Esta versión ha sido traducida del francés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Palo Alto · Comunicación
Esta reseña de lectura recoge las nociones y los conceptos desarrollados por Paul Watzlawick, Janet Helmick Beavin y Don D. Jackson en su obra fundadora, enriquecidos con algunas referencias a otros libros, autores o incluso enigmas que, a mi juicio, ilustran sus conceptos. El contenido no es exhaustivo: este ejercicio solo refleja mi interpretación de la obra, situada en un conjunto más amplio de conocimientos que cobran sentido desde una perspectiva interrelacional. Une logique de la communication es de tal riqueza que me parece casi imprescindible leerlo de forma completa y atenta para percibir toda su profundidad, y no puedo sino recomendar a cualquier lectora o lector que le haga un pequeño hueco en su mesilla de noche.
Tras una introducción al marco de referencia de la obra —el de la pragmática de la comunicación— y la explicación de algunas nociones básicas, la autoría se ocupa de definir ciertos axiomas de esa comunicación. El capítulo 3 estudia los trastornos patológicos que esos axiomas contienen en potencia. Después, el libro extiende esta teoría de la comunicación al nivel estructural, tomando la teoría de sistemas como modelo de base para conceptualizar la pragmática de la comunicación humana. El capítulo 5 ilustra las nociones tratadas anteriormente mediante un ejemplo tomado de la literatura. A continuación se abordan los efectos de la paradoja pragmática sobre el comportamiento de las personas: se presenta la noción de double bind (doble vínculo), que ayudó especialmente a comprender mejor la comunicación de las personas con esquizofrenia. El capítulo 7 está dedicado principalmente a la aplicación clínica y terapéutica de los modelos de comunicación de tipo paradójico, con una digresión sobre el papel de la paradoja en el juego, el humor y la creatividad. Por último, Watzlawick, Helmick Beavin y Jackson concluyen con su posición personal acerca de la comunicación entre el ser humano y lo real, con el postulado de que un orden, análogo a la estructura en niveles de los tipos lógicos, impregna la conciencia que el ser humano toma de su existencia y determina, en última instancia, la «cognoscibilidad» de su universo.
La obra se abre con tres ejemplos concretos, aparentemente sin relación entre sí, pero que tienen un denominador común.
«Un fenómeno sigue siendo incomprensible mientras el campo de observación no sea lo bastante amplio como para incluir el contexto en el que dicho fenómeno se produce.»
Une logique de la communication, p. 15
Esto queda muy bien ilustrado en otra obra de Paul Watzlawick titulada Le langage du changement (por otra parte muy complementaria de la que aquí estudiamos), con el célebre enigma de los nueve puntos que hay que unir con cuatro líneas rectas sin levantar el bolígrafo: la solución solo aparece cuando se sale del marco aparente de la figura.
Toda la lógica que se desarrolla después deriva de esta idea, que fundamenta en parte la línea filosófica de la obra: «No poder captar la complejidad de las relaciones entre un hecho y el marco en el que se inserta, entre un organismo y su medio, hace que quien observa tropiece con algo “misterioso” y se vea llevado a atribuir al objeto de su estudio propiedades que quizá no posee». Esto es especialmente importante cuando el objeto de estudio es una persona que presenta un «trastorno de conducta», o también en el marco psicoterapéutico, ante alguien que expresa un sufrimiento psíquico. Si incluimos en nuestra interpretación varios elementos, como los efectos de la conducta sobre los demás, las reacciones de los demás ante esa conducta y el contexto en el que todo ello ocurre, el acento se desplaza de una visión aislada hacia un sistema más amplio: los fenómenos psíquicos dejan de entenderse como meras manifestaciones de una estructura intrapsíquica. Para Watzlawick y su equipo, esta manera de abordar los fenómenos del comportamiento humano, normal o patológico, está bastante próxima a las matemáticas en el plano conceptual, ya que se trata de una disciplina cuyo objeto primero no es la naturaleza de las entidades, sino el examen de las relaciones entre ellas.
Un acontecimiento resultó decisivo en el campo de las matemáticas: en 1591, Viète introdujo la notación simbólica en lugar de la notación numérica. Así nació el concepto de variable, un concepto que, para la matemática griega, habría tenido tan poca realidad como una alucinación. Una variable no tiene significado en sí misma: solo cobra sentido en relación con otras, en interacción, lo que fundamenta el concepto de función. La apertura de la psicología a este concepto permite considerar cada fenómeno como parte de un conjunto más amplio de variables que le dan sentido, pero que seguiría siendo incomprensible si se omitiera aunque fuera una sola de ellas. Esta noción es esencial, porque nos permite situarnos de otra manera en nuestra relación con los demás y con el mundo en general. Como dice Mony Elkaïm en sus conferencias: «Cada vez que juzgamos, nos ahorramos el análisis. Si la gente se comporta como se comporta, es porque siempre tiene una buena razón para hacerlo».
