Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Qualitative Social Work · Trabajo social

Ser, devenir, pertenecer: negociar la temporalidad, la memoria y la identidad en las conversaciones sobre la historia de vida con niñas, niños y jóvenes con experiencia de acogimiento

El libro de historia de vida promete reconstruir el pasado de la infancia acogida o adoptada para que pueda pasar página. A partir del trabajo con 17 familias acogedoras, familias adoptivas y profesionales del trabajo social, invitadas a representar sus temores en una bandeja de arena, un equipo de Bristol propone otra idea del tiempo: el pasado no puede guardarse, vive en el presente.

Autoría Eleanor Mary Staples, Debbie Watson y Katie Riches (University of Bristol, Reino Unido)Primera publicación Qualitative Social Work, 6 de abril de 2023Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Being, becoming, belonging: Negotiating temporality, memory and identity in life story conversations with care-experienced children and young people, de Eleanor Mary Staples, Debbie Watson y Katie Riches, publicado en Qualitative Social Work (SAGE) (2024), doi: 10.1177/14733250231168605, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las fotografías de las escenas de arena creadas por las personas participantes (figuras 1 y 2) no se reproducen, por respeto a las personas implicadas, y se señalan entre corchetes; las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

el pasado no puede procesarse y «guardarse»: sigue viviendo en nuestro presente y en nuestro futuro.

Eleanor Mary Staples, Debbie Watson y Katie Riches

Resumen

Este artículo recurre a las perspectivas teóricas del nuevo materialismo feminista sobre el tiempo y la temporalidad para examinar de forma crítica una práctica del trabajo social, el trabajo de historia de vida, concebido para ayudar a niñas, niños y adolescentes que están o han estado bajo la tutela de los servicios públicos, o que han sido adoptados, a construir un relato coherente de su trayectoria de acogimiento, de sus experiencias adversas y de su identidad. Los datos de entrevista que aquí se presentan se produjeron con 17 personas participantes (familias acogedoras, familias adoptivas y profesionales del trabajo social de equipos de acogimiento o de adopción) que formaban parte de un proyecto destinado a comprender cómo ciertos aspectos del trabajo de historia de vida podían transformarse en conversaciones cotidianas sobre el acogimiento entre la infancia y las personas adultas que la cuidan (véase www.difficultconversations.info). Nuestro análisis pone de relieve la manera en que las personas participantes comprendían y construían los elementos temporales de las experiencias y de las identidades de la infancia —su pasado, su presente y su futuro— en el contexto de las conversaciones que mantenían con ella sobre el acogimiento. A lo largo de la discusión, señalamos la necesidad de flexibilizar la configuración de las historias de vida y de las identidades infantiles como «anteriores al acogimiento» y «posteriores al acogimiento», y de avanzar más bien hacia la aceptación de los múltiples yoes de la infancia y de las múltiples personas significativas que existen a través del tiempo.

Palabras clave: adopción, acogimiento familiar, identidad, historia de vida, teoría, métodos visuales

Introducción

El número de niñas y niños bajo tutela del Estado en Inglaterra y Gales es el más alto jamás registrado: en marzo de 2021, 80 850 estaban «bajo tutela» (looked after), de los cuales 2870 fueron adoptados (Gov.uk, 2021). Aunque la mayoría entra en el sistema de protección por maltrato o negligencia, un corpus de investigación cada vez más amplio empieza a ofrecer una lectura estructural del sistema de protección que pone de relieve el papel central de la desigualdad social (Elliott, 2020). Las experiencias y los resultados del acogimiento llevan años suscitando una preocupación constante en las políticas públicas, en la práctica profesional y en el activismo. Muchas niñas y muchos niños viven una falta de estabilidad, acogimientos transitorios y estigma, y tienen una propensión mucho mayor a desarrollar un trastorno de salud mental que quienes crecen de forma continuada con su familia de origen (Sanders, 2020). En este contexto, el presente artículo aporta una perspectiva crítica sobre el trabajo de historia de vida, una práctica consolidada del trabajo social concebida para paliar los resultados negativos ayudando a cada niña o niño a comprender su pasado e integrarlo en su presente (Coman et al., 2016).

El trabajo de historia de vida ayuda a la infancia que entra en el sistema de protección a comprender las razones por las que no puede vivir con su familia de origen, a saber lo que le ha ocurrido y por qué se tomaron determinadas decisiones sobre su vida, con el fin de ayudarle a afianzar un sentido de su identidad. Las y los profesionales que emprenden el proceso de trabajo de historia de vida reúnen fragmentos de la vida de la niña o del niño: objetos o imágenes valiosos, relatos de la familia de origen o de personas acogedoras anteriores y documentos relativos a su situación (Baynes, 2008). Todo ello se traduce después en un relato escrito, a menudo un libro de historia de vida. La manera de comunicar esta historia depende de la edad y de las circunstancias de cada menor: puede implicarse mucho mediante actividades basadas en el juego, la cocreación de líneas de tiempo o visitas a personas acogedoras anteriores, o bien la historia puede ser recopilada por las personas adultas que intervienen en su cuidado. Cuando un bebé es entregado en adopción, este registro escrito —el libro de historia de vida— se entrega a la familia adoptiva para que lo explore a medida que la criatura crece. Estos procesos de trabajo de historia de vida ayudan a la infancia a comprender y a expresar su historia, de modo que esta pase a formar parte de su memoria y de su identidad. Facilitan la construcción de su autobiografía.

Disponer de un relato coherente de las experiencias adversas es especialmente importante para la infancia con experiencia de acogimiento, por su asociación con la recuperación del trauma, sobre todo cuando el relato está fragmentado (Jirek, 2017). Utilizar las historias de vida como parte de la formación de la identidad parte de la premisa de que el pasado «debe ser articulado para convertirse en memoria» (Huyssen, 1995, p. 3) y requiere una forma de construcción autobiográfica: «la manera en que nos contamos y contamos a los demás la historia de nuestra vida» (Misztal, 2003, p. 10). Acompañar en su memoria autobiográfica a la infancia que no vive con su familia de origen forma parte de la práctica del trabajo social en el Reino Unido. Por ejemplo, la elaboración de un libro de historia de vida es un componente obligatorio de la preparación para la adopción, ya que la normativa establece que «todo niño o niña con un plan de adopción debe tener un libro de historia de vida» (DfE, 2014, 3.10, p. 45).

