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Journal of Marital and Family Therapy · Terapia familiar

Terapia relacional en la reinserción tras la prisión: una revisión de alcance

En Estados Unidos, 600 000 personas salen de prisión cada año, y muchas vuelven con una familia. ¿Qué dice la literatura sobre la terapia relacional en ese regreso? El equipo de Eman Tadros revisó diez años de publicaciones: 19 artículos seleccionados, casi ningún modelo de terapia familiar puesto a prueba y ni un solo estudio sobre parejas.

Autoría Eman Tadros (Syracuse University, Nueva York), Thita Lamsam (Northwestern University, Evanston, Illinois) y Chandni Anandha Krishnan (University of Wisconsin–Madison), EE. UU.Primera publicación Journal of Marital and Family Therapy, 21 de agosto de 2026Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Relational Therapy in Post‐Incarceration Reentry: A Scoping Review, de Eman Tadros, Thita Lamsam y Chandni Anandha Krishnan, publicado en Journal of Marital and Family Therapy (Wiley) (2026), doi: 10.1111/jmft.70167, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

La reinserción no comienza en el momento de la excarcelación, sino que es un proceso que debe cultivarse antes de que tenga lugar.

Eman Tadros, Thita Lamsam y Chandni Anandha Krishnan

Resumen

Se estima que las 600 000 personas que regresan cada año a su hogar tras un periodo de encarcelamiento se enfrentan a importantes dificultades que limitan su reinserción y su reintegración en la sociedad. Se llevó a cabo una revisión de alcance sobre el modo en que la literatura sobre el periodo posterior al encarcelamiento aborda la terapia relacional. Siguiendo las directrices Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta‐Analysis, 19 de 304 artículos cumplieron los criterios de inclusión para la revisión completa. Nuestros resultados ponen de relieve la escasa evidencia empírica sobre las intervenciones de terapia relacional tras el encarcelamiento. La revisión subraya también la falta de modelos terapéuticos o intervenciones basados en la evidencia que puedan utilizar quienes ejercen la terapia de pareja y familia al trabajar con esta población. El artículo arroja luz sobre esta cuestión y reclama más investigación sobre la terapia relacional orientada a las personas excarceladas en Estados Unidos.

1 Introducción

Aunque Estados Unidos representa solo el 5% de la población mundial, alberga el 25% de la población encarcelada del mundo (Kirk and Wakefield 2018). Cada año, aproximadamente 600 000 personas salen de prisión, y muchas de ellas buscan reunirse con su familia (Carson and Golinelli 2013). Sin embargo, este proceso de reunificación suele complicarse por factores de estrés internos y externos. Las personas que han estado en prisión se enfrentan con frecuencia al estigma asociado a sus antecedentes penales (Tadros et al. 2025) y a la presión de su pareja para contribuir económicamente nada más salir (Cooper‐Sadlo et al. 2019; Yocum and Nath 2011). Estas dificultades pueden intensificar vulnerabilidades preexistentes en materia de salud mental y conducir a una menor satisfacción en la relación, a mayores tasas de conflicto doméstico y a un aumento de los divorcios (Few‐Demo and Arditti 2014).

2 El papel de la terapia familiar relacional

La terapia familiar sistémica o relacional se centra en la calidad de las relaciones interpersonales como componente central de la salud psicológica (Varghese et al. 2020). A diferencia de los modelos terapéuticos tradicionales centrados en el individuo, que priorizan la autonomía individual, la terapia relacional pone el acento en la reciprocidad, la empatía y la conexión como fundamentos de la regulación emocional y de la resiliencia (Hammer 2012). Estas competencias relacionales son esenciales para gestionar el estrés y prevenir problemas de salud mental como la depresión y la ansiedad. La terapia relacional resulta especialmente crucial para las familias afectadas por el encarcelamiento (Negash et al. 2026; Tadros et al. 2019; Umamaheswar et al. 2025).

Dificultades como las expectativas no cumplidas, las rupturas en la comunicación y la distancia emocional suelen derivar de una falta de comprensión mutua dentro del sistema familiar. Se ha demostrado que la terapia familiar restablece relaciones parentofiliales fracturadas, mejora la conducta de la juventud y reduce los síntomas de los trastornos por consumo de sustancias (Wesselmann et al. 2018). Pese a sus beneficios, el acceso a la terapia familiar para las personas que han estado en prisión sigue siendo limitado. El encarcelamiento, aunque a menudo se presenta como rehabilitador, con frecuencia rompe los lazos familiares e inflige un trauma psicológico a la descendencia y a las parejas (Liu et al. 2026). Sin un apoyo adecuado, la reintegración en la familia puede resultar abrumadora, sobre todo en ausencia de intervenciones terapéuticas (Umamaheswar et al. 2025). Ampliar y desestigmatizar el acceso a la terapia familiar relacional es esencial para favorecer una reunificación sana y promover la estabilidad familiar a largo plazo (Tadros 2024).

2.1 Obstáculos y necesidad de apoyo

Los estudios revelan que los hombres disponen de escasas oportunidades de obtener ingresos durante el encarcelamiento y tienen dificultades para conseguir empleo y salarios justos tras la excarcelación (Beckett and Goldberg 2022; Massoglia and Remster 2019). Estos problemas provocan dificultades económicas y una menor autoestima por no poder mantener a su familia (Turney 2015). Las parejas de los hombres encarcelados asumen responsabilidades adicionales, lo que genera tensiones económicas y estrés en la relación (Bruns and Lee 2020; Tadros and Presley 2024). Las mujeres con pareja encarcelada tienen más probabilidades de tener varios empleos que las mujeres en circunstancias por lo demás similares (Bruns 2019). Estos factores de estrés aumentan aún más las dificultades a las que se enfrentan las personas tras el encarcelamiento. Las competencias de comunicación de apoyo se asocian a relaciones más sólidas y felices, al menos desde la perspectiva de mujeres heterosexuales no encarceladas cuya pareja íntima está en prisión, y las relaciones íntimas sanas entre la población encarcelada pueden constituir un mecanismo de resiliencia capaz de favorecer una adaptación saludable tras la prisión (Durante et al. 2023).

La infancia con madres o padres encarcelados se ve especialmente afectada por estas rupturas. El proceso de reinserción exige adaptarse a un rol parental nuevo o modificado, lo que puede perjudicar el desarrollo emocional y social de la niña o el niño. Esta infancia es más vulnerable a problemas de conducta, al aislamiento social y a un menor rendimiento escolar (Cochran et al. 2018). Además, la capacidad parental de ofrecer una presencia estable y emocionalmente disponible es fundamental para reducir el ciclo intergeneracional del encarcelamiento. Dado que la infancia negra tiene nueve veces más probabilidades, y la infancia hispana tres veces más, de vivir el encarcelamiento de un progenitor que la infancia blanca, estas dinámicas perjudican de forma desproporcionada a las familias de minorías raciales y étnicas y contribuyen a ampliar las desigualdades socioeconómicas (Warren et al. 2019).

La falta de terapia relacional accesible agrava estas dificultades y deja a las familias sin las herramientas necesarias para reconstruir la confianza y la conexión. Los programas de transición que incorporan atención en salud mental y tratamiento del consumo de sustancias han demostrado su eficacia, reduciendo la tasa de reincidencia de las mujeres al 17%, frente al 50% sin dichos programas (Edwards et al. 2022; Mejia et al. 2024). Las personas participantes en estos programas también refirieron un sentimiento sostenido de conexión social 6 meses después de la excarcelación (Mejia et al. 2024), lo que muestra el papel crucial del apoyo relacional en una reintegración satisfactoria. Por tanto, la terapia relacional está muy infrautilizada como intervención de apoyo a las personas que han estado en prisión y a sus seres queridos.

