Traducción asistida por IA

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Clinical Child Psychology and Psychiatry · Terapia familiar

Consideraciones para jóvenes de minorías étnicas en la terapia multisistémica

La terapia multisistémica se presenta como culturalmente competente, pero ¿qué dicen las propias personas jóvenes? Siete londinenses de segunda generación, cuyas familias proceden de Marruecos, Nigeria, Irak o el Congo, describen los conflictos nacidos de la brecha de aculturación con sus madres y padres, la vergüenza asociada a la ayuda externa y el papel de mediación cultural que puede desempeñar quien ejerce la terapia.

Autoría Aisling Bunting (Royal Holloway, University of London); Simone Fox (King’s College London); Jai Adhyaru (Central and North West London Mental Health NHS Trust); Amaryllis Holland (South West London and Saint George’s Mental Health NHS Trust), Reino UnidoPrimera publicación Clinical Child Psychology and Psychiatry, 6 de noviembre de 2020Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Considerations for minority ethnic young people in multisystemic therapy, de Aisling Bunting, Simone Fox, Jai Adhyaru y Amaryllis Holland, publicado en Clinical Child Psychology and Psychiatry (SAGE) (2021), doi: 10.1177/1359104520969762, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan en forma de listas. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Algunas personas jóvenes pueden ver un cambio de primer orden (la conducta) a corto plazo, pero mostrarse más escépticas respecto a un cambio de segundo orden (creencias y valores) a largo plazo.

Aisling Bunting, Simone Fox, Jai Adhyaru y Amaryllis Holland

Resumen

La investigación ha indicado que la terapia multisistémica (MST) es un tratamiento eficaz para jóvenes con conductas antisociales (Painter & Scannapieco, 2009). Este estudio cualitativo exploró las experiencias de la MST de jóvenes de minorías étnicas, centrándose en su comprensión de las dificultades que motivaron la derivación y en los aspectos de la intervención que facilitaron u obstaculizaron la implicación y el cambio. Se realizaron siete entrevistas semiestructuradas con jóvenes residentes en Londres que habían participado en la MST. Se empleó una versión constructivista del análisis de la teoría fundamentada. Surgieron códigos teóricos específicos de la cultura: comprender la cultura familiar y que la o el profesional actúe como mediador cultural, tener en cuenta las diferencias de aculturación dentro de la familia, explorar la identidad cultural de la persona joven y reflexionar sobre las diferencias culturales en la relación terapéutica. Los resultados sugieren posibles avances en la práctica de la MST para responder a las necesidades de jóvenes de minorías étnicas, entre ellos la importancia de una formación y una supervisión adecuadas, el trabajo sensible con cuestiones culturales destacadas como el impacto de la aculturación, y la consideración del papel de la etnia y la cultura de quien ejerce la terapia.

Palabras clave: terapia multisistémica, cultura, conducta antisocial, juventud, segunda generación

Introducción

La terapia multisistémica (MST) es una intervención basada en la familia y la comunidad para jóvenes que presentan conductas antisociales (Henggeler & Borduin, 1990). La MST se desarrolló en Estados Unidos, ha sido ampliamente investigada, se ha implantado en todo el mundo (Henggeler & Sheidow, 2012) y ha sido avalada como una intervención culturalmente competente (Brondino et al., 1997). Esta afirmación se basa en estudios que incluyeron porcentajes relativamente altos de familias de minorías étnicas (Butler et al., 2011; Curtis et al., 2004). Sin embargo, los ensayos controlados aleatorizados que incluyen un subconjunto de familias no blancas no equivalen a un análisis válido de las diferencias étnicas en los efectos de la intervención (Hohmann & Parron, 1996). Aunque se han investigado factores específicos que influyen en la implementación de la MST (Kaur et al., 2015; Paradisopoulos et al., 2015; Tighe et al., 2012), hasta la fecha solo un estudio ha explorado la influencia de los factores culturales (Fox et al., 2016), y halló que las personas cuidadoras consideran importantes los factores culturales en el proceso de implicación y de cambio en la MST. La investigación con jóvenes de segunda generación es crucial, ya que, pese a décadas de atención al problema, las familias de minorías étnicas siguen teniendo menos probabilidades de acceder a los servicios de salud mental que las de la población mayoritaria (Wang et al., 2005) y más probabilidades de retrasar la búsqueda de tratamiento y de abandonarlo (Hoagwood et al., 2010). Bernal y Scharron-del-Rio (2001) sugieren que la investigación cualitativa con poblaciones de minorías étnicas podría enriquecer los tratamientos con apoyo empírico.

Jóvenes de segunda generación

Thompson y Crul (2007) definen la «segunda generación» como las personas nacidas en el país de acogida con al menos un progenitor inmigrante, o llegadas antes de la edad de escolarización primaria. Las personas jóvenes de segunda generación tienen una experiencia única al crecer en familias biculturales. En cuanto a las relaciones entre generaciones dentro de la familia, se describen conflictos basados en diferencias culturales (Robila & Sandberg, 2011). Para garantizar la coherencia con la investigación existente, se utilizan los términos «minoría étnica» y «segunda generación» (Sewell, 2009), entendiendo que estas definiciones no recogen toda la esencia de los constructos a los que se refieren.

