Traducción asistida por IA

Esta versión ha sido traducida del inglés por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial. En caso de duda, prevalece la versión original.

Journal of Child & Adolescent Trauma · Familia

«Lo esposaron, le pusieron grilletes, todo eso, delante de ella»: experiencias y consideraciones de las familias ante la detención parental

En Estados Unidos, muchos niños y niñas ven cómo detienen a su madre o a su padre, o se enteran mucho tiempo después. Adolescentes, personas adultas que acogieron a los menores y progenitores que salieron de prisión describen ese momento: el miedo, el secreto, el gesto de un agente que deja que una niña abrace a su padre y, después, abuelas y abuelos sin apoyo a la hora de obtener la custodia y las prestaciones.

Autoría Jordan F. Pollard (School Psychology, University of Cincinnati); Leslie N. Jones (Abigail Wexner Research Institute at Nationwide Children’s Hospital, Columbus); Elizabeth G. Keller (UCLA Fielding School of Public Health, Los Ángeles; College of Nursing, University of Cincinnati); Ebony Ruhland (School of Criminal Justice, Rutgers University, Newark); Kelly J. Kelleher y Deena J. Chisolm (Abigail Wexner Research Institute at Nationwide Children’s Hospital; Department of Pediatrics, The Ohio State University College of Medicine, Columbus); Samantha J. Boch (UCLA Fielding School of Public Health; College of Nursing, University of Cincinnati; James M. Anderson Center for Health Systems Excellence, Cincinnati Children’s Hospital Medical Center), EE. UU.Primera publicación Journal of Child & Adolescent Trauma, 4 de marzo de 2025Traducción Complexe Systémique, traducción no oficial asistida por IA

Traducción no oficial al español de “They Handcuffed Him, Shackled Him, all of that—in Front of Her”: Family Experiences and Considerations Upon Arrest of a Parent, de Jordan F. Pollard, Leslie N. Jones, Elizabeth G. Keller, Ebony Ruhland, Kelly J. Kelleher, Deena J. Chisolm y Samantha J. Boch, publicado en Journal of Child & Adolescent Trauma (Springer) (2025), doi: 10.1007/s40653-025-00696-z, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción realizada por Complexe Systémique en octubre de 2026 con la ayuda de la inteligencia artificial: el texto original se ha traducido al español y maquetado para su lectura en línea, lo que constituye una modificación de la obra en el sentido de la licencia. Las tablas se presentan como listas (abreviaturas A, C y P para las tres muestras de la tabla 1); las declaraciones de final de artículo (agradecimientos, financiación, intereses, consentimiento, ética) se agrupan en las notas; la declaración de disponibilidad de los datos no se reproduce. Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

En el momento de la detención, las familias describieron sus experiencias como traumáticas y estigmatizantes, tanto si la niña o el niño estaba presente y presenció la detención como si no.

Jordan F. Pollard, Leslie N. Jones, Elizabeth G. Keller, Ebony Ruhland, Kelly J. Kelleher, Deena J. Chisolm y Samantha J. Boch

Resumen

Desde 1980, en Estados Unidos (EE. UU.) se han producido cada año más de 10 millones de detenciones. Dado que la mayoría de las personas encarceladas son madres o padres, millones de menores y de otras personas del hogar se ven afectadas negativamente. Pese al volumen de detenciones en EE. UU., pocos estudios aportan contexto familiar y consideraciones sobre la infancia en relación con el periodo de la detención. Este estudio se propuso describir las experiencias y consideraciones de las familias para apoyar lo mejor posible a la juventud durante la detención parental. Se recogieron datos cualitativos mediante entrevistas telefónicas semiestructuradas en profundidad, de marzo a agosto de 2020, con adolescentes (12-18 años) que habían tenido a su madre o a su padre en prisión, con personas cuidadoras de hijos e hijas de progenitores encarcelados y con progenitores en el primer año tras su salida de prisión. Las personas participantes se reclutaron mediante folletos y correos electrónicos enviados a organizaciones comunitarias y centros escolares. Los temas generales surgieron a partir de un análisis de contenido cualitativo y de procedimientos de codificación abierta inductiva. Se resumieron los datos de 26 participantes (10 adolescentes, 10 personas cuidadoras y seis progenitores en el primer año tras su salida de la cárcel o la prisión). En el momento de la detención, las familias describieron sus experiencias como traumáticas y estigmatizantes, tanto si la niña o el niño estaba presente y presenció la detención como si no. Los efectos de presenciar la detención dependían del trato dispensado por los agentes. Las familias contaron lo escasos que eran los recursos domésticos y comunitarios disponibles para ayudarlas a afrontar las consecuencias de la detención. Los resultados subrayan la necesidad de enfoques centrados en la familia y de mejores intervenciones en el momento de la detención que permitan apoyar mejor a la infancia y a los miembros de la familia durante este periodo. Se discuten recomendaciones para mejorar la transparencia, la conexión y los apoyos de transición.

Palabras clave: encarcelamiento parental, infancia y juventud, experiencias adversas en la infancia, prisión, cárcel

Introducción

Desde hace varias décadas, Estados Unidos (EE. UU.) mantiene el mayor sistema penal del mundo y es el país que más personas encarcela por habitante (Walmley, 2018). Además de su gran tamaño, el sistema penitenciario estadounidense tiene una rotación increíble. Desde 1980 se han producido más de 10,5 millones de detenciones al año (es decir, en promedio, unas 30 000 detenciones diarias) (Vera, n.d). Lamentablemente, la mayoría de las personas adultas entre rejas son madres o padres, lo que puede acarrear graves consecuencias sociales, económicas, escolares y domésticas para sus hijos e hijas y para los miembros de su familia. Casi uno de cada 14 jóvenes de EE. UU. ha tenido a su madre o a su padre en prisión (Murray et al., 2012), y casi la mitad de los menores con un progenitor encarcelado tienen menos de nueve años (Glaze & Maruschak, 2016). Debido a siglos de actuaciones policiales y condenas racialmente discriminatorias, las familias racializadas se ven afectadas de forma desproporcionada por la detención y el encarcelamiento parentales. Aproximadamente uno de cada nueve jóvenes negros, frente a uno de cada 17 jóvenes blancos, ha tenido a su madre o a su padre en la cárcel o en prisión (Boch & Ford, 2021).

