Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Frontiers in Psychology · Pareja
¿Qué ocurre cuando parejas que llevan décadas juntas acuden a un centro de orientación? Ute Kieslich y Gisela Steins, de la Universidad de Duisburgo-Essen, entrevistaron por separado a las diez personas que forman cinco parejas alemanas de entre 55 y 72 años. Su modelo circular describe la acumulación de cargas, el acercamiento logrado en las sesiones y, después, la fragilidad de los avances cuando vuelve el estrés.
Traducción no oficial al español de Long-term couple relationships - stress, problems and coping processes in couple counseling: Insights based on five case studies with five long-term couples, de Ute Kieslich y Gisela Steins, publicado en Frontiers in Psychology (Frontiers Media) (2022), doi: 10.3389/fpsyg.2022.866580, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas; no se reproduce la declaración de disponibilidad de los datos. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Los resultados sugieren que un enfoque de terapia de pareja para personas mayores con relaciones de pareja de larga duración debería priorizar la seguridad emocional y el apego en la relación de pareja para facilitar una gestión constructiva de los conflictos.
Ute Kieslich y Gisela Steins
Resumen
Como consecuencia del cambio demográfico, la proporción de personas mayores aumenta de forma continua en muchos países, y cada vez más personas viven en pareja durante mucho tiempo. En la vejez, el bienestar subjetivo y los aspectos de salud se asocian a la satisfacción de cada miembro de la pareja con la relación. La necesidad de orientación de pareja en la vejez crece en paralelo con la evolución demográfica. Sin embargo, hasta la fecha solo existen en medida limitada estudios empíricos sobre la terapia de pareja con personas mayores en relaciones de pareja de larga duración. La presente contribución aborda esta laguna de conocimiento. Con un diseño explicativo en dos fases, se ha investigado con parejas de larga duración en orientación de pareja; aquí deseamos presentar el estudio cualitativo central. El objetivo es poder describir en detalle estos factores. Se entrevistó a parejas mayores que habían vivido en relaciones de pareja de larga duración tras haber aplicado cuestionarios estandarizados sobre los factores de estrés y los problemas individuales y de pareja al inicio (N = 62) y al final (N = 36) de su proceso de orientación de pareja. Cinco parejas de este estudio fueron las entrevistadas en el estudio siguiente. Las parejas se entrevistaron por separado. En este estudio de entrevistas, parte central de esta contribución, se examinaron los factores de estrés, las áreas problemáticas y los procesos de afrontamiento de las parejas mayores. Los resultados sirven como sugerencia para investigaciones futuras y solo pueden interpretarse con cautela debido a la pequeña muestra de cinco estudios de caso: los resultados centrales del estudio se resumen en un modelo de proceso circular y se discuten a la luz de los enfoques teóricos pertinentes. La acumulación de cargas y pérdidas masivas, crónicas y agudas, asociadas a sentimientos de sobrecarga y desesperación, dio lugar a un distanciamiento emocional entre los miembros de la pareja. A lo largo de la terapia de pareja, ambas personas se abrieron mutuamente sus pensamientos y emociones y modificaron su anterior patrón disfuncional de interacción. Así se favoreció un acercamiento emocional y físico, con el efecto de que la carga subjetiva de cada miembro de la pareja y la insatisfacción con la relación disminuyeron, y el bienestar emocional subjetivo aumentó. Para evitar emociones negativas y conflictos destructivos con su cónyuge, algunas de las personas entrevistadas utilizaron activamente estrategias de evitación en las interacciones de pareja. Una vez concluida la terapia de pareja, los cambios en las relaciones parecieron inestables en cuanto volvieron a aparecer factores de estrés abrumadores. Los resultados sugieren que un enfoque de terapia de pareja para personas mayores con relaciones de pareja de larga duración debería priorizar la seguridad emocional y el apego en la relación de pareja para facilitar una gestión constructiva de los conflictos. El proceso de terapia de pareja debería hacer hincapié en estrategias de regulación emocional basadas en las fortalezas propias de la edad y tener en cuenta las vulnerabilidades relacionadas con ella. Además, las parejas de larga duración pueden beneficiarse de citas de consulta catamnésicas para consolidar los cambios logrados.
Palabras clave: orientación de pareja, relaciones de pareja de larga duración, procesos de afrontamiento, áreas problemáticas, factores de estrés
En Alemania, como en otros países, el aumento de la esperanza de vida hace que cada vez más personas pasen mucho tiempo juntas en pareja. En su informe, el Centro Alemán de Gerontología (DZA) presenta las tendencias de evolución de los estilos de vida y las relaciones de pareja de las personas mayores (Nowossadeck y Engstler, 2013). Debido al aumento de la esperanza de vida, se observa una convivencia más larga de las parejas entre quienes tienen entre 70 y 85 años. La fase posparental, es decir, el tiempo que la pareja pasa junta una vez que la descendencia se ha hecho mayor, se ha convertido hoy en la fase más larga del curso vital. La necesidad de orientación de pareja en la vejez crece al mismo tiempo que la evolución demográfica (Ehe-, Familien- und Lebensberatung im Bistum Münster, 2022). La proporción de personas consultantes mayores de 60 años alcanza el 15% en los centros de orientación institucionales de titularidad católica. Sin embargo, los estudios empíricos sobre la terapia de pareja con personas mayores en relaciones de pareja de larga duración solo existen en medida limitada. El estudio que aquí se presenta aborda los fenómenos de la edad avanzada, los factores de estrés individuales, las áreas problemáticas en las relaciones de pareja de larga duración y los correspondientes procesos de afrontamiento en el contexto de la orientación de pareja. Con este estudio pretendemos comprender mejor la dinámica de los procesos de afrontamiento mediante una mirada detallada a los problemas percibidos por diez personas de cinco parejas. A continuación exponemos los requisitos y el marco teórico de nuestra investigación.
Las intervenciones que han dado buenos resultados en la orientación de parejas más jóvenes resultan a veces menos eficaces con parejas de larga duración. En la edad avanzada, el paso a la jubilación es una fase de transición crítica que exige reorganizar la distancia y la cercanía en la pareja. Riehl-Emde (2016a) menciona otras tareas evolutivas esenciales: la creciente dependencia emocional mutua, el afrontamiento de las limitaciones relacionadas con la edad y de las experiencias de pérdida, el cuidado mutuo y las experiencias estimulantes compartidas. Estos fenómenos exigen que los enfoques de orientación y las intervenciones de terapia de pareja se adapten a este grupo destinatario y se desarrollen en consecuencia (Riehl-Emde, 2016b).
Los predictores del bienestar psicológico y de la satisfacción vital en la vejez son el estado de salud subjetivo, en concreto la presencia de una pareja con la que existe una relación de vínculo, y la satisfacción con las propias relaciones sociales (Martin et al., 2000). Ante problemas como la disminución de la fuerza física, las restricciones de salud, el estrés psicológico y la retirada de los roles profesionales, la relación de pareja es importante como factor estabilizador en la vejez. Por un lado, dado que la relación de pareja es la relación de apego más importante en la edad adulta, una larga historia en común debe considerarse un recurso. Por otro, el paso a la vejez trae consigo nuevos retos para la persona y para el sistema de pareja, asociados a tareas evolutivas muy específicas. En la edad avanzada es más probable que se produzcan acontecimientos vitales críticos o situaciones límite humanas (Staudinger y Dittmann-Kohli, 1994). Entre otras cosas, las parejas de 55 años o más se enfrentan a la tarea de afrontar diversos factores de estrés y limitaciones físicas y psicológicas, así como cambios de rol en los ámbitos privado y profesional. En el sentido de los procesos de autoorganización en los sistemas sociales (Haken y Schiepek, 2006; Schiersmann y Thiel, 2012), las parejas de larga duración en la vejez se ven en la necesidad de formar estructuras organizativas cualitativamente nuevas en su sistema de pareja (cf. teoría de los sistemas autorreferenciales, Luhmann, 2021).
El enfoque de la psicología del desarrollo a lo largo del ciclo vital (Brandtstädter y Lindenberger, 2007) ofrece un marco teórico adecuado para examinar los procesos y capacidades de autorregulación de las personas, así como los procesos diádicos en la configuración de las relaciones de pareja de larga duración en la vejez. Resultan especialmente pertinentes aquí los enfoques teóricos y los hallazgos de investigación sobre la motivación para la acción y la regulación emocional en personas mayores con relaciones de pareja de larga duración (Carstensen y Lang, 2007; Charles y Hong, 2016; Carstensen, 2021).
Los objetivos emocionales adquieren más importancia en la vejez en relación con el mantenimiento del bienestar subjetivo. Se prefieren las relaciones familiares y significativas, como la relación de pareja, y se reducen los contactos sociales menos significativos (Carstensen y Charles, 1998). Los modelos recientes de la teoría de la selectividad socioemocional abordan las diferencias de edad en ámbitos específicos del funcionamiento emocional y cognitivo combinando los dominios evolutivos del sentido y la emoción. Se tienen en cuenta así las fortalezas socioemocionales de las personas mayores, por ejemplo, las competencias de regulación emocional y la tolerancia a la ambigüedad emocional, que se manifiestan especialmente en las relaciones de pareja y en las relaciones familiares estrechas. Al mismo tiempo, estos modelos tienen en cuenta las vulnerabilidades de las personas mayores, que se hacen patentes cuando el estrés y la activación emocional persisten. En tales situaciones, las personas mayores solo pueden reducir su activación con cierto retraso debido a cambios en los procesos fisiológicos relacionados con la edad (Charles, 2010; Charles y Luong, 2013). Para evitar el afecto negativo y la escalada en la pareja, y para mantener el bienestar subjetivo, las personas mayores utilizan en las relaciones estrechas estrategias interaccionales y de resolución de problemas distintas de las de las personas más jóvenes (Holley et al., 2013).
Los modelos teóricos integradores que abordan la intersección entre relaciones de pareja, emociones y salud ofrecen un marco constructivo para los estudios con parejas de larga duración (Christensen et al., 2006, 2015). Los hallazgos de investigación correspondientes muestran que los procesos de interacción y de relación de las parejas están vinculados a los mecanismos biológicos de cada miembro de la pareja, que se ajustan constantemente entre sí. Ambos componentes, a su vez, afectan a la salud individual de cada miembro de la pareja (Ryff et al., 2001; Uchino, 2013). Estos patrones recíprocos o sincrónicos en las relaciones de pareja tienen un claro impacto en el estado de salud de sus miembros (Butler, 2011). En situaciones vitales estresantes, tanto la conducta de apoyo mutuo como las tensiones en la relación de pareja de larga duración pueden entenderse como resultado de estos complejos patrones interpersonales de regulación emocional.
El enfoque de la psicología del desarrollo a lo largo del ciclo vital ofrece también un marco teórico adecuado para reflexionar sobre los procesos de orientación de pareja con personas mayores en relaciones de pareja de larga duración. Las personas mayores se caracterizan como agentes que configuran activamente su ciclo vital y sus relaciones significativas, especialmente cuando se enfrentan a limitaciones relacionadas con la edad y a experiencias de pérdida.
