Traducción asistida por IA

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Infant Mental Health Journal · Familia

«Hay más amor entre nosotros»: la experiencia parental de participar en Mellow Babies, un programa focalizado de intervención temprana para madres, padres y sus bebés

Catorce semanas, un día por semana, en un grupo de madres o de padres, con comidas, transporte y cuidado del bebé en la sala de al lado: este es el formato de Mellow Babies en el Reino Unido. Un equipo de Edimburgo entrevistó al final del programa a 68 madres y padres que atravesaban graves dificultades psicosociales. Relatan el miedo a que se les juzgue, después un grupo en el que encuentran comprensión, una historia de vida que ayuda a «romper el ciclo» y una nueva manera de mirar a su bebé y de jugar con él.

Autoría Ciera Davidson, Aigli Raouna, Ruaridh Malcolm, Raquib Ibrahim y Angus MacBeth (Department of Clinical Psychology, School of Health in Social Science, University of Edinburgh; Mellow Parenting, Glasgow), Reino UnidoPrimera publicación Infant Mental Health Journal, 15 de diciembre de 2022Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de “There's more love between us”: The parental experience of attending Mellow Babies, a targeted, early intervention program for parents and their babies, de Ciera Davidson, Aigli Raouna, Ruaridh Malcolm, Raquib Ibrahim y Angus MacBeth, publicado en Infant Mental Health Journal (Wiley) (2023), doi: 10.1002/imhj.22029, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las dos tablas se presentan en forma de lista; las declaraciones de final de artículo se agrupan en las notas; las palabras clave en otros idiomas no se reproducen. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

Madres y padres señalaron que el valor de MB no residía en «prescribirles» el cambio, sino en hacerles ver que las circunstancias pueden cambiar y en darles los medios para generar cambios positivos por su cuenta.

Ciera Davidson, Aigli Raouna, Ruaridh Malcolm, Raquib Ibrahim y Angus MacBeth

Resumen

Se reconoce que la parentalidad en un contexto de adversidad psicosocial puede tener consecuencias negativas para el desarrollo del bebé. Los programas de parentalidad constituyen la primera línea de intervención para mejorar la evolución de las familias; sin embargo, la evidencia sobre la eficacia de las intervenciones tempranas focalizadas de formato grupal sigue siendo escasa. Los resultados preliminares señalan a Mellow Babies (MB) como un programa grupal de parentalidad prometedor para familias en riesgo de presentar dificultades en la crianza. Mediante un análisis temático, nos propusimos comprender: (i) los aspectos de la intervención que permitieron a madres y padres completar el programa y (ii) los cambios relacionales y conductuales que se percibieron como valiosos para las familias y sus bebés después de la intervención. En total, se entrevistó a 68 progenitores residentes en el Reino Unido tras completar MB (49 madres y 19 padres; el 88% se identificó como británico). A partir de los datos se generaron tres temas y seis subtemas. Las personas participantes identificaron varios componentes de la intervención como beneficiosos, entre ellos las habilidades interpersonales de quienes facilitan los grupos y el enfoque grupal y multidimensional. Sus reflexiones pusieron de relieve tres mecanismos subyacentes que hicieron posible el cambio positivo: (i) el sentimiento de comunidad cultivado en el grupo, (ii) el proceso de formular y reconceptualizar las propias dificultades y (iii) la oportunidad de remodelar las interacciones interpersonales. Los resultados se discuten en el contexto de la salud mental perinatal y de la primera infancia.

Palabras clave: intervención temprana; salud mental en la primera infancia; Mellow Babies; progenitor y bebé; parentalidad; Bebés Apacibles (Mellow Babies); crianza; intervención temprana; progenitor y bebé; salud mental infantil; Bébés d'humeur joyeuse; Parentage; Intervention précoce; Parent et bébé; Santé mentale du nourrisson; Mellow Babies; Elternschaft; Frühförderung; Eltern und Baby; psychische Gesundheit von Kleinkindern; メロウ ベビー、子育て、早期介入、親-乳児、乳幼児のメンタルヘルス; 关键词:“成熟宝宝”; 育儿; 早期干预; 父母和婴儿; 婴儿心理健康; الكلمات المفتاحية: الأطفال اليانعون ، التربية الوالدية ، التدخل المبكر ، الوالدين والطفل ، الصحة النفسية للرضع

1 INTRODUCCIÓN

Una evidencia científica internacional creciente y diversas iniciativas de salud pública destacan la primera infancia, en concreto los 2 primeros años de vida, como un periodo sensible y crítico a partir del cual puede configurarse el desarrollo conductual, cognitivo, emocional y social futuro (Nelson et al., 2019; Williams, 2019). La exposición a adversidades contextuales y psicosociales durante la primera infancia, como la pobreza (Playford et al., 2017), la violencia doméstica (Margolin et al., 2010) y una mala salud mental parental (Reupert & Mayberry, 2016), puede afectar al desarrollo socioemocional de los bebés y a la calidad de su relación con sus figuras de cuidado principales (Cadar et al., 2018; McDonald et al., 2016; Speidel et al., 2020). El efecto acumulativo de la escasez de recursos económicos y psicosociales (que incluye, entre otros factores, el desempleo, un bajo nivel educativo parental, la monoparentalidad y el aislamiento social) puede aumentar el estrés familiar, lo que puede limitar el apoyo práctico y emocional que madres y padres son capaces de ofrecer a sus criaturas (January et al., 2017; Stein et al., 2014). No obstante, la evidencia emergente sugiere que promover relaciones sensibles y afectuosas en los primeros años puede mitigar el impacto a largo plazo de la adversidad psicosocial (McElroy & Hevey, 2014; Parkes et al., 2016; Potharst et al., 2018). Por tanto, la aplicación eficaz de programas de intervención temprana dirigidos a progenitores que presentan uno o varios de los indicadores de riesgo mencionados (en adelante, familias en riesgo) podría aportar importantes beneficios de salud pública a corto y largo plazo.

La evidencia existente sugiere que las intervenciones de parentalidad pueden beneficiar a las familias con independencia de su nivel de riesgo cuando se adaptan a sus necesidades. Por ejemplo, un metaanálisis de 133 programas de intervención temprana distintos, iniciados durante el embarazo o en los 6 primeros meses tras el parto (de los cuales 2/3 se dirigían a familias en riesgo), reveló efectos positivos significativos, de muy pequeños a pequeños, sobre las conductas parentales, el estrés y la salud mental parentales, así como sobre los resultados del desarrollo infantil, que no variaban en función del nivel de riesgo de las personas participantes (Pinquart & Teubert, 2010). En consonancia con estos resultados, un metaanálisis más reciente que evaluaba 16 intervenciones de parentalidad ofrecidas a personas cuidadoras en riesgo con bebés de hasta 12 meses indicó un efecto positivo pequeño pero estadísticamente significativo de las intervenciones sobre la conducta infantil, así como efectos moderados sobre la relación entre progenitor e hijo y sobre la sensibilidad materna (Rayce et al., 2017). Estos resultados demuestran que las intervenciones de parentalidad iniciadas durante el primer año de vida, pese a resultados contradictorios publicados anteriormente (p. ej., Sweet & Appelbaum, 2004), pueden mejorar el bienestar parental, la conducta infantil y la calidad de las relaciones entre progenitores y bebés después de la intervención, sea cual sea el nivel de adversidad psicosocial de la familia. Sin embargo, como muestran las revisiones citadas, la mayoría de los programas tempranos de parentalidad existentes dirigidos a familias en riesgo se ofrecen de forma individual o en pareja, lo que deja una laguna en nuestro conocimiento sobre si las intervenciones tempranas focalizadas de formato grupal también pueden ser eficaces y, en tal caso, qué componentes de la intervención pueden mediar el cambio positivo.

La investigación actual sobre la eficacia de las intervenciones grupales de parentalidad se refiere sobre todo a familias de nivel socioeconómico medio-alto y a díadas madre-hijo (Barlow et al., 2016; Jones et al., 2016; Wilson et al., 2012). Por ello, la generalización de los beneficios de las intervenciones grupales se ve limitada por una elevada tasa de abandono de las familias en riesgo (Smokowski et al., 2018; Utting et al., 2007) y por una participación generalmente baja de los padres, al igual que en las intervenciones domiciliarias (Panter‐Brick et al., 2014; Pinquart & Teubert, 2010). En el contexto británico se ha identificado una serie de barreras y facilitadores complejos, interrelacionados y de múltiples niveles para acceder a los servicios posnatales y comprometerse con ellos, tanto desde la perspectiva de las madres (Smith et al., 2019; Webb et al., 2021) como de los padres (Darwin et al., 2017; Sicouri et al., 2018). Se ha señalado que múltiples factores constituyen barreras, entre ellos factores de la vida personal (p. ej., síntomas de dificultades psicosociales y recursos limitados), factores interpersonales (p. ej., falta de relaciones de confianza y de comunicación abierta con el personal sanitario) y factores propios del programa (p. ej., contenidos dirigidos a un solo género y modalidad de impartición). Los sentimientos de estigmatización o de culpa parecen afectar de manera desproporcionada a las familias en riesgo, que deben afrontar los retos de la parentalidad en medio de circunstancias vitales estresantes, lo que las disuade aún más de participar en intervenciones de parentalidad por miedo a ser juzgadas (Mytton et al., 2014). Las barreras específicas a la implicación de los padres en los servicios posnatales llaman la atención sobre factores adicionales, como la percepción de que las intervenciones disponibles están orientadas a la díada madre-bebé y carecen de pertinencia para ellos, así como creencias personales y sistémicas sobre los roles de género en relación con la paternidad y con la búsqueda de ayuda (Sicouri et al., 2018).