El impacto del encarcelamiento parental (EP) en la infancia y en su entorno familiar está reconocido en EE. UU. como una experiencia adversa en la infancia, con dos décadas de efectos bien documentados sobre la salud y el desarrollo infantiles (Felitti, et al., 1998; Genty, 2002; Arditti, 2012; Giordano et al., 2019; Wildeman et al., 2019). Los niños y niñas expuestos al EP tienen más probabilidades de presentar resultados adversos en salud mental (Lee & Wildeman, 2021; Murray et al., 2012; Testa & Jackson, 2020; Turney, 2014) y corren un mayor riesgo de acabar en prisión en comparación con quienes no han estado expuestos (Cox, 2009). Tener a la madre o al padre en prisión también se ha asociado a otras adversidades en la infancia (Boch et al., 2019) y a peores resultados escolares (Testa & Jackson, 2020; Turney, 2014).

El EP tiene numerosos efectos psicológicos y económicos sobre la familia, el hogar y la comunidad (Arditti, 2005). En el centro del microsistema se encuentran las relaciones familiares, y la investigación muestra la importancia de mantener vínculos familiares sólidos, sobre todo cuando un progenitor está encarcelado y ese vínculo es deseado (Song et al., 2018). La principal manera en que una familia puede seguir conectada durante el EP son las llamadas telefónicas, las cartas y las visitas (Smith & Young, 2017). Sin embargo, las llamadas pueden ser caras (6 dólares por unos 15 minutos) (Wagner & Jones, 2019). A veces el progenitor está encarcelado a más de 100 millas, lo que supone una carga adicional para la familia, que necesita un medio de transporte fiable. Como resultado, las familias con un progenitor encarcelado soportan el coste considerable de mantener un contacto regular (Travis et al., 2016).

En el nivel del macrosistema, la infancia y las familias deben hacer frente a la prominencia del estigma asociado al encarcelamiento. A diferencia de la pérdida de un familiar por muerte o enfermedad, perder a la madre o al padre por encarcelamiento rara vez suscita la compasión de la comunidad (Arditti, 2012). Perder a un progenitor por encarcelamiento es una experiencia única, porque el proceso de duelo suele quedar sin resolver y resulta confuso, debido a la escasa información que se comparte y a la posibilidad tardía de vivir plenamente el duelo. Además, debido a las tasas desproporcionadas de encarcelamiento, el impacto estigmatizante se acentúa en la infancia racializada, en quienes viven en zonas rurales y en las familias con bajos ingresos (Murphey & Cooper, 2015a, 2015b).

Los incidentes concretos que generan efectos tan negativos no se han esclarecido. La mayor parte de la literatura sobre hijos e hijas de progenitores encarcelados no distingue entre los periodos del encarcelamiento (detención, condena, reclusión, excarcelación Johnson & Easterling, 2015; Keller et al., 2022) ni su posible impacto. Investigaciones recientes sugieren que no es raro que la infancia presencie la detención de su madre o de su padre (Metcalfe et al., 2022). En una muestra de 1869 menores de la National Survey of Child and Adolescent Well-being, casi el 40% había presenciado la detención de un miembro del hogar (Phillips & Zhao, 2010). Además, un estudio reciente con menores de 2 a 6 años constató que el 27% había presenciado la detención de su padre, el 29% había presenciado el delito de su padre y el 15% había presenciado tanto la detención como el delito (Muentner et al., 2021). Según Phillips y Zhao (2010), presenciar la detención de un miembro del hogar predice síntomas postraumáticos en la infancia. Los niños y niñas que viven la detención de su madre o de su padre a menudo necesitan después un lugar seguro donde vivir y personas que les cuiden, además de afrontar el coste emocional de la separación (San Francisco Partnership for Incarcerated Parents, n.d.). Aunque los procedimientos de detención de los agentes deben priorizar la seguridad pública retirando a una persona adulta del hogar lo más rápida y seguramente posible, poco se sabe de las experiencias de las familias durante esos procedimientos. Se requiere más investigación cualitativa para aportar contexto y comprensión sobre las experiencias de la detención parental desde las propias perspectivas y voces de las familias.

Objetivos

Este estudio se propuso describir las experiencias y consideraciones de las familias para apoyar lo mejor posible a la juventud durante la detención parental. Incluimos las perspectivas de adolescentes, personas cuidadoras y progenitores que habían estado en prisión, en el primer año tras su salida, que han formado parte de la experiencia del EP. En particular, esperábamos que las personas participantes identificaran necesidades, servicios y políticas específicos que pudieran apoyar a la juventud en el momento de la detención parental.

Métodos

Muestreo y reclutamiento

El estudio utilizó una estrategia de muestreo por conveniencia, con reclutamiento por correo electrónico y folletos. Reclutamos los tres grupos siguientes: 1) adolescentes de 12 a 18 años que habían vivido el encarcelamiento de su madre o de su padre; 2) progenitores (mayores de 18 años) que habían salido de la cárcel o de la prisión en el último año; o 3) personas cuidadoras (mayores de 18 años) de menores cuyos progenitores habían estado encarcelados. Exigimos que las personas participantes hablaran inglés y vivieran en EE. UU. Se enviaron correos electrónicos con información sobre el objetivo del estudio, su diseño y los criterios de elegibilidad, junto con folletos de reclutamiento (para que cada organización los utilizara a su criterio), a numerosos centros escolares, programas de reinserción y de vivienda de transición y otras organizaciones comunitarias que prestan servicios a familias afectadas por el encarcelamiento de un miembro del hogar, ubicadas principalmente en XXXX. Varias personas difundieron nuestros correos de reclutamiento en otras listas de distribución, entre ellas The National Resource Center on Children and Families of the Incarcerated, la Correctional Education Association of Wisconsin, la lista Higher Education in Prison y la lista Wings for LIFE International.

Las entrevistas telefónicas semiestructuradas exploraron las experiencias de las familias y sus recomendaciones para mejorar el apoyo a los hijos e hijas de progenitores encarcelados. Tras una serie de preguntas sociodemográficas, se preguntó a las personas participantes por sus experiencias según la fase del encarcelamiento (es decir, en el momento de la detención, durante el encarcelamiento y tras la excarcelación). Los resultados correspondientes a la excarcelación o a la reintegración en el hogar tras el encarcelamiento (Keller et al., 2022) y los resultados relativos a las visitas durante el encarcelamiento (Jones et al., 2023) se han publicado en otro lugar. El cuestionario del estudio se basó en el modelo bioecológico del desarrollo humano de Bronfenbrenner (Bronfenbrenner, 1977) para recoger las experiencias familiares en múltiples contextos, como el hogar, el lugar de trabajo, la escuela y la comunidad. Todas las personas participantes dieron su consentimiento verbal antes de participar. También se les indicó que no utilizaran los nombres ni ninguna información identificable del progenitor encarcelado ni de los jóvenes. El estudio fue aprobado por el comité de ética institucional (Institutional Review Board) de XXXXXX.

