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European Eating Disorders Review · Terapia familiar

¿Cuándo es el momento adecuado para terminar la terapia familiar para la anorexia nerviosa (FT‐AN)?: un estudio cualitativo de las experiencias de jóvenes

Los ensayos fijan un número de sesiones, los equipos clínicos dudan: ¿cuándo debe terminar la terapia familiar para la anorexia? El equipo del centro Maudsley de Londres planteó la pregunta a 23 jóvenes que habían completado el tratamiento. Su respuesta es llamativa: el alta no espera a la recuperación, contribuye a ella, siempre que se decida en común, se anuncie pronto y se prepare con la red de apoyo.

Autoría Kate de la Poer Beresford, Alys Cawson, Julian Baudinet, Ivan Eisler, Anna Konstantellou y Mima Simic (Maudsley Centre for Child and Adolescent Eating Disorders, South London and Maudsley NHS Foundation Trust, Londres); Julian Baudinet, Ivan Eisler, Mima Simic y Ulrike Schmidt (Centre for Research in Eating and Weight Disorders, Institute of Psychiatry, Psychology and Neuroscience, King’s College London); Ulrike Schmidt (Adult Eating Disorders Service, South London and Maudsley NHS Foundation Trust)Primera publicación European Eating Disorders Review, 3 de septiembre de 2025Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de When Is the Right Time to End Family Therapy for Anorexia Nervosa (FT‐AN)?: A Qualitative Study of Young People's Experiences, de Kate de la Poer Beresford, Alys Cawson, Julian Baudinet, Ivan Eisler, Anna Konstantellou, Mima Simic y Ulrike Schmidt, publicado en European Eating Disorders Review (Wiley) (2026), doi: 10.1002/erv.70025, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. La tabla se presenta en forma de lista. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Mantener a jóvenes en tratamiento más tiempo del necesario puede transmitir sin querer que el cambio es demasiado arriesgado y que el equipo multidisciplinar no les cree capaces de arreglárselas sin un apoyo continuado.

Kate de la Poer Beresford, Alys Cawson, Julian Baudinet, Ivan Eisler, Anna Konstantellou, Mima Simic y Ulrike Schmidt

Resumen

Objetivo. La terapia familiar para la anorexia nerviosa (FT‐AN) es el tratamiento recomendado de primera línea para jóvenes con anorexia nerviosa. La duración del tratamiento varía de un estudio a otro, y los datos indican que la duración y el resultado no guardan necesariamente una relación lineal. Esto dificulta determinar la duración óptima del tratamiento en la práctica clínica. Este estudio se propuso explorar la perspectiva de las personas jóvenes sobre el momento del alta y su relación con la recuperación.

Método. Participaron veintitrés jóvenes (de 12 a 18 años) con diagnóstico de anorexia nerviosa (o anorexia nerviosa atípica). Todas las personas participantes habían completado la FT‐AN, con o sin terapia multifamiliar complementaria. Se realizaron entrevistas cualitativas individuales semiestructuradas. Las grabaciones se transcribieron literalmente y se analizaron mediante análisis temático reflexivo.

Resultados. Se generaron cuatro temas interconectados: (1) ¿quién decide?, (2) saber lo que viene, (3) lo que tiene que estar en su sitio, (4) el alta es un paso necesario hacia la recuperación.

Discusión. Las personas jóvenes señalaron que permanecer en tratamiento más tiempo del necesario puede obstaculizar la recuperación. Establecer expectativas claras sobre el alta y la recuperación, ayudarles a comprometerse con un cambio de conducta sostenido y construir su red de apoyo fueron descritos como componentes importantes para que se sintieran seguras de cara al alta y se apropiaran de la continuación del camino de recuperación después del alta.

1 Introducción

La terapia familiar para la anorexia nerviosa es el tratamiento recomendado de primera línea para los trastornos alimentarios en la infancia y la adolescencia en la mayoría de las guías internacionales (Hilbert et al. 2017). Existen varias versiones, entre ellas la terapia familiar Maudsley para la anorexia nerviosa (FT‐AN; Eisler, Simic, Blessitt, et al. 2016), el tratamiento basado en la familia (FBT; Lock and Le Grange 2012), la terapia centrada en los progenitores (PFT; Le Grange et al. 2016) y la terapia multifamiliar (MFT; Simic et al. 2021). Lo que une estas intervenciones es el énfasis en la familia como recurso en el tratamiento y la recuperación, la estructura por fases del tratamiento, la prioridad dada a la recuperación de la salud física en las primeras fases y el paso a un enfoque más amplio, centrado en el desarrollo individual y en las cuestiones del ciclo vital familiar, en las etapas posteriores del tratamiento (Gorrell et al. 2023).

Pese a estas similitudes, la literatura describe diferencias bastante grandes en cuanto al número de sesiones y la duración del tratamiento. En los ensayos controlados aleatorizados (ECA) publicados, el número de sesiones ha oscilado entre 10 (Lock et al. 2005; Russell et al. 1987) y 24 (Lock et al. 2010) a lo largo de seis (Le Grange et al. 2016; Lock et al. 2005, 2015; Russell et al. 1987), nueve (Agras et al. 2014), 12 (Eisler, Simic, Hodsoll, et al. 2016; Lock et al. 2005, 2010; Madden et al. 2015) y 18 meses (Godart et al. 2012; Robin et al. 1999). El manual de FBT indica que el tratamiento puede limitarse a 10 sesiones en 6 meses, y que está indicado un tratamiento más largo para quienes presentan más rasgos obsesivo‐compulsivos (Lock and Le Grange 2012, 22). Sin embargo, el mismo manual señala también que la fase 1, centrada en la recuperación del peso, puede ir de tan solo dos o tres sesiones a 10 o más (Lock and Le Grange 2012, 32). El manual de FT‐AN indica que el tratamiento dura habitualmente de seis a nueve meses, sin prescribir un número de sesiones (Eisler, Simic, Blessitt, et al. 2016, 41).

