madianou, 2016).

No obstante, algunas funciones tecnológicas pueden utilizarse para facilitar límites más claros y un mayor control mediante la configuración de privacidad o las funciones de silenciar (Greenhow et al., 2017; Simpson, 2020; Shier, 2021). Los mensajes de texto, por ejemplo, permiten a quien los envía limitar la revelación de información personal, como la ubicación o el aspecto físico, sobre todo cuando las interacciones corren el riesgo de ser intensamente emotivas o conflictivas (Waruwu, 2022). La juventud puede recurrir a prácticas de desconexión sin abandonar por completo las aplicaciones (Zhao, 2019), eligiendo el modo y el momento de conectarse y desconectarse para mantener un equilibrio entre autonomía, privacidad y proximidad.

En resumen, la comunicación digital puede servir para que la infancia interactúe de forma positiva con los miembros de su familia de origen, contribuyendo a la construcción de la relación y a la formación de la identidad, cuando profesionales del trabajo social fomentan la atención a las distintas oportunidades que ofrecen los diversos medios y tecnologías, a los límites, y a las respuestas emocionales y la seguridad de la infancia y de los miembros de la familia.

Derechos digitales

En conjunto, los enfoques para mediar en el uso de la tecnología digital por parte de la infancia se han centrado en los posibles daños (Livingstone et al., 2017; Global Kids Online, 2019), pero recientemente se ha puesto el acento en los derechos. En marzo de 2021, el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas publicó orientaciones sobre los derechos de la infancia en relación con el entorno digital (UNCRC, Observación general n.º 25). Estas instan a los gobiernos a garantizar que se apoye a las madres y los padres en la comprensión del mundo digital, que los servicios digitales sean accesibles para toda la infancia y que el diseño digital tenga en cuenta las necesidades de la infancia. Un enfoque basado en los derechos cuestiona el predominio de un paradigma del riesgo y subraya la importancia de la igualdad de acceso de la infancia a dispositivos, aplicaciones, redes y orientación, y considera el acceso a Internet como un derecho básico (Berners-Lee and Leith, 2021) que debe hacerse efectivo de manera ética y segura.

Inclusión digital

Las propias niñas, niños y jóvenes consideran vital la tecnología digital y son conscientes tanto de sus oportunidades como de sus riesgos (Third et al., 2017). Apoyar la autonomía emergente de la niña o el niño implica, por tanto, superar las barreras socioeconómicas, geográficas, educativas, lingüísticas y de edad que pueden dar lugar a desigualdades digitales (UNICEF, 2017; Brosch, 2019), y dotarles de las competencias necesarias para mantener sus vínculos significativos en un entorno digital. La falta de acceso a la tecnología, o de confianza para utilizarla, puede vulnerar los derechos de la juventud con experiencia de acogimiento (McGhee and Roesch-Marsh, 2020), incluido el derecho a mantener el contacto con sus progenitores cuando ello sea compatible con su bienestar (artículo 9 de la CDN) (UN General Assembly, 1989). La desventaja digital deja a algunos familiares de origen sin acceso a dispositivos conectados a Internet, a una wifi eficaz o a saldo telefónico, lo que dificulta su participación significativa en el contacto (Copson et al., 2022). Promover la inclusión de las redes familiares probablemente exigirá dotar de recursos y acompañar tanto a la infancia como a las personas adultas.

La inclusión digital de la infancia debe contemplarse desde la doble perspectiva de la participación y el bienestar (McGhee and Roesch-Marsh, 2020). La infancia tiene derecho a la libertad de expresión y al acceso a la información (artículos 13 y 17 de la CDN), y a estar protegida al ejercerlo. Las familias y los gobiernos se enfrentan a la tensión de equilibrar el derecho de la infancia a participar en el mundo digital y a estar protegida en él, para maximizar los beneficios sin agravar las vulnerabilidades existentes ni la exposición al daño (Livingstone et al., 2017; Brosch, 2019). Estos derechos pueden parecer contradictorios, por ejemplo cuando el derecho de la infancia a conocer sus orígenes crea al mismo tiempo la posibilidad de que sus familiares de origen se pongan en contacto con ella de forma imprevisible (Aroldi and Vittadini, 2017).

