Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
The British Journal of Social Work · Protección de la infancia
¿Por qué los sistemas de protección de la infancia, por muy regulados que estén, dejan que las situaciones se deterioren sin reaccionar? Aisling Gillen y John Canavan proponen un marco de práctica basado en la teoría de la complejidad (autoorganización, dependencia de la trayectoria, bifurcación) y lo ponen a prueba con el caso ficticio de una adolescente irlandesa, construido a partir de cinco revisiones de casos reales.
Traducción no oficial al español de Complexity Theory and Child Protection and Welfare: A Tool of Hindsight and/or a Tool to Assist Improved Decision Making in Child Protection and Welfare Work, de Aisling Gillen y John Canavan, publicado en The British Journal of Social Work (Oxford University Press) (2024), doi: 10.1093/bjsw/bcad180, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Los agradecimientos del final del artículo se han agrupado en las notas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Comprender la teoría de la complejidad no eliminará la incertidumbre ni la sensación de no saber.
Aisling Gillen y John Canavan
Resumen
El maltrato y la negligencia infantil constituyen un «problema perverso» (wicked problem) (Devaney, J. and Spratt, T. (2009) ‘Child abuse as a complex and wicked problem: Reflecting on policy developments in the United Kingdom in working with children and families with multiple problems’, Children and Youth Services Review, 31(6), pp. 635–41.). Los sistemas de protección y bienestar infantil (CPW, por sus siglas en inglés) son sistemas abiertos en los que una gran variedad de profesionales y las propias familias contribuyen a los resultados. Pequeños cambios que interactúan en una parte de un sistema CPW pueden producir efectos imprevisibles y sistémicos, de modo que las soluciones lineales y tecnocráticas no bastan para abordar esta complejidad. Aunque los sistemas CPW pueden aspirar a definir con claridad funciones y responsabilidades, guiados por la legislación y las directrices reglamentarias, los sistemas complejos no se comportan como esperan quienes los diseñan. La literatura reciente muestra un giro hacia los conceptos de la teoría de la complejidad y de la teoría de sistemas para comprender el mundo de la protección de la infancia y trabajar en él. Este artículo propone un marco de práctica basado en los conceptos de la teoría de la complejidad de autoorganización/emergencia/adaptación, dependencia de la trayectoria y bifurcación. La utilidad del marco se pone a prueba aplicándolo a un estudio de caso ficticio construido a partir de un análisis temático de cinco revisiones de casos publicadas por el National Review Panel en el contexto irlandés de la protección de la infancia (2019–2020). Sostenemos que la teoría de la complejidad puede ser una herramienta útil tanto para el análisis a posteriori como para ofrecer una herramienta proactiva aplicable a la práctica que ayude a la toma de decisiones en los sistemas, servicios y organizaciones de CPW.
La protección y el bienestar de la infancia son una cuestión compleja y un desafío considerable en el plano de las políticas públicas, de la política y de la sociedad (Canavan et al., 2022). Es compleja por la multiplicidad de factores que ponen en riesgo a niñas y niños; por las dificultades de colaborar con profesionales que a menudo proceden de disciplinas distintas; por la incertidumbre propia del trabajo; por la multiplicidad de tareas que deben llevarse a cabo; por la escasez de personal y la falta de conocimientos, experiencia y tiempo de quienes intervienen (Hood, 2014; Jansen, 2018). Fish y Hardy (2015) reconocen la complejidad, la volatilidad y la imprevisibilidad de la protección de la infancia, que no pueden erradicarse. La creencia errónea de que sí pueden ha conducido a una práctica defensiva, a una cultura de la culpa, a la aversión al riesgo, a un fuerte énfasis en los procedimientos y el registro, y a una toma de decisiones centralizada basada en el mando y el control (Munro, 2010). Weberg (2012) considera que los enfoques lineales de estandarización y control impiden que las organizaciones evolucionen a la velocidad necesaria para seguir siendo pertinentes, para atenuar el riesgo y las técnicas defensivas, y para gestionar la complejidad, incluido el impacto psicológico del trabajo en las personas y los servicios.
En circunstancias de mayor complejidad de la tarea o de la clínica, cuando existe incertidumbre sobre la mejor manera de evaluar el riesgo presente y futuro y de afrontar la situación, la teoría de la complejidad puede ofrecer posibilidades para comprender mejor los procesos que intervienen en la CPW y para mejorar los resultados y el desempeño clínicos (Stevens y Cox, 2008). El desafío clave es gestionar la realidad emergente actuando y navegando por las interacciones entre agentes, organizaciones y sus ecosistemas en un entorno en cambio constante (Rhodes et al., 2010).
En este artículo proponemos un marco de práctica para la posible aplicación de la teoría de la complejidad al trabajo de protección y bienestar infantil (CPW). La primera sección examina por qué puede merecer la pena centrarse en la teoría de la complejidad. En ella analizamos los fundamentos definitorios de la teoría de la complejidad y sintetizamos la literatura en un marco para interrogar casos y sistemas complejos de CPW. Después exploramos su aplicación a un estudio de caso ficticio, para considerar cómo este marco podría informar a profesionales sobre la dinámica de la complejidad, lo que podría ayudar a sostener la práctica en tiempo real y, retrospectivamente, en la revisión de casos y de sistemas. Al hacerlo, reflexionamos sobre las dificultades de aplicar el pensamiento complejo y sobre la manera de atenuarlas.