Aculturación

La aculturación designa los cambios que se producen tras el contacto intercultural (Berry, 2005). McGoldrick et al. (2005) sostienen que adolescentes de segunda generación pueden rechazar los valores «étnicos» de su familia y esforzarse por adaptarse a la cultura de acogida. Los conflictos intergeneracionales reflejan a menudo que la generación adulta y la joven se aculturan de forma distinta (Huq et al., 2016) y pueden conducir a una internalización y externalización de problemas emocionales en la adolescencia, lo que puede traducirse en una baja cohesión familiar (Tseng & Fuligni, 2000). Bhui et al. (2005) sugieren que es necesario seguir explorando la aculturación y la salud mental adolescente, dado que se trata de un periodo vulnerable de cambio identitario.

Factores de riesgo en la segunda generación

Bywaters et al. (2017) señalan la sobrerrepresentación de la infancia de algunos grupos étnicos minoritarios en los sistemas gestionados por el Estado. Por ejemplo, son más numerosos en las intervenciones estatales de protección infantil: en el Reino Unido, el 9% de la infancia tutelada era de etnia mixta y el 7% de etnia negra o británica negra, pese a representar aproximadamente el 5% de la población total (Zayed & Harker, 2015). En el sistema judicial, Bersani (2014) pone de relieve tasas de delincuencia más elevadas en la segunda generación que en la primera generación de inmigrantes. En 2018, el 27% de las personas de 10 a 18 años del Reino Unido que recibieron una amonestación o una condena juvenil procedía de una minoría étnica, frente al 14% en 2010 (Great Britain. Ministry of Justice, youth justice statistics, 2019, p. 18). de Ruiter y Kaser-Boyd (2015) subrayaron la sobrerrepresentación de adolescentes de segunda generación en el sistema de justicia penal y señalaron la «discriminación percibida» como asociada a un aumento de las conductas externalizantes. Entre las explicaciones de Bersani (2014) para estas diferencias figuran: expectativas familiares y sociales contradictorias, crecer en contextos con escasos recursos y expuestos a factores de riesgo, sesgos dentro del sistema judicial, incluido el racismo, o bien que la segunda generación simplemente se equipare a las tasas de delincuencia juvenil de la población autóctona o del «grupo mayoritario».

Además, puede existir una diferencia en las conductas de riesgo de la juventud de segunda generación, incluidas las conductas sexuales (Harris, 1999; Jeltova et al., 2005) y el consumo de sustancias (Orford et al., 2004), según las comunidades. No obstante, Stevens y Vollebergh (2008) señalan que, debido a una terminología poco clara y a muestras mal definidas, la investigación sobre los problemas de conducta en jóvenes de segunda generación es de calidad variable, lo que justifica seguir investigando.

Justificación del estudio

Aunque ha habido investigaciones sobre los resultados en distintos grupos étnicos e investigaciones cualitativas sobre la experiencia de la MST de personas cuidadoras de minorías étnicas, se ha demostrado que las personas jóvenes tienen perspectivas distintas de las de sus madres y padres (Paradisopoulos et al., 2015). Este estudio se propuso explorar las perspectivas propias de jóvenes de segunda generación, con el fin de apoyar el tratamiento MST cuando se trabaja con familias de orígenes culturales diversos.

Método

Contexto

Las familias de minorías étnicas que habían recibido MST y cuyo caso se había cerrado por motivos clínicos (abandono o tratamiento completado) se identificaron a partir de las bases de datos de tres servicios de MST de Londres. La inclusión de familias que habían interrumpido el tratamiento antes de completarlo pretendía abarcar todas las experiencias de MST. Entre los criterios de exclusión figuraban jóvenes cuyos padres o madres hubieran nacido en la Unión Europea, quienes no pudieran dar su consentimiento y/o quienes representaran un riesgo clínico para sí mismos o para otras personas.

Participantes

Se identificaron veintiuna familias; se logró contactar con once y siete aceptaron participar en el estudio. Los datos demográficos de las personas participantes figuran en la tabla 1.