Recogida y análisis de datos

Las entrevistas telefónicas se realizaron de marzo a agosto de 2020 por parte de una persona del equipo de investigación con formación específica. Todas las entrevistas se grabaron y transcribieron. Se entregó una compensación de 40 dólares a cada persona entrevistada en agradecimiento por su tiempo. La persona del equipo encargada del reclutamiento, de la programación y de la realización de las entrevistas indicó a la persona autora principal que se había alcanzado la saturación de los datos, dada la coincidencia constante de la información tras completar 26 entrevistas. El análisis de contenido cualitativo se desarrolló en dos fases. La primera tuvo lugar una vez terminada la transcripción, para determinar los códigos iniciales. Para ello, tres personas del equipo de investigación revisaron de forma independiente cada una de las transcripciones y generaron códigos iniciales mediante procedimientos de codificación abierta, con el fin de organizar los datos y crear categorías. En los procedimientos de codificación abierta, el equipo de investigación toma los datos cualitativos en bruto, los descompone en partes más pequeñas y les asigna un código descriptivo (Strauss & Corbin, 2004). El enfoque inductivo del equipo se guio además por el modelo ecológico de Bronfenbrenner, que orientó su comprensión a priori de cómo el EP afecta a la unidad familiar (Bronfenbrenner, 1977). En la segunda fase del análisis, el equipo de investigación se reunió semanalmente durante varios meses para comparar, discutir y modificar los códigos, sobre la base de un consenso acerca de los patrones y temas emergentes por subgrupo y, finalmente, por fase del encarcelamiento. Los temas generales eran predominantemente descriptivos y se hicieron evidentes tras revisar los códigos y establecer patrones. Cada etapa del análisis implicó una revisión individual y luego colectiva, como equipo de investigación, hasta alcanzar una concordancia en la interpretación de los códigos, los patrones y los temas. En caso de discrepancias en la codificación, los temas se validaron mediante revisiones individuales y de equipo en las que participaron dos especialistas en investigación de servicios de salud y en equidad en salud pediátrica (coautoría KK y DC). En otro lugar se ofrecen más detalles metodológicos (Keller et al., 2022). Tres personas del equipo de investigación seleccionaron individualmente las citas directas. Después, como equipo, confirmamos que esas citas eran representativas de las experiencias de las familias.

Resultados

Las características sociodemográficas de adolescentes y personas adultas (personas cuidadoras y progenitores en el primer año tras su salida de prisión) se resumen en la tabla 1. La muestra final de participantes (N = 26) estaba formada por 10 jóvenes (38,5 %), seis progenitores en el primer año tras su salida de la cárcel o la prisión (23,1 %) y 10 personas cuidadoras de menores con progenitores encarcelados (38,5 %). Entre la juventud participante (n = 10), la mayoría se identificaba como mujer (90,0 %, n = 9) y el 50,0 % (n = 5) eran adolescentes de más edad (16-17 años). El cuarenta por ciento (n = 4) de las personas adolescentes se identificaba como negra o afroamericana. Cuatro de las personas jóvenes participantes habían vivido el encarcelamiento de su padre, dos el de su madre y cuatro el de ambos progenitores. Al igual que en la muestra adolescente, la mayoría de las personas adultas participantes eran mujeres (75%, n = 12), y más de la mitad se identificaba como negra o afroamericana (56,3 %, es decir, n = 9). Más de la mitad de las personas adultas participantes tenía más de 45 años (75%, n = 12). La mayoría de las personas cuidadoras de menores expuestos al EP eran abuelas o abuelos (70%, n = 7). Todas las personas participantes vivían en EE. UU., la mayoría en Ohio (50%, n = 13). Además, entre las personas participantes había tres díadas familiares de joven y persona cuidadora. El número total de veces que uno o ambos progenitores habían estado encarcelados, así como la duración total de las condenas (o el tiempo pasado en prisión), variaban mucho entre las submuestras de jóvenes, de personas cuidadoras y de progenitores recientemente excarcelados. Aproximadamente la mitad de la muestra de jóvenes y de personas cuidadoras indicó que uno o ambos progenitores habían sido condenados a un total de nueve años o más (55,0 %, n = 11 de 20) y habían estado encarcelados 5 veces o más (45,0 %, n = 9 de 20). Los progenitores excarcelados de la cárcel o la prisión en el último año indicaron haber estado encarcelados 1-2 veces, y la mayoría señaló que su condena era de cinco años o más (66,6 %, n = 4 de 6).

Tabla 1. Características sociodemográficas y relativas al EP de la muestra de adolescentes, personas cuidadoras y progenitores que estuvieron en prisión