Con el fin de establecer una base definitoria para la teoría de la complejidad, realizamos una búsqueda bibliográfica a través de la biblioteca de nuestra institución, que abarcó todas las bases de datos pertinentes de ciencias sociales y ámbitos afines, entre ellas, por ejemplo, Scopus, Social Science Citation Index, PsycINFO, CINAHL, Pubmed, ERIC, JSTOR y Google Scholar. Se utilizaron diversos términos de búsqueda, por ejemplo: complexity theory + child protection + application; complexity theory + social care + application. Se obtuvo un total de 958 publicaciones. Se excluyeron las publicaciones que no discutían una base definitoria clara de la teoría de la complejidad. Se examinaron en total cincuenta y seis artículos de revista, trece libros o capítulos de libro, dos conjuntos de ponencias de congreso, cuarenta y cuatro estudios de caso en el ámbito de la salud y cuatro estudios de caso en protección de la infancia que utilizaban la teoría de la complejidad. Nuestro análisis constó de dos etapas principales. En primer lugar, identificamos los conceptos clave de la teoría de la complejidad tal como aparecían en la literatura, entre ellos la autoorganización, la adaptación, la retroalimentación, las interacciones no lineales, la agencia, el paisaje de aptitud, la emergencia, la dependencia de la trayectoria y la bifurcación. Eran los conceptos que aparecían de manera constante en las distintas síntesis y definiciones de la literatura. La segunda etapa consistió en identificar aquellos conceptos con mayor utilidad y aplicabilidad potenciales para comprender la complejidad en un contexto específico de CPW. Nuestro punto de partida para identificar estos conceptos fueron los artículos centrados específicamente en la CPW (p. ej., Stevens y Hassett, 2007; Hood, 2014; Kettle, 2017; Colvin y Miller, 2020). No obstante, recurrimos también a nuestra experiencia conjunta en CPW: una desde la antigua dirección de servicios y la otra desde el ámbito académico y la investigación. Esta parte del análisis consistió en redactar y discutir escenarios para poner a prueba el valor de los conceptos a la hora de comprender la complejidad de un caso de protección de la infancia. En este punto, conforme a la intención del artículo, un filtro clave fue la facilidad de comprensión en el plano de la práctica. A partir de ahí llegamos a los conceptos de la teoría de la complejidad que, a nuestro juicio, permiten caracterizar el despliegue dinámico de un caso de protección de la infancia: autoorganización/emergencia, dependencia de la trayectoria y bifurcación (Stevens y Cox, 2008; Hood, 2018). Después elaboramos un marco de evaluación de la práctica, que se analiza en detalle más adelante, en la sección dedicada al estudio de caso.
No existe una única teoría de la complejidad o ciencia de la complejidad, sino múltiples conceptualizaciones que comparten algunos conceptos y herramientas. Pinheiro y Young (2017, p. 121) consideran que un sistema es «complejo» cuando «no puede describirse plenamente a través de sus componentes individuales debido a la naturaleza no lineal de las interacciones entre ellos». En los sistemas complejos, los elementos son dinámicos y coevolutivos, y se caracterizan por la autoorganización, la emergencia y la adaptación (Mitleton-Kelly, 2003). Boulton et al. (2015, p. 29) se refieren a la teoría de la complejidad como la interconexión y la interacción de actores, acción y entorno que «proporcionan el combustible para la innovación, la evolución y el aprendizaje». Las interacciones crean contingencia e incertidumbre sobre lo que llegará a ser el futuro y generan algo más que la suma de las partes, mediante la autoorganización y la evolución hacia el orden (Anderson, 1999). Las organizaciones centradas en la complejidad fomentan la comunicación y el intercambio de información entre agentes, lo que genera nuevos comportamientos en los sistemas en su conjunto (Horvat y Filipovic, 2018). Morçöl (2012) considera que la teoría de la complejidad desciende de la teoría de sistemas y que aporta nuevos métodos para investigar los sistemas. Rhodes et al. (2010) abogan por un análisis sistémico de los sistemas complejos como paso previo al análisis de su dinámica. Mitleton-Kelly (2003) considera que la teoría de la complejidad enriquece la teoría de sistemas y se apoya en ella, al formular características dinámicas adicionales de los sistemas complejos y al subrayar su interrelación e interdependencia.
Un mensaje constante de la literatura es la necesidad de más estudios sobre la aplicación de los conceptos de la teoría de la complejidad, y en particular en el contexto dinámico y cambiante de los sistemas y casos de protección de la infancia, para apreciar plenamente el valor de la complejidad a la hora de gestionar el riesgo, la volatilidad y las relaciones en los sistemas CPW (Hood, 2014). De la literatura surgieron tres conceptos dinámicos de pertinencia constante en relación con la CPW: autoorganización/emergencia, dependencia de la trayectoria y bifurcación. Los examinamos uno por uno.
La autoorganización/emergencia se refiere a la situación en la que la interacción iterativa entre todos los agentes de los sistemas implicados produce, como resultado, nuevas estructuras, comportamientos o disposiciones, o bien una mayor inestabilidad. Alude a la manera en que los sistemas se mantienen unidos por los componentes y las relaciones que existen dentro del sistema, en lugar de que una fuerza externa les imponga un orden (Cilliers, 2005). Los elementos clave de la autoorganización/emergencia incluyen el impulso espontáneo de crear orden desde el borde del caos o la zona de adaptabilidad creativa (Kaufmann, 2017). El acento se pone en la autoorganización de abajo arriba hacia un todo complejo. La emergencia es el proceso que crea un orden nuevo, irreversible e imprevisible. Las nuevas estructuras, ideas, relaciones, prácticas o formas organizativas pasan a formar parte de la historia de las personas y de las instituciones y, a su vez, influyen en la evolución de esas entidades. La adaptación se señala como una consecuencia de la compulsión a autoorganizarse. La propensión de las organizaciones y los sistemas a autoorganizarse y adaptarse aumenta con factores como la variedad y la reactividad. Glor (2007) subraya que cuanto mayor es la variedad de agentes, redes y entornos externos en los sistemas, de sus interacciones y de su disposición a aprender y a actuar a partir de ideas nuevas, mayor es la propensión a la adaptación. La reactividad se define como la sensibilidad y la apertura al cambio, y alcanza su máxima intensidad en los puntos de bifurcación del sistema, que se detallan más adelante.
