Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Family Therapy · Terapia familiar
Cuando personas adultas reclutan a jóvenes para vender droga, ¿puede la terapia multisistémica marcar todavía la diferencia? El equipo de Simone Fox entrevistó a cuatro jóvenes y a seis madres que habían completado la MST en tres centros ingleses. Ayudan el toque de queda, la calidez recuperada, una red de madres y padres y unos servicios coordinados; las personas adultas que explotan, a veces madres o padres de otras personas jóvenes, siguen siendo el principal obstáculo.
Traducción no oficial al español de Multisystemic therapy for young people involved in or at risk of child criminal exploitation: Young people and Caregivers' perspectives, de Simone Fox, Holly Wake y Emily Glorney, publicado en Journal of Family Therapy (Wiley) (2024), doi: 10.1111/1467-6427.12471, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Puede que la intervención necesite mejoras para afrontar los retos específicos que plantean quienes están en riesgo de explotación.
Simone Fox, Holly Wake y Emily Glorney
Resumen
La explotación criminal infantil es una forma de maltrato infantil, vinculada a la implicación juvenil en bandas y con graves consecuencias duraderas para las comunidades. La terapia multisistémica (MST) es una intervención sistémica para la conducta antisocial que cuenta con una amplia base de evidencia, pero hay poca investigación centrada en jóvenes con implicación en bandas o víctimas de explotación criminal. Mediante entrevistas semiestructuradas, este estudio exploró de forma cualitativa la experiencia de la MST de jóvenes en riesgo de explotación (n = 4) y de sus personas cuidadoras (n = 6) en tres centros de Inglaterra. El análisis temático hizo emerger cuatro temas: los cambios experimentados; la mejora de la relación entre la persona cuidadora y la persona joven; los facilitadores del cambio; y los obstáculos al cambio. El proceso de la MST facilitó el cambio de conducta y favoreció la creación de redes de apoyo para las personas cuidadoras y el vínculo con jóvenes de su edad prosociales. Entre los obstáculos al cambio figuraban la relación de la persona joven con personas adultas negativas y los frecuentes cambios en sus relaciones entre iguales. Se recomienda seguir explorando las complejas relaciones entre las personas adultas negativas y la juventud en riesgo de explotación.
Puntos para la práctica
La terapia multisistémica (MST) es una intervención familiar de base comunitaria destinada a jóvenes al borde de una medida de protección o de privación de libertad que presentan importantes dificultades de conducta sistémicas (Henggeler & Borduin, 1990). Desarrollada originalmente en Estados Unidos para abordar la conducta antisocial grave (Henggeler et al., 1998), se basa en un modelo socioecológico (Bronfenbrenner, 1979) que parte del supuesto de que la conducta antisocial está multideterminada y se relaciona con los factores de riesgo de la persona joven y de la ecología más amplia que la rodea (Henggeler et al., 2009). La intervención busca empoderar a la persona cuidadora para que apoye a su hijo o hija con sus conductas en los distintos sistemas. Suele aplicarse de forma intensiva durante 3–5 meses. La MST es probablemente la intervención más evaluada del mundo para la conducta antisocial juvenil, y la investigación ha demostrado reducciones de las tasas de delincuencia, del consumo de sustancias y de las salidas del hogar familiar hacia otras formas de acogida (MST Services, 2024).
Un metaanálisis ha mostrado que las relaciones con iguales de influencia negativa son el predictor más potente de la conducta antisocial en la juventud (Lipsey & Derzon, 1998). Se ha observado que la relación con iguales de influencia negativa media los resultados de jóvenes atendidos en acogimiento familiar terapéutico multidimensional (p. ej., van Ryzin & Leve, 2012). La implicación juvenil en bandas puede considerarse una manifestación extrema de las relaciones con iguales de influencia negativa (Carson et al., 2017), que probablemente supone un verdadero desafío para lograr resultados positivos. La explotación infantil está estrechamente vinculada a la implicación en bandas (Children Commissioner, 2019). En el Reino Unido se emplea habitualmente la terminología de la explotación para describir a una población de jóvenes que pueden estar «implicados en bandas», pero que en última instancia son víctimas de explotación criminal o sexual en beneficio de otras personas (Home Office, 2018). Existen fuertes vínculos entre la explotación infantil y la conducta antisocial (NSPCC, 2024). Las víctimas de captación (grooming) y explotación pueden delinquir como consecuencia del abuso sufrido o por la coacción y las amenazas de quienes las explotan (Cockbain & Brayley, 2012).
En 2019, el Home Office financió la creación de Unidades de Reducción de la Violencia para ofrecer una respuesta estratégica coordinada que redujera la violencia, incluida la delincuencia vinculada a las bandas. El enfoque se basa en el trabajo de la Unidad de Reducción de la Violencia de Escocia, que adopta la definición de enfoque de salud pública de la Organización Mundial de la Salud (Craston et al., 2020). En 2021 se encargaron nuevos servicios para aplicar un enfoque multisistémico e informado sobre el trauma frente a la violencia juvenil (Fox & Thakordas-Desai, 2024).