3 El presente estudio

Actualmente, escasea la literatura que explore las repercusiones del encarcelamiento en las personas tras su excarcelación, y en particular la terapia relacional (Greenwood 2016). Esto es preocupante porque el encarcelamiento puede tener un impacto negativo duradero en la persona encarcelada y en su sistema de apoyo, incluso años después de la salida. Faltan cuidados de apoyo, en concreto programas de terapia relacional, para las personas que acaban de salir de un centro penitenciario (Tadros et al. 2021). Además, quienes ejercen la terapia de pareja y familia (MFT) a menudo no reciben formación y, por tanto, disponen de poca información sobre los efectos persistentes del encarcelamiento y su impacto en el desarrollo de las relaciones tras la excarcelación (Negash et al. 2026; Tadros and Owens 2021), lo que dificulta diseñar intervenciones eficaces y mejorar la salud mental y el bienestar en general. Asimismo, dado el abrumador número de personas que salen de prisión cada año, es probable que en las consultas de MFT aparezcan seres queridos de personas encarceladas. Las intervenciones sistémicas orientadas a la transición entre los centros penitenciarios y la comunidad, que aborden al mismo tiempo problemas relacionales preexistentes de mayor alcance, son esenciales para evitar la reincidencia, indicador de un proceso de reinserción satisfactorio. Esta revisión de alcance explorará cómo aborda la terapia relacional la literatura sobre el periodo posterior al encarcelamiento. Así pues, buscamos responder a la pregunta de cómo se aborda la terapia relacional en la literatura sobre el periodo posterior al encarcelamiento.

4 Método

La búsqueda bibliográfica se basó en los procedimientos Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta‐Analyses (PRISMA) para modelar el proceso de la revisión de alcance (Mak and Thomas 2022; Munn et al. 2018). Tras una reflexión detenida y una ponderación de la decisión entre realizar una revisión de alcance o una revisión sistemática, optamos por una revisión de alcance en lugar de una revisión sistemática debido a la escasez de investigaciones explícitamente relacionales o de terapia familiar con esta población. Además, la elección metodológica de cartografiar el panorama de la literatura relacionalmente pertinente sobre el periodo posterior al encarcelamiento, en lugar de sintetizar una intervención clínica definida, es coherente con un enfoque de alcance llevado a cabo de forma sistemática. Así, esta justificación es mucho más coherente con las orientaciones establecidas sobre las revisiones de alcance (Munn et al. 2018), que son especialmente apropiadas cuando el objetivo es identificar los tipos de evidencia disponibles, aclarar conceptos y cartografiar lagunas en ámbitos emergentes o poco desarrollados.

Siguiendo la literatura de temática similar, se realizó una búsqueda bibliográfica electrónica en la base de datos PsycINFO, conforme al procedimiento de otros artículos que utilizaron una metodología sistemática similar y trataron temas relacionados con la ciencia de la familia (Kaur et al. 2019; Tadros et al. 2023; Tadros and Ogun 2026). En julio de 2024 reunimos los estudios publicados entre 2014 y 2024 que se ajustaban a los criterios de búsqueda e inclusión. Los estudios se limitaron a artículos académicos revisados por pares (sin libros, revistas de divulgación ni tesis) y debían estar en lengua inglesa. Los términos de búsqueda utilizados fueron: Interventions OR techniques OR therapy, y post‐incarceration OR post‐incarceration OR post‐release OR post‐release OR formerly incarcerated. Aunque nuestros términos de búsqueda iniciales incluían palabras clave relacionales y sistémicas, la búsqueda preliminar arrojó cuatro artículos en la base de datos PsychINFO, lo que confirmó la escasez prevista de estudios explícitamente relacionales en este campo y obligó a evaluar la pertinencia relacional y sistémica en las fases de revisión de resúmenes y de textos completos. Por ello, los términos relacionales y sistémicos se omitieron deliberadamente de la cadena de búsqueda para evitar restringir en exceso los resultados. La búsqueda revisada arrojó un total de 304 artículos. Normalmente, el paso siguiente habría sido eliminar los duplicados; sin embargo, no apareció ninguno.

Toda la autoría realizó una revisión de los resúmenes para identificar los artículos que se ajustaban a los criterios de inclusión: debían tratar sobre la población excarcelada y/o su sistema directo/indirecto, utilizar un modelo/enfoque teórico relacional/sistémico, y/o tratar una intervención/técnicas terapéuticas relacionales, y/o abordar las repercusiones del encarcelamiento en la salud mental y el bienestar psicológico tras la excarcelación. Dada la amplitud de estos criterios, conviene señalar que esta amplitud fue intencionada, porque la terapia relacional basada en la evidencia para esta población está claramente infrarrepresentada en la literatura. Era necesario un marco de inclusión más amplio para cartografiar con precisión lo que existe, documentar dónde se sitúa la laguna e identificar los hilos relacionales presentes en los trabajos afines. Además, se incluyeron estudios con intervenciones iniciadas durante el encarcelamiento cuando su finalidad declarada era facilitar los resultados de la reinserción tras la excarcelación, ya que se entiende que el proceso de reinserción comienza antes de la salida.

Como resultado, un total de 28 artículos pasaron a la revisión del texto completo. Tras leer los textos completos y evaluar su conformidad con los criterios de inclusión, se excluyeron 9 artículos, de modo que 19 artículos cumplieron los criterios. Los estudios incluían artículos cualitativos, cuantitativos y conceptuales/teóricos. Tres personas del equipo investigador evaluaron de forma independiente los criterios de inclusión y después revisaron y compararon sus conclusiones para garantizar la credibilidad del análisis. Las reuniones del equipo de investigación fueron frecuentes y siguieron las buenas prácticas, ya que la literatura recomienda practicar la reflexividad a lo largo de todo el proceso de investigación para asegurar la coherencia con los principios de las revisiones de alcance (Mak and Thomas 2022). La figura 1 resume el proceso de búsqueda (Moher et al. 2009).

Diagrama de flujo PRISMA.
Figura 1. Diagrama de flujo PRISMA.

5 Resultados

Los párrafos siguientes resumen los artículos que exploran la población excarcelada desde una perspectiva relacional. Es importante subrayar que la terapia relacional o las intervenciones sistémicas no eran el eje de la mayoría de los artículos. Aunque algunos de ellos proponían intervenciones relacionales, muchos no lo hacían. Las tres personas del equipo investigador revisaron los 19 artículos que cumplían los criterios de inclusión, con independencia de la atención que prestaran al tema de interés, para ofrecer una imagen fiel de lo que contiene la literatura disponible. Estos artículos se organizan según la etapa del proceso encarcelamiento‐reinserción (preparación para la reinserción, transición y reintegración) que representa la población estudiada. Una sección adicional (contextual) recoge los estudios que examinan los sistemas relacionales que rodean a las personas encarceladas (por ejemplo, la descendencia, las familias, profesionales de la clínica) y que se ven afectados por el encarcelamiento aunque no estén en prisión. Además, los artículos analizados ponen de relieve la misma laguna en cuanto a terapia relacional en la reinserción y a modalidades terapéuticas basadas en la evidencia.