Se sabe poco sobre las particularidades de la configuración de la pareja y de la resolución de problemas en el contexto de los procesos de terapia de pareja en la etapa vital de la vejez. La investigación que aquí se presenta pretende contribuir a llenar esta laguna. Nuestra investigación se centra principalmente en las capacidades de autorregulación de las personas ante diversas cargas, así como en los procesos diádicos en la configuración de las relaciones de pareja de larga duración en la vejez. La investigación tiene carácter exploratorio, se centra en el contenido de la relación de pareja y se enfoca sistemáticamente en la perspectiva subjetiva de personas de 55 años o más que viven en relaciones de pareja de larga duración y han recibido orientación de pareja. Los ejes estructurantes del estudio son los factores de estrés, las áreas problemáticas y los procesos de afrontamiento de las personas participantes.
Siguiendo un enfoque diádico, el presente estudio se interesa especialmente por los patrones de interacción de pareja que surgen en la evaluación, el afrontamiento y la adaptación a diversos factores de estrés y limitaciones físicas y psicológicas, así como a los cambios de rol en el ámbito privado y profesional, en el contexto de la orientación de pareja. Con este estudio pretendemos comprender mejor la dinámica de los procesos de afrontamiento mediante una mirada detallada a los problemas percibidos por diez personas de cinco parejas. A través de las entrevistas intentamos conocer más detalles sobre las dinámicas de resolución de problemas desde enfoques subjetivos. Aunque la investigación internacional nos informa sobre algunas áreas problemáticas que tienen más probabilidad de aparecer (como las experiencias de pérdida) y sabemos que las estrategias de regulación emocional cambian con la edad (véase la parte teórica), no sabemos tanto sobre la dinámica de la resolución de problemas. También puede ser necesario contextualizar con fuerza el abordaje de la cuestión: es probable que los problemas y las dinámicas de resolución varíen según factores culturales, económicos y de otro tipo. Por ello, el objetivo del estudio que aquí se presenta es muy limitado y modesto: empezar mediante el tratamiento intensivo y sistemático de entrevistas con una muestra muy selectiva. Creemos que los resultados son de interés para todas las personas investigadoras que se ocupan de las estrategias de afrontamiento de las parejas de larga duración, y que también los y las terapeutas que atienden a parejas de larga duración se beneficiarán sin duda de ellos para diseñar el proceso terapéutico.
Los principales resultados de un estudio previo con cuestionarios realizado con parejas de larga duración muestran que, a lo largo del periodo de orientación de pareja, las quejas subjetivas de salud de cada persona se redujeron y la carga global sobre la relación de pareja disminuyó. Sin embargo, la insatisfacción con la comunicación afectiva y la intimidad emocional en la relación de pareja, así como la insatisfacción con los ámbitos de la agresión y la resolución de problemas en la pareja, habían aumentado desde el inicio hasta el final de la orientación.
El estudio cualitativo posterior que aquí se presenta tiene un carácter predominantemente exploratorio y pretende ofrecer una visión de los factores de estrés, las áreas problemáticas y los procesos de afrontamiento en el contexto de la orientación con personas mayores en relaciones de pareja de larga duración. No se trata de un procedimiento puramente evaluativo de los resultados de la orientación. El estudio se centra en los aspectos de contenido que llevan a las parejas de larga duración a buscar orientación de pareja. Se trata de profundizar en las preguntas y temas del estudio previo con cuestionarios (Mayring, 2001).
El estudio incluye entrevistas cualitativas individuales con una pequeña muestra de parejas de 55 años o más. Se centra en las experiencias y valoraciones subjetivas de las personas consultantes sobre sus cargas y tensiones individuales y sobre la calidad de su relación de pareja durante el periodo de orientación de pareja: los motivos de la orientación de pareja, las inquietudes y expectativas de cada miembro de la pareja respecto al proceso de orientación, sus cargas individuales, su valoración de la calidad de la relación de pareja, las áreas de problemas y de conflicto y los procesos de desarrollo y de afrontamiento a nivel individual y de pareja.
Del acreditado repertorio de métodos de la investigación cualitativa, se realizaron entrevistas individuales con preguntas guía de fondo, abiertas y narrativas (Mey y Mruck, 2011; Kruse, 2015). Las entrevistas cualitativas son adecuadas para captar la visión interna de las personas entrevistadas sobre un ámbito de experiencia y conocer de forma más cercana y diferenciada sus pensamientos, sentimientos, valoraciones e intenciones (Patton, 2015, p. 423 ss.). En este estudio, nuestro interés se centra en las personas que buscan ayuda en relaciones de larga duración como agentes del proceso de orientación de pareja. Intervinieron tres profesionales de la orientación de pareja diferentes en cinco procesos de orientación de pareja; tres de los procesos los llevó a cabo la misma profesional. El estudio utiliza 10 entrevistas cualitativas individuales con 10 miembros de cinco parejas de larga duración para examinar la perspectiva subjetiva en el contexto de la orientación de pareja. El estudio comprende 10 participantes procedentes del grupo del estudio previo con cuestionarios, de modo que disponemos de una base de cinco estudios de caso para nuestro análisis.
Hildenbrand menciona aspectos de una «teoría de la acción profesional en orientación y terapia» (Hildenbrand, 2008, p. 38), basados en el estilo de investigación de la teoría fundamentada (Strauss, 1991). Los elementos centrales de esta teoría consisten en adoptar la perspectiva de la persona que busca ayuda y utilizarla después como punto de partida para obtener, mediante preguntas, nuevos aspectos para los procesos en el contexto de la orientación y en la vida real de esa persona. Gracias a la participación activa de quienes buscan ayuda, se generan datos que permiten una imagen concreta y fiel a la realidad de sus percepciones, interpretaciones y procesos de cambio durante el periodo de su orientación de pareja.
Se plantean las siguientes preguntas específicas: ¿Cuál es la visión subjetiva de las personas consultantes sobre su situación personal y su relación de pareja al inicio de la orientación de pareja? ¿Cuál fue el motivo para pedir orientación en ese momento concreto? En retrospectiva, ¿qué cambios perciben las personas entrevistadas a lo largo del periodo de orientación de pareja, en relación consigo mismas, con su pareja y con la calidad de la relación? ¿Cómo valoran la calidad de su relación de pareja durante el periodo de orientación y una vez finalizado el proceso? ¿Qué otra cosa fue importante para las personas consultantes durante el proceso de orientación de pareja en relación consigo mismas y con su pareja? Desde el punto de vista subjetivo de las personas entrevistadas, ¿qué condujo a los posibles cambios en la relación de pareja y en los patrones de interacción de la pareja? La (in)satisfacción sexual en las relaciones de pareja, la calidad del tiempo compartido y las relaciones entre generaciones pueden ser temas pertinentes en las entrevistas.
La entrevistadora tenía 53 años en el momento de las entrevistas y es ella misma psicóloga en orientación de pareja. Disponía de información de contexto directa sobre las personas entrevistadas en seis de las 10 situaciones de entrevista, ya que también había llevado a cabo con ellas un proceso de orientación de pareja. Con estas personas ya existía una relación de confianza gracias al proceso de orientación compartido anteriormente, que no hubo que establecer al comienzo de la entrevista. Por otra parte, es posible que las personas entrevistadas censuraran sus observaciones sobre el proceso de orientación y sobre la relación con la profesional por deseabilidad social cuando la entrevistadora había sido también su orientadora (Crane et al., 2002). La experiencia de la entrevistadora durante las entrevistas mostró que las personas entrevistadas tendían a tratarla como una instancia neutral.
La muestra estudiada estaba formada por N = 10 personas consultantes, cinco esposas y cinco esposos de cinco relaciones heterosexuales distintas. Las 10 personas entrevistadas habían recibido orientación en el encuadre de pareja dentro de los servicios de orientación matrimonial, familiar y vital de varias ciudades de Alemania. En el momento de la entrevista tenían entre 55 y 72 años. Todas las parejas estaban en su primer matrimonio, con una duración de entre 24 y 48 años. Todas las parejas tienen descendencia adulta de entre 20 y 45 años. Cuatro de las parejas habían recibido orientación en el encuadre de pareja; una pareja había participado primero en un grupo de parejas y después había recibido orientación como pareja. Todas las parejas se ofrecieron voluntariamente a participar en el estudio tras solicitar información a través de los distintos centros de orientación.
Las 10 entrevistas se realizaron en las instalaciones del centro de orientación donde las personas consultantes habían recibido previamente la orientación de pareja, de modo que el entorno les resultaba familiar. Las entrevistas se llevaron a cabo individualmente con cada miembro de la pareja. Se eligió un procedimiento parcialmente estandarizado. Las preguntas se formularon de manera mayoritariamente abierta, de acuerdo con el enfoque de la teoría fundamentada (Strübing, 2004). Salvo las preguntas de apertura y de cierre, el orden de las preguntas no estaba fijado y se adaptaba con flexibilidad al curso de la entrevista para no interrumpir el flujo del discurso de las personas entrevistadas (Mayring, 2002, p. 66). Las entrevistas se diseñaron en el continuo entre estructuración y apertura, en la dirección de entrevistas narrativas con preguntas guía de fondo. En cada caso se aclaró el consentimiento para la grabación en audio de la entrevista y para las notas de la entrevistadora. El consentimiento para el uso anonimizado del contenido de la entrevista en el marco de la investigación científica se obtuvo por escrito (uso primario y secundario de los datos de audio). Se anunció la duración aproximada de la entrevista.
La duración de la entrevista dependió, por un lado, del flujo narrativo de la persona entrevistada y, por otro, de las preguntas de seguimiento de la entrevistadora derivadas del guion. La entrevista más corta duró 31 min y la más larga 88 min. La duración media fue de 49,5 min.
Se eligió el tipo de entrevista narrativa, modificado mediante una orientación a las preguntas de seguimiento (Helfferich, 2011, p. 16). El guion de la entrevista está poco estructurado y comienza con una invitación narrativa bastante amplia. Las preguntas de seguimiento que se enumeran a continuación se introducían cuando las personas entrevistadas no se pronunciaban espontáneamente sobre los bloques temáticos, utilizando, entre otras, las preguntas inmanentes previstas en el guion.
De este modo, el relato de las personas entrevistadas se dirigía lo menos posible. Introducción: «Me gustaría hablar con usted de sus experiencias más personales durante el periodo de orientación de pareja en el centro de orientación matrimonial, familiar y vital»; invitación a narrar: «Usted se inscribió en la orientación junto con su esposa / esposo. ¿Cómo se llegó a ello? ¡Cuéntenoslo, por favor!»; preguntas inmanentes: «¿De qué trataban los problemas?», «¿Puede contarnos la situación con más detalle?», «¿Hay alguna explicación?»
