Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

BMC Psychiatry · Familia

Aprender a mentalizar: experiencias de cambio de madres y padres vulnerables durante la orientación con vídeo en una clínica de salud mental de la primera infancia

¿Qué ocurre cuando una madre o un padre a quien le cuesta «leer» a su bebé descubre, en la pantalla, que el bebé le está buscando? Un equipo noruego entrevistó a doce madres y padres con graves dificultades de salud mental tras una orientación con vídeo según el método Marte Meo. El cambio empieza con una sorpresa, la mirada del bebé, y conduce a más conexión, mentalización y confianza, sin borrar las dificultades propias de cada figura parental.

Autoría Indra Simhan (Department of Child and Adolescent Mental Health, Sørlandet Hospital, Kristiansand, y Faculty of Psychology, University of Bergen, Noruega); Kari Vik (Department of Child and Adolescent Mental Health, Sørlandet Hospital, Kristiansand, Noruega); Marius Veseth y Aslak Hjeltnes (Faculty of Psychology, University of Bergen, Noruega)Primera publicación BMC Psychiatry, 12 de agosto de 2021Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de Learning to mentalize: Exploring vulnerable parents’ experiences of change during video guidance in an infant mental health clinic, de Indra Simhan, Kari Vik, Marius Veseth y Aslak Hjeltnes, publicado en BMC Psychiatry (BioMed Central) (2021), doi: 10.1186/s12888-021-03398-6, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Este «descubrimiento» de sus bebés reales dio lugar a emociones más positivas, a vivencias de conexión recíproca y a un mayor interés por sus hijas e hijos, lo que favoreció nuevos avances en dos ámbitos: la mentalización y la vivencia de sí como agentes capaces de influir.

Indra Simhan, Kari Vik, Marius Veseth y Aslak Hjeltnes

Resumen

Antecedentes. Las intervenciones que promueven la salud mental de la primera infancia se enfrentan a dificultades cuando se aplican a madres y padres que soportan cargas psicosociales y psicológicas. La orientación con vídeo según el método Marte Meo se utiliza en contextos clínicos especializados con familias de alto riesgo para mejorar la interacción entre progenitores e hijos, la sensibilidad parental y la mentalización. Sin embargo, el conocimiento sobre el mundo vivido de estas madres y padres y sobre su experiencia del proceso terapéutico durante la orientación con vídeo es limitado.

Objetivo. Este estudio cualitativo explora cómo vivieron el proceso de cambio durante la orientación con vídeo Marte Meo las madres y los padres atendidos en una consulta ambulatoria de salud mental de la primera infancia que tenían dificultades para mentalizar y mantener una conexión emocional con sus bebés.

Métodos. Mediante la Parent Development Interview identificamos una muestra estratégica de madres y padres con dificultades para mentalizar y mantener una conexión emocional con sus bebés. Doce de estas personas recibieron orientación con vídeo y después participaron en entrevistas en profundidad. Las entrevistas de investigación se analizaron cualitativamente mediante un análisis temático reflexivo realizado en equipo.

Resultados

Identificamos cuatro temas: a) sentir insuficiencia o desconexión en el papel parental; b) descubrir al bebé como una persona que se relaciona y tiene intenciones; c) ganar capacidad de agencia y conexión; y d) seguir enfrentándose a los propios problemas de salud mental.

Conclusión

Las madres y los padres describieron cambios positivos en sus interacciones, en la mentalización de sus bebés, en la relación y en la imagen de sí como figuras parentales, en su vivencia de autoeficacia y en el plano representacional. También describieron una mayor confianza y un mejor afrontamiento a pesar de los problemas personales de salud mental que persistían. Los resultados sugieren que la orientación con vídeo según el método Marte Meo puede ser una intervención decisiva para madres y padres vulnerables, pero que debería coordinarse con su tratamiento principal cuando existen problemas complejos de salud mental parental.

Palabras clave: Madres y padres, Bebé, Salud mental parental, COPMI, Orientación con vídeo, Videofeedback, Marte Meo, Análisis temático, Parent Development Interview

Antecedentes

¿Cómo es implicarse en una orientación con vídeo centrada en las propias competencias parentales cuando cuesta comprender al propio bebé y relacionarse con él, y cuando se cargan problemas de salud mental? ¿Cómo viven sus propios procesos de cambio las madres y los padres con dificultades de mentalización, y qué podemos aprender sobre la orientación con vídeo a partir de sus experiencias? En este estudio presentamos una investigación sobre la orientación con vídeo en una consulta ambulatoria de salud mental de la primera infancia dirigida a madres y padres con dificultades para mentalizar a sus bebés y mantener una conexión emocional con ellos.

La capacidad de una figura parental para mentalizar las experiencias del bebé, es decir, para ver al bebé como un ser intencional, comprender sus conductas manifiestas en función de sus estados mentales subyacentes y regular sus emociones, se asocia con la sensibilidad parental y con el apego seguro [1]. Reforzar la mentalización de madres y padres y promover unos cuidados sensibles y sintonizados es, por tanto, un objetivo central de las intervenciones entre progenitores y bebés [2]. Entre ellas, los enfoques de orientación con vídeo, que utilizan fragmentos filmados de interacciones reales para guiar a madres y padres, constituyen un grupo versátil de métodos aplicables tanto en visitas domiciliarias como en contextos clínicos [3]. Los efectos positivos de la orientación con vídeo para las díadas progenitor-hijo han sido ampliamente documentados y, en cierta medida, conceptualizados [4, 5]. La orientación con vídeo Marte Meo [6] y su variante manualizada, la orientación con vídeo de la interacción entre progenitores y bebé (VIPI) [7], utilizan vídeos de situaciones cotidianas entre madres o padres y bebés. Para las sesiones de revisión con las personas cuidadoras, las y los terapeutas eligen fragmentos que muestran interacciones que favorecen el desarrollo o una oportunidad interaccional, y se sirven de secuencias de microinteracción y de imágenes fijas. Marte Meo adopta así una postura centrada en las soluciones y omite el material que muestra una interacción negativa o ineficaz [6, 8]. Hasta ahora, la investigación sobre Marte Meo se ha basado principalmente en muestras comunitarias. Estudios con madres que presentaban síntomas depresivos posnatales han mostrado cómo Marte Meo reforzaba su vitalidad y las invitaba a la autorreflexión y a centrarse en el otro en presencia de terapeutas que mostraban sensibilidad y sintonía. Estos estudios han vinculado conceptualmente Marte Meo con las teorías de Stern sobre la comunicación temprana y con la mentalización, en especial la afectividad mentalizada [9, 10]. Estudios cuantitativos han identificado efectos positivos de Marte Meo sobre la sensibilidad parental, la interacción y el desarrollo del bebé también en díadas más vulnerables [7, 11, 12]. Sin embargo, faltan investigaciones sobre Marte Meo en contextos clínicos especializados, donde las madres y los padres se caracterizan por un estrés psicosocial y unos problemas de salud mental más graves, y padecen con frecuencia trastornos afectivos, abuso de sustancias, trastornos de la personalidad y otros trastornos [13–15]. Esta carencia de estudios afecta también al mundo vivido de estas personas, es decir, a su experiencia vivida. A menudo su capacidad parental intuitiva está debilitada, y tienen dificultades para establecer y regular su conexión emocional con sus bebés y para descubrir y mentalizar las señales del bebé [16, 17]. En muestras comunitarias, Marte Meo ha demostrado ser eficaz con madres y padres con depresión, con determinados trastornos de la personalidad [7] y con altos riesgos psicosociales [12]. Un estudio de tres casos con familias atendidas en una clínica especializada de la primera infancia ha sugerido que los contextos terapéuticos en los que se muestran los vídeos podrían sostener un círculo positivo de reciprocidad, reflexividad y confianza en sí, que refuerza de manera central la sensibilidad parental [10]. Se necesita más conocimiento empírico sobre cómo las madres y los padres con dificultades en capacidades clave de la parentalidad viven y responden a la orientación con vídeo Marte Meo en los servicios especializados de salud mental de la primera infancia. Este conocimiento contribuiría a esclarecer los procesos implicados en ejercer la parentalidad bajo presión y a adaptar el método Marte Meo a las necesidades de este grupo. El presente estudio forma parte de un conjunto más amplio de datos sobre Marte Meo en contextos especializados. Un análisis de las experiencias de madres y padres vulnerables acerca de los aspectos útiles y obstaculizadores de la orientación con vídeo está disponible en (Simhan I, Vik K, Veseth M, Hjeltnes A: Like taking a magnifying glass into everyday life: vulnerable parents’ experiences with video guidance in an infant mental health clinic, enviado para su publicación). Ese análisis pone de relieve los retos y las oportunidades de utilizar la orientación con vídeo como método con madres y padres que tienden a vivir una fuerte inseguridad, autocrítica, amenaza o desvalorización. Ninguno de los temas presentados en este estudio se recogió en nuestra publicación anterior.