Pese a la amplia base de evidencia que respalda la eficacia de la MST, ha habido menos investigación centrada específicamente en la MST con jóvenes con implicación en bandas. El documento estratégico del Home Office Ending Gang and Youth Violence (HM Government, 2011) aboga por promover el trabajo familiar intensivo con las familias con más dificultades, incluidas las de miembros de bandas, y destaca la posible utilidad de la MST. La Serious Violence Strategy (HM Government, 2018) se hizo eco de esta orientación y respaldó la MST como intervención de elección. Boxer (2011) y Boxer, Veysey, et al. (2015) evaluaron el impacto de la implicación en bandas en la eficacia de los resultados del tratamiento con MST. Estos estudios mostraron que la juventud implicada en bandas tenía una probabilidad significativamente menor de cerrar el caso con éxito tras participar en la MST que la juventud no implicada. Sin embargo, utilizando la misma muestra que el artículo de Boxer, Kubik, et al. (2015), Boxer et al. (2017) mostraron que no había diferencias significativas en las tasas de nueva detención entre jóvenes con y sin implicación en bandas, lo que sugiere que la MST era igual de eficaz para reducir la delincuencia en ambos grupos. Esto concuerda con los resultados de la literatura más amplia sobre el tratamiento con MST (según la cual cierta dosis de MST sigue reduciendo la reincidencia en comparación con la atención habitual en jóvenes del sistema de justicia juvenil) (Schaeffer & Borduin, 2005).
Se ha demostrado que el contacto regular con iguales de influencia negativa predice el abandono del tratamiento en la juventud (De Haan et al., 2013), y que una menor relación con iguales de influencia negativa predice resultados positivos en la MST (Tiernan et al., 2015). Un metaanálisis ha mostrado que la MST logró menos cambios en las relaciones entre iguales que en las relaciones familiares o en el ajuste individual (Curtis et al., 2004). Las personas cuidadoras señalan además que el ámbito en el que resultaba más difícil intervenir era la relación con iguales de influencia negativa (Tighe et al., 2012).
Un estudio que exploró la experiencia de terapeutas de MST en el trabajo con jóvenes con implicación en bandas planteó la hipótesis de que la banda actuaba como rival de la intervención, porque los recursos de la banda para atraer a la persona joven superaban los de sus madres y padres (Packer, 2014). Ver a la persona joven como parte de un sistema separado y más poderoso generaba en terapeutas una sensación de desesperanza, así como la percepción de que la juventud implicada en bandas presentaba un mayor riesgo de violencia y de conducta delictiva. En el momento de realizar esta investigación, ningún estudio se había centrado explícitamente en la MST para la explotación infantil.
El presente estudio se apoya en los primeros resultados de la investigación de Packer (2014). Es la primera exploración cualitativa de la experiencia de la MST de jóvenes y personas cuidadoras cuando existe preocupación por explotación o implicación en bandas; la pregunta de investigación buscaba comprender su experiencia de la MST, incluidos los obstáculos y los facilitadores para reducir la conducta delictiva de la persona joven y su contacto con otras personas implicadas en conductas antisociales.
Se elaboraron dos guiones de entrevista semiestructurada, uno para personas cuidadoras y otro para jóvenes, a partir de una revisión de la literatura y siguiendo la cronología y los objetivos de la MST. Las preguntas abiertas se organizaron en torno al antes, el durante y el después de la intervención de MST, con preguntas adicionales específicas sobre la conducta que motivó la derivación de cada participante y redactadas en un lenguaje adecuado a su etapa de desarrollo. Por ejemplo, entre las preguntas figuraban: ¿Qué fue útil y qué no lo fue para abordar la implicación de su hijo o hija en actividades delictivas?, ¿Qué hiciste con tu terapeuta de MST o con tu madre, tu padre o tus personas cuidadoras respecto a la gente con la que te juntabas?, ¿Qué fue útil o poco útil de eso? y ¿Qué partes fueron difíciles y por qué? Antes de introducir pequeñas modificaciones y recoger los datos, se obtuvo la opinión de una persona cuidadora y de una persona joven, como personas expertas por experiencia, sobre los dos guiones de entrevista, con consejos sobre la mejor manera de llevar a cabo la entrevista y sobre cómo hacer más claras las preguntas.
Las personas participantes se reclutaron en tres centros de MST pertenecientes a organizaciones benéficas y a autoridades locales de tres zonas geográficas de Inglaterra. Los criterios de inclusión eran: jóvenes de 10 a 17 años, o sus personas cuidadoras, que hubieran completado la intervención de MST en los 2 años anteriores. Los criterios que siguen se elaboraron junto con un ensayo de viabilidad independiente que exploraba el uso de la MST para reducir el riesgo de explotación criminal (Langdon et al., 2023). Se acordó que presentar al menos dos de las conductas de la lista indicaría que la persona joven estaba en riesgo de explotación criminal o de implicación en bandas, según los predictores de riesgo de la literatura sobre explotación. El foco se puso en las conductas en la comunidad más que en las conductas en el hogar.