Existen numerosas críticas a los libros de historia de vida que no tenemos espacio para repetir aquí (Watson et al., 2015a; 2015b; Hooley et al., 2016). Sin embargo, conviene señalar que, como intervención escrita destinada a documentar el pasado de la niña o del niño, los libros de historia de vida no pueden representar la riqueza de detalles ni los contextos temporales en los que la criatura y la persona que la cuida pueden estar intentando dar sentido a sus recuerdos, a sus vínculos y, en última instancia, a su identidad. Del mismo modo, al trabajo de historia de vida en sentido amplio, que puede prolongarse en el caso de quienes permanecen en el sistema de protección, se le reprocha que conmemora el pasado en detrimento del presente (Baynes, 2008). Además, la formación de las familias adoptivas y acogedoras puede presentar a la niña o al niño como un futuro adulto al hacer un énfasis excesivo en el carácter determinante del trauma anterior al acogimiento, que cristaliza en nociones como el «apego desorganizado», un (sobre)diagnóstico que ha recibido algunas críticas (Woolgar y Scott, 2014).

Como se documentó en un artículo anterior del mismo estudio, la infancia y la juventud con experiencia de acogimiento manifestaron su deseo de mantener conversaciones abiertas y sinceras sobre sus experiencias con las personas adultas presentes en su vida. Sin embargo, a menudo sentían que esas personas carecían de la confianza, las competencias, los conocimientos o la apertura necesarios para mantener estas conversaciones, o que no eran la persona con quien deseaban hablar de su vida (Watson et al., 2021). En el presente artículo exponemos las perspectivas de las personas adultas que gravitan en torno a la infancia con experiencia de acogimiento (profesionales del trabajo social, familias adoptivas y familias acogedoras) sobre el hecho de mantener «conversaciones difíciles sobre el acogimiento».

Presentamos datos cualitativos que exploran la posibilidad de replantear parte del «trabajo» del trabajo de historia de vida como «conversaciones sobre el acogimiento». Ello refleja un enfoque dinámico, temporal y multiperspectivo que reconoce los efectos del tiempo y de la temporalidad en las experiencias de la infancia y de las personas adultas. Para ello, nos apoyamos en los análisis del tiempo y de las temporalidades del nuevo materialismo feminista, en particular en los trabajos de Karen Barad (2017) y de Karin Murris (2020), que deshacen la comprensión de nuestra existencia en el tiempo como puramente cronológica. De este modo, el artículo cuestiona el objetivo de construir un pasado, un presente y un futuro lineales para la infancia con experiencia de acogimiento mediante una intervención como los libros de historia de vida. En su lugar, abrimos la puerta a que las personas adultas emprendan, junto con las niñas y los niños que cuidan, la coconstrucción de la memoria y de la identidad a través de conversaciones cotidianas sobre el acogimiento.

Lo que nos impulsa a teorizar este tema de esta manera es el reconocimiento de los contextos político-económico y del trabajo social en Inglaterra. Entre ellos figuran el número creciente de niñas y niños que entran en el sistema de protección y los recortes en los presupuestos de las autoridades locales, incluidos los de los servicios sociales de infancia y los servicios de salud mental de la infancia y la adolescencia (CAMHS), que no dan señales de remitir, ya que las finanzas públicas se enfrentan a una presión intensa (Elliott, 2020; Griffin et al., 2022). En este contexto, la práctica del trabajo social necesita con urgencia encontrar maneras de ayudar a la infancia y a sus nuevas familias o personas acogedoras a reconciliar su pasado, sus presentes y sus futuros. Es, por tanto, vital apoyar a las familias adoptivas y acogedoras para que abran conversaciones sobre la trayectoria de acogimiento en los momentos menudos de la vida cotidiana. En este artículo sugerimos que los principios del trabajo de historia de vida podrían entretejerse e integrarse en toda la vida familiar de maneras que no conmemoren en exceso el pasado ni lo proyecten sobre la persona adulta en devenir. Lo esencial de este empeño es disolver binarismos como el de una identidad anterior frente a una identidad posterior al acogimiento, o la búsqueda de una única autobiografía «verdadera» que haya que curar y recomponer. Los conceptos teóricos empleados en nuestro análisis se exponen en la sección siguiente.

Infancias en el tiempo y a través del tiempo

Las concepciones tradicionales de la infancia, a menudo influidas por la psicología, sugieren un modo de desarrollo lineal en el que la niña o el niño sienta las bases del adulto en devenir: una especie de «misión a la Luna». En esta trayectoria hacia la edad adulta, sumamente compleja y planificada, la infancia se considera importante (James y Prout, 2015). A este enfoque de la infancia en devenir, orientado hacia el futuro adulto, se le reprocha que no reconoce a la niña o al niño que «es», que existe ahora. Hace un énfasis excesivo en la infancia como «antecedente potencial de la neurosis adulta» (James y Prout, 2015, p. 209), algo especialmente destacado en la construcción de la infancia con experiencia de acogimiento.

Una visión evolutiva de la infancia corre el riesgo de clausurar «el espeso ahora de cada momento», que es «ya su infancia situada, así como su futuro y su presente» (Murris, 2020, p. 172). Para la infancia con experiencia de acogimiento, este «espeso ahora» temporal existe en la vida familiar de manera simultánea en condiciones temporales anteriores, presentes y posteriores. Los recuerdos, los encuentros relacionales y el sentimiento de pertenencia abarcan los ensamblajes familiares e institucionales de los que forma parte: familia de origen, familias de acogida y, en algunos casos, familia adoptiva. Las conexiones anteriores no existen solo en el pasado, sino que siguen formando parte de la niña o del niño y exigen que las personas adultas que la rodean reconozcan, respeten y hagan justicia a lo que vino antes (Murris, 2020).

Este sentido de coexistencia a través del tiempo, en múltiples temporalidades, se conceptualiza como «tiempo vivido», por oposición al «tiempo del reloj». La obra teórica de Barad resulta útil para dilucidar este concepto:

…una entidad dada puede estar en (un estado de) superposición de tiempos diferentes. Esto significa que una partícula dada puede estar en un estado de coexistencia en múltiples tiempos —por ejemplo, ayer, hoy, mañana—… No hay un tiempo determinado, solo una indeterminación temporal específica (Barad, 2017, pp. 219-220).

