Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Child and Family Studies · Familia
Cuando una persona joven trans sale del armario, el alivio suele ser inmediato por su parte, mientras que su madre o su padre entra en un periodo de incredulidad y de duelo. Un equipo canadiense entrevistó por separado a 36 jóvenes atendidos en clínicas de afirmación de género y a una figura parental de cada joven: los dos relatos están al principio desfasados y después convergen cuando la familia se implica conjuntamente en la transición.
Traducción no oficial al español de Blossoming Child, Mourning Parent: A Qualitative Study of Trans Children and Their Parents Navigating Transition, de Annie Pullen Sansfaçon, Denise Medico, Morgane Gelly, Valeria Kirichenko y Frank Suerich-Gulick, publicado en Journal of Child and Family Studies (Springer) (2022), doi: 10.1007/s10826-021-02178-w, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Los aspectos destacados se agrupan en el recuadro del resumen. La tabla se presenta en forma de dos listas de preguntas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Al apoyar a su hijo o hija, las madres y los padres pueden aliviar sus propias preocupaciones.
Annie Pullen Sansfaçon, Denise Medico, Morgane Gelly, Valeria Kirichenko y Frank Suerich-Gulick
Resumen
Un número creciente de jurisdicciones facilita hoy las transiciones de las personas jóvenes trans y no binarias (JTNB): les permiten cambiar legalmente de nombre y de mención de sexo y les ofrecen atención médica de afirmación de género para responder a sus necesidades de transición. La literatura demuestra los beneficios de estas medidas en la reducción de los problemas de salud mental. Un apoyo parental sólido se identifica también como clave para el bienestar de las JTNB. Pero los estudios muestran asimismo que a las madres y los padres puede costarles aceptar la identidad de la persona joven durante la transición y más allá, lo que hace que esta etapa vital resulte especialmente difícil tanto para las familias como para las JTNB. Este proyecto cualitativo sigue las experiencias de las JTNB y de sus progenitores a medida que evolucionan desde el descubrimiento de una identidad de género diversa hasta su afirmación. Las personas participantes se reclutaron a través de tres clínicas canadienses especializadas que ofrecen atención de afirmación de género, y se realizaron entrevistas por separado con 36 díadas formadas por una persona joven trans y una de sus figuras parentales, es decir, 72 entrevistas en total. Los datos revelan diferencias notables entre las experiencias de las JTNB y las de sus familias. Muchas JTNB empezaron a cuestionar su género en secreto y esperaron a estar seguras antes de revelarlo a su familia. Mientras que la salida del armario fue a menudo un alivio para las JTNB, sus progenitores la vivieron de otro modo: con frecuencia les costaba aceptar esa identidad, incluso cuando mostraban exteriormente su apoyo. Sin embargo, constatamos que las JTNB y sus familias lograban salvar esta distancia implicándose juntas en el proceso de transición. Puesto que las experiencias de toma de conciencia y de afirmación de las JTNB difieren de las de sus madres y padres, reiteramos la importancia de situar en el centro las voces de las JTNB cuando se intenta comprender su experiencia.
Palabras clave: juventud trans, familias de jóvenes trans, transición, toma de conciencia del género, afirmación de género, salida del armario, atención de afirmación trans, análisis comparativo
Aspectos destacados
Las personas jóvenes trans y no binarias (JTNB) representan cerca del 2% de la población de 13 a 17 años (John et al., 2019). Las JTNB son jóvenes que sienten cierta incongruencia entre su identidad de género, es decir, su sentimiento profundo de pertenecer a un género determinado, como «femenino», «masculino» u otro género (Hildago et al., 2013), y el sexo que se les asignó al nacer. Algunas JTNB pueden desarrollar un sentimiento de incongruencia tal que provoca niveles importantes de malestar, a veces denominado disforia de género. Se sabe que las transiciones, ya sean sociales (por ejemplo, cambio de presentación, de ropa, de peinado o de pronombres), médicas (bloqueadores hormonales, terapia hormonal, etc.) o legales (cambio de nombre, de mención de sexo), ayudan a aliviar algunas de las experiencias negativas que pueden estar relacionadas con la disforia de género (Cohen-Kettenis et al., 2011; Wiepjes et al., 2018; Pullen Sansfaçon et al., 2018; Pullen Sansfaçon et al., 2019).
La literatura muestra también que las JTNB pueden pasar por diferentes etapas hacia la transición y que los procesos y trayectorias de cuestionamiento y de afirmación de su identidad de género son variados. Según Cohen-Kettenis y Klink (2015), las JTNB con disforia de género pueden presentar una disforia de género de inicio temprano (normalmente en la primera infancia, antes de la pubertad) o de inicio tardío. Sin embargo, investigaciones recientes en Canadá y en Suiza sugieren más trayectorias de desarrollo. Mientras que algunas JTNB afirman su género en la primera infancia (la niñez afirmada), otras solo salen del armario durante la pubertad, aunque hayan sentido la incongruencia de género mucho antes (la niñez silenciosa); otras JTNB no habrán experimentado ninguna dificultad respecto a su género sentido hasta la llegada de la pubertad (juventud neutra), lo que permite un retrato más matizado del desarrollo típico de la identidad de género y de la disonancia en los primeros años de vida (Pullen Sansfaçon et al., 2020a; Medico et al., 2020).
Las JTNB constituyen, por tanto, una población diversa, por sus experiencias y sus trayectorias hacia la afirmación. Aunque se sabe que son una población muy resiliente, ya que se desenvuelven en contextos difíciles saturados de transfobia (Singh, 2013; Pullen Sansfaçon et al., 2018; Shelton et al., 2018; Pullen Sansfaçon et al., 2021), siguen enfrentándose a numerosas adversidades. Por ejemplo, presentan un riesgo elevado de suicidio: aproximadamente el 47% de las personas trans han tenido ideación suicida (Scanlon, 2010). También presentan un riesgo elevado de quedarse sin hogar. Sin embargo, diversos estudios han sugerido que las dificultades que viven las JTNB no están intrínsecamente ligadas a lo que sienten respecto a su género o a su identidad trans, sino que son consecuencias directas e indirectas de los contextos sociales negativos en los que viven, en particular en lo que respecta a la discriminación, la violencia y la falta de reconocimiento como JTNB (Watson et al., 2017; DeVries et al., 2016).
No es de extrañar que los entornos de apoyo, como una familia que afirma su identidad o el apoyo de una familia elegida, las escuelas inclusivas y el acceso a una atención médica de afirmación trans, favorezcan un mayor bienestar (Pullen Sansfaçon et al., 2018). Por ejemplo, las JTNB a quienes se permite vivir en su género auténtico con un sólido apoyo parental parecen tener una salud mental igual de buena que sus pares cisgénero (Durwood et al., 2017; Olson, et al., 2016). Así, el apoyo parental parece compensar algunos de los efectos de la discriminación que vive la juventud trans (Taliaferro et al., 2018; Simons et al., 2013), al disminuir el malestar psicológico y sostener el desarrollo de la resiliencia (Katz-Wise et al., 2018; Wilson et al., 2016). Varios estudios han sugerido que un apoyo parental sólido conlleva una mayor satisfacción vital en la juventud trans e influye positivamente en su autoestima (Katz-Wise et al., 2018; Ryan, 2009; Wong & Drake, 2017).