La disciplina freudiana postula que la conducta es esencialmente el resultado de la supuesta interacción de fuerzas intrapsíquicas que siguen las leyes de la conservación y de la transformación, de donde procede el concepto de energía. En este modelo, las interacciones con las fuerzas exteriores se consideran secundarias (de ahí el término «beneficios secundarios»), mientras que en esta obra se consideran esenciales. La llegada de la cibernética trastocó la clásica controversia entre determinismo y finalidad, al mostrar cómo ambos conceptos podían coexistir en un marco más amplio gracias al descubrimiento de la retroalimentación («feedback»). Si en una cadena lineal de acontecimientos A provoca B, B provoca C y C provoca D, la retroalimentación interviene cuando D remite a A, y condiciona así la conceptualización de un sistema circular. Desde ese momento, podemos considerar a cada persona en interacción con otra como parte de un sistema circular. Las retroalimentaciones pueden ser tanto negativas como positivas: lo que solemos llamar «círculo vicioso» o «círculo virtuoso».
Aquí se aborda uno de los temas principales del libro: estamos continuamente comunicando, pero es muy difícil comunicar sobre la comunicación (metacomunicar), dado que la herramienta utilizada para conceptualizar este estudio forma parte integrante del objeto de estudio. El estudio de la comunicación pasa por la detección de las redundancias. Por ejemplo, si se observa a dos personas jugando al ajedrez sin conocer las reglas, puede ser bastante rápido definir algunas reglas mediante la observación de redundancias en los comportamientos (mover por turnos, comer piezas, condición de victoria); en cambio, será mucho más complejo definir ciertas reglas que remiten a patrones observables con menos frecuencia, aunque preexistentes (por ejemplo, el enroque).
Los capítulos 2 y 3 se responden: el primero propone definiciones axiomáticas; el segundo retoma cada axioma para mostrar en qué medida puede derivarse de él una comunicación patológica. Por eso cada axioma se expone aquí junto con su contrapartida patológica.
El propio silencio tiene valor de comunicación: es imposible sustraerse al intercambio.
Todo intercambio se juega en dos niveles: la información transmitida y la relación que la enmarca.
Según el punto en que cada cual sitúe el comienzo, el sentido de la interacción varía.
Las palabras transmiten el contenido; lo no verbal, más arcaico, crea el marco de la relación.
Las interacciones se basan en la igualdad de las partes o en la complementariedad de sus posiciones.
Es imposible no comunicar: el silencio tiene valor de comunicación (esto forma parte integrante del «dilema del esquizofrénico»). ¿Cuáles son entonces las tácticas empleadas para no entablar una comunicación?
Cuando unas personas están en relación, sus intercambios se producen en dos niveles: el contenido y la relación. Mensajes como «Procura soltar el embrague poco a poco y con suavidad» y «Basta con que sueltes el embrague de golpe y la transmisión quedará destrozada en un abrir y cerrar de ojos» tienen, a grandes rasgos, el mismo contenido informativo (referencial), pero definen a todas luces relaciones muy distintas (conativo). Parece que cuanto más espontánea y «sana» es una relación, más pasa a segundo plano el aspecto relacional de la comunicación. A la inversa, las relaciones «enfermas» se caracterizan por un debate incesante sobre la naturaleza de la relación, y el contenido acaba perdiendo toda importancia.
Un ejemplo citado en la página 79: en el curso de una psicoterapia de pareja, una pareja cuenta que el marido, sabiendo que eso agradaría a su mujer, había invitado a un amigo que estaba de paso por la región, pensando que ella habría hecho lo mismo. Sin embargo, cuando la mujer volvió, estalló una escena violenta a propósito de la invitación. En realidad había dos cuestiones en juego: una requería resolver un problema práctico (la invitación) y podía ser objeto de una comunicación digital; la otra concernía a la relación entre los dos miembros de la pareja: quién tenía derecho a tomar la iniciativa sin consultar al otro. Esta misma pareja puede discutir con fuerza por cuestiones insignificantes en una escalada simétrica. Un día, la mujer aporta la prueba de su argumentación y el marido responde: «Bueno, bueno, quizá tengas razón en eso, pero te equivocas al querer tener siempre la última palabra».
