El texto del artículo es el original en español. Los elementos editoriales añadidos por Complexe Systémique (presentación, puntos clave, notas) se han traducido con la ayuda de la inteligencia artificial.
Red Sistémica · Psicoterapia
La tarea terapéutica expone a diario a fuertes dosis de angustia, violencia y desesperanza; lo que no se resuelve sigue operando como perturbación en quien ejerce la terapia. Oscar Galfré y Graciela Frascino describen el macrocontexto y el microcontexto que pesan hoy sobre la práctica psicoterapéutica y proponen después un dispositivo: talleres grupales dedicados a la persona del terapeuta, distintos de las clases y las supervisiones, para cubrir un vacío que ni el análisis didáctico ni la formación técnica llenan.
«Es necesario el cuidado del terapeuta para que éste pueda cuidar; las personas que cuidan a personas deben y merecen ser cuidadas.»
Oscar Galfré y Graciela Frascino
La tarea terapéutica, apasionante sin duda, nos expone cotidianamente a interacciones que están teñidas de fuertes dosis de ansiedad, violencia, desorganización, desesperanza, etc., y no siempre es posible dar una respuesta rápida y eficiente a esta demanda. Parte de lo no resuelto queda operando como perturbación en el terapeuta.
Por lo tanto una de las prácticas que nos parecen necesarias es un giro sobre nosotros mismos, reexaminando, entre otras cosas, los modelos que nos han orientado. Este giro, lejos de desatender la clínica, contribuye a aumentar su calidad. Es necesario el cuidado del terapeuta para que éste pueda cuidar; las personas que cuidan a personas deben y merecen ser cuidadas.
El ejercicio de la psicoterapia implica para el terapeuta varias cuestiones fundamentales:
Es un tiempo de cambios acelerados y desajustes, que produce malestar.
En resumen, el nuevo siglo lo encuentra al mismo con:
C. Whitaker (1992) sintetiza muy bien las características del ámbito cotidiano de trabajo en el consultorio.
Carl Whitaker, 1992
«[El terapeuta] Está sometido a un tipo de aislamiento… En mayor grado que al padre, al jefe o al funcionario público, se le escamotean los efectos rectificadores de una saludable relación de persona a persona… El terapeuta no tiene con quien relacionarse. No es destinatario del afecto de su paciente; ese afecto se dirige, más allá de él, hacia el símbolo que él representa. Durante la mayor parte de su jornada de trabajo queda aislado. Por otra parte su propio afecto debe estar tan controlado como los golpes de un padre que boxea con su hijo de cuatro años. Su participación debe ser graduada según la tolerancia física y emocional del paciente en transferencia.»
El terapeuta queda así en el incómodo lugar de estar en el medio de las presiones del macro y el micro-contexto.
Las matrices provistas por la familia de origen, la familia actual, y la comunidad socio-económico-cultural donde vive. La formación de grado y posgrado, los marcos teóricos, la propia psicoterapia, supervisiones, entrenamientos, y la red profesional de la que forma parte etc.
Pero ¿a través de qué llegan estos sustentos de su profesión al paciente? A través de su persona, que es su instrumento de trabajo. Por eso es muy importante el cuidado de la misma.
La persona del terapeuta es continente de variados temas:
Por lo tanto es muy conveniente que los terapeutas dispongan de un espacio, para:
Este espacio deberá ser distinto y complementario de clases y supervisiones.
Lo antes señalado puede lograrse en talleres de trabajo grupal donde se compartan experiencias en un marco de comprensión y de confidencialidad. Este proceso de intercambio estaría destinado a:
Atinentes al terapeuta
Atinentes a la práctica profesional
Atinentes al contexto socio cultural
Para recordar
El taller no sustituye ni la psicoterapia personal ni la supervisión: ocupa un lugar que ninguna de las dos ocupa. En el entrenamiento, el foco es la habilidad profesional y el efecto secundario, el cambio personal; en el trabajo con el self, el foco es el cambio personal —y el de su contexto— y el efecto secundario, el crecimiento de la habilidad profesional.
Abordar las tareas señaladas se torna importante en la actualidad, debido a la demanda de sostén que hay de parte de muchos terapeutas que no tienen la posibilidad económica de acceder a psicoterapias individuales y privadas. Al mismo tiempo podrían obtener de estos talleres un plus en cuanto a la práctica profesional frecuentemente no provistas por aquéllas.
En tal sentido puede enriquecer y hacer más eficaz su práctica profesional compartir en un equipo la reflexión sobre la función terapéutica, las perspectivas trigeneracionales de cada uno, el aprovechamiento de las resonancias, el intercambio en un taller que funcionará como un equipo reflexivo al estilo de Andersen, T. (1994). Todas estas actividades pueden fecundarse mutuamente, en un proceso en el que los terapeutas participantes hablan de su clínica, al mismo tiempo que revisan aspectos personales y familiares.
Esta actividad que proponemos pretende cubrir un vacío, proveniente de la falta de una psicoterapia especializada del terapeuta, debido a que:
Por lo tanto estimamos que el trabajo con la persona del terapeuta, puede resultar una forma de cubrir el déficit mencionado, sin pretender remplazar las psicoterapias individuales y supervisiones.