5.1 Preparación para la reinserción

La sección sobre la preparación para la reinserción examina las intervenciones dirigidas a personas encarceladas durante su estancia en un centro penitenciario. Aunque este periodo no se considera necesariamente posterior al encarcelamiento, estas intervenciones preparatorias son esenciales para ayudar a una persona a lograr una reinserción satisfactoria. Brubacher et al. (2023) realizaron un estudio teórico sobre la importancia del desarrollo de las competencias comunicativas en madres encarceladas, en concreto en su dimensión verbal. El estudio analizó cómo una mejor comunicación puede facilitar muchos de los factores asociados al desistimiento delictivo, como la estabilidad vital y la construcción de narrativas de redención, en correspondencia con las teorías del desistimiento en los planos individual/agencial y social/estructural. El equipo investigador propuso intervenciones basadas en la teoría de los sistemas ecológicos que utilizan un enfoque de sistemas completos con una perspectiva informada por el trauma, lo que permite mirar más allá de las necesidades superficiales y prever la utilidad de la intervención en múltiples contextos. Estas intervenciones pueden aportar amplios beneficios a las madres, a su descendencia y a otras relaciones cercanas, reduciendo la probabilidad de reincidencia.

Armstrong et al. (2018) llevaron a cabo una revisión sistemática y un metaanálisis sobre la eficacia de los programas de parentalidad aplicados durante el encarcelamiento. La revisión sistemática sintetizó la investigación sobre intervenciones destinadas a ayudar a madres y padres encarcelados a mantener y fortalecer la relación con su descendencia durante la reclusión, mientras que el metaanálisis evaluó cuantitativamente el impacto de estos programas en el conjunto de los estudios. En general, los resultados sugirieron que los programas de parentalidad impartidos en el medio penitenciario se asociaban a mejoras en los conocimientos y las actitudes parentales, así como en la calidad de la relación parentofilial. Algunos datos indicaron también que estos programas reforzaban la confianza parental en el propio rol y aumentaban su motivación para seguir implicándose en la vida de su descendencia tras la excarcelación. Dado que estas intervenciones se desarrollan durante el encarcelamiento y tienen por objeto preparar la reunificación con la familia, la autoría subrayó la importancia de incorporar programas estructurados de parentalidad en los sistemas penitenciarios como paso preparatorio para una reintegración familiar satisfactoria tras la salida.

Considerados en conjunto, los estudios de esta sección comparten un mismo enfoque teórico centrado en el pensamiento sistémico y ecológico. Tanto Brubacher et al. (2023) como Armstrong et al. (2018) sitúan a la persona dentro de un contexto relacional más amplio que abarca los sistemas familiar, comunitario e institucional, ya se trate de una persona progenitora que fortalece el vínculo con su descendencia, o de una madre que perfecciona sus propias competencias comunicativas. Lo más importante es que ambas intervenciones se sitúan en el medio penitenciario, lo que condiciona lo que es terapéuticamente factible. Debido a las limitaciones estructurales del entorno carcelario, los objetivos en esta etapa suelen ser preparatorios y centrados en las competencias, más que profundamente relacionales. La propia relación terapéutica debe negociarse en un marco institucional que no concede gran prioridad a la reparación relacional, y el acceso a la descendencia y a los familiares está restringido. Sin embargo, estos estudios muestran que, incluso con tales limitaciones, las intervenciones relacionales y sistémicas pueden producir mejoras significativas en los conocimientos parentales, la comunicación y la motivación familiar. Las bases de la reparación relacional pueden empezar a sentarse antes de la excarcelación, aunque su expresión más plena deba esperar a después. Además, ninguno de los dos estudios examinó los resultados relacionales a largo plazo de estas intervenciones en reclusión, lo que apunta a una laguna en la comprensión de cómo el trabajo preparatorio dentro del medio penitenciario se conecta con el funcionamiento familiar tras la salida.

5.2 Transición

Esta sección destaca los estudios que exploran programas y factores sistémicamente beneficiosos para las personas encarceladas antes de su excarcelación e inmediatamente después. Menting et al. (2024) realizaron un estudio longitudinal para evaluar la eficacia preventiva a largo plazo del programa Better Start, una intervención de parentalidad aplicada en los Países Bajos con madres de menores de entre 2 y 10 años durante el periodo en que las madres salen de prisión. La intervención, basada en la teoría del aprendizaje social, pretende prevenir las conductas disruptivas, incluida la delincuencia infantil, así como la reincidencia de las madres. Los resultados mostraron que la descendencia de las madres participantes en el programa Better Start presentaba menos conductas delictivas en la adolescencia que la de las madres que no recibieron la intervención. Los resultados sugieren que una intervención de parentalidad basada en la evidencia, adaptada a la población, puede tener efectos positivos a largo plazo en las familias afectadas por el encarcelamiento materno.

Pettus‐Davis (2021) propuso Support4Families, un modelo de intervención sistémica concebido para apoyar a los miembros de la familia en el proceso de reinserción. Support4Families pretende que los familiares aprendan, practiquen e integren en su vida competencias y herramientas antes de la excarcelación de su ser querido, y que más tarde, tras la salida, perfeccionen la aplicación de esas herramientas con ayuda profesional. Esta intervención se guía por el Main Effect Model of Social Support, según el cual el apoyo social es el producto de una integración activa en redes sociales (por ejemplo, las familias), así como por el Family Resilience Framework, que describe los mecanismos mediante los cuales la unidad familiar puede desarrollar estrategias de apoyo resilientes y adaptativas. El artículo subrayó la utilidad de una perspectiva de sistemas familiares, ya que la reinserción no se produce de forma aislada. Según el artículo, el programa se encontraba en fase piloto, con el objetivo de generar estabilidad familiar y bienestar individual y familiar proporcionando los conocimientos, herramientas, competencias y recursos que los familiares necesitarán.

Maschi and Koskinen (2015) realizaron un estudio cualitativo para explorar los factores que influyen en una reunificación comunitaria satisfactoria de las personas mayores que salieron de prisión. Las personas participantes refirieron que los recursos o apoyos internos y externos influían en la probabilidad de reunirse con éxito con su familia, sus pares y su comunidad, así como en su capacidad para sortear los obstáculos. Los resultados concordaban con la teoría del apoyo social, que destaca la importancia de los recursos y apoyos externos. Los resultados sugirieron que los programas destinados a las personas mayores, aplicados tanto en prisión como tras la excarcelación, serán más beneficiosos si incorporan en su diseño las perspectivas y las experiencias vividas de personas mayores que han estado en prisión. El estudio puso de relieve el papel central que pueden desempeñar profesionales de los servicios de atención a la vejez, de salud y de justicia penal en la prevención, la evaluación y la intervención para reunir a las personas mayores encarceladas con su familia y su comunidad.

Wilson et al. (2024) pusieron a prueba el programa Passport to Freedom (P2F), una iniciativa de reinserción centrada en las mujeres e informada por el trauma, guiada por el Eco‐Social Trauma Intervention Model. Mediante un diseño de métodos mixtos en dos fases, desarrollaron y evaluaron el programa. Los resultados mostraron una reducción de la depresión y del estrés cotidiano entre las participantes. Los resultados ponen de relieve la necesidad de un apoyo basado en la evidencia e informado por el trauma que ayude a las mujeres encarceladas a afrontar sus problemas de salud mental y a reducir el riesgo de reincidencia en la reinserción.

Wallace et al. (2016) exploraron la relación entre el apoyo familiar durante y después del encarcelamiento y la salud mental tras la excarcelación. El estudio examinó la relación entre apoyo social y salud personal a través del modelo de efectos principales y del modelo de amortiguación del estrés. Los resultados indicaron que, si bien el apoyo social familiar durante el encarcelamiento no tenía relación con la salud mental tras la excarcelación, el apoyo familiar posterior a la salida sí influía en ella, siendo el apoyo familiar negativo más determinante que el positivo. El estudio constató también que el cambio en el apoyo entre el periodo de encarcelamiento y el posterior tenía un efecto sobre la salud mental. Además, para obtener mejores resultados en salud mental tras la excarcelación, las familias deberían reforzar los vínculos positivos y, al mismo tiempo, reducir el apoyo negativo. Los programas que ayudan a las familias y a las personas que han estado en prisión a afrontar las tensiones de la reinserción probablemente mejoren las relaciones familiares y favorezcan mejores resultados en salud mental para quienes se reincorporan a la vida civil.