El apoyo y la orientación de las personas adultas deben ser adecuados al desarrollo y reconocer la creciente capacidad de la niña o el niño para tomar sus propias decisiones (artículo 5 de la CDN), ya que una aversión excesiva al riesgo puede comprometer el desarrollo de la resiliencia y la autonomía (Phippen, 2017). El proyecto de ley británico que obliga a las empresas a proteger en línea a las personas usuarias ha sido criticado por poder restringir la libertad de expresión. Sin embargo, la falta de orientación es un reto clave, ya que los nuevos avances tecnológicos van por delante de la regulación y su adopción por parte de la infancia es más rápida que la de sus familias (Livingstone et al., 2018). Estas tensiones se ponen de manifiesto en la capacidad de la infancia para eludir las restricciones de edad de las plataformas de redes sociales, a veces sin que su familia lo sepa, y en su destreza digital para ocultar su actividad en línea. Para reforzar los derechos de la infancia en los espacios digitales, las plataformas deberían emplear un diseño «adecuado a la edad» (Children’s Commissioner, 2018); sin embargo, lo habitual son diseños «ciegos a la edad», que no verifican la edad de quien los usa y no se adaptan a los distintos niveles de competencia (Brosch, 2019). Esto significa que se requiere un juicio crítico informado para determinar la idoneidad de cada aplicación o plataforma para cada persona. Profesionales del trabajo social necesitan competencia tecnológica para promover la inclusión de la infancia, de las madres y los padres y de las familias acogedoras mediante el acompañamiento y la formación (Taylor-Beswick, 2021); sin embargo, a menudo es la juventud la que se convierte en experta en tecnología de la familia (Copson et al., 2022).

Privacidad

Un elemento clave del sentido de privacidad de la juventud es el control sobre los contenidos que se publican en línea sobre ella y el acceso a sus propias publicaciones (Sen, 2016). Muchas madres y padres incluyen a sus hijos e hijas en sus publicaciones en redes sociales mediante la práctica del «sharenting», a veces sin su conocimiento ni consentimiento (Steinberg, 2017), lo que genera sentimientos de malestar, vergüenza e impotencia (UNICEF, 2017; Bessant, 2018; Children’s Commissioner, 2018). Hay implicaciones de seguridad si se incluye información identificativa, y el etiquetado y la republicación dan a la información compartida en línea un alcance y una durabilidad de los que las propias familias pueden no ser conscientes (Bessant, 2018; NSPCC, 2021), lo que para la infancia y la juventud supone una pérdida de control sobre sus relatos en línea. Los precedentes jurídicos subrayan el papel de los progenitores en el ejercicio del control sobre la persona menor de edad (Steinberg, 2017), como garantes de la privacidad de su descendencia (Bessant, 2018), lo que deja a la infancia pocas vías para impugnar las prácticas de sharenting.

Las visitas de contacto pueden ser una ocasión para que la familia de origen tome o reciba fotografías de la niña o el niño, lo que abre la posibilidad de que después las publique en sus cuentas de redes sociales. Compartir así los logros de la infancia puede aumentar el sentimiento de conexión de la familia de origen y, cuando se hace de forma adecuada, contribuir a construir un relato positivo y cohesionado (Bessant, 2018). Sin embargo, a veces las imágenes se toman y publican a escondidas o incumpliendo acuerdos de contacto específicos, y se han expresado preocupaciones sobre la posible falta de configuración de privacidad en las cuentas de redes sociales de familiares de origen y sobre la medida en que las imágenes de la infancia podrían volver a compartirse (MacDonald, 2021). Todas las familias, de origen, acogedoras o adoptivas, deberían ser conscientes del posible impacto de compartir en línea, y deberían negociarse y reforzarse acuerdos explícitos. Debe cuestionarse el supuesto de que las personas adultas tienen derecho a publicar imágenes de la infancia (Phippen, 2017), y debe fomentarse la consulta a niñas y niños y la obtención de su consentimiento sobre el uso de sus imágenes y de su información (NSPCC, 2021).