En una secuencia de comunicación, el sentido varía según el punto en que se sitúe el comienzo (ejemplo p. 54). Es la fuente de conflictos clásicos, cuando una de las partes atribuye la culpa a la otra mientras la segunda responde que actúa así precisamente a causa del comportamiento de la primera: «Tú empezaste». El principio de circularidad de la comunicación rompe con este esquema lineal en el que cada cual busca el efecto y la causa. La obra concluye que la naturaleza de una relación depende de la puntuación de las secuencias de comunicación entre las partes.
En los casos de comunicación discordante, es característico observar un desacuerdo sobre qué es causa y qué es efecto, cuando esos conceptos son inaplicables debido a la circularidad de la interacción en curso; pero esta escalada puede, en algunos casos, adquirir proporciones muy importantes y desembocar en una profunda escisión entre las personas.
Aquí se desarrolla un concepto importante: el de la profecía que se cumple a sí misma. Una persona que piensa «nadie me quiere» tendrá un comportamiento desconfiado, defensivo o agresivo, al que es muy probable que las demás personas respondan de manera poco amistosa, justificando así la creencia inicial.
Recibimos constantemente dos tipos de señales, la verbal y la no verbal, y debemos descodificarlas simultáneamente para hacer una síntesis. Estas dos señales tienen finalidades diferentes: la analógica crea el marco de la relación, mientras que la digital transmite el contenido del mensaje. Si ambas señales concuerdan, la congruencia refuerza el mensaje; si son incongruentes, se hará una elección de interpretación. Ahora bien, la comunicación analógica recurre a conductas que nuestra especie adoptó mucho antes de la elaboración del lenguaje y de su complejización: es más arcaica y, por tanto, tenderá a primar. Paul Watzlawick completará esta afirmación en otra obra comparando a las personas según que su funcionamiento cerebral privilegie el hemisferio izquierdo o el derecho.
Señalemos que la comunicación analógica es más amplia que el mero aspecto no verbal, ya que engloba también el contexto, los aspectos sociales, etc. (por ejemplo, una relación jerárquica). El libro da, por cierto, un ejemplo de error de traducción entre lo digital y lo analógico (p. 98).
Otro ejemplo: un marido regala espontáneamente flores a su mujer. ¿Qué interpretación hará ella? ¿Pensará «Qué detalle tan bonito» o bien «¿Qué tendrá que hacerse perdonar?»?
Cuando es la relación en curso la que se convierte en tema de la comunicación, la dificultad crece aún más. En efecto, todo intento de formular verbalmente una comunicación no verbal introduce en ella un error, ligado no solo a la pobreza de la sintaxis, sino también al riesgo de una mala interpretación. Es difícil expresar con claridad lo que el cuerpo ha querido decir.
Las interacciones entre dos personas pueden definirse según dos modalidades: simétrica o complementaria. En una relación simétrica, las partes actúan como en espejo, en pie de igualdad; en la relación complementaria, una ocupa una posición alta y la otra una posición baja. Estas dos calificaciones no son juicios de valor: cada parte completa a la otra para formar un todo, como en la relación parental o en la relación entre docente y estudiante. Una interacción simétrica se caracteriza, pues, por la igualdad y la minimización de la diferencia, mientras que una interacción complementaria se basa en la maximización de esa diferencia.
La escalada simétrica. La principal trampa de la relación simétrica es su desbocamiento, como en el ejemplo de la pareja citado más arriba. Las partes rivalizan sobre el contenido de la comunicación, a propósito de hechos más o menos objetivos, y cada una pretende tener razón, cuando el verdadero desacuerdo hay que buscarlo en el plano de la relación. Una escalada simétrica puede terminar de varias maneras: estabilización (risas, toma de distancia, pausa), agotamiento, ruptura o paso a la complementariedad cuando una de las partes acepta ocupar la posición baja.
La complementariedad rígida. La relación complementaria tiene todas las posibilidades de establecerse correctamente mientras la identidad de ambas partes pueda expresarse plenamente. Si, por el contrario, quien ocupa la posición alta niega la identidad de quien se sitúa en la posición baja, este desequilibrio tiende a desembocar, en el mejor de los casos, en un sentimiento de frustración.
Pasar de un modo de relación a otro es un importante factor de estabilidad; el principal problema es la rigidez de ciertas interacciones.