La noción de «tiempo vivido» no supone un rechazo del tiempo cronológico. Más bien reconoce que nuestras experiencias del mundo y la construcción de nuestra identidad descansan sobre tiempos diferentes que siempre se están «filtrando unos en otros» (Barad, 2017, p. 220). Así, concebimos las historias de vida y las identidades de la infancia como «llenas de herencias y de recuerdos, y llenas de llegadas, de cuidado de lo que todavía podría ser» (Haraway, 2016, p. 2).

Una forma de «tiempo vivido» es la conmemoración, mediante la cual se permite a la infancia mantener presentes a los miembros de su familia del pasado y honrar sus relaciones anteriores mediante juguetes, objetos significativos, libros de historia de vida y fotografías (Watson et al., 2019), en su intento de conservar vínculos emocionales con entidades y recuerdos humanos y no humanos (Rogers, 2018). Permitir que la infancia con experiencia de acogimiento mantenga presentes a los miembros de su familia de origen y conserve sus vínculos emocionales es complejo y requiere, por parte de todas las personas implicadas, lo que se describe como una forma de «salto de viaje» (travel hopping), es decir, «el arte de advertir múltiples temporalidades» (Murris y Kohan, 2020, p. 4). «Salto de viaje» es una expresión tomada de la novela breve de Kyoko Hayashi Trinity to Trinity, «escrita a través del tiempo, del lugar, de la historia y de la memoria en busca de una manera de llorar con justicia a las víctimas de los bombardeos atómicos» (Barad, 2017). Lo esencial es que el «salto de viaje» postula que, aunque las injusticias pasadas existan efectivamente en el pasado, resuenan en el presente y en el futuro, y nunca pueden borrarse existencialmente: «el pasado nunca está terminado» (Barad, 2017, p. 73).

Sostenemos que esta manera de pensar el tiempo, la temporalidad y la identidad ofrece la posibilidad de cuestionar las visiones deterministas de las infancias postraumáticas, ya que «la ontología de una entidad “en” el pasado permanece abierta a elaboraciones futuras» (Murris y Kohan, 2020, p. 9). Para la infancia con experiencia de acogimiento, dar sentido a acontecimientos traumáticos y adversos requiere algo más que catalogarlos y archivarlos. Supone aceptar que esos acontecimientos, sensaciones y recuerdos viven con ella en el presente y en el futuro, a través de los distintos dominios temporales. Ello los deja abiertos a su integración en una identidad que va más allá del binarismo antes/después del acogimiento.

En este artículo reconocemos el papel de las personas adultas en la vida de la infancia con experiencia de acogimiento, en el contexto de una convivencia en el presente que imagina el futuro y se enfrenta a las historias que las constituyen conjuntamente. La indeterminación temporal o «tiempo vivido» que, según sostenemos, representa mejor las historias de vida y las identidades de la infancia con experiencia de acogimiento plantea un reto específico para las familias acogedoras y adoptivas. Las responsabilidades hacia los entrelazamientos relacionales en la vida de una niña o un niño con experiencia de acogimiento tienden a ser más superpuestas, múltiples y decisivas que en el caso de quienes crecen únicamente con su familia de origen (Murris, 2020). Este artículo explora las respuestas, construcciones y comprensiones de las familias adoptivas, las familias acogedoras y las y los profesionales del trabajo social participantes acerca de las historias de vida y de las identidades de la infancia a través de «conversaciones difíciles sobre el acogimiento», y la manera en que estas se manifiestan a lo largo del tiempo y a través de él.

Métodos

Las personas participantes fueron reclutadas en dos zonas de autoridades locales de Inglaterra, con el apoyo de responsables de los servicios de trabajo social. La aprobación ética del proyecto fue concedida por el Comité de Ética de la Investigación de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho de la Universidad de Bristol. Dada la sensibilidad del tema, era importante que las tres personas investigadoras tuvieran experiencia de trabajo con estos grupos de participantes. La tabla siguiente presenta a las personas participantes (tabla 1).

Tabla 1 — Personas participantes y datos demográficos

  • Profesionales del trabajo social en adopción (N = 6). Jeanine; Lorna; Bobby; Finn; Isabella; Nancy.
  • Profesionales del trabajo social en acogimiento familiar (N = 5). Mariela, Jessica; Maureen; Benita; Aileen.
  • Familias acogedoras (N = 2). Alan, Des.
  • Familias adoptivas (N = 4). Esme, Bill, Sally, Bella.

El método de producción de datos fue el sandboxing, la «bandeja de arena»: cada participante recibió una pequeña bandeja portátil llena de arena y una selección de objetos pequeños, como vehículos, conchas, animales, edificios, personas, flores y árboles. Se proporcionó agua en jarras para crear charcos o para que la arena fuera más fácil de modelar. A continuación, se pidió a las personas participantes que crearan en la arena escenas que representaran sus esperanzas y sus temores ante la perspectiva de mantener conversaciones difíciles sobre la historia de vida con las niñas y los niños que cuidaban, que habían adoptado o con quienes trabajaban. Una vez terminadas las escenas de arena, realizamos una entrevista individual con una guía temática semiestructurada. (Figuras 1 y 2)

[Figura 1 (imagen de una escena creada en una bandeja de arena en miniatura con diversas figuritas y objetos pequeños): escena de arena creada por una persona participante, no reproducida aquí.]

[Figura 2 (imagen de una escena creada en una bandeja de arena en miniatura con diversas figuritas y objetos pequeños): escena de arena creada por una persona participante, no reproducida aquí.]

El método de la bandeja de arena es una adaptación del uso terapéutico del juego de arena de Lowenfeld (1979) con fines de investigación creativa no terapéutica, guiada por las personas participantes (Mannay et al., 2017). Puede encontrarse una descripción más detallada del mismo enfoque metodológico en un artículo anterior del mismo estudio, centrado en la infancia y la juventud (Watson et al., 2021). Algunas de las personas adultas participantes expresaron al principio cierta incertidumbre ante la idea de crear escenas de arena. Sin embargo, todas participaron en la actividad y comentaron después lo útil que había sido el método para darles tiempo, espacio y material físico (la arena y las figuritas) con el fin de «pensar las cosas a fondo» antes de la entrevista. Para las familias adoptivas y acogedoras, las conversaciones difíciles sobre el acogimiento atravesaban su vida diaria de forma tanto consciente como inconsciente, por lo que era importante utilizar un método que ofreciera a las personas participantes la oportunidad de volver extraño lo familiar (Mannay, 2010). La bandeja de arena nos permitió desentrañar significados que se daban por sentados acerca de las historias de vida de la infancia con experiencia de acogimiento y de las identidades que de ellas se derivan: su pasado, su presente y su futuro. También permitió a las personas participantes comunicar opiniones múltiples, a veces contradictorias, sobre las historias de acogimiento y las historias de vida de la infancia, así como sobre su propio papel en estos relatos a lo largo del tiempo.