La persona joven debía haber sido derivada por al menos dos de las conductas siguientes:
Terapeutas de MST identificaron a las personas que cumplían los criterios de inclusión y les informaron de la investigación; si las posibles participantes mostraban interés, se las derivaba a la investigadora para recibir más información antes de dar su consentimiento a participar. Se utilizó, por tanto, un muestreo de oportunidad.
Terapeutas de MST identificaron a un total de treinta y siete posibles participantes (veintiuna personas cuidadoras y dieciséis jóvenes): seis no quisieron participar, con veinte no fue posible contactar y una persona dio su consentimiento pero después se retiró. No se exploraron los motivos de la no participación y se respetó el derecho a negarse. En total se reclutaron 10 participantes para el estudio (seis personas cuidadoras y cuatro jóvenes; tres de ellos formaban díadas persona cuidadora–joven). La tabla 1 ofrece la información demográfica de cada participante.
Tabla 1 — Características demográficas de las personas participantes.
El Comité de Ética de Royal Holloway University of London concedió la aprobación ética. Además, cada centro de reclutamiento aprobó la investigación en su ámbito local. Se obtuvo el consentimiento informado antes de realizar las entrevistas (incluido el consentimiento de la persona cuidadora si la persona participante tenía 15 años o menos). Las entrevistas se realizaron mediante la plataforma de videollamadas Zoom o por teléfono. Su duración osciló entre 40 y 90 min, según lo centradas que estuvieran las personas participantes al responder a las preguntas.
Las entrevistas se transcribieron literalmente y se analizaron mediante un enfoque inductivo y latente del análisis temático (AT) para comprender las experiencias de las personas participantes en su contexto social más amplio. El AT permitió identificar y analizar patrones y significados en los datos, siguiendo las seis fases de Braun y Clarke (2006): familiarización, codificación inicial, identificación de temas, revisión y depuración de códigos y temas, clarificación y definición iterativas del significado de los temas y redacción del informe.
Se siguieron las seis pautas de Elliott et al. (1999) para una investigación cualitativa de buena calidad, incluidas comprobaciones de credibilidad dentro del equipo de investigación. Por ejemplo, la transcripción de la primera entrevista fue revisada por las coautoras para establecer la calidad de los datos y codificada por dos de ellas, con un buen grado de acuerdo. Todas las coautoras discutieron los temas iniciales, con referencia a las diez transcripciones, y se acordaron los temas y subtemas finales. Después, en línea con Elliott et al. (1999), se consultó a una persona participante sobre los resultados y el mapa temático para asegurar que los temas resonaban con su experiencia. Aunque no existe un tamaño muestral definitivo para aplicar el análisis temático, hay cierto consenso en que la saturación de los datos suele alcanzarse en las doce primeras entrevistas (Guest et al., 2006). Con la muestra de diez del presente estudio y con la atención adicional prestada a los seis principios de Elliott et al. (1999) para una buena investigación cualitativa, la autoría optimizó la integridad de los datos, atendiendo a la vez a la reflexividad y a la subjetividad inherentes al análisis temático (Braun & Clarke, 2019).
Todas las entrevistas las realizó una misma investigadora, que llevó un diario reflexivo a lo largo de todo el proceso de investigación. Esto permitió detallar las reflexiones, los supuestos y los sesgos personales durante las fases de recogida y de análisis de los datos. Las reflexiones se compartieron con las otras dos autoras, una con amplia experiencia en MST y la otra en el proceso de investigación. Todas las investigadoras tenían formación posdoctoral, eran blancas y mujeres, y tenían experiencia de trabajo en el sistema de justicia penal. El equipo de investigación se reunió periódicamente para discutir cómo influía esto en las entrevistas, el análisis y la interpretación de los datos, teniendo en cuenta las cuestiones de poder y de diferencia. Mediante este proceso de triangulación, el equipo de investigación se implicó activamente en mitigar los sesgos en la comprensión de los datos.
El análisis temático hizo emerger, en relación con la pregunta de investigación, cuatro temas principales (los cambios experimentados, la mejora de la relación entre la persona cuidadora y la persona joven, los facilitadores y los obstáculos al cambio) y trece subtemas (véase la figura 1). El segundo tema, aunque conectado tanto con los cambios como con los facilitadores, se consideró un tema significativo por derecho propio. Aunque no todos los subtemas aparecían de forma explícita tanto en las personas cuidadoras como en las jóvenes, las opiniones de unas y otras son igual de importantes.

