Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Child & Family Social Work · Trabajo social
En Suecia se pide a las familias de acogida que ofrezcan a las criaturas pequeñas acogidas una familia para toda la vida, aceptando al mismo tiempo que quizá se marchen. Ulrika Levander escuchó a dieciséis personas acogedoras describir su vida cotidiana. Sus relatos, sin un comienzo conocido ni un final seguro, difuminan a menudo el lugar y las necesidades de la criatura, salvo cuando la familia acepta recibir ayuda.
Traducción no oficial al español de Stories With Blurred Contours: Family Displays of Foster Families and Young Children in Out-of-Home Care, de Ulrika Levander, publicado en Child & Family Social Work (Wiley) (2025), doi: 10.1111/cfs.13166, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Pretende ofrecer seguridad y estabilidad, pero sus condiciones no son ni seguras ni estables.
Ulrika Levander
Resumen
El objetivo del estudio era investigar las exhibiciones y los relatos de la vida familiar de las personas acogedoras de criaturas de uno a seis años y cómo influyen en el bienestar y el sentimiento de pertenencia familiar de la primera infancia en acogimiento familiar. A partir de entrevistas cualitativas con 16 personas acogedoras de 10 familias de acogida de menores tutelados de entre 1 y 6 años, se analizaron los relatos sobre las criaturas, sus necesidades y su papel en la familia de acogida. Se identificaron diversos tipos de relatos sobre la criatura y la familia de acogida, en los que la diferencia de la criatura y las ideas normativas sobre la familia de acogida se negociaban a menudo de maneras que difuminaban la comprensión de sus necesidades. También se hicieron visibles diversas cuestiones de límites que afectan a la familia de acogida. Los resultados sugieren que sería beneficioso abordar la ambigüedad de los límites familiares como un rasgo difícil del acogimiento familiar. No solo ofrecería oportunidades para reforzar la vida interna y la resiliencia de la familia de acogida, sino que también ayudaría a hacer visibles las necesidades individuales de la infancia acogida y a reforzar su posición como miembros de la familia.
El acogimiento familiar es la principal forma de protección fuera del hogar de origen para la primera infancia en Suecia (The National Board of Health and Welfare 2022). Esta política parte del supuesto de que pertenecer a una familia es algo intrínsecamente bueno para una criatura y de que la vida familiar puede contribuir de forma positiva a su salud y su desarrollo. La familia —o la vida en una familia que funciona bien— es, por tanto, una idea de tratamiento central en todo el acogimiento familiar (cf Höjer 2001; Twigg and Swan 2007).
Sin embargo, el acogimiento en familia presenta ciertos rasgos contradictorios. Por ejemplo, quienes prestan el cuidado son personas voluntarias, no profesionales. Además, ejercen el papel de madre o padre, pero con posibilidades limitadas de tomar decisiones sobre la criatura (cf. Thomson and McArthur 2009). Höjer (2007) señala que el acogimiento familiar es una forma de cuidado público, organizado y supervisado por las autoridades públicas, pero prestado en el contexto privado del hogar de la familia de acogida. Para cumplir las exigencias del encargo público, como recibir en el hogar familiar las visitas de la familia de origen y de los servicios sociales, la privacidad del hogar de la familia de acogida se pierde en cierta medida. Rasgos paradójicos similares del acogimiento familiar se han discutido anteriormente en términos de ambigüedad de los límites familiares (Buehler et al. 2006; Coleman et al. 2022; Sinclair, Gibbs, and Wilson 2004; Tatton 2023; Thomson and McArthur 2009), ya que las fronteras o límites en torno a la familia de acogida —y su vida interna— se ven inevitablemente afectados cuando una familia asume un acogimiento (Höjer 2004, 2007). Se ha sugerido que las situaciones estresantes que surgen en el acogimiento familiar, así como la calidad y la estabilidad de este, podrían comprenderse y atenderse mejor si los servicios sociales y quienes diseñan las políticas abordaran activamente la ambigüedad de los límites familiares (Buehler et al. 2006; Tatton 2023; Thomson and McArthur 2009).
Hoy sabemos que entre el 40%–60% de la infancia tutelada en edad preescolar presenta diversos síntomas relacionados con el estrés debidos a traumas en la primera infancia (véase, p. ej., Hockaday 2018; Lehmann et al. 2013; Leslie et al. 2005; Vasileva and Petermann 2017). Sabemos también que la falta de apoyo cualificado para la infancia en acogimiento puede provocar la ruptura de los acogimientos familiares. Esto es frecuente incluso cuando las criaturas fueron acogidas a edad temprana y han vivido acogimientos de larga duración durante muchos años (Chamberlain et al. 2006; Rushton and Dance 2004). En Suecia, el 43% de todas las criaturas que entran en el sistema de protección durante sus primeros 6 años de vida permanecen en acogimiento familiar durante un largo periodo. Uno de cada cuatro acogimientos de larga duración se rompe durante la adolescencia, y quienes entran en el sistema siendo bebés o en edad preescolar suelen tener que mudarse cinco veces o más a lo largo de su crianza (The National Board of Health and Welfare 2023; Vinnerljung, Sallnäs, and Berlin 2017). Como la inestabilidad en el acogimiento familiar constituye un importante factor de riesgo para el bienestar psicológico de la infancia tutelada (véase, p. ej., Hjern, Vinnerljung, and Brännström 2019), la incertidumbre que rodea las condiciones de vida de estas criaturas ha sido objeto de debate en Suecia en los últimos años. Diversos equipos de investigación han señalado que el derecho a la vida familiar y a unas condiciones de vida socialmente estables de la infancia tutelada a largo plazo está seriamente comprometido dentro del sistema sueco de acogimiento familiar (véase, p. ej., Mattsson and Vinnerljung 2016).
