Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Marital and Family Therapy · Terapia familiar
La terapia familiar gana terreno en África, pero sus modelos siguen siendo en gran parte importados. El equipo de Ronald Asiimwe, repartido entre Minnesota, Georgia, Nairobi y Kampala, propone arraigar la justicia social en un marco nacido de las culturas africanas: el modelo de bienestar afrocentrado (African-Centered Wellness Model), basado en los principios suajilis del Nguzo Saba. Tres viñetas, en Estados Unidos y en Uganda, muestran cómo la unidad, la fe o la autodeterminación se convierten en palancas terapéuticas.
Traducción no oficial al español de Cultural Threads: An Afrocentric Paradigm for Integrating Social Justice Principles in the Practice of Family Therapy in Africa, de Ronald Asiimwe, Doneila L. McIntosh, Rehema Gathumbi Nyambura y Rosco Kasujja, publicado en Journal of Marital and Family Therapy (Wiley) (2026), doi: 10.1111/jmft.70091, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Ya sea en la América urbana o en Uganda, estas ilustraciones afirman que la sabiduría cultural africana no está separada de la salud mental, sino que le es fundamental.
Ronald Asiimwe, Doneila L. McIntosh, Rehema Gathumbi Nyambura y Rosco Kasujja
Resumen
La terapia familiar ha ido creciendo lenta pero constantemente en el continente africano. Habida cuenta de la rica y a la vez compleja historia económica, política y sociocultural de África, es esencial que quienes practican la terapia familiar integren los principios de justicia social (JS) en su investigación, su formación y su práctica de la terapia familiar. Al hacerlo, podemos contribuir a ofrecer un apoyo más inclusivo, culturalmente sensible y significativo a las comunidades de ascendencia africana, históricamente infrarrepresentadas. Más aún, recomendamos que el abordaje de las cuestiones de JS en la práctica de la terapia familiar en África se arraigue en marcos afrocéntricos de atención y de práctica. Basándonos en la literatura existente, presentamos el modelo de bienestar afrocentrado (African‐Centered Wellness Model) como marco fundacional para promover una terapia familiar socialmente justa con las familias africanas. Para mostrar cómo se traduce este marco en la práctica clínica, dos miembros del equipo de autoría presentan viñetas de casos extraídas de su trabajo clínico. A continuación se discuten las implicaciones de integrar los principios del modelo en la investigación, la formación y la práctica.
La práctica de la terapia familiar sistémica se basa en la comprensión de que el bienestar mental, emocional y psicológico no puede separarse de los contextos relacionales, socioculturales y políticos en los que existen las personas y las familias. La literatura reciente sobre terapia familiar ha subrayado la importancia crucial de integrar los principios de justicia social (JS) en la práctica, argumentando que las identidades superpuestas (p. ej., religión, clase social, género, orientación sexual, entre otras) pueden generar experiencias diversas de marginación y de privilegio (AAMFT 2023; Cutts 2013; Morrison et al. 2022). En el campo de la terapia familiar se admite ampliamente que adoptar una perspectiva de JS es esencial para garantizar que la atención y los servicios disponibles respondan a las necesidades de la clientela, en particular de las personas procedentes de entornos culturalmente diversos (Almeida and Tubbs 2020).
En África, donde los legados históricos y las estructuras contemporáneas siguen configurando las dinámicas familiares y las experiencias de salud mental, un enfoque socialmente justo de la terapia familiar no solo es beneficioso, sino también esencial (Lombard and Twikirize 2014; Pillay 2020). Nuestro argumento principal en este artículo es que sostener un diálogo continuo sobre las cuestiones de JS es vital para la creciente profesión de la terapia familiar sistémica en todo el continente. Sin esta mirada, los modelos de terapia familiar existentes corren el riesgo de ignorar, y quizá de representar erróneamente, las fuerzas sociopolíticas y culturales, decisivas y llenas de matices, que afectan a las familias africanas tanto en el continente como en la diáspora. Además, a diferencia de la literatura africana anterior, que ha abordado la JS principalmente en los campos del trabajo social, la psicología escolar y la psicología clínica (Ahmed and Pillay 2004; Pillay 2019), este artículo aporta un enfoque muy necesario a la terapia familiar, un campo que crece a un ritmo más rápido en toda África (Asiimwe et al. 2021).
Un componente crucial de este artículo es el modelo de bienestar afrocentrado (African‐Centered Wellness Model, ACWM) que proponemos (Garrett‐Akinsanya 1998), el cual sirve de base para dar forma a nuestro argumento y para guiar la discusión que se desarrolla en las páginas siguientes de este artículo. Al proponer un marco afrocéntrico arraigado en valores culturales afrocéntricos que resuenan, en tradiciones espirituales y en la resiliencia comunitaria, pretendemos remediar la larga ausencia de perspectivas indígenas africanas en la práctica dominante de la terapia familiar (Nwoye 2015). Creemos que no integrar de manera significativa los paradigmas afrocentrados en la terapia familiar conlleva el riesgo de perpetuar la desconexión cultural y la irrelevancia clínica. Además, integramos nuestras propias experiencias clínicas y la literatura existente para poner de relieve cómo los problemas contemporáneos de salud mental y relacional de la mayoría de las personas y familias africanas están configurados por cuestiones de JS relacionadas, entre otras, con los legados coloniales, la guerra y la violencia organizada, las desigualdades económicas y las desigualdades de género. Así, los objetivos de este artículo son dos: (1) identificar y discutir, a partir de la literatura existente, las principales cuestiones de JS que afectan a las familias en África, y (2) proponer un modelo afrocéntrico aplicable y discutir su utilidad en la práctica terapéutica con familias tanto en el África continental como con familias africanas de la diáspora.
Hasta donde sabemos, este es el primer artículo que examina críticamente las cuestiones de JS en la práctica de la terapia familiar africana desde una perspectiva afrocéntrica. Buscamos sensibilizar a terapeutas familiares y al resto de profesionales de la salud mental, y dotarles de herramientas para ofrecer una atención sistémica transformadora, pertinente al contexto y socialmente justa a las familias y comunidades africanas, ahora y en el futuro. También buscamos salvar la brecha en la práctica entre la terapia familiar con clientela africana en el continente y la que se dirige a la diáspora, como las personas que viven en Estados Unidos y en otros países desarrollados.
