Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Journal of Solution Focused Practices · Formar a profesionales de la salud

Volver a lo básico: una mirada centrada en soluciones sobre el uso y la enseñanza de las habilidades básicas de comunicación para profesionales de la salud

Repetir como un eco, resumir, reflejar un sentimiento, mantener el contacto visual, concretar: cinco habilidades que todo el personal de enfermería y de partería aprende en primer año, a menudo como técnicas puras, sin una visión de lo que la comunicación hace en el cuidado. Cuatro profesionales del modelo de Brujas, Sam Geuens, Heleen Dams, Mark Jones y Geert Lefevere, proponen enseñarlas desde el principio «de manera centrada en soluciones»: repetir como un loro los elementos positivos del relato en lugar de cualquier elemento, pedir permiso antes de resumir para ejercitar la autonomía de la persona consultante, reflejar un sentimiento negativo solo con una pregunta de seguimiento ya en mente, seguir a la persona consultante en la cantidad de contacto visual, concretar el problema para encontrar en él recursos. Con, a modo de preámbulo, tres principios que caben en una página: empezar por la persona consultante, dar espacio a lo positivo, cada persona consultante tiene la solución.

Autoría Sam Geuens (PXL University College, SFZ Hospital, Korzybski Institute), Heleen Dams (Hospital Psiquiátrico Público de Geel), Mark Jones (Higher Plain Research & Education, Reino Unido) y Geert Lefevere (General Hospital St. Jan, Korzybski Institute), BélgicaPrimera publicación Journal of Solution Focused Practices, vol. 4, n.º 2, 2020, artículo 6, pp. 71-81Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Back to Basics: A Solution Focused Take on Using and Teaching Basic Communication Skills for Health Care Professionals, de Sam Geuens, Heleen Dams, Mark Jones y Geert Lefevere, publicado en el Journal of Solution Focused Practices (2020), doi: 10.59874/001c.75031, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las notas a pie de página se agrupan al final de cada sección. Los recuadros y notas con la etiqueta «Complexe Systémique» son nuestros, no de la autoría. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Resumen. Este proyecto propone que enseñar desde el principio a profesionales de la salud las habilidades básicas de comunicación de manera centrada en soluciones aportará beneficios terapéuticos tanto a la persona consultante como a quien presta el cuidado. En primer lugar, este artículo se centra en la elaboración de un pequeño conjunto de principios esenciales del trabajo centrado en soluciones, fáciles de explicar a cualquier público. En segundo lugar, aborda la pregunta: «¿cómo pueden aplicarse de inmediato las habilidades básicas de comunicación de manera centrada en soluciones?».

Palabras clave: terapia centrada en soluciones, habilidades básicas de comunicación, enseñanza, enfermería, partería

Introducción

«El mapa no es el territorio» (Korzybski, 1996).

Comunicar de forma eficaz dista mucho de ser sencillo. La complejidad de la comunicación reside en la influencia y el equilibrio de las palabras empleadas, en la manera en que se combinan1, en el contexto en que se utilizan y en el modo en que los signos y señales no verbales influyen en el significado global y en la interpretación de quien recibe el mensaje. Cuando intentamos orientar nuestra comunicación hacia determinados objetivos, por ejemplo en una relación profesional, alcanzar esos objetivos resulta aún más difícil, pese a nuestra atención agudizada por lograr una comunicación buena y clara.

La comunicación es un medio para alcanzar los fines más diversos.2 Desde una mirada centrada en soluciones, la comunicación es una herramienta que se utiliza dentro de una relación terapéutica para trabajar con las personas consultantes hacia los objetivos terapéuticos que ellas mismas fijan. Aunque la persona terapeuta3 gestiona el proceso de comunicación y las palabras que utiliza4 para dirigir ese proceso, este siempre está orientado por los objetivos de la persona consultante. La persona consultante es experta en su propia vida, sus preguntas y sus problemas. La persona terapeuta es únicamente experta en el proceso que permite a la persona consultante buscar y darse cuenta de cuáles son sus necesidades reales, y descubrir las soluciones que ya lleva en sí.

Este tipo de mirada centrada en soluciones sobre el proceso terapéutico permite a la o el profesional ayudar a la persona consultante a ayudarse a sí misma.

Al darnos cuenta de que la comunicación es una empresa tan compleja, necesitamos estar seguros de que implicarse con las personas consultantes, sesión tras sesión, merece la pena. Lambert (1992) dejó claro que el 45% de lo que determina si la terapia, o en esencia «hablar con las personas consultantes», es realmente eficaz y útil es la calidad de la relación terapéutica. Dicho de otro modo, la calidad del vínculo que se establece entre persona consultante y terapeuta, combinada con el grado en que las personas consultantes creen que «hablar con la persona terapeuta les será útil» —efecto placebo en la comunicación—, determinará el beneficio que se obtenga al implicarse en el proceso. Para construir una buena relación terapéutica tenemos que adentrarnos en las aguas turbias de la comunicación interpersonal.

Existen ya muchos modelos que afirman dirigir eficazmente el proceso de la comunicación terapéutica. El modelo de Brujas de psicoterapia (Isebaert, 1998; 2016), que se sitúa dentro de una visión centrada en soluciones de la comunicación profesional, ya aporta algunas respuestas sobre cómo puede la persona terapeuta dirigir el proceso. Ante todo, el modelo de Brujas responde a preguntas relativas tanto al momento como a la naturaleza de las intervenciones dirigidas a la persona consultante. Ofrece orientación para realizar la intervención adecuada en el momento oportuno dentro del proceso de generar cambio a través de la conversación. El buen momento se consigue reflexionando constantemente sobre la naturaleza de la relación entre persona consultante y terapeuta. Las llamadas «relaciones no comprometidas», en las que la persona consultante no tiene objetivos propios claros, requerirían una estrategia conversacional distinta de la de las relaciones «de consulta», en las que persona consultante y terapeuta trabajan juntas hacia objetivos claramente definidos y realistas (Isebaert, 2007).