En Suecia, las personas acogedoras se consideran progenitores complementarios, que comparten la crianza con la familia de origen y los servicios sociales. Esto exige un alto grado de competencia, apertura y flexibilidad en el encargo de acogimiento (Höjer 2001). En los últimos años, las políticas suecas de acogimiento familiar han subrayado la necesidad específica de la primera infancia de contar con «una base segura y una familia para toda la vida» (SOU 2015, 584). También se ha prestado atención a la importancia de animar a las personas acogedoras a acoger plenamente a la criatura en su hogar, con una perspectiva a largo plazo (SOU 2015). Además, se ha reconocido la importancia de un apoyo cualificado para las personas acogedoras que cuidan de criaturas pequeñas, ya que se han identificado efectos positivos en términos de menores niveles de estrés, patrones de apego más estables y reducción de las rupturas cuando las personas acogedoras reciben intervenciones cualificadas (cf. Bick and Dozier 2013; Dozier et al. 2006; Dozier and Rutter 2016; Fergeus et al. 2017; Linares et al. 2006; Spieker et al. 2012).
Para garantizar la estabilidad a largo plazo, la ley sueca obliga a los servicios sociales a considerar el traspaso de la custodia a las personas acogedoras cuando una criatura lleva más de 2 años en el mismo hogar de acogida. Al mismo tiempo, la ley establece que la infancia no debe permanecer en acogimiento más tiempo del necesario y que los servicios sociales deben trabajar en favor de la reunificación con la familia de origen. Tras un traspaso de la custodia, las personas acogedoras pasan a ser quienes ostentan legalmente la custodia de la criatura. Todas las formas de apoyo de los servicios sociales terminan, y pasa a ser responsabilidad de quien ostenta la custodia atender la necesidad de la criatura de mantener el contacto con su familia de origen. Así pues, a las personas acogedoras —que pueden o no llegar a ostentar la custodia— se les pide que estén dispuestas a ofrecer a la criatura una base familiar estable y segura para toda la vida, pero también que sean capaces de dejarla marchar si los servicios sociales consideran, en algún momento, que eso responde al interés superior del menor. Las políticas actuales de acogimiento familiar revelan, por tanto, contradicciones e incertidumbres en cuanto a las necesidades de la criatura y a las expectativas depositadas en la familia de acogida.
Este artículo se basa en cómo las familias de acogida que cuidan de la primera infancia en Suecia exhiben su vida familiar y en las implicaciones que ello tiene para el bienestar, la estabilidad y el sentimiento de pertenencia familiar de las criaturas a su cargo. Se apoya en entrevistas en profundidad con personas acogedoras de criaturas de uno a seis años e investiga cómo presentan a las criaturas, sus necesidades y su papel en la familia de acogida, así como las condiciones en las que funciona la familia de acogida. A partir del análisis narrativo de las entrevistas con las personas acogedoras, el concepto de exhibir la familia (Finch 2007), desarrollado a partir del trabajo de Morgan (1996) sobre las prácticas familiares, se utiliza como herramienta analítica para examinar los relatos de las personas acogedoras sobre las criaturas y cómo se enmarcan en el contexto del acogimiento familiar sueco. Finch (2007, 67) define la exhibición como «el proceso mediante el cual los individuos, y los grupos de individuos, se transmiten entre sí y a los públicos pertinentes que algunas de sus acciones constituyen efectivamente “hacer cosas de familia” y confirman así que esas relaciones son relaciones “de familia”». Entendida como un acto performativo, la exhibición puede comprenderse como una forma de narrar «vinculada a la reproducción de la familia como institución y a poderosos marcos discursivos y sistemas de significado a través de los cuales las relaciones se construyen, adquieren sentido, se legitiman y se “otrifican”» (Heaphy 2011, 21). Como las exhibiciones familiares están ligadas a la inclusión y la exclusión del parentesco electivo, se recurre también al concepto de ciudadanía relacional (Heaphy 2011) para explorar cómo se posiciona a la primera infancia en acogimiento como miembro de la familia.
El objetivo del estudio es investigar las exhibiciones y los relatos de la vida familiar de las personas acogedoras de criaturas de corta edad y cómo influyen en el bienestar, la continuidad y el sentimiento de pertenencia familiar de la primera infancia en el acogimiento familiar sueco. Dada la diferente condición jurídica y social de la infancia tutelada y de la que vive con su familia de origen, el marco teórico utilizado permite explorar cómo las políticas de acogimiento familiar, los distintos contextos familiares y las ideas sobre la familia y la infancia se despliegan en los relatos construidos por las personas acogedoras, y qué implicaciones tiene esto para la comprensión y la visibilidad de las necesidades de las criaturas.
El estudio incluye entrevistas en profundidad con 10 familias de acogida que cuidan de criaturas menores de seis años. Las entrevistas forman parte de un estudio más amplio sobre las necesidades de salud mental de la primera infancia en acogimiento familiar, realizado en tres municipios suecos. En total se entrevistó a 16 personas acogedoras, en pareja, con solo uno de los miembros de la pareja presente o en el caso de familias monoparentales. Las preguntas de investigación se centraron en cómo se exhiben como familia las personas acogedoras, en las necesidades de las criaturas acogidas y su papel en la familia de acogida, y en las implicaciones de todo ello para la visibilidad de las criaturas, de sus necesidades y de su sentimiento de pertenencia familiar. Las personas participantes se seleccionaron a partir de descripciones anonimizadas de las familias de acogida disponibles en cada municipio. Se utilizó una selección intencional para incluir familias de acogida que cuidaban de criaturas de diferentes edades y con historias de trauma variadas. Además, se pretendía seleccionar familias de acogida con composiciones familiares distintas y diferentes tipos de experiencia en acogimientos. En cada municipio, los servicios sociales, en nombre del proyecto de investigación, contactaron con las familias de acogida seleccionadas, y todas las familias, salvo una, aceptaron participar. Las familias de acogida entrevistadas tenían a su cargo un total de 12 criaturas de entre 1 y 6 años. Las edades de las criaturas en el momento de las entrevistas estaban distribuidas de manera uniforme.