Como equipo de autoría, abordamos la discusión sobre las cuestiones de JS en África reconociendo la inmensa diversidad cultural y lingüística del continente (54 países, más de 1000 grupos étnicos) y reconociendo también los rasgos comunes en valores, creencias y prácticas compartidos entre1 los países africanos, en particular los de la región subsahariana. Por ello, advertimos contra la imposición de puntos de vista externos o de supuestos universalizadores que pueden no corresponder a los contextos africanos, ya que las perspectivas que compartimos en este artículo se basan en la literatura existente y en datos anecdóticos de nuestro propio trabajo clínico. El artículo comienza reconociendo el menoscabo histórico de los sistemas de conocimiento locales durante el colonialismo y la dificultad persistente de integrar los saberes indígenas en las prácticas contemporáneas de terapia familiar. Al situar las perspectivas africanas en el centro del discurso de la terapia familiar, pretendemos cuestionar los legados coloniales y promover prácticas de salud mental culturalmente pertinentes y adecuadas al contexto. A lo largo de la redacción de este artículo, nos preguntamos si las cuestiones de JS en las sociedades africanas reflejan las de las sociedades occidentales o si tienen raíces históricas y culturales propias, configuradas por los contextos singulares de cada región. También nos preguntamos si estas cuestiones eran asuntos de derechos humanos o si estaban moldeadas por una mirada occidental, a la que reconocemos haber tenido una amplia exposición. Estas inquietudes, unidas a nuestras experiencias vividas y clínicas, singulares e interseccionales en lo cultural, como especialistas en terapia familiar de ascendencia africana, guiaron nuestra exploración de la literatura actual que dio forma a este estudio.
Esperamos que el artículo anime a quienes lo lean a reflexionar críticamente sobre la evolución de la terapia familiar en África, teniendo en cuenta los desafíos tanto históricos como contemporáneos que configuran su práctica actual y futura. Invitamos a profesionales de todos los orígenes culturales a participar en debates reflexivos sobre las cuestiones de JS a las que se enfrentan las diversas familias contemporáneas, sobre el papel de acontecimientos históricos como el colonialismo y el racismo, y sobre cómo estos sistemas de injusticia configuran actualmente y/o seguirán configurando el futuro de la práctica de la terapia familiar en entornos multiculturales y diversos como los de África.
La JS es un concepto tan multifacético que a menudo resulta difícil de definir de forma exhaustiva; sin embargo, la mayoría de especialistas coinciden en cinco principios fundamentales de la JS: el acceso (disponibilidad equitativa de los recursos), la equidad (oportunidades justas pese a las injusticias históricas), la diversidad (representación inclusiva en las posiciones de poder), la participación (implicación de la comunidad en la toma de decisiones) y los derechos humanos (protección de las libertades y la dignidad individuales) (Cutts 2013). Desde la perspectiva de la teoría de sistemas, estos principios reflejan hasta qué punto los desafíos individuales, familiares y comunitarios están profundamente interconectados con estructuras sociales más amplias y son influidos por ellas (Gómez‐Carrillo and Kirmayer 2023).
En el contexto africano, los problemas de salud mental y relacionales no pueden separarse de las influencias históricas y sistémicas. Por ejemplo, la historia del colonialismo, las disparidades socioeconómicas, las guerras y la violencia organizada, y la imposición de ideologías y religiones occidentales han configurado los problemas actuales de salud mental en muchas comunidades africanas (Asiimwe et al. 2021). Estos sistemas de desigualdad, arraigados en las historias colonial y poscolonial, siguen influyendo en las dificultades actuales de muchas familias y comunidades africanas, tanto en el continente como en la diáspora, por ejemplo en el acceso a la atención sanitaria, a la educación y a las oportunidades económicas. El malestar psicológico que surge de estas injusticias se manifiesta en los sistemas familiares, donde los problemas de salud mental, como el trauma, el duelo y la disfunción, reflejan a menudo luchas sociales más amplias.
En la línea de Winter y Hanley (2015), la JS en terapia no debería, por tanto, quedarse en una noción abstracta, sino traducirse activamente en la práctica. En este contexto, el marco que presentamos, el ACWM, ofrece un enfoque culturalmente sensible para hacerlo, en particular al subrayar la importancia de la resonancia cultural en la salud y el bienestar. Al situar en el centro las cosmovisiones, tradiciones y valores africanos, el modelo reconoce el papel vital que desempeñan estos elementos culturales en la configuración de la salud mental y relacional individual y colectiva. Por ello, es esencial situar esta discusión en un contexto sistémico más amplio para comprender hasta qué punto estas cuestiones están profundamente entrelazadas en los planos personal, familiar y social.
África es uno de los continentes con mayor diversidad cultural del planeta, con más de 1400 millones de habitantes, representados por numerosos grupos étnicos y lenguas (World Bank 2024). Esta inmensa diversidad configura los sistemas sociales, económicos y políticos de África, que a su vez influyen en las tradiciones culturales, los valores y las relaciones interpersonales en sus 54 países. A grandes rasgos, África puede concebirse en cuatro grandes bloques: el África anglófona (que remite a países como Uganda, Kenia, Sudáfrica, Nigeria, Ghana, Zimbabue, Zambia y otros que fueron colonizados por Gran Bretaña), el África francófona (que remite a los países colonizados por Francia y Bélgica, como Costa de Marfil, Ruanda, Burkina Faso, Togo, Senegal y otros), el África lusófona (p. ej., Mozambique, Angola y Madagascar) y el África árabe (p. ej., Argelia, Egipto, Túnez, Marruecos, Libia, Sudán, etc.). Otros bloques de África incluyen países como Eritrea, Somalia y Etiopía (que no fueron colonizados directamente por potencias extranjeras) y Liberia, que formó parte del proyecto de la American Colonization Society (Scruggs 2010).
Incluso dentro de cada país africano existe una diversidad cultural, lingüística y étnica significativa e inmensa. En Uganda, por ejemplo, los baganda hablan luganda y mantienen una monarquía centralizada a través del Reino de Buganda, mientras que los basoga y los acholi hablan otras lenguas y siguen tradiciones culturales distintas. Del mismo modo, Kenia, con una población de más de 50 millones de habitantes, cuenta con más de 40 grupos étnicos. Los kikuyu, que forman parte del grupo bantú, son predominantemente agricultores, mientras que los masái, del grupo nilótico, son pastores. Kenia ha avanzado hacia la JS con la Constitución de 2010, que sentó las bases para promover los derechos humanos y la igualdad (The Constitution of Kenya 2010). Pese a estos avances, persisten desafíos como la pobreza, la violencia de género, el desempleo juvenil y la corrupción. Instituciones como la Kenya National Commission on Human Rights (Kenya National Commission on Human Rights 2021) y los grupos de la sociedad civil desempeñan un papel decisivo en la defensa de las comunidades marginadas. Nigeria es otro ejemplo de país africano que ilustra una profunda diversidad étnica. Por ejemplo, el pueblo hausa del norte de Nigeria sigue costumbres islámicas, los yoruba del suroeste combinan el cristianismo con prácticas tradicionales, mientras que los igbo del sureste mantienen creencias culturales propias arraigadas en la espiritualidad africana. Green (2013) atribuye la diversidad de África a influencias históricas como la geografía, el colonialismo, la trata de esclavos y la urbanización, que reforzaron las divisiones étnicas en todo el continente.