La comunicación es más que un medio para alcanzar los objetivos fijados por la persona consultante. Toda forma de comunicación tiene lugar dentro de un contexto relacional e influye en la relación entre quienes se comunican (Watzlawick et al., 2011; Struiving et al., 2017). Muchas y muchos profesionales de la salud que entran en contacto por primera vez con el trabajo centrado en soluciones ya han adquirido habilidades básicas de comunicación, a menudo tanto en su formación inicial como a lo largo de años de práctica profesional en enfermería, partería, psicología, medicina y otras disciplinas. La formación, tanto de grado como de máster, que conduce a una titulación como profesional de la salud suele empezar enseñando habilidades básicas de comunicación como la escucha activa, el resumen y el reflejo de sentimientos. Con frecuencia, estas habilidades básicas de comunicación se conciben como técnicas puras y no se explican partiendo de una visión clara de cómo funciona la comunicación en un contexto terapéutico.

La ganancia, tanto para la persona consultante como para la persona terapeuta, cuando el proceso de «hablar con las personas consultantes» parte desde el principio de una visión centrada en soluciones ya ha quedado claramente documentada en la investigación (p. ej., Duncan, 2010). Como uno de los padres fundadores de la terapia centrada en soluciones, a de Shazer se le cita a menudo diciendo: «Si algo funciona, haz más de lo mismo» (de Shazer, 1994). Partiendo de esta premisa, este proyecto planteó la hipótesis de que enseñar desde el principio a profesionales de la salud las habilidades básicas de comunicación de manera centrada en soluciones podría aportar una ganancia terapéutica adicional tanto para la persona consultante como para la persona terapeuta.

1 Por ejemplo, el concepto de «juego de lenguaje» de Wittgenstein (Wittgenstein, 1976) o el concepto de «clúster semántico» de Niklas Luhmann (Commers, 2004). 2 Cabe hacer una observación kantiana: dentro de una visión centrada en soluciones de la terapia, la comunicación, entendida como el privilegio de entablar y de poder seguir manteniendo una conversación con una persona consultante, no es un «medio para un fin», sino «un fin en sí mismo». Desde la ética de la virtud, esto confiere a la actividad de «conversar» un valor moral inmediato (Gardner, 1999). Ideas similares fueron desarrolladas posteriormente, entre otros, por Emanuel Levinas (Cohen, 1985) y por numerosos filósofos morales actuales inspirados en la ética del cuidado (véase, p. ej., Vanlaere et al., 2012). 3 A efectos de este artículo, el concepto de «terapeuta» abarca a cualquier profesional de la salud que entabla una relación profesional con una persona consultante o paciente. 4 Las personas terapeutas pueden ser de cualquier género y pueden no ajustarse a las normas de género. Lo mismo vale para las personas consultantes. A lo largo de este artículo, por razones de estilo y de uniformidad, nos referiremos a «el terapeuta» y a «el cliente» con «él».

Objetivo

Este artículo tiene dos objetivos principales:

  1. Generar una ganancia terapéutica adicional tanto para la persona consultante como para la persona terapeuta, partiendo de la idea de que centrarse en crear una buena relación terapéutica ayuda a generar una ganancia terapéutica adicional incluso en intervenciones breves o de contacto único. Un enfoque centrado en soluciones puede ayudar a las personas terapeutas a obtener estas ganancias adicionales. Enseñar un enfoque centrado en soluciones, aplicable a cualquier profesión del bienestar y de la salud, plantea la pregunta de qué elementos constituyen los ladrillos de las conversaciones profesionales en estos distintos contextos. Ese denominador común son las técnicas básicas de comunicación. Aplicando estas técnicas básicas de comunicación de manera centrada en soluciones, cualquier profesional del bienestar y de la salud puede generar más rápidamente una relación terapéutica con la persona consultante, lo que conduce a una ganancia terapéutica adicional. Esto exige desarrollar técnicas básicas de comunicación centradas en soluciones.
  2. ¿Cómo enseñar estas mismas técnicas a un grupo tan diverso de profesionales y alcanzar, al final, el mismo valor añadido? Por ello, este artículo pretende también ofrecer una visión general de cómo las técnicas básicas de comunicación pueden aplicarse de inmediato de manera centrada en soluciones. Estas aportaciones teóricas y prácticas pueden combinarse después para crear una plantilla general, una herramienta didáctica destinada a introducir estas nuevas técnicas tanto en la enseñanza superior como en la formación profesional de posgrado.

Desarrollar técnicas básicas de comunicación centradas en soluciones

Desarrollar un conjunto de técnicas básicas de comunicación centradas en soluciones equivale a preguntarse si habilidades básicas como resumir o reflejar sentimientos pueden ejercerse de manera centrada en soluciones. Esto, a su vez, remite a la necesidad de una versión sencilla y concisa de las ideas centrales de la práctica centrada en soluciones, a la altura de la sencillez elemental de las técnicas básicas de comunicación antes mencionadas.