Huellas digitales

La tecnología digital puede afectar al derecho de la infancia a la privacidad (artículo 16 de la CDN) de diversas maneras: la privacidad física puede vulnerarse cuando el uso del seguimiento o del etiquetado revela la imagen o la ubicación de la niña o el niño; la privacidad de las comunicaciones puede vulnerarse cuando personas destinatarias no previstas acceden a las publicaciones; y la privacidad de la información puede vulnerarse cuando se recogen o tratan los datos personales de la infancia sin que los comprenda ni consienta (UNICEF, 2018), a veces con fines de lucro empresarial. Para parte de la infancia que ha sufrido maltrato, proteger la privacidad es importante para su seguridad y su sentimiento de protección. Se puede dar a conocer a la juventud la configuración de privacidad y ayudarla a limitar sus contactos y a ser selectiva en la elección de plataformas y audiencias (Vincent, 2015). Sin embargo, todas las prácticas en redes sociales tienen una dimensión material importante: producen rastros digitales que pueden cotejarse para crear un perfil de la persona, su huella o sombra digital, que se vuelve difícil de controlar. Las directrices europeas indican que los Estados deben proteger el derecho de la infancia a la privacidad y a la protección de datos y garantizar que las partes interesadas pertinentes, incluidas las familias y las personas acogedoras, hagan lo mismo (Council of Europe, 2018). Esto incluye el «derecho al olvido» (Bunn, 2019), un derecho en gran medida desconocido o rara vez ejercido en el trabajo de los servicios de infancia, y sobre el que las familias, las personas acogedoras y la juventud necesitan formación. Como la atención a los derechos de la infancia sobre sus datos es relativamente reciente, se necesitan más investigación y regulación para comprender y satisfacer sus necesidades de acceso digital y de privacidad (Livingstone et al., 2018).

Existe un reconocimiento general del derecho de la infancia y la juventud a participar en la comunicación digital, pero este derecho debe equilibrarse con su derecho a la seguridad. Profesionales del trabajo social pueden animar a las familias acogedoras y a familiares a proteger la privacidad digital de la infancia y la juventud y a consultarles antes de compartir públicamente en línea sus imágenes o su información personal.

Resiliencia digital

El desarrollo de la resiliencia es un ámbito cada vez más central de las iniciativas de bienestar en línea dirigidas a la infancia y la juventud (UK Council for Internet Safety, 2019). Un enfoque ecológico de la resiliencia aborda la interacción entre las capacidades y características de la persona y las circunstancias de sus mundos sociales (Ungar, 2011). Promover la resiliencia digital de la infancia incluye, por tanto, desarrollar su capacidad crítica y su competencia técnica, orientar prácticas parentales constructivas y mejorar la pericia digital de los equipos profesionales implicados (Livingstone et al., 2017).

Alfabetización digital

La alfabetización digital requiere competencias específicas para comunicar e interpretar el sentido, en particular el contenido emocional. Muchas niñas, niños y jóvenes han desarrollado cierta alfabetización emocional en línea y cierta conciencia del riesgo (Vincent, 2015; Livingstone et al., 2017; Gibson and Trnka, 2020), y aplican juicios críticos similares a los que emplearían en sus relaciones fuera de línea (Wang and Edwards, 2016). Se ha observado que hacen un uso responsable de dispositivos y aplicaciones, conscientes de sus propias necesidades de privacidad y de seguridad emocional y de las de otras personas (Gibson and Trnka, 2020), y que recurren a estrategias de afrontamiento tras exponerse a un riesgo en línea, como contárselo a una amistad o a su madre o padre, bloquear contactos, modificar la configuración de privacidad o abandonar el sitio. Sin embargo, quienes son vulnerables a los riesgos fuera de línea tienen menos probabilidades de ser resilientes en línea (Livingstone et al., 2017).