Dada la variabilidad de la duración del tratamiento tanto en los ensayos publicados como en los manuales, cabe preguntarse cuál es la duración óptima del tratamiento y cómo tomar decisiones sobre el alta de forma informada por la evidencia. Decidir cuándo terminar el tratamiento puede resultar difícil, dada la falta de consenso en el campo sobre la definición de la recuperación (Bardone‐Cone et al. 2018). Existe un consenso general en que la recuperación incluye elementos físicos, psicológicos y conductuales; sin embargo, sus parámetros exactos siguen debatiéndose. Esto plantea dificultades en la práctica clínica, en la que muchos equipos clínicos y muchas familias se enfrentan a la pregunta: ¿cuándo es suficiente?

En muchas intervenciones médicas puede esperarse que el tratamiento termine cuando hay una remisión completa de los síntomas. Sin embargo, esto no se traslada del todo a las intervenciones en salud mental, por dos razones. En primer lugar, hay datos, tanto del campo de la psicoterapia en general (Robinson et al. 2020) como, más específicamente, del de los trastornos alimentarios (p. ej., Bell et al. 2017), de que no existe una relación lineal entre la duración del tratamiento y el resultado. La mayoría de los cambios en las terapias psicológicas se producen al principio del tratamiento, y solo se observan beneficios adicionales limitados a partir de cierto número de sesiones, aunque esto varía según el tipo de tratamiento y el trastorno tratado. En relación con ello, se ha constatado que, para la mayoría de las personas, los tratamientos breves son tan eficaces como el mismo tratamiento aplicado durante un periodo más largo (Allen et al. 2025; Hansen et al. 2002; Keegan et al. 2022; Lock et al. 2005). En segundo lugar, la manera en que se pone fin a la terapia es en sí misma una parte importante del tratamiento y probablemente tenga un efecto duradero en el proceso de recuperación que continúa tras el tratamiento. Por ello, en la práctica clínica la duración del tratamiento suele ser más variable, y no es raro terminarlo cuando hay una mejoría significativa y se reconoce que quizá aún hagan falta algunos progresos después del alta (Bear et al. 2022). Si bien terminar el tratamiento demasiado pronto, antes de haber logrado avances suficientes, puede sin duda aumentar a veces el riesgo de recaída, también hay datos de que un tratamiento prolongado a menudo no aporta beneficios adicionales y, en algunos casos, incluso reduce las probabilidades de recuperación (Saxon et al. 2017).

Esto es importante, ya que las tasas de recaída en los trastornos alimentarios descritas son relativamente altas. En una revisión sistemática reciente sobre lo que ocurre tras el alta de un tratamiento por trastorno alimentario, las tasas de recaída oscilaban entre el 9% y el 52%, y aumentaban con la duración del seguimiento (Khalsa et al. 2017). La autoría de esa revisión señaló también que el primer año después del alta era un periodo de mayor riesgo de recaída, lo que podría indicar que terminar el tratamiento demasiado pronto puede tener efectos perjudiciales. No obstante, en un estudio naturalístico reciente de seguimiento de un servicio especializado en trastornos alimentarios de la infancia y la adolescencia del Reino Unido (véase Simic et al. 2022 para los resultados al final del tratamiento), las tasas de diagnóstico autoinformado de trastorno alimentario eran relativamente bajas (6,7 %) tras un periodo medio de seguimiento de 7 años (Stewart et al. 2022), y en conjunto solo el 10% indicaba que las dificultades alimentarias en general seguían teniendo un impacto significativo en su vida.

Para comprender mejor el proceso de finalización de la terapia, el presente estudio se propuso evaluar cualitativamente la perspectiva de las personas jóvenes sobre el momento del alta de la FT‐AN y su relación con la recuperación autoinformada.

2 Método

El Stanmore Research Ethics Committee London (IRAS: 234354; REC: 20/LO/0839) otorgó la aprobación ética de este estudio. Todas las personas participantes dieron su consentimiento informado por escrito o su asentimiento.

2.1 Muestra

Este estudio utilizó una muestra combinada procedente de dos estudios cualitativos anteriores (Baudinet, Eisler, et al. 2023; Baudinet et al. 2024). Esos estudios examinaban cómo percibían las personas jóvenes que se producía el cambio en la FT‐AN, con o sin la adición de la terapia multifamiliar para la anorexia nerviosa (MFT‐AN; Simic et al. 2021), en el marco de su tratamiento ambulatorio en el Maudsley Centre for Child and Adolescent Eating Disorders (MCCAED). Además de su comprensión de los procesos de cambio durante el tratamiento (objeto de las publicaciones anteriores), durante las entrevistas se preguntó también a todas las personas participantes por su experiencia de la finalización del tratamiento, por su visión de la recuperación y por lo que esta significa para ellas.

Podían participar en este estudio jóvenes (de 12 a 18 años) que (a) tuvieran un diagnóstico de anorexia nerviosa o de anorexia nerviosa atípica, (b) hubieran recibido FT‐AN, con o sin MFT‐AN, en el marco de su tratamiento ambulatorio, y (c) hubieran terminado el tratamiento en los últimos 2 años. El MCCAED es un servicio especializado en trastornos alimentarios de la infancia y la adolescencia situado en Londres (Reino Unido), que atiende el sureste de Londres, con una población de aproximadamente 2 millones de personas.

Las personas participantes fueron identificadas por el equipo clínico. Tras la propuesta de su profesional de referencia, si la persona joven estaba interesada, el grupo de investigación recibía su consentimiento para contactarla. Se hicieron hasta tres intentos de contacto por persona.

2.2 Reclutamiento

Se propuso participar a todas las personas jóvenes que habían completado la FT‐AN, con o sin MFT‐AN, en el MCCAED, independientemente del resultado, la duración o la implicación en el tratamiento. El primer estudio reclutó participantes entre junio y diciembre de 2021 (Baudinet, Eisler, et al. 2023); el segundo, entre julio de 2022 y febrero de 2023 (Baudinet et al. 2024).

2.3 Recogida de datos

Se realizaron entrevistas cualitativas individuales con todas las personas participantes que dieron su consentimiento (≥ 16 años) o su asentimiento (< 16 años). Todas las entrevistas se realizaron por videollamada, a cargo de J.B. (hombre, psicólogo clínico, DClinPsych y PhD), AK (mujer, psicóloga asistente, PhD) u otras dos personas con puesto de psicología asistente del MCCAED. Cada entrevista duró aproximadamente 60 min, con la sola presencia de la persona entrevistadora y la persona participante. Las entrevistas se grabaron y luego se transcribieron literalmente. Todas siguieron la misma guía temática, y se realizaron entrevistas piloto para garantizar la homogeneidad entre las personas entrevistadoras. Las transcripciones no se devolvieron a las personas participantes para su revisión.