La práctica centrada en soluciones en pocas palabras

Empezar siempre por la persona consultante. En cualquier situación o contexto, la persona consultante es siempre la mayor experta en su propia vida. Es experta tanto en sus fortalezas como en sus éxitos frente a sus problemas. Empezar por la persona consultante, activándola para que cuente su historia, le permite conectar aún más con su realidad actual, lo que contribuye a que el proceso terapéutico avance con mayor fluidez. «Ir rápido yendo despacio (de Shazer, 2002), e implicar siempre a la persona consultante desde una posición de no saber»5 (de Shazer & Dolan, 2009).

De Jong y Kim Berg (2007) también señalan la «posición de no saber» como la actitud mental más importante de cualquier profesional del bienestar o de la salud. Parten de la idea de que la persona terapeuta nunca puede conocer de antemano el significado ni el contenido de las experiencias y acciones de la persona consultante. Por consiguiente, debe partir del relato, la visión y las explicaciones de la persona consultante.

La visión de la vida del Korzybski Institute concibe nuestra existencia como una compleja red de hábitos entrelazados: hábitos grandes y pequeños que fluyen unos sobre otros en una espiral sin fin hacia un cambio inevitable.6 Cada hábito se considera en sí mismo como una combinación de cuatro factores, a saber:

  • Logos: cogniciones, realidad semántica de la persona consultante
  • Pathos: realidad emocional del hábito
  • Ethos: comportamiento habitual
  • Oikos: contexto habitual (Isebaert, 2007).7

Estos componentes definen distintos aspectos del hábito. El hábito en sí se vive como un todo, como algo indiviso. Para ayudar eficazmente a las personas consultantes es vital comprender con gran detalle todos estos componentes del hábito, y no en menor medida el Oikos, el contexto que es a la vez el espacio que coconstruye el propio hábito y el espacio en el que el hábito tiene lugar. Empezar por la persona consultante. Solo ella conoce sus hábitos a fondo. Al invitar a la persona consultante a aclarar todos los aspectos de sus hábitos, el proceso de generar cambio a través de la conversación ya se pone en marcha, pues este proceso suele llevar a las personas consultantes a una comprensión mejor y más matizada de sus propios hábitos.

Para concluir, empezar por la persona consultante garantiza que se sienta validada como experta en los asuntos de su propia vida, lo que la sitúa de inmediato a la misma altura que la persona terapeuta, que también es experta, aunque no en la vida de la persona consultante, sino en el proceso de comunicación como manera de dirigir el cambio inevitable que se produce a través de la conversación de un modo que resulte útil para la persona consultante o deseado por ella.

Dar espacio a todo lo positivo. La práctica centrada en soluciones parte de la idea de que toda situación sigue conteniendo aspectos que la persona consultante puede considerar positivos cuando la persona terapeuta se los señala. A menudo las personas consultantes se han visto desbordadas por los acontecimientos de su vida, lo que les hace difícil o incluso imposible no vivir su situación actual como compuesta únicamente de elementos negativos. Los aspectos positivos de su situación actual ya no aparecen en su radar. Sin embargo, esto no significa que no haya aspectos de su vida cotidiana en los que muestren su empeño en que las cosas no empeoren, o incluso en que mejoren. Podrían llamarse aspectos de la vida de la persona consultante que son positivos porque están orientados hacia sus propios objetivos y su bienestar. Una vez que la persona terapeuta dirige deliberadamente su atención a estos aspectos y la invita a ver esos aspectos de su vida bajo una luz positiva.

La práctica centrada en soluciones se centra en hacer lo que funciona. Lo que funciona en terapia es establecer una verdadera conexión, crear una alianza entre persona consultante y terapeuta (Lambert, 1992; Duncan, 2010). Combinar estas dos premisas conduce a una regla práctica sencilla: al hablar con las personas consultantes, dar espacio a lo positivo.8 Dar espacio a los aspectos positivos de la situación actual de la persona consultante, por pequeños que sean, siempre es posible. Cualquier situación, incluso la más traumática, sigue conteniendo aspectos positivos. Una madre que ha dado a luz a su bebé sin vida (mors in utero) acaba de dar a luz en circunstancias imposibles y aun así ha logrado mostrar perseverancia y valentía. El chico de 16 años que te cuenta que ayer estaba ahí, con una caja de pastillas en la mano, dispuesto a tomárselas todas de golpe, hoy está sentado contigo, contándotelo, tras haber decidido no morir.

Dar espacio a los elementos positivos del relato de la persona consultante sobre lo que ha ocurrido o está ocurriendo en su vida actual crea conexión entre la persona terapeuta y la persona consultante. Puede ser el inicio de un proceso que cambie la manera en que la persona consultante mira su vida en ese momento, reorientándola para que deje de centrarse únicamente en lo problemático y pueda empezar de nuevo a ver los aspectos positivos. Conectar estos elementos positivos con las propias habilidades y recursos de la persona consultante es un primer paso para instalar la sensación de que ella misma tiene la capacidad de producir un cambio positivo en su vida.

Cada persona consultante tiene (la) solución (o las soluciones) a su problema. La vida es una cadena de elecciones, algunas tomadas mediante deliberación y reflexión conscientes y otras de manera inconsciente, en piloto automático. Así pues, cualquier situación y cualquier persona consultante conservan cierto grado de libre elección. Las personas consultantes que atraviesan problemas de cualquier tipo carecen a menudo de la capacidad de imaginar las opciones conductuales o cognitivas que permiten tomar decisiones útiles capaces de conducir al cambio que desean. Desde el momento en que la persona terapeuta parte del supuesto de que toda persona consultante que cruza la puerta tiene, como mínimo, los ladrillos básicos de una posible solución a su situación problemática actual, deja de ser responsabilidad de la persona terapeuta ofrecerle soluciones al problema actual. Considera a la persona consultante experta en su vida tal como es ahora y en su vida tal como desea que sea. La persona terapeuta es experta en el proceso de «llegar de aquí a ese futuro deseado». Esta es una de las premisas básicas del modelo de Brujas de psicoterapia (Isebaert, 2016).