  • Muestras. A: muestra adolescente (N = 10); C: muestra de personas cuidadoras (N = 10); P: muestra de progenitores que estuvieron en prisión (N = 6); los valores son % (n).
  • Género. Femenino: A 90,0 % (9), C 20% (10), P 33,3 % (2); masculino: A 10,0 % (1), C 0, P 66,6 % (4).
  • Raza. Negra o afroamericana (AA): A 40,0 % (4), C 60,0 % (6), P 50,0 % (3); blanca: A 30,0 % (3), C 30,0 % (3), P 33,3 % (2); negra o AA y blanca: A 20,0 % (2), C –, P –; indígena americana o nativa de Alaska (AI o NA) / otra: A 0 / 10,0 % (1), C – / –, P 16,7 % (1); AI o NA y otra: A –, C 1,0 % (1), P –.
  • Etnia. Hispana o latina: A 0, C 10,0 % (1), P –.
  • Edad. Media (años) y rango: A 14.7 años (12–16), C 47.6 años (28–67), P 51.5 años (46–60); 12–13 años: A 30,0 % (3); 14–15 años: A 20,0 % (2); 16–17 años: A 50,0 % (5); 25–34 años: C 20,0 % (2); 35–44 años: C 20,0 % (2); 45–54 años: C 30,0 % (3), P 66,6 % (4); > 55–64 años: C 30,0 % (3), P 33,3 % (2).
  • Situación de convivencia. Madre y/o padre: A 80,0 % (8); tutela legal/persona cuidadora: A 20,0 % (2).
  • Tipo de centro escolar. Charter o privado: A 40,0 % (4); público: A 60,0 % (6).
  • Género del progenitor encarcelado. Madre: A 20,0 % (2), C 10,0 % (1); padre: A 40,0 % (4), C 60,0 % (6); ambos: A 40,0 % (4), C 30,0 % (3).
  • Curso actual o nivel de estudios más alto. 6.º-7.º grado: A 30,0 % (3); 8.º-9.º grado: A 10,0 % (1); 10.º-11.º grado: A 60,0 % (6); secundaria incompleta: P 16,7 % (1); diploma de secundaria o GED: C 10,0 % (1), P 16,7 % (1); estudios universitarios incompletos o título de 2 años: C 60,0 % (6), P 50% (3); título universitario de 4 años o superior: C 30,0 % (3), P 33,3 % (2).
  • Ingresos anuales del hogar. Menos de 15 000 $: C 10,0 % (1), P 33,3 % (2); de 15 000 $ a 24 999 $: C 10,0 % (1); de 25 000 $ a 49 999 $: C 50,0 % (5), P 33,3 % (2); de 50 000 $ a 74 999 $: C 10,0 % (1); de 75 000 $ a 99 999 $: –; 100 000 $ o más: P 16,7 % (1); prefiere no responder: C 20,0 % (2), P 16,7 % (1).
  • Contexto del encarcelamientoa: número total de veces/encarcelamientos. Para P: historial de encarcelamiento propio. Madre: 1–2 encarcelamientos: A 10,0 % (1), P 33,3 % (2); 3–5 encarcelamientos: A 10,0 % (1); > 5 encarcelamientos: C 10,0 % (1). Padre: 1–2 encarcelamientos: A 30,0 % (3), C 20,0 % (2), P 66,6 % (4); 3–5 encarcelamientos: C 20,0 % (2); > 5 encarcelamientos: A 10,0 % (1), C 20,0 % (2). Madre y padre: 1–2 encarcelamientos: C 10,0 % (1); 3–5 encarcelamientos: A 10,0 % (1); > 5 encarcelamientos: A 30,0 % (3), C 20,0 % (2).
  • Contexto del encarcelamientoa: duración total de la condena. Madre: 3 meses-1 año: A 10,0 % (1); 1–4 años: C 10,0 % (1); 5–8 años: P 33,3 % (2); > 9 años: A 10,0 % (1). Padre: 3 meses-1 año: A 20,0 % (2), C 10,0 % (1); 1–4 años: C 10,0 % (1), P 16,7 % (1); 5–8 años: C 20,0 % (2); > 9 años: A 20,0 % (2), C 20,0 % (2), P 33,3 % (2); prefiere no responder: P 16,7 % (1). Madre y padre: 3 meses-1 año: –; 1–4 años: –; 5–8 años: C 10,0 % (1); > 9 años: A 40,0 % (4), C 20,0 % (2).

a Las cifras se basan en las personas participantes que respondieron. El encarcelamiento incluye tanto la cárcel (jail) como la prisión (prison), pero no se distinguieron, ya que 6 de cada 10 jóvenes utilizan «jail/prison» indistintamente

Los temas emergentes fueron: (1) los efectos de presenciar la detención, condicionados por el trato de los agentes; (2) el trauma causado por el ocultamiento de la detención; y (3) la escasez de recursos domésticos y comunitarios para ayudar a la familia a afrontar las detenciones. La tabla 2 presenta un resumen de los resultados.

Tabla 2. Resumen de los resultados

  • Efectos de presenciar la detención, condicionados por el trato de los agentes. Sugerencias centradas en la familia: una persona adicional que asista al agente durante la detención; estandarización de los procedimientos de detención.
  • Trauma causado por el ocultamiento de la detención. Sugerencias centradas en la familia: acceso a información honesta sobre la detención; apoyos de salud mental para atenuar el estigma y el miedo.
  • Escasez de recursos domésticos y comunitarios para ayudar a la familia a afrontar las detenciones. Sugerencias centradas en la familia: reforzar los apoyos jurídicos para el progenitor encarcelado (es decir, garantizar que los progenitores tengan oportunidades de vivienda, trabajo y cobertura de sus necesidades básicas); garantizar procedimientos jurídicos claros para acceder a las ayudas públicas y a la custodia de la niña o el niño tras la detención del progenitor; estandarizar la asistencia jurídica entre condados; reforzar el apoyo socioemocional en la comunidad.

Efectos de presenciar la detención, condicionados por el trato de los agentes

Las experiencias adolescentes en el momento de la detención variaban según que ellas mismas o las personas cuidadoras estuvieran presentes para presenciarla y según el trato que el agente que practicaba la detención dispensara a la familia. Aproximadamente una cuarta parte de todas las personas participantes declaró que una niña o un niño había presenciado la detención de su madre o de su padre (2 de las personas adolescentes participantes indicaron haber estado presentes, y 5 de las personas adultas participantes señalaron que había menores presentes). Una persona adolescente expresó las emociones y el miedo de presenciar varias detenciones de su padre:

«Bueno, con mi padre, hubo unas cuantas veces que lo detuvieron y yo estaba por ahí. Las dos veces fue muy, muy aterrador y angustioso porque, en plan, “¿Qué pasa, qué está pasando?”. En esas ocasiones yo tenía muy poca edad, y luego todas las demás veces era esa sensación de “¿qué está pasando? ¿Voy a volver a ver a mi padre?”».

Las personas adolescentes que tuvieron un agente que las consoló, o que permitió que la niña o el niño abrazara a su madre o a su padre, guardaban un mejor recuerdo que quienes no lo tuvieron. Una adolescente contó que un agente la consoló en el momento de la detención:

«…[Mi padre]… vino a recogerme… Y paramos en el Speedway…. Un poli había entrado en el aparcamiento del Speedway… [mi padre] tiró la droga que llevaba y… resulta que [mi padre] llevaba droga por todo el asiento de atrás, en el maletero, y el coche en el que íbamos era robado… Luego me cogieron y me metieron en el coche de policía. Pero sabían que yo era su hija y que no tenía nada que ver… Luego vino mi madre a buscarme. Pero sí, eso es básicamente lo que… pasó hace un mes, es la vez más reciente que me acuerdo en que estaba con él y estaba presente en la situación… Puedo decir que los polis me consolaron bien, mi madre vino a buscarme. Me sacó de allí porque sabía que era duro para mí».

Otra persona destacó la importancia del contacto físico y de poder despedirse. Una persona cuidadora relató la experiencia de su hija cuando detuvieron al padre de esta, subrayando la importancia de permitir que la niña o el niño abrace a su madre o a su padre en el momento de la detención:

«… Seis agentes entraron en mi casa. Y fue terrible, [mi hija] quedó completamente traumatizada, no la dejaban acercarse a su padre. Lo esposaron, le pusieron grilletes, todo eso, delante de ella. Ella gritaba y lloraba, y no la dejaban acercarse a él. Y al final uno de los agentes… dijo algo como: “Dejad que la niña venga aquí, que vea a su padre y lo abrace”… Así que le quitó las esposas a su padre, la dejó ir con su padre, dejó que su padre la abrazara y todo eso, y desde luego eso la calmó antes de que se lo llevaran».