Producir datos ricos y diferenciados sobre este tema era esencial en nuestro intento de ampliar el campo de la investigación y de la práctica del trabajo de historia de vida, que puede concebirse como una «intervención» llevada a cabo por profesionales con formación específica durante un periodo limitado (Hammond et al., 2020). También puede concebirse como un ejercicio de gestión de los riesgos asociados al trauma anterior al acogimiento (Hooley et al., 2016). Por el contrario, nuestra concepción de las conversaciones sobre el acogimiento implica reconocer los entrelazamientos del ser, la pertenencia y el devenir, en los que el pasado vive necesariamente en el presente y en el futuro, y a través de ellos. Nuestros resultados y la discusión lo exploran con más detalle a continuación.

Resultados y discusión: ser, devenir y pertenecer

Nuestros resultados se estructuran en torno a temas inspirados en la noción de Barad (2017) de la «indeterminación temporal específica» (p. 220) del pasado, el presente y el futuro. Estos temas enmarcan las experiencias y las identidades temporales como coconstruidas por las personas adultas que cuidan de la infancia. Analizamos los datos siguiendo la exposición del análisis temático de Braun y Clarke (Braun y Clarke, 2006; 2021). El uso explícito de una teorización del tiempo propia del nuevo materialismo feminista, junto con nuestros propios conocimientos y nuestra experiencia investigadora, guio el análisis y la interpretación de los datos de forma cíclica e iterativa. De ello resultaron tres temas: «Identidad, fractura y flujo»; «Reconocimiento en el momento» y «Recuerdos vivos», que se presentan a continuación.

Identidad, fractura y flujo

Este primer tema recoge la manera en que las personas participantes entendían la temporalidad en relación con la identidad de la niña o del niño. A menudo, esta se expresaba de acuerdo con concepciones evolutivas de la infancia, profundamente arraigadas en la cultura: como un tiempo fundacional para el desarrollo del futuro adulto «en devenir» (James y Prout, 2015). Muchas personas participantes insistían en facilitar el avance de la niña o del niño hacia delante, lejos de su pasado, para afianzar un sentido de sí y una vida futura más estable y satisfecha. En concreto, la mayoría de los relatos de las personas participantes concebían la identidad de la infancia1 en dos dimensiones: un «antes» (antes de entrar en el sistema de protección) y un «después» (la entrada en acogimiento o la adopción).

Las familias adoptivas y acogedoras son las más cercanas a la infancia en lo que respecta al cuidado cotidiano, al afecto y a las obligaciones. En estos grupos de participantes, la metáfora de una identidad infantil «atascada» en el espacio y el tiempo del «antes del acogimiento» era especialmente destacada:

Lleva tanto tiempo atascado… y todavía piensa que es una mala persona, así que de alguna manera avanzar para liberar esa especie de negrura que tiene encerrada dentro, creo, y cada día es una lucha constante para contenerla. Solo quiero que tenga paz interior y que disfrute de verdad de la vida y mire hacia delante y, bueno, que disfrute del presente. Tiene el presente (Sally, madre adoptiva).

La inmovilidad emocional y relacional que se percibía en la infancia preocupaba a muchas familias adoptivas y acogedoras, y pesaba sobre la niña o el niño como una «carga horrible» (Alan, familia acogedora). En algunos casos, se hablaba de niñas y niños cuya identidad estaba arraigada únicamente en el pasado, desconectada del presente:

Se presenta y se percibe como una víctima, y piensa que siempre será una víctima, y no consigue salir de ahí. Queremos ayudarle a salir de ahí teniendo estas conversaciones (Des, familia acogedora).

La fijación de la infancia en un tiempo y un espacio que, según se percibía, ya no reflejaban el presente o el futuro deseados provocaba cierta confusión y ansiedad. En esencia, las familias acogedoras y adoptivas veían a menudo la fijación de la niña o del niño con el pasado o su anclaje en el pasado como algo que le impedía vivir su presente o implicarse en lo que se presentaba como una identidad posterior al acogimiento más positiva:

Ella piensa en su [hermana] como en un bebé… Así que su imagen, su imaginación… y no podemos actualizar esas fotografías… eso probablemente la ayudaría a avanzar. Pero para ella, en ese sentido, la vida está congelada (Alan, familia acogedora).

De hecho, este sentido de un movimiento necesario desde el pasado, hacia delante, hacia el presente y el futuro, facilitado por las conversaciones difíciles sobre el acogimiento, aparecía en todas las escenas de arena de todos los grupos de participantes. Las personas participantes confiaban en que las conversaciones difíciles sobre el acogimiento curarían una ruptura o un vacío en el relato de la niña o del niño, para permitir, como afirma Jessica, profesional del trabajo social: «que todos nuestros niños y niñas amen su lugar, amen su vida». Aquí resulta útil considerar cómo el uso de las conversaciones sobre el acogimiento para curar y hacer avanzar a la infancia podría reconfigurarse a partir del «tiempo vivido», en el sentido de Barad (2017).

Las conversaciones cotidianas y menudas sobre el acogimiento basadas en el «tiempo vivido» aceptan la huella indeleble que las experiencias anteriores al acogimiento dejan en la infancia. Reconocen los traumas y las injusticias que la niña o el niño puede haber sufrido, pero también admiten que los entrelazamientos relacionales con la familia de origen pueden ser hoy una fuente tanto de alegría como de dolor. Dan vida a estos hilos temporales, tejidos de maneras pequeñas y seguras a lo largo de la vida de la niña o del niño: en la mesa de la cocina después de cenar, en el coche camino del colegio o al fantasear sobre las aspiraciones. Como afirma Barad, los «tejemos en el relato entrelazado» (p. 61). Reconocer los entrelazamientos del pasado, el presente y el futuro en la existencia cotidiana de la niña o del niño cuestionaría la idea de que, para amar su «lugar», tenga que liberarse del pasado, de que el pasado deba superarse. Esto, a su vez, podría aliviar la carga que las familias acogedoras sienten por tener que propiciarlo.

