Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.
Journal of Solution-Focused Brief Therapy · Práctica e investigación
Steve de Shazer consideraba la pausa de final de sesión un componente esencial de la terapia breve centrada en soluciones; sin embargo, es un aspecto que muchas personas que practican el enfoque centrado en soluciones suelen pasar por alto o evitar. Tras repasar la historia y la evolución de la pausa y del mensaje de final de sesión, este artículo sostiene que el efecto de recencia, estudiado por la psicología cognitiva, pone de relieve la importancia de la manera en que se concluyen las sesiones y que, si la forma de terminar la sesión es importante, quizá merezca algo de tiempo para pensarla y prepararla. Un estudio cualitativo sugiere que la pausa no solo es útil para quien ejerce la terapia, sino que las propias personas consultantes refieren que el hecho de que quien conduce la sesión haga una pausa y después ofrezca un mensaje de síntesis aumenta el beneficio que obtienen de la sesión. Se comentan las limitaciones del estudio y se plantea que sus resultados contribuyen al debate y a la evolución continua del enfoque centrado en soluciones.
Traducción no oficial al español de The Break (and Summary) in Solution-Focused Brief Therapy: Its Importance and Client Experiences, de Frances Huber y Michael Durrant, publicado en el Journal of Solution-Focused Brief Therapy, vol. 1, n.º 1 (2014), doi: 10.59874/001c.75161, bajo licencia CC BY 4.0. Como recoge la nota con asterisco de la propia autoría, parte de este material se había presentado en congresos (Gold Coast, 2013; European Brief Therapy Association, Dresde, 2011); se trataba de ponencias, y este artículo de revista es la primera publicación del texto. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Se ha añadido un intertítulo —«La provocación de de Shazer», sobre las primeras páginas— donde el original no tenía ninguno, los seis temas numerados por la autoría se han convertido en subtítulos y la figura 1 se ha redibujado a partir del gráfico de barras original. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.
Si me obligaran a elegir… ¡renunciaría antes a la pregunta del milagro que a hacer la pausa!
Steve de Shazer, según el testimonio de la autoría
De Steve de Shazer, uno de los fundadores de la terapia breve centrada en soluciones, que afirmaba utilizar la pregunta del milagro «casi siempre en la primera sesión de terapia» (de Shazer, 1999, p. 1), se cuenta que dijo: «Si me obligaran a elegir… ¡renunciaría antes a la pregunta del milagro que a hacer la pausa!». Es una afirmación bastante tajante, y quizá provocadora, sobre todo si se tiene en cuenta que algunas indagaciones informales y anecdóticas sugieren que muchas personas que se presentan como terapeutas centrados en soluciones no hacen de forma sistemática una pausa hacia el final de sus sesiones.
Por ello, podría ser útil reconsiderar la importancia de «la pausa» (y del resumen de final de sesión que se ofrece después a la persona consultante) en la terapia breve centrada en soluciones, y preguntarse cómo viven la pausa las personas que nos consultan.
Uno de los avances que caracterizaron los inicios del movimiento de la terapia familiar (y de la terapia breve) fue el uso de espejos unidireccionales y de equipos de observación. Weakland, Fisch, Watzlawick y Bodin (1974) escriben que la pantalla de observación unidireccional formaba parte de su práctica desde 1967, al principio con un terapeuta y un observador y, más tarde, con preferencia por un equipo de observación detrás del espejo. Minuchin (citado por Lappin, 1988) explica que, en el proceso de desarrollo de su enfoque de terapia familiar, «abrimos un hueco en la pared de nuestra sala de tratamiento, pusimos un espejo unidireccional y empezamos a observarnos unos a otros…» (p. 225). Hacer una pausa empezó siendo simplemente una parte del trabajo terapéutico con un equipo y un espejo unidireccional. En términos prácticos, quien conducía la entrevista necesitaba hacer una pausa para consultar con el equipo situado detrás del espejo y aprovechar sus observaciones.
A medida que se desarrollaron enfoques de terapia breve y familiar más estratégicos, la pausa y el equipo pasaron a formar parte de la ESTRATEGIA de la terapia. En la terapia familiar estratégica (Nichols & Schwartz, 2001; Papp, 1980) y en la terapia breve del MRI (Weakland et al., 1974), el equipo, la pausa y «la intervención» se utilizaban para intentar influir en las personas consultantes o interrumpir una pauta sistémica. Cade (1980) relataba el uso de un «conflicto artificial dentro del equipo» durante la pausa como manera de superar los atascos terapéuticos. Selvini Pallazoli y sus colegas consideraban que la finalidad de la «pausa entre sesiones» era que el equipo se pusiera de acuerdo sobre una hipótesis sistémica global acerca de la aparición y la función del síntoma, lo que conducía a «la intervención», que solía ofrecer a la familia esa hipótesis como explicación sistémica de su situación (Tomm, 1984).