Otra persona cuidadora describió una experiencia similar con su nieto:

«[Los detectives] sí que le dieron [al padre detenido] la oportunidad de despedirse de su hijo… y luego yo llevé a mi nieto otra vez… [con] su padre… [los detectives entonces] dijeron: “Tenemos que hacerle unas preguntas a tu padre y resolver unos asuntos con él. Y va a venir con nosotros a [nombre de la ciudad donde estaba la cárcel]… por si quieres despedirte de tu padre. No sé cuánto tiempo va a estar fuera… No sé cuánto tiempo vamos a necesitar su ayuda, pero necesitamos su ayuda con una cosa…”. [Se] abrazaron y tal, y fue un poco emotivo porque mi hijo estaba un poco emocionado.

Sin embargo, una persona cuidadora señaló una falta de respeto durante una detención:

«Que un agente siga repitiendo… [que el progenitor detenido es] un pedazo de ****, o que infringe la ley, ya sabe, que siga repitiendo eso fue lo menos útil. No mejoró la situación ni su impacto».

Una abuela cuidadora con experiencia propia de encarcelamiento subrayó la importancia del comportamiento de los agentes durante la detención:

«…Creo que lo más útil son los agentes. Todo empieza con ellos. La forma en que entran en una casa y la forma en que tratan a esa persona a la que se disponen a detener, olvidando que es un padre o una madre y que esos niños no ven a un delincuente, ven a su madre, a su padre. Así que hay que tener eso en cuenta cuando entran en una casa y detienen a alguien: ellos miran a esa persona con unos ojos, pero [todo el mundo] en esa casa la mira con unos ojos completamente distintos».

Otras personas explicaron cómo una persona adicional podría ayudar al agente durante la detención:

«Lo tengo muy claro: hace falta, quizá no un policía, pero alguien que ayude al agente y que pueda consolar a la niña o al niño, porque la [tarea] principal [del agente] es, ya sabe, ocuparse del malo. Y en ese momento mi hijo era el malo, y su hija se queda… ahí, sin entender nada… [y suplicando:] “No os llevéis a mi papá”. Para ella, [su] papá es muy bueno, ¿sabe?».

Trauma causado por el ocultamiento de la detención

Si presenciar una detención puede ser emocionalmente difícil para la juventud, no presenciarla también puede generar confusión. Las personas adolescentes que no presenciaron directamente la detención contaron que recibir información sobre los detalles de la detención de su madre o de su padre, o enterarse más tarde, también les causó estrés y dolor. Una persona adolescente que no presenció la detención compartió lo angustioso que fue enterarse del encarcelamiento de su padre:

«...Me quedé en shock [cuando me enteré]. Lloré y luego corrí a mi habitación… Estaba que echaba humo… muchísimo, porque sabía que al menos [podría haber] dicho algo en lo del juicio si me hubieran dejado, ¡porque yo conozco a mi padre! Y aquello por lo que lo condenaron es una estupidez. …. ¡No supe que [mi padre] estaba detenido hasta casi una semana después, porque mi madre no me lo contó! No me sorprendió, porque ya lo habían encerrado [antes] una noche… pero es que hemos pasado por tantas cosas, porque había tantas versiones distintas, que yo pensaba: “¿Está ahí porque de verdad hizo algo o porque la gente miente?”… Progenitores y personas adultas diciéndome que yo “no sé lo que pasa”, [que] yo “ni siquiera conozco a mi padre”, y hablando mal de él y todo».

Otra persona adolescente compartió su frustración y su estrés ante la incertidumbre y la falta de información durante ese periodo:

«Simplemente era estresante no saber muy bien lo que pasaba, y había… muchas falsas esperanzas, y eso era muy estresante. Y… era el final de mi 8.o grado, y no sé… es que obviamente nunca me imaginé que fuera a pasar nada de esto, así que eso fue probablemente lo más estresante [del periodo de la detención]… no saber muy bien cómo estaba todo… “…Si hubiéramos sabido que este iba a ser de verdad el resultado, podríamos habernos preparado literalmente para todo, porque hasta las contraseñas [del ordenador, de la banca en línea, del correo] y cosas así… todas esas cosas que no sabíamos que íbamos a tener que gestionar… y si lo hubiéramos sabido aunque fuera durante el juicio, podríamos habernos preparado para que el cambio no fuera tan drástico». (20)

Las personas cuidadoras también expresaron miedo a la estigmatización y al trato negativo por parte de otras personas, o miedo a que la verdad hiciera aún más daño a la niña o al niño. Una cuidadora contó cómo aconsejó a su niña que no revelara el encarcelamiento de su madre:

«Emocionalmente, no muy bien. Creo que fue porque le dije que no fuera pregonando que su madre estaba [en] la cárcel o en prisión… ella era consciente del… [del] estigma que eso conlleva, y probablemente la hizo sentirse incómoda. …La única tarea [escolar] que tuvo que hacer… [sobre su familia]… La arrugó y la tiró al otro lado de la habitación. Estaba muy alterada. Y eso era en preescolar. Fue triste verlo, que [llegara] a enfurecerse tanto. Supongo que había mucha vergüenza ahí».

Una persona adolescente también reveló cómo ocultaba la verdad por miedo a que la juzgaran sus pares:

«Tenía que mentirle a la gente [cuando la gente de mi clase] me preguntaban por qué mi… madre [es] blanca o por qué [no habían] …conocido a mi madre de verdad, y yo simplemente les mentía, en plan… “vive en California y solo viene los fines de semana” o algo así. No quería contarles la pura verdad porque tenía tan poca edad, me daba miedo que me juzgaran… porque ya me juzgaban por mi frente y por todas esas otras cosas…».

Pese a las experiencias de ocultamiento del encarcelamiento, los progenitores recientemente excarcelados estaban firmemente convencidos de que una comunicación abierta y honesta con la niña o el niño aliviaría la ansiedad ante lo desconocido del encarcelamiento. Dos de ellos subrayaron la importancia de la honestidad:

«No mientas, di la verdad… a la criatura. [Antes] yo decía que estaba en el trabajo o fuera durante mi detención y las vistas de fianza y todo eso. [Ahora] diría la verdad, me da igual la edad que tenga, yo diría que simplemente hay que actuar con honestidad».