Los estudios de esta sección subrayan en conjunto que el periodo de transición, que abarca el tiempo inmediatamente anterior y posterior a la excarcelación, es una fase esencial y particularmente compleja para la intervención relacional. Algunos de los programas estudiados aquí, como Support4Families (Pettus‐Davis 2021) y el programa Better Start (Menting et al. 2024), tienden deliberadamente un puente entre el encarcelamiento y la reinserción en la comunidad, implicando tanto a la persona encarcelada como a su sistema familiar a ambos lados del umbral de la excarcelación. Este diseño en dos fases refleja una idea conceptual importante: la reinserción no comienza en el momento de la excarcelación, sino que es un proceso que debe cultivarse antes de que tenga lugar.

Los estudios muestran además que el contexto de transición es ambiguo: las intervenciones no están ni completamente dentro ni completamente fuera del control penitenciario, y esta ambigüedad afecta tanto a la implicación como al encuadre terapéutico. Maschi and Koskinen (2015), por ejemplo, abogan por programas que abarquen tanto la prisión como el periodo posterior a la salida para las personas mayores, reconociendo que la continuidad del apoyo es más eficaz que unos servicios discontinuos y específicos de cada etapa. Wallace et al. (2016) advierten contra la simplificación que consiste en considerar el apoyo familiar intrínsecamente beneficioso, y demuestran que es su calidad, y no solo su presencia, lo que determina su impacto en la salud mental tras la excarcelación, ya que el apoyo familiar negativo resulta más determinante que el positivo. La combinación de estos resultados indica que las intervenciones relacionales durante la fase de transición no solo deben ocuparse del desarrollo de competencias, sino también de la calidad y la historia de las relaciones familiares, incluido su potencial tanto de sanar como de dañar. Pese a la complejidad relacional que revelan estos estudios, ninguno utilizó una modalidad específica de terapia familiar, lo que pone de manifiesto la laguna más amplia que esta revisión pretende documentar.

5.3 Reintegración

Esta sección analiza las intervenciones destinadas a personas encarceladas que comienzan tras la excarcelación, incluidas las que se encuentran en libertad condicional o en régimen de probation. Tadros et al. (2022) realizaron un estudio de caso clínico sobre un cliente que había estado en prisión y presentaba síntomas de fobia específica. Utilizaron como método de intervención la terapia narrativa, centrada en deconstruir y reescribir las historias personales. Terapeuta y cliente trabajaron conjuntamente para comprender cómo los problemas de la familia de origen habían contribuido a formar su autonarrativa, en la que la fobia servía para proyectar la ansiedad. El estudio constató que la terapia narrativa era muy eficaz para ayudar al cliente a reformular su narrativa, lo que condujo a una reducción de los síntomas de fobia específica y de la ansiedad. Los resultados sugirieron la necesidad de eliminar las barreras de acceso a los servicios de salud mental tras la excarcelación, así como de adoptar una perspectiva más sistémica en el contexto terapéutico.

Crain et al. (2024) exploraron las experiencias referidas por hombres racializados que habían estado en prisión y trabajaban como entrenadores personales para una clientela blanca. Este estudio se basó en la teoría crítica de la raza, que llama la atención sobre la sobrevigilancia policial de las comunidades racializadas y su contribución al encarcelamiento masivo de hombres racializados, que refuerza los estereotipos, suscita la percepción de amenaza racial y alienta el respaldo a prácticas policiales más agresivas o sesgadas. Los 10 participantes refirieron haber sufrido microagresiones en el trabajo o en la comunidad. El estudio subrayó las dificultades a las que se enfrentan los hombres racializados al regresar a su comunidad y los beneficios de entornos en los que las personas que han estado en prisión puedan desarrollar competencias de resiliencia para romper los ciclos de reincidencia.

Welch et al. (2019) realizaron un estudio cualitativo y entrevistaron a los participantes sobre su experiencia vivida de la paternidad como padres negros que habían estado en prisión. Los resultados identificaron tres grandes temas en las conversaciones: (1) la experiencia pasada influía en la parentalidad presente; (2) el contacto con la descendencia era constante; y (3) el crecimiento personal contribuía al crecimiento como padre. Los resultados reclamaban más programas de parentalidad basados en las fortalezas dentro de los programas de vivienda de transición y residenciales que apoyan a la población en proceso de reinserción. Las clases de parentalidad que examinan las experiencias de los padres en su familia de origen pueden ser una vía para explorar los patrones intergeneracionales transmitidos.

Gurusami (2019) realizó un estudio observacional con mujeres que habían estado en prisión para examinar cómo viven las madres las fuerzas discursivas en su vida cotidiana tras el encarcelamiento. La autora se apoyó en las teorías del «motherwork» (trabajo materno) y exploró tres tipos distintos de motherwork descarcelario durante el periodo de observación: colectivo, hipervigilante y de crisis. Los resultados sugieren que las mujeres negras que han estado en prisión se enfrentan tras el encarcelamiento a obstáculos que complican la maternidad, y que el factor que más condiciona su manera de ejercerla es la necesidad de demostrar a los organismos estatales que son aptas para tener la custodia de la infancia a su cargo. Como consecuencia, las madres recurrían a menudo a uno de los tres tipos de motherwork descarcelario (colectivo, hipervigilante y de crisis). Este estudio mostró las restricciones del trabajo bajo el Estado carcelario y reveló el contexto más amplio de los problemas sociales producidos por la vigilancia estatal, así como el modo en que las personas y las familias organizan su supervivencia en ese contexto.

Meza et al. (2023) realizaron un estudio de métodos mixtos para examinar la relación entre la violencia vecinal percibida y la salud en jóvenes afroamericanos y latinos en proceso de reinserción. Este estudio se basa en la teoría de los sistemas ecológicos de Bronfenbrenner y explora la relación entre el microsistema (violencia vecinal percibida) y el individuo (salud). Los análisis cuantitativos mostraron que más de la mitad de la juventud en proceso de reinserción refería una exposición percibida a la violencia en su barrio, vinculada a un amplio abanico de aspectos de la salud física y del bienestar psicosocial. Constataron también que la violencia vecinal percibida se asociaba a un bienestar psicosocial deficiente, incluidos un mayor estrés percibido y un menor apoyo familiar, lo que puede explicarse en parte por el mayor tiempo pasado en casa, que multiplica las ocasiones de conflicto familiar. Los resultados muestran que comprender los obstáculos al tratamiento, así como introducir intervenciones familiares de telesalud, puede mejorar tanto los resultados relativos al consumo de sustancias como la cohesión familiar.

Cooper‐Sadlo et al. (2019) realizaron entrevistas en profundidad con 12 madres para comprender sus experiencias de consumo de sustancias, encarcelamiento y reunificación con su descendencia. Para ello utilizaron el Family Resilience Framework, que ofrece una perspectiva para comprender la importancia de un enfoque basado en las fortalezas cuando se considera el contexto sociocultural en que funcionan las familias, apoyando a las personas y a las familias en la construcción de sentido a partir de sus experiencias adversas. Los resultados mostraron que todas las participantes expresaban amor y el deseo de proteger, cuidar y mantener a su descendencia; que sentían culpa y vergüenza cuando no cumplían sus responsabilidades maternas; y que la aceptación y el perdón eran importantes para reconstruir y reestructurar su familia. Los resultados ponen de relieve la necesidad de que los equipos de terapia familiar sigan aplicando una visión amplia e integradora de los sistemas con las madres que han estado en prisión y presentan un trastorno por consumo de sustancias, lo que permite intervenir en múltiples sistemas de atención. Subrayaron la necesidad de atender las necesidades relacionales y emocionales de los familiares de estas madres con la misma importancia que sus necesidades de supervivencia.