Es importante comprender la autoorganización, la emergencia y la adaptación en un contexto de CPW, donde los enfoques «técnico-racionales», basados en un supuesto de causalidad lineal y reduccionismo y en procedimientos y directrices de práctica detallados, tienden a impregnar la práctica. Pero, como afirma Hood (2018, p. 12), esto ignora que «múltiples elementos interactúan y se combinan para producir acontecimientos del sistema que no necesariamente podrían haberse previsto». Los sistemas e interacciones humanos complejos cambian y se adaptan de manera imprevisible en respuesta a procesos y situaciones interaccionales y transaccionales (Stacey, 2004). Emergen diferentes patrones o comportamientos que actúan como atractores, hacia los cuales tiende a evolucionar un sistema dinámico. Estos atractores de los sistemas pueden influir en los resultados.
En los sistemas CPW no existen evaluaciones de riesgo, estrategias ni previsiones infalibles. Proteger a la infancia exige comprender procesos interaccionales complejos dentro de los límites de la inestabilidad. El tipo normativo de respuesta clínica al riesgo es principalmente cualitativo, junto con algunas evaluaciones cuantitativas del riesgo destinadas a predecir la probabilidad y la gravedad (Hood, 2014). Estos enfoques suponen un abordaje lineal de la reducción de la incertidumbre. Se han vuelto cada vez más prescriptivos a medida que se ha hecho hincapié en la necesidad de rendir cuentas. Enmarcan el riesgo como una cuestión que puede identificarse y gestionarse mediante una actividad técnica racional (Hood, 2014). La atención social pasa a ser «menos una cuestión de la “decisión correcta” y más de una decisión defendible» (Pollack, 2010, p. 12). Los enfoques de Stevens y Hassett (2007) y de Richardson (2014) han abogado por considerar la evaluación del riesgo a través de una lente de complejidad, centrada en los procesos y los sistemas y no en los procedimientos y las tareas, lo que exige atención al detalle, la identificación de límites y de comportamientos y resultados interconectados, y una comprensión no lineal de las situaciones para favorecer la flexibilidad y una verdadera resolución de problemas. Para permitir la autoorganización y la emergencia en la búsqueda de soluciones, Beresford (1991), por ejemplo, habla de aplicar el juicio profesional a cuestiones de riesgo complejas, aspirando a una especie de «certeza práctica» pero dejando también espacio para la «elección y la acción» dentro de los límites de la inestabilidad. Taylor (2017) subraya asimismo el papel del juicio profesional para garantizar decisiones fundamentadas en la evidencia en la práctica del trabajo social.
Garud et al. (2010) y Vergne y Durand (2010) definen la dependencia de la trayectoria como la situación en la que agentes o actores quedan «encerrados» (locked in), por mecanismos que se refuerzan a sí mismos, en trayectorias cuya evolución está determinada por contingencias (acontecimientos fortuitos). Entre las dimensiones clave de la dependencia de la trayectoria figura que «una vez encerrados, los actores no pueden salir a menos que se produzcan choques exógenos (externos)» (Oakden et al., 2021). La capacidad de hacer ciertas cosas y no otras depende de la historia de los sistemas, de los puntos de partida y de los bucles de retroalimentación. Jorg et al. (2020), citando a Sydow et al. (2009), plantean que la dependencia de la trayectoria tiene tres fases distintas. La fase I, de preformación, se caracteriza por elecciones que ponen en marcha procesos que se refuerzan a sí mismos. En la fase II, de formación, la dinámica desencadenada por la elección inicial hace cada vez más difícil revertir el curso de acción; por ejemplo, el aumento de una variable determinada por retroalimentación positiva conduce a un aumento mayor. Pierson (2000, p. 252) afirma que «la probabilidad de dar nuevos pasos por la misma trayectoria aumenta con cada movimiento a lo largo de ella». Emerge una solución organizativa dominante, una «trayectoria», «un atractor», que hace más ventajoso para otras personas adoptar y seguir esa institución. De hecho, a medida que las alternativas disminuyen, puede resultar difícil para los agentes desprenderse de la trayectoria establecida. En la fase III, de bloqueo (lock-in), el patrón dominante adquiere un carácter casi determinista y puede quedar completamente ligado a una trayectoria determinada. En la gestión de sistemas complejos, el interés de la dependencia de la trayectoria reside en su contribución al cambio y no a la continuidad.
Es importante comprender la dependencia de la trayectoria en el contexto de los sistemas CPW, porque profesionales y equipos directivos necesitan poder reconocer y analizar los puntos de partida y las elecciones históricas que pueden estar influyendo en su toma de decisiones dentro de los sistemas CPW. Los puntos de partida institucionales pueden influir negativa y positivamente en las futuras capacidades de respuesta de profesionales e instituciones; por ejemplo, la manera en que las organizaciones asignan recursos y equilibran las necesidades de prevención, intervención temprana, protección e intervención judicial (McGregor y Devaney, 2020) puede influir en el comportamiento profesional. Asimismo, en el plano del caso, profesionales y equipos directivos deben tener presente la dependencia de la trayectoria para poder reconocer la historia de los sistemas y los bucles de retroalimentación que influyen en su toma de decisiones y en su apego a determinados cursos de acción.
La dependencia de la trayectoria puede conducir a un bloqueo en determinadas trayectorias o actividades que puede generar inercia, pero la agencia humana, interna o externa, todavía puede cuestionar y cambiar las soluciones organizativas dominantes. Para mantener y crear flexibilidad en el sistema, Schoon (2013) aboga por que profesionales y equipos directivos adopten formas policéntricas de gobernanza organizativa que promuevan la diversidad institucional y el intercambio de ideas y conocimientos, construyan confianza y capital social mediante interacciones repetidas, aprendan mediante la experimentación y aprovechen los enfoques multinivel de la práctica.