El primer objetivo del presente estudio era explorar la experiencia vivida de los cambios durante la orientación con vídeo en una muestra estratégica de madres y padres que acudían a la clínica por derivación y que tenían dificultades para mentalizar y mantener conexiones emocionales con sus bebés. El segundo objetivo era desarrollar una comprensión conceptual de la orientación con vídeo Marte Meo y de sus usos clínicos con estas personas. Formulamos la siguiente pregunta de investigación: ¿cómo viven el proceso de cambio, o la ausencia de cambios, durante la orientación con vídeo Marte Meo las madres y los padres a quienes les resulta difícil mentalizar o mantener una conexión emocional con sus bebés?

Métodos

Para explorar la experiencia vivida de madres y padres que recibían orientación con vídeo Marte Meo en servicios especializados de salud mental, utilizamos entrevistas en profundidad de preguntas abiertas [18], sometidas a un análisis temático (AT) reflexivo, exploratorio y realizado en equipo [19, 20].

Contexto

El estudio fue fruto de una colaboración entre la Unidad de Investigación y el Infant Mental Health Team (IMHT), un servicio ambulatorio para díadas progenitor-bebé, del Departamento de Salud Mental Infantil y Adolescente del Southern Norway Hospital Trust, en Kristiansand, y el Departamento de Psicología Clínica de la Universidad de Bergen, Noruega. El personal clínico del IMHT colaboró en el proceso de reclutamiento y aplicó a las personas participantes la orientación con vídeo según el método Marte Meo.

Reclutamiento de las personas participantes

Para reclutar una muestra estratégica de madres y padres de bebés derivados al IMHT que tuvieran dificultades para mentalizar o mantener conexiones emocionales con sus bebés, recurrimos a un muestreo por criterio [21], con la ayuda de la Parent Development Interview en su versión revisada (PDI-R). La PDI-R es una entrevista narrativa semiestructurada de 45 ítems sobre las representaciones que tienen las madres y los padres de sus hijos e hijas, de sí como figuras parentales y de la relación entre progenitores e hijos (Slade A, Aber JL, Bresgi I, Berger B, Kaplan M. Parent Development Interview, Short Revised Version (PDI-R)). Protocolo inédito. 2004). Un subconjunto de doce ítems puede puntuarse en términos de función reflexiva (FR), una medida operacionalizada de la mentalización tal como se manifiesta en el habla, es decir, de la capacidad de reconocer y comprender las experiencias internas en función de estados mentales subyacentes [22]. El criterio de muestreo era a) una FR limitada en la PDI-R o b) dificultades, expresadas explícitamente, para conectar emocionalmente con el bebé y mantener esa conexión en momentos de estrés afectivo. Partiendo del concepto de poder informativo [23] y teniendo en cuenta el objetivo, el marco, la especificidad de la experiencia y la calidad esperada del diálogo, fijamos como meta una muestra de 10 a 15 participantes.

La PDI-R se administró a 30 madres y padres que dieron su consentimiento y en cuyas díadas estaba clínicamente indicada la orientación con vídeo. Las entrevistas se grabaron digitalmente, se transcribieron literalmente y luego las leyó la primera autora, evaluadora certificada, que puntuó el subconjunto de ítems en la escala de FR de 11 puntos, de FR limitada a FR alta [24]. Una puntuación global de 4 o menos representaba una FR limitada. Un treinta por ciento de las PDI-R fue codificado por duplicado por dos personas evaluadoras externas certificadas que desconocían las puntuaciones, con una correlación intraclase de 0,89 (intervalo de confianza del 95%: 0.58 a 0.97) [25]. Los datos cuantitativos del proceso de muestreo estratégico no se utilizaron en el análisis cualitativo.

Muestra estratégica

Reclutamos una muestra estratégica de 15 madres y padres que cumplían el criterio a) o el b). Recibieron orientación con vídeo Marte Meo y después se les entrevistó en profundidad sobre su experiencia. Una madre fue excluida porque se le retiró la custodia de su bebé durante la orientación, y dos personas declinaron participar en la entrevista de investigación por motivos personales. Realizamos entrevistas en profundidad con 12 personas, 11 madres y un padre, de entre 23 y 34 años (M = 27). Todas las díadas reclutadas habían sido derivadas a tratamiento especializado por el riesgo que suponían para el bebé el funcionamiento parental o los problemas de salud mental de la madre o del padre. Los bebés eran 6 niños y 6 niñas, de entre 2 y 27 meses de edad (M = 9 meses) al inicio de la orientación. Diez participantes cumplían el criterio a), capacidad de mentalización limitada, y dos el criterio b), vivencia de falta de conexión emocional. Ocho participantes refirieron experiencias infantiles adversas o traumáticas. Todas las personas participantes refirieron problemas de salud mental, en su mayoría de carácter prolongado o recurrente, entre ellos trastornos de estrés postraumático, trastornos de la personalidad, episodios afectivos unipolares y bipolares, trastornos obsesivo-compulsivos y trastornos por consumo de sustancias.

Intervención / orientación con vídeo

Los cursos de orientación con vídeo Marte Meo [6] se adaptaron a cada díada. La orientación de cada díada estuvo a cargo de una de las cuatro personas terapeutas Marte Meo del IMHT, con amplia experiencia con díadas progenitor-bebé. Las sesiones de grabación tuvieron lugar por lo general durante visitas domiciliarias. Todas las madres y los padres recibieron entre 3 y 7 sesiones de orientación (M = 4 sesiones).

Entrevistas en profundidad

Elaboramos una guía de entrevista semiestructurada para apoyar las entrevistas, con preguntas sobre la experiencia de las personas participantes con el curso de orientación con vídeo, la relación terapéutica, los aspectos especialmente útiles u obstaculizadores de la orientación y los cambios que pudieran haberse producido en sus pensamientos sobre sus bebés y sobre la relación con ellos. Algunos ejemplos de preguntas fueron: «¿Hay algo de la orientación que recuerde especialmente?», «¿Cómo vivió la grabación?», «¿Cómo vivió a la persona terapeuta? ¿Hubo algo concreto que hiciera que le resultara útil o no?» y «En cuanto a sus pensamientos sobre su bebé, ¿los ha cambiado de algún modo la orientación?». Utilizamos la guía para estructurar las entrevistas, pero animamos a las personas participantes a desarrollar los temas que consideraran pertinentes. Todas las entrevistas (n = 12) las realizó la primera autora entre noviembre de 2016 y junio de 2019, con una duración de entre 23 y 89 min (M = 61 min). Las entrevistas tuvieron lugar entre 2 y 6 meses después del final de la orientación (M = 3 meses). Se grabaron digitalmente y se transcribieron literalmente.

Metodología

Elegimos un análisis temático (AT) reflexivo y exploratorio como método para un análisis inductivo, guiado por los datos [20, 26]. Buscábamos una presentación reflexiva y cercana a la experiencia de los datos y llevamos a cabo el análisis mediante un enfoque en equipo [19], lo que reforzó además el equilibrio entre la proximidad a las experiencias de las personas participantes y la reflexión sobre nuestras propias posiciones en la investigación. La conceptualización, incluido el lenguaje conceptual, se dejó de lado deliberadamente durante el análisis de los datos.