Como resultado de su participación en la MST, las personas participantes señalaron cambios en dos ámbitos: las conductas que motivaron la derivación y la perspectiva de la persona joven.
Las personas participantes señalaron reducciones, y a veces el cese, de las conductas que motivaron la derivación (agresividad, desapariciones, conducta delictiva y consumo de sustancias).
«Ya no desaparecía por la noche, no tenía que llamar a la policía… me avisaba de dónde estaba» (CG2).
«Empecé a portarme mucho mejor en el instituto… dejé de meterme con, o sea, la gente equivocada, de meterme en líos con la policía» (YP1).
La implicación de la MST con la familia aumentó la conciencia de las personas jóvenes sobre el impacto que su conducta, en particular las desapariciones, tenía en el sistema familiar, lo que les motivó a cambiar su conducta.
«El hecho de que… les estaba haciendo pasar tanto estrés, eso es lo que de verdad… hizo que dejara de desaparecer porque… sé que cuando mi madre pasa estrés… le pueden dar ataques epilépticos… y esa es la principal… razón por la que lo dejé» (YP1).
Las personas jóvenes tomaron conciencia del posible impacto de su conducta en sus oportunidades futuras y en la vida que querían construirse. Tras participar en la MST se orientaron más hacia el futuro, un cambio que notaron una vez terminada la intervención: «antes era en plan “no, me da igual”, pero ahora sí que he pensado que quiero un futuro porque me encanta el dinero… me he dado cuenta de “por qué iba a juntarme con esos [iguales poco útiles]”… no creo que ellos [MST] te ayuden en el momento, pero después empiezas a pensar y te das cuenta de que ha tenido un efecto» (YP2).
Las personas jóvenes notaron un cambio en su perspectiva sobre sus relaciones entre iguales y tomaron más conciencia del impacto que esas amistades negativas tenían en su conducta. «Eran una mala influencia y nunca me di cuenta… me hacían hacer cosas que no debería hacer… hacían cosas conmigo que no debería estar haciendo a mi edad» (YP4).
Tanto las personas cuidadoras como las jóvenes notaron mejoras en su relación mutua. Las personas cuidadoras describieron sus esfuerzos para que la persona joven quisiera estar más en casa, aumentando los atractivos del hogar familiar y mostrando más calidez hacia su hijo o hija. Las personas jóvenes valoraban la relación con su persona cuidadora; notaban que se había vuelto más positiva y que su persona cuidadora comprendía mejor su situación y sus dificultades.
«Empezamos a hacer más cosas juntos, actividades y eso, lo que fuera… Empecé a jugar a los bolos… y mi madre y mi padre venían a animarme» (YP1).
«Con la MST… planeamos lo que iba a hacer cuando ella se escapara y… me hicieron pensar en cosas. Yo sé que a [la joven] le encanta la comida, así que eran formas de atraerla para que volviera a casa…. Así que repasamos todas esas cosas que a X le gustan de estar en casa» (CG4).
Las personas cuidadoras animaban a su hijo o hija a relacionarse con sus iguales en el hogar familiar como alternativa a estar en la calle. Esto permitía a algunas personas cuidadoras supervisar el paradero y la conducta de su hijo o hija, y daba a la madre o al padre una mayor comprensión de sus relaciones entre iguales:
«No me entusiasmaban esas amistades, pero al menos podía vigilarlas y luego hacerme mi propia opinión. Entonces podía decirle a [la joven] “creo que esa persona es bastante maleducada, creo que esa persona es una auténtica irrespetuosa”, así que podía hacerme una idea del tipo de gente con la que andaba» (CG4).
Las personas cuidadoras ofrecieron apoyo a su hijo o hija desplazando el foco de sus interacciones de lo negativo a lo positivo:
«Dejé un poco lo de… “¿por qué llegas tarde?” y pasé a… “me alegro mucho de que estés en casa”» (CG5).
Las personas jóvenes percibieron y valoraron este cambio: «Mi madre ahora está mejor, o sea, es más maja conmigo… antes mi madre era una cabrona y me echaba la bronca cada dos por tres… ahora como que le hace caso a [la terapeuta] y cada vez que discutíamos ella era en plan “mantén la calma, esto y lo otro”» (YP2).
Las personas cuidadoras reconocieron la importancia de contener sus reacciones cuando la persona joven desaparecía y de no responder con enfado.
«Me acuerdo de la primera vez que se escapó, y cuando volvió, yo en plan “¿cómo me puedes hacer esto? Me he muerto de preocupación”. Me puse como loca y ella se volvió a ir, y estuvo fuera otros 3 días» (CG4).
Las personas cuidadoras describieron una tensión entre proteger la seguridad de su hijo o hija y poner límites claros y coherentes: «Era muy difícil… porque cada vez que la policía la traía de vuelta, me decían “bueno, no la riña por esto porque se volverá a ir”, así que yo, como madre, sentía “bueno, te estás saliendo con la tuya”» (CG4). Las personas cuidadoras sentían que, al no reaccionar negativamente cuando su hijo o hija desaparecía, quizá estaban «dejándola hacer lo que quiere» (CG2).
