Traducción asistida por IA

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Systemic Practice and Action Research · Práctica sistémica

Vivir la vida como indagación – una práctica sistémica para agentes de cambio

¿Y si la investigación no se detuviera en el terreno, sino que atravesara toda una vida? Veinte años después de que el artículo de Judi Marshall convirtiera el «vivir la vida como indagación» en una referencia de la investigación-acción en primera persona, Margaret Gearty y Judi Marshall vuelven sobre la noción desde dentro: dos retratos, una tabla de temas y tres imágenes para mostrar cómo esta práctica se configura, se encarna y se discierne en el día a día.

Autoría Margaret Rose Gearty (Ashridge Executive Education at Hult International Business School, Berkhamsted; New Histories Ltd, Bath) y Judi Marshall (Lancaster University Management School, Lancaster), Reino UnidoPrimera publicación Systemic Practice and Action Research, 10 de septiembre de 2020Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Living Life as Inquiry – a Systemic Practice for Change Agents, de Margaret Rose Gearty y Judi Marshall, publicado en Systemic Practice and Action Research (Springer) (2021), doi: 10.1007/s11213-020-09539-4, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

En conclusión, creemos haber mostrado que vivir la vida como indagación, como forma de investigación-acción en primera persona, es a la vez profundamente político y profundamente personal.

Margaret Rose Gearty y Judi Marshall

Resumen

La orientación práctica de la investigación-acción, junto con sus principios de inserción en el contexto y de participación, la hace especialmente adecuada para cuestiones complejas e interconectadas y para problemas sistémicos de la «vida real». En el ámbito de la investigación-acción en primera persona, el influyente artículo de Judi Marshall (1999) «Living Life as Inquiry» describía cómo esta investigación puede extenderse a toda la vida, de modo que las cuestiones profesionales y personales pueden situarse dentro de marcos políticamente pertinentes. A lo largo de las dos últimas décadas, muchas personas estudiantes e investigadoras han trabajado con la idea de vivir la vida como indagación (VVI) y han extraído de ella una gran inspiración imaginativa. Sin embargo, se ha escrito poco para describir cómo se desarrolla la práctica y las múltiples formas que puede adoptar. Este artículo se apoya en nuestra amplia experiencia como indagadoras y como formadoras, en el trabajo con estudiantes y agentes de cambio que desean abordar preocupaciones sociales y medioambientales. Veinte años después del artículo original, hemos llevado a cabo una revisión reflexiva que incluyó un examen de la literatura y un trabajo en profundidad con una serie de relatos y prácticas actuales. De ello surge una ampliación con textura del lenguaje y de la práctica de vivir la vida como indagación, tal como se aborda desde la especificidad de la vida de las personas. A través de texturas narrativas y visuales, ofrecemos miradas sobre las muy diversas maneras en que la VVI se desarrolla mediante prácticas cotidianas de experimentación, recogida de datos, exploración artística, intervención y reflexión. Exploramos lo que esto significa para la calidad en la puesta en acto de la indagación. El artículo presta especial atención a la naturaleza encarnada de la indagación y trata de captar su cualidad fugaz y procesual.

Palabras clave: Vivir la vida como indagación, Investigación-acción en primera persona, Indagación autorreflexiva, Práctica encarnada, Práctica sistémica

Introducción

Vivir la vida como indagación – un momento para hacer balance

En 1999, Judi Marshall escribió un influyente artículo de investigación-acción en el que ofrecía un relato reflexivo y en varias capas de su manera de llevar una actitud indagadora a su vida como investigadora y aspirante a agente de cambio en el mundo. El artículo de Marshall (Marshall 1999), titulado «Living life as Inquiry», se publicó en la revista Systemic Practice and Action Research. Daba cuerpo a la idea de la investigación como asunto personal y político, y sugería que el trabajo de quien hace investigación-acción incluye conectar y explorar precisamente las distinciones que, tradicionalmente, podrían separar ambos ámbitos.

En los veinte años transcurridos, el vivir la vida como indagación de Marshall se ha convertido en un punto de referencia importante en el panteón de prácticas e ideas que constituyen la investigación-acción «en primera persona». El trabajo autorreflexivo en primera persona es en sí mismo una orientación fundamental de la investigación-acción, en la que la persona investigadora está inmersa en el terreno y procura aportar cada vez más indagación y conciencia a su presencia y a sus momentos de acción en él (Reason and Bradbury 2001; Coghlan 2003; Marshall and Mead 2005). La indagación en primera persona rara vez es una actividad solitaria. Aporta un hilo vital a la investigación, que normalmente se integra junto con la investigación-acción en segunda y tercera persona.

Una gran variedad de autoras y autores de tradiciones distintas trabajan desde las prácticas de indagación en primera persona y procuran contribuir a ellas, en la investigación-acción y, de forma más general, en la investigación cualitativa, animados a adoptar la autorreflexividad en tiempos de perspectivas múltiples, paradigmas cuestionados y una «triple crisis de representación, legitimación y praxis» (Denzin and Lincoln 2005: p.19). Pero, según nuestra experiencia, a muchas personas la noción de autorreflexividad les resulta difícil, por mucho que la defienda la literatura sobre paradigmas y metodologías de investigación. Esa es en parte la razón por la que queremos explorarla aquí en profundidad.

Al poner de relieve aquí estos aspectos de la investigación, reconocemos que hacemos una elección política: prestar atención y dar palabra a lo que a menudo queda silenciado en la práctica y en la representación de la investigación. Hacerlo importa, a nuestro juicio, porque, como indagadoras y aspirantes a agentes de cambio interesadas en la práctica sistémica, intervenimos en el mundo, con posibles efectos, y por tanto tenemos la responsabilidad de prestar atención a lo que hacemos y de rendir cuentas de ello.

En este campo, vivir la vida como indagación puede situarse como una interpretación particular de la investigación-acción en primera persona, aunque de amplio alcance, que contrasta y se hermana con enfoques más estructurados como los de la action inquiry (Erfan and Torbert 2015; Reason and Torbert 2001) y la action science (Argyris et al. 1985; Argyris and Schon 1996). Vemos afinidad con el trabajo integrador de Coghlan, que sitúa la indagación autorreflexiva en primera persona en el centro de los procesos de investigación-acción en segunda y tercera persona (Coghlan and Brannick 2014), a la vez que la fundamenta filosóficamente. Coghlan propone que la autenticidad en la puesta en acto de la investigación-acción, así como de la propia vida, no reside en los datos, sino en la práctica en primera persona (Coghlan 2008). Allí donde Coghlan señala el territorio interior, vivir la vida como indagación podría verse como un intento de mostrar lo que supone adentrarse en él.

Vivir la vida como indagación (VVI), proponía Marshall, significa mantener abierta la frontera entre la investigación y la vida en general (Marshall 1999, p.160), «vivir continuamente en proceso, ajustándose, viendo lo que emerge» (p.156), y adoptar una serie de estrategias y maneras de comportarse que lo sostengan. Se presenta como una noción plenamente aspiracional. A partir de dos ejemplos de su vida laboral como catedrática universitaria, Marshall ilustraba su enfoque indagador, consciente de la exposición de sí que ello exigía, al hacer públicos sus procesos privados, incluidas las prácticas de conciencia para trabajar en esta frontera siempre cambiante. Desarrolló, por ejemplo, una curiosidad por saber «cuándo persistir y cuándo desistir» (p.165, idem) en determinadas situaciones. Esta pregunta, una vez advertida, y apoyándose en su investigación sobre las mujeres en la dirección de organizaciones, empezó a rebotar en otros proyectos en los que trabajaba y a conectar con cuestiones más generales de género y con las teorías feministas de la «práctica relacional» (Fletcher 1998).

De este modo, el enfoque de Marshall, aunque se sitúa en lo local de la experiencia vital, empieza a adquirir un propósito político más amplio. En su libro posterior, Marshall (2016a) prestó una atención más explícita a las cuestiones de poder y al pensamiento sistémico, enriqueciendo la descripción de vivir la vida como indagación como una manera no solo de liberar el anhelo humano interior de aprender, sino también de ejercer la creatividad al servicio del cambio sistémico exterior. Así, el trabajo de Marshall ha acompañado a estudiantes y a personas investigadoras que aprovechan el potencial sistémico, basado en valores, de la investigación-acción como medio hacia una sociedad mejor y más libre (Greenwood and Levin 2007).

En 2018 nos propusimos hacer balance de la noción de vivir la vida como indagación, veinte años después, y llevar a cabo una investigación con vistas a escribir este artículo.