Está bien establecido que las intervenciones de parentalidad adaptadas e impartidas en el domicilio pueden implicar y apoyar a las familias en riesgo al superar varias de las barreras prácticas y logísticas mencionadas (Kitzman et al., 2019; Olds et al., 2019). Sin embargo, se estima que su coste de aplicación es aproximadamente seis veces superior al de las intervenciones grupales, lo que puede limitar su alcance y su disponibilidad (Cunningham et al., 1995; Jones et al., 2016; Lee et al., 2012). Por otra parte, las intervenciones impartidas en entornos comunitarios pueden ofrecer beneficios adicionales a las familias y desmontar barreras sociocontextuales al reducir el aislamiento social y favorecer la creación de comunidad (Butler et al., 2020; Ruane et al., 2019). Por ello, comprender mejor qué componentes y procesos de aplicación pueden facilitar la implicación de las familias en riesgo en programas grupales de parentalidad temprana podría aportar información valiosa para perfeccionar las intervenciones grupales, que, como alternativa menos costosa en recursos que las visitas domiciliarias, podrían llegar a más familias necesitadas y beneficiarlas.

1.1 Mellow Babies: una intervención grupal de parentalidad temprana

Mellow Babies (MB) forma parte de la familia de programas de parentalidad Mellow Parenting (MP) (https://www.mellowparenting.org/), que ofrece un apoyo focalizado a madres y padres con dificultades psicosociales y bebés de hasta 18 meses. La intervención es gratuita para quienes asisten e incluye programas posnatales diferenciados por género, impartidos por separado a través de servicios comunitarios en grupos de 5 a 10 progenitores (Mellow Mums y Mellow Dads). Los grupos se desarrollan durante 14 semanas, a razón de un día completo por semana, y emplean diversas estrategias para reducir las barreras relacionadas con la implicación y la asistencia, proporcionando transporte, comidas, cuidado infantil paralelo gratuito y materiales gratuitos o económicos para las actividades entre progenitor e hijo. Se considera que han completado el programa las díadas progenitor-bebé que asisten al menos al 70% de las sesiones del grupo (es decir, un mínimo de 10 de 14 sesiones). Profesionales sanitarios y sociales que trabajan con familias y con la primera infancia (p. ej., profesionales de enfermería comunitaria, personal de partería, profesionales de los servicios sociales) pueden impartir MB tras recibir formación. Se ofrece una supervisión continua a estas personas, imprescindible para su acreditación. Cada grupo está facilitado por dos o tres profesionales, de los cuales al menos uno debe ser del mismo género que los progenitores del grupo.

La intervención adopta un enfoque doble que pretende reforzar la relación entre progenitores y criaturas, a la vez que mejora la salud mental parental y la confianza en el rol parental. En línea con las intervenciones basadas en la teoría del apego, la sensibilidad parental y la sincronía entre progenitor y bebé se cultivan mediante psicoeducación sobre el desarrollo infantil y mediante la interacción positiva guiada a través de un videofeedback centrado en las fortalezas (Bakermans‐Kranenburg et al., 2003). MB incorpora además estrategias de salud mental parental (p. ej., estrategias cognitivo-conductuales para afrontar los síntomas de depresión y ansiedad), componentes de la relación entre progenitor e hijo (p. ej., actividades conjuntas a la hora de la comida para mejorar las interacciones) y «deberes» (p. ej., nuevas habilidades y actividades con el bebé para probar en casa). Cada sesión sigue la misma estructura: un grupo personal por la mañana (centrado en temas como la confianza, la depresión, tú y tu cuerpo y la autoestima); una actividad infantil a la hora de la comida (p. ej., canciones infantiles, música o pintura con las manos, que pretenden dotar a madres y padres de herramientas prácticas para interactuar con su criatura de forma lúdica y adecuada a su desarrollo, con materiales gratuitos o económicos) y un taller de parentalidad por la tarde (p. ej., conversaciones sobre la crianza en torno a temas como la comprensión, mantener a los niños y niñas ocupados o los sentimientos, y visionado compartido de los vídeos de los progenitores).

Mellow Parenting (MP) cuenta con una base empírica creciente que muestra tamaños del efecto positivos medios sobre la salud mental y el bienestar parentales, la confianza en la crianza, los resultados en la infancia y la cercanía percibida entre progenitor e hijo (Levi et al., 2019; MacBeth et al., 2015; Puckering et al., 2010; Raouna et al., 2021). Haber completado los programas MP se ha asociado a una menor intervención de los servicios de protección de la infancia (Raouna et al., 2021) y a menos problemas de conducta en la primera infancia (Levi et al., 2019). Los resultados preliminares sugieren que MB puede beneficiar por igual a las familias con independencia de su nivel de riesgo y de su género, y que retiene una proporción mayor de díadas progenitor-bebé en riesgo que otros programas grupales de parentalidad (Raouna et al., 2021). Sin embargo, dada la ausencia de grupos de control y el tamaño relativamente reducido de las muestras, estos resultados deben interpretarse con cautela. Además, aunque estos resultados positivos de MP se han visto respaldados por estudios cualitativos a pequeña escala (Birtwell et al., 2015; Puckering et al., 1996, 2010), la evidencia específica para comprender los mecanismos subyacentes que pueden suscitar el cambio y la implicación de las díadas progenitor-bebé que participan en el programa MB es limitada. Las investigaciones cualitativas preliminares sobre los programas MP han señalado tres componentes de las intervenciones como posibles mecanismos de cambio: (i) la psicoeducación sobre la depresión y el desarrollo infantil, (ii) la adquisición de una red de apoyo social (Puckering et al., 2010) y (iii) la oportunidad de reflexionar en el grupo sobre experiencias vitales interpersonales pasadas (Birtwell et al., 2015; Buston et al., 2019). Sin embargo, todas estas son reflexiones de madres y no son específicas de la intervención MB. Por ello, todavía se sabe poco sobre qué factores identifican como accesibles y significativos en el programa MB las madres y los padres en riesgo, que suelen tener menos probabilidades de implicarse en intervenciones grupales de parentalidad.

1.2 Objetivos

Este es el primer estudio de mayor escala que recoge de forma cualitativa información tanto de madres como de padres que completaron el programa MB en entornos comunitarios de todo el Reino Unido, lo que ofrece la oportunidad de triangular qué aspectos de MB funcionan para las familias que asisten a la intervención en contextos diferentes. Nos propusimos obtener una comprensión cualitativa de la experiencia parental de asistir a MB y entender qué componentes y procesos percibían madres y padres como significativos y cuáles favorecieron que completaran MB. En concreto, nos interesaba desvelar:

  1. ¿Qué percibieron madres y padres como significativo y motivador en el diseño y la impartición de MB?
  2. ¿Qué identificaron madres y padres como cambios interpersonales, relacionales y conductuales valiosos para ellos y para su bebé después de la intervención?

2 MÉTODOS

2.1 Aprobación ética

El proyecto recibió la aprobación ética del Research Ethics Committee de la School of Health in Social Science de la University of Edinburgh. El estudio se registró en ISRCTN con el número de registro ISRCTN17621046.

2.2 Diseño

Este trabajo forma parte de un proyecto de métodos mixtos que empleó un diseño pragmático pre-post intervención. Se utilizó un diseño de ensayo pragmático para evaluar la eficacia de MB en condiciones de práctica habitual «de la vida real», con el fin de lograr la máxima validez externa y obtener resultados que puedan generalizarse y aplicarse en los contextos de práctica habitual del Reino Unido (Patsopoulos, 2011). Aquí nos centramos en los datos cualitativos recogidos en el marco de este proyecto mediante entrevistas semiestructuradas a madres y padres que completaron los grupos MB. Para una descripción detallada de la vertiente cuantitativa del proyecto, véase Raouna et al. (2021).

2.3 Reclutamiento de los grupos y de las personas participantes

Las personas participantes se reclutaron mediante un muestreo oportunista. Todos los grupos MB que se desarrollaban de forma natural, facilitados por profesionales formados en MP en centros comunitarios de todo el Reino Unido entre febrero de 2017 y septiembre de 2018, fueron invitados a participar en el estudio por correo electrónico, mediante carteles o por comunicación personal. Para garantizar la fidelidad al programa, al menos una de las personas que facilitaban el grupo debía tener experiencia previa en la impartición supervisada de MB, y los grupos MB debían aplicar todos los elementos y valores de MB para poder participar en el proyecto de investigación (p. ej., al menos una persona facilitadora del mismo género que el grupo, sesiones semanales con videofeedback centrado en las fortalezas, cuidado infantil paralelo gratuito, actividades conjuntas entre progenitores y bebés a la hora de la comida, y provisión de transporte y comidas). Se reclutaron quince grupos, de los cuales 10 se impartieron en Escocia (cinco Mellow Mums y cinco Mellow Dads), tres en Inglaterra (Mellow Mums) y dos en Irlanda del Norte (Mellow Mums). Se ofreció a cada grupo MB participante un incentivo de 250 £ destinado a sufragar una actividad de grupo.