Sin embargo, aunque el apoyo parental es clave, las familias pueden encontrar muchas dificultades para adaptarse a la nueva realidad, y el proceso de adaptación suele ser largo (Pullen Sansfaçon et al., 2020b). Las madres y los padres pueden vivir un duelo y una sensación de pérdida (Pullen Sansfaçon et al., 2020b; Aramburu Alegria, 2018; Coolhart et al., 2018; Wahlig, 2015), negación, incredulidad o ira (Pullen Sansfaçon et al., 2020b; Aramburu Alegria, 2018; Wahlig, 2015). A menudo les preocupan la seguridad de la persona joven y su aceptación por parte de los demás (Pullen Sansfaçon et al., 2015; Pullen Sansfaçon et al., 2020b; Aramburu Alegria, 2018; Lawlis et al., 2017; Wahlig, 2015) y pueden sentirse impotentes (Pullen Sansfaçon et al., 2015), juzgados socialmente o aislados (Pullen Sansfaçon et al., 2015; Wahlig, 2015). Algunas figuras parentales relatan sentimientos de culpa retrospectivos por no haber sabido reconocer y apoyar adecuadamente a su hijo o hija desde el principio (Aramburu Alegria, 2018). Algunas también pueden preguntarse si la identidad de género declarada es real, y si podría ser repentina y resultado de la influencia de sus pares (Littman, 2018)
Se ha mostrado que varios elementos ayudan a las familias a superar estas dificultades y a avanzar hacia la aceptación: informarse sobre las cuestiones trans (Pullen Sansfaçon et al., 2020b; Wong & Drake, 2017), saber que pueden proteger a la persona joven de las repercusiones negativas de la discriminación y contribuir a su felicidad (Coolhart et al., 2018), y adoptar un papel proactivo en su transición acompañándola o defendiendo sus intereses (Birnkrant & Przeworski, 2017; Aramburu Alegria, 2018). Contar con apoyo profesional y de pares también ha demostrado ser muy útil en este camino hacia la aceptación (Pullen Sansfaçon et al., 2015; Pullen Sansfaçon et al., 2020b; Aramburu Alegria, 2018).
Aunque en las últimas décadas se han publicado muchos artículos sobre la experiencia de las JTNB o de sus familias, hasta donde sabemos, el proyecto Stories of Care fue el primero en basarse en entrevistas diádicas con la figura parental y con la persona joven para comprender sus perspectivas y obtener una comprensión más amplia de sus experiencias a lo largo de este recorrido de transición médica. Presentamos los resultados de este proyecto, que entrevistó a 36 JTNB que accedían a una atención de afirmación de género en Canadá y a una figura parental de cada una, es decir, 72 entrevistas en profundidad (73 personas, ya que en un caso se entrevistó a la madre y al padre). Exploramos y contrastamos sus experiencias y sus observaciones sobre el hecho de crecer siendo trans, desde los primeros cuestionamientos y la salida del armario hasta la transición médica.
El proyecto se llevó a cabo entre 2016 y 2019 con el objetivo de conocer mejor las experiencias de las JTNB y de sus madres, padres o personas tutoras derivadas a clínicas especializadas para recibir atención médica de afirmación de género. En concreto, el equipo pretendía comprender mejor las cuestiones que afectan a la juventud y a sus familias, cómo viven las JTNB su identidad de género y, en el caso de quienes experimentan disforia de género, cómo la afrontan. También prestamos atención a las numerosas cuestiones a las que se enfrentan la juventud y sus familias, entre ellas la atención recibida previamente, las dinámicas familiares, las cuestiones sociales, las fortalezas y la resiliencia, y otros factores que influyen en su salud y su bienestar general.
Nos basamos en la metodología de análisis temático (Braun et al., 2019; Braun & Clarke, 2006, 2021), inductivo y reflexivo (Braun and Clarke, 2021), que permitía dar cabida a la complejidad del proyecto y a sus perspectivas multidisciplinares (véase Pullen Sansfaçon et al., 2019). El proyecto partió de preguntas de investigación en lugar de apoyarse en una hipótesis: ¿qué cuestiones afectan a la niñez y la juventud trans y a las personas que las cuidan cuando buscan atención?; ¿qué estrategias se utilizan para expresar o afrontar la disforia?; ¿cómo se gestionan las situaciones sociales y familiares?; ¿qué factores influyen en el bienestar psicosocial y la calidad de vida?; y ¿cómo se vive la intervención médica? Nuestra investigación se inspiró en los valores del enfoque de afirmación trans, que reconoce las autoidentificaciones de género como no binarias, una postura que guio nuestro proceso de investigación desde la formulación de las preguntas hasta la recogida de datos y el análisis (Braun and Clarke, 2021).
Las personas participantes se reclutaron a través de tres clínicas canadienses especializadas que ofrecen atención de afirmación de género: Meraki Health Center (Montreal), Children Hospital of Eastern Ontario (CHEO) (Ottawa) y Gender Dysphoria Assessment and Action for Youth (GDAAY) (Winnipeg). Estas clínicas están especializadas en la atención sanitaria a la niñez y la juventud trans y de género diverso, y ofrecen evaluación y opciones médicas a las JTNB que desean iniciar una transición médica, incluida la prescripción de bloqueadores de la pubertad o de terapia hormonal para aliviar la disforia de género. Para reclutar participantes, las clínicas elaboraron una lista de pacientes en seguimiento que incluía tanto a JTNB prepúberes como a JTNB púberes (es decir, que habían empezado una medicación como bloqueadores de la pubertad o terapia hormonal). Las clínicas enviaron a cada figura parental y a cada joven de la lista una carta de invitación que describía el estudio y les pedía que se pusieran en contacto con una persona asistente de investigación del centro correspondiente si deseaban participar en el proyecto. Las personas participantes se seleccionaron según los principios del muestreo por diversidad (edad, estadio puberal, identidad de género e intervenciones médicas recibidas) hasta alcanzar el tamaño de muestra previsto (n = 12 jóvenes + 12 figuras parentales por clínica).
Los datos se recogieron mediante entrevistas cualitativas semiestructuradas y un cuestionario sociodemográfico. Se elaboró una guía de entrevista para las JTNB y otra para las figuras parentales, con variantes en ambas guías para adaptarse a los distintos estadios de desarrollo y médicos de la persona joven. Las figuras parentales y la juventud fueron entrevistadas por separado, salvo en el caso de dos participantes de menor edad que pidieron que su figura parental estuviera presente durante la entrevista, aunque esta figura parental no respondió a las preguntas; el cuestionario sociodemográfico lo cumplimentaba la figura parental. Las entrevistas con las JTNB se centraron en la elaboración de la identidad de género, la salida del armario, las relaciones y el apoyo familiares y sociales, así como en sus experiencias con la atención de afirmación de género. Las entrevistas con las figuras parentales se centraron en su situación vital, su percepción del desarrollo de la identidad de género de la persona joven y del proceso de transición, y sus redes de apoyo. En ambas entrevistas, de jóvenes y de figuras parentales, exploramos la trayectoria de la familia hasta la atención clínica y sus experiencias generales con las intervenciones médicas y otros servicios recibidos. Las preguntas eran detalladas y extensas, lo que garantizaba la coherencia entre entrevistas y centros, con independencia de quién entrevistara. La tabla 1 presenta todas las preguntas principales de las guías de entrevista de jóvenes y de figuras parentales. Las guías incluían preguntas adicionales sugeridas que podían plantearse para obtener más detalles o respuestas descriptivas en caso necesario.