Tabla 1 — Resumen demográfico de la muestra

  • Jay. Género: M; edad: 17; país de origen de la familia: Samoa/Países Bajos; religión de la familia: pentecostal; años en el Reino Unido: 16-20; la familia habla un inglés básico: sí; lengua hablada en casa: inglés; etnia autodeclarada: samoana; religión de la persona participante: ateo; tiempo desde la MST: <6 meses; estudios en el momento de la entrevista: a tiempo completo; vive en casa: no (bajo tutela, LAC); n.º de condenas: 1-5; género/etnia de la persona terapeuta de MST*: M (WB).
  • Aisha. Género: F; edad: 16; país de origen de la familia: Sudán/Kenia; religión de la familia: musulmana; años en el Reino Unido: >20; la familia habla un inglés básico: sí; lengua hablada en casa: árabe, inglés; etnia autodeclarada: keniana/sudanesa; religión de la persona participante: musulmana; tiempo desde la MST: <3 meses; estudios en el momento de la entrevista: a tiempo completo; vive en casa: sí; n.º de condenas: 0; género/etnia de la persona terapeuta de MST*: M (WB).
  • Zoya. Género: F; edad: 18; país de origen de la familia: Georgia; religión de la familia: testigos de Jehová; años en el Reino Unido: 11-15; la familia habla un inglés básico: sí; lengua hablada en casa: georgiano, inglés; etnia autodeclarada: georgiana; religión de la persona participante: cristiana; tiempo desde la MST: <24 meses; estudios en el momento de la entrevista: a tiempo completo; vive en casa: sí; n.º de condenas: 0; género/etnia de la persona terapeuta de MST*: F (WB).
  • Toben. Género: M; edad: 18; país de origen de la familia: Nigeria; religión de la familia: cristiana; años en el Reino Unido: >20; la familia habla un inglés básico: sí; lengua hablada en casa: yoruba, inglés; etnia autodeclarada: británica negra; religión de la persona participante: cristiana; tiempo desde la MST: <24 meses; estudios en el momento de la entrevista: a tiempo parcial; vive en casa: sí; n.º de condenas: 1-5; género/etnia de la persona terapeuta de MST*: F (BB).
  • Safaa. Género: F; edad: 15; país de origen de la familia: Marruecos; religión de la familia: musulmana; años en el Reino Unido: >20; la familia habla un inglés básico: sí; lengua hablada en casa: árabe, inglés; etnia autodeclarada: marroquí; religión de la persona participante: «No sé»; tiempo desde la MST: <3 meses; estudios en el momento de la entrevista: a tiempo completo; vive en casa: sí; n.º de condenas: 0; género/etnia de la persona terapeuta de MST*: M (WB).
  • Tatiana. Género: F; edad: 14; país de origen de la familia: República Democrática del Congo; religión de la familia: cristiana; años en el Reino Unido: >20; la familia habla un inglés básico: sí; lengua hablada en casa: lingala, francés, inglés; etnia autodeclarada: británica negra; religión de la persona participante: «No sé»; tiempo desde la MST: <3 meses; estudios en el momento de la entrevista: a tiempo completo; vive en casa: sí; n.º de condenas: 0; género/etnia de la persona terapeuta de MST*: M (WB).
  • Hussein. Género: M; edad: 15; país de origen de la familia: Irak; religión de la familia: cristiana; años en el Reino Unido: 16-20; la familia habla un inglés básico: sí; lengua hablada en casa: árabe, inglés; etnia autodeclarada: británica; religión de la persona participante: ateo; tiempo desde la MST: <12 meses; estudios en el momento de la entrevista: a tiempo completo; vive en casa: sí; n.º de condenas: 0; género/etnia de la persona terapeuta de MST*: F (WB).

Procedimiento

Un comité ético de investigación del NHS (REC) concedió la aprobación ética. Se obtuvo el consentimiento informado antes de realizar las entrevistas (con consentimiento parental si la persona participante tenía <18 años). Las entrevistas se realizaron en el domicilio de las personas participantes y duraron entre 40 y 90 minutos. Se utilizó un guion de entrevista, que se modificó después en función de lo aprendido en las entrevistas. Conforme a la metodología de la teoría fundamentada, las entrevistas se transcribieron literalmente antes de realizar las siguientes.

Análisis

Se empleó una versión constructivista de la teoría fundamentada (Charmaz, 2014), ya que este método busca explorar procesos, significados y percepciones a partir de relatos de experiencias vividas. Comprendió tres niveles de análisis: codificación inicial (resúmenes frase por frase), codificación focalizada (análisis de los códigos iniciales más frecuentes o significativos) y elaboración de códigos teóricos que se convirtieron en conceptos analíticos provisionales. Se emplearon comparaciones constantes, redacción de memorandos y muestreo teórico para construir comprensiones teóricas abstractas (Charmaz, 2014). Los códigos fueron revisados de forma independiente por la persona investigadora y por una persona supervisora de la investigación hasta alcanzar la convergencia. Otras dos personas investigadoras revisaron los códigos y los conceptos emergentes para garantizar que las interpretaciones se ajustaran a los datos. Se adoptó el criterio de suficiencia teórica (Charmaz, 2014), lo que significa que, en el momento de la redacción, la autoría consideraba que las categorías desarrolladas explicaban suficientemente los datos. Estas categorías y la teoría emergente se verificaron con una persona participante, de acuerdo con las directrices de calidad de la investigación cualitativa (Elliott et al., 1999).

Resultados

El análisis generó cuatro códigos teóricos específicos de la cultura. La tabla 2 muestra que cada código teórico estaba compuesto por códigos focalizados en interacción, a su vez formados por códigos iniciales en interacción. Se aportan extractos de los datos para ilustrar los códigos. Se utilizaron seudónimos para proteger a las personas participantes.