La alfabetización digital está influida por el apoyo familiar (Chaudron, 2015; Phippen, 2017) y es especialmente eficaz cuando aprovecha al máximo la pericia de la infancia y la juventud y reconoce sus fortalezas (Swist et al., 2015). Aunque las influencias adultas pueden orientar las respuestas ante el riesgo, debe concederse a la juventud capacidad de agencia y espacio para desarrollar por sí misma estrategias y resiliencia mediante el aprendizaje experiencial (Swist et al., 2015; Wang and Edwards, 2016), como parte de su desarrollo hacia la autonomía digital (Hammond et al., 2018). Aunque se han evaluado pocas iniciativas educativas (Livingstone et al., 2017), los elementos clave del aprendizaje deberían abordar la presión de grupo, las estrategias de desconexión y la comprensión de los algoritmos digitales, así como ayudar a la infancia y la juventud a conceptualizar las realidades abstractas del mundo digital y a desarrollar el pensamiento crítico, en particular para distinguir entre las imágenes seleccionadas o alteradas digitalmente y la vida real de las personas (Children’s Commissioner, 2018).

Recursos digitales

La alfabetización digital, la confianza y la capacidad de las familias y de las personas acogedoras para orientar y animar a la infancia son un apoyo crucial (Chaudron, 2015) que puede verse socavado por importantes lagunas de conocimiento sobre la tecnología digital y la privacidad en línea (Livingstone et al., 2018). Con la rápida evolución de las nuevas tecnologías digitales, las familias no siempre conocen la variedad de actividades en línea de la infancia y les puede resultar más fácil anticipar los riesgos que identificar los beneficios (Kumpulainen and Gillen, 2017). Las medidas pasivas de restricción parental, como imponer filtros, no eliminan necesariamente el riesgo de daño en línea (Livingstone et al., 2017). En su lugar, se recomiendan estrategias activas de educación y de mediación. Una crianza restrictiva reduce los riesgos, pero también limita las oportunidades, mientras que una mediación de apoyo y una negociación activa pueden favorecer una participación en línea más segura y fomentar conductas protectoras saludables y respuestas de afrontamiento (Livingstone et al., 2018). La juventud puede expresar preferencias en cuanto a la supervisión parental e identificar razones fundadas para permitir que su familia vea su ubicación, sus contactos y su historial de búsqueda, pero le parece menos aceptable que la familia controle las funciones de su dispositivo, por ejemplo restringiendo el uso de la cámara (McNally et al., 2018). Las familias y las personas acogedoras pueden acceder a recursos para formarse y prepararse para las conversaciones con la infancia (Hur and Gupta, 2013), pero los equipos profesionales también desempeñan un papel clave como fuentes de información (Chaudron, 2015; Livingstone et al., 2017).

Las relaciones de apoyo, facilitadas y reforzadas a través de las redes en línea, pueden ser un aspecto crucial del desarrollo de la resiliencia de la infancia y la juventud con experiencia de acogimiento (McGhee and Roesch-Marsh, 2020). Sin embargo, el predominio de un paradigma del riesgo puede suponer un obstáculo para ello (Hammond et al., 2018), y es crucial la formación de profesionales del trabajo social para que desarrollen su propia competencia digital (Taylor, 2017) y comprendan las necesidades digitales de la infancia.

Capacidad digital

Es probable que la competencia digital siga trayectorias de desarrollo similares a las de otras competencias, pero hay pocos datos sobre el uso de las tecnologías de comunicación por parte de la primera infancia. Hacia los nueve o diez años, niñas y niños pueden considerar que tener un teléfono inteligente es esencial para la vida social (Vincent, 2015). Sin embargo, los primeros contactos con dispositivos digitales suelen producirse antes de los dos años, a menudo a través del dispositivo de la madre o del padre (Chaudron, 2015), y a veces se permite a la primera infancia usar la cuenta de una persona adulta de la familia, lo que contradice los mensajes de seguridad y la expone involuntariamente a contenidos inapropiados (Children’s Commissioner, 2018). El aprendizaje digital por ensayo y error se produce en el hogar desde edades tempranas, en gran medida mediante la observación y la imitación de las prácticas de otras personas, de modo que las competencias pueden estar más avanzadas de lo que la familia cree e, incluso con una alfabetización limitada, la primera infancia puede utilizar el autocompletado de palabras y el reconocimiento de voz y de imágenes para comunicarse en línea (Chaudron, 2015; Kumpulainen and Gillen, 2017).