Tabla 1 — Preguntas principales planteadas durante la entrevista
Preguntas principales para las JTNBa
Preguntas principales para las figuras parentales o personas cuidadorasb
aVéase el material complementario para la guía de entrevista completa bVéase Authors et al. 2019 para la guía de entrevista íntegra destinada a las figuras parentales y personas cuidadoras
Las entrevistas con las figuras parentales duraron entre 24 y 105 min (media de 57 min) y las entrevistas con jóvenes, entre 24 y 104 min (media de 61 min). Todas las entrevistas se grabaron en audio y se transcribieron, y se asignaron seudónimos a las personas participantes. Las entrevistas las realizaron personas formadas en el enfoque de afirmación trans, dos de las cuales se identificaban como trans. Todas ellas tenían formación psicosocial o en intervención, adquirida mediante estudios universitarios o mediante experiencias previas de intervención comunitaria con personas trans y no binarias, incluida la juventud.
El proyecto fue aprobado por cada uno de los comités de ética responsables de los centros clínicos (Meraki Health Center, CHEO y GDAAY), así como por los comités de ética de los que dependían la investigadora principal y todas las personas coinvestigadoras con acceso a los datos brutos. Al comienzo de cada entrevista se obtuvo el consentimiento por escrito de la madre, el padre o la persona tutora y, según su edad, el asentimiento o el consentimiento por escrito de las JTNB. Dado que las entrevistas podían abordar temas delicados, establecimos un protocolo de seguridad formal adaptado a cada centro. Además de entregar una lista de recursos a las personas participantes, se informó claramente a quienes entrevistaban de los pasos que debían seguir en caso de peligro inminente para un niño o una niña, o en caso de negligencia o maltrato. Las entrevistas tuvieron lugar además en las clínicas donde se atendía a la juventud participante, donde durante todas las entrevistas había un o una profesional de la salud de guardia por si se producía una situación que obligara a activar el protocolo de seguridad. Sin embargo, ninguna entrevista requirió el uso del protocolo de urgencia.
En total se realizaron 72 entrevistas; en cada clínica, 12 entrevistas con 12 JTNB atendidas en ella (36 entrevistas con jóvenes en total) y 12 entrevistas por separado con una figura parental de cada joven, que se ofrecía voluntariamente (36 entrevistas en total, con 4 padres y 33 madres). Una de las entrevistas parentales se realizó con la madre y el padre a la vez, a petición suya). Entre las figuras parentales entrevistadas, dos se describieron como familia de acogida o como tutora legal. En el cuestionario sociodemográfico planteamos una pregunta abierta sobre el origen étnico de las figuras parentales. La mayoría se identificó como blanca, canadiense o caucásica. Tres indicaron una herencia cultural mixta o un origen europeo, y ocho prefirieron no responder. Aproximadamente una cuarta parte tenía un solo hijo o hija (la persona joven atendida en la clínica), la mitad tenía dos, y otra cuarta parte, entre tres y cinco. No preguntamos la edad de las figuras parentales. Entre la juventud participante había cinco jóvenes de 9 a 12 años (14%), 14 jóvenes de 13 a 15 años (39%) y 17 jóvenes de 16 a 17 años (47%). La edad media era de 14,5 años (mediana = 15.0; desviación típica = 2.1 años). En total, 21 jóvenes eran transmasculinos (con sexo femenino asignado al nacer) y 15 eran transfemeninas (con sexo masculino asignado al nacer). La mayoría describía su identidad en términos binarios, salvo tres jóvenes transmasculinos que utilizaban términos no binarios para describirla, aunque decían usar normalmente pronombres masculinos y sus figuras parentales describían su identidad en términos binarios. Un cuarto joven, que describía su identidad en términos binarios, fue descrito por su madre como «masculino y fluido».
Las entrevistas con figuras parentales y con jóvenes fueron analizadas primero por separado por dos asistentes de investigación distintas (una para las entrevistas con jóvenes y otra para las entrevistas parentales). Más tarde se incorporó al proyecto una tercera persona asistente de investigación para llevar a cabo un análisis comparativo de los discursos de jóvenes y figuras parentales. Todas las personas asistentes de investigación firman este artículo. En coherencia con nuestras opciones metodológicas, los temas se generaron inductivamente a partir del material de las entrevistas. Primero se generaron códigos iniciales a nivel semántico para ambos conjuntos de entrevistas (JTNB y figuras parentales) (Braun & Clarke, 2006); después se analizaron y se agruparon en temas. Se utilizó el programa de análisis de datos MAXQDA para facilitar el proceso. La elaboración de los temas continuó cuando empezamos a redactar artículos, una parte integrante del análisis temático que nos ayudó a «definir y refinar» y a escribir la «historia» en torno a estos temas (Braun & Clarke, 2006). A continuación, los temas de las entrevistas con figuras parentales y con jóvenes se pusieron en paralelo y se compararon. Inicialmente se compararon siete temas surgidos del proceso de AT: 1. «Exploración de género de la persona joven y signos de no conformidad de género (NCG)» VS «signos de NCG observados por las figuras parentales»; 2. Reacción parental a los signos de NCG; 3. Salida del armario (anuncio y primeras reacciones); 4. Sentimientos respecto a la salida del armario; 5. Camino parental hacia la aceptación; 6. Sentimientos respecto al proceso de transición; 7. Apoyo parental. La denominación de los temas fue evolucionando a medida que avanzaba el análisis (Nowell et al., 2017). Para cada tema, comparamos primero los datos por díadas joven–figura parental, buscando similitudes y diferencias. Trazamos la línea temporal de cada figura parental y de cada joven para observar los desfases y las sincronías. Después examinamos y comparamos las similitudes y diferencias entre díadas. De este análisis surgieron cinco grandes puntos de convergencia y divergencia que presentaremos en los resultados: la exploración de género, la salida del armario, infancia que florece / familias en duelo, el apoyo parental y la reescritura del relato.
Para garantizar la credibilidad, la autenticidad y la coherencia de los datos, establecimos varios procedimientos a lo largo de la recogida y el análisis. La persona asistente de investigación cotejó las transcripciones literales con la grabación de audio para asegurarse de que recogían las emociones y experiencias de las personas participantes, así como la autenticidad del material de investigación. El proceso de análisis de datos fue supervisado por la investigadora principal, de modo que a lo largo de todo el proyecto se celebraron periódicamente reuniones de puesta en común entre las personas asistentes y la dirección de la investigación, lo que garantizaba la credibilidad de los datos (Nowell et al., 2017). En estas reuniones, quienes firman el artículo examinaban los temas, así como su coherencia con el contenido de los textos, y se aseguraban de estar de acuerdo con la interpretación. En caso de desacuerdo, volvían a examinar juntas la sección y tomaban una decisión mediante la discusión hasta alcanzar un consenso. Los datos del conjunto de jóvenes y los del conjunto de figuras parentales también se publicaron por separado antes de comparar las perspectivas, lo que aportó una evaluación por pares de las interpretaciones iniciales de las perspectivas de la juventud y de sus familias. Durante la fase de redacción de este artículo, cada persona firmante que participó en el proceso pudo también revisar la interpretación final de los datos, lo que garantizaba la coherencia de la interpretación.