Las entrevistas tuvieron lugar en los hogares de las familias de acogida. Se utilizó una guía de entrevista semiestructurada y se animó a las personas acogedoras a responder libremente a preguntas sobre su familia, la criatura acogida, el encargo de acogimiento y el apoyo que necesitaban. Todas las entrevistas se grabaron y transcribieron. El proceso analítico fue de carácter inductivo y se llevó a cabo mediante lecturas profundas y repetidas del material de las entrevistas. De esta lectura surgieron varios relatos sobre la familia y la criatura, por lo que se eligió un método narrativo para el análisis posterior. Dado que varios de los relatos se caracterizaban por comienzos y finales inciertos (cf. Linde 1993), se emplearon los conceptos de temporalidad y causalidad (Johansson 2005; Richardson 2000) para examinar cómo las ideas sobre el pasado, el presente y el futuro influían en la narración. La temporalidad se centra en cómo se enmarcan determinadas historias en torno a distintas indicaciones temporales, que luego se vinculan a la causalidad, es decir, a explicaciones causales relativas —en este caso— al paradero y los comportamientos de las criaturas. Además, se aplicó la espacialización (Friedman 2002) como estrategia analítica para estudiar cómo el espacio se relacionaba narrativamente con las ideas de la familia y de la infancia. Desde una perspectiva socioconstructivista del análisis, se considera que las ideas y los discursos dominantes tienen consecuencias en la vida real, ya que los marcos de interpretación disponibles fijan límites a lo que se considera deseable y posible. En este sentido, los relatos se consideran también plásticos, puesto que marcos de interpretación alternativos pueden crear nuevas maneras de ver a la criatura y a la familia de acogida y, por tanto, también de actuar respecto de sus necesidades (Riessman 2008). Así, la narración de la persona acogedora no tiene por qué limitarse a una historia aislada, sino que puede cambiar según el contexto narrativo.
El proyecto obtuvo la aprobación ética del Comité Regional de Revisión Ética de la Universidad de Lund (Suecia). Todos los nombres y lugares mencionados en las citas se han modificado para proteger la privacidad de las personas participantes.
El análisis que sigue comienza explorando cómo el tiempo y la temporalidad constituyen el marco de unas condiciones narrativas específicas de la vida en la familia de acogida. Aquí, los relatos de ambigüedad revelan un vacío persistente de incertidumbre presente en los relatos de las personas acogedoras sobre el acogimiento. A continuación se examina cómo estas condiciones ambiguas ponen en cuestión, en conjunto, la posibilidad de elaborar relatos seguros sobre la primera infancia en acogimiento, en relación con los relatos sobre la criatura identificados en el material: el relato de la diferencia y el relato de los recursos. Después se analizan dos relatos familiares opuestos —la familia competente y la familia remodelada— en función de su espacialización de la afinidad familiar y de su incidencia en la posición de la criatura acogida como miembro de la familia. Por último, se discute la significación contextual de los relatos identificados y sus implicaciones para el bienestar de la familia de acogida y para el bienestar y la seguridad de la primera infancia en acogimiento familiar.
Los relatos presentados por las personas acogedoras entrevistadas están fuertemente influidos por las contradicciones de la legislación sueca vigente y de las políticas de acogimiento familiar, que establecen que la primera infancia en acogimiento tiene necesidades específicas de seguridad y estabilidad, pero que, al mismo tiempo, no debe permanecer en acogimiento más tiempo del necesario. A diferencia de los relatos en general —con un comienzo, un desarrollo y un final claros—, la historia de la criatura acogida se narra una y otra vez en las entrevistas como si tuviera a la vez un comienzo desconocido y un final desconocido. Existe, pues, una ambigüedad narrativa ligada al tiempo, que forma un vacío que las personas acogedoras deben intentar gestionar por sí mismas y —en la medida de lo posible— salvar. Estos relatos de ambigüedad se exploran con más detalle en el análisis que sigue.
En el primer relato de ambigüedad, la historia de la criatura como enigma, las personas acogedoras afirman repetidamente que no saben —y probablemente nunca sabrán— qué ha vivido exactamente la criatura antes de formar parte de su familia. La incertidumbre sobre lo que ha pasado la criatura suele ir unida a la incertidumbre sobre por qué reacciona y actúa de determinada manera y cómo puede entenderse. Así lo ilustran expresiones como «no lo sabemos», «un signo de interrogación», «ir con los ojos vendados» y «ese periodo es un espacio en blanco». En relación con el paradero y el comportamiento de la criatura, se articula al mismo tiempo un saber —a veces ligado a sensaciones subjetivas— de que ha ocurrido algo traumático. «Siento que algo ha pasado». «Algo ha pasado, de verdad». «Pero ha estado expuesta a cosas». Sin embargo, lo que la criatura ha vivido exactamente parece incierto. En términos narrativos, esto significa que las personas acogedoras se esfuerzan por llenar un vacío en una historia sin comienzo. Su relación con la pequeña criatura a su cargo empieza a tientas, en la oscuridad. Por ello, a menudo resulta difícil saber por qué la criatura reacciona como lo hace. La historia de la criatura como enigma es, por tanto, un relato que contiene a la vez un vacío temporal y una falta de causalidad (Richardson 2000). El vacío se llena de incertidumbre y de vaguedad.
También hay ejemplos recurrentes de relatos que enmarcan situaciones en las que la persona acogedora se siente impotente e insegura respecto al futuro de la criatura. ¿Se la llevarán de la familia de acogida? El segundo relato de ambigüedad, el final desconocido, puede ilustrarse de la forma más sencilla con esta cita:
Ahora es mío, entre comillas.
Es mío. Pero entre comillas. Las personas acogedoras no tienen derechos legales sobre la criatura. El futuro tanto de la criatura como de la familia queda, por tanto, en el aire. En casi todas las entrevistas, incluso cuando un traspaso de la custodia va a llegar pronto ante un tribunal, la respuesta —ilustrada aquí por tres personas acogedoras distintas— a la pregunta «¿Qué es lo peor que os podría pasar?» es:
Bueno, lo peor que nos podría pasar sería que Danior tuviera que irse de aquí.
Uno podría imaginarse que nos lo quitaran. Eso, sin duda, es lo peor.
[Lo peor]… es que Hannan no pudiera quedarse más aquí, claro.
En todos estos testimonios está en juego el futuro, y el final de la historia. El poder lo tienen los servicios sociales. «Ellos» pueden «quitárnoslo». Por eso el relato del final desconocido tiene también el poder de influir en el presente.
La verdad es que no quieres decirles a los servicios sociales «Estoy totalmente sin fuerzas. No puedo más. No sé cómo manejar esto». Porque no quieres que se lleven a los críos.