«Di la verdad, con sinceridad y honestidad… es lo único que de verdad podría decir».

Escasez de recursos domésticos y comunitarios para ayudar a la familia a afrontar las consecuencias de las detenciones

Tras la detención, las familias hablaron de la dificultad para obtener recursos que ayudaran mejor a la infancia y para desenvolverse en el proceso de custodia. Las personas cuidadoras compartieron dificultades concretas al asumir las responsabilidades del cuidado de los menores, ya que a menudo carecían de los recursos para hacerlo de inmediato. Por ejemplo, una abuela explicó:

«…Una cuna, los andadores y todo lo que conlleva, los asientos Bumbo, todo ese equipo que necesitan los bebés… Los pañales eran un gasto enorme. Y el equipo que necesitan. Las sillitas del coche, nada de eso estaba a mi alcance porque [la madre] estaba encerrada y la habían trasladado, y yo no podía entrar fácilmente en su casa».

Otra abuela expresó la necesidad de recursos económicos para ayudar a mantener a la niña o al niño:

«A ver, si solo hubieran contado mis ingresos, habría tenido derecho a los cupones de alimentos y al Title 20, pero [yo vivía también con mi hija y] la pensión alimenticia que recibía mi hija me hacía superar el [umbral de] ingresos para recibir ayuda, porque [tenerla en casa hacía que los requisitos de ingresos fueran los] de una familia de cuatro [en lugar de una familia de 3]… [Como la madre de las criaturas murió justo antes de que encarcelaran al padre] la pensión de orfandad de la seguridad social que cobraban las criaturas por su madre las excluía automáticamente del acogimiento en familia extensa. Y para obtener cualquier ayuda de acogimiento en familia extensa, me dijeron que tenía que entregarlas a los servicios de protección de menores, y que luego me las devolverían. ¡Y eso no lo voy a hacer! Ya han pasado bastante… así que eso hace que a quienes de verdad necesitan la ayuda les cueste conseguirla».

La misma cuidadora describió los obstáculos jurídicos para acceder a las ayudas públicas y a la custodia de la niña o el niño tras la detención del progenitor:

«[Me sentí] muy decepcionada, supongo, con [el] funcionamiento de nuestro sistema judicial. Las dinámicas que se establecen para las personas que no tienen dinero… y que se enfrentan a una pena de prisión grave, y para mí cualquier tiempo en prisión es grave, y encima no sentir que entiendes el proceso».

Otras personas participantes señalaron que las viviendas estaban cerradas y que no se reconocía el derecho a las ayudas porque era el progenitor encarcelado quien tenía acceso a ellas, y no la familia extensa. Las personas participantes indicaron, en cambio, que sería valioso contar con ayuda para conocer los servicios disponibles y, después, con alguien que les acompañara en los trámites necesarios tras la detención. Una persona participante afirmó:

«Probablemente lo que me habría ayudado en el momento de la detención, cuando recibí a la criatura, habría sido una lista de recursos del condado. Si seguía teniendo la guarda de la criatura, [descubrí más tarde] que podía pedir ayuda a los programas que hubiera disponibles en el condado. Tardé mucho en encontrar eso. Estaba perdida, no tenía ni idea de qué hacer [al principio, sin conocer los recursos disponibles]. Trabajaba, tenía que encontrar una guardería, había… muchas cosas… Intentar conservar mi trabajo y cuidar de un bebé, un bebé chiquitín. Me preocupaba mucho la guardería, la calidad del cuidado y lo que costaba. ¡Yo tenía edad de abuela! Y no tenía gente joven a mi alrededor a la que pudiera recurrir fácilmente para que hiciera de canguro. Y no tenía edad para jubilarme, así que tenía que trabajar. Y no tenía a nadie más que me ayudara».

Otra persona cuidadora señaló diferencias notables entre los recursos y los procedimientos de los distintos condados:

«… Los tribunales del condado A no han sido tan útiles como los del condado B. No sé si era por la carga de trabajo, no sé cuál es la carga de trabajo, pero hay una diferencia cuando se trata de cualquier cosa del condado A, ya sea la asistencia social o pasar por sus tribunales, y tratar con el condado B. Hay una diferencia total. El condado A simplemente se ocupa de las cosas y las resuelve, mientras que en el condado B te dicen que no, o que tienes que hacer esto o aquello, y aun así no te ayudan». (12)

Las personas participantes también describieron la necesidad de apoyo emocional para ayudar a procesar la separación del familiar encarcelado. Una persona adolescente explicó:

«Simplemente necesitas gente con quien hablar… necesitas a alguien a quien soltarle todo y que simplemente lo absorba y no te juzgue por lo que dices… el apoyo emocional hacía muchísima falta… Solo tengo a mis amistades y eso… No me fío mucho de ninguna persona adulta ni nada».

Las personas cuidadoras reconocieron que les vendría bien ayuda para acompañar adecuadamente a la infancia, en sus distintas etapas de desarrollo, en la comprensión del encarcelamiento de su madre o de su padre. Las familias recomendaron servicios de apoyo y folletos adaptados al nivel de desarrollo sobre cómo explicar la detención y la ausencia.

Discusión

Aproximadamente un tercio de las personas participantes en nuestro estudio indicó que una niña o un niño estaba presente durante la detención de su madre o de su padre, lo que concuerda con otros datos que recogen porcentajes similares (22-40%) (Metcalfe et al., 2022). Nuestros hallazgos revelaron experiencias difíciles para quienes estaban presentes, ya que los miembros de la familia relataron el miedo, la confusión y la incertidumbre general ligados al periodo de la detención del progenitor. En el momento de la detención, las familias describieron sus experiencias como «traumáticas» y «estigmatizantes», tanto si la niña o el niño estaba presente y presenció la detención como si no. Los efectos de presenciar u ocultar la detención estaban condicionados por el trato de los agentes y por el miedo. Los resultados subrayan la necesidad de enfoques e intervenciones centrados en la familia en el momento de la detención que permitan apoyar mejor a la infancia y a los miembros de la familia durante este periodo. Las personas participantes propusieron recomendaciones para mejorar la transparencia sobre este proceso y sobre los recursos disponibles (por ejemplo, hojas informativas).

