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Clínica sistémica

Temporalidad psíquica y trabajo sociosanitario

Cuando el tiempo vivido de las personas pacientes se encuentra con el tiempo reglado de las instituciones: comprender la disonancia temporal para cuidar mejor.

Por Yara Doumit Terapeuta familiar e interventora sistémica · Formadora y responsable pedagógica en Complexe Systémique

La temporalidad psíquica remite a la manera en que las personas perciben y viven el tiempo, una percepción que puede acentuarse especialmente en contextos de estrés o de crisis.

Esta percepción subjetiva del tiempo contrasta a menudo con el tiempo institucional de las estructuras sociosanitarias, que es estructurado y con frecuencia rígido. La noción de temporalidad psíquica es crucial en los contextos de cuidado, porque influye en la manera en que las personas pacientes viven su espera, su sufrimiento y su esperanza de curación. Becker (2020) describe la temporalidad psíquica como una «experiencia subjetiva del tiempo, moldeada por factores individuales, culturales y contextuales». Las demoras impuestas por las instituciones pueden exacerbar los sentimientos de frustración y de desesperanza en las personas pacientes, sobre todo cuando su percepción de la necesidad de una intervención rápida no está alineada con los plazos institucionales (Sontag-Padilla et al., 2018).

Temporalidad subjetiva

La temporalidad subjetiva es la manera en que una persona percibe y siente el paso del tiempo. Esta percepción está profundamente influida por factores internos como el estado emocional, las experiencias personales y las condiciones de salud mental. Por ejemplo, las personas que sufren depresión pueden sentir que el tiempo pasa con extrema lentitud, mientras que quienes se encuentran en un estado de estrés o de ansiedad pueden percibir que el tiempo transcurre demasiado deprisa o de forma caótica. Esta percepción del tiempo está íntimamente ligada al estado mental y emocional de cada persona.

Factores que influyen en la temporalidad subjetiva
  • Estado emocional: las emociones desempeñan un papel crucial en la percepción del tiempo. La ansiedad puede alargar la percepción de las demoras, mientras que la excitación puede acortarla (Droit-Volet & Meck, 2007).
  • Salud mental: los trastornos mentales como la depresión, la ansiedad o el estrés postraumático modifican la percepción del tiempo. Por ejemplo, las personas con depresión pueden experimentar un estancamiento temporal (Thönes & Oberfeld, 2015).
  • Experiencias personales: las experiencias vitales influyen también en la manera de percibir el tiempo. Las personas que han vivido traumas pueden tener una percepción del tiempo alterada, en la que los acontecimientos pasados parecen cercanos y los futuros, inciertos.

Percepción circular frente a percepción lineal del tiempo

La percepción del tiempo varía considerablemente entre culturas. En las sociedades occidentales, el tiempo suele percibirse de forma lineal, como una progresión continua de acontecimientos que se suceden de manera secuencial: pasado, presente y futuro. Esta visión lineal del tiempo está anclada en el pensamiento y en las estructuras organizativas, incluidos los sistemas de salud, donde las citas, los tratamientos y las intervenciones se planifican de manera cronológica y estructurada.

En cambio, en muchas culturas no occidentales el tiempo puede percibirse de forma más circular u holística. Esta percepción circular del tiempo implica que los acontecimientos y las acciones se repiten de manera cíclica, integrando un sentido de continuidad y de recurrencia. Por ejemplo, en algunas culturas indígenas el tiempo suele verse como un ciclo de estaciones, rituales y tradiciones que se repiten y se interconectan, lo que subraya la interdependencia de los acontecimientos y de las acciones (Hall, 1983).

Tiempo lineal

Una progresión secuencial —pasado, presente, futuro— que estructura las citas, los tratamientos y las intervenciones de manera cronológica.

Tiempo circular

Un ciclo de estaciones, rituales y tradiciones que se repiten y se interconectan: las demoras pasan a ser partes integrantes de un proceso continuo de cuidado.

Estas diferencias en la percepción del tiempo pueden afectar a la manera en que las personas interactúan con el sistema de salud y comprenden los plazos de tratamiento. Una persona procedente de una cultura con una percepción circular del tiempo puede tener expectativas distintas en cuanto a la rapidez de la atención y a la gestión de las citas. Podría percibir las demoras no como obstáculos que superar, sino como partes integrantes de un proceso continuo de cuidado y de curación (Roxburgh, 2018).

Para el personal sanitario es esencial reconocer y respetar estas percepciones culturales del tiempo. Una comprensión profunda de estas diferencias puede ayudar a mejorar la comunicación y a adaptar las estrategias de tratamiento a las necesidades y expectativas de las personas pacientes. Por ejemplo, en algunas culturas africanas la salud se percibe de manera holística, integrando las dimensiones espirituales, físicas y sociales de la vida. Por tanto, las intervenciones de salud deben concebirse de modo que respeten e integren estas dimensiones, ofreciendo así un marco más completo y mejor aceptado para el cuidado (Nsamenang & Dawes, 1998).