Existe miedo a pedir ayuda y a las consecuencias que eso podría tener para el futuro de la criatura y de la familia de acogida. El pasado también se ve afectado por el final desconocido. Una madre de acogida lo desarrolla cuando habla de «… todos los pensamientos que tienes al principio. Si se quedará, cómo irá, y dónde estamos nosotros. (…) … eso perturba muchísimo el apego. De verdad que sí». El hecho de que no se pueda saber cuál será el final, y de que esto afecte al presente, al pasado y al futuro, es por tanto la moraleja central del relato del final desconocido. De nuevo, el vacío ligado al tiempo se llena de incertidumbre y de vaguedad.
El conjunto narrativo de los relatos de ambigüedad revela, pues, un vacío persistente de incertidumbre. En estas circunstancias —con un comienzo a tientas en la oscuridad y un final desconocido—, se espera no obstante que las personas acogedoras acojan a la criatura en su hogar y se comprometan plenamente a largo plazo. Al hacerlo, sin tener acceso ni a un comienzo ni a un final, deben intentar completar las historias por sí mismas. Y eso hacen, en la medida en que pueden.
Casi todas las personas acogedoras presentan algún tipo de relato sobre cómo «estaba escrito» que la criatura llegara a formar parte de su familia y cómo esto sucedió de un modo casi mágico. La aparición del relato mágico en muchas entrevistas no es, por tanto, una casualidad. Este relato no solo crea un punto de anclaje entre la criatura, cuya historia es un enigma, y la familia de la que ahora forma parte. También ofrece un comienzo a la historia del «nosotros» y de «nuestra familia». Así es como puede narrarse:
Fue muy raro. Porque cuando empezaron a hablarnos de Danior yo dije enseguida «Esto me suena. He tenido en el colegio a un niño con ese historial». Y se hizo un silencio total. «Sí, es un hermano». ¿Qué probabilidades había? (…) Así que sentimos que tenía que ser así. (…) Se me pusieron los pelos de punta…
Otra madre de acogida dice «bueno, a veces las cosas simplemente tienen que ser», cuando cuenta su historia. Tenía un trabajo temporal y —con solo 2 semanas de antelación— pidió a su empleador una excedencia para convertirse en madre de acogida. La respuesta fue «¡Qué bonito! ¡Por supuesto!», y no solo obtuvo la excedencia, sino que además consiguió un puesto fijo. En este relato mágico, todas las piezas del rompecabezas encajaron en el momento justo, gracias a la criatura. Y otra madre de acogida más, pariente cercana de la niña a la que cuida, cuenta cómo, cuando miró a la niña a los ojos por primera vez —sin saber que más tarde llegaría a ser su madre de acogida—, sintió intuitivamente «ahora somos nosotras, y para siempre».
Al subrayar «tenía que ser así» y «ahora somos nosotras», el relato mágico encierra una fuerte fuerza inmanente con implicaciones temporales. Sea cual sea la enigmática historia de la criatura, esta pasa a narrarse —y a reivindicarse— como parte natural de la familia de acogida. Además, el relato mágico envuelve el final incierto, puesto que «ahora somos nosotras y para siempre». En este sentido, el relato mágico podría entenderse como un intento de llenar —aunque sea de un modo mágico— los vacíos temporales presentes en los relatos generales sobre la primera infancia en acogimiento.
Pasamos ahora a ver cómo las personas acogedoras construyen relatos sobre la criatura. En este proceso surgen dos conjuntos de relatos. También se hace evidente que los relatos de ambigüedad tienen implicaciones generales para la visibilidad de la criatura.
En el relato más frecuente sobre la criatura, el relato de la diferencia, la criatura acogida se categoriza como portadora de algún tipo de alteridad. Mediante intensificadores, las criaturas y su comportamiento se describen como «muy esto» o «enormemente aquello». Estas representaciones están presentes en casi todas las entrevistas. Algunos de los intensificadores que aparecen en las descripciones —aquí en cursiva— son, por ejemplo, «pone muchísimo a prueba los límites», «el peor berrinche», «se descontrola por completo», «muy activa», «tremendamente intimidado por los hombres», «una necesidad enorme de reafirmación», «tan increíblemente obstinada» y «muy difícil». Muy, peor y enormemente. Así se retrata una y otra vez a las criaturas.
A menudo, los intensificadores se legitiman mediante comparaciones, en las que otras criaturas o los hijos e hijas «propios» sirven de referencia.
Pienso en ello todo el tiempo, en que hay riesgo de diagnósticos. La comparo con otros niños de seis años del colegio (…) ya que nuestros hijos no reaccionaban así.
El comportamiento de las criaturas acogidas se sitúa así, de forma binaria, frente al de la infancia en general, al de las criaturas corrientes o al de los hijos e hijas «propios». Si bien las comparaciones con la infancia «corriente» tienen efectos legitimadores —nuestra criatura acogida no es como las demás—, al mismo tiempo transmiten inseguridad sobre cómo debe entenderse su comportamiento. Las comparaciones van seguidas, casi automáticamente, de negociaciones.
Bueno, es diferente de los otros dos. Lo es. Y luego… si de algún modo es solo su… Seguramente es su personalidad, o algo así. Sí, lo que sea… Sí, pero es diferente de ellos.
Sí, la criatura es diferente, sin duda. Pero ¿no podría esto ser bastante normal, y simplemente parte de su personalidad? O quizá, tal como lo negocia otra madre de acogida, ¿todo es aceptable teniendo en cuenta su edad?
Pero es que no sé si tiene que ver con la edad. Quiero decir, tengo (x) hijos propios, pero ninguno —seguro— es como esta niña.
La estructura narrativa es similar. Comparaciones recurrentes, en las que se retrata a la criatura en su diferencia, van seguidas inmediatamente de negociaciones sobre la normalidad. El resultado del relato es —igual que en los relatos de ambigüedad— la incertidumbre y la vaguedad. Sí, la criatura es diferente. Pero ¿es su comportamiento diferente del desarrollo «normal» y de la infancia «corriente»? ¿O no lo es? La cuestión de cómo entender a la criatura y sus necesidades queda esbozada de forma imprecisa, en plantillas de contornos difusos.