En la era poscolonial, fenómenos como la urbanización y la migración han redefinido la diversidad étnica de África. Pese a las influencias coloniales, muchas personas africanas han preservado sus lenguas y tradiciones. Hoy en día, la población africana es multilingüe y suele hablar sus lenguas maternas junto con las lenguas coloniales, como el inglés, el portugués o el francés (Asiimwe et al. 2021). En la actualidad, África sigue siendo un mosaico de culturas, incluso dentro de una misma nación, al tiempo que mantiene el Ubuntu (un sentido compartido de humanidad, armonía e interconexión; Nussbaum 2003). Este análisis pone de relieve la resiliencia y la capacidad de adaptación de las identidades africanas para preservar su rico patrimonio en medio de la globalización y la modernización. Los ejemplos presentados muestran que, incluso dentro de una sola nación africana, la diversidad de lenguas, tradiciones y prácticas culturales puede ser profunda. Como se ha observado, las disparidades culturales inciden en las cuestiones de JS, ya que históricamente las normas tradicionales han tendido a crear desigualdades en la participación política, la atención sanitaria y la educación. Para promover la diversidad y la equidad, debemos encontrar un equilibrio entre la protección del patrimonio cultural y, al mismo tiempo, el impulso del desarrollo socioeconómico y de los derechos humanos.
A partir de esta comprensión de la diversidad cultural y de la resiliencia de África, es esencial explorar cómo los paradigmas afrocentrados pueden ofrecer marcos valiosos para abordar las cuestiones de JS en los contextos contemporáneos, en particular en el creciente campo de la terapia familiar en el continente. Al integrar las filosofías africanas en los debates sobre la JS, podemos comprender mejor cómo estos paradigmas pueden contribuir a enfoques más inclusivos y culturalmente sensibles para afrontar los desafíos a los que se enfrentan las comunidades africanas en todo el mundo.
Históricamente, los ideales científicos occidentales que han dominado la práctica de la psicoterapia en la mayor parte de África han sido criticados por elitistas, eurocéntricos y desconectados de las realidades locales (Leopeng 2019; Vorhölter 2024). Parte de la literatura especializada ha sostenido que, para que la terapia familiar gane legitimidad entre los pueblos africanos, debe integrar los relatos culturales, espirituales y sociopolíticos de las familias y comunidades africanas (Bakker and Snyders 1999). Hoy, África se enfrenta a numerosos desafíos de JS, por citar algunos, la precariedad de los sistemas de salud, la desigualdad de género y la discriminación de las minorías sexuales y de género (MSG), al tiempo que posee un enorme potencial económico. Con una población de aproximadamente 1400 millones de habitantes y una mediana de edad de 19 años, la juventud del continente impulsa el crecimiento económico y la transformación (UNDP 2020; World Bank 2021).
En efecto, la inmensa diversidad cultural de África y la creciente participación de profesionales de África en la formación, la investigación y la práctica de la terapia familiar ponen de manifiesto la necesidad cada vez mayor de una perspectiva afrocéntrica sobre la JS. Figuras contemporáneas de la terapia familiar africana como Augustine Nwoye (2018) han destacado el potencial de la terapia familiar para favorecer el cambio social y la resiliencia entre las personas africanas, al poner el acento en las prácticas de curación indígenas y en la integración de las cosmovisiones africanas en los modelos terapéuticos, con el fin de abordar los desafíos psicosociales de maneras a la vez pertinentes al contexto y emancipadoras. Ello permitiría a quienes ejercen empoderar a las familias hacia el cambio y, al mismo tiempo, cuestionar las injusticias sistémicas. No hacerlo conlleva el riesgo de silenciar los valores sociales africanos (p. ej., el comunalismo y la armonía relacional) y las experiencias vividas, con lo que se seguiría invisibilizando el conocimiento indígena (Almeida et al. 2017). Además, ello perpetúa los supuestos de la época colonial sobre la superioridad occidental y limita el desarrollo de marcos indígenas, lo que puede dar lugar a una preparación deficiente de terapeutas carentes de conciencia social y a prácticas ineficaces (Zimmerman and Haddock 2013). Asimismo, sin marcos culturalmente resonantes, la práctica clínica puede alejar a las comunidades africanas y obstaculizar la investigación y la colaboración interculturales. Para abordar estas cuestiones, presentamos ahora el ACWM como un marco desde el cual podemos hacer avanzar la agenda de la JS en la terapia familiar en África.
El ACWM es un marco sistémico, culturalmente arraigado, concebido para trabajar con personas de ascendencia africana. Desarrollado por Garrett‐Akinsanya (1998), este marco pone el acento en la integración holística del cuerpo, la mente y el espíritu dentro de un contexto comunitario y ecológico. Además, el modelo reconoce la influencia del patrimonio cultural, la identidad étnica y la espiritualidad en el bienestar (Grills et al. 2018; Myers 1991; Nobles 1992). Arraigado en la psicología afrocéntrica, el modelo tiene como objetivo principal promover prácticas psicoterapéuticas que reconozcan e integren las tradiciones, creencias y valores de la clientela (Grills et al. 2018). Aunque este modelo se ha aplicado ampliamente en las comunidades africanas del continente y en las de la diáspora, su potencial para abordar las cuestiones de JS en terapia familiar sigue estando poco explorado en la literatura publicada. Dado el complejo panorama multicultural de África, configurado por influencias históricas, pero también actuales, socioculturales y políticas, el modelo ofrece a terapeutas familiares un marco culturalmente resonante para abordar los desafíos de salud mental y relacional a través de la sabiduría cultural y la comprensión del contexto. Este modelo se basa en el Nguzo Saba (siete principios de la antigua sabiduría africana) (Karenga 1988) y describe ocho dimensiones interconectadas del bienestar, utilizando una terminología suajili para integrar los valores culturales y reforzar su pertinencia para las personas africanas de todo el mundo (Figura 1).