En los casos en que J.B. había participado en el tratamiento, las entrevistas las realizaron otros miembros del equipo de investigación. Para limitar posibles sesgos, todas las transcripciones se anonimizaron durante la transcripción, que realizó un servicio externo. Las transcripciones anonimizadas se utilizaron después para el análisis.

2.4 Evaluación diagnóstica y cribado

Antes de su evaluación inicial en el centro, todas las personas participantes completaron la Development and Well‐being Assessment (DAWBA) (Goodman et al. 2000). La DAWBA es una herramienta diagnóstica estructurada que genera criterios del DSM‐5 (American Psychiatric Association 2013) y de la CIE‐10 (World Health Organization 2004) para personas de hasta 17 años inclusive. La evaluación clínica en el MCCAED confirmó los diagnósticos de trastorno alimentario.

2.5 Descripción del tratamiento

Las personas participantes recibieron FT‐AN ambulatoria manualizada (Eisler, Simic, Blessitt, et al. 2016), con o sin MFT‐AN (Simic et al. 2021), como parte de la atención habitual prestada en el centro ambulatorio del NHS. La FT‐AN consta de cuatro fases de tratamiento: implicación inicial (fase 1), manejo de los síntomas (fase 2), atención a las necesidades más amplias de la adolescencia y a los cambios del ciclo vital (fase 3) y finalización de la terapia centrada en la prevención de recaídas (fase 4). El tratamiento comienza con sesiones semanales y pasa a encuentros menos frecuentes a medida que se avanza. Las primeras fases dan prioridad a apoyar a las familias en el manejo de los síntomas del trastorno alimentario, a facilitar la recuperación del peso (si es necesario) y a desarrollar habilidades de tolerancia al malestar. Las fases posteriores se adaptan a las necesidades específicas de cada familia y pueden abordar cuestiones como la alimentación autónoma, la escuela y las relaciones con iguales, y el manejo de la incertidumbre. La frecuencia y el número de sesiones de FT‐AN se ajustan en función de las necesidades clínicas de la familia. La MFT‐AN se basa en el mismo marco teórico que la FT‐AN, pero amplía el modelo ofreciendo un formato grupal intensivo como complemento de la FT‐AN (véanse las revisiones de Baudinet, Eisler, et al. 2021; Baudinet and Eisler 2024b; Zinser et al. 2022). La MFT‐AN aumenta el apoyo a toda la familia y reduce el aislamiento percibido (Dawson et al. 2018), una experiencia frecuente en las personas con anorexia nerviosa y sus familiares. Quienes participaron en la MFT‐AN siguieron recibiendo sesiones de FT‐AN en paralelo.

2.6 Plan de análisis y declaración de reflexividad

Los datos generados fueron analizados por K.B. (MPsych (Clin), mujer australiana blanca) y A.C. (MD, mujer británica blanca), bajo la supervisión de J.B., mediante análisis temático reflexivo (Braun and Clarke 2020). El análisis se llevó a cabo dentro de un marco realista crítico, que reconoce que las experiencias y los significados son subjetivos y están moldeados por contextos socioculturales. K.B. contaba con varios años de experiencia clínica en la aplicación de la FT‐AN y la MFT‐AN en el Reino Unido y Australia. A.C. tenía varios años de experiencia en servicios de psiquiatría de la infancia y la adolescencia y aplicaba la FT‐AN desde hacía 2 años. En la supervisión de los datos, J.B. aportó un amplio conocimiento de la FT‐AN y de la MFT‐AN, con muchos años de experiencia clínica, de investigación y de docencia sobre estos modelos.

El análisis siguió el marco de seis fases del análisis temático de Braun and Clarke (2006). Este proceso incluyó la familiarización con los datos, la redacción de memos, la codificación independiente y la identificación de temas preliminares por parte de cada persona encargada del análisis. Mediante discusiones iterativas en dos reuniones de una hora, los temas se depuraron hasta alcanzar un consenso final. Los temas y códigos iniciales coincidían en buena medida, y el consenso sobre los temas finales se alcanzó mediante la discusión entre A.C. y K.B., con la supervisión de J.B.

Se adoptó un enfoque deductivo flexible (Fletcher 2017), apoyado en teorías sistémicas consolidadas y en la literatura pertinente sobre la FT‐AN. El análisis no se basó en el concepto de saturación de datos, reconociendo la naturaleza intrínsecamente subjetiva de la generación de temas (Braun and Clarke 2021). No se utilizó ningún software para el análisis.

3 Resultados

De las 70 familias elegibles identificadas durante los periodos de reclutamiento, el equipo clínico consideró inapropiado contactar con tres debido a un malestar o a riesgos persistentes. Se intentó el contacto con las 67 restantes. Nueve de ellas no pudieron ser localizadas tras un máximo de tres intentos por parte de un miembro del personal clínico. De las 58 restantes, 17/58 (29,3 %) rechazaron activamente participar, 18/58 (31,0 %) lo rechazaron de forma pasiva (dieron un consentimiento inicial o pidieron más información, pero después no fue posible localizarlas o no estuvieron disponibles para la entrevista) y 23/58 (39,7 %) dieron su consentimiento y completaron una entrevista. Los motivos de no participación fueron no tener tiempo, no tener interés en el estudio o no querer hablar de su recorrido terapéutico ni volver sobre él.

Véase la tabla 1 para los datos demográficos y de tratamiento de la muestra incluida. Todas las personas participantes (23/23, 100%) vivían en el domicilio familiar en el momento del estudio. Diecisiete (73,9 %) vivían con sus dos progenitores y seis (26,1 %) tenían progenitores separados. Ninguna declaró vivir con una discapacidad.

Tabla 1 — Características demográficas y de tratamiento.