La observación de la terapia por un equipo y la consulta con ese equipo eran elementos esenciales de los primeros tiempos de lo que llegaría a ser la terapia breve centrada en soluciones. Cuatro integrantes del equipo original de Milwaukee recuerdan que, al principio, «las entrevistas se llevaban a cabo en la sala de estar de Steve e Insoo, a cargo de una persona, mientras un equipo observaba» (Lipchik, Derks, Lacourt, & Nunnally, 2012, p. 5). Lipchik y sus colegas recuerdan que, «… una vez instalado el espejo…», las consultas entre quien entrevistaba y los miembros del equipo se volvieron habituales.
En el artículo fundacional que presentó por primera vez de forma sistemática la terapia breve centrada en soluciones (de Shazer et al., 1986), la autoría describe el funcionamiento habitual del equipo de Milwaukee: «Al cabo de 30 a 40 minutos, el terapeuta se excusa para consultar con el equipo… Tras un intermedio de 10 minutos o menos, el terapeuta vuelve y da la intervención formal» (p. 216). La intervención (el «mensaje del equipo») se consideraba el principal agente de cambio.
Lipchik y sus colegas comentan que, más tarde, a medida que la terapia breve centrada en soluciones se desarrolló como un enfoque definible, «la entrevista, más que la intervención, pasó a ser el principal agente de cambio» (Lipchik et al., 2012, p. 9). Como se mostrará más adelante, el mensaje que se daba tras la pausa cambió de naturaleza, pero siguió considerándose importante. Así, la pausa empezó a verse sobre todo como una ocasión para pensar con detenimiento y preparar el mensaje o resumen de final de sesión. En coherencia con ello, empezó a tener sentido hacer una pausa para preparar el mensaje de síntesis aunque no hubiera un equipo con el que consultar. Cade (2001, p. 203) observaba: «Los terapeutas centrados en soluciones suelen hacer una pausa antes de terminar cada sesión, haya o no un equipo detrás de un espejo unidireccional con el que consultar».
Turnell y Hopwood (1994) sugieren que el tiempo previo a la pausa es aquel en que quien ejerce la terapia hace preguntas y escucha, mientras que la persona consultante habla. Después de la pausa, proponen, habla quien ejerce la terapia y escucha la persona consultante. Describen así la explicación que se da habitualmente:
Me gusta hacer una pausa porque ha dicho usted muchas cosas muy importantes y, antes de darle mis reflexiones [las del equipo] o algún comentario, quiero dedicar unos minutos a considerar todo lo que me ha contado. (Turnell & Hopwood, 1994, p. 48)
En 1997, de Shazer y Berg, al proponer una «definición de investigación» de la terapia breve centrada en soluciones, plantean cuatro «rasgos característicos» del enfoque. Designan la pregunta del milagro y las preguntas de escala como el primer y el segundo rasgo. Los otros dos «rasgos característicos» son:
(3) En algún momento de la entrevista, el terapeuta hará una pausa. (4) Tras este intermedio, el terapeuta dará a la persona consultante algunos elogios, a los que a veces (con frecuencia) seguirá una sugerencia o una tarea para casa (a menudo llamada «experimento»). (de Shazer & Berg, 1997, p. 123).
Es decir, consideraban la pausa y la devolución posterior a la persona consultante como rasgos definitorios esenciales de la terapia breve centrada en soluciones. En su revisión de la investigación sobre los resultados de la terapia breve centrada en soluciones, Gingerich y Eisengart (2000) señalan del mismo modo siete componentes necesarios para que una intervención se clasifique como terapia breve centrada en soluciones, entre ellos «(6) una pausa de consulta, y (7) un mensaje que incluya elogios y una tarea» (p. 479).
Diez años después de que de Shazer y Berg la consideraran característica, la pausa sigue viéndose como una parte normal y útil del proceso terapéutico centrado en soluciones. De Shazer y Dolan (2007) hablan de la pausa como de un elemento que sigue formando parte de lo esperable en el enfoque y, de nuevo, como una oportunidad para pensar en lo que ha dicho la persona consultante y formular el mensaje de síntesis. Afirman que, aunque no haya equipo, «el terapeuta hará igualmente una pausa para ordenar sus ideas y luego proponer elogios e ideas para posibles experimentos» (p. 11). De Jong y Berg (2008) comentan de forma similar: «Cuando entrevistan a sus consultantes de manera centrada en soluciones, los profesionales suelen hacer una pausa de 5 a 10 minutos antes de darles una devolución. Esto tendrá beneficios claros para usted y para sus consultantes» (p. 115).
Eve Lipchik subrayaba la importancia de hacer una pausa para pensar con detenimiento lo que se va a decir a las personas consultantes.