Representado habitualmente como una rueda, con Murua (respeto) como radio central, el modelo subraya el respeto mutuo hacia uno mismo y hacia las demás personas de la comunidad como fundamento del bienestar holístico. Nia (propósito) representa una vocación que aporta alegría y cumple a la vez un propósito divino y un empoderamiento colectivo, lo que a su vez sostiene el bienestar vocacional y ocupacional. Umoja (unidad) pone el acento en buscar y mantener la unidad dentro de la familia, de la comunidad y más allá, para favorecer el bienestar mental, relacional y emocional. Kuumba (creatividad) celebra el embellecimiento de las culturas africanas a través de la música, el arte, la narración, el teatro, la escritura y otras formas de expresión cultural, al tiempo que valora el juego y el aprendizaje experiencial. Ujimaa (economía cooperativa) es una dimensión centrada en crear y mantener recursos financieros que sostengan a la familia y a la comunidad en su conjunto. Imani (fe) destaca la práctica de la espiritualidad o de la religión, que suele ejercerse mediante rituales comunitarios, la veneración de los antepasados, el respeto a las personas mayores, la reverencia por la naturaleza, las tradiciones orales, la música, la danza, los tambores, las ceremonias sagradas, la adivinación y la honra de los espíritus. Busara (sabiduría práctica) valora la integración de lo indígena y lo académico para contribuir al bienestar intelectual. Kujichagulia (autodeterminación) promueve la definición, la denominación y la defensa colectivas de uno mismo y de la propia comunidad, en particular en la resistencia frente a los vestigios de la colonización. Por último, Ujima (trabajo colectivo y responsabilidad) subraya la importancia de construir y mantener la comunidad asumiendo una responsabilidad compartida para afrontar los desafíos en las relaciones, las familias y las comunidades, lo que sostiene el bienestar social.
Para mostrar mejor cómo puede aplicarse en la práctica el ACWM que proponemos, presentamos viñetas clínicas extraídas del trabajo del equipo de autoría con clientela africana, tanto en contextos continentales como de la diáspora. Estos casos se apoyan en cuestiones de JS para mostrar cómo terapeutas familiares pueden traducir los principios fundamentales del modelo en acción terapéutica. En muchas familias y comunidades africanas surgen con frecuencia tensiones en la intersección entre las normas tradicionales y las realidades contemporáneas en evolución, como los cambios en los roles de género, las actitudes hacia la orientación sexual, los factores de estrés ligados a la migración y las diferencias generacionales en las cosmovisiones. Estas dinámicas generan a menudo una tensión psicológica y relacional para las personas y familias africanas que lidian con cuestiones de identidad, pertenencia y dinámicas de poder en entornos sociales complejos. Cabe señalar que, aunque en este artículo nos centramos sobre todo en la terapia familiar en el África continental, reconocemos que dos de los casos elegidos implican a personas africanas que viven en Estados Unidos, donde las actitudes sociales en general, en particular sobre temas como la orientación sexual y las elecciones educativas, pueden ser por lo general más abiertas y tolerantes que en ciertos países africanos. Estos climas culturales diferentes podrían configurar las experiencias, las decisiones y los resultados terapéuticos de la clientela. Por ello, invitamos a quienes nos leen a abordar estos casos apreciando sus contextos socioculturales propios, reconociendo al mismo tiempo que pueden persistir rasgos culturales comunes entre las familias africanas pese a las diferencias geográficas (p. ej., un caso en Uganda y dos en Estados Unidos). Reconocer estas diferencias de contexto es esencial para comprender cómo las normas sociales pueden influir tanto en el proceso terapéutico como en las estrategias que la clientela utiliza para orientarse en cuestiones de identidad y de elecciones vitales.
Los tres casos presentados son los de una familia liberiano-estadounidense que vive en un estado del Medio Oeste de Estados Unidos, un profesional nigeriano que afronta el estrés de minoría y el trauma histórico en Estados Unidos, y una familia ugandesa que negocia expectativas de género. De los cientos de personas a las que hemos atendido como terapeutas familiares, dos miembros del equipo de autoría (R.A., que firma en primer lugar, y D.L.M., que firma en segundo lugar) seleccionaron estos tres casos para poner de relieve la versatilidad, la flexibilidad y la profundidad del modelo propuesto para abordar, de manera socialmente justa, desafíos tan complejos en contextos diversos. Cada caso se basa en prácticas terapéuticas que afirman los principios fundamentales del ACWM propuesto. En los dos primeros estudios de caso, el ACWM se presentó a la clientela durante la sesión de acogida, ya que la terapeuta y segunda autora, D.L.M., utiliza el modelo para la evaluación en esa primera sesión. Se explicó el modelo a la clientela, así como su uso y su incorporación en la definición de los objetivos terapéuticos y del tratamiento. En el tercer caso, el modelo se integró en las sesiones cuando a R.A., terapeuta y primera firma del artículo, le resultó evidente que el modelo respondía a las necesidades de la familia.
Para preservar la confidencialidad, hemos utilizado seudónimos y modificado algunos detalles menores a fin de ocultar la identidad de las personas atendidas. Es importante señalar que estas viñetas no pretenden prescribir un enfoque único de la terapia orientada a la JS con clientela africana, ni implican que cada sesión deba abordar explícitamente todas las facetas del ACWM. Más bien, ejemplifican aplicaciones matizadas y sensibles al contexto de sus principios fundamentales y, sobre todo, subrayan la importancia de la humildad cultural, de la sintonía relacional y de la flexibilidad terapéutica. Abordados con respeto por el contexto cultural y con atención a las cuestiones de JS pertinentes a nivel local, estos casos ilustran que terapeutas que acompañan a familias pueden ejercer con integridad y sensibilidad cultural, sean cuales sean sus propios orígenes, al tiempo que favorecen la sanación en familias diversas en terapia.
La familia Sessay, inmigrante de Liberia, criaba a sus dos hijos adolescentes, Kofi (17 años) y Samuel (14), en Estados Unidos. Profundamente arraigada en la fe cristiana, la familia defiende los valores de la educación, la disciplina y el respeto de la tradición. Sin embargo, se enfrentaba a conflictos crecientes en torno a la identidad cultural y a las expectativas profesionales. El Sr. Sessay, ingeniero, concedía una enorme importancia a lo que llamaba profesiones «respetables» y a la disciplina, mientras que sus hijos Kofi y Samuel imaginaban caminos en la defensa de derechos y en la tecnología creativa, metas que su padre consideraba arriesgadas o incluso inapropiadas. Mientras tanto, la Sra. Sessay, que se recuperaba de un trauma tras un accidente laboral, notaba que la familia se distanciaba emocionalmente. Reconociendo que la terapia podía mejorar la dinámica familiar, inició sesiones de terapia familiar con sus hijos. El Sr. Sessay, en cambio, se negó a asistir, expresando al principio escepticismo y un malestar cultural respecto a la terapia. Las primeras sesiones con esta familia revelaron la angustia de Kofi ante la presión para seguir una trayectoria profesional que no reflejaba sus intereses: se sentía llamado a trabajar en la educación y la defensa de derechos. Samuel, el menor, era un apasionado del diseño de videojuegos, un sueño que su padre descartaba a menudo como «infantil» o «demasiado americano». El Sr. Sessay criticaba con frecuencia a Samuel por «comportarse demasiado como un negro», con un lenguaje que reflejaba un sesgo interiorizado hacia la expresión cultural afroamericana.