Ofrecer soluciones sería extremadamente difícil, sobre todo si se tiene en cuenta que es la propia persona consultante, y no la persona terapeuta, quien es experta en lo que concierne a su vida, incluidos sus problemas. La única responsabilidad de la persona terapeuta es ayudar a dar forma al proceso terapéutico a través del cual la persona consultante pueda darse cuenta de que puede tomar otras decisiones, de que tiene habilidades que no recuerda, o desarrollar nuevas habilidades cuando sea necesario.

5 La idea de que partir de la premisa del no saber puede ayudar a llegar más rápido al verdadero conocimiento procede de una postura socrática en filosofía (Taylor, 2001). Dentro de la visión centrada en soluciones de la terapia, la postura socrática sobre el «verdadero conocimiento» puede sustituirse por la realidad efectiva y los hábitos de la persona consultante. 6 La idea de que el cambio es inevitable procede muy probablemente de las teorías presocráticas de Heráclito (2014). Su legado filosófico solo se conoce a través de citas y anécdotas, identificables en textos ajenos, como los de Platón, que le atribuye la conocida cita «Panta rhei», traducida literalmente como «todo fluye» (2014). 7 Esta visión de la estructura del comportamiento habitual tiene sólidas raíces en la terapia cognitivo-conductual (p. ej., Margraf 2003) y encuentra su origen en la «Retórica» de Aristóteles. 8 El concepto de «lo positivo», utilizado a lo largo del artículo, no designa solo los elementos «felices» de la vida de la persona consultante, sino que funciona como término genérico para aquellos aspectos de su futuro deseado que ya existen en el presente, su motivación en ese momento del proceso, los recursos de que dispone, etc.

Resultados

Habilidades básicas de comunicación (HBC)

¿Cuáles son las técnicas comunicativas esenciales que constituyen las habilidades básicas de comunicación de cualquier profesional del bienestar y de la salud? ¿Qué técnicas forman la base de cualquier conversación «de ayuda»?

Se llevó a cabo una revisión bibliográfica centrada en manuales de habilidades comunicativas publicados en neerlandés que se presentan como dedicados a las habilidades básicas de comunicación. La mayoría de estos manuales enumeran lo que consideran habilidades básicas de comunicación y coinciden con De Jong y Kim Berg (2007), que describen la siguiente lista de habilidades básicas de comunicación, situada de entrada en la tradición centrada en soluciones:

  1. Escucha centrada en soluciones: oír el relato de la persona consultante y atenerse a su experiencia vivida de los acontecimientos más que a nuestra interpretación de esas experiencias
  2. mostrar atención mediante el comportamiento no verbal de la persona terapeuta
  3. repetir como un eco las palabras clave del relato de la persona consultante
  4. formular preguntas abiertas
  5. resumir pensamientos, acciones y sentimientos
  6. parafrasear
  7. utilizar el silencio
  8. observar el comportamiento no verbal de la persona consultante
  9. Autorreflexión: la persona terapeuta introduce en la conversación los sentimientos, pensamientos y comportamientos de la persona consultante
  10. construir el proceso: construir el proceso que terapeuta y persona consultante recorrerán juntas y decidir qué intervención es adecuada, y cuándo
  11. elogiar las cualidades personales (fortalezas) y los éxitos anteriores (experiencias)
  12. confirmar las percepciones de la persona consultante
  13. empatía: sintonizar con los sentimientos de la persona consultante y con el significado subyacente de esos sentimientos, y responder de manera adecuada
  14. mantener el foco en la persona consultante
  15. fomentar la conversación sobre soluciones (De Jong & Kim Berg, 2007).

La mayoría de estas habilidades básicas se encuentran en todos los manuales generales de habilidades comunicativas, mientras que otras forman parte específicamente de un enfoque centrado en soluciones de la comunicación con las personas consultantes. Si aplicamos el núcleo de la práctica centrada en soluciones como un filtro para separar las habilidades comunicativas generales de las que son propias de la tradición centrada en soluciones, y si se tienen en cuenta además otros manuales de habilidades comunicativas del sector sanitario (p. ej., Brunklaus, 2015; Knipsel et al., 2015; Struiving et al., 2017), se llega finalmente a la siguiente lista de habilidades básicas de comunicación:

  1. repetir como un eco,
  2. resumir/parafrasear
  3. reflejar sentimientos
  4. contacto visual
  5. concretar

Estas cinco técnicas de comunicación pueden considerarse las habilidades básicas de comunicación absolutamente necesarias. Constituyen la base de cualquier conversación de ayuda.9 A continuación se enmarcan estas cinco técnicas en un marco centrado en soluciones. Cuando se piensan y se aplican así, estas habilidades básicas producen de inmediato una ganancia en la alianza entre terapeuta y persona consultante.

9 Para más información sobre las habilidades básicas de comunicación, véase, p. ej., Bauer (2006), Goleman (2006), Knispel (2015), Hasson (2017) y Vogel et al. (2018).

Una mirada centrada en soluciones sobre las habilidades básicas de comunicación

Lo anterior ha descrito cómo se utilizan las habilidades comunicativas para que las sesiones vayan lo mejor posible tanto para la persona consultante como para la persona terapeuta. Lo que sigue describe cómo cada una de estas habilidades básicas de comunicación puede utilizarse de inmediato de manera centrada en soluciones en cualquier conversación de ayuda.