Los centros participantes facilitaron el reclutamiento de madres y padres a través de las vías habituales de derivación de MP (derivación por un profesional del ámbito sanitario o, con menos frecuencia, autoderivación). Las personas facilitadoras confirmaron que todos los progenitores derivados cumplían los requisitos para participar en los grupos MB. Debían tener al menos un hijo o una hija menor de 18 meses que pudiera asistir cada semana a la hora de la comida y a las actividades conjuntas, y debían aceptar que se grabara un vídeo durante una actividad de cuidado (p. ej., durante la alimentación) para el componente de videofeedback centrado en las fortalezas. Aunque MP no recomienda un cribado formal de la situación psicosocial de los progenitores derivados, las derivaciones suelen dirigirse a madres y padres identificados como afectados por un problema de salud mental (habitualmente depresión o ansiedad, o ambas), aislamiento, desempleo, violencia doméstica, consumo de sustancias, dificultades en el rol parental, intervención de los servicios sociales e intervención de los servicios de protección de la infancia. A efectos de este proyecto de investigación, el equipo de investigación clasificó a cada progenitor participante como en riesgo o no en riesgo. Se consideró que una persona estaba en riesgo si vivía en un decil 1 o 2 del SIMD (Scottish Index of Multiple Deprivation: http://simd.scot/2016/#/simd2016/BTTTFTT/9/‐4.0000/55.9000; solo para las familias residentes en Escocia; los datos del SIMD pueden dividirse en deciles, en los que el decil 1 representa el 10% de los códigos postales más desfavorecidos y el decil 10 el 10% de los menos desfavorecidos); si declaraba tener un problema de salud mental; o si declaraba criar en solitario y estar en situación de desempleo.

Quienes facilitaban los grupos informaron a madres y padres del estudio en el primer contacto y aclararon que participar en él no afectaría a su participación en el grupo MB. Dos miembros del equipo de investigación visitaron cada grupo MB en persona antes de la primera sesión o durante ella para ofrecer información más detallada. Se informó a los miembros del grupo de que la participación en el estudio era voluntaria y confidencial, y de que solo se difundirían resultados anonimizados. Todos los progenitores que decidieron participar entraron en un sorteo de seis vales de supermercado de 40 £. Las personas participantes dieron su consentimiento informado por escrito.

2.4 Procedimiento

La recogida de datos la realizaron tres personas investigadoras con experiencia y titulación de máster, contratadas por MP, que conocían los objetivos del estudio (A.R., R.M., R.I.). Recogieron los datos en una sesión individual con cada progenitor, en un espacio familiar y privado dentro de las instalaciones del servicio que acogía el grupo, en dos momentos (T): T1, antes del grupo (datos sociodemográficos de partida y cuestionarios autoinformados), y T2, después del grupo (cuestionarios autoinformados y entrevista semiestructurada). En ambos momentos, el equipo de investigación adoptó un enfoque respetuoso y basado en el diálogo para minimizar los desequilibrios de poder percibidos, generar confianza y crear un entorno seguro y libre de juicios para las personas participantes. Además, para favorecer la construcción de una buena relación entre investigador y progenitor, elemento esencial para que madres y padres se sintieran a gusto y compartieran abiertamente sus experiencias, cada progenitor tuvo a la misma persona investigadora en T1 y en T2.

La recogida de datos de T1 duró aproximadamente 30 min por participante y se organizó después de la reunión de información y consentimiento. Los datos sociodemográficos recogidos al inicio incluían la edad, la nacionalidad, el diagnóstico de salud mental (si lo había), el código postal (como indicador indirecto del nivel socioeconómico), la fuente de derivación y el estado civil, el nivel educativo y la situación laboral de las personas participantes, junto con la edad, el género, el lugar de residencia y la situación de contacto de sus hijos e hijas. Los síntomas de malestar psicológico al inicio del programa se midieron con el Brief Symptom Inventory‐18 (BSI‐18; Derogatis, 2001), una medida autoinformada de 18 ítems. El BSI‐18 consta de tres subescalas que evalúan constelaciones de síntomas concretas (depresión, ansiedad y somatización) y de una subescala global que recoge la intensidad del malestar psicológico general (Global Severity Index) durante las 2 últimas semanas. Los ítems de esta escala se puntúan desde «Nada = 0» hasta «Extremadamente = 4». Las puntuaciones directas se convirtieron en puntuaciones T a partir de datos normativos por género procedentes de una población no clínica. La fiabilidad y la validez de este cuestionario se han demostrado en varios estudios, tanto en población comunitaria como clínica (Meijer et al., 2011; Recklitis et al., 2006). En la presente muestra, la fiabilidad en T1 fue de α = .90 para la escala global y de α = .80, .83 y .74 para las subescalas, respectivamente. Quienes facilitaban los grupos registraron la asistencia de las personas participantes y la intervención de los servicios de protección de la infancia, y compartieron estos datos con el equipo de investigación después de la intervención.

La recogida de datos de T2 se programó hacia el final del programa, entre las semanas 12 y 14, y cada sesión duró aproximadamente 45 min. Las entrevistas se realizaron después de cumplimentar los cuestionarios y duraron entre 15 y 35 min. Antes de las entrevistas se elaboró un guion de entrevista semiestructurada siguiendo las directrices de buenas prácticas (Mason, 2004). El guion abarcaba cinco grandes ámbitos de interés: el contexto previo a la intervención, el cambio para el progenitor y el bebé tras la intervención, la relación entre progenitor y bebé, la experiencia de asistir a MB y los planes de futuro (véase el Apéndice 1). El guion proporcionaba una estructura focalizada para las entrevistas; no obstante, se animó a las personas investigadoras a explorar las vías de conversación que abrían las personas participantes, como recomiendan Kallio et al. (2016). Todas las entrevistas se grabaron en audio con fines de investigación.

2.5 Análisis de los datos

Las entrevistas se transcribieron literalmente y se anonimizaron. Todo el equipo de investigación conocía las transcripciones, pero el análisis de las entrevistas lo llevó a cabo principalmente una investigadora independiente con titulación de máster (CD), con la supervisión de un investigador sénior (AMacB), que no habían participado en la recogida de datos, lo que mitigaba cualquier riesgo de sesgo. Se empleó un análisis temático (AT) para identificar, analizar, organizar y comunicar de forma sistemática los temas y patrones compartidos en el conjunto de datos (Braun & Clarke, 2006). Se eligió el AT como método para explorar los pensamientos, sentimientos y conductas de las personas participantes, ya que permite desvelar similitudes y diferencias en la experiencia sin quedar sujeto a un modelo teórico (Braun & Clarke, 2006; Joffe, 2012; Nowell et al., 2017). Dado el carácter exploratorio de la investigación, se consideró que un enfoque flexible, como es el AT, sería el más provechoso para comprender la experiencia de MB de las personas participantes.

Este estudio siguió el protocolo de AT descrito en Braun & Clarke (2006) y Nowell et al. (2017). Tras la transcripción, el análisis implicó un proceso iterativo de familiarización con los datos (lectura activa de las entrevistas tomando notas iniciales). Las transcripciones se importaron al programa NVivo (versión 13, 2020) y se codificaron línea por línea, prestando atención a los elementos descriptivos, lingüísticos y conceptuales (Braun & Clarke, 2006). A continuación se completó un análisis de segundo y tercer orden de la codificación para garantizar su rigor (Fereday & Muir‐Cochrane, 2006). Después, los códigos se agruparon para formar temas y subtemas. Siguiendo la sugerencia de Braun & Clarke (2006), los temas se identificaron en función tanto de su prevalencia como de su «relevancia clave» (keyness; es decir, la capacidad del tema para captar lo que es importante a la luz de las preguntas de investigación), dado que una mayor prevalencia por sí sola no equivale necesariamente a una mayor importancia. Para asentar la confianza en los resultados de esta investigación, se recurrió a la fiabilidad interjueces en forma de triangulación: un tercio de las transcripciones fue codificado también por otro miembro del equipo de investigación (AMacB). Los códigos y temas finales se debatieron con todos los miembros del equipo de investigación para llegar a un consenso y garantizar la validez del análisis.

3 RESULTADOS

3.1 Características de la muestra

Como se muestra en la Figura 1, de las 111 díadas progenitor-bebé reclutadas en los grupos MB participantes, 91 aceptaron participar en el proyecto de investigación (70 díadas madre-bebé y 21 díadas padre-bebé). Según los criterios psicosociales establecidos, 66 (73%) de nuestra muestra inicial (91) se consideraron en riesgo, de las cuales 51 de 66 (72%) eran madres. Entre las personas participantes en el proyecto, 22 díadas no completaron el programa, lo que supone una tasa de abandono del 24% (rango del 0%–44% según los grupos). De quienes no completaron el programa, el 9% (dos) eran padres. De las 69 díadas progenitor-bebé que completaron el grupo MB, 68 progenitores fueron entrevistados en T2 (49 madres y 19 padres; una madre no estaba disponible en la recogida de datos de T2). Quienes completaron el programa asistieron por término medio al 80% de las 14 sesiones de MB. No se observaron diferencias en el número de sesiones a las que se asistió ni en los efectos de la intervención evaluados cuantitativamente en función del nivel de riesgo y del género (Raouna et al., 2021). No se hallaron diferencias en las características sociodemográficas entre las personas participantes que completaron el programa MB y las que no lo completaron. Quienes no completaron el programa declararon una mayor confianza parental en T1 que quienes sí lo completaron (Raouna et al., 2021). La Tabla 1 recoge los datos sociodemográficos de las personas entrevistadas. La comparación de las características sociodemográficas de madres y padres mediante pruebas de chi cuadrado de Pearson indicó que la única diferencia significativa era que más padres (63%) que madres (10%) declaraban que su hijo o hija no vivía con ellos al inicio del programa [χ2 (1) = 19.52, p < .001].