Basada en el ACWM, la terapia comenzó fomentando Umoja (unidad), reconstruyendo la unidad entre la madre y los hijos mediante la afirmación del cuidado que se profesaban, respetando al mismo tiempo las diferencias generacionales. A través de Kujichagulia (autodeterminación), Kofi y Samuel encontraron las palabras y el valor para afirmar sus aspiraciones sin culpa. La terapeuta (D.L.M.) presentó la búsqueda de autodefinición de los hijos no como una rebelión, sino como una prolongación de la misma resiliencia que su madre y su padre habían encarnado como inmigrantes en Estados Unidos. Cuando el Sr. Sessay se incorporó por fin a las sesiones, el punto de inflexión llegó al situar en el centro Imani (fe) y Busara (sabiduría). La terapeuta reformuló la reticencia inicial del padre a acudir a terapia como normal y protectora, propia de un superviviente de la guerra civil de Liberia que había emigrado a una tierra extranjera para dar a su familia una estabilidad segura. Mediante una reflexión espiritual y cultural, se invitó al Sr. Sessay a ver cómo su propio recorrido encarnaba Kujichagulia y Ujamaa (responsabilidad colectiva), con el apoyo de familiares que creían en él.
Esta reformulación empática ayudó al Sr. Sessay a ablandarse. Empezó a concebir los sueños de sus hijos no como amenazas, sino como expresiones de su legado compartido de resiliencia, trabajo duro y apoyo mutuo. La oración en familia volvió, y el respeto se profundizó entre generaciones, todo lo cual aceleró la curación de la Sra. Sessay al presenciar el reencuentro emocional de la familia. La terapeuta se apoyó en la fe cristiana de la familia para ahondar en este mensaje, recordando que la Biblia afirma que cada persona ha sido hecha «de un modo asombroso y maravilloso» (Salmo 139:14) y que Dios siembra un propósito único en cada individuo. La terapia iluminó un camino en el que el propósito (Nia), la fe y la expresión de sí podían coexistir. Este proceso ayudó a tender un puente con los valores tradicionales africanos profundamente arraigados de la madre y el padre, honrando y apoyando a la vez las necesidades de sus hijos nacidos en Estados Unidos.
Tunde es un ingeniero de software nigeriano de 35 años, con una carrera exitosa en Estados Unidos. Es el mayor de tres hermanos. Tunde acudió a terapia con un agotamiento profesional creciente, ansiedad y un trauma no resuelto ligado a su identidad sexual reprimida y a tensiones familiares. Cree que sus dificultades están profundamente entrelazadas con tensiones antiguas en su familia, debido a su orientación sexual como hombre gay africano, que no ha revelado abiertamente a toda su familia pero que considera fuente de un juicio silencioso y de distancia emocional. Como hijo mayor de una familia con expectativas rígidas en torno a la masculinidad, el éxito y la heteronormatividad, Tunde se siente invisible e invalidado, sobre todo en comparación con su hermano, médico, que encarnaba los ideales de la familia.
La terapia comenzó con Kuumba (creatividad), reformulada como un proceso liberador para imaginar una vida más allá de la vergüenza. La terapeuta D.L.M. recurrió a la imaginación guiada y al trabajo narrativo para ayudarle a explorar qué sentiría como libertad si sus decisiones se basaran en el amor propio. No se trataba solo de salir del armario, sino de reconectar con un yo más pleno. Para contrarrestar años de juicio interiorizado, la terapeuta fundó su alianza en Murua (respeto sagrado). La terapia se redefinió no como un acto occidental de «arreglar» a Tunde, sino como una práctica profundamente africana de restauración y de honra de sí. Murua permitió a Tunde soltar la autocondena y entrar en un espacio de afirmación. Empezó a comprender que respetarse a sí mismo no significaba rechazar a su familia, sino reivindicar el derecho a existir de forma plena y auténtica. A lo largo de las sesiones con Tunde, Ujima (responsabilidad colectiva) se convirtió en el ethos de las sesiones. Aprendió a ver la terapia como un viaje colaborativo, no como una carga solitaria. Se permitió ser presenciado, apoyado y guiado en momentos de regresión emocional y de sanación. Con el tiempo, su relato de sí pasó de un relato de carencia a otro de plenitud emergente. Los marcos culturales y terapéuticos se entrelazaron para sostener un proceso en el que Tunde pudo integrar sus diversas identidades, africana, queer, espiritual, intelectual, en un yo coherente.
El último caso que presentamos es el de una familia ugandesa que trabajó con R.A., primera firma del artículo, hace algunos años. La familia Kizito era una familia de bajos ingresos de Uganda compuesta por el padre, el Sr. Kizito, de 50 años, la Sra. Kizito, de 40, y dos hijas adolescentes, Sammie (18 años) y Tasha (15 años). Acudieron a terapia alegando conflictos persistentes en torno a la trayectoria educativa de las chicas. Relataron tensiones constantes en torno a los valores tradicionales del padre, que exigían que las chicas dieran prioridad al dominio de las tareas domésticas y a la preparación para un matrimonio temprano, mientras que la madre apoyaba en silencio la educación de las chicas, pero se sentía impotente para defenderla abiertamente por miedo a perturbar la armonía del hogar. Con el ACWM, empecé por anclar nuestras sesiones en Umoja (unidad) para afirmar el valor compartido de cohesión de la familia, validando el conflicto como un signo de cuidado y no de división. Apoyándome en Nia (propósito), facilité una conversación con el padre sobre el legado y el propósito, explorando cómo la educación de sus hijas podía servir al bien colectivo. A través de Kujichagulia (autodeterminación) e Imani (fe), evocamos historias de mujeres líderes fuertes de la historia de Uganda (como la ex vicepresidenta Specioza Kazibwe, 1994–2003, y la ex presidenta del Parlamento ugandés entre 2011 y 2021). Eran figuras femeninas influyentes que el Sr. Kizito conocía como ugandés, y podía ver a sus hijas emularlas. A lo largo de nuestro trabajo, el padre empezó a reformular sus miedos como un amor protector, lo que condujo finalmente a Busara (sabiduría práctica): la madre y el padre empezaron a trabajar en colaboración para planificar las responsabilidades escolares de las chicas, procurando a la vez preservar ciertos valores culturales empoderadores para sostener el crecimiento integral de sus hijas.