Se considera que la infancia y la juventud con discapacidad intelectual son más vulnerables al daño en línea, donde hay menos límites o señales visuales, lo que dificulta identificar comportamientos inapropiados y distinguir la fantasía de la realidad (Livingstone et al., 2017). Esto puede resultar especialmente difícil para quienes tienen dificultades con las habilidades sociales o tienden a interpretar literalmente incluso sus interacciones sociales fuera de línea. Chadwick et al. (2019) señalan que, aunque una parte de la juventud con discapacidad intelectual demuestra capacidad para gestionar los riesgos en línea, y también para eludir las restricciones, puede verse sometida a una mayor supervisión parental, que quizá reduzca los riesgos, pero también reduce los beneficios y debilita la participación digital, lo que puede conducir a un acceso desigual y a una menor alfabetización.

La Observación general n.º 25 debería reforzar los llamamientos para que el entorno digital sea seguro para toda la infancia desde el diseño y por defecto, sujeto a una supervisión de la seguridad tan estricta como la que se aplica a los entornos físicos, como los parques infantiles (véase, p. ej., 5 Rights Foundation https://5rightsfoundation.com/). Hasta entonces, debemos tener presente que la tecnología digital no se diseña teniendo en cuenta las capacidades de la infancia, y menos aún las de la primera infancia, la infancia con discapacidad o la que ha vivido un trauma

En el contexto del contacto con la familia de origen, la resiliencia digital significa centrarse en la alfabetización digital de la niña, el niño o la persona joven, en los riesgos potenciales y los recursos de protección de su ecología social digital, y en la manera en que tanto la persona como su familia están preparadas para afrontarlos. Profesionales del trabajo social pueden ofrecer estrategias para mediar el riesgo, al tiempo que promueven estrategias activas de afrontamiento y oportunidades para que la juventud alcance la autonomía digital, a medida que asume progresivamente la responsabilidad de mantener las relaciones con su familia de origen.

Conclusión

Este artículo ha examinado cómo el heurístico de ecología digital propuesto para el contacto con la familia de origen (figura 1) puede orientar a profesionales del trabajo social y de otros ámbitos que acompañan a la infancia en acogimiento o adoptada tras un acogimiento y a sus familias, y estructurar una agenda de investigación. Sugiere que los esfuerzos por reforzar la resiliencia deberían dirigirse a la niña o el niño y a sus redes de apoyo, pero que esto debe ir acompañado de esfuerzos por lograr la seguridad y la privacidad desde el diseño en el desarrollo de las tecnologías y aplicaciones digitales, y en las leyes y políticas que rigen su uso (Livingstone et al., 2017). La mayor parte de la práctica del trabajo social se sitúa en el nivel del exosistema, y el diseño de productos o la regulación global de las empresas multinacionales escapan al alcance de la mayoría de profesionales del trabajo social. Sin embargo, desempeñan un papel importante en la promoción de la relacionalidad, los derechos y la resiliencia digitales de la infancia, en la medida en que repercuten en sus relaciones más cercanas dentro de los microsistemas.

La comunicación digital tiene un potencial considerable para fomentar las relaciones entre la infancia adoptada o en acogimiento y su familia de origen, pero es fundamental tener presente la dimensión de «contacto en la realidad» de su experiencia vivida, así como la naturaleza emocionalmente real y el posible impacto de sus interacciones digitales. Profesionales del trabajo social deberían considerar la función complementaria del contacto en línea (Greenhow et al., 2017), sin verlo como menos real que las visitas presenciales. Dado el escaso potencial de un entorno digital para resolver las dificultades o tensiones relacionales, una práctica sensible al trauma exige invertir en la construcción de la relación y en la mediación fuera de todas las comunicaciones entre la infancia y sus familiares, y en apoyo de ellas (MacDonald, 2021; Collings et al., 2022).

Profesionales del trabajo social deberían defender activamente los derechos de participación de la infancia. Están obligados a ejercer conforme a códigos deontológicos profesionales que hacen hincapié tanto en la privacidad como en la autodeterminación (Reamer and Siegel, 2021), lo que en el mundo digital significa formarse en los protocolos de ciberseguridad de su organización y respetarlos, dar ejemplo de buenas prácticas en la obtención del consentimiento informado para compartir información y mantener actualizado su conocimiento de las leyes y directrices sectoriales pertinentes. Como responsables institucionales de la crianza de la infancia en acogimiento, profesionales del trabajo social tienen también la responsabilidad de mejorar su alfabetización digital y de ser un recurso de apoyo para las familias de origen y las familias acogedoras. Para ello se necesitarán profesionales del trabajo social con alfabetización digital (Taylor, 2017), capaces de seleccionar críticamente tecnologías y plataformas en línea sin dejar de proteger el interés superior de la infancia.