Salem et al. (2019) realizaron un estudio transversal para explorar la fragilidad física, psicológica y social de mujeres que habían estado en prisión y se encontraban sin hogar tras salir de cárceles y prisiones de California, con antecedentes de consumo de drogas y adicción. Este estudio se basó en el Frailty Framework among Vulnerable Populations, que explica cómo factores individuales, situacionales, conductuales, sanitarios, biológicos, ambientales y relacionados con los recursos influyen en los resultados adversos en los ámbitos físico, psicológico y social. Los resultados arrojan luz sobre el hecho de que la fragilidad física, psicológica y social constituye un problema importante entre las mujeres que han estado en prisión y se encuentran sin hogar. El estudio subrayó que una atención específica e informada por el trauma, junto con una gestión de casos adaptada para ayudar a las mujeres frágiles a aprender estrategias de autocuidado durante la reinserción, puede resultar beneficiosa a largo plazo.

Pettus‐Davis et al. (2017) examinaron los patrones de apoyo social familiar y no familiar en personas adultas emergentes encarceladas y no encarceladas. El estudio utilizó la teoría del apoyo social de Cullen (1994), según la cual las relaciones positivas son un factor clave para que las personas adultas emergentes que han estado en prisión se alejen de las conductas delictivas durante la reinserción. Los resultados muestran que estas personas jóvenes con antecedentes judiciales reciben mucho más apoyo de la familia que de personas adultas ajenas a ella. El estudio constató también que las personas adultas emergentes que han estado en prisión experimentan descensos más acusados del apoyo social no familiar que sus homólogas no encarceladas, y que las estancias en prisión más largas se asociaban a un mayor deterioro del apoyo social. El estudio pone de relieve que quienes tienen antecedentes de encarcelamiento tienen menos probabilidades de recibir apoyo social, y que las intervenciones deberían ayudar a la clientela que ha estado en prisión a ajustar sus necesidades de apoyo a los recursos de que dispone en su red social.

Valera and Boyas (2019) exploraron qué tipos de factores de apoyo social (apoyo social percibido, apoyo comunitario y apoyo religioso) predicen de forma significativa la salud mental y el bienestar en 225 hombres racializados que habían estado en prisión en la ciudad de Nueva York. Los resultados sugieren que un mayor apoyo social, comunitario y religioso se asociaba significativamente a niveles más bajos de morbilidad psicológica. La existencia de apoyo social percibido era la que tenía un impacto más significativo en la salud mental, posiblemente por el papel sustancial que desempeñan las relaciones familiares a la hora de ayudar a los hombres encarcelados de más edad a afrontar la adversidad. Los resultados mostraron asimismo que la mayoría de los participantes no refería utilizar servicios de salud mental, pese a tomar medicación para la depresión, la ansiedad, la ira y el trastorno bipolar. Los resultados ponen de relieve la necesidad de reforzar la atención de apoyo tras la excarcelación para las personas con y sin redes de apoyo social, así como el acceso a los servicios de salud mental.

Entre los estudios sobre la reintegración surgen varios temas convergentes que ningún artículo aborda por sí solo de manera exhaustiva. En primer lugar, las barreras estructurales y raciales están generalizadas y son interdependientes. Crain et al. (2024), Gurusami (2019), Meza et al. (2022) y Welch et al. (2019) se centran en las experiencias de personas racializadas y muestran de forma coherente que factores sistémicos como la sobrevigilancia policial, la vigilancia estatal, la violencia vecinal y las microagresiones raciales afectan a la reintegración de un modo que los modelos centrados en el individuo no pueden explicar plenamente. Todos estos estudios reclaman marcos que tengan en cuenta el entorno, la comunidad y la raza, pero ninguno puso a prueba directamente una intervención relacional o de terapia familiar. En segundo lugar, el apoyo social predice de forma constante el éxito de la reintegración en los distintos estudios (Pettus‐Davis et al. 2017; Valera and Boyas 2019). Sin embargo, los mecanismos para fomentar o restablecer el apoyo tras las rupturas relacionales provocadas por el encarcelamiento siguen estando insuficientemente teorizados y mal abordados en la práctica. En tercer lugar, las intervenciones de esta sección, como la terapia narrativa (Tadros et al. 2022), la telesalud (Meza et al. 2022) y la parentalidad basada en las fortalezas (Welch et al. 2019), se ofrecen todas en entornos comunitarios tras la excarcelación, lo que permite relaciones más profundas y más opciones terapéuticas que los contextos penitenciario y de transición analizados anteriormente.

5.4 Contextual

El término «contextual» remite al principio filosófico fundamental de esta terapia, según el cual el ser humano no puede comprenderse plenamente de forma aislada (Boszormenyi‐Nagy and Krasner 1986). La terapia familiar contextual invita, en cambio, a comprender a las familias y a las personas en el contexto de sus vínculos interpersonales, de su herencia y de sus obligaciones éticas intergeneracionales. Por ello, la sección contextual explora las intervenciones dirigidas a los sistemas de apoyo de la persona encarcelada (por ejemplo, menores con uno o ambos progenitores encarcelados, profesionales de la salud mental) que se han visto afectados directa o indirectamente por el encarcelamiento de una persona.

Nguyen et al. (2023) pusieron de relieve la realidad multidimensional del encarcelamiento parental mediante un análisis transversal. A partir del modelo proceso‐persona‐contexto‐tiempo (PPCT) de Bronfenbrenner, el estudio exploró el impacto de la infraestructura social del barrio y del apoyo social en la implicación escolar de la infancia cuyos progenitores o tutores han estado encarcelados (CPGI). El análisis descriptivo mostró que el encarcelamiento parental no es un problema aislado, ya que tener a una persona cuidadora en prisión puede afectar a la trayectoria de desarrollo infantil tanto como otros aspectos de la vida. La infancia CPGI se implica más en la escuela cuando su familia vive en un barrio que ofrece apoyo y tiene acceso a capital social, y muestra una mayor implicación escolar cuando vive en barrios dotados de infraestructuras sociales como aceras. El estudio subrayó la importancia de contar con una red de apoyo social fiable o con una persona de referencia en los momentos de adversidad, lo que resulta especialmente útil para la infancia CPGI y su familia.

Hiolski et al. (2019) compararon indicadores conductuales de salud física en jóvenes con progenitores encarcelados actualmente o en el pasado y en jóvenes sin antecedentes de encarcelamiento parental. Los resultados sugieren una asociación significativa entre el encarcelamiento parental y niveles más bajos de conductas saludables y más altos de conductas no saludables. El estudio destacó varios programas para jóvenes afectados por el encarcelamiento parental que han logrado atenuar los efectos negativos. El equipo investigador constató también que las conductas perjudiciales persisten incluso después de la excarcelación del progenitor, lo que obliga a prestar atención a la reinserción del progenitor en el hogar.