Un relato opuesto, que aparece en algunas entrevistas, es el relato de los recursos. Al igual que en el relato de la diferencia, la alteridad de la criatura se describe a menudo con palabras intensificadoras y, en ocasiones, mediante comparaciones con otras criaturas. Pero en lugar de derivar en negociaciones sobre la normalidad, el comportamiento de la criatura se narra aquí centrándose en lo que se percibe como un comportamiento «normal» teniendo en cuenta su historia.
Madre de acogida: Como decía, había muchas cosas que eran nuevas para él. Y simplemente lo de que, si no te gusta la comida, no tienes por qué comértela. Pero luego nos salió un poco el tiro por la culata…
Padre de acogida: Sí (riendo), entonces ya no quería comer nada.
Madre de acogida: Sí, desde luego. Entonces ya no quería comer nada. Supongo que quería poner a prueba un poco. Pero un comportamiento normal, diría yo.
Padre de acogida: Ahora el comportamiento es normal.
Madre de acogida: Sí, pero lo de saltar seguro que era normal, creo yo, para ponerlo a prueba.
Padre de acogida: Sí, sí. Ya veo lo que quieres decir. Sí, sí. ¡Totalmente!
En lugar de contrastar un comportamiento con una «normalidad» y acabar sin saber cómo interpretar la situación, las personas acogedoras construyen aquí el comportamiento como normal dadas las circunstancias. Así desaparecen las capas de vaguedad, y la identificación de las necesidades de la criatura —poner un poco a prueba y estallar— se convierte en una forma constructiva de recuperarse. Otra pareja acogedora describe cómo sus criaturas, de muy corta edad, pueden gritar durante horas y reaccionar con mucha fuerza ante entornos y personas nuevos. Uno de los miembros de la pareja lo explica como «señales claras de estar traumatizados y de no haber recibido los cuidados que necesitaban». De nuevo, se ofrece una explicación del comportamiento de las criaturas, que se narra como «normal» teniendo en cuenta su historia traumática.
Entre las personas acogedoras entrevistadas, el relato de la diferencia es mucho más frecuente que el relato de los recursos. Los dos relatos sobre la criatura que emergen tienen estructuras e implicaciones distintas. El relato de la diferencia se origina en un modo de pensar dicotómico, en el que la diferencia de la criatura se construye en oposición directa a una normalidad imaginada. La incertidumbre central de los relatos de ambigüedad se reproduce aquí, con la consecuencia de que la comprensión de la criatura se difumina. En el relato de los recursos, la alteridad de la criatura no se sitúa en oposición a nada. Más bien, la alteridad se explica por su historia y se construye, por tanto, como una respuesta «normal» y «adecuada» a cosas que ocurrieron en el pasado. Aquí se pone en cuestión la historia de la criatura como enigma: Debido al pasado, ahora tenemos que hacer frente a esto. Como esto tiene el efecto de reparar el vacío temporal de un comienzo desconocido, se alcanza también un sentido de causalidad.
Pasando a cómo se «exhiben» las familias, los límites trazados en torno a la familia de acogida se desplazan constantemente. Las negociaciones relativas al espacio, más que al tiempo, son por tanto fundamentales en las exhibiciones familiares de las entrevistas. El relato mágico, tal como se ha descrito, subraya que la criatura es ahora «nuestra». Al hacerlo, la incluye como miembro pleno y completo de la familia de acogida. Esta idea se repite en muchas entrevistas: «Estábamos como enamorados de esta niña, y era nuestra». «Claro que forma parte de nuestra familia. Así es». La criatura se narra como un miembro de la familia plenamente incluido.
Sin embargo, afirmaciones similares pueden a veces adquirir un cariz más delicado. Cuando, al inicio de una entrevista, se pide a un padre de acogida que se presente, ocurre lo siguiente:
Padre de acogida: Sí, ¿empiezo yo? (…) Vale, Henrik Nilsson, (xx) años, y vivo en (ciudad). Casado con esta que está sentada a mi lado. (x) hijos propios, y un niño de acogida.
Madre de acogida: ¡No digas eso! (…) No, no puedes decir eso de «(x) hijos propios»…
Padre de acogida: No, pero (x) hijos biológicos, entonces, ¿no?
Categorizar a la criatura acogida como algo distinto de «nuestros propios hijos» es, al parecer, un asunto delicado. Más adelante, la madre de acogida reflexiona sobre la condición relacional del niño acogido y cuenta que, como no estuvo embarazada de él —como sí lo estuvo de los demás—, siempre le ha preocupado que él se sintiera un extraño en la familia. La pareja acogedora cuenta además que el niño —que vive con la familia desde que era bebé— ha empezado recientemente a cuestionar su lugar en la familia y dice cosas como «vosotros no sois mis padres de verdad» cuando está alterado.
Madre de acogida: Bueno, y la última vez que estaba un poco alterado le dije (…) «Pero yo… Nosotros tampoco hemos elegido a (nombre de los hijos biológicos)…». Nuestros hijos. Tampoco los hemos elegido a ellos. «No, pero os tenemos a los (x). Y no hay ninguna diferencia».
Aunque la madre de acogida nunca estuvo embarazada del niño, lo que la lleva a preocuparse por su sentimiento de pertenencia a la familia, y aunque el propio niño se plantea preguntas al respecto, la moraleja de la historia tal como se presenta es que no hay ninguna diferencia.
Una contradicción similar se observa en otra entrevista, en la que la madre de acogida subraya que no hay ninguna diferencia entre la niña acogida y sus hijos biológicos.
… somos una familia, y ella es como todos los demás niños. No está en acogimiento. Quiero decir… (…) Ella es simplemente como… No hay ningún… Es una niña corriente en una familia corriente.
Un par de minutos después, la misma madre de acogida dice:
Porque, claro, te duele un poquito más en el corazón, porque sabes… Bueno, está en acogimiento, y (…) todo eso…
De nuevo aparecen contradicciones en torno a la cuestión de que «no hay ninguna diferencia». La idea de la criatura como miembro pleno y completo de la familia, narrada una y otra vez como igual que todos los demás, es evidentemente un asunto delicado, porque tiene que ver con la condición relacional —o ciudadanía relacional (Heaphy 2011)— de la criatura en la familia de acogida. Como la ciudadanía relacional está comprometida, parece preferible insistir especialmente en lo contrario. De ahí «es igual que todos los demás» y «no hay ninguna diferencia».