Cabe destacar que algunas familias adoptivas, y la mayoría de las y los profesionales del trabajo social cuando hablaban de ellas, hacían referencia a una sensación de estar atascadas. En este caso, las familias adoptivas se sentían a menudo (o se las presentaba como si se sintieran) bloqueadas en su propio presente o futuro por los efectos paralizantes del pasado de la niña o del niño:

Están pensando: no puedo decir nada, estoy en un callejón sin salida, y no sé qué hacer (Jeanine, profesional del trabajo social en adopción)

La idea de que reconocer la identidad y las experiencias «pasadas» de la infancia podía dañar la vida presente de la niña o del niño y de la familia puede compararse con el temor a abrir una «caja de Pandora». Este sentimiento sustentaba en parte la justificación de la investigación, y una madre adoptiva, Sally, lo resumió de manera concisa:

En nuestra formación nos dijeron que había que hacerlo con regularidad, que era importante, así que esa era mi única pregunta a todas las familias adoptivas que vinieron y con las que hablamos durante la formación: «¿Cómo lo hicisteis?», y respondían «no lo hicimos», «no lo hemos hecho, todavía no lo hemos hecho», «lo haremos pronto» o «no lo tengo muy claro» o «creo que alguien escribió un libro».

Una de las maneras en que intentamos eliminar el bloqueo de no saber cómo hablar de las historias de vida y de las identidades de la infancia, o de tener miedo a hacerlo, fue utilizar el método de la bandeja de arena. Este permitió a las personas participantes representar visualmente las conversaciones sobre el acogimiento primero de manera autónoma y reflexiva, en lugar de tener que verbalizar respuestas sobre la marcha. También se prestaba a pensar los aspectos temporales y espaciales de las conversaciones sobre el acogimiento, y por eso en la arena se creaban con frecuencia trayectos o cruces de puentes.

Estos trayectos se presentaban como empresas necesarias para sacar a la infancia de las garras de una identidad anterior al acogimiento amorfa, amenazante o caótica. Al mismo tiempo, las personas participantes reconocían que este proceso exigía que tanto las personas adultas como la infancia afrontaran, procesaran y pusieran en palabras emociones difíciles y recuerdos dolorosos:

…puede que veas un camino allí, pero si hay peligros y esa zona está defendida, podrían hacerte daño al intentar cruzar hasta allí (Esme, familia adoptiva)

El uso de estas metáforas permitió a las personas participantes representar muchas de las complejidades y ambigüedades que conlleva mantener conversaciones difíciles sobre el acogimiento. Sin embargo, lo que se describía con frecuencia era un proceso en el que el pasado podía filtrarse de forma imprevisible en el presente y en el futuro y, como afirma Esme más arriba, causar algún daño.

Una manera útil de reconceptualizar el temor a abrir una «caja de Pandora» del pasado de la infancia es recurrir a la noción de «salto de viaje» (Hayashi, 2010; Barad, 2017; Murris y Kohan, 2020). Al mantener conversaciones sobre el acogimiento con niñas, niños y jóvenes, el «salto de viaje» implicaría reconocer que nuestras identidades no pueden encerrarse en momentos lineales y cronológicos del «tiempo del reloj». Sugiere más bien que existimos como seres que saltan constantemente de un recuerdo, de una esperanza, de una sensación, de una emoción a otra, o a muchas a la vez, a través de temporalidades diferentes. Desde esta perspectiva, la tarea de las conversaciones sobre el acogimiento no es «reconstruir» un relato secuencial y lineal de la vida de la niña o del niño. El objetivo pasa a ser establecer pequeñas conexiones entre su pasado, su presente y su futuro, con la comprensión de que el pasado no puede procesarse y «guardarse»: sigue viviendo en nuestro presente y en nuestro futuro.

En conjunto, los datos de este tema muestran que las conceptualizaciones de la identidad infantil de las personas participantes se basaban por lo general en una comprensión de la temporalidad en términos de «tiempo del reloj» más que de «tiempo vivido». Sin embargo, aunque existía una fuerte sensación de que era necesario liberar a la infancia del pasado para llevarla al presente, respetar y reconocer a la niña o al niño «aquí y ahora» era también una preocupación predominante de las personas participantes, como se analiza a continuación.

Reconocimiento en el momento

Este tema explora en qué medida las familias adoptivas, las familias acogedoras y las y los profesionales del trabajo social comprendían la indeterminación temporal de la infancia en el presente; es decir, cómo entendían el papel del tiempo en la identidad de la niña o del niño «aquí y ahora». Es lo que Bella, de una familia adoptiva, describía como la necesidad constante de la niña o del niño de «esa sensación de que alguien lo reconoce». Muchas personas participantes expresaban el deber de encontrarse con la infancia tal como es, en el momento, y no de construirla en función de cómo era (antes del acogimiento) o de cómo querían que fuera (después del acogimiento):

La gente querría que la criatura sonriera y pareciera feliz, pero eso no es necesariamente… Creo que es muy molesto cuando la gente no para de intentar animar a una criatura a toda costa. De verdad que no ayuda… Calma, aceptación (Finn, profesional del trabajo social en adopción).

Cuando las personas participantes abordaban la indeterminación temporal de la niña o del niño «aquí y ahora», lo hacían a menudo en relación con su familia de origen. Quienes se resistían a «animar a toda costa» a la infancia reconocían la presencia continua de la familia de origen en su vida, fuera cual fuera el grado de contacto. En conjunto, se reconocía que la infancia existe en relación tanto con su familia adoptiva o de acogida como con su familia de origen, y que sus relaciones pasadas forman parte de su presente y de su futuro:

…una criatura se parece un poco a ellos, y eso es un poco raro, porque nunca será como ellos, pero tampoco es exactamente como ellos. Está en medio, ¿no? Entre los dos (Mariela, profesional del trabajo social en acogimiento familiar)

Había otras maneras en que las personas participantes percibían la naturaleza temporalmente entrelazada de la niña o del niño «aquí y ahora». Por ejemplo, un padre de acogida expresó su disposición a entablar un diálogo con el joven que tenía acogido sobre aspectos desconocidos del pasado de ambos, sabiendo que esa información se filtraría en sus identidades presentes y en sus yoes futuros:

Su gran pregunta era: ¿quién era mi padre? Hemos hecho la prueba de ADN… probablemente nunca sabremos quién es su verdadero padre, pero lo que quizá podamos hacer es reconstruir algo de historia para él, para decirle: mira, oye. [Nosotros] hicimos lo mismo, así que no lo hizo solo (Alan, familia acogedora)