Negash et al. (2022) examinaron las dificultades que encuentran las familias, en particular las pertenecientes a grupos minorizados y estigmatizados, para acceder a la terapia familiar tras el encarcelamiento. A partir de la investigación y de la experiencia clínica, la autoría presenta un marco conceptual que aborda los obstáculos desde la perspectiva tanto de la clientela como de la persona terapeuta. Entre los principales obstáculos figuran el estigma en torno al encarcelamiento y a la salud mental, la escasa formación terapéutica sobre los sistemas penitenciarios y las desigualdades raciales, y problemas estructurales como el transporte, las dificultades económicas y las restricciones de desplazamiento. Estos obstáculos contribuyen a una implicación limitada en la terapia. Para superarlos, la autoría abogó por acciones de proximidad en la comunidad, modelos de servicio flexibles como la telesalud y enfoques culturalmente sensibles y basados en las fortalezas. Recomendó asimismo presentar la terapia como «servicios de transición» para mejorar la implicación. El artículo insiste en la falta de investigación sobre la terapia familiar para las personas que han estado en prisión y ofrece consideraciones clínicas para apoyar a esta población.

Los estudios de esta sección amplían el análisis de la persona que ha estado en prisión a los sistemas relacionales afectados por el encarcelamiento, en particular la infancia y las familias. Nguyen et al. (2023) y Hiolski et al. (2019) muestran, mediante marcos ecológicos, que los efectos del encarcelamiento parental en la infancia no son pasajeros ni se resuelven con la excarcelación: la mala salud y unos problemas de conducta insostenibles persisten incluso después del regreso del progenitor al hogar, lo que demuestra que la reinserción es un proceso de nivel familiar que requiere respuestas de nivel familiar. Negash et al. (2022) desarrollan esta comprensión en la práctica clínica al señalar con precisión los obstáculos que entorpecen a las familias, especialmente las procedentes de comunidades marginadas y estigmatizadas. Unidos a estos resultados, los obstáculos estructurales que nombran no son exclusivos del contexto comunitario posterior a la excarcelación, sino que se amplifican en cada punto de transición del continuo encarcelamiento‐reinserción. Leídos junto a los estudios de las secciones de preparación y de transición, Negash et al. dejan claro que la ausencia de terapia relacional en esta población no es simplemente una laguna de la investigación, sino el producto de barreras de acceso acumuladas que nunca se han abordado de forma sistemática (2022).

5.5 Hacia un marco relacional

Aunque los aspectos relacionales del encarcelamiento están bien documentados, las intervenciones de terapia relacional y familiar basadas en la evidencia están prácticamente ausentes de la literatura sobre la reinserción. En primer lugar, los marcos ecológicos y sistémicos, como la teoría de los sistemas ecológicos de Bronfenbrenner, la teoría del apoyo social y los marcos de resiliencia familiar, aparecen de forma constante en los estudios de todas las etapas, lo que indica un reconocimiento teórico colectivo de que el encarcelamiento y la reinserción son fenómenos relacionales. No obstante, este acuerdo teórico aún no ha dado lugar a un conjunto correspondiente de intervenciones clínicas. En segundo lugar, el lugar y el momento de la intervención condicionan sistemáticamente las posibilidades terapéuticas. Las intervenciones realizadas en el medio penitenciario (Armstrong et al. 2018; Brubacher et al. 2023) son por naturaleza preparatorias y están estructuralmente limitadas, mientras que los programas de transición que se extienden más allá del umbral de la excarcelación (Menting et al. 2024; Pettus‐Davis 2021) son prometedores, pero siguen en fase piloto y no son relacionales en su modalidad terapéutica. Los estudios comunitarios posteriores a la excarcelación ofrecen la mayor oportunidad de profundidad relacional; sin embargo, la ausencia de modelos de terapia familiar evaluados en este contexto es llamativa. Además, la raza y la desigualdad estructural no son preocupaciones periféricas, sino rasgos que organizan la experiencia de la reinserción, en particular para las personas racializadas y las mujeres, cuya vida relacional está marcada por la vigilancia, el estigma y la desinversión sistémica de maneras que los modelos terapéuticos convencionales rara vez abordan. Por último, la literatura sobre los obstáculos (Negash et al. 2022) deja claro que el acceso a cualquier servicio terapéutico, incluido el relacional, dista mucho de estar garantizado para esta población. Un marco de terapia familiar contextual, que atienda explícitamente a la ética relacional intergeneracional, al impacto de la injusticia sistémica en las familias y a la importancia de una atención culturalmente sensible, está bien situado para responder a estas necesidades superpuestas.

6 Discusión

Este artículo ha explorado cómo aborda la terapia relacional la literatura sobre el periodo posterior al encarcelamiento. Como se expone en varios artículos (Brubacher et al. 2023; Armstrong et al. 2018; Menting et al. 2024; Pettus‐Davis 2021; Wilson et al. 2024), los modelos de reinserción pueden adoptar diversas formas, pero a menudo inician el tratamiento en el medio penitenciario y siguen ofreciendo apoyo durante un tiempo después de la excarcelación (Haas et al. 2022). Aunque la terapia familiar centrada en la relación parentofilial era el eje principal de varios artículos, la terapia relacional va más allá de la parentalidad y de la reunificación familiar e incluye otras unidades relacionales, como las relaciones íntimas y los sistemas intergeneracionales. La evidencia reunida en esta revisión ha puesto de relieve la importancia crucial de recibir apoyo tras el encarcelamiento para favorecer una reinserción satisfactoria. Nuestra revisión examinó cómo está representada la terapia relacional en la literatura sobre el periodo posterior al encarcelamiento y la reintegración. Por ello, solo dos estudios (Brubacher et al. 2023; Armstrong et al. 2018) exploraron un programa de intervención teórico aplicado durante el encarcelamiento que podría facilitar el proceso de reinserción. En los párrafos siguientes identificamos diversos patrones comunes a los estudios.

Uno de los temas recurrentes en la literatura es el papel crucial que desempeñan las amistades y la familia al ofrecer apoyo emocional, material y logístico tras la excarcelación (Pettus‐Davis et al. 2017; Valera and Boyas 2019; Wallace et al. 2016). Este apoyo suele ser el mejor predictor de mejores resultados en salud mental y de menores tasas de reincidencia. Pese al énfasis constante en el apoyo familiar y social, solo unos pocos estudios examinaron intervenciones relacionales o sistémicas, y se centraron principalmente en la relación parentofilial y la reunificación familiar (Armstrong et al. 2018; Cooper‐Sadlo et al. 2019; Menting et al. 2024). Aunque estas intervenciones son cruciales para apoyar a la infancia y abordar los efectos intergeneracionales del encarcelamiento, no abarcan plenamente las necesidades relacionales de las personas que han estado en prisión.

Además, ni un solo artículo investigó la terapia de pareja ni las intervenciones diádicas para parejas sentimentales afectadas por el encarcelamiento. Esta ausencia de investigación es significativa, ya que la terapia relacional va más allá de los límites de la terapia familiar y ofrece modelos que abordan cuestiones de intimidad, regulación emocional, apego y trauma, que son consecuencias del encarcelamiento. En terapia de pareja y familia, la delincuencia, el delito y la reincidencia se conceptualizan en relación con múltiples factores sistémicos, entre ellos las dinámicas familiares, la parentalidad, el conflicto relacional, la influencia de los pares y las características del barrio (Thompson and Datchi 2019). Dada la evidencia, en otros ámbitos, de la eficacia de la terapia relacional para fortalecer la resiliencia interpersonal (Hammer 2012), se trata de una laguna crítica en este campo.