Dawkins y Barker (2020) definen la bifurcación como la situación en la que un sistema sometido a turbulencia o inestabilidad (borde del caos) oscila entre dos o más puntos de equilibrio. El comportamiento del sistema se vuelve cada vez más errático a medida que se aleja del equilibrio, hasta alcanzar el umbral de estabilidad, marcado por un punto de bifurcación. Las bifurcaciones se caracterizan por transiciones, grandes saltos o cambios, puntos de inflexión y cambios escalonados, acontecimientos de ruptura de simetría e incrementalismo dinámico (Rhodes et al., 2010). Entre las dimensiones clave de la bifurcación figura que los sistemas complejos se reorganizan para afrontar nueva información que les permita sobrevivir en un entorno de niveles crecientes de turbulencia. Los atractores (patrones o comportamientos) emergen como una fuente de orden hacia la cual evoluciona con el tiempo un sistema bifurcado, como momentos de elección en la evolución de un caso o de un sistema. Surge un nuevo equilibrio cuando el sistema se alinea con los atractores y se reorganiza por sí mismo. El orden emerge en torno a la nueva estructura.
Otra dimensión de la autorreorganización mediante la bifurcación es que, como los sistemas se mantienen continuamente al borde del caos, cambios y acciones muy pequeños en un sistema pueden reproducirse y tener repercusiones enormes, muy por encima de lo esperado, sobre el conjunto del sistema, de manera compleja. Es lo que se denomina «efecto mariposa», pues remite a un caso en el que «pequeñas acciones pueden multiplicarse muchas veces hasta producir grandes efectos» (Overman, 1996, p. 81).
Comprender la bifurcación es importante para profesionales y equipos directivos, ya que en los casos y sistemas CPW se dan muchas condiciones que los ponen a prueba. Factores como ámbitos de trabajo técnicamente delicados o las brechas entre el desempeño de los servicios y las expectativas de las partes interesadas pueden desencadenar la inestabilidad de un caso o de un sistema. La ruptura de simetría se produce cuando un modo de funcionamiento anterior cede rápida y drásticamente el paso a otro. Se caracteriza por la discontinuidad y por cambios en el patrón, la estructura o el tono predominantes de la actividad y del discurso. Los atractores también desempeñan un papel en el apoyo a la autoorganización y la estabilidad. Dawkins y Barker (2020) afirman que, en la discontinuidad que señala una bifurcación, profesionales y equipos directivos deben considerar diversas opciones para afrontar la turbulencia y las condiciones sensibles, además de un examen minucioso de la práctica actual, o en lugar de él. Huneault y Otomo (2022) abogan en estos momentos por un modelo de colaboración que ayude a los agentes pertinentes a ser adaptativos y resilientes en lugar de rígidos. El efecto de las acciones en estos momentos puede ser difícil de determinar, pero las acciones pueden contribuir a la emergencia de atractores que cambien la respuesta a una cuestión. Sin embargo, si la contrapresión de las organizaciones y partes interesadas que apoyan la práctica actual es suficiente, las cuestiones pueden retroceder hacia una fuente de orden anterior o estancarse en un estado bifurcado de turbulencia e inestabilidad durante un periodo indefinido.
Para explorar cómo la comprensión de la dinámica de la complejidad puede ayudar a profesionales y equipos directivos a responder eficazmente a situaciones complejas de protección de la infancia, hemos creado un estudio de caso ficticio, basado en el análisis temático documental de cinco revisiones de casos publicadas en el contexto irlandés [Tusla National Review Panel Reports (2019–2020), Ava (2020); Declan (2020); Mary (2020); Simon (2019); y David (2019)]. Interrogamos el estudio de caso a partir de un conjunto de preguntas sobre las dinámicas complejas identificadas en la literatura. Estas preguntas no se incluyen en este artículo, pero puede solicitarse una copia a la autoría.
Se utiliza la metodología del estudio de caso porque su fortaleza «reside en su capacidad para explorar los procesos sociales a medida que se despliegan en las organizaciones» (Hartley, 1994, p. 212). Nuestro enfoque general de la investigación mediante estudio de caso sigue a Ragin (2015, p. 187) y su insistencia en identificar un número reducido de casos por su relevancia teórica o empírica. Aunque reconocemos y señalamos la escasa difusión de la gran cantidad de intervenciones exitosas del trabajo social en protección de la infancia y su valor para generar aprendizajes para la teoría y la práctica, nos centramos en casos de fallo del sistema, que es también una estrategia habitual en la investigación mediante estudio de caso. Así, los casos se eligen a menudo por su carácter extremo (p. ej., porque ejemplifican niveles elevados de éxito o de fracaso) o por su carácter típico o representativo (Ragin, 2015, p. 187).
El uso de estudios de caso ficticios y viñetas es propio de muchas disciplinas [p. ej., la evaluación y la planificación de programas (Walker et al., 2008); las colaboraciones entre universidad y empresa (Edmunds y Boettcher, 2021); la geografía cultural (Rabbioso y Vanolo, 2017) y la terapia sexual y de pareja (Riggs y Bartholomaeus, 2018)]. Nuestra elección de crear un estudio de caso ficticio estuvo motivada principalmente por consideraciones éticas. En lugar de utilizar un único caso real ya de dominio público y repleto de datos que habrían servido al propósito ilustrativo de este artículo, consideramos que era éticamente más sólido crear un estudio de caso que reflejara una amalgama de las experiencias reales de cinco casos. Nuestra intención con el estudio de caso es plasmar la causalidad compleja que a menudo caracteriza los casos de protección de la infancia y su gestión. Exponemos lo que ocurrió en el estudio de caso y cómo podría haber cambiado la práctica si las características dinámicas de la complejidad —autoorganización/emergencia/adaptación, dependencia de la trayectoria y bifurcación— se hubieran aplicado a la gestión del caso en este escenario.