Análisis de los datos

Para la asistencia técnica utilizamos el programa de análisis de datos cualitativos NVivo 11 [27]. El AT reflexivo se llevó a cabo en siete pasos por parte de la primera, el tercer y el último autor en un proceso colaborativo. 1) Todas las personas del equipo se familiarizaron con los datos y anotaron sus primeras impresiones y reflexiones sobre las experiencias relacionadas con cada entrevista. 2) La primera autora releyó cada entrevista, identificó unidades de significado y generó 40 códigos iniciales. Las unidades de significado se entendían como rasgos de los datos que parecían interesantes o que parecían transmitir un significado en relación con el fenómeno. Los códigos existentes solo se utilizaron de una entrevista a otra si se consideraba que ofrecían descripciones adecuadas. 3) La primera autora presentó al grupo las unidades de significado codificadas, y en un proceso colaborativo se formularon 34 patrones de significado o subtemas y 4 temas principales, a partir de las primeras impresiones y de los códigos iniciales y volviendo a las transcripciones. 4) Los temas se resumieron y revisaron en un proceso de ida y vuelta entre la primera autora y el grupo, que mantuvo los 4 temas principales y formuló los 21 subtemas más relevantes. 5) La primera autora afinó los temas y redactó un análisis de cada uno. 6) Los temas se reunieron por escrito en relación con las preguntas de investigación. 7) El equipo de investigación alcanzó un consenso sobre la formulación de las principales categorías temáticas.

Equipo de investigación

La primera autora, psiquiatra infantil, y la segunda autora, socióloga, son terapeutas de orientación con vídeo Marte Meo especializadas en salud mental de la primera infancia. El tercer y el cuarto autor son profesores titulares de psicología clínica. Todo el equipo cuenta con una amplia experiencia clínica en psicoterapia y atención a la salud mental, así como con experiencia en investigación cualitativa sobre diversos temas de salud mental.

Ética

El estudio fue aprobado por el Comité Regional Noruego de Ética de la Investigación. El personal clínico del IMHT informó oralmente y por escrito sobre el estudio a las madres y los padres que reunían los requisitos y obtuvo el consentimiento informado por escrito de todas las personas participantes para su participación y para la publicación del estudio. Las personas participantes podían retirarse del estudio sin consecuencias para su tratamiento. El equipo investigador era consciente de la posición vulnerable tanto de las madres y los padres como de los bebés implicados en la investigación [28, 29] y se ocupó activamente de preservar la dignidad de las personas participantes durante las entrevistas y en el proceso de investigación posterior.

Resultados

Organizamos los hallazgos en cuatro categorías temáticas principales, que van desde las experiencias de las madres y los padres antes de recibir la orientación hasta el inicio de los procesos de cambio, su despliegue posterior y su traslado a la vida cotidiana tras la orientación: A) sentir insuficiencia o desconexión en el papel parental, B) descubrir al bebé como una persona que se relaciona y tiene intenciones, C) ganar capacidad de agencia y conexión y D) seguir enfrentándose a los propios problemas de salud mental. Por confidencialidad, todos los datos se han anonimizado y a todos los bebés y figuras parentales se les designa en femenino.

Sentir insuficiencia o desconexión en el papel parental

Esta primera categoría describe la situación de las personas participantes al inicio del proceso de orientación. Todas tenían dificultades en su ejercicio de la parentalidad, y los sentimientos de soledad y aislamiento eran comunes a la mayoría. Muchas se sentían muy inseguras e insuficientes como cuidadoras, y algunas se sentían emocionalmente desconectadas. Muchas personas participantes eran madres o padres por primera vez y vivían la transición a la parentalidad como algo desestabilizador.

Daba un poco de miedo… Cuando volví a casa del hospital, al principio casi sentía que estaba esperando a que alguien… que de alguna manera solo me habían prestado al bebé. Que alguien vendría a llevársela otra vez. Que yo era un poco como una canguro. Al principio no me daba cuenta de que ella está aquí de verdad; de que este es mi bebé.

Las personas que se exigían un alto grado de perfección podían sentirse desbordadas en este territorio nuevo y desconocido y temer implicarse en las tareas de cuidado. Aun sabiendo que sus propias exigencias y su necesidad de control eran imposibles de satisfacer, no podían renunciar a ellas: «Quería ser perfecta, en cierto modo, aunque entiendo que nada es perfecto. Una no puede ser perfecta, y lo sabía entonces y lo sé ahora». A algunas de estas personas les resultaba incómodo interactuar con sus bebés. Coger en brazos a su criatura o hablarle no les resultaba natural ni fácil, y también podía ser duro cuando la otra figura parental parecía más competente y conectada. Esto podía acentuar dudas previas sobre si eran una madre o un padre suficientemente bueno o sobre si tenían siquiera aptitudes para la parentalidad, lo que, a su vez, les impedía conectar con su bebé. Muchas personas se describían con tendencia a la autocrítica. «Pensaba de forma muy negativa sobre mí misma en ese papel [de madre], así que me sacaba defectos constantemente». Algunas vivían con ambivalencia sus supuestas carencias: «En realidad había una vocecita dentro de mí que decía que lo que hacía estaba bien. Pero luego, no sé cómo, entraban los pensamientos negativos y se imponían».

Algunas personas participantes se describían como alejadas de sus sentimientos, como si sus emociones estuvieran paralizadas. Una de ellas lo ilustró al contar cómo no se dio cuenta de que su bebé daba sus primeros pasos:

[el discurso directo se dirige a la bebé, que no está presente durante la entrevista:]

«…Ni siquiera levanté la vista cuando intentabas establecer contacto. Era como si en ese momento no pudiera. No podía responder a tus ganas de contacto». Así que me remuerde la conciencia… después me remuerde la conciencia. Que dio sus primeros pasos y yo ni siquiera estaba mirando.

Algunas personas vivían la ausencia de una conexión emocional con el bebé. Echaban de menos un disfrute en la interacción que les habría ayudado a sentir que pertenecían al bebé, o que el bebé les pertenecía: «En realidad me sentaba bien estar lejos del bebé. No sentía nada, y podría haber estado fuera varios días sin problema, tal como me sentía entonces». Esto acentuaba su vivencia de no estar a la altura, lo que a su vez aumentaba una sensación de distancia emocional que podía convertirse en sentimientos más hostiles.

La verdad es que tenía sentimientos muy negativos hacia mi bebé antes de venir aquí. Sí que pensaba, en cierto modo, que ella… me había destrozado la vida, que simplemente… lo pensaba… sí que la miraba y pensaba: «En realidad me has destrozado la vida».

Otra participante sentía una conexión en ciertos momentos, pero le costaba mantenerla. Para ella, el embarazo y el parto habían sido sobre todo una prolongación de la relación que acababa de construir con su pareja, central para su propia estabilidad. La presencia de su bebé irrumpía en esa relación: «Ahora ya estoy lista para: “ya está, esto [el bebé] lo hemos hecho juntos. Ahora [el padre del bebé] y yo vamos a estar solos y a viajar y todo eso”. Pero entonces me di cuenta: “mierda, eso ya no es posible”». Describía a su bebé como un obstáculo para su libertad personal y su espontaneidad, dos partes esenciales de lo que sentía que era. Para ella, el principal problema con su bebé era que le faltaba lo que imaginaba que eran «sentimientos de madre», que frustrarían su necesidad de sentirse libre. Se comparaba con su mejor amiga:

…ella está como, no sé, tan absorta. Desde que [el bebé de la amiga] nació… Ni siquiera podía dormir porque… Era como si estuviera enamorada. Se quedaba ahí tumbada mirando a su bebé toda la noche mientras dormía. Yo solo pensaba: «Madre mía». Cuando [mi bebé] nació, yo estaba en plan: «Vale, ¿puede alguien llevarse al bebé para que pueda dormir? No siento… no siento nada de nada».

Para esta madre era muy difícil encontrar una forma viable de ejercer la parentalidad entre sus ideas de autonomía y de entrega de sí. Para la mayoría de las madres y los padres, los pensamientos negativos sobre sí obstaculizaban sus interacciones espontáneas con sus bebés.