Al mismo tiempo, en otras entrevistas tienen lugar negociaciones más explícitas, en las que se discuten los conceptos de «tiempo en familia» y «tiempo para mí». Por ejemplo, en una entrevista se dice que la hija biológica de la familia necesita «su propio ratito para ella», ya que la niña acogida es «tan intensa». La entrevista continúa:
Bueno, como en (unas vacaciones concretas), Althea estaba con su madre. Y nosotros nos fuimos a (un lugar de la familia) con unos amigos, y estuvo muy bien, porque ella solo habría… (…) Quiero decir, estábamos tan agradecidos de no haberla llevado. Lo sé, en realidad no se puede decir algo así. Pero la verdad…
Cuando la madre de acogida dice que estuvo bien irse de vacaciones sin la niña acogida, subraya también que verbalizarlo no es moralmente aceptable. Implícitamente se nos da a entender que esta afirmación pone en cuestión la idea de la criatura como miembro de pleno derecho de la familia. Otra persona acogedora afirma:
… mis hijos biológicos también necesitan un respiro y «tiempo solo para nosotros» para poder sobrellevarlo y no hartarse…
Aquí, el respiro y el «tiempo solo para nosotros» se presentan como algo que la familia necesita para sobrellevar el cuidado de una criatura exigente. El concepto de familia se narra aquí en términos biológicos y no incluye a la criatura acogida como miembro pleno de la familia. En estos ejemplos, en comparación con los anteriores, la ciudadanía relacional de la criatura acogida se presenta de forma más explícita como comprometida. Aquí, las personas acogedoras expresan su propia necesidad de descanso, de respiro y de recuperación, ya que el acogimiento supone desafíos para la familia original.
Así pues, se trazan dos tipos distintos de fronteras en torno a la familia de acogida, que enmarcan dos tipos distintos de familia. En uno, hay una familia original con hijos e hijas «propios». Esta familia tiene sus propias necesidades: de «tiempo para nosotros» y de respiro. Luego está la familia de acogida, en la que la criatura acogida es ahora «nuestra». Aquí no hay ninguna diferencia entre los distintos miembros de la familia. Según la condición relacional que tenga la criatura acogida, se trazan fronteras distintas —y comprensiones espaciales distintas— en torno a la familia. Estas exhibiciones diferentes sugieren que en la familia de acogida existe una mayor complejidad relacional y espacial, o ambigüedad de los límites familiares (cf. Thomson and McArthur 2009), que en la familia tal como se entiende tradicionalmente. Además, esto pone de relieve la posición ambivalente —y a veces comprometida— que la infancia acogida puede ocupar como miembro de la familia.
En el material se encuentran dos maneras de narrar la familia de acogida: como una unidad más tradicional o como una unidad compleja. Estas comprensiones cambiantes tienen también implicaciones para la visibilidad de las criaturas acogidas y de sus necesidades. El relato más frecuente, la familia competente, está dominado por ideas tradicionales y culturalmente hegemónicas de la familia como un lugar de seguridad, confianza y apertura. También se destaca la función de la familia de acogida como una unidad competente y, por tanto, independiente. Esto ocurre típicamente cuando las personas acogedoras hablan del apoyo que no necesitan de los servicios sociales:
Bueno, no siento que yo personalmente tenga esas necesidades [de apoyo]. (…) Además tengo la clave, porque tengo hijos adultos. Así que, por eso, siento que lo tengo «claro».
La experiencia previa en la crianza se menciona en varias entrevistas:
Después de (x) hijos propios, de alguna manera sabíamos que lo estábamos haciendo bien. (…) Eso da seguridad y eso… Así es como construimos una familia. Ya ha funcionado antes.
Aquí, la familia y su competencia se utilizan narrativamente para legitimar la independencia de la familia de acogida. Nos dice que «sabemos hacer familia» y, por tanto, que «no necesitamos ningún apoyo». También son frecuentes los enfoques que presentan la familia como un lugar de comunicación abierta y de confianza. Por ejemplo, «hablar entre nosotros dentro de la familia» se menciona a menudo como requisito para ser una familia que funciona bien. Cuando se pregunta a una pareja acogedora cómo gestiona los sentimientos de impotencia que describe en relación con el acogimiento, responde:
Padre de acogida: Lo hablamos.
Entrevista: … ¿con los servicios sociales?
Padre de acogida: No, pero lo hemos hablado mucho entre nosotros.
Así, la familia competente se las arregla sola incluso cuando hay roces y dolor. En este sentido, el relato contiene también elementos de integridad, ya que la confianza y la comunicación abierta se ven como algo que pertenece exclusivamente a la familia y se da dentro de ella. Varias entrevistas abordan la integridad familiar, y las personas acogedoras describen como incómodo tener a «gente de fuera» implicada en su familia. Una madre de acogida describe su experiencia de recibir apoyo sobre su interacción con la niña o el niño acogido como «no muy cómoda», y comenta que «claro, existe el riesgo de sentirse demasiado observada». La reticencia a dejar entrar a gente de fuera en el sistema familiar se expresa también en esta cita:
Madre de acogida: Bueno, siempre ha habido visitas regulares. Así que sí siento que ellos [los servicios sociales] están ahí para nosotros.
Entrevista: Están ahí.
Madre de acogida: Y no demasiado. Y de verdad… Creo que está bien porque, como decía, sigo queriendo sentir que somos una familia. Y no debería molestar demasiado.
Exhibir la familia como una unidad competente, digna de confianza y que funciona bien es, pues, central en el relato de la familia competente. Este relato se corresponde, por tanto, bastante bien con lo que las políticas suecas de acogimiento familiar esperan de las familias de acogida. Se supone que deben funcionar bien y ser capaces de proporcionar seguridad, protección y estabilidad a la criatura acogida. Al mismo tiempo, los marcos trazados en torno a la familia competente implican que recibir apoyo orientado a la criatura acogida no resulta especialmente atractivo. Perturba la idea de la familia competente, que funciona y se las arregla por sí sola.