Tras haber presentado tres estudios de caso prácticos que recurrieron al ACWM, examinamos ahora las principales cuestiones de JS (a través del modelo propuesto) que requieren una atención continua en el campo en desarrollo de la terapia familiar sistémica en el continente. En los tres casos presentados, la terapia fue más que un simple alivio de los síntomas: se convirtió en un recorrido sagrado, socialmente justo, culturalmente sensible y reparador, apoyado en los principios fundamentales del ACWM. Estos principios no solo anclaron el trabajo terapéutico en los valores culturales africanos, sino que también abrieron caminos de sanación que resonaron a través de generaciones y continentes. Ya sea en la América urbana o en Uganda, estas ilustraciones afirman que la sabiduría cultural africana no está separada de la salud mental, sino que le es fundamental.
Este artículo llega en un momento crucial, en que los debates sobre la JS empiezan a ocupar un lugar central en la literatura y el discurso de la terapia familiar africana. Sin embargo, las mismas cuestiones sistémicas que dominan los discursos mundiales, como la desigualdad de género, las disparidades de acceso, el trauma o la discriminación racial y étnica, son también muy pertinentes en las comunidades africanas. Así, el ACWM ofrece un marco coherente y culturalmente arraigado para afrontar estos desafíos y favorecer una atención culturalmente sintonizada y socialmente justa en medio de las desigualdades estructurales.
Probablemente, la cuestión de JS más apremiante en los contextos africanos sea el acceso a una atención de calidad en salud mental y relacional. Las revisiones sistemáticas de Essien y Asamoah (2020) y de Aguwa et al. (2023) ponen de relieve varios obstáculos a la atención, entre ellos el estigma, la insuficiencia de las infraestructuras y la escasez de profesionales con formación. En muchas zonas rurales de África en particular, las personas recurren a menudo a estructuras tradicionales de atención establecidas, que suelen incluir consultas con personas mayores respetadas, curanderas y curanderos tradicionales, especialistas locales en plantas medicinales, figuras religiosas y otras, antes de buscar la ayuda de profesionales de la salud mental. Aunque se ha recurrido a estas estructuras de atención durante muchos años, tienden a retrasar la atención y en ocasiones pueden agravar los síntomas. Incluso en las familias más acomodadas, las autoridades religiosas son a menudo la primera instancia de consulta en caso de malestar relacional, lo que subraya el peso cultural de la religión en África. Sostenemos, por tanto, que terapeutas familiares (y, a decir verdad, todo el personal de salud mental) de todo el continente, así como quienes trabajan con poblaciones africanas en el mundo, deben abogar por políticas que garanticen servicios culturalmente pertinentes, asequibles y accesibles. Partiendo del concepto de Nwoye (2018) de terapeutas como agentes de cambio social, el ACWM ofrece un marco para que terapeutas apoyen los esfuerzos hacia la equidad en la atención de la salud mental. Se anima a profesionales de la clínica a ir más allá del tratamiento de síntomas aislados y a considerar influencias sistémicas más amplias, como el trauma histórico, la desigualdad estructural y la dislocación cultural. Quienes ejercen la terapia deben también comprometerse en un trabajo de incidencia para contribuir a definir políticas de salud mental que tiendan puentes entre la curación tradicional y la atención terapéutica moderna, como la terapia familiar, que sigue siendo una recién llegada en muchos entornos africanos (Asiimwe et al. 2021). Este enfoque garantizará que ninguna persona ni ninguna familia quede atrás o sin tratamiento.
Además, dado el impacto generalizado de los conflictos, de la guerra y de los legados coloniales en África, la atención informada sobre el trauma debe estar también arraigada culturalmente. Los conflictos armados, la inestabilidad política y los desplazamientos han tenido efectos psicosociales devastadores en todo el continente. Muchas familias cargan con traumas no elaborados y tienen un acceso limitado a una atención informada sobre el trauma y orientada a lo relacional. Aunque intervenciones centradas en el trauma como la terapia de exposición narrativa y la desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR) han resultado eficaces en algunos contextos (Koebach et al. 2021), se centran en gran medida en el tratamiento de los síntomas individuales y descuidan la sanación relacional y comunitaria. El ACWM pone el acento en el bienestar relacional y en la interconexión de las personas, las familias, los antepasados y los sistemas espirituales. Animamos a terapeutas a considerar cómo el trauma resuena en los sistemas familiares, y no solo en las personas, y a incluir las creencias tradicionales y las prácticas comunitarias en sus intervenciones. Una atención al trauma culturalmente sintonizada, que pone el acento en la sanación colectiva, el bienestar espiritual y la restauración relacional, puede sostener con mayor eficacia a las familias en entornos de posconflicto o de gran adversidad. Por ello, es necesario dotar a profesionales de la salud mental en los entornos africanos de las competencias necesarias para ofrecer una terapia relacional del trauma que refleje los marcos de sanación comunitaria centrales en los contextos africanos.
A medida que la adaptación cultural se convierte en una prioridad mundial en la práctica de la salud mental, la formación de terapeutas debe reorientarse para incluir marcos culturalmente sensibles (Knudson‐Martin et al. 2019; Seponski et al. 2013). Dada la diversidad cultural africana descrita anteriormente, la práctica creciente de la terapia familiar en las comunidades africanas debe reflejar la diversidad de creencias culturales, de sistemas familiares y de valores comunitarios del continente. Esto es especialmente crucial dado que, históricamente e incluso hoy, muchas de las intervenciones actuales de salud mental en África se basan en modelos occidentales de psicoterapia predominantemente individualistas, que tienden a descuidar las normas relacionales o las estructuras comunitarias africanas (Bakker and Snyders 1999; Asiimwe et al. 2021). Es importante destacar que los modelos surgidos de contextos históricamente infrarrepresentados, como el ACWM propuesto, pueden desempeñar un papel vital en la formación de profesionales de la clínica con competencia cultural, en especial quienes proceden de África o se proponen trabajar con clientela africana. Este enfoque es útil para preparar a terapeutas a ofrecer intervenciones que reflejen las realidades vividas y las fortalezas culturales de las familias africanas, al tiempo que se abordan los desafíos contemporáneos de JS.
Dado que buena parte de la población africana tiene menos de 18 años (United Nations 2022), la salud mental de la juventud debe ser una prioridad. Jörns‐Presentati et al. (2021) realizaron una revisión sistemática de 37 estudios en la que informaron de altas tasas de prevalencia de depresión (26,9 %), ansiedad (29,8 %), problemas de conducta (40,8 %), trastorno de estrés postraumático (TEPT) (21,5 %) e ideación suicida (20,8 %) entre adolescentes del África subsahariana. Estas tasas superan las observadas en muchas regiones de altos ingresos, y sin embargo la infraestructura de salud mental en la mayor parte de África sigue estando gravemente subdesarrollada. La literatura muestra que los problemas de salud mental no tratados en la juventud conducen a dificultades escolares, a problemas de consumo de sustancias y a retraimiento social, lo que afecta no solo a la persona, sino también a la unidad familiar (Jörns‐Presentati et al. 2021). A la vista de estas alarmantes estadísticas, afrontar los desafíos de salud mental de la juventud africana requiere intervenciones de terapia familiar culturalmente adaptadas que integren ideas y valores africanos. Por ello, animamos a terapeutas a buscar formas de integrar los principios del modelo propuesto para crear entornos seguros y culturalmente afirmativos para jóvenes en riesgo de distintos problemas de salud mental. Apoyándose en principios africanos como el respeto a las personas mayores, los vínculos comunitarios y la interdependencia, terapeutas pueden ayudar a las familias a construir redes relacionales protectoras que sostengan el bienestar mental, emocional y relacional de la juventud africana.