A todas las personas participantes les resultaba especialmente difícil manejar el malestar del bebé. Se sentían estresadas e incapaces de entender lo que el bebé expresaba, y solo deseaban que el malestar pasara cuanto antes. También podían temer no ser capaces de manejar una situación tensa: «Me daba miedo salir a la calle con ella. Un poco también, como, miedo de ella. De que no quisiera estar tumbada en el cochecito, o de que se despertara de repente cuando la paseaba por el bosque». Para la mayoría, el llanto de su bebé indicaba que no eran lo bastante buenas figuras parentales y que no lo estaban afrontando bien. Seguir emocionalmente presentes resultaba exigente cuando el malestar se hacía insoportable o cuando les costaba separar los sentimientos de su bebé de los suyos. Sin embargo, reconocer ante sí que necesitaban ayuda podía llevar tiempo:

Cuando me ofrecieron [el tratamiento], el bebé tendría unos cuatro meses… y yo pensaba, como, «son las hormonas» y «al principio es así», pero nunca mejoró. … Pensaba: «cuando deje de dar el pecho, todo irá mucho mejor», pero no. Siguió igual, la verdad. Y como de alguna manera nunca mejoraba… pensé: «No. Ahora tengo que pedir ayuda… No puedo vivir así durante, no sé, muchos años».

Descubrir al bebé como una persona que se relaciona y tiene intenciones

La segunda categoría describe el inicio de los cambios en la manera en que las madres y los padres percibían a sus bebés, sus interacciones y a sí. El proceso de cambio comenzaba cuando se les mostraban detalles minúsculos de sus intercambios con sus bebés y descubrían las conductas de búsqueda de contacto del bebé. Esto les conmovía y les hacía más conscientes de su bebé como persona. Esto, a su vez, cambiaba su vivencia de la conexión, del sentido y de la complejidad en la interacción, y la vivencia de sí como figuras parentales más seguras y con más capacidad de agencia.

La mayoría de las personas participantes contaron que fue la mirada de su bebé lo que primero captó su atención y desencadenó el proceso de cambio. Descubrir que su bebé les miraba y les seguía con la mirada fue una experiencia inesperada que les abrió a la criatura. Al principio, este descubrimiento se relacionaba sobre todo con ellas mismas y con cómo les hacía sentirse más adecuadas, importantes o queridas como seres humanos y como cuidadoras. Las iniciativas de contacto de sus bebés y sus intentos de prolongar esas conexiones las detenían en seco y les hacían ver cómo sus bebés las buscaban, esperaban su atención y expresaban alegría con ellas.

Creo que fue cuando vi en el vídeo que el bebé estaba muy interesado en lo que yo hacía y lo que decía. Que me sonreía. Eso me hizo sentir muy bien. Sentí que me quería a mí también, y no solo a [la otra figura parental]. Que yo también era capaz de construir esa conexión. Supongo que eso fue lo que me llegó… hiciera lo que hiciera, a ella le interesaba. Y, bueno… que vi esa mirada. El contacto visual que me daba el bebé.

Las personas participantes describieron este descubrimiento como una experiencia repetida que poco a poco les aseguraba su importancia para su bebé y de que su labor parental era suficientemente buena: «Viene a mí espontáneamente, se tumba en mi regazo o busca el contacto físico… Eso es muy gratificante. Y una y otra vez me confirma que lo que hago es suficientemente bueno». Muchas contaron cómo vivían el deseo inquebrantable de contacto del bebé como la sensación de ser intensamente valoradas y queridas: «Tenía miedo de no poder… Pero entonces vi de verdad que me adoraba de todos modos». Una participante describió cómo la búsqueda de contacto repetida y fiable de su bebé le hizo darse cuenta de que tenía verdadera importancia personal para su criatura, cuando antes había supuesto que al bebé le daba igual que estuviera ella u otra persona. La mirada del bebé volvía siempre a ella, la buscaba y se posaba en ella, lo que poco a poco le hizo confiar en que existía una conexión especial. Muchas personas describieron esos contactos visuales y cómo la disposición de sus bebés a sonreír les provocaba alegría. Se sentían más seguras y confiadas en presencia del bebé y más competentes como figuras parentales. Este elemento del proceso de cambio les llevaba entonces a interesarse más por sus bebés.

…[veo] cuánto me admira mi bebé. Me sigue todo el rato y quiere mi atención. Y hay algo en las miradas y en las expresiones que a lo mejor no captas tan fácilmente mientras está pasando. Pero cuando lo ves con un poco de distancia, te das cuenta de que, vale, a lo mejor tengo que empezar a intentar entenderla un poco mejor.

Cuando las madres y los padres aumentaban sus esfuerzos por comprender, las acciones de sus bebés cobraban más sentido, lo que a su vez les facilitaba entender lo que estaba ocurriendo en una interacción concreta. Empezaban a ver más complejidad en sus intercambios con sus bebés y a ver cómo sus microinteracciones se influían mutuamente y estaban interconectadas. Esto, a su vez, les llevaba a ver a sus bebés más como personas completas y a reconocer su capacidad de agencia. Las conductas del bebé se veían ahora como una comunicación genuina. Las personas participantes sentían que podían comprender mejor tanto a sus bebés como a sí, y se daban cuenta de lo mucho que significaban sus propios esfuerzos por leer las señales del bebé.

También vi cómo ella apreciaba… que entendía que yo intentaba entender… Nunca había pensado que… un bebé tan pequeño pudiera comunicar tanto sin palabras. Para mí fue un shock.

Los procesos iniciales de cambio se desplegaban desde una mayor conciencia del bebé hacia una nueva perspectiva sobre sus interacciones y una vivencia distinta de la parentalidad. Una participante describió cómo las sesiones de revisión le ayudaron a ver que su bebé dependía de ella y la quería, y cómo esto cambió su propia actitud hacia los cuidados. Otra contó cómo se activaron sus sentimientos parentales cuando tomó conciencia por primera vez de las iniciativas de mirada de su bebé: «aquello fue un auténtico momento eureka… como si pudiera “ver” el amor de madre, ¿sabes?». Las personas que se habían sentido con inseguridad y torpeza al manejar a sus bebés ganaron confianza al darse cuenta de que entre ellas y sus bebés se producían intercambios complejos y prolongados, y les resultó más fácil sumergirse en esas interacciones. Esto se vivía como un desarrollo gradual y natural.

Ganar capacidad de agencia y conexión

El tercer tema presenta el desarrollo posterior del proceso de cambio. Las personas participantes describieron cómo, gracias a la orientación con vídeo, llegaron a vivirse de forma duradera con más capacidad de agencia y más conectadas con sus bebés. Todas dijeron que los descubrimientos que hicieron en las revisiones también cambiaron su perspectiva sobre sus interacciones cotidianas. Haber tomado primero más conciencia de las interacciones facilitaba reconocer esos mismos intercambios en la vida diaria con la criatura y hacer que duraran más.

No es tan fácil estar atenta en el día a día… todo va en piloto automático todo el rato. Pero me ha hecho un poco más consciente de que en realidad ella está haciendo algo, o me está mirando de cierta manera, o sea, que quiere tener contacto. Eso me facilita reconocerlo, y entonces puedo sentarme a su lado y sacar algo de la situación en vez de pensar solo «Ah, hola» y pasar a otra cosa.