Una contradicción dentro de este relato es que varias de las personas acogedoras entrevistadas describen a sus propios hijos e hijas como diferentes y «más fáciles» que la criatura acogida. El papel de persona acogedora se describe además repetidamente como una práctica nueva y algo incierta. Pero esto no cambia la conclusión del relato, que subraya que «somos una familia y, por tanto, nos las arreglamos solos». Como es el «yo» o el «nosotros» adulto quien siente y juzga, a partir de «nuestras» necesidades como familia, el relato de la familia competente adopta el punto de vista adulto más que una perspectiva centrada en la infancia.
Un relato opuesto que aparece en algunas entrevistas es el de la familia remodelada. Aquí se pone en cuestión la idea de la familia como unidad autosuficiente. En lugar de concluir que «nos las arreglamos solos», el enfoque indica más bien que el apoyo es algo que la familia necesita para funcionar.
Padre de acogida: Es como si lucharas y lucharas, e intentas resolver las cosas. Se convierte como en un nudo (…). Nosotros [marido y mujer] nos ponemos de los nervios el uno con el otro, y con los niños… (…) Al final no podías pensar con claridad. Te volvías majara. Y aun así eso fue… Sentarse una hora con ese psicólogo era por lo menos una especie de salvavidas…
Madre de acogida: Mm.
Padre de acogida: … sentía yo. Solo poder compartir esas cosas absurdas en las que vives y que alguien les ponga palabras y te las explique.
La ayuda se concibe como un «salvavidas» y, por tanto, se pone en cuestión la idea de hablar de los problemas exclusivamente dentro de la familia, algo que también se aprecia en esta entrevista:
Padre de acogida: Lo difícil de esto es que nosotros, tanto Moa como yo, no solemos abrirnos a los demás…
Madre de acogida: … con mucha facilidad.
Entrevista: ¿No? Vale.
Madre de acogida: No, exacto.
Padre de acogida: Y preferimos no hablar con otras personas, sino solo entre nosotros, de cosas así. (…) Y ahora decimos que es como si hubiéramos abierto nuestra casa.
Madre de acogida: Sí.
Padre de acogida: Y a nosotros mismos. (…) Quiero decir, de verdad necesitamos ayuda.
El hilo común de estos testimonios es la remodelación de la familia, que pasa de ser una unidad autosuficiente y cerrada a una entidad más abierta que necesita asistencia y apoyo. Cuando se cuestiona el aislamiento de la familia frente a la mirada de otras personas, la idea de que «hablamos exclusivamente entre nosotros dentro de la familia» también tiene que ceder. En su lugar, la ayuda de los servicios sociales, de terapeutas familiares y de profesionales de la psicología infantil se describe como necesaria para comprender a la criatura y sus necesidades y para que la familia funcione.
En una entrevista, una persona acogedora expresa el deseo de ver a una o un terapeuta familiar para obtener una visión de la familia desde el punto de vista de las personas acogedoras y de las criaturas, y concluye: «Quiero decir, somos una familia, y se supone que tenemos que funcionar juntos». Aquí se hace visible una idea transformadora de la familia de acogida. La familia tiene ahora un nuevo papel y un nuevo formato como familia de acogida y debe adaptarse a ello para funcionar. La criatura acogida —como nuevo miembro de la familia— es un personaje central en la estructura narrativa de la historia, lo que hace que la criatura y sus necesidades también se vuelvan claramente visibles. Debido al nuevo miembro de la familia, tenemos que remodelar no solo nuestra comprensión de nuestra familia, sino también nuestra comprensión de la manera de funcionar de la criatura. Para conseguirlo, necesitamos el apoyo de los servicios sociales y de terapeutas.
Las implicaciones de los dos relatos familiares opuestos son evidentes. Las necesidades de la criatura acogida, así como las de los demás miembros de la familia, se gestionan de manera más transparente en el relato de la familia remodelada que en el de la familia competente. En cuanto a las distintas fronteras espaciales de la familia analizadas anteriormente, ambas están incluidas en el relato de la familia remodelada: se permite a la criatura ser miembro pleno de la familia, pero esto no compromete la posibilidad de verbalizar las necesidades de los demás miembros de la familia. Por ello, las relaciones complejas de la familia de acogida y la ambigüedad de sus límites se gestionan aquí de la manera más transparente.
La importancia de ofrecer estabilidad a largo plazo y relaciones de apego duraderas a la primera infancia en acogimiento se reconoce como central para su desarrollo y sus posibilidades de recuperarse del trauma (cf. Dozier et al. 2006; Fergeus et al. 2017). Esta ambición se refleja claramente en la política sueca de acogimiento familiar, que concibe el papel de la familia de acogida como capaz de proporcionar una base estable y segura a la criatura acogida (cf. SOU 2015). El ideal de estabilidad es también evidente en el material empírico del estudio. En el relato familiar dominante, la familia competente, las personas acogedoras exhiben sus familias como unidades estables y competentes, capaces de ofrecer a la criatura acogida el método de tratamiento esencial que está en el centro del acogimiento familiar: una familia que funciona bien (cf. Twigg and Swan 2007). En el relato mágico, la criatura se narra además como parte naturalmente incluida en la familia de acogida, ahora y para siempre. Entendidos como actos performativos, estos relatos muestran a las personas acogedoras exhibiendo las expectativas esenciales que pesan sobre ellas como familias de acogida: ser competentes, funcionar bien y ser capaces de proporcionar estabilidad a largo plazo a la criatura que cuidan (cf. Heaphy 2011; Riessman 2003). Pero, como uno de cada cuatro acogimientos de larga duración termina en ruptura, y las criaturas a menudo tienen que mudarse varias veces entre distintas familias de acogida a lo largo de su crianza, la estabilidad es una cuestión frágil. Esta fragilidad es también evidente en los relatos de las personas acogedoras sobre las criaturas, impregnados de incertidumbres, que reflejan las condiciones imperantes del acogimiento familiar, en el que el futuro de la criatura y su pertenencia familiar nunca son seguros. Esto pone de manifiesto una contradicción central en el acogimiento familiar sueco de la primera infancia: pretende ofrecer seguridad y estabilidad, pero sus condiciones no son ni seguras ni estables.