Proyecto de investigación Mellow Babies: diagrama de flujo de servicios, grupos y personas participantes
FIGURA 1. Proyecto de investigación Mellow Babies: diagrama de flujo de servicios, grupos y personas participantes

Tabla 1 — Datos sociodemográficos iniciales de madres y padres entrevistados (n = 68)

  • Características de madres y padres.
  • Edad media en años (DE). Madres (n = 48e): 25.69 (5.94); padres (n = 19): 28.68 (8.85).
  • Nacionalidad (n [%]). Británica: madres 42 (87.5), padres 17 (89.47); Otraa: 6 (12.5) y 2 (10.53).
  • Nivel educativo (n [%]). Aún en la escuela: madres 1 (2.08), padres 1 (5.26); No terminó la escuela: 5 (10.42) y 2 (10.53); Educación secundaria: 17 (35.42) y 10 (52.63); College: 18 (37.5) y 5 (26.32); Formación complementaria: 7 (14.58) y 1 (5.26).
  • Situación laboral (n [%])b. Empleo a tiempo completo: madres 7 (14.89), padres 3 (15.79); Empleo a tiempo parcial: 5 (10.64) y 0 (0); Desempleo, con prestaciones: 24 (51.06) y 13 (68.42); Desempleo, sin prestaciones: 11 (23.41) y 3 (15.79).
  • Situación de pareja (n [%]). Sin pareja: madres 24 (50), padres 5 (26.32); Matrimonio: 9 (18.75) y 4 (21.05); Convivencia en pareja: 11 (22.92) y 6 (31.58); En pareja, sin convivencia: 4 (8.33) y 4 (21.05).
  • Diagnóstico de salud mental (n [%])c. Ninguno: madres 21 (46.66), padres 12 (63.16); Depresión: 9 (20) y 2 (10.53); Trastorno de ansiedad: 7 (15.56) y 0 (0); Depresión y ansiedad: 7 (15.56) y 3 (15.79); Otro: 1 (2.22) y 2 (10.53).
  • Malestar psicológico actual (por encima del punto de corte clínico; n [%])d. Síntomas depresivos: madres 16 (32.65), padres 7 (36.84); Síntomas de ansiedad: 30 (61.22) y 12 (63.16); Síntomas de somatización: 10 (20.41) y 4 (21.05); Índice de gravedad global (GSI): 16 (32.65) y 7 (36.84).
  • Características de la criatura que asiste al grupo.
  • Edad media en meses (DE). Criaturas de las madres: 8.70 (7.15); criaturas de los padres: 11 (5).
  • Género (n [%]). Femenino: madres 20 (41.67), padres 10 (52.63); Masculino: 28 (58.33) y 9 (47.37).
  • Situación residencial (n [%]). Vive con el progenitor: madres 43 (89.59), padres 7 (36.84); Acogimiento en familia extensa: 1 (2.08) y 7 (36.84); Acogimiento familiar: 3 (6.25) y 3 (15.79); Contacto supervisado con el progenitor: 1 (2.08) y 2 (10.53).

aOtra = británico-asiática (n = 1), dominicana (n = 1), malasia (n = 1), marroquí (n = 1), nepalí (n = 1), pakistaní (n = 1), zimbabuense (n = 2).
bn = 47 para las madres; n de los padres sin cambios.
cn = 45 para las madres; n de los padres sin cambios; según lo indicado por madres y padres.
dn = 49 madres; n de los padres sin cambios; según el Brief Symptom Inventory‐18; se consideró caso clínico a la persona cuya puntuación T en la subescala era ≥63 y, para el GSI, cuando al menos dos de las subescalas tenían una puntuación T ≥ 63 (Derogatis, 2001).
eFaltan los datos sociodemográficos de n = 1 madre y n = 1 criatura en la muestra total.

3.2 Temas

A partir de los datos se generaron tres temas y seis subtemas, como se muestra en la Tabla 2.

Tabla 2 — Temas, subtemas y subtemas ampliados, con el número de progenitores que respaldan cada uno y citas ilustrativas

El recorrido parental

  • De la vacilación a la implicación. Aislamiento (32); Dificultades de salud mental (35); Dificultades para adaptarse al rol parental (20); Impacto en el desarrollo socioemocional del bebé (4); Ganas de unirse al grupo (3); Bajas expectativas respecto al grupo (34); Comparación con otros grupos (6); Rol de la persona facilitadora (30); Apoyo de la persona facilitadora (8); Reconexión con los servicios (4); Personas que comprenden (60); Grupos diferenciados por género (5); Compartir en un grupo homogéneo (39); Cultivar la comunidad (45). «Puedes ir a grupos y quedarte callado, y todos los demás hablan; con Mellow es distinto, tienes la oportunidad de decir lo tuyo y tu opinión importa. No estabas ahí sentado sintiéndote ridículo ni avergonzado» [Padre 15]
  • «Recuperar un poco de mí». Mejora de la salud mental (43); Identidad materna (15); Reducción del estrés (21) y regulación emocional (33); Confianza (54); Conexión social (58); Ningún cambio declarado (1). «Trabajar sobre nosotras mismas me ayudó mucho a salir adelante con mi depresión posparto, en el sentido de hablar de cómo me sentía y de pensar que, en realidad, está bien abrirse. Así que, en lo que a mí respecta, incluso mentalmente, para salir adelante, fue una gran ayuda» [Madre 36]
  • «Romper ese ciclo». Historias de vida (49); Experiencia de haber sido criado (10); Reconocer relaciones de maltrato (8); Desconexión respecto a los contenidos (2). «Profundizamos en nuestro pasado, cuando éramos niñas, y eso fue difícil para mí porque en mi infancia pasaron cosas que nunca traería al primer plano de mi memoria, pero supongo que estuvo bien, porque son cosas que no afrontas y, luego, cuando tienes que hacerlo, es muy bueno darte cuenta de que lo has afrontado, de que puedes superarlo y seguir adelante» [Madre 42]

Beneficios para el bebé

  • La relación entre progenitor e hijo: remodelar las interacciones. Comprender al bebé (38); Atención plena y juego (17); Videofeedback (30); Más amor (2); Confianza del bebé (5); Ningún cambio en la relación (6). «No estaba segura de querer estar con él, no sentía que tuviera una conexión con él, no sentía que hubiera un vínculo con él, al principio quería darlo en acogida; pero ahora lo quiero con locura» [Madre 11]
  • «Mi bebé está mucho más contento». Ampliación del mundo social (10); Desarrollo social (35); Salud mental (25); Confianza (9); Impacto positivo en las relaciones (12). «Antes estaba muy pegada a mí, no me dejaba ni a sol ni a sombra, y ahora ha empezado a separarse de mí y a hacer sus cosas. Antes se agarraba a mí, no se movía, no me dejaba ni a sol ni a sombra, no dejaba que nadie más la cogiera en brazos ni nada, pero ahora deja que todo el mundo la coja, se va a jugar con otros críos [niños]» [Padre 2]

Seguir adelante después de Mellow

  • «No quiero vivir del paro toda mi vida». Prolongación del grupo (15); Repetición (13); Ganas de aprender (7); Falta de confianza (10); Estudios (10); Empleo (22); Mellow Toddlers (5); Reconexión con la comunidad (20); Mantener las amistades (41). «Seguramente, al principio del grupo nunca, jamás había visto un futuro para mí, nunca… me costaba mirar al futuro, no… es difícil de explicar, pero es que no veía nada, estaba tan… simplemente me sentía entumecida, pero ahora tengo mucha más confianza y veo un futuro muy bueno para mí y para las niñas, que somos solo yo y mis niñas. A lo mejor conseguir un trabajo dentro de unos seis meses, mantenerlas, simplemente estar seguras y ser felices» [Madre 21]

3.2.1 El recorrido parental

3.2.1.1 De la vacilación a la implicación

En consonancia con los criterios de derivación, la mayoría de madres y padres refirieron, antes de comenzar la intervención, un malestar debido al aislamiento (n = 32), a dificultades de salud mental (n = 35) o a dificultades para adaptarse al rol parental (n = 20): «Sufro depresión y ansiedad, y como madre aquello me superó un poco, no podía con la vida, con ser madre, con todo» [Madre 21]. Estos relatos coincidentes de bajo estado de ánimo, altos niveles de estrés y desconexión social fueron compartidos por igual por madres y padres. Algunos progenitores reflexionaron también sobre el impacto negativo que su bienestar y su funcionamiento habían tenido en la relación con su bebé y en el desarrollo socioemocional de este (n = 4): «No salía nunca, estaba siempre en casa con el pequeño. No estaba aprendiendo nada» [Madre 18].