Preguntas inmanentes: «¿Con qué inquietudes y expectativas acudió a la sesión de orientación?», «¿Qué ha pasado entre usted y su marido/esposa durante el periodo de orientación?», «¿Cuál es su impresión personal sobre su evolución como pareja durante este periodo?», «¿Hubo puntos de inflexión, acontecimientos destacados, cambios?», «Observo que no ha mencionado si los acontecimientos y cambios en su relación de pareja estaban relacionados con sus experiencias en la orientación de pareja. ¿Puede decir algo más al respecto?», «¿Para qué utilizó la orientación y cómo la utilizó?», «¿Qué le resultó beneficioso o perjudicial durante el proceso de orientación?»; balance: «¿Cuál de las cosas que ha descrito fue especialmente importante para usted?»
A lo largo de la entrevista, se pidió a las personas entrevistadas que marcaran paso a paso su propia satisfacción con la relación de pareja (Figura 1) al inicio de la orientación y a lo largo del tiempo hasta su finalización. El eje X representa los momentos del proceso de orientación; el eje Y ofrece una escala de 0 (satisfacción mínima con la relación) a 10 (satisfacción máxima con la relación), en la que debe valorarse la calidad subjetivamente percibida de la relación de pareja. Durante la entrevista se volvía repetidamente a la línea temporal y se pedía a las personas entrevistadas su valoración retrospectiva de la calidad subjetiva de la relación de pareja en el momento correspondiente. Las propias personas entrevistadas marcaban con cruces la plantilla de coordenadas en blanco. Después unimos esas cruces con líneas para obtener una trayectoria. Algunas cruces se hicieron sobre la línea y otras entre líneas. Intentamos reflejarlo en la imagen para poner de relieve la heterogeneidad de las perspectivas subjetivas (Figura 1).

Presentamos aquí la descripción resumida de un estudio de caso para que quede muy claro qué riqueza individual de detalles encierra ya el problema de una sola pareja. Para esta presentación hemos elegido a la pareja E.
Estudio de caso: pareja E. «Antes hablaba con el perro. Y ahora habla conmigo.»
El señor E. tenía 59 años en el momento de la entrevista y la señora E., 60. Llevaban 37 años casados y tenían tres hijos e hijas adultos de 36, 32 y 28 años. La hija menor se independizó durante el año en que tuvo lugar la orientación de pareja. Ambos describieron como buena la relación con los dos hijos mayores. La hija menor se veía a veces implicada en los conflictos de sus padres.
El señor E. había trabajado a tiempo completo en el departamento de contabilidad de una empresa y estaba jubilado en el momento de la orientación de pareja. Durante mucho tiempo había sido contable apoderado de una empresa. Gozaba de la confianza de su jefe y de sus colegas, se implicaba considerablemente en su ámbito de trabajo y contribuyó a levantar la empresa. Cuando la empresa pasó a manos de otro propietario, no encontró un puesto equivalente en el nuevo sistema, lo que le dolió mucho y, al mismo tiempo, le provocó miedos existenciales. En relación con estas cargas y con litigios por su puesto de trabajo, desarrolló una enfermedad depresiva. Debido a dolencias físicas importantes —varias hernias discales—, se le reconoció una discapacidad grave que le permitió dejar su trabajo de forma anticipada. El señor E. llevaba varios años en tratamiento psicoterapéutico por depresión antes de que comenzara el proceso de orientación de pareja. Casi al mismo tiempo que la hija menor se iba de casa, se produjo otra experiencia personal de pérdida: hubo que sacrificar al perro que llevaba mucho tiempo viviendo con la familia. El señor E. había desarrollado una relación especial con el perro, que había sido un recurso útil para él durante la fase de sus síntomas depresivos.
La señora E. trabajaba a tiempo parcial en el área administrativa de una planta hospitalaria. También sufría diversas limitaciones de salud. Unos 5 años antes del inicio de la orientación de pareja había padecido una depresión. Había recurrido a la psicoterapia psicológica y había tenido buenas experiencias. A raíz de una operación ginecológica, la señora E. sufría problemas crónicos y dolor durante las relaciones sexuales, lo que la llevaba a evitar el contacto íntimo con su marido. En el año anterior al proceso de orientación de pareja sufrió una pérdida auditiva bilateral, que le dejó una hipoacusia crónica. Debido a ella, la señora E. tenía grandes problemas en su lugar de trabajo.
También soportaba la carga de cuidar de su madre, que necesitaba cuidados a causa de una demencia. Los intentos de cuidarla en el entorno doméstico fracasaron. Por ello, la señora E. tuvo que buscarle una plaza en una residencia. Con sus ingresos no podía cubrir ella sola los costes. A la señora E. le pesaba la perspectiva de tener que recurrir próximamente a los ahorros comunes que ella y su marido habían apartado para financiar la plaza de su madre en la residencia.
En el momento de inscribirse en el centro de orientación, la pareja E. acumulaba cargas debidas a enfermedades físicas y mentales. Sus propias posibilidades de afrontamiento, individuales y de pareja, estaban agotadas. Sus roles habían cambiado a causa de la jubilación anticipada del señor E. por enfermedad, de modo que había que regular de nuevo la distancia y la cercanía. Como consecuencia del estrés negativo, la señora y el señor E. se retiraron cada vez más del contacto emocional mutuo y surgieron pensamientos de separación. Su relación sexual estaba alterada. Se sucedieron varias experiencias de pérdida en poco tiempo. Ambos consideraron que la nueva comunicación abierta sobre los temas conflictivos y la organización de actividades conjuntas fueron pasos decisivos en el proceso de orientación de pareja. El señor E. destacó como cambio personal relevante su cambio de perspectiva respecto a su esposa y a los logros de su vida. Al volverse conscientemente hacia ella, el señor E. pudo acercarse de nuevo a su esposa. Pudo reconocer y valorar el apoyo que había recibido de su esposa y de su descendencia durante la crisis.
Sobre todo la propuesta, en las sesiones de orientación de pareja, de hablar abiertamente de los temas problemáticos de la relación le pareció al principio amenazante. Temía que las discusiones entre él y su esposa en casa aumentaran sin ningún efecto positivo. En el transcurso de la orientación de pareja, el señor E. vivió un punto de inflexión en este sentido. Tuvo la impresión de que él y su esposa habían encontrado una nueva manera de afrontar las situaciones difíciles dentro de la relación.
Para la señora E. fue significativo que su marido se interesara ahora de verdad por ella y comprendiera su perspectiva. En las sesiones de pareja él se había abierto emocionalmente a ella y había hablado de sus pensamientos y sentimientos. A su vez, la señora E. cambió su estrategia de interacción en situaciones potencialmente conflictivas: dejó de insistir en desacuerdos conocidos desde hacía mucho y en diferencias conflictivas entre ella y su marido, y reaccionó en cambio con serenidad. En diversas situaciones no abordaba ciertos aspectos, lo que la hacía sentirse más «suelta». Lo que no se abordó durante las sesiones de orientación de pareja fue la sexualidad compartida. La señora E. sacó este tema por iniciativa propia en su entrevista individual.
La orientación se desarrolló exclusivamente en encuadre de pareja a lo largo de ocho sesiones de 90 min cada una. Las sesiones tuvieron lugar con un intervalo de unas 2 semanas y el proceso de orientación duró 4 meses. Las entrevistas se realizaron 2 semanas después del final de la orientación de pareja, una tras otra, en 1 día, en el centro de orientación.
El tratamiento de los textos de las entrevistas se basó en el análisis cualitativo de contenido. El objetivo es analizar las declaraciones de las personas entrevistadas, fijadas mediante transcripciones, y extraer conclusiones para responder a las preguntas de investigación. De este modo, el material complejo se filtra y se estructura en función de los aspectos pertinentes para este estudio. Dado el carácter exploratorio del estudio, nos remitimos sobre todo a la variante de estructuración de contenido, cuyo objetivo es registrar los temas presentes en el material (Kuckartz, 2012). A menudo se combinan pasos deductivos e inductivos (Kuckartz, 2007; Schreier, 2014). A partir de la literatura de investigación y de los modelos teóricos se derivan deductivamente categorías relativas a posibles factores de estrés y áreas problemáticas individuales y de pareja en la vejez, como las enfermedades crónicas o las crisis normativas, por ejemplo la emancipación de la descendencia adulta y el inicio de la jubilación.
Patton remite al enfoque de la «teoría fundamentada» (Glaser y Strauss, 1979; Strübing, 2004) y recomienda sumergirse en el material de datos en una fase temprana del análisis de contenido para desvelar su sentido inherente.
Como preparación para la categorización, se leyó detenidamente todo el material textual transcrito, se marcaron los pasajes importantes con ayuda del programa de análisis cualitativo MAXQDA y se redactaron memorandos con comentarios e ideas de códigos. En un primer paso de codificación, se seleccionaron como unidades de codificación segmentos de sentido del texto, a los que se asignaron distintos códigos. En el espíritu de la «codificación abierta» (Patton, 2015, p. 542), se incluyeron todos los elementos del texto. En los segmentos de texto se producen así solapamientos parciales, es decir, se asignan distintos códigos a un mismo segmento de sentido. En total se realizaron 673 codificaciones. Algunos segmentos de sentido de las transcripciones se asignaron a varios códigos porque las declaraciones contienen aspectos diferentes. La codificación principal de todo el material textual la realizó la primera autora. Además, cinco personas (todas con conocimientos profesionales psicopedagógicos) estuvieron disponibles para evaluar el sistema de categorías. Comprobaron de forma independiente su ajuste en distintos fragmentos de texto y en algunos casos propusieron códigos adicionales. A partir de los comentarios de estas personas cocodificadoras y de las discusiones, el sistema de categorías se revisó y se completó.
En un paso de evaluación posterior, los códigos se agruparon en categorías superiores. Lo común a los enfoques de categorización deductiva e inductiva es que el material textual se describe y ordena a partir de determinadas características. Estos criterios descriptivos se denominan categorías en el análisis cualitativo de contenido (Kuckartz, 2007, p. 57). Según Schreier (2014), los aspectos de sentido pertinentes del material forman las categorías de un sistema de categorías. Algunas de estas categorías se derivaron de referencias a modelos teóricos y a resultados de investigación empírica, por ejemplo, las experiencias de pérdida o las transiciones vitales normativas y no normativas en la vejez. Otra parte de las categorías surgió de las preguntas del guion de la entrevista; entre ellas figuran, por ejemplo, las cargas y los problemas. En pasos posteriores se desarrollaron categorías adicionales que se refieren a aspectos inesperados o que reflejan aspectos de la evolución de cada miembro de la pareja y de la pareja durante el proceso de orientación (Flick, 2010).
Como los resultados son muy detallados y complejos, enumeraremos primero en palabras clave los hallazgos centrales más importantes y después los explicaremos en detalle:
Los dos últimos resultados parciales sugieren que la comunicación sobre los factores de estrés puede aumentar el estrés percibido, sobre todo en los miembros de la pareja que tienden a utilizar estrategias evitativas de resolución de conflictos; esto podría explicar por qué una mayor comunicación puede perfectamente aumentar la insatisfacción en una relación de pareja.