La técnica del loro / el eco

Seligman, el padre de la psicología positiva, introdujo el término «optimismo aprendido» (Seligman, 2002). La psicología positiva pone el acento en las fortalezas de la persona consultante. Parte del supuesto de que sentirse bien no es el resultado de «los genes adecuados» ni de la pura suerte, sino más bien la consecuencia de identificar y poner en práctica recursos que la persona consultante ya posee, como la amabilidad, el humor, el optimismo y la apertura. Erickson añade a ello su visión del ser humano como poseedor de un vasto pozo de sabiduría. El oficio de la persona terapeuta consiste en hacer aflorar estas fortalezas ya presentes en la persona consultante para que pueda generar el cambio deseado (Rossi, 1980).

En segundo lugar, Erickson subrayó las competencias de la persona consultante. Consideraba necesario buscar, junto con ella, oportunidades para que pusiera en marcha por sí misma los engranajes del cambio, en lugar de ajustar el proceso terapéutico a criterios diagnósticos (Rossi, 1980).

Una de las muchas técnicas que la persona terapeuta puede utilizar en este sentido es la técnica del loro: repetir, con las mismas palabras, breves afirmaciones de la persona consultante (Isebaert, 2007). La técnica del loro ya es en sí misma centrada en soluciones, porque fija la atención de la persona consultante en el foco constante de la persona terapeuta sobre su relato. Puede lograrse una dimensión adicional de ganancia centrada en soluciones si la persona terapeuta no repite al azar las afirmaciones de la persona consultante, sino que repite deliberadamente las afirmaciones positivas que esta hace. La persona terapeuta puede elegir repetir como un loro los elementos positivos dentro del relato, a menudo predominantemente negativo, de la persona consultante. Estos elementos positivos pueden ser cualquier cosa: fortalezas de la persona consultante, sus éxitos, fortalezas de su sistema o incluso de su contexto más amplio. Utilizar así la técnica del loro fija la atención de la persona consultante en la atención constante de la persona terapeuta a su relato y centra la atención de ambas partes en las fortalezas y los recursos de la persona consultante. Al repetir conscientemente los elementos que la persona terapeuta considera útiles para el proceso terapéutico, la repetición a la vez refuerza la alianza con la persona consultante —véase el núcleo de la visión centrada en soluciones— y se convierte en un pequeño paso adicional en el proceso terapéutico. Inicia un cambio en la manera en que la persona consultante ve su situación actual, ayudándola a darse cuenta de que puede mirar su realidad vivida bajo una luz más positiva y de que posee diversas fortalezas a las que puede recurrir durante la terapia para empezar a realizar los cambios que desea.

Resumir/parafrasear

En la visión centrada en soluciones de la generación de cambio, la persona consultante es considerada experta en su vida, sus problemas y sus posibles soluciones, y la persona terapeuta se centra en las competencias, las posibilidades y las fortalezas en lugar de en las limitaciones, las carencias y las debilidades. Isebaert (2007) subraya que lo central en la visión centrada en soluciones es crear en cada sesión un contexto de libertad de elección, potenciando así la autonomía de la persona consultante. Se trata de crear un proceso repetido en el que la persona consultante toma sus propias decisiones y, por sí misma, toma decisiones más funcionales, más deseadas, y recupera así poco a poco el control de su vida. En última instancia, dentro de un marco centrado en soluciones, la persona consultante se ve como un individuo motivado, que desea un cambio y que quizá necesita ayuda para encontrar la dirección deseada de ese cambio (Evans, 2013).

Partimos del supuesto de que, incluso al «solo resumir», la persona terapeuta puede crear una capa adicional de autonomía y de libre decisión para la persona consultante.10 Nuestro objetivo es crear el mayor número posible de oportunidades para que la persona consultante ejercite su toma de decisiones autónoma dentro del proceso terapéutico. Como afirmó Isebaert (2007), la persona consultante ya es libre de elegir si acude a terapia sola o con personas significativas, qué objetivos fijaremos en cada sesión y en qué orden deben abordarse. Nosotros daríamos un paso más incorporando la toma de decisiones autónoma de la persona consultante a nivel micro dentro de la conversación. Esto puede hacerse pidiendo permiso a la persona consultante para resumir lo que acaba de compartir. Al ofrecerle la elección de si está bien o no resumir, la persona terapeuta muestra respeto y aprecio hacia la persona consultante y hacia su contribución constante al proceso terapéutico. Cuando incorporamos la toma de decisiones autónoma de la persona consultante a nivel micro dentro de la propia conversación, como terapeutas instalamos sus competencias de decisión en el núcleo del proceso terapéutico. De este modo, las propias sesiones se convierten en un campo de práctica constante en el que la persona consultante toma decisiones activamente y vive experiencias una y otra vez. Es libre de elegir y de que sus elecciones, una vez hechas, sean respetadas. Refuerza la autonomía de la persona consultante que la persona terapeuta le dé activamente la elección de decidir si le parece un buen momento para resumir o no, o incluso si prefiere resumir ella misma. ¿Qué querría que la persona terapeuta viera como los puntos más importantes hasta ahora? Este aumento de la autonomía y de la aptitud para elegir de la persona consultante, reforzado a nivel micro, fortalece la alianza y ofrece a las personas consultantes pequeñas y sencillas oportunidades de practicar la toma de decisiones autónoma con una tasa de éxito máxima.