El matrimonio infantil es otra cuestión con profundas implicaciones relacionales y de desarrollo para las familias y las comunidades en África. Una investigación de Yaya et al. (2019) informó de que el matrimonio infantil afectaba al 54% de las niñas en 34 países del África subsahariana, con tasas de hasta el 81,7 % en países como Níger. El matrimonio precoz se asocia a una mayor fecundidad, a interrupciones del embarazo, a partos tempranos y a menores oportunidades de progreso económico. También merma el potencial educativo y económico de las niñas y las expone a desequilibrios de poder en las relaciones íntimas y a la violencia de pareja. Terapeutas familiares que trabajan desde la perspectiva del bienestar afrocentrado pueden implicar a las familias y a las comunidades para desplazar y cuestionar con delicadeza (como en el tercer caso, con la familia ugandesa) normas y creencias, y prevenir los matrimonios precoces. En lugar de limitarse a señalar el daño, como la pérdida de oportunidades educativas, el malestar relacional y la baja autoestima, terapeutas pueden enmarcar la prevención en relatos culturales de fe, protección, cuidado y responsabilidad colectiva. Colaborando con madres, padres y personas mayores de la comunidad, profesionales pueden promover el bienestar y el empoderamiento sin desestimar los valores locales. Este enfoque puede favorecer el aprendizaje mutuo, la sanación y la transformación de las familias y las comunidades.
Creemos que la desigualdad de género y los desequilibrios de poder en las sociedades africanas requieren un enfoque culturalmente sensible y no polarizador. En la mayor parte de África, las disparidades de género se manifiestan en un acceso desigual a la educación, al empleo y a la atención sanitaria, mientras que la inestabilidad económica agrava la tensión relacional, la violencia doméstica y el abandono infantil (Karoui and Feki 2018). Aunque reconocemos que ciertas normas patriarcales pueden ser perjudiciales, también funcionan dentro de sistemas culturales que aportan estructura y sentido a muchas familias y comunidades. En lugar de adoptar una postura de confrontación, animamos a terapeutas a aplicar la humildad cultural y la sabiduría práctica, principios clave del ACWM, para abrir el diálogo y favorecer la inclusión. Esta perspectiva del «tanto/como» respeta múltiples verdades y podría evitar las consecuencias potencialmente perjudiciales de alienar involuntariamente a un género frente al otro. Al confiar a terapeutas familiares el papel de facilitar conversaciones seguras y reflexivas, este enfoque podría ayudar a las familias a transformarse sin fracturarse.
La discriminación de las MSG sigue siendo una violación persistente de los derechos humanos en muchos países africanos. Por ejemplo, la homosexualidad está penalizada en 33 de los 55 países africanos (Mugisha 2024), y este estigma social sigue marginando a las personas LGBTQ+, lo que agrava aún más los problemas de salud mental y relacional de quienes pertenecen a estas comunidades. Los estudios muestran que las MSG presentan altas tasas de malestar psicológico, de TEPT y de depresión debido a la discriminación y la violencia sistémicas (Müller and Daskilewicz 2018; Pulerwitz et al. 2024). En Kenia, un estudio constató que más de la mitad de las 527 personas MSG encuestadas referían síntomas de TEPT y que el 26,1 % sufría depresión (Harper et al. 2021). Estas estadísticas alarmantes ponen de manifiesto que trabajar con las MSG en África exige un equilibrio entre valentía, conocimiento cultural y ética clínica. Dada la discriminación legal y social que sufren las MSG en muchos países africanos, la defensa abierta no siempre es posible y, en el peor de los casos, podría acarrear graves consecuencias legales. Sin embargo, profesionales de la terapia de pareja y familiar (CFT, por sus siglas en inglés) pueden crear espacios terapéuticos afirmativos que ofrezcan validación, seguridad y apoyo a la clientela MSG aplicando de forma intencionada los principios del ACWM, en especial la dimensión Kujichagulia (autodeterminación), que pone el acento en nombrar, definir y defender a la propia comunidad, resistiendo al mismo tiempo activamente la opresión. Por ejemplo, terapeutas podrían cuestionar con delicadeza, dentro del proceso terapéutico, los relatos sociales dañinos contra la clientela MSG, promover el diálogo comunitario y afirmar las ideas de humanidad compartida (es decir, Ubuntu) y de Umoja (unidad). El papel de terapeuta como figura que tiende puentes, culturalmente arraigada, se vuelve esencial para transformar el estigma en empatía, incluso en contextos muy conservadores y discriminatorios.
En última instancia, creemos que cuestiones sistémicas como la pobreza, el matrimonio infantil y la desigualdad de género requieren algo más que terapia: exigen un cambio estructural. Terapeutas familiares están en una buena posición para abogar por políticas equitativas, trabajar junto a los liderazgos comunitarios y contribuir a las iniciativas de educación pública. Arraigada en el pensamiento sistémico, nuestra formación nos prepara para intervenir en sistemas sociales complejos y cocrear soluciones sostenibles con las comunidades. Por ello, terapeutas deberían aprovechar su posición para promover el empoderamiento, la igualdad de género y la protección de la infancia, preservando al mismo tiempo los valores culturales que favorecen la cohesión y la sanación.
A medida que la terapia familiar gana terreno en África, la enseñanza y la formación en CFT en África deben evolucionar y arraigarse en las realidades culturales y sociopolíticas del continente. Aunque la aparición de programas de posgrado en CFT, sobre todo en Kenia, es señal de progreso, estos programas deben preparar deliberadamente a terapeutas para abordar las desigualdades sistémicas mediante planes de estudio orientados a la JS. Coincidimos con Zimmerman y Haddock (2013) en que terapeutas deben estar en condiciones de cuestionar los sesgos arraigados moldeados por el colonialismo, el patriarcado y la homofobia. Por ello, los programas deben poner el acento en la competencia cultural, en los marcos antiopresivos y en paradigmas afrocéntricos como el ACWM propuesto para cuestionar el statu quo. La reforma de los planes de estudio debería dar prioridad a las epistemologías africanas, al aprendizaje experiencial en entornos diversos y a un diálogo crítico con la literatura internacional. Como señalan Wampler y Patterson (2020), la terapia sistémica ofrece herramientas para el pensamiento contextual, pero sin una formación sintonizada con la cultura y el contexto, terapeutas corren el riesgo de reproducir estructuras opresivas. Los enfoques relacionales y sistémicos, cuando están arraigados culturalmente, son idóneos para acompañar a las familias africanas que afrontan la adversidad sociopolítica e histórica. Integrar paradigmas afrocéntricos, como el ACWM, podría reforzar aún más la formación, tender puentes entre generaciones y fomentar la resiliencia.