Las declaraciones de las personas entrevistadas pueden agruparse en tres grandes ejes temáticos o bloques: factores de estrés, áreas problemáticas y procesos de afrontamiento. Estos tres bloques temáticos siguen, en el orden indicado, la secuencia cronológica de los procesos de orientación de pareja tal como se describen en las entrevistas, y mantienen una relación circular. Se ilustran en la Figura 2.

Factores de estrés: aquí se abordan las limitaciones biopsicosociales y las dificultades de pareja que las personas entrevistadas vivieron en relación con su relación de pareja de larga duración. Se encontraron factores de carga tanto en los motivos de inscripción en la orientación de pareja como en relación con los temas tratados al inicio del proceso.
Áreas problemáticas: esta categoría recoge los aspectos individuales y de pareja que las parejas tuvieron que abordar y resolver en el marco de la orientación de pareja. A lo largo del proceso de orientación, las perspectivas de las personas consultantes sobre las áreas problemáticas y los patrones de interacción disfuncionales de su relación cambiaron y se ampliaron. Las personas entrevistadas relataron que desarrollaron una visión diferenciada de los aspectos individuales y de pareja.
Procesos de afrontamiento: esta categoría se refiere a los correspondientes pasos de cambio de la persona y del sistema de pareja. Diversas formas de afrontar los factores de carga y los problemas condujeron a cambios en las personas y en el sistema de pareja a lo largo del proceso de orientación de pareja.
El análisis cualitativo de las entrevistas dio lugar a cinco categorías principales, denominadas así: situaciones clave: motivos de la orientación de pareja; temas de las personas consultantes al inicio de la orientación de pareja; temas que desarrollan las personas consultantes durante la orientación de pareja; cambios en el sistema de pareja durante el periodo de orientación; evolución del sistema de pareja al final de la orientación.
A partir de los análisis de caso individuales de las 10 entrevistas, se vio que tiene sentido categorizar las declaraciones siguiendo el curso temporal del proceso de orientación de pareja, porque las personas entrevistadas describían un proceso con pasos sucesivos en cuanto a la orientación de pareja y a la evolución de la calidad de su relación.
De forma análoga a los tres apartados superiores del estudio, el modelo de fases de la orientación sistémica de pareja de Jellouschek y Kohaus-Jellouschek (1993) describe pasos evolutivos cronológicos de tipo ideal que las parejas recorren (o pueden recorrer) en una terapia conjunta. Estos pasos son las fases de enredo, diferenciación y reorientación.
Al principio, la pareja se encuentra en la llamada fase de enredo, que se vive como un callejón sin salida.
En el estudio, esto corresponde a la mención de los factores de estrés como motivos de la orientación de pareja y a los temas del inicio de la orientación. La Tabla 1 ofrece una visión general de los temas mencionados por los hombres y las mujeres al inicio de la orientación. Al tratarse de una muestra pequeña, los porcentajes solo sirven de panorama para este pequeño grupo y no pueden generalizarse.
Tabla 1 — Visión general de los temas mencionados por los hombres y las mujeres al inicio de la orientación
Porcentaje de mención de este problema para N = 10.
Las personas entrevistadas no veían ninguna posibilidad de hacer frente a estas cargas y recurrieron a la orientación de pareja. El hecho de que las parejas se vieran confrontadas, en el encuadre de la orientación, con sus patrones de interacción disfuncionales y se centraran en su parte individual en ese patrón de interacción les abre la posibilidad de pasar a la llamada fase de diferenciación, en la que tomaron conciencia de sus enredos como pareja, intercambiaron información con su pareja y, en consecuencia, se acercaron emocionalmente.
Las características de la fase de diferenciación se encuentran, en la evaluación cualitativa, en la categoría superior «áreas problemáticas», clasificada como «temas que desarrollan las personas consultantes durante la orientación de pareja». Según Jellouschek y Kohaus-Jellouschek (1993), las parejas consiguen resolver los ciclos interaccionales destructivos, por un lado, cuando cada miembro de la pareja (re)adquiere más responsabilidad sobre sí mismo y, por otro, cuando ambos se abren el uno al otro y muestran sus sentimientos. Esto pone en movimiento la dinámica de pareja solidificada, y los temas problemáticos pueden trabajarse y superarse en la siguiente «fase de reestructuración» (o reorientación) en el contexto de la orientación de pareja. En la categoría principal «Cambios en el sistema de pareja durante el periodo de orientación» se encuentran los aspectos cognitivos, emocionales y conductuales que las personas entrevistadas nombraron retrospectivamente como cambios relevantes (Tabla 2). Esta fase puede terminar con la pareja encontrando una nueva base para la relación o decidiendo separarse.
Tabla 2 — Categorías en las que se relataron cambios durante el proceso de consulta
Frecuencia (f) y porcentaje.
En las 10 entrevistas, las personas entrevistadas relataron también espontáneamente la evolución de la satisfacción con su relación de pareja tras el final de la orientación. La satisfacción con la relación de pareja aumentó así de forma más o menos marcada durante el periodo de orientación y volvió a disminuir después de su finalización.
Todas las personas entrevistadas hicieron también declaraciones sobre la relación con la persona orientadora. La séptima categoría adicional se basa en lo que dijeron sobre su contacto con los servicios sanitarios. Estas dos categorías pueden asignarse a la categoría «procesos de afrontamiento».
En este apartado se presentan y discuten los resultados centrales del estudio siguiendo la sistemática de las categorías principales desarrolladas, situadas en un contexto circular (Figura 2).
Tanto los resultados del estudio previo con cuestionarios como los del presente estudio ofrecen indicios de la interconexión entre los procesos del sistema de pareja, las emociones de cada miembro de la pareja y su estado de salud. Los modelos teóricos integradores que parten de la intersección entre relación de pareja, emociones y salud ofrecen por tanto un marco constructivo para los estudios con parejas de larga duración Uchino (2013). Muestran cómo componentes específicos de las relaciones de pareja, por ejemplo los procesos relacionales sociales básicos y los mecanismos biológicos coordinados, interactúan en cada miembro de la pareja y afectan al estado de salud individual. En el proceso de regulación emocional intervienen conjuntamente sentimientos, cogniciones, valoraciones, conductas y componentes (neuro)fisiológicos (Ochsner y Gross, 2007).
Según la valoración subjetiva de las personas entrevistadas, desde hacía bastante tiempo se venían produciendo evoluciones problemáticas en el periodo previo a la orientación. En la edad avanzada es más probable que se produzcan acontecimientos vitales críticos o situaciones límite humanas (Staudinger y Dittmann-Kohli, 1994). Entre ellos figuran las limitaciones de salud, las enfermedades y experiencias de pérdida de diverso tipo, que plantean a las personas mayores el reto de desarrollar formas de afrontamiento y de reconstruir de manera global su propio proyecto vital y su sistema personal de sentido. En el momento de solicitar orientación de pareja, las cargas en el sistema de pareja habían alcanzado una «masa crítica» y/o se había producido un cambio reciente en el sistema de pareja y familiar que dio el impulso para buscar apoyo mediante la orientación de pareja («situación clave»). En este contexto, los acontecimientos estresantes deben entenderse como acontecimientos vitales críticos normativos y no normativos (Filipp, 1990), por ejemplo, enfermedades somáticas y psicológicas crónicas (propias o de la pareja), la pérdida del empleo o una salida de la vida laboral marcada por circunstancias desfavorables, y experiencias subjetivas de pérdida debidas a la marcha de la descendencia adulta. Los factores de estrés eran muy pesados e intensos y, en algunos casos, persistían desde hacía años. Las personas entrevistadas habían intentado previamente, en vano, hacer frente a este estrés negativo sin ningún apoyo externo, lo que acabó aumentando la tensión. Los intentos de la persona, de la pareja y la ayuda de su entorno social no habían aportado alivio ni soluciones; por eso se buscó entonces ayuda profesional mediante la orientación de pareja. Este fenómeno se conoce como modelo en cascada (Bodenmann, 2000; Widmer Rodríguez Betancourt, 2001).
Diversos estudios han mostrado indicios de que la calidad de la relación modera la corregulación fisiológica de las parejas (Pietromonaco et al., 2013). Un bajo nivel de satisfacción en la pareja aumenta la probabilidad de que se establezca una conexión o transmisión de estados de ánimo negativos y de activación individual entre sus miembros. Las parejas que mostraban un alto grado de concordancia en la activación fisiológica tendían más a «contagiarse» emocionalmente y a responder al estrés y a los estados negativos del otro con un aumento de su propia activación (Saxbe y Repetti, 2010). Esto está mediado por el eje HHA (eje hipotálamo-hipófisis-corteza suprarrenal; McEwen, 2000). Este importante sistema de respuesta al estrés del organismo se activa cuando el estrés se siente subjetivamente. Su producto final es el cortisol y se considera un predictor fiable del estrés. Los resultados de dos estudios de Wrzus et al. (2013) respaldan las hipótesis sobre la sobrecarga y su relación con la regulación emocional en la edad avanzada. Cuando las personas mayores se enfrentan a acontecimientos desagradables complejos que afectan a varios ámbitos de su vida, muestran reacciones psicológicas y cardiovasculares más pronunciadas que las personas más jóvenes.
En resumen, puede decirse que las situaciones clave en las que las parejas optaron por un apoyo externo mediante la orientación de pareja fueron situaciones vitales en las que las cargas y los retos de la relación se acumulaban y las capacidades de afrontamiento propias de cada miembro de la pareja ya no bastaban. Se trataba del agravamiento reciente de un conflicto crónico y/o de un punto álgido de crisis percibido subjetivamente por la acumulación de varias cargas prolongadas, en el que las capacidades de afrontamiento de la pareja estaban agotadas. En algunos casos se sumaron otros acontecimientos estresantes agudos en el contexto vital.