Las condiciones imprecisas que rigen el acogimiento familiar tienen otras implicaciones. El análisis muestra cómo la diferencia de la criatura acogida se negocia a menudo de maneras que difuminan la comprensión de la criatura y de sus necesidades. La condición relacional de la criatura en la familia de acogida también se narra de forma ambigua por parte de las personas acogedoras, lo que resulta palpable en las exhibiciones familiares que muestran a la criatura acogida como un miembro ambivalente de la familia. Las distintas fronteras espaciales que se exhiben en torno a la familia, a medida que se negocia la ciudadanía relacional de la criatura acogida, reflejan a su vez las relaciones familiares complejas y ambiguas que caracterizan a las familias de acogida (cf. Höjer 2001, 2007; Thomson and McArthur 2009).
La ambigüedad de los límites familiares se reconoce como un rasgo difícil del acogimiento familiar (Buehler et al. 2006; Höjer 2007; Tatton 2023; Thomson and McArthur 2009), por lo que resulta lamentable que el relato de la familia competente se base en una perspectiva de integridad familiar, más que en la disposición a adquirir una competencia específica para el acogimiento y a gestionar sus diversas ambigüedades. Desde la perspectiva de la infancia, también es lamentable que el énfasis en la integridad familiar reste visibilidad a la criatura. Dado que el relato de la familia competente reproduce ideas normativas de la familia como unidad estable e independiente —y, por tanto, sin necesidad de apoyo—, sería importante que los servicios sociales consideraran activamente las oportunidades de animar a las personas acogedoras a reflexionar sobre cómo la ambigüedad de los límites familiares influye en su vida familiar y en su papel como cuidadoras. Esto es especialmente importante porque el estudio muestra cómo las exhibiciones normativas de la familia como competente y autosuficiente tienen implicaciones negativas para la visibilidad de la criatura acogida y para su posición y su sentimiento de pertenencia como miembro de la familia.
Las formas alternativas de hablar de las criaturas, de sus necesidades y de su papel en la familia de acogida, puestas de manifiesto en el análisis, refuerzan esta conclusión. En el relato de la familia remodelada —en el que el apoyo se construye como un salvavidas y que, por tanto, narran personas acogedoras que han recibido apoyo profesional—, tanto la comprensión de la criatura como la complejidad de la vida en la familia de acogida se hacen visibles de forma más matizada. El relato de los recursos, narrado principalmente por personas acogedoras que exhiben su familia en términos de remodelación, hace además visible a la criatura como sujeto activo y creativo. Esto ilustra que los relatos pueden cambiar y que el apoyo profesional y las perspectivas alternativas sobre el acogimiento pueden conducir a nuevas interpretaciones de la criatura acogida, así como de la función de la familia de acogida (cf. Riessman 2008). Esta plasticidad narrativa se refleja además en la capacidad de las personas acogedoras para moverse entre distintas historias, según el contexto o la perspectiva narrativa. En este sentido, el estudio confirma que la ambigüedad de los límites familiares podría atenderse mejor —o de manera más reflexiva— cuando el personal profesional aborda estas cuestiones (Buehler et al. 2006; Coleman et al. 2022; Thomson and McArthur 2009). Además, los resultados sugieren que esto ofrece oportunidades no solo para desarrollar relatos más sensibles a la vida interna de la familia de acogida, sino también para hacer visibles las necesidades individuales de la infancia acogida y reforzar su posición como miembros de la familia de acogida.
Complexe Systémique: puntos clave
El estudio pone palabras a una contradicción que quienes trabajan en este ámbito conocen bien: a una familia de acogida se le pide que se comprometa como si fuera para siempre con una historia cuyo comienzo desconoce y cuyo final no controla. Para sostenerse, las familias se cuentan historias: la criatura «estaba destinada a nosotros», es «igual que los demás», la familia «se las arregla sola». Estas historias protegen, pero también pueden enmascarar el malestar de la criatura y mantener la ayuda a distancia, ya que pedir apoyo significa arriesgarse a perderla. La noción de ambigüedad de los límites familiares, cercana a la de pérdida ambigua, ofrece a la práctica sistémica una vía de entrada: ayudar a la familia a decir quién forma parte de ella, cuándo y cómo, y releer el comportamiento de la criatura a la luz de su historia más que frente a una norma. Los límites son los de un estudio sueco de pequeño tamaño, con diez familias elegidas por los servicios y sin las voces de las criaturas ni de las familias de origen. Puede leerse junto con el artículo sobre el acogimiento en medio familiar y el artículo sobre jóvenes que vivieron el acogimiento y su familia de origen.
Notas del original
Agradecimientos. La investigación ha sido financiada por una fundación sueca de investigación, Stiftelsen Allmänna Barnhuset, y ha sido posible gracias a la participación de las personas acogedoras entrevistadas y a la colaboración de profesionales de los servicios sociales de tres administraciones locales.
Declaración ética. El proyecto obtuvo la aprobación ética del Comité Regional de Revisión Ética de la Universidad de Lund (Suecia). Todos los datos se recogieron conforme a los códigos éticos del Consejo Sueco de Investigación y a la normativa sueca vigente en materia de seguridad de los datos. Todas las personas entrevistadas dieron su consentimiento informado por escrito para participar en el estudio.
Conflictos de intereses. La autoría declara no tener conflictos de intereses.
Referencias
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Traducción no oficial de Stories With Blurred Contours: Family Displays of Foster Families and Young Children in Out-of-Home Care, de Ulrika Levander, Child & Family Social Work, vol. 30, n.o 3 (2025), doi: 10.1111/cfs.13166, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción del artículo original «Stories With Blurred Contours: Family Displays of Foster Families and Young Children in Out-of-Home Care», publicado en Child & Family Social Work (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Levander, U. (2025). Stories With Blurred Contours: Family Displays of Foster Families and Young Children in Out-of-Home Care. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/stories-with-blurred-contours-family-displays-of-foster-families-and-young-children (Obra original publicada en 2024 en Child & Family Social Work, 30(3), 265-273 (2025); republicada en 2025 por Child & Family Social Work, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/cfs.13166)
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