En Irlanda, el servicio de CPW lo presta Tusla, Child and Family Agency, que incluye servicios de atención a la violencia doméstica, sexual y de género y servicios de apoyo educativo. Tusla emplea a profesionales del trabajo social, de la atención social (social care), del apoyo familiar y del apoyo educativo. El Health Service Executive (HSE) de Irlanda presta por separado una serie de servicios de atención primaria y terapéuticos para niñas, niños y familias, entre ellos psicología, psiquiatría infantil, logopedia y servicios hospitalarios de tercer nivel. Tusla y el HSE financian una serie de organizaciones voluntarias/comunitarias y privadas que prestan servicios de apoyo a la parentalidad, de apoyo familiar y de acogimiento. El caso de Cata que se describe aquí se sitúa en este contexto.
Cata (14 años), hija única, vivía con su madre, Mary, que tenía problemas de consumo de sustancias y de salud mental. Mary sufrió una sobredosis y fue atendida por el hospital y por los servicios de salud mental y adicciones para adultos (HSE). En ese momento, Cata fue derivada al servicio de trabajo social de Tusla, especializado en protección de la infancia y en cuidado alternativo. El padre, John, no participaba en la vida de Cata. En aquel momento, Cata había sido expulsada del colegio, presentaba dificultades de conducta y estaba a la espera de una evaluación de los servicios de salud mental infantojuvenil (CAMHS) (HSE). El equipo de trabajo social a cargo clasificó el caso como de «bienestar» (welfare). El equipo de trabajo social recomendó una evaluación inicial, que no se llevó a cabo. El caso de Cata se cerró. El Tusla Education Support Service (TESS) (destinado a apoyar y supervisar la asistencia escolar en Irlanda), tras una derivación del colegio de Cata, intervino y proporcionó clases a domicilio. No había ningún vínculo entre el servicio de trabajo social y el TESS. Un año después, Mary murió de una sobredosis. La familia volvió a derivar a Cata al servicio de trabajo social. En esa fase, Cata presentaba problemas de consumo de sustancias y de conducta. Como Cata asistía a un servicio Youthreach (servicio de apoyo a jóvenes en Irlanda) y su caso habría quedado en una larga lista de espera, el equipo de trabajo social implicado decidió cerrar el caso, dado que Cata ya recibía apoyos. El servicio de trabajo social no tuvo ningún contacto con Cata ni con Youthreach ni con los servicios de apoyo familiar. El servicio Youthreach había expresado su preocupación por su capacidad para responder a las necesidades de Cata. Cata vivía entre la casa de una tía y la de amistades. Debía ponerse en marcha un servicio de apoyo familiar. Cata murió a consecuencia de una agresión 3 semanas después de la muerte de su madre.
La autoría va a centrarse en el análisis del estudio de caso ficticio a través de la lente de la complejidad, para explorar cómo las dinámicas de autoorganización/emergencia/adaptación, dependencia de la trayectoria y bifurcación influyeron y podrían haber influido en la práctica en este caso. Exploraremos también qué dificulta que las y los profesionales creen las condiciones y pongan en práctica una atención a las características dinámicas de la complejidad, y qué podría ayudar a sostener la práctica.
La característica dinámica de autoorganización/emergencia/adaptación se produce como consecuencia de los patrones de implicación entre los agentes clave de un sistema. Es evidente que las interacciones en este caso se caracterizaron por la linealidad, ya que se constató una falta de intercambio de información y de interconexión entre la niña y la familia y los agentes clave del sistema en respuesta a las dos derivaciones al trabajo social. El equipo de trabajo social no contactó con la niña ni con la madre o el padre en respuesta a ninguna de las dos derivaciones. La decisión de no realizar las evaluaciones iniciales hizo que el personal clave, interno y externo, no se reuniera para examinar las necesidades de Cata de manera holística. Esto se tradujo en una falta de diversidad cognitiva, de variedad y de reactividad a la hora de abordar la creciente complejidad de las necesidades de Cata en momentos críticos. Hood (2014) analiza cómo profesionales adoptan un enfoque que considera que las necesidades complejas pueden atenderse mediante categorías discretas de prestación de servicios. En ese contexto, el trabajo integrado consiste principalmente en que los agentes coordinen respuestas de servicio individuales. Es lo que ocurrió en el caso de Cata, pero aquí habría sido más valioso cultivar un relato compartido entre agencias y sectores que favoreciera el aprendizaje, la experimentación distribuida, la autoorganización y la adaptación en respuesta a las necesidades holísticas de Cata. La falta de interconexión y de procesos interaccionales hizo que los servicios no colaboraran entre sí para apoyar a Cata y a su madre.
Una respuesta más integrada, transaccional y no lineal habría supuesto recurrir a procesos de trabajo más explícitos, p. ej., la evaluación inicial y los enfoques de red, para potenciar el intercambio de información y de conocimientos y favorecer una práctica más colaborativa (Storch, 2002). La teoría de la complejidad postularía que unos patrones interaccionales dinámicos, una atención a la construcción de sentido y un diálogo constructivo, interno y externo, contribuirían a la generación de ideas y a la autoorganización, permitiendo que emergieran nuevas soluciones. Si el equipo profesional del caso de Cata hubiera adoptado desde el principio un enfoque más dinámico para comprender y fomentar la interconexión y el intercambio de información entre los agentes, reuniendo a todos los servicios que intervenían con Cata y su familia, ello podría haber modificado sus patrones de organización interna y colaborativa y de adaptación en relación con este caso complejo. Un énfasis en la práctica participativa entre profesionales, niñas, niños y familias habría aumentado las interacciones y el intercambio de información en momentos cruciales de cambio en la vida de Cata.