Las dificultades previas a la intervención contribuyeron a generar sentimientos negativos respecto a la asistencia al grupo. Aunque algunos progenitores tenían ganas de asistir (n = 3), la mayoría refirió nerviosismo y bajas expectativas (n = 54). Los padres expresaron reticencia a abrirse ante desconocidos y la sensación de que servicios externos les presionaban para asistir (p. ej., los servicios de protección de la infancia), mientras que la experiencia de las madres se caracterizaba sobre todo por la ansiedad social y el miedo a que se juzgaran sus capacidades como madres. Sin embargo, tras asistir al grupo MB, la mayoría de las personas participantes elogiaron el ambiente relajado y acogedor del programa, algo sorprendente para algunos progenitores que esperaban recibir «reprimendas» o «sermones» (n = 13). Un pequeño número de progenitores (n = 6) también comparó positivamente su experiencia en MB con la de otros grupos de parentalidad a los que habían asistido antes: «He ido a un par de grupos y ninguno me ha hecho sentir tan cómodo, tan relajado y con tanta confianza como Mellow Dads» [Padre 19].

Cuando madres y padres reflexionaron sobre los elementos que les motivaron a completar el programa MB, se hizo evidente que el papel de la persona facilitadora era clave para crear una intervención «segura» y agradable (n = 30): «Da la sensación de que en realidad no son líderes, son simplemente gente con la que vas al grupo, ha sido mucho más cómodo» [Madre 3]. Se valoraron las sólidas habilidades interpersonales de las personas facilitadoras, entre ellas la empatía, la apertura y la capacidad de respuesta, que permitieron a madres y padres establecer una relación de confianza con ellas y con los demás miembros del grupo, y sentirse vistos y cuidados. En algunos casos (n = 8), los progenitores también mencionaron haber ganado un aliado incluso más allá del grupo: «Con mis vistas en el juzgado, había entrado y allí había nueve personas para apoyar a mi expareja y yo estaba sentado solo. Al día siguiente apareció [el facilitador] y estuvo ahí para mí, tenía a alguien a mi lado y no estaba solo» [Padre 19]. En concreto, para los progenitores en contacto con los servicios sociales, MB se percibía como un espacio que les «permitía» ejercer la crianza de su criatura: «No sentía que me estuvieran vigilando ni juzgando. Podía ser simplemente su madre» [Madre 33]. Para algunos progenitores (n = 4), esta relación positiva establecida con las personas facilitadoras fue un vehículo para volver a vincularse con servicios de los que antes se habían sentido marginados, lo que generó un efecto bola de nieve positivo de mejores relaciones con profesionales del ámbito sanitario: «El trabajador social dijo que estaba orgulloso de mí. Ahora nos llevamos genial con él. Ahora todo es mucho más fácil porque [no nos] gustaba cuando vinieron a casa por primera vez, ¡pero ahora es bienvenido!» [Padre 13].

El componente grupal de MB se describió como valioso y agradable; sin embargo, madres y padres reconocieron que esto se debía principalmente a que el grupo estaba formado por «gente que entiende» [Padre 7] (n = 60). Los padres señalaron que los grupos diferenciados por género eran un aspecto importante de la intervención, que favorecía su implicación y les permitía sentirse «escuchados» (n = 5). Los relatos de los progenitores (n = 39) indicaron que el hecho de compartir experiencias dentro de un grupo homogéneo les llevó a darse cuenta de que no estaban solos y redujo su aislamiento emocional: «Te das cuenta de que no eres solo tú quien ha pasado por cosas malas, y compartir eso con alguien, cómo te sentiste, reconforta mucho» [Madre 18]. Hablar de experiencias difíciles en el marco del grupo también se consideró un medio para cultivar un sentimiento de comunidad y de pertenencia que la mayoría de madres y padres valoraron (n = 45): «Ahora nos hemos convertido más bien en una familia» [Madre 34].

3.2.1.2 «Recuperar un poco de mí»

Tanto las madres como los padres experimentaron una mejora de su salud mental tras asistir a MB (n = 43), con cambios positivos en su estado de ánimo, su ansiedad y su autoestima; en un caso, hasta el punto de que se le aconsejó suspender la medicación antidepresiva. Las reflexiones de las madres (n = 15) destacaron el papel de MB a la hora de permitirles reconectar con aspectos descuidados de su identidad más allá de la maternidad y de las dificultades de salud mental: «He recuperado un poco de mí. Pensaba: “Se acabó, ya no importo”. Pero solo se aguanta así un tiempo, y puedes sentirte sola, triste, deprimida. Ahora me siento muchísimo mejor» [Madre 20]. Tanto para las madres como para los padres (n = 21), las mejoras percibidas en la salud mental llevaron a una reducción del estrés ligado a la crianza y les permitieron acceder a habilidades de afrontamiento más adaptativas y a estrategias de regulación emocional (n = 33): «Cómo me manejo cada vez que surgen situaciones, incluso [con] los dos mayores, he sido más relajado en mi forma de tratarlos a ellos y su comportamiento» [Padre 1].

Como consecuencia, madres y padres refirieron sentir más confianza, tanto en sus actividades cotidianas: «No me gustaba ir a espacios públicos grandes, tenía la sensación de que todo el mundo hablaba de mí y me miraba» [Padre 16], como en sus habilidades parentales después de asistir a MB: «Antes le pedía mucha ayuda a mi madre; sentía que no era capaz de hacerlo yo sola, mientras que ahora siento que puedo» [Madre 46]. Este aumento de la confianza contribuyó a reducir el aislamiento gracias a una mayor conexión social y a una mayor capacidad para participar en la comunidad, tanto en las madres como en los padres (n = 58): «Soy más sociable, tengo más amigos, puedo hablar con la gente. He vuelto a salir a la comunidad en lugar de estar tan aislada y no tener a nadie» [Madre 14]. Sin embargo, también hay que señalar que una madre [Madre 2] no refirió ningún cambio en su bienestar. Esto parecía relacionarse con la sensación de que el grupo no respondía a sus necesidades y, por tanto, con un sentimiento de desconexión respecto a las demás personas participantes del grupo.

3.2.1.3 «Romper ese ciclo»

Las reflexiones de madres y padres indicaron que las conversaciones abiertas, aunque moderadas, sobre temas delicados dentro del grupo les ofrecieron una nueva perspectiva desde la que contemplar la adversidad personal y las relaciones. Tanto madres como padres (n = 49) mencionaron la sesión «Historias de vida» como un componente emocionalmente exigente pero vital de la intervención, con valor terapéutico, que permitía elaborar psicológicamente recuerdos y emociones difíciles: «Es muy bueno darte cuenta de que lo has afrontado y de que puedes superarlo» [Madre 42]. «Historias de vida» ofreció a madres y padres la oportunidad de formular y compartir sus experiencias de manera coherente, lo que les permitió establecer conexiones con su funcionamiento actual: «Mirar atrás y ver dónde estábamos hoy por lo que ha pasado» [Madre 19]. En algunos progenitores, esto también dio pie a una introspección sobre su propia experiencia de haber sido criados, identificando las prácticas de crianza que querrían mantener o evitar en adelante (n = 10): «Si hubiera habido algo así para mi madre, yo no habría acabado en la misma situación en la que acabó ella; estar aquí ha roto ese ciclo para mi hija» [Madre 17]. La naturaleza de estas conversaciones permitió a madres y padres comprender mejor las relaciones interpersonales complejas y, en algunos casos, reconocer que habían sufrido (n = 6) o ejercido (n = 2) maltrato en relaciones de pareja: «Estaba tan cegada por mi ex que ni siquiera me daba cuenta de que lo que hacía estaba mal» [Madre 22]. Tanto las reflexiones de quienes lo habían sufrido como las de quienes lo habían ejercido indicaron que comprender los patrones de conducta maltratadora les hacía sentir más seguridad en que en el futuro serían capaces de evitar relaciones similares: «Si volviera a pasar lo mismo, conocería las señales y sabría cómo detectarlo» [Madre 37]; «Es algo que ahora voy a poder combatir» [Padre 1].

Cabe señalar que dos progenitores refirieron que no les habían gustado las conversaciones sobre la adversidad interpersonal; criticaron que el contenido y el formato del grupo se centraran en gran medida en experiencias pasadas y expresaron el deseo de que se incorporara a la intervención un elemento más alentador y orientado al futuro: «Ha sido una experiencia más bien negativa, porque estamos todo el rato repasando la mierda por la que hemos pasado en la vida» [Madre 2]. Estas reflexiones apuntaban a la importancia de que los miembros del grupo compartan una trayectoria y sugerían que MB puede ser más beneficioso para quienes se encuentran en la «misma etapa» de elaboración de sus experiencias: «Si eres alguien que no ha resuelto sus problemas, que no ha dejado atrás el pasado, creo que esta es una buena oportunidad para venir a compartir tus historias. Pero creo que, cuando ya has trabajado tus problemas y tus experiencias negativas pasadas y quieres mirar hacia delante, el grupo saca a relucir las cosas que quieres olvidar» [Madre 2].