La VVI en la literatura – lagunas y curiosidades

Un tema destacado en la literatura que cita el trabajo de Marshall ha sido su papel legitimador de prácticas de investigación que invitan a prestar atención a cómo nos experimentamos en la indagación (Lord and Preston 2009; Allbon 2012). Su trabajo suele situarse dentro de nociones más amplias de práctica reflexiva, y aparece por ejemplo junto a obras de Schon y Torbert (Coghlan 2003; Nzembayie et al. 2019). El énfasis en el desarrollo integrado de la práctica, y no solo en la producción de conocimiento, crea una afinidad natural con los marcos de la action science. Lo que hace singular a vivir la vida como indagación es su orientación procesual, en la que la persona investigadora no está separada, sino inmersa en la acción del presente continuo (Ragland 2006). La imagen que ofreció Marshall (1999, p.157) de un movimiento entre «arcos de atención interno y externo» fue la más citada en la literatura como explicación de lo que implica la VVI. Se propone como apoyo para la conciencia y el vivir cotidianos (Taylor 2004) y, por tanto, para una manera de ser. Ramsey compara el proceso con ritmos poéticos, con la creación de nuevas posibilidades en el momento, un proceso que es «conscientemente experimental y transformador» (Ramsey 2018, p.90). Esto conecta con las ideas de una epistemología de la práctica que proponen Raelin (2007) y Ramsey (2014), en la que el conocer es una actividad y no una posesión. Como lo expresa Raelin, el conocer buscado es práctico y se basa en habilidades; tiene que ver con «encontrar, aprendiendo, la salida» de esos momentos en que la pericia, el hábito y la competencia nos fallan (p.500). El vocabulario de Marshall sobre el vivir y el practicar momento a momento parece resonar de forma interesante con estas epistemologías, así como con el llamamiento más amplio de Ramsey a un «lenguaje del proceso» (Ramsey 2014, p.8) que haga justicia a las experiencias vividas y les sirva de base. Este era uno de los vínculos posibles que queríamos explorar aquí.

Otra cuestión era qué aspecto podría tener vivir la vida como indagación. Pese al claro vínculo con la práctica, resulta interesante que muy poca literatura desde 1999 describa con algún detalle las propias prácticas de indagación de quienes escriben. Hay algunas excepciones. Allbon (2012), por ejemplo, describe su aplicación personal de la VVI y la relaciona con su escritura autoetnográfica. Shepherd (2006) expuso sus prácticas de diario, apoyándose en los métodos de indagación radical de Marshall para poder trabajar con contenidos e ideas radicales. Somos conscientes de que el espacio y las convenciones de los artículos de revista no suelen permitir explicar prácticas detalladas. Sin embargo, la escasez de ilustraciones también puede deberse a una paradoja: como proceso «posconvencional», vivir la vida como indagación no ofrece ninguna pauta directiva sobre qué hacer. El resultado es que, pese a la insistencia de Marshall en que vivir la vida como indagación es un asunto muy individual y contextualizado, su expresión de ello sigue estando bastante sola en la galería. Nuestra intención aquí es al menos señalar esta laguna y remediarla en parte presentando material con cierta textura.

La VVI en la práctica – ¿de eslogan a constructo de anclaje?

Dado el entusiasmo de la literatura que cita a Marshall (1999), pero su relativa falta de concreción, nos preguntamos si la VVI se está utilizando como un constructo de anclaje, del que las personas extraen aliento y legitimidad para desarrollar su propio camino y sus propias prácticas de indagación. Nuestra experiencia en la formación, con la amplia gama de interpretaciones que las personas aplican a vivir la vida como indagación, sugiere que puede ser así. Somos indagadoras y formadoras que hemos trabajado con estudiantes de máster y de doctorado en tres instituciones del Reino Unido, en programas basados en la investigación-acción. Nuestro alumnado se ha comprometido con el cambio sistémico de una u otra forma, y muchas de estas personas se han interesado especialmente por cuestiones de sostenibilidad y de justicia social. A las personas, la investigación-acción en primera persona les ha resultado útil, importante y liberadora. Hemos sido testigos de muchas formas creativas de trabajar con la idea de vivir la vida como indagación. La expresión ha cautivado al alumnado: una aspiración casi a modo de eslogan al principio, que orienta a quienes investigan a cultivar prácticas cotidianas de toma de decisiones, recogida de datos, exploración artística, intervención, práctica reflexiva y cuestionamiento oportuno. El alumnado se ha sentido capacitado gracias al lenguaje y a las ilustraciones cuidadosos y en varias capas de Marshall, declarándose (¡a veces un poco demasiado deprisa, todo hay que decirlo!) en situación de vivir la vida como indagación, con grados diversos de rigor y profundidad. La expresión puede parecer que da permiso para explorar, descubrir y sentir curiosidad. Las personas han desarrollado sus propias prácticas con gran variedad, aportando a ello sus experiencias vitales. Con esta investigación nos propusimos comprender mejor esta evolución del eslogan a la práctica profunda, preguntándonos cómo se desarrolla una práctica de vivir la vida como indagación y cómo cambia con el tiempo.

La indagación autorreflexiva está expuesta a la crítica de autocomplacencia. Aunque no encontramos que esto se discutiera mucho en la literatura que cita a Marshall (1999), somos conscientes de que la reflexión puede presentarse de forma acrítica como «algo bueno que hacer», y esto exige cautela. Nuestra experiencia nos ha ayudado a apreciar los retos, tanto generativos como degenerativos, de un enfoque así, y nos propusimos hacer balance de ellos. Cuando toda la vida está abierta a la curiosidad, las acusaciones de complacencia rumiativa pueden enfrentarse a las réplicas que defienden una autoexpresión investigadora valiosa. No son tensiones fáciles, pero son instructivas. La manera en que quien indaga trabaja con estos dilemas remite a cuestiones de calidad que también queríamos abordar en este texto.

En resumen, partimos en líneas generales con las siguientes intenciones. Pensando en profesionales de la investigación-acción sistémica, quisimos dar textura a la expresión original de vivir la vida como indagación: ampliar y exponer mejor las dimensiones de variabilidad y los procesos de calidad que puede haber. Reconociendo los veinte años de compromiso sostenido en nuestros programas formativos, parece oportuno empezar a aportar nuevas comprensiones procedentes de la práctica junto a la voz inicial de Marshall y, al hacerlo, estar abiertas a los bordes generativos y degenerativos. Nos interesa saber cómo esas comprensiones podrían ayudarnos a seguir construyendo sobre los vínculos existentes con las epistemologías de la práctica y a establecer un lenguaje más firme que pueda a la vez anclar vivir la vida como indagación más sólidamente en el ámbito de la investigación-acción y crear conexiones interesantes fuera de él.

Indagar sobre la indagación

Este proceso de indagación lo inició la primera autora (M), que invitó después a la segunda autora (J) a sumarse. Había en ello un elemento de reconocimiento, por parte de M, de las aportaciones de J a la investigación-acción, incluidos el artículo de 1999 y el libro posterior (Marshall 2016a), junto con el deseo de avivar las conversaciones sobre la indagación en las comunidades de estudiantes y profesionales en las que se movía. J estaba muy abierta a explorar de nuevo la indagación en primera persona y a aceptar el desafío y el cuestionamiento que sabía que M aportaría. El entusiasmo por el tema surgió fácilmente entre nosotras. El vigésimo aniversario del artículo original, unido al interés constante del alumnado por el enfoque, apuntaba a una necesidad y una pertinencia. Este artículo se desarrolló después en una larga serie de ciclos de indagación a lo largo de doce meses. Los métodos adoptados pretendían explorar la indagación en primera persona desde dentro y con cierta profundidad, para ir más allá de las formulaciones iniciales. Retrospectivamente, podemos identificar tres fases.

En la primera fase nos propusimos generar una serie de materiales de base coherentes con vivir la vida como indagación, apoyándonos en nuestras largas trayectorias de trabajo con la investigación-acción. Además, y en línea con el impulso retrospectivo que había dado origen a este trabajo, se encargó una revisión de la literatura de las publicaciones que citan a Marshall (1999). La llevó a cabo una asistente de investigación (Ilma), recién titulada en un programa de máster basado en la investigación-acción que una de nosotras había dirigido.

Paralelamente, nosotras, las autoras, escribimos relatos autorreflexivos sobre nuestras prácticas de indagación en primera persona y sobre nuestra visión actual de esta forma de investigar y de vivir. También se invitó a Ilma a escribir sobre su experimentación empírica y su seguimiento de las prácticas de indagación tal como se habían desarrollado durante el programa de máster y desde entonces. Nos interesaba especialmente cómo esas prácticas cambiaban desde la graduación, pues ese momento representaba una bisagra entre la indagación exigida y sostenida por los estudios y la indagación como práctica continuada.

En la segunda fase del proyecto nos propusimos ampliar la diversidad de relatos de indagación y reflexionar analíticamente sobre el material ya generado. Escribimos semblanzas de dos personas más tituladas del máster (Charles y Rachel, un seudónimo) cuyas prácticas de indagación nos parecían mostrar estilos interesantemente contrastados. Ambas personas trabajaban en el cambio sistémico, movidas por agendas de sostenibilidad, y utilizaban la indagación como medio para producir cambios hacia dentro y hacia fuera. Los retratos nos ayudaron a explorar cómo las prácticas de indagación pueden ir clarificándose en los programas de máster basados en la investigación-acción.

Contrastamos estas semblanzas con las personas implicadas, pidiéndoles permiso para utilizar el material e invitándolas a comentarlo. Las versiones iniciales de nuestras semblanzas fueron aprobadas, y se aportaron nuevas observaciones. Junto con los relatos del equipo de investigación, esto nos dio cinco relatos de indagación con los que trabajar. No lo consideramos tanto una muestra como una base suficiente desde la que explorar.