Aunque algunas organizaciones y programas prestan servicios a las familias afectadas por el encarcelamiento de un miembro del hogar (Geller et al., 2011), las personas participantes contaron que esos servicios no les resultaban fácilmente accesibles, ya que los apoyos pueden no existir en todas las jurisdicciones. Se necesitan más infraestructuras y apoyos para la colaboración intersectorial, la financiación y la gestión de casos. El recurso a personas de enlace del condado o la ayuda de profesionales del trabajo social podría orientar a las familias hacia servicios de custodia, jurídicos o económicos en el momento en que se retira al progenitor del hogar. Las personas participantes en este estudio describieron en particular cómo esa persona de enlace podría ayudar a las familias a saber adónde acudir, qué prever y cómo comunicar a sus hijos e hijas los pasos siguientes. Los centros escolares ocupan una posición privilegiada para ofrecer servicios de apoyo directos e indirectos al alumnado que pueden aumentar los factores de protección de la infancia con progenitores encarcelados (Warren et al., 2019). Por ejemplo, el servicio de orientación escolar puede ofrecer apoyo antes y después de las visitas al progenitor recién detenido, facilitando una experiencia más llevadera y reduciendo cualquier dificultad emocional añadida para la infancia. En línea con nuestros hallazgos, datos anteriores han insistido además en la necesidad de reducir las dificultades a las que se enfrentan las personas cuidadoras en este periodo, ya que las alteraciones de la unidad familiar les complican llevar a los menores a las citas sanitarias necesarias para recibir atención preventiva (Khazanchi et al., 2019).

Las familias contaron lo escasos que eran los recursos sociales, económicos y comunitarios disponibles para ayudarlas a afrontar la detención. También se señalaron importantes obstáculos económicos y jurídicos en torno a la custodia y al acogimiento en familia extensa. Las personas participantes expresaron la necesidad de mejores apoyos de transición, como un trato estandarizado por parte de los agentes que practican la detención, con formación adicional en sensibilidad. En consonancia con las necesidades identificadas por las personas participantes, un informe de la National Conference of State Legislators de 2009 (una asociación apartidista de cargos públicos compuesta por legisladores estatales en ejercicio) animaba a las agencias a elaborar protocolos que definieran los pasos siguientes para las familias tras la detención (Christian, 2009). Aunque el agente debe tener en cuenta muchos factores al practicar una detención y mantener la seguridad como prioridad, existen estrategias que los agentes deberían conocer para aplicarlas cuando sea posible. El programa Child Development-Community Policing es un modelo de colaboración entre las fuerzas del orden y los servicios de salud mental que incluye la formación de los agentes en desarrollo infantil y garantiza la presencia de profesionales clínicos en el momento de la detención (Berkowitz & Marans, 2000). La International Association of Chiefs of Police y el Yale Child Study Center (2017) también han publicado una guía titulada Enhancing Police Responses to Children Exposed to Violence, que recomienda varias estrategias que pueden ayudar a los agentes a llevar a cabo una detención en presencia de menores. Una de las técnicas para que la policía minimice estas experiencias traumáticas consiste en aconsejar a los agentes que traten con respeto al progenitor durante la detención, y en dotarles de habilidades para explicar a la niña o al niño, de forma adaptada a su nivel de desarrollo, qué ha pasado, por qué y qué va a ocurrir después. Además, en esta guía los agentes pueden encontrar ejemplos de preguntas frecuentes de la infancia y de respuestas adaptadas a su nivel de desarrollo. Son consideraciones importantes para los agentes, ya que los resultados de este estudio confirman los datos de Nolan (2003), quien sugirió que dar a la niña o al niño la oportunidad de hablar con su madre o su padre durante una detención puede reducir los síntomas traumáticos. Otras iniciativas, como el programa Support Team Assistance Response (STAR) de Colorado, permiten que profesionales sanitarios atiendan determinados avisos a domicilio relacionados con problemas de salud mental o de consumo de sustancias, y podrían reducir las detenciones parentales, la exposición de la infancia al trauma y las malas interacciones entre agentes y familias (Support Team Assistance Response, n.d). Por tanto, una mejor formación y la colaboración con las organizaciones sanitarias podrían contribuir a reducir el estrés asociado a presenciar la detención de la madre o del padre.

Limitaciones del estudio

Nuestro estudio tiene varias limitaciones importantes. En primer lugar, utilizamos una estrategia de reclutamiento por muestreo de conveniencia y reconocemos que pueden habernos faltado perspectivas importantes de familias con escaso acceso a las listas de distribución, los centros escolares y las organizaciones comunitarias con los que contactamos. La investigación futura podría seguir reclutando en poblaciones diversas que hayan vivido el EP, ya que otras personas podrían aportar una comprensión aún más profunda del abanico de emociones vividas durante este periodo. Aunque nuestros hallazgos reiteraron la necesidad de mantener el vínculo con el progenitor encarcelado, un estudio anterior de métodos mixtos constató que el 31% de los menores participantes expresaban sentimientos negativos hacia su progenitor encarcelado, como resentimiento e ira (Shlafer & Poehlmann, 2010). Otro estudio anterior sugirió que la infancia que presencia una detención parental tiene una probabilidad significativamente mayor de presenciar también múltiples tipos de violencia en su hogar y de ser víctima de ellos (Phillips & Zhao, 2010). Por ello, los equipos profesionales deberían seguir aplicando las directrices disponibles al intervenir en determinadas situaciones, garantizando la protección de la infancia (San Francisco Partnership for Incarcerated Parents, nd).

En segundo lugar, la mayoría de las familias utilizaban los términos «jail» (cárcel) y «prison» (prisión) indistintamente, y probablemente existen diferencias muy importantes entre las experiencias de las familias cuyo progenitor cumplió condena en una prisión y las de aquellas cuyo progenitor estuvo en una cárcel. Lamentablemente, no pudimos verificar el contexto del EP. Se necesita más investigación para comprender las diferencias contextuales entre estos tipos de reclusión y los efectos de presenciar la detención en función de la edad de la niña o el niño. Además, las personas participantes realizaron la entrevista en distintos momentos y a distintas edades tras la detención parental. Se necesita investigación futura para explorar el impacto evolutivo de la detención en el bienestar de la juventud, así como para examinar posibles diferencias en el relato retrospectivo entre quienes se entrevistan más cerca del momento de la detención y quienes no. En tercer lugar, la recogida de datos se realizó entre marzo y agosto de 2020, al inicio de la pandemia de COVID-19. El estrés adicional en los hogares durante ese periodo y durante la evocación de acontecimientos sensibles podría haber dificultado el recuerdo.