Se identificaron como facilitadores del cambio subtemas específicos: fijar límites y expectativas más claros, crear una red de otras personas cuidadoras, la fuerza de la implicación multiagencia y el cambio de grupo de iguales.
Las personas cuidadoras hablaron de fijar expectativas claras para la persona joven sobre mantenerse en contacto cuando estaba fuera de casa, para garantizar su seguridad:
«No se trataba de decirle que no hiciera algo, era en plan “si lo vas a hacer, tienes que estar a salvo cuando andes por ahí”. Era más bien “necesitamos saber adónde vas, que estás a salvo, y tienes que contestar al teléfono y tienes que hablar con nosotros”. …Así que, en ese sentido, estuvo bien porque funcionó» (CG2).
Al establecerse límites claros, las personas jóvenes se mostraron más dispuestas a comunicar a su madre o a su padre dónde estaban: «Si me quedo en algún sitio, ahora se lo digo en vez de no decírselo y tenerla preocupada» (YP2).
Las personas participantes hablaron de la introducción de un toque de queda para fijar límites explícitos sobre la hora a la que la persona joven debía estar en casa por la noche:
«Tenía que estar de vuelta a las diez y media… creo que fue cuando ella [la terapeuta de MST] empezó a hablar con mi madre cuando intentaron poner una hora» (YP2).
«… si la llamaba, tenía que contestar… si iba a llegar tarde, me llamaba… Parece una tontería, pero de verdad fue algo enorme» (CG2).
Las personas cuidadoras describieron las ventajas de crear una red de apoyo entre iguales a la que podían recurrir cuando su hijo o hija desaparecía. «Fuimos haciendo una especie de base de contactos de sus amigos y de los padres de sus amigos, dónde viven todos y cosas así. Así que, si por lo que fuera desaparecía o no sabíamos dónde estaba, eran nuestro primer punto de contacto antes de llamar a la policía» (CG1).
Las personas participantes contaron cómo la MST reunió a múltiples servicios, entre ellos la policía, los servicios sociales, los equipos especializados en explotación, el personal de apoyo y los centros escolares:
«Gracias a la MST implicamos a otras personas… estaba… la policía, y yo también trabajaba con uno de los agentes de policía comunitaria, y como grupo [de servicios] pusieron la prohibición de acercarse a la zona, y las notificaciones de encubrimiento (harbouring notices) 1 y la prohibición de juntarse con los chavales con los que andaba. Así que fue un esfuerzo de grupo, pero ellos [MST] sí ayudaron a poner esas cosas en marcha» (CG3).
Del mismo modo, las personas cuidadoras reconocieron la importancia del trabajo en equipo de profesionales para gestionar las desapariciones de la persona joven: «Yo no puedo hacer esto sola. Todo el mundo se implicó y me ayudó. MST, policía, profesor del colegio, así que todos ayudaron poquito, poquito, poquito. Fue muy constructivo y bueno» (CG6). La buena comunicación y el intercambio de información eran especialmente importantes: «Creo que también ayudó que todo el mundo supiera lo que estaba pasando. Que todos compartieran información, así yo no tengo que avisar al colegio de que ha desaparecido, ya lo saben. MST ya lo sabe, así que podemos trabajarlo en la siguiente sesión; es fácil que todo el mundo esté al tanto» (CG5).
Para las personas jóvenes, la implicación de profesionales de múltiples servicios se vivía como intrusiva y les motivaba a cambiar su conducta con la esperanza de que así se redujera la intervención en su familia: «Es que no me gustan los maderos… no quiero tener a los maderos encima, no quiero que se me conozca como “fichada” o lo que sea que hagan… lo único que puedo hacer ahora para quitarme de encima a mis trabajadoras sociales es ir al instituto, y ella me dijo “si vas al instituto e intentas hacerlo, se irán”» (YP2).
Las personas cuidadoras describieron cómo animaban a su hijo o hija a crear nuevas relaciones con iguales de influencia positiva y cómo creaban oportunidades para que se relacionara con esas amistades positivas.
«Le volví a juntar con… su antiguo grupo de amigos, que eran mejores compañías, y… si hacíamos una barbacoa o algo así, invitar a algunos de sus amigos de antes… Desde luego noté cambios en su conducta. Creo que, como andaba con esas mejores compañías, tenía menos rabia y desde luego era menos violento, porque creo que pensaba algo así como “si me pongo muy furioso y desagradable con esta gente, probablemente ya no van a querer juntarse conmigo”» (CG5).