Tabla 2 — Temas culturales

  • 1. Comprender la cultura familiar. Que la persona terapeuta comprenda y respete la cultura y la conozca: percepción de que madres y padres creen que su cultura es respetada; conocimiento por parte de la persona terapeuta de la cultura/religión de la familia. Abordar las distintas visiones de la ayuda externa: curiosidad de la persona terapeuta por las creencias culturales de la familia sobre la ayuda externa; búsqueda de ayuda en la familia extensa o en apoyos religiosos; percepción de la ayuda externa como más aceptable para la persona joven.
  • 2. Tener en cuenta las diferencias culturales dentro de la familia. Papel de las diferencias culturales/de aculturación en las dificultades que motivan la derivación: la persona joven se siente confundida por las diferencias, lo que conduce a conflictos e incoherencias; la persona joven se siente juzgada por su familia por apartarse de la cultura familiar. Sensibilidad cultural de la persona terapeuta y facilitación de la toma de perspectiva: la persona terapeuta tiene en cuenta las diferencias culturales dentro de la familia; abre conversaciones sobre la influencia de la doble cultura en las dificultades; aborda las diferencias entre la cultura de la familia y la cultura de acogida y sitúa en su contexto la conducta de la persona joven. Diferencias en las prácticas disciplinarias: perspectivas distintas sobre las prácticas culturales relativas a la disciplina.
  • 3. Comprender los valores y creencias culturales propios de la persona joven. Ver su identidad como una mezcla cultural: la persona joven se siente confundida por influencias culturales diferentes; desarrolla creencias y valores que mezclan esas influencias culturales; desarrolla su propio sentido del bien y del mal. Exploración de la identidad por parte de la persona terapeuta y puesta en común con la familia: la persona terapeuta explora la identidad cultural de la persona joven; se toma tiempo para explicársela a madres y padres.
  • 4. Reconocer las diferencias culturales en la relación terapéutica y reflexionar sobre ellas. Que terapeutas aborden su propia etnia e identidad cultural: la persona joven siente que la etnia/cultura de la persona terapeuta no influyó en el cambio; piensa que una persona terapeuta de un origen similar favorecería el cambio; teme que una persona terapeuta de un origen similar tome partido; la persona terapeuta aborda su propia cultura/religión y las diferencias con la familia; se habla del posible impacto de las diferencias culturales en la implicación.

Para cada código teórico, en cursiva: los códigos focalizados, seguidos de las propiedades de los códigos.

Comprender la cultura familiar

Entre las palabras que usaron las personas jóvenes para describir la «cultura» figuraban «reglas», «tradiciones», «actividades», «creencias» y «religión». Algunos relatos contenían referencias frecuentes a la «cultura»; en otros, esta solo formaba el telón de fondo de la historia.

Que la persona terapeuta comprenda y respete la cultura y la conozca

Algunas personas jóvenes valoraban que la persona terapeuta de MST comprendiera los distintos orígenes culturales y fuera consciente de ellos.

Safaa: «Ayudaría que fuera alguien de la misma cultura, o que antes de venir conocieran la cultura, que se informaran».

Toben: «Como era de un origen parecido, no estaba sesgada. . .entendía tanto a mis padres como a mí. . .Creo que una persona británica [blanca] habría entendido menos».

Algunas personas jóvenes contaron que, cuando su madre o su padre creían que la persona terapeuta no entendía su cultura, o cuando se cuestionaban prácticas educativas propias de su cultura, esto afectaba a su disposición a considerar otras perspectivas y, en consecuencia, a su implicación.

Aisha: «Si alguien viene de otra cultura, eso es juzgar la cultura de mamá, es decirle. . .“lo estás haciendo mal”. . .ella va a contestar automáticamente “no, no es verdad”».

Abordar las distintas visiones de la ayuda externa

Algunas personas jóvenes describieron actitudes culturales diferentes ante la búsqueda de ayuda.

Jay: «O sea, si eres claramente. . .discapacitado físico, entonces eres discapacitado. Pero lo mental no cuenta. . .simplemente eres malo [en Samoa]. . .y mi padre seguía pensando eso al principio. . .Su manera de llevarlo. . .no era. . .buscar ayuda. Era más bien. . .que se arreglan ellos».

Aisha: «La MST representa un montón de cosas que mi cultura no representa. La razón de que exista la MST es que la gente tiene problemas. . .en mi cultura, no se supone que tengas que acudir a alguien si tienes un problema. Eres tú quien tiene que arreglar ese problema».

Algunas personas jóvenes aludieron a un sentimiento de vergüenza asociado a la ayuda externa y a perspectivas sobre el papel de los servicios opuestas a las de sus madres y padres.

Tatiana: «Para ellos, tener una trabajadora social o un terapeuta es como. . .malo para tu familia, porque en el Congo. . .es como la reputación, ¿sabes? El apellido. . .tienes que mantener el apellido con orgullo».

Aisha: «Yo llamé a los servicios sociales. . .los traje aquí para que pudiéramos arreglar las cosas. Pero mamá cree. . .que solo quiero meterlos en líos. . .El motivo original, lo de pegarme. . .[mamá] sigue sin pensar. . .que esté mal. . .pero cuando [el terapeuta de MST] está aquí. . .dice “sí, creo que está mal” porque quiere que los servicios se vayan».

Algunas personas jóvenes describieron las soluciones de sus familias ante los problemas de conducta.

Toben: «Lo que habrían propuesto sería. . .la oración, sí, rezar».

Aisha: «Creo que harían lo que se hace en sus culturas. . .mandarlos de vuelta para intentar arreglarlos. . .mi madre. . .estaba pensando en mandarme a Sudán. . .y yo en plan “¡inténtalo y verás!”».

Zoya: «[mi abuela] dijo “mándala aquí. . .está claro que no le gusta vivir. . .allí, con vosotros”».

Tener en cuenta las diferencias culturales dentro de la familia

Papel de las diferencias culturales/de aculturación en las dificultades que motivan la derivación

Algunas personas participantes situaron sus dificultades en un marco cultural y veían en la doble cultura presente en la familia el origen del conflicto, por ejemplo en lo relativo a las expectativas de comportamiento.