Pese a estas limitaciones, los resultados de este trabajo aportan comprensión y un contexto importante sobre el periodo de la detención desde la perspectiva de las familias afectadas por el encarcelamiento. Aunque el reducido tamaño de la muestra puede limitar la generalización de los resultados, se alcanzó la saturación de los datos. También fue difícil discernir la independencia de los grupos; aun así, consideramos que este artículo ofrece una instantánea de las experiencias en el momento de la detención sobre la que pueden reflexionar los equipos profesionales que trabajan con familias afectadas por el encarcelamiento parental, para apoyar mejor la salud y el bienestar de la infancia. Nuestro artículo no solo pone de relieve los datos disponibles sobre el encarcelamiento parental y sus efectos, sino que también subraya lo escasa que ha sido la investigación previa sobre los miembros de la familia durante el periodo de la detención, dando prioridad a las voces de las personas participantes.

Declaración de posicionamiento

Reconocemos el poder y el privilegio de cada miembro del equipo de investigación al realizar un estudio sobre familias afectadas por el encarcelamiento. El equipo de investigación trabajaba principalmente en instituciones hospitalarias pediátricas del Medio Oeste cuyo objetivo es mejorar la salud y el bienestar de la infancia. Reconocemos también que las percepciones, las ideas y la comprensión del encarcelamiento están en gran medida gobernadas por estereotipos y por el estigma. Aunque toda la autoría ha vivido el encarcelamiento de un familiar a lo largo de su vida (por ejemplo, la fratría, la descendencia, las primas y los primos, una tía, un tío o la generación de los abuelos, con condena cumplida en prisión o en la cárcel, etc.), solo dos de las personas autoras vivieron personalmente el encarcelamiento de su madre o de su padre durante la infancia.

Conclusión

Este estudio aporta una comprensión de las experiencias, las dificultades y las necesidades de las familias afectadas por el EP en el momento de la detención parental. En concreto, las experiencias familiares se describieron como traumáticas y estigmatizantes, y estaban condicionadas por el trato de los agentes. Debido a la escasez de recursos domésticos y comunitarios disponibles para las familias, los hallazgos ponen de relieve la necesidad de una mayor transparencia sobre los apoyos disponibles y de programas que refuercen el vínculo familiar.

Complexe Systémique: puntos clave

La detención es el momento olvidado del encarcelamiento parental: la investigación habla de la reclusión, de las visitas y del regreso, rara vez de la policía que entra en casa ante la mirada infantil. Estos 26 testimonios muestran que lo que la vuelve traumática no reside solo en el acontecimiento, sino en la manera en que se vive en lo relacional: la niña a la que se deja abrazar a su padre, el agente que se toma tiempo para explicar o, por el contrario, el insulto, el silencio de las personas adultas, el secreto impuesto en la escuela. Para terapeutas, se abren dos vías: trabajar con la familia el relato de la detención, también cuando la criatura no la vio, y apoyar a quienes, a menudo de la generación de los abuelos, acogen a la criatura de la noche a la mañana, muchas veces sin estatus ni recursos. La lectura sigue siendo descriptiva: una muestra de conveniencia, mayoritariamente femenina y concentrada en Ohio, entrevistas retrospectivas realizadas al comienzo de la pandemia y un alegato a favor de la transparencia que dice poco de las situaciones en las que el progenitor detenido también representa un peligro para la criatura. Para leer junto con el artículo sobre una persona de enlace para la infancia con madres encarceladas y el artículo sobre la organización del cuidado de la infancia tras el encarcelamiento del padre.

Notas del original

Nota de la editorial. Springer Nature se mantiene neutral con respecto a las reivindicaciones jurisdiccionales en los mapas publicados y las afiliaciones institucionales.

Agradecimientos. Queremos expresar nuestro agradecimiento a las familias que participaron en el estudio por su tiempo y sus aportaciones. También queremos dar las gracias a We Got Us Now por su apoyo y su defensa inquebrantable de la salud y el bienestar de los hijos e hijas de progenitores encarcelados y de sus familias.

Financiación. Este estudio se financió con una ayuda interna de la Office of Trainee Affairs del Nationwide Children’s Hospital/The Ohio State University.

Intereses económicos. La autoría no tiene intereses económicos ni no económicos relevantes que declarar.

Consentimiento informado y consentimiento para la publicación. Se obtuvo el consentimiento informado de todas las personas participantes incluidas en el estudio. La autoría afirma que las personas participantes en la investigación dieron su consentimiento informado para la publicación.

Aprobación ética. Se obtuvo la aprobación del comité de ética institucional (Institutional Review Board) del Nationwide Children’s Hospital. La autoría no tiene intereses económicos ni no económicos relevantes que declarar en la sección de normas éticas.

Conflicto de intereses. No procede.

Conflicto de intereses. En nombre de toda la autoría, la persona autora de correspondencia declara que no existe ningún conflicto de intereses.

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Traducción no oficial al español de “They Handcuffed Him, Shackled Him, all of that—in Front of Her”: Family Experiences and Considerations Upon Arrest of a Parent, de Jordan F. Pollard, Leslie N. Jones, Elizabeth G. Keller, Ebony Ruhland, Kelly J. Kelleher, Deena J. Chisolm y Samantha J. Boch, Journal of Child & Adolescent Trauma, vol. 18, n.o 3, pp. 573-583 (2025), doi: 10.1007/s40653-025-00696-z, bajo licencia CC BY 4.0. Traducción y maquetación: Complexe Systémique, octubre de 2026, con la ayuda de la inteligencia artificial; la obra se ha modificado en el sentido de la licencia (traducción, tablas presentadas como listas). Esta traducción no ha sido realizada ni por la autoría ni por la editorial, que no responden de su contenido ni de posibles errores. Prevalece la versión original.

El artículo original, «“They Handcuffed Him, Shackled Him, all of that—in Front of Her”: Family Experiences and Considerations Upon Arrest of a Parent», se publicó en Journal of Child & Adolescent Trauma (2025) bajo licencia CC BY 4.0. Traducción no oficial al español realizada por Complexe Systémique con la ayuda de la inteligencia artificial, tal como se indica al principio de esta página: prevalece el texto original en inglés.

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Cómo citar este artículo

Pollard, J. F., Jones, L. N., Keller, E. G., Ruhland, E., Kelleher, K. J., Chisolm, D. J., y Boch, S. J. (2025). “They Handcuffed Him, Shackled Him, all of that—in Front of Her”: Family Experiences and Considerations Upon Arrest of a Parent. Complexe Systémique. https://app.complexe-systemique.com/en_GB/articles/they-handcuffed-him-shackled-him-all-of-that-in-front-of-her-family-experiences (Obra original publicada en 2025 en Journal of Child & Adolescent Trauma, 18(3), 573-583 (2025); republicada en 2025 por Journal of Child & Adolescent Trauma, https://link.springer.com/article/10.1007/s40653-025-00696-z)

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