3.2.2 Beneficios para el bebé

3.2.2.1 La relación entre progenitor e hijo: remodelar las interacciones

Las reflexiones de las madres (n = 38) indicaron que, tras asistir al grupo, comprendían mejor las necesidades, los estados mentales y las etapas de desarrollo de su criatura, lo que se percibía como fuente de interacciones más positivas: «Ejercicios como ese me hicieron ponerme en la piel de la cría [niña] y entendí lo que podría hacer y lo que no para que estuviera más o menos cómoda» [Madre 17]. Madres y padres contaron que la psicoeducación centrada en la infancia incluida en el programa les dotó de los conocimientos y las habilidades necesarios para mejorar la calidad de sus interacciones, con más atención plena y más juego (n = 17). En concreto, la mayoría de las madres (n = 30) destacaron que, gracias al acompañamiento en los ejercicios de videofeedback centrado en las fortalezas y en las actividades semanales de interacción guiada, habían experimentado beneficios en múltiples niveles, entre ellos una mayor confianza en su capacidad parental y una conexión y una sintonía más fuertes con su criatura: «[Ahora] entiendo mejor sus señales. Antes no captaba gran cosa, pero ahora, con la ayuda de todo el mundo, he sido capaz de captar las señales de que está cansada, de que tiene hambre, de que quiere un abrazo» [Madre 31]. Esto también dio a madres y padres los medios para relacionarse con sus bebés de una manera más participativa y adecuada a su desarrollo: «Antes me preguntaba: ¿qué se supone que tengo que hacer con él? ¿A qué tipo de cosas se supone que tengo que jugar con él? Ahora lo persigo cuando va en su bici, pintamos o dibujamos» [Madre 18].

Un pequeño número de madres (n = 2) habló de sentir más amor hacia su bebé después de la intervención: «Ahora quiero a [mi hijo] más que a nada, mientras que si pienso en hace dos años, no sabía [ken] si lo quería» [Madre 18]. Madres y padres reflexionaron también sobre el carácter recíproco de estos beneficios, subrayando el impacto bidireccional de las relaciones entre progenitores y criaturas: «Parece que hay mucho más amor y apego, en los dos sentidos; en vez de sentir solo que él me necesita, ¡es como si de verdad le gustara!» [Madre 27]. Por ejemplo, algunos progenitores (n = 5) indicaron que, después de MB, sus bebés habían ganado confianza para explorar su entorno y para confiar en ellos: «Voy a casa de una amiga del grupo y ella se va y me deja, mientras que antes se agarraba a mí, no se movía, no me dejaba ni a sol ni a sombra» [Padre 2]; «Veo la confianza que tiene en mí, veo que entiende que, si voy al baño, sabe que voy a volver» [Padre 19]. Un pequeño número de progenitores (n = 6) no refirió ningún cambio en la relación con su criatura; sin embargo, estas personas también refirieron tener una relación sólida con ella antes de comenzar la intervención.

3.2.2.2 «Mi bebé está mucho más contento»

Varios progenitores fueron testigos de una ampliación positiva del mundo social de su bebé después de la intervención; algunos (n = 10) refirieron que su bebé nunca había jugado con otras criaturas antes de asistir a MB. Madres y padres, en su gran mayoría madres, destacaron que la asistencia de sus criaturas al grupo de cuidado infantil que funciona en paralelo al grupo MB había beneficiado el desarrollo social (n = 35), la salud mental (n = 25) y la confianza (n = 9) de su bebé: «Ahora mi bebé es muy sociable, mientras que antes se habría mostrado extraño con la gente» [Madre 25]; «aprendió a sonreír» [Madre 34]. También se señaló que la oportunidad de socializar en el grupo de cuidado infantil repercutía positivamente en las relaciones de los bebés más allá del grupo MB, con sus hermanos y hermanas y con otros familiares (n = 12): «Tengo una hermana de tres años y él no creaba vínculo con ella, pero después de venir a este grupo se ha unido muchísimo a ella y es increíble ver ese vínculo, jugando con ella» [Madre 13].

3.2.3 Seguir adelante después de Mellow

3.2.3.1 «No quiero vivir del paro toda mi vida»

Al considerar sus planes y objetivos después de MB, varios progenitores expresaron el deseo de que el grupo se prolongara (n = 15) o de repetirlo por completo (n = 13): «Daría lo que fuera por volver a otro grupo de Mellow Dads» [Padre 12]. Hubo relatos tanto de madres como de padres que deseaban que el grupo «durara para siempre»; algunos progenitores indicaron que su deseo de repetir el grupo se basaba en la oportunidad de aprender más (n = 3): «Aprender cosas nuevas, eso es lo que más voy a echar de menos» [Padre 11], o de asegurarse de no haberse perdido ningún elemento importante (n = 4): «Cuando vuelvan a empezar Mellow Dads, seguramente pediré asistir otra vez, por si acaso hay algo que a lo mejor me he perdido» [Padre 12]. Algunos progenitores expresaron aprensión y falta de confianza respecto a su futuro (n = 10), así como dudas sobre los efectos duraderos de MB en su vida y una sensación de inseguridad sin el refugio seguro que el grupo les ofrecía: «Tengo un poco más de confianza, pero no basta para seguir adelante; en cuanto termine este grupo, seguramente volveré a encerrarme. No sé qué voy a hacer sin este grupo, no quiero que se acabe» [Madre 10].

Por otra parte, algunos progenitores contaron que el grupo les había dado motivación y esperanza para el futuro: «No quiero vivir del paro toda mi vida, y este grupo me ha dicho: “Puedes conseguir un trabajo y hacer que tu hija se sienta orgullosa”; nadie me había dicho eso nunca. Nadie me había empujado nunca a hacerlo» [Madre 13]. Aproximadamente la mitad de madres y padres expresaron el deseo de seguir ganando autonomía mediante la adquisición de nuevas competencias, ya fuera retomando los estudios (n = 10) o buscando empleo (n = 22). Madres y padres refirieron que el apoyo y la orientación recibidos de los demás miembros del grupo, y en particular de las personas facilitadoras, les habían dado fuerzas para explorar las oportunidades de empleo y de formación a su alcance después de la intervención: «Me ha ayudado muchísimo, o sea, si hace un año me hubieras dicho: “Dentro de un año vas a pedir cita en la oficina de empleo”, yo te habría dicho: “¡Qué va!”» [Padre 16]; «He estado hablando con [la persona facilitadora] y me van a proponer para hacer un curso de cuidado infantil» [Madre 42]; «Me ha mostrado un poco lo que quiero hacer. Voy a intentar entrar en la universidad» [Padre 18].

Conscientes de que seguían necesitando apoyo personal y parental, algunos progenitores también tenían previsto pasar a Mellow Toddlers (n = 5) en el mismo entorno comunitario, mientras que muchos (n = 20) parecían tener la confianza necesaria para volver a vincularse con la comunidad en sentido amplio asistiendo a otros grupos de apoyo y de parentalidad: «Tengo pensado llevar a los niños a otros grupos para criaturas pequeñas de la zona» [Madre 26]. Por último, la mayoría de las madres y los padres (n = 41) expresaron el deseo de mantener las amistades hechas a lo largo del grupo, lo que indica un aumento sostenido de la conexión social proactiva: «Voy a seguir en contacto con la mayoría de los de aquí. Espero intentar organizar yo mismo un grupo de padres de verdad: ir al parque de bolas o ir a nadar» [Padre 11].

4 DISCUSIÓN

Este es el primer estudio de ámbito británico que aporta evidencia cualitativa sobre la experiencia parental de asistir al programa MB, tanto de madres como de padres, y que ofrece una visión de los aspectos de la intervención que pueden facilitar el cambio en las familias en riesgo. Quienes completaron el programa compartieron una experiencia positiva para sí mismos, para su relación con sus criaturas y para el desarrollo socioemocional de sus bebés, con opiniones dispares sobre sus planes después de la intervención. Esto concuerda en gran medida con los resultados cuantitativos de este proyecto, que muestran que completar el grupo MB aporta mejoras significativas en los niveles de ansiedad y en el bienestar general, en la confianza parental y en la cercanía percibida de la relación entre progenitor e hijo (Raouna et al., 2021). Madres y padres identificaron múltiples componentes interrelacionados de la intervención como facilitadores del cambio positivo y de la implicación, entre ellos: (i) el carácter grupal de la intervención y, en concreto, su entorno de apoyo y su homogeneidad en cuanto a características psicosociales y de género, (ii) el papel y las habilidades interpersonales de las personas facilitadoras, y (iii) el enfoque multidimensional de la intervención, con oportunidades de reflexión personal, interacción positiva guiada con sus bebés y un grupo de cuidado infantil paralelo. En conjunto, los resultados de este estudio pusieron de relieve tres procesos principales a través de los cuales MB puede beneficiar a las familias en riesgo: (i) el sentimiento de comunidad cultivado en el grupo, (ii) el proceso de formular y reconceptualizar las propias dificultades y (iii) la oportunidad de remodelar las interacciones interpersonales.