Safaa: «Mi padre creía. . .que no debía tomarme el colegio tan en serio. Mis padres, claro, no lo entendían. . .aquí el colegio es obligatorio. En Marruecos, no es importante que una chica vaya al colegio. . .se supone que solo tienes que aprender las tareas de la casa y a cuidar de tu marido».

Toben: «En Nigeria. . .no hay ninguna forma de faltar al respeto. . ..no se contesta. . .Yo ya tenía voz. . .pero no tenía una voz que se escuchara. . .ella. . .se aseguró de que se me escuchara».

Hussein: «Si eres un niño en Irak, no contestas, no tienes tu parte en la discusión. Solo tienes que escuchar. . .Yo no iba a la iglesia, así que eso provocaba discusiones».

Algunas personas participantes aludieron a diferencias culturales/de aculturación entre su madre y su padre como un factor que contribuía al conflicto en casa.

Safaa: «Mi padre es muy religioso, por su cultura. Pero. . .mi madre no se quejaría de lo que me pongo, ni de que tenga amigos chicos. . .pero mi padre no lo permitía. Eso es lo que hacía que siguieran las discusiones. . .no había acuerdo».

Toben: «La persona de mi familia que más deja claro al mundo que es nigeriano es mi padre. Mi madre, como trabaja. . .creo que ha adoptado como una personalidad inglesa. Pero mi padre sigue teniendo mucho esa personalidad nigeriana. . .No creo que a mi padre le guste que mi madre me entienda, y eso crea discusiones».

Sensibilidad cultural de la persona terapeuta y facilitación de la toma de perspectiva

La mayoría de las personas participantes aludieron a que la persona terapeuta de MST facilitaba la toma de perspectiva entre la madre o el padre y la persona joven.

Zoya: «Sí, hablar de religión fue una parte importante [de la MST]. . .que me obligaran a ir a las reuniones de niña. . .y yo recibía tanto. . .como maltrato. Mi padre me pegaba. . .Tenía tanta rabia hacia él. Pero. . .aprender cosas me hizo pensar que, al fin y al cabo, son mis padres. . .sí que se preocupan por mí».

Tatiana: «Algunas partes del Congo. . .o sea, lo pobre que es la gente de verdad. . .que no puede permitirse ir al colegio. . .claro, mi madre me dice que hay que trabajar duro. . .Creo que ella lo ha visto todo desde un ángulo distinto al nuestro».

Safaa: «Entonces en la MST se habló de la cultura, con tus problemas dentro de eso. . .por ejemplo, explicar a mis padres: “sí, porque es una chica, igualmente tiene que ir al colegio y sacarse los GCSE”. . .pero en Marruecos no es importante que una chica estudie. . .mis padres no lo entenderían».

Una participante describió una sensación de permanencia y rigidez en las opiniones de su familia que impedía cualquier cambio.

Aisha: «El terapeuta intentaba explicarles que yo me había criado aquí y que no conozco otra cosa. . .para intentar arreglarlo. No funcionó mucho. Creo. . .que mis padres sienten que. . .si entras en la familia. . .y si alguien sabe algo desde hace, no sé, tantísimos años. . .no puedes cambiarlo así sin más, viniendo. . .a unas pocas reuniones».

Las personas jóvenes hablaron de lo que pensaban de la cultura del Reino Unido.

Aisha: «Aquí. . .está bien no tener, por ejemplo, padre, está bien no tener madre. . .o una hermana que es transgénero. . .pero allí eso sería una locura. . .Creo que la cultura británica es muy libre. . .porque la propia cultura permite a todos los demás vivir su propia cultura».

Safaa: «[El Reino Unido] es más relajado. . .no tienen. . .normas de verdad. . .te dan. . .libertad, básicamente».

Diferencias en las prácticas disciplinarias. Varias personas participantes mencionaron en las entrevistas las prácticas disciplinarias de sus madres y padres y las diferencias de opinión al respecto.

Aisha: «En su país está bien pegar a tu hijo. Como yo me crie aquí. . .creo que hacer daño físico a alguien está mal. No sirve para enseñar a nadie».

Comprender los valores y creencias culturales propios de las personas jóvenes

Ver su identidad como una mezcla cultural

Muchas personas participantes describieron su identidad cultural como una mezcla de la cultura/religión de su familia y de la cultura de sus pares. Algunas aludieron a que estaban desarrollando su propio sentido del bien y del mal, pero sentían que su familia no lo comprendía.

Zoya: «Son testigos de Jehová, así que son muy estrictos y tradicionales. . .nada de sexo antes del matrimonio. . .así que yo soy más. . .de esta generación, o sea, como son los británicos. Pero no creo en ir de novio en novio, a mí eso me da asco».

Hussein: «Siento que ahora hago lo correcto, pero si no es. . .como la criaron a ella. Entonces hay drama. . .pero ella no entiende que aquí [en el Reino Unido] las cosas son distintas».

Las personas participantes aludieron a la confusión que sentían al encontrarse con valores o creencias incompatibles o contradictorios.

Tatiana: «La gente dice “Dios creó el mundo”, y luego. . .otras personas dicen “no, no fue Dios”. . .no sabes qué seguir, la ciencia o lo que dice todo el mundo. . .así que es un fastidio. Cuando se lo planteé a mamá, se enfadó».