Al comparar las entrevistas de la juventud trans con las de sus figuras parentales, observamos que viven realidades y temporalidades diferentes. Por ejemplo, todas las JTNB exploraron su género mucho antes de hablarlo con su familia o de que su madre o su padre tomaran conciencia de ello por primera vez. Nuestros resultados ponen de relieve también que figuras parentales y JTNB atravesaron hitos distintos en líneas temporales similares: así, mientras que la juventud sentía alivio al empezar a vivir como era en realidad tras haber esperado mucho tiempo para hacerlo, las familias se veían arrojadas a una realidad a menudo nueva, por lo general cargada de sentimientos de duelo y de preocupación por la persona joven. También examinamos las diferencias entre lo que jóvenes y figuras parentales nos dijeron sentir interiormente y lo que dijeron mostrar exteriormente a los demás. Los desfases y divergencias entre las experiencias de la juventud y las de sus familias eran especialmente marcados durante la exploración de género, la salida del armario y el proceso de transición (infancia que florece y familias en duelo), pero observamos que el apoyo parental constituía un hito que acercaba a jóvenes y figuras parentales, hasta compartir finalmente una comprensión y un relato comunes de su recorrido.
Antes de que las JTNB les revelaran su identidad, muchas figuras parentales no sabían que la persona joven podía identificarse con un género distinto del que se le había asignado al nacer. El análisis de las entrevistas de figuras parentales y de jóvenes sugiere que están desfasados cuando la persona joven empieza a cuestionar su género. Esto aparece incluso en los relatos de niños y niñas que hicieron la transición en la primera infancia (la niñez afirmada). Aunque muchas figuras parentales notaban que su hijo o hija actuaba al margen de las normas de género o manifestaba cierto malestar con el género asignado, a menudo lo interpretaban como una orientación sexual no heterosexual o como una simple no conformidad de género. Por ejemplo, Juliette, una participante transfemenina, empezó a pensar que era una chica a los 6 años. Su madre y su padre veían que era diferente y lo interpretaron como un signo de que quizá era gay.
«Para serte sincera, Juliette tiene un hermano mayor. Yo había criado a un chico y veía la diferencia entre los dos. Y era un poco, entre comillas, “una broma”. Se lo decía todo el rato a mi mejor amiga, o sea, hablo de cuando Juliette tenía 3 años. […] “Mira, si Juliette no resulta ser gay, la verdad es que me sorprendería mucho”.» (figura parental de Juliette)
En su entrevista, Juliette afirmó que su padre pensaba que era gay e incluso intentó hacerle reprimir su expresión de género, lo que la hacía sentirse avergonzada.
«Tenía 6 años la primera vez que pensé: “A lo mejor soy una chica. A lo mejor no”. […] Y luego, cuando tenía 8, empecé… O sea, mi padre siempre ha estado en plan: “Eres gay, eres gay, eres gay”.» (Juliette, transfemenina)
También hubo figuras parentales que dijeron no haber notado ningún signo evidente porque, según ellas, no los había. Por ejemplo, Brenda consideraba que su hijo transmasculino no había sido especialmente masculino de pequeño.
«Y no es que [pausa] le atrajeran siempre las cosas de chicos cuando era un bebé o cuando empezaba a andar ni nada por el estilo, eso nunca ha sido así. Su ropa ha, eh, [pausa] en el último año ha llevado pantalones de chándal y camisetas. La verdad es que no le di ninguna importancia. [risa] Así que sí, me pilló totalmente desprevenida.» (figura parental de Josh)
Sin embargo, la entrevista de su hijo pone de relieve que siempre expresó su género de forma andrógina: «Nunca he sido una niña muy de niña, siempre he sido… o sea, siempre he vestido bastante andrógino. Así que nunca he… mi madre me compraba ropa superfemenina y cosas así, y nunca me la ponía.» (Josh, transmasculino)
En algunos casos, la persona joven decía que no expresaba su género de otra manera porque no comprendía necesariamente lo que le estaba pasando. En estos casos, la salida del armario solía vivirse en la familia como una sorpresa.
«Tia nunca dijo “no quiero un esmoquin, quiero un vestido”. Tia nunca [dio ninguna pista]. [No hubo] pistas, ninguna pista, ninguna pista en absoluto, ninguna pista de ningún tipo.» (figura parental de Tia)
«No sabía explicar cómo me sentía, así que simplemente me ponía muy mal. Canalizaba un poco mi rabia en los videojuegos, pero luego, cuando perdía, pues golpeaba el escritorio, golpeaba las paredes.» (Tia, transfemenina)
Estos desfases entre lo que vive y siente la persona joven y lo que su familia es capaz de percibir —que pueden variar según su grado de conciencia y según si la persona joven manifiesta una fuerte no conformidad de género o guarda su reflexión para sí— parecen crear un retraso en la comprensión parental de la situación, que repercute en la reacción ante la salida del armario.
Algunas personas jóvenes parecían haber retrasado el momento de compartir su malestar respecto a su género o de salir del armario ante su familia porque les faltaban las palabras para expresarlo o porque querían proteger a su madre y a su padre. Por ejemplo, Jim contó que retrasó su salida del armario por los problemas emocionales o de salud mental de su madre y su padre. Observamos también que las figuras parentales que se dieron cuenta pronto de que la persona joven podía ser trans o de género diverso tuvieron menos dificultades para adaptarse a la nueva realidad.
La salida del armario también fue vivida de forma muy distinta por figuras parentales y jóvenes. La juventud la describía a menudo como un alivio tras años ocultando su identidad y preocupándose por revelarla a su familia, mientras que para las figuras parentales era una realidad nueva que asimilar y a la que adaptarse. Antes de salir del armario, las personas jóvenes decían haber sentido ansiedad porque temían la reacción de su familia. Esta aprensión llevó a algunas a retrasar la revelación, como cuenta Juliette:
«Intentaba… intentaba armarme de valor para decírselo a mi madre. O sea, escribí, he escrito un montón de notas y las arrugaba y las tiraba a la basura. He pensado en plan: “Vale. Hoy es el día. Hoy es el día”. Y luego vuelvo a casa. Voy al colegio, vuelvo a casa, me voy a la cama. Y pienso: “Se me ha olvidado decírselo”. […] Es que estaba preocupada. No sabía cuál iba a ser la reacción. Así que me lo guardé, más o menos.» (Juliette, transfemenina)
Contrariamente a sus temores, cuando Juliette por fin salió del armario ante su madre, esta reaccionó con una aceptación inmediata:
«Y le dije: “Lo único que me importa, al fin y al cabo, es que seas feliz y que estés sana, que seas una persona equilibrada. A mí me da igual. Tienes que ser quien eres para ser feliz”. Y creo que le sorprendió un poco, pero ese es más o menos el enfoque que hemos adoptado, y es de verdad lo que siento.» (figura parental de Juliette)
Aunque el estrés o la ansiedad que las JTNB decían haber sentido antes de salir del armario variaban mucho, muchas mencionaron un sentimiento común de alivio después, sobre todo cuando su familia reaccionó mejor de lo esperado, lo que sucedía a menudo en nuestra muestra. Puede tratarse de un sesgo de muestreo, dado que todas las familias que conocimos apoyaban lo suficiente a la persona joven como para acompañarla a la clínica especializada a explorar la transición médica y para participar en el proyecto. «Sentí como si de repente me hubieran quitado una presión enorme. […] Ser aceptado, y [no tener que] esconderme [más].» (Jeff, transmasculino). Pero, fuera cual fuera la reacción parental ante la salida del armario, muchas figuras parentales empezaron a sentir estrés, preocupación e incluso duelo a partir de ese momento, porque de repente tenían que aceptar la identidad emergente de la persona joven y gestionar una situación que les era completamente desconocida. Así fue en el caso de la madre de Jeff:
«La aceptación es, ¿sabe?, es un proceso de duelo. No estoy perdiendo a mi hijo, sigo teniendo a mi hijo, pero no es la misma criatura. Bueno, no es que no sea la misma criatura, es [suspiro]. Es que, no sé explicarlo. Es algo diferente.» (figura parental de Jeff)
La salida del armario es, por tanto, un hito en el que figura parental y joven viven una asincronía emocional y una divergencia de comprensión. Mientras que la persona joven lleva mucho tiempo pensando en su género, su familia interpreta la salida del armario como algo repentino, puesto que esa realidad acaba de llegar a su conocimiento.