Quienes estamos acostumbrados a hacer pausas para formular un mensaje de cierre… solemos tener anécdotas que contar sobre las ocasiones en que decidimos prescindir de la pausa para ahorrar tiempo. (Lipchik, 2002, p. 100)
Animaría a los terapeutas que se sienten incómodos acortando sus sesiones a reconsiderarlo. Los beneficios que obtienen los consultantes de un mensaje de síntesis cuidadosamente elaborado pueden muy bien superar los 10 minutos adicionales de conversación. (Lipchik, 2002 p. 103)
El claro apoyo de Lipchik a la pausa se basaba en su experiencia de que un mensaje de síntesis bien pensado beneficia a las personas consultantes y de que un mensaje de síntesis bien pensado requiere cierto espacio para considerarlo y prepararlo. Macdonald (2007) plantea una idea parecida.
Es una experiencia común que las respuestas adecuadas se nos ocurran justo después de habernos marchado de una situación… Forma parte de la naturaleza de la interacción humana que nos afecten las emociones de los demás [y] cuando los consultantes están angustiados e incapaces de reflexionar, eso nos afectará… Salir de la sala… nos da el espacio cognitivo necesario para pensar con más claridad en su situación y en qué comentarios serán más útiles. (p. 25)
Macdonald comenta que, cuando se encuentra en una situación en la que no es práctico hacer una pausa, simplemente pide a las personas consultantes que esperen mientras él se toma unos momentos para pensar en todo lo que han dicho. Esta sugerencia concuerda con la «pausa para pensar» de la que hablan Ratner, George e Iveson (2012). Comentan que muchas personas que ejercen hacen una pausa y que algunas personas salen de la sala mientras que otras pueden detenerse sin abandonarla. Así, parecen alejarse de la postura de de Shazer y Berg según la cual la pausa es un rasgo distintivo del enfoque. No obstante, siguen sugiriendo que la pausa resulta útil en la práctica para quien ejerce la terapia, simplemente porque le da espacio para pensar.
En los inicios de la terapia familiar, y en particular de la terapia familiar estratégica, la entrevista se consideraba sobre todo un proceso de recogida de información que el equipo sintetizaba durante la pausa, tras lo cual quien conducía la sesión volvía a la sala para «aplicar la intervención» (Nichols & Schwartz, 2001; Papp, 1980). Haley (1993) describía la «terapia estratégica… como el nombre de los tipos de terapia en los que el terapeuta asume la responsabilidad de influir directamente en las personas» (p. 17) y afirmaba que el terapeuta tiene que diseñar intervenciones para alcanzar esos objetivos. Está claro que «la intervención» se consideraba la herramienta principal para lograr el cambio.
Weakland y Fisch (2009) describen un proceso en el que se utiliza el mensaje de final de sesión para reencuadrar deliberadamente la conducta, para indicar a las personas consultantes que hagan determinadas cosas y, de forma paradójica, para desaconsejarles que hagan cambios. Al describir el funcionamiento del Brief Therapy Center del MRI, Weakland et al. (1974) analizan diversos aspectos del mensaje (con frecuencia, «el mensaje del equipo») diseñados específicamente para influir en la conducta. Watzlawick (2009) describe las intervenciones del equipo del MRI como «mandatos» o «prescripciones» y distingue tres categorías de intervención: las prescripciones directas de conducta, las intervenciones paradójicas (también llamadas prescripción del síntoma) y las connotaciones positivas.
Dado que la terapia breve centrada en soluciones descendía directamente del enfoque de terapia breve del MRI (Cade, 2001; de Shazer et al., 1986), no es de extrañar que se mantuviera la idea dominante de que el mensaje transmitido tras la pausa era «la intervención». Como se ha señalado antes, de Shazer et al. (1986) describen que, tras la pausa, «el terapeuta vuelve y da la intervención formal» (p. 216). La intervención (el «mensaje del equipo») seguía considerándose el principal agente de cambio. Al analizar el funcionamiento del equipo situado detrás del espejo unidireccional, de Shazer y Molnar (1984) subrayan el carácter planificado, directivo y estratégico de la intervención: «las intervenciones que se dan tras la pausa de consulta suelen formularse en términos de “nosotros…” más que de “yo”» (p. 297).
De Shazer y Berg (1997) escriben que «la tarea» se presentará a menudo como «un experimento», y parece que «experimento» puede sonar más inofensivo que «tarea». Sin embargo, resulta interesante que, antes de que se acuñara el nombre de terapia breve centrada en soluciones, de Shazer (1974) escribiera sobre «intervenciones» y sugiriera: «Resulta especialmente útil una especie de cruce entre la intervención paradójica y el juego de roles que podría llamarse “experimento”» (p. 22). Todavía en 2007, los fundadores del enfoque y sus colegas (de Shazer & Dolan, 2007) siguen usando los términos «experimentos» y «tareas para casa» de forma aparentemente intercambiable. La expresión «tarea para casa» parece llevar consigo la connotación de una prescripción.