6.1 Literatura sobre intervenciones relacionales

Entre los escasos estudios que abordaron la terapia relacional tras la excarcelación, Negash et al. (2022) es el único artículo surgido en nuestra búsqueda, dentro de esta revisión de alcance, que explora la terapia relacional desde una perspectiva clínica y sistémica. Su marco conceptual identifica los principales obstáculos para acceder a la terapia, entre ellos el estigma, la inexperiencia terapéutica con los sistemas penitenciarios, las dificultades logísticas y el desajuste cultural entre los servicios disponibles y las experiencias vividas de la clientela. Negash y su equipo abogan por modelos de terapia sistémica basados en un marco culturalmente sensible e informado por el trauma que privilegie la flexibilidad, incluida la telesalud, las alianzas comunitarias y la presentación de la terapia como «servicios de transición». Además, la mayoría de las intervenciones siguen siendo conceptuales o están en fase piloto, a pesar de ejemplos prometedores como Support4Families (Pettus‐Davis 2021), que se guía por el Main Effect Model of Social Support y el Family Resilience Framework. Faltan modelos empíricamente evaluados, como la terapia focalizada en las emociones (EFT) y la terapia familiar estructural (SFT), en el contexto de la reinserción. Integrar estas teorías basadas en la evidencia podría ayudar a abordar los problemas de confianza, el apego afectado por el trauma y la definición de roles en las parejas.

6.2 Recomendaciones clínicas para terapeutas de pareja y familia

La terapia relacional puede fortalecer no solo las relaciones de pareja, sino también las relaciones familiares y comunitarias en sentido amplio (Tadros et al. 2019). Negash et al. (2026) sostienen que la terapia familiar está infrautilizada pese a ser muy útil para las personas y las familias que atraviesan la reinserción tras el encarcelamiento, y señalan cómo las rupturas relacionales, el estigma y las barreras sistémicas limitan el acceso a la atención. La autoría describe vías clínicas para terapeutas, como la práctica culturalmente sensible, la colaboración con la comunidad y las adaptaciones destinadas a superar los obstáculos actitudinales, relacionales y logísticos, con el fin de que la terapia sistémica sea más accesible y eficaz para las familias tras la excarcelación. Del mismo modo, otros artículos recientes han subrayado la importancia de intervenciones orientadas a las fortalezas y basadas en la evidencia que apoyen al sistema familiar en su conjunto (Muentner and Charles 2023).

Aunque la literatura suele centrarse en las intervenciones de nivel individual, como el apoyo al empleo, los servicios de salud mental y el tratamiento de las adicciones, esta revisión subraya que los apoyos de nivel relacional son igual de cruciales para mantener resultados favorables en la reinserción. Por ejemplo, Valera and Boyas (2019) y Meza et al. (2022) muestran cómo las conexiones sociales deterioradas y el estrés familiar socavan el bienestar psicosocial tras la excarcelación, lo que sugiere que una reintegración satisfactoria no puede entenderse al margen del funcionamiento relacional. La investigación sobre las familias en contacto con el sistema judicial muestra además que el encarcelamiento altera los vínculos de apego, las alianzas de coparentalidad y los procesos de comunicación en los distintos sistemas relacionales (Tadros et al. 2022; Tadros et al. 2021). Estos resultados sugieren que la reinserción debería conceptualizarse clínicamente como una transición sistémica y no únicamente como un proceso de adaptación individual.

El estigma que rodea a la enfermedad mental disuade a muchas personas de buscar atención. Integrar los servicios de salud mental en la atención sanitaria general puede reducir este estigma (Boppre and Reed 2021; Tadros et al. 2023). Al diseñar estos servicios, es esencial tener en cuenta el estigma percibido tanto por el personal como por las demás personas internas, para garantizar que se pueda acceder con seguridad al apoyo en salud mental. Para muchas personas, el encarcelamiento es su primera experiencia de atención en salud mental. Aunque el entorno penitenciario dista de ser ideal para la terapia, es crucial ofrecer apoyo en salud mental durante este periodo para garantizar que puedan mantener el vínculo con estos servicios en la comunidad tras la excarcelación, algo vital para una reintegración satisfactoria.

Los programas concebidos con estrategias de intervención multinivel, desde las clases de parentalidad informadas por el trauma (Armstrong et al. 2018) hasta los enfoques de sistemas completos centrados en la comunicación y la construcción de la confianza (Brubacher et al. 2023), ofrecen modelos flexibles que operan en los niveles micro (individual), meso (familiar) y macro (comunitario). La investigación con parejas y coprogenitores en situación de encarcelamiento muestra que el funcionamiento relacional, la calidad de la comunicación y el consenso percibido en la coparentalidad se asocian a mejores resultados de salud mental y física en ambos miembros de la pareja, lo que subraya la naturaleza interdependiente de la adaptación a la reinserción (Tadros et al. 2022). Los trabajos académicos destacan además que las intervenciones relacionales estructuradas, como el desarrollo de competencias comunicativas y la construcción colaborativa de sentido, funcionan como factores de protección en las parejas que afrontan factores de estrés relacionados con el encarcelamiento (Durante et al. 2023).

Como autoría de esta revisión, queremos dejar claro que algunas de las recomendaciones expuestas a continuación proceden de la literatura revisada y otras son recomendaciones nuestras como equipo investigador que realiza esta revisión. Por ello, hemos redactado esta sección como una amalgama de los artículos y de nuestras propias ideas, basadas en trabajos académicos, para ofrecer recomendaciones a quienes ejercen la terapia de pareja y familia (MFT). En consecuencia, en la práctica de MFT se puede ampliar la evaluación más allá de una entrevista de acogida centrada en los síntomas para valorar las rupturas relacionales vinculadas al encarcelamiento, como las heridas de apego, la desorganización de los roles, la alteración de las dinámicas de coparentalidad y las experiencias de pérdida ambigua durante la separación. Genogramas o líneas de vida relacionales informados por el encarcelamiento pueden ayudar a cartografiar los periodos de separación, los cambios en los cuidados y los factores de estrés de la reunificación, de modo que los objetivos del tratamiento surjan de los patrones interaccionales sistémicos y no de la patología individual. Además, la existencia de programas formalizados de prácticas o de plazas de prácticum en los sistemas de salud mental penitenciarios puede permitir al alumnado de MFT acumular horas de contacto para obtener la licencia profesional mientras ofrece terapia familiar en instituciones penitenciarias, lo que crea una solución viable que puede ponerse en marcha con un coste adicional escaso o nulo para los presupuestos de salud mental (Garofalo 2020).

La adaptación de las intervenciones también está justificada, dada la escasa aplicación de modelos relacionales consolidados en los contextos de reinserción. Los enfoques existentes basados en la evidencia pueden modificarse de forma significativa para abordar el trauma relacional vinculado al encarcelamiento. Por ejemplo, las intervenciones de terapia focalizada en las emociones pueden centrarse en las heridas de apego asociadas a una separación prolongada y a una confianza quebrada, como muestra el trabajo clínico que aplica los principios de la EFT con parejas en contacto con el sistema judicial que atraviesan una traición relacional y una reconexión (Zhao and Tadros 2025). Las técnicas de la terapia familiar estructural pueden ayudar a las familias a renegociar límites, jerarquías y roles de cuidado durante la reunificación, como ilustran aplicaciones clínicas culturalmente informadas con familias afectadas por el encarcelamiento (Tadros et al. 2024). Además, la Tadros Theory of Change ofrece un marco sistémico para trabajar con poblaciones encarceladas, que hace hincapié en la responsabilidad relacional, la construcción contextualizada de sentido y la reestructuración colaborativa de los roles familiares (Tadros 2019, 2022). Los enfoques relacionales informados por el trauma pueden ayudar además a los miembros de la pareja a reinterpretar el retraimiento, el embotamiento emocional o la hipervigilancia como respuestas adaptativas al entorno carcelario y no como un rechazo interpersonal. Quienes ejercen la terapia también pueden mejorar la accesibilidad mediante servicios relacionales de telesalud mental, que han demostrado ampliar la implicación y la continuidad de la atención para las personas encarceladas y sus familias que se enfrentan a barreras estructurales de acceso al tratamiento (Tadros et al. 2021).