Tras la salida del armario, la mayoría de las figuras parentales dijeron haber necesitado tiempo para adaptarse a la nueva realidad de la persona joven. También aquí observamos una diferencia importante en los relatos: mientras que la juventud describía cómo empezaba a disfrutar de la vida a partir de ese momento (en algunos casos, incluso abandonando conductas autodestructivas), las familias, por su parte, apenas comenzaban un recorrido de adaptación y, a veces, de duelo. Para las figuras parentales, esto incluía el duelo por el uso del nombre que habían dado originalmente a la persona joven (al que las personas trans suelen referirse como «nombre muerto», porque ya no lo utilizan). Por ejemplo, la madre de Debbie seguía emocionándose al abordar el tema durante la entrevista: «Le puse [nombre muerto]. Y me rompió completamente el corazón cuando eligió su propio nombre. [llora] Y ni siquiera es un nombre que me guste [ríe].» En cambio, su hija Debbie mencionaba expresamente «usar [su] nombre de chica, para olvidar [su] nombre de chico de antes» como una de las cosas que más bien le hacían sentir.
No es de extrañar que el proceso de transición en su conjunto fuera a menudo percibido y vivido de forma distinta por figuras parentales y jóvenes. La juventud solía estar impaciente por comenzar la transición médica y quería que fuera más deprisa, mientras que algunas figuras parentales parecían vivirla como un choque, un proceso en el que querían adentrarse despacio:
«Me di cuenta de que me aceptaba mucho más y de que mirarme al espejo me hacía sentir mucho menos mal después de empezar con los bloqueadores [de la pubertad] [un tratamiento prescrito a jóvenes trans para poner en pausa la pubertad].» (Jeff, transmasculino)
«Sí, hay que acostumbrarse. La primera vez que [nombre muerto] recibió los bloqueadores, lloré 2 h a solas por la noche en mi habitación, ¿sabe?, fue. Aceptar la pérdida de la hija.» (figura parental de Jeff)
Algunas figuras parentales compartieron también su preocupación por un posible arrepentimiento futuro, sobre todo porque, desde su punto de vista, la transición médica avanzaba deprisa y, para algunas, parecía haber empezado de repente y «sin previo aviso». Para muchas personas jóvenes, sin embargo, el proceso de transición comenzaba tras meses, o incluso años, de una reflexión que su familia desconocía.
«Y tengo que tomar esa decisión. ¿Verdad? Y luego vivir con sus consecuencias. ¿Verdad? Y luego no quiero tener a alguien de 25 o 30 años diciéndome: “¿Por qué me dejaste hacer eso? Tenía 15 años”. ¿Verdad? Creo que ese es mi mayor miedo, porque soy tan, porque veo tanto de femenino, tantos rasgos femeninos […]. Pero Joey es impulsivo. En plan Joey: “Lo quiero, lo quiero, lo quiero”. Y luego, 2 min después: “Ya no lo quiero”. ¿Verdad? Así que eso forma parte de mi preocupación.» (figura parental de Joey)
«Sé que mi madre me dice todo el rato que pensaba que solo iba a ser una marimacho o algo por el estilo. Pero yo siempre lo supe. Nunca fue de otra manera. Simplemente llegó un punto en que, solo quería dejar de hablar de ello. […] Eso es todo. Pero nunca cambié de opinión ni nada. Eso nunca ha cambiado. […] Esos días [duros] pienso: “Esto tiene que pasar ya. Esto tiene que pasar”.» (Joey, transmasculino)
Sin embargo, observamos también que en algunas familias era la figura parental quien parecía querer que la transición avanzara más deprisa y que los cambios llegaran antes, ya fuera porque pensaba que así la persona joven sería más feliz o porque tenía prisa por pasar página y seguir adelante. En la misma línea, algunas figuras parentales contaron que les costaba más cuando la persona joven expresaba su género de forma no binaria, como era el caso de la madre de Barbara, que parecía tener prisa por «tener una hija» en lugar de enfrentarse a la expresión de género ambigua de su hija:
«Al mismo tiempo, a veces me gustaría que fuera más rápido, pienso: bueno, ahí sigues pareciendo un chico, pero lo quieres o no […] de alguna manera, estoy deseando que tome estrógenos, que tenga pecho y que eso marque la diferencia. Si pudiéramos hacerlo todo en una semana, venga, adelante. […] Y ya está, maldita sea, se acabó, ya tengo una hija.» (madre de Barbara)
En resumen, la juventud vive el proceso de transición como una liberación largamente esperada, un proceso mediante el cual por fin puede expresar su yo de género auténtico, mientras que, para las figuras parentales, el inicio del proceso de transición genera conmoción y vacilación, ya que deben hacer el duelo de la imagen errónea que tenían de su hijo o hija. Al mismo tiempo, descubrir la identidad auténtica de la persona joven facilita el proceso de aceptación.
Después de la salida del armario, la mayoría de las figuras parentales de nuestra muestra trataron de ayudar y apoyar a la persona joven. Movidas por la preocupación por su bienestar, se implicaron activamente, haciendo frente a sus propios miedos y a sus preguntas sin respuesta informándose o acompañándola en su proceso de transición. La mayoría de las personas jóvenes afirman sentirse apoyadas por su familia, incluso en los casos en que la figura parental decía en su entrevista que a veces aún le costaba aceptar la identidad de la persona joven y afrontar la situación. Algunas figuras parentales parecían ocultar esos sentimientos para apoyarla mejor, mientras que algunas personas jóvenes intentaban ocultar sus propios sentimientos a su familia para no preocuparla.
«[Sobre confiarse a su madre] Bueno, depende del tema. Pero me sorprendería que ella, porque llora con facilidad, así que siempre es más difícil hablar con ella, pero por lo demás, no, puedo hablar de todo. […] Claro que cada vez, nunca sé si llora porque está orgullosa de hasta dónde he llegado o porque le cuesta entenderlo.» (Jim, transmasculino)
Implicarse activamente y mostrar su apoyo parecía, a su vez, ayudar a las figuras parentales en su proceso de aceptación. De hecho, saber por fin que podían hacer algo para que la persona joven fuera más feliz suponía un alivio para muchas figuras parentales que, antes de la salida del armario, se habían sentido impotentes para ayudarla mientras atravesaba dificultades como problemas de salud mental. De hecho, este apoyo era a menudo mutuo: cuando las figuras parentales apoyaban el proceso de transición, la juventud también encontraba maneras de ayudarlas a recorrer este camino, implicándolas y tranquilizándolas. Como resultado, las figuras parentales tendían a sentirse más seguras y a disponer de más herramientas para apoyar a la persona joven.