Entre las situaciones vitales que llevaron a las parejas entrevistadas a dirigirse a un centro de orientación figuran pérdidas y limitaciones en el ámbito de la salud, es decir, deterioros y enfermedades somáticas y psicológicas, así como la pérdida del empleo de uno de los dos miembros de la pareja. Son al mismo tiempo los temas que las personas entrevistadas recuerdan retrospectivamente como sus preocupaciones de pareja al inicio de la orientación. En las entrevistas, los cónyuges relataron sentimientos de desesperación y de verse desbordados. En relación con ello, en el periodo previo a la orientación de pareja se fue desarrollando una calidad de relación subjetivamente negativa. Los temas del inicio de la orientación mencionados en las entrevistas corresponden en gran medida a las concepciones previas que la literatura recoge sobre las áreas problemáticas de las personas mayores de 55 años: experiencias de pérdida, enfermedades, ofensas y exigencias excesivas, así como situaciones de transición como la jubilación o la llamada situación de «nido vacío» (Freund et al., 2014; Riehl-Emde, 2014, 2015). Los deterioros masivos de la salud debidos a enfermedades y síntomas físicos y mentales fueron la categoría más mencionada al inicio del proceso de orientación de pareja. Se trataba, por ejemplo, de enfermedades y limitaciones somáticas y psicológicas crónicas de uno o de ambos miembros de la pareja, a veces acompañadas de dolor permanente, de consecuencias físicas y psicológicas a largo plazo de una enfermedad somática grave, de depresión, trastornos de ansiedad o una adicción de uno de ellos. También se mencionaron con frecuencia experiencias de pérdida, sobre todo la pérdida del empleo o experiencias de acoso laboral, pero también la marcha de la descendencia adulta y, con ella, la despedida del rol activo de madre y padre. Quedó claro que se trataba de experiencias de pérdida acumulativas, es decir, de cargas sucesivas o simultáneas que superaban las posibilidades de afrontamiento de cada miembro de la pareja y de las parejas en su entorno social. Se describieron situaciones de sobrecarga y sentimientos de desesperación: «Y así siguió durante 5 años, y luego nuestro médico de cabecera… yo me quejaba una y otra vez, y entonces me dijo: “Sí, sí, señora A., ¡tiene que alegrarse de que su marido siga vivo!”. Y yo le digo: sí, claro que me alegro de que esté vivo, le digo, pero eso ya no es vida. Le digo que es más probable que me muera yo de esto que él.»
Estas cargas y experiencias de exigencias excesivas iban acompañadas de un «distanciamiento emocional» en la pareja: «Eran situaciones concentradas que se nos cruzaban en el camino, y nos fuimos distanciando cada vez más. Él siempre estaba en su espacio y yo en el mío.» Esta categoría recoge la falta o la pérdida de contacto emocional de la pareja. «Siempre estaba como dentro de una campana de cristal», así describe una entrevistada su impresión de su marido. La experiencia de distanciamiento emocional respecto a la pareja se aborda en la investigación sobre el estrés en relación con los efectos de las situaciones estresantes en las relaciones estrechas (Karney et al., 2005).
El enfoque de la psicología del desarrollo a lo largo del ciclo vital (Brandtstädter y Lindenberger, 2007) ofrece un marco teórico adecuado para considerar los procesos y capacidades de autorregulación de las personas, así como los procesos diádicos en la configuración de la relación de pareja de larga duración en la edad avanzada. Resultan especialmente pertinentes aquí los resultados de investigación sobre la motivación para la acción y la regulación emocional en personas mayores con relaciones de pareja de larga duración (Carstensen y Lang, 2007; Charles y Carstensen, 2007). A medida que disminuye el tiempo de vida restante, se priorizan los objetivos emocionales (Carstensen et al., 1999, 2011), es decir, la calidad de las relaciones sociales —sobre todo la relación de pareja— cobra más importancia en la vejez. La necesidad básica de cercanía y aceptación en la relación de pareja adquiere así una importancia especial. Si el vínculo con la pareja parece amenazado, puede desencadenar un estrés considerable. La relación estrecha con la pareja influye, pues, en la salud al modificar las reacciones físicas relevantes para la salud de cada miembro de la pareja en el proceso de interacción, que surgen como correlatos de sus emociones (Sbarra y Coan, 2018).
Al inicio de la orientación, los miembros de la pareja se describían como emocionalmente distantes. Las personas entrevistadas mencionaron de forma constante como fenómeno el «distanciamiento emocional», en el sentido de pérdida de intimidad y de acceso a la pareja, unido a sentimientos de aislamiento: «Cada cual había vivido su propia vida… durante años no habíamos vivido en absoluto como pareja.»
Esta experiencia de distanciamiento emocional respecto a la pareja se aborda en la investigación sobre el estrés en relación con los efectos de las situaciones estresantes en las relaciones estrechas (Karney et al., 2005). Neff y Karney (2004) estudiaron el efecto de «desbordamiento del estrés» (stress spillover). Según este, el estrés externo a la pareja hace que surjan percepciones negativas en la relación, y la capacidad de los miembros de la pareja para manejar de forma constructiva esas percepciones críticas se ve muy limitada. Cuando el estrés es elevado, los recursos cognitivos de ambos se ven desbordados y no pueden distinguir entre el estrés externo y la insatisfacción con la relación. Una entrevistada describió así su situación: «… enseguida tuve una crisis nerviosa. Gritaba en plena noche, debió de oírlo toda la casa. De pura desesperación y de no poder más.»
Según Bodenmann (2013), una relación de pareja estrecha, duradera y comprometida satisface la necesidad humana básica de apego. La amenaza de perder el vínculo de pareja puede desencadenar ansiedad. Los enfoques basados en la mentalización en terapia de pareja indican que, en situaciones estresantes y amenazantes en las que se vive el miedo a perder el vínculo, el sistema de apego experimenta una activación considerable. En las situaciones amenazantes, el apego a la pareja tiene la ventaja adaptativa de que su proximidad asegura apoyo y ayuda a reducir el miedo (Rohmann et al., 2006). Paralelamente, la capacidad de mentalización de los miembros de la pareja puede verse (temporalmente) limitada. Una de las entrevistadas describió así a su cónyuge: «En realidad siempre estaba dentro de una campana de cristal. O sea, no había manera de acercarse a él.» Esto da lugar a malas interpretaciones y a reacciones disfuncionales en la interacción de pareja, que a su vez activan reacciones de ira y de retirada en el otro (Plitt, 2017). Aquí el concepto de mentalización parece pertinente. El concepto de mentalización se remonta al grupo de trabajo de Fonagy (Fonagy et al., 2002) e incluye «la capacidad de representarse adecuadamente estados internos como motivos, sentimientos y convicciones en uno mismo y en otras personas» (Rottländer, 2017, p. 24). Ahora bien, unas capacidades de mentalización maduras favorecen la resolución conjunta de problemas en la pareja. La mentalización se concibe como un proceso dependiente del estrés (Kirsch et al., 2016). Sobre todo en el caso de emociones intensas, por ejemplo miedo o ira, acompañadas de una alta activación en los miembros de la pareja, el riesgo de que, temporalmente, no pueda mantenerse una capacidad de mentalización adecuada es elevado. Según el modelo dual de procesamiento del estrés (Luyten et al., 2011), la activación aumenta bajo estrés y conduce a un cambio de los sistemas corticales (corteza prefrontal) a los subcorticales (corteza posterior y sistema límbico) (Schultz-Venrath, 2015). Para la resolución reflexiva de problemas con una activación baja o media se necesitan los sistemas corticales. Con una activación alta, las funciones subcorticales permiten un procesamiento rápido de la información, pero se asocian a una disminución de la capacidad de mentalización. Los procesos de mentalización explícitos y controlados disminuyen a medida que aumenta la activación, y su lugar lo ocupan procesos de mentalización implícitos y automáticos. En el modelo neurobiológico dependiente del estrés, el punto de cambio individual de un modo de mentalización explícito a uno implícito está relacionado con la intensidad del estrés de apego y con las estrategias de afrontamiento individuales (Kotte y Taubner, 2017). El estrés y la activación del apego en la relación de pareja están estrechamente vinculados, porque el punto de cambio de la mentalización explícita a la implícita está relacionado, entre otras cosas, con la intensidad del estrés de apego y con las estrategias de afrontamiento individuales. Una capacidad de mentalización suficiente favorece un manejo constructivo de las propias emociones y de las de la pareja y permite regular los conflictos centrales de la relación.
En resumen, los temas de los que las personas entrevistadas eran conscientes al inicio de la orientación eran cargas de salud masivas y diversas experiencias de pérdida. Ello iba asociado a sentimientos de verse desbordados en ambos miembros de la pareja y, como consecuencia, a un distanciamiento emocional en la pareja. Ante experiencias de estrés excesivas, las formas maduras de la competencia de mentalización pueden venirse abajo en los miembros de la pareja, lo que conduce a percepciones erróneas y a experiencias disfuncionales en la relación (Bark et al., 2016). La relación de apego entre ambos estaba en peligro en el momento de inscribirse en la orientación de pareja, lo que, dada la alta prioridad que las personas mayores conceden a las relaciones emocionalmente significativas, significa que la seguridad emocional en la relación de pareja ya no estaba a su disposición como recurso.
Esta categoría se diferencia de la categoría «Temas de las personas consultantes al inicio de la orientación de pareja» en que, a lo largo del proceso de orientación, las personas consultantes examinaron más de cerca determinados aspectos o temas de fondo de su relación de pareja tensa y su propia parte en los problemas, y se abrieron a ellos. Esto cambió las perspectivas de las parejas. En lugar de los temas del inicio de la orientación, que habían descrito más bien en términos de factores de estrés externos, el foco se situó en las preocupaciones y necesidades internas de las personas entrevistadas. Este cambio de foco puede considerarse posiblemente ya un resultado de la orientación de pareja. En la investigación actual sobre terapia de pareja se parte de que los enfoques cuya eficacia está probada con base empírica tienen factores de acción comunes (Davis et al., 2012). Se identifican así en la terapia de pareja mecanismos de cambio inespecíficos que pueden resumirse en tres categorías: «cambiar el hacer, cambiar el pensar y cambiar el sentir» (Davis et al., 2012, p. 42).
Los temas de las personas entrevistadas coinciden en gran medida con los que la literatura recoge como temas de orientación de las parejas mayores en terapia de pareja (Riehl-Emde, 2014, p. 15). Las personas entrevistadas describieron patrones interaccionales disfuncionales en la relación de pareja que se habían desarrollado, por ejemplo, como consecuencia de la nueva situación tras el fin de la vida laboral o debido a una enfermedad: «… y enseguida tuvimos claro que ese es un punto importante entre nosotros que sencillamente no está bien. Porque cada uno dice: oye, no puedo hacer esto o aquello porque el otro no está bien. Por ambas partes, tanta consideración ya era demasiado.»
La relación con los hijos e hijas adultos y la situación de nido vacío, así como sus efectos en la calidad de la relación de pareja, se convirtieron en temas relevantes para las personas entrevistadas a lo largo de la orientación de pareja. Las relaciones con los miembros de la familia, en especial los vínculos con la propia descendencia y con nietos y nietas, son una fuente esencial de calidad de vida y bienestar a lo largo de todo el ciclo vital (Mahne y Huxhold, 2017). La descendencia adulta que hasta hacía poco vivía en el hogar familiar cumplía una función reguladora en el sistema de pareja. Por ejemplo, era confidente de uno de los miembros de la pareja y compensaba carencias emocionales de la relación: «Era positivo, con ella (la hija, nota de la autora) siempre podía hablar, cosa que no podía hacer con mi marido.» Esta posibilidad de compensación se había perdido en la situación vital de las personas entrevistadas antes del inicio de la orientación, de modo que las parejas se vieron ante el reto de encontrar nuevos mecanismos de regulación de la distancia y la cercanía en su relación.