En conjunto, estas implicaciones hacen que la terapia sistémica pase de ser un marco teórico a un enfoque práctico, al concretar cómo pueden evaluarse las rupturas relacionales, estructurarse los objetivos del tratamiento en torno a la resiliencia interpersonal y adaptarse las intervenciones sistémicas consolidadas a las realidades relacionales de la vida tras el encarcelamiento. Trasladar estos resultados a la práctica supone que la planificación del tratamiento sitúe explícitamente las relaciones como factores de protección. En la práctica de MFT se puede incorporar antes a la pareja o a los familiares en el tratamiento cuando sea clínicamente apropiado, normalizar la tensión relacional como una consecuencia esperable del encarcelamiento e incluir psicoeducación sobre cómo la institucionalización, las condiciones de vigilancia y las estrategias de afrontamiento basadas en la supervivencia influyen en la expresión emocional y la intimidad tras la excarcelación (Comfort 2008).

6.3 Limitaciones y líneas futuras

Aunque esta revisión de alcance tiene varios puntos fuertes, también deben reconocerse varias limitaciones. La revisión se limitó a artículos revisados por pares, en lengua inglesa, publicados entre 2014 y 2024. Esta restricción probablemente excluyó valiosos estudios comunitarios, evaluaciones de programas no publicadas e investigaciones en otras lenguas, lo que contribuye a un sesgo tanto de publicación como de idioma. Aunque cierta selectividad es esperable al realizar una revisión como esta (Pham et al. 2014), especialmente una revisión de alcance, una limitación importante fue utilizar únicamente la base de datos PsycINFO; por ello, recomendamos que las investigaciones futuras recurran también a otras bases de datos. El uso de una sola base de datos puede haber influido en el corpus de literatura identificado. Una limitación clave se derivó de nuestros términos de búsqueda iniciales. El uso de palabras clave como «Family therap* OR couple therap* OR marriage therap*» arrojó menos de 10 resultados, lo que llevó a una estrategia de búsqueda más amplia. En consecuencia, muchos de los estudios incluidos no daban prioridad a marcos clínicos sistémicos. Pese al uso de múltiples bases de datos y de estrategias inclusivas, es posible que se hayan pasado por alto estudios pertinentes debido a limitaciones de indexación o a problemas de acceso.

Nuestros criterios de inclusión exigían una mención explícita de enfoques relacionales o sistémicos, lo que puede haber excluido estudios teóricamente pertinentes formulados de otra manera. Además, los estudios variaban mucho en cuanto a diseño, características de la muestra, medidas y resultados, lo que complicó la síntesis. La mayoría de los estudios eran transversales, lo que limita nuestra capacidad de evaluar los resultados relacionales o terapéuticos a largo plazo. También se observó una atención desproporcionada a las mujeres, la parentalidad y la reunificación familiar, con escasa atención a las personas sin hijos, a las parejas sentimentales y a las relaciones LGBTQ+. Las incoherencias metodológicas entre estudios también pueden limitar la consistencia o la comparabilidad de los resultados.

Dado que la literatura revisada solo contiene un número limitado de intervenciones evaluadas empíricamente, la investigación futura podría beneficiarse de ampliar su alcance más allá de las intervenciones centradas en la parentalidad e incluir terapias relacionales que aborden a las parejas sentimentales, las familias elegidas y las experiencias LGBTQ+. Se necesitan especialmente estudios longitudinales para evaluar la eficacia a largo plazo de las intervenciones relacionales sobre los resultados psicosociales, la reincidencia y la estabilidad relacional.

Pocos estudios propusieron intervenciones clínicas sistémicas, y aún menos examinaron en profundidad modelos clínicos sistémicos. Seis artículos de la revisión trataban o proponían una intervención clínica (Brubacher et al. 2023; Menting et al. 2024; Negash et al. 2022; Pettus‐Davis 2021; Tadros et al. 2022; Wilson et al. 2024). De ellos, solo un estudio describía la aplicación de un modelo terapéutico relacional, en concreto la terapia narrativa (Tadros et al. 2022). Aunque los artículos revisados no examinaron estos enfoques, la investigación futura podría evaluar otros modelos con esta población tras la excarcelación, como la terapia breve centrada en soluciones (Tadros et al. 2025), la terapia focalizada en las emociones (Zhao et al. 2025), la terapia experiencial y los Internal Family Systems (IFS).

Programas como Support4Families (Pettus‐Davis 2021), el programa Better Start (Menting et al. 2024) y Passport to Freedom (Wilson et al. 2024) se centraban en apoyar a personas encarceladas que se preparaban para la reinserción. Sin embargo, algunos estudios sugieren que las personas pueden buscar apoyo terapéutico solo después de la excarcelación, cuando se enfrentan a dificultades de reinserción particulares e inesperadas (Crain et al. 2024; Gurusami 2019). Varios estudios subrayaron la importancia de sistemas de apoyo sólidos tras la excarcelación (Maschi and Koskinen 2015; Valera and Boyas 2019; Wallace et al. 2016). Por tanto, la investigación futura podría examinar cómo adaptar los modelos relacionales o terapéuticos para ayudar a las personas que han estado en prisión a elaborar su experiencia del encarcelamiento y a atravesar la reinserción.

Complexe Systémique: puntos clave

La revisión plantea una idea útil: sabemos que el encarcelamiento es una cuestión de vínculos y, sin embargo, casi nada se ha puesto a prueba para cuidar esos vínculos en el regreso. La organización por etapas —preparación en reclusión, transición, reintegración y, por último, el sistema circundante— muestra con claridad que el lugar y el momento de la intervención determinan lo que es posible, y que la reinserción se prepara antes de la excarcelación. Para la práctica clínica, cabe retener el genograma que cartografía las separaciones, los cambios en los cuidados y los reencuentros, la pérdida ambigua, y la idea de releer el retraimiento o la hipervigilancia como adaptaciones al entorno carcelario y no como un rechazo. Conviene, no obstante, cierta prudencia: una sola base de datos, términos relacionales eliminados de la cadena de búsqueda, un corpus heterogéneo y recomendaciones que se apoyan en buena medida en los propios trabajos del equipo. Las parejas, los miembros de la pareja y las familias elegidas quedan fuera del alcance, y el contexto es el de Estados Unidos. Puede leerse junto con el artículo sobre el trabajo grupal centrado en soluciones en prisión y el artículo sobre las lealtades invisibles y el enfoque contextual.

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Traducción no oficial al español de Relational Therapy in Post‐Incarceration Reentry: A Scoping Review, de Eman Tadros, Thita Lamsam y Chandni Anandha Krishnan, Journal of Marital and Family Therapy, vol. 52, n.º 4 (2026), doi: 10.1111/jmft.70167, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra ha sido modificada en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Este artículo es una traducción no oficial del artículo original «Relational Therapy in Post‐Incarceration Reentry: A Scoping Review», publicado en Journal of Marital and Family Therapy (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Tadros, E., Lamsam, T., y Krishnan, C. A. (2026). Relational Therapy in Post‐Incarceration Reentry: A Scoping Review. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/relational-therapy-in-post-incarceration-reentry-a-scoping-review (Obra original publicada en 2026 en Journal of Marital and Family Therapy, 52(4), e70167 (2026); republicada en 2026 por Journal of Marital and Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/jmft.70167)

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