A partir de este material inicial, emprendimos miniciclos de conversación, interpretación y construcción iterativa de sentido mediante intercambios de correos electrónicos (a los que Ilma se sumaba a veces) y reuniones de investigación, que se celebraron sobre todo por videoconferencia a través de internet. Las reuniones se grababan para facilitar la revisión continua. Trabajar así generó mucho material divergente, coherente con nuestra experiencia de las diversas maneras en que las personas llevan a cabo la investigación-acción en primera persona y de cómo las prácticas se desarrollan con el tiempo. Identificamos, evaluamos críticamente y pusimos a prueba los temas que surgían del material.

Participar en el proyecto de investigación agudizó nuestra atención a las indagaciones en curso en nuestras vidas, y ayudó a que afloraran reflexiones y evaluaciones críticas de los procesos de investigación. En esta fase descubrimos que todas las comunicaciones entre nosotras se volvían pertinentes para la investigación. Por ejemplo, cada vez que nos escribíamos y celebrábamos reuniones de investigación, hablábamos un poco de las indagaciones en curso en nuestra vida profesional y en nuestra vida en general, y luego reflexionábamos más sobre lo que quizá estábamos aprendiendo acerca de la investigación-acción, en especial sobre la indagación en primera persona. Estos procesos ejemplificaban cómo la indagación en primera persona suele beneficiarse del contacto con otras personas que acompañan el aprendizaje y que pueden ofrecer un apoyo y un cuestionamiento valiosos.

Trabajar con nuestras fuentes de datos divergentes exigía un equilibrio, sin dejar de atenernos lo suficiente a nuestras preguntas de investigación para favorecer la convergencia. Como coindagación, nuestro enfoque daba cabida a la «interdependencia del caos y el orden» (Heron 1999, p.127), y trabajamos a lo largo del tiempo con múltiples hilos abiertos, resistiendo la tentación de ordenarlos.

A partir de este material se elaboró una primera tabla de temas, que se puso a prueba, se contrastó y se adaptó varias veces a medida que avanzaba el proyecto. Este proceso iterativo nos permitió identificar hilos convergentes en el material de investigación y en las discusiones y, mediante agrupaciones, situar la distinción entre el desarrollo y la puesta en acto de la indagación que surgió de este trabajo. La tabla resultante se convirtió así en una piedra de toque de lo que iba emergiendo. Se presenta más abajo.

Al trabajar de este modo, integramos procesos de calidad, como hace la investigación-acción en primera y segunda persona. Mientras trabajábamos, ejercimos a la vez la sospecha y la ambición. Ante nuestro material nos preguntamos conscientemente: «¿qué o quién falta aquí?», y esto nos ayudó a ver los límites de nuestros cinco relatos de indagación, a quién podían representar o no, como comentamos más abajo. Al mismo tiempo, aspirábamos a alcanzar una plenitud en lo que pudiéramos presentar.

Durante la segunda fase advertimos que utilizábamos metáforas para describir la indagación, y nos preguntamos si las imágenes visuales o sensoriales podrían ayudarnos a hacerlo. Decidimos buscar metáforas visuales para captar la indagación de maneras que las palabras quizá no permiten. Las imágenes visuales que encontramos o creamos empezaron a entrelazarse con nuestras comprensiones temáticas.

En la tercera y última fase, cristalizamos e hicimos converger los temas principales de este artículo. Ello supuso no solo determinar lo que habíamos descubierto, sino decidir qué era importante decir que pudiera ser útil a otras personas, y cómo presentarlo. A lo largo de todo el proceso de investigación habíamos prestado atención a múltiples formas de datos y queríamos ofrecerlas en el propio artículo.

Principales temas surgidos

En las distintas fases del análisis que sigue, deseamos desarrollar especialmente tres comprensiones clave surgidas de la investigación:

Prácticas personales singulares y procesos de calidad

Los enfoques y las prácticas de indagación tienden a ser propios de la persona implicada y del contexto en el que actúa, tanto en su desarrollo como en su puesta en acto continuada. Existe, pues, un estrecho acoplamiento entre una vida vivida, pasada y presente, y la «práctica» de la indagación dentro de esa vida. Además, la indagación parece evolucionar continuamente, moldeada a medida que la vida se despliega. Aunque los procesos de calidad están igualmente individualizados, pueden identificarse preocupaciones y preguntas comunes.

Encarnación

La encarnación es un aspecto clave de la indagación y, al prestarle atención, ampliamos la comprensión de la investigación-acción en primera persona. Por encarnación nos referimos a esas prácticas de ir y venir entre la cognición en la mente y la sensación en el cuerpo, en busca de lo que está ocurriendo y es pertinente. Nuestro material de investigación mostraba continuamente una encarnación arraigada, que sugiere que la indagación dista mucho de ser solo un asunto intelectual. El contenedor de la encarnación, y la expresión a través de la encarnación, amplían, creemos, la plenitud de lo que podemos dar a entender.

La naturaleza procesual de la indagación

Una mayor atención a las prácticas encarnadas de indagación arroja más luz sobre la naturaleza intrínsecamente procesual de la indagación. Por procesual nos referimos a una interpretación de la indagación más flexible que la descrita hasta ahora, que remite a estados fugaces del ser y de la acción más que a estados fijos del conocer.

Una forma de presentación con textura

Hemos procurado dar a este artículo una forma coherente con nuestra manera de trabajar y con estas comprensiones emergentes. Nuestros esfuerzos de investigación dieron lugar a distintos géneros de producción, entre ellos semblanzas, metáforas visuales y una tabla de temas que sirve de piedra de toque.

Al abordar este tema nos ha llamado la atención un desafío de articulación y el modo en que plantea cuestiones de lenguaje. La indagación viva y llena de matices es difícil de describir. Richardson y St Pierre invitan a quienes escriben en paradigmas de investigación posconvencionales a abrazar esta elusividad. Abogan por un «campo de juego» más amplio en la escritura de la investigación, donde los géneros puedan difuminarse y la tarea consista en cristalizar —más que en triangular— el sentido, trabajando a través de formas potencialmente múltiples de «datos» (Richardson and St Pierre 2005). Es con este espíritu exploratorio como presentamos el material resultante en forma de distintas «texturas» que responden a nuestras preguntas iniciales. Estas texturas tienen modos diferentes —narrativo, visual y analítico— que ofrecen miradas distintas sobre nuestro material, y constituyen así en sí mismas un intento de «lenguaje» más amplio. De este modo procuramos encarnar el vivir la vida como indagación en el texto, con la esperanza de conservar la cualidad estratificada y caleidoscópica del artículo original y de seguir siendo coherentes con su imagen de una indagación que «considera poco como fijo, acabado o nítido» (Marshall 1999, p.156).

Textura narrativa: semblanzas

Presentamos primero las dos semblanzas de personas que habían cursado el máster y que desarrollaron enfoques de indagación en el contexto de sus estudios. Las escribieron las autoras, como se ha expuesto más arriba, para ilustrar maneras contrastadas en que una persona estudiante llega «a» una indagación sistemática y articulada. Mientras que uno muestra cómo la aplicación repetida de los marcos de la action inquiry sostuvo su enfoque indagador del desarrollo organizacional, la otra aprovechó y reorientó (en cierto modo) sus prácticas artísticas y encarnadas ya existentes. Desarrollaremos más estas diferencias en la discusión que sigue.

Semblanza 1: Charles

Charles era ingeniero y científico, de algo más de cincuenta y cinco años, y ocupaba un puesto estratégico en la sede británica de una consultora internacional del sector del agua. Quería defender con fuerza una mayor atención a la sostenibilidad, pero no quería que la gente pensara que había «perdido la cabeza» y que había que jubilarlo. Quería «agitar el barco sin caerse de él».

Desde el principio, Charles indicó que cursar el máster era un experimento sobre quién era y quién podía llegar a ser. Por ejemplo, durante un «juego» de simulación de tres horas sobre reservas pesqueras en el primer taller, enseguida se dio cuenta de lo importante que era calcular las cifras de reservas y de agotamiento si las personas participantes querían evitar la sobrepesca, pero no insistió cuando sus compañeras y compañeros de equipo no le hicieron caso. No quería que se le colgara la etiqueta de experto técnico al comienzo del programa. Reflexionó sobre ello en la puesta en común de la sesión.

Charles abordó su trabajo en la titulación de manera comprometida y metódica. Muy pronto descubrió que el marco de la action inquiry (Fisher et al. 2003) tenía suficiente sentido para él, y lo adoptó con dedicación, prestando atención a los propósitos, las estrategias, los comportamientos y los efectos. Planteó miniproyectos en estos términos, una y otra vez, a medida que recorría los ciclos de aprendizaje entre talleres y redactaba Learning Papers. Lo que parecía empezar como una fórmula se convirtió en un proceso para profundizar en lo que pensaba, hacía y sentía, que le ayudaba a enmarcar y emprender acciones.

Charles fue muy explícito sobre cómo la investigación-acción en primera persona le abrió a emociones que pudo vivir y explorar como nunca antes lo había hecho. Dice: Creo que una conciencia emocional más amplia —que no es solo una cuestión de hechos, sino de cómo cada cual se siente ante ellos— me ayudó de verdad a aceptar mucho más las opiniones distintas y, por tanto, a colaborar de forma más eficaz.