En su papel de madres y padres, las parejas se preocupaban por el estilo de vida de su descendencia adulta y estaban emocionalmente implicadas en ello: «Y así vuelvo a estar ahora. Lo intento, lo negativo está ahí, la preocupación por la hija está ahí, para no quedar destrozada por ello, porque la propia médica ya lo dijo cuando ella nos dio, cuando una vez me montó una escena así, que yo no me había ocupado de ella, con problemas en su matrimonio.»
El desequilibrio en la relación de pareja debido a la enfermedad o a la carga biográfica de uno de sus miembros también se abordó en el proceso de orientación. Se trataba, por ejemplo, del reparto desigual de la responsabilidad: «Eso va demasiado lejos. Entonces yo también digo: ¿por qué no lo haces así?, ¿y por qué no lo haces de esta otra manera? Porque entonces ya estoy metida en ese estúpido sentimiento de responsabilidad y, claro, me paso de la raya…» Las estrategias desadaptativas de la pareja hacia la persona enferma —por ejemplo, la sobreprotección— hacen que aumente el propio nivel de estrés negativo (Coyne y Fiske, 1992).
La organización del contacto físico entre los miembros de la pareja y la alteración de su relación sexual estaban relacionadas con problemas de salud, con el distanciamiento emocional mutuo o con luchas de poder en la relación. En un estudio longitudinal canadiense con casi 400 parejas mayores que vivían de forma autónoma en su domicilio, la sexualidad compartida se relacionaba predominantemente de forma positiva con la calidad de la pareja y se consideraba una fuente de satisfacción (Trudel et al., 2014). Según las personas entrevistadas, la sexualidad solo se abordó en algunos procesos de orientación de pareja. En las entrevistas, casi todas las personas entrevistadas se refirieron a la falta de contacto físico, de ternura mutua y de relación sexual en la pareja. Los temas de «distancia y cercanía» y de «vínculo y autonomía» en la relación de pareja desempeñaron un papel. Una conducta de interacción de un miembro de la pareja percibida como posesiva o emocionalmente distante recibía a veces como respuesta que el otro evitara el contacto sexual: «Y entonces se notaba de verdad, no, que: “Si ahora le doy un beso, a lo mejor me pilla”. ¡No! Ahí es cuando ella dio el día por terminado. Como si se cerrara. Ahora está mosqueada. La acritud de fondo, diría yo, le impide soltarse y decir: “¡Venga, vamos!”» En una pareja, las dos personas entrevistadas hablaron explícitamente de «castigar» al otro negándose a mantener relaciones sexuales. Muchos indicios apuntan a que la satisfacción con la relación sexual no depende principalmente de si hay relaciones sexuales, sino de si la pareja es capaz de intercambiar información sobre sus deseos y necesidades individuales y de ponerse de acuerdo sobre cómo vivir su sexualidad compartida (Baas y Schmitt, 2010).
Además de los aspectos estresantes, las personas entrevistadas nombraron explícitamente recursos de su relación de pareja. La solidaridad mutua, la continuidad en el vínculo con la pareja y los valores comunes se valoraron como base de la relación y como factores estabilizadores. Aquí el foco estaba en la larga duración de la relación de pareja y en el valor de «seguir juntos» gracias a la historia de vida compartida. «Siempre hemos sido una pareja. Y no sé, yo tampoco me rindo tan fácilmente. Y mi marido tampoco, supongo. Nuestro matrimonio, nuestra familia, en realidad tiene una base o un objetivo muy distinto al de la gente joven de hoy.» En el concepto de compromiso, que incluye la decisión consciente de vincularse a la pareja y la continuidad en el tiempo, se encuentran características similares (Sternberg, 1986; Acker y Davis, 1992; Bodenmann, 2013).
En resumen, puede decirse que, a lo largo del proceso de orientación, las personas entrevistadas tomaron conciencia de sus ciclos interaccionales disfuncionales como pareja y de su propia contribución a estos patrones. En este sentido, la diferenciación de los temas de la orientación de pareja, teniendo en cuenta los patrones disfuncionales de la interacción, es ya un logro de mentalización significativo que contribuye a la capacidad de la pareja para resolver problemas (Plitt, 2017). Se abordó el desequilibrio en el reparto de roles debido a la enfermedad, la limitación o la vulnerabilidad biográficamente condicionada de uno de los miembros de la pareja, así como las tareas evolutivas pendientes en la relación con la descendencia adulta, en el sentido de un desprendimiento del rol parental común. En algunos procesos de orientación de pareja surgieron discrepancias en la relación física/sexual de la pareja. Abordar los problemas de pareja al inicio del proceso de orientación llevó a ambos miembros de la pareja a tomar mayor conciencia de las tensiones y de los asuntos no resueltos en la relación.
Los cambios se entienden aquí como procesos de afrontamiento de los miembros de la pareja. Los cambios descritos en las entrevistas afectaban a la relación de pareja y a las propias personas entrevistadas per se. Tuvieron lugar dentro y fuera de las sesiones de orientación de pareja. Las siguientes experiencias en el proceso de interacción de la pareja durante las sesiones fueron relevantes para las personas entrevistadas.
El intercambio abierto sobre sus pensamientos, sentimientos, experiencias, problemas y perspectivas en relación con la pareja se mencionó con mucha frecuencia: «Uno ha, uno ha sido más abierto consigo mismo. Se hablaba más de uno mismo, personalmente. También decías en voz alta tus propios deseos alguna vez. Y eso sentó muy bien.» Una mujer entrevistada destacó que en la situación de orientación pudo escuchar a su marido y recoger sus impulsos: «Y entonces le digo: me haces todavía más daño cuando ahora estoy ahí sentada y de repente oigo de ti algo que antes habría podido soportar, pero que no oía. Y eso me asombró, me enfadó un poco. Pero nunca me levanté y me fui, porque de alguna manera, de alguna manera quizá también era interesante.»
Los estudios sobre factores generales de eficacia en terapia de pareja identifican los siguientes procesos terapéuticos generales: cambiar la visión que la pareja tiene del problema nombrado hacia la objetividad, la implicación contextual en el plano de la pareja, la reducción de la conducta disfuncional impulsada por las emociones, y el fomento de la expresión de emociones antes evitadas y de patrones de comunicación constructivos (Benson et al., 2012). El grado de apertura y de vinculación con la pareja puede influir en el efecto del estrés sobre el eje HHA (Slatcher et al., 2010).
Reconocer la propia parte en los problemas de pareja fue un paso decisivo para las personas entrevistadas: «No, en realidad simplemente igual de, eh, insegura, o que sé que al final soy yo quien tiene que dar los pasos. Eh… sí, y simplemente soy demasiado cobarde para decir: vale, esto no es como nos imaginamos un matrimonio. Y, eh, sí, nadie puede cambiar así por dentro, eso no es posible en absoluto…» Inspiradas por la orientación, más de la mitad de las personas entrevistadas cambiaron su perspectiva sobre la relación de pareja: «Pues intentando acercarme al hombre, a mi pareja, e intentando verlo con otros ojos.» La investigación sobre terapia de pareja muestra que los procesos terapéuticos que inician cambios en paralelo en los planos emocional, cognitivo y conductual resultan eficaces (Greenberg y Johnson, 1986; Christensen, 1988; Greenberg et al., 2010). En el concepto de mentalización, percibir, clasificar y comunicar los propios afectos se considera un logro, al igual que percibir las emociones de la pareja (Cordes y Schultz-Venrath, 2015). Esto permite adoptar la perspectiva de la otra persona y ver el efecto de la propia conducta desde el punto de vista de la pareja. Las personas entrevistadas describieron este cambio de perspectiva como un paso decisivo en el proceso de orientación de pareja.
Las personas entrevistadas describieron que, a lo largo de la orientación, se dieron cuenta de que los patrones de interacción disfuncionales en la pareja las habían llevado al distanciamiento emocional y de que, en situaciones de sobrecarga permanente, habían perdido el acceso emocional mutuo: «El muro, se levantó.» La amenaza al vínculo en la relación de pareja está muy ligada al estrés (Hazan y Shaver, 1987). Esto concuerda con el modelo de cambio de la mentalización dependiente del estrés (Luyten et al., 2011). El estrés, el aumento de la activación y la consiguiente activación del sistema de apego provocan un cambio de la mentalización explícita y controlada a la implícita y automática (Plitt, 2017, p. 44). Según las experiencias de apego individuales y las características psicológicas estructurales, este cambio se produce en momentos distintos. En casos de fuerte estrés emocional, como los descritos por las personas entrevistadas, es posible que los miembros de la pareja no tuvieran acceso a sus capacidades de mentalización. El modelo de corregulación en las relaciones estrechas parte de que los miembros de una pareja forman un sistema emocional dinámico (Butler y Randall, 2013). Durante las sesiones de orientación de pareja, las personas entrevistadas pudieron reducir su activación y fueron (de nuevo) capaces de mentalizarse mutuamente y de reflexionar sobre su dinámica de pareja.
Las personas entrevistadas describieron cambios fuera de la situación de orientación, es decir, en la vida cotidiana de la pareja. Habían recuperado la cercanía emocional y sexual/física con su pareja, lo que también aumentó su bienestar subjetivo: «Bueno, donde… al principio, cuando hablábamos mucho de ello, ¡me pareció estupendo para los dos! Él también se fue abriendo cada vez más, y eso fue muy, muy bonito. Me sentía cada vez mejor, y también notaba que mi cuerpo reaccionaba de otra manera. Y los achaques que uno tiene ahora fueron a menos.»
Se distinguen los procesos primarios de cambio dentro de las sesiones de orientación, que permiten a las parejas vivir la intimidad a corto plazo, de los procesos secundarios de cambio fuera de la situación terapéutica (Schär, 2010). La experiencia de intimidad con la pareja dentro de la sesión de terapia de pareja, apoyada por intervenciones terapéuticas, favorece su transferencia a la vida cotidiana de la pareja. Las personas entrevistadas relataron que, poco después de las sesiones de orientación de pareja, pusieron en práctica cambios en su interacción conjunta en la vida diaria. En el modelo SAVI (Strength and Vulnerability Integration) se postulan fortalezas socioemocionales relacionadas con la edad, a las que se oponen vulnerabilidades relacionadas con ella que se manifiestan en situaciones de activación emocional persistente, que en la vejez solo puede reducirse con cierto retraso (Charles, 2010; Charles y Luong, 2013). Se encontró un nuevo equilibrio como pareja, que una de las mujeres entrevistadas expresó así: «Y, pero es así: 50 años, pronto hará 50 años que estamos juntos, es como aquí, un eslabón de cadena, a veces se enreda, el eslabón, y luego vuelve a quedar liso, o lo alisas tirando. Y en el matrimonio pasa lo mismo. A veces hay épocas tan enredadas que piensas que no vas a poder desenredarlas, y luego vuelven a quedar lisas.» La relación entre el bienestar físico y psicológico y la satisfacción en la pareja se ha demostrado muchas veces y probablemente está influida por estos procesos psicobiológicos de reducción del estrés (Frisch et al., 2017).