  • Edad, media (DE, rango). Evaluación: 14.81 (1.37, 12 – 18); entrevista: 16.26 (1.49, 13 – 19). Datos faltantes (n = 0).
  • %mBMI, media (DE, rango). Evaluación: 85.45 (8.66, 70.00 – 105.39); alta: 94.77 (7.08, 81.00 – 109.41). Datos faltantes (n = 0).
  • Características del tratamiento, media (DE, rango). Meses: 8.87 (4.87, 3 – 22); sesiones de FT‐AN: 17.70 (9.19, 5 – 41); días de MFTa: 5.50 (1.31, 4 – 8). Datos faltantes (n = 0).
  • Género, N (%). Femenino: 21 (91.3); masculino: 1 (4.3); género fluido: 1 (4.3). Datos faltantes (n = 0).
  • Origen étnico, N (%). Blanco británico: 17 (73.9); blanco de otro origen: 2 (8.7); negro británico: 1 (4.3); hispano: 1 (4.3); mixto: 1 (4.3); prefiere no decirlo: 1 (4.34). Datos faltantes (n = 0).
  • Diagnóstico de trastorno alimentario según el DSM‐V, N (%). AN‐R: 15 (65.2); AN‐BP: 1 (4.3); A‐AN: 7 (30.4). Datos faltantes (n = 0).
  • Diagnóstico de comorbilidad según el DSM‐5b, N (%). Trastorno depresivo mayor: 7 (30.44); trastorno de ansiedad (fobia específica, ansiedad social, ansiedad generalizada): 11 (47.83); autismo: 1 (4.35); trastorno oposicionista: 3 (13.04); datos faltantes: 5 (21.74); al menos 1 trastorno del eje 1: 13 (56.52).
  • Hospitalización, N (%). Sí: 0 (0.00); no: 23 (100.00).

aDatos presentados para las ocho personas jóvenes que recibieron MFT‐AN. bDiagnóstico estimado con la Development and Wellbeing Assessment (DAWBA) (Goodman et al. 2000). Abreviaturas: %mBMI, porcentaje del índice de masa corporal mediano; A‐AN, otro trastorno alimentario o de la ingestión de alimentos especificado (anorexia nerviosa atípica); AN‐BP, anorexia nerviosa (subtipo con atracones/purgas); AN‐R, anorexia nerviosa (subtipo restrictivo); DSM‐5, Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (quinta ed.).

3.1 Resultados cualitativos

Se generaron cuatro temas y ocho subtemas, que se entienden como interconectados (véase la figura 1). Los datos están intrínsecamente influidos por quienes realizaron el análisis y por sus propias experiencias y sesgos.

Modelo propuesto de temas interconectados.
FIGURA 1. Modelo propuesto de temas interconectados.

3.2 Tema 1: ¿Quién decide?

Las personas participantes hablaron de la importancia de una toma de decisiones colaborativa en el proceso de alta. Describieron la necesidad de llegar a un consenso entre ellas, sus personas cuidadoras y su(s) profesional(es) de referencia sobre cuándo terminar el tratamiento. En lo que les concernía, dijeron que un buen indicador para terminar era sentir que habían sacado el máximo provecho de las sesiones. También hablaron de lo importante que era que sus personas cuidadoras y su(s) profesional(es) de referencia confiaran en que eran capaces de arreglárselas sin una intervención continuada. Quién iniciaba las conversaciones sobre el alta variaba; sin embargo, la mayoría subrayó la importancia del consenso.

O sea, ya sabes, estaba muy triste y quería alargarlo. Pero, sí, creo que me alegré de que terminara cuando terminó, porque era un buen momento. Sí, estuvo bien porque no fue, no sé, con prisas ni nada. Fue cuando de verdad sentí: vale, puedo hacerlo por mi cuenta.

3.2.1 La vida es más importante

Algunas personas jóvenes dijeron expresamente que se sintieron listas para el alta cuando el contenido de las sesiones se había agotado o cuando habían empezado a aburrirse: «cuando vas a las sesiones y en realidad no tienes mucho de qué hablar porque todo va bien» (joven 15). De forma más general, había entre las personas participantes una sensación compartida de que una buena señal de que el tratamiento podía terminar era quedarse sin temas que tratar, o que acudir a las sesiones empezara a interferir con otras cosas más importantes.

…sentir que, hubo un momento en que yo era como, uf, hoy tengo cita, y creo que en ese momento es cuando toca irse, cuando ir se convierte más bien en un fastidio.

Otras personas jóvenes describieron un cambio de mentalidad: descubrieron que la vida era más importante que la enfermedad o el tratamiento. Dijeron que fue un punto de inflexión importante en la preparación del alta. En el momento del alta, una de ellas explicó: «lo positivo es mucho mejor que lo negativo, e intentar pensar a largo plazo en vez de a corto plazo» (joven 19). A medida que avanzaba la recuperación, el mundo de estas personas jóvenes se ensanchaba y empezaban a darse cuenta de que en su vida había más cosas que el trastorno alimentario.

En ese momento me preocupaba muchísimo que me dieran el alta, y pensaba: ay, no, ¿y ahora qué pasa? Pero, visto con perspectiva, sí. También porque en septiembre empezaba en un centro nuevo y tengo jornadas larguísimas. Empezamos a las ocho y terminamos hacia las cinco todos los días. Así que no había manera de que yo fuera a decir: lo siento, gente, me tengo que saltar la clase de claqué para ir a hablar con mi terapeuta.

3.2.2 A iniciativa del equipo clínico

Varias personas jóvenes contaron que fueron sus profesionales de referencia quienes iniciaron las conversaciones sobre el alta. Esto les generó cierta ansiedad, pero finalmente condujo a una planificación y una preparación colaborativas antes del alta.

Y [el terapeuta] estaba ahí sentado diciendo «que sí, que lo estás» [en condiciones]. Ya sabes, él [el terapeuta] confiaba en que yo no me iba a estar pesando y que iba a seguir el plan de comidas. Y en dejar el tratamiento cuando yo tenía dudas. Él simplemente sabía que eso no iba a pasar… fue muy potente, ¿sabes?, yo seguía con mucha preocupación y mucha ansiedad.