Las personas jóvenes reconocieron que su madre o su padre les animaba a pasar más tiempo con amistades de su edad y que los cambios en su grupo de iguales hicieron que participaran en actividades más propias de su edad: «eran más de mi edad y querían hacer más las cosas que yo quería hacer… salir a jugar, montar en bici, jugar al fútbol, todo ese tipo de cosas» (YP4).
Las personas cuidadoras identificaron obstáculos relacionados con la relación de la persona joven con personas adultas negativas y con los frecuentes cambios de grupo de iguales. Las propias personas jóvenes no los mencionaron.
Las personas cuidadoras describieron cómo la persona joven se relacionaba con iguales de más edad, a menudo personas adultas de la zona. Describieron la fuerte atracción ejercida y las técnicas utilizadas por esas personas adultas para captar a su hijo o hija y explotarle criminalmente para vender droga.
«Tenía 13 años la primera vez que desapareció… Cuando volvía después de desaparecer, volvía con ropa nueva… dos tipos, de 24 y 27 años, … intentaban que [ella] moviera droga por las county lines y luego empezaron a comprarle ropa y a decirle “mira, puedes tener el último móvil, puedes tener esto”, y con 14 años, evidentemente, la idea de un móvil nuevo la atraía bastante» (CG4).
Las personas cuidadoras contaron que se habían visto envueltas en situaciones peligrosas al enfrentarse a esas personas adultas mientras buscaban a su hijo o hija tras una desaparición:
«Mi padre fue con mi hermano a intentar sacar a [el joven] de la casa de sus amigos y a mi padre lo persiguieron unos… hombres en un coche e intentaron sacarlo de la carretera a 100 millas por hora» (CG3).
Entre otras personas adultas negativas figuraban las personas cuidadoras de iguales de influencia negativa, que impedían que la persona joven dejara de desaparecer y de implicarse en conductas delictivas. Estas personas adultas fomentaban la conducta antisocial proporcionando alcohol, drogas y comida a la persona joven, pese a las notificaciones de encubrimiento emitidas sobre la vivienda, y la animaban a vender droga por cuenta de ellas:
«Su madre vende la droga y hace fiesta para los chicos… cuando yo acerco a la casa, ya huelo la droga… y digo “¿mi hija está en tu casa?” y ella era “ah, sí, [ella] está aquí”… Yo decía “por favor dame mi hija” y ella dice “no”» (CG6).
Los frecuentes cambios de grupo de amistades dificultaban que las personas cuidadoras supieran con quién se relacionaba su hijo o hija y dónde:
«Dura unas tres o cuatro semanas y luego se pasaba a otro grupo de gente, así que nunca sabíamos realmente dónde estaba ni con quién estaba. Cambiaba de grupo de amistades todo el rato, así que era muy difícil seguirle la pista» (CG2).
Esta investigación exploró la experiencia de la MST de jóvenes y personas cuidadoras cuando existía preocupación por implicación en bandas o por explotación infantil.
Las personas participantes señalaron reducciones del consumo de sustancias, de la relación con iguales de influencia negativa, de las desapariciones y del recurso a la violencia. Esto concuerda con investigaciones metaanalíticas previas que muestran efectos significativos del tratamiento con MST en la reducción del consumo de sustancias y de la delincuencia (van der Stouwe et al., 2014). Los resultados de esta investigación sugieren que la MST puede ser eficaz para reducir las conductas problemáticas de jóvenes en riesgo de explotación o de implicación en bandas, en consonancia con Boxer et al. (2017).
En el caso de las personas jóvenes, una mayor consideración del impacto de su conducta en otras personas y la aparición de ideas sobre su vida futura fueron cambios de perspectiva posteriores a la MST. Investigaciones previas han hallado que los objetivos y las aspiraciones positivas de futuro eran procesos de cambio importantes en la MST (Tighe et al., 2012), y que tras la MST las personas jóvenes pensaban cada vez más en sus objetivos de futuro y en el rumbo de su vida (Conroy et al., 2021; Paradisopoulos et al., 2015).
Las personas participantes describieron más calidez y más tiempo compartido en familia haciendo actividades que gustaban a la persona joven, y señalaron mejoras en la comunicación y en la comprensión mutua. El subtema «más atractivos en el hogar» remite a la literatura existente sobre el marco de empuje y atracción (push–pull) de la implicación en bandas (Decker & Van Winkle, 1996). En concreto, el conocimiento que tiene la persona cuidadora del paradero de la persona joven y la disposición de esta a revelar esa información se predecían a partir de la percepción adolescente de la calidez parental. Se ha demostrado que la calidez parental tiene un efecto directo sobre la delincuencia juvenil (Klevens & Hall, 2014). Las personas cuidadoras señalaron dificultades para equilibrar la calidez parental con el establecimiento de límites claros. El estilo parental democrático (authoritative), definido como un alto control unido a una alta calidez parental, es aquel en el que las personas cuidadoras responden a las necesidades del niño o la niña al tiempo que desarrollan y mantienen expectativas claras y bien definidas para la persona joven (Baumrind, 2005). Este estilo parental se asocia a más conductas prosociales que los estilos autoritario, permisivo o negligente (Mensah & Kuranchie, 2013).