La comunicación digital altera la ecología social del contacto con la familia de origen e introduce nuevas consideraciones en torno a las relaciones, los derechos y la resiliencia digitales de la infancia. Parte de la mediación que realiza el trabajo social puede quedar en manos de las propias familias y de la juventud, pero probablemente requerirá una negociación acompañada sobre el tipo de plataforma elegida para el contacto, cómo y cuándo se utilizará y qué contenidos se compartirán. Mejorar las competencias y los conocimientos sobre redes sociales y privacidad en línea de familias, personas acogedoras, infancia y profesionales ofrece la posibilidad de reforzar una presencia en línea que brinde apoyo y estrategias alternativas para la construcción de la historia de vida (Aroldi and Vittadini, 2017). Se necesita investigación futura para comprender cómo se despliegan estas dinámicas y cómo el trabajo social facilita el uso de la tecnología digital para mantener a la infancia conectada con su familia de origen cuando hay separación física.

Complexe Systémique: puntos clave

El artículo devuelve lo digital al lugar donde vive la niña o el niño: no al lado del vínculo, sino dentro de él. Releer aquí a Bronfenbrenner ayuda a ver que la plataforma no es un simple canal entre la familia de origen, la familia acogedora o adoptiva y la infancia, sino un tercero activo, con sus algoritmos, sus sugerencias de contactos y sus notificaciones, que incide en los límites del sistema. Para la práctica, cabe retener la idea de negociar el contacto digital como un ritual relacional explícito: qué medio, a qué ritmo, qué contenidos, qué lugar para las fotos y su publicación, quién media y cómo puede la niña o el niño desconectarse sin romper el vínculo. Conviene, sin embargo, cierta prudencia: se trata de un artículo conceptual, sin datos propios, cuyo heurístico no se ha puesto a prueba; faltan las voces de la infancia y de las familias de origen, y existe el riesgo de trasladar a las familias acogedoras una mediación que los servicios no financian. El marco jurídico es británico y australiano. Puede leerse junto con el artículo sobre la experiencia de las familias adoptivas con el contacto con la familia de origen y el artículo sobre las relaciones parentofiliales sostenidas por la tecnología digital.

Notas del original

Financiación. Este trabajo contó con el apoyo de una British Academy / Leverhulme Small Research Grant SRG1920/101614.

Declaración de conflicto de intereses. No se declara ninguno.

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Traducción no oficial de Digital Relationality, Rights, Resilience: Conceptualising a Digital Social Ecology for Children’s Birth Family Relationships When in Care or Adopted, de Mandi MacDonald, Amy Conley Wright, Amanda Taylor-Beswick, Kathryn Gillespie y Susan Collings, The British Journal of Social Work, vol. 53, n.o 1, pp. 216-235 (2023), doi: 10.1093/bjsw/bcac140, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «Digital Relationality, Rights, Resilience: Conceptualising a Digital Social Ecology for Children’s Birth Family Relationships When in Care or Adopted», publicado en The British Journal of Social Work (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Publicada por Complexe Systémique: el texto se ha traducido al español con la ayuda de la inteligencia artificial y la presentación se ha adaptado a la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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MacDonald, M., Wright, A. C., Taylor-Beswick, A., Gillespie, K., et Collings, S. (2023). Digital Relationality, Rights, Resilience: Conceptualising a Digital Social Ecology for Children’s Birth Family Relationships When in Care or Adopted. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/digital-relationality-rights-resilience-conceptualising-a-digital-social-ecology (Obra original publicada en 2022 en The British Journal of Social Work, 53(1), 216-235 (2023); reeditada en 2023 por The British Journal of Social Work, https://academic.oup.com/bjsw/article/53/1/216/6651766)

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