Temporalidad institucional

En cambio, la temporalidad institucional está dictada por calendarios, protocolos y plazos administrativos que regulan el funcionamiento de los servicios sanitarios y sociales. Esta temporalidad es lineal y estructurada, concebida para optimizar la eficiencia y la gestión de los recursos. Las citas, los tratamientos y las intervenciones se planifican de manera cronológica y a menudo sin flexibilidad para adaptarse a las necesidades individuales de las personas pacientes.

Características de la temporalidad institucional
  • Calendarios y planificaciones: las instituciones sanitarias funcionan según calendarios estrictos para coordinar la atención entre distintos profesionales y servicios.
  • Plazos administrativos: los procesos administrativos, como el registro de pacientes, la gestión de las historias clínicas y la programación de las intervenciones, imponen plazos a menudo rígidos.
  • Protocolos estandarizados: la atención se presta con frecuencia según protocolos estandarizados que no siempre tienen en cuenta las variaciones individuales en la percepción del tiempo.

Impacto de las demoras en la salud mental

Frustración y desesperanza ligadas a las demoras

Las demoras en los servicios sociosanitarios pueden exacerbar los sentimientos de frustración y de desesperanza en las personas pacientes. Sontag-Padilla et al. (2018) observaron que las demoras prolongadas para acceder a atención psicológica o psiquiátrica pueden agravar los síntomas de depresión y de ansiedad. Las personas pacientes pueden sentirse abandonadas por el sistema de salud, lo que puede reducir su implicación y su confianza en la atención propuesta.

La espera puede tener también efectos perjudiciales para la salud mental. La incertidumbre y la angustia asociadas a la espera de un tratamiento pueden intensificar los trastornos mentales existentes. Gulliver et al. (2012) subrayaron que la juventud, en particular, es sensible a los efectos de la espera prolongada, que puede provocar un rápido deterioro de su estado mental. Diversos estudios muestran que los tiempos de espera prolongados para acceder a los servicios de salud mental pueden agravar los síntomas de las personas pacientes (Priebe et al., 2016). Por ejemplo, una demora prolongada para una primera consulta de psiquiatría puede provocar un deterioro del estado mental de la persona, con un aumento del riesgo de hospitalización de urgencia (Hawley et al., 2017).

Viñeta clínica

Un ejemplo concreto del impacto de las demoras en la salud mental lo ilustra la situación de este hombre de 34 años que sufría una depresión grave. Tras pedir ayuda, se le indicó que debía esperar seis semanas para una primera consulta. Durante ese periodo sus síntomas se agravaron, lo que desembocó en una hospitalización de urgencia tras un intento de suicidio (Hawley et al., 2017).

Disonancia temporal

La disonancia entre la temporalidad subjetiva de las personas pacientes y la temporalidad institucional de los servicios de salud puede tener consecuencias importantes. Por ejemplo, una persona que sufre trastornos de ansiedad puede percibir como interminable un periodo de espera de unas pocas semanas para una consulta, lo que agrava su estado de estrés (Priebe et al., 2016). Esta disonancia puede generar sentimientos de frustración, de desesperanza y de desvinculación respecto de la atención propuesta.

Agravamiento de los síntomas: las demoras prolongadas percibidas como interminables pueden agravar los trastornos mentales: la ansiedad aumenta y la desesperanza se acrecienta.
Pérdida de confianza: las personas pacientes pueden sentirse desatendidas o mal comprendidas, lo que reduce su implicación en los tratamientos propuestos.
Falta de adherencia a los tratamientos: la frustración ligada a la espera puede llevar a abandonar la búsqueda de atención (Mitchell & Selmes, 2007).

Reconciliar las dos temporalidades

Mientras que la temporalidad institucional sigue protocolos rígidos para garantizar la eficiencia de los servicios, la temporalidad subjetiva, moldeada por el estado emocional y mental de cada persona, modifica la percepción de las demoras y puede acentuar el sufrimiento y la angustia. Esta discordancia, marcada por esperas percibidas como interminables, no solo puede agravar los síntomas, sino también generar una pérdida de confianza en el sistema de atención y reducir la adherencia a los tratamientos. Para atenuar los efectos de esta disonancia, es esencial que el personal sanitario reconozca la importancia de esta temporalidad psíquica, adopte una escucha activa e incorpore flexibilidad en los protocolos, teniendo en cuenta las percepciones y necesidades específicas de cada persona.

Para profundizar
Cómo citar este artículo

Doumit, Y. (2024). Temporalité psychique en lien avec le travail médico-social. Complexe Systémique. https://www.complexe-systemique.com

Referencias para profundizar

  1. Becker, G. (2020). The temporalities of health: Continuities and discontinuities. Social Science & Medicine, 244, 112670.
  2. Cleary, M., Hunt, G. E., Horsfall, J., & Deacon, M. (2013). Ethnographic research into nursing in acute adult mental health units: A review. International Journal of Mental Health Nursing, 22(4), 305–313.
  3. Droit-Volet, S., & Meck, W. H. (2007). How emotions colour our perception of time. Trends in Cognitive Sciences, 11(12), 504–513.
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