Algunas personas participantes aludieron a una sensación de aislamiento entre sus pares, ligada a tener que manejar su comportamiento entre dos culturas. Otras transmitieron una sensación de marginación o discriminación en la sociedad en general.

Safaa: «No puedo tener amigos chicos y no me dejan tener novio. . .está bien, pero a veces pienso. . .jo, a otra gente, como a mis amigas, sí la dejan, así que siento que me estoy perdiendo cosas».

Aisha: «Las fiestas de mi religión, como el Eid, el Ramadán. . .de verdad me las tomo muy en serio. . .Porque ahora, claro. . .en Londres, no a mucha gente le gustan los musulmanes. . .siempre los juzgan. Si alguien dice “uf, no me gustan los musulmanes”, yo le digo “soy musulmana, ¿y qué?”».

Exploración de la identidad por parte de la persona terapeuta y puesta en común con la familia

Algunas personas participantes contaron que no se sintieron comprendidas durante la MST y que valoraban las sesiones individuales.

Aisha: «Si hubieran intentado conocerme primero. . .y luego ir al problema. . .habrían arreglado muchas más cosas. . .Creo que si me hubiera entendido un poco más a mí misma. . .no habría hecho ciertas cosas».

Toben: «Siento que ayudó. . .pero no funcionó. Nadie hizo nada mal. . .pero como mejora. . .seguramente podrían haber hecho más sesiones individuales que en grupo [en familia]».

Reconocer las diferencias culturales en la relación terapéutica y reflexionar sobre ellas

Abordar la etnia y la identidad cultural de la propia persona terapeuta

Algunas personas participantes contaron que pensaban que una persona terapeuta de una minoría étnica habría estado en mejor posición para implicar a su familia.

Aisha: «Creo que es mejor cuando el propio terapeuta es de la misma religión o del mismo origen. O sea, si alguien de tu cultura te dice. . .“lo estás haciendo mal”. . .piensas “ah, espera, eres de mi cultura, tienes que saberlo, así que debería pensar en lo que hago. A lo mejor no lo cambio, pero al menos pensaré en cambiarlo”».

Dos personas participantes expresaron el temor de que una persona terapeuta de un origen similar privilegiara el punto de vista de su madre y su padre, o de que estos pudieran manipularla.

Zoya: «Creo que habrían entendido más por qué la situación es así, [se ríe] . . .en realidad, esto es lo que pienso. . .mi madre intentaría comerles la cabeza. Y diría “ya sabes cómo es esto”. . .y luego pondría más excusas».

Safaa: «Si el terapeuta es marroquí y mi padre es marroquí, seguramente van a estar del mismo lado. . .Pero. . .si la persona puede entender las dos partes. . .entonces estaría bien».

Una persona participante dijo sentirse neutral respecto al origen de quien ejerce la terapia.

Jay: «¿Algunas familias preferirían un trabajador social negro?. . .Yo siempre he pensado que quien pueda ayudarme. . .puede ayudarme. . .a lo mejor hablan distinto o. . .tienen perspectivas distintas pero. . .al final todos tienen la misma. . .formación».

Discusión

Al igual que investigaciones anteriores sobre la MST (Fox et al., 2016; Kaur et al. 2015; Paradisopoulos et al. 2015; Tighe et al., 2012), esta investigación puso de relieve algunas similitudes universales entre culturas. No obstante, sí surgieron códigos teóricos propios de jóvenes de segunda generación.

Comprender la cultura familiar

Este estudio aboga por que quienes ejercen la terapia comprendan las distintas creencias, valores y prácticas culturales. Quienes defienden la competencia cultural recomiendan conocer grupos culturales específicos (Lo & Fung, 2003), pero privilegian un modelo de «proceso» frente a un modelo de «contenido» (Lopez et al., 2002). Rober y De Haene (2013) sugieren que el marco de la «competencia cultural», al subrayar la importancia de las diferencias culturales y del conocimiento cultural específico de la persona terapeuta, puede subestimar la humanidad compartida presente en un encuentro transcultural. Además, reconocer la importancia de la cultura no equivale a saber con claridad si estas cuestiones deben plantearse, cuándo y cómo (Cardemil & Battle, 2003).

Esta investigación puso de relieve las distintas ideas que tienen jóvenes y familias sobre las soluciones a los problemas familiares. Mientras que algunas madres y padres fueron descritos como partidarios de priorizar enfoques basados en la fe y en la familia extensa, las personas jóvenes parecen sentirse más cómodas con los servicios externos asociados a la cultura de acogida (servicios sociales, policía, intervenciones terapéuticas). Niveles más altos de «desconfianza cultural» se han relacionado con actitudes negativas hacia la búsqueda de ayuda en servicios con personal mayoritariamente blanco (Nickerson et al., 1994). Cardemil y Battle (2003) sugieren que la apertura a la ayuda externa de una persona terapeuta de la cultura de acogida puede estar asociada a diversos factores identitarios y de aculturación. Bhugra y De Silva (2000) abogan por hablar de las percepciones culturales de los servicios «externos», junto con una exploración de las ideas culturales sobre la «salud mental» y sobre en qué consiste la «ayuda».