Sin embargo, poder respetar la interacción entre el pasado, el presente y el futuro de la niña o del niño, lo que Murris (2020) denomina el «espeso ahora» de su identidad, no era sencillo. Aceptar el carácter indeleble del pasado, y a la vez que sus significados se atribuyen en el presente y en el futuro, podía resultar especialmente difícil para las familias adoptivas. Como resumió una persona profesional del trabajo social en adopción, reconocer el pasado de la niña o del niño suscita en algunas familias adoptivas una angustia existencial, por lo que ello significa para la unidad familiar en el presente:

El carácter definitivo, el deseo de proteger a la criatura del dolor y del daño. El miedo por su propia situación, a no ser la verdadera familia y a no poder cuadrar el círculo. La preocupación de no poder colmar nunca a la criatura. Un dilema existencial enorme, enorme (Isabella, profesional del trabajo social en adopción)

De hecho, los trayectos llenos de inquietud que las familias acogedoras y adoptivas emprendían al contemplar el pasado de la infancia para poder reconocerla en el presente se apreciaban en todas las escenas de arena creadas. Esta construcción del pasado se basa, cabe sostener, en una comprensión de la temporalidad en términos de «tiempo del reloj», en la que el pasado permanece «allá atrás» y mirarlo supone el riesgo de reactivar el trauma de la niña o del niño (Barad, 2017). Sin embargo, el «tiempo vivido» ilumina la manera en que el pasado está siempre en la niña o el niño «aquí y ahora» y estará siempre presente en la persona adulta futura. Ayudar a las familias adoptivas y acogedoras a comprender que el pasado está necesariamente entretejido en el presente y en el futuro podría hacer que la idea de mantener conversaciones sobre el acogimiento resultara menos aterradora y estresante.

El padre adoptivo que citamos a continuación reflexionó sobre su escena de arena, una encrucijada, de un modo más acorde con una comprensión del «tiempo vivido». Sugirió que las conversaciones difíciles sobre el acogimiento crean ambigüedades en lugar de ofrecer una manera sencilla de procesar y luego «poner en orden» el pasado de sus hijas:

Las respuestas, a veces —de ahí la encrucijada—, me gustaría pensar que hablando con las niñas obtienes una respuesta, pero eso lleva luego a emociones muy diferentes. Puede remover cosas que no son agradables para ellas… La verdad es que es un poco confuso (Bill, padre adoptivo)

En su reflexión, Bill reconoce las consecuencias que pueden precipitar las conversaciones difíciles sobre el acogimiento, entre ellas la confusión, la angustia y un periodo de inestabilidad para la niña o el niño y para la persona adulta. Reconoce también que pueden suscitar emociones diferentes, no todas necesariamente negativas. Al hacerlo, reconocía que el pasado está «vivo en el espeso aquí y ahora» (Barad, 2017). Ofrecía a sus hijas la oportunidad de ser reconocidas en el momento: los enredos confusos del pasado, atrapados en las esperanzas para el futuro y recubiertos por las respuestas emocionales del presente.

Los datos muestran que muchas familias adoptivas y acogedoras comprenden efectivamente que «las relaciones establecidas nunca desaparecen, por grandes que sean las rupturas o los obstáculos» (Rogers, 2018, p. 186). En el centro está la comprensión de que el pasado de la niña o del niño no tiene por qué conmemorarse de forma fija, sino que puede verse como una parte fluida de su identidad que no necesita ser «elaborada» y «guardada». Sin embargo, como ya se ha mencionado, las personas participantes afrontaban este trayecto o proceso con cierta inquietud, lo que indica la necesidad de un apoyo adicional para las familias adoptivas y acogedoras a la hora de llevar adelante, a lo largo de toda la vida, conversaciones sobre el acogimiento con la infancia.

Recuerdos vivos

Muchas personas participantes expresaban ansiedad y frustración por no poder verificar la exactitud de los recuerdos de la infancia ni saber cómo debía representarse la memoria. Este tema explora la manera en que las personas participantes comprendían la carga afectiva y la exactitud de los recuerdos de la infancia. Examina también el poder que tienen estos recuerdos y estas identidades «pasadas» para alcanzar el presente. La presión por ser «algo más» que madres, padres o personas acogedoras corrientes implicaba la responsabilidad de curar los recuerdos de la infancia. Así, las personas participantes entendían la memoria a la vez como un registro histórico objetivo que había que recomponer (por ejemplo, mediante los libros de historia de vida o los expedientes de acogimiento) y como algo peligroso, poco fiable y que quizá convenía evitar.

Un aspecto relacionado de este tema son las opiniones de las personas participantes sobre las prácticas de crianza y de cuidado. Como cabía esperar, un discurso especialmente dominante en el ámbito de la adopción sostiene que la infancia con experiencia de acogimiento necesita un tipo particular de crianza o de cuidado, que a veces requiere el apoyo de una intervención psicológica o de trabajo social (Staines et al., 2019). Este discurso suele estar ligado a supuestos sobre el trauma y el apego que exigirían un enfoque más «sensible» para superar lo que un artículo denomina de forma relativamente acrítica «los problemas y desafíos que plantean los niños adoptados desde el sistema de protección» (Rushton et al., 2005, p. 25). Estos discursos eran evidentes en los datos, cuando las personas participantes expresaban estas ideas en términos de pericia parental:

Recomendaríamos el A to Z of therapeutic parenting. Una gran parte está dedicada a ejemplos y situaciones concretas que nos han venido bastante bien (Esme, familia adoptiva)

Además, este tema explora la manera en que se reconocía que la familia de origen constituía una parte importante de la identidad de la niña o del niño, compuesta de «tiempos diferentes que se filtran unos en otros» (Barad, 2017, p. 220). Pero, al mismo tiempo, la familia de origen representaba también una presencia sombría, que coexistía incómodamente en el pasado y el presente de la infancia y que requería un tratamiento prudente para integrarse en su futuro.