3.3 Tema 2: Saber lo que viene

Las personas jóvenes expresaron con fuerza que era importante establecer desde el inicio del tratamiento unas expectativas claras sobre su duración, sus resultados probables y la posibilidad de que persistieran síntomas tras el alta, y volver sobre ellas a medida que el alta se acercaba.

Bueno, fuimos, digamos, espaciando mucho las sesiones, hasta el punto de que, cuando las cosas iban bien, bajamos a, no sé, una cada cuatro semanas y luego una al mes, y luego, en la penúltima, decidimos que íbamos a tener una más un mes después y que luego íbamos a terminar.

3.3.1 Expectativas establecidas

Varias personas jóvenes contaron que era importante que el equipo clínico dejara claro que algunas cogniciones propias del trastorno alimentario probablemente persistirían más allá del alta y que eso no significaba necesariamente que hubiera que seguir en tratamiento. Una de ellas señaló que «dejaron claro que yo estaba en… un estado mental lo bastante bueno como para, digamos, seguir mi propio camino» (joven 3). La expectativa establecida era que estaban en un punto «suficientemente bueno» para el alta, y se reconocía que la recuperación seguiría avanzando después del alta.

Lo hablamos con [la terapeuta] y ella decía que no sales de ahí estando al cien, o sea, con la recuperación completa, porque entonces no estarían haciendo su trabajo, porque luego tienes que hacer una parte por tu cuenta…

3.3.2 Manejar la incertidumbre

Tres personas jóvenes mencionaron expresamente la ansiedad ante el alta. Para manejarla, contaron lo útil que había sido hablar de ella abiertamente en las sesiones y que su profesional de referencia les recordara las herramientas que habían desarrollado, lo mucho que habían avanzado y que el alta era un paso importante hacia la recuperación. Una de ellas reconoció: «siempre va a haber esa sensación inicial de cautela, de ansiedad, en plan: vaya, ahora voy a hacer esto por mi cuenta» (joven 4). Otras sentían ansiedad ante la pérdida de la estructura de las sesiones, pero la tranquilidad que les transmitieron sus terapeutas hacia el final resultó contenedora.

Me daba un poco de miedo no tener esa especie de estabilidad. Pero creo que al final de la sesión ya pensaba: vale, ahora me siento bien con esto. Y creo que fue simplemente porque conseguí, como, calmarme. Y me di cuenta, más o menos, de que en realidad tengo todas estas, digamos, estrategias para ayudar a mi… ayudarme, ese tipo de cosas.

3.4 Tema 3: Lo que tiene que estar en su sitio

Junto con un cambio de mentalidad, las personas jóvenes hablaron de la necesidad de contar con las herramientas y el andamiaje adecuados (p. ej., una red de apoyo) para seguir avanzando hacia la recuperación después del alta. Describieron cómo habían aprendido a manejar su enfermedad trabajando junto a su familia, sus amistades y otras personas de su red de apoyo.

… poner todo, o sea, lo nuevo que sabía, o sea, ponerlo de verdad en práctica y empezar, como, a rehacer la forma en que vivo mi vida, más o menos.

3.4.1 Confianza en contar con herramientas suficientes

Un cambio importante, señalado por seis personas jóvenes, fue la necesidad de confiar en las herramientas adquiridas a lo largo de la FT‐AN. Una de ellas explicó: «creo que el momento adecuado para terminar el tratamiento es cuando la parte emocional está curada y el trastorno alimentario ya no te controla. O sea, como dije, tienes esos pensamientos, pero, ya sabes, eres capaz de ignorarlos, y son ocasionales» (joven 18). La capacidad de manejar y cuestionar las cogniciones del trastorno alimentario se describió como muy importante.

Creo que era el momento adecuado porque era casi como si nos hubieran dado las herramientas para poder afrontar las cosas. Y ya no había mucho más que pudieran hacer por mí, porque, digamos, ahora estaba en mis manos.

3.4.2 Apoyo de la red

Contar con una red de apoyo sólida se describió como parte integrante de estar en condiciones de recibir el alta. Las personas jóvenes explicaron que esa red suele construirse a lo largo del tratamiento; sin embargo, la señalaron como un aspecto importante en el que centrarse específicamente al preparar el alta. Seis personas jóvenes identificaron expresamente la familia y las redes sociales como aspectos clave que trabajar.

Obviamente, voy a seguir teniendo el apoyo de mi familia, y sé que siempre están ahí si los necesito.

3.5 Tema 4: El alta es un paso necesario hacia la recuperación

En el momento del alta, las personas participantes situaban de forma distinta el punto en el que se encontraban de su camino de recuperación. Nueve personas jóvenes dijeron estar recuperadas en el momento del alta, 11 dijeron estarlo en parte y tres dijeron no estar recuperadas. Cuatro de las que no se consideraban recuperadas en el momento del alta añadieron que se recuperaron después. Fuera cual fuera el punto del camino en el que se sentían, todas reconocían que el proceso de recuperación continuaba después del alta y que el alta favorecía ese proceso.

Creo que las cosas en realidad han ido mejor desde que me fui, porque me ha obligado a… obligado, pero en el buen sentido. Me ha obligado a ser más independiente, y creo que ahora la recuperación es una elección.

3.5.1 Multifacética y difícil de definir

Las personas jóvenes tenían definiciones distintas de la recuperación, y casi todas dijeron que era difícil definirla con absoluta certeza. Una de ellas comentó: «todo eso de la recuperación, no creo que sea tan simple como, ya sabes, blanco o negro» (joven 4). Otra dijo que el concepto de recuperación resultaba confuso: «antes decía: ah, tengo un trastorno alimentario. Pero ahora pienso: ¿digo que tengo uno? ¿O digo que tuve un trastorno alimentario? Me cuesta mucho diferenciarlo» (joven 12).

No sé. O sea, la gente tiene definiciones distintas de lo que significa haberse recuperado. Ya sabes, para algunas personas es lo físico. Para otras es lo mental, ya sabes, podrías decir que haberse recuperado es saber que eso no va a volver a pasar nunca o ser capaz de mostrar, de enseñar a otras personas tu experiencia.