Así pues, el mensaje que se daba tras la pausa se concebía al principio de forma bastante instrumental, como una intervención. Sin embargo, ya desde las primeras etapas del desarrollo del enfoque hubo indicios de que el modo de pensar la intervención estaba cambiando de acento. Lipchik et al. (2012) señalan que el mensaje de intervención en la primera terapia breve centrada en soluciones, pero también en la terapia familiar breve que la precedió, empezaba siempre con elogios a las personas consultantes. Sugieren que el uso de elogios reflejaba probablemente la influencia de la «connotación positiva» del grupo de Milán (Palazzoli, Boscolo, Cecchin, & Prata, 1980); no obstante, señalan que fue más allá, hasta reconocer que elogiar a las personas consultantes por lo que habían logrado favorecía la cooperación y hacía más probable que volvieran.
Como se ha mencionado, al delimitar los «rasgos definitorios» de la terapia breve centrada en soluciones, de Shazer y Berg (1997) especifican que «el terapeuta dará a la persona consultante algunos elogios» (p. 123). Campbell, Elder, Gallagher, Simon y Taylor (1999) escriben extensamente sobre cómo elaborar los elogios que se incluyen en el mensaje de final de sesión. Ratner et al. (2012) consideran que la finalidad principal del mensaje es crear una expectativa clara de cambio beneficioso, y que esto se consigue recordando a la persona consultante las «cualidades y capacidades que aporta a su vida y que podrían servir de base para avanzar… y las acciones que ha emprendido en dirección a sus “mejores esperanzas”» (p. 142).
De Shazer y Berg (1997) especifican que el mensaje de final de sesión (posterior a la pausa) incluirá elogios, seguidos de una tarea o «experimento». Las tareas se siguen viendo como algo que la persona terapeuta diseña o prescribe. El uso de la expresión «tarea para casa» refleja claramente esta visión y, como se ha mencionado, todavía en 2007 esta nomenclatura sigue vigente (de Shazer & Dolan, 2007).
Sin embargo, mucho antes hay indicios de algo distinto. Ya en 1984, de Shazer y Molnar (1984) describen lo que entonces se llamaba la «tarea fórmula de la primera sesión»:
Entre hoy y la próxima vez que nos veamos, queremos (quiero) que observen, para que puedan contárnoslo (contármelo) la próxima vez, qué ocurre en su (vida, matrimonio, familia o relación) que deseen que siga ocurriendo. (p. 298)
De repente, la tarea NO consistía en que se prescribiera una conducta, sino en pedir a las personas consultantes que se fijaran en conductas positivas concretas (ya existentes). Lipchik et al. (2012) comentan que, a medida que el trabajo del equipo de Milwaukee se fue haciendo más claramente centrado en soluciones, se puso más énfasis en lo que las personas consultantes hacían y funcionaba, y el mensaje del equipo pasó a estar «concebido para reforzar las fortalezas y los recursos de las personas consultantes descubiertos durante la entrevista, así como para estimular más opciones de solución entre sesiones» (p. 9). Lipchik (2002) comenta expresamente que los términos «intervención» y «tarea» parecen incongruentes con la postura cooperativa de la terapia breve centrada en soluciones. Ella utiliza deliberadamente los términos «mensaje de síntesis» y «sugerencia», y subraya que el resumen permite a las personas consultantes sentir que han sido escuchadas.
Parece persistir cierta tensión entre quienes ven la tarea como instrumental y quienes la ven sobre todo como una tarea de observación.
Macdonald (2007) habla explícitamente de sugerir una tarea, y su lista de tareas posibles incluye «seguir haciendo lo que funciona», «hacer algo diferente», una tarea de predicción y una tarea de «hacer como si el milagro hubiera ocurrido». Va más allá y dice que a veces quien ejerce la terapia puede sugerir a la persona consultante que lleve a cabo una conducta concreta, ya sea una que haya surgido de la propia persona o una que se le ocurra al terapeuta (aunque reconoce que las personas consultantes rara vez ponen en práctica este último tipo de sugerencia). Añade que puede ser útil presentar estas sugerencias más directas como «un experimento». Por otra parte, Ratner et al. (2012), que también prefieren el término «sugerencia», señalan que hoy lo más habitual son simples «sugerencias de observación».
Este fenómeno lo observó por primera vez el psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus en sus experimentos sobre la memoria de 1913 (Crowder, 1976). Cuando se pide a las personas que recuerden una lista de elementos en cualquier orden (recuerdo libre), tienden a empezar por el final de la lista y a recordar mejor esos elementos (el efecto de recencia). Intuitivamente, esto no sorprende. Sin embargo, esta investigación muestra que los elementos que con MÁS probabilidad se recuerdan a continuación son los primeros. Se recuerdan con más frecuencia que los del medio (el efecto de primacía). Dicho de forma sencilla, si se le presentan (verbalmente) varios elementos, lo más probable es que recuerde los cuatro o cinco últimos y, A CONTINUACIÓN, los cuatro o cinco primeros.