En la mayoría de los relatos de las personas participantes, comprender con exactitud y ordenar con lógica los recuerdos de la infancia aparecía como un elemento del que dependía la posibilidad de ayudarla a «dar sentido» a su historia de acogimiento y a su identidad, y a aceptarlas. Sin embargo, Bobby, profesional del trabajo social en adopción, describe esta integración del pasado de la niña o del niño en su presente como una tarea difícil y cargada de emoción que puede ser «la serpiente escondida en la hierba… puede haber esas cosas al acecho, está ahí, y está por debajo». Lo que preocupaba especialmente a las familias acogedoras y adoptivas era no tener acceso a lo que consideraban una información completa y exacta sobre la vida de la niña o del niño antes del acogimiento. Ello hacía que curar sus recuerdos resultara muy difícil:

Cuando haces una evaluación y llevas a un niño al proceso de acogimiento, no vas a saber todo lo que ha pasado… si crees que han estado malnutridos y que no se les ha alimentado bien, probablemente no se les ha alimentado. Yo no puedo darte [al niño] los detalles y no puedo rellenar esas lagunas por ti, pero probablemente no se les ha alimentado y probablemente ese sea el motivo; pero creo también que casi quieren que se lo cuentes, y quieren que tengas todas esas piezas de información, pero no las tienes (Isabella, familia adoptiva).

Para las familias adoptivas en particular, reunir, procesar y presentar la información para ayudar a la niña o al niño a reconstruir un relato de vida coherente, propiciando su reconciliación con el pasado, se vivía como una responsabilidad central y, en algunos casos, como una carga pesada. Para aliviar esta carga, podemos volver de nuevo al concepto de «salto de viaje» en las conversaciones sobre el acogimiento. Quizá pueda favorecer que se afloje el deseo de construir un yo unificado (el de la niña o el niño), compuesto de momentos cronológicos en el tiempo; que se renuncie al «flujo continuo e incesante que avanza inexorablemente del pasado al futuro» del tiempo del reloj (Barad, 2017, p. 73).

Para las personas participantes que cuidaban de la infancia, relatar las experiencias anteriores al acogimiento, interpretarlas y ayudar a la niña o al niño a procesarlas adquiría también otro significado, una especie de coproducción de la memoria. Las personas participantes abordaban esta tarea de maneras diferentes. Algunas sentían que tenían la responsabilidad de corregir:

Hacen una pregunta, dan, a lo mejor, una fecha de nacimiento o una fecha, o un tío al que le han puesto mal el nombre, o un cumpleaños… puedes decir no, no, eso está mal, es así, y estás corrigiendo su memoria, estás corrigiendo sus recuerdos (Alan, familia acogedora)

Para otras, el valor de la memoria, y del relato que la infancia extrae de ella para construir una identidad segura y protegida que integre su pasado, su presente y su futuro, se entendía como subjetivo. Esa memoria podía ser históricamente «inexacta», compleja y contradictoria, pero aun así valiosa como parte del proceso por el que la niña o el niño llega a darse sentido a sí mismo:

Ya sabes que todos recordamos cosas diferentes y todos tenemos cosas diferentes, y cada niño es único, así que van a recordar cosas diferentes, y lo que puede ser importante para ti no va a ser importante para ellos (Isabella, familia adoptiva)

Las personas participantes subrayaban asimismo que la familia de origen suscitaba tensiones en relación con el carácter escurridizo de la memoria. Las familias adoptivas expresaban la dificultad de presentar a la familia de origen a la niña o al niño de forma equilibrada y sincera, y de incorporarla a su propio relato familiar en el presente:

Siempre nos enseñan a entender que los padres biológicos, hicieran lo que hicieran, es algo que probablemente heredaron de generación en generación, así que supongo que se trata de intentar tener un poco de compasión por ellos… (Bill, padre adoptivo)

En definitiva, como señala Bill, sostener a distintas personas en igual medida a través de las temporalidades es difícil cuando el compromiso emocional y relacional se dirige inevitablemente a la niña o al niño y no a los progenitores biológicos. Además, se consideraba que el efecto de los recuerdos de la infancia en la concepción de sí y en las relaciones actuales, incluida la relación con la familia adoptiva, se configuraba en gran medida en relación con las madres biológicas (más que con los padres):

Era muy de su papá. Mamá era un poco una enemiga, y eso reflejaba su experiencia con su madre biológica. Simplemente veía a las mamás como figuras malas (Esme, familia adoptiva)

Aquí, la idea de que la memoria vive en el pasado, el presente y el futuro, y en varias personas a la vez, se pone claramente de relieve. Es la «indeterminación temporal específica» (Barad, 2017, pp. 219-220) a gran escala, y una indeterminación que plantea problemas a los sistemas y a las instituciones, incluida la familia, estructurados por binarismos y fronteras rígidos. A estas instituciones les cuesta dar cabida a la filtración de una temporalidad en otra en la construcción de la identidad, a menudo con consecuencias graves para todas las personas implicadas:

Él no quiere hablar nunca de su pasado, así que la cuestión es cómo introducir eso, y supongo que me pilló desprevenida, pero cuando se mudó a [lugar] y yo me estaba mudando, se llevó sus cosas y no me di cuenta de que algunos de los informes de su profesional del trabajo social debían de estar entre las cosas que se llevó… de repente llamó y dijo: no sabía que mi madre había podido elegir si [renunciar a mí] [suspiro]. Literalmente me puse a temblar. (Sally, madre adoptiva)

Aunque a Sally la desconcertó esta declaración de su hijo adoptivo, en el conjunto de los datos se percibía con claridad la idea de que la infancia tenía derecho a recibir información y a comprender su trayectoria de acogimiento, aunque ello hiciera daño en el proceso a una persona acogedora o a una madre o un padre. Todas las personas adultas consideraban que la infancia tenía derecho a saber «quién la cuida, quién la quiere» en los distintos momentos de su vida (Finn, profesional del trabajo social en adopción). Además, existía el compromiso de ayudar a la infancia a desarrollar una identidad temporalmente integrada, como una empresa compartida por todas las personas adultas de su entorno; como resume Aileen, profesional del trabajo social en acogimiento familiar: «no podemos hacerlo todo, pero todos podemos hacer algo».

En conjunto, sin embargo, era evidente que para muchas personas el pasado era una perspectiva que daba miedo y que pertenecía firmemente a «allá atrás», de acuerdo con una comprensión de la temporalidad propia del «tiempo del reloj». Volver a teorizar el tiempo y la temporalidad siguiendo a Barad (2017) y a Murris (2020) ofrece la posibilidad de pensar cómo hablar con la infancia con experiencia de acogimiento sobre su pasado, sus historias de vida y sus identidades de maneras que reconozcan que los hilos del pasado están vivos en la niña o el niño «aquí y ahora» y en su futuro.