Tener en cuenta las diferencias culturales dentro de la familia

Las personas jóvenes aludieron a las diferencias culturales/de aculturación en casa como el núcleo de sus dificultades. Este resultado concuerda con la investigación que muestra que las variaciones en la aculturación dentro de las familias pueden aumentar el conflicto (Berry, 2005). Bersani (2014) señala las expectativas familiares y sociales contradictorias como un factor que puede contribuir a las tasas de delincuencia de la segunda generación. Jeltova et al. (2005) hallaron que las discrepancias intergeneracionales de aculturación entre chicas adolescentes y sus madres y padres predecían conductas sexuales de riesgo. Además, algunas personas jóvenes describieron una sensación de aislamiento respecto a sus pares y de marginación respecto a la sociedad en general. La discriminación (de Ruiter and Kaser-Boyd, 2015) y la desconfianza hacia la sociedad blanca dominante (Biafora et al., 1993) se han relacionado con un aumento de las conductas de riesgo en la adolescencia.

Al igual que en los resultados de Fox et al. (2016), las personas jóvenes describieron que la persona terapeuta de MST «actuaba como mediadora cultural» al facilitar la toma de perspectiva. Bhugra y De Silva (2000) sugieren que las diferencias de origen cultural no siempre se formulan como el problema que motiva la consulta; por ello, corresponde a la persona terapeuta de MST explorar con delicadeza este tema con las familias biculturales. Formular las diferencias culturales y abordarlas con sensibilidad puede hacer que las personas jóvenes se sientan comprendidas y se abran más sobre temas antes «tabú» (Thompson et al., 2007). Sin embargo, la participación de la persona joven debe considerarse en el contexto de las diferencias culturales en la comunicación, el papel de las jerarquías familiares, las normas de género y las costumbres socioculturales en torno a las conversaciones «abiertas». Walker y Donaldson (2011) sugieren que, sea cual sea su origen cultural, a las personas jóvenes puede molestarles que sus problemas se discutan delante de profesionales y de miembros de la familia, y pueden hacerle frente desconectando, inhibiéndose o dándole la razón a todo. El espacio individual con una persona terapeuta puede ser especialmente valorado por la juventud de minorías étnicas, dada la mayor vergüenza asociada a su conducta en la cultura y/o la religión de su familia (Zhou & Bankston, 1994).

Otras personas jóvenes aludieron a la sensación de que las intervenciones breves de servicios externos no bastaban para cambiar creencias arraigadas de su familia. La teoría del cambio de la MST plantea que, para que mejore la conducta de la persona joven, la persona terapeuta ayuda a las personas cuidadoras a adquirir recursos y habilidades para ser más eficaces. El esfuerzo de las personas cuidadoras es clave para el cambio. Este estudio sugiere que algunas personas jóvenes pueden ver un cambio de primer orden (la conducta) a corto plazo, pero mostrarse más escépticas respecto a un cambio de segundo orden (creencias y valores) a largo plazo.

Comprender los valores y creencias culturales propios de las personas jóvenes

La mayoría de las personas jóvenes describieron el desarrollo de una identidad propia, que mezcla elementos de la cultura de su familia y de la de sus pares. Schwartz et al. (2006) han reclamado intervenciones que promuevan el desarrollo de una identidad bicultural en adolescentes en proceso de aculturación, y sugieren que ello podría reducir el riesgo de conductas antisociales. Iniciar conversaciones sobre la identidad cultural propia de las personas jóvenes puede ayudar a orientar las ideas de terapeutas de MST para intervenciones positivas centradas en los pares. Además, hablar abiertamente de los valores y creencias de la persona joven puede aliviar la preocupación de madres y padres ante la idea de que la nueva generación pierda por completo su cultura de origen.

Reconocer las diferencias culturales en la relación terapéutica y reflexionar sobre ellas

A diferencia de las personas cuidadoras (Fox et al., 2016), algunas personas jóvenes sintieron que las diferencias culturales entre la persona terapeuta y la familia sí influían en la implicación. Sue y Sue (2012) describieron cómo el nivel de aculturación podría influir en el encuentro terapéutico: una persona usuaria que ha integrado plenamente elementos de culturas diferentes podría sentirse cómoda trabajando con terapeutas de cualquier origen étnico, mientras que una persona usuaria que ha desvalorizado la cultura dominante podría preferir a alguien de su propio origen. Se ha sugerido que el «emparejamiento» cultural entre personas usuarias y terapeutas facilita un tratamiento culturalmente sensible (Sue & Sue, 2012), pero la investigación ha arrojado resultados no concluyentes (Maramba & Hall, 2002). Cardemil y Battle (2003) sugieren que reconocer y hablar de las diferencias culturales puede favorecer la implicación.

Implicaciones clínicas

Este estudio pone de relieve varias implicaciones clínicas y recomendaciones para quienes desarrollan la MST y para profesionales que trabajan con jóvenes de minorías étnicas de segunda generación.

En primer lugar, es necesario tener en cuenta las diferencias culturales/de aculturación al conceptualizar las conductas que motivan la derivación. Sam y Berry (2010) sugieren que cuestiones normativas del desarrollo como la identidad cultural, la construcción de sí y las relaciones familiares pueden complicarse con la aculturación. Que terapeutas de MST dediquen más tiempo a implicar a jóvenes de segunda generación e incorporen sesiones individuales junto al trabajo familiar puede ser una forma adecuada de facilitar la implicación de toda la familia y de elaborar una formulación culturalmente sensible de las dificultades que motivan la derivación.