Trabajar con las emociones le ayudó a ser valiente en circunstancias que, de otro modo, habrían resultado intimidantes, pese incluso a su posición en la empresa. Ahora dice a quienes forma que «los enfoques de acción experimental te ayudan a probar cosas a pesar de los miedos y la incertidumbre, protegiéndote de culparte si las cosas no salen como esperabas».

Charles emprendió sistemáticamente investigación-acción en primera, segunda y tercera persona en una amplia gama de actividades organizativas y profesionales. Por ejemplo, se le invitó a impartir un seminario de gestión del conocimiento en su empresa. Ofreció información medioambiental, transmitiendo mensajes de alerta sobre los daños, yendo más allá de lo que consideraba aceptable, y lo vivió como algo exigente y arriesgado. Exploró de antemano cómo hacerlo y lo habló con compañeras y compañeros de aprendizaje del máster. Hizo su presentación con cierta aprensión. Fue durante un almuerzo. Pidió al público que escribieran sus comentarios en las servilletas. Era una buena práctica de action inquiry y alivió su ansiedad sobre cómo había sido recibido. Los comentarios fueron de reconocimiento. Había alzado la voz, pero, al parecer, no había ido demasiado lejos.

Después creó un grupo de indagación cooperativa formado por personas voluntarias de distintas áreas y niveles, que investigaba cómo podía la empresa abordar las cuestiones de sostenibilidad en sus propias prácticas. Era consciente de que las personas integrantes del grupo tenían un acceso distinto al poder y de que las consecuencias, incluidas las posibles repercusiones en su carrera, podían variar para cada cual. Por ello emprendió una exploración sustancial de las teorías del poder y trazó sus implicaciones para la práctica, tanto para hombres blancos de más edad como él como para colegas más jóvenes en la jerarquía y distintos de él, y las tuvo en cuenta con el grupo de indagación y en la acción organizativa.

Charles influyó en las conferencias anuales y otros eventos de su empresa para que incorporaran y debatieran más cuestiones de sostenibilidad. Escribió cartas cuidadosamente elaboradas a revistas profesionales, defendiendo que la formación en ingeniería prestara más atención a la sostenibilidad. Puso así en marcha ondas de indagación en tercera persona dentro y fuera de su organización.

Fue nombrado Royal Society of Engineering Visiting Professor en la Universidad de Cambridge durante tres años. Manteniendo su enfoque de indagación para dar forma al contenido y al estilo de su docencia, animó al alumnado internacional de máster a verse como agentes de cambio para la sostenibilidad.

Charles siguió trabajando para su organización y hablando de su trabajo a escala internacional tras su jubilación formal. Estaba destinado a desarrollarse. El máster y la investigación-acción llegaron en el momento justo para él.

Semblanza 2: Rachel

Rachel era una enfermera formadora muy ocupada del NHS, preocupada por las cuestiones de justicia social y de cambio climático, que quería influir en las agendas de sostenibilidad de su lugar de trabajo. Sentía un profundo cuidado por quienes están en los márgenes de la sociedad. Durante el máster exploró su propio sentimiento de marginalidad y de diferencia, reflexionando sobre cómo procedía de su educación (por ejemplo, haber asistido a una escuela Steiner), de su herencia de clase social y de sus propias discapacidades invisibles, entre ellas la dislexia. Sentía que su sentimiento de diferencia le daba una comprensión innata de la diversidad.

Rachel llegó al máster ya convencida de la importancia del desarrollo personal y familiarizada con otras maneras de ser y de aprender, en particular la Movement Medicine1 (una práctica somática encarnada), la PNL y los enfoques gestálticos. Al encontrarse con parte del trabajo experiencial profundo del máster, «sintió que volvía a casa».

Rachel tenía un agudo sentido del deber y del servicio. Su lugar de trabajo era estresante, su vida familiar ajetreada y exigente. Necesitaba recargarse. En el caso de Rachel, no se trataba de saber «cómo» vivir la vida como indagación: tenía una base sólida para encontrar su camino. Se trataba más bien de darse permiso para hacerlo, en parte gracias a la lectura de Marshall (1999). Dijo: «legitimó lo que ya me resultaba natural como “indagación”».

Rachel experimentó con pequeños bocetos de obras abstractas y coloridas. Esto le ayudó a abordar ámbitos de su vida en los que se sentía bloqueada, entre ellos la redacción de los trabajos del curso. El boceto reflexivo le resultaba catártico: le ayudaba a calmarse y a «aquietar su mente», y a elegir entre las muchas ideas y perspectivas que, de otro modo, podían paralizar sus procesos de pensamiento. Esta práctica artística evolucionó hasta incluir la escritura creativa, la conexión con la naturaleza en el parque del barrio y, de forma significativa, durante 100 días, cada día bailó: una forma de práctica encarnada fuertemente influida por la danza de los 5 ritmos de Gabriel Roth y por la experiencia de Rachel con la movement medicine. Quería encontrar una práctica sagrada:

«Todo gira en torno a la resiliencia: la práctica conduce a una resiliencia y cambia tu manera de estar presente».2

Empezó a aplicar la práctica de indagación a sus experiencias «en el mundo»; por ejemplo, cuando tuvo que dar una charla sobre sostenibilidad en su lugar de trabajo, contó que se sentía más integrada e inspirada, y señaló:

«Esto representa a una yo integrada haciendo el trabajo interior y exterior que es mi vocación… cuando consigo acceder a ese lugar, me siento con más recursos».

Rachel hizo evolucionar su enfoque de la indagación en el contexto ajetreado de su vida. Sus bocetos artísticos se convirtieron en una disciplina.

«Estas exploraciones del color continuaron… en algunas ocasiones yo… me daba cuenta de que pasaba de un estado de ánimo negativo a uno positivo con solo hacerlas; a menudo me resultaban tranquilizadoras. No tenían nada de perfectas; a menudo las hacía lo último por la noche, cuando caían las cortinas del cansancio, o mientras hervía el agua o se cocinaba la comida».

«Necesitaba volver a conectar con la creatividad, con lo que me da sentido y alegría. Necesitaba darme permiso para hacer las cosas que amo, para conectar conmigo misma, con la felicidad, con el bienestar.»

El boceto y su práctica de danza la invitan, según contó, a un «conocimiento con todo el cuerpo», «un espacio donde lo inconsciente puede hacerse consciente y expresarse», en el que puede conocerse una textura más amplia de la experiencia y en el que hay nuevas maneras de reflexionar y de conocer.

Al principio, el enfoque de indagación de Rachel tenía más que ver con la expansión de sí misma. Con el tiempo, las exploraciones desembocaron en acción en su vida cotidiana. En el trabajo, Rachel asumió un papel de impulsora de la sostenibilidad; su confianza y su claridad en lo que hacía se vieron reforzadas por su práctica de indagación y por compartirla con sus colegas del grupo de aprendizaje del máster.

«Mi arte me alimentaba, alimentaba mi espíritu, lo que soy… Significa que puedo apoyarme en mi propia credibilidad y me hace capaz de provocar un cambio social»

La reconexión con el arte y con el «conocimiento con todo el cuerpo» fue significativa y nutritiva, pero también tuvo costes. Rachel estaba «agotada» a veces y necesitaba desconectar para hacer frente a la presión de estudiar, criar y trabajar.

Espacios de vida encarnados

Aunque las vías de entrada a la indagación de Charles y de Rachel fueron bastante distintas, en cada relato es evidente el cultivo de una disciplina que fomenta y orienta la acción. Los marcos estructurantes de Torbert y sus colegas guían a Charles hacia ciclos de indagación repetidos y disciplinados, mientras que son más bien las evocaciones procesuales de Marshall las que inspiran a Rachel a crear sus propias estructuras artísticas de exploración. Cada cual a su manera, se reservan tiempo y espacio para reflexionar, prepararse, elaborar estrategias y actuar desde la indagación, y así trabajar con sus preguntas de indagación. Lo que desarrollan es ante todo un conocer práctico (Heron 1996), en el que, sostenida por nuevos haceres —o por viejos haceres ahora configurados de otra manera (el boceto artístico, la escritura, el trabajo con marcos)—, la dirección de la atención en sus vidas cambia o se renueva.

Nos llamaron la atención las ampliaciones de la percepción que lo acompañaban. Charles atiende a un registro emocional más amplio y, con ello, su conocer se vuelve más encarnado. A través de la danza y del arte, Rachel empieza a encarnar deliberadamente maneras más amplias de conocer para expresarse y estar en el mundo. Vivir la vida como indagación ya está reconocido en la literatura como un proceso plenamente encarnado. Se cita a Marshall como ejemplo de una académica que incorpora su experiencia vivida en sus publicaciones, procurando poner en acto en su escritura lo que defiende. En esta investigación pudimos vislumbrar la naturaleza encarnada de la práctica. En todo nuestro material, las personas que indagaban mostraban, de maneras singulares, atención a las emociones, a los sentimientos y a las sensaciones físicas para orientar sus elecciones en los procesos de indagación.