Pero ¿por qué resultó difícil en este caso poner en práctica un pensamiento no lineal, interna y externamente, y cómo podría atenuarse esta dificultad? Para comprenderlo, es importante examinar cómo las organizaciones de atención social interactúan y crean, transfieren y sintetizan conocimiento internamente y entre ellas. Las principales agencias que intervinieron en este caso fueron Tusla Child and Family Agency, el HSE, organizaciones voluntarias/comunitarias, p. ej., Youthreach, y los apoyos educativos. Podemos suponer que este caso planteaba potencialmente al departamento de trabajo social el reto de gestionar la complejidad añadida de que parte de la prestación de servicios se originaba y se prestaba en un entorno externo a Tusla. También era evidente la falta de conexión entre los servicios internos, cuyo patrón consistía en responder de forma individual a las necesidades de Cata. Un paso práctico para ayudar a examinar dónde residía la complejidad podría haber sido que el servicio de trabajo social elaborara un mapa de red de los agentes pertinentes, internos y externos, y de Cata y su familia, poniendo de relieve sus interconexiones y su diferenciación mutua (Hood, 2018) y los puntos en que los servicios necesitaban aumentar sus interacciones, su autoorganización y su adaptabilidad (Colvin y Miller, 2020). La teoría bioecológica de Bronfenbrenner y Morris (2006), que hace hincapié en los entornos, las relaciones, las características personales y los procesos proximales, resulta pertinente aquí, como posiblemente lo es cartografiar la complejidad vertical, horizontal, geográfica y ambiental (Anderson, 1999). Los sistemas operativos de la atención social necesitan disponer de un abanico suficiente de respuestas integradas para hacer frente a la complejidad (Hood, 2018). Deben ser capaces de adaptar creativamente sus estructuras, rutinas y procesos internos y de centrarse en establecer alianzas o colaboraciones para aumentar la capacidad de respuesta de sus servicios (Schneider et al., 2017). Los procesos de trabajo estandarizados en la atención social y las redes formales e informales pueden actuar como mecanismos estabilizadores del flujo y el intercambio de información, interna y externamente. La falta de interacciones en este caso perjudicó la determinación de dónde residía la idoneidad para cuidar de esta joven. Una orientación más colaborativa habría permitido explorar colectivamente los límites de la inestabilidad, el espacio de posibilidades o la zona de adaptabilidad creativa, lo que podría haber conducido a mejores resultados.
En relación con el caso de Cata, el punto de partida o la trayectoria seguida a raíz de la derivación inicial al servicio de trabajo social de Tusla consistió, según el análisis retrospectivo, en clasificar este caso como de «bienestar». Se planteó que las decisiones que siguieron (no realizar evaluaciones iniciales) podían estar relacionadas con los recursos, pero quizá se debieron a respuestas históricas arraigadas en la zona y a un bloqueo en la manera de gestionar los casos clasificados como de «bienestar», es decir, en los umbrales para las decisiones de intervención. Pese a los indicios de escalada de la complejidad en este caso entre la primera y la segunda derivación, la respuesta de la zona fue igualmente débil en ambas. El equipo de trabajo social de Tusla siguió la misma trayectoria en las dos derivaciones. No entrevistó a la niña ni realizó una evaluación inicial, que habría sido la práctica estandarizada exigida. Esta falta de una práctica centrada en la niña repercutió negativamente en el trabajo integrado, el intercambio de información y la construcción colectiva de sentido en este caso.
Como mínimo, si el equipo de trabajo social de Tusla hubiera recurrido a la trayectoria de sus procesos de trabajo estandarizados, por ejemplo llevando a término la evaluación inicial, esto podría haber actuado como mecanismo estabilizador y como atractor capaz de reunir a los agentes para colaborar en el abordaje de la complejidad de este caso. Es posible que la respuesta histórica de los servicios de trabajo social a los casos de «bienestar» estuviera encerrando a profesionales en una capacidad de respuesta lineal y limitando su atención al examen abierto de los riesgos, los peligros y los posibles desenlaces vitales para Cata. Si el equipo de trabajo social se hubiera preguntado, en los momentos de derivación inicial, qué impulsaba la toma de decisiones clave, a través de la lente de la complejidad que ofrece la dependencia de la trayectoria —p. ej., examinando la historia del caso y del sistema, los puntos de partida, los puntos de refuerzo y de cuestionamiento—, ello podría haber permitido que emergieran nuevas trayectorias y consideraciones colaborativas.
Es importante considerar qué dificulta poner en práctica un enfoque de dependencia de la trayectoria en la gestión de casos y sistemas, y qué podría sostener la práctica. Una dificultad clave para adoptar un enfoque de dependencia de la trayectoria es identificar las condiciones históricas e iniciales y los acontecimientos contingentes (o fortuitos) que influyen en la trayectoria seguida; los mecanismos que reducen el atractivo relativo de las alternativas y los choques exógenos que potencialmente liberan al sistema de su historia (Vergne y Durand, 2010). Por ejemplo, quizá los recursos limitados en el caso de Cata bastaron para impedir que se siguieran trayectorias alternativas. Quizá la notable complejidad de la respuesta a este caso en el entorno externo desorientó la complejidad de la respuesta interna de la agencia. Los agentes implicados tienen que ser capaces, contar con apoyo y estar dispuestos a participar de forma proactiva en discusiones y debates sobre su historia pasada y sobre cómo podría estar influyendo en su estado presente y en su desempeño futuro. Aportar una agencia activa e intersectorial a la construcción de trayectorias es clave, sin dejar de trabajar con las contingencias en los casos y sistemas complejos.