«Porque muchas veces es más bien Jim quien me lo explica. En qué punto están las cosas, cómo se siente con ello, todo eso, es sobre todo él quien me da la información. […] “No te preocupes, mamá, estoy muy bien”.» (figura parental de Jim)
Algunas personas jóvenes ayudaron a su familia a atravesar el proceso preparándola e informándola sobre las cuestiones a las que se enfrentan las personas trans. Otras dijeron haber implicado a su madre o a su padre en la elección de su nombre: «No sé qué hizo que me quedara con “Jason”. Simplemente le pregunté a mi madre, creo, un día: “¿Cómo me habrías llamado si hubiera sido un tío?”. Y ella: “Jason”. Y yo: “Vale”.» (Jason, transmasculino). Estos gestos simbólicos parecían importantes para algunas figuras parentales.
En muchas familias, figura parental y joven parecían haberse acercado gracias a este recorrido compartido a través del proceso de transición y a medida que mejoraba el bienestar de la persona joven.
Ya no venía a mí. Era «Buenas noches» y ya está. Ya no interactuábamos y luego, bueno, desde que, desde que empezamos a venir aquí [a la clínica especializada], ahora que tenemos una especie de seguimiento estructurado, es fácil. Ahora me da abrazos, me, vemos la tele, ha vuelto a acurrucarse conmigo. Se ha vuelto más fácil. Se ha vuelto más fácil [repetición en la grabación]. La sonrisa también ha vuelto. (figura parental de Jim)
Así que ahora tengo mis bloqueadores y mi madre está contenta, ve los cambios entre antes de que saliera del armario y hoy, estoy mucho más feliz. Hago muchos más amigos nuevos, salgo más y estoy simplemente más, contento de levantarme por la mañana para ir al instituto y duermo mejor y todo, así que mi madre simplemente está contenta de ver eso. (Jim, transmasculino)
Implicarse en el proceso de transición junto a la persona joven parecía, por tanto, permitir a las figuras parentales reforzar su relación con ella y acercarse mutuamente.
En el momento de la entrevista, la mayoría de los relatos de figuras parentales y jóvenes parecían haberse alineado en la descripción de la realidad presente y, en algunos casos, del pasado. Por ejemplo, algunas figuras parentales que desconocían la identidad trans de la persona joven antes de su salida del armario decían que, mirando atrás, podían ver ahora lo que probablemente habían sido signos tempranos de esa identidad o de ese cuestionamiento, que en su momento no habían notado ni entendido como tales.
«Yo no diría que tuviéramos nunca ninguna sospecha antes de que viniera a decírnoslo […] pero después de que nos lo dijera y de que pudiera saber más de lo que sentía, muchas cosas cobraron sentido. […] Y ahora me da vergüenza, porque nunca me di cuenta de que aquello era algo más que simples quejas suyas. […] Y ahora parece evidente.» (figura parental de Joseph)
También observamos que algunas figuras parentales y jóvenes utilizaban las mismas anécdotas relacionadas con la transición para contar su historia en sus respectivas entrevistas, lo que sugiere que habían hablado de esas experiencias y, en consecuencia, habían sincronizado sus relatos. Por ejemplo, algunas personas jóvenes compartían anécdotas de su primera infancia que ilustraban un cuestionamiento de género temprano y que no recordaban por sí mismas, sino que su familia les había contado. Era lo más frecuente entre quienes habían expresado su género a una edad temprana. Las figuras parentales compartían a veces esas mismas anécdotas en su propia entrevista como el primer indicio de que su hijo o hija era «diferente». Del mismo modo, algunas personas jóvenes citaban fotos de infancia tomadas por su familia como prueba de un cuestionamiento de género temprano. Por ejemplo, Debbie, una joven participante transfemenina, describió una foto que su madre le había hecho con un «pijama de niña […] y pasadores en el pelo». Apoyarse en estos detalles que su familia les había transmitido parecía permitir a la juventud enriquecer su historia y quizá reforzar la sensación de que su comprensión actual de su género era el resultado de un largo recorrido de búsqueda personal y de exploración.
Estos ejemplos muestran cómo las perspectivas parentales y las de la persona joven se encontraban y se complementaban para confirmar su identidad. Del mismo modo que las figuras parentales podían llevar a la juventud a revisar su pasado con una mirada nueva, la juventud podía llevar a sus familias a hacer lo mismo. Algunas figuras parentales describieron el proceso de transición como una experiencia reveladora que cambió su visión de la parentalidad y de las dinámicas familiares, e indujo un compromiso emocional más profundo con la persona joven. Movidas por el deseo de apoyarla, ampliaron su conciencia de las cuestiones de género y se comprometieron a conocer las realidades trans. Algunas figuras parentales afirmaron que esta experiencia las había hecho mejores madres y padres.
«Y sí, me abre la mente y el corazón, y me doy cuenta de que es tan fácil odiar y enfadarse, y… pero es mucho mejor comprender, tomarse el tiempo de comprender y ser de verdad una persona amable. […] Creo que nos hace mejores como madres y padres. […] Menos dados a juzgar, a soltar.» (figura parental de Jason)
En resumen, aunque figuras parentales y jóvenes iniciaron el proceso de transición desde lugares y perspectivas muy diferentes. Nuestros datos mostraron cómo podían sincronizar sus relatos a lo largo del tiempo, mediante el diálogo y la acción mutua, llegando en algunos casos a estar emocionalmente más cerca que nunca.
Hasta donde sabemos, este estudio es el primero en haber recogido datos de forma diádica pero por separado, a partir de una amplia muestra cualitativa, de figuras parentales y de sus JTNB. Nuestro análisis temático nos ha permitido ver que figuras parentales y jóvenes pueden vivir numerosos desencuentros a lo largo del recorrido de exploración de género, salida del armario y adaptación/transición. En efecto, la comunicación sobre el género puede ser complicada, lo que llevó a algunas personas jóvenes a ocultar su identidad durante años antes de revelarla a su familia. Las figuras parentales, por su parte, a veces malinterpretaban o no conseguían ver los signos de la identidad o del cuestionamiento de género de la persona joven, porque desconocían las cuestiones trans o la existencia misma de las personas trans. En estos casos, la revelación les provocaba a menudo conmoción, pesar y duelo, un fenómeno descrito ampliamente por Coolhart et al., 2018 y Wahlig (2015).
Analizar al mismo tiempo los relatos de figuras parentales y de jóvenes nos permitió profundizar en la comprensión de los procesos y ver que los recorridos de unos y otras hacia la transición están a menudo completamente desfasados y a veces parecen ir en direcciones opuestas. La figura 1 ilustra el proceso.