Textura visual A: dibujar mi proceso de indagación

Esto nos lleva a la primera de las tres texturas visuales destinadas a mostrar aspectos de vivir la vida como indagación. En el curso de la investigación nos preguntamos qué metáforas o presentaciones artísticas podrían ofrecer lo que es más difícil decir con palabras. La primera se muestra en la Fig. 1: un dibujo a lápiz realizado por Ilma a principios de 2019.

Textura visual A: dibujar mi proceso de indagación. Dibujo a lápiz de Ilma. Ilma: Llevaba un día o dos con la necesidad de pensar en una imagen que representara mi indagación y, a medida que se acercaba el «plazo»…
Fig. 1. Textura visual A: dibujar mi proceso de indagación Dibujo a lápiz de Ilma. Ilma: Llevaba un día o dos con la necesidad de pensar en una imagen que representara mi indagación y, a medida que se acercaba el «plazo» para proponer algo, esta idea visual me vino de golpe. Empezaba con un caos, un torbellino de pensamientos, de emociones, sin orden, zarandeada, arrastrada en distintas direcciones, con una sensación de ingravidez y de falta de arraigo. De ese torbellino caótico surge un acto consciente y deliberado de arraigarme, de anclar mis experiencias y darles algún tipo de sentido. Y ese es el acto de indagar, para mí, normalmente en forma de escritura, como un intento de describir, de poner orden y estructura, y de convertir el caos emocional y mental en comprensiones y, potencialmente, en acciones. Es un movimiento deliberado hacia abajo, a la vez hacia el arraigo y, a menudo también, que exige descender más hondo en mí misma y mirar cosas que quizá no sean agradables de mirar o de aceptar. Hasta que, por fin, puedo llegar a un momento, una comprensión que abarca el cuadro completo, un alivio. Claridad total. Aunque sé que también esto pasará

Textura analítica: tabla

En esta sección ofrecemos nuestra tabla de referencia de temas, hilos y preguntas, que surgió de nuestra construcción iterativa de sentido y se puso a prueba en ella. El material que presenta procede del conjunto completo de relatos con los que trabajamos. A veces lo hemos ilustrado mediante las historias de Charles y de Rachel, ya que sus diferencias ayudan a mostrar los temas, y usted ha leído sus retratos. Esta tabla es un trabajo en curso, que no pretende volverse definitivo ni fijo. En su iteración más reciente nos dimos cuenta de que refleja dos hilos de comprensión emergente: uno relativo al desarrollo de la indagación en la propia vida y el segundo relativo a la puesta en acto de los procesos de indagación.

Nos llamó la atención que, aunque existan términos generales que describen o promueven las prácticas de indagación, quien indaga solo puede desarrollar una práctica en relación con su propia vida. Varios hilos de la sección A de la tabla 1 exploran este desarrollo y la naturaleza de estas prácticas personales singulares. Las historias contrastadas de Rachel y de Charles han puesto de manifiesto cómo el momento o los momentos clave en que se establecen disciplinas de indagación en la propia vida se abordan también de una manera única para cada persona que indaga.

La sección B de la tabla 1 se centra después en los puntos comunes relativos a la puesta en acto de la indagación que surgieron en los cinco relatos que exploramos. La celda 6 retoma el tema de la encarnación ya presentado, mientras que la celda 7 reúne una serie de preguntas que, según proponemos, son indicativas de procesos de calidad integrados, implícitos y en funcionamiento en los procesos continuos y reflexivos de la indagación

Tabla 1 — Hilos relativos a la indagación tal como se expresan en los relatos reflexivos

Sección A: Desarrollo de quien indaga: singular, continuo y arraigado en la experiencia vital

  • 1. La indagación está moldeada por las especificidades de nuestras vidas. La manera en que las personas abordan la indagación y desarrollan su práctica es singular, moldeada por sus experiencias vitales y sus valores. Todos los relatos lo mostraban. Hay, sin embargo, puntos comunes que hacen reconocible lo que hacen las personas como indagación disciplinada, como vemos en las dos semblanzas. Trabajar a través de múltiples maneras de conocer, respetándolas, es uno de esos puntos comunes.
  • 2. Los relatos escritos surgen en la especificidad del «tiempo». Los relatos que exploramos se arraigaban en exploraciones vitales del momento y expresaban una vulnerabilidad y una particularidad que ilustraban y ponían a prueba cualquier principio general enunciado. Nuestra discusión posterior y la textura visual A lo muestran.
  • 3. La indagación es una búsqueda vital continua. En todos los perfiles, la indagación se afirma como un valor y una aspiración especiales en nuestras vidas, que alimentan nuestras búsquedas para actuar en favor de un cambio sistémico generativo. Por ejemplo, tanto para Rachel como para Charles, actuar desde la indagación les ayuda a exigirse una presencia más plena, lo que abre comprensión y valentía.
    Señalamos, no obstante, que una práctica consolidada no se vuelve necesariamente «mejor». Podría volverse más habitual y menos exploratoria. Cómo mantener la indagación rica y viva es una cuestión de calidad de la práctica (véase la celda 7).
  • 4. La práctica actual de indagación refleja la historia de desarrollo de la indagación de cada persona. La indagación se desarrolla con la experiencia. La manera en que se desarrolla refleja la historia vital y el estilo personal de cada cual. Charles y Rachel muestran ambos cómo se apoyaron en prácticas previas para desarrollar sus disciplinas de indagación singulares y arraigadas.
    Las personas crean el espacio vital en el que indagar y convertirlo en una especie de «hábito», integrando una atención reflexiva a la manera en que lo desarrollan. Por ejemplo, la tendencia temprana de algunas personas a (sobre)rumiar puede canalizarse hacia la práctica de indagación, convirtiendo esas tendencias en enfoques más disciplinados y moderados de cara al exterior. Nos faltaron datos sobre estilos más extrovertidos.
  • 5. Las ideas sobre la indagación se vuelven parte de nuestro ser: «viven» en nuestro interior. Las prácticas de indagación de las personas incorporan ideas procedentes de la literatura y de las teorías del cambio, maduradas al ponerlas a prueba repetidamente en la práctica.

Sección B: Puesta en acto de la indagación: patrones y preguntas

  • 6. Espacio de vida encarnado. Las prácticas de indagación de las personas se inscribían en sus espacios de vida. Ser y encarnar eran tan significativos como actuar. Se apreciaban enfoques de la encarnación diferentes y singulares.
  • 7. La indagación como proceso dinámico y reflexivo. A lo largo de los relatos con los que trabajamos, se hacía referencia a un cuestionamiento reflexivo continuo como clave en la práctica de la indagación. Las preguntas comunes eran:
    Cómo decidir sobre qué indagar
    Cómo conservar la frescura y la apertura en la indagación
    Cómo discernir si una línea de indagación y de acción en curso sigue teniendo vitalidad
    Prácticas para trabajar con las emociones
    ¿Cuál es el paso oportuno a la acción y cómo se hermana con la reflexión?
    Vemos este autocuestionamiento como un proceso de calidad integrado en la conducción de la indagación, aunque la forma que adopta será propia de cada persona.
    A menudo, lo que se hacía evidente era que la indagación exigía procesos dinámicos de movimiento entre los llamados arcos de atención interno y externo. No eran actividades separadas.

Es importante señalar aquí que nuestros datos no desarrollaron el potencial degenerativo que puede haber en la indagación en primera persona, aunque este apareció en nuestras conversaciones. Reflexionaremos sobre los aspectos generativos/degenerativos de la indagación en la discusión final.

En el resto del artículo tomamos como guía la sección B de la tabla. Desarrollaremos primero el cuestionamiento reflexivo continuo que surgió en nuestro material y que se resume en la celda 7. Proponemos que este tipo de cuestionamiento es un indicador de calidad. Mostraremos también cómo la indagación está fuertemente encarnada. En la sección siguiente, nuestros cuerpos aparecían de distintas maneras como instrumentos, que a menudo orientaban elecciones decisivas sobre si prestar atención o no en el desarrollo de la indagación en curso. Así, lo que sigue muestra los procesos dinámicos e interpenetrados de cuestionamiento y de vida encarnada que surgen. Aunque se ponen en acto en momentos concretos y situados de la vida, creemos que también muestran algo de la naturaleza de la indagación en sí y de su actitud absorbente y de su capacidad de elección continua y provisional. Esto nos lleva a la textura visual B y a la Fig. 2, más abajo, que parece buscar una perspectiva sobre la naturaleza de la indagación en sí a medida que traza su recorrido a lo largo de una vida.