Tanto las personas cuidadoras como las jóvenes contaron que se fijaron límites y expectativas más claros sobre la hora de volver a casa mediante la introducción de un toque de queda. Las personas jóvenes señalaron que eran más abiertas con su madre o su padre sobre su paradero y que mantenían mejor el contacto cuando estaban fuera de casa. Se ha demostrado que el conocimiento parental, es decir, el grado en que las madres y los padres saben dónde está la persona joven y qué hace, es un predictor clave de la conducta antisocial (Trentacosta et al., 2009). Las intervenciones dirigidas específicamente a las habilidades parentales de supervisión de la conducta de los hijos e hijas son eficaces para mejorar la conducta de la persona joven (Dishion & McMahon, 1998). En el contexto de la MST, varios estudios han hallado que una mejor supervisión parental reducía la relación con iguales de influencia negativa (Huey et al., 2000). Este estudio puso de relieve la importancia de las redes de apoyo entre iguales (en línea con Child Safeguarding Review Panel, 2020) y de un enfoque multiagencia coherente para abordar las desapariciones de jóvenes. La implicación de múltiples servicios era una experiencia común para las familias, y actuaba como motivación para que la persona joven cambiara su conducta y redujera así el número de profesionales implicados. Las personas cuidadoras hablaron del valor de la continuidad del personal profesional que las apoyaba y de la importancia de la comunicación compartida entre servicios. Diversos informes han subrayado la necesidad de una respuesta coordinada y de un trabajo multiagencia para garantizar una actuación concertada en la detección, la identificación y la protección de niñas, niños y adolescentes en riesgo de explotación (Children’s Society, 2019; Ofsted, 2014). Las personas participantes reconocieron el valor de crear nuevas relaciones con iguales de influencia positiva para adoptar conductas más prosociales y propias de su edad. Reducir la relación con iguales de influencia negativa y aumentar los vínculos con iguales prosociales es un aspecto clave del modelo de MST (Henggeler et al., 2009).
Las personas cuidadoras identificaron la relación de su hijo o hija con personas adultas negativas como un obstáculo importante para reducir su implicación en conductas delictivas. Las relaciones con personas adultas controladoras o con iguales de más edad son vulnerabilidades conocidas de la explotación infantil (Home Office, 2018). Ya se había documentado que algunas familias y personas cuidadoras se confabulaban con el tráfico de drogas y la explotación criminal como medio para obtener ingresos adicionales para el hogar (Violence & Vulnerability Unit, 2018). Las personas cuidadoras sentían que su hijo o hija mantenía relaciones complejas con múltiples grupos distintos de iguales y de personas adultas que ejercían una influencia negativa. Describieron las relaciones entre iguales como pasajeras y en cambio continuo, lo que dificultaba reducir por completo el impacto de las amistades negativas. Tighe et al. (2012) hallaron que las madres y los padres creían que el contacto de su hijo o hija con iguales antisociales era difícil de cambiar y se sentían impotentes para abordarlo.
Fijar expectativas más claras, avanzar hacia un estilo parental más democrático, mejorar la relación entre hijos e hijas y personas cuidadoras y debilitar la relación con iguales de influencia negativa introduciendo iguales más positivos y prosociales fueron facilitadores eficaces del cambio de conducta de las personas jóvenes. Son estrategias que terapeutas de MST utilizan habitualmente para abordar la conducta antisocial y la relación con iguales de influencia negativa, y estos resultados sugieren que estos enfoques también pueden ser útiles para las familias en las que existe preocupación por explotación.
La relación con personas adultas negativas es un factor de riesgo clave de la explotación y puede suponer un reto específico para esta población, en el que resulta difícil y complicado intervenir. El poder y la influencia de las madres y los padres de los iguales de la persona joven, que fomentan y normalizan la conducta antisocial, pueden contrarrestar y poner en entredicho el trabajo realizado entre las familias y terapeutas en la MST para intervenir sobre las conductas problemáticas de la persona joven y su relación con iguales de influencia negativa. Los frecuentes cambios en las relaciones entre iguales y la relación con personas adultas negativas plantean a terapeutas un problema complejo, sobre el que puede resultar difícil intervenir con eficacia. Puede que la intervención necesite mejoras para afrontar los retos específicos que plantean quienes están en riesgo de explotación. Terapeutas de MST que trabajan con estas familias deberían prestar especial atención a las múltiples relaciones con iguales y personas adultas negativas para lograr cambios de conducta eficaces y sostenibles y reducir el riesgo de explotación.