Muchas personas jóvenes tenían la sensación de que la recuperación tiene múltiples aspectos y que no se limita al aspecto físico del aumento de peso. Muchas describieron la importancia de tener en cuenta también aspectos más amplios del bienestar mental, emocional y social. Una de ellas explicó que tras el alta, «cuando tienes que hacer una parte por tu cuenta, y eso es como cuando puedes hacerlo del todo por tu cuenta, ahí es cuando sientes más que te has recuperado del todo» (joven 5). El alta parecía favorecer la recuperación en el sentido de que la vida se hacía más grande y el trastorno alimentario ocupaba menos el centro. En su lugar, otros aspectos de la vida, como las amistades, la familia y los estudios, ganaban importancia.

Fue como ver mi vida ensancharse otra vez y no quedarme en ese agujero de la comida y el ejercicio. Y en eso era en lo único que pensaba. Ahora tengo amistades de verdad, ahora puedo centrarme en el instituto y puedo hacer planes espontáneos. Es como si mi vida volviera a tener luz.

3.5.2 Asumir la responsabilidad y planificar

Las personas jóvenes dijeron que era importante planificar, fijarse objetivos de forma continua y utilizar sus habilidades después del alta. Una de ellas habló de lo importante que había sido el alta para permitirle asumir plenamente la responsabilidad de su recuperación.

Era más bien asumir yo esa responsabilidad. Poner realmente en práctica las cosas que había aprendido. Así que fue, sin duda, un proceso continuo. Así que, sí, más allá de las etiquetas de haberse recuperado o no. Era simplemente el proceso de recuperación, ¿sabes?, que no se paró cuando dejé el tratamiento.

Muchas reconocieron la posibilidad de una recaída en el futuro, como explicó una de ellas: «si hay, no sé, acontecimientos muy grandes y estresantes en mi vida, o hay un cambio, o simplemente algo en lo que siento que pierdo el control y los pensamientos como que vuelven… a medida que pasa el tiempo, creo que la probabilidad es cada vez más pequeña. Y no creo que eso signifique que todo el mundo tenga que dejar de estar alerta y dejar de vigilar las señales y esas cosas, y yo también, y estoy muy pendiente de las señales» (joven 18). Había una sensación de que, con las herramientas y el apoyo adecuados, y siempre que se siga poniendo en práctica lo aprendido, la vida sigue creciendo.

Y sí que creo que con las herramientas adecuadas y el sistema adecuado… hay muchos factores que van a determinar si alguien puede recuperarse. Y creo que la familia es un factor enorme en eso, y creo que lo que garantiza el mejor éxito del tratamiento es reconocer todos los factores y abordarlos.

4 Discusión

El objetivo de este estudio era explorar la perspectiva de las personas jóvenes sobre el momento del alta de la FT‐AN y su relación con su percepción de la recuperación. Se generaron cuatro temas principales. Tres describían el «momento adecuado» para el alta, y uno se refería más bien a la definición de la recuperación. Todos los temas estaban interrelacionados y se influían mutuamente. Las personas jóvenes reconocían que, una vez recibida el alta, podían dar los últimos pasos hacia la recuperación. Con perspectiva, muchas consideraron que, si hubieran seguido más tiempo en tratamiento, eso podría haber frenado su progreso.

Al prepararse para el alta, las personas jóvenes reflexionaron sobre quién debía determinar el momento. Algunas consideraron que la FT‐AN llegaba a una conclusión natural cuando las sesiones resultaban menos estimulantes (incluso «aburridas») o cuando otras prioridades vitales tomaban el relevo. Otras pensaban que esa conversación debía iniciarla el equipo clínico. Con todo, la mayoría dijo que el equipo clínico y las familias tenían que participar en orientar esta decisión junto con la persona joven. Esto concuerda con investigaciones anteriores que destacan la importancia de que terapeutas y jóvenes colaboren en las decisiones sobre la finalización (Lindstedt et al. 2015). Este énfasis en la toma de decisiones conjunta coincide también con la literatura existente, que reconoce la importancia de la implicación, de la formulación colaborativa y de una planificación clara del tratamiento en la FT‐AN (Baudinet et al. 2024; James et al. 2025; Baudinet et al. 2021a, 2021b).

En el presente estudio, las personas jóvenes destacaron también el valor de saber lo que venía y de sentir que contaban con algunas herramientas para estar preparadas para el alta. Les ayudó tener expectativas claras sobre la frecuencia de las sesiones, la duración del tratamiento y los resultados esperados en el momento del alta, comunicadas desde el inicio del tratamiento y retomadas a medida que el alta se acercaba. Esto no implica necesariamente un número explícito de sesiones, sino expectativas sobre la duración del tratamiento, la frecuencia de las sesiones y la posible ansiedad ante la finalización. Varias personas dijeron que las conversaciones sobre el alta se asociaban a un aumento de la ansiedad y que necesitaron un diálogo y un aliento continuados antes de sentirse con confianza para terminar. Esto concuerda con un concepto teórico clave del modelo FT‐AN, según el cual el tratamiento debe ayudar a las familias a alcanzar una posición de «incertidumbre segura» (Mason 1993). Al principio, la «certeza segura» la proporcionan la estructura de la FT‐AN (sesiones frecuentes, apoyo de los progenitores en las comidas, etc.) y los conocimientos del equipo multidisciplinar. Después, a lo largo del tratamiento, se introducen más flexibilidad e «incertidumbre segura» para que las personas jóvenes recuperen la autonomía en la alimentación, asuman riesgos seguros de manera adecuada a su desarrollo y se hagan cargo del proceso de recuperación. Los presentes resultados sugieren que el alta es un paso importante para traspasar realmente la responsabilidad de la recuperación a la persona joven, con el apoyo de la familia.

Estudios anteriores han subrayado la importancia de fomentar deliberadamente la confianza y la autoeficacia de progenitores y jóvenes para facilitar un cambio continuado orientado a la recuperación (Konstantellou et al. 2022; Socholotiuk and Young 2022). En personas adultas con trastornos alimentarios, una mayor tolerancia a la incertidumbre (sobre todo al principio del tratamiento) también se ha asociado a una mejora de los síntomas en el momento del alta (Reilly et al. 2021). Al reducir deliberadamente la frecuencia de las sesiones en las fases intermedias y finales del tratamiento, el equipo clínico establece la clara expectativa de que la persona joven (con el apoyo de su familia) asuma más responsabilidad en las fases finales del tratamiento. Abordar los temores a los deslices y a las recaídas se describió como importante para ayudar a la persona joven y a su familia a apropiarse del proceso de recuperación y a sentirse preparadas para el alta. También transmitía a las personas jóvenes que el equipo confiaba en que podrían arreglárselas sin un apoyo continuado.