Un descubrimiento importante para las madres y los padres durante las revisiones fue ver cómo sus acciones y las del bebé estaban interconectadas. Darse cuenta de ello aumentaba su propia vivencia de agencia. Describieron cómo bajaban el ritmo y se implicaban más activamente con sus bebés, incluso en situaciones estresantes, porque ahora sentían que tenían capacidad para influir en lo que ocurría. Tomaron más conciencia de cómo su propio estrés influía en sus bebés. «Cuando estoy estresada […] se pone quejica y llorona. [La orientación] me ayudó a entender que eso está conectado. No se pone quejica por gusto. Soy yo la que va corriendo de un lado a otro, estresada; no es de extrañar que le afecte». Fue una toma de conciencia significativa. En primer lugar, el malestar de sus bebés se volvió más comprensible. De vivir el estrés de sus bebés como algo incómodo, inquietante o incluso hostil, las madres y los padres empezaron a ver el estrés como una expresión significativa de necesidades y como un acto comunicativo. Además, ahora también les parecía más significativo intentar contenerse en los momentos de estrés. «Ahora consigo calmarme otra vez más fácilmente y pensar, racionalmente, que soy suficientemente buena y que hago lo que puedo por el bebé; estoy pendiente de ella». Estas experiencias repetidas de poder asumir un mayor control cuando permanecían atentas y contenían sus propios sentimientos de estrés condujeron a cambios graduales en su ejercicio de la parentalidad, que se volvió más activo y responsable.

Si de alguna manera está enfadada o estresada, pienso todo el rato: «vale, ahora por lo menos tengo que mantener la calma», para que note que estoy relajada y segura, y ahora ya veremos qué hacemos con esto.

Las personas participantes ganaron confianza, sobre todo en situaciones exigentes y tensas. Describieron cambios profundos en su manera de estar con sus bebés y de calmarles. También vivían el malestar de otro modo desde una perspectiva temporal: las cosas podían ser difíciles en el momento presente, pero pronto volverían a cambiar: «Intento simplemente tener paciencia y dejar que se exprese, e intentar entenderlo, porque todo va a ir bien […] se acabará». Además, se sentían más estimuladas a reflexionar sobre sus bebés y sobre las interacciones, porque ambas cosas les parecían más significativas. Describieron un círculo positivo que se reforzaba a sí mismo: más interés, más comprensión y una mayor vivencia de agencia.

…Con Marte Meo he entendido que tengo que intentar leer a mi bebé. ¿Qué es lo que está expresando? Y no importa si eso lleva un tiempo. Lo más importante es que intente entender… en vez de entrar en pánico: «ay, no, qué horror».

Muchas personas participantes describieron cómo se volvieron más capaces de ver la perspectiva del bebé y de comprender sus señales. Descubrieron que la criatura expresaba toda una gama de sentimientos y se comunicaba con ellas. También reconocían el contexto evolutivo de sus bebés: «Me resulta más fácil entender por qué el bebé hace las cosas que hace… en relación con su desarrollo. Así que ya no me estresa ni me irrita tanto en nuestro día a día». Cuando las madres y los padres tomaban conciencia de su bebé como una persona con sentido, también veían más patrones y más estructura en sus interacciones; el bebé se volvía más predecible. Varias personas contaron cómo estos cambios también les llevaron a verse como figuras parentales con capacidad de agencia, competentes y conectadas. Describieron cómo la orientación les dio más seguridad, lo que les hizo vivir sus vínculos con sus bebés como más fuertes, pero también más relajados y realistas.

Estoy muy apegada al bebé, pero de una manera de pensar más relajada y equilibrada, no sé… que varía de un día a otro, en realidad. Cuánto sientes que puedes con todo… porque uno puede tener días malos o buenos.

Muchas personas se encontraban más flexibles y tolerantes en las interacciones cotidianas con sus bebés. Se habían vuelto menos cohibidas en las interacciones y a menudo se movían de forma intuitiva en los intercambios: «Ahora soy diferente con ella […] tengo más confianza y más seguridad en lo que hago». Las madres y los padres podían darse más tiempo para averiguar lo que expresaba su criatura y se sentían con más fuerza para tomar decisiones que consideraban correctas, aunque esas decisiones pudieran aumentar el malestar de la criatura durante un rato, como acostar a un bebé demasiado cansado o prohibir una actividad no deseada. Eran capaces de centrarse con confianza en los recursos de que disponían, en lugar de poner el acento en lo que podía faltarles. Así, la vida con un bebé se volvía más compleja, más manejable y más placentera.

Siento más disfrute y noto ese disfrute, aunque las cosas a veces puedan ser duras. Así que, en cierto modo, me ha enseñado a valorar que tengo al bebé de todos modos y que puedo entenderla mejor. Que en realidad también hay un disfrute en eso… Así que ha habido un cambio en que siento mucho disfrute. La quiero muchísimo.

Muchas personas participantes describieron cómo habían desarrollado una fuerte conexión emocional y un sentido de responsabilidad hacia sus criaturas. También contaron cómo su relación con sus bebés se había vuelto más personal y cómo habían encontrado su propio papel individual como figuras parentales, lo que a su vez reforzaba sus vínculos y les proporcionaba seguridad. Una participante describió cómo poco a poco se atrevió a esperar un cambio y a confiar en su propia capacidad. Si al principio dependía de la confirmación externa, desarrolló una voz interior de apoyo que le permitía seguir conectada con su bebé allí donde antes se habría desconectado y habría recurrido a otras actividades para autorregularse.

[Eran] buenos, de alguna manera, esos momentos en que los pensamientos… podía sentarme en el sofá y hacerle mimos. Y jugar un poco, y luego preguntarme: «¿Será esto todo lo que hace falta?». La verdad es que fue una experiencia muy buena. Porque no había otros pensamientos. Me obligaba, en cierto modo, a centrarme solo en el bebé. «No pienses, no pienses en los platos. Ni en mirar el móvil ni cosas así». Mirarla a ella: «¿Qué es lo que quiere?».

Cuando las revisiones mostraban cómo cambiaban las interacciones, las madres y los padres podían creer en sus transformaciones. Una participante contó su sorpresa al ver con qué tranquilidad y calma manejaba ahora una situación de malestar, y cómo esto la convenció de que había integrado los descubrimientos de las sesiones de revisión anteriores. Muchas personas describieron cómo se habían vuelto más intuitivas en sus respuestas a sus criaturas.

En cierto modo, se volvió más fácil cuando vi cómo reaccionaba el bebé… poco a poco, de forma natural, la verdad. A lo mejor de vez en cuando pensaba que intentaría, no sé, decir lo que íbamos a hacer. Como «ahora vamos a cambiar el pañal». Pero sobre todo sentía que esto iba saliendo solo, poco a poco. Que cuando lloraba o algo, yo decía algo como: «ay, pobrecita, ¿te duele la tripita?». O, bueno. Antes no podía hacerlo, así que sentí que se fue desarrollando. Y ahora esto sale solo, automáticamente.

Estos cambios también afectaron a otros ámbitos de la vida cotidiana. Una participante contó cómo había pasado de ser en general pesimista y esperar lo peor a afrontar los retos con optimismo: «Como siento que tengo que ser así por ella, o que es lo mejor para las dos, automáticamente también soy así en otras situaciones del día a día». Otra pudo abrirse más con sus amistades y su familia sobre sus problemas de salud mental y sus preocupaciones como figura parental. También dejó de compararse con su pareja, lo que trajo una mejor complicidad en torno a las cuestiones de crianza y más apertura en la relación.

Seguir enfrentándose a los propios problemas de salud mental

La cuarta y última categoría describe las dificultades emocionales persistentes que muchas personas participantes vivían, a pesar de experimentar también cambios duraderos y a menudo profundos. Estas dificultades estaban relacionadas con los problemas psicológicos de las madres y los padres, que seguían influyendo en sus expectativas o en sus percepciones, en particular como figuras parentales. Los problemas psicológicos se vivían también como algo que tenía que ver con ellas mismas y no simplemente como trastornos externos: «He dicho que creo que esto nunca fue una depresión posparto. Es porque soy como soy».

Algunas personas seguían viviendo el vínculo con el bebé como débil o inestable. Una describió cómo oscilaba entre sentirse competente y optimista y sentirse ambivalente respecto a su criatura e insegura de sí como figura parental. Los sentimientos difíciles surgían sobre todo cuando las necesidades del bebé chocaban con sus propias necesidades o expectativas, y cuando no podía manejar el malestar. Entonces se hundía en sentimientos intensos de frustración, de no ser querida y de inutilidad. Sus sentimientos inestables le transmitían que le faltaba algo esencial para ejercer la parentalidad.