Este es el primer estudio que explora de forma cualitativa la perspectiva sobre la MST de jóvenes en riesgo de explotación y de sus personas cuidadoras. Dar visibilidad a las voces tanto de las personas cuidadoras como de las jóvenes ha supuesto una aportación importante a la limitada base de evidencia existente en este ámbito. Pese a los esfuerzos por reclutar en múltiples centros, la muestra final procede de tres centros de MST de Inglaterra, lo que puede no ser representativo de la población más amplia del Reino Unido. La muestra carecía de diversidad étnica, ya que la mayoría de las personas participantes eran blancas británicas, lo que no refleja la sobrerrepresentación de jóvenes de minorías étnicas en el sistema de justicia juvenil (YJB, 2021). Todas las personas cuidadoras de la muestra eran madres, y la ausencia de padres entre las personas participantes de este proyecto refleja investigaciones previas que muestran que los padres están infrarrepresentados en la investigación centrada en la infancia y la familia (Phares, 1996). Debido a las dificultades de reclutamiento, una muestra relativamente pequeña de jóvenes aceptó participar en el estudio. Tampoco había una medida objetiva de las relaciones entre iguales en los criterios de inclusión.
Existe la posibilidad de un sesgo de selección, ya que se utilizó un método de reclutamiento de oportunidad y las personas participantes identificadas por terapeutas que aceptaron participar pueden haber estado más motivadas para hacerlo. Es posible que terapeutas contactaran preferentemente con familias con las que habían obtenido resultados positivos o establecido una buena relación terapéutica. Este sesgo de selección puede haber dado lugar a una interpretación más favorable de la experiencia de la MST que la de quienes no se implicaron. No obstante, el muestreo de oportunidad en la investigación cualitativa puede ser beneficioso, ya que permite identificar «casos ricos en información», capaces de aportar información de gran riqueza sobre las experiencias, lo que favorece la ampliación del conocimiento sobre un tema de investigación (Vasileiou et al., 2018). Al incluir únicamente a personas que completaron el tratamiento, no se exploraron los posibles obstáculos a la implicación en la MST de esta población.
Este estudio utilizó entrevistas semiestructuradas para ofrecer una primera exploración de la perspectiva sobre la MST de jóvenes en riesgo de explotación y de sus personas cuidadoras. Aunque los resultados ponen de relieve otras consideraciones para terapeutas, como un mayor énfasis en comprender las múltiples relaciones con iguales y con personas adultas, también destacan la utilidad de las intervenciones existentes ampliamente utilizadas en la MST. Estos resultados se suman a la base de evidencia existente y creciente en el Reino Unido sobre la eficacia de la MST para la población en riesgo de explotación. Se espera que las implicaciones clínicas de los resultados del estudio puedan enriquecer la práctica de terapeutas de MST que trabajan con familias en las que existe preocupación por explotación.
Complexe Systémique: puntos clave
El mérito del estudio es dar la palabra a las familias, allí donde la literatura sobre las bandas habla sobre todo con cifras. Lo que describen es profundamente sistémico: a una persona joven no la retiene en casa solo la vigilancia, sino que el hogar resulte más atractivo que la calle, y que se sostengan juntos la calidez y los límites. La red de madres y padres, el centro escolar, la policía y los servicios sociales forman entonces un sistema de apoyo concertado más que una suma de intervenciones. Pero el principal obstáculo está fuera del marco familiar: son personas adultas, a veces madres o padres de otras personas jóvenes, quienes organizan la explotación. Frente a este sistema rival, la MST alcanza su límite, y la cuestión pasa a ser de protección de la infancia más que de terapia. Para las personas jóvenes, la presencia de los servicios se vive como una intrusión a la que poner fin: una palanca real, pero ambigua. Los límites son claros: diez participantes, solo madres, familias que completaron el tratamiento y que fueron identificadas por sus terapeutas. Puede leerse junto con el estudio sobre los elementos eficaces de la atención a familias con múltiples problemas y el artículo sobre la conducta agresiva de adolescentes.
Notas del original
1 Táctica utilizada por la policía y los servicios sociales para proteger a niñas, niños y adolescentes de personas que pueden ponerles en riesgo.
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Traducción no oficial al español de Multisystemic therapy for young people involved in or at risk of child criminal exploitation: Young people and Caregivers' perspectives, de Simone Fox, Holly Wake y Emily Glorney, Journal of Family Therapy, vol. 46, n.o 4 (2024), doi: 10.1111/1467-6427.12471, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «Multisystemic therapy for young people involved in or at risk of child criminal exploitation: Young people and Caregivers' perspectives», publicado en Journal of Family Therapy (2024) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Fox, S., Wake, H., et Glorney, E. (2024). Multisystemic therapy for young people involved in or at risk of child criminal exploitation: Young people and Caregivers' perspectives. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/multisystemic-therapy-for-young-people-at-risk-of-child-criminal-exploitation (Obra original publicada en 2024 en Journal of Family Therapy, 46(4), 344-360 (2024); republicada en 2024 por Journal of Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/1467-6427.12471)
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