10 Hacer que la propia técnica de resumir sea centrada en soluciones, como se sugiere en este apartado, puede verse como otra manera de abordar el posible efecto negativo del resumen señalado por personas consultantes que sienten que, cuando la persona terapeuta resume, suena a crítica. En lugar de no resumir en absoluto, la persona terapeuta se asegura de que el resumen no tenga efectos negativos; además, lo utiliza como una forma más de introducir una ganancia centrada en soluciones a lo largo de la sesión.

Reconocer los sentimientos

Es central en la manera centrada en soluciones de mirar los problemas de la persona consultante que se dedique mucho menos tiempo a averiguar las posibles causas o explicaciones de su psicopatología. Esto se deriva del supuesto de que la psicopatología es un conjunto de síntomas que, juntos, constituyen la mejor manera posible en que la persona consultante todavía logra mantener, como suele decirse, la cabeza fuera del agua. Partiendo de esta idea, crear un contexto de amplia libertad de elección produce inevitablemente un cambio a través de la renovación del proceso de elección, en el que las personas siempre elegirán las opciones que les causen menos malestar o sufrimiento cuando ven múltiples maneras de afrontar los desafíos vitales del momento. Así, resulta interesante saber qué otros intentos ha hecho la persona consultante para generar un cambio y, sobre todo, qué produjo un cambio positivo y cuándo (O’Hanlon & Weiner-Davis, 1989). A menudo se mantienen en este proceso tres reglas prácticas:

  • si algo funciona, haz más de lo mismo
  • si no está roto, no intentes arreglarlo
  • si no funciona, déjalo y prueba otra cosa (Carpenter, 1997; De Bisscop, 2018).

Dentro del marco centrado en soluciones, los problemas no se consideran más que intentos bienintencionados, aunque fallidos, de resolver problemas, en lugar de verlos como síntomas dentro de un marco más amplio de enfermedad y disfunción (O’Hanlon & Weiner-Davis, 1989; Evans, 2013). Los intentos problemáticos de afrontar los problemas pueden estar relacionados con no hacer cosas que deberían haberse hecho (negación del problema) o justo lo contrario: haber hecho cosas que no deberían haberse hecho, en la búsqueda de una situación ideal y deseada. Además, los seres humanos son criaturas de costumbres. La formación de hábitos cumple la función de crear y mantener la ilusión de estabilidad en un mundo en constante cambio. Las soluciones no funcionales se repiten una y otra vez y forman patrones de acción, pensamiento y sentimiento que se refuerzan a sí mismos y que acaban conduciendo a situaciones cada vez más problemáticas (McKeel, 2003). Por ejemplo, en el modelo de Brujas de psicoterapia, las personas consultantes se ven como agentes que toman constantemente las mejores decisiones vitales posibles en función de la información que perciben en cada momento de su vida. La terapia se convierte entonces en el proceso de poner nueva información a disposición de la persona consultante, tanto desplazando su mirada sobre su situación actual, por ejemplo explorando su futuro deseado y buscando situaciones en las que ya están presentes aspectos de ese futuro deseado, como aportando nuevos elementos desde la posición de terapeuta, para que la persona consultante pueda tomar después nuevas decisiones vitales menos problemáticas (Isebaert, 2016).

Prácticamente cualquier conjunto de habilidades básicas de comunicación concede importancia a aprender a prestar atención, durante las sesiones, a los comportamientos con carga emocional o a los sentimientos claramente expresados por la persona consultante. Esta práctica suele denominarse reconocimiento de los sentimientos (Knispel, 2015). Si se mira esta técnica desde un punto de vista centrado en soluciones, podemos señalar dos peligros al reconocer los sentimientos durante la sesión. Por un lado, al reconocer sentimientos negativos, se corre el riesgo de intensificarlos al poner de relieve algo que resulta difícil para la persona consultante en ese momento. Esto podría verse como una versión leve del riesgo, ampliamente aceptado, de retraumatización cuando se pide a las víctimas de un trauma que relaten a la persona terapeuta, en sesión, sus experiencias traumáticas (Sweeney et al., 2018). El segundo riesgo de reconocer los sentimientos es que la persona terapeuta corre el riesgo de situarse por encima de la persona consultante: «Yo me siento bien y tú no» (Le Fevere de Ten Hove, 2016).

Desde un marco centrado en soluciones, reconocer los sentimientos solo es útil cuando refuerza la alianza, potencia la autonomía y la capacidad de decisión de la persona consultante, o da espacio a sus recursos o a los elementos positivos de su relato. El alumnado suele intentar reconocer los sentimientos de la persona consultante de un modo muy elemental (p. ej., «Veo que esto te hace sentir mal»), seguido a menudo de un silencio que se pretende respetuoso, dejando espacio para que la persona consultante viva plenamente sus emociones en ese momento. Desde un punto de vista centrado en soluciones, este enfoque elemental es, en el mejor de los casos, una apuesta. Mientras una persona consultante se siente reconocida en su estado emocional del momento, otra podría sentir más malestar que antes, tras ver sus emociones negativas puestas bajo los focos y con espacio para crecer durante ese silencio que se pretendía respetuoso.