En primer lugar, la persona joven empieza a cuestionar su género. Esto puede ir acompañado de sentimientos de malestar, disforia y ansiedad. Muchas personas jóvenes temen la reacción de su familia y sienten que deben ocultar su identidad auténtica, lo que puede afectar a su autoestima y a su salud mental. Mientras tanto, la mayoría de las figuras parentales parecen ignorar o negar los signos, pero a menudo empiezan a preocuparse cuando la persona joven comienza a tener dificultades de salud mental. La revelación o salida del armario es un momento clave que invierte la situación. Las figuras parentales pueden sentir conmoción, empezar a hacer el duelo de la criatura que creían tener y sentir ansiedad por tomar las decisiones adecuadas, por su seguridad y su aceptación, etc. —en consonancia con hallazgos anteriores sobre las reacciones parentales (Pullen Sansfaçon et al., 2020b; Aramburu Alegria, 2018; Coolhart et al., 2018; Wahlig, 2015)—, mientras que la juventud siente alivio porque por fin puede ser ella misma, dejar de ocultar su identidad e iniciar un proceso de transición que reduce los sentimientos de disforia. El bienestar de la persona joven empieza a mejorar a medida que siente esperanza e ilusión ante esos cambios. Al apoyar a la persona joven, las figuras parentales pueden aliviar sus propias preocupaciones. En efecto, implicarse activamente en el proceso de transición —permitiéndole explorar su género, defendiendo sus intereses o centrándose en su felicidad— era descrito a menudo por las figuras parentales entrevistadas como una manera de superar las dificultades y de volver a conectar con la persona joven. Coolhart et al., 2018 explican también cómo las familias tienden a dar prioridad a la felicidad de la persona joven como mecanismo de afrontamiento para superar su proceso de duelo, algo que también destaca claramente en nuestros datos.
A medida que la persona joven afirma y asume su identidad de género, las figuras parentales pueden por fin verla y reconocer que nunca fue quien creían. A menudo esto ocurre de forma retrospectiva, cuando figura parental y joven reinterpretan juntos el pasado desde una nueva perspectiva. Observamos también que permitir a la persona joven explorar su género y ver los cambios positivos que siguieron ayudó a aliviar la preocupación parental por posibles arrepentimientos futuros y a adherirse a su decisión, lo que confirma la literatura previa sobre el tema (Aramburu Alegria, 2018). El proceso por el que las figuras parentales deciden implicarse activamente en apoyar a la persona joven pese a sus reticencias y sus miedos parece conducir también a la creación de un círculo virtuoso, es decir, un proceso de cambio positivo que contribuye a su vez a generar nuevos cambios positivos. En efecto, una vez que la persona joven se siente capaz de revelar su identidad de género a su familia, y una vez superada la conmoción inicial, el apoyo creciente que recibe le ayuda a sentirse más feliz y capaz de vivir un yo de género más auténtico, lo que a su vez hace que las figuras parentales se sientan bien con su decisión de apoyarla, reforzando así el apoyo que le brindan. En las familias que apoyan, todo este proceso suele conducir a mejores dinámicas familiares, un vínculo emocional más estrecho y un compromiso mutuo más fuerte. La figura 2 ilustra el proceso.

Nuestro estudio reveló también un desfase entre figuras parentales y jóvenes respecto a las expresiones de género que no se ajustaban a las expectativas sociales de ninguno de los dos géneros binarios. En particular, mientras que algunas personas jóvenes se sentían a gusto con una expresión de género «intermedia» y no sentían la urgencia de acceder a determinadas intervenciones médicas, sus figuras parentales expresaban el deseo de ver los cambios producirse más deprisa, a menudo de forma binaria. Esto concuerda con Aramburu Alegria, 2018, que explica que las figuras parentales manifestaban ansiedad cuando la expresión de género de la persona joven era fluida o cuando manifestaba una fluidez de género «entre géneros» (p. 142). Aunque todas las personas jóvenes dijeron haberse beneficiado de las intervenciones médicas recibidas, nuestros datos nos llevan a suscribir la recomendación de esta autora de seguir sensibilizando a la sociedad sobre la diversidad de las identidades de género. También es importante señalar que, aunque con demasiada frecuencia se interpreta que la juventud trans que realiza actividades asociadas a su género asignado vacila en su identidad, esto puede reflejar en realidad que la persona joven se siente lo bastante cómoda y segura en su género auténtico como para no sentir ya tanta presión por demostrarlo a los demás (Wong & Drake, 2017).
Al poner de relieve estas diferencias en el recorrido de transición, queremos subrayar que figuras parentales y jóvenes tienen a menudo necesidades distintas, que deberían tener en cuenta los y las profesionales que les acompañan en este proceso. La juventud suele estar segura de sus decisiones y necesita acceder a herramientas que le permitan expresar su género (lo que a menudo implica una transición social y médica), mientras que las figuras parentales necesitan aceptar la identidad de la persona joven y que se les tranquilice sobre sus motivaciones y sobre las consecuencias de sus decisiones. Algunos autores y autoras tienden hoy a promover un enfoque de afirmación trans en el acompañamiento, es decir, dejar que la persona joven viva su género sin restricciones ni presiones (Keo-Meier & Ehrensaft, 2018).
Observamos que un pequeño número de figuras parentales de nuestra muestra notaron pronto que la persona joven era diferente y la dejaron explorar libremente su género sin intentar reprimirlo. En estas familias observamos menos asincronía, y el proceso de transición parece más fluido, ya que la persona joven no tiene que salir formalmente del armario ante su familia, como sugiere Travers (2018) y recoge la investigación de Aramburu Alegria, 2018 sobre las figuras parentales. Esto respalda la importancia de informar a todas las familias sobre la existencia y las realidades de las identidades trans, para que puedan acompañar la exploración de género de la persona joven lo antes posible, si se produce y cuando se produzca. Como sugieren estudios anteriores (Coolhart et al., 2018 Wong & Drake, 2017; Pullen Sansfaçon et al., 2015; Pullen Sansfaçon et al., 2020b), creemos que tener más conocimientos sobre las cuestiones trans ayudaría a las figuras parentales a sentirse mejor preparadas para afrontar una situación así y probablemente les permitiría estar más atentas a cualquier cuestionamiento de género, lo que a su vez contribuiría a reducir sus preocupaciones. De hecho, las figuras parentales de nuestro estudio citaban a menudo el hecho de disponer de información y de saber hasta qué punto el apoyo parental favorece el bienestar de las JTNB (reduciendo, por ejemplo, el riesgo suicida) como algo que les había ayudado en su camino hacia la aceptación.