Más recientemente, los fenómenos de primacía y recencia han sido confirmados por la psicología que estudia la persuasión: lo que una persona oye en ÚLTIMO lugar y, después, en PRIMER lugar tiene más probabilidades de ejercer un efecto persuasivo duradero. Costabile y Klein (2005) demostraron que las pruebas y los argumentos presentados hacia el final de un juicio tenían más probabilidades de ser recordados por los miembros del jurado y, por tanto, de influir en sus decisiones, y Y. Li y Epley (2009) mostraron que los elementos vistos hacia el final de una presentación tenían más probabilidades de recordarse de forma favorable. Panagopoulos (2011) demostró que los mensajes presentados en la fase final de una campaña política son más persuasivos, pero también que los mensajes del comienzo de la campaña conservan más valor persuasivo que los de la mitad. C. Li (2010) encontró un efecto de primacía significativo al examinar el recuerdo y el impacto de anuncios de televisión emitidos hacia el comienzo de un programa y de otros emitidos hacia el final.
La investigación sobre la primacía y la recencia sugiere dos cosas: cómo empieza la terapia es importante y cómo termina la terapia es importante. Los últimos minutos de una sesión de terapia tienen más probabilidades de conservar cierto impacto (sencillamente, ¡es más probable que sean lo que la persona consultante recuerde!). Por tanto, si se quiere aprovechar al máximo este impacto, tiene sentido dedicar algo de tiempo y reflexión a lo que se va a decir al final.
Hacer una pausa y salir físicamente de la sala marca los cinco últimos minutos aproximadamente de la sesión (Turnell & Hopwood, 1994). Se convierten en una «fase» diferenciada de la conversación y, por ello, tienen más probabilidades de causar un mayor impacto en la persona consultante.
La primera autora hace sistemáticamente una pausa hacia el final de todas sus sesiones de terapia, aunque nunca trabaja con espejo unidireccional ni con equipo. Le resulta útil tener la oportunidad de reflexionar sobre lo que han dicho las personas consultantes durante la sesión y disponer de algo de espacio para preparar su mensaje de síntesis de final de sesión. Sus mensajes de síntesis de final de sesión, siguiendo a Lipchik (2002), consisten simplemente en elogios «concebidos para reforzar las fortalezas y los recursos de las personas consultantes descubiertos durante la entrevista» (Lipchik, 2002 p. 9), y con frecuencia van seguidos de la sugerencia de que la persona consultante «observe, entre esta sesión y la siguiente, qué es lo que hace que le permite subir un peldaño en la escala» (Cade, 2001, p. 205).
Tiene la impresión de que sus mensajes de síntesis son más completos y parecen más potentes gracias a la oportunidad de detenerse a pensar. «Ya no me pasa eso de que estén con un pie fuera de la puerta y de repente piense: “¡Ay… tendría que haber dicho…!”». Sin embargo, queda por saber cómo ven las personas consultantes que su terapeuta las deje solas entre ocho y diez minutos cerca del final de cada sesión y luego vuelva para darles un resumen y una sugerencia.
Por ello, la pregunta de investigación de este estudio fue: ¿en qué medida les resultan útiles a las personas consultantes la pausa de final de sesión y el mensaje de síntesis posterior en las sesiones de terapia breve centrada en soluciones, y cómo describen su utilidad?
Participaron en esta exploración, fundamentalmente cualitativa, 33 personas adultas que acudían a terapia en una zona periurbana de Australia. Se trata de un «servicio generalista de orientación psicológica para personas adultas», al que llegan personas derivadas por profesionales de la medicina, por organizaciones comunitarias o por iniciativa propia. Aproximadamente dos tercios eran mujeres, de entre 20 y 50 años, y consultaban por problemas diversos, entre ellos depresión, ansiedad, depresión posparto, dificultades para manejar a sus hijas e hijos, problemas de pareja, duelo y efectos de traumas.
Las personas participantes se reclutaron mediante un muestreo no aleatorio de conveniencia (Marshall, 1996). A cada persona que acudió a una tercera sesión durante el periodo de recogida de datos se le preguntó si estaría dispuesta a responder a una breve pregunta al final de la sesión. La tercera sesión se eligió deliberadamente. El motivo de esta elección era que, al final de la tercera sesión, las personas consultantes habrían vivido tres veces una sesión en la que la terapeuta hacía una pausa y volvía para darles un mensaje de síntesis. Por tanto, se suponía que ya se habrían «acostumbrado» y que no estarían comentando únicamente algo que habían vivido como una novedad.