Textura visual B: caminos de indagación que recorren una vida. Campo con líneas formadas por la siega del heno (imagen de banco). M: Empezaba a imaginar la indagación como gestos dentro de un esfuerzo de investigación…
Fig. 2. Textura visual B: caminos de indagación que recorren una vida Campo con líneas formadas por la siega del heno (imagen de banco). M: Empezaba a imaginar la indagación como gestos dentro de un esfuerzo de investigación o de una vida más amplia. ¿Cómo mostrarlo? Un día paseaba por el bosque y me vino vívidamente a la mente la imagen de un círculo en un campo de cultivo. Pero no uno nítido. Si la vida fuera un campo, mi indagación aparecería como los caminos que tomo a través de él. A veces lo atravesaré con concentración, dejando líneas limpias y nítidas. Otras veces quizá vague, serpentee o siga viejos trazados. Solo más tarde, y desde otro punto de vista, puedo empezar a ver adónde llevan, cómo se conectan o se desvanecen. Mientras tanto, muchas zonas del campo quedan sin visitar. Cuando decido dónde indagar, ¿cómo puedo saber qué línea seguir? La sensación es a veces como saltar de un trapecio sabiendo que te van a recoger; mi metaindagación, creo, tiene que ver con confiar en la disciplina y también en la vida misma

El cuestionamiento reflexivo continuo en la puesta en acto de la indagación

Todo el material que sigue debe leerse a la luz de que la investigación-acción en primera persona es una actividad intrínsecamente incierta y precaria, que puede implicar exposición y vulnerabilidad. Como se ocupa por naturaleza de cuestiones que importan, habrá cosas en juego, incluidas la legitimidad y el bienestar de quien indaga. Como sugería la historia de Charles, las indagaciones de nuestro alumnado de máster implicaban a menudo una experimentación que podía meterles en apuros. Adoptar algunas formas de investigación-acción puede ayudar, pero no hará desaparecer los riesgos. La indagación en primera persona debe, por tanto, emprenderse con un cuestionamiento crítico y con cuidado de la propia persona y de las demás. Las elecciones consideradas a continuación son, por ello, exigentes, arriesgadas, no rutinarias.

Para ilustrar la naturaleza precaria de la indagación, en esta sección ofrecemos también, en recuadros, dos historias de las indagaciones en curso de las autoras.

Decidir sobre qué indagar

Al reconocer la indagación como algo tejido en una vida que fluye plenamente y que se cruza con ella, las prácticas de discernimiento, en términos de «a qué prestar atención», surgieron como significativas. Afinar la propia curiosidad para detenerse en unas experiencias y no en otras es el imperativo de toda persona investigadora. Con datos ilimitados, las elecciones sobre qué advertir, registrar y a qué responder de forma continua al vivir la vida como indagación constituyen una práctica en sí mismas. «La indagación se ha tejido en mi vida», escribió M. ¿Cómo distinguir entonces la indagación de la vida misma? La práctica es la de un cuestionamiento reflexivo continuo. Tiene que ver con la elección y el discernimiento y, en última instancia, con la calidad del proceso de indagación. La tabla 1 (celda 7) aclara algunas de estas preguntas —desarrolladas más abajo—, mientras que la textura visual B pone de relieve su carácter no resuelto.

J: ¿qué es lo que en la vida despierta mi curiosidad, y combina entusiasmo con un atisbo de miedo ante lo que podría encontrar a través de la indagación?

M: ¿estoy indagando en el centro de lo que importa?

A lo largo de los años hemos propuesto una serie de heurísticos (como las dos citas anteriores) para ayudar a nuestro alumnado a elegir sus preguntas clave de indagación y a abrirse paso entre la proliferación de «datos» de que dispone. Pero estas guías pueden transmitir a veces la falsa impresión de que hay una línea limpia y escurridiza esperando a ser descubierta.

Observamos que nuestro alumnado se tomaba tiempo para trabajar de forma sistemática en la práctica de recoger y seleccionar datos. Charles formuló su enfoque de indagación y se mantuvo fiel a él: planificó con esmero una presentación para su empresa y recogió material a partir de lo que ocurrió. Ilma hizo un seguimiento de cómo sus prácticas de indagación cambiaron, se mantuvieron o se desvanecieron tras la graduación. Continuó con la práctica del diario que había adoptado en el máster y señaló que esto le ayudaba a decidir dónde poner su atención. Escribió que «dos años de captar datos en caliente, expresarlos visualmente y luego revisarlos de forma deliberada y crítica se han convertido en un saber práctico sobre aquello a lo que prestar atención».

Conservar la frescura y la apertura

Para J y M, la indagación tiene lugar frente a vidas en curso que, inevitablemente, pueden volverse monótonas, difíciles o exigentes. Vivir la vida como indagación no era tanto una exigencia añadida como un recordatorio y un medio para seguir abiertas a lo que estaba ocurriendo. Nos llamó la atención la atención que había en los escritos de J y de M a que hubiera «frescura». La propia indagación necesitaba estar viva en su propia curiosidad, para tejerse bien en la vida y no convertirse en un fin en sí misma.

La elección de indagar era a veces bastante deliberada. J escribió sobre su decisión de adoptar una actitud indagadora en una reunión en la residencia de su madre: «Lo hago en parte para mantenerme un poco fresca, en vez de habituada» (para más información sobre este contexto de indagación, véase el recuadro más abajo). Otras veces no era tanto una elección como un recurso por necesidad. Cuando su madre enfermó gravemente, M habló de escribir a diario como medio de «supervivencia», un propósito singular para la indagación.

Un ejemplo de indagación arriesgada en acción – J.

Durante esta investigación, nosotras, las autoras, hablamos de los retos y riesgos de las indagaciones activas. Por ejemplo, J procuraba actuar con familiares de otras personas residentes, a través de un «Equipo de Desarrollo» de la residencia, negociado y semiformal, para impulsar mejoras en la residencia en la que vivía su madre. Algunos de los muchos bordes que consideró fueron:
Cómo hablar, con una voz adecuada, con las direcciones de la residencia y las direcciones interinas, que cambiaban con frecuencia, sobre todo dados sus intereses profesionales en la investigación-acción y el cambio organizacional;
Cómo desempeñar su papel sin pisar a otras familias, con sus preocupaciones y sus maneras de expresarse;
Cómo plantear cuestiones sistémicas, sobre las que las familias sienten que tienen una perspectiva especial, sin dar la impresión de criticar al personal asistencial ni abrir vías para que la dirección adopte nuevas iniciativas que se impongan al personal en lugar de escucharlo;
Cómo no convertirse en una molestia, con repercusiones negativas en el cuidado de su madre;
Cómo mantener la energía cuando las mejoras prometidas no llegaban o las condiciones retrocedían;
Cómo juzgar si estaba haciendo lo suficiente y cuál era la acción oportuna, sobre todo cuando había otro cambio de dirección.
En cualquier momento, J podía encontrarse en equilibrio sobre varios bordes. Y además había cuestiones potencialmente delicadas de género (¿y de edad?) y de voz que también había que sopesar.

Comprobar los signos de vitalidad

¿Cómo saber entonces si una indagación está viva? Esté o no estructurada dentro de un proyecto de máster, los hábitos diligentes pueden impulsar una indagación hacia delante de forma irreflexiva, mientras que una atención excesiva al detalle fino de la vida puede fijar o paralizar la atención. Vemos en ello un proceso de calidad: una práctica de tomar el pulso a una indagación para comprobar sus signos de vitalidad. Aquí J señalaba cómo preguntarse repetidamente «¿cómo estoy, aquí y ahora?» ayuda a hacer aflorar la experiencia tácita. Cuando se percibe un desafío, o un embotamiento, la indagación puede ser un hábito protector que nos ayude a dar un paso atrás —o a adentrarnos más (Marshall 2016b)— o a revisar directamente los propósitos (Fisher et al. 2003), abriendo la posibilidad de un reencuadre como movimiento clave de la indagación. Observamos que tomar el pulso era a veces un movimiento encarnado más que pensado: M escribió sobre cómo salir a correr le ha sido útil para permitir que la claridad de sus intenciones volviera a aflorar:

M: Cuando corro, solo hay tiempo para concentrarme en mi respiración y en sobrevivir a la imposición física de la carrera. Un pie delante del otro. Cielo, respiración, la carretera por delante. Durante este proceso, los pensamientos quedan mucho más atrás. Después me siento llena de energía y con una actitud claramente cambiada. De algún modo, mi intención es más clara.

Estas prácticas de clarificación y estas tomas de pulso se ofrecen como contrapeso al relato de la persecución que puede eclipsar la actividad de cualquier tipo de indagación en primera persona. Señalamos aquí las maneras que quien indaga podría cultivar para decidir cuándo desistir (Marshall 1999) o dejar caer una línea de exploración.

Trabajar con las emociones

Respetar las emociones y trabajar con ellas, junto con otras maneras de conocer, atraviesa intrínsecamente vivir la vida como indagación. En los programas de máster se invitaba y se ayudaba a las personas a aportar a la indagación todo su registro emocional. Y lo hacían. Cada persona necesitaba entonces desarrollar sus propias prácticas de indagación para trabajar así de forma multidimensional.

Cuando el terreno emocional interior de una persona investigadora se somete a examen, aparece un calor emocional concomitante con el que hay que trabajar y ante el que hay que saber elegir. La agitación interior es a menudo un rasgo de la indagación. Sin embargo, indagar a ciegas «allí donde está tu energía» podría conducir a un movimiento browniano en el que las preguntas se adhieren a las emociones. La textura visual A muestra la presentación artística de Ilma del trabajo con esta agitación, dándole tiempo para aclararse. En un ejemplo que desarrolló, J escribió sobre la búsqueda de «lo que de verdad importa» cuando siguió el rastro de una difusa sensación de desasosiego en la mente y en el cuerpo, que se había adherido a una cuestión práctica que ocupaba su atención de forma desproporcionada, según pensaba.

Un ejemplo de indagación arriesgada en acción – M.