Conclusión

Este artículo subraya la importancia de acompañar a la infancia con experiencia de acogimiento en el trabajo de memoria sin concebir el pasado como un obstáculo que hay que superar o dejar atrás. El temor a reactivar el trauma de la infancia al hablar de su historia de vida puede impedir que las familias adoptivas y acogedoras y las y los profesionales del trabajo social mantengan «conversaciones difíciles sobre el acogimiento». Por ello, es necesario un cambio en los relatos deterministas sobre la infancia, centrados en la persona adulta, que consideran a la niña o al niño traumatizado como un adulto en proceso, problemático o deficitario. La marcha constante hacia el futuro de la niña o del niño debe revisarse para dar paso a un trayecto no lineal —«romperse en direcciones diferentes» (Barad, 2014, p. 168)— y hacer sitio a su pasado, su presente y su futuro en la construcción de la identidad y del yo. Paralelamente, se necesita un cambio cultural en la práctica del trabajo social que la aleje de un trabajo directo con la infancia y las familias marcado por la aversión al riesgo y centrado en la «contención» de las emociones y en la psicologización del trauma.

La responsabilidad recae también en quienes diseñan las políticas públicas, que deben construir una comprensión menos determinista de la infancia, del acogimiento y de la adopción, y tener en cuenta datos procedentes de perspectivas y fuentes diversas. Las construcciones dominantes de las políticas y de la práctica presentan a la infancia como un terreno en el que se juega mucho de cara a la edad adulta proyectada. Las identidades de la infancia y la juventud con experiencia de acogimiento quedan recubiertas en una medida aún mayor por resultados e indicadores orientados al futuro, intensamente medidos y vigilados. Estas niñas, niños y jóvenes tienen recuerdos, sentimientos y conexiones encarnadas con otros miembros de su familia que quizá ya no estén físicamente presentes en su vida y sobre quienes pesan a menudo juicios severos de déficit o de amenaza. Sin embargo, las relaciones y las experiencias que la infancia vive con su familia de origen dejan en ella una huella para siempre y son parte integrante de quién es y de quién llegará a ser. Así, comprender la ontología de una entidad en el pasado abre posibilidades para otras maneras futuras de ser (Murris y Kohan, 2020).

En lo fundamental, los datos que hemos presentado aquí invitan a profesionales y familias a imaginar a la niña o al niño con experiencia de acogimiento (como debería considerarse a toda la infancia) como alguien que coexiste en múltiples temporalidades en las que pasado, presente y futuro son indiscernibles, coexistentes y coconstructores de la identidad. Respetar la interacción dinámica entre el pasado, el presente y el futuro de las identidades de la infancia con experiencia de acogimiento no significa que los actos de daño o de violencia vividos en la familia de origen deban conmemorarse, utilizarse para definirla o perdonarse a la ligera. Sin embargo, «toda pretensión de que el pasado pueda deshacerse» (Murris y Kohan, 2020, p. 5) mediante el trabajo de historia de vida o, de manera más amplia, en las conversaciones difíciles sobre el acogimiento, debe rechazarse como objetivo. En su lugar, el anhelo de sostener, querer y cuidar a una niña o un niño en el presente debe incluir la aceptación de la huella indeleble del pasado y de su continua reelaboración en el presente y en el futuro. Aunque no existe una panacea para un trabajo tan exigente en lo social, lo emocional y lo relacional, hay recursos disponibles, entre ellos los materiales gratuitos Difficult Conversations, elaborados con este fin (https://difficultconversations.info/).

Complexe Systémique: puntos clave

Este artículo sacude una idea que se da por sentada en el acogimiento y la adopción: que hay que reconstruir un relato lineal del pasado de la niña o del niño y ayudarle después a «pasar página». Familias acogedoras, familias adoptivas y profesionales del trabajo social describen a una infancia «atascada» en el antes, y su propio miedo a abrir una caja de Pandora. El equipo propone pensar de otro modo: el pasado no puede guardarse, vive en el presente, y los lazos con la familia de origen siguen actuando. Para una lectura sistémica, es una invitación valiosa a salir de la división antes/después y a ver la identidad de la niña o del niño como tejida de varias pertenencias, sin exigir una lealtad exclusiva. En la práctica, aboga por conversaciones breves y corrientes, en la mesa o en el coche, más que por un libro de historia de vida completado de una vez por todas. El denso marco teórico se traduce todavía en pocas pautas prácticas; la muestra es pequeña, la infancia no toma la palabra en ella, y dos citas atribuyen a la misma persona una vez el trabajo social y otra vez la parentalidad adoptiva. Para leer junto con el artículo sobre los archivos digitales de grupo y la responsabilidad de la memoria en los centros de protección y el artículo sobre la reconstrucción de la identidad adoptiva a través de los artefactos.

Notas del original

1 La mayoría de las personas participantes mencionaron tener más de una niña o un niño adoptado o acogido, o haber trabajado con varios como profesionales del trabajo social.

Agradecimientos. La autoría desea dar las gracias a todas las personas que participaron en la investigación, así como a las y los profesionales que ayudaron a facilitar la recogida de datos.

Declaración de conflictos de intereses. La autoría declara no tener ningún posible conflicto de intereses en relación con la investigación, la autoría o la publicación de este artículo.

Financiación. La autoría declara haber recibido el siguiente apoyo económico para la investigación, la autoría o la publicación de este artículo: la investigación fue financiada por el Economic and Social Research Council (ESRC) en el marco de la Impact Acceleration Account de la Universidad de Bristol: ES/M500410/1.

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Traducción no oficial al español de Being, becoming, belonging: Negotiating temporality, memory and identity in life story conversations with care-experienced children and young people, de Eleanor Mary Staples, Debbie Watson y Katie Riches, Qualitative Social Work, vol. 23, n.o 1, pp. 41-57 (2024), doi: 10.1177/14733250231168605, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (escenas de arena de las personas participantes no reproducidas; declaraciones agrupadas en las notas). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Esta es una traducción no oficial del artículo original «Being, becoming, belonging: Negotiating temporality, memory and identity in life story conversations with care-experienced children and young people», publicado en Qualitative Social Work (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial y adaptado para su lectura en línea, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Staples, E. M., Watson, D., y Riches, K. (2024). Being, becoming, belonging: Negotiating temporality, memory and identity in life story conversations with care-experienced children and young people. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/being-becoming-belonging-negotiating-temporality-memory-and-identity-in-life-story (Obra original publicada en 2023 en Qualitative Social Work, 23(1), 41-57 (2024); republicada en 2024 por Qualitative Social Work, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/14733250231168605)

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