Además, la experiencia de quienes practican la terapia centrada en soluciones es que el proceso terapéutico completo tiende a ser breve. Iveson (2002) señala de tres a cinco sesiones como lo habitual, y Gingerich y Eisengart (2000) describen como «usual» un número inferior a seis sesiones. Así, recoger estos datos al final de la tercera sesión hacía menos probable que el estudio perdiera las aportaciones de quienes terminaran la terapia tras solo unas pocas sesiones.
De hecho, durante el periodo de recogida de datos ninguna persona terminó la terapia antes de la tercera sesión. Ninguna rechazó la petición de participar.
Al final de la tercera sesión, se les preguntó:
¿Le parece bien que le pregunte algo como parte de una investigación que estoy haciendo? (Si respondían «sí») Recordará que, cada vez que nos hemos visto, he hecho una breve pausa hacia el final de la sesión, he pensado en lo que me había dicho y luego he vuelto para compartir algunas ideas con usted. Ya sabe que a mí me resulta útil hacer esa pausa; sin embargo, me pregunto hasta qué punto ha sido útil PARA USTED que yo haga esa pausa. Así que, en una escala de 0 a 10, en la que cero es «Nada en absoluto» y 10 es «Extremadamente útil», ¿hasta qué punto ha sido útil PARA USTED que haya hecho una pausa hacia el final de cada una de nuestras sesiones?
Se registraron las respuestas, entre 0 y 10. Las respuestas numéricas iniciales (de la escala) simplemente se promediaron. Aunque no se trata de una prueba estadística rigurosa, ofreció una indicación de la intensidad de la percepción subjetiva que subyacía a los datos cualitativos posteriores.
Después se preguntaba: «Entonces, ¿qué tiene el hecho de que yo haga la pausa para que lo sitúe en un x de la escala (el número que hubiera dado la persona)? ¿Qué le ha resultado útil de que yo haga una pausa?».
Las respuestas se registraron literalmente, pero sin datos identificativos, y después se realizó un análisis cualitativo de los temas predominantes. Para analizar los datos se adoptó el procedimiento de «análisis temático» descrito por Braun y Clarke (2006). Se llevó a cabo una codificación inicial de los datos mediante un proceso inductivo que buscaba generar los códigos a partir de los propios datos y no de una teoría o un sistema preconcebidos. La codificación produjo una lista inicial de temas provisionales, que después se redujeron mediante agrupación. Braun y Clarke (2006) describen el «análisis temático» como un enfoque flexible que es «un método relativamente fácil y rápido… de aplicar» (p. 97). Dado que este estudio tenía una pregunta de investigación bastante acotada y que los datos de cada persona se reducían a unas pocas frases, no se consideró necesario un enfoque de análisis cualitativo más exhaustivo. No obstante, el «análisis temático» permitió analizar las respuestas de forma sistemática.
En respuesta a la pregunta «¿Hasta qué punto ha sido útil PARA USTED que haya hecho una pausa hacia el final de cada una de nuestras sesiones?», formulada con una escala de tipo Likert de 0 a 10, las respuestas oscilaron entre 5 y 10. La media de las 33 respuestas fue 8,6 y la moda fue 10. De hecho, un tercio de todas las personas que respondieron (11 de 33) puntuaron con un 10 la utilidad que había tenido para ellas que la terapeuta hiciera una pausa. Las frecuencias de las distintas respuestas se muestran en la figura 1.
Complexe Systémique: la figura 1 de la autoría, redibujada como gráfico vectorial a partir del gráfico de barras impreso en el original. Los valores representados (5 → 1, 6 → 1, 7 → 3, 8 → 11, 9 → 6, 10 → 11) se han leído en ese gráfico y concuerdan con las 33 respuestas, la media de 8,6 y la moda de 10 indicadas en el artículo.
Tras el proceso inductivo inicial de identificación de temas en los datos y la posterior combinación o agrupación de aquellos que parecían solaparse, surgieron seis temas que describen cómo vivieron las personas consultantes la utilidad de la pausa y del resumen que la sigue.
Varias personas comentaron en primer lugar algún beneficio personal y práctico de la pausa en el proceso terapéutico. Lo más frecuente (11 respuestas) fue cierto aprecio por la oportunidad de detenerse, despejar la cabeza y disfrutar de un momento de tranquilidad.
Quien ejerce la terapia suele explicar la pausa diciendo algo como: «… voy a hacer una pausa y pensar en lo que hemos hablado…» (Korman, 2004). En esta encuesta, varias personas respondieron que la pausa también les ofrecía a ellas la oportunidad de pensar en la sesión.
Varias personas comentaron los resúmenes «positivos» y lo «bien» que les hacían sentir. También se percibía que los elogios confirmaban a la persona consultante que ya iba en la dirección correcta.