En realidad pasa a menudo por la noche que, mientras la acuesto, le pido perdón y le digo: «Perdona por ser la peor madre del mundo». Mientras ella simplemente [parece tranquila]. Sí, bueno… muchas veces con lágrimas en los ojos, la verdad. Eso de: «Pobrecita, tú no elegiste esto. Podrías haber tenido algo mucho mejor, pero así es como ha ido».

Otra participante seguía sintiéndose alejada tanto de sí como de su bebé. Aunque ahora reflexionaba más sobre su bebé y sobre sí y se relacionaba de otra manera con su criatura, no vivía más sentimientos ni una conexión personal.

Sí que veo que sonríe. Veo que tiene expectativas, veo que busca el contacto, veo que se pone contenta… lo veo todo. Lo que pasa es que… no me remueven nada por dentro. Es como ver a cualquier niño en la tele.

Se describía como dividida en una parte enferma y una parte racional, y temía haber utilizado la orientación sobre todo como una herramienta técnica para satisfacer las necesidades de su bebé y así sentirse menos desbordada por sus demandas. Esto aumentaba su autodesprecio y su desesperación.

Sin embargo, aunque la mayoría de las demás personas participantes veían sus tendencias persistentes a la inseguridad y a dudar de sí como parte de lo que eran como personas, ahora se sentían más seguras y competentes como figuras parentales, y decían que las experiencias de la orientación seguían presentes y alimentaban su autoestima. Su estado seguía variando según el día. Lo que había cambiado, en cambio, era su manera de comprender y manejar esas variaciones.

Me he vuelto más segura de mí misma y entiendo mejor al bebé… Antes, sobre todo me irritaba cuando lloraba mucho, y no lograba entender que esa es en realidad su manera de comunicarse… Pero hay que tener en cuenta cómo es cuando una está cansada o necesita atención… porque yo también tengo días en los que no estoy superestable. En los que yo también necesito ese algo extra. … Ayuda que también consiga verlo desde esta perspectiva.

Muchas personas contaron que ahora importaba menos si seguían teniendo problemas de salud mental problemáticos o sin resolver. Aunque las interacciones pudieran resultar difíciles a veces, ahora sentían en su mayoría que podían arreglárselas con sus bebés: «No estoy curada del todo, eso hay que decirlo. Pero… ahora he aprendido a aceptar el reconocimiento por el trabajo que hago como madre… aunque de vez en cuando me tire de los pelos de frustración». Una participante describió cómo seguía luchando y dudando de sí, pero ahora se sentía con capacidad de agencia:

Sé que mucha gente es mejor que yo en muchas cosas, así que tengo que ser lo bastante fuerte como para preguntar… «¿Me puedes enseñar eso?». Yo también quiero hacerlo bien… Soy muy abierta a las cosas nuevas. No todo tiene que ser un obstáculo. Puede ser un reto, y entonces acepto el reto. Y lo hago lo mejor que puedo, porque así lo he intentado. Si fracaso, pues fracasé, pero lo intenté. Hice algo al respecto. No me quedo con la sensación de «¿por qué no hice algo al respecto?». Que siempre lo intento lo mejor que puedo.

La mayoría de las madres y los padres ajustaron su mirada hacia perspectivas más realistas y esperanzadas sobre la parentalidad y sobre sus propias capacidades. Sus propias inseguridades ya no se vivían como un obstáculo para ejercer la parentalidad, sino más bien como parte de lo que eran en su vida cotidiana.

Discusión

En nuestro análisis de cómo describían su propia experiencia de cambio durante y después de la orientación con vídeo Marte Meo las madres y los padres con dificultades para mentalizar y mantenerse emocionalmente conectados con sus bebés, identificamos cuatro categorías principales. A continuación, discutimos los resultados a la luz de perspectivas consolidadas, con el objetivo de seguir desarrollando la comprensión conceptual existente de Marte Meo y de sus usos clínicos con estas personas.

La primera categoría, «Sentir insuficiencia o desconexión en el papel parental», muestra cómo el predominio de estados de preocupación y autocrítica pudo haber obstaculizado el desarrollo normal de los cuidados parentales a través de interacciones exitosas y repetidas con el bebé [30, 31]. La inhibición para tocar al bebé, manejarlo y vocalizar con él apunta a dificultades en la capacidad parental intuitiva [32, 33]. La tendencia de las madres y los padres a no considerar de forma coherente a sus bebés como seres relacionales e intencionales y a leer las señales del bebé como referencias negativas sobre sus propios cuidados, que representa un bajo grado de mentalización, pudo haber mantenido bucles de retroalimentación transaccional negativos [34]. Esto concuerda con los datos según los cuales las madres y los padres con problemas de salud mental experimentan más sentimientos tempranos de extrañamiento, ansiedad e ira hacia sus bebés [35, 36], lo que constituye un factor de riesgo para el desarrollo del bebé [37] y contribuye a alteraciones manifiestas de la relación [38]. Terapeutas que trabajan con madres y padres con inseguridad han descrito cómo desplazan la atención de estas personas desde sí mismas hacia sus bebés y hacia el presente, centrándose especialmente en los momentos de contacto [39]. El foco visual de la orientación en las interacciones minúsculas exitosas y en los momentos de contacto, para resaltar los recursos existentes tanto en las figuras parentales como en los bebés y apoyar la competencia intuitiva de cuidado [34], puede ser especialmente adecuado para este grupo.

La segunda categoría, «Descubrir al bebé como una persona que se relaciona y tiene intenciones», describe el proceso de cambio incipiente que desencadena la sorpresa de la figura parental al descubrir la capacidad relacional del bebé. Sin embargo, la lectura inicial de este descubrimiento seguía centrada en lo que esa capacidad relacional significaba en términos de su propia capacidad de ser queridas, de su adecuación y de su importancia. El estudio de Gill sobre un contexto especializado menciona una lectura similar, centrada en sí, de la mirada del bebé [10]. Se ha planteado la hipótesis de que la sorpresa, o el «shock», al ver vídeos de sus interacciones facilita el acceso al material inconsciente de las figuras parentales relativo a su propio apego y estimula una nueva organización y una nueva reflexión [4, 40]. Los hallazgos en nuestro grupo indican que esta sorpresa sacudió primero su preocupación por las emociones autoconscientes [41] y favoreció cambios hacia una mejor aceptación de las experiencias relacionales positivas dirigidas a ellas mismas. Este proceso pareció preceder y engendrar un mayor compromiso, alegría y vivencia de conexión mutua y de competencia, que a su vez constituyeron la base de su postura mentalizadora.

La tercera categoría, «Ganar capacidad de agencia y conexión», muestra la integración de nuevas experiencias relacionales en la vida cotidiana con el bebé. El aumento de la autorregulación y de la tolerancia ante el malestar del bebé, y la descripción de ese malestar como algo que ahora tiene una estructura temporal, sugieren un cambio en el plano representacional de las emociones negativas, que pasan a ser representaciones simbolizadas, de segundo grado [42]. El malestar del bebé se vivía ahora también como una señal comunicativa que suscitaba una respuesta de cuidado intuitiva [43], regulación afectiva y espejamiento marcado [44]. Estos círculos transaccionales de refuerzo positivo [34] reforzaron las representaciones que tenían de sí como cuidadoras competentes [31]. Las madres y los padres refirieron facetas clave de una mayor mentalización en sus interacciones con sus bebés, como su curiosidad sostenida por el bebé, su conciencia de que los estados mentales del bebé y los suyos propios están interconectados de manera compleja, su atención a regular los afectos del bebé, su consideración de las perspectivas del desarrollo en las interacciones [45] y sus descripciones de una mayor autorregulación y mentalización en ámbitos de funcionamiento distintos de los cuidados.