H. Aponte (1985/86) propone que la psicoterapia desarrolle no solamente los resultados y los cambios, sino también «el crecimiento mental de los pacientes», porque éste contribuirá a sostener y profundizar los primeros.
En tal sentido señala áreas de crecimiento a las que los terapeutas deben prestar atención:
Mucho de lo que el terapeuta llega a conocer debe ser deducido de aquello que su persona experimenta en la relación con sus pacientes.
La adquisición de conocimiento y técnica es fundamental, pero la habilidad del terapeuta para implementar eso que aprendió, no deviene automáticamente con esa adquisición.
El mismo autor clasifica las habilidades terapéuticas en:
Esta última habilidad es significativa cuando la tarea terapéutica tiene que ver con la red del paciente: mediaciones, problemas psicosomáticos, problemas escolares, empresas familiares, interfases terapéuticas, etc.
Como participante en el proceso de terapia, para preservarse, el terapeuta debe pendular entre ser observador, y auto observador. Parte del estrés de la profesión se debe a estar sosteniendo a otros sin estar debidamente sostenido. En el entrenamiento el foco es la habilidad profesional, y el efecto secundario el cambio personal. En el trabajo con el self el foco está en el cambio personal (y del contexto de esa persona), y el efecto secundario será el crecimiento de la habilidad profesional.
C. Whitaker (1991/92) destaca el aislamiento del trabajo terapéutico, y plantea para subsanarlo el intercambio entre profesionales, del que menciona distintas formas:
Y señala también:
En resumen, esto está sintetizado por ese maestro en una proposición de dos palabras:
«Curar… curándose.»
Carl Whitaker
Bibliografía básica de referencia
Andersen, T. (1994), El equipo reflexivo, Gedisa, Barcelona.
Aponte, H. (1985), « La persona del terapeuta », Sistemas Familiares, année 1, n° 1.
Aponte, H. (1996), « El sesgo político, los valores morales y la espiritualidad en la formación de los psicoterapeutas », Sistemas Familiares, année 12, n° 3.
Aponte, H. y Winter (1988), « La persona y la práctica del terapeuta », Sistemas Familiares, année 4, n° 2.
Boszormenyi-Nagy, I., Lealtades invisibles, Amorrortu.
Baringoltz, S. (1996), Integración de aportes cognitivos…, Editorial de Belgrano, chap. 5.
Bergman, J., Pescando barracudas, Paidós, chap. 8.
Galfré, O. y Barinboim, B. (1998), « Explorando un modelo posible de psicoterapia para psicoterapeutas », Clínica Psicológica, vol. VII, n° 1.
González, O. y A., y otros (1993), « El self del terapeuta y su compromiso en la terapia », Sistemas Familiares, année 9, n° 3.
Minuchin, S., El arte de la terapia familiar, Paidós.
Santi, W. (comp., 1996), Herramientas para psicoterapeutas, Paidós.
Whitaker, C. (1991), De la psique al sistema, comp. J. R. Neill et D. P. Kniskern, Amorrortu, Buenos Aires.
Whitaker, C. (1992), Meditaciones nocturnas de un terapeuta familiar, Paidós, Buenos Aires.
Quién firma este texto
Lic. María Graciela Frascino: psicóloga, posgrado en Terapia de Parejas y Familias, CEFYP. Coordinadora docente y coordinadora del Equipo de Profundización en Terapia Familiar de ISDEBA. Atención clínica en consultorio privado: adolescentes y adultos. Terapias individuales, de pareja y de familia. Coordinadora del Proyecto de Investigación «Salud y Familia», organizado en conjunto por la Universidad del Museo Social Argentino, Facultad de Psicología y Psicopedagogía, con el Hospital General de Agudos «Dr. T. Álvarez», Residencia en Medicina Familiar.
Dr. Oscar Julio Galfré: doctor en Psicología y doctor en Psicología Clínica, UB. Realizó previamente estudios de Sociología, licenciándose en la UBA. Se ha especializado en psicología clínica, terapia familiar, resolución de conflictos y en abordajes interdisciplinarios. Realiza asistencia, docencia e investigación en estas áreas. Profesor e investigador en la Universidad del Museo Social Argentino, Facultad de Psicología y Psicopedagogía, siendo co-director organizador del Proyecto de Investigación «Salud y Familia», proyecto conjunto de esta Universidad con el Hospital General de Agudos «Dr. T. Álvarez», Residencia en Medicina Familiar.
Texto original publicado por Red Sistémica con el título «El trabajo con la persona del terapeuta» (primera publicación: Red Sistémica). Reproducido con el acuerdo de la revista.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Galfré, O., y Frascino, G. (2022). Le travail sur la personne du thérapeute (Complexe Systémique, trad.). Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/fr_FR/articles/le-travail-sur-la-personne-du-therapeute (Obra original publicada en 2022 en Red Sistémica; republicada en 2022 por Red Sistémica, https://redsistemica.ar/2022/06/14/el-trabajo-con-la-persona-del-terapeuta/)
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