Este análisis pondría de relieve la necesidad de que profesionales enmarquen su práctica en una conciencia profunda de los factores dinámicos que pueden estar contribuyendo a su toma de decisiones y a su bloqueo en determinadas trayectorias o maneras de trabajar y de responder. Como subraya Richardson (2014), es importante cartografiar las variables importantes, los datos históricos, las dinámicas previstas y las dinámicas deseadas en los casos complejos. Comprender la dependencia de la trayectoria y cómo puede influir en la acción podría haber favorecido una atención más profunda a la práctica reflexiva y de supervisión como forma de cuestionar la rigidez y de favorecer la apertura en la gestión de casos y sistemas complejos (Ruch, 2007).
En el caso de Cata hubo puntos de inflexión o de bifurcación significativos que pasaron desapercibidos, como el reconocimiento del impacto de los problemas de salud de la madre y de su muerte en el bienestar de Cata. Condorelli (2016) señala la importancia de conocer y reconocer los puntos críticos en los que un caso entra en una situación caótica, para comprender lo que ocurre en la discontinuidad. En el caso de Cata se percibía que el servicio de trabajo social no identificaba los desencadenantes ni las consecuencias de los puntos de inflexión alcanzados, y que no reaccionaba de manera diferente o flexible ante los momentos cruciales de cambio y de transición en la familia. Cata parecía flotar en un espacio ambiguo entre servicios. Tanto el intento de suicidio de la madre de Cata como su muerte un año después eran situaciones de alto riesgo, capaces de desestabilizar el equilibrio en la vida de cualquier niña o niño. Hood (2014) analiza la dicotomía entre la volatilidad, asociada al alto riesgo, y la deriva. En el caso ficticio de Cata, profesionales persistieron en responder al desequilibrio mediante respuestas de servicio individualizadas y desconectadas. Si el equipo de trabajo social hubiera mirado la situación de Cata a través de la lente de la complejidad, con un marco de referencia orientado a comprender la incertidumbre, la turbulencia, el desequilibrio y el efecto de la retroalimentación, tanto positiva como negativa, en la vida de una niña o un niño, esto podría haber favorecido una mayor creatividad y una gestión del riesgo más focalizada en su respuesta a Cata (Hood, 2014).
Necesitamos considerar qué dificulta poner en práctica una atención a la bifurcación y qué podría sostener la práctica. Laming (2003, párr. 17.106) señaló en el informe sobre Victoria Climbie que «los casos de protección de la infancia no siempre llegan etiquetados como tales». Las organizaciones de protección de la infancia pueden apoyarse de forma desmesurada en los umbrales (con algunas orientaciones clínicas) para identificar los niveles de riesgo en las situaciones de niñas, niños y familias, en particular en relación con los casos de «bienestar». Este enfoque ha sido criticado (Klein, 2008, 2011) por desviar la atención del papel de los procesos de pensamiento profesional en las decisiones sobre negligencia o bienestar. Para profesionales, emitir juicios sobre los puntos de inflexión en el trabajo de protección de la infancia entraña complejidad. Kettle (2017) constató que rara vez preocupa a profesionales responder a incidentes aislados preocupantes, que perciben como delimitados y, en consecuencia, relativamente fáciles de interpretar, que es como se abordó el caso de Cata. Es cuando se produce una acumulación creciente de preocupaciones cuando los juicios y la toma de decisiones se vuelven más complejos. Las dificultades para reconocer un punto de inflexión en el trabajo de protección de la infancia derivan de la complejidad que surge cuando las preocupaciones empiezan a acumularse. Los puntos de inflexión identificados desde fuera y comunicados al servicio de trabajo social pueden llegar además cargados de una ansiedad que el servicio pasa entonces a soportar, lo que también puede repercutir en la toma de decisiones.
Entre los ejemplos de lo que podría sostener la práctica figura evitar un síndrome de «volver a empezar» con cada nueva derivación y velar, en cambio, por que la complejidad de un caso se analice de forma temporal y cronológica, recurriendo a la práctica reflexiva y de supervisión (Kettle, 2017). Esto supondría aumentar el nivel de escrutinio y de búsqueda de evidencias, o intentar implicar a servicios adicionales, o recurrir a instancias formales de toma de decisiones, p. ej., las conferencias de caso de protección de la infancia, para ayudar a reunir la información y a las y los profesionales que intervienen con la familia en los momentos cruciales de cambio y de transición. El reto de trabajar con el desequilibrio exige atender a los datos históricos y predictivos. Supone mantenerse firme, en circunstancias volátiles, para avanzar hacia respuestas racionales y adecuadas a situaciones complejas en la vida de niñas, niños y familias. Dawkins y Barker (2020) describen la importancia de construir patrones, de explorar o conjeturar la evolución de las cuestiones y de centrarse en la construcción de sentido. En la gestión de casos complejos de protección de la infancia hay que encontrar un equilibrio entre la búsqueda de evidencias decisivas y la acción en respuesta a los puntos de bifurcación clave (Skotte, 2018).
Una limitación metodológica de este artículo es que el análisis presentado se basa en un estudio de caso ficticio. Un paso siguiente para poner verdaderamente a prueba este marco de evaluación de la práctica basado en la teoría de la complejidad sería estudiarlo en contextos reales, por ejemplo mediante un diseño de investigación-acción (Seymour y Davies, 2002). Solo entonces sería posible determinar realmente su aplicabilidad, su operatividad y su utilidad ante la complejidad inherente al trabajo de protección de la infancia.