Se percibía con fuerza que el hecho de que la terapeuta «se molestara» en hacer una pausa para pensar indicaba a la persona consultante que se tomaba su trabajo en serio, o que la tomaba en serio a ella. En lugar de pensar que salir de la sala para hacer una «pausa para pensar» era una rareza o algo extraño, las personas consultantes se sentían reafirmadas al saber que la terapeuta se tomaba realmente tiempo para pensar en lo que habían dicho.
Varias personas indicaron que la pausa hacía que prestaran más atención al resumen que iba a llegar.
Quizá relacionada con la idea de que la pausa aumenta la expectativa de la persona consultante ante el resumen de final de sesión está la observación, hecha por varias personas, de que la pausa y el resumen les daban algo que llevarse.
Como se ha mencionado, la experiencia anecdótica sugiere que muchas (si no la mayoría) de las personas que practican la terapia centrada en soluciones no hacen habitualmente una pausa de final de sesión. Así, por ejemplo, Iveson se describe como «alguien que deliberadamente no hace pausa (salvo que haya otras personas observando la sesión)»1. Sin embargo, esta investigación sugiere que las personas consultantes describen de forma casi abrumadora como positivo y útil que la terapeuta haga una pausa y vuelva después para dar el resumen de final de sesión.
Nota del original
1. Comentario en la lista de debate en internet sobre terapia centrada en soluciones, FT-L@LISTSERV.ICORS.ORG, 30 de septiembre de 2011.
Además de mencionar beneficios prácticos (calmarse, mirar los mensajes, etc.), varias personas comentaron la utilidad de la pausa como oportunidad para pensar y reflexionar. Esto respalda la idea de Cade (2001, p. 204) de que «la pausa también da a la persona consultante tiempo para pensar en la sesión… Además, las personas consultantes a menudo llegan a terapia esperando que se les sondee y se les exponga en los terrenos de sus mayores dudas o de su mayor sensibilidad emocional, o que se les “haga ver sus errores”. La pausa les hace darse cuenta de que eso no va a ocurrir».
Los elogios se han considerado un aspecto central del mensaje de final de sesión en la terapia breve centrada en soluciones (Campbell et al., 1999; de Shazer, 1988). Los elogios son reflejos que devuelve quien ejerce la terapia (o el equipo) acerca de fortalezas, recursos, excepciones y «cosas que veo que ya está haciendo para avanzar hacia [su solución preferida]». Que muchas personas comentaran que el resumen de final de sesión (basado en elogios) les ayuda a sentirse reafirmadas quizá no sea sorprendente. En cambio, resultan reveladores los frecuentes comentarios de las personas consultantes sobre el hecho de sentirse escuchadas o valoradas simplemente por la experiencia de que su terapeuta hiciera una pausa. Creer que la terapeuta las tomaba en serio y, después, sentirse validadas porque ya iban por buen camino parecen reforzar, en conjunto, la visión positiva que tiene la persona consultante de todo el proceso terapéutico.
Cade (2001) sugiere que la pausa «aumenta [en la persona consultante] la sensación de expectación sobre cuál va a ser la opinión y la sugerencia del terapeuta (y, en su caso, del equipo)». Esto lo confirmaron las personas que mencionaron que la pausa mejoraba su vivencia del resumen.
Se ha sugerido antes que el concepto de efecto de recencia de Ebbinghaus (Crowder, 1976) podría ayudar a explicar el impacto de la pausa y del resumen de final de sesión. El mero hecho de que el mensaje de síntesis sea lo último que viven las personas consultantes significa que es lo que con más probabilidad recordarán. Las personas que mencionaron que el mensaje les ayudaba a seguir reflexionando después de la sesión parecen confirmarlo. Podría argumentarse que el abandono de las tareas prescriptivas implica que ya no se exige a las personas consultantes recordar instrucciones detalladas y que, por tanto, la mejora del recuerdo explicada por el efecto de recencia no es pertinente. Sin embargo, si nuestro mensaje de final de sesión recuerda a las personas consultantes los logros y las fortalezas que ya han mostrado, podría sostenerse que tiene cierto beneficio que lo recuerden más tarde. Además, la investigación más amplia sobre el efecto de recencia sugiere que no solo mejora el recuerdo, sino que lo que se presenta en último lugar tiene más probabilidades de causar un mayor impacto (Panagopoulos, 2011). En realidad, el impacto del mensaje se explica probablemente por una combinación de factores (entre ellos los que revelan los temas surgidos de las respuestas); aun así, se propone aquí el efecto de recencia como recordatorio de que la manera en que terminamos nuestras sesiones importa.