En el capítulo 4, la obra expone la teoría general de sistemas y la relaciona con el caso particular de la familia como sistema. Retoma los conceptos desarrollados por Ludwig von Bertalanffy, empezando por una definición, la de Hall y Fagen: un sistema es «un conjunto de objetos y de relaciones entre los objetos y entre sus atributos». Aborda a continuación las propiedades de los sistemas abiertos.
La totalidad. «Los vínculos que unen los elementos de un sistema son tan estrechos que una modificación de uno de los elementos provocará una modificación de todos los demás y del sistema entero» (p. 123). Dicho de otro modo, un sistema no se comporta como un simple agregado de elementos independientes: constituye un todo coherente e indivisible.
La no sumatividad. Un sistema no es la suma de sus elementos. «Hay que dejar de lado los elementos en favor de la Gestalt e ir al corazón de su complejidad, es decir, de su estructura» (p. 124). El análisis de una familia no es la suma del análisis de cada uno de sus miembros: existen características propias del sistema y modelos de interacción que trascienden las particularidades de cada persona.
La retroalimentación. Como se detalla en el capítulo 1, retroalimentación y circularidad constituyen el modelo de causalidad más adecuado para una teoría de los sistemas en interacción: A influye en B, y B influye a su vez en A.
La equifinalidad. Las mismas consecuencias pueden tener orígenes diferentes, porque lo determinante es la estructura.
La homeostasis familiar. Los mecanismos de homeostasis tienen la función de devolver el sistema a su estado de equilibrio. En una familia, el comportamiento de cada miembro está ligado al comportamiento de todos los demás y depende de él: influye en los demás y recibe su influencia. Cuando el equipo terapéutico alivia los males formulados explícitamente por un miembro de la familia, a veces se ve confrontado a una nueva crisis, provocada por la reacción del entorno ante la evolución de uno de los suyos (ejemplo p. 140).
La psicosis representa un cambio violento que recalibra el sistema e incluso puede facilitar la adaptación de una persona a su medio familiar. En el capítulo 6, la obra se ocupará de un tipo concreto de comunicación patológica, potencialmente inductora de trastornos psiquiátricos como la psicosis: la comunicación paradójica.
Con los elementos tratados anteriormente, puede verse en los sistemas en interacción continua —como la familia— el centro mismo de un estudio de las repercusiones pragmáticas a largo plazo de los fenómenos de comunicación.
El capítulo 5 aplica todos los principios y conceptos tratados hasta aquí a través de un ejemplo tomado de la literatura: la obra de teatro de Edward Albee ¿Quién teme a Virginia Woolf?. Como este capítulo es una demostración continua de los conceptos anteriores, resulta difícil de resumir, y se recomienda leerlo completo (a partir de la p. 149).
Las formas de comunicación paradójicas se caracterizan por un mensaje del que no es posible ninguna interpretación correcta, lo que provoca una desestabilización ligada al bloqueo de nuestras facultades de razonamiento. La obra distingue tres tipos de paradojas, que corresponden a los tres grandes ámbitos de la teoría de la comunicación: la sintaxis lógica, la semántica y la pragmática.
Vincent de Gaulejac, sociólogo clínico, describe bien en sus obras —en particular en Le capitalisme paradoxant— la manera en que nuestra sociedad nos somete a mandatos paradójicos, y cómo estos fenómenos son en gran parte inductores de sufrimiento en el trabajo y de burnout.
Cualquiera de nosotros ha estado, está o estará atrapado en situaciones paradójicas, ya sea creándolas (sin saberlo), ya sea padeciéndolas. Todos los ejemplos tomados por la autoría en situación terapéutica indican que señalar esas paradojas parece tener un efecto liberador sobre las personas atendidas que las padecen: les permite salir de una situación inextricable que las abruma (ejemplo p. 210). Lograr identificarlas mejor también puede permitir «prescribirlas» cuando resulta útil, ante una persona incapaz de cambiar: a alguien que se niega a cooperar en el proceso terapéutico pese a varias peticiones, se le puede ordenar la no cooperación; ejecutará la orden recibida y dejará de ser rebelde. Esta forma de comunicación debe utilizarse con mucha precaución, porque produce lo que Watzlawick y su equipo llaman el doble vínculo (double bind). El equipo de investigación de Palo Alto mostró que un doble vínculo repetitivo estaba implicado en el sistema familiar de las personas con esquizofrenia.
Los elementos que componen un doble vínculo son los siguientes:
Un mandato paradójico es una manifestación del doble vínculo. Podemos aproximarnos, en términos de representación, a la angustia que se siente ante una elección que solo ofrece salidas nefastas mediante el trágico ejemplo de un hombre sorprendido en el décimo piso de un edificio en llamas, que solo puede elegir entre morir por el fuego o arrojándose al vacío (p. 127).