Algunas personas entrevistadas intentaron estabilizar la relación de pareja evitando activamente los enfrentamientos con la pareja sobre temas de conflicto conocidos desde hacía tiempo. «¿Cómo lo digo? ¿Cómo lo hice? Si ahora uso esa palabra: me mostré sumiso. … Así que ella volvió a tener la sartén por el mango; o sea, ahora hemos vuelto a tener 4 días, cuando ha estado aquí, estuvo otra vez 3 días sin responder.» Una decisión consciente de mostrar consideración o «disposición al sacrificio» sirvió a algunos miembros de las parejas para quitar la tensión negativa de la interacción del momento. «Sí, y ahora nos hemos asentado más o menos en el medio. Eh, yo intento no provocarla, y ella no se lo toma todo siempre tan mal. Eso es una ventaja.»
En las relaciones de pareja de larga duración en la vejez, mantener el nivel de funcionamiento de la relación se vive como una ganancia, ya que favorece el bienestar subjetivo (Ebner et al., 2006). Según la teoría del proceso de Gross (John y Gross, 2004), las personas mayores eligen con más frecuencia la estrategia de regulación afectiva de la reevaluación, en la que reinterpretan las situaciones connotadas o estresantes. De este modo evitan las emociones negativas y afrontan las situaciones utilizando menos recursos. El uso de estrategias pasivas de regulación emocional forma parte de las competencias socioemocionales ampliadas de la edad avanzada (Blanchard-Fields, 2007). Así, en los conflictos de pareja de las personas mayores se encuentran con más frecuencia que en las personas más jóvenes estrategias de evitación del conflicto constructivas y favorecedoras de la relación (Holley et al., 2013). En las personas mayores, los objetivos de evitación dirigidos contra una pérdida o un cambio negativo del estado actualmente estable pueden valorarse, por tanto, como constructivos (Urry y Gross, 2010). Las estrategias de represión o supresión en conflictos emocionalmente significativos de pareja requieren considerables recursos cognitivos (Edelstein y Gillath, 2008; Peters, 2015a). Hay que preguntarse, pues, en qué condiciones las estrategias de evitación descritas deben considerarse una forma madura de regulación afectiva y cuándo alcanzan sus límites. Esto puede ocurrir cuando la activación fisiológica alcanza un nivel tan alto que se produce una situación de exigencia excesiva debido a la activación prolongada propia de la edad (McEwen, 2000; Labouvie-Vief y Medler, 2002; Charles, 2010).
Para las personas entrevistadas, volver a decidirse por su pareja supuso un cambio profundo, que también se describió como un punto de inflexión: «Todavía dije: aquí estás de nuevo, por fin. Sí, y una ocasión tan pequeña, gran efecto, puede hacerte ver, como darle vueltas y cavilar 2 días antes, puede hacerte ver lo valiosa que sigue siendo en realidad esa persona.» La larga historia como pareja se puso de relieve como recurso. Las teorías de optimización del afecto (Carstensen et al., 2003; Charles, 2010) postulan que el llamado buen envejecimiento se caracteriza por un presente positivo configurado con autoeficacia. Los enfoques actuales sobre la reactividad afectiva (Ong y Bergeman, 2004; Almeida, 2005) subrayan que, en situaciones estresantes, lo importante no es tanto la magnitud del afecto negativo como la posibilidad de vivir emociones positivas. El hecho de recordar buenos momentos de la relación de pareja pese a las cargas y dificultades actuales facilitó a estas personas mayores la regulación de sus emociones (Riehl-Emde, 2016a,b).
Algunas personas entrevistadas dieron indicios claros de no haber percibido ningún cambio en sus problemas de pareja. Cuatro personas entrevistadas de dos de las parejas relataron que habían cambiado su manera de manejar un área de conflicto insalvable. El aumento de la intimidad en las parejas se ve favorecido por intervenciones terapéuticas que promueven en sus miembros los siguientes factores: empatía, comprensión de los motivos y sentimientos, comprensión y cambio de conducta, y movilización de apoyo (Woolley et al., 2000).
En resumen, quedó claro que, a lo largo de la orientación de pareja, se produjeron cambios intra e interindividuales relevantes en las personas consultantes y en su relación de pareja. Abordar los problemas de la relación generó una mayor conciencia de los círculos de interacción disfuncionales y de los asuntos no resueltos en la pareja. Mediante la reflexión autocrítica sobre su propia parte en estos patrones de interacción y la apertura emocional hacia su pareja, las personas entrevistadas rompieron con su forma anterior de configurar la relación. Esto permitió a las parejas volver a acercarse emocional y físicamente. Según Riehl-Emde (2005), la sexualidad en la vejez contribuye a que las personas se sientan seguras en la relación de pareja y cerca de su pareja, lo que a su vez sostiene la capacidad de regular la autoestima. La ternura se considera hoy un factor infravalorado del estado de salud en la tercera y la cuarta edad (Riehl-Emde, 2016a). Para algunas de las personas entrevistadas, la «evitación activa del conflicto» sirvió para regular las emociones negativas en la relación de pareja.
Las personas entrevistadas describieron retrospectivamente que vivieron un acercamiento emocional a su pareja a lo largo del proceso de orientación y que introdujeron cambios positivos en la comunicación y en sus patrones de interacción como pareja. Esto condujo a una mejora del bienestar subjetivo. Sin embargo, los cambios tendieron a durar poco. Hacia el final o después del final del proceso de orientación de pareja, el estrés y la insatisfacción subjetivamente percibidos en la relación volvieron a aumentar en la mayoría de las personas entrevistadas. Esta evolución se aprecia claramente en las valoraciones de la calidad de la relación de pareja que hicieron durante las entrevistas en un sistema de coordenadas (Figura 1). Tras un aumento en la primera fase de la orientación de pareja, la satisfacción con la pareja volvió a bajar en mayor o menor medida. De las declaraciones de las personas entrevistadas se desprende con mucha claridad que a menudo vivieron como no estables los cambios logrados durante la orientación: «Primero impulso, luego la vieja rutina.» No consiguieron trasladar los cambios a la vida cotidiana a largo plazo. Esto ocurrió sobre todo cuando reaparecieron factores de estrés negativos: «No hablemos mucho porque ninguno de los dos puede más. Y en realidad queríamos librarnos de eso, … Y ahora mismo no estamos ahí. Y por eso ahora mismo sigue siendo increíblemente difícil para nosotros, para mí.»
En la sinopsis de las 10 valoraciones se ve claramente que, tras un aumento inicial, la satisfacción con la relación de pareja vuelve a bajar (Figura 1).
Las personas entrevistadas dijeron que habían terminado la orientación de pareja demasiado pronto o que volverían a pedir orientación en caso de nuevas situaciones críticas: «Después también dijimos: “¡No deberíamos haber abandonado tan pronto! Deberíamos haber venido más tiempo, haber hablado más y durante más tiempo, quizá habría sido aún mejor. Quizá lo dejamos demasiado pronto.” Nos dijimos: “Vale, nos las arreglaremos. Vamos por buen camino, lo conseguiremos”. Pero aún faltaba mucho para que estuviera realmente consolidado.» Con el aumento del estrés de apego, que las personas entrevistadas vivieron como estresante, cabe suponer una pérdida de contacto emocional en la pareja y una disminución de la flexibilidad reflexiva de sus miembros. Las situaciones de alta activación emocional —como los conflictos estresantes en la pareja— se asocian a una actividad fisiológica creciente en las personas mayores (Kunzmann y Grühn, 2005; Uchino et al., 2005). Se considera que las personas mayores, a diferencia de las personas adultas de mediana edad, muestran menos reactividad fisiológica cuando su activación es baja. Si la activación emocional causada por el estrés socioemocional supera un umbral, las personas mayores muestran una reacción fisiológica más fuerte que las más jóvenes y, en consecuencia, no pueden utilizar sus capacidades de inteligencia cristalizada para resolver problemas (cf. Peters, 2015b).
En el marco de un modelo integrador de terapia de pareja (Schär, 2010), se distingue entre procesos de cambio primarios y secundarios. A corto plazo, al inicio de la terapia de pareja, se favorece que la pareja (vuelva a) vivir la intimidad en distintos ámbitos de su relación. Sobre esta base, en una fase posterior de la terapia pueden utilizarse intervenciones para favorecer a largo plazo la experiencia de intimidad de la pareja y, con ello, la satisfacción y la estabilidad de la pareja.
En resumen, puede decirse que la mayoría de las personas entrevistadas volvieron a encontrar cercanía emocional y física en su relación durante la orientación de pareja, percibieron aspectos positivos en su pareja y en la relación, y pusieron fin a la orientación en ese momento. Sin embargo, estos cambios no resultaron estables cuando volvió a aparecer un estrés intenso. Los conflictos en la pareja aumentaron de nuevo y ambos miembros mostraron conductas agresivas como consecuencia de su nueva sobrecarga. Como dijo una persona entrevistada: «Porque sencillamente los dos están físicamente tan mal, y entonces solo, no el uno con el otro, sino solo el uno contra el otro. Cada cual está agotado, irritado, pero quiere terminar su trabajo.» Debido al mayor nivel de estrés y a la activación del sistema de apego, la capacidad de mentalización explícita de ambos podría haberse visto limitada. La capacidad cognitiva es menor por el paso al modo de mentalización implícito bajo un estrés elevado, lo que dificulta la memoria, el procesamiento de la información y la resolución de problemas. Una mayor activación emocional debida al estrés crónico va unida a un menor recuerdo de las habilidades de comunicación aprendidas en las parejas (Baucom et al., 2012).
Las personas entrevistadas afirmaron que deberían haber continuado o retomado la orientación de pareja durante más tiempo. Los problemas de la relación se nombraron en la orientación de pareja, pero las parejas no encontraron (todavía) soluciones viables.
Además de los tres temas centrales, «factores de estrés, áreas problemáticas y procesos de afrontamiento», que ya figuran en el guion de las entrevistas, surgió una y otra vez en las entrevistas, de forma sorprendente, que las personas entrevistadas recurrían a servicios del sistema sanitario, en paralelo al proceso de orientación o antes y/o después de él, cuando las tensiones en su relación de pareja y, en consecuencia, el estrés subjetivo aumentaban mucho. Contactaron con medicina general o especializada, con psicoterapeutas en consulta privada, con una clínica psiquiátrica especializada o con un hospital general.
Los deterioros de salud agudos y crónicos masivos —debidos tanto a enfermedades físicas como mentales— figuraban entre los factores de estrés centrales que las personas entrevistadas mencionaron como características de su situación vital. Cabía esperar, por tanto, que también buscaran ayuda en el sistema sanitario durante el proceso de orientación de pareja y/o después. En algunos casos, sin embargo, las personas entrevistadas afirmaron explícitamente que la estancia de su pareja en un centro de hospitalización o el tratamiento médico tras el final de la orientación sirvió para regular las emociones en la relación de pareja. A propósito de la hospitalización de su marido en un hospital psiquiátrico, una mujer dijo: «No se trata de quitármelo de encima y llevárselo. Sino simplemente de poder respirar un poco. No, no quiero irme ni nada. Solo quiero, hablábamos por teléfono todas las noches, pero solo quiero tener la sensación de que por ahora está bien. Allí lo volverán a levantar, y entonces no tengo que hacerlo yo. O sea, según el lema: puedo cuidarme un poco a mí misma y no tengo que… en realidad es así, ya se lo he dicho muchas veces, también lo dije aquí en su momento: es que no quiero tener la responsabilidad.»