Los datos obtenidos tanto de figuras parentales como de jóvenes ponen de manifiesto que las familias podían desconocer el largo cuestionamiento de género que la persona joven decía haber vivido antes de salir del armario. Este hallazgo es importante porque pone en entredicho la fiabilidad de los estudios que se basan exclusivamente en informes parentales para comprender las experiencias y las perspectivas de la juventud (véase, por ejemplo, el estudio de Littman (2018) basado en informes parentales, que sugiere una nueva trayectoria de desarrollo en la niñez). A través de entrevistas con jóvenes y con sus figuras parentales, nuestros datos muestran que la juventud empieza a menudo su recorrido de cuestionamiento de género mucho antes de planteárselo por primera vez a su familia, con frecuencia porque teme su reacción o, en algunos casos, porque quiere evitarle una preocupación innecesaria. En algunos casos, las figuras parentales malinterpretaron o ignoraron signos que eran más visibles. Esto sugiere que, aunque las familias puedan sorprenderse ante la identidad de la persona joven cuando esta la revela por primera vez —sobre todo si no habían notado ningún signo previo—, ello no significa que la identidad de género de la persona joven haya aparecido de repente o «rápidamente», como se ha sugerido anteriormente (Littman, 2018). Nuestros datos muestran que la mayoría de las personas jóvenes cuestionaron en realidad su género durante años, esperando a estar seguras de su identidad de género o a que llegara el momento oportuno para revelarla a su familia. La investigación que pretende comprender el desarrollo y la afirmación de la identidad de género en la niñez no debería basarse únicamente en los relatos parentales, porque sus perspectivas son a menudo muy diferentes, como demuestra este estudio. Por ello, situar en el centro las voces de las JTNB en este tipo de investigación es esencial. Además, nuestros resultados ponen de relieve la importancia del tiempo en el proceso de adaptación y las distintas experiencias que pueden surgir de él. Dado que este proyecto se basó en recuerdos de experiencias pasadas, la investigación futura debería explorar longitudinalmente las cuestiones relativas a la toma de conciencia y la afirmación del género para captar con más precisión las diferencias entre la experiencia de la figura parental y la de la persona joven. Por último, en lo que respecta a la práctica, nuestro estudio reitera la importancia de ofrecer apoyo por separado a las figuras parentales y a las JTNB, ya que unas y otras tienen necesidades importantes pero diferentes que satisfacer en su camino hacia la aceptación y la afirmación.
Los resultados de este estudio deben interpretarse con cautela. Dado que las personas participantes se reclutaron en clínicas en las que ya recibían, o estaban a punto de empezar a recibir, atención de afirmación de género, los resultados no pueden generalizarse a toda la juventud y solo deberían aplicarse a este grupo concreto de jóvenes. Además, la figura parental tenía que aceptar participar ella misma en una entrevista para que la persona joven pudiera formar parte del estudio, lo que significa que puede considerarse que estas figuras parentales apoyaban bastante, o incluso mucho, a su hijo o hija. Las experiencias de figuras parentales y jóvenes en familias en las que el apoyo parental es limitado pueden ser diferentes. En el caso de las personas jóvenes entrevistadas en presencia de su madre o su padre, esto puede haber inhibido sus respuestas. Por último, el tamaño de nuestra muestra y su limitada diversidad sociodemográfica restringen la posibilidad de generalizar nuestros resultados. Por ejemplo, la muestra parental estaba compuesta mayoritariamente por madres, por lo que disponemos de pocos datos sobre la perspectiva de los padres. También fueron pocas las figuras parentales que mencionaron una experiencia de migración internacional o que indicaron una ascendencia distinta de la europea blanca. Futuros estudios se beneficiarían de una mayor diversidad, aunque reclutar muestras más diversas puede plantear dificultades importantes en este sentido. Futuros estudios podrían examinar cómo influye el género de la figura parental en su experiencia de la transición de su hijo o hija.
Explorar a la vez las experiencias de la juventud y de sus figuras parentales en su proceso de salida del armario, de adaptación a la nueva realidad y de aceptación permitió descubrir la asincronía de experiencias y emociones por la que pasa cada parte. También nos permitió descubrir, por un lado, que el hecho de apoyar a la persona joven permitía a las figuras parentales recuperar cierto control sobre la situación: aunque muchas pudieran sentirse al principio impotentes para ayudar a una persona joven que no era feliz y que, en algunos casos, se autolesionaba o tenía pensamientos o conductas suicidas, descubrir y comprender su identidad de género les hizo darse cuenta de que tenían el poder de ayudarla a estar mejor. Por otro lado, las personas jóvenes que se sentían aceptadas y apoyadas y que por fin podían ser ellas mismas se volvían más felices y más abiertas, lo que a veces reforzaba los lazos con su familia. Estos cambios positivos facilitaban que las figuras parentales aceptaran la identidad de la persona joven y ganaran confianza en que la transición era el camino adecuado y tenía sentido en su historia.
Complexe Systémique: puntos clave
La fuerza de este estudio reside en su diseño: escuchar por separado a la persona joven y a la figura parental de una misma familia y después superponer sus líneas temporales. Muestra que la salida del armario no es un comienzo para ambas partes: cierra un largo proceso silencioso para la persona joven y abre un proceso de duelo para la figura parental. Para la práctica sistémica se desprenden tres líneas: ofrecer espacios separados, porque las necesidades y los ritmos difieren; acompañar la relectura compartida del pasado (fotos, anécdotas), que va tejiendo una historia común; detectar el círculo virtuoso en el que el apoyo parental tranquiliza a la persona joven, que a su vez tranquiliza a su familia. El estudio invita también a la cautela ante las afirmaciones basadas únicamente en relatos parentales. Sus límites son importantes: familias que ya apoyaban, reclutadas en clínicas, mayoritariamente madres, escasa diversidad cultural y una lectura retrospectiva. La prisa de algunas figuras parentales por una transición binaria recuerda que el acompañamiento debe seguir el ritmo de la persona joven. Puede leerse junto con el artículo sobre los tratamientos familiares para jóvenes LGBTQ+ con riesgo suicida y el artículo sobre las negociaciones familiares del estudiantado queer y trans racializado.
Notas del original
Conflicto de intereses. La autoría declara no tener intereses en conflicto.
Aprobación ética. Todos los procedimientos realizados en los estudios con participantes humanos se ajustaron a las normas éticas del comité de investigación institucional o nacional y a la Declaración de Helsinki de 1964 y sus enmiendas posteriores, o a normas éticas comparables. El estudio fue aprobado por el Comité d’éthique à la recherche en arts et en sciences de la Universidad de Montreal, institución de la investigadora principal (número de aprobación CERAS-2016-17-186-P); por los comités de ética responsables de los centros clínicos: el Health and Research Ethics Board (HREB) de la Universidad de Manitoba (número de aprobación HS20652(H2017:112)); por el CHEO Research Ethics Board, número de aprobación CHEOREB# 16/176X; y por el McGill Faculty of Medicine Institutional Review Board, número de aprobación A06-B27-17B; así como por el Comité d’éthique de la recherche avec des êtres humains de l’Université du Québec à Montréal, institución de una de las personas cosolicitantes con acceso a los datos brutos (número de aprobación 2241_e_2017).
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Traducción no oficial de Blossoming Child, Mourning Parent: A Qualitative Study of Trans Children and Their Parents Navigating Transition, de Annie Pullen Sansfaçon, Denise Medico, Morgane Gelly, Valeria Kirichenko y Frank Suerich-Gulick, Journal of Child and Family Studies, vol. 31, n.o 7 (2022), doi: 10.1007/s10826-021-02178-w, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (aspectos destacados agrupados en el recuadro del resumen, tabla presentada en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Traducción no oficial del artículo original «Blossoming Child, Mourning Parent: A Qualitative Study of Trans Children and Their Parents Navigating Transition», publicado en Journal of Child and Family Studies (2022) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida y maquetada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Pullen Sansfaçon, A., Medico, D., Gelly, M., Kirichenko, V., y Suerich-Gulick, F. (2022). Blossoming Child, Mourning Parent: A Qualitative Study of Trans Children and Their Parents Navigating Transition. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/blossoming-child-mourning-parent-trans-children-and-their-parents-navigating-transition (Obra original publicada en 2021 en Journal of Child and Family Studies, 31(7), 1771-1784 (2022); republicada en 2022 por Journal of Child and Family Studies, https://link.springer.com/article/10.1007/s10826-021-02178-w)
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