En el trabajo centrado en soluciones intentamos combinar el efecto beneficioso de reconocer los sentimientos —que la persona consultante se sienta validada emocionalmente por la persona terapeuta— con una intervención destinada a minimizar la posibilidad de efectos negativos al dar espacio a sus emociones negativas durante la sesión. Seguimos recomendando que las personas terapeutas reconozcan los sentimientos de las personas consultantes en sesión. Además, consideramos que es responsabilidad de la persona terapeuta centrada en soluciones que la persona consultante no se vea invitada a quedarse atascada en sus emociones negativas. Por ello, antes de reconocer sentimientos negativos, la persona terapeuta debería tener ya en mente una intervención centrada en soluciones adecuada con la que continuar. Un ejemplo sería reflejar los sentimientos y después formular una pregunta centrada en soluciones: ¿qué te ha ayudado en el pasado a superar este sentimiento negativo? ¿Qué puede ayudarte ahora? De este modo se invita a la persona consultante a alejarse de este sentimiento indeseado, volviendo a recursos descubiertos previamente en esta o en sesiones anteriores.

La persona terapeuta también puede reconocer explícitamente los sentimientos positivos que detecta en la persona consultante, o que esta detecta, durante la sesión. Aquí se aplica la misma lógica: pensar de antemano en una pregunta de seguimiento centrada en soluciones adecuada potencia los efectos positivos de reconocer los sentimientos positivos durante la sesión. Un ejemplo podría ser: ¿en qué otros momentos te sentiste así de bien? ¿Qué desencadenó tu felicidad en aquel momento? O cualquier otra pregunta que sitúe a la persona consultante en una posición fuerte y activa dentro de la propia sesión.

Contacto visual

Al poner en juego la empatía emocional y afectiva indirecta, la persona terapeuta intenta, mediante sus neuronas espejo y a partir de su experiencia y su creatividad, reconstruir en sí misma el estado emocional de la persona consultante. Intentamos sentir como ella, aunque de una manera más contenida. La persona terapeuta intenta después comunicárselo mediante su elección de palabras y su lenguaje corporal. De este modo deja claro que acepta la manera en que la persona consultante vive ahora el mundo y que comparte, en cierto sentido, ese estado mental y emocional. Dentro del marco centrado en soluciones, la empatía está estrechamente ligada al cuidado que la persona terapeuta presta al bienestar de la persona consultante, partiendo de una aceptación incondicional de quién es y de lo que hace. Parte de ello consiste en reconocer todas las señales, tanto verbales como no verbales, que la persona consultante nos envía sobre su estado emocional actual.

Desde este punto de vista, proponemos que la persona terapeuta muestra su mejor comportamiento centrado en soluciones si intenta tener en cuenta las señales no verbales de la persona consultante relativas a su estado emocional, e incluso quizá las imita hasta cierto punto. En cuanto al contacto visual, una pregunta que el alumnado plantea a menudo es: «¿Cuánto contacto visual es suficiente, adecuado, cuánto es demasiado?». Desde la terapia centrada en soluciones, sugerimos seguir a la persona consultante, incluso en sus hábitos de comunicación no verbal. Cuando una persona consultante no establece contacto visual con la persona terapeuta, a esta le corresponde advertirlo y, en consecuencia, no intentar forzar el contacto visual. Cuando la persona consultante establece contacto visual de manera casi constante, la persona terapeuta permite esa gran cantidad de contacto visual mientras le resulte cómodo y auténtico hacerlo. El límite es aquí la autenticidad terapéutica. Cuando la persona terapeuta se obliga a hacer algo, por ejemplo a mantener más contacto visual del que le resulta auténtico, la persona consultante tiende a percibirlo, lo que genera una retroalimentación que afecta negativamente a la alianza terapéutica. Si la persona consultante establece contacto visual, luego lo rompe, vuelve a establecerlo y lo rompe de nuevo, la persona terapeuta centrada en soluciones la sigue. La persona consultante es el barómetro de la cantidad adecuada de contacto visual. Sabe cuál es «la cantidad justa». La persona terapeuta solo tiene que seguirla. Incluso en la manera adecuada de comunicarse de forma no verbal, las personas consultantes son expertas en lo que hace funcionar una conexión terapéutica. En la relación terapéutica ideal, persona consultante y terapeuta se encontrarían en una mímesis del contacto visual.

Concretar

O’Hanlon y Wilk (1987; 1989) afirmaron que cuanto más detalle se emplea para describir un problema en terapia, más claros se vuelven los posibles pasos hacia el cambio. Un foco simplista en el problema no funcionará como catalizador del cambio. Desde una visión centrada en soluciones, ese foco en el problema solo puede ser útil cuando la persona terapeuta busca posibles recursos o aspectos de la motivación de la persona consultante que pueden hacerse visibles cuando esta describe su problema. Esto puede sacar a la luz recursos y habilidades de los que la persona consultante quizá no es consciente. Por un lado, concretar —incluso el problema— comunica una especie de interés empático por la vida de la persona consultante; por otro, se elogian los recursos ya presentes en su relato. Prestar atención a cómo describe su problema puede así arrojar luz sobre las elecciones existenciales que hace, que pueden servir como factores de motivación para favorecer el cambio.

Centrarse así en los elementos que ya resultan útiles en el camino hacia el futuro deseado, aunque se encuentren en las partes actualmente problemáticas de la vida de la persona consultante, ayuda a reorientar la visión que tiene de sí misma, de fracasada a capaz. Dentro de esta técnica vuelve a ser posible incorporar un elemento adicional de capacidad para tomar las decisiones deseadas. Pidiendo de antemano permiso a la persona consultante para seguir una línea de preguntas de concreción, puede reforzarse su sentimiento de autonomía. Además, se le da más control sobre la manera en que continuará el proceso terapéutico, situándola activamente en una posición más igualitaria respecto de la persona terapeuta. Ambas partes quedan así igualadas como expertas: la persona consultante como experta en su propia historia de vida y en las posibles soluciones o caminos que tomar hacia el cambio deseado, la persona terapeuta como experta en el proceso para producir ese mismo cambio deseado (de Shazer & Isebaert, 2004).