4.1 Cultivar la comunidad dentro del grupo

En consonancia con la literatura existente, madres y padres valoraron la interacción social que proporciona el carácter grupal de MB y señalaron las amistades hechas como un aspecto importante de la intervención (Butler et al., 2020; Ruane et al., 2019). El sentimiento de comunidad se cultivó gracias a la puesta en común de experiencias compartidas, en la que el papel integrador y las habilidades interpersonales de las personas facilitadoras se percibieron como clave para crear un entorno de apoyo en el grupo. Madres y padres transmitieron que la oportunidad de hablar de experiencias difíciles con otras personas que «entienden» eliminaba los sentimientos de estigmatización y de culpa que, según la literatura, funcionan como barreras para las familias en riesgo (Webb et al., 2021). Además, los grupos diferenciados por género parecen haber sido especialmente importantes para los padres, lo que concuerda con los resultados que sugieren que los grupos mixtos pueden resultar poco acogedores e intimidantes para las parejas (Smokowski et al., 2018; Panter‐Brick et al., 2014). Los padres refirieron sentirse «vistos y escuchados» en el grupo MB, lo que rompe con los relatos documentados anteriormente de padres que se sienten el «progenitor invisible» para el personal sanitario y los servicios durante el periodo perinatal (Lever et al., 2018).

En conjunto, la reducción percibida del aislamiento social y emocional tuvo un valor significativo para madres y padres que completaron el programa MB, lo que refleja un resultado vital de la intervención cuando se trabaja con familias que viven en un contexto de múltiples adversidades psicosociales (al inicio del programa, la mayoría de las personas participantes vivían en zonas muy desfavorecidas, sufrían un problema de salud mental, estaban en situación de desempleo o criaban en solitario, o varias de estas cosas a la vez). Esta observación respalda las recomendaciones de adoptar un enfoque equilibrado en el trabajo con familias en riesgo, que ofrezca un espacio para abordar los problemas psicosociales subyacentes y, a la vez, promueva habilidades de crianza sensible y la sintonía entre progenitor y bebé (Butler et al., 2020; Whittaker & Cowley, 2012). Además, aunque nuestros resultados confirman los beneficios adicionales asociados a la oferta de intervenciones grupales focalizadas impartidas en entornos comunitarios, también ponen de relieve el carácter decisivo de la sintonía entre los miembros del grupo y de la manera en que cada cual percibe su situación y sus dificultades para abrirse a los posibles beneficios de la intervención. Por consiguiente, para maximizar la eficacia de la intervención y minimizar cualquier posible daño, es crucial disponer de procedimientos de evaluación rigurosos que determinen si un progenitor se beneficiaría más de una intervención individual o grupal, y ofrecer a las personas facilitadoras oportunidades continuas de cultivar sus habilidades interpersonales (p. ej., mediante consultas reflexivas).

4.2 Reconceptualizar las propias dificultades

Madres y padres indicaron de forma sistemática que la sesión «Historias de vida», situada estratégicamente a mitad del programa, era un componente poderoso de la intervención, capaz de impulsar el cambio. La oportunidad de formular y reapropiarse del relato de las propias experiencias vitales, tras haber establecido una relación de confianza dentro del grupo, ofreció a madres y padres un espacio seguro para elaborar y reconceptualizar sus dificultades. Para algunos, esto funcionó además como un punto de inflexión que dio lugar a un cambio emocional a partir del cual sentían que podían «seguir adelante» (Johnstone, 2018; Redhead et al., 2015). En concreto, madres y padres indicaron que los elementos reflexivos de MB les permitieron tomar conciencia de errores y conductas desadaptativas del pasado, tanto propios como de sus propios progenitores y de sus parejas (pasadas). Este resultado concuerda con la evidencia existente que sugiere que ofrecer oportunidades de reflexión puede contribuir activamente a prevenir la transmisión intergeneracional de la adversidad psicosocial (Schoon & Melis, 2019). No obstante, hay que reconocer que un cambio duradero depende de una compleja interacción entre capacidades, motivaciones y factores contextuales (Platt & Riches, 2016), en la que el deseo por sí solo no basta (Byng‐Hall, 2008). Madres y padres señalaron que el valor de MB no residía en «prescribirles» el cambio, sino en hacerles ver que las circunstancias pueden cambiar y en darles los medios para generar cambios positivos por su cuenta.

Dado que no es posible cuantificar el valor de un espacio reflexivo con medidas estandarizadas, este estudio ha aportado una visión valiosa de lo que madres y padres consideran decisivo para que su experiencia en el grupo MB tenga un impacto positivo. No obstante, hay que señalar que algunos progenitores expresaron el deseo de que los contenidos pusieran más el acento en mirar hacia el futuro y en «dejar atrás» las experiencias difíciles. Por tanto, es importante reconocer que, aunque MB se dirige a progenitores con dificultades psicosociales, en la presente muestra seguía habiendo variación en el nivel de estudios superiores alcanzado, la situación laboral, la gravedad de los problemas de salud mental y las circunstancias de crianza en el contexto de la monoparentalidad y de diversos regímenes de custodia. Estos factores podrían haber mediado las diferencias observadas en la percepción de la intervención, en la implicación en ella y en la experiencia vivida, bajo la influencia de elementos como los motivos de asistencia (p. ej., autoderivación frente a derivación judicial) y las demandas concurrentes (Mytton et al., 2014; Whittaker & Cowley, 2012). Las investigaciones futuras podrían centrarse específicamente en el componente reflexivo de la intervención y explorar si su eficacia puede verse moderada por distintos indicadores psicosociales, ya que nuestro resultado concuerda con la literatura más amplia sobre MP y, por tanto, la investigación converge hacia la identificación de lo que podría ser un ingrediente central de la eficacia de la intervención para las familias en riesgo (Birtwell et al., 2015; Buston et al., 2019; Puckering et al., 2010).

4.3 Remodelar las interacciones interpersonales

El desarrollo de la conexión y la comunicación de madres y padres con su bebé fue otro cambio clave percibido como consecuencia de asistir al grupo MB. Madres y padres atribuyeron a menudo estos cambios a su mayor conocimiento de las etapas del desarrollo y de los estados mentales de la infancia, así como a las actividades de interacción positiva guiada. Ganar confianza y aprender a jugar con su criatura fue otro componente importante mencionado por madres y padres, cuyo valor para nutrir el desarrollo infantil y la relación entre progenitor e hijo no puede pasarse por alto (Ginsburg, 2007). En el presente análisis, las personas participantes sugirieron que su confianza parental aumentó gracias al estímulo para probar actividades nuevas con sus bebés y al hecho de presenciar los beneficios recíprocos de estar más en sintonía con ellos. Además, algunos progenitores refirieron haber observado cambios socioemocionales positivos en sus criaturas después de la intervención, debidos tanto a la asistencia al grupo de cuidado infantil paralelo como a la mejora de su propio bienestar y de su atención plena. Estas observaciones subrayan el carácter dinámico y transaccional de las interacciones familiares (Schermerhorn et al., 2008) y refuerzan la necesidad de ofrecer intervenciones multidimensionales.

Curiosamente, cuando se invitó a los padres a reflexionar sobre sus experiencias en el grupo, estas se centraron en su propia experiencia de asistencia, a diferencia de las reflexiones de las madres, que se centraban sobre todo en el impacto compartido de la asistencia sobre ellas mismas y su bebé. Esta diferencia podría atribuirse al hecho de que la mayoría de los padres que completaron el grupo no tenían la custodia plena de su criatura cuando empezó el grupo (que fue además la única diferencia estadísticamente significativa en las características sociodemográficas entre madres y padres). Esto puede haber limitado su oportunidad de presenciar cambios en el desarrollo socioemocional de su criatura en distintos contextos. No obstante, en el caso de los progenitores que participaban con una criatura bajo la custodia de otra persona (25%), las reflexiones indicaron que MB les ofreció un entorno de confianza y libre de juicios en el que ejercer la crianza, lo que repercutió positivamente en su experiencia de la intervención y en su relación con su bebé. De hecho, más de la mitad de los progenitores en contacto con los servicios de protección de la infancia al inicio del grupo vieron una desescalada de su caso durante la intervención o después de ella, lo que indica que los servicios públicos, principalmente los que también habían derivado a madres y padres a los grupos MB, detectaron signos de mejora en las habilidades de crianza de las personas participantes y en la calidad de la relación con sus criaturas (Raouna et al., 2021). Aparte de esto, no hubo diferencias de género en la experiencia de la intervención, lo que concuerda con los resultados que sugieren que madres y padres pueden beneficiarse por igual de una intervención grupal adaptada al género (Raouna et al., 2021). No obstante, cabe señalar que las madres estaban sobrerrepresentadas en la muestra y que se necesita más investigación para identificar si existen mecanismos específicos que favorezcan la implicación de los padres en los programas de intervención temprana.

El impacto positivo de MB en las relaciones interpersonales fue más allá de la relación entre progenitor e hijo e impregnó el contexto familiar más amplio. Madres y padres reflexionaron sobre la mejora de las relaciones en el hogar gracias a su asistencia a MB, también con sus propios progenitores y con sus otros hijos e hijas. También hubo relatos de progenitores que adoptaban una actitud más calmada en su relación con la escuela y los servicios sociales. En algunos casos, el impacto de una mayor confianza parental se extendió además a otros ámbitos de su vida, como muestra un mayor deseo de retomar los estudios, de encontrar empleo o de mantener los vínculos sociales adquiridos. De este modo, MB parecía cumplir una función de apego, al ofrecer a madres y padres una base segura desde la que se sentían capaces de seguir explorando su mundo y las oportunidades a su alcance (Baumeister &, Leary, 1995; Page, 2011).