En algunos casos, el estrés en la relación de pareja había contribuido a síntomas físicos que dieron lugar a un tratamiento médico. Una de las personas entrevistadas reflexionaba: «Sí, y si ella se lo dijo, no lo sé, en cualquier caso hubo la revisión (en el médico de cabecera, nota de la autora) y pudo ingresarlo en el hospital, y eso fue más o menos, casi me atrevería a decir, eso fue la salvación de nuestro matrimonio.»
Tras escuchar declaraciones como estas en las entrevistas, surgen preguntas sobre la articulación entre los centros de orientación psicológica y el sistema sanitario. Los estudios de eficacia sobre los tratamientos de terapia familiar y de pareja indican que en paralelo se recurre menos a tratamientos médicos. Esto se observa en particular en los llamados «grandes usuarios» (high-utilizers) (Crane, 2007). Para la mayoría de las personas entrevistadas, la primera indicación de acudir a un centro de orientación para recibir orientación de pareja procedió de una consulta médica o psicoterapéutica. En el contexto de este estudio no se conocían los criterios de estas derivaciones a la orientación de pareja. Tampoco se sabía si los servicios e intervenciones de los centros sanitarios y de la orientación de pareja se coordinaban entre sí, ni cómo. Cabe preguntarse si las parejas que buscan orientación recurrirían menos al sistema sanitario si los problemas de pareja se aliviaran mediante la orientación de pareja. La investigación sobre la relación entre el uso frecuente de los servicios sanitarios y la psicoterapia o la terapia familiar y de pareja muestra un «efecto de compensación» (offset effect). Entre quienes recurrieron a la terapia de pareja o familiar, el uso del sistema sanitario disminuyó en más de un 20% (Law y Crane, 2000).
Las personas entrevistadas describieron que recurrían a servicios del sistema sanitario para regular sus emociones cuando las situaciones interpersonales en su relación de pareja se intensificaban. A partir de estas declaraciones, cabe preguntarse si se produce una articulación entre los centros de orientación y el sistema sanitario, y cómo. ¿Qué criterios se utilizan para derivar a las parejas a los centros de orientación y, desde estos, a los servicios sanitarios? ¿Pueden coordinarse con más eficacia los servicios e intervenciones de los ámbitos de la orientación y de la salud para responder a las necesidades de quienes buscan ayuda? Para mantener su bienestar subjetivo, puede ser aconsejable que las personas mayores recurran en paralelo a servicios de los ámbitos de la orientación y de la salud. Las intervenciones de los distintos servicios de ayuda y de terapia deberían coordinarse en la medida de lo posible para lograr efectos de sinergia. Ello requeriría contactos entre los servicios, tanto generales como relativos a casos concretos.
En conjunto, la generalización de los resultados del estudio está muy limitada por la base de datos. No fue posible seleccionar a las personas participantes en las entrevistas cualitativas según determinados criterios. Cabe preguntarse si fueron precisamente las personas consultantes más satisfechas con el proceso de orientación de pareja y con la profesional quienes aceptaron participar en las entrevistas. Las parejas que se habían separado o que habían abandonado la orientación, por ejemplo, no estuvieron disponibles para las entrevistas.
La validez de los datos también se ve limitada por las características de la muestra. Se trataba de parejas heterosexuales de 55 años o más, casadas desde hacía muchos años en primeras nupcias. Según las personas orientadoras, la orientación de pareja terminó con normalidad y cada profesional invitó a sus parejas a participar en la encuesta por cuestionario y en una entrevista. Es posible que en las entrevistas no se mencionaran aspectos críticos negativos de la orientación de pareja. El hecho de que cada miembro de la pareja supiera que la otra persona también sería entrevistada sobre el mismo tema también podría haber dado lugar a declaraciones selectivas.
Las parejas de larga duración buscan orientación de pareja cuando viven un estrés excesivo debido a la acumulación de cargas y limitaciones crónicas y agudas, asociadas al sentimiento subjetivo de estar desbordadas e indefensas. Cuando se inscriben en la orientación de pareja, viven una activación emocional muy alta porque los problemas las desbordan y no encuentran posibilidades propias de afrontamiento.
Debido al aumento del nivel de estrés, los miembros de la pareja pierden el acceso a la competencia socioemocional adquirida a lo largo de su vida y a sus capacidades de resolución de problemas en la relación de pareja.
Como consecuencia de la sobrecarga, se produce un distanciamiento emocional en la pareja que activa el sistema de apego de ambos. Como resultado, los miembros de la pareja entran en una agitación emocional aún mayor.
La capacidad de mentalización de los miembros de la pareja se viene abajo temporalmente bajo la elevada carga de estrés, lo que altera la comunicación afectiva de la pareja y conduce a veces a conductas agresivas. Las vulnerabilidades individuales y los estilos de apego influyen en el punto de cambio de la mentalización explícita a la implícita en el sistema de pareja.
El proceso de orientación permite a los miembros de la pareja volver a acercarse emocionalmente, lo que a su vez conduce a la calma emocional de cada persona. Las parejas retoman el contacto físico, lo que calma el sistema de vínculo de ambos y reduce la activación emocional negativa.
Esta calma permite a las parejas mayores acceder de nuevo a la competencia socioemocional adquirida. Al reducirse la activación, los miembros de la pareja son (de nuevo) capaces de abrirse emocionalmente el uno al otro, de adoptar la perspectiva del otro y de captar su propia parte en los problemas de pareja (es decir, de utilizar una mentalización madura). Esto permite una resolución reflexiva de los problemas en la pareja, y ambos ven de forma diferenciada tanto las áreas problemáticas como los recursos de la relación.
Ante problemas interaccionales conocidos desde hace tiempo o persistentes en la relación de pareja, las personas mayores recurren a estrategias situacionales y constructivas de evitación y distanciamiento que les ayudan a evitar el estrés emocional en la pareja y a estabilizar su bienestar emocional.
Si vuelve a aparecer un estrés significativo, aumenta la probabilidad de que las personas mayores no puedan evitar niveles altos de malestar ni utilizar estrategias cognitivo-conductuales para atenuar las experiencias emocionales aversivas. Como consecuencia, su capacidad de mentalización madura vuelve a venirse abajo. En estas situaciones, solo pueden recurrir en medida limitada a sus ventajas emocionales propias de la edad para regular sus emociones.
Algunas personas mayores con relaciones de pareja de larga duración recurren a los servicios sanitarios en situaciones de estrés para obtener apoyo en la regulación emocional y aliviar su sistema de pareja.
Aunque el estudio con cuestionarios que precedió al estudio aquí presentado no es central en este artículo, dos de sus resultados merecen destacarse: observamos una disminución de las quejas subjetivas y de la carga global sobre la relación de pareja, pero al mismo tiempo un aumento de la insatisfacción con la comunicación afectiva/intimidad emocional, la resolución de problemas y la agresión en la relación. Este último resultado puede explicarse por resultados parciales del estudio.
Estas hipótesis constituyen la base de nuevas preguntas de investigación sobre la orientación de parejas de larga duración. En este contexto, el conocimiento de los cambios en las estrategias de regulación emocional con la edad sigue teniendo una importancia particular.
Desde nuestro punto de vista, los resultados conducen a hipótesis sobre el diseño del proceso de orientación con parejas de larga duración, que recogemos aquí a modo de reflexiones de síntesis:
Complexe Systémique: puntos clave
El interés de este pequeño estudio alemán reside en seguir de cerca lo que ocurre cuando parejas casadas desde hace entre 24 y 48 años acuden a orientación. El patrón es claro: no se trata de un conflicto aislado, sino de la acumulación de enfermedades, pérdidas de empleo, marcha de la descendencia y cuidado de un progenitor dependiente, que agota los recursos e instala el distanciamiento. En las sesiones, la apertura emocional recíproca y el reconocimiento de la propia parte vuelven a poner en movimiento a la pareja; pero, como muestran las curvas, la satisfacción vuelve a caer tras el final de la orientación en cuanto regresa el estrés. Dos lecciones para la práctica sistémica: en las parejas mayores, evitar activamente ciertos conflictos puede ser una forma madura de regulación más que una resistencia, y hay que preparar el periodo posterior a la orientación (citas de seguimiento, una puerta abierta), en coordinación con los servicios médicos y de otro tipo a los que la pareja ya recurre cuando la tensión se desborda. Los límites están en la muestra: cinco parejas heterosexuales voluntarias en su primer matrimonio, varias de las cuales habían sido atendidas por la propia entrevistadora. Puede leerse junto con el estudio sobre la intimidad en parejas mayores ante un deterioro cognitivo leve y el ciclo vital de la pareja como brújula clínica.
Notas del original
Declaración ética. De acuerdo con la legislación local y los requisitos institucionales, el estudio con participantes humanos no requería revisión ni aprobación ética. Las personas pacientes/participantes dieron su consentimiento informado por escrito para participar en este estudio.
Contribuciones de la autoría. Todas las personas firmantes han realizado una contribución sustancial, directa e intelectual al trabajo y han aprobado su publicación.
Conflicto de intereses. La autoría declara que la investigación se llevó a cabo en ausencia de cualquier relación comercial o financiera que pudiera interpretarse como un posible conflicto de intereses.
Nota de la editorial. Todas las afirmaciones expresadas en este artículo son exclusivamente de la autoría y no representan necesariamente las de sus organizaciones de afiliación, ni las de la editorial, el equipo editorial o las personas revisoras. Ningún producto que pueda evaluarse en este artículo, ni ninguna afirmación que pueda hacer su fabricante, está garantizado ni respaldado por la editorial.
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Traducción no oficial al español de Long-term couple relationships - stress, problems and coping processes in couple counseling: Insights based on five case studies with five long-term couples, de Ute Kieslich y Gisela Steins, Frontiers in Psychology, vol. 13, art. 866580 (2022), doi: 10.3389/fpsyg.2022.866580, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Traducción no oficial al español del artículo «Long-term couple relationships - stress, problems and coping processes in couple counseling: Insights based on five case studies with five long-term couples», publicado en Frontiers in Psychology (2022) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto se ha traducido al español y su presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Kieslich, U., et Steins, G. (2022). Long-term couple relationships - stress, problems and coping processes in couple counseling: Insights based on five case studies with five long-term couples. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/long-term-couple-relationships-stress-problems-and-coping-processes-in-couple-counseling (Obra original publicada en 2022 en Frontiers in Psychology, 13, 866580 (2022); republicada en 2022 por Frontiers in Psychology, https://www.frontiersin.org/journals/psychology/articles/10.3389/fpsyg.2022.866580/full)
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