A través de diversos ejemplos, la obra plantea en el capítulo 7 una noción fundamental: ningún cambio puede producirse desde dentro. Si un cambio es posible, solo lo es saliendo del modelo; de ahí el objetivo de la terapia: provocar un cambio en un sistema. La intervención psicoterapéutica constituye un nuevo sistema que, mediante numerosos procedimientos, podrá introducir un cambio en el sistema existente y llevarlo así a cambiar de estructura o de funcionamiento.
En terapia puede utilizarse la técnica de la prescripción del síntoma —incitar a la persona a comportarse como ya lo hace— con el fin de provocar una toma de conciencia en quien consulta, y por tanto un cambio de representación y, en consecuencia, de comportamiento.
El último capítulo abre la reflexión a consideraciones de un orden más elevado, filosóficas y, en este caso, existencialistas. Para la filosofía existencialista, el ser humano es arrojado a un mundo opaco, informe y absurdo. A partir de ahí crea su situación y se la representa: es él quien da un sentido a ese mundo, que se sitúa fuera de la comprensión objetiva humana. Algunos escritores se han ocupado de esta cuestión, como Dostoievski, Camus o Kierkegaard: «Quiero ir a un manicomio para ver si la profundidad de la locura puede darme la solución al enigma de la vida».
«“La solución del enigma de la vida en el espacio y en el tiempo se encuentra fuera del espacio y del tiempo”. Porque, como debe de resultar más que evidente a estas alturas, nada dentro de un marco permite formular algo, ni siquiera plantear preguntas, sobre ese marco. La solución no consiste, pues, en encontrar una respuesta al enigma de la existencia, sino en comprender que no hay enigma.»
Watzlawick, Helmick Beavin y Jackson, en la conclusión de la obra
El tema central de la obra es, por supuesto, el desarrollo del modelo de la comunicación según Palo Alto, apoyándose en la teoría general de sistemas y en la cibernética, ambas aplicadas en el marco de un tipo de sistema abierto: la familia.
Esta obra, teórica y conceptual, es una referencia indiscutible para quien quiera comprender los fundamentos de las aportaciones de la escuela de Palo Alto: sienta las bases de una corriente de pensamiento que recorrerá después el mundo con el nombre de enfoque sistémico. Cada concepto se ilustra con ejemplos, ficticios o vividos, o tomados de la literatura. Estas numerosas ilustraciones permiten integrar bien unas nociones que no siempre son fáciles de abordar a primera vista, y el capítulo dedicado a ¿Quién teme a Virginia Woolf? es una brillante demostración de ello. Es un libro que se asimila poco a poco, y me parece preferible tenerlo a mano en lugar de leerlo de un tirón, so pena de pasar por alto algunos conceptos más elaborados pero indispensables para comprender el pensamiento complejo de su autoría. Watzlawick, Helmick Beavin y Jackson son, por otra parte, siempre conscientes de la dificultad de su empresa: conceptualizar aspectos de la comunicación y de las interacciones humanas utilizando para ello la comunicación humana como medio, y formando parte de ese amplio sistema de interacciones inherente a nuestro lugar en el mundo.
El último capítulo ofrece una reflexión filosófica muy interesante, en particular sobre el existencialismo. He encontrado la influencia de esta obra en un escritor que es también psicoterapeuta desde hace más de cincuenta años y autor de éxito: Irvin Yalom. Él pensó muy pronto que tenía más impacto ilustrar la complejidad de las relaciones humanas a través de la novela. En su obra Thérapie existentielle, ofrece una reflexión sobre la búsqueda de sentido, tema que cierra Une logique de la communication. Las referencias literarias pueblan el libro; he aquí una, a modo de conclusión, que podría haber figurado en él.
«(…) como si la plenitud del alma no se desbordara a veces en las metáforas más vacías, puesto que nadie, jamás, puede dar la medida exacta de sus necesidades, ni de sus concepciones, ni de sus dolores, y la palabra humana es como un caldero rajado en el que tocamos melodías para hacer bailar a los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas.»
Gustave Flaubert, Madame Bovary
Para quienes prefieran descubrir estos conceptos en imágenes, el episodio en vídeo dedicado al libro puede verse a continuación.
Cómo citar este artículo
Besse, J. (2021, 24 de mayo). Une logique de la communication. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/fr_FR/articles/une-logique-de-la-communication
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