Reflexión, discusión y conclusión

McKeel (2003) concluyó su amplia revisión con la constatación de que, cuando las habilidades básicas de comunicación se aplican de la manera adecuada, siempre conducen a resultados terapéuticos significativamente más positivos. Aun así, advirtió de que centrarse demasiado en las meras habilidades conversacionales podría restar atención a la otra clave del éxito de la terapia: formar una alianza de trabajo con la persona consultante. En última instancia, sostiene que la terapia centrada en soluciones solo puede tener éxito si es a la vez centrada en soluciones y dirigida por la persona consultante. Odell, Butler y Dielman (Odel et al., 1997) llegaron a una conclusión similar, al afirmar que cuando las técnicas se utilizan de la manera adecuada pero la persona consultante no se ha sentido comprendida ni escuchada por la persona terapeuta, abandona la terapia de forma prematura.

Puesto que el trabajo centrado en soluciones tiene más que ver con una actitud básica de la persona terapeuta, caracterizada por una manera específica de pensar sobre la persona consultante, de mirarla y de escucharla, estas habilidades comunicativas serían aplicables a casi todos los ámbitos en los que las personas entablan deliberadamente conversaciones de ayuda. Aplicar de inmediato estas habilidades básicas de comunicación de manera centrada en soluciones tiene el potencial de sumar a los beneficios básicos de una buena comunicación profesional la ventaja que aporta una mentalidad centrada en soluciones, al abordar desde el principio a la persona consultante de una manera positiva y orientada a los recursos. Las habilidades básicas de comunicación centradas en soluciones orientarán de inmediato tanto a la persona terapeuta como a la persona consultante hacia la restauración de la libertad de elección y de la competencia para elegir de otro modo, instaurando una alianza temporalmente sanadora como medio para alcanzar los objetivos fijados por la persona consultante, no por la persona terapeuta.

Por supuesto, esto sigue siendo hoy una hipótesis, basada en nuestras experiencias compartidas como psicoterapeutas y docentes. Aun así, enseñar de inmediato estas habilidades básicas de comunicación al alumnado de estudios orientados a lo social, la salud y el bienestar ofrece tanto a estas nuevas y jóvenes generaciones de profesionales como a sus personas consultantes la oportunidad de obtener las ganancias terapéuticas adicionales descritas, propias de un enfoque centrado en soluciones.

Este marco conceptual puede utilizarse para elaborar un paquete didáctico de habilidades, dirigido a un nivel básico (p. ej., estudiantes de primer año de estudios superiores como trabajo social, enfermería o partería) y destinado a enseñar estas habilidades básicas de comunicación de manera centrada en soluciones. Un paquete así sería más amplio que las técnicas de comunicación destacadas en este artículo y ofrecería una introducción más amplia, centrada en soluciones. Un paquete de habilidades de este tipo podría resultar de gran interés para docentes de prácticas en grados profesionales como trabajo social, enfermería, partería, terapia creativa, etc.11

11 Las personas lectoras pueden ponerse en contacto con la primera persona firmante para recibir orientación sobre cómo elaborar el paquete didáctico mencionado.

Complexe Systémique: lo que hay que retener

El gesto del artículo cabe en una idea: en lugar de añadir el enfoque centrado en soluciones por encima de las habilidades básicas, ponerlo dentro de ellas. Dos propuestas son directamente reutilizables en la formación en enfermería o en trabajo social: pedir permiso antes de resumir, para que cada sesión se convierta en un ejercicio de toma de decisiones de la persona consultante, y reflejar un sentimiento negativo solo con la siguiente pregunta ya preparada. La advertencia sobre el reflejo de sentimientos, «en el mejor de los casos, una apuesta», va a contracorriente de muchos manuales. Sobre el modelo de Brujas que subyace a todo esto, véase la sesión de retroalimentación ultrabreve; sobre la escucha, el artículo de Bavelas y su equipo; sobre el silencio, Respuestas no dichas.

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Contactos

Sam Geuens: sam.geuens@pxl.be · Heleen Dams: Heleendams@hotmail.com · Mark Jones: HigherPlainResearchEducation@gmail.com · Geert Lefevere: Geert.Lefevere@azsintjan.be

Artículo original Back to Basics: A Solution Focused Take on Using and Teaching Basic Communication Skills for Health Care Professionals, de Sam Geuens, Heleen Dams, Mark Jones y Geert Lefevere, publicado en el Journal of Solution Focused Practices, vol. 4, n.º 2 (2020), artículo 6, pp. 71-81, doi: 10.59874/001c.75031, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial, con la presentación adaptada para la lectura en línea. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial. Prevalece la versión original.

Traducción no oficial al español del artículo original «Back to Basics: A Solution Focused Take on Using and Teaching Basic Communication Skills for Health Care Professionals», publicado en el Journal of Solution Focused Practices (2020) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial; la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página. Prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Geuens, S., Dams, H., Jones, M., & Lefevere, G. (2020). Back to Basics: A Solution Focused Take on Using and Teaching Basic Communication Skills for Health Care Professionals. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/back-to-basics-a-solution-focused-take-on-using-and-teaching-basic-communication-skills-for-health-care-professionals (Obra original publicada en 2020 en Journal of Solution Focused Practices, vol. 4, n.º 2 (2020), artículo 6, pp. 71-81; republicada en 2020 por Journal of Solution Focused Practices, https://journalsfp.org/article/75031)

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