En estudios anteriores, personas jóvenes han comentado lo perjudicial que puede ser que profesionales y equipos se centren en exceso en las conductas alimentarias en detrimento de la construcción de la identidad al final del tratamiento (Conti et al. 2021). El funcionamiento identitario se ha asociado al estadio de la enfermedad en la AN (Croce et al. 2024), y reforzar el sentimiento de logro en distintos ámbitos de la vida (p. ej., estudios, aficiones, etc.) puede favorecer un desarrollo identitario adolescente más amplio durante la recuperación (Nilsen et al. 2020). El tratamiento puede aportar a adolescentes un mejor sentido de sí y más confianza en sí (Wallis et al. 2017). Las investigaciones sugieren que la mejora de la motivación para el cambio va a menudo de la mano de una conexión con los propios valores y de la construcción de la identidad (Rankin et al. 2023). Las personas jóvenes del presente estudio subrayaron la importancia de no caer en el perfeccionismo respecto a la recuperación; como dijo la persona joven 4: «no creo que sea tan simple como, ya sabes, blanco o negro». Se trata más bien de dar prioridad al alta cuando las cosas están «suficientemente bien».

El presente estudio pone también de relieve la importancia del alta como un paso hacia la recuperación, y no como algo que ocurre cuando alguien ya se ha recuperado. Las personas jóvenes contaron que el alta les permitió sentir una verdadera independencia y que soltar la «red de seguridad» del tratamiento hizo posible el siguiente paso de este proceso. En cierto modo, el alta parece favorecer el desarrollo continuado de la identidad adolescente y el alejamiento de la enfermedad.

Como era de esperar, a las personas jóvenes del presente estudio les costó definir la «recuperación», una dificultad que la literatura en general señala desde hace tiempo (Bardone‐Cone et al. 2018; Baudinet and Eisler 2024a; Dawson et al. 2015; Kerimler et al. 2024). En este estudio, hablaron de la recuperación como un proceso evolutivo y multifacético que continuaba después del alta. Dijeron que es importante tener en cuenta tanto el cambio físico como el psicosocial, y que la recuperación física suele preceder a la recuperación cognitiva y emocional. Muchas explicaron que la recuperación puede implicar seguir teniendo algunas cogniciones e impulsos propios del trastorno alimentario y, aun así, elegir no responder a ellos. Dada esta falta de claridad sobre la definición de la recuperación, basar el momento del alta en haber alcanzado la «recuperación» es problemático. Los presentes resultados sugieren que el alta es adecuada cuando existe un consenso entre la persona joven, sus familiares y su(s) profesional(es) de referencia en que hay herramientas y apoyos suficientes para arreglárselas sin sesiones continuadas.

Las personas jóvenes del presente estudio esperaban encontrar en el futuro «baches en el camino» (p. ej., transiciones y cambios vitales, dificultades personales, etc.) que podrían reactivar cogniciones y conductas del trastorno alimentario. Los datos sugieren que existen correlatos genéticos y neurotemperamentales de la AN (Frank et al. 2019; Kaye et al. 2013; Watson et al. 2019), lo que significa que algunos factores de riesgo y de mantenimiento de la enfermedad pueden persistir. Los datos de seguimiento a siete años del mismo servicio de reclutamiento sugieren que la mayoría de las personas no sigue teniendo un trastorno alimentario, pero que muchas presentarán otras dificultades de salud mental, como ansiedad y depresión (Simic et al. 2022; Stewart et al. 2022). Desarrollos terapéuticos recientes e innovadores han mostrado que trabajar sobre la conexión social puede ser útil para apoyar un funcionamiento social más amplio y la recuperación en personas con trastornos alimentarios restrictivos (Baudinet, Stewart, et al. 2021; Baudinet et al. 2022). Hace falta más investigación sobre la interacción entre la recuperación del trastorno alimentario, el funcionamiento social más amplio y otras dificultades de salud mental concurrentes.

Además, aunque los modelos de terapia familiar centrados en los trastornos alimentarios siguen un enfoque por fases, en el que cada fase se caracteriza por objetivos terapéuticos específicos, la investigación aún no ha estudiado específicamente el impacto de completar cada fase en el resultado del tratamiento. Podría ser pertinente examinar posibles mecanismos de cambio propios de la FT‐AN (p. ej., la confianza y la autoeficacia de los progenitores, la mejora de la comunicación entre progenitores y adolescentes) y considerar su secuencia temporal junto a otros mecanismos de cambio bien reconocidos (como el aumento temprano de peso).

5 Fortalezas y limitaciones

Una de las principales fortalezas de este estudio es que incluye únicamente la voz de las personas jóvenes. En la literatura es más habitual que la voz de progenitores, personas cuidadoras y profesionales se combine con la de las personas jóvenes. El tamaño de la muestra es también una fortaleza de este estudio y permite una mayor confianza en los resultados y una posible generalización.