Es fundamental conocer las cuestiones culturalmente relevantes y saber abordarlas con sensibilidad. Ridley (1985) afirmó que la competencia transcultural debería situarse en pie de igualdad con otras competencias terapéuticas especializadas, lo que exige una formación profunda y experiencia supervisada. Pueden ser necesarias adaptaciones en la forma de aplicar el tratamiento, en el proceso terapéutico y en la inclusión de conocimientos culturales para que los tratamientos con apoyo empírico sean culturalmente más adecuados (Whaley and Davis, 2007). Estas implicaciones clínicas pueden generalizarse a otros enfoques de terapia familiar.

Limitaciones

Este estudio excluyó a jóvenes de minorías étnicas cuyos padres o madres habían nacido en el Reino Unido, por lo que las experiencias y opiniones recogidas corresponden a un grupo específico de jóvenes de minorías étnicas. Todas las personas cuidadoras hablaban un inglés básico y la mayoría llevaba más de 10 años viviendo en el Reino Unido, de modo que los resultados podrían ser muy distintos para jóvenes inmigrantes de primera generación o cuyas familias fueran de segunda o tercera generación. Por tanto, en este estudio la cultura puede confundirse con la religión, el color de piel, la migración, la condición de refugiado o la solicitud de asilo. Las «consideraciones culturales» abarcan un campo amplio, y hay diversos factores que pueden haber influido en los resultados y que no se han tratado en detalle o no se han tratado en absoluto.

La muestra era pequeña y relativamente diversa, lo que limita la posibilidad de generalizar los resultados. Aun así, la muestra comparte varios rasgos comunes: todas las personas participantes eran de segunda generación, vivían en Londres desde la infancia y sus madres y padres habían nacido fuera de la Unión Europea. Además, este estudio incluyó familias que habían abandonado la MST o no habían obtenido resultados positivos, lo que aportó información valiosa sobre los factores que obstaculizan la implicación de esta subpoblación concreta. Sería útil investigar en el futuro los resultados del tratamiento en jóvenes que trabajen con terapeutas de su mismo origen cultural.

Este estudio intenta comprender las experiencias de jóvenes de segunda generación en la MST y ampliar los resultados de Fox et al. (2016). Los resultados sugieren que las diferencias culturales/de aculturación son importantes para comprender las conductas que motivan la derivación y la posible complejidad del desarrollo identitario de jóvenes de segunda generación. Hay consideraciones adicionales para terapeutas de MST: conocer la cultura y ser competente para abordarla, abrir conversaciones sobre los conflictos de origen cultural y sobre el impacto de las diferencias culturales en la relación terapéutica. Los resultados de este estudio pueden servir de base para la formación de los equipos de MST, con el fin de apoyar el desarrollo y el aprendizaje del trabajo con poblaciones diversas.

Complexe Systémique: puntos clave

Este breve artículo complementa de forma útil el estudio de Simone Fox sobre madres y padres: aquí son las personas jóvenes quienes hablan, y su mirada es distinta. Para ellas, el problema no reside solo en la conducta, sino en la brecha de aculturación que las separa de su familia, a veces incluso entre la madre y el padre. La persona terapeuta se convierte entonces en mediadora entre dos sistemas de reglas, lo que supone conocer la cultura familiar sin juzgarla, y también abrir espacio a sesiones individuales en las que una persona joven pueda explorar una identidad «mestiza» que a la familia le cuesta escuchar. El estudio invita también a hablar abiertamente del propio origen de la persona terapeuta: algunas personas jóvenes ven en un origen compartido una ventaja, otras temen que alguien del mismo origen se ponga del lado de la familia. Por último, la distinción entre cambio de primer y de segundo orden, tomada de Watzlawick, recuerda que una intervención breve puede modificar la conducta sin tocar las creencias. Siete entrevistas, una sola persona a cargo de la investigación, orígenes muy diversos: los resultados son pistas, no reglas. Para leer junto con el artículo sobre los factores culturales en la terapia multisistémica y el artículo sobre profesionales de la MST que trabajan con familias racializadas.

Notas del original

Declaración de conflictos de intereses: la autoría declaró no tener ningún posible conflicto de intereses en relación con la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo.

Financiación: la autoría no recibió ningún apoyo económico para la investigación, la autoría y/o la publicación de este artículo.

ORCID iDs: Aisling Bunting https://orcid.org/0000-0001-6495-5314 Jai Adhyaru https://orcid.org/0000-0002-1333-5809

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Traducción no oficial de Considerations for minority ethnic young people in multisystemic therapy, de Aisling Bunting, Simone Fox, Jai Adhyaru y Amaryllis Holland, Clinical Child Psychology and Psychiatry, vol. 26, n.o 1 (2021), doi: 10.1177/1359104520969762, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial — la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de listas). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «Considerations for minority ethnic young people in multisystemic therapy», publicado en Clinical Child Psychology and Psychiatry (2021) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Bunting, A., Fox, S., Adhyaru, J., et Holland, A. (2021). Considerations for minority ethnic young people in multisystemic therapy. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/considerations-for-minority-ethnic-young-people-in-multisystemic-therapy (Obra original publicada en 2020 en Clinical Child Psychology and Psychiatry, 26(1), 268-282 (2021); republicada en 2021 por Clinical Child Psychology and Psychiatry, https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/1359104520969762)

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