Uno de los lugares de indagación «precaria» para M fue su vida organizativa, en la que era responsable de poner en marcha un nuevo programa de máster basado en la investigación-acción mientras, a su alrededor, el apoyo y la estrategia institucionales estaban en plena transformación tras una fusión. En este contexto, a lo largo de varios meses, M encontró que se requerían distintos niveles de ritmo y de atención mientras transitaba entre distintos círculos de interés: sus colegas de confianza del profesorado, la alta dirección, que estaba revisando el programa y con la que tenía poca historia relacional, y las propias personas que aspiraban a cursar el programa. Su enfoque de indagación se basaba en la pregunta central: «¿cuál era el camino de la integridad a través de esto?». Su borde de indagación consistía en encontrar un lugar donde situarse que «tuviera sentido ético» y que además fuera emocionalmente sano para M. Esto implicaba preguntas como:
Cuál era una respuesta reflexiva y oportuna ante señales cambiantes y, a veces, ante un apoyo menguante;
Cuándo y cómo podía separar el malestar emocional en ella y a su alrededor de los valiosos «datos» encarnados sobre qué hacer a continuación;
Cómo interpretar los momentos de «atasco» y cuándo debía actuar, de forma rápida y decidida;
Cuándo debía esperar, pedir consejo, consultar;
Cómo podía navegar el cambio con sus colegas sin dejar de «estar a la altura» de sus responsabilidades;
Cómo podía estar presente para el alumnado con calidad y atención al trabajo que necesitaba hacer.
El camino a través de este cambio fue, no obstante, caótico para M y sus colegas. Sin embargo, no fue puramente reactivo, ya que el encuadre de la indagación sirvió para sostener la acción en muchos momentos significativos.

Prácticas de discernimiento

En los relatos de las autoras, el discernimiento era una práctica fluida. Tomábamos señales de la experiencia encarnada y del conocer emocional para orientarnos. Recurríamos a los propósitos, reavivándolos a veces. Y observamos largos periodos de espera, en los que la acción no se configuraba y no actuar se convertía en indagación en sí. M escribió sobre «dejar que las cosas siguieran su curso», discerniendo «qué es qué» antes de decidir qué hacer. Se trataba, pues, de una práctica encarnada que buscaba el equilibrio dentro del arco interno de atención. Incluía prácticas de advertir, ajustar y seguir las cosas que se desplegaban o que seguían atascadas. Estas prácticas ya habían sido sugeridas por el heurístico anterior de Marshall de saber «cuándo persistir o desistir» (Marshall 1999, p.165). Nuestro material nos ha mostrado más sobre la naturaleza procesual y continua de la puesta en acto de estas indagaciones. También mostró que la encarnación tiene una gran importancia en los movimientos, momento a momento, de la espera a la acción.

En respuesta a la invitación de M a proponer una imagen, J eligió la imagen de la garza y el yoga que se muestra en la Fig. 3. La textura visual C resultante expresa estas resonancias de otra manera.

Textura visual C: imagen de la garza y el yoga (imagen de banco). J: Imagen de una garza alerta a la orilla del agua, sobre una sola pata. Parecida a la postura del árbol en yoga: anclarse y luego despegar un pie…
Fig. 3. Textura visual C: imagen de la garza y el yoga (imagen de banco). J: Imagen de una garza alerta a la orilla del agua, sobre una sola pata. Parecida a la postura del árbol en yoga: anclarse y luego despegar un pie del suelo y elevarlo para apoyarlo ligeramente más arriba en la otra pierna. La indagación siempre tiene que ver conmigo in situ. Exige mucha autoatención orientadora, aspirar a permanecer presente, dirigir la atención hacia fuera y también explorar hacia dentro. Mantenerse ahí exige pequeños movimientos internos, como los movimientos sensoriales de sostenerse sobre una pierna. Son datos en sí mismos, los ajustes que hago como señales sobre mí-in-situ y sobre la situación tal como la vivo. Mantener ese flujo en movimiento. Si el flujo de sensaciones —pensamientos, sentimientos, imágenes— se vuelve rutinario, repetitivo, procuro advertirlo y hacer algún movimiento para provocar un cambio, para obtener otra perspectiva. Explorar el mundo que me rodea, observar cómo es y cualquier movimiento. Lo que importa es la intersección de estos distintos sentidos, su yuxtaposición. En la postura del árbol en yoga, si alguna vez me cruza el pensamiento «lo estoy haciendo bien», me caigo inmediatamente. Del mismo modo, la indagación nunca está bajo control: es dinámica, siempre provisional, aspiracional. Respirando dentro de esta imagen, pienso también que puede haber en todo esto mucha más quietud dinámica y equilibrio de lo que cabría esperar.

El paso oportuno a la acción

La imagen de la garza y el yoga evoca el momento del «paso a la acción». Refleja también preguntas que surgieron en todo el material y en nuestras conversaciones de construcción de sentido sobre cuándo y cómo pasar a la acción con una actitud indagadora y sobre cómo las prácticas reflexivas pueden alimentar esos pasos. Un tema emergente, en sintonía con la literatura, era cómo la indagación da permiso para implicarse en la propia vida de manera valiente y experimental. El interés por contribuir al cambio sistémico motivaba a nuestro alumnado y a nosotras mismas. Lo vimos directamente en el ejemplo de Charles, más arriba, en el que la indagación proporcionó un contenedor a partir del cual podían planificarse la acción y la experimentación en su lugar de trabajo. En el caso de Rachel, la conexión no era tan directa. Sus acciones hacia fuera, en el mundo, solo se alimentaron después de que se concediera tiempo para mirar hacia dentro. ¿No podría percibirse esto también como un paso a una acción «hacia dentro»? Nos parece importante amplificar este tipo de cuestionamiento. En nuestra experiencia formativa, el alumnado expresa a veces temores de «solipsismo» o de autocomplacencia, que amenazan con cerrar la puerta al reconocimiento de aspectos entrelazados de la experiencia, que podrían entonces quedar reprimidos o volverse indiscutibles.

Del mismo modo, en nuestro material la relación entre el modo reflexivo y la acción en el mundo resultó compleja. M la comparó con una danza y escribió que buscaba: «un ritmo personal de indagación y cultivar un paso confiado a la acción», y consideraba problemáticas las designaciones nítidas de «reflexión» y «acción».

En reflexión

Revisitar los arcos de atención interno y externo

Dado que la noción de movimiento entre «arcos de atención interno y externo» era la característica de la VVI más citada en nuestro examen de la literatura que hace referencia a Marshall (1999), sentíamos curiosidad por explorar lo que hemos aprendido sobre esta dinámica.

En nuestra reflexión nos hemos ido alejando cada vez más de la idea de «episodios de acción» aislados, con zonas explícitas de acción y de reflexión aparentemente delimitadas, para interesarnos por los movimientos y las dinámicas dentro de patrones o campos de indagación entrelazados.

Vemos estos «movimientos» reflexivos como transiciones no tan diferenciadas entre estados. Son encarnados y dinámicos: una manera fusionada de atender a la experiencia tanto dentro como fuera de nosotras, que Coghlan (2007) considera central en la indagación autorreflexiva. Hemos descubierto que poner la atención en lo interior sirve a la acción exterior de una manera interesante. Los arcos externos podrían describirse ahora como una expresión del foco y de la atención interiores. La sección anterior y la textura visual C, la garza, han explorado estas ideas.

La puesta en acto de todo esto se ha vivido como flexible, ya que nos movemos a través de «estados fugaces» de atención en lugar de saber nunca de forma definitiva, por ejemplo, cuándo persistir o desistir. Sugiere una agilidad —de la mente-cuerpo— que se fortalece como un músculo, mediante disciplinas de práctica. Seguir / desplegar esta visión procesual acaba disolviendo la distinción entre arcos de atención interno y externo. Podríamos preguntarnos, en cambio, cómo se integran estas atenciones en un proceso que se despliega y cómo pueden entenderse de forma dinámica.

La naturaleza procesual de la indagación

Al afinar la noción de vivir la vida como indagación y aportarle textura, creemos haber puesto de manifiesto su naturaleza intrínsecamente procesual. A medida que avanzaba la investigación, hemos sentido afinidad con el empeño de Ramsey por explicitar un lenguaje del proceso arraigado (Ramsey 2014, p.8) que haga justicia a las experiencias vividas.

Como hacía Ramsey, las personas que indagaban en nuestra investigación buscaban «opciones relacionales de acción» (Ramsey 2014, p.17): no unas «opciones cualesquiera», sino opciones que conecten con los contextos y con otras personas y que, al mismo tiempo, se tejan bien en nuestras vidas y nuestros propósitos. Nuestra investigación arroja luz sobre lo que Ramsey reclamaba: «una comprensión más fina del proceso mediante el cual podríamos aprender a adquirir sabiduría práctica, mediante el cual podríamos aprender a formular juicios más hábiles en nuestra práctica» (en Ramsey 2014, p.9). A partir de nuestros ciclos de construcción de sentido, vemos la acción en curso como efímera, más que determinada por una reflexión «individual» (aislada). El conocer impregnado de reflexión es proceso en acción. Se vuelve así contingente, fugaz. Esta reflexión no crea un conocimiento diferenciado como recurso que desplegar, sino que abre la posibilidad de que cada momento se cree de nuevo. Con Ramsey (2018), nos preocupa que la mirada académica no esté sintonizada para percibir estos fenómenos momentáneos. ¿Cómo podríamos entonces describir el arte transitorio del devenir? Ramsey exploró la poética social como forma coherente para evocar la fugacidad del proceso. En este artículo hemos trabajado con imágenes y múltiples «texturas», como experimento con expresiones amplificadas de lo que no puede decirse plenamente con palabras.

