Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del francés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Concepto · La experiencia unificadora

¡Lo ha entendido todo! La experiencia unificadora

Usted tiene la sensación de haber comprendido a la persona con la que habla y, sin embargo, ella sigue: mil detalles, otra anécdota, lo mismo repetido de otra manera. O al revés: alguien le asegura que le ha comprendido, sin que usted sienta nada en absoluto. Este fenómeno se debe a una diferencia fundamental entre comprender y sentir que nos comprenden.

Esta distinción es esencial para quien ejerce una profesión de relación de ayuda, pero vale igualmente en la vida cotidiana: en el plano social, familiar y de pareja. Está en el centro del Método Estratégico Resolutivo y, una vez que se tiene presente, se reconoce en todas partes.

Comprender

Una construcción de la mente, que se realiza en quien observa.

Sentir que nos comprenden

Un efecto producido en la otra persona, en el ámbito de lo íntimo.

Comprender: una acumulación de información

Comprender es captar el significado, percibir el origen, la finalidad, las razones de algo. En la práctica, esto pasa muy a menudo por la acumulación de datos: la información que se va almacenando sobre una situación, un fenómeno, una persona, su historia. Y cuanta más se tiene, más fuerte es la sensación de haber comprendido.

Así, se puede tener la sensación de comprender a alguien porque se ha pasado un larguísimo tramo de vida a su lado: la pareja, una amistad de muchos años, un hijo o una hija. En las profesiones de relación de ayuda, el mecanismo es el mismo: cuanta más información se tiene sobre la persona acompañada, más se cree haberla comprendido bien. Las reuniones de equipo, las sesiones clínicas, la supervisión y el análisis de la práctica amplifican todavía más esta sensación: poner en común lo que cada cual sabe, formular hipótesis, sacar conclusiones, trazar una línea de actuación — todo ello produce una sensación grupal de haber captado algo. Y es una sensación muy grata.

Pero esta comprensión se sitúa por completo del lado de quien observa y se interroga. Reside en el pensamiento de quien interviene, de quien hace terapia, de quien trabaja en lo social, de la madre o el padre respecto de su criatura, de la persona amiga que escucha. Por tanto, se puede perfectamente salir de una reunión con una conclusión incompatible con la visión del mundo de la persona afectada: la comprensión se ha producido fuera de ella, e independientemente de ella.

Clave

Ser objeto de una comprensión externa no tiene nada que ver con sentir que realmente nos comprenden.

Es el tópico de la sesión en la que quien hace terapia dice «lo entiendo» mientras la persona consultante permanece completamente insensible a la afirmación: que la otra persona lo diga no basta para hacerlo sentir. De forma más amplia, en cuanto alguien siente la necesidad de volver a explicar, de añadir un detalle, de retomar la situación una vez más, se puede plantear la hipótesis de que lo que le falta a esa persona es precisamente la sensación de haber sido comprendida.

Sentir que nos comprenden: cuando se levanta la niebla

Sentir que nos comprenden corresponde al efecto que se produce en una persona cuando una hipótesis o una opinión sobre un estado, una tensión o un desequilibrio que le concierne resulta justa, congruente y pertinente. Esta opinión es un comentario que no contiene ningún juicio, ningún reproche, ninguna condena: ni sobre el estado de las cosas, ni sobre las causas y las consecuencias que lo han producido.

Lo que ocurre entonces es que la otra persona percibe ese comentario como una revelación respecto a una realidad que permanecía confusa en su mente. Es como si la niebla desapareciera para dejar ver con claridad el paisaje, las montañas a lo lejos, lo que permite orientarse y situarse en la oscuridad de la existencia.

Sentir que nos comprenden es una experiencia que se produce en el ámbito de lo íntimo, difícil de exponer o de resumir. Cuando se vive, es como si la otra persona viniera a nombrar algo que aún no éramos capaces de nombrar por nuestra cuenta, por no haber metabolizado la situación. Y esta experiencia permite a quien la vive verse de otra manera — y, por tanto, contarse de otra manera. Se percibe entonces el efecto propiamente terapéutico del fenómeno.

El tiempo compartido no cambia nada

Se puede compartir un larguísimo tramo de vida con alguien sin haber sentido nunca que esa persona nos comprende de verdad. A la inversa, un encuentro fugaz puede producir esa sensación de repente. La temporalidad no tiene nada que ver con la cantidad de tiempo compartido: no porque pase diez años con la misma persona terapeuta voy a sentir que me comprende mejor.

En sesión, este tipo de momento se ve a simple vista: un alivio visible, a menudo acompañado de frases como «sí, es exactamente eso» o «lo ha entendido todo». Lo que parecía complejo se vuelve de pronto sencillo.

El viaje a hombros de la otra persona

Para producir este fenómeno, lo esencial es poder descentrarse: hacer ese viaje a hombros de la otra persona, preguntándose qué intenta decir a través de lo que dice, y luego devolvérselo con mucha benevolencia y respeto. Es una experiencia en la que hay que salir por completo de la propia visión del mundo, del propio mapa, de las propias representaciones, para proyectarse en las de la otra persona. Y es extremadamente difícil: esta cualidad está directamente vinculada a la competencia empática, en su forma más madura.

También hay que evitar la trampa de lo evidente, de la simple interpretación o de la reformulación. Provocar esta sensación no consiste en repetir lo que la persona acaba de transmitir con palabras algo distintas, con nuestro vocabulario. Consiste en ir a buscar mucho más allá del discurso: lo innombrable, lo indecible, lo inconfesable; lo que la otra persona aún no se dice; lo que ya existe en ella pero sigue siendo confuso.

La clave del éxito de este viaje descansa en dos cosas. La primera es la concentración, que vuelve la reflexión mucho más incisiva. La segunda es la disminución de la propia ansiedad, que permite descentrarse de sí y del propio desempeño para concentrarse en lo esencial: la otra persona. Esta segunda condición se construye, en particular, con el desarrollo de la propia autoridad, es decir, de la credibilidad que cada cual se concede.

Estas dos facultades se adquieren con el tiempo: hacen falta, por tanto, paciencia y benevolencia consigo. Con ellas se gana soltura en las técnicas de entrevista y, en consecuencia, se interviene de forma más estratégica e incisiva. Algunas personas parecen poseer este don de manera innata, esta capacidad de ver en la otra persona y de prestarle sus palabras. Sea como sea, sigue siendo una competencia — y una competencia se trabaja.

Cómo citar este artículo

Besse, J. (2022, 13 de febrero). Vous avez tout compris ! L'expérience unificatrice. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/fr_FR/articles/vous-avez-tout-compris-l-experience-unificatrice

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