Este estudio cualitativo recogió las opiniones de las personas consultantes de una sola terapeuta, que además realizó la encuesta y recogió los datos. Por ello, no puede descartarse que las valoraciones de la pausa y del resumen se vieran infladas por la experiencia globalmente positiva con esta terapeuta en particular. Para eliminar este posible factor de confusión haría falta un estudio más amplio, que encuestara a consultantes de varias personas terapeutas y en el que los datos los recogiera un equipo de investigación independiente. Relacionada con esto está la cuestión de la generalizabilidad, y podría argumentarse que los resultados de un estudio pequeño no pueden generalizarse. Myers (2000) observa que una crítica frecuente a la investigación cualitativa es que su dependencia de muestras pequeñas hace imposible la generalización. Sin embargo, sostiene que la generalizabilidad (en términos de probabilidades) no es un objetivo de la investigación cualitativa. Horsburgh (2003) sugiere que la investigación cualitativa pretende ampliar la comprensión de un fenómeno (subjetivo) y que sus resultados pueden ofrecer pistas para comprender fenómenos similares en otros contextos.
Estos resultados, según los cuales las personas consultantes viven la pausa y el resumen como útiles y positivos, no implican, por supuesto, que quienes, por el motivo que sea, no hacen pausa estén ofreciendo a sus consultantes una experiencia negativa. Knutsson, Norrsell, Johansson, Öhman y Ericson (1998), en una evaluación de su clínica en Suecia, señalan que algunas personas consultantes apreciaban la pausa como una ocasión para reflexionar y que todas vivieron el mensaje como positivo (aunque no profundizan en ello). En cambio, (Henfrey, 2010) indica que las personas consultantes que habían referido una mejoría tras una terapia breve centrada en soluciones, en su mayoría, no suscribían la afirmación «que el terapeuta hiciera una pausa hacia el final de la sesión me resultó útil» (p. 30). Shennan e Iveson (2012) cuentan que este último resultado les llevó a dejar de hacer pausas en sus sesiones.
En 1997, de Shazer y Berg señalaron la pausa como uno de los solo cuatro rasgos definitorios del enfoque. Casi veinte años después, está claro que el enfoque ha evolucionado (y sigue evolucionando), con acentos diferentes según quien lo practique. En el presente estudio, la precisión con la que las personas consultantes explican por qué la pausa y el resumen les resultaron útiles permite entrever cómo viven un aspecto concreto de la terapia breve centrada en soluciones en un lugar concreto. Lo importante no es que esta comprensión pueda generalizarse a todas las demás personas que practican el enfoque. Nuestra esperanza es más bien que esta comprensión nos permita ser más conscientes de lo que realmente hacemos y que contribuya también al debate en curso dentro de la comunidad de profesionales de la terapia centrada en soluciones, a medida que el enfoque sigue evolucionando.
Korman (comunicación personal, 2011) relata una experiencia en la que una consultante comentó: «He visto a muchísimos psiquiatras y terapeutas antes, ¡pero a ninguno le he importado de verdad como a usted!». Cuando se le preguntó qué le daba esa impresión, respondió: «¡Ninguno hizo una pausa para pensar en lo que yo había dicho!».
Sobre la autoría
Frances Huber es psicóloga colegiada, Senior Associate del Brief Therapy Institute of Sydney y también psicóloga en un centro público comunitario de salud mental de la periferia de Sídney. Correo electrónico: frances@briefsolutions.com.au
Michael Durrant es psicólogo colegiado, tiene un nombramiento honorario en la Faculty of Education and Social Work de la University of Sydney y es director del Brief Therapy Institute of Sydney. En la universidad, Michael se dedica principalmente a la docencia en el máster de orientación escolar y psicología escolar. Correo electrónico: michael@briefsolutions.com.au
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Artículo original The Break (and Summary) in Solution-Focused Brief Therapy: Its Importance and Client Experiences, de Frances Huber y Michael Durrant, publicado en el Journal of Solution-Focused Brief Therapy, vol. 1, n.º 1 (2014), doi: 10.59874/001c.75161, bajo licencia CC BY 4.0. Las presentaciones anteriores en congresos figuran en la nota de la propia autoría; el artículo de revista es la primera publicación de este texto. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial, con un intertítulo añadido donde el original no tenía ninguno, los seis temas numerados convertidos en subtítulos y la figura 1 redibujada. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial; prevalece la versión original.
Esta es una traducción no oficial al español del artículo original «The Break (and Summary) in Solution-Focused Brief Therapy: Its Importance and Client Experiences», publicado en Journal of Solution-Focused Brief Therapy (2014) bajo licencia CC BY 4.0. Traducida por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página; prevalece la versión original.
Leer el artículo originalCómo citar este artículo
Huber, F., & Durrant, M. (2014). The Break (and Summary) in Solution-Focused Brief Therapy: Its Importance and Client Experiences. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/the-break-and-summary-in-solution-focused-brief-therapy (Obra original publicada en 2014 en Journal of Solution-Focused Brief Therapy, vol. 1, n.º 1; republicada en 2023 por Journal of Solution Focused Practices, https://journalsfp.org/article/75161)
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