Revisar los aspectos generativos/degenerativos de la indagación

El material con el que trabajamos nos dijo poco sobre los aspectos potencialmente degenerativos de la indagación. Quizá la expresión más directa fuera el agotamiento que Rachel experimentaba a veces al mantener los procesos de indagación en una vida ya compleja. Sí exploramos los potenciales degenerativos en nuestras conversaciones de investigación.

No vemos la indagación en primera persona como intrínsecamente complaciente consigo misma, como algunas personas podrían reprocharle. Consideramos la autorreflexión activa una responsabilidad de quienes se dedican a la investigación de cualquier tipo. Aun así, sabemos por nuestra experiencia como indagadoras y formadoras que a veces la indagación puede volverse especialmente introspectiva, hasta el punto de que la autoexigencia puede convertirse en un fin en sí misma. Si esto no se complementa con una indagación hacia fuera, la persona que indaga puede sentirse atrapada en patrones autocríticos de los que le cuesta salir. Esto también puede obstaculizar el paso a la experimentación en la acción. Estas posibilidades pueden verse influidas por patrones personales, por falta de confianza en sí o por circunstancias especialmente hostiles en un momento dado. Si esto ocurre, el proceso se convierte en motivo de indagación en sí mismo.

Aunque quienes aportaron relatos a esta investigación encontraran la indagación exigente a veces, y bien pudieran haber vivido estas dinámicas en algún momento, todas y todos afirmamos su valor en nuestras vidas y hemos desarrollado estrategias para sentir curiosidad por los propios procesos de indagación. Ambas autoras hemos advertido que prestar atención a cómo indagamos ayuda a que algunos de los aspectos más degenerativos a los que somos propensas (que en nuestras conversaciones caracterizamos como exceso de rumiación o falta de alegría) nos resulten más conocidos y más fáciles de evitar.

Observaciones finales

A través de nuestras historias y reflexiones, hemos explorado cómo el constructo de anclaje de vivir la vida como indagación podría desarrollarse y ponerse en acto en la práctica. Vemos nuestras descripciones y análisis emergentes como una contribución metodológica, que aporta comprensión no solo a la práctica de vivir la vida como indagación, sino también a la comprensión de la indagación en primera persona de forma más general, en la investigación-acción y en la investigación cualitativa. Nuestra contribución se sostiene especialmente en los tres temas centrales del artículo.

Hemos constatado que vivir la vida como indagación es singular y personal: una práctica «aglutinante» que combina métodos, disciplinas y afinidades procedentes de una vida vivida en continua evolución. Hemos señalado la cualidad encarnada de vivir la vida como indagación y, al hacerlo, hemos llegado a una comprensión más fina de la naturaleza procesual de la indagación en primera persona de forma más general. Desde esta apreciación, la indagación es un proceso continuo, multifacético, que cambia de forma sin cesar, más que un conjunto de estados discretos como la «acción» y la «reflexión». No tanto hemos encontrado un lenguaje para ello (como supondría Ramsey) como presentado texturas de su expresión evocadora. Este trabajo nos ha dejado más claro hasta qué punto es importante trabajar con el conocer emocional y encarnado de forma profunda e integrada junto a otras maneras de conocer, incluidas las dimensiones cognitivas e intelectuales de la indagación en las que se centra Ramsey (Ramsey 2014, p.9; Ramsey 2018, p.95).

No existe una pauta de referencia para aprender a vivir la vida como indagación, aunque sí reconocemos que las personas suelen recurrir al principio a marcos y estructuras como útiles peldaños que las guían (por ejemplo, adoptando las nociones de arcos de atención interno y externo, o como cuando Charles utilizó los 4 territorios de la conciencia de Torbert). Estas pautas pueden adoptarse, pero han de trascenderse en una práctica desarrollada, como hizo después Charles.

Más bien se requiere una especie de humildad (Walton 2011) al abordar la indagación, para tener presentes sus fundamentos epistemológicos, que sugieren que el conocer está inextricablemente ligado a quien conoce (Coleman 2015), y que la experiencia que se despliega tal como se vive dentro de una vida es el lugar primordial del que puede derivarse un conocimiento pertinente. Cada persona puede entonces ser reflexiva en su adopción de la indagación y en la creación de sus propias prácticas de calidad. Aplicar esta atención a la manera en que una persona se experimenta en la indagación y en la vida misma nos lleva a algo fundamental: como sugiere Coghlan, a «la estructura del conocer humano» (Coghlan 2010) en sí misma.

Los límites de las pautas nos han llevado a experimentar con múltiples modos de representación —relatos, análisis e imágenes visuales—, «texturas» destinadas a ofrecer a quienes se inician en la indagación estímulos coherentes con las experiencias vividas de la indagación. De este modo, nos vemos jugando en los límites de lo que cuenta como conocimiento y representación legítimos (Richardson and St Pierre 2005). Reconocemos así la naturaleza políticamente arriesgada de este tipo de trabajo de indagación y el desafío que plantea a las normas epistemológicas establecidas.

Reconocemos la limitación de nuestra muestra y cómo restringe lo que podemos afirmar. Y, sin embargo, incluso con este pequeño grupo nos llaman la atención las variaciones de interpretación y de forma que ha adoptado la indagación. Esperamos que esta exploración anime a otras personas a ofrecer relatos de su práctica y a experimentar con formas de representación. Tenemos muchas ganas de leerlos y de dialogar con ellos.

En conclusión, creemos haber mostrado que vivir la vida como indagación, como forma de investigación-acción en primera persona, es a la vez profundamente político y profundamente personal. Es político en la medida en que ofrece una manera de arraigar la investigación en una agenda de cambio sistémico y de conectarla con ella. Es personal en la medida en que, fundamentalmente, se trata de aprender a mantener una curiosidad perpetua y una atención viva a las elecciones y posibilidades que implica llevar una vida ética y enriquecedora.

Complexe Systémique: puntos clave

El artículo no se dirige en primer lugar a profesionales de la clínica, pero habla directamente de su oficio: ¿qué hacer con lo que se siente en sesión y cómo puede convertirse en conocimiento sin caer en la autocomplacencia? Gearty y Marshall describen la indagación en primera persona como una disciplina singular, encarnada y procesual: elegir a qué prestar atención, comprobar que la indagación sigue viva, trabajar con las emociones, esperar antes de actuar. Para la práctica sistémica, remite al self de la persona terapeuta como instrumento, al ir y venir entre lo que ocurre en una o uno mismo y lo que ocurre en el sistema, y a formas de escritura (diarios, imágenes, retratos) que pueden alimentar la supervisión y la formación. Los límites son claros: solo cinco relatos, tres de ellos del propio equipo de investigación, personas ya comprometidas con el enfoque, y una vertiente degenerativa (rumiación, agotamiento) que el material apenas ilumina. El texto se lee mejor como una invitación metodológica que como una demostración. Para leer junto con el artículo sobre el uso de sí de la persona terapeuta y el artículo sobre la escritura como herramienta de formación para terapeutas.

Notas del original

1 https://www.schoolofmovementmedicine.com/movement-medicine/what-is-movement-medicine/

2 Todas las citas proceden, con permiso, de los learning papers de Rachel y de su portafolio de proyecto final

Agradecimientos. Queremos dar las gracias a Ilma Stankeviciute, que llevó a cabo nuestra revisión de la literatura y se unió a nosotras en ocasiones como compañera de indagación en el equipo de investigación; a Charles y Rachel, que nos permitieron presentarlos en semblanzas, por la generosidad de su tiempo y de sus reflexiones; a quienes revisaron anónimamente el artículo y a tres colegas que comentaron generosamente un primer borrador; y a nuestras respectivas instituciones, Ashridge Executive Education at Hult International Business School y Lancaster University Management School, por los espacios estimulantes en los que explorar las cuestiones expuestas en este artículo.

Disponibilidad de datos y material. No procede.

Disponibilidad del código. No procede.

Conflictos de intereses/intereses en competencia. No procede

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Traducción no oficial al español de Living Life as Inquiry – a Systemic Practice for Change Agents, de Margaret Rose Gearty y Judi Marshall, Systemic Practice and Action Research, vol. 34, n.o 4 (2021), doi: 10.1007/s11213-020-09539-4, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «Living Life as Inquiry – a Systemic Practice for Change Agents», publicado en Systemic Practice and Action Research (2021) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Gearty, M. R., y Marshall, J. (2021). Living Life as Inquiry – a Systemic Practice for Change Agents. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/living-life-as-inquiry-a-systemic-practice-for-change-agents (Obra original publicada en 2020 en Systemic Practice and Action Research, 34(4), 441-462 (2021); republicada en 2021 por Systemic Practice and Action Research, https://link.springer.com/article/10.1007/s11213-020-09539-4)

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