La última categoría, «Seguir enfrentándose a los propios problemas de salud mental», subraya cómo el cambio es a menudo un proceso continuo, inserto en la situación psicosocial de la figura parental. La mayoría integraron ideas más flexibles de sí como cuidadoras, con vivencias reforzadas de conexión y de confianza en sí, incluso en medio de las dificultades. Esto sugiere un desplazamiento fluido entre representaciones, entre pasado y presente, y entre el yo y el bebé [31]. Manejaban mejor los conflictos, lo que puede entenderse como resultado de una mayor seguridad relacional [46]. Su visión de la vida cotidiana con sus bebés era más relajada y equilibrada y, por tanto, más normalizada, ya que la ambivalencia y la inseguridad son estados pasajeros comunes en la parentalidad [31]. Su confianza se extendió no solo a otras situaciones y relaciones, sino también a la manera de manejar los problemas de salud mental persistentes, que la mayoría seguía viviendo con una frecuencia variable. Sin embargo, para algunas personas estos problemas seguían siendo muy pesados, lo que indica dificultades de salud mental más arraigadas que pueden requerir una mejor coordinación entre la orientación de la interacción y el proceso terapéutico principal de la figura parental.

En conjunto, estos hallazgos indican que la orientación Marte Meo favoreció cambios decisivos en esta muestra estratégica de madres y padres. El proceso de cambio pareció desencadenarse cuando las figuras parentales se sentían lo bastante alentadas como para conectar emocionalmente con las interacciones reales, tal como se presentaban en los fragmentos de vídeo. Sentirse queridas y validadas por la conducta de búsqueda de contacto de sus bebés pareció aportar ese aliento, sobre todo cuando esa conducta llegaba por sorpresa, con capacidad para sacudir ideas o esquemas preexistentes. Los encuentros visuales con la naturaleza benigna de sus bebés pudieron ayudarles a distinguir entre su bebé real y sus representaciones internas de experiencias relacionales anteriores menos benignas [46, 47], facilitando así aperturas relacionales hacia sus criaturas. Este «descubrimiento» de sus bebés reales dio lugar a emociones más positivas, a vivencias de conexión recíproca y a un mayor interés por sus hijas e hijos, lo que favoreció nuevos avances en dos ámbitos: la mentalización y la vivencia de sí como agentes capaces de influir. En relación con la VIG, un método de orientación con vídeo con similitudes con Marte Meo [48], varios artículos conceptuales han discutido las discrepancias entre las viejas creencias negativas de las madres y los padres sobre sí y las pruebas de interacciones positivas presentadas en el videofeedback, que, según se ha planteado, crearían una disonancia cognitiva que promueve la capacidad metacognitiva, o mentalización, así como una mayor autoeficacia y empoderamiento [49, 50]. En un análisis de los elementos del método Marte Meo, la combinación de irrealidad o distancia creada por el vídeo y de la vivencia de la grabación como prueba concreta se ha identificado como un factor facilitador relevante (Simhan I, Vik K, Veseth M, Hjeltnes A: Like taking a magnifying glass into everyday life: vulnerable parents’ experiences with video guidance in an infant mental health clinic, enviado para su publicación). Las experiencias de sorpresa presentadas en este artículo parecieron captar aspectos del proceso de cambio que tienen más que ver con superar la evitación, o el miedo, a conectar relacionalmente, como primer paso hacia una mayor capacidad de mentalización. Esta apertura hacia experiencias relacionales más positivas y la mayor conexión con la interacción presentada visualmente fueron elementos centrales que sostuvieron el aumento de la función reflexiva y de la sensibilidad. Tras la orientación, la mayoría de las madres y los padres eran capaces de desplazarse con más flexibilidad entre estados positivos y negativos y de representar sus emociones negativas y su malestar en un plano simbólico. Nuestros hallazgos implican que la orientación estimuló el cambio, tanto en el plano interaccional como en el representacional, y en la función reflexiva de las figuras parentales. Se supone que la presencia de terapeutas en sintonía, que regulaban a las madres y los padres y les invitaban a la reflexión, fue un factor importante que facilitó estos cambios relacionales y el aumento de la capacidad de mentalización [9, 49]. Las personas participantes describieron también cómo la presencia de las y los terapeutas seguía acompañándolas incluso después de las sesiones de orientación y favorecía la integración de sus nuevas experiencias (Simhan I, Vik K, Veseth M, Hjeltnes A: Like taking a magnifying glass into everyday life: vulnerable parents’ experiences with video guidance in an infant mental health clinic, enviado para su publicación).

La mayoría de las madres y los padres vivieron una mayor capacidad de agencia, flexibilidad y confianza como figuras parentales y en otros ámbitos de su vida, incluidos sus propios problemas de salud mental. Esto parece reflejar un aumento fundamental de la vivencia de autoeficacia de la figura parental [51], no solo en el ámbito de la parentalidad sino también en un plano general. La autoeficacia parental se define como la «confianza en la propia capacidad para criar con éxito a los hijos» y está vinculada a varias funciones parentales positivas. La autoeficacia general implica, en un sentido más amplio, percepciones positivas de la propia capacidad de agencia, de la propia competencia y de la propia influencia sobre los acontecimientos [52, 53]. En esta muestra, el aumento de la autoeficacia favoreció que la capacidad de relación, la regulación afectiva, la mentalización y la competencia parental intuitiva se extendieran de forma más general al afrontamiento de los problemas de salud mental. Estos hallazgos encajan bien con los conocimientos del movimiento de la recuperación en salud mental, que ha demostrado reiteradamente cómo las personas son capaces de encontrar maneras de llevar una vida con sentido ante una amplia gama de enfermedades mentales diferentes [54]. Davidson et al. han definido la recuperación como «un proceso de restablecimiento de un sentido significativo de pertenencia a la propia comunidad y de un sentido positivo de identidad al margen de la propia condición, mientras se reconstruye una vida a pesar de las limitaciones impuestas por esa condición o dentro de ellas» [55]. Esto refuerza la propuesta de conceptualizaciones anteriores que han situado Marte Meo entre los métodos orientados a los recursos [8] y concuerda con investigaciones que han demostrado una reducción de los síntomas en madres y padres con depresión de una muestra comunitaria [7].

Reflexividad y consideraciones metodológicas

La reflexividad implica esfuerzos sistemáticos por explicitar cómo las propias preconcepciones y la subjetividad del equipo investigador pueden orientar e influir en la manera en que se obtienen, analizan, organizan e interpretan los datos [19, 20, 56]. Aspirar a un análisis cercano a la experiencia de las madres y los padres exigía reflexividad por parte del equipo de investigación. La primera autora, psiquiatra de la primera infancia con formación en orientación de la interacción con vídeo, debía su interés por el mundo vivido de estas personas a su trabajo clínico. Esto podía llevar a imponer preconcepciones derivadas de su propia experiencia con díadas progenitor-bebé. Por ello, la conceptualización, incluido el lenguaje conceptual, se dejó de lado deliberadamente durante el análisis de los datos. Además, el proceso de análisis fue moderado críticamente por el cuarto autor y auditado por el tercero. Ambos tenían experiencia con procesos terapéuticos, pero no con la salud mental de la primera infancia ni con la orientación con vídeo. La segunda autora era una de las cuatro terapeutas Marte Meo que aplicaron las intervenciones. Participó en la elaboración del diseño del estudio, en la discusión de los resultados y en la conceptualización, pero no en el análisis de los datos.

Limitaciones

El presente estudio tiene varias limitaciones metodológicas. Aunque todas las personas participantes fueron reclutadas en una clínica especializada y se esforzaban por mentalizar a sus bebés y conectar emocionalmente con ellos, eran heterogéneas en cuanto a los problemas de salud mental que referían. Nuestros hallazgos no permiten distinguir entre diferentes trastornos mentales. Además, la transferencia de nuestros resultados a otras poblaciones de madres y padres o de pacientes debe hacerse con prudencia. Podría argumentarse que la entrevista narrativa que empleamos en el proceso de muestreo aborda sobre todo la mentalización en el habla y descuida sus manifestaciones corporales [57]. Nuestro enfoque cualitativo investigó las experiencias subjetivas de las madres y los padres con la orientación con vídeo Marte Meo. No puede determinar relaciones causales entre los fenómenos descritos. Las entrevistas variaron en duración, lo que puede haber hecho que las voces de las personas con un estilo más evitativo tengan menos peso en los datos. Entre nuestras personas participantes, las mujeres estaban sobrerrepresentadas, con el riesgo de una descripción sesgada de las experiencias de parentalidad.