No obstante, este estudio presenta varias limitaciones. En primer lugar, los temas y las conclusiones no fueron verificados por las propias personas participantes, lo que reduce la validez potencial de las conclusiones extraídas. Además, las personas jóvenes fueron entrevistadas en distintos momentos después del alta: algunas habían terminado el tratamiento apenas unas semanas antes de la entrevista, mientras que otras llevaban casi dos años fuera del tratamiento. Para precisar los resultados, sería útil ver cómo puede evolucionar la comprensión que tienen las personas jóvenes del alta y de la recuperación en los años posteriores al alta. Asimismo, la muestra de jóvenes que aceptaron participar en el estudio puede representar una cohorte con una experiencia positiva del tratamiento y de la recuperación; de hecho, todas habían recuperado en gran medida su salud física y psicológica gracias al tratamiento. Cabe señalar, sin embargo, que más del 50% de la muestra presentaba problemas de salud mental comórbidos, lo que coincide con datos de auditoría anteriores de nuestro servicio (Simic et al. 2022; Stewart et al. 2022). La investigación futura podría ampliarse a quienes no completan el tratamiento o no responden a él, para determinar si los procesos de alta deberían adaptarse en esas circunstancias. La muestra estaba compuesta mayoritariamente por chicas blancas y se reclutó en un único servicio del sureste de Londres. El tratamiento fue mayoritariamente presencial, por lo que las experiencias descritas podrían no ser generalizables a otros formatos. Datos recientes sugieren que el formato en línea se valora, pero que la mayoría prefiere el presencial, sobre todo en las primeras fases del tratamiento (Baudinet, Konstantellou, et al. 2023). Queda por examinar si el proceso en torno al alta requiere un planteamiento distinto en una FT‐AN exclusivamente en línea. Por último, si bien este trabajo ofrecía la oportunidad única de escuchar a las personas jóvenes, faltaba el punto de vista de progenitores y personas cuidadoras. Su opinión sobre el momento «adecuado» del alta y sobre el significado de la recuperación puede ser distinta. Dado que constituyen un recurso clave en el tratamiento, la investigación futura podría comparar y contrastar su perspectiva con los datos del presente estudio, a fin de promover una comprensión compartida de cómo terminar bien un tratamiento.

6 Conclusiones

El presente estudio pone de relieve las necesidades singulares y variadas que tienen las personas jóvenes, tanto en el momento concreto del alta como en la continuación de su recuperación tras el tratamiento. Los presentes resultados muestran que terminar el tratamiento no consiste en asistir a un número determinado de sesiones ni en alcanzar un peso determinado. Se trata más bien de ayudar a las personas jóvenes a confiar en su capacidad de arreglárselas sin tratamiento. Esto contrasta en cierta medida con los ensayos de investigación clínica, en los que suele prescribirse un número fijo de sesiones. En los contextos clínicos reales, parece fundamental atender a las necesidades multifacéticas de cada persona y de su familia, mirando al mismo tiempo hacia delante y comunicando desde el inicio del tratamiento expectativas realistas sobre el alta y la recuperación. Parece primordial un compromiso continuado con el cambio después del alta, y animar a las personas jóvenes y a las familias a asumir «riesgos seguros» parece ser una parte importante de la finalización y de la apropiación de la recuperación. Hay quien puede ver en la persistencia de ciertas cogniciones la señal de que hace falta más tratamiento; sin embargo, los presentes resultados sugieren que permanecer en tratamiento puede inhibir las etapas finales de la recuperación. Mantener a jóvenes en tratamiento más tiempo del necesario puede transmitir sin querer que el cambio es demasiado arriesgado y que el equipo multidisciplinar no les cree capaces de arreglárselas sin un apoyo continuado.

Complexe Systémique: puntos clave

El estudio invierte un supuesto de la práctica: la terapia no termina porque la persona se haya recuperado; la propia finalización forma parte del tratamiento. Para las personas jóvenes entrevistadas, seguir en sesiones «por si acaso» puede transmitir que el cambio es demasiado arriesgado y que el equipo duda de sus capacidades. La lectura sistémica es explícita: el paso de la «certeza segura» del encuadre inicial a la «incertidumbre segura» de Barry Mason, espaciando las sesiones y traspasando progresivamente la responsabilidad a la persona joven y a la familia. Se desprenden tres pautas clínicas: decidir la finalización en común, jóvenes, familias y terapeutas; decir desde el principio que los pensamientos del trastorno alimentario pueden persistir tras el alta sin que eso sea un fracaso; trabajar explícitamente la red de apoyo antes de la salida. Conviene, sin embargo, ser prudentes: la muestra, compuesta sobre todo por chicas blancas con buena evolución, procede de un único servicio, el que concibió el modelo, y falta la voz de madres y padres. Puede leerse junto con el artículo sobre la adaptación de la terapia multifamiliar para la anorexia en Japón y el artículo sobre los tratamientos de los trastornos alimentarios.

Notas del original

Declaración ética. El Stanmore Research Ethics Committee London (IRAS: 234354; REC: 20/LO/0839) otorgó la aprobación ética de este estudio.

Consentimiento. Todas las personas participantes dieron su consentimiento informado por escrito o su asentimiento.

Conflictos de intereses. U.S. recibe financiación salarial del NIHR Mental Health Biomedical Research Centre (BRC) del South London and Maudsley NHS Foundation Trust y del King's College London (KCL). También recibe apoyo de la iniciativa Adolescence, Mental Health and the Developing Mind del Medical Research Council, el Arts and Humanities Research Council y el Economic and Social Research Council, en el marco del programa EDIFY (subvención MR/W002418/1). J.B., I.E. y M.S. perciben derechos de autor de Routledge por un manual de tratamiento publicado sobre la terapia multifamiliar para la anorexia nerviosa.

Agradecimientos. Queremos dar las gracias a todas las personas jóvenes que dedicaron generosamente su tiempo a participar en esta investigación.

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Traducción no oficial al español de When Is the Right Time to End Family Therapy for Anorexia Nervosa (FT‐AN)?: A Qualitative Study of Young People's Experiences, de Kate de la Poer Beresford, Alys Cawson, Julian Baudinet, Ivan Eisler, Anna Konstantellou, Mima Simic y Ulrike Schmidt, European Eating Disorders Review, vol. 34, n.o 1 (2026), doi: 10.1002/erv.70025, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tabla presentada en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Traducción no oficial del artículo original «When Is the Right Time to End Family Therapy for Anorexia Nervosa (FT‐AN)?: A Qualitative Study of Young People's Experiences», publicado en European Eating Disorders Review (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida y maquetada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

de la Poer Beresford, K., Cawson, A., Baudinet, J., Eisler, I., Konstantellou, A., Simic, M., y Schmidt, U. (2026). When Is the Right Time to End Family Therapy for Anorexia Nervosa (FT‐AN)?: A Qualitative Study of Young People's Experiences. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/when-is-the-right-time-to-end-family-therapy-for-anorexia-nervosa-ft-an (Obra original publicada en 2025 en European Eating Disorders Review, 34(1), 296-306 (2026); republicada en 2026 por European Eating Disorders Review, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/erv.70025)

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