Este artículo se propone examinar por qué y cómo podríamos adoptar una lente de complejidad y aplicar los conceptos de la complejidad al trabajo de protección de la infancia, tanto retrospectivamente como en la práctica. Cuando adoptamos una lente de complejidad en el trabajo de protección de la infancia, utilizando estos tres conceptos de autoorganización/emergencia/adaptación, dependencia de la trayectoria y bifurcación, esto puede ayudar a profesionales y equipos directivos a adoptar un enfoque sociotécnico holístico de la práctica de protección de la infancia (Munro, 2010). Este enfoque ayuda a profesionales, valiéndose de su pericia humana, a interpretar y analizar críticamente la información cualitativa, en lugar de apoyarse únicamente en procesos de trabajo estandarizados y en umbrales. Les permite responder y actuar con flexibilidad y capacidad de adaptación ante situaciones volátiles, consecuencias inesperadas y estados de «crisis» que a menudo acompañan a los riesgos para la infancia. Profesionales de la CPW se enfrentan al reto de gestionar la volatilidad y la imprevisibilidad. La dicotomía de este trabajo se sitúa entre la necesidad de establecer estabilidad y control. Centrarse en la gestión del riesgo a través de una lente de complejidad puede ayudar a profesionales a adentrarse plenamente en las complejidades del riesgo en cada situación y a aportar claridad a responsabilidades dispares, lo que puede contribuir a aliviar la presión sobre el personal.
Las dificultades a las que se enfrentan profesionales al adoptar un enfoque de complejidad en la práctica aumentan en sistemas operativos lineales, burocráticos y con aversión al riesgo, más preocupados por los objetivos, las normas, las especificaciones y la rutinización de las funciones. Esto contrasta con enfoques más orientados a situar el trabajo de protección de la infancia dentro de un marco ecológico interpretativo más amplio, con énfasis en las relaciones internas y externas y en el apoyo a las familias. Aunque adoptar una lente de complejidad en el trabajo de CPW puede resultar difícil, es posible, utilizando la lente de complejidad que propone este artículo, que profesionales y equipos directivos consideren el riesgo, la volatilidad y las relaciones en el trabajo de protección de la infancia de una manera más abierta, en la práctica y mediante la revisión de casos. Jansen (2018) subraya la importancia de que profesionales y equipos directivos estén preparados para trabajar con lo que no pueden prever. Comprender la teoría de la complejidad no eliminará la incertidumbre ni la sensación de no saber, pero ser conscientes de la complejidad y de cómo pensarla puede hacer que las situaciones resulten menos abrumadoras.
En el plano del caso, una atención a la complejidad permite a profesionales reflexionar, en primer lugar, sobre el sistema del que forman parte y considerar cuáles son las personas profesionales, los equipos y las redes clave con quienes necesitan interactuar, y de qué manera. Una atención a la complejidad sostiene una práctica integrada de apoyo protector y de protección que apoya, por su enfoque dentro de un marco bioecológico que hace hincapié en el trabajo en red formal e informal entre los micro-meso y los exo-macrosistemas (McGregor y Devaney, 2020). En el plano del sistema, una atención a la complejidad refuerza la importancia de los enfoques interaccionales, transaccionales y colaborativos del trabajo de CPW. La teoría de la complejidad permite a las organizaciones poner un fuerte acento en el trabajo en red, lo que hace posible una toma de decisiones distribuida y el fomento de condiciones que permitan a la organización adaptarse con rapidez y eficacia a las presiones internas y externas, lo que favorece el cambio y la innovación (Weberg, 2012; Klijn, 2008).
Complexe Systémique: puntos clave
Este texto interpela a la práctica sistémica porque introduce en la protección de la infancia nociones familiares para terapeutas: bucles de retroalimentación, atractores, puntos de inflexión, efecto mariposa. El caso ficticio de Cata muestra un sistema que «responde» sin llegar nunca a reunirse: dos derivaciones clasificadas como de «bienestar», ninguna evaluación inicial, servicios que actúan cada uno por su cuenta y una adolescente que va a la deriva entre ellos hasta que se produce la tragedia. La dependencia de la trayectoria arroja luz sobre algo que se encuentra a menudo en supervisión: una primera categorización que congela lo que sigue, y el reflejo de «volver a empezar» con cada nueva derivación. En la práctica, el artículo invita a cartografiar la red de servicios y de personas en torno a la niña o el niño, a releer la historia del expediente en lugar del incidente aislado, y a tratar las crisis familiares como bifurcaciones que requieren una respuesta colectiva. Límites: un caso construido a partir de cinco revisiones publicadas, un marco aún no probado sobre el terreno y un vocabulario de la complejidad empleado a veces de forma metafórica. Puede leerse junto con el artículo sobre el pensamiento complejo y el artículo sobre los conflictos parentales graves como problema perverso.
Notas del original
Agradecimientos. Queremos expresar nuestro reconocimiento y agradecimiento a quienes, como colegas de la University of Galway, tuvieron la amabilidad de revisar los borradores de este artículo: Prof. Caroline McGregor y Dr. Carmel Devaney.
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Traducción no oficial al español de Complexity Theory and Child Protection and Welfare: A Tool of Hindsight and/or a Tool to Assist Improved Decision Making in Child Protection and Welfare Work, de Aisling Gillen y John Canavan, The British Journal of Social Work, vol. 54, n.o 1 (2024), doi: 10.1093/bjsw/bcad180, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (agradecimientos agrupados en las notas). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial del artículo original «Complexity Theory and Child Protection and Welfare: A Tool of Hindsight and/or a Tool to Assist Improved Decision Making in Child Protection and Welfare Work», publicado en The British Journal of Social Work (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Gillen, A., y Canavan, J. (2024). Complexity Theory and Child Protection and Welfare: A Tool of Hindsight and/or a Tool to Assist Improved Decision Making in Child Protection and Welfare Work. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/complexity-theory-and-child-protection-and-welfare-a-tool-of-hindsight-and-or-a-tool (Obra original publicada en 2023 en The British Journal of Social Work, 54(1), 59-76 (2024); republicada en 2024 por The British Journal of Social Work, https://academic.oup.com/bjsw/article/54/1/59/7236820)
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