Implicaciones para la investigación y la práctica clínica

Los hallazgos de este estudio tienen varias implicaciones importantes para la investigación y la práctica clínica. Puesto que sugieren que la orientación con vídeo según el método Marte Meo puede estimular un cambio profundo en díadas derivadas a tratamiento especializado, la investigación debería estudiar la aplicación del método a problemas de salud mental parental definidos, como los trastornos de la personalidad, la depresión recurrente, el consumo problemático de sustancias o los trastornos postraumáticos. Estos estudios deberían incluir los cambios en la capacidad de mentalización y en la autoeficacia. Un tema interesante sería la combinación de la orientación parental con vídeo y el tratamiento terapéutico principal de la madre o el padre. Además, sería útil investigar más sobre los padres como grupo. Por otra parte, la investigación futura debería abarcar a madres y padres de criaturas mayores, con patrones de interacción más arraigados y una capacidad de comunicación verbal más desarrollada, para determinar si sus procesos de cambio difieren de los de las madres y los padres de bebés.

Para el trabajo clínico, nuestros hallazgos sugieren que Marte Meo puede ser útil en el tratamiento especializado de díadas en las que las figuras parentales presentan problemas psicosociales o de salud mental complejos y dificultades para mentalizar a sus bebés. Las experiencias de las madres y los padres de este estudio indican que la orientación con vídeo tiene requisitos concretos. Las y los terapeutas deben ser conscientes de que, al principio, las figuras parentales pueden estar muy absorbidas por emociones autoconscientes. Para iniciar el cambio, las sesiones de revisión deberían centrarse en mostrar la mirada y las iniciativas de contacto del bebé. Sobre todo con las figuras parentales más inseguras, estos momentos deberían mostrarse repetidamente. Una vez que se implican, los fragmentos que muestran la reciprocidad y la interconexión en las interacciones con el bebé pueden estimular una mayor conciencia y reflexión. Como las dificultades propias de la figura parental y su ejercicio de la parentalidad parecen estrechamente interconectados, y como la vivencia de agencia y la confianza parecen ser puntos focales centrales, podría considerarse combinar la orientación con el tratamiento principal de la madre o el padre. Nuestros hallazgos implican que estos procesos de cambio suponen cambios tanto en el plano de la interacción como en el de la representación. La orientación puede reforzar la conexión, la mentalización y la autorregulación de las madres y los padres vulnerables, así como su autoeficacia, tanto en su papel parental como en otros ámbitos de la vida.

Conclusión

La exploración de las experiencias de cambio de madres y padres vulnerables durante la orientación con vídeo Marte Meo puso de manifiesto varios aspectos del proceso terapéutico. Al principio, muchas de estas personas se sentían desconectadas, no podían poner en juego sus capacidades parentales intuitivas e interpretaban las señales de sus bebés como una retroalimentación negativa. El proceso de cambio se desencadenó cuando descubrieron el interés relacional de sus bebés, que en un primer momento confirmó y reforzó sobre todo su valía personal y su capacidad de relacionarse. Esto dio lugar a una cascada de mayor implicación y alegría y a una vivencia de conexión mutua y de competencia, que a su vez constituyeron la base de una postura mentalizadora y de la función reflexiva. Los cambios se produjeron en los planos interaccional y representacional, así como mediante un aumento de la autoeficacia, la flexibilidad y la confianza de las figuras parentales, no solo como cuidadoras sino también en otras relaciones y frente a sus problemas de salud mental persistentes. Los hallazgos sugieren que la orientación con vídeo puede ser una intervención decisiva para madres y padres a quienes les cuesta mentalizar y mantener una conexión emocional con sus bebés, pero que debería coordinarse con el tratamiento principal cuando existen problemas complejos de salud mental parental.

Abreviaturas

  • PDI: Parent Development Interview (entrevista sobre el desarrollo parental)
  • IMHT: Infant Mental Health Team (equipo de salud mental de la primera infancia)
  • RF: función reflexiva
  • TA: análisis temático
  • VIG: Video Interaction Guidance (orientación de la interacción con vídeo)
  • VIPI: orientación con vídeo de la interacción entre progenitores y bebé

Complexe Systémique: puntos clave

Lo que llama la atención en estos doce relatos es que el cambio no empieza con un consejo, sino con una sorpresa: en la pantalla, la madre o el padre descubre que el bebé le busca con la mirada. El vídeo funciona como un observatorio de segundo orden, que muestra a las figuras parentales el bucle del que forman parte: su estrés pone al bebé inquieto, su calma lo tranquiliza. Marte Meo selecciona deliberadamente las secuencias logradas, una elección cercana al espíritu centrado en soluciones, y esta selección parece reparar primero la imagen que la figura parental tiene de sí antes de sostener la curiosidad por la mente del bebé. Para la clínica, dos lecciones: mostrar, y volver a mostrar, los momentos de contacto a las figuras parentales más inseguras, y coordinar la orientación con la atención a la salud mental propia de la madre o el padre, porque hay sufrimientos que no ceden solo con la interacción. Los límites son claros: once madres y un padre, entrevistas realizadas por la clínica-investigadora que firma como primera autora, y ninguna observación de la propia interacción. Para leer junto con el artículo sobre lo que la observación del lactante aporta a la terapia familiar y el alegato en favor de grabar en vídeo la propia práctica.

Notas del original

Nota de la editorial Springer Nature se mantiene neutral con respecto a las reivindicaciones jurisdiccionales en los mapas publicados y las afiliaciones institucionales.

Agradecimientos. La autoría agradece a las personas participantes su contribución al estudio, y a Tina Bendixen y Henning Mohaupt su ayuda con la puntuación de la PDI.

Contribuciones de la autoría. IS, KV y AH contribuyeron al diseño del estudio. IS llevó a cabo la recogida de datos. IS, MV y AH realizaron el análisis colaborativo de los datos; IS llevó a cabo la codificación inicial y redactó el primer borrador. KV contribuyó a la discusión. Toda la autoría contribuyó a la revisión del manuscrito y leyó y aprobó la versión enviada.

Financiación. El estudio recibió financiación de puesta en marcha del Fondo Regional Noruego de Investigación de Agder (proyecto n.º 222931). La financiación cubrió el diseño del estudio y la certificación de la primera autora en la puntuación de la PDI. La recogida, el análisis y la interpretación de los datos y la redacción no contaron con financiación externa.

Aprobación ética y consentimiento para participar. El estudio fue aprobado por el Comité Regional Noruego de Ética de la Investigación (n.º 2014/474). Las personas participantes recibieron información oral y escrita sobre el estudio y dieron su consentimiento informado por escrito.

Consentimiento para la publicación. No procede.

Conflicto de intereses. La autoría declara no tener ningún conflicto de intereses.

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Traducción no oficial de Learning to mentalize: Exploring vulnerable parents’ experiences of change during video guidance in an infant mental health clinic, de Indra Simhan, Kari Vik, Marius Veseth y Aslak Hjeltnes, BMC Psychiatry, vol. 21, artículo 400 (2021), doi: 10.1186/s12888-021-03398-6, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Esta es una traducción del artículo original «Learning to mentalize: Exploring vulnerable parents’ experiences of change during video guidance in an infant mental health clinic», publicado en BMC Psychiatry (2021) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto de la autoría se ha traducido al español y la presentación se ha adaptado para la lectura en línea, como se indica al principio de esta página.

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Cómo citar este artículo

Simhan, I., Vik, K., Veseth, M., et Hjeltnes, A. (2021). Learning to mentalize: Exploring vulnerable parents’ experiences of change during video guidance in an infant mental health clinic. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/learning-to-mentalize-exploring-vulnerable-parents-experiences-of-change (Obra original publicada en 2021 en BMC Psychiatry, 21, 400 (2021); republicada en 2021 por BMC Psychiatry, https://bmcpsychiatry.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12888-021-03398-6)

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