La investigación es igualmente vital en todos estos empeños. Como señala Pillay (2020), hacer avanzar la JS requiere construir una base de evidencia culturalmente pertinente. El ACWM ofrece una base para explorar intervenciones culturalmente arraigadas y basadas en las fortalezas. Sin embargo, actualmente ninguna evidencia empírica respalda la utilidad del modelo para examinar la salud mental y relacional y el bienestar de las familias y comunidades africanas. Para hacer avanzar la ciencia, quienes investigan en CFT en África deben estudiar las aplicaciones prácticas y empíricas del modelo, desarrollar enfoques arraigados en lo local y documentar las prácticas tradicionales que ya abordan la salud mental familiar.
En suma, el futuro de la terapia familiar en África depende de la integración de marcos de formación y de investigación afrocéntricos, socialmente transformadores, culturalmente pertinentes y respaldados empíricamente, que capaciten a terapeutas para responder a las necesidades singulares de las familias africanas.
El ACWM propuesto ofrece no solo un anclaje teórico, sino también una guía práctica para terapeutas familiares que desean ejercer una terapia familiar socialmente justa con clientela procedente de los diversos contextos africanos. Las implicaciones que destacamos en este artículo muestran que una terapia culturalmente arraigada no tiene por qué estar reñida con la práctica moderna. Antes bien, lo vemos como un «tanto/como»: cuando los valores tradicionales se integran con intencionalidad, creatividad e innovación, terapeutas pueden ayudar a las familias a recuperar su patrimonio, fomentar la resiliencia y afrontar con dignidad y fortaleza los desafíos actuales de salud mental y relacional. La tarea de profesionales de CFT en África, pero en realidad de cualquier profesional de CFT que atienda a clientela de orígenes culturalmente diversos en el mundo, no consiste, pues, solo en adaptar modelos centrados en lo euroamericano, sino en avanzar con marcos que afirmen los valores de una clientela diversa, promuevan la sanación sistémica y construyan futuros equitativos desde dentro. Al adoptar esta mentalidad, terapeutas que atienden a familias africanas culturalmente diversas, en África y en el mundo, están en condiciones de ver una transformación profunda de su práctica.
Complexe Systémique: puntos clave
El interés del artículo reside en desplazar la cuestión de la justicia social en terapia familiar: ya no se trata solo de adaptar modelos euroamericanos, sino de partir de un marco nacido de las culturas africanas. El modelo de bienestar afrocentrado de Garrett-Akinsanya da al trabajo clínico un vocabulario de recursos más que de carencias: unidad, propósito, fe, sabiduría práctica, autodeterminación. Las tres viñetas descansan en un gesto sistémico conocido: reformular la posición de un padre (la reticencia como protección de un superviviente de la guerra, el miedo como amor protector) para abrir espacio a la generación siguiente sin descalificar la tradición. La postura del «tanto/como» ante las normas patriarcales es hábil, pero deja en la sombra una pregunta que la práctica sistémica no puede eludir: quién decide qué es negociable. Cabe señalar también que el modelo aún no cuenta con validación empírica, como reconoce el propio equipo, y que dos de las tres viñetas transcurren en Estados Unidos. El artículo recuerda oportunamente que la cultura no es un obstáculo que sortear, sino un recurso que escuchar. Puede leerse junto con el artículo sobre la cultura en la consulta centrada en soluciones y el estudio de una formación en terapia familiar adaptada a Camboya.
Notas del original
1 En este artículo, el prefijo «africano» se utiliza para designar uno o varios temas teóricos abstractos generalizables que son dominantes y duraderos en toda África. En modo alguno implica que África sea monolítica, sino que reconoce la naturaleza en constante cambio de las tradiciones culturales. Se utiliza de manera similar a como el prefijo «occidental» se emplea a menudo en la literatura para referirse a ciertos temas dominantes de las culturas y del pensamiento occidentales. No implica que todas las culturas, ni siquiera todas las tradiciones de «Occidente», sean iguales, sino que algunos aspectos de esas tradiciones son compartidos por las sociedades occidentales.
Agradecimientos. Quien firma en primer lugar desea expresar su gratitud al Family Process Institute por haber apoyado mi participación (Ronald Asiimwe) en el FPI 2023 New Writers Workshop en septiembre de 2023 en Evanston (Illinois). Este taller, dirigido por la difunta Dra. Evan Imber‐Black, fue decisivo para dar forma a las ideas que condujeron a este artículo. Agradezco especialmente a la Dra. Imber‐Black su mentoría y las valiosísimas reflexiones compartidas durante el taller. Deseo también expresar mi reconocimiento a mis coautoras y coautores, que hicieron suya esta idea y aportaron su experiencia a su desarrollo. Su colaboración ha sido esencial para llevar este estudio a buen término.
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Traducción no oficial al español de Cultural Threads: An Afrocentric Paradigm for Integrating Social Justice Principles in the Practice of Family Therapy in Africa, de Ronald Asiimwe, Doneila L. McIntosh, Rehema Gathumbi Nyambura y Rosco Kasujja, Journal of Marital and Family Therapy, vol. 52, n.o 1 (2026), doi: 10.1111/jmft.70091, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia. Ni la autoría ni la editorial responden de esta traducción; prevalece la versión original.
Traducción no oficial del artículo original «Cultural Threads: An Afrocentric Paradigm for Integrating Social Justice Principles in the Practice of Family Therapy in Africa», publicado en Journal of Marital and Family Therapy (2026) bajo licencia CC BY 4.0. Traducido y maquetado por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Asiimwe, R., McIntosh, D. L., Nyambura, R. G., y Kasujja, R. (2026). Cultural Threads: An Afrocentric Paradigm for Integrating Social Justice Principles in the Practice of Family Therapy in Africa. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/cultural-threads-an-afrocentric-paradigm-for-integrating-social-justice-principles (Obra original publicada en 2025 en Journal of Marital and Family Therapy, 52(1), e70091 (2026); republicada en 2026 por Journal of Marital and Family Therapy, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/jmft.70091)
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