Teniendo en cuenta esta función, también es posible que el estilo de apego parental haya contribuido a las experiencias y sentimientos expresados por madres y padres antes y después de la intervención. La investigación sugiere que los estilos de apego inseguro son más frecuentes entre las personas en riesgo (Thomson & Jaque, 2017), que pueden mostrar niveles más altos de ansiedad y más temor ante las experiencias nuevas (Goleman, 2006; Markin & Marmarosh, 2010). En esta línea, nuestro análisis encontró una consecuencia no prevista de la participación en MB: algunos progenitores manifestaron el deseo de que el grupo se renovara como espacio de apoyo, y expresaron vacilación y poca confianza respecto a su futuro sin la sensación de estabilidad que el grupo les ofrecía. Aunque prolongar el grupo iría en contra de la evidencia que señala que superar las 16 sesiones reduce la eficacia de la intervención (Bakermans‐Kranenburg et al., 2003), este resultado puede ser un indicio de los distintos niveles de apoyo que pueden necesitar las familias en riesgo según la gravedad de su adversidad psicosocial y su estilo de apego. Las investigaciones futuras podrían evaluar el estilo de apego parental y los matices de los niveles de adversidad psicosocial para examinar esta hipótesis teórica, y comprender mejor cómo pueden cultivarse en las intervenciones tempranas componentes como el desarrollo de un apego parental seguro para favorecer la autonomía parental después de la intervención (Duggan et al., 2009).

4.4 Limitaciones y recomendaciones para la investigación futura

Aunque hemos desvelado aspectos de MB que pueden favorecer la implicación, nuestra capacidad para comprender qué lleva a madres y padres a desvincularse ha sido limitada, puesto que solo se entrevistó a quienes completaron el programa. La investigación futura debería esforzarse por recoger también información de quienes no lo completan, para comprender mejor las experiencias de todas las personas derivadas a MB y orientar con más precisión la práctica futura. La transferibilidad de nuestros resultados también se limita a la población británica blanca, y la investigación futura debería intentar replicarlos con una muestra más diversa desde el punto de vista étnico. Además, aunque el volumen de entrevistas de este proyecto es poco habitual en la investigación cualitativa, reconocemos que la riqueza y la profundidad de la información compartida por madres y padres durante las entrevistas pueden haberse visto influidas por diversos factores, entre ellos la relación entre investigador y participante o el carácter relativamente cerrado de algunas preguntas de la entrevista, o ambas cosas (Boddy, 2016; Gudkova, 2018). Asimismo, aunque la codificación se trianguló y la validación de códigos y temas se debatió en el equipo de investigación, la fiabilidad del análisis habría podido ser mayor si todas las transcripciones se hubieran codificado por partida doble y comparado durante el proceso de elaboración de los temas. No obstante, confiamos en que los resultados presentados en este estudio son sólidos, dada la coherencia de los relatos de madres y padres pese a la diversidad de ubicaciones geográficas.

Las mejoras referidas se produjeron en una aplicación del programa en condiciones reales, lo que indica validez ecológica. No obstante, la investigación futura también debería esforzarse por triangular los cambios referidos por madres y padres con los informes de las personas facilitadoras, para obtener una comprensión más holística del impacto de la intervención y, si es posible, replicar los resultados mediante un ensayo controlado aleatorizado a fin de reforzar la base empírica de MB. Resulta prometedor que muchos progenitores refirieran que tenían previsto mantener las amistades hechas después de la intervención y que habían trasladado a sus hogares las prácticas de crianza positiva aprendidas en el grupo MB. Sin embargo, se necesita investigación longitudinal para examinar si los avances se mantienen y de qué manera. Por último, dado que MP, adaptándose a las circunstancias, ha pasado a impartir su programa en formato en línea (www.mellowparenting.org/online‐programmes/), sería importante investigar si los procesos clave presenciales identificados en este proyecto (p. ej., cultivar un sentimiento de comunidad) son transferibles y si los viven madres y padres que participan en formatos de intervención digitales. Comprender la eficacia y las características propias de las intervenciones digitales podría ofrecer la oportunidad de llegar, de forma eficiente en costes, a progenitores que residen en lugares donde quizá no haya grupos presenciales.

5 CONCLUSIÓN

El periodo perinatal ofrece una ventana de oportunidad crítica para detectar y abordar las preocupaciones psicosociales mediante programas de intervención temprana y de prevención basados en la evidencia (Parkes et al., 2016). Si estas preocupaciones no se abordan, no solo tienen consecuencias significativas y duraderas para la salud mental de madres y padres, su capacidad parental y la calidad de las interacciones entre progenitor y bebé, sino también para la salud y el desarrollo de su bebé, con posibles repercusiones intergeneracionales. Los presentes resultados, que reúnen las experiencias de 68 progenitores que completaron el programa MB, ponen de relieve que MB es una intervención accesible y aceptable para las familias en riesgo, una población que las intervenciones grupales han pasado por alto habitualmente (Smokowski et al., 2018; Utting et al., 2007). Este estudio, guiado por las voces de quienes tienen experiencia vivida, ha desvelado elementos adicionales de MB que impulsan un cambio positivo en la vida de las familias en riesgo y que pueden funcionar como facilitadores para que vuelvan a vincularse con los servicios y con la comunidad en sentido amplio. Nuestros resultados ofrecen orientaciones valiosas para las políticas y la práctica futuras en salud mental perinatal y de la primera infancia, y señalan ámbitos que requieren más investigación para comprender la eficacia de los programas grupales de intervención temprana dirigidos a familias en riesgo.

Complexe Systémique: puntos clave

Mellow Babies reúne ingredientes que la práctica sistémica conoce bien, pero que rara vez combina: un grupo de iguales, un trabajo sobre la historia de cada progenitor y una atención directa a la interacción con el bebé, filmada y comentada desde las fortalezas. Lo que cuentan madres y padres describe un cambio de contexto más que una técnica: dejan de ser el progenitor vigilado por los servicios para convertirse en un miembro más entre otros, y esta nueva posición se extiende después a la fratría, a abuelas y abuelos, a la escuela y a los servicios sociales. La sesión «Historias de vida» vincula de forma explícita la infancia del progenitor con su manera de ejercer la crianza, lo que remite al trabajo intergeneracional. Los grupos separados para padres importan: en ellos dicen sentirse por fin «vistos y escuchados». Dos limitaciones invitan a la prudencia: solo se entrevistó a quienes completaron el programa, y el final del grupo inquieta a algunas personas, lo que plantea la cuestión del relevo y de la dependencia respecto al programa. Puede leerse junto con el estudio sobre progenitores vulnerables que aprenden a mentalizar y el ensayo de una intervención progenitor-bebé mediante videofeedback.

Notas del original

Conflicto de intereses. Aigli Raouna, Ruaridh Malcolm y Raquib Ibrahim eran personal asalariado de Mellow Parenting durante la realización de la investigación. AMacB es miembro del Steering group de la NHS Scotland Managed Clinical Network for Perinatal Mental Health y ha recibido financiación del MRC y de la CSO para proyectos relacionados con la salud materna e infantil. No hay patentes, productos en desarrollo ni productos comercializados vinculados a esta investigación que declarar.

Agradecimientos. La autoría desea dar las gracias a la AIM Foundation por financiar este proyecto, así como a los equipos profesionales, los servicios, las madres y los padres y sus bebés que formaron parte de esta investigación. Un agradecimiento especial al personal formado en Mellow Parenting de Fife Council, Easterhouse Barnardo's, Downpatrick SureStart, Central Bedfordshire Council y Enfield Council por hacer posible nuestro contacto con madres y padres y por facilitar con éxito los grupos Mellow Babies. La financiación se concedió a RI en nombre de Mellow Parenting Ltd. No se facilitó número de subvención. Las entidades financiadoras no intervinieron en el diseño del estudio, la recogida y el análisis de los datos, la decisión de publicar ni la preparación del manuscrito. Este estudio no recibió ninguna otra financiación externa.

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Traducción no oficial al español de “There's more love between us”: The parental experience of attending Mellow Babies, a targeted, early intervention program for parents and their babies, de Ciera Davidson, Aigli Raouna, Ruaridh Malcolm, Raquib Ibrahim y Angus MacBeth, Infant Mental Health Journal, vol. 44, n.o 1, p. 100-116 (2023), doi: 10.1002/imhj.22029, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (tablas presentadas en forma de lista). Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.

Este es el artículo original «“There's more love between us”: The parental experience of attending Mellow Babies, a targeted, early intervention program for parents and their babies», publicado en Infant Mental Health Journal (2023) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.

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Cómo citar este artículo

Davidson, C., Raouna, A., Malcolm, R., Ibrahim, R., y MacBeth, A. (2023). “There's more love between us”: The parental experience of attending Mellow Babies, a targeted, early intervention program for parents and their babies. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/theres-more-love-between-us-the-parental-experience-of-attending-mellow-babies (Obra original publicada en 2022 en Infant Mental Health Journal, 44(1), 100-116 (2023); republicada en 2023 por Infant Mental Health Journal, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/imhj.22029)

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